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Relaciones kármicas – Volumen II, conferencia 

XI

Conferencia del Dr. Rudolf Steiner pronunciada en Dornach el 18 de mayo de


1924. GA236

Si queremos comprender la verdadera naturaleza del karma, es de suma


importancia centrar nuestra atención en lo que, desde el Cosmos, participa en la
evolución de la humanidad. Con el fin de poder ser capaces de dirigir nuestra
atención a los seres que desde el universo juegan un papel en la evolución humana,
vamos a considerar, en primer lugar, la conexión del hombre con los seres que
pertenecen a la Tierra. En ella vemos al hombre rodeado de seres del reino
mineral, vegetal y animal. Como ya sabemos, estos tres reinos naturales existen
en él en una forma superior.

A través del cuerpo físico, el hombre está relacionado con el reino mineral. El ser
humano, eleva lo que se encuentra en el reino mineral exterior, a una forma
superior. A través de su cuerpo etéreo está emparentado con el reino vegetal,
elevando a una forma superior lo que de otra manera se encuentra en el reino
vegetal. Y lo mismo puede decirse del cuerpo astral del hombre en relación con
los seres del mundo animal. Por tanto, cuando pensamos en el entorno espacial del
hombre, podemos darnos cuenta de que lleva dentro de él los reinos mineral,
vegetal y animal. Y así como el hombre lleva en él los reinos de la Naturaleza, que
encontramos en el espacio, también lleva en sí respecto al tiempo, no al espacio,
los reinos de las Jerarquías Superiores. Y sólo podremos entender el karma
humano en todos sus aspectos, cuando sepamos cómo trabajan los diversos reinos
de las Jerarquías sobre el hombre en el transcurso de su vida terrenal.

Al considerar cómo trabaja el reino mineral sobre el hombre, podemos ver los
procesos relacionados con la nutrición. Por cualquier medio de alimentación, el
hombre mineraliza, en primer lugar lo que acoge de los reinos que se encuentran
por encima de la condición mineral. Pasando al reino vegetal, sabemos que el
hombre tiene dentro de sí las fuerzas vitales. Respecto al reino animal, vemos
que a través de su cuerpo astral el hombre eleva lo que es mera vida a una esfera
superior, al reino de las sensaciones. En resumen, en el organismo humano
podemos seguir la secuencia de los procesos de los tres reinos de la
Naturaleza. De la misma manera podemos sentir el trabajo de las Jerarquías
Superiores en la vida anímica y espiritual del hombre.

La naturaleza mineral, vegetal y animal del hombre se puede entender a la luz de


los procesos que operan en los tres reinos de la naturaleza, en el espacio.
Paralelamente, podemos entender en el tiempo, las Fuerzas Anímicas Superiores,
que operan en la vida del hombre.
Para empezar, vamos a considerar el destino humano y tratar de entender cómo
los reinos de las Jerarquías trabajan en él. Pero aquí tendremos que mirar, no lo
que está presente simultáneamente en el hombre, es decir, el cuerpo físico, el
cuerpo etérico y el cuerpo astral. En relación al trabajo de las Jerarquías
Superiores, debemos observar lo que sucede en la vida terrenal del hombre
desde el punto de vista anímico espiritual, considerando la sucesión del tiempo.

En nuestros estudios antroposóficos siempre hemos reconocido distintos


períodos en el curso de la vida humana:

 desde el nacimiento hasta el cambio de dientes alrededor de los 7 años. A


partir del cambio de los dientes hasta la pubertad, a los 14 años;
 desde la pubertad hasta los 21 años, donde la diferenciación es menos
perceptible;
 desde los 21 a los 28 años;
 desde los 28 hasta los 35, desde los 35 a los 42, desde los 42 hasta los
49; desde los 49 hasta la 56, y así sucesivamente.

En cuanto a lo que está más allá de los 56 años hablaré en el próximo estudio.
Hoy vamos a considerar el curso de la vida humana hasta los 56 años.

Tenemos por tanto tres septenios de la vida hasta los 21 años, luego otros tres
septenios (21-42 años) y así sucesivamente. El hombre es el único ser capaz de
decirse “yo” , a sí mismo, pero sobre este Yo, actúan muchas fuerzas. Desde el
punto de vista exterior, en el “yo” trabajan fuerzas minerales, vegetales y los
animales y observado interiormente, desde el aspecto anímico espiritual está
influenciado por las Jerarquías Superiores: Tercera Jerarquía, (Ángeles,
Arcángeles y Arkáis), Segunda Jerarquía (Exusiai, Kyriótetes, Dynamis) y
Primera Jerarquía (Serafines, Querubines y Tronos).

