Está en la página 1de 9

Para el contenido 1

 Busque una biografía breve del autor.

Hans-Georg Gadamer, su vida:

Filósofo alemán, fundador de la nueva hermenéutica. Nació en Marburgo, el 11 de febrero de 1900 y


murió en Heidelberg el 14 de marzo de 2002 a los 102 años de edad, justo después de publicar su última
obra. Se licenció con una tesis doctoral en filosofía que dirigió Martin Heidegger en Friburgo (1922).
Enseñó estética y ética en su ciudad natal (1933), en Kiel (1934-1935) y de nuevo en Marburgo, donde
fue nombrado profesor extraordinario (1937). Dos años más tarde consiguió una cátedra en la
Universidad de Leipzig, para trasladarse luego a las universidades de Frankfurt del Main (1947-1949) y
Heidelberg (1949), en la que relevó a Karl Jaspers como catedrático de filosofía. Llegó a ser profesor
emérito en 1968.

Fue alumno de Martin Heidegger (1889-1976) y maestro de filósofos como el alemán Jürgen Habermas,
el español Emilio Lledó y el italiano Gianni Vattimo. Durante toda su vida, el erudito se mostró muy
identificado con las ideas de Platón, a quien le había dedicado su tesis doctoral y sobre quien escribió La
ética dialéctica de Platón en 1928 y el tratado La idea del bien en 1978.

Marcó a través de sus numerosos libros, artículos y conferencias buena parte del pensamiento filosófico
del Siglo 20. Uno de los mensajes fundamentales de su obra, es que pese al dominio de la ciencia y de la
técnica, para comprender el mundo es indispensable el instrumento del lenguaje, porque tradición e
innovación van juntas, y uno sólo se comprende a sí mismo en relación con los demás y en un mundo
cada vez más interrelacionado, el arte de la conversación, de escuchar, devendrá en una cuestión de
supervivencia. La definición de hermenéutica que nos deja, breve y sabia: "Es saber que el otro puede
tener razón". Expuso su pensamiento de la nueva hermenéutica en su obra Verdad y método (1960),
traducida al inglés, francés, italiano, serbocroata y español. Jubilado en 1968, prosiguió su labor
intelectual y recibía en su residencia del barrio de Ziegelhausen, en Heidelberg, a discípulos y estudiosos.
En 1997, la Universidad de Jena le concedió la distinción de ciudadano de honor.

En sus últimos años de vida, el pensador se ocupó de la relación entre las religiones, y expresó su
preocupación por el aumento de los conflictos sangrientos que tienen motivaciones religiosas.
Calificó la hermenéutica (del griego hermeneuein, transmitir, integrar, entender o comunicar) aplicada a
la filosofía como un arte del acercamiento al propio pasado a través de la comprensión del interlocutor,
y su máxima es "el otro podría tener razón". De esta manera, la hermenéutica empieza en términos
prácticos para Gadamer cuando una persona es capaz de situarse en el punto de vista de su interlocutor
y comprender sus posiciones. La "inteligencia práctica", el "sentido común" y la "subjetividad
comunicativa" son conceptos fundamentales de la hermenéutica que Gadamer veía amenazados en el
mundo de hoy y del mañana por las aspiraciones, a su juicio totalitarias, de determinadas concepciones
de la política y la ciencia modernas. El presidente de Alemania, Johannes Rau, ha llegado a elogiar a
Gadamer como "uno de los más grandes filósofos del Siglo 20" y destacar que "a pesar de que no hizo
alarde de su propia persona, o quizás precisamente por eso, la influencia de su pensamiento fue
enorme".
Para el contenido 2

 Enumere las obras del autor.

