Está en la página 1de 7

GONZALO ARANGO

“No pertenezco a nadie ni a nada; me pertenezco a la vida. Nuestra alternativa es la de


Lázaro: o salimos de la tumba o nos moriremos definitivamente”.
Lo que acabo de decir es una frase que va dentro del manifiesto nadaísta y con la cual
podré empezar a hablar de mi vida
Me llamaron Gonzalo Arango y de 15 hermanos yo fui el número 13. Tiempo después
vendría a ser reconocido por un seudónimo: El profeta. Físicamente era delgado, pálido,
con cabello largo y una mirada penetrante. En un primer momento quise estudiar
derecho y estudié eso durante tres años en la Universidad de Antioquia. En 1953 me uní
al MAN, el partido político del General Rojas Pinilla, y fui corresponsal del periódico
de dicho movimiento, sin embargo, en 1957 cuando cayó la dictadura, personas
enfurecidas pidieron mi cabeza.
El movimiento que inventé se llamó nadaísmo y se basaba en las obras de Jean Paul
Sartre, en especial de la novela La náusea y del ensayo filosófico El ser y la nada.
Además, de otros autores como de Nietzche, Rimbaud, Lawrence, Heidegger, Camus
y Fernando González.
El movimiento Nadaísta no era una imitación foránea de Escuelas Literarias o
revoluciones estéticas anteriores. No seguía modelos europeos. Él hundía sus raíces en
el hombre, en la sociedad y en la cultura colombiana.
Hubo personas que condenaron el movimiento diciendo que se parecía a otros
movimientos revolucionarios como el surrealismo, el futurismo, el nihilismo, el
existencialismo etc.
Ustedes me preguntarán por una definición más exacta. Yo no sabría decir lo que es,
pues toda definición implica un límite. Su contenido es muy vasto, es un estado del
espíritu revolucionario, y excede toda clase de previsiones y posibilidades. El
Nadaísmo, en un concepto muy limitado, es una revolución en la forma y en el
contenido del orden espiritual imperante en Colombia. Para la juventud es un estado
esquizofrénico-consciente contra los estados pasivos del espíritu y la cultura.
En los años 50’s me reunía con un grupo de escritores, en ese tiempo leí un discurso
contra Miguel de Cervantes escrito en papel higiénico, y quemé libros de mi propia
biblioteca. Ya en 1958 el grupo de escritores del nadaísmo cobró notoriedad y llegué a
Medellín con el primer manifiesto nadaísta en agosto de ese mismo año lo publiqué y
luego lo lancé en Cali junto a Jaime Jaramillo Escobar, J. Mario, Elmo Valencia y otros.
Este movimiento ofendía a la Iglesia, varios de mis compañeros fueron encarcelados y
en 1959 yo también fui encarcelado junto con mis compañeros por sabotear el Congreso
de Escritores Católicos pues mientras repartían el Manifiesto hicimos estallar bombas
fétidas.

En cuanto a la poesía, es toda acción del espíritu completamente gratuita y desinteresada


de presupuestos éticos, sociales, políticos o racionales que se formulan los hombres
como programas de felicidad y de justicia. Este ejercicio del espíritu creador originado
en las potencias sensibles, lo limito al campo de una subjetividad pura, inútil, al acto
solitario del Ser.
Pero la poesía Nadaísta es la libertad que desordena lo que ha organizado la razón, o
sea, la creación inversa del orden universal y de la Naturaleza.

A finales de los setenta conocí a Ángelita. El 25 de septiembre de 1976, en Gachancipá


tuvimos un accidente de tráfico…

Mi resurrección
Para Angelita y yo
                   todos los días son de fiesta;
las mañanas, tesoros de pájaros y flores
                   que celebran el sol, la eternidad.
Es hermoso ver saltar en el tejado
                   los pájaros radiantes
                   picotear su pan desmigajado;
oír sus trinos matinales
                   de adoración al Padre Sol,
                   a la Madre Tierra generosa,
de amores musicales,
sinfonías de silencio, gorjeos clamorosos;
                   en la savia del sietecueros
morado de milagros que moran en sus ramas
                   florecidas y vibrantes
                   de colores armonías y
                   nidos de flores encantados.
Mi amada y yo nos sentimos felices, jubilosos
            con su vuelo de rayos,
                   raudal de plumas luminosas;
cantos amorosos a la Naturaleza Madre,
                   tesoro virgen y clave de la Vida,
            la indecible Vida.

