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LAS PRIMERAS “CIUDADES DE LA INDUSTRIA”: TRAZADOS URBANOS, EFECTOS TERRITORIALES Y

Las primeras “ciudades de la industria”: Trazados urbanos, efectos territoriales y dimensión


patrimonial. La experiencia de Nuevo Baztán (Madrid) (Resumen)

Las primeras poblaciones industriales creadas en Europa en la Edad Moderna poseen un notable
interés como experiencias de trazado de ciudades de nueva planta ligadas al alcance territorial con
que a menudo se plantean. En una primera parte se realiza un sintético repaso de estas
poblaciones de nueva fundación destinadas a la industria creadas fundamentalmente en los siglos
XVII y XVIII, incidiendo en su génesis ideológica y morfológica. En una segunda parte, tomando
como caso de estudio el municipio madrileño de Nuevo Baztán y su entorno, se lleva a cabo el
análisis de la relación existente entre implantación industrial, política económica pre-ilustrada y
trazado urbano por un lado, y por otro, de las consecuencias de la implantación industrial en la
colonización del territorio, en donde aparecen elementos de diversa índole que contribuyen a
articular los significados históricos a partir de la delineación de conexiones funcionales entre
diversos núcleos y otros elementos constituyentes del paisaje proto-industrial rural. En este
marco, se plantea la dimensión patrimonial del conjunto, su valoración y estrategias de
recuperación considerando su carácter urbanístico y paisajístico.

Palabras clave: poblaciones industriales, territorio, paisaje, Edad Moderna, patrimonio industrial,


Nuevo Baztán.

Ciudad e industria. Algunas reflexiones sobre el concepto de ciudad industrial

Las actividades económicas han configurado históricamente la morfología y funcionalidad de las


ciudades, territorios y regiones, desde los barrios de artesanos que marcan la fisonomía de partes
de la ciudad antigua, medieval y moderna, a las posteriores poblaciones preindustriales surgidas
en la proximidad de fuentes de energía y materias primas, o hasta la configuración de áreas
urbanas y colonias destinadas a la industria masiva en los siglos XIX y XX. Los paisajes urbanos
industriales constituyen una herencia de las funciones urbanas de la ciudad, y posibilitan el análisis
de su cualidad como producto cultural derivado de los usos económicos asumidos a lo largo de la
historia o en un momento determinado del tiempo .

Desde hace varias décadas el concepto de ciudad industrial ha sido objeto de diversas reflexiones
críticas por parte de la historiografía de la ciudad, centradas en la posibilidad de definir al menos
dos realidades que comparten pero también divergen en sus contenidos y significados. Una de sus
acepciones, la más empleada genéricamente, es la referida a las estructuras urbanas afectadas por
los procesos capitalistas y sistemas de producción mecanizada desarrollados principalmente desde
el siglo XIX, esto es, la ciudad que recoge la influencia de los cambios productivos determinados
por la Revolución Industrial con todas sus implicaciones políticas, económicas, o sociales. Pero
además, partiendo de una clasificación funcional, se pueden tipificar genéricamente como “ciudad
industrial” aquellas poblaciones creadas ex novo, por y para ejecutar uno o varios procesos
productivos de manera unívoca o en simbiosis con otras actividades económicas. En estos casos,
se planifican alojamientos para los trabajadores y administradores, así como los equipamientos
necesarios para el desarrollo de la vida cotidiana[2].

En este último supuesto la ciudad industrial sería una categoría de ciudad, definida por la actividad
dominante, mientras que en el primero sería un enunciado referido a una fase o  período de su
desarrollo histórico. Por ello, para algunos expertos sería inexacta la aplicación de esta
clasificación nominal en este último caso, apostando por el término más adecuado de “ciudad de
la edad industrial”, ciudad burguesa, o ciudad moderna[3], ya que, como afirman Louis Bergeron y
Marcel Roncayolo, existe una ambigüedad en la aplicación del término industrialización, al no
constituir éste el único factor de crecimiento urbano en el S. XIX, ni imponerse como fenómeno de
una sola vez y de manera sincrónica en todas las regiones europeas, ni centrarse y extenderse a
todas las actividades productivas por igual, al mismo ritmo y a la sociedad tanto sectorialmente
como geográficamente[4].

Al hilo de estas consideraciones, es preciso agregar que la ciudad no ha poseído históricamente el


monopolio de la implantación industrial, y según los momentos y las regiones no es tampoco el
lugar prioritario. Las industrias antes y después de la revolución de los transportes se ubicaron a
menudo en la proximidad de las fuentes de energía y las materias primas, desplazándose hacia
localizaciones estratégicas del medio rural por motivos diversos: proximidad a las materias primas,
facilidad de comunicación entre puntos de destino, menor coste del suelo, mayor control de la
producción y del factor humano. En la transición de la etapa preindustrial a la industrial, si los
núcleos urbanos consolidados comenzaban a ser el lugar privilegiado para la actividad productiva,
esta realidad coexistía con una tradición preindustrial basada en una red de centros de producción
rurales que materializaron lo que los enciclopedistas denominaron “industrias o manufacturas
dispersas”, consistentes tanto en formas de producción mixta como en la fragmentación de las
actividades en el territorio. Los asentamientos rurales dedicados a la industria precedieron,
acompañaron y subsistieron a las grandes revoluciones industriales urbanas. Ambas
realidades, manufacturas concentradas frente a manufacturas dispersas serían objeto de sendos
debates en la Europa del siglo XVIII en función de las ventajas de cada variante respecto al tipo de
artículos a producir. Por estas razones, parece oportuno, desde los orígenes de la industrialización,
expandir el estudio de la ciudad industrial a la región industrial, ya que la ciudad desde antiguo
comprende también su área rural circundante, y por ello cualquier metodología de estudio debería
implicar la organización territorial de lo urbano[5]. Del mismo modo que la ciudad o población
industrial no siempre constituye un ente unifuncional, siendo el binomio industria-agricultura la
solución más extendida en la formación de colonias y ciudades industriales en la edad moderna y
contemporánea.

La eclosión de buena parte de ciudades o colonias industriales contemporáneas se produjo como


consecuencia de la mala reputación que fue adquiriendo el crecimiento urbano debido a la
industrialización masiva. De este modo, en la propia génesis de la ciudad industrial emergió una
potente e influyente tendencia crítica antiurbana y anti-industrializadora contra los organismos
urbanos aniquilantes y distorsionadores de las formas de vida preindustriales vinculadas a los
modos de producción artesanales y a los medios de vida rurales[6]. Principalmente en Inglaterra y
Francia proliferan en el siglo XIX propuestas de reformadores sociales y filántropos que reaccionan
ante los desaciertos de un medio urbano en constante progreso expansivo y demográfico por el
avance del sistema de producción capitalista[7]. Pensadores y políticos como Engels, Marx,
Fourier, Proudhon, Carlyle, Considérant, Ruskin, Pugin, Robert Owen o Morris enarbolaron una
crítica a la “ciudad industrial” existente y plantearon en muchos casos nuevas fórmulas
ideológicas, funcionales y morfológicas que constituyeron las bases de las colonias y ciudades
creadas para la industria. Algunas de estas propuestas teóricas trataron de vislumbrar la
posibilidad de una “arcadia industrial” semi-rural, donde los principios del pensamiento utópico-
positivista sobre la armonía de clases dentro del mundo del trabajo pudieran materializarse. Con
una fuerte impronta paternalista, se promoverá una mejora del hábitat, del equipamiento y el
espacio público encubriendo en el fondo la búsqueda de la máxima rentabilidad de la producción
mediante el control sistemático de los espacios y tiempos de los individuos, la homogeneización
de las mentalidades, y la racionalización de los itinerarios y los espacios en los que se
desarrollaban los procesos humanos y mecánicos[8]. En estas colonias y ciudades se plantea una
nítida zonificación –residencial, industrial, equipamientos, zonas verdes y cultivos-, que preludia el
proyecto de ciudad industrial de Tony Garnier, el movimiento de las ciudades-jardín, las ciudades
industriales del des-urbanismo soviético, filtrándose finalmente en la ideología urbana del
Movimiento Moderno.

Las primeras experiencias de planificación urbana para la industria

En los siglos de la Edad Moderna aparecen los primeros ejemplos de poblaciones industriales en
las que se plantea una segregación del mundo del trabajo, antes inscrito o mezclado en los
ganglios de la ciudad de origen antiguo o medieval, conformando organismos urbanos que a
menudo expresan en sus trazados un orden que no obedece sólo a la necesidad económica sino
también a la expresión de funciones ideológicas. También un corpus teórico que alimenta una idea
de ciudad que servirá como punto de partida para entender en qué presupuestos se cimentó la
cultura urbanística que subyace en la planificación de Nuevo Baztán.

Sin duda recogiendo el sentir de su tiempo, la Nueva Atlántida (1638)[9] de Francis Bacon anuncia
un cambio de mentalidad respecto a las utopías anteriores, al presentar una suerte de utopía
científica que apuesta por el conocimiento experimental, el impulso de la industria y el utilitarismo
de las máquinas, elementos que constituirán la génesis de la Revolución Industrial inglesa. A su
vez, la Descripción  de la Sinapia, península en la tierra austral, manuscrito anónimo y no datado,
atribuido a su propietario, el Conde de Campomanes, refleja las transformaciones operadas en la
transición hacia el siglo ilustrado en su valoración económica de la ciudad y el territorio para
adaptarlos a las nuevas necesidades del comercio, la industria o la agricultura, a través de un
nuevo modelo de ciudad plasmado en un trazado cartesiano extensible al territorio, reflejando en
su malla espacial isótropa una suerte de mundo igualitario y armónico donde se dignifica el mundo
del trabajo[10].

