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Desindustrialización a una velocidad e intensidad

fulminante. Derrumbe del salario real. Destrucción


impactante del valor patrimonial de las empresas

Ocho puntos de la devastación


económica de Macri
El macrismo difunde que entregará una "buena herencia"
económica. Es una nueva trampa que elude la responsabilidad
del desastre que deja, para atribuirse la probable recuperación a
partir del 2020. Y si no mejora la economía será por culpa del
nuevo gobierno. Datos duros de la debacle, demoledores para
neutralizar el engaño.

Por Alfredo Zaiat

Detallar ocho puntos de la economía macrista es un oportuno


antídoto a los "Ocho puntos de la economía", el panfleto que forma
parte del método de la mentira planificada de la Jefatura de
Gabinete y que es la base para el próximo engaño. Aquí va el detalle
con datos duros:

1. La caída del PIB de este año será de 3,0 por ciento, que
determinará que el PIB per cápita disminuya como mínimo el 10 por
ciento en el período 2016-2019.

2. El retroceso del salario real de los trabajadores registrados es de


18,5 por ciento desde noviembre de 2015.

3. El promedio del poder adquisitivo de las jubilaciones será casi 20


puntos menos al de 2015.

4. La inflación va camino del 50 al 60 por ciento anual. El último


tributo a la causa oficialista del Indec de Macri fue el índice de
octubre, al marcar 3,3 por ciento cuando el consenso del mercado
era de 4,0 por ciento para arriba.

5. La pobreza subirá al 40 por ciento.

6. La deuda pública es impagable en las actuales condiciones, a lo


que se suma que se reintrodujo al FMI en la economía argentina,
además de convertirlo en el principal acreedor externo y auditor de
la exigencia de ajuste.

7. El valor patrimonial de las empresas está destruido, con quiebras


y concursos generalizados.

8. La industria está derrumbada.

Tener presentes estos ocho puntos pasará a ser crucial en el período


presidencial que inaugurará la fórmula Alberto Fernández-Cristina
Fernández de Kirchner el próximo 10 de diciembre. Resultará
importante porque está por dar comienzo la temporada alta de los
economistas del establishment circulando por el espacio público.
Son quienes durante cuatro años batallaron en todos los terrenos
para la construcción de expectativas positivas, asegurando que con
la política económica del macrismo, aunque señalando que tuvo
fallas en la gestión, todo iba a ser mejor. Ahora, como si nada
hubiera pasado en este cuatrienio, han iniciado la persistente
tarea de comunicar a la sociedad que las perspectivas
económicas son sombrías.

No sólo adelantan penurias sino que se han vuelto más


exigentes con el futuro gobierno. Quieren saber ya cómo será la
negociación el FMI, cuál será la propuesta a los acreedores privados,
qué estimación existe de necesidades financieras para los próximos
años, cómo se diseñará el esquema fiscal y monetario, y quiénes
serán los encargados de conducir un plan que igual adelantan tiene
pocas chances de éxito. Entre sus demandas no aparecen quienes
fueron responsables del desastre económico  . Es como si estos
cuatros años no hubiesen existido. De ese modo, una vez más, los
economistas del establishment muestran que son incorregibles.
Los anticuerpos para prevenirse de ellos es saber que postulan una
política económica que nuevamente probó ser un fiasco en términos
de estabilidad económica y bienestar social.

Industricidio

La desindustrialización es una marca registrada de los ciclos


neoliberales, y éste no ha sido la excepción. En la comparación con
el de la dictadura militar y el de la década del '90, el período
de gobierno de Mauricio Macri sobresale por la velocidad de la
destrucción y el alcance a casi todos los sectores.

Han sido cuatro años de deterioro constante de la actividad y


del empleo. Recién al final del mandato empezó a registrarse una
reacción del mundo empresario. Fue un hecho notable que
industriales hayan apoyado a un Presidente que les mostró una
indiferencia manifiesta hasta el punto del desprecio y de casi no
mencionar la palabra "industria".

Sólo algunas organizaciones que agrupan a pequeñas y medianas


industrias fueron conscientes del daño que les estaba provocando la
economía macrista.

El reciente dato difundido por el Indec expone la profunda crisis de


la industria . En septiembre, la utilización de la capacidad
instalada del sector fue de 57,7 por ciento, uno de los niveles más
bajos de la era macrista. Esto implica que el 42,3 por ciento de las
maquinarias y equipamientos está parado, un costo muy elevado
para el dueño de la planta y una pérdida inmensa para el entramado
productivo y social.

La producción industrial acumuló la decimoséptima caída


consecutiva en septiembre, cuando bajó 5 por ciento en relación al
mismo mes del año pasado. Macri se despide sin que ningún
sector productivo exhiba señales de recuperación.