Estos Seres sin embargo, no hacen todo el trabajo en el curso de la vida del
hombre de la misma forma. Incluso exteriormente, hay una diferencia en las
influencias, que tienen efecto en el ser humano de acuerdo con su edad, con el
tiempo. Podemos decir que la parte exterior del hombre está expuesta a las
diferentes etapas que recorren su biografía.
Cuando observamos un bebé, al comienzo mismo de la vida terrenal, encontramos
especialmente marcado en él un creciente y próspero proceso de edificación y
desarrollo, algo característico del reino animal. Si tenemos en cuenta la última
parte de la vida, los años que nos llevan a la vejez, encontramos evidentes
procesos de mineralización. El organismo se vuelve esclerótico y quebradizo.
Debido a que este proceso de mineralización es más sutil e íntimo en el hombre,
funciona con más fuerza en él que en los animales, con la excepción de los
animales superiores, debido a condiciones en las que no voy a entrar ahora, lo
trataré en una ocasión posterior. Mientras que en los animales, comienza
enseguida la detención del flujo de las fuerzas vitales, el hombre realiza
importantes fases de su desarrollo dentro del periodo de disminución de estas
fuerzas vitales, comenzando esta en la década de los treinta. Y muchas cosas de
enorme importancia cultural, en la evolución de la humanidad, simplemente no
existirían si los seres humanos se desarrollaran de la misma manera que los
animales, que no aportan nada a la vejez.
Los seres humanos pueden llevar mucho a la ancianidad, y muchos logros
trascendentales se deben a lo que ha sido así llevado hasta la ultima parte de su
vida, en el período de su declive físico, cuando el proceso de mineralización es
particularmente evidente. Es claramente perceptible que en el comienzo de la
vida terrenal predomina la naturaleza animal, al final de la vida terrenal, la
naturaleza mineral, y en el período intermedio de la vida, la naturaleza vegetal.

Sin embargo, el obrar de las Jerarquías Superiores en el ser humano hace la


diferencia aún más clara y enfática. En la primera infancia es la Tercera
Jerarquía: Ángeles  Arcángeles  y Arkais, la que trabaja con particular fuerza en
la vida del alma y el espíritu. La actividad de esta Tercera Jerarquía alcanza,
hablando con propiedad, los tres primeros septenios de la vida. Los Ángeles,
Arcángeles y Arkais trabajan a lo largo de este período. En el niño, el organismo
está siendo construido constantemente por el alma y el espíritu. Esta actividad lo
abarca casi todo, y en ella trabajan fuerzas de la Tercera Jerarquía.

A los 14 años comienza a trabajar la Segunda Jerarquía (Exusiai, Dynamis,


Kyriótetes o Potestades, Virtudes y Dominaciones). De tal forma que (ver dibujo)
que entre los 14 y 35 años tenemos que escribir Potestades, Virtudes y
Dominaciones. Como pueden ver, en el periodo entre los 14 y los 21 años actúan
simultáneamente sobre el hombre la segunda y la tercera Jerarquía. Es en el
septenio de los 21-28 años cuando sólo está presente el obrar de la Segunda
Jerarquía.

En la pubertad, los grandes procesos cósmicos, que hasta ese momento no


estaban actuando en el ser humano, comienzan en cierta medida, a participar
activamente en él. Poca reflexión es necesaria para percibir que el hombre es
capaz de procrear, está preparado para acoger aquellas fuerzas cósmicas que
actúan en él en el instante en que ha de tener lugar una concepción o nueva
creación física en el ser humano. Antes de esa edad estas fuerzas cósmicas no
están presentes. Es en el organismo donde tiene lugar esta transformación y, a
través de ella, se envían a éste fuerzas más poderosas de las que previamente
contenía. Estas poderosas fuerzas no están presentes en el niño antes de esa
edad. El niño carece de ellas, aunque las contiene de una forma aun débil, y obran
sólo sobre el alma en la vida terrenal, no en el cuerpo.