En la Europa del S. XVII asistimos a la aparición de ciudades o poblaciones vinculadas a diversas


actividades industriales por iniciativa privada o estatal, unidas a la firme voluntad de activación
socio-económica de territorios pobres y despoblados, pero a menudo también pensadas como
mecanismos de poder y ascenso social. En Francia aparecen algunos de estos ejemplos pioneros,
en ocasiones manteniendo elementos simbólicos y formales de los esquemas organizativos
tradicionales del poder eclesiástico-civil. Es el caso de la ciudad de Charleville, fundada en 1606
por el duque Carlo Gonzaga Nevers con el fin de atraer colonos ofreciendo tierras y privilegios a
todos los que quisieran establecer manufacturas. El grabado de hacia 1626 que representa la
ciudad a vista de pájaro muestra un esquema ideal de urbe fortificada de perímetro abaluartado
que encierra un trazado en retícula fuertemente jerarquizado en torno a la plaza ducal
central (Figura 1). De mayor trascendencia, algunas manufacturas promovidas por Colbert en
Francia se organizan como pequeñas ciudades autosuficientes: la fábrica de espejos de Tour-la-
Ville, cerca de Cherburgo (1666); la de tejidos de Villeneuvette (1667), las factorías textiles de Van
Robais en Abbeville (1665) y Sedan. Algunas de estas ciudades planificadas de nueva planta deben
su origen a la defensa militar vinculada a la expansión del comercio marítimo. La ciudad de
Rochefort fue fundada en 1665 como arsenal y puerto naval de la marina por iniciativa de Colbert
sobre un lugar de la costa del Atlántico en la desembocadura del río Charente, en un
emplazamiento elegido por una comisión real de la que Blondel formaba parte. Su trazado en
semicírculo irregular se adapta a la curvatura del río y revela una clara zonificación en función de
las necesidades y usos de cada parte de la ciudad, por ello, tal como se aprecia en el plano de
1785, el cambio respecto a Charleville resulta evidente, ya que en este caso, los esquemas teóricos
y su valor estético se subordinan a la función que determina la clara organización de los diversos
grupos de edificaciones[11] (Figura 2).

 
Figura 1. Charleville. Plano de Moreau. Siglo  Figura 2. Detalle del plano de la ciudad, del puerto
XVII. y del arsenal de Rochefort (1785). 
Fuente: Lavedan et al.  L´urbanisme à l´époque A.N. Archives de la Marine. 
moderne.  XVIe-XVIIIe siècles. Fuente: Lavedan et al.

Con el tiempo, la industria de promoción estatal crearía un repertorio importante de nuevos


núcleos apareciendo una simbiosis de antiguos y nuevos repertorios lingüísticos y urbanísticos.
Las salinas de Chaux, en el Jura, construidas entre las poblaciones de Arc y Senans según el
proyecto de Ledoux de 1774, constituyen un ejemplo de ciudad industrial fundada ex
novo,  incorporando un programa de reformas en dos niveles: el acomodo físico de los
trabajadores en la estructura social de  producción; y la expresión arquitectónica, capaz de dotar a
la industria de un lenguaje que reforzara tanto la vigilancia como la vida en común [12]. Como han
estudiado Anthony Vidler y Thomas Markus, a lo largo del siglo XVIII asistimos a la concreción
formal de la industria y a la aparición de tipos especializados que emergerán en el seno de
ciudades utópicas de la producción, en las que también surge la plasmación del discurso sobre la
vigilancia en la forma compositiva del conjunto, como ocurre en el plano de Pierre Toufaire para la
siderúrgica de Le Creusot en la Borgoña francesa (1781)[13], donde el eje axial conecta
simbólicamente la casa del patrón en la parte superior con los edificios productivos y la fundición
en el extremo inferior, uniendo en el mismo eje control e inversión, y situándose los trabajadores
en las márgenes del conjunto. Así, en el caso de Chaux el espacio destinado al patrón se sitúa en el
punto central del panóptico desde donde ejercer simbólicamente un supuesto control –más
simbólico que visual- sobre los espacios perimetrales destinados a los trabajadores.

Pero además, al margen de sus enfáticas composiciones urbanas, como reflejan las salinas de
Chaux, estas poblaciones industriales llevaban implícita una organización territorial y regional de la
actividad que transformaría el carácter del territorio tanto funcional como físicamente de ahora en
adelante. Las láminas de los diversos proyectos utópicos de Ledoux constituyen un documento
excepcional que expresa la dimensión iconográfica y estética conferida a la industria de promoción
estatal, y a su vez, la asignación a ésta de un papel de reactivación del territorio nacional en el
seno del pensamiento ilustrado. Los proyectos en torno al bosque de Chaux y los valles vecinos,
entre 1775 y 1800 preveían la instalación de fábricas, talleres, instituciones y viviendas de todo
tipo, destinados a revelar un nuevo orden industrial que incluía el campo, puesto que la
producción de la sal y el hierro se mantenía gracias a una gran fuerza de trabajo y materias primas
procedentes del bosque, de una “Economía rústica”, como la había denominado Diderot, que
demostraba la estrecha interrelación entre industria y agricultura en el período que nos ocupa.
Cobra así sentido el comentario de Vidler sobre las salinas de Arc et Senans, “(…) la geometría
centralizada de las salinas se expandía radialmente y a lo largo de sus ejes para controlar todo un
territorio, como si en el propio acto de medición, trazado y construcción de una red de
comunicaciones la tierra quedara destinada al cultivo productivo” (Figura 3)[14].
La asimilación del pensamiento ilustrado sobre el necesario y urgente impulso de la industria y el
comercio por parte del Estado, se materializaron en España en la creación de Reales Manufacturas
y otras experiencias productivas, fábricas de artículos suntuarios, metalurgia y textiles, que serían
controlados en régimen de monopolio. No obstante, desde el punto de vista urbanístico las
industrias del siglo XVIII en contadas ocasiones produjeron grandes transformaciones urbanas y
edificatorias en las poblaciones ya existentes, siendo también muy escasa la creación de
poblaciones de nueva fundación de relieve[15]. Merece destacarse en este punto la importación
del debate político-económico sobre la tipología de las manufacturas en función de su
emplazamiento, de forma semejante a como se planteaba en el artículo Manufacture contenido
en la Encyclopédie ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des metiers  (1751-1765). En
suma lo que se planteaba era la disociación entre emplazamientos urbano y rural para la industria,
y la conveniencia de adoptar una u otra fórmula en relación al tipo de artículos fabricados: la
manufactura dispersa por un lado, formada por talleres artesanales y asociada al ámbito rural; y la
manufactura concentrada, en contextos urbanos y adoptando generalmente el modelo de fábrica
que reunía en un único recinto las diversas fases del proceso productivo y destinada a producir
artículos suntuarios y otros demandados en la ciudad[16].

La industria en el ámbito rural daría lugar a la aparición de los primeros núcleos que incluyen
sistemáticamente equipamientos residenciales o poblaciones de nueva planta con fines
productivos. Algunos conjuntos fabriles surgen en el medio rural por motivos de optimización de
las materias primas y fuentes de energía. Es el caso de las Reales Fábricas de Municiones de Hierro
de Eugui (1766) y Orbaiceta (1784), o de la Real Fábrica de latón, cobre y cinc de San Juan de
Alcáraz (1773-1800)[17], a modo de conjuntos que siguen ordenaciones orgánicas, distribuyendo
sus edificios productivos, viviendas y otros equipamientos en diversas cotas adaptadas a la
orografía del terreno.

Sin embargo, estas experiencias no adoptaron el rango de poblaciones industriales. Nuevo Baztán
y el Real Sitio de San Fernando de Henares, en el SE de la provincia de Madrid, son las únicas
poblaciones creadas ex novo con fines productivos en el ámbito rural que surgen en la primera
mitad del siglo XVIII en España. San Fernando, próximo a la Corte, fue incorporado a la Corona en
1746 a instancias del rey Fernando VI con el objetivo de establecer una Real Fábrica de Paños[18].
En su trazado urbano, nunca colmatado según la idea original y profundamente desvirtuado con el
tiempo, se produce un trasvase a fines utilitarios de esquemas de composición barrocos
vinculados a elementos representativos. Como refleja la cartografía y planos conservados, la
Corona no busca aquí expresar su prestigio personal creando una ciudad cortesana con la industria
subordinada al contenedor palacial, sino que reclama su papel de promotora de la industria. El
difundido plano del Real Sitio firmado por Vargas Machuca hacia finales del S. XVIII, confirma en
sus rotulaciones la función predominantemente fabril que tuvo la población y no la regia
residencial que le asignaron algunos autores como Lavedan, quien plantea una lectura algo
distorsionada del concepto de estas primeras poblaciones industriales españolas cuya memoria
del trabajo se pierde o desvirtúa con el paso del tiempo.
El Real Sitio de San Fernando es una muestra de ejemplo simbiótico, como Nuevo Baztán y otros
ejemplos coetáneos, entre manufactura concentrada y manufactura dispersa pues nace como una
entidad autosuficiente formada por el núcleo poblacional y su territorio circundante, donde se
hallaban cultivos, huertas, una red canales y azudes, un batán, un tinte, un molino de papel y
carbón, instalaciones secundarias de la industria pañera que servían a la factoría principal, alejadas
del núcleo de población por la proximidad a la fuente de energía y a la materia prima, o para evitar
riesgos e impactos medioambientales nocivos (Figuras 4 y 5).

Figura 3. C. N. Ledoux. Proyecto de Salinas de Arc   Figura 4. Plano Geométrico del Real
et Senans, 1775-1779. Sitio de San Fernando y su
Fuente: A. Vidler. El espacio de la Ilustración. Jurisdicción. Detalle. 
Carlos Vargas Machuca, 1796-1799.
AGP.
Fuente: Comunidad de Madrid. El
patrimonio arqueológico y
paleontológico.

En síntesis, en estos primeros asentamientos planificados para la industria en el tránsito entre la


cultura urbanística barroca a la ilustrada aparecen en toda Europa varias particularidades
influyentes en el futuro: el discurso sobre la vigilancia, las respuestas a la voluntad de zonificación
funcional mediante la materialización de un plano ideal basado en composiciones axiales y
simétricas, o en la aplicación severa de sencillos esquemas en damero combinados con elementos
escenográficos -plazas y ejes de perspectiva, o bien en ordenaciones que buscan un efecto más
orgánico y pintoresco. Formas urbanas donde se evidencia una voluntad que excede el mero
funcionalismo como ocurre en la ciudad lituana de Kunsztow (Figura 6) creada en 1780  sobre el
río Lolosna, a instancias de la dirección de la Tesorería Real de las manufacturas del Estado para la
producción de mercancías de lujo como cristalería, sedas, naipes, y a otras industrias pesadas
como fundiciones, forjas, fábricas de munición, cuyo proyecto, realizado sólo parcialmente,
destaca por el experimentalismo de su diseño unido a la ubicación funcional de los diversos
sectores productivos en relación a la fuente de energía hidráulica. El serpenteante curso fluvial
parece determinar un trazado que huye de la regularidad y la simetría para plantear un flexible
esquema policéntrico a modo de diagrama abierto e intercambiable, variado y orgánico,
constituido a partir de la organización de fábrica y viviendas obreras en torno a circus o plazas
conectadas por vías radiales. En fechas cercanas, en Nápoles, el rey Fernando IV de Borbón,
fundador de la colonia sedera de San Leucio como parte del Belvedere Real del Parque de
Caserta, remodelado en 1778 con objeto de albergar una serie de industrias de la seda destinadas
a suministrar materiales a las ricas residencias aristocráticas del reino y del exterior, y que incluía
además equipamientos como casas para los obreros, iglesia, escuela, y
aposentos reales, vislumbró la idea de emprender en sus posesiones una “gran comunidad
obrera”[19] alojada en un ambicioso proyecto experimental, Ferdinandopoli, una ciudad para la
industria de la seda cuidadosamente planificada según los esquemas de una ciudad ideal radio-
concéntrica, con una plaza central de trazado radial con catedral, casino real y teatro (Figuras 7-8).

