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Seminarios Silvia Bleichmar

Clase N° 1 dictada el 10 de abril de 2006

La construcción del sujeto ético

Empezamos un nuevo año; me alegra mucho tenerlos nuevamente, me pone muy contenta
tener de nuevo este espacio para ir pensando juntos. El tema nos convoca a todos y hoy,
precisamente, ha sido un día que marca la necesidad de ir pensando estos temas en
relación a lo que pasó con el chico que mataron en Palermo Chico, este adolescente -y se
repite la forma de los crímenes- de un grupo de patoteros de sectores no precisamente
carenciados, sino de los sectores de poder, que marca que la violencia no viene de la
pobreza sino de la forma en la que se ha deconstruido la noción de semejante y la
paranoización e impunidad con la que vive la sociedad argentina desde hace años. Yo creo
que una de las cosas en las que tenemos que utilizar nuestro tiempo es para pensar nuevos
recursos, nuevos recursos teóricos y nuevos recursos prácticos. Sería patético que mañana
salieran algunos analistas a decir que esto es efecto de la pulsión de muerte o que la
adolescencia es violenta por definición. Sería absurdo y encubridor. Y el discurso vacío de
una parte del psicoanálisis se ha convertido, a esta altura, en el peor enemigo del
psicoanálisis mismo. Nosotros tenemos que pensar los fenómenos en sus mediaciones,
tenemos que pensar los fenómenos en sus determinaciones y, por supuesto, encontrar
explicaciones teóricas y prácticas pero sabiendo que la repetición del psicoanálisis sólo
produce, como dice Derrida, "una enfermedad autoinmune." Derrida dice una cosa muy
conmovedora, en su discurso en Los estados generales del psicoanálisis. Dice dos cosas
que tienen que marcarnos para dónde no hay que ir: Por un lado dice que el psicoanálisis
no sólo es resistido por la sociedad, sino que se resiste a sí mismo a pensar los nuevos
fenómenos. Y a partir de esta resistencia del psicoanálisis... o a pensar los viejos
fenómenos desde perspectivas nuevas. Y a partir de esta resistencia opera de una manera
en forma autoinmune.

Esta manera de operar en forma autoinmune ustedes saben que tiene que ver con muchas
enfermedades muy destructivas. De manera que la primera cuestión es dejar de poner la
pelota afuera y pensar qué se resiste en nuestra propia teoría, en nuestra propia práctica,
respecto del análisis no solamente de las nuevas patologías sino de las nuevas formas de
expresión de los modos destructivos con los cuales los seres humanos atentan
permanentemente contra sus lazos. Y la segunda cuestión que dice Derrida en El discurso
es que el psicoanálisis ha dejado de ser desestabilizante para otros campos del
conocimiento. Esto es altamente preocupante. Porque la función de un campo de
descubrimiento es siempre poner en desbalance a otros. Vale decir, los nuevos
descubrimientos antropológicos me han permitido a mí pensar de una manera distinta los
modos con los que operan los fantasmas de la masculinidad. Entre paréntesis, salió el libro
ya, ya está el libro, se llama Paradojas de la sexualidad masculina y Taurus va a sacar el
libro de ensayos que se llama No me hubiera gustado morir en los '90. El de ensayos ya
está en prensa y el de Paidós ya salió, y estoy contenta con ese libro porque además de
producir una serie de ideas en las que vengo pensando hace muchísimos años, tiene dos o
tres cuestiones que me parecen muy útiles respecto a cómo pensar el tema de nuestra
escritura, entre otras, que está el capítulo sobre "la batalla por la identidad sexual" fue
mandado a la niña transexual sobre la que hablo y a sus padres para que aprueben la
publicación sobre la base de la lectura, y se hicieron las correcciones necesarias que ellos
me propusieron. Y el capítulo sobre transexualismo incluye una carta de la comunidad
transexual donde debate mis ideas y donde yo lo tomo para un post-scriptum donde acepto
algunas cuestiones y discuto otras, como abriendo un debate. En ese sentido me parece
importante, y recién ahora me doy cuenta por qué me entusiasmó tanto esa carta. Porque
indica que uno puede seguir siendo en psicoanálisis interlocutor de sectores no
psicoanalíticos. Porque una de las cosas más graves que están ocurriendo es que nuestros
colegas pueden decir cualquier cosa y no les contesta nadie. Y no les contesta nadie no por
respeto sino por descalificación. De manera que el hecho de que la comunidad transexual
me haya respondido ha sido realmente una muestra de que uno puede ser considerado un
interlocutor por sectores que no son estrictamente psicoanalíticos, y aportar a un debate
que está siendo el eje de la sociedad civil.

Respecto entonces al tema de este año, donde con la construcción del sujeto ético, la idea
es precisamente poner en revisión desde nuestra teoría misma las premisas de la
constitución, que además es notable cómo nuestros desarrollos, que vamos haciendo en
común, porque este espacio nos permite a todos pensar y producir y construir en común, se
van encontrando con tareas que va planteando la sociedad. No sé si ustedes saben que en
Estados Unidos ha salido ahora no solamente el ADD sino el "Síndrome de desobediencia
infantil." No se rían que ocurre, y que tiene que ver con una serie de pautas que se miden
respecto de la desobediencia y la potencialidad, entonces, de personalidades delictivas. Los
franceses, el gobierno de Le Pen y la derecha francesa está propiciando una ley por la cual
se psiquiatriza la educación y en los jardines de infantes tendrían que haber veedores que
midieran ya la violencia de los niños de jardín. Esto es interesante, porque entre los
parámetros que miden está "desobediencia" y está "rebeldía." Y es muy impresionante
porque en estos días, hace unos días yo recibí un material que el Ministerio de Educación
rescató de sus archivos, y que es un material que la Dictadura enviaba a las escuelas, como
material de trabajo de directores y maestros, dando pautas sobre lo que denominaban
desde el Ministerio como "la subversión". Y hay un capítulo dedicado al Jardín de Infantes.
Esto es extraordinario, porque dice dos cosas. Dice -lo voy a traer, en todo caso, para
leérselos- pero una de las cosas que dice es que hay que tomar en cuenta que la literatura
marxista lo que propicia es la desobediencia y la rebeldía en los niños. Y esto coincide con
lo que plantea Villepin, que tiene que ver con el planteo foucaultiano del pasaje de
sociedades represivas a sociedades disciplinadas. Pero lo interesante del texto de la
Dictadura es que termina diciendo "no se observa accionar directo de captación de las
fuerzas subversivas en los Jardines de Infantes." Me parece maravilloso.

Esto como para dar una idea de que nuestro problema es contraponer el sujeto ético al
sujeto disciplinado. Precisamente, sobre esto se basa la teorización que vamos a hacer: el
sujeto disciplinado no es el sujeto ético. Más aún, hoy en el debate que se abre respecto al
tema de los límites, en una asesoría que me pidió el Ministerio de Educación para el
Observatorio de Violencia Escolar yo dije que no hay que seguir discutiendo sobre los
límites sino sobre las legalidades que constituyen al sujeto. El problema no está en el límite;
el problema está en la legalidad que lo estructura, en la legalidad que lo pauta. Y nosotros
tenemos herramientas para volver a pensar hoy cómo se constituye, entonces, un sujeto
que, inscripto en legalidades, al mismo tiempo sea capaz de constituir la ética más allá de
estas legalidades. Que es el gran debate que tuvimos el año pasado respecto a Antígona y
respecto a Creonte. Lo vamos a retomar, en todo caso.

