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LIBROS APOCRIFOS

La palabra "apócrifo" no entró en uso generalizado hasta la Reforma protestante en el siglo XVI.
Viene de una palabra griega que significa "las cosas que están ocultas" y se refiere a la creencia de
que estos escritos eran ocultos o misteriosos.

En total, los libros apócrifos son una colección de cerca de quince libros. Estos escritos contienen
literatura de sabiduría, historias de los tiempos del Antiguo Testamento, profecías y narraciones
históricas del pueblo judío durante un tiempo a menudo denominado como el período
intertestamental (desde el siglo cuarto antes de Cristo, el final del Antiguo Testamento, a la época
de Jesús en el siglo I dC, el comienzo del Nuevo Testamento).

Las Biblias Católicas Romanas tienen muchos más libros en el Antiguo Testamento que las Biblias
Protestantes. Estos libros son conocidos como libros Apócrifos o Deuterocanónicos. La palabra
“apócrifo” significa “escondido”, mientras que la palabra “deuterocanónico” significa “segundo
canon”. Los apócrifos o deuterocanónicos fueron escritos originalmente en el tiempo entre el
Antiguo y el Nuevo Testamento. Los libros son llamados: 1 Esdras, 2 Esdras, Tobías, Judit, Sabiduría
de Salomón, Eclesiástico, Baruc, la Carta a Jeremías, Oración de Manasés, 1 Macabeos, 2
Macabeos, y adiciones a los libros bíblicos de Ester y Daniel.

La nación de Israel trató a los libros apócrifos o deuterocanónicos con respeto, pero nunca los
aceptó como libros verdaderos de la Biblia hebrea. La iglesia cristiana primitiva debatió la situación
de los apócrifos o deuterocanónicos, pero pocos cristianos primitivos creyeron que ellos
pertenecieran al canon de la Escritura. El Nuevo Testamento cita al Antiguo Testamento cientos de
veces, pero en ninguna parte cita o alude a cualquiera de los libros apócrifos o deuterocanónicos.
Más aún, hay muchos errores probados y contradicciones en los apócrifos o deuterocanónicos.

Los libros apócrifos o deuterocanónicos enseñan muchas cosas que no son verdad y tampoco son
históricamente precisos. Si bien, muchos católicos aceptaron previamente los apócrifos o
deuterocanónicos, la Iglesia Católica Romana oficialmente los añadió a su Biblia en el Concilio de
Trento a mediados del 1500 d.C., primordialmente en respuesta a la Reforma Protestante. Los
apócrifos o deuterocanónicos, respaldan algunas de las cosas en que la Iglesia Católica Romana
cree y practica, las cuales no están de acuerdo con la Biblia. Ejemplos de ello están en las
oraciones por los muertos, peticiones a los “santos” en el Cielo por sus oraciones, adoración a
ángeles, y “ofrenda de limosnas” expiatorias por los pecados. Algunas cosas de las que dicen los
apócrifos o deuterocanónicos son verdaderas y correctas. Sin embargo, debido a los errores
históricos y teológicos, estos libros deben ser vistos como documentos histórica y religiosamente
falibles, y no como la inspirada y autoritativa Palabra de Dios.

DUDAS SOBRE LA AUTENTICIDAD DE LOS EVANGELIOS APÓCRIFOS

Existen varios problemas que llevan a dudar sobre la autenticidad y veracidad de los evangelios
apócrifos.
No sabemos quién escribió estos documentos, ya que el nombre utilizado como nombre del
documento no es el nombre de su autor, sino el de un personaje sobresaliente.

Debido a que los documentos fueron escritos hasta mucho después de la vida de Jesús (hasta ya
entrados el segundo y tercer siglo, en pleno avance formativo de la gran apostasía), existe una
mayor probabilidad de un sesgo en la descripción de hechos y enseñanzas. Mientras más cercano
un documento a los hechos, mayor probabilidad de veracidad, y estos empiezan a estar algo lejos
de los hechos relatados en ellos. Por supuesto, ninguno fue escrito por o bajo la influencia de un
testigo presencial.

Todos estos documentos reflejan las enseñanzas y doctrinas particulares del gnosticismo, el cual
se considera como una ramificación disidente (apóstata) del cristianismo original. Existe, pues, una
fuerte probabilidad de que los documentos se hayan elaborado tan sólo para reflejar la enseñanza
gnóstica y no como origen de la misma.

Por las anteriores razones, los documentos anteriores han sido catalogados como apócrifos, es
decir, que existen serias dudas sobre su autenticidad. Por lo tanto, aunque es necesario conocer su
existencia, no podemos darles la misma autoridad que debemos darle a los libros canónicos o a los
documentos cuya autenticidad ha sido mejor verificada. En otras palabras, sí pueden contener
alguna información útil, pero no podemos abandonarnos a tomar en serio, a pie juntillas, todas sus
palabras.

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