Por último, es preciso reiterar los efectos inducidos por estos núcleos de actividad en su territorio.
Un territorio modificado por la industria, como se ha venido demostrando, contenedor de las
redes y nexos que dotan de significado a estos conjuntos, por tanto, los análisis de las tramas
urbanas y de los efectos territoriales y paisajísticos son elementos imprescindibles a considerar en
toda investigación histórica y en las políticas de recuperación del patrimonio industrial.

     

Figura 5. Plano Geométrico del Figura 6. Planta del poblado Figura 7-8. Planta de la Colonia de San
Real Sitio de San Fernando y su industrial de Kunsztow. Leucio (Nápoles).
Jurisdicción. Lituania, 1780. Hipótesis de adaptación a la fundación
Fragmento.  Fuente: Th. de Ferdinandopoli 
C. Vargas Machuca, 1796-1799. Markus, Buildings & Power. Fuente: Sica, Historia del Urbanismo. El
siglo XVIII.

Nuevo Baztán: planificación urbana y territorio de la industria


Nuevo Baztán es una población industrial de nueva fundación creada en los primeros años del
siglo XVIII al sureste de la provincia de Madrid. El núcleo se emplaza sobre una llanura de la región
natural de los Páramos -Páramo de Pozuelo- dentro del área territorial de la Meseta madrileña (a
831 metros de altitud), sobre un terreno que desciende abruptamente por la parte oriental hacia
el arroyo de la Vega, eje fluvial que discurre de norte a sur a modo de grieta geológica que lo
separa del término de la Olmeda de las Fuentes. Desde época medieval tenemos noticias
documentadas de la existencia de núcleos establecidos de manera lineal a lo largo de las riberas
del arroyo de la Vega o del río Tajuña, que fomentaron relaciones territoriales a lo largo de la
Historia.

La fundación de Nuevo Baztán aparece como experimento pionero y precedente de los impulsos
del reformismo borbónico del siglo XVIII, centrados en una política de estímulo de la industria, el
comercio y las redes de transporte y comunicaciones, así como de colonización de amplias zonas
del país. Experiencias promovidas por hombres del talante de Don Juan de Goyeneche (1656-
1735), fundador de Nuevo Baztán, al ensayar en los territorios donde implantó sus industrias y
actividades los principios del colbertismo. Nacido en Arizcún, en el Valle del Baztán en 1656,
Goyeneche fue un personaje polifacético y emprendedor, escritor y editor de la “Gaceta de
Madrid”. Vinculado a las tesorerías de la Corte de Carlos II y de Felipe V, su trayectoria se centra
en una exitosa carrera administrativa al servicio de la monarquía, plataforma desde donde se
lanzó al desarrollo de múltiples negocios y actividades financieras y mercantiles ocupando puestos
que les procuraron grandes beneficios y un rápido ascenso social[20].

No obstante, Juan de Goyeneche no fue simplemente un arribista, sino que destacó por una sólida
formación cultural. Formado en el Colegio Imperial de los Jesuitas de Madrid, siendo allí su
preceptor el Padre Bartolomé Alcázar, son constantes las referencias a la fama que acumuló su
biblioteca[21], así como su afición a los temas históricos, sus diversas empresas editoriales, y su
labor de mecenazgo coincidente con la organización de una tertulia literaria presuntamente en su
casa-palacio de Nuevo Baztán. Faceta intelectual y humanista que ayuda a entender el contexto
cultural en que se concibe la traza de la población y su arquitectura.

Sus biógrafos y amigos ya ensalzaron en su tiempo la labor de promoción industrial llevada a cabo
en la Olmeda y el Nuevo Baztán. La célebre obra de Gerónimo de Uztáriz  Theorica y practica de
Comercio y Marina (1724, 1757) resulta un texto clave para entender el contexto en que
Goyeneche emprende su actividad industrial en Nuevo Baztán, y en el que se alaba la creación de
la fábrica de cristales de Nuevo Baztán, así como las fábricas de paños de esta población y las de la
Olmeda. Goyeneche, relacionado con el grupo de los denominados “novatores”, se sitúa en la élite
avanzada de su época, dentro de los españoles que aspiraban a compatibilizar el trabajo y la
nobleza y eran innovadores en sus actividades económicas, austeros, cultos y profundamente
religiosos en su vida privada. Las relaciones entre Goyeneche y Gerónimo de Uztáriz, analizadas
por Reyes Fernández[22], debieron ser estrechas y amistosas hasta el punto de afirmar que
posiblemente la Theorica surge de aquellas tertulias cultas en la casa de Juan de Goyeneche, a las
que asistía también el padre Feijoo, y donde nació un grupo de publicaciones vinculadas a los
intereses económicos de Goyeneche, como el libro de Pierre Daniel Huet Comercio de
Holanda (1699) que prologó el propio Uztáriz. En esta misma línea editorial Goyeneche también
costeó la edición y traducción de otra obra francesa, Economía general de la casa de campo,
traducida en Nuevo Baztán por don Francisco de la Torre y Ocón en 1724 y dedicada a Juan de
Goyeneche, siendo un tratado sobre agricultura que ofrece datos relevantes sobre la
compatibilidad económica entre industria y agricultura, aspecto éste que contribuye a ilustrar
algunos aspectos implícitos en la concepción de Nuevo Baztán.

Centrándonos en las industrias que emprendió, su apoyo económico y militante al candidato


borbónico en la larga Guerra de Sucesión, fue determinante, como explica Eugenio Larruga, para la
fundación de una fábrica de paños en el término de La Olmeda de la Cebolla (hoy de las Fuentes)
con el objetivo de contribuir al abastecimiento de uniformes al ejército, evitando así los gastos de
importación de los mismos. Es así como ideó la fundación de un conjunto industrial receptor de
población, creado “desde sus fundamentos”, según consta en una Real Cédula de Fernando VI en
1749, para lo cual obtuvo del rey por su apoyo incondicional diferentes exenciones, franquicias y
privilegios con los que activar sus industrias, sentando de este modo las bases de las futuras
Reales Manufacturas y de algunos proyectos posteriores de ciudades industriales y colonias
fabriles de nueva planta.

En Nuevo Baztán, el objetivo originario de abastecimiento de uniformes para el ejército, fue


ampliándose hacia otro de tipo de fábricas y manufacturas que abarcaron una gran diversidad de
géneros, siendo la producción de paños y la Fábrica de vidrios finos los productos en los que el
fundador invirtió mayores esfuerzos[23]. Pero a las aspiraciones filantrópicas de Goyeneche,
habría que sumar, en la génesis del proyecto, la voluntad de afirmación del prestigio personal de
su fundador, y la necesidad de reconocimiento de su linaje dentro la sociedad madrileña, como
prueba su obra manuscrita Executoria de la nobleza, antigüedad y blasones del valle del Baztán,
que dedica a sus hijos y originarios[24]  (1685), donde Goyeneche exalta la antigüedad de su linaje
y sus orígenes hidalgos para avalar su ascenso social.

La construcción de la nueva población se realizó según el proyecto del célebre arquitecto José
Benito de Churriguera entre 1709-1713 según las fechas más aceptadas. A pesar de los obstáculos
geográficos y la precariedad de los caminos entre ambas poblaciones, es preciso considerar que
desde ahora, Nuevo Baztán y La Olmeda se convirtieron en centros gestores de las industrias de
Goyeneche, propiciando el desencadenamiento de efectos territoriales, la transformación del
paisaje mediante la introducción de cultivos, la mejora de la red caminera, y la explotación de
recursos hidráulicos en el arroyo de la Vega y la ribera del Tajuña. Además de la modificación
socio-económica y demográfica del entorno, como consecuencia directa de los efectos de
repoblación con inmigrantes –mano de obra cualificada y sin cualificar, artesana o agraria-, y
población local destinada al trabajo en las industrias y labores agrícolas paralelas, asunto
interesante pero excluido evidentemente de nuestro estudio[25]. No obstante, el sueño que
fraguó su promotor basado en una avanzada concepción de industrialización comarcal a través de
la puesta en marcha de esta ambiciosa experiencia entraría pronto en un proceso de irreversible
obsolescencia, pues a pesar de los esfuerzos de sus herederos, desde la fecha de la muerte de
Juan de Goyeneche, 1735, comienza el lento pero progresivo declive de sus industrias.
Sobre las causas de la crisis de esta empresa se ha debatido ampliamente desde el mismo siglo
XVIII, argumentando la convergencia de varios motivos: la presión ejercida por la competencia
internacional, unida a la propia competencia de las fábricas nacionales; el fracaso de un sistema de
producción posiblemente próximo a lo artesanal y de unos planteamientos económicos pronto
superados por otros más avanzados; los sucesivos problemas técnicos y obstáculos en la puesta en
funcionamiento de los hornos de la fábrica de cristal; la escasez de combustible, al consumir y
agotar las materias primas de los bosques cercanos para alimentar el horno de la fábrica de
vidrios, y también, por qué no, la dificultad y precariedad de las comunicaciones entre algunos
puntos, así como su posición intermedia entre las rutas radiales que desde Madrid se dirigían a los
litorales.

En consecuencia, el territorio y la población industrial de Nuevo Baztán entran en un proceso de


estancamiento y fosilización, que conducirá no sólo a la degradación patrimonial sino también a la
pérdida de memoria e identidad por parte de la comunidad hacia su pasado. Con el tiempo, la
imagen transmitida es la de un conjunto monumental señorial inscrito en un espacio de economía
rural, marco en el que irá adquiriendo progresivos valores paisajísticos y patrimoniales.

