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Adolescencia y desidentificación

Luis Kancyper1

Introducción

El proceso de identificación congela el psiquismo en un "para siempre" característico del


inconsciente, que se califica de atemporal. 5
Mientras que el proceso de desidentificación libera el "para siempre" de una historia que lo
aliena en la regulación narcisista. Constituye así la condición que posibilita liberar el deseo y
construir el futuro. 5

El estado de mortificación psíquica, implícito en los procesos desidentificatorios, adquiere su


mayor dramaticidad durante el período de la adolescencia, porque representa "el momento
privilegiado de la resignificación retroactiva y de la restructuración identificatoria en todas las
instancias psíquicas de la personalidad". 7

En efecto, la necesidad que se apodera del adolescente de dejar de ser "a través de" los padres,
para llegar a ser él mismo, requiere el abandono de la imagen tan idealizada y arcaica
parental, para encontrar ideales nuevos en otras figuras, de alguna manera más adecuadas a la
realidad.

Este alejamiento que incluye la renuncia a los viejos lazos incestuosos con los padres, es un
proceso de desidentificación y reidentificación doloroso y culposo, que equivale parcialmente
a la pérdida ambivalente de un objeto de amor.

Pero, más aun, se debe renunciar también a las normas éticas e ideales, correspondientes al
ideal del yo, las que aunque interiorizadas, están todavía muy ligadas al objeto incestuoso.
El adolescente debe tolerar el enfrentamiento con el duelo y la revisión de los patrones
establecidos, para formar y formular opiniones, ideas, e ideales de sí mismo, que conducen
gradualmente a su Weltanschauung a una propia cosmovisión cuestionadora.

Al mismo tiempo, el modelo materno-paterno resulta perimido y no lo capacita para obtener


su autoestima en el objeto exogámico.

Lo más claro que resulta para el adolescente es que necesita alejarse de aquello que hasta ese
momento constituyó su fuente de seguridad: sus identificaciones parentales y su ideal del yo.

Desidentificación: historización y pulsión de muerte

Durante la desidentificación, se produce la defusión de la pulsión de muerte, pues se


disuelven -desestructuración implícita y transitoria en toda elaboración del proceso
desidentificatorio- los lazos afectivos con determinados objetos, para posibilitar su pasaje
hacia otros objetos; lo cual reabre el acceso a la configuración de nuevas identificaciones, en
una restructurada dimensión afectiva, espacial y temporal.

1
Publicado en Revista de Psicoanálisis-1990-Tomo XLVII-nro. 4-

1
H. Faimberg aporta una nueva luz al psicoanálisis del misterio de los orígenes a través de sus
conceptos de telescopaje de las generaciones y de la ampliación del concepto de las
identificaciones alienantes que intervienen en el origen de la constitución del psiquismo.
Sostiene que estas identificaciones son alienantes porque el sujeto se somete, por vía
inconsciente, a las historias de un "otro" que no le conciernen, pero de las cuales permanece
finalmente cautivado. El "otro" significa el narcisismo parental y la identificación con el
mismo.

Estas identificaciones se cristalizan en una organización escindida o alienada del yo y


presentan características particulares.

1. Estas identificaciones son mudas, inaudibles.


2. Las identificaciones se hacen audibles con el descubrimiento de una historia secreta
del paciente.
3. Esto significa, y es primordial, que las identificaciones tienen una historia, no son
mero dato inicial que no necesita explicación. Las identificaciones tienen una causa.
4. EI comprender la historia de las identificaciones permite a su vez hacer más
significativas, más audibles estas mismas identificaciones.
5. Este tipo de proceso de identificación condensa una historia que por lo menos en parte
no pertenece a la generación del sujeto.
6. EI descubrimiento de las identificaciones alienantes y su historia que concierne a tres
generaciones permite reconocer dónde está sujeto y encontrar su lugar en relación con la
diferencia de las generaciones. Estimo que este tipo de identificación implica un telescopaje
de generaciones.5
El telescopaje de generaciones implica un tiempo circular y repetitivo. Borges lo ilustra en su
poema.

Al Hijo
No soy yo quien te engendra. Son los muertos.
Son mis padres, su padre y sus mayores...
Siento su multitud. Somos nosotros
Y, entre nosotros, tú y los venideros
Hijos que has de engendrar. Los postrimeros
Y los del rojo Adán. Soy esos otros,*
También. La eternidad está en las cosas
Del tiempo, que son formas presurosas. 2

La historización es un proceso esencial del psicoanálisis. Permite reordenar la relación que el


sujeto ha establecido con las identificaciones alienantes de los sistemas narcisistas parentales
y permite explicar las reacciones paradójicas a partir de la puesta en evidencia de las
funciones de apropiación-intrusión, de desenganche y reenganche que se despliegan entre
ambos sistemas narcisistas en pugna.