El primer punto de nuestro programa es La función del otro en su desdoblamiento. Cuando


hablo de "desdoblamiento," por supuesto, quienes ya conocen mi manera de desarrollar los
temas saben que no hablo de "doble moral" sino que estoy hablando de la doble función
que ocupa el otro. Cuando digo "el otro" no pienso ni en el sujeto trascendental ni en el Otro
grande, con mayúscula, ni en el otro de la proyección, como sería en la teoría kleiniana,
sino que pienso en el otro como constitutivo más allá de los modos con los cuales esto se
ejerce en el interior de las llamadas estructuras edípicas . Una de las cuestiones que yo
planteé el año pasado y que retomo es que lo que se sostiene de la idea del Edipo es
fundamentalmente la asimetría entre el adulto y el niño, la diferencia de poder y de saber
del adulto sobre el niño, fundamentalmente en lo que hace a la sexualidad. Y que el
concepto de Edipo debe ser repensado en términos del modo con el cual cada cultura pauta
el acotamiento de la apropiación del cuerpo del niño como lugar de goce del adulto. En ese
sentido la problemática ética, entonces, no pasa por la triangulación ni por las relaciones de
alianza; pasa por el modo con el que el adulto se emplaza frente al niño en su doble
función: de inscribir la sexualidad y, al mismo tiempo, pautar los límites de su propia
apropiación, no de la acción del niño sino de su apropiación sobre el cuerpo del niño.

Desdoblamiento, entonces, tiene que ver con que es imposible que surja la sexualidad
infantil si no hay inscripción libidinal en el cuerpo... vale decir, la palabra, en tanto palabra
significante, es secundaria. En primera instancia, la palabra es solamente sonido, es
solamente sensorialidad, digamos, que ingresa. La palabra es secundaria a las primeras
inscripciones que, aunque operen del lado del adulto atravesadas por el lenguaje, se
inscriben más allá de los modos con los que el discurso del adulto mismo puede
representárselas, porque aluden a aspectos de la sexualidad inconciente que se exceden
en sus modos de realización de las funciones primarias que hacen a la autoconservación
del niño. En ese sentido, entonces, es que cuando aludo a "función del otro" planteo, de
alguna manera, algo que la mayoría de ustedes conoce pero tengo que reubicar en este
primer encuentro, que es que la primera función del otro es una función de inscripción
sexual desde el punto de vista de su propio clivaje psíquico, que bajo la idea de que lo que
está produciendo es un cuidado autoconservativo de la vida del otro, está introduciendo
acciones propiciantes de la inscripción de la sexualidad y, al mismo tiempo, que es
precisamente la presencia de la ética, en el sentido en que lo vamos a trabajar todo este
año, en el sentido de Levinas, como "reconocimiento de la presencia del semejante," en ese
sentido, entonces, de la ruptura que el semejante inscribe en mi solipsismo y en mi
egoísmo, el cuerpo del niño es acotado como lugar de goce para el adulto en la medida en
que el adulto siente hacia el niño el amor en los términos de la ética, vale decir, el amor
sublimatorio capaz de tener en cuenta al otro, es decir, de considerar al otro como
subjetividad.

Esto como primera cuestión, entonces. La cuestión de la ética, entonces, empieza por el
modo con el cual el adulto va a poner coto a su propio goce en relación al cuerpo del niño. Y
va a inscribir, de este modo, en los cuidados que realiza, algo del orden de una circulación
ligada que, siendo libidinal, sin embargo no es puramente erógena sino que, además, es
organizadora. Y que esta forma de operar del adulto con el niño va a ser la base, después,
de todos los motivos morales, como diría Freud. Ustedes recuerdan que en el Proyecto
Freud dice una cosa muy conmovedora, dice que cuando se produce la tensión de la
necesidad, viene el adulto e irrumpe con sus cuidados. Y que en esta irrupción está la
fuente de todos los motivos morales. Y es extraordinaria la expresión freudiana de " motivos
morales." Porque lo que plantea, precisamente, es cómo aquello que es del orden del
desbordamiento de hervidero, como diría Laplanche, el hecho de que el niño llore porque
tiene malestar, porque siente displacer, se convierte en mensaje a partir de que hay un otro
humano capaz de recibirlo y de transformarlo en mensaje. Vale decir, en algo a lo que hay
que responder. Esto es muy interesante frente a las formas nuevas de la pedagogía negra.
Ustedes saben que en Estados Unidos, por ejemplo, hay toda una corriente que plantea no
responder al llamado del niño. Como una forma de educación, como una forma de no crear
dependencia, como una forma de evitar la esclavización que el adulto tiene con el niño. Es
extraordinario esto ¿no? Con lo cual la ausencia de respuesta es una forma como de no
constitución del mensaje interhumano.

Hace unos años veíamos un video, que alguna vez yo lo he comentado, con Jaime Tallis,
donde él mostraba un video de un bebé que lloraba y la madre no le respondía. Durante un
rato el bebé lloraba cada vez más intensamente y al final dejaba de llorar. Dejaba de llorar y
se abstraía. Y esto es muy interesante porque marca, precisamente, que no puede
constituirse el mensaje sin receptor. Este tema del mensaje con receptor está vinculado a
un tema que hemos trabajado en otros años... Le pido disculpas a los nuevos, juro que
vuelvo siempre sobre lo que digo, que este estilo así, rápido, es simplemente expositivo
pero no vuelo sobre los conceptos, y que vuelvo una y otra vez sobre los temas. Mi
apresuramiento -también pido disculpas- también tiene que ver con que tengo miedo de
aburrir a "los crónicos." Me da miedo decirles cosas que ya saben y son tan obvias, que
entonces las digo rapidito para que no se fastidien. Pero si los crónicos me soportan voy a ir
más lentamente.

Decía lo del mensaje, porque en otros años hemos visto cómo el mensaje no puede
constituirse si no hay un destinatario. Un mensaje puede no tener emisor. ¿Qué quiero decir
con esto? Si llueve y yo entiendo que es una bendición de Dios, no necesariamente dios me
mandó el mensaje. Pero no puede no tener ni forma ni materialidad sobre la cual se envía o
se recibe, ni el receptor del mensaje, vale decir, aquel que va a hacer la interpretación.
Aquel que en términos de Peirce sería el interpretante. Y en términos de la subjetividad, uno
podría decir que es el intérprete. Porque lo hace no sobre ninguna regla sino sobre la base
de su propio deseo o su propia angustia. De manera que el mensaje no se constituye si no
hay alguien que lo reciba, vale decir, si no hay alguien que lo decodifique. En el caso del
bebé ocurre lo mismo. Si no hay un adulto que codifique el llanto, y cuando digo "codifique"
quiero decir que cuando el bebé llora diga "tiene hambre" o "tiene frío," que diga... la otra
vez me decía una señora algo divino, me decía "yo lo tuve en el cuarto hasta el año y
medio, porque me daba miedo que tenga frío, pobrecito, de noche." Es maravilloso, es
como lo del personaje de Freud de Inhibición, síntoma y angustia , que decía "Tía hablá,
que cuando hablás está menos oscuro." Acá están en el mismo cuarto, con lo cual tiene que
tener menos frío. Como si la proximidad de los cuerpos resolviera el tema. Es hermosa la
fantasía de la madre, ¿no? No lo tuvo hasta los 20 años porque en esa época había
colimba, que si no...

Pero, de todas maneras, me parece que lo interesante de esto es la codificación, no sólo la


decodificación sino la codificación en términos de trascripción al lenguaje de las
necesidades biológicas. Vale decir, el bebé no tiene hambre; tiene una disminución de una
serie de elementos que produce displacer y malestar. Uno habla de hambre ahí. El bebé no
tiene... por supuesto, puede tener frío, pero vuelvo a lo mismo, son sensaciones que no
tienen esta codificación y que pueden ser codificadas de manera bizarra. Como decía la
madre de uno de mis primeros pacientes psicóticos cada vez que bostezaba "¡Julito, ¿tenés
hambre?!" La interpretación era tan bizarra como la que podría decir yo: "no, está
angustiado." En realidad se supone que uno bosteza cuando tiene sueño, no cuando está
angustiado o cuando tiene hambre. Pero mi interpretación era tan abstrusa como la de ella.
La diferencia es que estaba basada en una teoría y la de ella era libre.