Desde esta óptica, a continuación se procede a analizar algunos de los conceptos y elementos de
su trazado urbanístico primigenio vinculado a la industria y de su estructura y bienes territoriales
asociados, como ingredientes constitutivos de su valor patrimonial, superando la visión
típicamente monumentalista del conjunto que los primeros estudios del conjunto potenciaron.

Imbricación entre trazado viario, función industrial y morfología urbana

La traza general de Nuevo Baztán conjuga dos intereses básicos: responder a la necesidades
representativas de Goyeneche de erigir un señorío nobiliario como signo de diferenciación y
prestigio personal –intención jerárquico-monumental-; y al tiempo realizar una aportación a la
economía pública, desde el punto de vista demográfico, agrario e industrial, siguiendo las
doctrinas colbertistas. En el plano de Nuevo Baztán están presentes diversas instancias de la
cultura urbana de su tiempo. Su trazado se basa en un riguroso empleo de la geometría y la
perspectiva dentro de un orden lineal, extensible y abierto, que asume los principios cartesianos
del urbanismo barroco en su afán de ordenación racional de la naturaleza, para sugerir un
entramado supuestamente prolongable en el territorio, a partir del marcaje de un centro
semántico y sus recorridos, en su doble papel representativo y funcional. La historiografía
tradicional ha destacado el carácter “castizo” materializado en la combinación de plazas cerradas
relacionadas entre sí que rodean el núcleo monumental configurando una especie de cortijo-
pueblo de estilo barroco castellano o población cortesano-señorial[26].

A falta de datos documentales sobre el proyecto, permanece la incógnita respecto a los modelos o
referencias concretas que pudo emplear José de Churriguera.

El plano ortogonal o damero, empleado en la fundación de ciudades de diversos orígenes,


funciones, y variantes morfológicas en el tiempo y lugares, se consolida ahora como un eficaz
instrumento de orden y racionalidad en la distribución de las funciones económicas, industriales y
comerciales, al tiempo que recoge resquicios simbólicos del poder y el orden jerárquico de
tradición clásica[27]. En la cultura urbanística de los siglos XVII y XVIII se incorporan además de las
ideas emanadas del Discurso de Descartes y su inclinación por el orden racional encarnado en
ciudades proyectadas de una sola pieza[28], el corpus de experiencias, normativas e instrumentos
con que se había poblado el Nuevo Mundo a partir de las Ordenanzas de Indias promulgadas por
Felipe II en 1573. En estas ciudades hispanoamericanas fructificó, si bien con flexibilidad y
variantes, el modelo de trazado ortogonal de calles rectilíneas, manzanas normalmente cuadradas,
y plazas con edificios representativos en posición central. En este contexto, la influencia de las
fundaciones llevadas a cabo por la Compañía de Jesús desde 1609 en el territorio oriental del
actual Paraguay es ampliamente reconocida en su dimensión urbanizadora y económica.

Aunque sea un argumento de cierta ingenuidad, resulta sencillo dentro de este entramado
ideológico, entrever ciertos paralelismos entre la fundación de Nuevo Baztán a comienzos del siglo
XVIII por Juan de Goyeneche, y las poblaciones creadas en la huerta de Murcia en 1734 por el
cardenal Belluga,  reconocida su labor colonizadora en las “Pías Fundaciones” como precursora del
clima de reformas y proyectos colonizadores de Fernando VI y su ministro Ensenada, y las
posteriores que emprendió Carlos III en Andalucía desde 1767[29]. Las investigaciones realizadas
por Javier Ortega en su tesisdoctoral concluyeron hace décadas que las fundaciones jesuíticas
actuaron como modelos de referencia en las poblaciones fundadas por el Cardenal [30]. Habida
cuenta de la estrecha relación de Juan de Goyeneche con la orden, pues, como Belluga, se había
educado en sus colegios, ejercía de protector y poseía directos vínculos familiares en la misma, no
es descabellado pensar que el mecenas de Nuevo Baztán tuviera en mente algunas de estos
modelos de ciudades hispanoamericanas que retroalimentaban la experiencia española (Figura 9).

 
Figura 9. Plano del pueblo de San Ignacio Miní según sus
ruinas, levantado en 1899 por el agrimensor Juan
Queirel.
Fuente: E. Maeder, R. Gutierrez:  Atlas territorial y urbano
de las misiones jesuíticas de guaraníes.

Vinculadas a su vez al ámbito español, en los S. XVI y XVII hallamos experiencias semejantes en las
nuevas fundaciones de colonización en Sicilia, en forma de pequeños centros agrícolas promovidos
por la nobleza feudal, algunos como Vittoria o Paceco debidos a la iniciativa de nobles
relacionados con la Corte y a la administración española. Al igual que en el caso de Nuevo Baztán,
para sus fundadores eran instrumentos de escala social y política, pero a la vez resolvían el
problema de las tierras sin cultivar en los grandes latifundios[31].

Un primer aspecto que llama la atención en Nuevo Baztán es la relación entre la ubicación de las
plazas respecto a la distribución de las industrias y las funciones adoptadas por los diferentes
caminos en el trazado urbano. Estos dos objetivos se materializan en la dirección que adoptan los
viarios en la estructura urbana, una encrucijada de caminos en la que confluyen dos ejes
ortogonales principales: el Camino de Alcalá en sentido Norte-Sur –desdoblado, uno atraviesa la
población y llega hasta la fachada del palacio y el otro paralelo, sin atravesar la población continua
hasta Villar del Olmo, Ambite, Orusco, Carabaña y otros núcleos de la Vega del Tajuña. Y un
segundo eje, el Camino desde Loeches en sentido Oeste-Este, con continuidad en el camino que
partiendo del núcleo se dirige hacia la Olmeda, continuando hasta el límite de la provincia con
Guadalajara.
Los dos ejes principales Norte-Sur y Oeste-Este, limitan una trama en cuadrícula que se despliega
linealmente y se segmenta en seis manzanas. Por tanto, las vías de acceso adquieren un carácter
funcional y estratégico en relación al emplazamiento de las industrias, instalaciones, fuentes de
energía, y distribución de los productos, además de delinear y señalar los ejes de los futuros
crecimientos del núcleo, a modo de ciudad lineal extensible. Y por otra parte, asumen un
carácter escénico-representativo- sobre todo el eje Oeste-Este que desemboca en la fachada del
conjunto palacio-iglesia, plenamente barroco, generador de perspectivas con fines monumentales
y simbólicos (Figuras 10 y 11). Junto al esquema racional en cuadrícula, la idea de eje de
aproximación es un mecanismo compositivo cuyo fin es potenciar la imagen de la ciudad como
panorámica de inmediata percepción visual, contando con el instrumento de la perspectiva[32],
imagen reforzada por la presencia de hileras de olmos a ambos lados de los caminos,
desaparecidos luego por enfermedades y rectificaciones de viales.

Figura 10. Reconstrucción del trazado de Nuevo Baztán en el siglo


XVIII a partir de la cartografía histórica.
Elaboración propia. Gráfica: Ángel Cuadrado.

   

Figura 11. Accesos a Nuevo Baztán: Desdoblamiento de la carretera Alcalá-Nuevo Baztán al entrar en la población. 
Reflejan con algunas transformaciones y rectificaciones el trazado de los antiguos caminos. 
Fotos: Autora.

La traza de Nuevo Baztán revela además una significativa ordenación jerárquica del conjunto en
torno al bloque formado por el palacio-iglesia, y la serie de plazas concatenadas que lo circundan
de forma “orgánica”. Beatriz Blasco ha analizado el carácter estas plazas en relación con las
cualidades formales y funcionales de los edificios que las conforman, y desde la confluencia o
irradiación en ellas de los viarios: la plaza del jardín frente a la fachada principal del palacio,
magnifica esta construcción al acceder por el camino de Pozuelo. En ángulo recto con la anterior,
la plaza del mercado cuenta con un sencillo soportal de pies derechos, por ello, su ubicación debía
ser destacada y solventar las necesidades derivadas de su uso y función, facilitando la
comunicación con la villa de la Olmeda donde estaban otras industrias similares, y con Madrid. Por
último, la denominada plaza de fiestas, en la trasera del palacio, sobre la que aún quedan algunas
dudas sobre la auténtica función de los espacios de sus crujías perimetrales, destinada
hipotéticamente a viviendas de los operarios o servidumbre del palacio, casas de oficios con
caballerizas, cocheras, almacenes de palacio, o talleres. La hoy desaparecida Fábrica de vidrio fue
instalada en 1720 fuera del recinto urbano, pero en lugar bien comunicado, en las márgenes del
camino de Pozuelo y del de Alcalá, de manera que la presencia de los hornos y calderas no
comprometieran la seguridad de la población.

Una segunda jerarquización de la trama revela una clara voluntad de zonificación de tipo socio-
económico, y afecta al tamaño y forma de las manzanas y a la distribución y al carácter de la
edificación residencial. Desde el centro, con la casa-palacio del fundador flanqueada por las
viviendas de maestros y oficiales -con una mejor construcción y distribución-, hasta la periferia, en
que progresivamente el caserío, destinado a operarios industriales y a labradores, se hace de
menor proporción, y adopta un carácter rural en proximidad a las instalaciones agropecuarias y a
los terrenos de labranza, huertas y campos de cultivo[33].
El conjunto dista de la monumentalidad y estrategias semánticas que adquirirá la arquitectura
industrial de la Ilustración, como se observa en algunos ejemplos como el proyecto de las salinas
de Arc et Senans de Ledoux. Sin embargo, ambos proyectos coinciden en la voluntad de
imposición de una lógica ordenadora a través de la geometría[34], radial en Ledoux, lineal y
cartesiana en Churriguera, que implica la expansión virtual de este orden hacia el territorio objeto
de explotación a través de la fluidez de las vías de comunicación, integrando la red de calles en las
carreteras principales que conectan la población con los otros centros del territorio. Se podría
finalmente barajar la hipótesis de un supuesto orden ideal expresado en esta ciudad señorial-
industrial que se sitúa a modo de rótula en el centro de un territorio que decididamente pretende
controlar tanto para el prestigio propio como para la generación de riqueza, anunciando un
cambio de mentalidad evidente en el papel rector que asume ahora la nobleza como productora
de riqueza a través del comercio y la industria, sobrepasando su función de mera terrateniente, y
materializando así los ideales divulgados décadas más tarde por los pensadores ilustrados.