"La transmisión de la historia secreta perteneciente a las historias que conciernen a las
generaciones que precedieron al narcisismo del sujeto, no se transmite como mensaje
explícito, sino que se halla estrechamente relacionada con la modalidad de decir y no decir
que utilizan los padres; a través de una función de apropiación-intrusión. El régimen narcisista
*
La bastardilla me pertenece.

2
de apropiación-intrusión es el que fuerza al sujeto a una adaptación alienante por sus
identificaciones inconscientes con la totalidad de la historia de los padres. No existe así un
espacio psíquico para que el niño desarrolle su identidad libre del poder enajenante del
narcisismo parental. Se crea una paradoja del psiquismo que al mismo tiempo está lleno y
vacío en exceso".5

Lleno de una alteridad ominosa y vacío de una mismidad, por carecer de una espacialidad
psíquica discriminada.

"EI proceso de intrusión explica el lleno en exceso de un objeto que no se ausenta jamás. El
sujeto queda cautivo de la intrusión del 'otro'. Es un objeto excesivamente presente que lo
habita y posee. El proceso de apropiación explica el vacío de una espacialidad propia. Porque
por parte del sujeto hay una falta de reconocimiento en la relación de objeto. El 'otro' se
apropia de las cualidades del sujeto, Esta paradoja del lleno y vacío en exceso se acompaña de
otra paradoja intrapsíquica.

Aquella relacionada con la permanente batalla que se libra, entre un repudio a toda realidad
que pueda llegar a comprometer a su identificación alienada, y el repudio dirigido a esta
misma identificación" 9

Esta situación paradójica lo detiene en una relación ambigua con el otro, con su cuerpo y con
la temporalidad.

Situación que reanima al sentimiento ominoso por el desvalimiento que presenta el yo ante la
repetición no deliberada que le impone lo fatal e irreversible de ese "otro" que no es
efectivamente algo nuevo o ajeno, sino algo familiar de antiguo a la vida anímica, sólo
enajenado de ella por el proceso de la represión. Ese otro que, destinado a permanecer en lo
oculto, ha salido a la luz. Lo unheimlich del doble (Freud, "Lo ominoso")6.

La historización resulta ser un proceso esencial, pero no suficiente, para lograr la


restructuración identificatoria. Pues en la desidentificación participan, además, varios factores
fundamentales.

Por un lado, depende de la instrumentación de la agresividad en su relación con la


intrincación-desintrincación de Eros y Tánatos; por otro lado, de las vicisitudes de los
sistemas narcisistas intrasubjetivo e intersubjetivo en pugna y, además, de los destinos de la
pulsión de muerte liberada durante la elaboración desidentificatoria.

El sujeto requiere de la implementación de una adecuada agresividad al servicio de los


propósitos de Eros, que le permita "matar" a ese niño marmóreo, que garantiza la
inmortalidad propia y de los otros; para acceder así a la desidentificación de las
identificaciones alienantes.

La muerte a la inmortalidad condiciona al nacimiento del yo.

"Asesinato necesario e imposible de aquel niño maravilloso o terrorífico que hemos sido en
los sueños de los que nos han hecho nacer o visto nacer. Para vivir, debo matar la
representación tiránica del infans en mí, a fin de que otra lógica aparezca, regida por la
imposibilidad de efectuar ese asesinato de una vez por todas y la necesidad de perpetrarlo en

3
toda oportunidad en la que se hable verdaderamente, en todo instante en el que se comienza a
amar." 12

La muerte del "infans" reanima sentimientos de desvalimiento y ominosidad por la pérdida de


la fantasía que reasegura la ilusión de alcanzar, a través de la fusión, el amor de una eternidad
inmutable.

En efecto, la desidentificación del infans pone a prueba la estabilidad de los sistemas


narcisistas en el plano intrasubjetivo e intersubjetivo.

Porque la amenaza del desenganche implícita en el proceso de la desidentificación entre


ambos sistemas, no sólo reactiva en los padres y en el hijo adolescente los duelos del paso del
tiempo ante la pérdida del nene que crece y de los padres que envejecen (temporalidad lineal)
sino que al mismo tiempo, y fundamentalmente, se resignifica en forma retroactiva la
asunción de las propias incompletudes, que -a través del hijo obturador, siempre presente, y/o
de los padres protectores e inmortales- evitaban asumir.8

La desidentificación interviene en el complejo proceso de restructuración de todas las


instancias psíquicas (yo ideal-ideal del yo, superyó, yo) de y entre ambos sistemas narcisistas
en pugna.

