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11 de julio de 2021 Grupo: Erika Díaz, Sonia García, Carolina Guajardo, Tiare Sánchez,

Primer Avance Carlos Seguel

INTRODUCCIÓN

IMPACTO PSICOSOCIAL EN EL DESARROLLO ADOLESCENTE POR EL USO PROBLEMÁTICO DE REDES


SOCIALES.

La adolescencia y la juventud suelen caracterizarse como un tiempo de apertura al mundo


extra familiar, a la búsqueda y sostenimiento de nuevos vínculos socio/afectivos y a una
mirada sobre las multiplicidades de oportunidades que brinda la vida. Esta caracterización
supone un sujeto inmerso en una lógica hegemónica (en términos de raza, sexo, género) y
dentro de una condición social que habilita esos desplazamientos (Revista AMAda, Volumen
16/2020, Argentina).

La definición integral de salud no es solamente un concepto médico, sino también social,


emocional y cultural. El acceso a la salud de adolescentes y jóvenes es un derecho humano
constituido que responde al paradigma de protección integral. Desde una perspectiva
epidemiológica, la adolescencia se ha caracterizado como una etapa de la vida sana. No
obstante, junto con la infancia, es el período más importante para consolidar y garantizar la
salud adulta. La promoción y prevención de afectaciones es fundamental durante dicha
etapa para garantizar la configuración de rutinas y hábitos de cuidado de la salud durante el
resto de la vida (Argentina MSAL, 2018).

Una de las claves para el buen desarrollo de la etapa adolescente consiste en la


comunicación padres-adolescentes. Algunos resultados sobre diversas investigaciones que
se han recogido en Moreno, Muñoz-Tinoco, Pérez y Sánchez-Queija (2006) indican que los
jóvenes que establecen una comunicación de calidad con sus progenitores afrontan mejor
las conductas de riesgo. La comunicación significa confianza, afianzamiento de vínculos
emocionales, confianza en el criterio adulto y, como consecuencia de todo lo anterior, al
adolescente le resulta más fácil interiorizar el mensaje del adulto para controlar su conducta
en situaciones de potencial riesgo.
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Cuando se habla de adolescencia hay que ser conscientes de la gran diversidad existente.
Como indica Brullet y Gómez-Granell (2008), es muy difícil valorar si la diversidad, como
condición ado-lescente, se modifica hoy con mayor o menor velocidad que antes, o si los
tipos de adolescencia se crean y recrean con un mayor dinamismo.

La adolescencia es un periodo difícil de delimitar porque ha sido construido culturalmente y


depende del contexto en el que nos encontremos. El inicio viene de la mano de marcadores
biológicos, pero el final es bastante difícil de establecer. Se trata de una etapa de cambios y
de vulnerabilidad debido a las transformaciones que experimenta la persona, pero no es
una etapa de crisis, y no va unida al surgimiento de problemas necesariamente.

La adolescencia es un período en el que las modalidades de comunicación son variadas, ha y


múltiples ambigüedades y silencios. Los datos procedentes de la investigación sobre las
relaciones familiares indican que en algún momento entre la infancia y la adolescencia la
comunicación entre los hijos y sus progenitores se deteriora. Coleman y Hendry (2003) nos
indican que una de las áreas que ha sido objeto de más investigaciones es la relacionada con
el conflicto progenitor-adolescente, lo que se conoce como “vacío intergeneracional”. Algo
sorprendente en este tema es la divergencia que hay entre los padres, que creen que los
años de adolescencia traen consigo conflictos y desacuerdos; y los investigadores, que
confirman las buenas relaciones entre padres y adolescentes.

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

En la actualidad existe un avance tecnológico evidente respecto al uso de internet y redes


sociales; este fenómeno mundial se ha vuelto relevante en el ámbito social (Cheng & Li,
2014; Sinkkonen, Puhakka, & Meriläinen, 2014). El uso cotidiano de las redes sociales trae
diversos beneficios, pero también al perder el control del uso, puede traer como
consecuencia el uso problemático (UPI) (Li, Chen, Li, & Li, 2014). Como principal
característica del uso problemático, se puede percibir cuando se presentan conductas
desadaptativas, que interfieren en la vida cotidiana de las personas (Gómez, Rial, Braña,
Varela, & Barreiro, 2014 en Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en
jóvenes: un nuevo reto).
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El uso de las redes sociales de las y los adolescentes en contexto de pandemia, podrían estar
teniendo un impacto en el ámbito psicosocial tanto a nivel de conducta, como de
socialización, lo que podría provocar alteraciones en el proceso y desarrollo de la identidad.
El mal uso y abuso de las redes sociales por parte de las y los adolescentes podría
desencadenar problemas de salud, conducta y de socialización (Ricoy y Ameneiros, 2016 en
“Los riesgos de las redes sociales en la salud mental de los adolescentes”).