Volviendo, entonces, a la función del otro. ¿Qué es lo que genera esta codificación del
mensaje? La primera forma del intercambio y la primera forma, si ustedes quieren,
sublimatoria del intercambio. Porque en realidad cuando el bebé llora, si el adulto, por
supuesto, está muy desorganizado o atravesado por angustias muy intensas, puede darle
aquello que no corresponde o puede darle algo que lo perturbe gravemente. Por ejemplo,
ustedes saben que muchas madres borderline o, en algunos casos, con situaciones
desbordantes, le dan de comer permanentemente cada vez que lloran. Con lo cual articulan
circuitos que son circuitos que producen malestar en la pancita y, entonces, el bebé llora
cada vez más seguido y bueno, son irreductibles a la regulación que proponen los
pediatras. En algunos casos son irreductibles porque les falla el proceso secundario. Con lo
cual la temporalidad es distinta que si esa temporalidad estuviera regulada por el proceso
secundario. No tiene mucha idea de cuánto tiempo pasó entre una mamada y otra o entre
un biberón y otro. En el caso de una madre psicótica que nosotros vimos en el hospital, le
daba al niño de mamar a veces con una mamadera de leche prácticamente hirviendo y el
bebé gritaba y lloraba y ella se desesperaba porque el bebé no comía, y ella no podía tener
noción del calor... vale decir, la temperatura del biberón era como la que ella podía tomar el
café. No podía medir esta diferencia entre ella y el niño. Ella pensaba que estaba con la
temperatura adecuada porque en la medida de su propio lugar con el cual ella comía. Y acá
se estaba planteando, entonces, la primera cuestión que es la imposibilidad de ver al otro
como un otro con necesidades diferentes a las que uno tiene.

Esto es muy interesante cuando uno piensa el tema del narcisismo, porque estamos
demasiado habituados a pensar que el narcisismo es simplemente especularidad o
prolongación de uno mismo. Cuando el narcisismo es narcisismo de objeto, en el caso de la
madre o en el caso del adulto. Llamémoslo así. Yo cada vez tengo más dificultad para
llamarlo "madre" al adulto que tiene a cargo al bebé, aunque estadísticamente siga siendo
mayoría. Pero para hablar fundamentalmente del adulto y esta asimetría. El adulto lo que
inscribe ahí, lo que realiza es, por un lado, un reconocimiento especular en términos
ontológicos: " este es de mi especie ." Es lo que se quiebra cuando se rompe el pacto
interhumano, como pasó estos días en Palermo Chico: " este no es de mi especie ." El tema
está en el reconocimiento ontológico de la especie, hasta dónde llegan los límites de la
categoría de "semejante." La categoría de "semejante" no abarca toda la humanidad. En
general abarca a los hijos. Quiero decir, en general, porque en los casos de algunas
psicosis de niños hemos visto que no lo abarca, que los padres aunque formalmente digan
que... ni siquiera dicen que es una persona. El niño es tratado como un animalito, en
muchos casos, como un ser biológico, con lo cual falla la categoría de "semejante." Falta la
proyección sobre el bebé, no solamente de su potencialidad de lo que debe llegar a ser sino
de lo que es. Porque en realidad la atribución que se hace no es a futuro sino en presente.
Este es uno de los temas más interesantes. Cuando se atribuyen categorías, nosotros
estamos acostumbrados a pensar en términos de superyó. Entonces pensamos que la
atribución de categorías siempre es del orden de lo que se espera que sea. La atribución
empieza previamente, empieza en el embarazo con el encubrimiento del carácter de masa
biológica que tiene el bebé y con la representación que la madre se hace de la cría, que
muchas veces lo hemos hablado, la madre no se representa el bebé en la panza como un
pedazo de carne sanguinolenta sino como un bebé con cofia, escarpines, osito y todas las
cosas que sabemos. Y esto es irreductible a la ecografía.

Hemos comentado -y se lo cuento a los que no estaban- que las ecografías, cuando
empezaron, yo pensaba que iban a desbaratar el imaginario. Y en realidad la gente se pone
a ver la ecografía en la televisión como si viera ya las imágenes del bebé, y hace
observaciones sobre si es activo o no es activo, " Es pudoroso, ¡mirá cómo se tapa el pito!
¡Mirá cómo se da vuelta! No quiere que lo vean." Dicen cosas extraordinarias del feto,
opinan sobre su actividad "¡Uy, éste te va a volver loca! Mirá cómo mueve las piernitas."
Bueno, dicen cosas extraordinarias, con lo cual ya están atribuyendo. No es solamente una
atribución a futuro sino una enorme capacidad de la imaginación creativa, de la imaginación
radical -en términos de Castoriadis- de producir algo en el lugar en que no está. Vale decir,
de producir una proyección. Acá hay algo interesante porque esta proyección no tiene el
contenido patológico ni defensivo que aparece clásicamente en psicoanálisis, sino que es
constitutiva. La diferencia con la proyección patológica es que está dada por los enunciados
de cultura. Vale decir que el enunciado de cultura organiza los órdenes de la proyección.
Posibilita constituir los campos. Posibilita articular la representación de lo imaginario. Esto
es en lo que se diferencia de la proyección patológica. Acá la proyección no es algo que de
adentro va hacia fuera sino es algo que, incorporado a partir de una metabolización del
afuera, se proyecta sobre el objeto del mundo y tiene que ver con la forma con la que yo
vengo trabajando hace tiempo, en la idea de que el objeto del mundo no es ni un puro
constructo del significante, ni tampoco es la presencia de una realidad factual, sino la
articulación discursiva que posibilita los modos de organización de la cosa del mundo.

De manera que podríamos decir que en los primeros tiempos de la vida esta mirada
narcisizante del otro, que ve totalidades, es también lo que lo precipita ontológicamente.
Porque en el cuerpo como objeto de goce, lo que se ve son parcialidades. Y esto hay que
tenerlo en cuenta porque esto hace, después, a los modos de derivación de la sexualidad
adulta. La idea de que lo parcial tiene que ver con lo perverso sigue siendo válida, no en el
empleo de otras zonas erógenas que no sean las genitales, sino en la manera de percibir
desubjetivadamente el objeto de goce que, entonces, pierde sus rasgos de humano. Por
eso Melanie Klein tenía razón cuando hablaba de "pseudogenitalidad." Si la genitalidad era
el encuentro con el objeto como tal, había modos en los que la reunión era parcial, con lo
cual lo que había, según Melanie Klein, era pseudogenitalidad. Nosotros no vamos a hablar
de pseudogenitalidad sino de modos desubjetivantes con ejercicio perverso, aún en los
casos en los cuales la relación pudiera ser o heterosexual o, incluso, genital. Lo que la
define es la subjetividad en juego, vale decir, la posibilidad de subjetivación del otro.

Esto ocurre también en los comienzos de la vida. Esto tiene que ver con el desdoblamiento,
que es la fuente de toda constitución posible del sujeto y del sujeto ético. Porque en la
medida en que se produce un reconocimiento ontológico y una diferenciación, al mismo
tiempo, de necesidades, y un reconocimiento de las diferencias, el sujeto no queda
capturado por una sexualidad desorganizante que el otro inscribe, sino que comienza a
inscribirse en un entramado simbólico que lo desatrapa tanto de la inmediatez biológica
como de la compulsión a la que la pulsión lo condena. El desdoblamiento, entonces, tiene
que ver con dos aspectos. Por un lado, con el modo con el cual el adulto tiene clivados los
aspectos reprimidos. El adulto no sabe que obtiene un placer sexual. Y aún todos nosotros,
que lo sabemos, lo sabemos teóricamente. Pero cuando estamos con un bebé
precisamente esto opera del lado de lo reprimido y lo único que permite es un pequeño
pasaje de placer sublimatorio. Es lo mismo que pasa con el Edipo, todos sabemos que
tenemos Edipo, pero a nadie se le ocurre estar pensando todo el tiempo en acostarse con el
papá o con la mamá. Del mismo modo ocurre, entonces, con la sexualidad del adulto con el
niño. Yo muchas veces he dicho que esta sexualidad que el adulto inscribe tiene una
característica: es la fuente de toda representación posible. Lo anobjetal no es patrimonio del
psiquismo. Lo que se inscribe como residuo del objeto en el mundo es, al mismo tiempo,
una neo-creación, un auto-engendramiento -como diría Piera- pero de algo que proviene de
representaciones que han sido inscriptas a partir de su ingreso en las primeras
satisfacciones o vivencias y en las posteriores. Con lo cual estas inscripciones, que toman
la forma de lo que después se va a llamar alucinación primitiva, en la obra freudiana, en
realidad son formas de organización de los excesos que caen al psiquismo cuando la
autoconservación es atravesada por la sexualidad.

