Está en la página 1de 14

Capitulo V

CAUSA EFICIENTE DE LA EDUCACIÓN


LOS AGENTES EDUCATIVOS
Maestro es quien transmite la Verdad
que ha contemplado
1. Introducción: La causalidad eficiente. Concepto. Modo de causar:
Posibles divisiones de la causa eficiente
Hemos visto que la educación es un proceso, y como tal implica un
movimiento, un ir haciéndose. Si el movimiento se define como el pasaje
de la potencia al acto, y nada puede pasar de la potencia al acto si no es por
un ser en acto, tendremos que buscar ahora que es lo que está en acto en la
educación que hace que se genere el movimiento. Nos preguntamos por el
motor del movimiento. O lo que es lo mismo, cuál es la causa eficiente de
la educación, o su agente del verbo ago, agere, hacer). En definitiva, que
es lo que hace pasar a un hombre de no educado a educado.¿Quién pone en
movimiento la educación? ¿Por qué o por quién se comienza el proceso?
¿Quién educa?
Todo lo que se mueve, se mueve por otro, dice Aristoteles. Movimiento,
metafisicamente, es todo cambio, todo devenir, de cualquier clase. Lo mo-
vible no tiene el movimiento en acto, sólo en potencia. El movimiento es su
acto, provocado por algo en acto. Puede ser el mismo sujeto, pero en tanto
otro.
169 TOMAS AQUINO, quien retoma una tradición dominicana.

Cada una de las causas de la educación causa de una manera particular,


por eso se distinguen. De entre ellas, la eficiente es el analogado principal.
Se dan en esta causa de modo más manifiesto las características propias de
una causa. Se la llama también el agente, el autor, el causante, el motor. Es
el
que produce el efecto a secas. Todo efecto tiene una causa proporcional
y adecuada, y la causa y el efecto se oponen y suponen. Si bien se diferencian
entre sí, causa y efecto, en cierto modo el efecto está contenido en la causa,
al menos como principio (Para calentar, el fuego debe estar caliente; “nadie
da lo que no tiene", es la expresión de la sabiduría popular del principio
metafísico: el obrar sigue al ser).
La causa eficiente es aquella que por su acción influye el ser en otro, o
hace pasar a algo de la potencia al acto, o del no ser al ser. Es la causa pro-
ductora, que educe la forma de la materia, por lo que decíamos que es el
analogado principal en el tema de las causas. Indudablemente en el caso de
la educación, al tratarse de un ser accidental, y que está en devenir, que se
hace y se continúa haciendo, la causa eficiente tendrá características espe-
ciales. Su efecto es una modificación cualitativa que permanentemente
vuelve a cambiar, y que es a su vez generadora de movimientos y cambios
subsiguientes. Por otra parte, tiene una relación constitutiva y trascendental
con la causa final, sin la cual no puede darse. Nada se mueve si no es para
algo.
A poco de considerar a la causa eficiente se percibe que se puede hablar
de ella desde distintas formalidades, por lo que cabe dividirla en:
a) Causa eficiente per se y per accidens. La primera es aquella que por
su propia entidad influye el ser en otro. La que lo es per accidens, es la que
se une con la causa per se pero no comunica con ella en la razón de causa.
Así el alfarero que hace un cenicero con la arcilla, el padre que engendra un
hijo, el fuego que cocina la comida, serían causas eficientes per se. En
cambio, causa eficiente per accidens podría ser una figura (muy bonita)
formada en la pared por una mancha de agua (Actúa como "por casualidad"),
o al leer una carta, una persona sufre un ataque de corazón y se desmaya.
(La emoción que desata la lectura de la carta se ha unido a la causa eficien-
te principal que es el flujo sanguíneo, y ha causado el desmayo. La carta es
causa eficiente per accidens del desmayo).

