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La ideología alemana – Marx y Engels

Crítica a los hegelianos y neohegelianos: “liberemos a los hombres de los fantasmas cerebrales, de las ideas, de los
dogmas, de los seres imaginarios bajo cuyo yugo degeneran. Rebelémoslos contra esta tiranía de los pensamientos”

Fin de la filosofía hegeliana, pero sumisión a ella

En Alemania se produjo una revolución filosófica desde 1842 a 1845, que se produjo por la descomposición del
sistema hegeliano que revoluciona, también, todo lo del pasado, es la “putrefacción del espíritu absoluto”.

La crítica a la filosofía alemana no terminaba de salir de la filosofía ya que todos los problemas y sus respuestas
brotan del sistema hegeliano. “La sumisión a Hegel es la razón de por qué ninguno de los modernos críticos ha
intentado una crítica del sistema hegeliano, por más que todos afirmen haberse remontado sobre Hegel”. Toda la
crítica filosófica alemana se limita a la crítica de las ideas religiosas, y por todas partes se ven dogmas.

Los viejos hegelianos comprendían las cosas cuando las reducían a una de las categorías lógicas de Hegel, los
neohegelianos criticaban todo sin más que deslizar por debajo ideas religiosas. Pese a su fraseología supuestamente
revolucionaria, los neohegelianos son los más conservadores, no combaten en modo alguno al mundo real, sino que
se limitan a reconocer lo existente interpretándolo de otra forma.

Marx y Engels: premisas reales, historia contada desde el materialismo

Las premisas de las que parten Engels y Marx no son arbitrarias, sino premisas reales de las que sólo es posible
abstraerse en la imaginación: individuos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida. Estas premisas
pueden comprobarse empíricamente. En la historia, partir de las condiciones reales y lo empíricamente registrable,
significa dejar de considerarla una colección de hechos muertos o una acción imaginaria de sujetos imaginarios.

La primera premisa de toda historia humana es la existencia de seres humanos, su comportamiento y relación con la
naturaleza (para producir medios de vida y consecuentemente su propia vida material). Toda historiografía tiene que
necesariamente partir de la naturaleza y las modificaciones que experimenta en el curso de la historia por las
acciones de los hombres. Los hombres son cómo manifiestan su vida, es decir, son su producción (lo que producen y
cómo lo producen), lo que los individuos son depende de las condiciones materiales de su producción (esta
producción aparece sólo al multiplicarse la población, y presupone un intercambio entre los individuos)

La estructura interna de cada nación depende del grado de desarrollo de sus fuerzas productivas, el cual se puede
ver en el grado hasta el cual se haya desarrollado la división del trabajo. La división del trabajo dentro de una nación
se traduce en la separación del trabajo industrial y comercial con respecto del trabajo agrícola (y después entre
trabajo comercial del industrial). Cada fase de la división del trabajo es una forma distinta de propiedad, cada fase
determina las relaciones de los individuos entre sí y con el instrumento y producto del trabajo.

La primera forma de propiedad es la tribu (división del trabajo todavía poco desarrollada, es sólo la extensión de la
división natural del trabajo existente en el seno familiar. Hay esclavitud), la segunda es la propiedad comunal (brota
como resultado de la fusión de diversas tribus para formar una ciudad. Va desarrollándose la propiedad mobiliaria e
inmobiliaria. La división del trabajo está más desarrollada) y la tercera la propiedad feudal (no hay esclavos sino
siervos de la gleba, muy similar a la comuna pero diferente en las condiciones de producción). Determinados
individuos –como productores- actúan de un determinado modo, contraen relaciones sociales entre sí y políticas
determinadas. La organización social y el Estado brotan del proceso de vida de estos individuos, no de como puedan
presentarse en la imaginación, sino de cómo actúan y producen materialmente bajo ciertas condiciones.