Así la restructuración en el yo ideal adquiere una conmoción particu-mente dramática por el


choque de sentidos que reabre a posteriori las heridas narcisistas no superadas, en ambas
partes especulares.

La desidentificación puede ser vivenciada en todas las etapas de la vida pero de manera más
patética aun durante el período de la adolescencia, como un desgarramiento de la persona que
fue una parte del sí-mismo propio. Con la amenaza para el sentimiento de sí, tanto del hijo
como de los padres, de perder el sostén, que mantiene la regulación de la estructura narcisista.
Sostén que se nutre a partir de la imagen de los padres salvadores y sobrevalorados para el
hijo, y del hijo idealizado y mesiánico para los padres. Reteniéndose ambas partes, a través de
un envolvente suministro continuo de ofrecimientos y amenazas verbales, materiales y
afectivas, en una prolongada seudoindividuación de negociaciones narcisistas; dentro de una
temporalidad ambigua.

Este ideal de omnipotencia, que bascula entre el hijo adolescente y los padres del adolescente,
pone en escena las técnicas de desenganche y de reenganche entre acreedores y deudores, en
un movimiento pendular condicionado a los destinos de la agresividad.

Mientras que la agresividad al servicio de Eros tiende a la discriminación del otro, la


agresividad al servicio de Tánatos promueve la indiscriminación ominosa con el otro,
borrando las fronteras entre el yo y el no yo; entre la realidad psíquica y la realidad material.9

Desidentificación y remordimiento

La pulsión de muerte liberada durante el proceso de la desidentificación puede sufrir dos


destinos. El primero, sería volverse a ligar a nuevas identificaciones. Y el segundo,
permanecer libre y distribuirse para que una parte sea "asumida por el superyó y vuelta así
contra el yo, o bien una parte de ella ejercita su actividad muda y ominosa como pulsión libre
en el yo y el ello".

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Las partes ligadas y no ligadas de la pulsión de muerte se manifiestan a través de sentimientos
de culpa y de necesidad inconsciente de castigo, acompañados de un inquietante halo de
sentimientos de pánico, de horror, de incertidumbre, de inermidad, de orfandad, de vacío y de
muerte, que corresponden precisamente a lo "unheimlich" del accionar de aquel sector de
Tánatos que se ha sustraído del domeñamiento logrado mediante ligazón a complementos
libidinosos, y que sigue teniendo como objeto el ser propio.

La mezcla y la combinación muy vastas y de proporciones variables, entre los sentimientos de


culpa y de ominosidad, que sobrevienen necesariamente como resultado del proceso de la
desidentificación durante la adolescencia, suelen expresarse en la clínica por el sobresalto de
remordimientos y de resentimientos manifiestos o latentes, precisos y difusos, básicos y
fraternos, primarios y secundarios, por culpa y por vergüenza.11

La desidentificación con el objeto cultural endogámico, y su pasaje y unión a objetos


culturales pertenecientes a un exo-grupo que no comparte los mismos antecesores míticos, es
equiparada -en la fantasmática del adolescente y de sus padres- a la destrucción de esa cultura,
lo que equivale a consumar el parricidio, y determina intensos sentimientos de culpa, de
necesidad de castigo y de ominosidad. 4

El fracaso en la resolución de los remordimientos y resentimientos inherentes a la


adolescencia desemboca, en los casos más graves, en estados de desestructuración psicótica.

Otras veces, subyace a severas depresiones, inhibiciones, acting out, fobias y síntomas
obsesivos.