b) Causa eficiente principal y causa eficiente instrumental. La primera


es la que por su forma comunica el ser. La instrumental, influye en cuanto
es movida o actuada por la principal. Así la causa principal de una obra de
arte es el autor mismo, con su idea, mensaje y talento. La técnica que usa
es instrumental, como también los elementos para realizarla: pinceles, cua-
dernos, telas. La causa principal de los libros sagrados es Dios mismo, la
instrumental, los evangelistas o escritores sagrados. La causa instrumental
es verdadera causa y no mero medio ni condición. En la educación, la cau-
sa eficiente instrumental serían las técnicas que usa el agente para explicar,
persuadir, convencer, el material didáctico, etc.
c) Causa fisica y causa moral. La primera es -principal o instrumental-
la que por su virtud operativa alcanza la realidad misma del efecto. Y la
segunda se da en el caso del agente inteligente que influye o mueve a otro
agente para la acción. Es el caso tipico del instigador de un crimen, causa
eficiente moral del acto delictivo. O el consejero de una acción: causa efi-
ciente moral de la buena acción, pero la causa eficiente física es quien rea-
liza la acción (buena o mala).
d) Causa eficiente intrínseca y extrinseca. La primera se da en el caso
de los procesos naturales, en los que el movimiento está originado desde el
mismo sujeto. Tal el caso del crecimiento de una planta, del surgimiento de
un diente en un niño. En cambio la causa eficiente extrinseca, se da en los
procesos artificiales, como puede ser en la construcción de una casa la fun-
ción del albañil; o en el de una obra pictórica, artesanal, el caso del pintor
o el artesano.
Estas distinciones se pueden aplicar al proceso educativo. Aquí la dis-
tinción que resulta más relevante y abarcadora es la última: causa eficiente
intrínseca y extrinseca. En efecto, en este proceso se dan ambas, como se
ha visto en el capítulo anterior, ya que es un proceso artificial pero según
naturaleza. En la formación de los hábitos (causa formal de la educación)
hemos visto que se necesita tanto del mismo sujeto en movimiento cuanto
de la causa exterior que ejerce su acción, como sería el caso del maestro.
Por lo tanto, la causa eficiente aquí es doble:por una parte, en tanto artificial,
necesita de la correspondiente causa eficiente extrinseca. De otro, en tanto
natural, o según naturaleza, de la causa eficiente intrínseca.
2. Causa eficiente intrinseca de la educación: el ejercicio
de las facultades educables
Preguntarse por la causa eficiente intrinseca de la educación, es pregun-
tarse por el principio real que pone en movimiento el proceso de formación
de hábitos. Estos se encuentran en potencia en el sujeto como disposiciones
naturales. Pero se necesita algo en acto, como ya se ha visto, para que el
proceso comience. Esa primera estimulación la proporciona la misma rea-
lidad que se presenta como inteligible y querible, apetecible, para el hombre.
Esto hace que las potencias educables -inteligencia y voluntad y lo que cae
bajo su imperio- comiencen a ejercitarse. "El ejercicio de las potencias
educables pone en marcha el proceso educativo", es decir, "los actos que el
hombre realiza originan, en las facultades por las que obra, ciertos hábitos
operativos que le ponen en trance de poder llegar a ser lo que requiere el
estado perfecto de su naturaleza!70". Así entonces se originan los hábitos,
que pueden ser perfeccionados cuantitativa y cualitativamente, hasta llegar
a la consumación de la educación que se da en la posibilidad de uso de dichos
hábitos.
3. Causa eficiente extrinseca: agentes educativos. Naturaleza de cada uno. Competencias.
Contenidos. Medios. Hábitos especificos
El hombre en cuanto sustancia es el principio de su actividad. Pero no
es por esencia actividad. "Necesita, para obrar, la ayuda de otro. Aunque
este otro no pudiera decirse causa de las determinaciones educativas del
hombre, sino mera causa de que los principios esenciales de la sustancia
pasen al ejercicio actual de su propia actividad, seguiría siendo necesaria la
apelación a él para poder explicar exhaustivamente la realización del pro-
ceso educativo [...]"). Las facultades mismas, que son por las que opera el
hombre, están en potencia, por lo que necesitan ser actuadas, necesitan de
algo en acto para que el ejercicio comience. Y esta estimulación proviene
de los agentes exteriores.

Éstos
para la educación son: la naturaleza, la cultura y la sociedad, tan-
to familiar, como las sociedades intermedias en sus distintas formas, la so-
ciedad política (el Estado) y la sociedad religiosa (la Iglesia). Como sintesis
de todas las influencias educativas, analizaremos el tipo de causalidad del
maestro. Éste actúa siempre por delegación de la familia, de la Iglesia, del
Estado, o de otras sociedades. Pero la causa eficiente principal, que será
movida por los agentes exteriores, es el mismo educando en cuanto se edu-
ca en cierto modo a sí mismo. Siguiendo a San Agustin, podemos decir que
encuentra en sí el Maestro que lo educa.
En cada caso es necesario puntualizar en qué consiste el agente, en qué
sentido educa o qué hábitos son los específicos de su competencia; de dón-
de proviene su deber y derecho para educar, y mediante qué educa.
Para poder educar hay que tener título o derecho de índole ético jurídico
y también habilitación profesional. No todos están capacitados para enseñar,
ni a todos los agentes les corresponde con el mismo deber y derecho la
educación en uno u otro ámbito. Así habrá ámbitos en que un agente edu-
cativo tiene una competencia principal o exclusiva, mientras que otros la
tendrán de una manera secundaria o accesoria. De hecho cuando no se
clarifica bien esta cuestión, los agentes usurpan unos a otros los derechos,
competencias y ámbitos. Así, por influencia del liberalismo y el positivismo
francés en su origen, el Estado, en la Argentina, ha usurpado y usurpa ám-
bitos que no le corresponden y se ha constituido en Estado Educador, a
veces en forma exclusiva, superando aún sus modelos foráneos. Por otra
parte, la educación es un proceso esencialmente social y la sociedad prime-
ra encargada de la educación es la familia. Pero ella aisladamente no puede
alcanzar sus fines, incluso los educativos, ya que es sociedad imperfecta.
Por ello es necesaria la participación de las otras sociedades. En orden al
bien mún, la sociedad civil tiene preeminencia sobre la familia, la cual
alcanza en aquella su conveniente perfección temporal. A la Iglesia, por otra
parte, le corresponde toda la esfera de la fe y de las costumbres, es decir lo
religioso y moral, directamente. Pero su magisterio se extiende a todo el
ámbito cultural y científico, en tanto se necesita que el mundo de la cultura,
el de la ciencia y el de la fe, funcionen armónicamente. La verdad es una,
el educando es una unidad también, por lo tanto, no puede haber hiatos
entre las distintas esferas.
Analizaremos a continuación cada uno de estos agentes.