A los 35 años comienza un período donde el ser humano se vuelve más débil con
respecto a sus fuerzas anímicas, se hace menos capaz de soportar la aparición de
las fuerzas destructivas en su organismo. Antes de esta edad,  el propio
organismo constituye un apoyo fundamental, por su tendencia inherente a
fomentar lo constructivo. Esta tendencia se prolonga a lo largo de la década de
los treinta, pero entonces comienza a predominar una tendencia
destructiva. Este proceso de destrucción no puede ser contrarrestado ni siquiera
por las fuerzas que emanan de los Seres de la Segunda Jerarquía.

A partir de entonces el alma debe recibir suficiente apoyo desde el cosmos para


impedir que el curso normal de la vida desemboque en la muerte a la edad de 35
años. Porque si hasta los 21 años sólo trabajaran los seres de la Tercera
Jerarquía y, después, desde los 14 hasta los 35 años, sólo los Seres de la
Segunda Jerarquía, estaríamos maduros para la muerte a la edad de 35 años, es
decir en la mitad del curso de la vida terrenal, a no ser que el cuerpo se siguiera
manteniendo por pura inercia. Pero esto no llega a suceder porque no ya desde los
35 años, sino desde los 28, y de nuevo durante tres periodos de siete años, hasta
los 49, obran en el hombre las entidades de la Primera Jerarquía: Serafines,
Querubines y Tronos.

Una vez más hay un septenio, entre los 28 y los 35 años, donde la Segunda y la
Primera Jerarquía trabajan conjuntamente.  Así, en realidad, la Segunda
Jerarquía funciona por sí misma durante el período comprendido entre los 21 y
los 28  años de edad.

Como he dicho antes, vamos a considerar el último período de la vida en la


próxima conferencia. Naturalmente, dirán: Pero ¿está el ser humano a partir de
los 49 años abandonado por todas las Jerarquías?. Estudiaremos esta posibilidad
en otra ocasión. Lo que estamos estudiando hoy no tiene por qué ser aplicado solo
a los que están por debajo de la edad de 49 años. Para empezar, sin embargo,
debemos aprender a conocer cómo vierten sus fuerzas las Jerarquías, en el curso
de la biografía humana.
Naturalmente, no hay que pensar que estos asuntos pueden ser adecuadamente
estudiados poniéndolos de una manera esquemática. Esto es imposible cuando
tenemos que entrar en las regiones de una vida superior.

Durante muchos años he estado hablando del hombre como un ser tripartito: el
hombre cefálico (neuro-sensorial), el hombre rítmico, y el hombre metabólico. Un
profesor dedujo de ello ¡lo que deducen los profesores!  que yo había dividido al
hombre en tres -la cabeza, el pecho y el sistema abdominal-; lo hizo así porque
puso esquemáticamente una cosa al lado de la otra. Pero yo siempre he puesto el
acento en que el sistema neuro-sensorio está realmente concentrado en la
cabeza, pero por otro lado, se extiende por todo el hombre. Lo mismo sucede
respecto al sistema rítmico. Las cosas vivas simplemente no se pueden poner una
al lado de la otra,  espacialmente.  De la misma manera no se debe concebir la
secuencia del funcionamiento de Ángeles, Arcángeles y Arkais limitado por lo
general a los tres primeros períodos de la vida, pues las consecuencias de estos
períodos continúan a través de la toda la vida, al igual que el sistema neuro-
sensorial se concentra principalmente en la cabeza, pero está presente en todo el
organismo. Podemos sentir con el dedo gordo del pie, ya que éste también
contiene el sistema neuro-sensorial. La tripartición del organismo humano es una
realidad, como también lo es la tripartición de la que voy a hablar ahora.

Al estudiar los septenios de la vida humana, se podría decir: por un lado el “yo”
humano está sujeto a numerosas influencias procedentes del mundo espiritual, al
igual que en el aspecto físico está sujeto a influencias procedente de los reinos
naturales. Como seres humanos estamos con nuestro “yo” expuestos a lo que nos
viene del cosmos, de una manera más complicada. Esta actividad espiritual que se
extiende a partir de las Jerarquías desde el cosmos hacia el hombre, también se
ocupa de la formación del karma durante la vida física en la tierra.

Los Ángeles, Arcángeles y Arkáis nos traen desde el mundo espiritual al mundo
físico, y son ellos principalmente los que nos acompañan a través de los tres
primeros septenios de la vida. Y  trabajan con más fuerza sobre todo en el
sistema cefálico. Todo el complicado y maravilloso desarrollo que tiene lugar en
nuestra vida sensorial e intelectual hasta la edad de 21 años está marcado por la
Tercera Jerarquía. Innumerables acontecimientos tienen lugar tras las escenas
de la conciencia ordinaria. Y es precisamente en estos acontecimientos donde
participan estos Seres de las Jerarquías Superiores.