Justamente, lo que obliga a un trabajo psíquico es el exceso. Si la cantidad de leche es de


40 gramos o de 60 gramos, cada vez que se ingresan los 40 o los 60 gramos pueden
evacuar las cantidades. Si lo que ingresa es del orden de lo no resoluble, porque son restos
de un objeto que nunca se ha reencontrado idéntico, porque no es el pecho sino todos los
elementos que acompañan esta experiencia -yo prefiero, cada vez más, llamarlo vivencia y
no experiencia, porque el sujeto no lo recoge como una experiencia en la vida sino como
algo inscripto a lo que queda sometido-, estas inscripciones primeras son la base de toda
simbolización. Pero esta simbolización... por eso el autoerotismo nos marca siempre los
orígenes de la simbolización. Vale decir, en el momento en que hay algo que no se reduce a
la autoconservación, es porque hay una representación que está operando, alimentando, si
ustedes quieren, la saturación de la huella mnémica en el proceso de reinvestimiento. Pero
de ninguna manera, entonces, esto alcanza para fundar la simbolización.

Es necesario que haya retranscripción, desordenamientos y acá viene, precisamente, la


capacidad del adulto de contener. Pero capacidad que no está dada por su mayor o menor
capacidad "en abstracto," yo trato de darle a ciertas formulaciones de la historia del
psicoanálisis una base metapsicológica. La madre "suficientemente buena" no significa que
tiene mayor capacidad de holding , sino que significa que su mayor capacidad de holding -y
no es porque pueda amar más, sino que su mayor capacidad de holding - está dada por el
modo con el que su propio entretejido psíquico es capaz de regular las cantidades que hace
ingresar al psiquismo del bebé. En los primeros tiempos, regulando estas excitaciones. A
posteriori, regulando su propio discurso. Sabemos que el discurso intromisionante posterior
con respecto al niño es el efecto no de una falta de holding sino de un exceso que la madre
no puede controlar y que se desborda aún sobre el hijo. Con lo cual, en última instancia,
uno lo podría llamar "oferta de amor," pero esto es más normativo, les diría, que explicativo.
Porque la culpa que produce a veces en las madres este tipo de excesos da cuenta de que
no es por falta de amor que se producen. A lo sumo fallan las cualidades ligadoras del amor,
pero no la falta de amor en términos de ausencia existencial, sino falla de la capacidad
ligadora. Yo he visto madres muy amorosas que se desbordan, que se sienten muy
culpables, y lo que hay ahí es un momento donde fracasan las capacidades de contención
del yo temporariamente. Por razones que son absolutamente singulares. No
necesariamente estoy hablando de madres border ; estoy hablando de todas las madres
comunes, neuróticas, que conocemos, donde el exceso es vivido después como algo muy
angustioso. En las madres border es más grave porque este exceso a veces ni siquiera es
registrado. Y entonces es muy difícil regularlo. Muchas veces ni ellas lo registran. O lo
disocian, con lo cual no son concientes de que han operado esas acciones.

Indudablemente, lo que estoy marcando, además, son los orígenes del amor en el niño; a
partir de esta capacidad ligadora se ejercen las primeras formas sublimatorias. Y hay que
tener en cuenta que las formas primeras de amor del niño hacia el adulto son formas ya
sublimatorias. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que puede postergar la ingesta de
leche para sonreírle al adulto que le da de comer. Esa primera sonrisa, sonrisa de
reconocimiento, es una sonrisa que ya está marcando la base de los sentimientos morales.
No es que le dice "¡Ay, mamita, qué rico, cómo te agradezco, qué buena que sos!" No. Pero
la posibilidad de postergar la perentoriedad del deseo para poder establecer un rapport al
otro es la base de toda relación amorosa y, por supuesto, de toda relación de
reconocimiento. Tiene que ver con lo que se llama la oblación y tiene que ver también con
las posibilidades de circulación de algo que no es puramente pragmático. Porque acá viene
lo otro, porque tanto la satisfacción de la necesidad en sí misma como el goce encontrado
en esta satisfacción, desde el punto de vista pulsional, del adulto o del niño, son del orden
de una resolución de una tensión que no puede tener en cuenta algo del orden de la
intersubjetivación. Pero la sublimación ya es intersubjetivadora en la medida en que
produce un desplazamiento de la relación directa pulsional o autoconservativa al plano
moral, en el sentido del plano de los intercambios con otro ser humano. En estas primeras
sonrisas del bebé hacia el adulto están marcados ya los orígenes del reconocimiento de una
intersubjetividad. Y este reconocimiento de la intersubjetividad tiene que ser concebido
como la base de toda posibilidad de constitución de un sujeto moral o ético.

Por supuesto que este sujeto puede quedar solamente agradecido a ese objeto, y
constituirse en un Robledo Puig que tiene muy en cuenta a la madre pero que su universo
de lo humano termina ahí. Esto ocurre en algunas patologías narcisistas muy graves, el cine
se ha ocupado muchísimo de eso. E inclusive este tipo de narcisismo puede llevar al
fracaso de la relación amorosa. Quienes vieron Capote , una de las cosas que marca es
que el amor a la obra y el amor a sí mismo priman sobre el amor al otro. Pero, al mismo
tiempo, desgarra porque Capote se ha enamorado del personaje al cual está entrevistando.
Con lo cual, por un lado, lo tiene que mantener vivo para poder revelar el secreto. Y, por otra
parte, una vez que develó el secreto, quiere que muera para poder darle un final al libro. Ahí
aparece un tema ético fundamental, en la película, y Capote, por supuesto, termina
obteniendo aquello que ansía pero no puede volver a escribir. No puede volver a escribir y
se convierte en un alcohólico. Por otra parte es verdad que superar A sangre fría no es fácil
para cualquiera. Ni para Capote mismo, porque ha cambiado la historia de la literatura. Pero
de todas maneras ahí lo que está planteado es cómo él se antepone al conflicto moral en
función del narcisismo que lo lleva a la búsqueda de metas, sin tener en cuenta el proceso
de desubjetivación que él mismo padece. Quiero decir con esto que quien ejerce esta
acción también queda desubjetivado, como aquel sobre la cual la ejerce. Y esto en Capote
se ve muy claramente. Porque uno tiene como una sensación, al mismo tiempo, de horror y
de piedad por el personaje. Tiene una sensación profundamente irritada por el uso que hace
el otro y, al mismo tiempo, tiene una profunda piedad porque sabe que está llevado más allá
de sí mismo. Y que además padece síntomas por este ser llevado más allá de sí mismo.
Sería absolutamente perverso, y psicoanalíticamente banal, decir que su narcisismo
depende de su homosexualidad. No depende de su homosexualidad. Sería escandaloso.
Pero no va a faltar algún cretino que lo diga.

Yendo entonces a la función del otro en su desdoblamiento, volviendo a retomarlo, les diría
lo siguiente, entonces. Que tenemos que partir de la idea de que el clivaje del adulto es
fundamental para la constitución de toda subjetividad. Pero al mismo tiempo este clivaje del
adulto se ha visto en la historia del psicoanálisis como un clivaje estructural y no como un
clivaje intrapsíquico. Cuando nos habituamos a pensar que la madre narcisista y el padre
narcisista y el padre pone la ley, más allá de la brutalidad de ver la función materna sólo
como narcisística y no como sexualizante narcisista, y de ver la función del padre como
instauradora de la ley, más allá de lo que se cuela siempre en la instauración de la ley, que
tiene que ver con el inconciente de quien la aplica y en las regularidades y deseos, y
asignaturas pendientes que están en su mente, más allá de eso el clivaje fundamental que
queda obviado es el clivaje intrapsíquico del adulto. No solamente entre sexualizante y
ligador, sino también en tanto el adulto que está con el niño está provisto de superyó. Y el
superyó no cae por el amor al hijo. Cuando el superyó cae por el amor al hijo, ya cayó antes
o no estuvo antes. Quiero decir con esto que no es verdad que el amor al hijo... el amor al
hijo entra siempre en conflicto con el amor a la ley. Esto es inevitable. El juego entre
narcisismo y amor a la ley está presente en todo adulto que tenga a su cargo un niño. Vale
decir que oscila entre su deseo de hacerlo feliz más allá de todo, y su reconocimiento de
que no se puede ser feliz más allá de todo. Más todavía, a medida que el niño crece, los
padres éticos se enojan por las conductas inmorales hacia un tercero. No los apañan. Y
cuando los apañan, lo hacen con desagrado.