Baranger, Goldstein y Goldstein diferencian los procesos desidentificatorios de las


identificaciones negativas y sostienen que en el gran desorden identificatorio que acontece en
la crisis de la adolescencia, etapa que oscila entre la desorganización de la identidad infantil y
la reorganización de la personalidad adulta, "las desidentificaciones son por lo general más
vistosas que reales, y el mecanismo más utilizado es la identificación negativa que recubre las
identificaciones anteriores sin desalojarlas. Estas sobrenadan después de la tormenta y
coexisten en una paz problemática con las nuevas adquisiciones".1

Así, los remordimientos y los resentimientos que se originan irremediablemente a partir de la


restructuración intrasubjetiva del adolescente articulada con la relación intersubjetiva
parental, en gran medida, complican la tarea de la desidentificación y conservan estas
identificaciones negativas.
Ejemplos clínicos

Lo que sigue es un fragmento de una sesión correspondiente a la analizanda F., de 19 años,


que en el sexto año de su análisis pone en evidencia algunos efectos clínicos y varios de los
procesos inconscientes que subyacen a la desidentificación:
Me pasa algo especial cuando logro "desparecerme" a mi madre. De pronto, me encuentro que
puedo ser yo, que puedo dejar de estar girando alrededor de ella. Y ¿ve? Apenas hablo de esto
vuelvo a sentí nuevamente angustia. Se me cierra algo. Me vuelve aquella sensación de vacío,
de orfandad que yo sentía cuando era chica y mi mamá no m quería tal cual era yo. Y además,
me vuelvo a olvidar las cosas que tienen que ver conmigo. De mis cosas individuales, de
aquello que a m me hace feliz.

5
Siento que yo, en alguna forma, rompí con un determinado sistema, pero en definitiva ya no
forma parte de mí, porque fui capaz de separarme de muchas cosas que me unían mucho y me
hacían repetir situaciones.

Por eso, el sábado, me sentí bien. Porque elegí lo que quería. De la misma forma que ayer
pude llegar a mi casa y sentirme sin esa angustia que venía sintiendo todos esos días. (Pausa.)
Cuando empiezo a sentir los límites de mi cuerpo, me empiezo a reubicar en mí. Y lo que
encuentro me gusta.

EI problema os que tengo una tendencia a olvidarme, a convertirme en una gran misteriosa
conmigo. Y vuelvo a depositar en mí cosas de odio que tiene mi mamá con su cuerpo, con su
sexualidad y las vuelco en mí, y hago una mezcolanza. Y de repente me sorprendo diferente
de ella, y esa sorpresa me hace bien.

Esas sorpresas tienen que ver con mi historia. Por ejemplo, de chica cuando salía a correr con
mis amigas, era la que corría peor. Yo siempre sentía que perdía. Perdía, porque yo empezaba
perdiendo. Era la sensación de estar en último lugar.

Y son efectivamente las cosas que siempre me hizo sentir mi mamá. Porque era lo que sentía
ella, sin posibilidades de éxito. Y el sábado, salí a correr y me sorprendí, porque no me quedé
sin aire. Esa sensación de perdedora no era mía, era de otra persona. Yo no niego que había
sido mía en algún momento, porque estaba muy metido. (Pausa.) Hace ya mucho tiempo que
progresivamente se fue modificando en mí. ¿Por qué será que siempre miro las cosas desde un
ángulo equivocado? Lo que pasa es que no me doy cuenta. Cuando me doy cuenta, ya estoy
metida nuevamente adentro. En vez de ver que el desprendimiento de mi mamá me produce
plenitud, un estado de sentirme bien conmigo misma, con mi espacio, con mi tiempo, lo
empiezo a ver otra vez del lado del vacío.

Yo siempre tuve los ojos de rechazo de mi mamá y los de mis hermanos que no fueron
mejores que los de mi mamá, sobre lo que hacía y lo que dejaba de hacer. No entiendo muy
bien cómo pude convivir y sufrir con determinadas cosas, durante tantos años.
Como podemos apreciar, el discurso de esta analizanda adolescente ilustra:

1. la importancia de la historización y del empleo de la agresividad al servicio de Eros, para


quebrar la circularidad repetitiva de la neurosis de destino de fracaso;
2. la alternancia de sentimientos de pérdida (vacío, orfandad, abandono)
y de júbilo, por la adquisición de nuevas posibilidades;
3. los efectos clínicos que surgen a partir de la desidentificación con el doble materno
masoquista que, como inquilino intruso, habitaba su yo.

Otro fragmento de la misma analizanda ilustra los destinos de la defusión de Tánatos en el


momento en que se produce la desidentificación con el sufrimiento y con la posición de
mártir, que identificaban su grupo familiar a las generaciones que los precedieron.