El dato de la industria automotriz es impactante: el nivel de


utilización de la capacidad instalada es de apenas el 37,4 por ciento,
lo que explica las suspensiones masivas, el adelantamiento de
vacaciones y la cancelación de turnos de trabajo. Sólo en momentos
de crisis muy aguda el sector automotor registró una virtual
paralización de la producción como ahora, lo que deja en evidencia
el desastre productivo .

El otro bloque industrial que atraviesa un derrumbe de proporciones


es el de sustancias y productos químicos, con un nivel de utilización
de la capacidad instalada de sólo el 47,7 por ciento. Un año antes era
de 63,2 por ciento. La caída fue impresionante en un área industrial
clave.

La parálisis industrial es también un escenario para deducir que


puede haber una rápida recuperación ante cualquier impulso a la
demanda que realice el gobierno de Alberto Fernández.

Destrucción de empleo

La industria se convirtió entonces en una máquina de expulsar


trabajadores desde el primer mes del gobierno de la alianza
Cambiemos. La apertura comercial, los tarifazos, las rondas de
fuertes devaluaciones, las tasas de interés altísimas y el derrumbe
del mercado interno por el castigo a los ingresos reales de
trabajadores y jubilados determinaron un sendero de permanente
caída de la actividad fabril.

A partir del default, que fue eludido por el megapréstamo del FMI
por 57 mil millones de dólares a mediados del año pasado, se
aceleró la velocidad del retroceso. La desindustrialización derivó
en una destrucción permanente de puestos de trabajo. Sólo en
un mes del total de lo que va del ciclo macrista (hasta agosto, mes
del último reporte oficial) no hubo pérdida neta de empleo
industrial. Es una marca dramática.

La actividad manufacturera anotó la destrucción de 154.700 mil


puestos de trabajo, desde noviembre de 2015 a agosto de 2019.
Es equivalente a la pérdida de 12 de cada 100 empleos del sector en
menos de cuatro años. En el cuatrienio anterior, en el segundo
mandato de CFK, el cual tuvo una evolución macroeconómica más
floja, no hubo casi pérdidas de empleo industrial. 

En el anexo estadístico de la Secretaría (antes Ministerio) de Trabajo


los números son elocuentes: en noviembre de 2011 había 1.257.400
trabajadores de la industria; el mismo mes de 2015, 1.256.400. La
diferencia es apenas 1000 puestos. La comparación con el
desempeño en los años macrista es abrumadora.

Vale recordar que la mayoría de esos empleos se ubican en un lugar


privilegiado de la pirámide laboral, tanto por el nivel de
remuneraciones como de su calidad.

Concursos & Quiebras

La economía macrista no sólo es reducción del nivel de actividad


manufacturera, sino que también es aumento de concursos y
quiebras . El relevamiento realizado por el Centro de Economía
Política Argentina en Ciudad de Buenos Aires y las provincias de
Buenos Aires y Córdoba, donde se localizan el 61 por ciento del total
de empresas registradas, muestra que, en enero de 2016, había
567.483 firmas registradas, y que en agosto pasado se
computaban 546.313. En ese lapso hubo una caída de 21.170
empresas.

Considerando los datos al tercer trimestre de 2019, para esos


distritos, la suma de los concursos y quiebras considerando
personas humanas y jurídicas alcanzó los 103 casos, 15 por ciento
más respecto a los 1042 casos para el mismo período de 2018.

Un promedio de 7 empresas entraron en concurso o quebraron


por día hábil. Los técnicos del CEPA lo proyectaron a todo el país,
cifra que se eleva a 11 empresas diarias que quebraron o entraron
en concurso.

Explican que "el promedio de 7 empresas diarias que entró en crisis


recientemente representa tanto un indicador de la gravedad de la
crisis económica actual, como una alerta sobre el riesgo sistémico en
el futuro cercano de continuarse tensionando la cadena de pagos y
el deterioro sobre la situación financiera de las empresas".
Tres ciclos

Como se mencionó, la desindustrialización es una de las principales


características de los tres ciclos neoliberales . Pero al interior de ese
proceso hubo una evolución diferente de los protagonistas en cada
uno de ellos. Precisar esa dinámica, teniendo en cuenta que hubo
cambios en el escenario de la economía mundial, brinda intereses
elementos de análisis para comprender cuáles son los desafíos
actuales.

En los años de la última dictadura militar hubo una expansión


de los grupos económicos locales, que durante el primer gobierno
de la recuperación de la democracia se convirtieron en un factor de
poder y de condicionamiento a la política económica. Eran los
Capitanes de la Industria: Pérez Companc, Macri, Gruneissen-Astra,
Garovaglio y Zorraquín, Blaquier-Ledesma, Indupa, Roca-Techint,
Alpargatas, Bulgheroni, Soldatti, Roggio. Era un conjunto de grandes
grupos económicos de capital nacional que se expandieron pese a
que fue un periodo de estancamiento general.