Acá hay una diferencia que es que la trasgresión de la ley, en sí misma, y el ataque al otro
que la ley pauta. Vamos a trabajar muy cuidadosamente esta diferencia cuando veamos la
cuestión del superyó. Vale decir que no toda legalidad es legalidad que paute, sino que
ciertas legalidades pueden ser legalidades que enfermen, en el sentido de pautar bajo
formas rígidas o formas que atentan contra los principios del sujeto. En este caso ocurre
que el adulto siempre está tensionado con el niño, y con el hijo en general, entre este doble
juego. Y el superyó del adulto, una vez que se ha inscripto, ejerce sobre el otro el modo de
condena que está pautado en sí mismo. Por ejemplo, pensemos en los primeros años, si el
adulto tiene un exceso de contrainvestimiento frente a algo que no puede terminar de
reprimir y regular, es más brutal en la represión del niño, cuando tiene un exceso de
contrainvestimiento. Esa rigidez que aparece en el adulto, en una época se decía -y de
alguna manera había algo de verdad- que ese exceso, esa rigidización, era el efecto de que
el adulto deseaba lo que el niño hace. En realidad no es que el adulto lo desee; es que el
adulto ha renunciado con exceso de trabajo, y todavía le cuesta renunciar. Con lo cual, la
actividad del niño lo confronta a esta situación y lo llena de hostilidad. Es como lo que dice
Freud de Hans, cuando dice que cuando Hans tiene el hermanito, una de las cosas que le
molestan a Hans es la falta de control de esfínteres. Hans lo vive como una injusticia, ¿por
qué él tiene que controlar, con todo ese esfuerzo, y a la hermanita le hacen todas las fiestas
sin que controle esfínteres? Entonces Freud habla de cómo la presencia de un hermano
menor reinviste pulsiones o representaciones pulsionales que activan el deseo que fue
reprimido. Esto es muy interesante porque son cosas que pocas veces se analizan cuando
uno ve lo que llaman regresiones, piensa que el niño quiere volver a ser chiquito y no que
se le activaron representaciones deseantes a las cuales renunció por amor al otro, y ahora
ve que el otro ama un bicho que hace todas las cosas que él tiene prohibidas y encima lo
miran con un placer inmenso. Y esto es un atentado terrible. Y es el mismo horror que
sentimos nosotros cuando no se aplica la ley, cuando la Justicia no opera. Nos da odio que
siendo sujetos éticos, habiendo renunciado a satisfacer nuestros deseos, habiendo logrado
convertirnos en seres que no atentan contra el semejante, la ley -o la Justicia- no tomen en
cuenta esa diferencia para premiar y castigar. Porque en última instancia seguimos
esperando toda la vida que la sociedad sancione en la dirección de nuestras renuncias, lo
cual es correcto, para que las podamos conservar. Esto es lo que aparece desestructurado
en la Argentina en estos casos que estamos viendo, donde es muy interesante cómo la
violencia va ligada a la impunidad de estos niños que nunca han tenido carencias. Que
tampoco uno podría decir que es por los excesos, sino que está dado por el desbalance
entre el exceso y la regulación ética que este exceso tendría que generar.

Decía entonces que no solamente el adulto está atravesado por la sexualidad y el


narcisismo, que le permite ver al niño como un todo, sino por esta relación con la ley o con
la Justicia. Esto va a ser tema de trabajo este año, el problema de la ley y justicia, derecho,
pero pensado no en términos jurídicos -aunque tomemos algunos aspectos- sino en
términos de cómo esto se inscribe en uno mismo y plantea situaciones dilemáticas,
permanentemente. El adulto frente a la actitud destructiva del niño ante un tercero siente, en
general, una irritación, una molestia y una tendencia a la identificación con la víctima.
Cuando un niño ataca a otro niño, el adulto siente que ese niño no está actuando como un
niño. En algunos casos, entonces, la racionalización de que "es chiquito" es una
racionalización para evitar el reconocimiento de que en esa conducta hay algo que el adulto
realiza a través del otro. Cuando un niño maltrata a otro niño y un adulto dice "y bueno, es
chiquito," el problema es que muchas veces sí, lo hace porque es chiquito y no entiende lo
que está haciendo. Porque la pulsión de prensión, sobre todo en los chicos chiquitos
inteligentes pasa algo terrible: responden con agresión corporal mucho más fácilmente que
otros, porque no tienen la respuesta verbal para hacerlo. Entonces, con el tiempo cambian.
Pero de chiquititos muchas veces la humillación que el otro le produce a nivel verbal, el más
grande, no la pueden responder. Entonces muerden, patean, hacen berrinches y cosas que
aparecen ellos como los agresivos. Pero en realidad es muy interesante porque tiene que
ver con las formas de la agresión familiar que en este momento se detectan, donde el
desprecio moral puede llevar a la violencia física. Y esto es muy común en los chicos más
chiquititos respecto a los más grandes, en algunos casos en los que uno se siente más débil
que el otro. Y cuando empiezan a tener lenguaje disminuyen totalmente estas formas
agresivas y pueden regularlas. Bueno, esta es una cuestión de ir pensando e ir tomando en
cuenta qué tipo de sufrimiento se produce.

Pero decía que el enojo del adulto frente a la actitud moral del niño es el efecto de la
existencia en el adulto del superyó. Y esta existencia en el adulto del superyó está
marcando, entonces, que el problema no es encontrar en otro -porque acá viene la mentira
estructuralista: que la madre es fálica por definición y el padre es ley por definición, cuando
sabemos que el mundo está lleno de padres perversos y de madres superyoicas, y de
padres superyoicos y de madres... todo lo que sabemos-. Pero la idea es volver acá el
clivaje intrapsíquico para volver a posicionar la constitución subjetiva en términos de
intersubjetividad y no en términos de estructura. La estructura sirve, en última instancia,
para ver el modo con el cual se han inscripto las funciones. Pero no remite en última
instancia a las figuras reales sino a la metabolización de los modos de intercambio de las
figuras reales. Acá viene la diferencia. El problema no está en la figura real sino en el modo
con el cual se estructuran los intercambios en el interior de las intersubjetividades. ¿Qué
quiero decir con esto? Que una madre puede descalificar una conducta ética del padre
planteando que es un chiflado, en una alianza...

(cambio de lado)

...un padre machista puede acusar a la madre de ser chiflada, porque por ejemplo se opone
a que el hijo tenga una iniciación sexual con prostitutas. Y el padre entonces le dice "no le
hagas caso, tu mamá es una maricona." Y la descalificación, entonces, del discurso del otro
es producida en términos en los cuales lo que se inscribe no es la pautación de la ley sino el
modo con el cual cada uno de los componentes de las relaciones primarias significativas se
colocan en relación al deseo del niño. Esto es lo definitorio. Alguien puede no tener un
padre real y constituir la ley. Alguien puede tener un padre real y no constituirla nunca, como
hemos visto a lo largo de la historia, donde los mayores psicópatas del mundo han sido
hijos de madre y padre; no han sido hijos de madre sola o padre solo. Estamos rodeados de
psicópatas gravísimos hijos de madre y padre. No se trata, entonces, de buscar afuera la
función sino de definir -ahí sí vuelvo a la idea de estructurar la función-. Pero estructural en
los modos con los que se organiza en el psiquismo y no a los modos con los que se ejercen
las conductas desde afuera. Aún cuando estas conductas puedan dar cuenta, en algunos
casos, de los modos de circulación de las relaciones intersubjetivas en el interior de la
estructura edípica.

