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Del modo laboral emanado de la revolución a leguas se muestra que aquel modelo ha
fracasado, este modelo buscaba la corrección de la desigualdad social protegido a la parte
más débil de la relación laboral.

Este fenómeno de desviación surge a través de la flexibilidad corporativa, en tanto forma


singular de adaptación de las normas a las exigencias de un nuevo modelo, esta forma de
regulación no solo cobija la precariedad laboral sino que también lleva a la perversión del
sistema de representación de los intereses de los trabajadores. En las ultimas décadas,
gracias a su operación al servicio de los intereses empresariales y del gobierno, lo que hizo
posible promover con escaso éxito una estrategia de crecimiento sustentada.

El reto de un nuevo modelo laboral concebido para el siglo XXI es encontrar respuestas a
las necesidades de protección frente a los diversos riesgos y la creciente inseguridad que
enfrentan los trabajadores, generar incentivo s para impulsar la competencia del país por
una vía alta de desarrollo. El ejemplo de esto es el Tratado de Libre Comercio donde se
buscaba mejorar la condición de vida de los habitantes sin embargo por la desigualdad de
condiciones Estados Unidos y Canadá son los mayores beneficiados de este tipo de
relación.

Desde esta perspectiva, el argumento que conducirá este análisis sostiene que el país
debe enfrentar el reto de derribar este análisis sostiene que el país debe enfrentar el reto
de derribar los pilares fundamentales del sistema corporativo-estatista y sustituirlos por el
reconocimiento de derechos sociales exigibles con mecanismos efectivos de vigilancia,
aplicación y sanción en caso de incumplimiento, devolviendo a los trabajadores los
derechos colectivos.

El déficit democrático y la protección en el mundo del trabajo se ven en gran parte


mermados por el desgaste del Estado de Derecho, este supone la existencia de
limitaciones al ejercicio del poder político y público, sometiéndolo al orden jurídico
constitucional y legal. Por otra parte exige que la relación entre el Estado y la sociedad
esté organizada a partir de la protección de los derechos humanos y ciudadanos y es aquí
donde el paternalismo del Estado mexicano dejó escaso margen para que los trabajadores
se convirtieran en ciudadanos.

Ante la inadecuación de los modelos de protección nacionales y la pérdida de centralidad


del Estado Nacional en el contexto de la globalización.
Las causas del extendido incumplimiento de las leyes laborales mexicanas a lo largo de
casi un siglo con un nivel de impunidad pueden encontrarse en el origen de las mismas y
en el contexto sociopolítico dominante en el siglo XX, más que en los modelos de
crecimiento adoptados con posterioridad.

El diseño de las instituciones laborales mexicanas fue en gran medida resultado del
contexto conflictivo en el que se forjó en las primeras décadas de aquel siglo. De ello
derivaron dos consecuencias: el nivel de protección instaurado tuvo siempre una escasa
legitimidad frente a los empleadores, que simplemente se negaron a cumplirlo, a la par
que el nuevo orden laboral nunca pudo arraigar plenamente en una estructura productiva
heterogénea.

Diversos factores estuvieron en la base de la desigualdad social que los mínimos legales de
protección no alcanzaron nunca a corregir, sobre rodo por la ausencia de una política
social consistente y complementaria específicamente orientada a fortalecer a los grupos
de trabajadores asalariados más vulnerables y a los no asalariados.

Tokman (20089 revisa al respecto diferentes modelos laborales y resultados. En los países
desarrollados puede concentrarse el modelo erguido por los países del norte de Europa
respecto del seguido por los países mediterráneos. Una situación intermedia se encuentra
en Francia Alemania Y Suecia, por una parte, y en Reino Unido Y estado Unidos por otra