3.1. Naturaleza
Naturaleza es lo dado, el conjunto de todas las cosas creadas. Es el
principio de los actos de conocimiento y el término de las tendencias ape-
titivas del hombre. Éste no llegaría nunca a conocer nada, si no hubiera
cosas naturales para conocer. En sí es una tabla rasa, que en diálogo con la
realidad pone en acto su capacidad de conocer y amar. ¿En qué sentido у
medida la naturaleza educa al hombre? En tanto participa de un logos uni-
versal. En efecto, el mero contacto con la naturaleza no educa de suyo.
Cuando decimos que la tierra, los frutos de la naturaleza, los animales,
"educan", nos dan alegría, enseñan y ayudan en la perseverancia y constan-
cia, o en la intuición del ritmo de los tiempos y la vida, en realidad, estamos
valiéndonos de ellos como indicios o signos. Lo son de una idea o de una
inteligencia (o mejor de una Persona), que nos disemina señales que debemos
decodificar. Hay una inteligencia y un amor detrás de esas pistas. Es esa
Causa de la naturaleza Quien las utiliza instrumentalmente, como "material
didáctico", Quien está educando. Es un camino, escrito fuera del hombre y
en el mismo hombre, para que éste lo recorra.
Las cosas naturales son principio activo de nuestros actos de conoci-
miento [...] y son término de nuestras tendencias apetitivas. Sin la naturale-
za exterior no se producirían en el hombre esas dos acciones inmanentes
perfectivas que responden a los nombres genéricos de conocimiento y
amor”"172. Santo Tomás describe estas operaciones del hombre en relación
con las cosas en su doble dirección: de atracción de las cosas por parte del
hombre en las operaciones de tipo cognoscitivo, y de atracción del hombre
por las cosas, en las operaciones tendenciales y de amor 73
3.2. Cultura
La cultura es todo lo que el hombre añade a la naturaleza. Lo que el
hombre ha cultivado en ella. Esa naturaleza puede ser la del mismo hombre,
y en ese sentido hablamos de un hombre cultivado, culto. Ésta es la cultura subjetiva. Si la
naturaleza cultivada es la exterior al hombre, se trata de la
cultura objetiva. Así hablamos del cultivo de la tierra, de un producto alimen-
ticio como el queso, de un cuadro o de una obra musical. En todos los casos
es un producto artificial, se constituye como un gran edificio construido por
sucesivas generaciones, que no surge espontáneamente por fuerzas naturales.
La cultura objetiva es fruto de la cultura subjetiva, pero a su vez, en la
medida en que es objetivada y tiene una vida independiente del hombre
mismo, es también causa del cultivo y de la educación de él.
El concepto de educación y el de cultura están intimamente unidos ya
que no se da una sin la otra: La educación es posible en tanto transmite un
legado cultural. Y éste no puede pensarse sino como causa y efecto de
aquélla. La cultura se constituye en una herencia social no biológica. La
educación en un sentido amplio es un proceso de enculturación, por el que
la cultura es dada por la sociedad y el hombre se apropia de ella. La educa-
ción formal no sería en este sentido sino una clase especial de enculturación.
La adquisición del habla, anterior a la educación formal, es el proceso más
importante de culturalización.
El ámbito en que la cultura educa abarca toda la vida del hombre, desde
lo sensible hasta lo religioso. Aqui se da un caso similar a lo que sucede con
la naturaleza, ya que a los objetos y ambientes culturales, les faltaría la in-
tencionalidad para ser educativos. Dicha intencionalidad la pone el creador
del objeto cultural. Éste se convierte así en causa instrumental de esta edu-
cación. Así el idioma, las ciencias, el arte, las técnicas, concretados en sus
diversos productos, un texto científico, narrativo, una escultura o un cuadro.
3.3. Sociedad
El hombre es un animal social. La sociabilidad es una propiedad, es
decir, un accidente que se deriva necesariamente de su esencia. Y la educa-
ción se constituye en este contexto vital, ya que por definición se da entre
dos. Y se da en el marco de distintas sociedades naturales: familia, Iglesia
o sociedad religiosa, y Estado o sociedad civil. Además se inserta desde su
nacimiento en distintas sociedades más o menos artificiales, en el seno de
las cuales también se desenvuelve, como pueden ser las distintas asociacio-
nes culturales y deportivas.

