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MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y SU INFLUENCIA EN EL DERECHO

Los medios de comunicación, no llamados en vano el cuarto poder, influyen


considerablemente en todos los ámbitos del entorno postmoderno. La imperante necesidad
del hombre de mantenerse informado y siendo los medios no solo un recurso para satisfacer
dicha necesidad sino también una fuente de distracción, además de cumplir con un rol
educativo según nuestra Constitución tienen un papel sumamente importante en nuestra
sociedad. Asimismo, resultan ser uno de los garantes para el efectivo ejercicio de derechos
como la libertad de expresión. Sin embargo, este derecho podría colisionar con otros o
vulnerar ciertos presupuestos generales del derecho, cuando los medios de comunicación en
el cumplimiento de su rol entran en otras esferas asumiendo funciones que no le
corresponden. Por ejemplo, cuando se convierte un caso judicial en uno mediático o viceversa.

Aquellos casos que los medios han transformado en mediáticos por la calidad de los
personajes involucrados o por la conmoción que el hecho en sí mismo pueda causar en la
población, pasan a convertirse en un tema relevante para ser tratado a nivel judicial por el
trato especial dado por los medios, involucrando de esta manera al Derecho, al tener
relevancia jurídica.

La criminología inventada por medios de comunicación, periodistas de sucesos y opinólogos.


Es considerada Criminología Mediática. Esta criminología nos pinta un mundo o una sociedad
en donde existen buenos y malos, formado por personas decentes y trabajadoras y por otro
lado salvajes criminales sádicos inhabilitables. Todo esto genera ira en la sociedad. La ira es
una consecuencia de una sociedad cansada de tanto sentimiento de agravio hacia ellos, este
sentimiento claramente ha sido motivado por la Criminología Mediática.

Finalmente, la ira se manifiesta como el revelado negativo de la verdad. Ocurre con los demás
y con la misma persona, impaciencia con los procedimientos judiciales y corrobora con el
deseo de venganza.

Zaffaroni (2011), “los individuos cotidianamente circulan las calles y hacen uso de servicios
públicos y a su vez adquieren información de los medios de comunicación; esto les crea una
visión de la cuestión criminal (se nutren de la llamada “criminología mediática”). Ahora bien,
¿por qué aceptan o están indefensas ante esta construcción de la realidad? Debido a que de
este modo generan nivel de angustia en la sociedad” Se sabe que los escritores, periodistas,
opinologos, entre otros. En ocasiones no miden sus palabras o sus opiniones ya que ellos se
centran en generar escándalo o en la venta de sus ejemplares.
Pese a que los periodistas cuentan con un Código de Ética Periodística del Colegio de
Periodistas del Perú, en donde claramente dice que ellos están en busca de la verdad, debido
al derecho del pueblo a conocerla, sean cuales fueren las consecuencias para sí mismo. Sin
embargo, a su vez claramente indica que no debe utilizar métodos desleales para obtener
informaciones o documentos.

Dicha responsabilidad recae sobre los jueces, debido a que serán ellos quienes se encarguen
de dictaminar las sentencias para cada acontecimiento en los agrietamientos de la justicia; es
el caso que con más frecuencia encontramos, que son los casos penales los más sonados o los
escogidos por el cuarto poder para sublevar a la población y exigir justicia ya sea equitativa o
exagerada.

Ninguna sociedad deja a sus jueces campando completamente a sus anchas. Sucede, sin
embargo, que hay grandes diferencias entre los límites o condicionantes externos impuestos
en diferentes sistemas judiciales y podemos suponer que el comportamiento judicial variará,
por consiguiente, según los diferentes sistemas judiciales, como también lo hará dentro de un
sistema que impone diferentes tipos de restricciones en diferentes tipos de jueces.

La intromisión desmesurada de los medios amparada a veces en un uso abusivo de la libertad


de expresión y el derecho a la información se puede materializar en una decisión judicial que
no será del todo objetiva. Aunque la función judicial debe ser autónoma e imparcial, no se
puede evitar que el juez tenga una valoración personal del caso más allá de la que se puede
crear en base a los fundamentos de hecho y de derecho, porque también consume noticias y
es parte de un entorno social marcado por la fuerte participación que tienen los medios de
comunicación. Por otro lado, al ser el juez representante de la justicia, la sociedad pone ciertas
expectativas sobre él, la valoración de que tan bien funcione el sistema judicial depende en
gran medida de las consecuencias de las resoluciones judiciales.

No solo en relación a las consecuencias de la pena deviene la importancia de poder determinar


la influencia que tienen los medios de comunicación en las decisiones judiciales sobre los casos
mediáticos. Una aplicación no recíproca de la pena, en el caso que sea mucho mayor de la
justa, tendrá efectos irreversibles sobre el procesado. Pero además, la poca confianza en el
derecho aumentaría y los principios generales en el que éste se basa se verían desvirtuados, se
reemplazaría la función del juez por el prejuzgamiento que hacen los medios de comunicación
y no quedaría más que en el papel todos los esfuerzos por hacer del derecho la herramienta
adecuada y eficaz para alcanzar la justicia y el mínimo de bienestar social. De ahí que las
decisiones judiciales deban ser imparciales.

