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INTRODUCCIÓN

Hace algunos años tuve la oportunidad de asistir al Polyforum Cultural Siqueiros


que es un recinto ubicado sobre la Avenida de los Insurgentes en la Ciudad de
México, junto al complejo World Trade Center. Dedicado a la manifestación de las
artes, es un sitio muy conocido tanto por su localización, entre la Colonia Nápoles
y la Colonia Del Valle, como por el mural que lo edifica, La marcha de la
humanidad de David Alfaro Siqueiros, en cuyo honor Manuel Suarez y Suarez
bautizó al recinto, el cuál es llamado "el más grande del mundo", para disfrutar de
un buen espectáculo: “El Gorila”; es una obra basada en el cuento del escritor
Checo Franz Kafka: INFORME PARA UNA ACADEMIA, que en aquel año, ya
llevaba puesta en escena 18 años, por el actor Humberto Dupeyron, en cuya
interpretación utilizaba casi por completo el texto original de la fábula, de cuya
presentación se desprende el objetivo de llevar al escenario la visión del relato,
persiguiendo la posibilidad, y concreción, de un registro y de una reflexión de ese
camino, una conciencia que determine su artificialidad, su legitimación como obra
de arte, para entablar una relación dialéctica entre la teoría y la experiencia en el
desarrollo del propio trabajo del actor y luego para aportar un grano de arena a la
relación dialéctica entre yo-individuo-actor y ustedes-sociedad-teatro.

Franz Kafka escribió este relato en 1917, mismo que fue publicado por primera
vez en la revista de “El Judío”, bajo el titulo común, propuesto por Kafka, de Dos
historias de animales.

Este cuento es un monólogo de un hombre que informa, frente a los señores de


una academia, como de mono se convirtió en ser humano. Es un recuento de su
paso de la animalidad a la humanidad y de su relación con los seres humanos en
dicho proceso, magnificándose el precio que hay que pagar para sobrevivir, por
ser “aptos” para formar parte de algo, por adaptarse.

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Un disparo. Muerte y a la vez nacimiento simbólico de la figura central de este
discurso, que hace balance de una historia de adaptación en aras de la
supervivencia, revelando la evolución de animal a humano, o de bebé a anciano,
como camino lleno de sacrificios. Una reflexión sobre el precio que todos tenemos
que pagar para conseguir la imprescindible aceptación social.

A lo largo de varios días, este entrañable ser trata de definir las razones que han
marcado el devenir de su vida, para que finalmente a la hora de la verdad y en
otra dimensión ya ajena a su ámbito de camerino, apartamento, celda pueda
rendir cuentas ante los excelentísimos miembros de la academia. Una metáfora de
la condición humana: de cuna a tumba nos dedicamos a labrar una justificación de
nuestra existencia.

DESARROLLO

Hace cinco años que el mono Pedro el Rojo fue capturado en la Costa de Oro y
transportado en barco hasta Hamburgo, donde se encontró con la disyuntiva sobre
su vida futura: ¿zoológico o variedades? Pedro, que se debate entre la salida de la
adaptación o la muerte, opta por la primera, decide “dejar de ser mono”,
renunciando a su propia identidad. Elige el teatro de variedades y se somete a un
proceso educativo para olvidar su naturaleza simiesca y adoptar la humana. Tras
estos cinco años de confusión, esfuerzo, renuncia, dolor y soledad, la academia
científica pide a Pedro un informe sobre su vida simiesca anterior, sobre todo
aquello que tuvo que olvidar para sobrevivir y cuya renuncia le exige una urgente
necesidad de autojustificación.

Y de ese precio que hay que pagar para sobrevivir en cualquier ámbito de la vida,
por adaptarse, por ser “aptos” para formar parte de algo, por el dilema entre
dejarse amaestrar o “morir”, trata Informe para una Academia. Una metáfora de
la lucha interna de cada hombre, que mira a la libertad y a la necesidad en
relación a la voluntad de acción como concepto vital.
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En esta puesta en escena no vemos a un mono dando su discurso, vemos a un
ser humano “sometido al yugo” de su pérdida de identidad, encerrado en su
microcosmos, rindiendo su informe a los “excelentísimos señores académicos”.
Vemos a un ser humano vestido para la ocasión, pronunciando un discurso ante
una asociación de gente erudita. Se trata de un discurso, pero también de un test,
un examen, una defensa de tesis.

El simio no solamente tiene que demostrar que puede hablar el idioma de su


público, sino que ha aprendido a dominar sus modales y convenciones y es apto
para entrar en su asociación.

Es posible que el orador no sea realmente un simio, puede que sea un simple ser
humano como nosotros que se cree un simio, o bien un ser humano que se
presenta, con profunda ironía y con intenciones retóricas, como un simio. Así
mismo, es posible que el público no consista, tal como imaginamos, en caballeros
rubicundos y patilludos que han cambiado las cazadoras de safari por el
esmoquin, sino en congéneres del simio, amaestrados, tal vez no hasta el punto
en que lo está el orador. Y si no están amaestrados hasta ese punto, están
encadenados a sus asientos y adiestrados para no parlotear ni quitarse pulgas ni
aliviar sus impulsos públicamente. No sabemos ni sabremos nunca con certeza lo
que está pasando en este relato: si trata de un hombre que se dirige a otros
hombres o de un simio que se dirige a otros simios o de un simio que se dirige a
hombres o de un hombre que se dirige a simios. Hubo un tiempo en que lo
sabíamos. Antes creíamos que cuando el texto decía “en la mesa había un vaso
de agua” es que existía una mesa y un vaso de agua encima, y solamente
teníamos que mirar el mundo-espejo del texto para verlos. Pero todo eso terminó.
Parece que el mundo-espejo se ha roto de forma irreparable.

