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Índice:

• Anatomía de los Organos Sexuales

• ORGANOS SEXUALES MASCULINOS


o Genitales Externos
o El Tamaño del Pene
o La Circuncisión
o El Culto Fálico
o Organos Sexuales Internos
o Organos Accesorios

• ORGANOS SEXUALES FEMENINOS


o Genitales Externos
o Desfloración
o Organos Sexuales Internos
o El Tamaño de la Vagina
o La Cirugía Transexual
o Mamas
o Embriología de los Organos Sexuales
o Diferenciación de las Gónadas
o Descenso del Testículo y el Ovario
o Diferenciación de los Conductos Genitales
o Diferenciación de los Genitales Externos
o Homologías de los Aparatos Reproductores

• Fisiología de la Sexualidad

• ESTIMULACION SEXUAL
o Estimulación Mediante el Tacto
o La Estimulación Mediante otros Sentidos
o Estimulación Sexual
o Diferencias de Género en la Excitación Sexual

• LA RESPUESTA SEXUAL: CARACTERISTICAS GENERALES


o La Cercanía del Orgasmo
o El Orgasmo
o Las Variedades del Orgasmo Femenino
o Efectos Posteriores del Orgasmo
o El Orgasmo en los Animales Inferiores

• EL CICLO DE LA RESPUESTA SEXUAL


o Mecanismos Fisiológicos de la Respuesta Sexual
o Reacciones de los Organos Sexuales Masculinos
▪ Pene
▪ Escroto
▪ Testículos
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▪ Glándulas de Cowper
▪ Próstata y Vesículas Seminales
o Reacciones de los Organos Sexuales Femeninos
▪ Vagina
▪ Clítoris
▪ Labios Mayores
▪ Labios Menores
▪ Glándulas de Bartholin
▪ Utero
o Reacciones Extragenitales
▪ Mamas
▪ Piel
▪ Aparato Cardiovascular
▪ Aparato Respiratorio
▪ Aparato Digestivo
▪ Aparato Urinario
o Reacciones en los Ancianos
o Resumen de las Respuestas Fisiológicas

• BASES NEUROFISIOLOGICAS DE LOS PROCESOS SEXUALES


o TABLA 3.1 Reacciones de los Organos Sexuales durante el Ciclo
de la Respuesta Sexual
o TABLA 3.2 Reacciones Generales del Organismo durante el Ciclo
de la Respuesta Sexual
o Mecanismo de la Excitación
o Mecanismo de la Erección
o Mecanismo de la Eyaculación
o Mecanismos Reflejos en las Mujeres
o Mecanismos Cerebrales

• Preguntas evaluación

Anatomía de los Organos Sexuales

"Alabado sea Dios que ha puesto el placer más grande del hombre en las partes
naturales de la mujer, y que ha destinado las partes naturales del hombre para
brindar el mayor gozo a la mujer."
- THE PERFUMED GARDEN

El cuerpo humano no tiene partes más fascinantes que los órganos sexuales.
Venerados y vilipendiados, escondidos y exhibidos, los genitales humanos han
ocasionado una gran variedad de respuestas. Se han representado en toda forma
artística, elogiado y condenado en la poesía y la prosa, mutilado con fervor religioso
y amputado con loco frenesí.
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Muchos de nosotros combinamos un vivo interés por los órganos sexuales con una
tendencia igualmente compulsiva, ya sea para negar ese interés o para
avergonzarnos de él. Hay hombres y mujeres que han estado casados durante
años, que han realizado el acto sexual innumerables veces pero que nunca han
mirado con franqueza y curiosidad los genitales del compañero. No es esta aversión
sólo una cuestión de mojigatería. A muchas personas los órganos sexuales no les
parecen ni bellos ni atractivos sexualmente cuando se observan en forma directa.
Por desgracia, aunque el ocultamiento puede promover el deseo también perpetúa
la ignorancia.
Es evidente que la realización de las funciones procreativas básicas no requiere de
ningún conocimiento formal de la anatomía. Aun consumados amantes no necesitan
saber mucho acerca de los detalles estructurales de los órganos sexuales. Para la
mayoría de nosotros, sin embargo, a fin de entender las funciones sexuales es útil
un cierto conocimiento de la anatomía sexual, en particular de los genitales. La
anatomía, el estudio de las estructuras, está relacionada con la fisiología que se
refiere a las funciones, como la geografía tiene que ver con la historia. Es la
descripción del escenario donde ocurre la acción.
Como la actividad sexual se ha asociado tradicionalmente con la procreación, los
órganos sexuales se consideran parte del sistema reproductor. En los animales
inferiores esta ecuación del sexo con la procreación es válida en general. Conforme
ascendemos en la escala evolutiva, no obstante, la actividad sexual se vuelve cada
vez más independiente de la reproducción y se goza por sí misma. No podemos
procrear sin sexo, pero no siempre participamos en el sexo con objeto de procrear.
Esta capacidad de separar el sexo de la reproducción es un tema de consecuencias
psicológicas y sociales de largo alcance que todavía no se resuelve en la mayoría
de las sociedades humanas.
ORGANOS SEXUALES MASCULINOS
}El sistema reproductor en ambos sexos está situado en parte dentro de la caridad
corporal y en parte fuera de ella. Aunque todos los órganos sexuales pertenecen a
un sistema único, los internos se consideran órganos primordialmente de
procreación, mientras que los externos se asocian más estrechamente con la
actividad sexual misma. Los órganos externos son objeto de mayor interés erótico y
social.
Los órganos sexuales internos están alojados en la pelvis. Los huesos de la pelvis
consisten en la terminación triangular de la columna vertebral (sacro) y en un par de
"huesos de la cadera" que están unidos al sacro por detrás y entre sí por delante (en
la sínfisis del pubis), formando así un círculo en su borde. Cada "hueso de la
cadera" consta en realidad de tres huesos separados (ilion, isquión y pubis) que
están fusionados. Los componentes de los huesos pélvicos están a su vez fijos y no
permiten movimiento.
La calidad pélvica es una vasija sin fondo ocupada por los órganos pertenecientes a
los aparatos reproductor, urinario y digestivo. Separando a estos órganos entre sí y
apoyándolos y uniéndolos al esqueleto, están varias estructuras fibrosas duras
parecidas a mantas de lona (fascias) y cuerdas (ligamentos). Estas estructuras,
junto con los varios músculos de la región, constituyen una "hamaca" de múltiples
capas en la que están suspendidos y contenidos los órganos genitales.
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Genitales Externos
Los órganos sexuales externos del varón son el pene y el escroto. Los testículos y
sus anexos dentro del saco escrotal, aunque fuera de la cavidad corporal, en
general no se consideran parte de los genitales externos.
El pene ("cola") es el órgano masculino de la copulación. Contiene tres cilindros
paralelos de tejido esponjoso a través de tino de los cuales corre un tubo (uretra)
que transporta la orina y el semen. La porción del pene que está unida a la pelvis es
su raíz; la porción libre, colgante, del pene se conoce como su cuerpo.
Los tres cilindros del pene tienen la misma estructura. A dos de ellos se les llaman
cuerpos cavernosos (corpora cavernosa) y al tercero, cuerpo esponjoso (corpus
spongiosum). Cada cilindro esta envuelto por un saca fibroso, pero los cuerpos
cavernosos tienen una "envoltura" común adicional que les da el aspecto de una
sola estructura durante la mayor parte de su trayecto. Cuando el pene está flácido
estos cuerpos no pueden verse o palparse como estructuras separadas pero
durante la erección el cuerpo esponjoso se destaca como un levantamiento claro en
la cara inferior del pene.
Tal como lo sugieren los términos "cavernoso" y "esponjoso", el pene consiste en la
región de espacios y cavidades irregulares muy parecidos a una esponja densa.
Estos tejidos reciben una abundante red de nervios y vasos sanguíneos. Cuando el
pene está flácido las cavidades contienen poca sangre. Durante la excitación sexual
se ingurgitan y su constricción dentro de sus duros sacos fibrosos ocasiona la
rigidez característica del pene. En capítulos subsecuentes hablaremos con más
detalle acerca del mecanismo de la erección.
En la raíz del pene las extremidades posteriores (crura) de los cuerpos cavernosos
se insertan en los huesos del pubis. El cuerpo esponjoso no está unido a ningún
hueso. Su raíz se expande para formar el bulbo del pene que está fijado a la
"hamaca" fibrosa que se extiende en el área triangular por debajo de la sínfisis del
pubis. Los "crura" y el bulbo constituyen la raíz del pene.
La cabeza redondeada, lisa, del pene se llama glande ("bellota") del pene. En
realidad esta estructura está formada por completo por la terminación libre del
cuerpo esponjoso que se expande para cubrir la extremidad anterior de los cuerpos
cavernosos. El glande del pene tiene gran importancia sexual. Está ricamente
dotado de nervios y es muy sensible. La mayor parte de la estimulación táctil del
pene se transmite a través del glande. El resto del pene es mucho menos sensible.
Aunque el glande como un todo es bastante excitable, su cara inferior, donde una
delgada tira de piel (frenulum) lo conecta con el cuerpo adyacente del pene, es
particularmente sensible, como su borde o corona que ligeramente sobresale por
encima de la construcción superficial llimada cuello del pene, que es el límite entre
el cuerpo del pene y el glande. En el vértice del glande está una hendedura vertical
que es el meato urinario (mealus).
La piel del pene carece de vello y es muy laxa, lo que permite su expansión durante
la erección. Aunque la piel está fijada al pene en su cuello, una porción se pliega y
cubre parte del glande (como la manga de una toga académica) formando el
prepucio. Generalmente el prepucio es retráctil, y el glande se expone con facilidad.
La circuncisión (que discutiremos más tarde) es la extirpación del prepucio. En el
pene circuncidado, por tanto, el glande está siempre expuesto por completo.
Bajo el prepucio y en la corona y el cuello existen unas glándulas pequeñas que
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producen una sustancia caseosa (esmegma), de un olor característico. Esta es sólo


una secreción local sin ninguna función conocida, que no debe confundirse con el
semen que se elimina por la uretra.
El pene humano (al contrario del de todos los demás carnívoros) no tiene hueso m
músculos en su interior. Los músculos bulbocavernosos e isquiocavernosos rodean
al bulbo y al crura, respectivamente, pero su función primordial es ayudar a expeler
la orina y el semen a través de la uretra. Aunque estos músculos pueden
desempeñar una función indirecta contribuyendo a la congestión venosa, el proceso
de la erección no afecta directamente a los músculos m el pene puede moverse a
voluntad, excepto por ligeros movimientos de sacudida.
El escroto es una bolsa con múltiples capas. Su piel delgada y más superficial es de
color más oscuro que en el resto del cuerpo. Tiene muchas gIándulas sudoríparas y
en la pubertad se vuelve escasamente cubierta de pelo. La segunda capa consta de
fibras musculares laxamente organizadas (músculo dartos) y de tejido fibroso. Estas
fibras musculares no están bajo el control voluntario, pero se contraen en respuesta
al frío, la excitación sexual y algunos otros estímulos. Bajo esas condiciones, el
escroto parece compacto y muy arrugado. De otra manera cuelga laxo y su
superficie es lisa. Asimismo, cuando se estimula la cara interna del muslo el
músculo dartos se contrae ligeramente (respuesta que se conoce como reflejo
cremasteriano).
El saco escrotal contiene dos compartimientos separados, cada uno de los cuales
encierra un testículo y su cordón espermático. Esta es una estructura compuesta de
la que está suspendido el testículo en el saco escrotal y que incluye el conducto
(vas deferens) a través del cual se trasladan los espermatozoides del testículo, así
como vasos sanguíneos, nervios y fibras musculares. Cuando se contraen estos
músculos el cordón espermático se acorta y jala el testículo hacia arriba dentro de la
bolsa escrotal.
El cordón espermático entra a la cavidad abdominal desde el saco escrotal
atravesando una región de la pared abdominal llamada el conducto inguinal.
El Tamaño del Pene
La variación en forma y tamaño de un individuo a otro es la regla para todas las
partes del cuerpo humano. Sin embargo, la forma y tamaño del pene son a menudo
causa de curiosidad y diversión, así como de ansiedad y preocupación.
Representaciones de penes enormes pueden encontrarse en numerosas culturas,
incluyendo algunas de la remota antigüedad. Estas exageraciones anatómicas en
general no son meras caricaturas o monumentos a la vanidad masculina, sino
símbolos de la fertilidad y de la vida.
El pene promedio mide de 10 a 12 cm de Longitud cuando está flácido y hasta 15
cm en erección. Su diámetro en estado de relajación es de unos 3.17 cm y aumenta
a 3.80 cm en erección. No obstante, los penes pueden ser mucho más pequeños o
más grandes (se han medido penes erectos mayores de 33 cm).
Contrariamente a la creencia popular, la forma y tamaño del pene no se relacionan
con a complexión del cuerpo del hombre, la raza, la virilidad o la capacidad para
brindar y recibir satisfacción sexual. Además, las variaciones de tamaño tienden a
disminuir con la erección: mientras más pequeño sea el pene flácido, será más
grande en proporción al hallarse erecto. El pene no crece con el uso frecuente.
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El folklore sobre el tamaño del pene, aunque en general sin fundamento, es, sin
embargo muy interesante. Fuentes árabes e indias son muy específicas al respecto.
Según The Perfumed Garden, por ejemplo, "el miembro viril, para agradar a las
mujeres", debe tener como máximo una Iongitud equivalente al ancho de doce
dedos (unos 23 cm), como mínimo una Longitud igual al ancho de seis dedos (unos
11.5 cm).
Dos de los más conocidos "manuales del (El Kama Sutra y El Ananga Ranga)
clasifican a los hombres en tres categorías según el tamaño del Pene : el hombre-
liebre (con un pene erecto de 6 traversas de dedo de largo) el hombre-toro (9
traversas de dedo) y el hombre-caballo (12 traversas de dedo). Estas obras también
tratan de correlacionar el tamaño del pene con los rasgos de personalidad.
La Circuncisión
La circuncisión ("cortar alrededor") es la extirpación del prepucio y se practica en
todo el mundo como ritual y como medida higiénica. La operación es sencilla: el
prepucio se estira hacia adelante del pene y se corta una parte. La piel que queda
deja completamente expuestos el glande, y el cuello del pene. Si la operación se
realiza bajo condiciones higiénicas la herida cicatriza con rapidez y en general no
hay complicaciones.
La circuncisión es obligatoria desde el punto de vista médico si el prepucio es tan
apretado que no puede retraerse con facilidad sobre el glande (fimosis). De otro
modo es opcional, aunque en la mayoría de los hospitales estadounidenses ahora
casi siempre se realiza en los bebés varones (con el consentimiento de los padres)
el segundo día después del nacimiento. Sus partidarios señalan que después de la
circuncisión el esmegma no se acumula bajo el prepucio y que, por lo tanto, en
general, es más fácil mantenerlo limpio. También el cáncer del pene parece ser
menos frecuente entre los circuncisos y el cáncer del cuello uterino es menos
común entre sus esposas aunque la relación etiológica hasta ahora, no se haya
establecido de manera satisfactoria.
En general, se supone que el varón circuncidado se excita con mayor rapidez
durante el coito a causa de la exposición completa del glande. También se piensa
que la circuncisión ocasiona dificultad para posponer la eyaculación. La
investigación actual ha fracasado en apoyar estas creencias: en cuanto a
excitabilidad, no parece haber diferencia entre un pene circuncidado y otro no
circuncidado.
El Culto Fálico
El culto de los genitales masculinos es una de las prácticas religiosas más antiguas
que se conocen. En general se interpreta como relacionada con los cultos de la
fertilidad: la expresión del deseo del hombre de perpetuar la raza y su identificación
con los poderes reproductores de la naturaleza. En la Grecia antigua el culto fálico
estaba centrado en los cultos que se rendían a Príapo y a Dióniso. Príapo era el hijo
de Afrodita (diosa del amor) y Dióniso era el dios de la fertilidad del vino. Casi
siempre representado como un hombrecito sonriente con un pene enorme, Príapo
era muy notorio durante los muchos festivales en honor a Dióniso que eran
ocasiones para el abandono orgiástico.
Bajo el Imperio Romano el culto fálico adoptó una forma menos festiva, bastante
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austera. Durante el festival anual el notorio Día de la Sangre algunos participantes


enloquecidos en verdad se mutilaban sus propios genitales. De hecho, la
autocastración durante este festival se volvió un prerrequisito para la admisión al
sacerdocio. Los romanos en apariencia también usaban amuletos que
representaban los genitales masculinos en diversas formas.
En la India Shiva (o Siva), uno de los tres dioses supremos del hinduismo, era
venerado y representado simbólicamente como un pene erecto (el lingam). Se
pensaba que los matrimonios serían más fértiles si las novias vírgenes eran
desfloradas primero por el lingam, que en general era un falo de piedra. La
adoración fálica también ha sido importante en los ritos de la fertilidad entre
japoneses e indoamericanos.
Organos Sexuales Internos
El sistema reproductor puede considerarse formado por tres unidades funcionales:
los órganos para la producción de los espermatozoides (los testículos), un sistema
de conductos para el almacenamiento y transporte de los espermatozoides
(epidídimo, conductos deferentes, conducto eyaculador, uretra) y el órgano para la
descarga de los espermatozoides (el pene). Los componentes de las primeras dos
unidades son los órganos sexuales internos.
Los testículos ("testigos": nombre que se deriva de la antigua costumbre de poner la
mano en los genitales cuando se prestaba juramento) son las gónadas o glándulas
reproductoras del varón. Producen espermatozoides así como testosterona, que es
la hormona masculina.
Ambos testículos son más o menos del mismo tamaño (5 x 2.5 x 3.2), aunque el
izquierdo por lo común cuelga poco más abajo que el derecho. El peso de los
testículos varía de una persona a otra, pero en promedio es de 20 y tiende disminuir
en la vejez.
Cada testículo esta encerrado en una vaina fibrosa, bIanquecina, rígida ( túnica
albugínea , "túnica bIanca"), que en la parte posterior del órgano se engruesa
(mediastinum testis) y penetra al testículo. Sus ramificaciones (septa) luego se
diseminan dentro del órgano y lo subdividen en lóbulos cónicos
Cada lóbulo alberga los conductos seminíferos (que transportan espermatozoides)
contorneados. Estas estructuras fibrilares son los sitios donde se producen los
espermatozoides. Cada conducto seminífero mide de 30 a 90 cm de largo y la
Iongitud combinada de los túbulos de ambos testículos mide varios cientos de
metros. Este elaborado sistema de túbulos permite la producción y almacenamiento
de cientos de millones de espermatozoides. El proceso de la espermatogénesis o
producción de los espermatozoides, ocurre exclusivamente dentro de los túbulos
seminíferos; cortes transversales microscópicos muestran espermatozoides en
varios niveles de maduración. La primera o más temprana célula en esta cadena de
maduración es la espermatogonia que en etapas subsecuentes del desarrollo se
llama sucesivamente espermatocito (de primero y segundo orden), espermátide y
finalmente cuando madura, espermatozoide o esperma. Los túbulos seminíferos del
recién nacido son cordones sólidos donde sólo aparecen células indiferenciadas.
Después de la pubertad los túbulos desarrollan un centro hueco, en el que se
liberan los espermatozoides.
La segunda función principal de los testículos es la producción de la hormona sexual
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masculina. Ya que las hormonas son secretadas directamente al torrente sanguíneo


las gIándulas que las producen no necesitan conductos y se conocen como
glándulas sin conductos o endocrinas.
Las células testiculares que producen la hormona masculina se encuentran entre los
túbulos seminíferos y se conocen como células intersticiales ; están esparcidas en el
tejido colectivo en asociación estrecha con los vasos sanguíneos. Las células
responsables de las dos funciones primarias de los testículos (reproductora y
endocrina)están muy aparte y nunca en contacto.
Los túbulos seminíferos convergen en un intrincado laberinto de conductos que en
última instancia dejan los testículos y se fusionan en un tubo único que constituye el
principio del sistema de conductos genitales pareados ya mencionados.
El epidídimo ("sobre el testículo") constituye la primera porción de este sistema de
conductos pareados. Cada uno es un tubo notablemente largo (unos 6 a 7 m) ; sin
embargo, es tan tortuoso y sinuoso que parece como una estructura en forma de C
no más larga que los testículos a cuya superficie se adhiere.
El conducto deferente o ductus deferens ("el vaso que trae hacia abajo") es el
menos tortuoso y la continuación más corta del epidídimo. Viaja hacia arriba en el
saco escrotal durante una corta distancia antes de entrar a la cavidad abdominal; su
porción en el saco escrotal puede sentirse como un cordón firme.
La porción terminal del conducto deferente está agrandada y también es tortuosa ;
se llama la ampolla ("frasco"). Pasa por detrás de la vejiga, se estrecha y se une al
conducto de la vesícula seminal para formar el conducto eyaculador. Esta parte del
sistema pareado de conductos genitales es muy corta (menos de 2.5 cm) y bastante
recta. En todo su trayecto se encuentra dentro de la próstata y se abre en la porción
prostática de la uretra.
La uretra tiene una doble función en el varón, transportando tanto semen como
orina. Empieza en el cuello de la vejiga y periódicamente vacía la orina acumulada.
(No debe confundirse con los dos uréteres, cada uno de los cuales empieza en un
riñón y lleva la orina a la vejiga.) La uretra tiene unos 16 cm de Iongitud y está
subdividida en las porciones prostática, membranosa y esponjosa.
De la uretra la porción que se dilata con más facilidad es prostática. En su pared
posterior están las pequeñas aberturas de los dos conductos eyaculadores. Los
múltiples conductos de la próstata también se vacían en la uretra prostática como un
cedazo.
El control voluntario de la micción se hace posible por las fibras musculares (esfínter
uretral) alrededor de la corta uretra membranosa. Cuando se ha acumulado
suficiente orina en la vejiga el malestar resultante hace que la persona relaje el
esfínter uretral para permitir el paso de la orina. La abertura uretral externa no tiene
esfínter, lo que explica por qué al terminar la micción la orina que permanece en la
porción esponjosa debe expulsarse mediante la contracción de los músculos
bulbocavernoso e isquiocavernoso.
La parte esponjosa de la uretra ya se ha discutido. Atraviesa el bulbo del cuerpo
esponjoso en toda su Iongitud y termina en el vértice del glande en el meato
urinario. Las glándulas bulbouretrales se vacían en esta porción. La uretra es el sitio
más común de infección gonorreica en los hombres.
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Organos Accesorios
Tres órganos accesorios realizan funciones auxiliares en el varón. Son la próstata,
dos vesículas seminales y dos glándulas bulbouretrales.
La próstata es una estructura encapsulada más o menos del tamaño y forma de una
gran castaña y formada por tres lóbulos. Se encuentra situada con su base contra el
fondo de la vejiga. Está constituida por fibras musculares lisas y tejido glandular
cuyas secreciones explican gran parte del líquido seminal y su olor característico.
Como hemos descrito, está atravesada por la uretra y los dos conductos
eyaculadores; el líquido prostático se transporta hacia este sistema a través de un
"cedazo " de conductos múltiples.
La próstata es pequeña al nacer, crece con rapidez en la pubertad, pero en general
reduce su tamaño en la vejez. A veces, sin embargo, aumenta de volumen e
interfiere con la micción, lo que requiere de cirugía. (Puede extirparse pieza por
pieza a través de la uretra o mediante cirugía abierta.) El tamaño de la próstata se
determina por medio del examen rectal.
Las vesículas seminales son dos recipientes, cada uno de 6 cm de Longitud. Cada
vesícula termina en un conducto recto, estrecho que se une a la terminación del
conducto deferente para formar el conducto eyaculador. Se creyó que la función de
las vesículas seminales el almacenamiento de los espermatozoide (cada una
almacena de 2 a 3 CM3 de líquido), pero se piensa en la actualidad que su función
principal es la de producir fluidos que inician la movilidad de los espermatozoides.
Las glándulas bulbouretrales (glándulas de Cowper) son dos estructuras en forma
de chícharo que flanquean la uretra esponjosa en la que cada una desemboca a
través de un pequeño conducto. Durante la excitación sexual estas gIándulas
secretan un líquido claro y pegajoso que aparece como una gota en el vértice del
pene (el "destilado del amor"). En general. esta secreción no es suficiente para
servir como lubricante durante el coito; sin embargo, como es alcalina puede ayudar
a neutralizar la acidez de la uretra, que es nociva para los espermatozoides, como
una preparación para el paso del semen. Aunque este líquido no debe confundirse
con el semen, a menudo contiene espermatozoides vagabundos, lo que explica los
embarazos que resultan del acto sexual sin eyaculación.
ORGANOS SEXUALES FEMENINOS
A pesar de las diferencias tan grandes en cuanto al aspecto, los órganos sexuales
femeninos y los masculinos están formados de acuerdo a un mismo plan básico.
Así, pueden compararse los órganos de los dos sexos según el origen embriológico
y según la función, aunque un origen embriológico similar puede o no reflejarse en
funciones semejantes. Por ejemplo, los ovarios se desarrollan del mismo tipo de
tejido que los testículos y sus funciones son similares: la producción de células
germinativas (óvulos, correspondientes a los espermatozoides). Por otro lado,
mientras la contraparte anatómica del pene es el clítoris, su contraparte funcional es
la vagina con la que opera de modo complementario como una llave en su
cerradura.
Más adelante en este capítulo indagaremos el desarrollo paralelo de los órganos
sexuales en el hombre y en la mujer. Mientras tanto, es útil considerar los órganos
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reproductores femeninos como externos o internos, así como poseedores de una