Una de las cuestiones que nos vamos a plantear es, entonces, la manera en que se ha
constituido en psicoanálisis la teoría del Edipo. Un poco yo anticipaba el año pasado que la
teoría freudiana de la identificación primaria en relación al padre de la horda, porque yo me
pasé años tratando de hacer coincidir la identificación primaria con el narcisismo, tal como
lo plantea Lacan. Y en Freud no pasa, en Freud, en Introducción del narcisismo es verdad
que el narcisismo viene del otro. Pero la identificación primaria la define como identificación
al padre de la horda. ¿Qué está planteando? Los orígenes de la moral como constitutivos
del sujeto. Vale decir, el hecho de que la identificación primaria sea en relación al padre
primitivo tiene que ver con la necesidad fundante en Freud de colocar los orígenes de la
ética en la historia de la humanidad y de plantear que antecede a toda constitución
subjetiva. Con lo cual va a ser un enclave definitorio en el sujeto.

El otro aspecto es que el mito de la horda está centrado no en el parricidio sino en que el
parricidio es la condición para toda legalidad posible, en la medida en que el padre es un
padre perverso que se apropia de todas las mujeres. Con lo cual la pregunta es ¿qué se
incorpora cuando se incorpora el padre de la horda? Freud hace una vuelta extraordinaria.
Freud lo que plantea es que el canibalismo lleva a la culpa. Con lo cual, al comerse al padre
de la horda, lo que se incorpora es la función pautadora. Es muy discutible si uno incorpora
eso cuando se incorpora al agresor. Cuando se incorpora al agresor en realidad toda la
teoría psicoanalítica lo que plantearía es que uno se identifica con el agresor. Con lo cual la
teoría es sinuosa, da muchas vueltas para justificar algo que yo creo que es válido justificar,
que es la idea de que el ser humano nace -y acá viene la diferencia- no inscripta en él esta
ética, sino condicionada por la presencia del otro, del adulto, el cual tiene que regular de
alguna manera los intercambios. Con lo cual el mito de la horda primitiva es un mito
interesante para plantear dos cuestiones: una que tiene que ver con que lo que se logra a
través de esto es una cierta regularización de la circulación deseante. El padre amo de la
horda es el padre amo de todas las mujeres. Con lo cual no hay regulación legalizada sino
tiranía que obstaculiza la posibilidad de constituir el pasaje de la horda a la civilización. En
ese sentido, entonces, Freud va a plantear que este es un asesinato que está produciendo
simultáneamente la regulación en la cultura de la circulación y, al mismo tiempo, la
incorporación de la prohibición del parricidio.

Ustedes se dan cuenta que es un poco forzado, pero de todas maneras tiene una virtud
enorme, que es plantear que la cuestión del superyó, en términos de la regulación, está
definida por el daño producido a un tercero. Y el eje de la culpabilidad se define por el daño
producido a un tercero y no por la vergüenza o por el pudor -como lo hemos visto en otros
años- sino por el reconocimiento de que el daño es a un tercero. La culpabilidad se
constituye a partir de ahí, y toda posibilidad amorosa está dada así, no solamente por la
culpa sino por el reconocimiento del tercero o del otro -llamémoslo tercero- en términos del
otro que no es idéntico.

Fíjense que es muy interesante cómo los niños van produciendo este pasaje. A los niños les
es muy difícil aceptar que aprenden de otros. Aprenden de otros, y cuando uno les pregunta
quién les enseñó, dicen "yo lo sé." Los chiquitos ¿no? Jamás reconocen que reciben de
otro. Ese es un momento como de descentramiento. Se hacen heterónomos respecto del
adulto y no pueden soportar la idea de esta dependencia fenomenal de que lo que son
depende del otro, y lo que tienen depende del otro. Con lo cual es casi como un negativismo
cognitivo, diríamos. Se consideran auto-engendrados en ese momento. Y en ese
auto-engendramiento hay un movimiento positivo, que tiene que ver con un intento de
autonomizar y de heteronomizar el yo respecto al otro, justamente, "yo soy yo y no lo que el
otro," aunque sepamos que el yo es el residuo de la identificación. Pero eso lo sabemos
porque somos psicoanalistas. Si no, cada persona piensa que él es yo y parecido un
poquito a los padres. Esto es genial: "Sí, yo me parezco mucho a mi papá, yo me parezco
mucho a mi mamá." Esa es una frase extraordinaria, porque en realidad es la forma con la
que se reconoce la identificación bajo una forma invertida ¿no? "Yo soy, pero en este ser me
parezco a..."

Bueno, pero los nenes chiquitos, entonces, tienen este movimiento. El momento en el cual
pueden ir estableciendo formas de reconocimiento y de agradecimiento es siempre anterior
a la constitución del superyó, de todos modos. Yo creo que hay que abandonar la idea de
que el niño es un perverso polimorfo hasta que constituye el superyó. El perverso polimorfo
quiere decir ejercicio de la pulsión, no perversidad moral. Y esta es la mayor brutalidad que
ha ocurrido con el psicoanálisis, pensar que el niño es un pequeño malvado por definición
hasta que se instaura el superyó. Esta es la herencia de la pedagogía negra alemana en
nuestro pensamiento. La idea de que el niño tiene que constituir... Bueno, Anna Freud,
heredera de Hug-Helmuth en ese sentido tiene un terrible temor al desborde del niño. Más
allá de una enorme cantidad de cosas interesantes que dijo, pero el temor a que analizar
despierte el deseo en el niño es claramente su idea de que el niño es un pequeño demonio
que hay que ir regulando y que el superyó va a terminar de organizar. Ahí viene toda la
polémica con Melanie Klein, vamos a tomar algunas cuestiones de esto, sobre todo algunas
ideas de Melanie Klein sobre Envidia y gratitud , que es un texto realmente extraordinario,
uno de los pocos en los que ha trabajado estos temas. Y uno de los elementos más
interesantes de esta cuestión es plantearnos si es posible anticiparnos el sujeto ético más
allá de la implantación, o antes de la implantación del superyó. Y sobre qué se viene a
instalar el superyó. Si se viene a instalar sobre la prohibición o se viene a instalar sobre los
prerrequisitos amorosos sobre los cuales se inscribe la relación al otro. Es imposible recibir
la ley si no es del otro amado. Y en el trasfondo del amor al otro está siempre el erotismo
con el otro. Están ambos espectros funcionando todo el tiempo. Están de forma invertida en
la amistad, donde el espectro del erotismo sobrevuela la amistad, y está invertido en los
primeros tiempos de la vida, donde el espectro del amor sobrevuela el erotismo.

Acá nosotros tenemos que tener en cuenta, entonces, que las formas con las cuales se van
plasmando las primeras conductas éticas son del orden de la intersubjetividad y no del
orden de la triangulación. Quiero decir con esto que vamos a seguir una línea que venimos
trabajando, pensar de qué manera las primeras renuncias pulsionales o, como decía recién,
el hecho de sonreír al adulto antes de comer, que ya es un prerrequisito de la renuncia
porque implica una postergación, porque implica una demora de la satisfacción inmediata,
porque implica también que el adulto pueda recibir eso sin sentirse él un objeto prostituido...
esta idea del adulto como un objeto prostituido circula mucho en nuestra cultura, la idea de
que uno es amado por lo que da. Lo cual es cierto que uno es amado por lo que da. Pero no
en los términos mercantilizados en los que los padres lo expresan: "¡Sí, es muy zalamero,
no saben cómo es cuando quiere algo!" Acá viene a nuestra ayuda Lacan, para plantear
que el objeto deseado en realidad también es demanda de amor y deseo de
reconocimiento, y no puramente un objeto. Con lo cual al despojar al objeto del carácter de
don que tiene, el adulto transforma al niño en un pequeño mercachifle chiflado que,
además, lo único a lo que aspira es a que se le den cosas. Cuando en realidad esas cosas
son, de alguna manera, el efecto de algún tipo de insatisfacción que tiene que ver con la
discordancia entre la posibilidad de colmamiento del deseo y el objeto, o también búsqueda
de reconocimiento, que se convierten en modalidades ponzoñosas cuando el adulto lo
entrega por cansancio, enojado e irritado, ese objeto, con lo cual genera el mismo displacer
que hubiera generado su rehusamiento pero con mayor culpa. Es un circuito mucho más
patológico. Cuando el adulto le dice: "¡Tomá, te doy, arreglate, me sacás todo el tiempo
estás pidiendo!" Y se lo compra. En ese momento, además del circuito de que el objeto deja
de ser placentero es, al mismo tiempo, un objeto embargado por la culpa de haber dañado
al otro y de haber quitado a mordiscones el objeto al otro y no de recibirlo como un don.

