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Mendelssohn

Félix nació en 1809, fue compositor, pianista y director de orquesta. Fue un


“Niño prodigio”: a los diez años empezó a componer y, a los 17 años, ya había
compuesto una ópera, doce sinfonías para cuerdas, una primera sinfonía de las
cinco que compuso en su vida y su “Octeto en Mi b Mayor. A esa edad, es
decir 17 años, fue al teatro a ver “Sueño de una noche de verano” de
Shakespeare: volvió a su casa y compuso una obertura para dicha obra. Diez y
seis años más tarde, le encargaron que escribiera la música incidental para
toda la obra completa, para acompañar algunos tramos de la representación en
el teatro. Parte de esa música incidental es la famosa “Marcha Nupcial”.
Mendelssohn, aparte de las cinco sinfonías y las otras obras que hemos
mencionado, compuso también dos conciertos para piano y orquesta, dos para
violín y orquesta, dos oratorios “Paulus” y “Elijah” y varios ciclos de canciones,
obras para piano, como las “Canciones sin palabras” y una obra coral “La
primera noche de Walpurgis”. Murió en 1847 a los 38 años.

Hoy vamos a compartir un video del ballet sobre la comedia de William


Shakespeare “Sueño de una noche de verano”, con música de Félix
Mendelssohn y coreografía de Sir Fredrick Ashton. Previamente, diremos unas
pocas palabras sobre cada uno de ellos.

Shakespeare

William Shakespeare nació en Stratford-upon-Avon en 1564, Se lo considera el


escritor más importante de la lengua inglesa y uno de los más célebres de la
literatura universal. Para muchos, es el mayor dramaturgo de todos los
tiempos. Sus piezas se han traducido a casi todos los idiomas y se representan
más veces y en mayor número de países que las de cualquier otro escritor. Fue
poeta y dramaturgo, también fue actor y tuvo su propia compañía de
espectáculos. Él no escribía porque pretendiera figurar en la Historia de la
Literatura, sino que lo hacía simplemente para que su compañía tuviera obras
para representar. Además de su enorme obra poética que incluye muchísimos
sonetos, escribió, entre otras: -para mencionar sólo las más conocidas-: Romeo
y Julieta, Hamlet, el Rey Lear, Otelo y Macbeth entre las tragedias; y El sueño
de una noche de verano, El mercader de Venecia, Las alegres comadres de
Windsor y La fierecilla domada entre las comedias. Otras obras se han
catalogado como “Históricas”: allí encontramos Ricardo III, Enrique V, y seis o
siete más. Todas han sido retomadas y recreadas cientos de veces por
diversos medios y autores: se han hecho incontables versiones
cinematográficas, se ha compuesto muchísima música, y se han creado
numerosas óperas y ballets inspirados por ellas.

Sueño de una noche de verano

Vamos a comenzar diciendo que el título de esta obra no está correctamente


traducido: el título original es “Midsummer night’s dream”. Midsummer es el
período del 21 al 25 de junio, que corresponde al solsticio de verano en el
hemisferio norte, más precisamente, a la “Noche de San Juan”, del 24 de junio.
En esa fecha se celebran los ritos de fertilidad al comienzo de la estación de
las cosechas. Es también “La noche de la brujas”. En una palabra, no se trata
de un sueño de UNA noche cualquiera de verano, sino de una noche en
particular, una fiesta pagana en la que pasan muchas cosas y que está llena de
erotismo y excesos. Lo dejo librado a la imaginación de cada uno. El lugar que
Shakespeare eligió para la acción –la noche en un claro en el bosque- es un
ambiente muy particular, oscuro, lleno de vida oculta y de misterio, propenso al
amor y la magia. En “Un sueño de una noche de verano”, Shakespeare hace
una “mélange” de personajes propia de esos sueños en los que mezclamos
situaciones y personas de distinta época y lugar, que jamás podrían haberse
juntado. En esa atmósfera mágica, aparecen: Oberon, rey de las hadas de la
mitología celta; Titania, su esposa, es una creación de Shakespeare. A estos
personajes, agrega otros nombres provenientes de la mitología griega, como
Teseo y Egeo, e inventa personajes con nombres griegos, como Hermia,
Demetrio, Helena, etc., ya que la acción se desarrolla en un bosquecillo muy
cerca de Atenas. Pero a ellos les va a agregar otros personajes con nombres
ingleses, como Bottom, además de hadas y un duende, que se llama “Puck”.
Hay también una flor mágica cuyo jugo, espolvoreado sobre los ojos de un
durmiente , provoca inmediatos enamoramientos con el primero que se vea.

La coreografía del ballet fue realizada en el año 1964 por Frederick Ashton, que
fue un bailarín y coreógrafo inglés, director del Ballet Real, de Londres,
nombrado caballero por la Reina de Inglaterra por sus aportes al ballet.

En el ballet encontramos tres parejas –en la obra hay cuatro-: Oberon, rey de
las hadas y Titania, su esposa, que disputan por un paje, un niño que es hijo de
una amiga de Titania que murió; Hermia y Lisandro, que se aman
mutuamente, y Demetrio, que pretende a Helena, pero es rechazado porque
Helena ama a Lisandro. Teseo, padre de Hermia, ha decidido que ella debe
casarse con Demetrio. La ley castigaría la desobediencia con la muerte, por lo
tanto ella y Lisandro se citan en el bosque para huir juntos de Atenas, pero
Hermia se lo ha contado a Helena, por lo cual también van a estar Helena y
Demetrio. También hay hadas y está Puck es un duende bromista y un poco
torpe, que se equivoca a menudo. Hay también un grupo de actores
“vocacionales”, son artesanos de Atenas, – carpintero, tejedor, sastre- y que se
citan en el mismo bosquecito para ensayar una obra de teatro que van a
representar. Uno de ellos, llamado Bottom, tiene que hacer de caballo. Y,
mientras duerme, Puck lo transforma en burro.