Partiendo desde la base que los seres humanos somos seres sociales, y pensando en la importancia
que tiene el desarrollo de la identidad en la adolescencia, para construir un buen auto concepto, una
autoestima saludable y autonomía, autores como Cuche (1999), Taylor (1993), Hall (2003), Bauman
(2003), Goffman (2001), Ortiz (1996) y Arfuch (2002) en “Las redes sociales on-line: Espacios de
socialización y definición de identidad” considerando la identidad como una manifestación
relacional: identidad y alteridad tienen una parte común y están en relación dialéctica. La identidad,
entonces, es el resultado de interacciones negociadas en las cuales se pone en juego el
reconocimiento (Taylor, 1993).

Por lo tanto, la problemática se enfoca, en ¿qué podría estar ocurriendo en contexto de


pandemia con los y las adolescentes?, si bien, pasan la mayor parte del día en sus hogares
con la familia (en algunos casos) o solos, e interactuando en las redes sociales.

La Unicef en Chile, manifiesta preocupación por el cierre de los colegios en contexto de


pandemia, el distanciamiento físico, la disminución de los servicios disponibles y la creciente
presión que soportan las familias vulnerables, señalan, han alterado y reducido algunas de
las medidas de protección con las que contaban. “Al mismo tiempo, la salud física y
emocional de adolescentes, es cada vez más preocupante, y existen pruebas que sugieren
que pasar más tiempo en internet conlleva realizar menos actividades al aire libre, reduce la
calidad del sueño, aumenta los síntomas de ansiedad y fomenta hábitos de alimentación
poco saludables” (Unicef, febrero 2021)

Por otra parte, el conocimiento y aprendizaje en el o la adolescente aumenta tras el contacto con las
plataformas digitales, permitiendo acceso a un desarrollo educativo por medio del mundo
informativo y educacional; no obstante, a pesar que se habla de un mejoramiento en las relaciones
sociales, algunos expertos señalan que se manifiesta preocupación en esta área, porque se detectan
en los y las adolescentes, comportamientos violentos, irresponsables, aislamiento/soledad y
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depresión (D. Cifuentes P. & K. Zambrano León en “Influencia de las plataformas digitales en los
niños y adolescentes entre 7 a 18 años en América Latina”).

En relación a lo anterior, la OECD (2015) advierte que el tiempo recomendado para el uso de las
redes sociales, es inferior a 2 horas/día, sin embargo, estudios como en “Uso problemático de las
TIC” de la Universidad Autónoma de Barcelona en adolescentes, señala que, los y las adolescentes
en un contexto sin pandemia, pasan las mayores partes del día, en las redes sociales, en el caso de
los y las adolescentes españoles dedican sobre 2 y 3 horas diarias utilizando algún tipo de
dispositivo tecnológico (Muñoz-Miralles et at.,2014); Valencia-peris, Devis-Devis y Peiró-Velert,
2014) Todos los y las adolescentes que usen las redes sociales con uso problemático, les dedicarán
un tiempo desmedido, dejarán de realizar otras actividades propias de su ciclo vital y generarán
actitudes de dependencia y falta de control (Oliva et al.,2012).

La posibilidad y el fácil acceso de la comunicación crece día a día por la rapidez y novedad de
brindar nuevas experiencias que, en general, son beneficiosas para su desarrollo personal y
social (Echeburuá y Requesens, 2012). Sin embargo, su gran difusión y masificación ha
generado una nueva preocupación por el uso excesivo y problemático. En el caso de los y las
adolescentes, que ya padecen distintos tipos de sufrimiento tanto en internet como en el
mundo real, pasar más tiempo frente de las pantallas podría agravar su situación y en la
cotidianidad.