Resulta imprescindible poder reconocer cuán intrusivos pueden ser los medios de
comunicación, generando una vulneración a la racionalidad de la pena, y afectando la
autonomía del juez y los derechos del justiciable. Los medios, al desempeñar su rol, no solo
vulneran o afectan institutos relacionados al sistema judicial sino que es grande el perjuicio
que causan a la sociedad al emitir información tendenciosa, sensacionalista y que en muchos
casos responden a intereses concretos de grupos de poder.

Por todo ello, se debe hacer un análisis del verdadero rol de los medios (a la luz del marco que
le brinda nuestra constitución), para poder delimitarlo y para que así el ejercicio de los
derechos fundamentales a la libertad de expresión y libertad de información no colisionen con
otros derechos, ni mucho menos afecten el debido proceso repercutiendo en la decisión
autónoma del juez.

Los medios de comunicación presentan una realidad criminal distorsionada. Se


sobredimensiona la gravedad y la frecuencia de ciertos acontecimientos al tiempo que otros
hechos delictivos cotidianos son condenados al ámbito de lo excepcional. No se limitan a
reconocer y presentar el «problema social», sino que realmente construyen y comunican una
imagen virtual que no coincide con la real. De este modo contribuyen a la aparición y al
refuerzo de errores cognitivos en el auditorio (respecto a la probabilidad de ser víctima del
delito).

La constante aparición del fenómeno criminal en los medios, así como la insistencia en sus
manifestaciones más violentas, favorecen igualmente la consolidación de esta cuestión en la
agenda pública, así como la formación o el refuerzo de una conciencia social y personal de
preocupación en torno al delito. Sin embargo, la evolución real de la criminalidad revela que
no hay motivo suficiente para semejante atención mediática, ni para que haya un incremento
de la preocupación social e individual.

Además, la constante atención otorgada al delito nos distrae de otros problemas sociales cuyo
debate queda relegado a un segundo plano.
Los medios de comunicación no son plurales en lo relativo a la definición del conflicto social y
a la presentación de propuestas de intervención: reproducen las imperfecciones del mercado
y, así, dan preferencia a las perspectivas de la criminalidad y de la política criminal de los
actores que disponen de mayor poder socio-económico e institucional. De este modo los más
media sustraen otras visiones de la realidad criminal del debate público. Las soluciones finales
adoptadas presentan por ello un déficit de legitimidad democrática.

La constante transmisión de una realidad criminal distorsionada (según los intereses de los
medios y de los grupos que consiguen acceder a ellos), como la conversión en noticia de la
preocupación individual y social al respecto, influyen en la política legislativa; son factores de
presión sobre los agentes políticos, que se ven obligados a reaccionar de forma inmediata y
contundente con una ley penal. Y así manifiestan su intención de no hacer concesiones, su
capacidad de actuación, su celeridad a la hora de enfrentarse a los problemas. Todas ellas son
virtudes que tienen un alto valor electoral. Ahora bien, se debe tener en cuenta, por un lado, el
carácter populista y simbólico de esta legislación.

Por otro lado, las instituciones políticas intervienen en esa comunicación distorsionada del
fenómeno criminal: crean una imagen que evita discusiones sobre problemas estructurales de
difícil solución, crean una imagen que se puede esgrimir en los medios contra el contendiente
político.

La cotidiana comunicación del delito en el trabajo informativo de los medios de comunicación


considero tres fases: «elección» de los acontecimientos que serán noticia, «jerarquización» de
las noticias según su importancia, «tematización» o conversión de una noticia en tema de
debate social.

Con todo, el medio debe llevar a cabo esa selección conforme a algún criterio. Este suele ser el
interés periodístico y particular. Así, por ejemplo, en el primer nivel de selección se excluirían
los acontecimientos que no tienen interés periodístico (según un criterio de cuotas de
audiencia), o cuya comunicación no beneficia (o incluso perjudica) a los intereses
socioeconómicos que representa ese medio.
En consecuencia, se puede afirmar que «la Información no es inocente». Primero, porque los
medios de comunicación están al servicio de sus propios intereses económicos de cuotas de
pantalla: reducción de costes, aumento de cuotas, financiación a través de la publicidad. Estos
objetivos no sólo se consiguen a través de los procesos de selección en los tres niveles
indicados. También se obtienen mediante la reducción de la calidad de las noticias (no se
contrastan las fuentes de información, hay análisis superficial de los asuntos, una terminología
errónea, etc.), el mantenimiento de agendas uniformes, el flujo de información constante
(creación de noticias y deformación de acontecimientos), un modo de comunicación orientado
a producir emociones, etc.