En la década del noventa, esos conglomerados integraron la triple


alianza para asaltar los activos del Estado en el proceso de
privatizaciones. Se asociaron con bancos acreedores (la mayoría
estadounidenses) y multinacionales de servicios (casi todas
europeas) para quedarse con empresas estatales. Después de
valorizar esa inversión se desprendieron de esos activos, obteniendo
ganancias extraordinarias. En ese proceso de acumulación de capital
líquido también vendieron sus propias empresas a firmas
extranjeras.

O sea, en la primera etapa de desindustrialización se consolidó un


nuevo mapa de poder económico; y en la segunda, se desintegró por
la liquidación de activos –nuevos, de privatizaciones, e históricos, de
su núcleo de negocios-. Quedaron unos pocos conglomerados con
una estructura de negocios diversificada.

Durante el macrismo, luego de los primeros dos años con


ganadores (empresas de servicios públicos, energéticas,
construcción, finanzas y agro) y perdedores (el resto de las
actividades), la destrucción patrimonial pasó a ser generalizada.

La pérdida de valor de las grandes empresas es tremenda. El


economista Ariel Sdbar, del Banco Industrial, publicó en su cuenta de
Twitter un cuadro con la disminución del valor de capitalización de
un grupo de empresas de servicios. Las cifras de la pérdida
patrimonial de algunas de ellas son apabullantes:

* El valor de Edenor en su máximo de 2018 fue de 2974 millones de


dólares; ahora es de poco menos de 200 millones de dólares. Esto
significa que los accionistas (Marcelo Mindlin y el resto) de la
eléctrica tuvieron un quebranto fabuloso.

* Metrogas descendió de 2649 a 90 millones de dólares.

* Camuzzi bajó de 1751 a 78 millones

* Pampa Energía (también de Mindlin) retrocedió a 5538 a 992


millones.

Quebrantos

La crisis macrista es tan profunda que alcanzó incluso a


actividades que su política económica incialmente favoreció,
como las de servicios públicos privatizados (beneficiadas con
tarifazos) y las del sector primario exportador (megadevaluación y
eliminación de retenciones). También involucró en la debacle a
grandes empresas de alimentos  , como Molinos, Ledesma,
Mastellone, Arcor y la multinacional Mondelez.

La firma de la familia Pagani contabilizó quebrantos el año pasado y


éste. En toda su historia de casi 70 años, sólo había anotado
pérdidas en el balance 2002. De enero a septiembre de este año
tuvo un saldo negativo de 2610 millones de pesos; en el mismo
período de 2018 el rojo fue de 6455 millones de pesos. Molinos, de
la familia Pérez Companc, perdió 1381 millones de pesos en nueves
meses de este año, cuando en igual lapso de 2018 el quebranto fue
de 3261 millones. La azucarera Ledesma registró una pérdida de
1109 millones de pesos en enero-septiembre, mientras que en igual
período del año pasado tuvo un resultado negativo de 1567.

En los dos últimos años de la economía macrista la mayoría de las


empresas fue arrojada al borde de la insolvencia. El ahogo
financiero del sector privado es muy fuerte. La cadena de pagos está
crujiendo, las ventas no logran recuperarse y los costos fijos están
triturando el cuadro de resultados. Se va destruyendo sin pausa el
tejido productivo y sociolaboral.

Ocuparse

En estos días de transición, mientras Macri sigue tomándose


vacaciones, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, continúa con el
método de la mentira planificada y muchos funcionarios en
estampida están presentando currículum vitae en el sector privado,
la gestión del día a día, si antes era de mediocre a mala, ahora es
inexistente.

Cuando irrumpen situaciones críticas en empresas no hay ninguna


reacción. Por este motivo, cuando aparecen dudas acerca de qué
puede suceder en el gobierno de Fernández, el panorama se
despeja rápidamente. La administración de los problemas será el
opuesto porque habrá un equipo de funcionarios que se ocupará de
ellos. Podrá ser efectiva o no la intervención, pero habrá al menos
interés en ocuparse de la cuestión.

Ante un escenario de crisis se analizará lo que sucede en el sector


(por ejemplo, regular las importaciones que desplazan producción
local); luego se podrán estudiar los requerimientos de las empresas,
que probablemente sea de debilidad del capital de trabajo, por lo
que necesitará una línea de crédito a tasa subsidiada para
fortalecerlo más que para inversión expansiva debido a la elevada
capacidad instalada sin utilizar; al tiempo que se podrá proteger el
empleo vía el programa Repro (parte del salario se hace cargo el
Estado) para evitar despidos.

Nada de esto encaró el gobierno de Macri para aliviar la crisis. Sólo


hacerlo frenará la caída y empezará a generar las condiciones para
la recuperación y la mejora del mercado interno a través del
incremento de la demanda.

Será el primer paso para empezar a transitar la imperiosa tarea de


reconstrucción del entramado productivo, social y laboral luego
de la devastación de la desindustrialización macrista.

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