3.3.1. Familia
El hombre nace en una familia, sociedad con fundamento biológico. Es
la comunidad natural e imperfecta, necesaria, cuyo fin es la procreación y
educación de la prole y la ayuda mutua de sus miembros. La familia es
necesaria para que existan las otras comunidades y la nación misma. Parti-
cipa de algo sagrado por la generación de la vida en su seno. Pero además
por la continuación de dicha generación por la educación con la que actua-
liza su espiritualidad e introduce al hombre en la esfera de la trascendencia.
Es en la familia donde se transmiten los bienes y creencias fundamentales.
Es en su seno donde se forma la conciencia más elemental y en la que surge
espontáneamente una postura frente a la vida, especialmente respecto a su
sentido. Es allí donde se forma la cosmovisión que acompañará al ser hu-
mano, positiva o negativamente, durante toda su vida.
Santo Tomás ve el fundamento de la misión de los padres en la educación
como la continuación o complemento natural de la generación. El padre es
"principio de la generación, educación, disciplina y de todo cuanto se refie-
re al perfeccionamiento de la vida"74 Alfonso X el Sabio en su legislación
establece el deber de los padres para que lleven a sus hijos al acabamiento
de ser hombres, no sólo en los cuerpos y en sus miembros sino también en
las costumbres. Los padres son así los educadores natos de sus hijos.
Las funciones de los padres se sintetizan en que deben dirigir, regir y
corregir a sus hijos. Éste es su deber y su derecho: “Dirigir por los cauces
de su autentica finalidad al desarrollo perfectivo de los hijos; sostener y
regir, aumentando y favoreciendo el desenvolvimiento de los gérmenes
perfectivos de la naturaleza y corregir, enmendando y extirpando aquellos
otros que pueden imperfeccionar y degradar la naturaleza por no ser según
razón".
El derecho y el deber de educar le corresponden a la familia de modo
primario, y tienen su fundamento en el fin de la misma, en la razón de su
existencia. "El derecho de la familia tiene prioridad de tiempo y de natura-
leza respecto de toda otra sociedad posterior especialmente el Estado [...]
El Estado, que es posterior a la familia, tiene la obligación de respetar y
proteger la autonomía de la familia en orden a la educación de los hijos y
es por completo contrario a la naturaleza la sustitución y usurpación, por
parte del Estado, de este derecho inalienable de la familia. Debe decirse,
pues, que la educación es originariamente natural, libre, privada, en cuanto
emergente de la misma esencia de la primera sociedad que es la familia" 136.
El ámbito de competencia de la familia es en primer término la vida
sensible. El valor de ésta, la salud, cae bajo su responsabilidad directa. Esto
que siempre ha sido admitido como obvio, es cada vez más frecuentemente
mutilado o discutido. El fortalecer los lazos familiares es, además, la mejor
medida preventiva de problemas de salud en el sentido integral de ésta.
Le corresponde naturalmente también a la familia la educación moral y
social. En el seno familiar es donde se fortalece y encamina la voluntad
mediante los hábitos básicos que regulan la afectividad, los de laboriosidad,
constancia, perseverancia, control de sí mismo, veracidad, orden, respeto,
estima de la propia dignidad. La formación del criterio para juzgar acerca
de lo bueno y lo malo, de lo bello y lo feo, lo digno y lo despreciable, por
afirmación u omisión, se forman en la familia. Es muy difícil suplir luego
esta función básica. Esto exige una determinación y un esfuerzo consciente
y constante, y siempre quedan deudas y cuestiones pendientes cuando se
pierde la oportunidad que da la situación educativa natural del seno familiar.
Es aquí también donde se adquiere el sentido de pertenencia a una nación,
el respeto a los símbolos patrios, las costumbres básicas que hacen a la
convivencia cívica más elemental. La primera óptica mental que incluso
distingue a los hijos de una familia de otra, es fruto de esa primera postura
práctica ante la vida, de esa decisión diaria y vital de elegir unos valores en
lugar de otros como forma de vida.
Es también en la familia donde se aprende el catecismo básico. Ella es
la “Iglesia doméstica". Por ella el individuo se inserta también en la comu-
nidad religiosa.
Si bien la estimulación y disposición de la inteligencia son producto de la
intervención familiar, la educación científica no le corresponde directamente
Los medios de que dispone la familia son en primer lugar, el ejemplo y