Manos unidas
Una mano
más una mano
no son dos manos;
Son manos unidas.
Une tu mano
a nuestras manos
para que el mundo no esté
en pocas manos
sino en todas las manos.
MONOLOGO- GONZALO ARANGO

“No pertenezco a nadie ni a nada; me pertenezco a la vida. Nuestra alternativa es la de


Lázaro: o salimos de la tumba o nos moriremos definitivamente”.
Mis padres me llamaron Gonzalo Arango y de 15 hermanos yo fui el número 13. Nací
en la región más católica de Colombia, Antioquia y en aquella Medellín tan religiosa
perdí la fe. Nietzsche, los existencialistas y los obispos mercantiles me ayudaron a
alejarme de ella. Había una falta de dios en mí y el espíritu de rebelión crecía de a poco
en mis adentros. En ese entonces escribí mi primer libro titulado después del hombre
que luego quemaría junto con algunos de los libros de mi biblioteca.
Acerca de mis estudios, mi padre quería que fuera abogado y “estuve a punto de serlo,
pero cierta inclinación a desviarlo todo me desvío del derecho”. Además, lo que si
quería ser era ser poeta.
Entre 1953 y 1957 el general rojas pinilla gobernaba Colombia y fui partidario de su
gobierno, pero cuando este cayó me buscaron para lincharme, así que decidí irme a Cali
donde trabajé en publicidad. Teniendo ya 26 años analizo mi existencia y deduzco que
no tengo nada en qué creer, incluso me pregunto, ¿yo qué tengo, ¿yo qué tengo? Y
deduje que no tenía nada… entonces me dije: pues si no tengo nada, voy a volver a
Medellín con un movimiento que se llame el nadaísmo.
Corría la época de 1958 cuando fundé este movimiento “en medio de una generación
frustrada, indiferente y solitaria, y en un país de seculares conformismos
espirituales” “para restituir a la nada su condición rebelde y a mi vida una razón de vivir
entre los signos apocalípticos y nihilistas de mi tiempo”. El nadaísmo se vio
influenciado por autores como Jean Paul Sartre, Rimbaud, Lawrence, Heidegger, Camus
y Fernando González que nos ayudaron a constituir la primera y única vanguardia
netamente colombiana. Nosotros fuimos los primeros en negarlo todo y en negarnos a
nosotros mismos.
Amaba escribir y pensaba que la poesía Nadaísta “(era) es la libertad que desordena lo
que ha organizado la razón, o sea, la creación inversa del orden universal y de la
Naturaleza” pues “La poesía (era) es por primera vez en Colombia una rebelión contra
las leyes y las formas tradicionales, contra los preceptos estéticos y escolásticos que se
han venido disputando infructuosamente la verdad y la definición de la belleza”
“Los Nadaístas invadieron la ciudad como una peste”
“El Nadaísta es joven y resplandece de soledad
                    es un eclipse bajo los neones pálidos
                     y los alambres del telégrafo
                     es, en el estruendo de la ciudad
                     y entre sus rascacielos,
                     el asombro de una flor teñida de púrpura
                     en los desechos de la locura.”
Debo decir que este movimiento y mis letras no siempre tuvieron buena acogida, hubo
personas que condenaron el movimiento diciendo que se parecía a otros movimientos
revolucionarios como el surrealismo, el futurismo, el nihilismo, el existencialismo etc.
¡Falso! Nuestro movimiento era único, además, como quedó consignado, “en un
concepto muy limitado, es una revolución en la forma y en el contenido del orden
espiritual imperante en Colombia. Para la juventud es un estado esquizofrénico-
consciente contra los estados pasivos del espíritu y la cultura” porque nosotros, los
nadaistas, no rechazábamos a nadie porque fuera pobre, marihuanero o marica. Nosotros
contemplábamos otros criterios rechazados por la sociedad como el amor libre y el
acercamiento a las drogas…
Como este movimiento ofendía a la Iglesia, varios de mis compañeros fueron
encarcelados y en 1959 yo también fui encarcelado junto con otros compañeros por
sabotear el Congreso de Escritores Católicos, pues mientras repartían el Manifiesto
hicimos estallar bombas fétidas.
Muchos decían y aún pueden llegar a pensar que el nadaísmo era demasiado
extravagante y tosco; que por divulgarlo descuidé mi obra literaria personal y no
paraban de preguntar que cuál era el fin del nadaísmo. A esas críticas yo respondo que