La dimensión territorial de la industria

La nueva fundación representaba en gran medida los ideales que progresivamente se irían
implantando en la mentalidad de la clase dirigente española, ya que preveía la instalación de un
complejo industrial y agrícola, que contribuyera al tiempo al fomento de la industria nacional y a
frenar la situación de alarmante despoblación de esta zona rural, un “sitio despoblado y yermo”,
como se describe en el Libro de la Fundación. Goyeneche se anticipa a la denominada utopía
ilustrada estableciendo un espacio de Poder definido desde la utilización económica del
territorio[35], comprendiendo la necesidad de actuar y transformar la naturaleza, repoblándola,
transformando la tierra por los cultivos y fomentando la construcción de obras públicas, entre
ellas obras hidráulicas, nuevos caminos y carreteras, puentes y presas.

Nuevo Baztán, por esta condición, como ocurría en las Salinas de Chaux o en el Real Sitio de San
Fernando, debe entenderse como un conjunto vinculado a su territorio histórico, en el cual,
subsisten, abandonados o deteriorados irreversiblemente, algunos elementos o evidencias físicas
que formaron parte de la actividad industrial del siglo XVIII. Un territorio suministrador de
materias primas, fuentes de energía, e industria secundaria. En el engranaje productivo de la
población imperan los mecanismos de una industria rural dispersa, debida sobre todo a la
dependencia de las fuentes de energía hidráulica para determinadas actividades de las fábricas de
paños, y que también afectará a la implantación de cultivos, parcelaciones, obras de canalización y
mejora o construcción caminos, lo que cualificó el paisaje de un páramo despoblado, en parte
yermo y en parte boscoso, con el carácter que Paul Delsalle atribuye a los paisajes proto-
industriales anteriores al Revolución Industrial, en los que la integración de la industria en el
medio agrícola es un rasgo principal, visible en este ejemplo por la introducción de cultivos,
olivares y huertas[36]. Industria y agricultura eran esferas interrelacionadas a comienzos del siglo
XVIII, por ello es preciso enfatizar el valor patrimonial del paisaje agrario de la industrialización por
la fragilidad que evidencia este elemento histórico del territorio de cara a su protección.
En cualquier caso, la condición del lugar como encrucijada de caminos preexistentes [37] debió
influir en gran medida en la elección del sitio para la implantación del complejo industrial de
Nuevo Baztán, así como las condiciones topográficas, un terreno llano pero en el borde de una
zona más accidentada ligada a las fuentes de energía. Sobre la existencia de materias primas y
fuentes de energía, los documentos de la época sitúan la fundación del nuevo núcleo en un
páramo próximo al denominado Bosque o Monte de Acevedo compuesto entre otras especies, de
encinas, robles, quejigos, que sería altamente deforestado como consecuencia de su tala para el
suministro de combustible al horno de la fábrica de vidrio y jabones. Las Relaciones histórico-
geográficas de los pueblos de España  –Relaciones Topográficas-, elaboradas entre 1575 y 1580 por
orden de Felipe II, nos proporcionan algunas noticias sobre las poblaciones o villas limítrofes de
Pezuela, Olmeda, Ambite, Orusco, y Villar del Olmo, como el hecho que distaban entre sí de media
a una legua, que estaban comunicadas por caminos, que existían relaciones históricas entre ellas,
muchas basadas en la economía, y que se encontraban en funcionamiento por entonces puentes,
batanes y molinos en las vegas o riberas del Tajuña, algunos de los cuales, arrendará o comprará
para su producción industrial Goyeneche[38].

La política ilustrada de impulso y progreso de las comunicaciones[39], fue anticipada por Juan de
Goyeneche en Nuevo Baztán para asegurar el transporte y la venta de los productos, lo que se
tradujo en la construcción y mejora de caminos que facilitaran las relaciones de la fundación con
Madrid y con los pueblos vecinos, y también en la construcción de diversas obras públicas como
presas que lo abastecieran de agua y para el regadío, puentes, sistemas de alcantarillado, y otros
equipamientos.

Las realizaciones documentadas de Goyeneche en el terreno de la mejora de los caminos indican


la construcción de una carretera de Nuevo Baztán a Pozuelo del Rey, una calzada toda de piedra
de medio cuarto de legua, noticia señalada por Uztarriz al referir que ha compuesto el camino que
viene de Madrid, quitando algún rodeo, con nueva carretera[40]. Este camino era precisamente el
camino directo a la Corte. Tomás López en su Descripción de la provincia de Madrid[41], señala el
recorrido y la distancia De Madrid al Nuevo Bastan, en un total de siete leguas, recorriendo las
poblaciones de Madrid, Mejorada, Loeches, Pozuelo del Rey y Nuevo Baztán. En el Mapa
Topográfico de 1877, el primero de la larga serie de esta naturaleza que poseemos del territorio
estudiado, se pueden observar los diversos caminos y vías pecuarias que atraviesan el término y su
entorno, parte de los cuales se han alterado posteriormente (Figura 12). En segundo lugar, a partir
de la cartografía histórica podemos vertebrar el alcance territorial y disperso de la industria de
Goyeneche en el sureste de la provincia de Madrid, excediendo la ubicación o concentración de
fábricas y manufacturas en los núcleos de Nuevo Baztán y La Olmeda. Nuevo Baztán depende y a
la vez incide en la estructura del territorio, urdiendo un entramado jerárquico de relaciones y
funciones entre las diversas actividades de producción establecidas en los municipios próximos del
arroyo de la Vega –Pezuela de las Torres, Olmeda, Villar del Olmo- y de la vega del río Tajuña –
Ambite, Orusco, Carabaña-, cuyas poblaciones se aglutinaron en torno a las industrias de
Goyeneche. Su posición estratégica lo convierte en foco de mercado y comercio, extralimitando la
provincia de Madrid, para comprender Guadalajara y Cuenca, donde Goyeneche tenía posesiones
e intereses en Illana, Almonacid de Zorita, o Villanueva de Alcorón, lugar éste último donde
trasladó su fábrica de vidrio tras la experiencia truncada de Nuevo Baztán.

Figura 12. Mapa Topográfico de la Provincia de Madrid (1877). 


Detalle. Escala 1:50.000. (I.G.N.).

Las Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España  (1787-
1800), de Eugenio Larruga, constituyen una fuente imprescindible para conocer el alcance
territorial de la industria de Goyeneche aportándonos datos sobre emplazamientos de
instalaciones, fuentes de energía y red caminera. Además de esta obra, la Theoria  y Practica de
Comercio y de Marina de José de Uztáriz (1742), el Catastro del Marqués de Ensenada (1750)[42],
así como otras fuentes del siglo XIX, sobre todo Sebastián Miñano (1826) y Pascual Madoz (1849),
paralelamente a la más fiable y abundante cartografía del siglo XIX, posibilitan una reconstrucción
de las instalaciones industriales ligadas a las fuentes de energía hidráulica en el contexto del
paisaje rural de la zona.

Las instalaciones vinculadas a la industria del Nuevo Baztán se situaron longitudinalmente a lo


largo del cauce del arroyo de la Vega y del río Tajuña, desde Pezuela a Carabaña. La fabricación de
paños conllevó la dispersión de instalaciones auxiliares para posibilitar, entre otras, las diversas
sub-operaciones del bataneo que serían ejecutadas en las riberas de los cauces fluviales, sobre
todo en Ambite, Orusco o Carabaña, lo que implicaba viajes continuos entre La Olmeda, Nuevo
Baztán y los batanes del Tajuña a lomos de mulas o caballería por muy accidentados caminos de
herradura. En la Olmeda, existió una fábrica de tejidos, fábrica de antes y gamuzas y en el arroyo
Valmores[43], casa del tinte y batanes[44]. En estas implantaciones se observa una tímida
intencionalidad medioambiental que determina el emplazamiento de estas instalaciones nocivas o
desagradables, ya que tanto la tenería y casa de tintes, por los olores y productos químicos
empleados, como la fábrica de vidrio, por el peligro de incendio de los hornos, se distancian del
caserío construido. González Tascón en su estudio sobre las fábricas hidráulicas históricas ha
analizado la planificación industrial de estos ingenios del río Tajuña en el siglo XVIII, en la zona
comprendida entre Nuevo Baztán y Villarejo, y apoyándose en la disposición que les otorga Tomás
López en el Diccionario Geográfico, deduce que la ubicación de molinos harineros, molinos de
papel y batanes en este orden aguas abajo fue debido a la menor o mayor contaminación de las
aguas que producían por entonces  estos ingenios[45].

En Ambite se utilizaron diversos molinos como el Molino del Fraile, hoy semiarruinado; el Molino
del puente, y un batán. En esta localidad subsiste el puente de Ambite o del Molino, en el que reza
una inscripción con la fecha de su reparación, 1756, seguramente sobre el lugar de un antiguo
puente al que hacen referencia las Relaciones de Felipe II; y el puente de los Once Ojos que cruza
sobre el arroyo de la Vega[46]. En Orusco de Tajuña destacan un antiguo batán y un molino de
papel, la denominada Fábrica de Arriba[47], cuyo origen es el antiguo molino harinero o batán de
la Bellaescusa, que fue arrendado en 1715 por Juan de Goyeneche para la fábrica de paños de la
Olmeda. Posteriormente Goyeneche lo compró y lo convirtió en fábrica de papel parece ser que en
1726, según Larruga[48]. Carabaña, otro de los términos comprometidos con la actividad industrial
del XVIII, vivió un esplendor en el XVIII por la influencia de las industrias de la dinastía Goyeneche,
contando con batán y molinos harineros[49] (Figuras 13 y 14).

 
Figura 13. Plano de síntesis que muestra la relación de
las instalaciones industriales y los municipios
vinculados a la industria de Goyeneche en Nuevo
Baztán.
Elaboración propia. Gráfica: Ángel Cuadrado.

 
   

Figura 14. Ambite: Molino del


Fraile (izquierda); Orusco:
Fábrica de Arriba (centro);
Ambite: Puente del Molino en la
M-215. 1756 (reforma).
Fotos: Autora.

En el plano de Francisco Coello de la provincia de Madrid (Figura 15) se detallan algunas de estas


instalaciones, si bien las primeras referencias cartográficas que se conocen sobre la representación
territorial de estos bienes son los dibujos de Tomás López que custodia la Biblioteca Nacional de
los alrededores de Carabaña y la vega del Tajuña fechados en las últimas décadas del siglo
XVIII[50].