Estos elementos que hacen, entonces, a la constitución de la ética van a ser el objeto de
trabajo de este tiempo. Y vamos a tener posibilidad, entonces, de revisar nuevamente los
términos en que otras veces lo hemos hecho, de alguna manera más ligada a este tema, la
cuestión de la pulsión de muerte, de los sentimientos negativos -celos, envidia, rivalidad- y,
en el segundo módulo, la autopreservación de sí mismo, el cuidado del semejante,
justamente vamos a dar un paso donde se está planteando el yo en términos no solamente
de instancia representacional sino también de instancia que ya es también intersubjetivante.

Bueno, vamos a ir desarrollando muchas de las cosas que acabo de formular, más otras, y
uno de los temas que me interesa es la cuestión de la ética del analista. Terminar con este
tema, quiero decir, terminar el programa, no terminar porque es un tema que recién
empezamos. Porque yo creo que la ética del analista no está solamente en el límite sino en
el centro del contrato, y no solamente está en el ejercicio de la técnica y de la abstinencia
sino en los modos de posicionarse intersubjetivamente con el otro en tanto sujeto sufriente.
Creo que no se puede reducir la ética al "bien hacer," como decía Lacan, en términos de
aplicación del método. Porque la aplicación del método puede llevar a la destrucción del
otro o puede, inclusive, ser absolutamente insuficiente para la recomposición del otro. Y
porque, además, el contrato ha sido confundido con la palabra del analista. Quiero decir con
esto que se ha confundido con que todo lo que hace el analista en su consultorio es
analítico, cuando el contrato es parte de la ética intersubjetiva y no del fantasma del
paciente, y no lo debe ser tampoco del analista. Con lo cual tenemos que reposicionar estos
aspectos contractuales, sobre todo en una época en la cual la cuestión se ha invertido y no
es solamente ya lo que estamos tratando de acotar el poder del analista, sino la perversión
del sistema que transforma los pacientes en clientes o en usuarios, con analistas que
quedan capturados por su posición respecto a los modos con los cuales son empleados o
están al servicio de intereses que no les permiten el ejercicio de su práctica. Y en tal sentido
son poco respetados por el paciente, que no los coloca como sujeto ni de saber ni de poder
sino como agentes prostituidos de la palabra, para decirlo fácil. Si le sirve o no le sirve lo
que le dan, y no hay emisor de aquello que se recibe. Esto me parece que es un tema
fundamental para pensar, el nivel pragmático en el cual se define a veces la práctica . "Lo
que usted me dice me sirve" y el día que no le sirva ¿qué? O " lo que usted me dijo no me
sirve " o "no, yo voy con Fulano porque lo que me dice me sirve mucho." "Me da lo mismo,
lo hago por Internet, porque total lo que me importa es lo que me diga."

Ustedes se dan cuenta de que estamos hablando de formas de desubjetivación de la


relación analítica. Los analistas hemos contribuido a esto y esta contribución nos deja
inermes para pelearla. Quiero decir que hemos contribuido a la desubjetivación al convertir
al sujeto en un emisor de palabra y a nosotros en escucha. Y ahora estamos, como dicen
los mexicanos, tomando agua de nuestro propio chocolate. Quiero decir que hemos creído,
durante años, que nuestra función era dejar en suspenso y pelear contra la transferencia, y
hoy nos encontramos con que el problema central es la recomposición de la transferencia
como modalidad de la relación intersubjetiva. Y en ese sentido, entonces, lo vamos a
retomar.

Bueno, queda abierto para que charlemos. Sí, Graciela.

Intervención. Quisiera que me aclararas, cuando comenzaste la disertación hoy empezaste


a hablar de lo que era violencia. Y en realidad no hiciste una homología a que la violencia, o
por lo menos yo... eso es lo que quiero que me aclares, si la violencia es hoy desamparo,
marginalidad, desocupación, y cómo se articula eso, entonces, con el no reconocimiento,
frente a estas circunstancias, de la ausencia del semejante.

Tomo algunas de las cuestiones, otras las marco para trabajarlas la clase próxima,
justamente. Y yo tengo un profundo rechazo a la palabra violencia en general. Me parece
que es encubridora de demasiadas cosas. Creo que la primera diferenciación que hay que
hacer es que violencia no es un concepto psicoanalítico. Conceptos psicoanalíticos son
agresividad y sadismo. Y yo trato de incluir la crueldad, tema que podemos volver a tomar la
próxima, que es la relación entre agresividad y sadismo. Pero me parece que violencia es
una palabra más sociológica, que toma la psiquiatría. En ese sentido yo no hago un
descarte absoluto de la violencia, sino marco las formas de la violencia destructiva. Porque
vemos con una fantasía de pasivización absoluta una sociedad profundamente
silenciosamente violenta. Las formas de la desubjetivación actuales son silenciosamente
violentas y residen en la marginación y en la indiferencia, fundamentalmente. La indiferencia
siempre ha sido generadora de violencia, y de violencia válida, en muchos casos. Los
autistas salen a veces del cuadro de autismo con berrinches espantosos. Y son acciones
violentas. Y son acciones violentas necesarias. Lo mismo ocurre a veces con las
sociedades. El problema es cuál es el destino de esto. Si el destino de la vivencia del autista
va a ser encerrarlo y doparlo, o el destino va a ser empezar a pensar que ahí hay un sujeto
que empieza a conectarse con el exterior y que ha salido del encapsulamiento en el que
estaba.

Con lo cual me parece que lo que vos estás trayendo es muy interesante respecto a cuál
debe ser nuestra posición, no solamente respecto a la violencia sino respecto a la aparición
de la agresividad en psicoanálisis. La agresividad puede ser un momento constitutivo en la
humanización del sujeto. Puede ser un momento definitorio del intercambio de la
transferencia, en donde puede haber habido durante mucho tiempo una profunda
indiferencia, o una desubjetivación con la cual el paciente recibía el enunciado que uno
formulaba. Con lo cual creo que hay que ser muy cuidadoso para ir diferenciando estos
aspectos sociales de los conceptos psicoanalíticos. Y aportar desde los conceptos
psicoanalíticos a entender el fenómeno social. Quiero decir con esto que nadie piense,
porque por no escuchar a un piquetero va a ocurrir menos que por no escuchar a un niño.
En algún momento esto vuelve contra la sociedad entera. En algún momento esto se
expresa bajo alguna forma. Sobre todo cuando no hubo autismo de inicio, y esto es lo
interesante. No estamos frente a los pobres del resto de Latinoamérica. Que, inclusive, hoy
están respondiendo. Pero de todas maneras yo he conocido la miseria ancestral en
Latinoamérica y es mucho más pasiva que la de nuestros pobres, que no fueron indigentes
hasta hace algunos años. Con lo cual la diferencia está ahí. De manera que las categorías
deben servirnos para eso, para no hablar en abstracto de "tendencias pulsionales."

Sí hay que tener en cuenta siempre que nosotros tenemos ciertos principios reguladores
que deben ser puestos en primer plano. Digo principios metapsicológicos. Por ejemplo la
voracidad. Veamos cómo se aplica el concepto de voracidad hoy a las condiciones que
vivimos. Si hay un mérito del concepto de voracidad en Melanie Klein es haber sido
planteado como un intervalo frente a la incolmabilidad del deseo; entre lo que el sujeto tiene
y aquello a lo que aspira o a una fantasía totalizante. Pero al mismo tiempo Melanie Klein
nos da el concepto de envidia. Y el concepto de envidia es un concepto en el cual lo que
aparece no es la carencia sino la frustración de que el otro se rehúse a dar aquello que se
supone que tiene. Este es el punto central ¿verdad? Porque nos enseña nuestra práctica
que gente que viene a veces de familias carenciadas se siente a veces menos despojada
que otras que vienen de familias más pudientes donde se les rehusaron algunas cosas. Con
lo cual la idea de intervalo, de la teoría, es muy útil para pensar esta "frustración." ¿Qué
característica tiene nuestra sociedad actual? Ofrece una enorme gama de productos y, al
mismo tiempo, genera cada vez mayor frustración respecto a la capacidad adquisitiva de los
sectores más amplios.