Oberon le pide a Puck que le traiga una flor mágica, cuyo jugo salpicado sobre
los ojos de alguien que esté durmiendo hace que éste se enamore del primero
que vea cuando se despierte y que se lo haga a Titania, para que, cuando
despierte, se enamore del primero que vea “así sea un toro o un sapo”, porque
Oberon especula que así Titania le va a ceder ese niño por el que disputan.
Vamos a empezar y –a medida que transcurra el ballet, vamos a ir repasando
el argumento.

Gustav Mahler (1860-1911) Fue uno de los 12 hijos de un tabernero alcohólico


y violento, en Bohemia, actual República Checa. Él vio como ocho de sus
hermanos murieron cuando eran niños y otro se suicidó de joven. Alguien dijo
que él veía sacar los cuerpos de sus hermanos por la puerta de atrás, y por la
puerta de la taberna entraba la gente a beber y cantar. En esa aldea había
barracas del ejército y él creció oyendo a la banda militar. En sus obras
encontramos una yuxtaposición de tres elementos: los “Ländler -especie de
vals campesino que se tocaba en la taberna y en las fiestas de la aldea-, de las
fanfarrias militares y de marchas fúnebres, porque siempre está presente la
muerte.

Durante el invierno trabajaba como director de orquestas y componía en el


verano, durante las vacaciones. Mahler fue un famosísimo director de la Ópera
de Viena y luego de la Filarmónica de Nueva York.
Compuso varios ciclos de canciones: Canciones de un caminante, Canciones
de los niños muertos –ya se imaginan por qué-, “La canción del lamento”, “El
cuerno mágico de la juventud” y “La canción de la Tierra”. Este material de sus
canciones lo iba a usar en sus sinfonías, de las que compuso 9 y comenzó una
décima que quedó inconclusa.

La revalorización de Mahler fue lenta, y se vio retrasada a causa de su gran


originalidad y del auge del nazismo en Alemania y Austria, pues su condición
de judío catalogó a su obra como «degenerada» y «moderna». Sólo al final de
la Segunda Guerra Mundial y por la decidida labor de directores como Bruno
Walter, Otto Klemperer y, más tarde, Bernard Haitink y, sobre todo, Leonard
Bernstein, su música empezó a interpretarse con más frecuencia en el
repertorio de las grandes orquestas, encontrándose entre los compositores
más destacados en la historia de la música.
Sobre el final de su vida fue contratado para dirigir el Metropolitan Opera House
en Nueva York.
El musicólogo Kurt Pahlen escribió: “El gran cantor de la nostalgia que no
encuentra consuelo en este mundo, el luchador por una perfección humana
que nunca puede alcanzarse, el creyente que no acepta los dogmas y busca la
divinidad en el Universo”. Ningún compositor ejerció sobre la música del Siglo
XX una influencia mayor que Gustav Mahler; ninguno puso más de sí mismo en
su creación. Hay en su música un desesperado deseo de Dios, de la Verdad,
del conocimiento profundo, de penetrar al fondo de todo lo creado. Sus nueve
sinfonías rompen todos los marcos conocidos y exigen masas sonoras
inauditas para decir cosas igualmente inauditas.

Sinfonía Nº 2
Esta sinfonía se llama “Resurrección”, y trata acerca de la vida, la muerte y la
resurrección
Mahler había nacido en una familia judía. Para asumir como director de la
öpera de Viena, fue obligado a convertirse al catolicismo. Cuentan que alguien
se lo cruzó por la calle inmediatamente después de esa conversión y la
preguntó cómo se sentía. Mahler contestó: “es como sacarse un saco y
ponerse otro”, porque Mahler no era religioso y podríamos definirlo como
panteísta: creía en la existencia de un dios pero reverenciaba sobre todo a la
naturaleza, inspirado por el paisaje austríaco, las montañas, los lagos y los
bosques que él disfrutaba en los veranos.
En este 4º movimiento, aparecen dos símbolos que vamos a ver: el coral, que
remite a lo sagrado, y el Dies Irae, de la misa de difuntos. El Dies Irae, el día de
la ira, o sea el día del juicio final es un himno de la edad media que pasó a
formar parte de la misa de difuntos. En todos los “Requiems” está el Dies Irae.
Son cuatro notas que aparecen en varias obras clásicas no religiosas y también
en la música de varias películas, como “Apocalypse Now” o “El Rey León” y
varias más. El movimiento que vamos a escuchar está basado en esas cuatro
notas. El texto que va a cantar el coro es del poeta Klopstock y del propio
Mahler

Mahler escribió:

“La Tierra tiembla, las tumbas revientan y se abren, los muertos se levantan y
fluyen en masa en una procesión sin fin. Resuenan las trompetas del
Apocalipsis. Todo está tranquilo y bienaventurado. No hay juicio, no hay
pecadores ni justos, no hay grandes ni pequeños, no hay castigo y no hay
recompensa. Un sentimiento de sobrecogedor amor nos llena con un
conocimiento maravilloso e ilumina nuestra existencia.”

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