Cuando se habla de uso problemático, se derivan posibles consecuencias, como pérdida de


tiempo para otras actividades, alteraciones de conducta, alteraciones en el estado de
ánimo, cambios en los ritmos del sueño, pérdida de control, aislamiento, empobrecimiento
de las relaciones sociales, descenso del rendimiento académico, conflictos familiares, entre
otras (Carbolnell Fuster, Chamarro y Oberst 2012, Park y Rang, 2014; Tsitsika et al, 2011;
Vilca y Vallejos, 2015). Este uso problemático de redes sociales, se ha relacionado también,
con un empobrecimiento de las relaciones interpersonales con los otros miembros de la
familia, con una reducción significativa del círculo de amistades y con un incremento de los
sentimientos de soledad, quedando en muchos casos la duda de si dicho uso se deriva como
causa o consecuencia de tal actitud (Cortés B., M., Madrid 2020).
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En relación a esto, si se habla de uso problemático, se podría decir que existe un uso y abuso
que genera problemas por sí mismo, ya que, podría ser un uso desmedido que por el solo
hecho de navegar sin mesura, se podría convertir en una problemática.

Otros estudios, señalan que el 16% de la población mundial es de jóvenes (NU, s.f.), ellos
ven como común el uso de redes sociales en su día a día. Sin embargo, se aumentan los
riesgos en redes sociales, para la integridad física y mental de los estudiantes de entre 15 y
17 años, pero, por otro lado, si son bien implementadas y guiadas pueden ser una
herramienta sumamente útil para los y las docentes como apoyo a su trabajo en el aula (De
Haro, 2009).

Por su parte, el Proyecto EU-KIDS Online, orientado a la investigación y diseñado para


examinar las experiencias de uso, riesgos y seguridad online como guía para padres y
madres en Europa estima que un 30% de los menores europeos entre 9 a 16 años ha
experimentado una o más formas de uso problemático de internet. El 8% reconoce que
internet les ha hecho pasar menos tiempo con la familia, los amigos o haciendo tareas
escolares, mientras que un 4% afirma haberse quedado sin comer o dormir por permanecer
en línea. Kaess et al (2014) sitúan en 4.2% la prevalencia del uso problemático de internet
de los y las adolescentes europeos (Garmendia, Garitaonandia, Martínez y Casado, 2011).

En Estados Unidos se ha determinado que cerca del 27% de los adolescentes, pasan más de
tres horas en las redes sociales y presentan signos de una salud mental inadecuada. Un
estudio de la Universidad de California demostró que individuos que visitan las redes
sociales al menos cincuenta y ocho veces por semana tuvieron más de tres veces
sentimientos de aislamiento social y depresión, que personas que lo hacen menos de nueve
veces en el mismo período de tiempo. Así lo precisó Ramón Sotomayor-Zárate, doctor en
Farmacología, director del Centro de Neurobiología y Fisiopatología Integrativa (CENFI) de la
Universidad de Valparaíso (portal académico Valparaíso).

Las investigaciones realizadas en los últimos 10 años en América Latina, han demostrado
que la frecuencia del uso de Internet por parte de los y las jóvenes ha incrementado (Boyd,
2007; Villani, 2001; Wolak, Mitchell, & Finkelhor, 2002, citado por López, Garcia, 2013, p. 3).
El porcentaje del uso es de 81%, las redes más populares o frecuentadas por adolescentes
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son Facebook y YouTube, seguidas por otras plataformas como, Instagram con un 13% y
Pinterest con 6% (s.a, octubre, 2013). Existe consenso en la comunidad científica respecto a
que el período de la infancia y la adolescencia es un momento privilegiado para el
aprendizaje y práctica de las habilidades sociales (Lacunza, González, 2011, p. 8).

Por otro lado, en Chile, los datos que arrojaron la última Encuesta Nacional De Juventud
(INJUV) de 2018, demuestran que los adolescentes utilizan internet un aproximado de 6,4
horas diarias en comparación de los adultos que los usan por 3,9 horas al día.
Específicamente adolescentes entre 15 a 19 años pasan conectados a internet un promedio
de 7,2 horas diarias, siendo las principales actividades “chatear” con un 83,3% de
frecuencia, “escuchar música” en un 54,8% y “compartir memes” un 48,3%. Por el lado de
las redes sociales Whatsapp es la aplicación más utilizada en un 92,6% de frecuencia.