De repente, paso a ser invadida por el caos. No tengo claridad. No tengo espacio interior para
nada, ni forma de comunicar lo que me pasa. Me pongo muy tensa, me pongo agresiva. Hasta
siento que me cambia el timbre de mi voz. Me pongo muy intolerante, ante todo conmigo y
después con los demás por añadidura. Todo se transforma en gris oscuro y negro.
Me cuesta "desprenderme" de esa imagen de sufrimiento que resulta ser la constante en mi
familia. En algún momento cuando era chica yo pensaba que mi vida era sufrir. Yo sentí que

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mi lugar estaba al lado de los que sufrían y no en el lugar de los que disfrutaban. A partir del
momento que yo veo los mártires en mi familia, quiero ser distinta. (Pausa.)
Yo tenía la fantasía de que era mala. Y creo que es cierto, porque yo envidiaba que el otro era
siempre más feliz y más capaz. Lo que no entiendo es por qué no puedo tener placer con mi
crecimiento. Si las cosas me siguen saliendo bien, ¿cuál va a ser mi castigo? Si a mí me gusta
mi crecimiento. No le tengo miedo, y no es chiste, pronto voy a cumplir 20 años, y no es joda.
Poro de alguna forma tengo que encontrar algún método para estar más armada ante estas
"invasiones de despelote" que se me arman. Además los niveles de angustia que se me meten.
Tienen un pico, como si fueran una picana.

Me destruyen todo aquello que me hace feliz. Yo siento que sigo construyéndome pero hay
una gran tendencia a seguir encuadrándome en la incapaz, en que está hecha para sufrir. Hay
sesiones que yo odio. Son las sesiones que yo siento que no me gusto, que no me gusta lo que
yo tengo adentro. Tengo mierda adentro y no sé cómo me la saco (Pausa.)

Lo que pasa, tengo la sensación de que es algo hecho, que es una trampa que yo me pongo.
Como si frente a una realidad que me resulta linda, que me hace sentir plena, que mi vida
tiene un hilo de conducción, aparece de pronto una voz que siempre sentí en mi oído. "¡Ah!,
cuidado con esto, cuidado con lo otro". No tengo los signos que esto bueno me va a durar; que
no me engolosine con lo lindo. Estas palabras ya dejaron de ser de mi mamá, tienen que ver
conmigo.

En su discurso, E. hace audibles no sólo las angustias ominosas correspondientes a la parte de


la pulsión de muerte no ligada y muda que se manifestaban a través de la sensación de caos y
de espanto, por la amenaza acechante de una desestructuración potencial, sino también los
sentimientos de culpa y de necesidad de castigo, como resultado de la parte ligada de la
pulsión de muerto defusionada y acogida por el superyó en los remordimientos inconscientes,
y que inhiben la posibilidad de su crecimiento.

Adolescencia y creatividad

"El adolescente que habita en cada adulto es el que dispone todavía de los poderes mágicos
liberadores. El poder creativo es libertad, 'una puesta en libertad de los lugares'. "
M.Heidegger

En todo acto creativo, igual que en el período de la adolescencia, se presentifican los


remordimientos y los resentimientos, pues en ambas situaciones se reactivan ciertos
psicodinamismos comunes. 6

Como el adolescente, también el creador artístico o científico requiere implementar el desafío


para impugnar lo establecido y crear productos nuevos.

Esta transgresión necesaria reactiva en el creador (y en el adolescente) la oportunidad de


realizar mágicamente las fantasías parricidas que determinan sentimientos de culpa y
necesidad inconsciente de castigo; reanima además los procesos narcisistas en pugna y la
defusión de las pulsiones de vida y de muerte anteriormente descritos.

Por lo tanto el proceso creador pone a prueba la estabilidad de la organización identificatoria.

"EI acto creador desafía el silencio. Quien crea, es cierto que se halla

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cercado por la cultura. Pero también es dueño de la posibilidad de
transgredirla.

Transgredir lleva a cierta soledad, a cierto temblor que habitualmente ofrece lo desconocido.
EI acto creador es perturbación, actitud insomne.

La escritura, siendo oficio solitario, es práctica solidaria, inevitable enunciado hacia los
otros."3

Resulta, por lo tanto, insoslayable la necesidad de convivir con un transitorio estado de


padecimiento ominoso y culposo, inherente tanto a las fases de la gestación como del
alumbramiento del proceso creador.

La función del analista es poner en evidencia los remordimientos y resentimientos manifiestos


y latentes, que surgen a consecuencia y como resultado de las fantasías parricidas
(sentimientos de culpa) y de las fantasías de excomunión (necesidad de castigo por un poder
parental, debido a la transgresión de los mandatos endogámicos), que se disparan durante las
fases del proceso creativo y durante los procesos desidentificatorios de la adolescencia.

En cambio, la negativa inconsciente a percibir y explorar los remordimientos y resentimientos


puede involucrar el riesgo de bloquear la expresión de la capacidad creativa potencial y
siempre renaciente de los analizandos.