El autor ha escrito numerosos ensayos que se han seleccionado en distintos volúmenes, pero su obra
maestra es: Verdad y Método I (1960) y Verdad y Método II, (1975). Pocos textos contemporáneos han
influido tanto en la filosofía, el arte y el pensamiento como éste. El fenómeno de la comprensión y la
correcta interpretación de lo comprendido no es sólo un problema específico de la metodología de las
ciencias del espíritu. Desde su origen histórico el problema de la hermenéutica va más allá de las
fronteras impuestas por el concepto de método de la ciencia moderna. Comprender e interpretar textos
no es sólo una instancia científica, sino que pertenece con toda evidencia a la experiencia humana del
mundo. Su objetivo es rastrear la experiencia de la verdad allí donde se encuentre e indagar su
legitimidad. De este modo las ciencias del espíritu vienen a confluir con las formas de la experiencia que
quedan fuera de la ciencia; con la experiencia de la filosofía, con la del arte, con la de la misma historia.
Formas de experiencia en las que se expresa una verdad que no puede ser verificada con los medios de
que dispone la metodología científica. Quince años después del primer tomo presenta un segundo
volumen que quería ser su complementario.

El estado oculto de la salud: Desde la Antigüedad, la medicina ha sido objeto de atención crítica y
reflexiva. A diferencia de otras artes, la «obra» del arte de curar es invisible, su «forma» más perfecta es
la ausencia de la enfermedad.

El último Dios. La lección del siglo XX. Un diálogo filosófico con Riccardo Dottor: habla sobre la filosofía
de la finitud y sobre la importancia del Otro, sobre la relación entre ética y política y entre ética y
retórica, sobre la filosofía contemporánea y sus principales exponentes, sobre la religión, sobre las varias
expresiones del autoritarismo, sobre el antisemitismo y sobre el futuro de la filosofía. De la crisis de la
metafísica, de la muerte del Dios nietzscheano, nace la idea heideggeriana de un «último dios», nuevo
recorrido de la humanidad, nueva interpretación totalmente humana de lo trascendente.

Arte y verdad de la palabra: Ocho textos de H.G. Gadamer cuyo título original es Kunst als Aussage, «el
arte como enunciado o declaración». Tratan acerca del lenguaje como palabra creadora, es decir, como
arte y, a un tiempo, como verdad. Conjunto de propuestas para la solución de problemas filosóficos y, a
la vez, interpretación de la cultura y la defensa normativa de un neohumanismo basado en la escritura,
la lectura y el diálogo. Defiende la cultura literaria y artística en convivencia con el mundo científico-
técnico que parece dominar la civilización actual.

Antología. Hermenéutica, estética e historia: La teoría de la estética y la historia de la filosofía también


han recibido una luz nueva desde la hermenéutica. Las más variadas producciones artísticas son en gran
medida deudoras del canon de belleza que se tiene en cada época. Se comprende que el diálogo con
figuras como Platón, Hegel y Heidegger permite adentrarse en las cuestiones esenciales y descubrir
algunas luces que iluminan los interrogantes perennes de los seres humanos.
Los caminos de Heidegger: Describe los caminos de pensar de Heidegger, desde sus primeras
inquietudes teológicas y sus intentos de renovar la interrogación filosófica en el ambiente confuso
después de la Primera Guerra Mundial. Muestra con gran claridad la posición de Heidegger frente al
neokantismo predominante a principios del siglo, su participación en la fenomenología de su maestro
Husserl, a la que abandonó para volver a los comienzos de la filosofía occidental. En la antigua Grecia y
en los primeros intentos de pensar, Heidegger esperaba encontrar aún en toda su pureza la pregunta
por el ser, que a lo largo de la historia de la filosofía occidental quedó olvidada con el creciente
predominio del pensamiento científico. En estos ensayos, Gadamer muestra la enorme dificultad que
significaba el esfuerzo heideggeriano de prescindir de la terminología desgastada por la tradición
escolástica y describe la lucha, a veces desesperada, de acuñar nuevas palabras, forzando los límites que
el lenguaje mismo imponía a esta empresa. En esta situación de "penuria del lenguaje", Heidegger
descubrió la poesía, particularmente la de Hölderlin, y trató de crear conceptos en analogía con el poder
de condensación de la palabra poética. Precisamente en esta dedicación a la poesía, y al arte en general,
volvieron a confluir los intereses del antiguo alumno y del maestro. Enfoca a Heidegger desde muchos
ángulos y momentos diversos, ofrece una imagen plástica y viva, con la que se propone mostrar que
este pensador no era un místico extravagante, sino un apasionado buscador de tesoros lingüísticos, que
inadvertidamente pueden aparecer en el hablar cotidiano, sus conexiones y asociaciones. Pero también
lo muestra como el pensador de la técnica moderna, que anticipó con gran realismo nuestras actuales
preocupaciones frente a los logros y seducciones del imperio de las ciencias.