En estudios mostrados por el Ministerio de Educación en Chile (2019) en “Orientaciones


para establecimientos educacionales y la regulación del uso de celulares y otros dispositivos
móviles”, señala que la Universidad de los Andes publicó en 2018 un estudio que plantea
aspectos relevantes, por ejemplo: En Chile, el promedio de edad en que los niños y niñas
reciben su primer celular es de 10,3 años, y el 59% de los encuestados recibió un celular
antes de los 10 años, por otra parte, al tiempo que los niños pasan frente a la pantalla del
teléfono, el promedio es de alrededor de 6,8 horas diarias, y uno de cada cuatro
encuestados entre 10 y 18 años usa su celular más de 10 horas diarias, lo que supondría un
uso problemático según las horas de uso recomendadas por la OECD, 2015, que debieran
ser inferior a 2 horas diarias.

Por otra parte, se observan diferencias por niveles socioeconómicos, evidenciando que, en
sectores de menores ingresos, el tiempo de uso de celulares en adolescentes es
significativamente más alto. En el grupo C3- D, el tiempo de uso promedio es de 8 horas,
mientras que en el grupo C2 es de 7,3 y en ABC1 de 5 horas.

El 87% de los encuestados/as declara que mantiene su teléfono cerca todos los días. Por
otra parte, 6 de cada 10 reconocen que el celular ha afectado negativamente su
rendimiento escolar. El Censo Digital desarrollado el 2018 por la Subsecretaría de
Telecomunicaciones y VTR arrojó que más de la mitad de los adolescentes, se conecta a su
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celular desde las 7am. La prueba Pisa del 2015, que por sus siglas en ingles es “Programme
for International Student Assessment”, este programa realiza una Evaluación Internacional
de Estudiantes, siendo un estudio desarrollado cada tres años, cuyo objetivo es evaluar los
sistemas de educación mundial valorando las habilidades y conocimiento de estudiantes de
15 años en adelante. Señala que Chile tiene el porcentaje más alto (alrededor del 30%) de
“usuarios extremos de internet” de la OECD, entendiendo, adolescentes que pasan más de 6
horas al día en línea desde sus hogares.

Estos estudiantes mostraron peores resultados en todas las materias de la prueba Pisa,
incluso después de controlar por diferencias socioeconómicas. Además, informaron tener
menos satisfacción con la vida y mayor probabilidad de ser intimidados en la escuela.

En tanto en un estudio cualitativo a 32 adolescentes, de la Región de Valparaíso, realizado


por el Centro de Investigación para la Educación Inclusiva (EduInclusiva), Pontificia
Universidad Católica de Valparaíso “Las redes sociales on-line: Espacios de socialización y
definición de identidad”, llevando a cabo entrevistas etnográficas semiestructurada y de dos
grupos focales como búsqueda de mecanismos que influyen en la construcción de
identidades on-line de las y los adolescentes, como correlato de la alteridad, es decir, las
formas de relacionarse y de reconocerse en los otros/otras. Señala a modo de resultado
que, cómo en la configuración identitaria de los y las adolescentes en las redes sociales
virtuales, se acentúan y enfatizan la aceptación y el reconocimiento de los otros,
induciendo, a menudo, una subjetividad moldeada a las exigencias de una audiencia
siempre más exigente, que puede limitar la libertad de gestos, opiniones y específicamente
la autonomía propia de una moral autónoma.

Finalmente, un estudio elaborado por Qustodio aplicación de control parental que permite
administrar, supervisar y bloquear la navegación de usuarios/as en Internet. Junto a su
informe anual sobre los hábitos digitales de los y las adolescentes a raíz de la pandemia, el
uso de redes sociales por parte de adolescentes aumentó en gran volumen durante 2020,
subiendo un 76% respecto del 2019. “Hoy en día tenemos a jóvenes con mucha inseguridad
y malestar interno, los que a su vez cuentan con menos herramientas propias para sortear
las dificultades. Les resulta difícil interactuar de buenas a primeras con otra persona, ya
que se comunican mejor a través de pantallas, llegando para algunos a convertirse en una
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situación bastante fóbica el contacto real con el otro”, explica el psiquiatra Otto Dörr,
Premio Nacional de Medicina 2018, Universidad de Chile.