Figura 15. Francisco Coello – Pascual Madoz.- Provincia de


Madrid. Segunda Edición (1853). 
Escala 1:200.000. Detalle.
Fuente: Institut Cartográfic de Catalunya.

La extensión en los datos precedentes posee el objetivo de reforzar la incidencia de la explotación


económica del territorio por parte de Juan de Goyeneche. La existencia de una modesta
arquitectura vinculada históricamente al agua, ligada constructivamente a las técnicas de la
arquitectura popular, las instalaciones hidráulicas, obras públicas y edificaciones preindustriales de
este entorno configuraron un paisaje ribereño escasamente modificado en su momento. La
posterior reconversión de estos elementos en centrales eléctricas, fábricas o fincas particulares,
no ha evitado los procesos de desfiguración y la ruina de los mismos producto de su irreversible
obsolescencia.

El valor patrimonial del conjunto urbano y el territorio de la industria

La progresiva ampliación de los límites conceptuales del patrimonio, así como la consolidación de
la Arqueología Industrial como disciplina desde los años setenta del siglo XX, han posibilitado la
valoración y protección de grandes conjuntos de ruinas y paisajes industriales desmantelados, así
como de antiguas poblaciones industriales, que precisan de una metodología de investigación,
interpretación, protección, y restauración desde una perspectiva territorial[51]. Diversas
poblaciones nacidas de la concentración fabril, de la construcción de líneas ferroviarias (poblados
ferroviarios) o de la explotación de recursos in situ (poblados mineros) son objeto de atención por
parte de normativas y planes directores o proyectos de actuación emprendidos por diversos
organismos y administraciones públicas en todo el mundo, tanto los asentamientos preindustriales
como los conjuntos de la industrialización de los siglos XIX y XX. Entre estos últimos, en la localidad
de Ironbridge en el Reino Unido se crea a comienzos de los años sesenta el Ironbridge Gorge
Museum que recupera la memoria de la producción carbonífera asociada a la Revolución Industrial
inglesa. Además, la colonia textil de Crespi d´Adda en Lombardía (Italia), los poblados de New
Lanark en Escocia, y Saltaire (Reino Unido), o las  Salinas de Arc et Senans (Francia) son lugares
declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO. En todos los casos, se aplican criterios de
preservación integral que mantenga la filosofía del mundo del trabajo materializado en un
conjunto de bienes e instalaciones heterogéneas –como trazados urbanos, edificaciones
industriales y residenciales, obras públicas e instalaciones-. Las localidades industriales obsoletas
fueron también objeto de las experiencias de los denominados “ecomuseos”, cuya paternidad
ideológica fue emprendida por el museólogo francés G. H. Rivière para designar precisamente la
idea de un territorio-museo, un museo diseminado en el tiempo y el espacio formado por
extensiones territoriales susceptibles de abarcar desde poblaciones hasta bienes paisajísticos y
cuya meta sería entre otras la revitalización social y económica de comunidades castigadas por la
reconversión industrial. El ecomuseo de Le Creusot-Montceau-Les Mines, creado en 1973 en la
región borgoñona francesa como Museo del Hombre y de la Industria respondía a este principal
objetivo, la recuperación del patrimonio industrial de un extenso territorio conformado desde
finales del  siglo XVIII por el desarrollo de actividades industriales básicamente ligadas al carbón y
a la metalurgia. En España, los proyectos de rehabilitación de algunas colonias textiles de la cuenca
del Llobregat en Cataluña constituyen muestras de un enfoque conservacionista amplio e
integrado.

En estas prácticas, conviven experiencias que posibilitan la recuperación temática prácticamente


integral, con otros procesos de recuperación urbana y del patrimonio arquitectónico en núcleos
industriales originarios que han experimentado notables crecimientos y transformaciones
posteriores, como ocurre en la ciudad de Rochefort en Francia, donde algunos de los
contenedores e instalaciones del antiguo arsenal se han destinado a usos culturales y terciarios
desde el año 1974.

Como se ha comentado, en estos planes y proyectos se hace especial hincapié en el valor que
adquiere toda una zona de influencia de extensión variable como factor decisivo para la
explicación y significación de un conjunto urbano industrial, englobando los lugares de producción
de energía, las materias primas, las transformaciones y los impactos en el paisaje del ámbito rural
y urbano.

De hecho, la Arqueología Industrial como fenómeno que irrumpe en la práctica patrimonial


europea en los setenta ha generado una serie de problemas y reflexiones que, como señala
Massimo Negri, abarcan una dimensión física y conceptual novedosa por la necesidad de
conservar y exhibir elementos “anclados” en el territorio, infraestructuras o complejos como
canales, puentes, líneas ferroviarias, además, de paisajes, o partes del tejido urbano dedicadas a
usos industriales, valorando de manera creciente el concepto de paisaje industrial[52]. Como
efecto de este planteamiento, en nuestro país, el Plan Nacional de Patrimonio Industrial
contempla entre las tipologías de bienes industriales: los conjuntos industriales (conservación de
componentes materiales y funcionales así como su articulación); y los paisajes industriales, donde
se conservan visibles en el territorio todos los componentes esenciales de los procesos de
producción de una o varias actividades industriales relacionadas entre sí[53].

Además, sobre todo desde los años sesenta del siglo pasado, teorías y tendencias arquitectónicas
y patrimoniales han otorgado máxima preeminencia a la conservación de la morfología urbana
histórica como constante y elemento significativo de cada lugar. Esto significa en la práctica una
deriva hacia la valoración de los tejidos y tramas urbanas históricas, aún legibles con el paso del
tiempo. El concepto de patrimonio no sólo afecta  los monumentos aislados. La necesidad de
renovar las definiciones de patrimonio a través de una mirada transversal, comprensiva del
conjunto simbiótico de elementos naturales y culturales, tangibles e intangibles, integrando
aspectos funcionales y socio-económicos, se completa en la Convención Europea del Paisaje
(Florencia, 2000), al reconocer la potencialidad del paisaje como recurso económico favorable
para las comunidades gestoras, y como elemento de identidad, tanto los espacios de reconocida
belleza excepcional como los más cotidianos y degradados, aspectos sustanciales que afectan de
lleno al patrimonio y al paisaje industrial.
El conjunto urbano de Nuevo Baztán, a pesar de su origen industrial, no cumple la expectativa de
ofrecer un paisaje industrial tipo asociado a la etapa álgida de la industrialización, ni conserva
singulares inmuebles e instalaciones de la industria desaparecida. En Nuevo Baztán parte de estos
contenidos de la industria han desaparecido, manteniéndose un paisaje cultural no
exclusivamente industrial sino agrícola, nacido en los tiempos de la colonización y fundación del
poblado industrial. Si bien, los procesos de deterioro son comunes a todos los elementos
patrimoniales inmuebles que han perdido la función original, en el caso de las actividades
industriales, ligadas a un objetivo de mero uso material, estos bienes son objeto de un abandono
material que conduce a la desaparición de sus contenidos y significados, o a la desintegración
física aparejada a la des-identificación de la población, vinculada a la colonización del territorio por
una actividad nómada y pasajera llevada a cabo por una población flotante, generalmente
asociada a condiciones inhumanas de trabajo. Esta des-identificación sumada a la pérdida de
función, y a la poca atención que en círculos profesionales se ha concedido a este patrimonio en
España hasta fechas recientes conduce inexorablemente a una situación que posee notas
comunes: abandono físico, actos de vandalismo, deterioro progresivo, especulación con el suelo
recalificado, musealización de fragmentos, privatización y refuncionalización sin respeto absoluto
por el bien y su entorno.

De este panorama se desprende que la lógica del diseño de la conservación y recuperación de


Nuevo Baztán comparta dos planteamientos, uno tendente a la conservación del conjunto en su
morfología, imagen urbana histórica y edificación; y otro, atendiendo a los nexos históricos entre
el conjunto urbano y su territorio circundante, en aras de poder reintegrar la identidad y la
memoria industrial, en suma, el significado del lugar.

Durante el siglo XIX, ya en avanzado declive industrial, Madoz en el tomo XII de


su Diccionario recoge noticias sobre esta zona del arroyo de la Vega, y alude a la existencia de
buenos paseos y alamedas[54], describiendo de este modo el paisaje de Nuevo Baztán: “situada
en terreno llano y rodeada de monte bajo hasta cerca de las casas, tiene 60 casas de mediana
construcción divididas en 6 calles… En las inmediaciones del pueblo se encuentra un estenso
cercado con frutales, olivar y un bello jardín; varios pozos surten a los vecinos de agua (...)”.   Esta
descripción coincide cronológicamente con la litografía de Bernardo Blanco Vista de Nuevo Baztán
desde el Camino de la Fuente (Figura 16), fechada hacia 1850, en la que se representa el camino de
Villar del Olmo a Nuevo Baztán, haciendo referencia el título a la fuente histórica de La Almunia. 
Esta obra constituye uno de los primeros documentos gráficos donde se evidencia el papel
estético de los accesos a la población como soporte de las perspectivas y visuales del conjunto
histórico y constituye una fuente documental básica ya que nos informa sobre el trazado de la
población prácticamente inalterado, si exceptuamos la construcción de una manzana al sureste, la
existencia de un antiguo camino hacia Villar –paralelo a la carretera y hoy clausurado-, así como la
ubicación de la fábrica de vidrio, cuyos restos son aún visibles a la izquierda de la imagen.

 
Figura 16. Bernardo Blanco:  Vista de Nuevo Baztán desde el Camino de la Fuente(h. 1850).