Hay un texto maravilloso, un librito que se llama Con el sudor de tu frente y que salió hace
poco, sobre la cuestión del trabajo, y uno de los textos dice que la sociedad produce dos
tipos de objeto -está hablando de 1900 y poco-: objetos para los ricos y objetos para los
pobres. Los pobres producen objetos que sólo consumen los ricos. Esto es extraordinario.
Con lo cual es impresionante cómo va marcando esta disparidad. Bueno, nosotros tenemos
una sociedad que incrementa permanentemente la voracidad. Y genera la fantasía,
siempre, de que el próximo objeto va a dar el colmamiento. Ustedes saben que en Estados
Unidos, mientras salía la PlayStation 3 se vendía a precios reducidos de oferta la
PlayStation 2, con lo cual la propaganda era sobre la PlayStation 2 mientras se sacaba la
PlayStation 3. Al mismo tiempo cada PlayStation tiene juegos propios. Con lo cual lo que
importa no es comprar la PlayStation sino que hay que cambiar todos los accesorios. Esto
tiene que ver con la obsolescencia planificada. A los que les interese el tema, hay un libro
precioso que acaba de salir, de Bauman, que se llama Vidas desperdiciadas , donde
Bauman analiza el problema de la basura partiendo del texto de Italo Calvino de Las
ciudades invisibles , de una sociedad que produce constantemente objetos nuevos que
fascinan a la gente y, al mismo tiempo, se va llenando de basura. Y lo usa como una
extraordinaria metáfora sobre el problema de la marginalidad.

Pero a mí lo que me interesa marcar es lo siguiente. Vamos a entender lo que va


ocurriendo, tratando de aplicar las categorías útiles o vamos a decir generalidades. Y de
qué manera vamos a pensar las condiciones de los nuevos sufrimientos. Por ejemplo,
supongamos que una paciente de uno se está divorciando. Y se está divorciando de un
hombre muy rico. Y el hombre le ofrece, supónganse, para esta afortunada cinco millones
de dólares de indemnización por haberle criado los niños -cosa que a uno nunca le pasó-.
Entonces la señora sabe que el marido tiene 25 millones, y el analista la lanza a una pelea
fenomenal por lo justo. Con lo cual pasa el resto de su vida peleando por 12,5 millones
solamente para embromarlo al tipo que tiene 25. Y además porque lo justo es que él le de la
mitad. Cuando con cinco millones puede vivir muy bien el resto de su vida. Ahí se produce
una alianza entre los fantasmas retaliativos de la paciente y los fantasmas voraces del
analista, que no la puede ayudar a producir algo nuevo a partir de su propia reivindicación y
su dificultad para entender que la justicia pasa por una vida mejor y no por obtener la mitad
del otro. No se va a quedar nunca con la mitad del otro, porque lo que el otro se lleva es su
capacidad productiva, que ella no la tiene. Este es el punto. Entonces no vale la pena
interpretarle la envidia fálica. Es ridículo decirle "Usted envidia el dinero de su marido como
de chiquita envidiaba el pene de su hermano." ¿Y? ¿Y con eso qué?

Entonces estamos hablando, precisamente, de una reubicación de las categorías en función


de los paradigmas centrales del psicoanálisis, precisamente para entender el mundo sin
ideologizar el psicoanálisis. Al revés, no es para hacer ideología; es para no ideologizar el
psicoanálisis. Lo mismo que ocurre con las psicosomáticas. Cuando yo le digo a un
paciente que tiene una enfermedad orgánica, que por favor vea al médico, para que yo no
diga pavadas, para que no interprete lo in-interpretable, lo que le estoy diciendo es que me
deje preservar el espacio psíquico y deposite en manos de otro aquello que corresponde al
cuerpo, que no es mi función. Mi función es entender la forma en la que él se lo representa
y no curarle el hígado.

Intervención. (no se escucha)

No, está bien que el paciente sepa que es una psicosomática. Pero que sepa que lo que yo
voy a hacer es trabajar sobre estas representaciones, y me parece bien. Y cuando el
médico le dice que es una psicosomática, que asuma su parte, ¿qué le toca a él en la
psicosomática? ¿qué tiene que hacer él con la psicosomática? Porque si el tipo va con una
úlcera y el médico en lugar de darle Omeprazol le dice que se analice, es un asesino. Así
perforó hace años Pichón la úlcera, en la época en que se pensaba que analizando se
resolvía una úlcera. Entonces me parece que estamos hablando de eso, de justamente
preservar el campo analítico y cuando pensamos los fenómenos sociales, llevar nuestros
conceptos hasta el fin y no contestar con generalidades. Una cuestión más, todavía nos
queda tiempo.

Intervención. (no se escucha)

La cosa del mundo. Está bien. La pregunta es que no le quedó claro cómo definí yo la cosa
del mundo. La cosa del mundo, si bien me das pauta para retomarlo en otra ocasión, la
tomo en los términos de Freud. Cuando Freud plantea el Proyecto , que sobre la base del
reinvestimiento del objeto con la huella mnémica anterior -no usa todavía la palabra huella
mnémica, sino la inscripción- el objeto se divide en dos: una parte que es reconocida y una
parte que es ignota. Esa parte ignota es la cosa del mundo. Con lo cual toma la diferencia
clásica en alemán, que después toma Lacan, entre die sache y das ding , donde la cosa
significada se diferencia de lo incognoscido o de lo incognoscible. Es también la idea
kantiana respecto a que la cosa del mundo podés conocerla hasta un punto.

Entonces la idea mía es la siguiente, sostener la idea de cosa en el mundo implica


reconocer la fuerza de lo real sobre el sujeto y, al mismo tiempo, marcar que esa fuerza de
lo real produce inscripciones, y esas inscripciones pueden implicar a su vez significaciones.
Esas significaciones abren la cuestión de la sache "antes de que haya Das Ding ." Cuando
digo Das Ding quiero decir que en el momento en que se produzca de nuevo la mamada del
bebé con la madre, entonces va a reconocer en el pecho una cierta textura, un cierto olor.
Pero va a encontrar un olor desconocido que puede ser el perfume de ese día, va a
encontrar tal vez una voz alterada, porque la madre está con un poco de bronquitis o de
carraspera, va a encontrar un olor diferente que proviene de que la madre ese día se puso
crema de las manos o no, va a encontrar un sabor diferente... En fin, lo que estoy diciendo
es que van a haber huellas que se reencuentran y huellas que no. Algunas van a recubrir el
objeto inscripto originario y otras van a ser diversas. Las diversas, si se producen en el
marco de lo ya conocido, y son significativas, intentan ser capturadas. Y si no son
significativas, quedan en lo real. Por ejemplo, si vos cambiaste un cuadro en la pared, al
bebé no le pasa nada. Pero si el bebé mama frente al cuadro en la pared, eso toma otro
carácter, el color, la pregnancia, la forma.

Entonces cuando uno habla del objeto que se inscribe habla no del pecho sino del conjunto
de elementos que acompañan la lactancia y que constituyen una huella combinatoria. Y esa
huella combinatoria, entonces, después se encuentra con el objeto en el mundo. Después el
lenguaje se va a encargar de organizar los objetos del mundo y va a restringir esta
posibilidad. Porque precisamente uno de los problemas que va a haber es que el lenguaje
restringe a un conjunto de significantes la posibilidad de significación. Mientras que queda
una enorme cantidad de huellas no significables. Y yo cada vez más pienso que el malestar
está ahí, en lo indecible. El malestar en la cultura está en que el lenguaje es una forma de
captura de lo real -y de lo real entendido también como los afectos- y al mismo tiempo de
imposibilidad de captura total, con lo cual siempre hay un plus irreproducible, incapturable,
impronunciable, intransmisible que es el que corta la respiración todo el tiempo.
Bueno, nos vemos la próxima.