Por otra parte a partir de la pubertad, alrededor de los 14 años en adelante,


Seres, cuyas fuerzas son más potentes que las de la Tercera Jerarquía,
comienzan a actuar en el sistema rítmico. La verdadera tarea de los Seres de la
Tercera Jerarquía (Ángeles, Arcángeles y Arkáis), es influir en nuestra vida
anímica. Desde la pre-existencia terrenal traemos con nosotros para las tres
primeras etapas de la vida fuerzas tales, que el alma es capaz de trabajar
poderosamente sobre el cuerpo físico. Durante este período, sólo son necesarias
comparativamente, las fuerzas mas débiles de la Tercera Jerarquía para venir en
ayuda del hombre.

Las fuerzas que necesitan la Tercera Jerarquía, para guiar y dirigir la vida
humana hasta los 21 años emanan de estas entidades desde las radiaciones
espirituales de Saturno (♄), Júpiter (♃) y Marte (♂).

Cuando la ciencia física trata de describir el cosmos, es muy ingenuo. De Saturno,


Júpiter y Marte irradian fuerzas de las cuales, los Ángeles  Arcángeles y Arkais
obtienen el entendimiento más profundo.

Cuando el hombre pasa el umbral de la muerte, entra, en primer lugar, en la


esfera de la Luna, donde toma contacto con Seres que una vez estuvieron en la
Tierra y que son jueces severos del bien y el mal que éste trae consigo. Por el
momento tendrá que dejar en esta esfera lunar el mal que forma parte de él. No
lo puede  llevar a la Región Solar. Luego pasa a través de la esfera Sol, y aún más
lejos en el cosmos. Las fuerzas de Marte, Júpiter y Saturno comienzan a
trabajar sobre él.

Transcurre la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, y en el camino de


regreso, cuando ha llegado de nuevo a la esfera Lunar, salen a su encuentro
los Ángeles  Arcángeles y Arkáis donde, por así decirlo le susurran: “Saturno,
Júpiter y Marte nos han dicho que te encuentras lisiado en determinados
aspectos. Nos han dicho que tuviste que dejar el mal, pero esto significa que
dejaste atrás algo de ti mismo y entraste como un lisiado en la esfera del Sol, así
como en las regiones más allá del mismo. Y la mirada de Saturno, Júpiter y Marte
caen sobre ti.”

En verdad, mis queridos amigos, la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento es


complicada. Tan pronto como pasamos por el portal de la muerte, acontece lo que
he descrito que se lleva a cabo en la esfera Lunar. El hombre debe dejar atrás
todo lo que de su ser se ha identificado con el mal. Es como si el cuerpo físico se
viera obligado a abandonar sus extremidades. Debido a que se ha identificado
con el mal, el hombre entra en la esfera Sol y al resto del cosmos en un estado
mutilado; mutilado, porque se ha visto obligado a dejar atrás ciertas partes de su
ser. Y cuando, después de haber pasado por el esfera del Sol, entra en la esfera
de Marte, Júpiter y Saturno, siente la mirada de los Seres que habitan en estas
esferas. Siente que estos Seres le contemplan  con la mirada penetrante de la
justicia, porque como tejedores de la justicia cósmica, observan cuanto de su ser
como hombre puede llevar hacia allí  Se miran en él. Cada uno de nosotros percibe
cuánto bien o mal se ha convertido en parte de nosotros, lo que hemos podido
llevar hacia arriba, así como lo que nos falta, es decir, lo que nos vimos obligados
a dejar atrás, cada uno de nosotros se da cuenta ¿hasta qué punto estamos
identificados con el mal?, ¿cuánto nos falta?. La mirada que nos dirigen los Seres
de Marte, Saturno y Júpiter hace que nos hagamos conscientes de nuestras
imperfecciones y defectos.