Resumen

El estado de mortificación psíquica, implícito en los procesos desidentificatorios, adquiere su


mayor aromaticidad durante el período de la adolescencia; porque ésta representa "el
momento privilegiado de la resignificación retroactiva y de la reestructuración identificatoria
en todas las instancias psíquicas de la personalidad".

En efecto, la necesidad que se apodera del adolescente de dejar de ser "a través de" los padres
para llegar a ser 61 mismo, requiere el abandono de la imagen que tiene tan idealizada y
arcaica de sus progenitores para encontrar ideales nuevos en otras figuras de alguna manera
más adecuadas a la realidad.

Este alejamiento, que incluye la renuncia a los viejos lazos incestuosos con los padres, es un
proceso de desidentificación y reidentilicación doloroso y culposo, que equivale parcialmente
a la pérdida ambivalente de un objeto de amor. Mas aun, se debe renunciar también a las
normas óticas e ideales correspondientes al ideal del yo, las que, aunque interiorizadas, están
todavía muy ligadas al objeto incestuoso.
EI autor describe las relaciones metapsicológicas entre la desidentificación y la pulsión de
muerte; y desarrolla la dinámica de los sistemas narcisistas intrasubjetivo e intersubjetivo
durante el proceso del reordenamiento identificatorio. Finalmente estudia la relación entre la
desidentificación y la creatividad en la adolescencia.

DESCRIPTORES: desidentificación - historización - pulsión de muerte - narcisismo


-creatividad - adolescencia.

Summary

8
ADOLESCENCE AND DISIDENTIFICATION

The state of psychic mortification implicit in the disidentiíicntory processes becomes most
dramatic during adolescence, since this is "the privileged moment for the retroac-tive
resignification of identiíicatory re-structuring in all the psychic agencies of the personality".
In eff'ect, the adolescentes driving need to stop being "through" the parents ir order to be
him/herself demands that the adolescent leave behind the idealized, archaic image of the
parents and find new ideals in other figures in some way better suited to reality.
This leavetaking, including the renouncement of the old incestuous ties with the parents, is a
painful and guilt-ridden ambivalent loss of an object of love. Beyond this, the andolescent
must also renounce the ethical and ideal norms of the ego ideal which, though internalized,
are still very much bound to the incestuous object.
The author describes the metapsychological relations between disidentification and the death
drive, discussing the dynamics of the intra- and intersubjective narcissistic systems during the
process of identificatory reorganization. Finally, the author examines the relation between
disidentification an creativity in adolescence.

Bibliografía

1 Baranger W.; Goldstein, N., y Goldstein, R.: "Acerca de la


desidentificación".REV..DE
PSICOANÁLISIS. XLVI, 6. 1989, P.898.
2 Borges, J. L.: "Al hijo". Obran completas. Emecé, Buenos Aires, p. 948.
3 Cerdá L.: "EI acto creador como una transgresión". Diario Clarín. Suplemento
Cultura y Nación. 25-X-84.
4.Grinberg de Ekboir, J.; Romano, E.; Solvey, P.: "Mandato endogámico, parricidio y
sentimiento inconsciente de culpabilidad". REV. DE PSICOANÁLISIS, XXXVII, 6, 1980, p.
1346.
5.Faimberg, H.: "EI telescopaje de generaciones: la genealogía de ciertas identificaciones".
REV. DE PSICOANÁLISIS, XLII, 5, 1985, p. 1048. 6. Freud S. (1919 h): "Lo ominoso". A.
E., XVII, p. 241.
7.Kancyper, L.: "Adolescencia y a-posteriori". REV. DE PSICOANÁLISIS, XLII, 3,1985, p.
540.
8.—: "Resentimiento, narcisismo y temporalidad en la relación entre padres e hijos.
Actualización en psicoanálisis de niños". Revista Asociación Escuela Argentina de
Psicoterapia para Graduados, N" 15, 1988, p. 191.
9.—: EI tiempo circular. Jorge Luis Borges o el laberinto de Narciso. Paidós, Buenos Aires,
1988. 10.—: Adolescencia y creatividad. VIII Jornada Interna de Psicoanálisis de Niños y
Adolescentes. Asociación Argentina de Psicoterapia para Graduados. 1989. 11.—:
Resentimiento y remordimiento. Paidós, Buenos Aires, 1991, p. 108. 12. Leclaire, S.: Matan a
un niño. Amorrortu, Buenos Aires, 1975, p. 21.

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