Debido probablemente a su relativa posición de estancamiento económico en los últimos dos


siglos, el conjunto urbano de Nuevo Baztán y su territorio circundante se han visto escasamente
transformados a lo largo de la historia, preservando su identidad histórica, hecho que ha
propiciado por otra parte un abandono y descuido de su patrimonio histórico construido [55]. La
evolución de los criterios y medidas de protección a lo largo de la segunda mitad del siglo XX se
materializan en la evolución del propio tratamiento jurídico que ha recibido el conjunto, declarado
Monumento Histórico-Artístico mediante decreto de 16 de octubre de 1941, afectando esta
declaración “sólo” al palacio, iglesia, la plaza de fiestas y la del jardín, por entonces en manos de
propietarios particulares. El proyecto de Delimitación de Suelo Urbano y Normas sobre Uso del
Suelo y Edificación para el término municipal de Nuevo Baztán (1977)[56], amplía el radio de
protección, calificando de suelo no urbanizable especialmente protegido un área en el entorno del
casco histórico, el valle del arroyo de la Vega y dos áreas de olivares existentes, además de las
huertas del sector W de la población, en razón de su excepcional valor agrícola, forestal,
ganadero, de las posibilidades de explotación de recursos naturales, de sus valores paisajísticos,
históricos y culturales, equilibrio ecológico…, recomendando a su vez tener en cuenta el medio
físico en la redacción de planes especiales y estudios de detalle, entre ellos los panoramas, fondos
visuales, horizontes, y vistas a conservar hacia y desde el sitio. Progresivamente, se ha potenciado
una mayor sensibilidad hacia el papel de los viales y parcelas que rodean el acceso, encargados
tanto de vehicular las vistas “pintorescas”, como de delimitar los propios bienes patrimoniales
inmuebles o zonas de cultivos, huertas, cercas, fuentes, entre otros.
Tras su incoación en 1979, Nuevo Baztán fue declarado BIC en el año 2000 en la categoría de
Conjunto Histórico, delimitando la protección en forma de un polígono irregular que incluye el
casco histórico, e incluyendo en el perímetro la finca situada en la parte posterior del palacio, el
olivar, las cercas históricas, la Alquería del Cuarto Lote, el Palomar y la Fuente de
la Almunia (Figura 17)[57].

Figura 17. Plano del Nuevo Baztán con  Vista aérea de la población en la


delimitación del perímetro de protección y el actualidad.
crecimiento del término municipal. Google Earth.
Elaboración propia. Gráfica: Ángel Cuadrado.

En lo referente al casco histórico, a pesar de esta declaración y aún considerando los esfuerzos
invertidos y los proyectos de restauración y rehabilitación que se han sucedido en los últimas
décadas por parte de la administración municipal y autonómica (gestora del conjunto monumental
desde 1989)[58], entre ellos el Centro de Interpretación ubicado en las antiguas bodegas del
palacio; el resultado sigue siendo parcial, quedando pendiente la restauración y rehabilitación
integral no sólo del conjunto monumental sino del conjunto edificado residencial, pues la mayor
parte de viviendas se hallan abandonadas y en serio estado de deterioro y ruina.

Desde el punto de vista de su trazado histórico, la tensión entre normativas de protección y el


riesgo de activación de planes de destrucción ambiental y paisajística ha sido la tónica de los
últimos decenios. En el término de Nuevo Baztán, desde los años sesenta se observan diversos
crecimientos a partir de la trama original: por un lado, residenciales y dotacionales, en una
variante del camino hacia Loeches, y más recientemente hacia el sur, a lo largo de la carretera
hacia Villar del Olmo; y por otro lado, industriales y comerciales, hacia el norte de la población, en
el extremo de la carretera de Alcalá, no obstante, siguiendo la expansión en general los ejes
ortogonales del trazado. Pero lo más destacado del crecimiento del término ha sido desde las
mismas fechas la construcción de varias urbanizaciones que han transformado la fisonomía del
paisaje de la zona, al convertir gran parte del encinar y campos de cultivo en suelo urbanizable
residencial y de equipamientos, abriendo nuevos viales y alterando parte de los trazados de
sendas y vías históricas. Sin embargo, la disposición gravitatoria de las urbanizaciones respecto al
casco histórico, no altera la traza del conjunto.

A la espera de la redacción de un Plan Especial, actualmente en curso, las vigentes Normas


Subsidiarias de Planeamiento Municipal aprobadas en abril de 1987, inciden en la identificación de
la silueta urbana y la calidad ambiental como objetivos prioritarios, así como la protección del
paisaje agrario de su entorno[59], constituido por caminos, veredas y sendas que atraviesan el
término y a los que se debe asignar un tratamiento especial, en cuanto que forman parte de
algunos trayectos de valor histórico o ecológico, como la Senda de Valmores, habilitada por el
Ayuntamiento como vía ecológica y que contiene parte de las ruinas de los restos de las
instalaciones de la producción industrial del S. XVIII.

Si bien la reivindicación de protección del patrimonio arquitectónico y paisajístico debe ser


compatible con la lógica evolución y dinamismo del núcleo y el entorno, el riesgo de destrucción
de su trazado histórico siempre ha gravitado sobre la población, constituyendo el último episodio
la redacción el Plan General del Municipio (2007), paralizado en parte por la oposición suscitada
por la propuesta de recalificación del suelo y espacios protegidos. Este plan, un ejemplo evidente
de las agresiones que la especulación inmobiliaria ejercen sobre el ámbito rural, desvirtuaba el
trazado existente y las visuales del casco, atentando contra el entorno de protección del BIC y la
identidad histórica y ambiental[60].

Complementando el punto de vista anterior, en que se aborda la conservación integral de todo el


conjunto urbano, surge la necesidad de rescatar la memoria histórica del lugar abordando una
escala más amplia, la relacionada con los restos de la explotación preindustrial ligada a su
territorio. Algunas de estas instalaciones como los molinos y batanes han sido objeto de sendas
investigaciones en los últimos años, destacando la llevada a cabo por el arquitecto José Luis García
Grinda, que contribuye a reivindicar los valores territoriales, testimoniales, históricos, o
ambientales de estos elementos[61].

La conservación de Nuevo Baztán, como reflejaban los primeros estudios sobre el lugar, se ha
entendido tradicionalmente desde la óptica de un conjunto monumental –en parte reducido a su
núcleo palacio-iglesia y sistema de plazas–, segregando el pueblo de su territorio histórico,
ignorando elementos y huellas que ayudan a explicar la actividad industrial desarrollada.
Elementos y bienes descuidados, abandonados o arruinados, cuando no desaparecidos, en suma,
transmutados en buena medida en una memoria invisible, hasta cierto punto inmaterial. Por
tanto, sería deseable que la rehabilitación patrimonial, económica y demográfica de Nuevo Baztán
se planteara en un futuro no sólo como la recuperación de unos espacios y edificios singulares y
monumentales, sino desde una unidad superior, comprendiendo la edificación residencial, los
elementos agropecuarios, los bordes fluviales, los caminos, las sendas, la visión de paisaje urbano,
y los itinerarios del territorio, potenciando los valores culturales asociados a su origen como
población creada de nueva planta para la producción industrial pionera de la mentalidad ilustrada,
y como tal, no desvinculada de su territorio. Finalmente, no puede existir conservación ni
mantenimiento sin una realidad socio-económica y cultural que la soporte, sin la inserción de
actividades compatibles con la conservación, que dinamicen y no musealicen la herencia urbana y
arquitectónica.

Notas

[1] Capel, 2002, p. 67-69.

[2] Algunos historiadores del urbanismo y la historia de la ciudad han tratado como categoría
específica las ciudades nacidas para la industria, a veces analizando su evolución y casuística.
Capel, 2005, p. 539-542; Galantay, 1977, p. 67-86, Lavedan et al, 1982, p. 111-114; García
Fernández, 2010, p. 35-40.

[3] Insolera, 1975, p. 125-127.

[4] Bergeron y Roncayolo, 1974,  p. 828-829.

[5] Insolera, 1975, p. 123-132.

[6] Seta, 2002, p. 243-269; Seta, 1974, p. 711-34.

[7] Choay, 1983, p.18-20

[8] Un interesante estudio de las colonias industriales del siglo XIX desde sus supuestos filosóficos
es el llevado a cabo por Danesi, 1976, p. 16-23, donde analiza en profundidad en pensamiento de
William Morris.

[9] Bacon, 1988.

[10] Sambricio, 1991, p. 36. La obra, como afirma Avilés Fernández  “puede calificarse de antitopía,
pues presenta la imagen opuesta de la España en la que vio la luz...Por un lado, porque constituye
una crítica de los valores, estilo de vida, formas de gobierno de su tiempo. Por otro porque
propone un sistema alternativo, basado en una racionalidad, que el propio autor califica de
cartesiana, que lleva hasta el extremo tanto las cuestiones espaciales como los sistemas de
gobierno y de organización social o comunitaria. Citado por Fraile, 2012, p. 5-10.
[11] Lavedan, 1982, p.103-105 para una descripción pormenorizada de la ciudad. Gutkin la
emparenta por su simplicidad y funcionalidad con El Ferrol, 1970, p. 130. Del mismo modo, el
barrio de la Barceloneta, trazada por los ingenieros J. Martín Cermeño y F. Paredes en 1749, revela
cómo estos modelos portuarios franceses se divulgaron tempranamente entre los ingenieros
españoles, como ha estudiado Mercedes Tatjer. Tatjer, 1973, p. 48-53.

[12] Vidler, 1997, p. 68-71.

[13] Markus, 1993, p. 247

[14] Vidler, p. 74.

[15] García Fernández, 2010, p. 269-317, quien ha estudiado estas nuevas poblaciones industriales
creadas en el siglo XVIII, analizando la relación entre implantación industrial y la repercusión de la
industria en la transformación urbana de la estructura urbana existente.

[16]En Madrid destacaron en este sentido la Real la Real Fábrica de Tapices fundada en 1721; la
Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro desde 1759; y otras ubicadas en los Sitios Reales,
próximas a la demanda de sus productos, como la Real Fábrica de Cristales de La Granja de San
Ildefonso. Fernández Durán, 1999, 128. Rabanal, 1988, p. 319 alude al Discurso sobre el fomento
de la industria popular del Conde de Campomanes, 1774, discurso mantenido también por el
teórico Francesco Milizia en sus Principi di architettura civile de 1785.

[17] Rabanal, 1988, p. 103-113.

[18] Rabanal, 1983.

[19] Ibídem, p. 210-212. Vicinanza, 1997, p. 32-37.

[20] González Enciso, 2007; Caro Baroja, 1969; Aquerreta, 2001; Floristán, 2005. García Gaínza,
1999.

[21] Aquerreta, 2001, p. 92.

[22] Fernández Durán, 1999, p. 122. La autora realiza un espléndido análisis del pensamiento
económico de Uztáriz contenido en la Theorica….