Transcurrido el tiempo, cuando el hombre se prepara para su nueva encarnación,


cuando vuelve de nuevo, Saturno, Júpiter y Marte comunican a los Ángeles,
Arcángeles y Arkais, lo que vieron y experimentaron cuando el hombre pasó
frente a ellos, con todas sus imperfecciones. Los Seres de la Tercera Jerarquía
tejen esto en él, por lo que el hombre lleva inscrito en su ser, lo que tiene que
hacer en la vida terrenal como compensación kármica.  Es en estos tres primeros
septenios de la vida (0-21 años) cuando Ángeles, Arcángeles y Arkáis trabajan
con especial fuerza sobre el ser humano, inscribiendo las demandas kármicas en
el sistema neuro-sensorio, en el sistema cefálico.

Cuando traspasamos los 21 años (en las próximas conferencias presentare lo que
ocurre con los seres humanos que mueren antes de esa edad) llevamos grabado en
nosotros lo que son las exigencias kármicas de nuestra vida. Esto se puede leer
en las personas de 21 años, se pueden percibir las demandas kármicas inscritas
en ellas, porque es en este período, hasta los 21 años cuando se inscriben estas
demandas. Las llevamos en el trasfondo oculto del sistema neuro-sensorio, en lo
que constituye nuestro fundamento anímico-espiritual.

Cuando, por el contrario, dirigimos nuestra atención hacia el curso posterior de la


vida, cuando observamos el ser humano entre las edades de 28 y 49 años, nos
encontramos con que no es tanto una cuestión de la inscripción de demandas
kármicas, sino más bien del cumplimiento del karma, la descarga del karma. En
este periodo de la vida aparece el cumplimiento kármico, lo que tenemos que
descargar en función de lo que se acuñó en los tres primeros septenios.

Así que aquí puedo escribir (ver diagrama): desde los 28 hasta los 49 años,
cumplimiento del karma. Durante el período comprendido entre los 21 y los 28
años las exigencias kármicas y el cumplimiento kármico se mantienen en
equilibrio.

Ahora, hay un notable fenómeno al que se debe prestar atención en nuestro


tiempo. En la época actual de la evolución de la humanidad existen muchos seres
humanos cuya última encarnación de importancia se produjo en los primeros siglos
después de la fundación del cristianismo, hasta aproximadamente el siglo VIII y
IX. (Esto no implica que no halla habido ninguna otra encarnación en el tiempo
transcurrido, pero en caso afirmativo, fue poco importante). Si tuviéramos que
hacer un estudio de los seres humanos que viven en nuestro tiempo y participan
en su cultura, podríamos encontrar que, con mucho, la mayoría de ellos tuvieron
su última encarnación importante en los primeros siete u ocho siglos después de
la fundación del cristianismo.

Ahora bien, este período tuvo un efecto notable sobre los seres humanos que
vivían entonces. Esto se puede percibir hoy en día cuando se observa a ciertas
personas en relación con su karma. Una y otra vez, mis queridos amigos, me he
impuesto la tarea de estudiar a una serie de personas, desde este punto de vista
en particular, personas que han adquirido un cierto grado de cultura
contemporánea, la cultura intelectual predominante en nuestra época que es la
cultura de la cabeza, así pues se trata de hombres que, comparativamente
aprendieron mucho. Piensen en el gran número de personas que se han convertido
hoy en día en profesores, de secundaria, funcionarios, y similares.  Estos han
aprendido mucho, han estado a las escuelas secundarias, incluso en las
universidades, y se han convertido realmente en personas muy inteligentes. (No
me refiero a esto, irónicamente, sólo pido que se lo tome en relación con lo que
he dicho en otras ocasiones sobre estas cosas). Hay un número incalculable de
personas muy listas hoy en día. La mayoría, de hecho, son tan inteligentes que
difícilmente se les puede decir nada, porque ellos ya lo saben. Cada uno tiene su
propio punto de vista, su criterio, cada uno pronuncia un juicio acerca de lo que se
le dice.

Así son las cosas en nuestro tiempo, pero sólo en nuestro tiempo. En épocas
anteriores era bastante diferente. Entonces eran pocas las personas que tenían
conocimiento, las demás escuchaban. No era normal que existieran tantas
personas inteligentes como las de hoy en día  incluso en la temprana juventud ya
se es sagaz. Basta pensar en cuántas personas menores de 21 años escriben -no
voy a decir poesía, pues eso se ha hecho siempre- sino que elaboran artículos de
prensa, incluso críticas serias.

Así pues, hoy en día la intelectualidad está extraordinariamente desarrollada. En


el caso de la mayoría de las personas, esta intelectualidad está influenciada,
fundamentalmente, por su encarnación en los primeros siete u ocho siglos
después de la fundación del cristianismo.