Estética y hermenéutica: La recopilación en este libro corresponden a treinta años de una larga vida
filosófica. Son escritos cuidados, pero no academicistas; no son textos sobre arte, ni incursiones de la
filosofía en él. Conllevan una proyección hermenéutica de la estética y estética de la hermenéutica, en la
que el arte es no sólo comprensión del mundo sino, más aún, acontecer de la verdad, su ponerse en
obra. Platón, Aristóteles, Kant, Hegel, Heidegger... vienen a ser diálogo y conversación, incluso con
Kafka. Literatos, historiadores del arte, filósofos, filólogos y artistas encuentran aquí terreno común.

Mis años de aprendizaje: A los 75 años escribió estos recuerdos de su larga travesía por el mundo de la
filosofía alemana. En la remembranza de su vida incluye detalladas caracterizaciones de figuras
importantes que cruzaron su camino y que se convirtieron en maestros para él: Hartmann, Scheler,
Natorp, Lipps, Löwitz, Jaspers y el propio Heidegger. También caracteriza espíritus innovadores y
estimulantes hoy menos conocidos como Schürer, Kommerell o Krüger, que merecieran ser rescatados
como hitos del espíritu de este siglo.

La herencia de Europa: Nueve ensayos donde Gadamer habla de las relaciones entre las ciencias
naturales y la filosofía, del fin del arte, o de las raíces antropológicas de la libertad humana. Pretende
descubrir los cauces de la historia cultural por los que fluye esa otra historia real que condiciona la vida
de los hombres.

Elogio de la teoría: Selección de once ensayos en los que reflexiona sobre diversos asuntos, como el
poder expresivo del lenguaje, el papel social y la influencia de la ciencia, la mano como herramienta
humana fundamental, el aislamiento como síntoma de enajenación del individuo, o la idea de la razón.
Ofrece una nueva perspectiva accesible sobre un debate que marcó una buena parte de la filosofía del
conflictivo siglo XX: la polémica función de la ciencia y la tecnología en nuestras sociedades.
¿Quién soy yo y quién eres tú? Comentario a "cristal de aliento" de Paul Celan: Basándose en los
últimos conocimientos filológicos sobre el volumen de poesías «Cristal de aliento» de Paul Celan, Hans-
Georg Gadamer modifica en algunos puntos importantes su profundo trabajo hermenéutico sobre estos
poemas y añade un nuevo epílogo.

La educación es educable: Publicación de una conferencia del 19 de mayo de 1999 en el Dietrich-


Bonhoeffer-Gymnasium de Eppelheim, en el marco de un ciclo sobre el tema «La educación en crisis,
una oportunidad para el futuro». La grabación magnetofónica permitió una transcripción exacta,
redactada y corregida personalmente dos veces por el autor. Gadamer hace una especie de balance de
sus propios empeños educativos, hablando de experiencias personales e ilustrando con muchos
ejemplos los efectos que determinados influjos y acontecimientos externos pueden tener en la
configuración de una personalidad.

La actualidad de lo bello: En La actualidad de lo bello establece las posibilidades de conexión entre el


arte moderno y la tradición artística occidental. Indaga en la historia de la cultura, pone de relieve la
génesis de algunas nociones medulares de la reflexión estética. Las ideas de belleza, arte y creatividad,
analizadas en el contexto del pensamiento antiguo, sirven para esbozar un bosquejo histórico en el que
se manifiesta el núcleo fundamental alrededor del que gira el arte de Occidente. Culmina con una
incursión en la vertiente antropológica del arte: los conceptos de símbolo, juego y fiesta,
reinterpretados por el autor, le sirven para acabar defendiendo la unicidad de la función artística tanto
en el marco de la tradición como en la modernidad.

