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Joder con el arte

Joder es una pérdida, una dilapidación energética, un consumo, un gasto que genera una
contrapartida de placer, de satisfacción, superior al esfuerzo realizado (por grande que
sea) Una inversión, eso es joder; y, como todas las inversiones, debe rendir más de lo
que se aporta. Si no, vas jodido. Este participio es importante, porque indica la
diferencia entre ganar o perder, no siendo ni parecido estar jodiendo que estar jodido.
Jodido está el que pierde, el que recibe menos de lo que da, el que es pagado por debajo
de su valor, el que ha puesto algo para obtener nada de lo que su voluntad requería.

¿Y el arte? ¿jode o está jodido?

Ahora que tan frecuentemente lo tratamos como una inversión deberíamos responder
que el arte jode, pero el éxito que sus obras más polémicas alcanzan en los mercados
internacionales parecería indicar lo contrario. A la sociedad actual no le jode el arte
contemporáneo; al contrario, parece que le interesa. Proliferan las colas en los museos,
las grandes exposiciones, bienales y documentas, se abren más galerías de las que se
cierran, los medios de comunicación dedican sus páginas a las cifras espectaculares
alcanzadas por algunas obras en las subastas o a los más extravagantes actos artísticos
de individuos que se han convertido ya en miembros de pleno derecho del “star
system”. La sociedad ha asumido e integrado al arte contemporáneo dentro de ese
proceso de estatización que nos caracteriza y que muchos han proclamado
repetidamente.

Pero, realmente ¿tendría el arte que joder? Pues sí, tendría que hacerlo, y mucho, porque
el que no jode, está jodido (a ver quién discute esto). Si el arte jode es que tiene con
quien, es que ambos obtienen un rendimiento positivo de su transacción, lo que no es
otra cosa que lo que se dice en los negocios, que son buenos cuando las dos partes
quedan satisfechas del trato. Pero, si el arte no jode es que no hay nadie con quien
hacerlo, sean cualesquiera las causas para ello, incluidos los problemas de
comunicación del arte (alguno dirá que el arte, en ese caso, es onanista o masturbatorio)

Para joder hay que ligar primero, a menos que la transacción sea meramente monetaria.
En este caso, hablaremos de prostitución, y eso es lo que tal vez sucede con lo que
hacen algunos artistas contemporáneos y determinados inversores en arte: producción
de obras a cambio de dinero. Sin embargo, con ello se pierden los prolegómenos de la
jodienda, que también cuentan a la hora de aportar satisfacción. Ligar implica el
establecimiento de una relación destinada, a menos que se fracase, a un cuerpo a cuerpo
en el que los dos obtengan más. Ligar es prender la llama que originará una combustión,
es seducir a la otra persona, es mostrar el aspecto interesante de uno y de otro, es un
comenzar procurando interés y recibiendo interés. Para ligar de verdad hay que poner
interés ( a veces demasiado), y, curiosamente, el interés es un más, un exceso, eso que
ya Adorno decía que era la obra de arte. En caso contrario, si no mostrara ese más, la
obra quedaría en una mera cosa. Por tanto, la obra de arte ha de ser interesante, pero
quien la contempla también debe mostrar interés para que pueda establecerse la
relación. En ese poner interés hay un riesgo, hay que entregarse y quedar, tal vez, a la
intemperie; hay que ofrecerse y estar dispuesto a ser tomado por la obra al, a su vez,
tomarla; hay que desnudarse para que el arte te toque y te afecte. Vamos, que para joder
hay que joderse.

Joderse es bueno, al contrario de lo que nos dice esa publicidad más preocupada por
vendernos “felicidad” que por mostrarnos su precio. En el joderse se desarrolla el
autoconocimiento y la aceptación de uno mismo, aunque esto ya no parece estar de
moda. Si nadie quiere correr el riesgo de desnudarse, de lo que Haeidegger llamaba
“correr el velo” para que acaezca la verdad, cómo vamos a conocerla.

La sociedad tiene que conocerse, saberse mejor, dejarse retratar en la desnudez de su


cuerpo, si no quiere permanecer en la alienación, con la voluntad cercenada. El arte es
ese “otro” que la hace frente, el que retoza y la refleja, el que te dice quién eres, el que
te desnuda y te muestra cómo eres. Jode, el arte jode por eso, pero si la sociedad quiere
joder, si quiere ese más que el arte aporta, tendrá que joderse y verse en el arte.

Y ¿si el arte no deja verse a la sociedad, si no la refleja? Entonces, que no se queje, que
acaso no sea lo que él cree ser, que tal vez sea decoración para las casas burguesas y
nada más. Si no da más es que el arte esta jodido, y todos sabemos que es mejor joder
que estar jodido.