el clima o ambiente que se crea en el hogar. El diálogo y el decir cotidianos
son auxilios importantísimos, pero secundarios respecto a las vivencias
cotidianas. Un clima de respeto, de trabajo, de veracidad, de amor, deja
huellas indelebles en la formación de la persona. Permiten conocer y cono-
cerse a sí mismo sin perturbaciones. Especialmente el autoconcepto y la
autovaloración que se aprenden como reflejos de la opinión del entorno
primario, quedan grabados y son difíciles de modificar. Son, además, los
principios explicativos de las conductas futuras.
3.3.2. Sociedades intermedias
Hoy la sociedad toda debe asumir, y de hecho lo hace, aunque no siem-
pre ordenada y eficazmente, la función de la educación. Así los profesiona-
les de los distintos sectores se incorporan a esta tarea a través de las asocia-
ciones profesionales, de los sectores públicos o de los sindicatos. En gene-
ral todo grupo intermedio (entre el hombre y el Estado) participa del carác-
ter de educador, ya que contribuye -o debería hacerlo-a que el ser humano
desarrolle y perfeccione sus potencias y logre su personalidad acabada.
Las empresas estatales o privadas pueden asumir y apoyar programas de
formación de cuadros profesionales de mando medio. Con ello se vería
también fortalecido y replanteado el sistema de Educación Técnica de una
manera eficaz y funcional.
El ámbito
que
a las distintas instituciones les corresponde depende de la
especificidad de las mismas. Así las corporaciones científicas tendrán que
ver con la formación en las ciencias y en las artes. Las profesionales, con la
formación y con el ejercicio competente y regulado de las profesiones. Las
deportivas, en su ámbito.
Todas, ya sea por extensión o por cuestiones prácticas, pueden tomar
aquellos ámbitos que le sean delegados. Así un club puede tener su escuela
deportiva e ir agregando, por razones de economía y unificación de esfuer-
zos, contenidos culturales generales, científicos, académicos, etc.
Los medios que pueden utilizar estas distintas sociedades tienen que ver
con sus fines. Los de comunicación deberían ser utilizados por todos los
agentes educativos, no sólo para informar y entretener, sino para dar educa-
ción sistemática. La incorporación de los medios virtuales, y las nuevas
tecnologías, con su fluir permanente, condicionan un cambio de dimensiones
de todo el sistema. De hecho son agentes educativos muy eficaces, aunque
muchas veces lo que transmiten y comunican es la crisis educativa, agudi-
zándola. Pero bien utilizados, constituyen un recurso excelente dada su
flexibilidad para corregir defectos у llenar lagunas de los otros agentes,
además de posibilitar la superación de tasas de analfabetismo, repitencia,
deserción, bajo rendimiento y desmotivación. Pueden contribuir a mejorar
la calidad y actualización de los contenidos pedagógicos que se imparten
dentro del sistema establecido, más rígido y anquilosado.
3.3.3. Iglesia
La Iglesia es la sociedad natural sobrenatural perfecta que tiene por fin
la salvación de las almas. Es suprema en su orden.
La Iglesia Católica fundó escuelas desde sus orígenes, tanto en Europa
cuanto en Argentina, en Occidente y en Oriente, con el fin primario de en-
señar el catecismo. Inmediatamente se fue extendiendo a la enseñanza de la
lecto-escritura y de oficios básicos. Así surgieron instituciones educativas
varias, desde las de enseñanza y formación general, hasta la universitaria,
pasando por escuelas de artes y oficios y técnicas. Las primeras universida-
des surgen en el seno de la Iglesia.
La necesidad de educar en un ambiente moral y científico coherente, con
la verdad como centro y motor, donde no haya contradicción entre los con-
tenidos de las ciencias profanas y las de contenido religioso, es lo que le dio
y le da un gran impulso a la obra educadora de la Iglesia.
En el orden sobrenatural tiene dos títulos para educar: 1) La expresa
misión y autoridad suprema que le dio el mismo Cristo. “Id, pues y ense-
ñad"177. 2) La maternidad sobrenatural por la que engendra, alimenta y
educa a todos los hombres para cumplir su fin: salvar a todos los hombres78.
En este plano corresponde a la Iglesia el derecho a la fundación de institu-
ciones educativas propias ordenadas a la salvación de los hombres, con
plena autonomía respecto del Estado. También por subsidiariedad puede y
debe ocuparse de la educación en todos aquellos ámbitos y aspectos en que
los otros agentes, de hecho, no pueden hacerlo.