El inicio de la filosofía occidental: En su papel de gran maestro del pensamiento contemporáneo que
nunca ha dejado de dialogar con los clásicos para poder comprender la modernidad, Gadamer hace
revivir todo el esplendor del inicio de la filosofía occidental. Recurre a sus grandes intérpretes -Platón y
Aristóteles-, a sus protagonistas -Tales de Mileto y Anaximandro, Parménides y Anaxágoras-, y a quienes
posteriormente nos han transmitido este inicio a través de profundas reflexiones: Hegel y Heidegger.
Nos introduce en una experiencia concreta de la hermenéutica filosófica, una "fusión de horizontes" en
la que, entre improvisaciones y descubrimientos inéditos, acaban entrelazándose el análisis filológico, la
investigación histórica y la reflexión teórica.

Mito y razón: Recopilación de algunos de los textos más importantes de Hans-Georg Gadamer sobre la
cuestión del mito. Aunque vivamos aparentemente en la «época de la razón», no es menos cierto que
las cuestiones sobre lo religioso, lo mítico y lo ritual interesan ahora más que nunca. Gadamer muestra
la tensión que el pensamiento occidental ha experimentado, desde el mundo griego, entre mito y logos,
entre imagen y concepto. El positivismo había lanzado el mito al cajón de la falsedad y de la
especulación. Sin embargo, el mito tiene su propia riqueza y credibilidad, por lo que debe ser una tarea
propiamente filosófica hacer justicia a esta dimensión de lo mítico y de lo ritual. Se trata de comprender
la palabra, el lenguaje, en toda su complejidad. Si es cierto, como sostiene el filósofo, que no hay cultura
sin horizonte mítico, es necesario situar al mito en la época de la ciencia, porque sin el mito resulta
imposible comprender la complejidad del mundo contemporáneo.

El inicio de la sabiduría: Mientras que en El inicio de la filosofía occidental Gadamer trataba ante todo
de discutir acerca de los problemas ontológicos y la teoría del conocimiento en el pensamiento de los
antiguos griegos, con Parménides a la cabeza, en El inicio de la sabiduría aborda los temas
fundamentales de la filosofía de la naturaleza, haciendo especial hincapié en la obra de Heráclito. Y todo
ello le sirve, en fin, para ilustrar una vez más su habitual método hermenéutico.

Otros títulos de su autoría son: El problema de la consciencia histórica,  Pequeños escritos, Diálogo y
dialéctica, un compendio de ensayos sobre los diálogos de Platón, Poema y diálogo, La dialéctica de la
autoconciencia en Hegel. Y otros tantos ensayos que no se encuentran traducidos a nuestro idioma.
También a lo largo de su vida polemizó con pensadores como Jacques Derrida y Jürgen Habermas, entre
otros y de ello: Correspondencia Gadamer, Rocoreur, Derrida. El filósofo italiano Riccardo Dottori
publicó en 2000 sus conversaciones con Gadamer bajo el título L'ultimo dio. Lezioni sul XX Secolo, cuya
edición en alemán apareció en 2002, semanas antes de la muerte del filósofo germano.

Para el contenido 3

 Indague sobre la importancia de “Verdad y Método” en la obra del autor y en la historia de la


filosofía.

Verdad y método. Elementos de una hermenéutica filosófica (1960), es su obra más importante. En ella
fija los presupuestos y objetivos de la corriente hermenéutica, según la cual no existe el mundo, sino
diversas acepciones históricas de mundo. A pesar del relativismo que conlleva esta concepción,
Gadamer remite en sus escritos a una convergencia última en la que es posible la comunicación y la
expresión de un sentido.

Verdad y método es la exposición más sistemática de la filosofía hermenéutica y el trabajo más


significativo de Gadamer. Muestra su adhesión a la hermenéutica del ser de Heidegger y a la filosofía
de Wilhelm Dilthey en su análisis del problema de la verdad. La historia de la verdad que Gadamer
reconstruye está marcada, a partir de Descartes, por el concepto de "adaequatio": la noción de verdad
se explica, en realidad, como método para alcanzar la correspondencia "adecuada" entre hechos y
proposiciones. La tarea de Gadamer consiste, en neta contraposición con dicha postura, en un intento
de descripción de las posibilidades reales de la experiencia humana de la verdad.