La información no es inocente, en segundo lugar, porque los medios de comunicación no se


limitan a ser el reflejo y la vía de transmisión de los acontecimientos diarios, ni de las
manifestaciones culturales e ideológicas existentes en un momento histórico , también son
instrumentos de persuasión y propaganda, y una forma de hacer política . En la actualidad,
contribuyen principalmente a la consolidación de los valores establecidos, de la racionalidad
de mercado, de la perpetuación del status quo socioeconómico e institucional. Los medios de
comunicación están politizados (en algunos casos dirigidos por el partido gobernante, pero
siempre instrumentos de la actividad cotidiana del gobierno y especiales mecanismos de
intervención en los procedimientos electorales, son controlados por un número cada vez más
reducido de grupos financieros (los cuales a su vez mantienen vínculos con una determinada
tendencia política y se someten a las exigencias de su clientela: el patrocinio mediante la
publicidad.

Estos actores insisten en identificar felicidad con consumo: crean nuevas necesidades e
indican la importancia social que tiene mostrar que se mantiene un ritmo constante de gasto
(moda, marcas). Se presentan como ideales modelos de comportamiento que conducen al
éxito entendido como status social y poder económico (individualismo, competitividad, dinero
fácil, belleza, la eterna juventud, fama. Excluyen manifestaciones marginales.

En ese contexto de búsqueda de incremento de beneficios y sobrerrepresentación de las


perspectivas e intereses de ciertos agentes sociales, los medios de comunicación informan
sobre acontecimientos que atraen y divierten al auditorio sin comprometer políticamente
(deportes, cultura/espectáculos, famosos). Así mismo insisten en lo que cautiva y conmociona
al público: en lo inesperado, lo espectacular, lo morboso, etc. De ahí que la información se
concentre en la «catástrofe»: desastres naturales; la miseria, el hambre, la guerra y la
enfermedad externa y lejana; el terrorismo internacional y doméstico; el delito y la
inseguridad.

En lo que respecta a este último punto, no se cansan de mostrarnos delitos violentos,


sangrientos, sabiendo que conmueven a la comunidad y consiguen un aumento de las
conmociones. Es difícil encontrar un periódico, un informativo de radio o televisión en el que al
menos no se informe sobre un acontecimiento mortal (ya sea en el ámbito local, nacional o
internacional).

El proceso de elección, jerarquización y tematización permite detenerse en ciertos delitos


(contra la vida e integridad física, contra la libertad sexual, criminalidad en serie, desórdenes
públicos), olvidándose de otros (contra los trabajadores, salvo que acaben con su muerte,
delitos contra la agenda pública, delitos patrimoniales, etc.) o relegándolos a secciones,
páginas o franjas horarias de poca audiencia. En ocasiones se informa de un acontecimiento
pasando por alto la conexión con ciertos hechos delictivos y cuestiones que le afectan (se
omiten factores, no se muestran datos, etc.).

En otros momentos, en cambio, no se deja de informar profusamente sobre algunos hechos, a


la vez que se sobredimensionan directamente ciertos acontecimientos delictivos, destacando
(de forma alarmista) su gravedad y frecuencia, o, de forma más sutil, a través de su repetición
constante, de la información sobre hechos similares, del establecimiento de vínculos con otros
acontecimientos, de la redefinición de hechos criminales ya conocidos. Todo ello se completa
con la transmisión de informaciones oficiales (sobre todo las procedentes de la policía y las
instituciones públicas) y apreciaciones de la opinión pública que confirman lo expuesto.

Este proceso se potencia mediante su repetición por cada medio, cadena, grupo. El diseño y
modo de comunicación de la noticia: discurso dramático y emotivo (que aunque se apoye en
datos reales, también se permite algunas licencias: se incluyen datos modificados, exagerados
o descontextualizados -incluso se pueden crear noticias a partir de acontecimientos ficticios o
inventados-; se omiten otros) o una narración fría y tranquilizadora; textos breves que no
entran en el análisis profundo del problema; recurso a frases hechas, a clichés y estereotipos;
diseño de titulares con inclusión de juicios de valor; acompañamiento por música, fotografías e
imágenes seleccionadas (preparación de la imagen mediante la situación de las cámaras o el
recorte y descontextualización de las fotografías); presentación de gráficos y cuadros
estadísticos, etc . Al servicio de esta distorsión informativa se encuentran las estadísticas: las
encuestas a veces son preparadas y realizadas sin fiabilidad objetiva, en otras ocasiones
simplemente son interpretadas por los más media de forma que favorezca la impresión de
veracidad de sus mensajes.

Entonces se puede afirmar que los medios de comunicación están y estarán siempre del lado
de sus propios intereses sociales, políticos y económicos, en consecuencia, los periodistas no
respetan el código de ética al momento de usar sus fuentes y manejarlas de manera ausente o
repetitiva según sus intereses para con pueblo en relación a sus objetivos, lo cual distorsiona
muchos escenarios de la realidad en la que vivimos, influyendo en el derecho en diversos
campos, como el judicial, penal, influyen en agenda pública y obstruyen la veracidad y la
justicia impartida en algunas instancias.

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