división funcional tripartita correspondiente a la del varón: la producción de células
germinativas (en los ovarios), el transporte de estas células (a través de las trompas
uterinas hacia el útero) y recepción de lo eyaculado por el pene (en la vagina).
Como la fecundación ocurre dentro del cuerpo de la mujer, el sistema femenino de
conductos transporta tanto espermatozoides como óvulos y el producto fecundado
de estas dos células. El útero es también el sitio donde el embrión se desarrolla
hasta su madurez. Los órganos sexuales femeninos tienen, por tanto, además de
sus funciones correspondientes a las del varón, una cuarta función exclusivamente
maternal. Muchos de los órganos sexuales femeninos, como algunos del varón,
están alojados en la cavidad pélvica. La pelvis femenina es, sin embargo, más
ancha con objeto de permitir el paso de la cabeza del niño durante su nacimiento. A
menudo se da el caso de que las mujeres con pelvis estrecha, de tipo masculino, no
pueden parir en forma natural y sus niños deben extraerse del útero por una
operación abdominal (cesárea) .
Con objeto de acomodar las diferencias anatómicas, las estructuras de apoyo -
fascias, ligamentos y músculos- son muy diferentes en la mujer, pero el plan básico
y el propósito de la "hamaca" de múltiples capas suspendida a través de la abertura
inferior de la pelvis son los mismos.
Genitales Externos
Los genitales externos de la mujer se llaman colectivamente vulva ("cubierta") o
pudendum ("una cosa vergonzosa"). Incluyen el mons pubis (o mons veneris,
"monte de Venus"), los labios mayores y menores, el clítoris y la abertura vaginal.
El monte pubiano es la elevación suave, redondeada de tejido adiposo sobre la
sínfisis del pubis. Después que se cubre de vello en la pubertad, el monte es la
parte más visible de los genitales femeninos.
Los labios mayores (labia majora) son dos pliegues cutáneos elongados que se
dirigen hacia abajo y hacia atrás desde el monte de Venus. Su aspecto varía
bastante: algunos son planos y apenas visibles detrás del grueso vello pubiano;
otros son prominentes. De ordinario están muy próximos uno del otro, lo que da a
los genitales femeninos la apariencia de estar "cerrados".
Los labios mayores son más evidentes al frente donde se unen en la comisura
anterior. Se aplanan hacia el ano y se unen a los tejidos vecinos. Las superficies
externas de los labios mayores están cubiertas de piel de color más oscuro donde
crece vello en la pubertad. Sus superficies internas son lisas y sin vello. Dentro de
estos pliegues cutáneos hay bandas de fibras musculares lisas, nervios y vasos
sanguíneos y linfáticos. El espacio entre los labios mayores es la hendedura
pudenda; se vuelve visible sólo cuando los labios se separan.
Los labios menores (labia minora) son dos repliegues cutáneos, rosáceos, sin vello,
localizados entre los labios mayores. El espacio que cubren es el vestíbulo vaginal,
en donde se abren los orificios vaginal y uretral, así como los conductos de las
glándulas vulvovaginales o de Bartholin. Los labios menores se unen con los
mayores en la parte posterior. Por delante cada uno se divide en dos: las porciones
superiores forman un pliegue simple cutáneo sobre el clítoris y se llaman prepucio
del clítoris; las porciones inferiores se unen por debajo del clítoris como un pliegue
cutáneo separado (frenillo del clítoris).
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De adelante hacia atrás las estructuras interlabiales son el clítoris, el meato urinario,
el orificio vaginal y las aberturas de las dos glándulas vulvovaginales. El ano, que
está por completo separado de los genitales externos, se encuentra más atrás.
El clítoris ("lo que está encerrado") consiste en dos cuerpos cavernosos (sin cuerpo
esponjoso) cuyas extremidades posteriores (crura) están unidas al pubis. La mayor
parte de su cuerpo está cubierta por los pliegues superiores de los labios menores,
pero su extremidad (el glande) libre y redondeada Se proyecta más allá de ellos. La
uretra no pasa a través de él.
Como el pene, el clítoris se congestiona de sangre durante la excitación sexual. Sin
embargo, debido a la manera en que está unido no se vuelve erecto como lo hace el
pene. Funcionalmente, corresponde de modo más riguroso al glande del pene: tiene
una rica red nerviosa, muy sensible y es un foco principal de estimulación sexual. El
clítoris también ha estado sujeto a la mutilación ritual.
El orificio uretral externo es una hendedura pequeña en la línea media con bordes
levantados. La uretra femenina transporta sólo orina y es por completo
independiente del sistema reproductor.
El orificio vaginal o introito no es un agujero expuesto, sino más bien visible sólo
cuando se separan los labios menores. Se distingue con facilidad de la abertura
uretral por su mayor tamaño. El aspecto del orificio vaginal depende mucho de la
forma y estado del himen. Esta delicada membrana no tiene proceso fisiológico
conocido, pero su importancia psicológica y cultural es enorme. Varía en tamaño y
forma y puede rodear el orificio vaginal (anular), dividirlo (septado) o servir como
una cubierta de tipo cedazo (cribiforme). Normalmente siempre existe segura
comunicación con el exterior.
La mayoría de los hímenes permitirán el paso de un dedo (o tampón sanitario), pero
en general no puede dar acceso al pene erecto sin romperse. Sin embargo, en
ocasiones un himen muy flexible puede resistir el acto sexual. Este hecho, asociado
a que puede romperse en forma accidental, hace que el estado en que se encuentra
sea una evidencia no confiable en pro o en contra de la virginidad. En el parto, el
himen se rompe todavía más y sólo quedan fragmentos unidos a la abertura vaginal
(introito de multípara).
Desfloración
El rompimiento del himen durante el primer coito ha recibido mucha atención en los
“manuales del matrimonio". Bajo circunstancias ordinarias no es un hecho
traumático. Durante el calor de la excitación sexual la mujer siente un dolor mínimo.
El sangrado es en general ligero. Lo que en realidad hace que el primer coito sea
una experiencia dolorosa para algunas mujeres es la tensión muscular que siente
una mujer angustiada, no preparada o carente de respuesta. Torpes intentos de
penetración en una vagina no lubricada y defendida por un introito tenso y espástico
no facilitan el acto. Anticipándose a esos problemas, algunas mujeres carentes de
experiencia sexual premarital acostumbraban hacerse cortar quirúrgicamente sus
hímenes antes de la noche de bodas, con el conocimiento y consentimiento de sus
novios para evitar dudas sobre la virginidad o disgusto de ser "engañado" de la
experiencia de la desfloración. La frecuencia actual de esta práctica es desconocida.
El himen es una estructura exclusivamente humana. Otros primates y animales
inferiores no lo tienen. Por qué y cómo se desarrolló el himen no está claro, pero
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difícilmente existe una cultura que no se haya preocupado por su correcta


disposición. Se dice que en los tiempos medievales algunos señores reclamaban la
prerrogativa de "arrancar la virginidad" de sus súbditas (derecho del señor) en la
noche de bodas. Cuando se ha pensado que la desfloración ha presupuesto una
amenaza mágica, se han asignado varones especiales para realizarla. Entre los
seminómadas yungar de Australia las muchachas eran desfloradas por dos
ancianas una semana antes del matrimonio. Si se descubría que el himen de una
muchacha no estaba intacto en ese momento ella podía ser privada de alimento,
torturada, mutilada o hasta muerta. La vieja costumbre de mostrar las sábanas
manchadas de sangre en la noche de bodas corno prueba de la castidad de la novia
es bien conocida. En varias culturas se han utilizado cuernos, falos de piedra u otros
utensilios en las desfloraciones rituales. En vista de las prácticas extendidas uno se
pregunta: ¿Hasta qué grado la desfloración quirúrgica en nuestra cultura servía a las
mismas necesidades psicológicas?
Organos Sexuales Internos
Los órganos sexuales internos de la mujer consisten en dos ovarios, dos trompas
uterinas (de Falopio), el útero y la vagina junto con algunas estructuras accesorias.
Los ovarios, como los testículos, tienen una doble función: la producción de las
células germinativas u óvulos ("huevecillos") y de las hormonas sexuales femeninas
(estrógeno y progesterona). El ovario tiene forma de almendra, más pequeño (3.7 x
1.8 x 2.5 cm) y ligero (8 g) que el testículo; también reduce su tamaño en la vejez.
En sus posiciones habituales los ovarios están en situación vertical flanqueando al
útero. Se mantienen en su lucrar mediante varios pliegues y ligamentos, incluyendo
los ligamentos útero ováricos que los unen a los lados del útero. Estos ligamentos
son cordones sólidos y no deben confundirse con las trompas uterinas que se abren
en la cavidad uterina.
Al contrario de los testículos, el ovario no tiene conductos que salgan directamente
de él. Los óvulos abandonan el órgano rompiendo la pared de éste y son atrapados
en la terminación del fleco de la trompa uterina. Para permitir la salida de los óvulos
la cápsula del ovario es bastante delgada. Antes de la pubertad tiene una superficie
lisa, brillante. Después del comienzo del ciclo ovárico y el éxodo mensual de los
óvulos su superficie se vuelve cada vez más cicatrizada y cavada.
El ovario contiene numerosas cápsulas o folículos en varios estados de desarrollo
incluidos en los tejidos de sostén. Los folículos se localizan en la periferia del órgano
(la corteza). La parte central del ovario, la médula, tiene muchos vasos sanguíneos
contorneados.
Cada folículo contiene un óvulo. Cada mujer nace con unos 400.000 óvulos
inmaduros. Parece improbable que se produzcan nuevos óvulos adicionales durante
el resto de la vida de una mujer. En la pubertad algunos de estos folículos empiezan
a madurar y cada mes se rompe un folículo liberando el óvulo. El folículo vacío se
convierte en una estructura amarillenta (corpus luteum). Este ciclo ovárico tiene gran
importancia reproductora y hormonal.
Las dos trompas uterinas o de Falopio miden de 10 a 12 cm. de longitud y se
extienden entre los ovarios y el útero. El extremo ovárico de la trompa, el pabellón
(“embudo”), es de forma cónica y festoneada por unas proyecciones irregulares o
fimbrias, que pueden adherirse o abrazar al ovario pero que no están unidas a él.
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Después de abandonar la superficie del ovario, el óvulo debe hallar su camino hacia
la abertura de la trompa uterina. Aunque no todos los óvulos tiene éxito en hacerlo
así, parece que en el proceso interviene la ayuda de una misteriosa atracción entre
la trompa uterina y el ovario. Ha habido casos en los que mujeres que pierden un
ovario de un lado y la trompa uterina del otro, pueden sin embargo, ser
embarazadas – lo cual es más notable si se considera que el óvulo es más o menos
del tamaño de la punta de una aguja y la abertura de la trompa uterina es sólo una
hendedura del tamaño aproximado de un guión impreso.
La segunda porción de la trompa ( la ampolla) comprende casi la mitad de su
longitud. Tiene paredes delgadas y está unida al istmo menos tortuoso que semeja
un cordón y termina en el vértice del ángulo uterino. El último segmento de la
trompa (la parte uterina) corre dentro de la pared del útero mismo y se abre en su
cavidad (abertura uterina).
La luz de la trompa uterina se hace cada vez más pequeña entre las extremidades
ovárica (2 mm) y uterina (1 mm) ; los numerosos pliegues que se proyectan hacia la
cavidad desaparecen gradualmente. El revestimiento de la trompa uterina tiene una
textura muy aterciopelado a causa de las numerosas estructuras de aspecto piloso
(cilios) que la tapizan. Si el óvulo fuera del tamaño de una naranja estos cilios serían
comparables en tamaño a las pestañas.
La función de las trompas uterinas, al contrario de los conductos genitales
masculinos, es la de sólo almacenar y transportar las células germinales. La
fecundación del óvulo ocurre en general en el tercio distal de la trompa uterina,
donde los espermatozoides que han recorrido la vagina y el útero encuentran al
óvulo. El paso del óvulo a través de la trompa toma varios días y si ha ocurrido la
fecundación, la estructura que alcanza la cavidad uterina ya es un organismo
complejo y multicelular
El óvulo, al contrario del espermatozoide, no se mueve por sí mismo, pues su
movimiento depende de la acción barredora de los cilios que tapizan la trompa y de
las contracciones de su pared durante el paso del óvulo.
Aunque las trompas uterinas de ninguna manera son tan accesibles quirúrgicamente
como el conducto deferente del hombre, son todavía los blancos más convenientes
para la esterilización de las mujeres. El procedimiento habitual consiste en ligar o
seccionar las trompas (ligadura de las trompas) de ambos lados. El resultado, como
en la vasectomía en el hombre, es la esterilidad sin daño concomitante de las
características sexuales, deseo o capacidad para llegar al orgasmo.
El útero o matriz es un órgano muscular hueco en donde se aloja el embrión
(conocido como feto después de la octava semana) y se nutre hasta que nace. El
útero tiene la forma de una pera invertida y en general se inclina hacia adelante (en
anteversión). El útero se mantiene, pero no se fija en su lugar por varios ligamentos.
Normalmente de 7 cm de largo, 7 cm de ancho la parte superior y de 2.5 cm de
grueso, expande bastante durante el embarazo. No ay otro órgano corporal que se
obligue de ordinario a una adaptación similar.
El útero consiste en cuatro partes el fondo, la porción redondeada que yace por
encima de las aberturas de las trompas uterinas; el cuerpo, que es la parte principal;
el estrecho istmo (que no debe confundirse con el istmo de la trompa uterina), y el
cérvix ("cuello"), la porción más inferior que se proyecta hacia la vagina.
La cavidad del útero es más amplia en el punto en que entran las trompas uterinas,
pero estrecha hacia el istmo; el canal cervical luego se expande algo y se estrecha
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de nuevo la abertura (la boca externa) hacia la vagina. Debido a que las paredes
uterinas anterior y posterior están ordinariamente muy cerca una de la otra, cuando
se ve de lado el interior (en corte sagital) parece ser una estrecha hendedura.
El útero tiene tres capas. La interna es la mucosa o endometrio que consta de
numerosas gIándulas y de una rica red de vasos sanguíneos. Su estructura varía
con el periodo de la vida (prepubescente, reproductora y posmenopáusica) y con la
fase del ciclo menstrual. Discutiremos estas variaciones más adelante en relación
con las hormonas sexuales y el embarazo. La segunda capa o muscular (miometrio)
está muy bien desarrollada. Capas entrelazadas de fibras musculares lisas le dan a
la pared uterina gran fuerza y elasticidad. Estos músculos son fundamentales para
empujar al feto en el momento del nacimiento mediante una serie de contracciones.
La capa muscular del útero se continúa con las vainas musculares de las trompas
uterinas y la vagina. El istmo del útero y el cérvix contienen pocas fibras musculares
lisas y más tejido fibroso que el cuerpo y el fondo. La tercera capa. la serosa o
perímetro, es la envoltura externa.
La vagina ("vaina") es el órgano femenino de la copulación y el receptor del semen.
A través de ella pasa el flujo menstrual y el bebé al nacer. No sirve para el paso de
la orina.
La vagina es ordinariamente un conducto muscular no dilatado, un espacio virtual
más que permanente. Sus principales superficies están formadas por las paredes
anterior y posterior que tienen 7 y 9 cm de Iongitud, respectivamente. Sus paredes
laterales son bastante estrechas. También parece corno una hendedura estrecha en
corte sagital.
El conducto vaginal está inclinado hacia abajo y hacia adelante. En su extremo
superior se comunica con el canal cervical (por lo común abierto sólo el ancho de la
punta de un lápiz) y la extremidad inferior se abre en el vestíbulo entre los labios
menores.
La abertura vaginal externa o introito está flanqueada por masas elongadas de tejido
eréctil (bulbo de la vagina). Estas masas son las contrapartes del bulbo del pene y
están rodeadas por el músculo bulbocavernoso. Volveremos al significado funcional
de este músculo.
La capa interna o mucosa vaginal es como la piel que cubre el interior de la boca. Al
contrario del endometrio, no contiene glándulas aunque su aspecto se modifica por
los niveles hormonales. En la mujer adulta premenopáusica las paredes vaginales
están rugosas, pero carnosas y suaves. Después de la menopausia se vuelven más
delgadas y lisas. La capa media de la vagina es muscular, pero mucho menos
desarrollada que la de la pared uterina. La mayoría de las fibras están dispuestas
longitudinalmente. La capa externa también es muy delgada. Las paredes vaginales
tienen pocos nervios. Al igual que el cuerpo del pene, la vagina es un órgano muy
poco sensible, pero el área que rodea la abertura vaginal es muy excitable.
Por detrás de los bulbos de la vagina están dos pequeñas gIándulas (vulvovaginales
o de Bartholin ) cuyos conductos se abren a cada lado de la mitad inferior del
vestíbulo en los surcos entre el borde del himen y los labios menores. Estas
glándulas son las contrapartes femeninas de las glándulas bulbouretrales (de
Cowper) masculinas. Su función es también algo oscura. Anteriormente se creía que
eran básicas para la lubricación vaginal, pero ahora se considera que desempeñan
sólo un papel modesto en este proceso. La fuente primaria del lubricante vaginas
son las paredes vaginales mismas.
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El Tamaño de la Vagina
A causa de su función durante el acto sexual, tanto la vagina como el pene han sido
objeto de gran interés y especulación. Las ideas populares diferencian entre las
vaginas estrechas y las relajadas, las que aprietan el pene y las que no, y así
sucesivamente. Algunos aspectos de estas ideas son demostrables y otros son sólo
míticos. Desde el punto de vista funcional, es más significativo considerar el introito
por separado del resto del órgano puesto que en muchos aspectos difiere de éste,
así como el glande del pene difiere de su cuerpo.
Más allá del introito, la vagina es un órgano suave y distendible. Aunque parece un
conducto aplanado funciona en realidad más como un globo. Ante todo, no es cierto
que una vagina sea en forma permanente "demasiado estrecha" o "demasiado
pequeña". Estimulada de manera adecuada, cualquier vagina adulta puede, en
principio, acomodar el pene más grande. Después de todo ningún pene es tan
grande como la cabeza de un infante normal, y aun ésta pasa a través de la vagina.
La afirmación de que algunas vaginas son "demasiado grandes" es más sostenible.
Algunas vaginas no vuelven al tamaño normal después del parto y los desgarros
producidos durante el proceso debilitan las paredes vaginales. Aun en estos casos,
sin embargo, la vagina se expande sólo en el grado en que el pene lo requiera.
Cuando añadimos a sus características anatómicas la relativa insensibilidad de las
paredes vaginales, podemos concluir, con razón, que el cuerpo principal de la
cavidad vaginal ni agrega ni resta nada al placer sexual del coito en forma
importante. La mayor parte del tiempo no hay problema de "acomodo" entre el pene
y la vagina.
El introito es otra cosa. En primer lugar, es muy sensible; tanto el dolor como el
placer se perciben aquí con intensidad. En segundo lugar, la disposición del tejido
eréctil del bulbo de la vagina y, lo que es más importante, la presencia del anillo
muscular del bulbocavernoso a su alrededor, establecen una gran diferencia en qué
tan relajado o tenso pueda estar. Debe subrayarse que estos músculos permiten un
grado significativo de control voluntario sobre el tamaño de la abertura. Una mujer
puede relajar o contraer la abertura vaginal como puede relajar o contraer el esfínter
anal (aunque en general en un grado menor). Además, al igual que todos los demás
músculos del cuerpo, los que están alrededor del introito pueden desarrollarse
mediante el ejercicio.
El introito es, pues, literalmente, la puerta de entrada a la vagina. Si una mujer está
tensa su introito también estará. Ella puede sentirse tensa a causa de dolor físico o
de angustia. Si se trata de forzar la penetración del pene ella sentirá más dolor. En
casos raros el espasmo muscular resultante (vaginismo) es tan intenso que la
vagina no puede penetrarse.
Un introito relajado, sin embargo, no es todo lo que individuos sexualmente
sofisticados esperan de sus compañeras. Es deseable que el pene se sienta
firmemente asido (aunque no de manera espástica). Algunas mujeres pueden
transmitir la sensación de "exprimir el pene". Estas complejidades y refinamientos
del coito son a menudo difíciles de valorar, puesto que las personas no están de lo
más objetivo en esos momentos y algunas tienden a tramar y fantasear
sensaciones. De todas maneras, cualquiera que sea el mecanismo involucrado es
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razonable suponer que el introito, más que la vagina como un todo, es el