Los principios hermenéuticos que el autor elabora no se limitan al ámbito filosófico, sino que son
susceptibles de aplicación a la sociología o la crítica literaria. La búsqueda de la verdad exige una
redefinición de la hermenéutica (interpretación de los textos), entendiendo por tal no una mera técnica
de comprensión, aunque ésta sea cabal, sino una reflexión fundamental sobre las condiciones en que se
llega a toda comprensión en general.

En este ámbito adquieren relieve los problemas que se desarrollan en torno a la experiencia estética.
Según Gadamer, en tal tipo de experiencia se deja entrever una circunstancia de la verdad en la cual el
propio sujeto de la experiencia resulta modificado. La contraposición a las teorías filosóficas en las que
la noción de verdad se identifica con el saber de las ciencias positivas se acompaña de una reivindicación
de la aportación de verdad de aquellas experiencias del sujeto en contacto con la obra de arte, con la
historia o con el diálogo personal.
En el análisis sobre la legitimidad de tal verdad, la reflexión de Gadamer se dirige al proceso de la
comprensión. El conocimiento, que debe abandonar toda pretensión de objetividad, se lleva a cabo en
el marco de una determinada situación histórica en la que está presente la influencia de la tradición.
Ésta se desarrolla como un proceso interpretativo en el que intérprete y tradición, pasado y presente, se
encuentran desde siempre en una constante relación de tensión.

Con la noción de "fusión de horizontes", Gadamer describe dicho proceso de comprensión histórica.
Interpretar el pasado, o incluso una obra o un enunciado del propio interlocutor significa comprenderlo
en el horizonte de la situación presente, dejando intervenir al presente mismo con su propio horizonte
de verdad. El análisis de Gadamer se dirige al medio de tal relación, que es el lenguaje, no como un
simple instrumento del pensamiento, sino en la dimensión dentro de la cual se encuentra y se realiza la
existencia del hombre.

Todo el resto de sus ensayos, conferencias y recensiones reflejan los tres ámbitos básicos de su trabajo:
la constante conversación con los grandes pensadores de la tradición (especialmente con los griegos), su
predilección por el arte y la poesía, y las reflexiones sobre teoría de la experiencia hermenéutica, de las
que una parte significativa son las discusiones a que dio lugar su libro.

En el siglo XIX, la hermenéutica pasó de auxiliar de la teología y de la filosofía a método de las ciencias
del espíritu, debido a su espectacular desarrollo. Durante el siglo XX se asienta como enfoque
humanístico-lingüístico, extendiéndose a los más diversos ámbitos del saber: en la lingüística, en la
historia, en la antropología cultural, en la sociología, etc. constituye un enfoque propio de investigación,
ha contribuido a dotarlas de una metodología original frente al intento imperialista de extender el
método positivo de las ciencias empíricas a toda forma de saber.

Situada en el centro del giro lingüístico experimentado por la filosofía en su historia reciente, ha
posibilitado el surgimiento de ese poderoso movimiento denominado postmodernidad. Su alcance ha
sido mayor del que una interpretación reduccionista podría hacer presentándolo como un simple
método filosófico más. 

Desde un punto de vista general, la hermenéutica plantea la consideración del conocimiento como un
proceso de comprensión dada en términos dialécticos por parte del lector respecto de un texto. Un
método que se ofrece como diálogo o conversación entre el autor y el lector de la obra. Entendiendo
este diálogo como un proceso a través del cual el lector comprende interpretativamente la obra, bien
porque capta el significado vertido por el autor en el mismo, bien porque la nueva lectura la dota de un
modo constructivo de un significado propio, lo cual representa un acto creativo en perspectiva o una
conjetura razonable de entre las posibles interpretaciones. Y razonable, porque una interpretación que
no lo sea termina por convertirse en una especie de reconstrucción solipsista del texto o de la obra, que
desconecta del sentido originario hasta el punto de no servir de referencia a la misma obra interpretada.