[23] El programa industrial iniciado en Olmeda, lo prosiguió en el Nuevo Baztán en 1715 con la
instalación de una fábrica de sombreros de munición y de otros artículos textiles y de cuero, que
amplió en años sucesivos con nuevas manufacturas “de aguardiente común y endaya; y otra agua
de la Reyna de Ungría, diversas industrias de cerería, cuerería y confitería; fábricas de papel y de
cristales ordinarios, taller de zapatería y otras empresas para la producción de tejidos de seda,
pañuelos, colonias y cintas. La instalación de la fábrica de vidrios finos, una auténtica industria de
lujo, y precedente de la gran Fábrica Real de la Granja, culminó su proyecto ambicioso, obteniendo
del Rey el monopolio sobre la fabricación de vidrios. Larruga, 1790, 1995, (volumen 4), p. 56-60.
Según Uztáriz la fábrica produjo vidrios de gran calidad abasteciendo incluso a la casa de la reina
Isabel de Farnesio. Sin embargo, conocemos por Larrruga las desdichas y gastos que acarreó dicha
empresa para Goyeneche, al punto de verse obligado a su cierre y traslado a la provincia de
Cuenca.

[24] Goyeneche, Juan de, Executoria de la nobleza, antigüedad y blasones del Valle del Baztan.
Madrid, Imprenta de Antonio Román, 1685. Ed. Facsímil de S. Alcalde de Oñate y C. González de
Heredia. Asociación de Patrimonio Histórico de Nuevo Baztán. Madrid, 1998.

[25] Aquerreta, op. cit., p. 139-157.  Para su nueva población, Goyeneche había comprado en 1705
al Marqués de la Olmeda 4500 fanegas de tierra en el denominado Bosque de Acevedo, situado en
el término municipal de la Olmeda de la Cebolla, cuyo Señorío adquirirá en 1714. En 1723 Nuevo
Baztán consigue la segregación eclesiástica y civil de La Olmeda.

[26] Chueca Goitia, 1985, p. 157; Lavedan et al. p. 99-100, lo engloban en el capítulo “residencias y
capitales”, junto a los reales sitios en torno a Madrid como La Granja, Aranjuez, El Escorial, Lerma,
San Fernando, y no en el de “villas industriales”.

[27] Capel, 2002, p. 182. En España en la época de los Reyes Católicos se crearon fundaciones en
damero con plazas intercaladas de variadas formas y dimensiones, empleándose en empresas de
ocupación y colonización como Puerto Real, Cádiz (1483), o Santa Fe de Granada (1491).  Pero
además, en esta elección morfológica se solapan ciertos elementos teológicos y simbólicos
hispánicos contenidos en obras antiguas que aportan modelos de ciudades utópicas, como es El
Crestià (1381-1386) del franciscano Francesc Eximeniç, quien propone un modelo de ciudad ideal,
ordenada a modo de la Jerusalén celestial a partir de ejes ortogonales que se cruzan en una plaza
central dividiendo la ciudad en cuatro sectores, con la presencia de edificios monumentales bien
constituidos como base de la belleza, nobleza y el buen orden, tanto social como
constructivo. Bielza de Ory, 2002.

[28] Pierre Lavedan et al., 1982, p. 73.

[29] Sambricio, 1991, 122-130. Estas experiencias colonizadoras se sitúan como antecedentes de


otras poblaciones creadas ex novo ligadas a fenómenos de repoblación y reactivación económica
por parte de las políticas ilustradas españolas de la segunda mitad del siglo XVIII, como los
proyectos impulsados por Carlos III en Andalucía desde 1767, dirigidos por Pablo Olavide, y sus
precedentes del Ferrol y la Barceloneta planificados en el reinado de Fenando VI.

[30] Francisco Javier Ortega, El proyecto de urbanización y colonización del Cardenal Belluga a


comienzos del siglo XVIII. Tesis Doctoral inédita. ETSAM, 1988, estableció la hipótesis que se
menciona, p. 158-160.

[31] Guidoni, E., Marino, A., 1982, p. 74-76

[32] Para Antonio Bonet Correa, en  realidad, el Barroco retornó a los conceptos medievales,
señalando que aunque en todos los documentos e informes de los maestros de obras siempre se
habla del buen concierto y trabazón de los sus edificios, de la hermosura de la arquitectura en
concordancia con los principios renacentistas el resultado final, su visión panorámica era la de la
ciudad amurallada y coronada de agudos chapiteles, que en el fondo, era la trasposición barroca
de la mística y guerrera ciudad medieval. Bonet Correa, 1991, p. 20-21. Un discurso visual
vinculado tanto a determinados escritos de la época como al corpus gráfico constituido por atlas
de grabados  que en el S. XVII recogen el género de cartografías y vistas de ciudades, muchas de
ellas estereotipadas. Seta, 2002, p. 129-155.

[33] Blasco, 1981, 1984,  p. 647-648. Blasco y Benito, 1980. García Grinda, 1982.

[34] Vidler, 1997, p. 74.

[35] Sambricio, 1991, p. 36

[36] Delsalle, 1998.

[37] A comienzos del siglo XVIII, en el momento de implantación de las industrias de Goyeneche,
existen en la zona objeto de estudio caminos de herradura, sendas, veredas, y vías pecuarias, muy
posiblemente de origen medieval. En terrenos próximos discurren la cañada real Soriana, por el
límite de la provincia, bajando de Sigüenza y la Alcarria; y la Senda Galiana, en las proximidades de
Alcalá y Loeches, entre los límites de Pozuelo y Nuevo Baztán.

[38] Alvar Ezquerra, 1993.

[39] Terán, 1984, 2006, p. 89.

[40] Uztáriz, 1742, 1757, p. 164-165.

[41] López, 1763, p. 197.

[42] Véanse las Respuestas Generales del Interrogatorio llevado a cabo en 1752 correspondiente a
La Olmeda y Nuevo Baztán en <hhtp://www.pares.mcu.es/Catastro/servlets/ImageServlet>

[43] En 1495 consta que el término se repartió entre Pezuela, la Olmeda y Corpa, por lo que el
abandono debió de ser anterior. Cuando Juan de Goyeneche crea el complejo industrial de Nuevo
Baztán vuelve a reunir algunas de las tierras que habían formado parte de la aldea de Valmores
pero no la zona del poblado, que seguirá adscrito al término de la Olmeda. Alonso Juliá, op. cit., p.
30-33. Bartolomé, 1981, p. 27. Las ruinas de un molino en el cauce del arroyo, citado ya en
las Relaciones Topográficas de Felipe II, hace pensar en su reutilización industrial en el S. XVIII.

[44] Las ruinas de la tenería o fábrica de antes en el antiguo camino Nuevo Baztán-Olmeda, se


encuentran en el arranque del antiguo camino de descenso hacia el arroyo de la Vega. Alonso
Juliá, op. cit., p. 127-129.

[45] González Tascón, 1987, p. 311

[46] Par un estudio de estos molinos y puentes, VV.AA., 2009, p. 290-330.


[47] García Grinda, J.L., 1990, p. 74-77; VV.AA., 2009, p. 744-746.

[48] Larruga, ed. 1995, vol. 3, p. 176-202. Hay que tener en cuenta que Juan de Goyeneche había
comprado los derechos de edición de la Gaceta de Madrid en 1697, además de llevar a cabo otras
empresas editoriales. S. Miñano relaciona en Orusco un molino harinero y dos de papel, situados a
un cuarto de legua el uno del otro. En el segundo se fabricó papel fino, entrefino y de imprenta
hasta 1745 en que se suspendió la franquicia que había gozado.

[49] Madoz, 1849, p. 193.

[50] Sambricio lo relaciona con la parte de la información demandada y proporcionada por los


municipios para la elaboración del mapa cartográfico de Tomás López. Sambricio, 1991, p. 52.

[51] Tandy, 1979, p. 174; Benito, 2002.

[52] Negri, 2007, p. 106-108.

[53] Ver www.mcu.es/patrimonio/docs/MC/.../PN_PATRIMONIO_INDUSTRIAL_pdf. Sobre el
concepto de paisaje cultural Aguiló y Mata, 2005, p. 26-27; y especialmente Maderuelo, 2008,
2009.

[54] Madoz, 1849, p. 442. 

[55] Layuno, 2010.

[56] Comisión de Planeamiento y Coordinación del Área Metropolitana de Madrid: Proyecto de


Delimitación de Suelo Urbano y Normas sobre el uso del suelo y edificación para el término
municipal de Nuevo Baztán. Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo. COPLACO. Madrid, 1979.

[57] Decreto 44/2000 de 16 de marzo, por el que se declara Bien de Interés Cultural en la


Categoría de Conjunto Histórico a favor de Nuevo Baztán. En BOCM, nº 75, 29 de marzo de 2000,
p. 34.

[58] Las últimas actuaciones en VVAA, 2009, p. 583-592.

[59]  NORMAS SUBSIDIARIAS DE PLANEAMIENTO MUNICIPAL DE NUEVO BAZTÁN. Madrid:


comunidad de Madrid, Consejería de Obras Públicas, Urbanismo y Transporte; Dirección General
de Urbanismo y Planificación Territorial. Ayuntamiento de Nuevo Baztán, 1992.

[60] Las escasas noticias relativas al PGOU están extraídas de Ramírez, C., “Nuevo Baztán triplica su
población con un nuevo plan urbanístico”, El País, 4 de septiembre de 2007, p. 33; J.C.M., “Centro
de arte y 10.000 viviendas”, El País, 1 de junio de 2007, p. 6 (Propiedades). Ecologistas en Acción
de la Comunidad de Madrid: “Nuevo Baztán reclasifica el conjunto histórico”,
en http://www.ecologistasenaccion.org/spip.php?article8911 [consulta 28/01/2010]. Véase
también VVAA, 2009, p. 592.

[61] García Grinda, 1990.


 

Bibliografía

AGUILÓ, Miguel, y MATA, Ramón de la (Dir). Paisajes culturales. Madrid: Colegio de Ingenieros de


Caminos, Canales y Puertos, 2005.

ALCALDE DE OÑATE, Santiago y GONZÁLEZ DE HEREDIA, Carlos (Ed.). GOYENECHE, Juan


de, Executoria de la nobleza, antigüedad y blasones del Valle del Baztan. Madrid: Asociación de
Patrimonio Histórico de Nuevo Baztán, 1998.

ALONSO JULIÁ, Miguel Ángel. Historia de la Olmeda, Madrid: Ediciones Bornova, 2006.

ALVAR EZQUERRA, Antonio (Coord.). Relaciones Topográficas de Felipe II. Madrid: Comunidad de


Madrid, CSIC, 1993.

AQUERRETA, Santiago. Negocios y finanzas en el siglo XVIII: la familia Goyeneche. Pamplona:


Eunsa, Ediciones Universidad de Navarra, 2001.

BACON, Francis. La Nueva Atlántida. Estudi

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