Con respecto a la historia, se entiende que los hechos históricos tienen 3 fases coexistentes y eternas, 3 momentos
que han existido desde el principio de la historia hasta hoy. Estas son: 1) La producción de medios indispensables
para satisfacer necesidades (es decir, producir la vida material misma) 2) La creación de nuevas necesidades nacidas
de la satisfacción de necesidades previas y 3) La renovación de la vida de los hombres creando más hombres. Así, se
manifiesta una conexión materialista de los hombres entre sí, condicionada por las necesidades y el modo de
producción (esta conexión también existe desde siempre y va adoptando nuevas formas).
Conciencia en condiciones de emancipación, toma de poder

El hombre tiene una conciencia, que de antemano no es “pura” sino que está “preñada” de materia y se manifiesta
bajo la forma del lenguaje. La conciencia es aquella que percibe el mundo inmediato y sensible que nos rodea, los
nexos con las otras personas y la naturaleza. La conciencia de la necesidad de entablar relaciones con otros es la
conciencia de que se vive dentro de una sociedad (conciencia gregaria) que se perfecciona con el desarrollo de la
productividad. La división del trabajo físico e intelectual pone a la conciencia en condiciones de emanciparse.

Toda clase que aspire a implantar su dominación debe comenzar por conquistar el poder político para presentar su
interés como interés general. Existe una separación entre los intereses particulares y los comunes, y la lucha práctica
entre ambos impone como algo necesario el refrenamiento por el interés general bajo la forma del Estado. Para
acabar con esta enajenación (consolidación de nuestros propios productos en un poder material erigido sobre
nosotros y sustraído de nuestro control) son necesarias ciertas condiciones:

Para que se convierta en un poder insoportable sobre al que haya que rebelarse, es necesario que el sistema
engendre una masa de desposeídos en un mundo repleto de riquezas, lo que significaría un gran aumento de fuerza
productiva, que permitiría a su vez un intercambio universal de los hombres en donde se darían cuenta que el
fenómeno de los desposeídos se da en todos los pueblos. Sin esto, el comunismo solo existiría como fenómeno local.
El comunismo empíricamente solo puede darse como la acción coincidente o simultánea de los pueblos dominantes,
lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal.

Cuando los individuos extienden sus actividades a un plano histórico universal, se ven cada vez más sometidos a un
poder extraño a ellos, poder que adquiere el estado de masa y en última instancia, se revela como mercado mundial.
Pero se demuestra empíricamente que, con el derrocamiento del orden social existente que provocaría la revolución
comunista y la consecuente eliminación de la propiedad privada, se disuelve ese poder misterioso y se producen el
control y la dominación conscientes de esos poderes (que hasta ahora han venido imponiéndose sobre ellos como
fuerzas extrañas).

Según el marxismo, el verdadero escenario de la historia es la sociedad civil (versus la concepción histórica alemana
que omite las relaciones reales y sólo mira a las acciones de los jefes de Estado). La sociedad civil es la forma de
intercambio condicionada por las fuerzas de producción existentes en todas las fases históricas anteriores. Abarca
todo el intercambio material de los individuos en una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas.

Historia idealista

Los autores critican a la historiografía alemana que explica todo por medio de categorías idealistas como el espíritu y
la conciencia, cuando la verdadera causa de las ideas y los hechos son las relaciones materiales. Los alemanes
excluyen de la historia el comportamiento de los hombres hacia la naturaleza, engendrando la antítesis naturaleza e
historia. También hablan de “creer a cada época por su palabra, por lo que ella dice de sí misma”, cuando en realidad
las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes de cada época (la clase dominante dispone de los medios
para la producción material y espiritual), y el idealismo se ha encargado de separar las ideas de los individuos
dominantes (que dominan por razones empíricas, bajo condiciones empíricas y como individuos materiales) de estos
individuos dominantes, reconociendo en su lugar el imperio de las ideas.

En Alemania el método consiste en descender del cielo a la tierra (idealista) pero la forma correcta es la contraria, se
debe partir de las condiciones materiales que se subliman en la cabeza de los hombres.

Feuerbach aspira a crear una conciencia exacta acerca de un hecho existente mientras que el verdadero comunista
pretende derrocar lo existente. La concepción feuerbechiana del mundo es meramente contemplativa, y ve el
mundo como algo directamente dado desde siempre y constante, cuando en realidad es un producto histórico,
resultado de la actividad de todas las generaciones anteriores. Le lleva ventaja a los materialistas “puros” de que ve
al hombre como un objeto sensible, aunque según el marxismo es una actividad sensible, es decir, concibe a los
hombres dentro de su trabazón social dada en vez de detenerse en el concepto abstracto de hombre. El
materialismo y la historia, en la teoría de Feuerbach, están separados.

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