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1. ¿Dónde queda la ley? (v.

31)
NO PIERDE SU VALOR SINO QUE SE LE DA SU VERDADERO VALOR Y LUGAR
(v. 31). La justicia de la fe confirma a la ley como la que ha traído el conocimiento del pecado y
de su gravedad extrema, al punto de hacer necesaria la muerte de Cristo como base única de
justificación.
La ley ha quedado confirmada en SU FUNCIÓN DE DIAGNOSTICAR EL PECADO, por
un lado, y en SU PAPEL DE FISCAL ACUSADOR ante la justicia de Dios, por el otro

El hecho de que ahora interviene la gracia no significa que la acusación de la ley haya sido
innecesaria. No se puede negar que el problema de la condenación existe. La muerte de Cristo
es plena evidencia de ello, pero también del amor perdonador de Dios que, siendo el Juez justo,
resuelve el problema de la ira divina contra el pecado sobre la base de la obra de Cristo. ¡Gracia
maravillosa!

El rechazo liso y llano que hace Pablo de cualquier función de la ley en la justificación,
favoreciendo así a la fe (20, 21, 27, 28), no significa que busque de esta manera invalidar la ley.
Por

Pablo insiste en que confirmamos la ley Quizá quiera decir que su doctrina de la justificación
por la fe está en total armonía con la enseñanza del Pentateuco (“la ley”)

Tal como Pablo habrá de expresarlo en Romanos 8:4, LA JUSTA EXIGENCIA DE LA


LEY SE HALLA PLENAMENTE CUMPLIDA EN EL CREYENTE LLENO DEL
ESPÍRITU SANTO ..

3:31 confirmamos la ley. La fe confirma la ley de las siguientes maneras:


1) Que está de acuerdo con la sentencia de muerte que la ley establece y que se satisfizo con
la muerte de Cristo;
2) que las demandas de la ley pueden ser cumplidas por el pecador sólo por fe;
3) que reconoce la función de la ley y no trata de hacerla un medio de justificación (vers. 20).