responsable de transmitir las sensaciones. El control del introito y el desarrollo
adecuado de su musculatura son también factores clave en la capacidad de una
mujer para llegar al orgasmo, como tendremos ocasión de discutir.
Al contrario de la creencia popular, el pene no puede "atraparse" dentro de la
vagina.
Esta idea errónea deriva de la observación de los perros en los que este fenómeno
puede presentarse. El pene del perro se expande en un "nudo" dentro de la vagina y
no puede retirarse hasta que ocurre la eyaculación o la pérdida de la erección. Otros
horrores acosan a algunos hombres: las fantasías de que la vagina tenga dientes
(vagina dentada) o que esté llena de navajas de rasurar o de vidrio molido son
conocidas y se entiende que influyan sobre la fisiología sexual.
La Cirugía Transexual
Durante las últimas décadas se ha puesto la atención en individuos que debido a
razones profundamente arraigadas desean someterse a un cambio radical de sexo.
Lo más frecuente es que esto involucro a varones que quieran volverse mujeres.
Gran parte del interés público a este respecto se ha enfocado en los cambios físicos
más trascendentales ocasionados por la cirugía. En realidad, en los lugares en que
tales programas se llevan de manera responsable, el procedimiento quirúrgico es
sólo un aspecto de la reasignación del sexo.
En el cambio de varón a mujer, los testículos y la mayor parte de los tejidos del pene
se extirpan en primer lugar. En una etapa posterior se construyen los labios y la
vagina para semejar lo más fielmente posible el aspecto de los genitales
femeninos.Estas personas luego pueden participar en el acto sexual y alunas de
ellas son capaces de llegar al orgasmo.
La transformación quirúrgica de mujer a varón es más complicada y ninguna de las
varias técnicas hasta ahora planeadas ha sido tan exitosa como los procedimientos
para la conversión del hombre en mujer. El pene y el escroto en estos casos se
construyen a partir de tejidos de la región genital. El pene artificial puede parecer
convincentemente "real" en casos exitosos, empero no es funcional en el sentido de
que no hay erección. Mediante una técnica apropiada, un conducto de piel se
modela en la parte inferior del nuevo pene donde puede insertarse un tubo rígido de
silicón para permitir la penetración y el coito.
Mamas
Las mamas no son parte de los órganos sexuales, pero debido a su significación
erótica las discutiremos aquí con brevedad. Aunque los varones también tienen
mamas, éstas no están tan completamente desarrolladas como las de las mujeres.
Las mamas son características de la clase superior de los vertebrados (mamíferos)
en que las hembras amamantan a sus pequeños.
Las mamas femeninas adultas están situadas en los músculos del pecho y se
extienden entre la segunda y la sexta costillas y de la línea media del pecho hasta la
parte inferior de la axila. Cada mama está constituida por lóbulos o racimos (unos
quince o veinte) de tejido glandular, cada una con un conducto separado que se
abre en el pezón. Los lóbulos están separados por tejido adiposo y fibroso
laxamente dispuesto lo que le da a la glándula su consistencia suave.
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El pezón es el vértice prominente de la mama en donde se abren los conductos


galactóforos. Está formado por fibras musculares lisas que cuando se contraen
producen su erección. El área alrededor del pezón (areola) se vuelve más oscura
durante el embarazo y así permanece después. El pezón, ricamente dotado de
fibras nerviosas, es muy sensible y desempeña un importante papel en la excitación
sexual. La sensibilidad de los pezones o mamas no está relacionada con su tamaño
y forma.
El atractivo erótico de la mama femenina varía en diferentes culturas y entre los
individuos, pero en particular en los Estados Unidos la forma y tamaño de la mama
influyen sobre la imagen corporal estética y erótica de la mujer. Como
consecuencia, las mujeres “con pechos aplanados" o con mamas asimétricas o
deformes pueden sentirse tímidas y sexualmente inadecuadas.
Durante algunos años la cirugía plástica ha intervenido para corregir diferencias en
las mamas y deformidades que ocurren en forma natural o después de la cirugía
mamaria. Hace poco tiempo, debido a la mayor aceptación pública de bailarinas
desnudas, las mujeres han buscado el aumento del volumen de las mamas para
hacer crecer pechos de tamaño común a proporciones extraordinarias como un
medio de aumentar su capacidad para divertir.
Las primeras técnicas de crecimiento mamario se basaban en inyecciones de silicón
líquido. Estas han sido insatisfactorias y tendientes a ocasionar numerosas
complicaciones, por lo que en la actualidad los cirujanos competentes no emplean
este método. En su lugar, se ha desarrollado una técnica bastante mejor utilizando
implantes de silicón suave en que los materiales introducidos a la mama se
encapsulan en un saco inerte y no se ponen en contacto directo con el tejido
mamario. Esta técnica es segura y logra con mucho éxito la tarea de dotar a una
mujer de grandes mamas que parecen y se sienten naturales. No hay interferencia
con la lactación.
Embriología de los Organos Sexuales
El estudio del desarrollo de los varios sistemas y órganos del cuerpo es una ciencia
separada (embriología). Un estudio completo del desarrollo del aparato reproductor
es algo muy complejo para que lo intentemos aquí. Por lo tanto, seleccionaremos
sólo algunos aspectos de este proceso para ilustrar cómo se desarrollan los órganos
sexuales y para subrayar las semejanzas estructurales básicas entre los aparatos
reproductores masculino y femenino. En general, el crecimiento y desarrollo
intrauterino se discutirá junto con la concepción y el embarazo.
El sistema genital hace su aparición de la quinta a la sexta semana de vida
intrauterino cuando el embrión ha llegado a una Iongitud de 5 a 12 mm. En esta
etapa indiferenciado el embrión tiene un par de gónadas y dos conjuntos de
conductos, así como los rudimentos de los genitales externos.
En esta época no se puede, en forma confiable, determinar el sexo del embrión ya
sea mediante el examen macro o microscópico. Las gónadas todavía no han llegado
a ser ni testículos ni ovarios y las demás estructuras también están indiferenciadas.
Esta falta de diferenciación visible no quiere decir que el sexo del individuo esté
todavía sin definirse; el sexo se determina en el momento mismo de la fecundación
y depende de la composición cromosómica del espermatozoide que fecunda.
Diferenciación de las Gónadas
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La gónada que está destinada a desarrollaren un testículo, poco a poco se


consolida en un órgano más compacto. Algunas de su células se organizan en
bandas distintas (cordones testiculares), los precursores de los túbulos seminíferos.
Otras células constituyen la base del futuro sistema interno de conductos. Hacia la
decimoséptima semana (cuando el embrión alcanza 14 mm de largo) quizá haya
ocurrido la suficiente diferenciación, de tal modo que el órgano pueda reconocerse
como un testículo en desarrollo. Si para este tiempo la arquitectura fundamental del
futuro testículo no puede distinguirse, puede suponerse, de modo provisional, que la
gónada indiferenciada se desarrollará en un ovario. La evidencia más definitiva de
que el bebé será niña viene algo más tarde (alrededor de la décima semana),
cuando los precursores de los folículos empiezan a organizarse de modo aparente.
Después que están dispuestos estos patrones básicos el testículo y el ovario
continúan creciendo de manera congruente. Estos órganos no obtienen la
maduración completa hasta después de la pubertad.

Descenso del Testículo y el Ovario


De manera concomitante al desarrollo descrito, tanto el testículo como el ovario
sufren grandes cambios de forma y posición que son de importancia especial.
Primero, el testículo y el ovario son estructuras pequeñas que se encuentran en la
parte alta de la cavidad abdominal. Hacia la décima semana han crecido y viajado
hacia abajo a nivel de] borde superior de la pelvis. Allí permanecen los ovarios hasta
el nacimiento, luego rotan y se desplazan más hacia abajo hasta que llegan a sus
posiciones adultas en la pelvis.
En el varón esta temprana migración interna va seguida por el descenso real de los
testículos hacia el escroto. Tan tempranamente como al tercer mes los preparativos
están realizándose. Los sacos (processus vaginalis, formaciones que no tienen
nada que ver con la vagina de la mujer) invaden el escroto durante el séptimo mes y
van seguidos normalmente por los testículos al mes siguiente, aproximadamente.
Después del descenso de los testículos se oblitera el paso en la parte alta. La parte
inferior del procesuss vaginalis persiste como una cubierta testicular (túnica
vaginalis, que no debe confundirse con la túnica albugínea o saco fibroso de los
testículos).
Pueden aparecer dos problemas clínicos durante este proceso. Primero, uno o
ambos testículos pueden no descender al escroto antes del nacimiento como ocurre
en más o menos el 2% de los nacidos varones. En la mayoría de estos niños los
testículos descienden en la pubertad; sin embargo, si no lo hacen espontáneamente
se hace necesaria la intervención quirúrgica u hormonal, de otra manera la elevada
temperatura de la cavidad abdominal interferiría con la espermatogénesis
ocasionando esterilidad si ambos testículos no hubieran descendido al escroto. Los
testículos no descendidos son también más propensos a presentar cáncer.
El segundo problema surge cuando el conducto atravesado por los testículos no se
elimina o se recanaliza cuando los tejidos se vuelven laxos en la vejez. Se crea un
paso anormal y las asas intestinales pueden penetrar al saco escrotal produciendo
una alteración conocida como hernia o ruptura inguinal, la cual puede corregirse con
facilidad mediante la cirugía.
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Diferenciación de los Conductos Genitales


En la etapa indiferenciada la gónada tiene dos tipos de conductos: los de Müller (la
mujer potencia]) y los mesonéfricos o de Wolff los conductos del varón en potencia.
Los primeros se desarrollan por separado; de los segundos se hace cargo el
aparato urinario. El embrión humano desarrolla de manera sucesiva tres formas de
riñones: primero aparece el pronefros, una forma funcional en los animales
inferiores, pero no en el hombre. Luego surge el mesonefros que funciona
brevemente (aunque es la forma definitiva de riñón en otros animales carentes de
amnios). Estas formas tempranas son en esencia conjuntos de túbulos que llevan a
los conductos comunes. Antes que los túbulos mesonéfricos y los conductos se
descarten por el aparato urinario, se hace cargo de ellos el aparato genital. El
metanefros es el último órgano excretor embrionario y se desarrolla en el riñón
humano.
En el embrión masculino el testículo en desarrollo supera al mesonefros, cuyos
túbulos empiezan a degenerar. Los que sobreviven se reorganizan e incorporan en
los cordones del testículo como tubos colectores empezando alrededor del tercer
mes. El conducto mesonéfrico (de Wolff en el que antes se vaciaban por sí mismo
se vuelve el conducto genital principal; su parte superior se convierte en el
epidídimo contorneado y la parte inferior evoluciona hacia el conducto deferente y el
conducto eyaculador. Los túbulos mesonéfricos que ni degeneran ni se vuelven
funcionales persisten como "túbulos ciegos"(paradídimo, apéndice del epidídirno,
conductillos aberrantes) y carecen de importancia. El sistema de conductos
mesonéfricos degenera en la mujer y persisten algunas estructuras remanentes aquí
y allá como "canales ciegos" o segmentos de conductos (epoöforon, paraöforon, y
así sucesivamente) y tampoco tienen significado práctico.
Los pasos genitales de la mujer se desarrollan a partir del sistema de conductos de
Müller. El proceso es relativamente sencillo. Empieza con un conjunto de dos tubos.
Las porciones superiores permanecen independientes y se desarrollan con el
tiempo en las dos trompas uterinas; las porciones media e inferior se unen para
formar el útero y tal vez la parte superior de la vagina (cuyas otras porciones se
desarrollan a partir de otros tejidos). Los conductos de Müller degeneran en el varón
en el tercer mes aunque presisten algunos fragmentos como estructuras residuales
(apéndice del testículo, utrículo prostático, etc.)
Diferenciación de los Genitales Externos
Los genitales externos, como los internos, están primero indiferenciados
sexualmente. Como hemos señalado, hacia la séptima semana el sexo del embrión
puede determinarse de modo provisional por medio de un estudio microscópico de
las gonadas. Son necesarias algunas semanas más para el desarrollo más
diferenciado de los genitales externos. El sexo del feto de 4 meses es inconfundible.
Este proceso, en general, procede de manera predecible y ordenada. Sin embargo,
las anomalías del desarrollo resultan a veces en estados paradójicos de
bisexualidad o hermafroditismo.
Homologías de los Aparatos Reproductores
Se dice que son homólogos los órganos o partes de organismos animales que
tienen un origen y estructuras similares (pero no necesariamente la función).
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Contrastan con las partes corporales que son análogas, es decir, similares en
función, pero no en origen y estructura (como las branquias de un pez y los
pulmones de un animal terrestre). Tanto los órganos sexuales internos como los
externos de machos y hembras son homólogos. En teoría debería ser posible
elaborar una lista completa de tales pares, pero en la práctica tal aparcamiento no
es posible. Además, muchos remanentes del sistema de conductos eliminados no
tienen importancia.

Fisiología de la Sexualidad
La meta fisiológica de la actividad sexual es el logro del orgasmo. Una gran parte de
esa actividad está lejos de esa meta y la frecuencia y medios por los cuales se logra
el orgasmo durante toda la vida varía muchísimo. En estudios de conducta sexual,
el orgasmo se usa como una unidad cuantitativa ya que puede reconocerse con
facilidad y cuantificarse su presencia.
En esta parte, estamos interesados, sobre todo, en los procesos fisiológicos. Existe
un peligro inherente en este enfoque y puede preguntarse, de manera legítima, si es
posible o no separar las funciones fisiológicas del organismo de sus concomitantes
psicológicos. No tratamos de establecer una dicotomía entre la mente y el cuerpo,
pero algunas consideraciones prácticas hacen que examinemos los varios aspectos
de la sexualidad humana al mismo tiempo. Además, como ha señalado Kinsey:
"Cualesquiera que sean la poesía y el romance del sexo y cualquiera que sea el
significado moral y social de la conducta sexual humana, las respuestas sexuales
involucran cambios reales y materiales en los procesos fisiológicos de un animal”.
Se sabe de ordinario que un episodio de "descarga" sexual empieza con una
excitación creciente que culmina en el orgasmo y va seguida de un periodo de
relajación y de saciedad sexual. En descripciones más formales se han designado
varias etapas a este proceso. Ellis consideró dos fases: tumescencia y
destumescencia. Más tarde, Masters y Johnson han propuesto cuatro fases:
excitación, meseta, orgasmo y resolución. La finalidad de tales subdivisiones
consiste en facilitar la observación y la descripción. Tales clasificaciones no tratan
de oscurecer la unidad básica de la actividad sexual que ocurre de manera continua
con las manifestaciones de las distintas fases sobreponiéndose y mezclándose unas
con otras de modo imperceptible.
ESTIMULACION SEXUAL
La capacidad de responder a la estimulación sexual es una característica universal
correspondiente a todos los seres sanos. Aunque la naturaleza de¡ estímulo varía
ampliamente, la respuesta fisiológica básica del organismo es la misma. Sin
embargo, las variedades y la intensidad de la excitación sexual que cada persona
experimenta durante la vida son muy numerosas. Algunas veces esta excitación
llega a la expresión completa en el orgasmo; la mayor parte del tiempo no va más
allá de pensamientos lánguidos o deseos ardientes vagos y que pronto
desaparecen.
¿Qué cosa desencadena tales respuestas? Potencialmente, cualquier cosa y todas
las cosas. Los estímulos pueden ser "sexuales" en el sentido ordinario de la palabra
o involucrar factores que para la mayor parte de la gente carecen de un interés
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erótico. En un estudio de las circunstancias en que los jóvenes tienen creaciones se


encontró que incluía una gran variedad de actividades atléticas (natación, boxeo,
equitación, esquiar), acontecimientos con una carga emocional (llegar tarde a casa),
reunir tarjetas con reportes, ser perseguido por la policía, y hasta el estar sentado
en la iglesia o escuchar el motete nacional. Sin embargo, las fuentes no sexuales de
la estimulación erótica no ocurren al azar. En general, involucran actividades y
situaciones que tienen intensos elementos emocionales. Por desgracia, no hay
datos comparables para las muchachas en quienes es más difícil de precisar la
excitación sexual. Con el tiempo, esas respuestas eróticas indiscriminadas poco a
poco dan lugar a patrones más selectivos. Poco antes de los veinte años, la
respuesta sexual está en general limitada a la estimulación directa de los genitales o
a situaciones eróticas evidentes. En años posteriores las situaciones que llevan a la
erección se vuelven cada día más limitadas y cada vez más dependientes de la
estimulación física real.
La edad es un determinante de la capacidad de la respuesta. Se ha supuesto que el
género es otro y que los varones se excitan con más facilidad, pero la evidencia no
es concluyente. El número y variedad de los estimulantes sexuales son
desorientadores. Para seguir un cierto orden es habitual clasificar los estímulos
eróticos según diferentes parámetros: físicos, contra psicológicos aquellos para los
cuales las respuestas son innatas, contra aquellos para los cuales son aprendidas, y
así sucesivamente. Sin embargo, tales intentos de clasificación tienen una utilidad
limitada. ya que la mayor parte de los estímulos tienen componentes tanto físicos
como psíquicos y toda la conducta posee determinantes internos y externos.
Generalmente todas las modalidades de sensación deben estar involucradas, y de
hecho lo están, en la excitación erótica, pero para la mayoría de los seres humanos
predomina el tacto seguido por la vista. En otros animales pueden predominar otras
modalidades sensoriales como el olfato y el gusto (como ocurre en los insectos).
Estimulación Mediante el Tacto
La estimulación mediante el tacto probablemente explica la mayor parte de los
casos de excitación sexual entre los mamíferos. En el hombre, aun cuando otras
modalidades también son importantes, el tacto sigue siendo el modo predominante
de estimulación erótica. De hecho, es el único tipo de estimulación para el cual el
cuerpo puede responder de manera refleja e independiente de los centros psíquicos
superiores. Hasta un hombre que esté inconsciente o que tenga lesionada la médula
espinal, de tal manera que los impulsos no puedan llegar al cerebro (pero que dejan
intactos los centros coordinadores sexuales en la parte inferior de la médula
espina]), todavía es capaz de tener una erección cuando se acarician sus genitales
o la parte interna de los muslos.
La percepción del tacto se verifica a través de las terminaciones nerviosas en la piel
y en los tejidos más profundos. Estos órganos terminales están distribuidos de
manera irregular, lo que explica por qué algunas partes (las yemas de los dedos)
son más sensibles que otras (la piel de la espalda) : mientras más ricamente
inervada esté una región, mayor será su potencial para la estimulación.
Se cree que algunas de las áreas más sensibles son especialmente susceptibles a
la excitación sexual y por eso se llaman zonas erógenas. Estas incluyen el glande
del pene (en particular, la corona y la cara inferior del glande), pero no el cilindro del
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pene; el clítoris; los labios menores y el espacio que encierran (el vestíbulo), pero no
el conducto vaginal; el área entre el ano y los genitales; el ano mismo; los senos (en
particular los pezones) ; la boca (los labios, la lengua y toda la cavidad) ; los oídos
(en especial los lóbulos) ; las regiones glúteas y las caras internas de los muslos.
Aunque es verdad que estas áreas están involucradas más a menudo en la
estimulación sexual, de ninguna manera son las únicas. El cuello (la garganta y la
nuca), las palmas de las manos y las yemas de los dedos, las plantas y los dedos
de los pies, el abdomen, la ingle, la parte media de la región posterior del tronco o
cualquier otra parte del cuerpo, bien puede ser eróticamente sensible al tacto.
Algunas mujeres han llegado al orgasmo cuando se tocaban sus cejas o sólo
cuando se aplicaba una cierta presión en sus dientes.
El concepto de las zonas erógenas no es nuevo: En los manuales del "amor"
abundan las referencias explícitas o implícitas de ellas y el valor práctico de tal
conocimiento es evidente por sí mismo. El conocimiento de las zonas erógenas
puede aumentar bastante la propia efectividad como amante. Debe observarse, sin
embargo, que estas zonas son a menudo indistintas y no corresponden a ningún
patrón determinado de distribución nerviosa. También, la interpretación última de
todos los estímulos por el cerebro está profundamente afectada por la experiencia
previa y el condicionamiento. Una zona “erógena" específica puede así ser bastante
insensible en cierta persona o ser sensible hasta el punto del dolor para otra. Por lo
tanto, no se puede enfocar a otra persona de manera mecánica como si se apretara
un botón y esperar que así se despierte una excitación sexual automática. Aunque
es verdad que se es más propenso a responder a la estimulación de las zonas
erógenas verdaderas, el amante sofisticado tratará de aprender el mapa erógeno
único de su compañero o compañera, el que es resultado tanto de las dotes
biológicas como de las experiencias de la vida.
La Estimulación Mediante otros Sentidos
La visión, la audición, el olfato y el gusto son, en menor grado, también medios
importantes de estimulación erótica. Estas modalidades, al contrario del tacto, no
actúan de manera refleja. Aprendemos a experimentar ciertas vistas, sonidos y
olores como eróticos y otros como neutrales o, inclusive, repulsivos. No nacemos
con la idea de que las rosas tienen un olor atractivo o de que las heces (en
particular, las de los demás huelen mal). Un niño pequeño tocaría sus excrementos
y se lamería el dedo si sus padres se lo permitieran. Independientemente de las
afirmaciones de los productores de cosméticos, no existen aromas ni colores que
sean "naturalmente eróticos" pero los aromas y los colores pueden ser estimulantes
si hemos sido condicionados a asociarlos con la excitación sexual.' La base refleja
de la estimulación táctil no impide que esté sujeta a la modificación por la
experiencia. Como se comentó, cualquier parte de la superficie corporal puede
volverse sensible o insensible en el sentido erótico, mediante la experiencia y las
asociaciones mentales. No obstante, en general, el aspecto reflejo de la
estimulación táctil continúa operando. Todas las respuestas son aprendidas
mediante la vista, el oído y el olfato.
En consecuencia, existe una diversidad ilimitada en las preferencias y repulsiones
sexuales de los individuos así como de las culturas. Esta diversidad hace imposible
generalizar acerca de la efectividad de cualquier fuente de estimulación. El porqué
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un cierto perfil femenino o una característica sexual femenina debería ser


