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Felipe Castro Salazar

Introducción

El ritmo de la tesis de los noumenístas, realistas, etc… es igual que el piano concertó
no.1 OP, 23 de Tchaikovsky. Una nota altísima estruendosa, sin procedencia alguna da
paso a una uniformidad, tan tierna, simple, que forman una armonía, una paz imposible de
no reconocer, sostenida a partir del vivir a través de su sombra. Pero, al igual que los
noumenístas esta magnífica pieza de Tchaikovsky transcurre un tiempo que da efectos,
siempre un tiempo es causa del otro; conformando una causalidad en una uniformidad, tan
poco desafiante, tan poco viva (– no niego la vivacidad que se esconde detrás de esta
obra-), en lo superficial la obra cae en una decadencia de sonidos y de formas, unas tras
otra se vuelven sombras de la otra, regularidades periodicidades que aunque en esencia son
coincidencias, terminan siendo para el auditorio una pieza continua – como no hacerlo si
ella misma se oculta, cae en la misma contradicción de los noumenístas; afirman la no
existencia, la insustancialidad, que sólo es visible cuando finaliza, ya que: después de toda
la continuidad de la obra se detiene al poco tiempo de finalizar y explota, es decir, dispone
de un momento de inexistencia, pero este es tomado de nuevo como una nueva ley general,
universal, total.

De la misma forma nace la teoría de Hobbes. Una hipótesis venia de un presupuesto, de un


ensueño, que se vuelve ley general, es decir, nace con la idea de explicar lo real a partir de
lo irreal, para luego negar la procedencia de ese presupuesto, y afirmar su auto-existencia,
enunciando que “El universo es corpóreo. Todo lo que es real es materia y lo que no es
material no es real” (Bueno. 2013, Pág. 281)1. La ley hobbesiana impone al mundo,
estrictas leyes mecanicistas, sumiendo al universo a estas leyes, en otras palabras; el mundo
solo puede existir por el consentimiento de la conciencia. Esta aplicación de la conciencia
vuelve regulares y universales toda lo contingente, ya no se mide esta ley como una
hipótesis, sino como la causa total. Sin embargo, la creación de una red para entender el
mundo no es completamente un acto errado, lo errado de esto es creer que esta creación en
serio modifica y compone el mundo.

1
Es por ello un escritor realista.
La poesía del pensar corresponde a este “(…) momento de aceptación de la contingencia
o mundo por la conciencia o alma” (Fernández, 2013. Pág. 91). Más esta aceptación, esta
poesía del pensar no se trata de un pensar utilitario, sino que es la aceptación de lo irregular
que pueden llegar a ser los estados, tal aceptación corresponde a una tranquilidad sin
pretensiones de universalidad. El constante ensueño, hipótesis del mundo producidas por la
conciencia, más, si esto es solo un producto de la estética de la conciencia debemos
preguntarnos ¿Cómo nuestra conciencia dio la aceptación a lo mecánico? 2 Hobbes le sirve a
Macedonio para expiar dicha pregunta. La aceptación de la hipótesis de corporalidad lleva
a Hobbes a tomar seriamente un arte culinario, recurriendo siempre a la sensación, a
mantener un identidad, ya que “lo que pierde su identidad instante por instante nunca es
amado; amor repugna a lo no idéntico (Fernández, 2013. Pág. 92), cuando se huye de lo
impredecible, la conciencia se encuentra con la aceptación para poder dejar de sufrir, poder
ver uniformidad en su día a día, se envuelve en una causalidad proveniente de lo que haya
aceptado, se complace en una uniformidad, en una regularidad, se distingue de la realidad,
cree poder hacer existir el mundo, es en ella en donde confirma su identidad, todo su
mundo se construye a partir de allí, no existen posibilidades, solo causalidad, ese “yo” lo
lleva a perderse en determinaciones que sólo imponen certezas, de la misma forma Hobbes
acata a la corporalidad, su certeza que le impide ver su propia mentira, la procedencia de su
propuesta, de su certeza, volviéndose así una máquina , una persona artificial.