Ahora bien, suele tomarse como origen del análisis hermenéutico la obra de Schleiermacher. Gadamer
sostiene que “en la hermenéutica general por Schleiermacher no había solo ese interés teológico y de
política científica, sino un motivo filosófico en el siglo XIX. Uno de los impulsos más profundos de la era
romántica fue la fe en la conversación como fuente de verdad propia, no dogmática y no sustituible por
ninguna dogmática”. La innovación introducida por el autor alemán ha enriquecido la explicación del
significado de la realidad y el de la vida. En este autor la hermenéutica es un ejercicio consistente en una
“intuición inmediata” o captación de la inmediatez singular del sentido del texto. Una especie de
reconstrucción psicológica del acto creador del autor del texto. La misma se contrapone al método
comparativo, basado en la comprensión de una totalidad a través de una serie de conocimientos
singulares y particulares. Gadamer, enfrenta a esta hermenéutica psicológica el carácter siempre nuevo
de toda interpretación. La comprensión trata de descifrar el sentido que el autor dio y quiso dar al texto
en su momento, pero la interpretación va más allá de la literalidad del texto, en el modo de que el
sentido debe ser elucidado de una manera nueva, no coincidente con el originario. Necesariamente hay
que comprender a un poeta mejor de lo que se comprendió él mismo, pues él no se comprendió en
absoluto cuando tomó forma en él la construcción de su texto”. Esto lo ilustra frecuentemente con el
ejemplo del traductor, quien trata de mantener el sentido originario, pero al expresar de un modo
nuevo aquel mundo mediante la traducción se convierte en interpretación. La hermenéutica es una
conversación infinita, las interpretaciones son aportaciones a dicha conversación a través de los
tiempos.

En el mismo siglo XIX, también se destaca el papel de la escuela histórica en el desarrollo de la


hermenéutica, ya que ésta no se ocupa de los individuos sino de su significado en el fluir de la libertad
moral que es la historia, poniendo de relieve el carácter histórico tanto de lo interpretado como del
intérprete. La historiografía pretendía comprender el gran texto de la historia, descifrarlo. Pero, la
consecuencia de suponer que existe un sentido privilegiado de la historia es que ésta queda reducida a
historia del espíritu. 

En Dilthey, como en Schleiermacher, es fundamental la captación del sentido como elemento que nos
permite contraponer el entender de las ciencias del espíritu al explicar de las ciencias de la naturaleza.
Dilthey trata de establecer la vida que fluye a través de la historia. La conciencia histórica era observada
como darse cuenta de la historia, más como un objeto que como observarse condicionado
históricamente. Dicha objetivación, piensa Gadamer, ya es llevada a cabo en forma de objetivaciones
espirituales o culturales: derecho, costumbres, religión, etc. Y así lo critica, de caer en el mismo error
que Descartes: la conciencia de la historia es la extralimitación del autoconocimiento. Para Gadamer
más bien la historicidad supone la limitación del autoconocimiento. Y por ello es más lo que somos que
lo que sabemos. 

Heidegger puso de manifiesto la temporalidad como categoría de comprensión del ser. Y desde la
perspectiva ontológica tratamos de comprender el significado de la temporalidad constitutiva del ser
humano y de su conciencia histórica, determinante de sus límites y posibilidades. La historicidad es una
categoría que determina al ser. La metafísica tradicional se ha olvidado del ser-tiempo, mutilando su
facticidad y su carácter temporal. Así se abstrae del tiempo el ser convirtiéndolo en ente o se
comprende el tiempo como una sucesión de instantes inmovilizados, perdiendo su esencial carácter
fluyente. Sin embargo, comprender es la esencia del hombre, interpretar o desvelar es el modo de ser o
existir del ser humano. Aunque Heidegger analiza fenomenológicamente al ser humano, aporta a la
hermenéutica contemporánea respecto del carácter temporal e histórico del hombre.
Gadamer fue discípulo de Heidegger. Se dispone a justificar la conciencia histórica por referencia a la
temática heideggeriana del círculo hermenéutico. En ese camino diferencia tres etapas: una primera,
fenomenológica, que establezca el vínculo entre prejuicio, tradición y autoridad; la segunda, de
interpretación ontológica de esa secuencia a partir de la conciencia de la historia de los efectos, y la
tercera, para extraer las consecuencias epistemológicas desde un punto de vista metacrítico sobre los
prejuicios.

Toda la obra de Gadamer está recorrida por la preocupación por el ser humano desde sus capacidades
cognitivas y el lenguaje que las posibilita, a través de la comparación entre la filosofía, el mito, la
religión, el arte, la historia, etc. no solamente como saberes, más bien como formas de estar instalados
los humanos en la existencia. 