estimulante en una cultura pero no en otra, o sólo durante un corto periodo en una
cultura determinada, es causa de una interminable especulación.
La vista de los genitales femeninos es, con toda probabilidad, una fuente universal
de excitación para los varones como cualquier otra que pudiera existir. De modo
paradójico, la vista de los genitales masculinos no parece excitar tanto a las
mujeres, pero esto puede deberse tan sólo a inhibiciones culturales. Ciertamente,
existen mujeres que se fascinan tanto por los genitales masculinos como los
hombres lo hacen por los de la mujer. En las culturas en las cuales la desnudez es
aceptada aparecen preferencias claras por ciertos rasgos de los órganos sexuales
externos. Entre algunos pueblos del Africa del Sur, por ejemplo, los labios menores,
grandes y pendulosos ("delantales de los hotentotes") se consideraron muy
atractivos. Esta hipertrofia se producía jalando y estirando estas partes de las
mujeres durante la niñez y la adolescencia. Sin embargo, la alteración y la
mutilación de los genitales no siempre tienen propósitos eróticos, sino que pueden
servir para propósitos de magia o religión.
Aun cuando las normas eróticas difieran v cambien, el impacto de los estímulos
visuales es algo indudable como lo es nuestra preocupación por los atributos físicos,
cosméticos y modas en el vestir. Podríamos argumentar si las preocupaciones
estéticas están o no motivadas en todos los casos. Además, la capacidad de
experimentar y despertar sentimientos sexuales no depende necesariamente del
tamaño y la forma, como lo demuestra con facilidad la experiencia con mujeres
hermosas pero frígidas o con hombres guapos pero impotentes.
El efecto del sonido es, quizá, menos ostensible; sin embargo, es bastante
significativo como estimulante sexual. El tono y la suavidad de la voz así como
ciertos tipos de música (con ritmos producidos con instrumentos de percusión o
lánguidas secuencias repetidas) pueden servir corno estímulos eróticos. Pero estas
respuestas son aprendidas. por lo que aquello que estimula a una persona puede
tan sólo distraer o molestar a otra.
La importancia del sentido del olfato ha declinado en el hombre tanto en general
como en términos de lo sexual. No obstante, el uso de aromas en muchas culturas
así como la preocupación por los olores corporales testimonia su gran influencia.
Esperaríamos que el olor de las secreciones vaginales y del semen tuvieran
propiedades eróticas. Empero, la mayor parte de la gente no admite abiertamente el
reconocimiento de tales cualidades – tal vez porque existen inhibiciones para
discutir los asuntos sexuales -. La observación de la conducta sexual entre los
animales indica que no sólo nuestro sentido del olfato ha disminuído sino que
también hemos perdido nuestra capacidad de disfrutar los olores corporales que
percibimos.
Estimulación Sexual
A pesar de toda la fascinante información que tenemos sobre la base fisiológica de
la estimulación sexual, la clave para entender la excitación sexual humana
permanece encerrada en los procesos emocionales que hasta ahora no
comprendemos por completo. La excitación sexual está bastante influida por los
estados emocionales. Aun los elementos sexuales reflejos se encuentran, con toda
normalidad bajo la regulación emocional. La estimulación mediante alguno o todos
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los sentidos dará por resultado la excitación sexual si, y solamente si, se acompaña
de los concomitantes emocionales apropiados. Ciertos sentimientos, corno el afecto
y la confianza, realzarán y otros, como la angustia y el miedo, inhibirán las
respuestas eróticas en la mayoría de los casos.
En vista de nuestros sistemas nerviosos altamente desarrollados podernos
reaccionar sexualmente a imágenes tan sólo mentales que hacen de la fantasía
sexual el estimulante erótico más común. Nuestra capacidad de respuesta está
basada, por lo tanto, no sólo las características de la situación concreta, sino que
incluye todo el almacén de memoria de la experiencia pasada y de los
pensamientos proyectados hacia el futuro. Lo que nos despierta sexualmente, en
última instancia, es el resultado de todas estas influencias.
Como seres humanos comparamos, en cierto grado, una historia común así como
una biología común. Por ejemplo, todos somos cuidados cuando niños por personas
mayores que se vuelven las influencias primeras y más significativas en nuestras
vidas. Pero también somos únicos de diversos modos. Las observaciones anteriores
sobre las zonas erógenas pueden ser, por tanto, aplicables tanto al terreno
psicológico corno al físico. Así como la mayor parte de nosotros tendemos a
responder a las caricias suaves en la cara interna de nuestros muslos, también nos
inclinamos a responder de manera positiva a la expresión del interés sexual en
nosotros. En ambos casos, la respuesta dependerá de la persona involucrada y de
las circunstancias, y es difícil una reacción automática.
Gran parte de lo que se ha dicho aquí es bastante obvio, pero necesita reiterarse
debido a que a menudo encontramos más fácil y menos amenazante el depender de
formas físicas de excitación que de la expresión emocional.
Diferencias de Género en la Excitación Sexual
¿ Reaccionan, hombres y mujeres, de manera diferente a los estímulos sexuales?
¿Se “encienden" los hombres con más facilidad que las mujeres? Esas diferencias,
si existen, ¿son innatas o determinadas por la cultura a que pertenezcan?
A pesar del interés evidente y difundido por tales preguntas, existe una investigación
sorprendentemente escasa sobre las diferencias entre varones y hembras respecto
a lo que en general consideran como un estímulo erótico. Consideremos, por
ejemplo, el efecto de mirar un material visual potencialmente lascivo. Kinsey informó
que los hombres, en general, se estimulan más que las mujeres al mirar materiales
sexuales explícitos (tales como reproducciones de desnudos, genitales o escenas
sexuales), pero que las mujeres se estimulan igual que los hombres al ver películas
y leer material de contenido romántico. La mayoría de la gente tendería a estar de
acuerdo con esta afirmación basándose en la observación común. Después de todo,
los lectores de revistas "juveniles", los coleccionistas de "fotografías sucias", los
auditorios de cl películas para hombres" y de espectáculos frívolos, son masculinos
en forma predominante y no hay un interés tan intenso comparable entre las
mujeres.
Pero, ¿qué hay de la evidencia experimental además de la evidencia informada (que
fue la base para la conclusión de Kinsey) a este respecto? Un grupo de 50
estudiantes varones y 50 estudiantes mujeres de la Universidad de Hamburgo se
igualaron en características demográficas y se les mostraron láminas sexuales
explícitas bajo condiciones experimentales. En general, los hombres encontraron
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más estimulantes las láminas con temas sexuales cuando esto implicaba escenas
aisladas (hombres mirando láminas de mujeres atractivas en bikini o que mostraban
varones desnudos con penes erectos). Cuando la escena tenía un componente
romántico o afectivo (una pareja besándose) las mujeres respondieron igual, si no
es que más intensamente. Las escenas del coito fueron algo más excitantes para
los hombres, pero no mucho más que para las mujeres.
Cuando se miraron estas láminas, las reacciones fisiológicas más frecuentes fueron,
en las mujeres, las sensaciones genitales (calor, prurito, pulsaciones) y más o
menos una quinta parte de las mujeres informaron de secreción vaginal. Los
varones en general respondieron con una erección.
En función de la prevalencia de estas respuestas fisiológicas no hubo una diferencia
global significativa entre los sexos: 35 mujeres y 40 hombres (de los 50 de cada
grupo) tuvieron alguna respuesta genital. Tampoco hubo una diferencia significativa
en los posteriores efectos sexuales de la prueba: cerca de la mitad de los sujetos en
cada grupo informaron de una mayor actividad sexual durante las siguientes
veinticuatro horas, incluyendo la masturbación, las caricias sexuales, o el coito.
También se informó de un deseo sexual aumentado que no se actuó en términos
comparables para ambos sexos.
Una muestra mayor (128 varones y 128 mujeres) observó películas que mostraban
la masturbación masculina y femenina, las caricias sexuales y el coito. Una vez
más, los hombres respondieron con más prontitud, pero la diferencia con las
mujeres fue mínima. No hubo diferencias significativas en la prevalencia de las
reacciones fisiológicas mientras se veían las películas. Entre las mujeres, el 65%
experimentó sensaciones genitales –28% sintió secreción vaginal y el 9% tuvo
sensaciones en las mamas-. El 31% de los varones tuvo una erección completa y el
55% una erección parcial. Uno de cada cinco hombres y mujeres informó de alguna
actividad masturbatoria mientras miraba la película y en cuatro casos, todos ellos
hombres, la masturbación llegó al orgasmo. Durante las siguientes veinticuatro
horas hubo algún aumento en la actividad sexual de ambos sexos, en especial de la
masturbación.
Estos datos tienden a confirmar la idea de que los varones parecen responder con
más prontitud que las mujeres al material erótico visual, pero esta afirmación debe
comentarse de inmediato. En primer lugar, la diferencia entre los sexos de ninguna
manera es tan notable a este respecto como se supone en general. El contraste
aparente se debe, en gran parte, a las expectaciones sociales y a la pauta cultural:
las mujeres no deben reaccionar como los hombres al material sexual explícito. Esto
a menudo es suficiente para inhibir sus respuestas. En el caso de que sus
respuestas no se inhiban, las mujeres tienden a ocultar sus verdaderos sentimientos
para no recibir la censura social. En segundo lugar, cualesquiera que sean las
diferencias reales que puedan existir entre los sexos, son superadas por las
diferencias entre los miembros de cada sexo. Así, se encontrarán muchas mujeres
que reaccionarán en forma más positiva a los estímulos eróticos visuales que el
hombre "promedio". Cuando esto ocurre, es erróneo concluir que ciertas mujeres
"responden como hombres", como si existiera una norma fija de respuesta para los
varones. Es preferible pensar en una diversidad de respuestas que hombres y
mujeres comparten en grado variable, pero que ninguna es exclusiva o
característica de ningún Sexo.
Otra desventaja de tales comparaciones es la selección limitada por prejuicios del
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estímulo erótico. La mayor parte del arte erótico, por ejemplo, es producido por
hombres. Cuando usamos estas representaciones y símbolos sexuales preferidos
por los varones como los estímulos estándar y las mujeres no responden de modo
tan activo como los hombres, con dificultad puede concluirse que las mujeres en
general responden menos a los materiales eróticos visuales.
En la actualidad las mujeres se están volviendo más dispuestas a revelar sus
preferencias sexuales y a oponerse a la práctica tradicional de ser medidas por los
criterios masculinos. Conforme disminuyen los puntos de vista estereotipados de las
diferencias ligadas al sexo se puede ver, en realidad, una convergencia en los
patrones de respuesta sexual. Esto ya ha ocurrido en cierto grado entre las
generaciones más jóvenes de Occidente. A medida que estos cambios se
generalicen veremos cuáles diferencias subsistirán (si queda alguna) entre las
respuestas de mujeres y hombres a los estímulos eróticos visuales.
A pesar de estas observaciones sería prematuro concluir que todas las diferencias
ahora percibidas se deben al prejuicio "sexual". Hay una amplia evidencia de las
discrepancias en los patrones de excitación sexual entre los animales. En el caso de
éstos la comunicación del interés ocurre sobre todo a través de los procesos
fisiológicos (como la secreción de feromonas) o de procesos morfológicos (tales
como el edema y el eritema de la región anogenital de la hembra durante el celo).
Los animales también participan de ciertos patrones de conducta establecidos
durante el cortejo. Estos procesos, en general, son bastante específicos para el
sexo.
Lo que complica más las cosas es el hecho de que tales declaraciones del interés
sexual pueden servir también para comunicar otros mensajes. Por ejemplo, entre los
primates, la presentación de nalgas y el montaje son preliminares del coito, así
como una demostración sumisa y dominante, respectivamente.
No está claro hasta qué grado los patrones de estimulación sexual de los primates
persisten entre los humanos. En lo que toca a otros aspectos de la sexualidad,
apenas estamos empezando a enfocar seriamente la conducta humana bajo la
perspectiva que siguen los primates. Hay un cambio importante en los humanos
hacia patrones de conducta más refinados y hacia la comunicación verbal del
intento sexual. La diversidad cultural a este respecto es amplia y gran parte de esa
conducta se lleva a cabo con dificultad de manera consciente hasta por la persona
que la manifiesta Hasta ahora sólo hemos tratado aquí la pregunta sobre el tema de
la respuesta erótica a los estímulos visuales. Los medios de excitación sexual son
tantos y sus procesos subyacentes tan complejos que estas breves referencias
deberían considerarse nada más corno ejemplos ilustrativos. Debemos tener
presente que el despertar el interés sexual va más profundamente que la mera
coquetería sexual y que constituye el primer paso en la tarea reproductora a través
de la cual se conserva una especie.
LA RESPUESTA SEXUAL: CARACTERISTICAS GENERALES
En respuesta a la estimulación sexual, el organismo reacciona como un todo. Sin
embargo, los elementos de esta respuesta total son muchos y variados. Para
facilitar la descripción bosquejaremos primero las características ,generales de
conducta de los patrones de respuesta sexual y luego trataremos de los cambios
fisiológicos en los órganos sexuales y en varios sistemas corporales.
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Durante todo el desarrollo del tema estaremos tratando de los patrones ordinarios
de la respuesta sexual humana. Empero, nuestras descripciones no pretenden ser
estándares de "normalidad" o "salud". Existen innumerabIes variaciones de estos
patrones y también son perfectamente "normales" y "sanas". El fundamento
biológico de la sexualidad no implica que sus manifestaciones sean uniformes de
modo inflexible.
Como la excitación sexual y el orgasmo son fenómenos ampliamente
experimentados podemos preguntarnos acerca de la necesidad de describirlos.
Pero la mayoría de nosotros no puede generalizar a partir sólo de nuestras propias
experiencias. Existe demasiada variación entre los individuos para permitir la
generalización y, además, la mayoría de nosotros no está con la disposición para
una observación imparcial en momentos de excitación sexual. De hecho, existe un
embotamiento de nuestra capacidad de percepción durante la excitación sexual
como resultado del cual no estamos del todo conscientes de nuestras propias
sensaciones y respuestas fisiológicas.
La Cercanía del Orgasmo
En respuesta a una estimulación sexual efectiva se desarrolla una sensación de
excitación acentuada. Los pensamientos y la atención se dirigen a la actividad
sexual próxima y la persona se aleja cada vez más de otros estímulos y hechos del
medio ambiente. La mayoría de la gente trata de ejercer cierto control sobre la
intensidad y tiempo de sus crecientes tensiones sexuales. Puede tratar de suprimirla
o de evitarla distrayendo su atención a otras cosas. 0 puede, en forma deliberada,
realzarla y prolongar el sentimiento insistiendo en sus aspectos placenteros. Si las
circunstancias son favorables para una expresión más completa, estos estímulos
eróticos son difíciles de ignorar. Por otro lado, la angustia o las distracciones fuertes
pueden con facilidad disipar la excitación sexual durante las primeras etapas.
Aunque la estimulación algunas veces se intensifica de manera rápida y acentuada,
en general aumenta en forma más desigual. En los jóvenes, la progresión es más
rápida, mientras que en los viejos tiende a ser más gradual. Conforme aumenta el
nivel de tensión, las distracciones externas se hacen menos efectivas y es más
probable que ocurra el orgasmo.
El preludio del orgasmo es placentero en sí mismo y puede ser bastante
satisfactorio. De hecho. después de un periodo de excitación sostenida se puede
anticipar el orgasmo a voluntad. Pero las tensiones prolongadas, en general,
ocasionan irritabilidad e inquietud si no se alivian mediante el orgasmo.
En general, se cree que los varones responden con más rapidez a la estimulación
sexual y que son capaces de alcanzar el orgasmo antes que las mujeres. Gran parte
del consejo en los manuales matrimoniales gira sobre este punto concreto: debido a
que supuestamente las mujeres responden con más lentitud estimularse durante
períodos más largos si han de lograr el orgasmo. Esta creencia tiene cierta validez,
pués en la práctica clínica, la esposa "más lenta", en general, se queja de que es
"dejada atrás". Empero, no hay base fisiológica conocida para esta diferencia
estabIecida y las mujeres pueden responder más o menos con la misma rapidez
que los hombres ante una estimulación sexual efectiva.
A la mujer promedio, por ejemplo, le toma algo menos de cuatro minutos llegar al
orgasmo mediante la masturbación, mientras que el varón promedio necesita entre
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dos y cuatro minutos. Sin embargo, algunas mujeres pueden llegar al orgasmo, en
un tiempo tan corto como de quince a treinta segundos. La disparidad entre los
sexos para lograr el orgasmo con el coito está relacionada, por tanto, no con
diferencias fisiológicas fundamentales sino con los elementos mecánicos y
psicológicos del acto sexual.
Las manifestaciones subjetivas y de conducta de la excitación sexual varían tanto
que quizá ninguna descripción pueda abarcarlas a todas. Con la excitación sexual
leve es posible que sean visibles, hasta cierto punto, pocas reacciones al
observador casual y, por otro lado, durante la excitación intensa la conducta puede
ser bastante impresionante. La persona en el momento de la excitación sexual
parece tensa de cabeza a pies. Se halla tensa la musculatura de todo el cuerpo.
Conforme alimenta la tensión, el individuo hace con sus manos y piernas cualquier
cosa que esté al alcance y hasta una persona débil parece dotada de repente de
fuerza considerabIe. Poco a poco las contracciones y sacudidas musculares
involuntarias e irregulares asumen un patrón rítmico, mejor ejemplificado por las
acometidas pélvicas - el sello oficial del coito de los mamíferos.
Las actividades de los músculos, aunque muy intensa, de ninguna manera son las
únicas respuestas del cuerpo. La piel se congestiona, aumenta la salivación, las
ventanas de la nariz se abren, palpita el corazón, se acelera la respiración, la cara
se congestiona y contorsiona, la persona siente, mira y actúa de manera muy
diferente a su común modo de ser.
Estos fenómenos es posible que sean muy ligeros. Los resultados de la tensión
muscular y la vasocongestión siempre ocurren, pero no siempre se reflejan de
manera muy evidente. La persona tal vez permanezca quieta o muestre sólo unas
respuestas manifiestas ocasionales mínimas. Sus movimientos pueden ser
deliberados y suaves. Las acometidas quizá involucren sólo las nalgas y ser apenas
notables. Los cambios en la expresión facial probablemente sean mínimos. Sin
embargo, no importa qué tan atenuadas sean sus manifestaciones de conducta,
debe experimentar aumentos obvios en la frecuencia cardiaca y respiratoria; de otra
manera, simplemente no está excitada.
Hasta ahora hemos omitido toda referencia a los cambios en los órganos sexuales,
pues los trataremos en detalle más adelante. También hemos dejado fuera las
manifestaciones idiosincrásicas: algunos tartamudos, por ejemplo, hablan con más
libertad cuando están estimulados sexualmente. El reflejo nauseoso puede
desaparecer, lo que explica la capacidad de algunas personas de introducir. el pene
profundamente en sus bocas. Los espásticos pueden coordinar mejor, quienes
padecen de fiebre de heno pueden obtener un alivio temporal y disminuye el
sangrado de las cortaduras. La percepción de] dolor está muy embotada durante la
excitación sexual, lo que explica, en parte, la tolerancia masoquista de las prácticas
sádicas.
El Orgasmo
La regulación voluntaria del nivel de excitación se hace cada vez más difícil de
mantener durante la estimulación prolongada y en el momento del orgasmo se
pierde por completo. En el lenguaje más elaborado del pasado:
...si bien la tumescencia está grandemente bajo el control de la voluntad, cuando
llega el momento de la destumescencia (es decir, del orgasmo) los afectos escapan
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al control de la voluntad, los impulsos más fundamentales e incontrolables del


organismo galopan desenfrenados, el carro militar de Faetón se arroja con ímpetu
ciego en el mar de la emoción.
El orgasmo (del griego orgasmos, "hinchar", "ser lascivo") es una de las
sensaciones más intensas y profundamente satisfactorias que puede experimentar
una persona. En términos fisiológicos consiste en la descarga explosiva de las
tensiones neuromusculares acumuladas. Definido de manera más subjetiva, es un
alto nivel de tensión en el cual el tiempo parece detenerse por un momento. Existe
el impulso hacia la liberación y una absoluta imposibilidad de detenerlo. En cuestión
de segundos, todo termina, pero mientras dura, parece una eternidad.
Los patrones de respuesta durante el orgasmo varían según los individuos y según
la edad, la fatiga, la duración de la abstinencia y así sucesivamente. No obstante,
existe alguna evidencia de que dentro de ciertos límites de cada persona tiene un
conjunto bastante característico de respuestas durante su vida sexual activa. En el
sentido fisiológico estricto, no hay razón por la que hombres y mujeres reaccionen
de modo diferente durante el orgasmo. Sin embargo, los factores psicológicos y las
diferentes normas de conveniencia pueden alterar de manera acentuada la
conducta de los dos sexos. También es posible que surjan las diferencias en la
respuesta orgástica debido a los aspectos físicos - por ejemplo, si la persona está
experimentando el orgasmo acostada o de pie, y así sucesivamente.
Por una parte, las manifestaciones patentes del orgasmo pueden ser tan limitadas
que un observador con dificultad logra notarlas; por otro lado, la experiencia puede
ser una convulsión explosiva. Lo más común es que haya una combinación visible
de las respuestas genitales, y corporales totales: una tensión prolongada, o ligeras
sacudidas de las extremidades mientras el resto del cuerpo se torna rígido; una
mueca o un grito encubierto y las contracciones rítmicas de los órganos sexuales y
de la musculatura pélvica antes que sobrevenga la relajación. Es menos común que
las reacciones estén restringidas sólo a los genitales. Las acometidas pélvicas van
seguidas por contracciones limitadas y la respuesta general del cuerpo parece
mínima.
En el orgasmo intenso, todo el cuerpo se vuelve rígido, las piernas y los pies se
extienden, los dedos de los pies se flexionan o se extienden, el abdomen se
endurece y se hace espástico, el cuello rígido se impulsa hacia adelante, los
hombros y brazos están rígidos y con tendencia a asir, la boca jadea buscando
aliento, los ojos se vuelven prominentes y miran al vacío o se cierran con fuerza.
Todo el cuerpo se convulsiona de modo sincrónico con las contracciones genitales o
se sacude sin control.
Durante el orgasmo, la persona puede quejarse, suspirar, gritar o pronunciar frases
fragmentadas y sin sentido. En reacciones más extremas puede haber risa
incontrolable, plática, llanto o movimientos muy enérgicos. Tales momentos de
excitación máxima pueden durar varios minutos.
El orgasmo se experimenta por hombres y mujeres como un intenso placer aunque
sus elementos subjetivos varíen algo entre los sexos. En los varones adultos, las
sensaciones del orgasmo están ligadas a la eyaculación, que ocurre en dos etapas.
En la primera existe la sensación de que la eyaculación es inminente, o "que viene",
y no se puede hacer nada para detenerla. En la segunda hay una clara advertencia
de la uretra contrayéndose, seguida por la salida del líquido a presión.
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En la mujer el orgasmo empieza con la sensación de pasmo instantáneo seguido


por una sensación intensa creciente en el clítoris que luego se extiende por la pelvis.
Esta fase varía de intensidad y también puede involucrar sensaciones de "caída",
"apertura", o hasta de emisión de líquido. Algunas mujeres comparan esta etapa del
orgasmo a los dolores leves del trabajo de parto. Va seguida por una irradiación de
calor difundiéndose de la pelvis hacia el resto del cuerpo. La experiencia culmina en
las sensaciones características de contracción en la pelvis. El orgasmo femenino, al
contrario del masculino, puede interrumpirse.
¿Son iguales todos los orgasmos? La pregunta es difícil de responder de manera
categórica. En un nivel nunca dos experiencias son siempre las mismas, porque
cada uno de nosotros es único y porque aun la misma persona es diferente (le
alguna manera en distintos momentos. Pero para fines prácticos consideramos que
ciertas experiencias son idénticas si en la mayoría de los casos se repiten en la
misma forma.
En el sentido de lo asentado al último, la experiencia orgástica masculina tanto
desde el punto de vista fisiológico como psicológico parece bastante uniforme.
Existen grandes diferencias de intensidad y de otras variables como señalaremos en
relación al acto sexual, pero todas estas diferencias se entienden como
desviaciones de una experiencia común reconocida en general.
La situación es más compleja con las mujeres. Ellas sienten las mismas variaciones
que los hombres, pero, además, existe la posibilidad de que experimenten, de modo
cualitativo, orgasmos diferentes que también implican diferencias en los
mecanismos fisiológicos. A causa del interés especial de este tema volveremos a él
más adelante.
La intensidad del sentimiento reduce la percepción sensorial como se describió
anteriormente y es más acentuada durante el orgasmo. La persona puede tornarse
bastante insensible a los golpes o aun a estímulos más dolorosos y en el momento
máximo de la excitación sexual puede morder y rasguñar sólo con una vaga noción
de que lo está haciendo. La vista, el oído, el gusto y el olfato - todas las
sensaciones- se embotan en parte. La persona puede perder la conciencia durante
algunos segundos, sobre todo en un orgasmo muy intenso.
Es paradójico que en el máximo de la satisfacción sexual, la persona no muestre
una expresión de alegría o de contento. Por el contrario, su cara contorsionada y
esforzados movimientos “parecen sufrir un tormento”. De manera incidental, si una
mujer sonriera tranquilamente cuando se supone que estaría experimentando el
orgasmo, es probable que estuviera sólo fingiendo para complacer a su compañero.
Los hombres no pueden simular el orgasmo puesto que tienen que eyacular.