Cuando Hobbes asesina la identidad Hobbes, interrumpe este camino de negación. El


asesinato de Hobbes es el doble relato de Macedonio, uno en donde manifiesta el impulso
culinario de la creación de Hobbes, en su extraña fijación por la causalidad, y lo otro
envuelto en su prosa netamente artística, pues es lo único exento de las impurezas de lo
sensorial, pues “la emoción de la inexistencia en el lector es lo que se propone el artista”
(Fernández, 2019, Pág. 289), en otras palabras propone el belarte. La formación de este
problema esconde, solo perceptible al ojo del lector en su descuido de lo existencial, para
socavar su conciencia, vuelve al lector un Hobbes, sumido en sus certezas para luego
invitar a desprenderse de esa identidad, de la necesidad de esas certezas, de creer que la
conciencia moldea el mundo, suscita.

2
Fernández, 2013, Pág. 92.
Esta muerte de la identidad, también acoge a la causalidad. La causalidad, psicologisante,
manifestada a partir de una certeza, que a adormecido el mundo, les ha impedido soñar,
negando así la necesidad de soñar, distingüendo lo real, sin percatarse que aquello que
niegan como real es en sí, una parte de importante de su existencia. Este doble relato se
manifiesta directamente en todo el capítulo ley de asociación, es cual se compone de una
constante crítica a los noumenístas, direccionando su crítica principalmente a Kant y los
Poskantianos, manifestando de esta forma los grandes problemas de este tipo de
convenciones que decantan en restricciones, negaciones y paralogismos en los que se viven
debajo de la sombra del noúmeno.

Capítulo 1

La idea del noúmeno aparece como un verbalismo. El verbalismo bajo el cual todo siempre
tiene una utilidad general, con la capacidad de distinguir lo real de lo que no, se sume en un
imperativo incuestionable, siempre regulado por espacio y tiempo y causalidad, que es lo
que recorre lo real, según la sombra del noúmeno.

toda dialéctica, doctrina y arte, toda conversación o libro se suman en gestiones verbales y
otras para llevar al interlocutor o espectador a la misma intuición que está en nuestra
imaginación, o nuestra percepción, a la misma imagen compuesta de imágenes y ordenación
espacial y temporal con que nosotros vemos, tocamos intuimos en suma ( Sada, 2011. Pág.
41)

La propuesta de noúmeno acentúa a todas las conciencias en un mismo contexto. La idea


de noúmeno implica que el fenómeno es la única realidad y sustancia posible y concebible,
determinando con ello la creación de hipótesis que no estén asociadas de esa idea, la
autoristica. Con ello logra distinguir el ensueño de la realidad, ya que: el encadenamiento
causal diferencia la realidad de la vigilia. Pero la idea de noúmeno le falta aquello que
valida cualquier idea.

No se corresponde a ningún correlato sentido es simplemente una palabra vacia. Por tanto la
idea de noúmeno no es sólo innecesaria sino también absurda, intentar colocar algo no
sentido ni sintiente como fundamento de la sensación , único real. Quiere explicar lo real
por lo irreal, el ser (que no necesita explicado) por la nada (Sada, 2011. Pág. 47).

El paralogismo que manifiesta esta teoría del noúmeno, no solo es innecesario ininteligible
y desvalorizaste de lo real sino que también clausura el problema metafísico del problema
del ser. Pues ya da por sentado la imposibilidad de conocer algo, pero aun así corroe la
realidad y la niega, niega la procedencia de la percepción de la realidad, pues involucra al
hombre en una necesario causalidad, el yo es ahora objeto del noúmeno, este es el único
que le permite conocer.
Macedonio niega esa causalidad como una categoría del sujeto transcendental. A la
realidad no le corresponde orden alguno que la causalidad desee darle, ese labor en ciertos
aspectos lo da la estética de la conciencia, en otras palabras, afirmar la imposibilidad de un
desconocimiento es a su vez afirmar que se conoce, pero eso que desde la perspectiva
kantiana de conocer no es más que esa idea, esa percepción que logro inculcar Kant en la
modernidad, dejándolos así en un país de sombras de Kant seguidores de un concepto a
priori diferenciador entre el ensueño y la realidad. En palabras de macedonio “nada es más
real que un ensueño, y la vigilia es real sólo en cuanto al sueño. Lo que no es real es la
causación de la vigilia que le hemos atribuido” ( Fernández 1928. Pág. 53). Como los
noúmenalistas que dejaron de poner su hipótesis, y afirmaron su verdad en el mundo,
construyendo solo a través de esa realidad, dejando de soñar, casándose solo produciendo
sueños puros, y negando con ello “ los noúmenalistas distraídos con la comparación entre
ensueño y realidad en la vigilia

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