En 1912, la academia Prusiana de las Ciencias estableció en la isla de Tenerife


una estación dedicada a la experimentación con las capacidades mentales de los

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simios. Uno de los científicos que trabajaba allí fue el psicólogo Wolfgang Köhler.
Déjenme que les cuente lo que aprendieron de su amo, Wolfgang Köhler, algunos
de los simios de Tenerife.

Sultán está solo en una jaula. Tiene hambre. La comida que antes llegaba con
regularidad ha dejado de llegar de forma inexplicable. El hombre que antes le
daba de comer y ahora ha dejado de hacerlo tiende un cable por encima de la
jaula, a tres metros del suelo, y cuelga un manojo de plátanos del mismo.

Luego mete tres cajas de madera en la jaula. Los plátanos están ahí para hacerle
pensar a uno, para espolearle a uno hasta los límites de su raciocinio. Pero ¿qué
hay que pensar? Uno piensa: ¿Por qué me está matando de hambre? Uno piensa:
¿Qué he hecho? ¿Por qué he dejado de caerle bien? Pero ninguno de estos
pensamientos es el adecuado. El pensamiento adecuado es: ¿Cómo se pueden
usar las cajas para llegar a los plátanos? Y cada vez se obliga a Sultán a tener el
pensamiento menos interesante. De la pureza de la especulación se le empuja
incansablemente a una razón instrumental inferior y práctica y por tanto a la
aceptación de uno mismo básicamente como organismo con un apetito que
necesita ser satisfecho.

Y de alguna forma, mientras avanza lentamente por este laberinto de restricciones,


manipulaciones y duplicidades, debe darse cuenta de que sobre todo no puede
renunciar, porque sobre sus hombros recae la responsabilidad de representar a los
simios. El destino de sus hermanos y hermanas puede depender de sus resultados.

Había una época, creemos, en que podíamos decir quiénes éramos. Ahora no
somos más que actores que recitamos nuestros papeles. Ahora nos parece una de
esas ilusiones sustentadas por la mirada concentrada de todos los que ocupan la
sala. Si retiramos la mirada un solo instante, el espejo cae al suelo y se hace
añicos.

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Pedro el Rojo no era un investigador de la conducta de los primates, sino un
animal marcado y herido que se presentaba a sí mismo como un testimonio
parlante ante una reunión de académicos. Yo no soy un filósofo de la mente, sino
un animal que exhibe, ante una reunión de académicos, una herida que llevo
tapada debajo de la ropa pero que toco con cada palabra que digo.

Tanto Pedro el Rojo como los simios de Köhler pasaron por un período de
adiestramiento destinado a humanizarlos. Pedro el Rojo aprobó su curso con
honores, pero pagó un elevado precio personal. El relato de Kafka trata de ese
precio.

A cambio del prodigioso sobredesarrollo intelectual que ha experimentado, a


cambio de su dominio de la etiqueta de la sala de conferencias y la retórica
académica, ¿a qué ha tenido que renunciar?

La respuesta es: a mucho.

CONCLUSIÓN

Este cuento o mejor dicho, esta obra produjo en mi varias resonancias que
determinaron la forma y el contenido de lo que es la ciencia de la sociología.

En primer lugar, la relación de los conceptos de libertad y salida, especialmente en


su interacción con la necesidad de vivir como metáfora máxima de la voluntad de
acción, así como, la vinculación de la libertad con las instituciones y los factores
sociales que convergen en la conformación de la estructura social, como
pulcramente se puede deducir que influenciaron al autor; como: la familia, la
educación, la económica, y principalmente la religión. Instituciones que están, para

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nosotros, estrechamente ligados al desarrollo de un ser humano en el plano más
general y, por consiguiente, a la posibilidad de desarrollo de un individuo.

Luego, algo que impactó profundamente en mi ser, es el hecho que el personaje


no elige transformarse en humano. ¡Necesita! devenir hombre, es la única opción
que le queda aparte de la muerte. Y esto nos lleva a ubicar a la necesidad como
uno de los conceptos más esenciales del hombre al punto, y utilizando otro de los
conceptos que nos ocupa ahora, que no elegimos la libertad, sino que la
necesitamos. Y otra vez volvemos a las instituciones y a los factores sociales que
se insertan en el ser humano, como son los factores: sociológico-ecológico, el
antropológico, el demográfico, y de manera sobresaliente el psicológico. Factores
determinantes de la vida, pues creemos que muchas veces no elegimos los
caminos a tomar en nuestra vida, sino que, mucho antes, los necesitamos para no
morir.

Otro punto que para la elaboración de mi ensayo fue fundamental, es el considerar


que si bien la transformación hacia la vida humana se lleva a cabo, el personaje
no pierde elementos de su simiesca vida anterior planteándose así una lucha
interna entre el hombre y el simio que se constituye en la metáfora de las luchas
internas que lleva adelante un hombre a lo largo de toda su vida. Insistiendo en
que tienen su etiología, de nueva cuenta, en las instituciones y factores sociales.

Para terminar, creo que algo que atrajo de manera significativa en este relato de
Kafka, es su atemporalidad, es decir, la capacidad de este autor de hablar de lo
más profundo del ser humano, de lo más primario y arquetípico más allá de las
épocas particulares y sus contextos socioculturales.

FERNANDO ANSELMO ESCOBAR