Las Variedades del Orgasmo Femenino


La diferenciación formal entre los tipos de orgasmo femenino la propuso
originalmente Freud, y fue reiterada por otros psicoanalistas. Así pues, ha sido un
dogma de la teoría psicoanalítica ortodoxa que las mujeres experimentan dos tipos
de orgasmo, vaginal y clitoridiano.
Esta teoría del doble orgasmo supone que en las niñas pequeñas el clítoris, como el
pene del hombre, es el sitio primario de la excitación sexual así como de su
expresión. Con la madurez psicosexual se dice que el foco cambia del clítoris a la
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vagina, por lo que, después de la pubertad, la vagina surge como la zona orgástica
dominante. Si no ocurriera este cambio, la mujer permanecería incapaz de
experimentar el orgasmo vaginal y estaría limitada al tipo clitoridiano "inmaduro". En
cierto sentido, tal mujer sería "frígida": incapaz de lograr el orgasmo vaginal por
completo satisfactorio que es el sello oficial de la mujer madura y sana en lo sexual.
Kinsey y sus colaboradores plantearon dudas sobre todo el concepto del doble
orgasmo. Ellos señalaron que la vagina es un órgano bastante insensible; durante
las exploraciones pélvicas muchas mujeres simplemente no pueden decir cuándo se
está tocando con suavidad la pared vaginal y en la práctica quirúrgica se ha
encontrado que la vagina es muy insensible al dolor. También los estudios
microscópicos no demuestran órganos terminales del tacto en la mayor parte de las
paredes vaginales.
Los datos de Masters y Johnson en su estudio apoyaron el punto de vista de Kinsey;
fisiológicamente, existe uno y sólo un tipo de orgasmo. El clítoris y la vagina
responden del mismo modo sin que cuente cuál de los dos es estimulado o, en todo
caso, aun si ninguno participa en forma directa (como cuando el orgasmo ocurre
después de la sola manipulación de los senos). Este dato no quiere decir que la
experiencia subjetiva del orgasmo despertada por cualquier medio sea siempre la
misma. La semejanza radica sólo en las manifestaciones fisiológicas. La experiencia
subjetiva del orgasmo que resulta de la masturbación o del coito en una postura
dada, o con una persona específica, puede ciertamente variar muchísimo. Sin
embargo, la base de estas diferencias es psicológica.
El impacto inicial de la investigación de Masters y Johnson fue tan notable que toda
la controversia del orgasmo vaginal o del clítoris pareció abandonarse para siempre.
Pero esto, de hecho, no ha sucedido y el tema continúa debatiéndose.
Parte del problema radica en la dificultad de separar los efectos fisiológicos de la
totalidad de la experiencia. Los investigadores de Kinsey habían encontrado muchas
mujeres que afirmaban que la penetración vaginal profunda brindaba un tipo
especial de satisfacción. Ellos explicaban este dato desde varios ángulos: la
satisfacción psicológica de la involucración total e íntima con otra persona; la
estimulación táctil resultante del contacto corporal total y el efecto del peso del
compañero; la estimulación de los labios, el clítoris y el vestíbulo mediante la
presión de los genitales y del cuerpo del hombre (en otras palabras, la estimulación
de otras áreas percibidas como estimulación de la vagina) ; la estimulación de los
músculos perineales y la estimulación directa de la pared vaginal (en aquellas pocas
mujeres cuyos órganos están provistos de terminaciones nerviosas sensitivas).
En la actualidad, las mujeres que saben de los hallazgos de Masters y Johnson
continúan afirmando su percepción de las diferencias subjetivas, como se ilustra en
esta cita de Doris Lessing:
Cuando ella hizo el amor por primera vez con Paul, durante los primeros meses, lo
que estableció el hecho de que lo amaba y le hizo posible para usar la palabra, fue
que ella de inmediato experimentó el orgasmo. Es decir, el orgasmo vaginal. Y no
pudo haberlo experimentado si no lo hubiera amado. Es el orgasmo lo que se crea
por la necesidad del hombre de una mujer y por su confianza en esa necesidad.
Conforme pasó el tiempo él empezó a emplear dispositivos mecánicos. (Considero
la palabra mecánicos -un hombre no la usaría.) Paul empezó a confiar en
manipularla por fuera, en darle a ella orgasmos del clítoris. Muy estimulante.
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Empero, siempre había una parte de ella que lo resentía, porque pensaba que el
hecho de que él lo quisiera así era una expresión de su deseo instintivo de no
comprometerse. Ella sintió que sin saberlo o estar consciente de ello (aunque tal vez
lo sabía), se encontraba temerosa de la emoción. Un orgasmo vaginal es emoción y
nada más, sentido como emoción y expresado en sensaciones que son
indistinguibles de la emoción. El orgasmo vaginal se disuelve en una sensación
generalizada, vaga y oscura, como el ser hecho girar en un tibio remolino. Existen
diferentes clases de orgasmos del clítoris y son más poderosos (una palabra
masculina) que el orgasmo vaginal. Puede haber miles de sensaciones,
estremecimientos, etc., pero sólo hay un orgasmo femenino real y es cuando un
hombre, con toda su necesidad y su deseo, toma a una mujer y quiere toda su
respuesta. Todo lo demás es un sustituto y una simulación, y la mujer con menos
experiencia siente esto de manera instintiva."
Otra descripción interesante es suministrada por un matrimonio de fisiólogos que
registraron sus respuestas sexuales en la intimidad de su propia recámara:
Esta mujer, en general, experimenta dos orgasmos durante el coito, uno antes que
eyacule el varón y otro un medio minuto después que comienza la eyaculación; los
dos son cualitativamente diferentes. El primero, algunas veces tiende a ser bastante
elaborado y el segundo ocurre casi de manera automática. El segundo es mucho
más intenso en sensación y se verifica con más confiabilidad que el primero. El
primer orgasmo es bastante más variable e inconstante que el segundo, acaeciendo
a veces inmediatamente después del comienzo del coito, en ocasiones, después
que ha pasado mucho tiempo - y otras veces nunca en absoluto. Durante los
periodos de mayor excitación, el primer orgasmo sería posible eliminarlo a voluntad
o de manera alternativa podría desarrollarse en orgasmos múltiples, es decir, unos
seis o siete pequeños orgasmos si el coito dura lo suficiente. Esto depende de la
capacidad de repuesta del pene, ya que cuando las reacciones de éste son rápidas,
el coito termina pronto. La característica más notable de los primeros orgasmos
(preeyaculatorios) es su incapacidad de satisfacer. Aunque ocurran uno o seis,
permanece la sensación de ser incompletos y de insatisfacción. Estos orgasmos
parecen servir al propósito de asegurar un estado satisfactorio de excitación o la
capacidad de respuesta para el orgasmo final (después de la eyaculación), en
especial, si la oportunidad para las caricias previas es limitada. Con el orgasmo final
(después de la eyaculación) se obtiene una satisfacción completa de modo
independiente al número de orgasmos que lo precedieron. ...Con las contracciones
finales de la eyaculación, el varón empieza a soltar a su presa y se vuelve inactivo.
En este momento un esfuerzo compulsivo abdominal y vaginal y un jadeo empiezan
en la mujer. El pene parece ser empujado a la abertura vaginal y el cuerpo se
aprieta inmediatamente por abajo del glande por los músculos de la abertura
vaginal, hasta que el glande forma un tapón apretado en la vagina. En esta etapa,
las pulsaciones alcanzan su máxima intensidad y anuncian las contracciones
orgásmicas de la vagina y el útero a intervalos de un segundo aproximadamente. La
reacción vaginal a la eyaculación es tan automática que casi parece tener
características de un reflejo; de tal manera, que en periodos de stress tal vez fallara.
Las crispaturas vaginales alternan con pulsaciones hacia adentro que dan lugar a
una sensación de succión, aunque las sensaciones orgásmicas muy placenteras
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están más unidas a las contracciones y al efecto de alivio que traen. La sensación
de succión casi nunca acompaña al orgasmo clitorial o fuera de la cópula.
En realidad, la controversia va más allá de la cuestión de la sensación subjetiva.
Singer y Singer, por ejemplo, han tratado de revisar el tema de si las contracciones
convulsivas del introito vaginal y el área circundante constituyen o no un elemento
necesario del orgasmo femenino. Ellos argumentan que no lo son; en lugar de
aquella explicación proponen que existen tres tipos de orgasmo femenino.
El primero es el "vulvar", que se caracteriza por contracciones rítmicas involuntarias
del introito vaginal ("plataforma orgásmica"). Afirman que éste es el orgasmo
observado por Masters y Johnson. Este tipo no depende de la naturaleza de la
actividad sexual, ya sea coito o masturbación, y tiene propiedades fisiológicas
estables.
En segundo lugar existe el "orgasmo uterino" que no involucro contracciones
vulvares y cuya peculiaridad es una variedad especial de respiración; la mujer hace
una serie de inspiraciones entrecortadas, luego, súbitamente, deja de respirar antes
de exhalar con fuerza el aliento contenido, a veces pronunciando sonidos forzados o
palabras incoherentes. A esto sigue una sensación de relajación y saciedad sexual.
La razón de que esta segunda clase de orgasmo se llame "uterino" se debe a que
quizá es efecto del desplazamiento reiterado del útero y de la estimulación
consecuente del peritoneo (que consiste en los pliegues sensitivos del tejido que
cubre los órganos abdominales).
Al contrario del orgasmo vulvar, el uterino depende del coito (o de un sustituto
cercano), puesto que la estimulación del clítoris, por ejemplo, no tendría un impacto
físico directo sobre el útero.
El tercer tipo es el "orgasmo combinado" que, como lo sugiere el término, reúne
elementos de las dos primeras variedades.
Como veremos en breve, en sus investigaciones Masters y Johnson informan de
cambios evidentes del útero durante el ciclo de la respuesta sexual; pero los
consideran parte del proceso orgásmico común y no un tipo diferente de orgasmo.
Además, el papel del útero en el orgasmo de esta variedad es especulativo. Esta es
la razón por la cual, en lo que falta del presente capítulo, enfocaremos nuestra
atención sobre todo en las alteraciones fisiológicas que han comunicado Masters y
Johnson.
No obstante, la causa por la cual hemos tratado acerca de estas opciones es que
existe mucha experiencia subjetiva reportada por mujeres, que no armoniza con la
forma arquetípica del orgasmo único. Todavía falta el fundamento fisiológico de tal
experiencia, pero la carencia de verificación objetiva en un campo tan nuevo no es
razón suficiente para descartar los continuos informes de personas perceptivas.
Este tópico tiene gran importancia clínica, además de las consideraciones
puramente fisiológicas. Puesto que, por lo general, el orgasmo se equipara a las
contracciones genitales rítmicas, algunas mujeres han presentado un cuadro
paradójico en el que no experimentan contracciones rítmicas y por tanto, tal vez no
son orgásmicas; sin embargo, experimentan un placer intenso y una satisfacción
con el coito como si llegaran al orgasmo. Algunos investigadores han explicado esa
satisfacción basándose en la ternura y el afecto que estas mujeres obtienen del
contacto sexual; pero no hay motivo para suponer que no puedan distinguir el sexo
del afecto. Si hubiera formas alternativas del orgasmo no convulsivo (sean uterinas
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o no), entonces se resolvería la aparente paradoja.


Aun cuando no son investigaciones fisiológicas, existen dos estudios del orgasmo
femenino que deberíamos examinar en breve. El primero es una consideración
teórica de gran alcance que hace Mary Jane Sherfey acerca de la evolución de la
sexualidad femenina. En la controversia sobre el orgasmo, ella está en favor de la
teoría que sostiene que hay una sola clase. También plantea la hipótesis de que las
mujeres están dotadas de un impulso sexual insaciable que ha tenido que reprimirse
para permitir la aparición de las sociedades civilizadas. Si se hubiera mantenido sin
control la sexualidad femenina desenfrenada, habría interferido con las
responsabilidades maternas. Asimismo, habría entrado en conflicto con la formación
de grandes familias de ascendencia conocida que, a su vez, eran necesarias para el
funcionamiento de las economías agrícolas establecidas.
El segundo estudio es un análisis exhaustivo de Seymour Fisher acerca de la
información disponible sobre los aspectos fisiológicos y psicológicos del orgasmo
femenino. Fisher acepta la distinción básica entre la mujer con tendencia vaginal y
aquella con propensión clitorial, y rechaza las ¡aplicaciones psicoanalíticas ligadas a
estas diferencias. Describe cómo tales mujeres varían entre sí respecto a la
reacción sexual. Por ejemplo, la sensación del orgasmo del clítoris es "extática" y la
del vaginal es "feliz". También existe el intento de comparar las características de la
personalidad de las mujeres y explicar sus diferencias. Tendremos que decir acerca
de la obra de Fisher cuando comentemos el desarrollo psicosexual y las
alteraciones sexuales.
Efectos Posteriores del Orgasmo
Mientras que el comienzo del orgasmo es bien claro, su terminación es muy
ambigua. Las acometidas rítmicas de los órganos genitales y las convulsiones del
cuerpo se hacen progresivamente menos intensas y frecuentes. La abrumadora
tensión neuromuscular cede el paso a una relajación profunda.
Las manifestaciones de la fase postorgásmica son opuestas a las del periodo
preorgásmico: toda la musculatura se relaja; la persona experimenta una
avasalladora necesidad de descansar; siente la cabeza demasiado pesada para que
la sostenga el cuello; las manos que asían y ¡os dedos de los pies en torsión se
aflojan; los brazos y piernas apenas pueden moverse; el corazón que latía con
celeridad se normaliza; la taquipnea desaparece; los tejidos y órganos congestivos y
edematosos recuperan su color y tamaño normales. A medida que descansa el
cuerpo, la mente despierta de nuevo y los sentidos recobran poco a poco su
completa agudeza.
El estado tranquilo del organismo y de la mente después del orgasmo sexual
culminante ha dado lugar a la creencia de que todos los animales están tristes
después del Coito. En realidad, para la mayoría de las personas la sensación
predominante es de profunda satisfacción, o de paz y saciedad. La expresión
contorsionada es sucedida por una de tranquilidad. Los ojos se vuelven brillantes y
lánguidos y un ligero rubor ilumina la cara.
El descenso de la cima orgásmica puede ocurrir de manera vertiginosa o de un
modo paulatino. En particular en la noche, la laxitud extrema después del coito
contribuye a la fatiga natural y la persona simplemente puede dormirse. Otros se
sienten relajados, pero muy activos o hasta eufóricos.
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No es raro sentir sed o hambre después del orgasmo. Un fumador quizá apetezca
un cigarrillo. A menudo surge la necesidad de orinar, a veces de defecar. Las
reacciones idiosincrásicas son innumerables: hay quienes sienten prurito o
entumecimiento, otros desean más contacto físico, y otros más quieren estar solos.
Es difícil separar las respuestas determinadas por la fisiología de los patrones
psicológicos o aprendidas en este campo. Independientemente de la respuesta
postorgásmica inmediata, una persona sana se recupera por completo de los
efectos mediatos del orgasmo en un tiempo bastante corto. La fatiga prolongada
resulta con frecuencia de las actividades que pueden haberlo precedido o
acompañado (bebida, falta de sueño), más que del mismo orgasmo. No obstante,
cuando un individuo está enfermo la experiencia per se puede ser más agotadora.
El Orgasmo en los Animales Inferiores
Las expresiones del orgasmo se diferencian bien entre los mamíferos. En el macho
no hay duda de que el orgasmo ocurre con regularidad y, la eyaculación lo prueba
de un modo claro. El orgasmo de la hembra es más difícil de precisar; en ésta las
tensiones neuromusculares parece que no desaparecen de repente después del
apareamiento, sino más bien se desvanecen poco a poco. Además, las hembras en
celo permanecen con capacidad de responder a la estimulación sexual después del
coito, en lugar de perder interés, como los machos.
Aun cuando la mayoría de las hembras de animales inferiores tal vez no responden
con el orgasmo, hay registros de casos específicos con los cuales las chimpancés
parece que manifiestan todos los signos del orgasmo. Las medidas fisiológicas de la
presión arterial durante la actividad sexual de estos animales, también señalan
elevaciones y depresiones similares en ambos sexos, lo que constituye una
evidencia indirecta de la ocurrencia del orgasmo. La evidencia indica asimismo que
éste apareció con retardo en las hembras. Mientras que el orgasmo en los hombres
es con toda claridad la continuación de los mecanismos presentes en especies
inferiores, la mujer es única en su aptitud para llegar a él de modo tan fácil e
inconfundible.
EL CICLO DE LA RESPUESTA SEXUAL
Aunque la respuesta general del cuerpo a la estimulación sexual se ha
documentado bastante bien, se carece de observaciones fisiológicas precisas del
orgasmo.
La fisiología del coito y el orgasmo es el área más lamentablemente descuidada de
la investigación médica. Aun los textos más detallados de fisiología mencionan este
tema sólo de manera rápida. En el siglo IV a. de J.C., Aristóteles observó que los
testículos se elevaban dentro del escroto durante la excitación sexual; pero pasaron
más de 20 siglos antes que este hecho se confirmara bajo circunstancias de
laboratorio.
Hasta ahora, en realidad, ha habido sólo una investigación amplia de la fisiología del
orgasmo: la realizada por Masters y Johnson. Su estudio es muy conocido y pueden
adquirirse numerosos resúmenes del mismo. Por tanto, aquí sólo hacemos un breve
bosquejo.
Masters y Johnson se interesaron, sobre todo, por investigar la fisiología del
orgasmo en una situación de laboratorio. Los sujetos fueron 694 voluntarios de
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ambos sexos con una función normal, entre 18 y 89 años de edad. El grupo incluyó
276 matrimonios, así como 106 mujeres y 36 hombres que no estaban casados al
comienzo de su participación en el proyecto (pero 98 lo habían estado antes) ; un
total de 382 mujeres y 312 varones. Muchos pertenecían a una comunidad
universitaria de St. Louis, Missouri, y el grupo era blanco en forma predominante.
Los solicitantes fueron seleccionados mediante entrevistas detalladas y exámenes
físicos; a todos aquellos que tenían anormalidades físicas, eran emocionalmente
inestables o se hallaban motivados de un modo principal por el exhibicionismo, se
les descartó. Los sujetos no constituyeron, en consecuencia, una muestra al azar de
la población general y en este sentido no eran " personas promedio". Sin embargo,
no se les escogió de manera específica por sus atributos sexuales, siendo el único
requisito el que fueran capaces de una respuesta sexual en circunstancias
experimentales. En términos socioeconómicos, el grupo poseía, en conjunto, mayor
educación y más medios materiales que la población general, aunque estaban
representadas varias clases sociales. Los individuos han permanecido anónimos y
sus datos biográficos no se hallan disponibles.
El procedimiento de investigación consistió en observar, registrar y en ocasiones
filmar las respuestas del organismo como un todo y de los órganos genitales en
particular ante la estimulación sexual y el orgasmo. En el experimento se incluyeron
tanto la masturbación como el coito. A fin de observar las respuestas vaginales, se
utilizó un artefacto especial de plástico claro en forma de pene, que permitía la
observación directa y la filmación del interior de la vagina. Todos los sujetos
observados sabían de antemano la naturaleza exacta de las actividades en que
participarían; los solteros fueron asignados principalmente a estudios que no
implicaban el coito. El laboratorio donde se efectuó la investigación era un cuarto
sencillo, sin ventanas, con una cama y equipo de registro. Primero, los sujetos
participaron solos en la relación sexual; cuando se sintieron cómodos en este
ambiente, se les pidió que lo hicieran en presencia de los investigadores y los
técnicos encargados del equipo (registro de la frecuencia cardiaca, presión arterial,
actividad eléctrica cerebral y otros). Este fue el tipo de situación en que cientos de
experimentos de todas clases se realizaron en centros médicos de todo el mundo.
El único elemento singular fue el proceso fisiológico en estudio. Durante casi una
década (empezando en 1954) se investigaron cuando menos, 10000 orgasmos.
Debido a que hubo más sujetos mujeres y a que éstas fueron sexualmente más
capaces de respuesta que los varones en tales circunstancias, unas tres cuartas
partes de estos orgasmos se experimentaron en el sexo femenino.
Aunque nadie ha tratado hasta ahora de repetir por completo la investigación de
Masters y Johnson, la validez científica de sus hallazgos fisiológicos se ha aceptado
ampliamente. Han sido planteadas algunas preguntas acerca de las circunstancias
bajo las que se obtuvieron los datos; una es la siguiente: ¿responden las personas
en el laboratorio, aun en lo fisiológico, de la misma manera en que lo harían al estar
en la intimidad de sus casas?
El estudio de la respuesta sexual humana fue tan sólo la primera etapa de esta
investigación. Desde entonces, Masters y Johnson han emprendido un programa de
tratamiento de los desórdenes sexuales y ahora están en vías de extender su labor
de investigación a otras áreas de la conducta sexual.
El patrón de respuesta sexual para los varones y los tres patrones para las mujeres
incluyen las mismas cuatro fases: excitación, meseta, orgasmo y resolución. Este
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esquema es, en lo básico, similar al patrón de tres fases que hemos descrito para el
organismo como un todo. La de meseta, en realidad, es una etapa avanzada de
excitación en la que se mantienen tensiones elevadas durante un lapso antes del
orgasmo. Aun cuando esta fase no puede distinguirse con facilidad en la experiencia
subjetiva, nos referiremos a ella porque los datos originales así la han descrito.
Estos patrones de respuesta, en general, son independientes del tipo de
estimulación o actividad sexual que los produce. La fisiología esencial del orgasmo
es la misma, independientemente de si es ocasionada por la masturbación, el coito
o alguna otra actividad. Las diferencias resultantes del tipo de estimulación no
afectan los cambios fundamentales manifestados por el organismo; pero sí, en
cierto grado, la intensidad de las respuestas. Hemos subrayado en forma reiterada
la semejanza básica de las respuestas sexuales en los dos sexos; sin embargo,
existen entre ellas varias diferencias importantes que deben observarse. Algunas
son resultantes de desigualdades anatómicas; otras no tienen explicación semejante
y quizá reflejen variaciones en la organización del sistema nervioso.
La primera diferencia principal está en el ámbito de la variabilidad.
La segunda diferencia entre los sexos surge de la presencia de un periodo
refractario en el ciclo masculino. (Una célula, tejido u órgano puede no responder a
una segunda estimulación sino cuando haya transcurrido cierto tiempo después de
la primera. Este lapso se conoce como "refractario".) El periodo refractario sigue
inmediatamente al orgasmo y continúa hasta la fase de resolución. Durante este
intervalo, no importa la naturaleza e intensidad de la estimulación sexual, el varón
no responderá. Es imposible para él lograr la erección completa u otro orgasmo,
sólo hasta después del periodo refractario cuya duración no se ha precisado
todavía. En principio, un hombre puede luego continuar con otro orgasmo, mas en la
práctica su capacidad para ello está muy limitada.
Las mujeres no tienen tales lapsos refractarios. Aun en el patrón más cercano al del
varón, tan pronto como termina el primer orgasmo es posible que el nivel de
excitación llegue de inmediato al máximo. Las mujeres pueden, Pues, alcanzar
orgasmos múltiples en sucesión rápida. Si esto no ocurre, la causa se halla en las
circunstancias específicas de la ocasión, incluyendo la incapacidad de los varones o
su falta de disposición para proporcionar la estimulación constante necesaria.
Exceptuando estas diferencias, los patrones de respuesta básica en los dos sexos
son los mismos. Los revisaremos con brevedad: en los hombres y en las mujeres la
excitación aumenta en respuesta a la estimulación efectiva y continua, que puede
ser psicogénica (pensamientos y sentimientos eróticos) o de origen somático
(estímulos físicos), aunque, por lo general, implica a ambas. La excitación puede
aumentar con rapidez o más lentamente, lo que depende de varios factores. Si la
estimulación erótica se mantiene, el nivel de excitación se estabiliza en un punto
elevado: la fase de meseta. A veces durante ésta se alcanza el punto irreversible y
tiene lugar el orgasmo.
Esta repentina liberación va seguida por la desaparición gradual de la excitación
contenida durante la fase de resolución.
La duración de estas fases fluctúa mucho, pero, en general, las de excitación y
resolución son las más prolongadas. Por lo común, la de meseta es relativamente
corta y el orgasmo casi siempre toma un minuto o menos. Aunque los esquemas no
lo indican, puede haber varias cimas en ella, cada una seguida por un retorno a un
nivel más bajo de excitación. También es posible que ésta no alcance el punto del
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orgasmo. El tiempo global para un cielo copulatorio completo puede variar de unos
minutos a varias horas.
Los otros dos patrones para las mujeres representan desviaciones menores de la
respuesta más común en que se omite la fase de meseta. 1) la excitación crece y de
inmediato se disgrega en una serie de orgasmos rápidos que la mujer experimenta
como uno sostenido al que sucede una prolongada resolución. 2) se caracteriza por
incrementos más súbitos de la excitación que culminan en un orgasmo sostenido
único, seguido por una resolución precipitada de tensiones. Estas dos respuestas
alternativas son de mayor intensidad que la más común, lo que se refleja en
cambios fisiológicos bastante acentuados.
Durante las diversas etapas del ciclo de la respuesta sexual ocurren numerosos
cambios fisiológicos específicos, algunos en los órganos genitales, otros en
diferentes partes del cuerpo. Conforme describimos estas reacciones debemos
tener en mente que no todas estas respuestas se mantienen durante todo el ciclo;
algunas que son fisiológicas (como la erección del pene) se establecen
inmediatamente y persisten durante todo el ciclo, en tanto que otras se manifiestan
sólo en cierta parte de una fase dada (por ejemplo, la congestión coronas adicional
en la parte final de la fase de meseta).
Mecanismos Fisiológicos de la Respuesta Sexual
Dos mecanismos subyacentes explican cómo varios órganos responden a la
estimulación sexual: vasocongestión y miotonía.
Vasocongestión es la obstrucción de los vasos sanguíneos y el aumento del flujo
sanguíneo a los tejidos. Comúnmente, el flujo sanguíneo a través de las arterias
hacia los distintos órganos es semejante al reflujo a través de las venas, por lo que
se mantiene un equilibrio fluctuante. En algunas situaciones el flujo sanguíneo a una
región excederá la capacidad de las venas para drenar el área y se producirá una
vasocongestión. Dicho flujo está controlado, sobre todo. por las arterias más
pequeñas (arteriolas), cuyas paredes musculares se contraen y se dilatan en
respuesta a impulsos nerviosos. Las causas últimas pueden ser físicas (por ejemplo,
el calor) o psicológicas (por ejemplo, la vergüenza). El tejido congestionado debido a
su exceso de sangre presenta edema, rubor y calor. La excitación sexual es
acompañada de una vasocongestión diseminada que involucra los tejidos profundos
y los superficiales. Su manifestación más notoria es la erección del pene, a la que
se ha llamado "rubor del pene". La respuesta varía en diferentes órganos y en
diversos momentos; pero está necesariamente presente en la excitación sexual.
Miotonía es el aumento de la tensión muscular. Aun cuando una persona se halle
relajada o dormida, por completo, sus músculos mantienen cierta firmeza o "tono
muscular". A partir de esta línea basal, la tensión muscular aumenta durante la
flexión voluntaria o las contracciones orgásmicas involuntarias. Con la actividad
sexual la miotonía es inevitable y difundida. Afecta tanto a los músculos lisos como
a los estriados y ocurre lo mismo de modo voluntario que de manera involuntaria.
Aunque hay evidencia de miotonía desde el comienzo de la excitación sexual,
aquella tiende a retardar la vasocongestión.
La Vasocongestión y la Miotonía son las fuentes subyacentes de casi todas las
manifestaciones fisiológicas durante la actividad sexual, y el lector deberá tenerlas
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en mente en el transcurso de nuestro análisis a las respuestas fisiológicas generales


