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Siete Frases Explosivas de Nuestro Señor

Jesucristo
Publicado porfereformadagt 15 mayo, 2020 Publicado Sin categoría

Por: José Luis Salinas Orozco.

La persona de nuestro salvador Jesucristo ha sido utilizada para justificar todo tipo de
movimientos e ideologías, sin importar siquiera si son creyentes o no. Es que todos buscamos
tener a Jesús de nuestro lado, y lo moldeamos a nuestra forma de pensar. Sin embargo,
Jesucristo era todo, menos como nosotros quisiéramos; olvidamos a propósito ciertas
enseñanzas que suelen recordarnos lo que somos, quién es Él y cuál es la naturaleza de su
obra. A continuación, siete frases que desafían la interpretación regular de Cristo:

1. «Al que te hiera la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues
tampoco la túnica.» [Lucas 6:29; Mateo 5:39]
Estamos demasiado prestos a hacer justicia por nuestra propia mano, o a que se nos trate con
dignidad, o a que se nos reconozca como creemos que se debe. Pero Cristo nos pone en
nuestro lugar. ¿Si somos los más viles pecadores, por qué reclamar cosas que no nos
corresponden? No se trata de ser alcahuetes o que se aprovechen de nosotros, se trata de
someter nuestro orgullo. Matthew Henry en su comentario al texto dice:

«Estas son las duras lecciones a la carne y la sangre. Pero si estamos cimentados a fondo en
la fe del amor de Cristo, esto hará que sus órdenes sean fáciles para nosotros».
Matthew Henry

2. «El que ama al padre o a la madre más que amí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a
la hija más que a mí, no es digno de mí» [Mateo 10:37; Lucas 14:26]
El amor es el nombre que lleva la máxima expresión de lo que valoramos. Nadie atiende o se
preocupa por cosas que no valora. Y Cristo pone nuestras prioridades en orden. Suele ser para
nosotros el poner a nuestra familia en primer lugar, pero Cristo nos dice: Yo soy el asunto más
importante de tu vida. Y no solo eso, sino que ese es el requisito para ser parte de su familia.

3. «No penséis que vine a traer paz a la Tierra; no vine a traer paz, sino espada.» [Mateo
10:34; Lucas 12:51]
Las prioridades de Jesús a instalar su reino en esta Tierra son pacíficas, sí y solo si nos
rendimos ante Él. Quien se pone en su contra, sufrirá las justas consecuencias por su pecado.
Si bien Cristo une en amor, quienes no estén en sintonía con su amor, están declarando una
guerra abierta contra Él y sus seguidores. No se confundan, Cristo viene a traer libertad a los
cautivos, vista a los ciegos y oído a los sordos, pero hay hombres que aman más las tinieblas
que la luz y son hostiles al Evangelio. Y Cristo no puede, ni dejará impune ese asunto.

4. «Porque tuve hambre, y me diste de beber; tuve sed, y me diste de beber; fui forastero, y me
recibiste; estuve desnudo, y me vestiste; enfermo, y me visitaste; en la cárcel y viniste a mí.»
[Mateo 25:36]
La pregunta es la misma que respondieron los personajes de su historia: ¿Cuándo vimos al
Señor Jesús sediento, hambriento, forastero, desnudo, enfermo y prisionero? Cristo responde:
Lo hiciste a mis hermanos, lo hiciste a mí. El punto es evidente: ¿Cuándo has cuidado del
hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y reo? No hablo de una limosna, hablo de
una vida comprometida al cuidado del desvalido; no hablo de teología de la liberación, hablo de
la evidencia y consecuencia necesaria de la salvación por la sola fe. Las consecuencias Cristo
las dice: Si no lo hiciste, irás al fuego eterno. Porque la fe que salva es una fe que obra.

5. «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.» [Juan 6:54-55]
Cristo no está hablando de una ceremonia meramente, de un simple recordatorio, sino de un
acto sacramental y de vida que trasciende la existencia. No estoy hablando de algo místico o
surrealista, hablo de una realidad espiritual. Estoy hablando de la salvación por fe y de la
naturaleza de Su Cena. Al creer somos unidos a Su cuerpo, participamos de su sacrificio, de su
sangre derramada y su cuerpo martirizado. Estamos juntamente crucificados con Cristo y no
vivimos más, sino que Él vive en nosotros. Este acto se recuerda de una forma vívida y
especial en la Santa Cena:

«[…] Cristo ha dispuesto un pan terrenal y visible por Sacramento de Su cuerpo, y el vino por
Sacramento de Su sangre, para manifestarnos, que tan ciertamente como recibimos el
sacramento y lo tenemos en nuestras manos y lo comemos y bebemos con nuestra boca, por
lo cual es conservada nuestra vida, así es de cierto también que recibimos en nuestra alma,
para nuestra vida espiritual, por la fe (que es la mano y boca nuestra alma) el verdadero cuerpo
y la sangre de Cristo, nuestro único Salvador[…] Esta comida nos comunica con todos sus
bienes, y en ella nos da a gustar tanto a sí mismo, como los méritos de su muerte y pasión;
alimentando, fortaleciendo y consolando nuestra pobre alma.»

Confesión Belga de 1561, Artículo 35: El Sacramento de la Cena del Señor


Por lo tanto, menospreciar la ceremonia es despreciarlo a Él; despreciar la realidad que
comemos verdadero cuerpo y verdadera sangre es despreciarlo a Él; despreciar el llamado al
arrepentimiento es despreciar su vida y muerte; despreciar la forma en que instituyó por formas
imaginarias para practicarla es menospreciar sus mandamientos.

6. «Mejor le sería si se le colgara una piedra de molino al cuello y fuera arrojado al mar, que
hacer tropezar a uno de estos pequeños.» [Lucas 17:2; Mateo 18:6]
La «libertad cristiana» siempre ha sido más popular que el testimonio cristiano. Pongo la frase
entre comillas porque considero que se usa más como pretexto que como apelación delante de
Dios. No hablo de la verdadera libertad cristiana bíblica. Hablo de caprichos. No queremos ser
esclavos de Cristo, queremos ser esclavos de nuestras pasiones. No estamos más
preocupados por la verdad, estamos más preocupados por ver a quién atropellamos, a quién
demostramos superioridad intelectual o actitudinal, o a quién corregimos. Solo ve la forma en
que lo hacemos. Pues sería mejor que nos atáramos una piedra de molino y noes echáramos
al fondo del mar. ¡Pero esa no es una opción! Cristo nos da una opción ridícula para llevarnos a
la única opción posible: seamos prudentes. Nuestro testimonio es valioso porque ahora ya no
vivimos para nosotros, somos embajadores de Cristo en la Tierra.

7. «Para viendo vean pero no perciban, y oyendo oigan pero no entiendan, no sea que se
conviertan y sean perdonados.» [Marcos 4:12; Mateo 13:14-15]
La pregunta que Cristo responde es: ¿Por qué habla en parábolas? La respuesta es increíble.
Es difícil decir qué texto está citando Cristo (Deu 29:4; Isa 6:9-10, 44:18; Jer 5:21); pero es
claro que no es algo nuevo. Cristo vino en salvación de mucho, no de todos; Dios hizo vasos
para honra y otros para deshonra; Dios hizo al injusto para día del juicio; Él decidió pasar por
alto los pecados de muchos, dejarlos en su necio juicio y endurecer su corazón.

«¿Por qué, pues, todavía reprocha (inculpa) Dios? Porque ¿quién resiste a su voluntad? ¡Al
contrario! ¿quién eres tú, oh hombre, que le contestas a Dios? ¿Dirá acaso el objeto modelado
al que lo modela: ¿Por qué me hiciste así. ¿O no tiene el alfarero derecho sobre el barro de
hacer de la misma masa un vaso para uso honorable y otro para uso ordinario? ¿Y qué, si
Dios, aunque dispuesto a demostrar Su ira y hacer notorio Su poder, soportó con mucha
paciencia a los vasos de ira preparados para destrucción? Lo hizo para dar a conocer las
riquezas de Su gloria…»

Romanos 9:19-22
Míralo así. En el cielo no habrá nadie que quiera estar lejos de Dios y en el infierno no habrá
nadie que quiera estar con Dios. Todos recibirán lo que desean.

Conclusión
Todas las enseñanzas de Cristo son explosivas. Todas las enseñanzas de la Biblia son
impactantes. Solo quería resaltar algunas enseñanzas que creo estoy lejos de ponerlas en el
justo espacio de mi corazón, y veo en mi entorno que la Iglesia de hoy también no las coloca
donde deben estar en su misión. Espero sea un recordatorio para ti, como le ha sido para mí.

Todas las citas bíblicas se encuentran en la versión Nueva Biblia de las Américas [NBLA].

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