“El Nadaísmo no tiene fin, pues si tuviera fin ya se habría terminado. Nosotros nos
contentamos con progresar devotamente hacia la locura y el suicidio. Hacemos el mal,
porque el bien no sienta a nuestro heroísmo”.
Pero ya basta de hablar de mí y de aquel movimiento que fue como un temblor de tierra
para la literatura. Solo me queda por decir que yo, Gonzalo Arango, el profeta de la
oscuridad “Exijo el honor de que me borren de la memoria de las futuras generaciones.
Pido para mí la gloria de un ser maldito, un proscrito, un excomulgado de toda moral,
de toda estética, de toda esperanza”.
“No pertenezco a nadie ni a nada; me pertenezco a la vida. Nuestra alternativa es la de
Lázaro: o salimos de la tumba o nos moriremos definitivamente”.
Pseudonimo: el profeta
El autor del manifiesto era un no-tan-joven de clase media de Andes, Antioquia, nacido
en 1931, condiscípulo de Fernando Botero durante el bachillerato y que cursó tres años
de derecho en la Universidad de Antioquia
gonzalo Arango nació en Andes, Antioquia, el 18 de enero de 1931. Era el hijo número
13 de una familia de quince hermanos. Su padre, Francisco Arango, era el telegrafista
del pueblo, y su madre, Magdalena Arias, fungía de hada protectora de los parques y
calles de Andes.
Luego fue profesor de preceptiva, bibliotecario de la Universidad de Antioquia, así
como jefe de redacción de la Revista Universidad de Antioquia. En 1953 se unió al
MAN, partido político del General Rojas Pinilla, y llegó a ser corresponsal del periódico
de dicho movimiento, por lo que en 1957, al caer la dictadura, la turba enfurecida pidió
la cabeza del escritor. Cuando volvió a Medellín en 1958, tenía redactado el Primer
Manifiesto Nadaísta, que publicó en agosto de este año y que luego lanzaría en Cali
junto a Jaime Jaramillo Escobar, J. Mario, Elmo Valencia y otros seguidores. 
Palidez cadavérica, su larga melena grasienta, sus uñas de luto, su gabardina gris con un
ascua de mugre bordeando su cuello, el fulgor demoníaco de su mirada 
Estuvo a punto incluso de ser linchado por las turbas enardecidas del 10 de mayo por
pertenecer a la tercera fuerza del general derrocado
Hace 50 años, cuando Colombia recién estrenaba el Frente Nacional y trataba de dejar
atrás el horror de la Violencia, se publicaba en Medellín El manifiesto nadaísta, un texto
firmado por “Gonzalo arango”. A partir de ese instante se comenzó a gestar un
movimiento que agitó la provinciana Colombia de entonces con textos y diversos actos
públicos de provocación.
El grupo alcanzó notoriedad en 1958, cuando Arango convocó a sus amigos al parque
Berrío de Medellín, donde leyó un discurso contra Miguel de Cervantes escrito en papel
higiénico, y quemó libros de su propia biblioteca. 
El nadaísmo, con sus posturas y blasfemias, ofendía a la Iglesia. Varios de sus
integrantes pasaron algunos días en la tenebrosa cárcel de La Ladera, en Medellín. En
1959 le tocó a Gonzalo Arango, por sabotear con otros nadaístas el Congreso de
Escritores Católicos, reunido en el paraninfo de la Universidad de Antioquia. Mientras
repartían el Manifiesto a los escribanos católicos hicieron estallar bombas fétidas
Los nadaístas, filonadaístas, entrometidos, espías de la secreta, buscones, admiradores,
droguistas y carteristas y curiosos se reúnen por las tardes frente a la Librería Horizonte
de la calle Maracaibo, cuyo propietario, editor de parnasos criollos, cojo y solterón
empedernido, era primo de Gonzalo arango
El nadaísmo de Gonzalo Arango se alimenta primordialmente de las obras de Jean Paul
Sartre, en especial de la novela La náusea y del ensayo filosófico El ser y la nada.
También se nutre de otras vertientes, como las obras de Nietzche, Rimbaud, Lawrence,
Heidegger, Camus y Fernando González.
Después de quemar los libros de su biblioteca, incluido el manuscrito de su primera
novela Después del hombre

a finales de los sesenta conoció en la isla de Providencia a la inglesa Angelita, con quien
compartió su vida hasta su muerte, acaecida en un accidente de tráfico el 25 de
septiembre de 1976, en Gachancipá. 
Murió en un accidente de carretera en Tocancipá, Cundinamarca, en 1976.

También podría gustarte