En estos siglos se fue debilitando paulatinamente en el alma humana el


sentimiento de lo que de la vida pre-terrenal venía a la existencia terrenal. Los
hombres comenzaron a interesarse cada vez más por lo que viene después de la
muerte y menos por lo que precedió a la vida terrenal. En este sentido he
señalado en reiteradas ocasiones que no tenemos una expresión adecuada para la
eternidad, sino sólo para la mitad de la eternidad que tiene un principio y nunca
termina. Para esta parte de la eternidad de la existencia del hombre tenemos la
palabra “inmortalidad”, pero a diferencia de las lenguas antiguas, no tenemos una
palabra para la otra mitad de la eternidad, que nunca tuvo un principio. La
eternidad abarca tanto la ‘inmortalidad’ como la ‘anatividad‘. Hemos venido a este
mundo como seres para quienes el nacimiento es solo una metamorfosis, al igual
que nos alejamos del mundo terrenal a través de la muerte que a su vez significa
sólo una metamorfosis, no un fin.

Esta consciencia estaba presente en el hombre hasta los primeros siglos


cristianos, el hombre se decía  “He descendido del mundo espiritual a la
existencia física”. Esta conciencia se hizo más y más débil hasta que el hombre
comenzó a limitarse con este otro pensamiento: ¡Estoy aquí!. ¿Qué pasó antes?
eso no me interesa. Lo que me interesa es lo que sigue después de la muerte. Esta
fue la conciencia que se hizo más y más potente durante los primeros siglos
cristianos. El sentimiento de existencia pre-terrenal se oscureció para los que en
ese momento estaban pasando por su última encarnación importante, y es por
esto que la inteligencia intelectual está actualmente totalmente dirigida a la
tierra. Es por ello  que la inteligencia que ahora muestra el hombre es enorme,
porque se dirige únicamente a lo terrenal. Cuando uno lleva a cabo investigaciones
kármicas en este dominio, aparecen cosas muy sorprendentes y
significativas. Voy a mencionar dos casos.

La primera es la de un hombre que enseñó historia en una escuela secundaria, un


hombre extremadamente inteligente y muy impresionante como profesor. Hasta
el momento en que las demandas kármicas aún estaban trabajando y luego a
través de esta zona neutra aquí (véase el diagrama anterior) – es decir, hasta el
comienzo de los treinta años, su inteligencia era muy evidente. Fue uno de los
muchos hombres realmente inteligentes de nuestro tiempo. Pero  en el momento
en que entró en esta fase aquí (de los 28 a los 49 años), su astucia ya no era un
apoyo y sus impulsos morales estaban en peligro. No quedaba nada sino la
intelectualidad, que entonces fue socavada. Cuando llegó el tiempo en el que las
fuerzas ya no estaban unidas al sistema neuro-sensorio, sino hacia las del final de
la vida, al sistema metabólico-motor, la naturaleza inferior reprimió lo que
anteriormente había emergido, expresándose de forma tan evidente en el
sistema neuro-sensorio. Esta personalidad que, en cuanto a la intelectualidad,
había comenzado con tanta fuerza en su vida, termino en una degeneración moral.
En una debacle moral. Este es un ejemplo.

Y ahora otro ejemplo –una personalidad que era aún más inteligente que la que
acabo de mencionar- pero de nuevo sólo inteligente. Era extremadamente miope y
estaba en posesión de una inteligencia realmente notable. Hasta la edad de 30
años, esta personalidad también, debido a su inteligencia, tuvo una fuerte
influencia sobre sus semejantes. Sin embargo, cuando  cumplió los 30 años, e
incluso los 35, cuando el sistema neuro-sensorio dejo de trabajar con tanta
fuerza, dando paso a la actividad del sistema metabólico, este hombre, que había
sido tan capaz e inteligente, se convirtió  en alguien absolutamente trivial y
banal, absorto en pequeñas disputas. Lo conocí en su juventud y confieso que me
sorprendió cuando lo encontré posteriormente entre las personas que quedan
absortas en la vida trivial característica de un partido. La observación de la ruta
de la exigencia kármica que conduce al cumplimiento kármico reveló que las
fuerzas de la inteligencia en los hombres de nuestro tiempo, preparadas en la
encarnación anterior durante los primeros siglos cristianos, no eran lo
suficientemente fuertes como para que el alma pudiera elevarse al reino de la
Primera Jerarquía, en el tiempo en que deviene más débil, cuando el cuerpo le
ofrece la oposición más grande.

