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¿ Es el pensamiento algo que constituye el patrimonio del sujeto desde el punto de vista blogico , es

decir desde sunacimiento mismo o es el efecto de las improntas de cultura que atraviesan al sujeto
en los tiempos de su estructuración?
El inconciente y por lo tanto el pensamiento no surgen como correlato de la adaptación, sino que
surgen como formaciones en el interior del proceso de constitución del sujeto como elementos de
profunda desadaptación. La cuestión del pensamiento desde el punto de vista del psicoanálisis surge
rompiendo las nociones psicológicas asentadas de que el pensamiento es adaptación.

La relación directa entre objeto y sujeto no es posible en la medida en que la relación con el objeto
está siempre atravesada por el orden de la subjetividad, no hay posibilidad de constitución de una
objetividad humana que no se vea atravesada por la subjetividad. Por lo tanto, no hay adecuación
originaria sujeto-objeto, no hay relación inmediata al objeto en el sujeto de cultura, ya que la
relación al objeto se ve atravesada desde los comienzos mismos por algo que produce un estallido
en su interior y lo que se introduce es la mediación fundamental dada por el otro humano que
parasita con sus sistemas representacionales y sexuales el quiebre de la inmediatez que da
surgimiento a la simbolización y a la inteligencia.

Es esta introducción del otro como “ inter” lo que da origen al inconciente e impone a la adaptación
humana características absolutamente diferentes de la de todas las otras especies.

El inconciente no existe desde los comienzos de la vida, sino que es el efecto de una “fundación” en
dos planos.
En los comienzos de la vida el otro, el semejante, hace circular algo que no se reduce a lo
puramente autoconservativo, algo que tiene que ver con la sexualidad, en tanto representaciones
ligadas al placer, que no logran una evacuación, en la medida que no son inevacuables porque no se
satisfacen con los objetos de la necesidad que el semejante ofrece, por ejemplo el alimento. El Otro
humano propiciará mediante una serie de actos un exceso, un plus de excitación que no encontrará
derivaciones, y que obligará al aparato a un trabajo de religazón, de organización, de
metabolización.

Con la experiencia de la vivencia de satisfacción Freud plantea que los orígenes del pensamiento
están vinculados a una modalidad que es alucinatoria, no relacionada al objeto. El pensamiento
aparecerá en primer lugar sobre el trasfondo de una ausencia del objeto, y, en segundo lugar, no
vinculado a la resolución de una necesidad natural, sino a tener que hacer algo con esto inscripto, de
lo cual no puede defenderse ni puede satisfacer en lo real.
El gran problema de ser humano es cómo abandona la alucinación primitiva para encontrar los
carriles que le permiten en la realidad no morir.

Los orígenes del pensamiento se relacionan entonces con la lucha contra el apremio de la vida, que
se constituye por relación al Otro pero que al mismo tiempo está totalmente en su modo de
funcionar desligado originariamente de las necesidades de la vida biológica.
Lo que deja en evidencia es que la acción especifica del psiquismo no es la realización del acto
consumatorio autoconservativo ( por ejemplo alimentarse) si no que es los orígenes es algo que está
ligado a la cuestión del placer.

La gran problemática de conocimiento para el psicoanálisis es: qué pasa entre esto que quedó
inscripto y la posibilidad de captura de los objetos de la realidad como tales. ( relacionar con
principio de placer y de realidad)

La representación para el ser humano no es un calco de lo que está en el exterior. La información


como tal no brota del objeto en su realidad material. Para que en este espacio haya información para
mí yo tengo que haber hecho una selección de estímulos atravesada por una constelación
significante.
El gran problema en la cuestión de la inteligencia es el siguiente: por un lado está el inconciente,
que no se rige por la lógica aristotélica, que no tiene la negación, que no tiene temporalidad, que no
tiene la significación como tal. Y por otro lado está el Yo, el preconciente, regido por la lógica
aristotélica, en el cual se instaura la negación, la temporalidad, el sentido y en dónde en la medida
que hay una lógica de la negación hay posibilidad de producir interrogantes.

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