y específicas.

Reacciones de los Organos Sexuales Masculinos


Pene
Entre los órganos sexuales, el pene sufre los cambios más acentuados durante la
excitación sexual y el orgasmo. La erección es considerada justamente como
evidencia de aquélla, aunque hay casos en los cuales sobreviene en ausencia de
estimulación sexual o sentimientos eróticos.
La erección se experimenta en innumerables ocasiones por casi todos los varones y
puede ocurrir en la primera infancia (algunos bebés varones la tienen poco después
de nacer), así como en la vejez. Durante sus años sexualmente activos, los
hombres experimentan erecciones a diario, ya en la vigilia, ya en el sueño. La
erección no es un fenómeno absoluto, pues existen muchos grados entre el
miembro viril fláccido por completo y el órgano congestionado al máximo, justo
antes del orgasmo. Para fines prácticos, un pene que puede introducirse en una
vagina que responde con toda normalidad puede considerarse totalmente erecto.
La erección sobreviene con rapidez notable. En varones menores de 40 años de
edad, el tiempo que se requiere puede ser menor de 10 segundos. Existen grandes
diferencias entre los individuos, así como entre diversas ocasiones para un mismo
individuo. En hombres muy jóvenes, en general, aparece más rápido pero no es
inexorable que con la edad la respuesta sea más lenta.
La fase de excitación puede ser corta y la actividad puede pronto seguir a la fase
más estable de meseta. Con mayor frecuencia, la fase más temprana es bastante
prolongada y la firmeza variable de la erección refleja aumento y disminución del
deseo y la excitación sexuales. Durante este periodo un hombre es muy vulnerable
a la pérdida de la erección. Aun si la estimulación sexual continúa sin interrumpirse,
una distracción que alarme puede causar detumescencia parcial o total.
Mientras transcurre la fase de meseta el pene pasa por dos cambios más, aunque
relativamente pequeños. Aun cuando se logre la erección completa, al final de la
fase de excitación ocurre una mayor congestión, sobre todo en la corona del glande.
La erección luego es más "permanente" y por un tiempo el varón puede desatender
la actividad sexual y permanecer con la tumescencia. Además, el glande a veces
muestra un color rojo púrpura más acentuado, que resulta de la congestión venosa.
Al contrario del cambio de color preorgásmico de los labios menores, éste no
anuncia si se acerca el orgasmo.
Durante el orgasmo las contracciones rítmicas características empiezan en los
órganos sexuales accesorios (próstata, vesículas seminales y conducto deferente) ;
pero muy pronto se extiende al pene mismo. Las contracciones orgásmicas
involucran a la uretra peniana en toda su longitud, así como los músculos que
envuelven la raíz del pene. Al principio ocurren con regularidad a intervalos de unos
0.8 s pero después de varias contracciones primarias vigorosas se vuelven más
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débiles, irregulares y menos frecuentes.


La eyaculación ("expulsión"), como ya se indicó, no es precisamente sinónimo de
orgasmo, sino su manifestación principal en el varón adulto. Esta expulsión vigorosa
del líquido espermático a través de la uretra es evidencia indudable de que ha
ocurrido el orgasmo. El líquido que fluye en cantidades variables (en general unos 3
c.c., o una cucharada cafetera) se conoce como "semen", "líquido seminal", o
"líquido espermático". Está constituido por los espermatozoides (que comprenden
muy poco de su volumen), por las secreciones de la próstata (que le dan su olor y
aspecto lechoso característico), por las vesículas semanales y en mucho menor
grado por las glándulas de Cowper. La eyaculación consiste en dos fases diferentes.
En la primera (emisión o primera fase del orgasmo), la próstata, las vesículas
seminales y el conducto deferente vacían su contenido en el bulbo uretral dilatado.
En este momento el hombre siente lo inevitable de la eyaculación. En la segunda
fase (la eyaculación propiamente dicha o segunda fase del orgasmo), el semen se
arroja mediante las fuertes contracciones de los músculos que circundan la raíz del
pene, y las contracciones peristálticas de los conductos genitales. La experiencia
subjetiva en este punto es la de un placer intenso asociado con las acometidas
orgásmicas y la sensación de flujo espermático.
El primer empuje fuerte durante el orgasmo expulsa el semen con cierta fuerza;
pero, en general, el líquido es impelido poco más allá del extremo del pene. A
veces, sin embargo , puede proyectarse a la distancia de un metro o poco más. De
cualquier manera, después de la eyaculación primera el semen restante fluye en
borbotones suaves. En los orgasmos sucesivos el flujo de líquido es cada vez
menor.
La cantidad de líquido y la fuerza con la que se expele se asocian popularmente con
la fuerza del deseo, la potencia, la fertilidad y otros factores; pero es difícil
fundamentar estas creencias.
También existe la idea común de que el semen se produce todo en los testículos, ya
que durante la abstinencia prolongada éstos pueden sentirse tensos y pletóricos.
Esta sensación, que tal vez sea incómoda, se alivia mediante la eyaculación. Sin
embargo, la contribución de los testículos al semen está limitada a los
espermatozoides y al escaso líquido que los transporta. La sensación pélvica de
plenitud antes del orgasmo resulta de la vasocongestión y las tensiones musculares
prolongadas. Las mujeres tienen experiencias semejantes.
En la resolución se invierten los cambios de las fases precedentes y se extingue la
erección. No obstante, el pene no se torna fláccido de repente. La detumescencia
ocurre en dos etapas: en la primera hay una pérdida de la erección relativamente
rápida, que reduce al órgano a un estado semirrígido; luego existe una
descongestión gradual en la que el pene vuelve a su tamaño previo a la
estimulación. En general, mientras más prolongada sea la excitación y la meseta (y
más acentuado el proceso de vasocongestión) más larga será la primera fase de
resolución que, a su vez, retarda la etapa secundaria.
Después de la eyaculación, si continúa la estimulación sexual (si el pene permanece
en la vagina o aun si el hombre queda cerca de su compañera) el miembro viril
sigue erecto más tiempo. Si, por otro lado, el varón se retira, se distrae o trata de
orinar, la detumescencia sobreviene con mayor rapidez. En realidad, un hombre no
puede orinar con el pene bien erecto, porque el esfínter urinario interno se cierra por
reflejo durante la erección completa para evitar la mezcla de la orina con el semen.
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Escroto
Los cambios en el saco escrotal, aunque evidentes, no son tan notables como los
del pene. Durante la fase de excitación la piel del escroto se contrae y engruesa;
así, pierde el aspecto de bolsa. Su respuesta inicial a la excitación sexual es, pues,
similar a su reacción al frío (y también al miedo y la ira). Si la fase de excitación es
bastante prolongada se relaja, aun cuando todavía no se complete el cielo sexual.
En la meseta y las fases orgásmicas no aparecen más cambios. En la fase de
resolución hay., en general, una extinción rápida del engrosamiento de la piel
escrotal. El escroto no presenta alteraciones en su coloración.
Testículos
Los cambios sufridos por los testículos, aunque no visibles, son muy acentuados. En
la fase de excitación ambos se elevan dentro del escroto, principalmente como
resultado del acortamiento de los cordones espermáticos y la contracción del saco
escrotal. Durante la fase de meseta esta elevación es mayor, hasta que los órganos
en verdad se presionan contra la pared corporal. Es necesaria una completa
ascensión testicular para el orgasmo y así lo precede.
El segundo cambio importante es un aumento notable del tamaño (un 50% en la
mayoría de los casos), a causa de la vasocongestión. Durante el orgasmo no hay
cambios adicionales.
En la fase de resolución tamaño y posición vuelven a lo normal. De nuevo el
proceso puede ser rápido o lento (el paso casi siempre es el mismo para una cierta
persona) y mientras mayor sea la fase de meseta, más prolongado es el proceso de
la detumescencia.
Glándulas de Cowper
Las glándulas bulbouretrales o de Cowper no muestran evidencia de actividad
durante la fase de excitación. Si se mantiene la tensión aparece en el extremo del
pene una gota de líquido claro, tal vez producida por estas glándulas. Estas
pequeñas estructuras son rudimentarias en el hombre. Sus homólogas en la mujer,
las glándulas de Bartholin, tienden a ser algo más activas. En contraste, en algunos
animales (por ejemplo, garañones, carneros, osos y cabras) estas glándulas
secretan bastante durante la excitación sexual.
Los hombres varían mucho en la producción de este material mucoide. Aunque la
mayoría secreta sólo una gota o nada en absoluto, algunos producen lo suficiente
para humedecer el glande o hasta gotear. La presencia de este líquido es evidencia
confiable de un alto nivel de tensión sexual; pero su ausencia no asegura lo
contrario.
Se ha supuesto que esta secreción actúa como lubricante en el coito. Sin embargo,
a causa de su presencia escasa e inconstante, esta función es improbable. Una
explicación más factible es que neutraliza la acidez de la uretra contaminada de
orina, protegiendo a los espermatozoides en su recorrido.
Cualesquiera que sean su fuente y su función, su vínculo con los pensamientos
voluptuosos es bien conocido. Los eruditos medievales le llamaban el "destilado del
amor" y lo distinguían correctamente del semen. También se ha mencionado en la
literatura antigua.
Aunque sin relación con el semen, esta secreción a veces contiene
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espermatozoides descarriados que se han colado antes de la eyaculación. El coito


puede así ocasionar un embarazo, aun cuando el varón extraiga su pene antes del
orgasmo, lo que a menudo explica embarazos no esperados y a pesar de que los
participantes sostengan con vehemencia que el acto sexual se interrumpió antes de
la eyaculación intravaginal.
Próstata y Vesículas Seminales
Las respuestas de la próstata y las vesículas semanales son similares y por tanto se
describirán juntas. Los cambios manifiestos están limitados a la fase orgásmica, en
la que desempeñan función principal. Como se indicó antes, la eyaculación en
realidad empieza con las contracciones de estas estructuras accesorias a me i a
que vacían sus secreciones en la uretra aumentada de tamaño. La mezcla de los
espermatozoides del conducto deferente pulsátil con las secreciones de las
vesículas seminales (cuyas paredes también laten en forma espasmódico) ocurre en
el conducto eyaculador. Los espermatozoides que pueden haberse almacenado en
las vesículas semanales, junto con los que vienen del conducto deferente, son así
impelidos a través del conducto hacia la uretra. Estos órganos accesorios de hecho
participan en las convulsiones rítmicas del orgasmo. Sus contracciones, junto con el
llenado de la uretra, son causantes de la sensación de que el orgasmo es inminente.
Reacciones de los Organos Sexuales Femeninos
Vagina
La vagina corresponde funcionalmente al pene (pero el clítoris es el homólogo del
pene). Las respuestas fisiológicas de la vagina y del pene a la estimulación sexual
son complementarias. A medida que éste se prepara para la inserción, aquélla se
dispone a recibirlo. Estas reacciones no están limitadas al acto sexual. La
estimulación efectiva de cualquier origen ocasiona las respuestas comunes del pene
y de la vagina.
La vagina exhibe tres reacciones específicas durante la fase de excitación:
lubricación, expansión de su extremidad superior y cambio de coloración. La vagina
cálida y húmeda evidencia el deseo sexual. El término "lubricidad" es sinónimo
apropiado de "lujuria". La humidificación de las paredes vaginales es el primer signo
de la respuesta sexual en una mujer y ocurre casi siempre dentro de 10 a 30
segundos después de la estimulación erótica.
La función lubricante del líquido vaginal, claro, resbaloso, y algo oloroso es patente
por sí misma. Como tal líquido es alcalino, también se supone que ayuda a
neutralizar el conducto vaginal (que normalmente tiende a ser ácido), en
preparación al paso del semen. Con todo, la fuente del líquido era desconocida
hasta hace poco tiempo.
Antes se suponía que era una eyaculación femenina análoga al semen y, por tanto,
esencial para la concepción. Este malentendido, que prevaleció hasta el siglo XVII,
tuvo algunas raras repercusiones. Constituyó la base para la tolerancia teológico de
la masturbación femenina si el orgasmo no ocurría de modo natural durante el coito;
el argumento era que a menos que la mujer complementara el semen con su propia
eyaculación, no podía ocurrir la concepción. Tal fracaso negaría lo que se
consideraba la función primaria del coito.
Como la pared vaginal no tiene glándulas de secreción, se supuso que el lubricante
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procedía del cuello uterino, de las glándulas de Bartholin, o de ambos. Sin embargo,
recientemente se ha demostrado de manera convincente que este líquido exuda en
forma directa de las paredes vaginales. El mecanismo de secreción todavía no está
claro, aunque con toda probabilidad se relaciona con la vasocongestión de las
paredes vaginales.
Las glándulas de Bartholin producen líquido; pero en comparación con la secreción
de las glándulas de Cowper tiende a ser escaso e inconstante y lubrica sólo el área
del introito, si acaso. De modo incidental, el líquido vaginal claro que resulta de la
excitación sexual no debe confundirse con los flujos vaginales crónicos originados
por diversas infecciones. Algunas secreciones del cuello uterino también pueden
estar presentes; pero tampoco contribuyen mucho a la lubricación vaginal.
El segundo cambio principal durante la fase de excitación es el aumento de tamaño
y la expansión de los dos tercios superiores de la vagina. Las paredes vaginales
interiores habitualmente colapsadas se expanden para crear un espacio donde será
depositada la eyaculación; de esta manera pierden algo de su aspecto arrugado.
Por último, las paredes vaginales, casi siempre de un color rojo púrpura, adquieren
un matiz más oscuro en respuesta a la estimulación sexual. Esta decoloración, al
principio nada más en algunas zonas, con el tiempo se extiende por toda la
superficie vaginal. Estos cambios de color reflejan la vasocongestión progresiva de
las paredes vaginales. Durante la fase de meseta el sitio del cambio se traslada de
los dos tercios superiores al tercio inferior de la vagina. En la fase de excitación, la
extremidad inferior de la vagina puede encontrarse un poco dilatada, pero en la fase
de meseta se congestiona y la luz vaginal se estrecha en una tercera parte. Estas
paredes congestivas del tercio inferior de la vagina constituyen la plataforma
orgásmica, donde las contracciones rítmicas del orgasmo son más claras. Durante
la fase de meseta el "efecto de tienda" en la extremidad superior de la vagina
progresa todavía más y se logra su expansión total. La lubricación vaginal tiende a
disminuir y si la etapa de excitación se prolonga más de lo habitual, puede cesar la
producción del líquido vaginal en la fase de meseta.
Durante el orgasmo los efectos más evidentes ocurren en la plataforma orgásmica.
Esta área se contrae rítmicamente (al principio a intervalos de 0.8 s) de tres a 15
veces. Después de las primeras tres a seis contracciones (correspondientes a las
primeras contracciones eyaculatorias del pene), los movimientos se debilitan y son
menos frecuentes. Este patrón orgásmico varía de una persona a otra, y de un
orgasmo a otro en el mismo individuo. Mientras más frecuentes e intensas sean las
contracciones de la plataforma orgásmica, más intensa será la sensación subjetiva
del orgasmo. Con niveles particularmente elevados de excitación estas
contracciones rítmicas van precedidas por otras espásticas (no rítmicas) de la
plataforma orgásmica que duran de dos a cuatro segundos. La porción superior de
la vagina no se contrae; pero continúa su "disposición en tienda de campaña".
Estas observaciones confirman que la vagina no es un receptáculo pasivo del pene,
sino un participante activo durante el coito. Este hecho es bien conocido por
aquellos que han observado el temblor de la abertura vaginal en las ansiedades del
orgasmo. Los sofisticados sexuales han cantado alabanzas a la vagina que con
gusto admite, envuelve y "ordena" al pene hasta la máxima excitación voluptuosa.
Durante la fase de resolución la plataforma orgásmica desaparece con rapidez. Las
paredes interiores vuelven mucho más lentamente a su forma habitual. Debido a la
descongestión, el color de las paredes vaginales se hace más claro en unos 10 a 15
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min. El proceso de lubricación, en casos raros, puede continuar en esta fase, lo que
indica una tensión sexual prolongada o de nuevo inicio. Con una estimulación
suficiente, un segundo orgasmo puede seguir pronto.
Clítoris
El clítoris es un órgano exclusivamente sexual y, en contraste a su homólogo
masculino, no desempeña ningún papel en la reproducción y es por completo
independiente del aparato urinario. En respuesta a la excitación sexual. presenta
tumescencia por vasocongestión, al igual que el pene, aunque su prepucio
sobresaliente le impide mantenerse erecto como el pene. También es evidente que
el clítoris no funciona de modo exacto al de un pene en miniatura, y así se deduce
por su respuesta relativamente lenta a la estimulación. La contraparte inmediata de
la tumescencia del pene es la lubricación vaginal, más que la vasocongestión
clitoridiana.
El clítoris es muy sensible. Casi todas las mujeres perciben la estimulación táctil en
esta zona y la mayoría responde en forma erótica a dicha manipulación. Su
apariencia y capacidad de desencadenar sensaciones voluptuosas ha hecho que se
le compare a un timbre eléctrico.
Durante la fase de excitación, tanto el glande como el cuerpo del clítoris se
congestionan. Esta respuesta es más compatible con el glande y puede resultar en
la duplicación de su diámetro. La respuesta vasocongestiva es más rápida y
acentuada si el clítoris y las áreas adyacentes al monte de Venus se estimulan de
manera directa. La secuencia fundamental de los cambios, sin embargo, es
independiente del método de estimulación.
La forma, tamaño y posición del clítoris en el estado sin estimulación y su visible
tumescencia durante la fase de excitación, no tienen relación con la probabilidad del
orgasmo. Importante como es para la estimulación sexual, el clítoris no da pistas
contables del curso subsecuente del cielo sexual. La tumescencia visible de su
glande, cuando ocurre, coincide con la respuesta vasocongestiva de los labios
menores y tiene lugar tardíamente en la fase de excitación (cuando el pene ha
estado erecto por algún tiempo y la vagina está bien lubricada). El glande del
clítoris, una vez tumescente, permanece así durante todo el ciclo sexual.
Durante la fase de meseta, todo el clítoris (glande y cuerpo) presenta una respuesta
característica: se retrae bajo el capuchón y casi desaparece a la vista. Esta reacción
es rápida y notable, sobre todo en respuesta a la estimulación directa y puede
resultar en la disminución a la mitad del tamaño que tiene cuando no está
estimulado. Como la dilatación inicial del órgano indica excitación sexual, su
retracción subsecuente puede malinterpretarse con razón como señal de pérdida de
la tensión sexual. Cuando mengua la excitación, el clítoris reaparece por abajo de
su capuchón. En el transcurso de una fase de meseta prolongada puede haber
varías repeticiones de esta secuencia de retracción-aparición, lo que puede
desorientar al varón no informado que trata de estimular el clítoris de su compañera.
Durante el orgasmo el clítoris permanece oculto a la vista. Después, pronto (en 5 o
10 s) surge de su posición retraída. La rapidez y el monto de esta respuesta son
comparables a la primera pérdida postorgásmica de la erección peniana. Por otro
lado, la detumescencia final del clítoris (como la segunda etapa de pérdida de la
erección del pene) es mucho más lenta (en general toma de 5 a 10 min, pero a
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veces media hora). Cuando no ha ocurrido el orgasmo, la congestión del glande y


del cuerpo del clítoris puede persistir durante horas y causar molestia.
Labios Mayores
Los labios vaginales de las mujeres que no han tenido hijos (labios de nulípara)
anatómicamente son algo diferentes de los de aquellas que han dado a luz (labios
de multípara). Estas alteraciones estructurales influyen sobre los tipos de respuesta
fisiológica durante el ciclo sexual, en especial en los labios mayores.
Los labios mayores de nulípara se adelgazan, aplanan y separan con más amplitud,
"abriendo" y exponiendo los órganos genitales externos. Esta ligera abertura revela
los tejidos congestivos y húmedos. Durante la meseta y la fase orgásmica los labios
mayores de nulípara no muestran mayores cambios. En la fase de resolución
vuelven a su tamaño y forma descongestionada y continúan su contacto en la línea
media. La resolución ocurre con rapidez si se presenta el orgasmo. De otra manera,
los cambios ocasionados durante la excitación desaparecen más tarde. Luego de un
periodo de excitación prolongado la congestión puede ser tan intensa que los labios
siguen edematosos durante varias horas después del cese de toda estimulación
sexual.
Los labios mayores de multípara son más grandes y pendientes y quizá contengan
venas siempre distendidas (varicosas). En lugar de aplanarse se congestionan
mucho y pueden duplicar o triplicar su tamaño durante la excitación; no obstante,
nunca exponen la entrada al orificio vaginal. No existen alteraciones durante las
siguientes dos fases. La resolución es más rápida si se presenta el orgasmo. De
otro modo, esta fase toma más tiempo, dependiendo de qué tan distendidas estén
las venas de los labios y cuán efectivamente puedan drenarse.
Las alteraciones en los labios mayores son comparables en alcance y constancia
con los de su homólogo masculino, el saco escrotal. En ambos, las respuestas son
comunes, pero no muy notables. Los mecanismos subyacentes, empero, son
distintos: en el escroto la respuesta es la contracción muscular. mientras que en los
labios mayores es la vasocongestión.
Labios Menores
Los cambios en los labios menores durante el cielo sexual son muy impresionantes
y bastante constantes. Conforme progresa la fase de excitación al nivel de meseta,
se congestionan mucho y doblan o triplican su tamaño, tanto en las mujeres
nulíparas como en las multíparas. Estos labios tumescentes se proyectan entre los
labios mayores sobrepuestos y se hacen muy visibles, lo que tal vez explique la
separación de éstos durante la excitación.
Las mudanzas de color reflejan el grado de congestión venosa; por tanto, se afectan
por cualquier distensión venosa en las mujeres multíparas. Durante la fase de
meseta los labios menores se tornan progresivamente rosa o aun rojo brillante. En
las mujeres multíparas el color resultante es rojo o color vino intenso.
Esta decoloración acentuada de los labios menores se ha observado con tanta
regularidad que se ha llamado la "piel sexual" de la mujer excitada. Si continúa la
estimulación erótica más allá de este punto, el orgasmo es inevitable; pero si se
interrumpe, no ocurrirá. Este no se presenta a menos que la congestión labial llegue
primero a esta cima. En este sentido, la “piel sexual" es comparable a la completa
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elevación testicular del varón: ambos anuncian el orgasmo inminente.