Por otra parte, las tecnologías van acompañadas de la evolución de los tiempos, sin
embargo, éstas tienen características provenientes de su interacción virtual, como
distanciamiento físico, manejo del tiempo, inmediatez o respuesta rápida,
retroalimentación, interactividad, dinamismo o el anonimato (Programa de prevención del
uso problemático de internet y redes sociales. “Clickeando”, Valencia, España).

Estas características de la interacción virtual, resultan especialmente atractivas para los y


las adolescentes y jóvenes, a quienes les resulta muy sencillo comunicarse a través de
diferentes aplicaciones WhatsApp, las redes sociales u otros soportes digitales que hacerlo
cara a cara (Castells, 2009; Echeburúa y de Corral, 2010; McKenna y Bargh, 2000). Por tanto,
las relaciones sociales, son más fluidas que podrían provocar ansiedad y tensión en la vida
real y cotidiana, siendo un punto importante de la adolescencia en donde la etapa del
desarrollo, las inseguridades y falta de habilidades sociales son relativamente frecuentes.

Por otra parte, los y las adolescentes, satisfacen la necesidad de independencia y


autonomía, porque están en constante búsqueda de sensaciones y experiencias nuevas,
formando nuevos vínculos o relaciones afectivas sin obstáculos, que el cara a cara presenta
para las adolescentes o los adolescentes tímidos o con escasez de habilidades sociales.
(Chóliz, 2017).

Se trate de un uso problemático o no lo cierto es que los adolescentes utilizan las redes
sociales para la construcción de su identidad social dada la tendencia a la hiperconectividad
como vínculo relacional, porque además, les permiten asumir identidades y vivir
experiencias y situaciones que no serían posibles en el mundo real (ser y hacer aquello que
no está a su alcance) según Carbonell y Oberts (2015) .

Ello explica por qué las redes sociales se han convertido en un acceso importante en los
procesos de socialización e integración social de la población adolescente,
permanentemente interconectada con sus iguales y con el mundo exterior (De la Villa-
Moral y Suárez 2016. De hecho, no usar estas herramientas tecnológicas supone para los y
las adolescentes el riesgo de ser excluidos por sus iguales, puesto que todo discurre a través
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de las redes sociales o de WhatsApp, incluso la organización de las actividades que se llevan
a cabo de forma presencial.

Ramón Sotomayor-Zárate, doctor en Farmacología, director del Centro de Neurobiología y


Fisiopatología Integrativa (CENFI) de la Universidad de Valparaíso, quien se ha dedicado, al
estudio científico de la neurobiología de las adicciones, explica que los “me gusta” “likes” en
todas las plataformas de redes sociales, tienen tendencia a una asociación con refuerzos
positivos no químicos, que pueden producir aumentos de dopamina asociadas al placer. Por
otra parte, el uso excesivo a las redes sociales, es reconocido como un tipo de dependencia
psíquica, que podría a lo largo producir efectos negativos en la salud mental.

Por otra parte, señala que, al estar conectado, para los y las adolescentes, es sinónimo de
sentirse aceptados/as e integrados/as en un grupo o una comunidad que, en este caso, es
virtual, una razón más para que éstos y éstas pasen la mayor parte del tiempo en las redes
sociales. En este contexto, los menores de edad, serían los más susceptibles a crear
dependencia psicológica a las redes sociales, especialmente en edades como la
adolescencia, cuando el reconocimiento e influencia de los pares es muy importante ya que,
influye en el proceso y desarrollo de identidad propia de la etapa adolescente.

Las aplicaciones señaladas y los servicios de internet con redes sociales, son usadas por
adolescentes de ambos sexos, porque satisfacen las necesidades psicológicas, las críticas
del mundo virtual, usando canales de comunicación permanentes que les permite ser
visibles para los demás. Con ello, el o la adolescente puede consolidar el sentido de
pertenencia en los grupos, sentirse integrado/a, construyendo y/o afianzando su
identidad personal y social, adquiriendo notoriedad, visibilidad e influencia ante los
demás grupos (Castel, 2009; Kuss y Griffiths, 2011; Ryan et al., 2014 en Adicción a las
nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto).

MUESTRA:

Adolescentes estudiantes, de un grupo etario entre 15 y 18 años de un Liceo de la comuna


de Viña del Mar.