Gadamer parte de la percepción estetizante de la hermenéutica del siglo XIX, pero pronto acude, por
influencia de Heidegger y Husserl, a la idea de la hermenéutica como actitud ante el mundo y ante la
vida del ser humano. En esta concepción resulta fundamental la recuperación de la filosofía moral
aristotélica, porque la hermenéutica está enraizada en la ética. No es un saber teórico sino una praxis,
una aplicación. El sujeto no puede descartarse a sí mismo colocándose como objeto de conocimiento
porque está implicado en la acción moral. La hermenéutica es un instrumento que debe tener en cuenta
al sujeto y a sus condicionantes, pero desde la conciencia que desde ellos se produce la interpretación-
comprensión de sí mismo y de sus productos.

Para cerrar, la hermenéutica en Gadamer seguiría el siguiente esquema. El intérprete construye su


comprensión del texto, como una producción estética, a modo de respuestas a la pregunta que éste le
sugiere, desde la precomprensión que la tradición histórica a la que pertenece el mismo intérprete, la
cual le condiciona en forma de un conjunto de prejuicios, ya sean auténticos o falsos. La comprensión
sólo puede tener lugar desde la dialéctica entre los horizontes del intérprete y del texto, que Gadamer
denominó fusión de tales horizontes. El texto sometido a la historia de los efectos producidos a través
del tiempo deviene elemento de comprensión para el intérprete, quien realiza con esta ejecución
lingüística un acto existencial de apropiación de uno de los sentidos posibles del texto. 

La hermenéutica encuentra su fundamento cuando el objeto de estudio y el sujeto que interpreta dejan
de ser categorías ontológicas para convertirse en fenómenos temporales, es decir, históricos. El modo
como una obra de arte habla a su tiempo y a su mundo, contribuye a determinar su significado, como
nos habla también a nosotros. La fusión de horizontes es la manera como se realiza esta unidad.           

Cuando interpretamos un texto hermenéuticamente entramos en el juego de la historia efectual de los


significados posibles del mismo. El propio texto marca un determinado sentido a la interpretación.
Frente al mismo el sujeto que interpreta toma su distanciamiento y proyecta su propio horizonte y este
último no es un círculo cerrado sino abierto a posibilidades representadas por nuevos horizontes. Se
produce una apertura a esos nuevos horizontes a partir de la “fusión de horizontes”: la convergencia
entre el horizonte de la obra y el horizonte del lector. Una integración y una aplicación al mismo tiempo,
ya que se trata de “adaptar el sentido de un texto a la situación concreta en la que se habla”.           
La pregunta por la comprensión en Gadamer va más allá de la metodología, hacia una teoría general del
comprender, puesto que la pregunta es por el ser humano en cuanto que trata de dotar de significado al
mundo y a sí mismo. Es decir, el intérprete no busca meramente conversar con la tradición a través del
texto, busca entenderla y entenderse a sí mismo en la otredad. La comprensión se logra mediante un
acto de interpretación que tiene lugar a través del diálogo, del habla entre lector y texto. El lenguaje se
convierte en el instrumento de acceso a la verdad, como meta que se alcanza mediante el proceso
siempre abierto de captación de sentido del mundo. El lenguaje abre un mundo de posibilidades porque
siempre apunta más allá de sí mismo, más allá de lo que dice o expresa, de lo que verbaliza. Pero, por
eso mismo está abierto a la manipulación política, educativa o comunicativa.  No se trata de una verdad
exacta, abstracta y artificial, ni de un acto subjetivo de carácter intuitivo; al estilo de Schleiermacher,
Dilthey o Husserl, sino más bien de una revelación objetiva, descubierta por el intérprete. Desde luego
que esta dotación de sentido objetivo supone una vuelta a Hegel desde la filosofía de Heidegger por
parte de este autor, puesto que la comprensión es la condición esencial del  Dasein. Es decir, para
Gadamer la forma de eliminar el subjetivismo no es otra que la posibilidad de comprensión desde la
objetividad que presta el acontecimiento que tienen lugar en la praxis humana. 

También podría gustarte