En la fase de resolución los labios menores edematosos y decolorados vuelven a lo
normal. La pérdida de color ocurre en dos pasos: en los primeros 10 a 15 s después
del orgasmo, el color rojo intenso se torna en un tono rosáceo; luego existe una
vuelta más lenta y menos regular al aspecto pálido de cuando no hay estimulación.
Glándulas de Bartholin
Las glándulas de Bartholin responden a la estimulación sexual secretando unas
cuantas gotas de material mucoide en un momento tardío en la fase de excitación o
aun en la fase de meseta. Parecen estimularse con mucha efectividad mediante la
acción del pene copulatorio durante un periodo prolongado, y las multíparas
presentan una mayor producción de la secreción. La contribución de estas glándulas
a la lubricación vaginal o a la neutralización del conducto vaginal ácido es
moderada.
Utero
A pesar de estar oculto a la vista, se sabe que el útero participa activamente en los
cambios del ciclo de la respuesta sexual. A menudo se ha pensado que sus
contracciones durante el coito hacen que el semen sea succionado a su cavidad.
Masters y Johnson no encontraron evidencia para apoyar esta suposición. También
hay referencias en la literatura acerca del gozo que origina el empujar con violencia
el pene contra el cuello uterino; pero tampoco esto se ha fundamentado. De hecho,
el cuello es muy insensible y hasta puede cortarse sin dolor.
El útero responde a la estimulación sexual primero, por una elevación de su posición
habitual. (Esta condición no se da si el útero no se halla en su posición normal de
anteversión.) Esta reacción jala el cuello uterino hacia arriba y contribuye al efecto
de tienda de campaña sobre la vagina. La completa elevación uterina se logra
durante la fase de meseta y se mantiene hasta su resolución, cuando el órgano
vuelve a su posición habitual en un periodo de 5 a 10 min.
Además, el útero muestra con claridad los efectos de los dos fenómenos fisiológicos
principales: vasocongestión y miotonía. La primera se manifiesta en un perceptible
aumento de tamaño durante las primeras fases y vuelve a lo normal después del
orgasmo; la segunda se evidencia en la actividad de la musculatura uterina, que
culmina en notorias contracciones.
Las contracciones orgásmicas empiezan en el fondo del útero y se extienden hacia
abajo. Aunque ocurren al mismo tiempo que las de la plataforma orgásmica, son
menos evidentes y más irregulares. El cuello uterino no presenta ningún cambio
específico hasta la fase de resolución, cuando la abertura cervical externa puede
dilatarse en cierto grado inmediatamente después del orgasmo. Mientras más
intenso sea éste, mayor será la probabilidad de esta reacción cervical. Debido a los
cambios inevitables en el cuello uterino durante el parto, esta condición se observa
mejor en las nulíparas.
Reacciones Extragenitales
Como se indicó antes, las respuestas del organismo a la estimulación sexual no se
limitan a los órganos sexuales. Dado que las manifestaciones extragenitales son
muy similares en ambos sexos, se describirán juntas.
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Mamas
Aun cuando las mamas del hombre también responden a la estimulación sexual, los
cambios durante el cielo sexual son bastante más notables en la mujer. Por
consiguiente, nuestra descripción se refiere, sobre todo, al sexo femenino.
La erección del pezón es la primera respuesta del seno a la estimulación sexual.
Sucede en la fase de excitación y resulta de la contracción de fibras musculares
"involuntarias", más que de congestión vascular. No obstante, la congestión de los
vasos sanguíneos es causante del crecimiento global de las mamas, incluyendo las
aréolas.
En la fase de meseta la congestión de la aréola es más acentuada y corno
consecuencia los pezones parecen relativamente pequeños. La mama se expande
como un todo, más durante. esta fase y en particular si nunca se ha succionado
(puede aumentar una cuarta parte de su tamaño cuando no está estimulada) ; un
seno que se ha succionado puede cambiar poco de tamaño o nada en absoluto.
Durante el orgasmo las mamas no muestran mayores cambios. En la fase de
resolución, junto con el eritema sexual de rápida desaparición, las aréolas se
vuelven detumescentes y los pezones recuperan su aspecto completamente erecto
("falsa erección"). Poco a poco las mamas y los pezones adquieren su dimensión
normal.
Los cambios en el pecho del varón no son constantes y se limitan a la erección del
pezón durante la última parte de las fases de excitación y de meseta. Los pezones
masculinos rara vez se estimulan en forma directa en el transcurso de la actividad
heterosexual (en ocasiones lo son en el contacto homosexual; pero manifiestan sus
reacciones, no obstante, en más de la mitad de los casos observados.
Piel
El significado de los cambios cutáneos acompañantes de los estados emocionales
es bien conocido. Nos ruborizamos con la vergüenza, nos ponemos rojos de ira y
palidecemos con el miedo. Estos reflejos superficiales de los sentimientos internos
se manifiestan en la infusión o drenaje de sangre de los vasos de la piel y se
regulan por el sistema nervioso autónomo. Así pues, difícilmente sorprende que la
actividad sexual ocasione reacciones cutáneas definidas, consistentes en eritema,
cambios térmicos y transpiración.
La respuesta de enrojecimiento es más común en las mujeres. Tiene el aspecto de
una decoloración, como una erupción en el centro de la parte superior del abdomen
(epigastrio) durante la transición de la excitación a la fase de meseta. Luego se
extiende a las mamas, el tórax y el cuello. En algunas mujeres, grandes áreas de la
superficie del cuerpo se vuelven moteadas como en la erupción del sarampión. Este
eritema sexual alcanza su máximo en la fase de meseta tardía y es un componente
importante de la fisionomía de la mujer excitada, tensa y singularmente expresiva de
la mujer a punto de experimentar el alivio del orgasmo. En la fase de resolución el
eritema sexual se desvanece con rapidez y el orden se invierte, por lo cual al último
desaparece la decoloración del cuerpo.
Los cambios de temperatura durante el cielo de la respuesta sexual no se han
medido hasta ahora. Aunque no hay evidencia de que la temperatura del cuerpo
como un todo varíe. la gente con frecuencia habla de la sensación de calor que se
esparce por todas partes después del orgasmo. Existen referencias populares a la
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excitación sexual, tales como “calentura", "fiebre", o "fuego". La vasocongestión


superficial es la probable explicación de esta sensación.
La transpiración (aparte de la que es causada por el ejercicio físico) aparece con
bastante frecuencia durante la fase de resolución. Entre los hombres esta respuesta
es menos constante y puede involucrar sólo las plantas de los pies y las palmas de
las manos. Puede haber bastante actividad física durante un acto sexual, y cuando
la atmósfera es caliente la sudoración quizá aumente mucho y se presente a lo largo
del ciclo sexual. La transpiración es uno de los medios por los cuales se refresca el
cuerpo demasiado acalorado.
Aparato Cardiovascular
Así corno el corazón se acelera y palpita cuando se experimenta miedo, ira y
excitación, también responde a la estimulación sexual contrayéndose con más
rapidez; pero, por lo común, esto no sucede de modo inmediato; asimismo, los
pensamientos eróticos. leves y transitorios, tal vez no alteren la frecuencia cardíaca.
Sin embargo, los niveles significativos de tensión sexual y ciertamente el orgasmo,
no ocurren sin elevación de la frecuencia del pulso. Aunque sean poderosos, los
pensamientos eróticos si no van acompañados de los cambios fisiológicos
concomitantes, están desprovistos de la emoción y ofrecen sólo una sombra de la
experiencia sexual genuina. En la fase de meseta la frecuencia cardíaca se eleva de
100 a 160 latidos por minuto (la normal en reposo es de 60 a 80 por minuto). La
presión arterial también registra aumentos claros paralelos al de la frecuencia
cardiaca. Estos cambios son muy significativos y comparables a los niveles
alcanzados por los atletas que realizan un esfuerzo máximo o por varones que
participan en un trabajo rudo. Implican un esfuerzo considerable para el aparato
cardiovascular que se maneja con facilidad casi siempre; sin embargo, los
cardiópatas requieren de orientación médica al respecto.
Aparato Respiratorio
La respiración y la frecuencia cardiaca están interrelacionadas por medio de
mecanismos fisiológicos complejos, por lo que responden de manera concomitante
a las exigencias corporales. El ejemplo más común es el ejercicio físico. Los
cambios en la frecuencia respiratoria dejan atrás a los de la cardiaca. Una
respiración más rápida y profunda se hace ostensible en la fase de meseta y
durante el orgasmo la frecuencia respiratoria puede elevarse hasta 40 por minuto (la
normal es de unas 15 por minuto, contando como una la inspiración y la espiración).
Sin embargo, la respiración se vuelve irregular en el orgasmo, cuando el individuo
detiene por momentos su aliento y luego respira con rapidez. Después del orgasmo
puede hacer una inspiración profunda o suspirar conforme entra a la fase de
resolución, junto con el pulso y la presión arterial, la respiración vuelve a la
frecuencia y profundidad normales.
Las ventanas de la nariz dilatadas, el tórax palpitante y la boca jadeante que
acompañan a la experiencia sexual son manifestaciones conocidas popularmente y
que caricaturizan en el retrato estilizado los cómicos para sugerir la excitación
erótica. Algo de la falta de aliento y los sonidos guturales emitidos durante el
orgasmo son efecto de contracciones involuntarias de los músculos respiratorios
que fuerzan el aire a través de las vías respiratorias espásticas. Después del
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orgasmo se relaja el paladar blando y la persona quizá emita ronquidos.


Los cambios manifestados por el aparato cardiorrespiratorio se deben en parte al
ejercicio muscular y no son específicos del sexo. No obstante, existen otros que
aparecen de modo específico en respuesta a la estimulación sexual. Las
alteraciones en la expresión facial y el jadeo en el orgasmo plantean la posibilidad
de que al individuo le falte oxígeno (anoxia), pero esta sospecha no está bien
documentada
Aparato Digestivo
La respuesta del tubo digestivo a la estimulación sexual puede observarse mejor en
sus extremos: la boca y el ano. Durante la excitación sexual aumenta la secreción
de saliva y a la persona se le puede hacer, literalmente, agua la boca. En algunos
casos tal vez babee o rocíe saliva. En los besos eróticos intensos (o en el contacto
bucogenital) la salivación aumentada es ostensible.
El ano es una área sensible que, además de su proximidad a los órganos genitales,
parece íntimamente involucrada en la provocación de estímulos sexuales y en la
respuesta a éstos. Ciertas personas reaccionan en forma erótica a la estimulación
anal, mientras que otras son indiferentes a ella o les disgusta. Esta no es una
práctica exclusivamente homosexual masculina, sino que tiene lugar también en las
relaciones heterosexuales. Sin embargo, la penetración del ano tiende a ser
dolorosa para el no iniciado.
La estimulación del ano tiene repercusiones bien conocidas en el cuerpo: la
extensión del esfínter anal induce la inspiración, pero la contracción hace difícil la
espiración. La contracción rítmica del ano junto con la flexión de los glúteos induce
tensión sexual. Algunas mujeres son capaces de llegar al orgasmo con sólo esta
maniobra.
La actividad sexual suscita respuestas anales (observadas hace mucho tiempo por
Aristóteles). Durante las fases de excitación y de meseta el esfínter anal se contrae
en forma irregular en respuesta a la estimulación directa. Empero, las reacciones
más notables ocurren durante el orgasmo, cuando las contracciones involuntarias
pueden apreciarse casi al mismo intervalo de 0.8 s de las pulsaciones de la
plataforma orgásmica y de la uretra peniana. Las contracciones anales no siempre
se presentan y, en general, involucran sólo de dos a cuatro espasmos. El esfínter
anal se relaja mientras las manifestaciones del orgasmo todavía están activas en
otras partes.
Aparato Urinario
La uretra masculina es una parte integral del pene; sus cambios durante el ciclo de
la respuesta sexual ya fueron descritos. En algunas mujeres la uretra muestra
algunas contracciones irregulares durante el orgasmo. Al contrario de los espasmos
anales, éstas son asincrónicas y bastante débiles. La necesidad de orinar después
del orgasmo ya se ha mencionado. En ciertas mujeres la micción puede ser
frecuente e incómoda después de la actividad sexual prolongada ("cistitis de la luna
de miel") a causa de la irritación mecánica de la vejiga urinaria.
El meato urinario (la abertura de la uretra al exterior) es muy sensible en ambos
sexos. Su estimulación también excita sexualmente a ciertas personas. En particular
en las mujeres, la masturbación puede involucrar la manipulación y la inserción de
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objetos tales como alfileres en la uretra. A veces éstos penetran en la vejiga y deben
extraerse por medios quirúrgicos.

Reacciones en los Ancianos


La sexualidad por lo general se ha considerado como prerrogativa de los jóvenes o
de quienes se hallan en la edad mediana; se ha supuesto que los viejos pierden el
interés y la capacidad sexuales de manera progresiva. Aunque de hecho así es, con
frecuencia se han exagerado las expectativas, hasta el punto de que hombres y
mujeres de edad son conceptuados asexuales. Cuando manifiestan interés erótico,
a menudo esto se juzga como artificial y poco digno.
El envejecimiento es un proceso misterioso que no está bien entendido y aun menos
regulado con éxito. La detención o al menos el retardo de la ruina temporal subsiste
como uno de los sueños universales de la humanidad no realizados. Aunque influido
evidentemente por factores complejos, el envejecimiento es característico de las
especies y está determinado en forma genética. Pero lo que nos interesa ahora son
únicamente las vicisitudes del impulso sexual y las reacciones del organismo con la
edad.
La senectud afecta el funcionamiento sexual de hombres y mujeres de varias
maneras, algunas de las cuales son comunes a ambos y otras específicas de cada
uno. La información referente a este problema es escasa y todavía incompleta; su
obtención está llena de dificultades aun para investigadores que han sido
precursores exitosos de la investigación sexual. Por consiguiente, nuestras
observaciones deben tomarse como consideraciones clínicas tentativas.
El impacto de la vejez, sobre la fisiología sexual parece bastante constante y
predecible en términos generales; pero esto no es aplicable a todos los individuos.
Algunos hombres y mujeres funcionan en la vejez como si tuvieran muchas décadas
menos. No es posible explicar con claridad la persistencia del vigor sexual en tales
personas. Además de muchos importantes factores biológicos y psicológicos parece
haber cierta correlación con la intensidad y regularidad de la actividad sexual: los
individuos que llevan una vida sexual activa en su juventud y a lo largo de la vida
adulta, parecen continuar esta pauta en la vejez.
Los cambios en la fisiología sexual de las personas de edad avanzada son efecto,
por un lado, de alteraciones anatómicas visibles propias del envejecimiento y, por
otro, de causas menos evidentes. En general, existe un retardo y atenuación de las
respuestas corporales en ambos sexos. La persona vieja no reacciona de manera
diferente o anormal; algunas de las reacciones ya descritas continúan sin
interrupción, mientras que otras se modifican y algunas cesan por completo.
Fundamentalmente, el hombre y la mujer de edad avanzada responden como antes
y siguen siendo capaces del orgasmo. Este hecho central no debe olvidarse al
considerar las desviaciones del funcionamiento anterior.
Para el varón senil la preocupación principal es la potencia: la capacidad de iniciar y
mantener la erección peniana, que es más lenta con los años. En lugar de los pocos
segundos requeridos en la primavera de su vida, el anciano necesita un lapso mayor
para lograr la erección, aparte de lo fuerte de la estimulación.
A pesar de esto, una vez que el anciano ha obtenido la erección puede mantenerla
durante más tiempo, tal vez porque hay un mejor control basado en su experiencia,
1 51
51

o porque en él existen modificaciones fisiológicas. Si la persona senil pierde su


erección antes del orgasmo, encontrará gran dificultad para recuperarla. La fase de
excitación en los individuos viejos, en contraste con los jóvenes, no se caracteriza
por grados sucesivos de tumescencia del pene. Aunque la erección puede
mantenerse durante las fases de excitación y de meseta, no se sostiene a su
máximo, lo que se lora sólo poco antes del orgasmo. Durante éste las contracciones
empiezan a los mismos intervalos de 0.8 s, pero desaparecen luego de unas
cuantas acometidas. La eyaculación ya no es tan vigorosa y en la vejez extrema el
semen tan sólo rezuma.
La respuesta de otros órganos masculinos también se atenúa: los cambios
escrotales quizá no se presentían en absoluto; la elevación testicular es moderada y
después de los 55 años de edad los testículos tal vez no aumenten de tamaño
durante el cielo de la respuesta sexual.
En la fase de resolución, cualesquiera que sean las alteraciones fisiológicas que
hayan ocurrido, desaparecen con sorprendente velocidad; de hecho, algunas
respuestas corporales se pierden antes que puedan descubrirse. La detumescencia
del pene ocurre en cuestión de segundos después del orgasmo, más bien que en un
proceso lento de dos etapas. Es como si el cuerpo, habiendo empleado todas sus
energías en el orgasmo, se colapsara en un estado de acotamiento. Pocos hombres
ancianos buscan orgasmos múltiples y más pocos pueden lograrlos. Sin embargo, si
tienen oportunidad para recuperarse durante un periodo refractario prolongado,
algunos varones pueden alcanzar orgasmos adicionales, y es una realidad que lo
logran.
El impacto de la edad sobre los órganos sexuales femeninos es más severo. La
mujer posmenopáusica manifiesta cambios anatómicos progresivos y acentuados.
Las paredes vaginales pierden su textura gruesa y corrugada, su aspecto purpúreo
y su elasticidad, y se ven delgadas y pálidas. La vagina continúa funcionando, pero
responde menos. La lubricación toma más tiempo (varios minutos) y es menos
profusa; el efecto de tienda de campaña es moderado y retardado; la plataforma
orgásmica se desarrolla sólo parcialmente. A pesar de esto, el tamaño de la luz de
la vagina de la mujer de edad es comparable al de la joven, ya que como el introito
se ha vuelto más estrecho, la plataforma orgásmica menos desarrollada la obstruye
lo suficiente. Este punto es de interés en vista de la importancia adjudicada a la
presión de la vagina excitada sobre el pene.
En las fases orgásmica y de resolución la vagina senil es equiparable al pene del
anciano: las contracciones del orgasmo son menos intensas y en menor número, y
la resolución es rápida y brusca.
Las paredes vaginales más delgadas, la lubricación retardada o inadecuada y la
pérdida de la flexibilidad del tejido quizá conduzcan a un coito doloroso; pero estos
problemas a menudo pueden remediarse médicamente y con el empleo de
lubricantes.
El útero es otro órgano que presenta cambios notables. En la década posterior a la
cesación de sus funciones procreativas se convierte en una masa deforme, con su
cuerpo reducido al tamaño del cuello uterino. La elevación uterina durante el ciclo de
la respuesta sexual es menos acentuada y ocurre más tarde: asimismo, no puede
detectarse un crecimiento vasocongestivo en el útero posmenopáusico. Las
contracciones uterinas no se han medido durante el orgasmo, pero las mujeres
viejas informan de espasmos que a veces pueden ser bastante dolorosos,
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comparables a los dolores del trabajo de parto. En ocasiones son lo bastante


molestos para impedir a las ancianas la búsqueda de la gratificación sexual.
Las respuestas de los labios vaginales se modifican mucho con la edad avanzada.
De nuevo ocurren cambios anatómicos reales durante la menopausia: los labios
mayores pierden sus depósitos de tejido celular subcutáneo y se adelgazan; no
muestran una respuesta visible a la estimulación sexual (en particular en la mujer
nulípara). Los labios menores producen una respuesta vasocongestiva, pero el
edema es menor y el notable cambio de coloración preorgásmico disminuye o está
ausente. La res puesta del clítoris parece subsistir sin variación, aun en la senectud;
sin embargo, la resolución es rapidísima.
Las respuestas extragenitales en ambos sexos declinan en grado variable. Las
cardiorespiratorias persisten y son más fatigosas. Las mamas continúan
respondiendo con la erección del pezón, pero la vasocongestión en la mama
femenina está muy reducida. Las respuestas del esfínter anal y de la uretra también
menguan.
Las mujeres de edad avanzada desarrollan una tendencia a experimentar la
sensación de ardor al orinar después del coito. El mecanismo subyacente es similar
al de la "cistitis de la luna de miel" y es consecuencia de la irritación de la vejiga y de
la uretra por el pene. Mientras que en los recién casados la causa puede ser la
frecuencia o novedad del coito, el factor etiológico en las ancianas es la pared
vaginal adelgazada, parcialmente atrófica, que proporciona una protección
inadecuada a la vejiga. El malestar puede persistir durante varios días posteriores al
acto sexual y no se presenta después del orgasmo masturbatorio.
En resumen, encontramos hombres y mujeres de edad avanzada que están
impedidos en cierta forma por los cambios físicos inevitables: aquéllos son menos
viriles y deben forzar su potencia; éstas son más sensibles al dolor y al malestar. Sin
embargo, ninguno de estos obstáculos, aun el mayor, es insalvable. La lubricación
insuficiente puede superarse con paciencia o con la aplicación de un lubricante
artificial. Pueden retardarse o evitarse algunos cambios anatómicos mediante el
tratamiento hormonal (aunque este enfoque requiere cautela). Desde el punto de
vista fisiológico, los ancianos, hombre y mujer, permanecen sexualmente aptos. Así
como se adaptan a otras limitaciones físicas, pueden adaptarse a las sexuales. El
tiempo cobra sus derechos, pero no necesitan extinguir el deseo sexual ni
imposibilitar su realización.
Resumen de las Respuestas Fisiológicas
La multiplicidad de cambios que afectan a varios órganos del hombre y la mujer
hace difícil mantener una visión global de la progresión de acontecimientos durante
cada fase del ciclo de la respuesta sexual. Las Tablas 3.1 y 3.2 tratan de llamar la
atención acerca de las interrelaciones temporales de las reacciones de diferentes
partes del cuerpo, y debieran transmitir una impresión de la progresión ordenada y
variable de los fenómenos.
BASES NEUROFISIOLOGICAS DE LOS PROCESOS SEXUALES
La mayor parte de la información presentada hasta ahora en este capítulo ha sido
descriptiva. Existen complicados mecanismos de regulación subyacentes a los
patrones de estimulación sexual y respuesta que hemos considerado. Algunos son
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de naturaleza Hormonal, y otros son neurofisiológicos y aunque estrechamente


vinculados con las funciones endocrinas, para nuestros fines pueden comentarse
por separado a continuación.