Los medios que tiene la Iglesia para educar son: el ambiente educativo
que genera; los sacramentos, ritos y liturgia; el templo y su arquitectura; el
arte en sus distintas formas, las asociaciones y congregaciones, los medios
de comunicación; las escuelas e instituciones educativas de todos los nive-
les establecidas especialmente con fines de diverso orden.
Toda la educación de la Iglesia y de las distintas instituciones es pública.
El Bien Común es público en cuanto perteneciente a toda la sociedad civil
por lo que la escuela (como educación institucionalizada) es siempre públi-
ca, ya sea de gestión privada o estatal. La escuela pública es, con anteriori-
dad de tiempo y de naturaleza y en el orden natural, privada, emergente de
la libre iniciativa de las sociedades esenciales de primer grado (las familias)
y aún de las sociedades menores de segundo grado como los gremios, em-
presas y otras semejantes, que se fundan en el derecho natural de asociación
En el mismo orden natural, la escuela pública puede ser estatal (u 'oficial')
con posterioridad de tiempo y de naturaleza. El Estado, en cumplimiento de
su misión propia que es el cuidado y consecución del bien común, cumple
una función supletoria fundando escuelas allí donde la iniciativa privada no
puede cumplir con su misión educativa.
3.3.4. Estado
El hombre nace en el seno de una comunidad política, que es el Estado.
Éste constituye una comunidad natural, perfectamente autárquica cuyo fin
es el Bien Común Temporal. Éste consiste en la buena vida de sus miembros.
El Estado debe garantizar entonces, la creación de las disposiciones nece-
sarias para que todos sus miembros, todos los ciudadanos que lo integran,
puedan llegar a la realización de sus fines y vivan una vida feliz. Para que
esto se pueda dar la educación es necesaria. El Estado debe proteger y pro-
mover y no absorber a la familia y al individuo, ni tampoco suplantarlos.
Por tanto es deber del Estado, proteger en sus leyes el derecho a la educación
anterior de la familia. También el derecho de la prole cuando falte física o
moralmente la obra de los padres, por defecto, incapacidad o indignidad.
Debe promover asimismo la educación e instrucción de la juventud, favo-reciendo y
ayudando a la iniciativa de la Iglesia y las familias, completando
esta obra, donde ella no alcanza o no basta. Para esto puede tener escuelas
e instituciones propias ya que el Estado está provisto de medios, puestos a
su disposición para las necesidades de todos. Es justo entonces que los
emplee para provecho de aquellos mismos de quienes proceden. Además el
Estado puede exigir, y por tanto procurar, que todos los ciudadanos tengan
el conocimiento necesario de sus deberes civiles y nacionales, y cierto gra-
do de cultura intelectual, moral y física, que el bien común, atendidas las
condiciones de nuestros tiempos, verdaderamente exija!79. "El Estado debe
dejar hacer lo que puede llevar a cabo la iniciativa privada, ayudar a hacer
lo que la iniciativa privada puede realizar hasta cierto punto, y hacer por si
lo que la iniciativa privada de ninguna manera puede efectuar [...] no siendo
el Estado educador por naturaleza, [...] su deber debería reducirse al pru-
dente control de que la escuela pública (privada o del Estado) cumpla su fin
de ordenamiento al bien común”180.
La competencia del Estado para educar es de tipo práctico moral y social.
Le incumbe la formación básica cultural especialmente en lo que se refiere
a lo nacional y su inserción en el mundo. También la formación científica,
aunque la puede delegar. Lo que le es específico e indelegable es la forma-
ción militar.
Por el principio de subsidiariedad, el Estado tiene el derecho y el deber
de ocuparse de la educación allí donde la familia y las otras sociedades no
pueden llegar.
Los medios de que se vale el Estado para educar son ante todo las leyes.
La ley tiene una enorme fuerza educadora. Por otra parte, la existencia de
un ambiente socio político fuerte y sano crea un marco adecuado para que
las virtudes cívicas y morales crezcan y se desarrollen. La ejemplaridad de
los gobernantes constituye una causa eficiente y ejemplar eficaz. Así también
los medios de comunicación propios o que caen bajo su control son instru-
mentos valiosos. Y el sistema educativo formal, con sus escuelas, Univer-
sidades e instituciones varias, terminan de explicitar la fuerza del Estado
como causa eficiente de la educación.
Resumiendo lo que hemos dicho respecto de los agentes educativos:

Cuadros

4. Modos de adquisición de la ciencia y la virtud y modos


de preexistencia de las formas en la materia (naturaleza
y arte). La educción
ΕΙ
proceso educativo consiste en el surgimiento de una nueva forma, el
hábito operativo perfectivo, en una materia, el hombre y sus facultades,
¿Cómo se da ese pasaje? ¿Cómo adviene la nueva forma? ¿Cuál es el papel
de la causa eficiente extrínseca e intrínseca? Ya hemos visto en la unidad
anterior el proceso que da como resultado el hábito. Ahora veremos la fun-
ción específica de la causa eficiente en él. El tema de la enseñanza Santo
Tomás lo plantea dentro de la causalidad en general, y en ésta, de la causa
eficiente, tanto en la Suma Teológica 81 como en "El Maestro"182, y en la
Suma Contra Gentiles183. Para ello analiza el modo de preexistir la forma en
la materia en general, lo cual ya ha sido anticipado en el proceso de educción
en el capítulo anterior.
Las formas preexisten en la materia de dos modos:
a) En potencia pasiva, y el proceso por el que son generadas se llama
creación (en sentido amplio, ya que no es ex nihilo). Es el que se da en el
arte. Aquí no hay una causa eficiente intrínseca. Sí un agente exterior. Es el
caso, por ejemplo, de la fabricación de un cenicero a partir de arcilla, de una
escultura a partir del mármol, de una bufanda a partir de la lana. La forma
del cenicero, estatua, bufanda, preexistía en potencia pasiva en la materia.
Sin la acción del artesano, escultor, tejedor, no podría pasar al acto. Si este
planteo se aplicara al campo educativo diríamos que tanto los hábitos mo-
rales cuanto los intelectuales serían generados en el hombre por causa de un
agente exterior. Algunos pensadores como Avicena pensaron que dicho
agente está constituido por una inteligencia agente separada o “alguna subs-
tancia semejante a ella”. Se negaría aquí la participación del propio sujeto,
y en el caso de Avicena, de toda causa segunda, en la adquisición de la
ciencia (en sentido amplio) y las virtudes morales. El agente exterior (el
educador) "pone todo”. El alumno es una caja vacía, totalmente maleable a quien se le
depositan los conocimientos, como seria el caso del conduc-
tismo.
b) En acto, y el proceso se llama emanación. Se da en los procesos na-
turales. Aquí la causa eficiente decisiva es la causa eficiente intrinseca. Las
formas accidentales proceden del mismo ente como de su principio. Así
surge una flor en una planta, el pelaje en un animal. Si lo llevamos al ámbi-
to educativo diríamos que el hábito es intrínseco al hombre por naturaleza,
y que "mediante el ejercicio de las obras son removidos los impedimentos
que en cierto modo ocultan (a los hábitos)[...] como por la lima se quita la
herrumbre para que se manifieste la claridad del hierro"184. De la misma
manera las ciencias estarían en el alma desde su misma creación, por lo que
el maestro sólo puede llevar al alma a recordar lo que ya conocía, por lo
que aprender no es más que recordar. Un ejemplo de esta visión estaría dado
por Platón y la de todos aquellos que admiten conocimientos –o "bondades
o maldades”- más o menos acabados de tipo apriorístico en el alma del
sujeto. Así lo sostienen también aquellas posturas que reducen la educación
a mero desarrollo, como Rousseau, y en cierto sentido el mismo Piaget.
c) En potencia activa, y entonces el proceso se llama educción. Se da en
aquellos procesos que son artificiales según naturaleza. "El principio in-
trínseco es capaz de conducir hasta el acto perfecto, como se manifiesta en
la curación, donde el enfermo se sana gracias al poder natural que existe en
él [...]. Cuando preexiste algo en potencia activa completa, entonces el
agente extrínseco no obra sino ayudando al agente intrínseco, y ofreciéndo-
le aquello que le hace posible llegar al acto; así como el médico, cuando
cura, es ayudante de la naturaleza, que es la que obra principalmente, con-
fortándola y aplicando los remedios que ésta utiliza como instrumentos para
la curación [...]. Por eso, en el que aprende, la ciencia preexiste en potencia
no puramente pasiva sino activa; de otro modo, el hombre no podría por sí
mismo adquirir la ciencia"185. En efecto, así como alguien se puede sanar
de dos maneras: una por la sola acción de la naturaleza, y la otra, por la
naturaleza con el sostén de la medicina, así también hay un doble modo de
adquirir la ciencia: uno, cuando la razón natural llega por sí misma al cono-cimiento de lo
ignorado y este modo se llama invención (investigación); y
otro, cuando desde afuera algo apuntala a la razón natural, y este modo se
llama disciplina186
Y continúa diciendo Santo Tomás: "En aquellas cosas que resultan de la
naturaleza y del arte, el arte obra de la misma manera y por los mismos
medios que la naturaleza. Así como la naturaleza sana mediante el calor al
que padece por causa del frío, así también el médico; por lo cual se dice que
el arte imita a la naturaleza. De manera semejante sucede asimismo en la
adquisición de la ciencia, donde el que enseña lleva a otro al conocimiento
de lo ignorado siguiendo un procedimiento similar al que uno emplea para
descubrir
por sí mismo lo que ignora"187
"El proceso que sigue la razón para llegar por sí misma al conocimiento
y descubrimiento de lo ignorado es el siguiente: aplica a determinadas ma-
terias los principios comunes conocidos por sí mismos, para llegar así a
algunas conclusiones particulares, y de éstas a otras. Según lo cual se dice
que uno enseña a otro cuando le expone por medio de signos el proceso que
en sí hace por la razón natural, y así la razón natural del discípulo, por las
cosas que de tal modo le han propuesto, llega, como por instrumentos, al
conocimiento de lo ignorado.
Por consiguiente, así como se dice que el médico causa la salud en el
enfermo obrando la naturaleza del enfermo, así también se dice que el hom-
bre causa la ciencia en otro por la operación de la razón natural de éste. Y
esto es enseñar. Por ello decimos que un hombre enseña a otro y es su
maestro. Y según esto, dice el Filósofo, en 1 Posteriorum (comm.51), que
la demostración es un silogismo que hace saber.
Con todo, si alguien propusiera a otro alguna cosa que no está incluida
en los principios evidentes, o que no es patente que en ellos se incluya, no
producirá ciencia en él, sino quizás opinión o fe; aunque también esto de
algún modo sea causado a partir de los principios innatos".
porque se sabe
que "lo que de ellos necesariamente se sigue debe ser sostenido con certeza,
y lo que les es contrario debe ser totalmente rechazado; las demás cosas
pueden ser o no aceptadas”.

