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Módulo 3/ Sesión 2

El autoritarismo y la
heteronomía
El autoritarismo y la heteronomía

1. ¿Qué son la autonomía y la heteronomía?

Como ya hemos visto en un módulo anterior, Jean Piaget, siguiendo


a Kant, identificó dos grandes modos de relacionarse con las reglas: la
heteronomía ya la autonomía. Recordemos:
Heteronomía quiere decir estar regido por reglas externas, por las reglas
que han creado otros y que, de algún modo, nos imponen esos otros. Las
razones para hacer lo correcto están ligadas a ganar una recompensa o evitar
una sanción. No hay una comprensión más profunda del sentido de las reglas
o de su rol para el bien común, los derechos de las personas o la vida social.
Autonomía, por el contrario, significa “participación en la generación de
reglas”, es decir, la capacidad de darse a sí mismo leyes o normas propias.
Indica que la persona no se rige por normas externas (por ejemplo, lo que
otros le dicen que haga), sino por aquellas reglas que acepta como legítimas
porque las entiende, y las obedece porque tienen sentido y valor reconocido
por ella o él. Reconoce que son legítimas, fortalecen el bien de todos y los
derechos de las personas.

2. Autoritarismo y su rol manteniendo la heteronomía

Teodoro Adorno (1965) es un autor clásico que estudió el autoritarismo


y describía a las personas autoritarias como poseedoras de un pensamiento
rígido y “blanco y negro”, deseosas de obedecer siempre a la autoridad y
seguidoras de roles sociales establecidos y jerarquías.

El autoritarismo puede entenderse como una modalidad de ejercer


poder, que impone la voluntad de quien lo ejerce, sin participación del resto
del grupo o sociedad, sin consensos, sin libertad y sin autonomía. Podemos
pensar, también, que hay personas que tienen una personalidad autoritaria,
es decir, que por sus características personales son poco proclives a ejercer
el poder de manera democrática. Más bien, tienden a acapararlo, quieren
mandar, mantener todo bajo control, dirigir e imponer sus puntos de vista por
sobre los de otros.

Este estilo de hacer las cosas no conduce al desarrollo de la autonomía.


Por el contrario, dado que la persona autoritaria dicta órdenes que deben
ser acatadas sin discusión, no fomenta el debate ni los diferentes puntos de
vista, no incluye opiniones divergentes, ni permite la participación crítica de los
otros. Muchas veces, estas personas justifican su comportamiento prepotente y

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El autoritarismo y la heteronomía

su autoritarismo al argumentar que los demás son incapaces, ya sea porque


son niños, porque son mujeres, porque son muy jóvenes o porque no están
suficientemente preparados.
Dado que la heteronomía significa estar regido por las reglas que han
Produce

Autoritarismo Heteronomía

creado otros y que imponen esos otros, una persona autoritaria fomenta la
heteronomía al pretender que los demás obedezcan sin reclamar, sin opinar
y sin participar. En este sentido, el autoritarismo es característico de las
dictaduras y no de los sistemas democráticos.
Es importante señalar la diferencia entre la persona autoritaria, que pone
verticalmente las reglas y piensa que nada puede hacerse sin su permiso, y la
persona que ejerce la autoridad de modo democrático. Un líder democrático
tiene un modo de ejercer su autoridad que sí reconoce los derechos de los

3. Autoritarismo en la educación
otros, apoya sus iniciativas, escucha sus propuestas y no se siente amenazado
por opiniones distintas a las suyas. Así, ser democrático y conducir la
institución escolar hacia un modelo de convivencia respetuoso de los derechos
de todos no significa ser permisivo, sino ejercer la autoridad de modo que sea
compatible con los principios de inclusión, respeto mutuo y reconocimiento que
deben caracterizar a cualquier IE.
En educación también se dan procesos autoritarios. La educación
tradicional suele tener estas características: es poco democrática y no fomenta
la participación de los estudiantes, sino que, por el contrario, estos suelen estar
regidos por sistemas de normas que se han impuesto de arriba hacia abajo.
Por lo general, las reglas vienen dadas por el director u otras autoridades
escolares y, muchas veces, estas no se consultan ni siquiera con el cuerpo
docente. Por ejemplo, son prácticas autoritarias las siguientes:

Un director decide, sin consultar con los profesores ni con los


estudiantes, que el lugar del paseo anual que hace el colegio será una playa
que él conoce y le gusta.
En una escuela, se castiga a los niños sin escucharlos.
A pesar de que se tuvo una asamblea en la que se tomaron acuerdos,
el director de una escuela los cambia de manera inconsulta.

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El autoritarismo y la heteronomía

Los reglamentos escolares son elaborados por el director de la escuela,


sin participación de los estudiantes.
La democracia escolar cobra sentido, precisamente, en torno a identificar
y modificar los procesos autoritarios. Dado que, lamentablemente, este estilo
de conducción suele ser la norma en muchas II.EE., nos toca ser muy críticos y
reflexivos para poder identificarlos y, en colectivo, desarrollar mecanismos para
combatirlos.

Para ello, es necesario crear espacios en los que se puedan discutir


los procesos y experiencias que ocurren al interior de la escuela: una
hora semanal o quincenal de reunión de docentes en las que los temas
a tratar sean la convivencia diaria, los procesos de toma de decisiones, los
reglamentos y todo aquello vinculado con el clima escolar y las relaciones
entre personas. Este espacio debe valorarse y no usarse para otros propósitos,
por ejemplo, para coordinar cursos, programar clases, o preparar una
actuación o festividad.

Una estrategia que puede ayudar es identificar, entre todos, los


comportamientos que son considerados autoritarios y las razones para
ellos. Esto puede hacerse tanto entre los docentes como con los estudiantes
en la sala de clase. El objetivo es aumentar la conciencia sobre estos
comportamientos, ayudar a identificarlos, esclarecer las razones por las que
no son positivos y afectan la convivencia, y tener más recursos y herramientas
para reconocerlos cuando aparecen en la vida cotidiana.

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El autoritarismo y la heteronomía

Referencias
Adorno, T. W. (1965). La personalidad autoritaria. Estudios sobre el prejuicio.
Buenos Aires: Proyección.