TABLA 3.1 Reacciones de los Organos Sexuales durante el Ciclo de la


Respuesta Sexual
Hombre Mujer
Fase de excitación
Lubricación vaginal (en 10 a 30 s)
Conforme se prolonga la fase:
Erección peniana (en 3 a 8 s)
Engrosamiento de los labios y las
Conforme se prolonga la fase:
paredes vaginales
Engrosamiento, aplanamiento y
Conforme se prolonga la fase:
elevación del saco escrotal
Expansión de los 2/3 superiores de
Conforme se prolonga la fase:
vagina y elevación del cuello y del
Aumento de volumen y elevación
cuerpo uterinos
testicular parcial
Conforme se prolonga la fase:
Tumescencia del clítoris
Fase de Meseta
Aumento en la circunferencia coronal Plataforma orgásmica en el tercio
del pene y tumescencia testicular inferior de la vagina
(aumento del 50 al IOO%) Rotación y Expansión completa de 2/3 de la
elevación testicular completa (orgasmo vagina, elevación uterina y cervical “Piel
inevitable) sexual”: decoloración de los labios
Matiz purpúreo de la corona del pene menores (constante si el orgasmo es
(inconstante aún si el orgasmo es inminente) Secreción mucoide de la
inminente) Secreción mucoide de las glándulas de Bartholin
glándulas de Cowper Ocultamiento del clítoris
Fase Orgásmica
Respuesta pélvica (no eyaculación)
Contracciones del útero a partir del
Eyaculación fondo hacia el segmento uterino inferior
Contracciones de los órganos Relajación mínima de la abertura
accesorios de la reproducción: cervical externa
conducto deferente, vesículas Contracciones de la plataforma
semanales, conducto eyaculador, orgásmica a intervalos de 0.8 s cada 5
próstata a 12 contracciones (y más tarde cada 3
Relajación del esfínter vesical externo a 6)
Contracciones de la uretra peniana a Contracciones del esfínter anal externo
intervalos de 0.8 s. cada 3 a 4 (2 a 4 contracciones a intervalos de 0.8
contracciones (y más tarde cada 2 a 4) s)
Contracciones del esfínter anal (2 a 4 Contracciones del esfínter uretral
contracciones a intervalos de 0.8 s.) externo (2 a 3 contracciones a
intervalos irregulares, 10 a 15% de los
sujetos)
Fase de Resolución
Período refractario con pérdida rápida Retorno rápido del orgasmo con
de la vasocongestión pélvica pérdida retardada de vasocongestión
Pérdida de la erección peniana en las pélvica
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etapas primaria (rápida) y secundaria Pérdida de color de la “piel sexual” y de


(lenta) la plataforma orgásmica en la etapa
primaria (rápida) Subsistencia de la
vasocongestión pélvica como etapa
secundaria (lenta)
Pérdida de la tumescencia clitoridiana y
recuperación de la posición.

TABLA 3.2 Reacciones Generales del Organismo durante el Ciclo de la


Respuesta Sexual
Hombre Mujer
Fase de Excitación
Erección del pezón (constante)
Erección del pezón (30%)
Eritema por tensión sexual (25%)
Fase de Meseta
Eritema por tensión sexual (25%)
Eritema por tensión sexual (75%)
Espasmo carpopedal
Espasmo carpopedal
Tensión generalizada de la musculatura
Tensión generalizada de la musculatura
estriada
estriada Hiperventilación
Hiperventilación
Taquicardia (110 a 160 latidos por
Taquicardia (100 a 160 latidos por
minuto)
minuto)
Fase Orgásmica
Contracciones específicas de la
Contracciones específicas de la
musculatura estriada
musculatura estriada Hiperventilación
Hiperventilación
Taquicardia (110 a 180 latidos por
Taquicardia (100 a 180 latidos por
minuto)
minuto)
Fase de Resolución
Reacción de sudoración (30 a 40%)
Reacción de sudoración (30 a 40%)
Hiperventilación
Hiperventilación
Taquicardia (150 a 80 latidos por
Taquiardia (150 a 80 latidos por minuto)
minuto)
Mecanismo de la Excitación
Antes que se experimente una sensación concreta, todo aporte sensorial debe
interpretarse en el cerebro en última instancia. Sin embargo, aparte de este proceso
el cerebro puede emplear la memoria y la imaginación para iniciar la excitación
sexual sin estímulos sensoriales.
Una comprensión completa de los procesos neurofisiológicos conocidos
subyacentes a las funciones sexuales requeriría de mi conocimiento cabal acerca de
las funciones del sistema nervioso en toda su pasmosa complejidad. Muchos de
estos procesos no son específicos de las funciones sexuales. Por ejemplo, los
receptores del tacto (corpúsculos de Meissner) incluidos en la piel, únicamente
informan al cerebro que una cierta área de la piel está siendo estimulada; depende
del cerebro interpretar esta sensación como una caricia del amante.
Existen terminaciones nerviosas especiales y órganos terminales que responden de
manera particular al frío, calor, dolor, tacto, cte.; pero no hay ninguno especializado
para responder de modo selectivo a la estimulación sexual. Las terminaciones
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55

nerviosas del glande peniano no son, pues, distintas de aquéllas de las yemas
digitales. De igual modo, los mensajes sensoriales se transmiten del cuerpo al
cerebro y la médula espinal, y las respuestas se comunican a las diferentes partes
del organismo mediante las mismas redes nerviosas, independientemente de si la
actividad es sexual o no. En este sentido los nervios, como los cables telefónicos,
ignoran el contenido de los mensajes que transmiten.
Mecanismo de la Erección
La erección es un fenómeno vascular que se desencadena por un reflejo nervioso;
éste tiene tres componentes: "receptores", "transmisores" y "efectores"; los
"receptores" u órganos sensoriales detectan los estímulos y los transmiten a los
centros de la médula espinal o del cerebro. Estos centros ("transmisores")
interpretan el aporte sensorial y llevan la respuesta apropiada a los órganos
terminales "efectores” , completando así el arco reflejo. El órgano terminal puede ser
un músculo que se contrae o una glándula que secreta en respuesta a tal
estimulación. Ejemplo de un reflejo sencillo es la retirada de la mano después de
tocar un objeto caliente. Otro ejemplo bien conocido es la respuesta de extensión de
la pierna al golpease ligeramente el tendón rotuliano. Los reflejos son involuntarios
en el sentido de que su respuesta es automática y no requiere de una "decisión" del
cerebro, el cual está consciente de aquélla y puede inhibirla en grado variable.
Una red nerviosa refleja similar une los órganos genitales y las áreas adyacentes
(como la cara interna de los muslos,) en un "centro de la erección" en la porción
más baja (sacra) de la médula espinal. Los impulsos que salen van dirigidos a los
vasos sanguíneos que irrigan los tejidos esponjosos del pene. Casi siempre los
cuerpos cavernosos y el esponjoso reciben cantidades moderadas de sangre de las
arterias, que se drena por las venas. Despues de una estimulación táctil efectiva
como el frotar la cara interna de los muslos o el glande del pene, los impulsos
nerviosos convergen en el centro espinal de la erección. Este, a su vez, activa las
fibras nerviosas conectadas con la capa muscular de las paredes arteriales. Existen
dos tipos de esas fibras. Uno (el sistema parasimpático) produce relajación de las
paredes arteriales y expande su luz; el otro (el sistema simpático) hace que se
contraigan, estrechando así la luz. La respuesta a la estimulación sexual es
activación del sistema parasimpático e inhibición de las fibras simpáticas, lo que
origina inmediatamente la expansión de la luz arterial y un mayor flujo de sangre
hacia los tejidos esponjoso y cavernoso del pene.
Las venas, obstruidas por sus válvulas y por la compresión de sus delgadas
paredes debida al órgano edematoso, no pueden manejar el volumen de sangre. Así
el pene se congestiona con rapidez, por lo que se pone rígido y en erección. La
pérdida de ésta es efecto de una inversión del proceso anterior: las fibras nerviosas
simpáticas contraen las arterias, disminuyendo el flujo de sangre a los tejidos, y
aumenta el drenaje venoso hasta que el órgano vuelve a su estado de flaccidez.
Los procesos descritos hasta aquí son los aspectos reflejos de la erección del pene.
Son independientes del cerebro en el sentido de que pueden ocurrir sin ayuda de
los centros superiores. Por ejemplo, un hombre cuya médula espinal ha sido
seccionado por encima del nivel del centro reflejo espinal, todavía puede ser capaz
de la erección. No "sentirá" la estimulación de su pene y al respecto puede estar por
completo inconsciente; pero su pene responderá. por así decirlo, de manera ciega.
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Sin embargo la independencia de los centros reflejos no significa que no puedan


recibir la influencia del cerebro. Complejas redes unen el cerebro con el centro
reflejo de la médula espinal. La sola actividad mental puede así desencadenar el
mecanismo de la erección sin estimulación física o inhibirlo a pesar de la
persistencia de dicha estimulación. En general, los dos componentes operan en
forma simultánea y se complementan entre sí. Impulsado por pensamientos
eróticos, el hombre inicia la estimulación física de los órganos genitales, y al
contrario. la excitación física inspira imágenes voluptuosas.
Los casos en los cuales la erección parece no tener un origen sexual involucran la
tensión de los músculos pélvicos (cuando se levanta un objeto pesado o durante el
esfuerzo al defecar). La irritación del glande o una vejiga llena pueden tener el
mismo efecto. Las erecciones que ocurren en la infancia se explican también con
base en los reflejos. La erección es la más delicada de las funciones sexuales
masculinas. La insuficiencia crónica, conocida como impotencia, puede asumir
muchas formas. Quizá el varón sea únicamente incapaz de lograr la erección bajo
determinadas circunstancias o tal vez sea impotente sólo durante ciertas actividades
sexuales o con algunas personas. La insuficiencia puede ser completa o parcial; en
esta última el pene, aunque erecto, no se encuentra lo suficientemente firme como
para permitir el acto sexual. Por último, un hombre puede ser incapaz de mantener
una erección por el tiempo suficiente para participar en el coito de manera
satisfactoria.
En algún momento todo hombre experimenta cierta pérdida de la potencia. Las
fluctuaciones y los fracasos ocasionales en la capacidad sexual no constituyen
impotencia. Esta existe sólo cuando el problema es persistente y se considera como
un funcionamiento deficiente. La impotencia se examina con más detenimiento en
relación a los trastornos sexuales.
Lo contrario a la impotencia es un raro fenómeno llamado priapismo que es un
estado patológico, más que un signo de gran virilidad. La causa puede ignorarse, o
deberse a una enfermedad demostrable (infección, tumor, cte.) que desencadena y
mantiene el mecanismo de la erección. Tales erecciones persistentes, en general,
no se acompañan de deseo sexual y pueden ser muy dolorosas. No es raro que
causen un daño permanente al pene y que terminen en impotencia. El priapismo no
debe confundirse con la satiriasis, que se refiere al deseo sexual masculino
"excesivo".
Mecanismo de la Eyaculación
La eyaculación, como la erección, es refleja. Su centro también está en la médula
espinal, pero se localiza algo más arriba (en la región lumbar) que el de la erección.
Los impulsos nerviosos que desatan la eyaculación viajan a la zona genital a través
de los nervios simpáticos. El proceso de la eyaculación es un fenómeno puramente
nervioso sin ningún componente vascular. Además, es mucho más autónomo, ya
que una vez comenzado no puede detenerse hasta que termina.
Además de la eyaculación prematura, los trastornos de este proceso son muy raros.
A veces un hombre con una erección normal no puede eyacular a pesar de que lo
intente con vigor. Más a menudo, el reflejo de la eyaculación se desencadena, pero
el líquido en lugar de salir con toda normalidad se vacía hacia la vejiga (eyaculación
retrógrada). La sensación del orgasmo no cambia en este estado patológico; pero el
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varón, por lo general, se alarma por la ausencia de semen. Este fenómeno se


presenta en ciertas enfermedades y a veces después del empleo de algunos
tranquilizantes comunes. En éste último caso el problema es transitorio. Cuando se
interrumpe el consumo de la sustancia se restablece el flujo habitual del semen.
Algunos hombres han desarrollado, según se dice, la capacidad de producir la
eyaculación retrógrada como una manera de control natal. La explicación fisiológica
de este fenómeno implica el funcionamiento de los dos esfínteres uretrales.
Normalmente, el esfínter interno (que está en la entrada de la vejiga) se cierra
durante la eyaculación, y el externo (que se encuentra situado por abajo del punto
de entrada de los conductos eyaculadores) se abre. En la eyaculación retrógrada el
esfínter externo de la uretra se cierra y el interno se abre, permitiendo así que el
semen retroceda hacia la vejiga.
La capacidad para retardar la eyaculación de manera voluntaria es uno de los
atributos más admirados de la virilidad masculina. Permite al hombre brindar una
satisfacción sexual prolongada a su compañera, así como extender su propio goce.
Las técnicas específicas para retardar la eyaculación se analizarán más tarde. El
principio fundamental consiste en regular la excitación mientras se mantiene la
erección, más bien que en permitir que se acumule la excitación de modo inevitable.
Ese control incluye la distracción mental (pensar en algo neutral o hasta
desagradable) y la relajación muscular (lentas acometidas pélvicas o la suspensión
del movimiento).
El coitus reservan (la karezza de la India) representa lo máximo en control de la
eyaculación. Los hombres adiestrados en esta práctica pueden acercarse varias
veces a la eyaculación sin completarla. Afirman que así pueden lograr el equivalente
de muchos orgasmos. Esta práctica fue una vez muy frecuente en la colonia
comunal Oneida del norte del estado de Nueva York.
Mecanismos Reflejos en las Mujeres
En general, se piensa que existen centros espinales en las mujeres, que
corresponden a los centros de la erección y eyaculación de los hombres. En sentido
estricto. las mujeres ni tienen erecciones ni eyaculan pero éstas son únicamente
distinciones semánticas. La respuesta vasocongestiva que subyace a la erección
masculina resulta en una tumescencia comparable del clítoris y demás tejidos
genitales, como hemos visto. De igual manera, la respuesta orgásmica es similar,
aunque hay diferencias importantes, tal como se comentó antes.
La reacción de los centros reflejos de la médula espinal de la mujer está menos bien
definida, en parte porque los signos exteriores de vasocongestión y orgasmo son
hasta cierto punto más difíciles de establecer entre las mujeres y en especial entre
los animales experimentales de sexo femenino.
Nuestro conocimiento de la neurofisiología sexual es tan elemental, que serían
prematuras las generalizaciones demasiado amplias acerca de semejanzas
definitivas y diferencias entre los dos sexos. Las influencias hormonales durante el
periodo embrionario y poco después del nacimiento pueden ser decisivas para
definir el desarrollo y la función sexuales. No hay diferencias macro o microscópicas
entre los cerebros masculino y femenino; pero esto no impide diferencias en el
"alambraje" o el establecimiento de vías nerviosas de la conducta que pueden
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demostrarse como desigualdad entre algunos animales y que quizá también sean
diferentes en los humanos.
Mecanismos Cerebrales
Hemos hecho referencias reiteradas a la influencia del cerebro sobre la función
sexual, sin especificar cómo opera y cuáles regiones cerebrales participan. Hemos
evitado el tema hasta ahora porque se conoce relativamente poco acerca de la
representación de las funciones sexuales en el cerebro, y lo que se sabe es tan
complejo que es casi imposible tratarlo de manera adecuada dentro de los límites de
este libro.
Es importante darse cuenta, al menos, que ya sabemos lo suficiente acerca de las
funciones sexuales del cerebro para ir más allá de las generalizaciones habituales
de que éste constituye "zona erógena de mayor importancia". Los ejemplos
siguientes señalarán la naturaleza de la investigación realizada en este campo y
algunos de sus rasgos sobresalientes.
Durante las últimas décadas muchos neurofisiólogos y, psicólogos han estado
investigando la neurofisiología de las emociones, utilizando como sujetos algunos
animales experimentales. Sus investigaciones comprendieron ciertas áreas
cerebrales que se han agrupado, como las estructuras límbicas del cerebro anterior,
porque constituyen un límite al borde interno de los hemisferios cerebrales. El
sistema límbico no es una entidad anatómica sencilla, sino más bien, tiene varios
elementos distintos con numerosas vías para otros centros del cerebro. Sin
embargo, considerado como un todo, las estructuras forman una red integrada. Los
componentes del sistema límbico están dispuestos en forma de anillo, uno en cada
hemisferio cerebral. Juntos rodean al "tronco cerebral" (que es la continuación de la
médula espinal en el cerebro) y al par de constelaciones de núcleos llamado tálamo.
Las estructuras límbicas pertenecen filogenéticamente a la parte más antigua del
cerebro en contraposición a las demás zonas de los hemisferios cerebrales, que son
estructuras más recientes en el sentido evolutivo. La estimulación de varias partes
de las estructuras límbicas despierta respuestas alimentarías, agresivas, defensivas
y sexuales. Por ejemplo, la estimulación de la región septal, entre otras áreas,
ocasiona la erección del pene, montadura y cuidados en el animal macho. Sin
embargo, las formaciones límbicas no son las únicas que participan en la conducta
sexual; así, la excitación de las zonas talámicas ocasiona emisiones semanales.
Además de la localización de lo que parece ser parte del sistema integrador superior
de la conducta sexual, estos datos también indican asociaciones sorprendentes
entre las partes del cerebro involucradas en el sexo y otras que se relacionan con el
olfato y la agresión. Tales asociaciones nos ofrecen una base anatómica para la
relación bien conocida entre las funciones olfatorias y sexuales en los animales y
posiblemente en los humanos. Asimismo proporcionan pistas para la interrelación
entre el sexo y la agresión tal como se manifiesta en varios tipos de comportamiento
que incluyen la competencia con los compañeros, el sadomasoquismo y otros.
Otro enfoque interesante de la investigación ha llevado a la localización de los
"centros del placer" en el cerebro. Esta pesquisa la inició Olds, quien empleó ratas
en su labor. Se implantaron microelectrodos en el cerebro del animal y se unieron a
un circuito que permitía a la rata estimular su cerebro eléctricamente al hacer
presión sobre una cárcola. Casi siempre las ratas, bajo tal situación experimental,
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presionaron de modo espontáneo el pedal varias veces en una hora. Sin embargo.
cuando los electrodos se colocaron en ciertas áreas del cerebro de una rata
(situadas en el hipotálamo, tálamo v mesencéfalo), el animal experimental presionó
la palanca tan a menudo como 5 000 veces en una hora e hizo esto a pesar del
hambre y la sed hasta el agotamiento.
Puesto que la estimulación de estos centros parecía ser tan gratificante, Olds les
llamó "centros del placer". Es curioso que las mismas áreas o tal vez los mismos
sistemas inexorablemente ligados en forma mutua con el mecanismo del placer
ocasionaran sensaciones muy desagradables cuando se estimulaban, por lo que la
rata evitaba hacerlo de modo tan vehemente como seguiría estimulando las
porciones gratificantes. Además, existen vías cerebrales definidas que están
involucradas en la sensación del dolor como tal.
Más recientemente, la presencia de sistemas de placer y dolor se ha demostrado en
los humanos. Los sujetos fueron dos pacientes con electrodos implantados en sus
cerebros para fines terapéuticos (uno era un paciente psiquiátrico masculino y el
otro una mujer epiléptica). Las áreas que ocasionaban placer o estimulación
correspondían, grosso modo, a las mismas regiones de los cerebros animales. El
placer era, de manera muy clara, de naturaleza sexual cuando se estimulaba la
región septal o la amígdala del sistema límbico. Además, siempre que el paciente se
excitaba sexualmente podían detectarse cambios electroencefalográficos derivados
de la región septal. Tal excitación podía despertarse mediante estímulos eróticos
externos (láminas, películas), por medio de la fantasía del sujeto, o a través del
aporte directo de sustancias químicas a la región septal o de la administración de
drogas productoras de euforia. La excitación podía también provocarse por medio
de la estimulación eléctrica realizada ya fuera por el investigador o por el paciente.
Además de informar verbalmente de sentimientos de excitación sexual y de parecer
excitado, uno de los pacientes, al igual que la rata del experimento. se autoestimuló
de manera incesante (1500 veces durante tres horas en una ocasión) y rogaba
repetirlo algunas veces más siempre que el aparato estimulador se le iba a retirar.
Estos centros del placer en el hombre se encuentran en áreas que están muy cerca
de las regiones donde la estimulación ocasiona la erección. También tienen
conexión mutua con otras zonas talámicas que reciben aporte sensorial de la
superficie corporal. Así, se pueden empezar a ver los varios elementos que
armonizan para proporcionar una base neuroanatómica que explicaría cómo los
estímulos eróticos táctiles aferentes activarían el comportamiento sexual y lo
reforzarían con sentimientos placenteros. Nuestro conocimiento está ampliándose
con rapidez y nos estamos acercando a un modelo neurofisiológico más completo e
integrado de los procesos sexuales en el cerebro.
Hemos hecho una breve referencia al hipotálamo como involucrado en algunas de
las actividades sexuales relacionadas con el sistema límbico. Esta región del
cerebro, que se localiza por abajo del tálamo tiene muchas funciones adicionales
que son muy importantes para el desarrollo y la función sexuales.
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preguntas evaluación

¿Cuánto mide el pene, en flaccidez y erección?

¿Cuál es su diámetro promedio en erección?

¿Cuál es el órgano de sentido activado predominante en el ser humano, en la estimulación erótica?

¿Cuáles son los dos mecanismos subyacentes, en la respuesta sexual humana, que responden a la
estimulación sexual?

¿Cuáles son los tres cambios o reacciones específicas durante la fase de excitación sexual de la
vagina?

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