[Ahora bien), "la luz de la razón, gracias a la cual conocemos tales


principios, ha sido introducida por Dios en nosotros, resultando en nosotros
como una semejanza de la verdad increada por lo tanto, como cualquier
enseñanza humana no puede tener eficacia sino en virtud de aquella luz,
consta que solo Dios es quien interior y principalmente ensefa, así como
también la naturaleza interior y principalmente sana"
Vemos así que el agente exterior y el interior (educando y Dios mismo)
se desempeñan articuladamente. Las nuevas formas accidentales proceden
como de su sujeto pero necesitan de un principio activo (causa eficiente)
diferenciado. En última instancia la causa eficiente principal radica en el
interior del alumno mismo.
La educación exige por lo tanto, una causalidad compleja: la eficiente,
intrinseca y extrinseca, por la cual se realiza; la material de la que nace y
en la que se concretiza la nueva forma (causa formal); en vistas a un fin
(causa final) según un modelo (causa formal extrinseca o ejemplar).
5. El maestro. Tipo de causalidad que ejerce. Metáforas de su labor
El tratamiento de la causa eficiente extrinseca se concreta en la acción
del maestro. Este término está tomado como sinónimo de educador en ge-
neral, incluyendo no sólo los agentes del proceso formal sino también, en
primer lugar, los padres, pero también el médico, el politico, el abogado, el
sacerdote, el comunicador en general. Y dentro del sistema, los directivos,
el personal administrativo, junto con los planificadores y demás actores, son
agentes educativos.
Sintetizando el tipo de causalidad que ejerce el maestro, podemos decir
que ejerce una causalidad eficiente: D Per accidens. Ello se debe a que se
une a las mociones de la misma voluntad e inteligencia del educando, que
actúan como causa per se para que se origine o se perfeccione el proceso
educativo. 2) Dispositiva: Prepara al educando al desembarazar de obstácu-
los y predisponer positivamente para la formación de habitos. El maestro es
como el agricultor con respecto al árbol, dice Santo Tomas parafraseando a San Agustín. Lo
cultiva, y así el hombre no da la ciencia sino que dispone
para ella. Como el jardinero debe desmalezar la tierra, fortalecerla, plantar,
regar, cuidar de pestes a las plantaciones, el maestro debe preparar al disci-
pulo, motivarlo, alentarlo, fortalecerlo, estimularlo para la formación de los
hábitos, y para que los procesos tengan continuidad. 3) Auxiliar: Ayuda a
la naturaleza del alumno, imitándola en su actividad para que el proceso
educativo se dé. Asiste a la razón mediante signos y palabras para que el
discípulo construya sus propias imágenes a partir de las cuales conozca y
produzca la ciencia. 4) Consiliante o directora de las actividades que el
alumno realiza. En definitiva, el maestro es quien tiene la intencionalidad
de la educación que debe ir traspasándola poco a poco al discípulo. No
ejerce la principalidad del magisterio.
¿Qué es lo que hace el maestro entonces? Ayuda por medio de algunos
signos sensibles (ejemplos, palabras, imágenes) para que el alumno reduzca
al acto aquello que implícitamente y como en potencia se contenía en los
principios. También lo conforta (“contiene", decimos ahora) y anima para
que supere los obstáculos que se le presentan en la búsqueda del saber; le
muestra el camino; le facilita el método; le ayuda a localizar los conoci-
mientos previos. Como dice San José de Calasanz, el maestro es el Coope-
rador de la Verdad 89. Coopera con Dios como Verdad iluminadora de la
mente y el corazón del discípulo. Coopera también con el mismo alumno
para que él vaya haciendo el proceso necesario para develar la verdad y lo
acompaña y anima en su encuentro con el Maestro Interior.
El conocimiento se produce en el alumno no por el conocimiento de los
signos externos. Lo que se presenta en parte es conocido y en parte ignora-
do. Toda disciplina se edifica a partir de un conocimiento preexistente, como
hemos visto reiteradamente. El maestro se apoya en lo que el alumno ya
sabe (principios o conocimientos explícitos o no) y a partir de ahí lo ayu
a abstraer y a concretar, aplicar, y llegar a nuevas verdades.
Aunque el propio sujeto puede ser en cierto modo causa del saber para
sí mismo, no puede llamarse maestro de sí mismo, pues es necesario que
aquel que enseña o es maestro tenga explícita y perfectamente la ciencia que
causa en otro. El maestro enseña en cuanto tiene la ciencia en acto. El dis-cípulo la tiene en
potencia porque tiene los principios y la luz del intelecto
agente. Por ello el docente guía al alumno. No podría hacerlo si no cono-
ciera los caminos por los que debe transitar. El maestro comunica la ciencia
de la misma manera que él la posee, o sea, yendo de los efectos a las causas.
Los conceptos que posee el maestro se deben hacer patentes al discípulo por
medio de algunos signos, que hacen que éste conozca, que se vaya constru-
yendo la ciencia en él. Pero la verdad depende de la existencia de las cosas
y de la adecuada relación con ellas de nuestra parte.
5.1. Vida activa y vida contemplativa
La vocación docente, vocación por la educación y la enseñanza, implica
algo más que una profesión. Es un modo de vida, que afecta a todo el ser de
la persona llamada a esta misión. Supone una vida de estudio cuya cumbre
es la contemplación. Sin ese estudio y contemplación no se puede enseñar,
sin contemplación de la verdad no surge la necesidad de transmitirla. Por
otra parte, el enseñar es una obra de misericordia, que exige una técnica,
una comunicación eficaz con los otros hombres. Surge así la vocación de
servicio para entregar la verdad contemplada; surge la necesidad y el deseo
de que todos conozcan; de ayudar a que mejoren; de ayudar a que lleguen
a la felicidad, sed legítima de todo hombre.
Esta doble vertiente de la vida magisterial hace posible la pregunta
acerca de si el enseñar es propio de la vida contemplativa o de la vida acti-
va. Éstas se distinguen por la materia y por el fin. La materia de la vida
activa son las cosas temporales, sobre las cuales versa el acto humano; la
materia de la vida contemplativa es la inteligibilidad de las cosas, la verdad.
Por otra parte, el fin de la vida contemplativa es la indagación de la verdad.
El de la vida activa es la praxis que se ordena a la utilidad del prójimo.
Entonces, la vida del docente en tanto persigue la ayuda al prójimo
pertenece a la vida activa; en tanto persigue la indagación de la verdad,
pertenece a la vida contemplativa.
En cuanto a la materia, en el acto de enseñar encontramos que es doble:
lo que se enseña y a quien se enseña. Por la primera, el acto de enseñanza
pertenece a la vida contemplativa, y por la segunda, a la activa.
La vida activa precede muchas veces a la contemplativa, pero lógica-
mente cuando la materia de la primera depende de la segunda, ésta debe
preceder a aquella. Y esto es fácil de entender para el docente, ya que muchas
veces, la enseñanza misma, y el deseo de ayudar al otro (alumno) hace que
se despierte la vocación intelectual y de estudio. En otras ocasiones, estudiar
y entender ciertas verdades, hace surgir el deseo de la transmisión y des-
piertan una vocación docente, cuya existencia no era conocida ni por el
mismo sujeto.

También podría gustarte