Y entonces, para mi se hizo evidente, que el gran número de hombres que son tan
inteligentes, que pueden, sobre todo ser tan inteligentes a través de su
educación, estos hombres que en la primera época de la vida desarrollan la
capacidad de llegar con las fuerzas de su inteligencia a la Tercera Jerarquía,
(Ángeles, Arcángeles y Arkáis). Esto lo obtienen. Y en esta época de la vida son
personalidades que prometen.

Cuando entran en el ámbito de la Segunda Jerarquía, cuando están  por decirlo


así, entregados a esta Jerarquía. Cuando la Segunda Jerarquía (Exusiai, Dynamis,
Kyriótetes –Espíritus de la Forma, del Movimiento y de la Sabiduría) desciende a
los seres humanos, casi todos los seres humanos son capaces de procrear, de
reproducirse. Esta Jerarquía cósmica desciende. Aquí no hay un verdadero
abismo entre el hombre y las Jerarquías. Sin embargo, cuando el hombre llega a
sus 28 años y debe empezar a buscar una relación con la Jerarquía superior, la
Primera Jerarquía, debe encontrar esta relación con toda su naturaleza, hasta en
el sistema metabólico y las extremidades. Aquí se necesita una gran fuerza de
apoyo interior en el ámbito espiritual, y a la semilla que fue plantada en él
durante una vida anterior, en una época en que los hombres dejaron de pensar en
la existencia pre-terrenal,  le resulta imposible suministrar tales fuerzas.
En relación con el karma, uno de buena gana querría impresionar a todos los
verdaderos educadores y maestros, de la urgente necesidad de imbuir
intelectualidad con tal fuerza espiritual que cuando el ser humano pase a través
de los años posteriores de la vida, lo que se ha impregnado como fuerza moral en
su intelecto pueda ser capaz de mantener el equilibrio contra las fuerzas que lo
alejan de la Primera Jerarquía. (Vean la flecha en el diagrama.)

Es una cuestión de gran interés en nuestra época comparar la segunda parte de la


vida humana con la primera, y los que tienen una aptitud para la observación de la
vida deben comenzar a practicar la observación desde este punto de
vista. Porque las cosas de las que he hablado se producen en la vida ordinaria; Los
ejemplos que he dado son tomados de la vida cotidiana y pueden ser multiplicados
no por cien, sino por mil, los encontramos por todas partes.

Pero también se puede encontrar algo distinto, en donde lo mismo solo se


muestra en una región superior de la vida. Siempre he estado interesado en el
camino del desarrollo espiritual de  la humanidad, y cuando dirijo mi atención a un
numero de estos hombres, que entran en la vida de forma tan productiva, que
incluso como jóvenes poetas o artistas causan una gran impresión sobre sus
congéneres, y mas tarde dirijo la mirada a los mismos,  de quienes se dijo
cuando tenían 24, 25, 26, 27 años: “¿Qué talento maravilloso!” veo que se
hicieron mayores y todo se agoto, todo se quedo en la poesía o en lo artístico de
la juventud. Mas tarde, todo se seco. No tenían ya la relevancia anterior, se
agotaron en el terreno en que gozaron una vez de significación real.

Si ustedes recorren los nombres de los que  se han hecho una reputación como
jóvenes poetas o artistas y luego perdieron todo derecho a ser incluidos en los
anales de la literatura o el arte, encontrarán abundantes pruebas de lo que estoy
diciendo.  Con ello quiero  mostrar cómo las diferentes épocas de la vida humana
revelan de muchas maneras cómo entra en vigor el karma y los impulsos del
karma.

Todo lo que es meramente intelectual y materialista realmente sólo puede influir


interiormente en el ser humano en su juventud. Solo puede mantenerse a lo largo
de toda la vida humana en concordancia con el karma a través de la vida terrenal,
lo que como espíritu se añade a lo intelectual. Por lo tanto, cuando observamos el
tipo de destinos que he descrito, debemos mirar hacia atrás, a las encarnaciones
anteriores, donde al hombre no le fue dado el dirigir su atención a lo espiritual.
Lo espiritual solo puede ser aprendido cuando la mirada se dirige a la vida antes
del nacimiento, no sólo a la vida después de la muerte.

Estamos sumergidos en una autentica tragedia y hay múltiples cosas que no llegan
a resistir la prueba de los años. En la juventud, los ideales son abundantes, y en la
vejez pocos permanecen. Las personas mayores se basan más en el Estado y en
sus pensiones que en el poder que sustenta la vida misma,  necesitan apoyo del
exterior, porque no pueden encontrar en sí mismos lo que les lleva a vincularse
con la Primera Jerarquía.

Vemos pues, que si queremos estudiar el karma por la senda correcta, debemos
prestar atención a los diferentes miembros del hombre que se engranan unos con
otros.  Cuando el hombre pasa a través de las tres primeras épocas de la vida,
luego por las tres segundas y más tarde por las tres siguientes, vive de tal forma
que primero tiene relación con la Tercera Jerarquía. Después añade la relación
interior, inconsciente, con la Segunda Jerarquía y finalmente con la Primera
Jerarquía. Sólo sobre la base de este conocimiento podemos juzgar hasta qué
punto el hombre permite que sus impulsos kármicos, puedan llegar a su
expresión. Pues es este saber respecto a la relación del hombre con las
Jerarquías Superiores, el que otorga y muestra lo que es  la vida humana, en la
realidad concreta.

Los Ángeles, Arcángeles y Arkáis nos dicen en nuestro inconsciente durante las
tres primeras épocas de la vida: “todo esto lo has traído de épocas anteriores, a
partir de vidas terrenales anteriores. Esto lo debes tomar sobre ti mismo”. Esto
se nos dice en nuestra experiencia subconsciente de la vivencia del destino. Y en
verdad, este mensaje de destino resuena constantemente en nosotros a lo largo
de estos tres septenios, proveniente de la Tercera Jerarquía: “Esto es lo que
Saturno, Júpiter y Marte han impuesto sobre ti. Sus fuerzas se nos han
revelado”.

Luego pasamos a todo lo que viene de la Segunda Jerarquía, desde la región solar,
y por último lo que viene de la Primera Jerarquía, desde la esfera de Venus,
Mercurio y la Luna. Y así como los Ángeles evocan en las primeras épocas de la
vida: “nos dijeron Saturno, Júpiter y Marte que esto te ha sido impuesto para
llevarlo en la vida”, así desde los 28 años se encuentran en nuestra inconsciencia
los Serafines, que también nos hablan: “Todo esto queda contigo, porque no
puedes llevarlo a cumplimiento, porque eres incapaz de elevarte hasta nosotros,
esto se queda contigo y has de soportarlo en la siguiente vida terrenal; tú no
puedes equilibrarlo porque no tienes la fuerza para hacerlo”.

Por debajo de la consciencia del hombre hablan las fuerzas del karma, las
fuerzas que forman el destino. Hablan desde  las tres Jerarquías Superiores. Y
si tenemos la facultad sensitiva de percibir lo que entra en nuestra vida como
destino, entonces también podemos presentir con reverencia y asombro cómo en
el curso de nuestra vida los Seres de las Jerarquías Superiores están tejiendo
en nuestro destino. Y en verdad, sólo entonces aprenderemos a ver la vida de la
manera correcta.
Porque, ¿quién estaría satisfecho, si, cuando nos preguntan acerca de un hombre
de cuya vida en la tierra se quiere saber algo, y se presupone que podemos
contestar, nos limitamos a responder: “Oh, se llama Joseph Müller. Todo lo que
puedo decirle es sólo el nombre?. Pues ante esa pregunta se esperaba que se iba
a decir algo más que un nombre: los eventos de su vida, algo que arroje luz sobre
las fuerzas e impulsos que influyeron en su vida terrenal. Nadie que realmente
quiera saber algo acerca de un ser humano puede quedarse satisfecho con sólo
saber su nombre. Pero en esta época materialista,  por desgracia, los hombres se
conforman con el concepto “hombre” respecto a lo que se encuentra detrás de la
conciencia ordinaria, en donde obran los Ángeles, Arcángeles, Arkáis, Exusiai,
Dynamis, Kyriótetes, Querubines, Serafines y Tronos; pero no solo con la palabra
“hombre”, sino con el concepto general “hombre”. No miran a las realidades
concretas. Pero tienen que aprender a hacerlo, los hombres tienen que aprender
a dirigir de nuevo la mirada a estas realidades concretas de la vida humana.

Traducido por Gracia Muñoz.

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