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WERNER

JAEGER
PAIDEIA
P AIDEI A
Traducción de
J oaquín X irau (libros I y II)
W enceslao R oces (libros III y IV)
WERNER JAEGER

Paideia: los ideales


de la cultura griega

AIMHN ÜEfcTKE IIA 2 I IIAIAEIA BP0 T0 I2

F O N D O DE C U L T U R A E C O N O M IC A
MÉXICO
Libros I y II
Primera edición en alemán, 1933
Segunda edición en alemán, 1936
Primera edición en español, 1942

Libro III
Primera edición en español
(del original alemán inédito) 1944

Libro IV
Primera edición en español
(del original alemán inédito) 1945

Primera edición en un volumen, 1957


Duodécima reimpresión, 1996

Título original:
Paideia, D ie Form ung des Griechischen M enschen

D. R. © 1957, Fondo de C ultura Económica


D. R. © 1987, Fondo de C ultura Económica, S. A. de C. V.
D. R. © 1995, Fondo de C ultura Económica
Carretera Picacho-Ajusco 227; 14200 México, D. F.

ISBN 968-16-0106-8
Impreso en México
P R Ó L O G O

Doy a la publicidad una obra de investigación histórica relativa a


un asunto no explorado hasta hoy: paideia, la formación del hombre
griego, como base para una nueva consideración del helenismo en su
totalidad. Aunque se ha tratado con frecuencia de describir el des­
arrollo del estado y de la sociedad, y la literatura, la religión y la fi­
losofía de los griegos, nadie ha intentado, hasta hoy, exponer la acción
recíproca entre el proceso histórico mediante el cual se ha llegado a la
formación del hombre griego y el proceso espiritual mediante el cual
llegaron los griegos a la construcción de su ideal de humanidad. Sin
embargo, no me he consagrado a esta tarea simplemente porque no
haya hallado hasta ahora cultivadores, sino porque he creído ver que
de la solución de este profundo problema histórico y espiritual, de­
pendía la inteligencia de aquella peculiar creación educadora de la cual
irradia la acción imperecedera de lo griego sobre todos los siglos.
Los dos primeros libros comprenden la fundación, crecimiento y
crisis de la cultura griega en los tiempos del hombre heroico y políti­
co, es decir, durante el periodo primitivo y clásico. Terminan con la
ruina del imperio ático. El tercero tratará de la restauración espiri­
tual del siglo de Platón, de su lucha para llegar al dominio del estado
y de la educación y de la transformación de la cultura griega en un
imperio universal.
Esta exposición no se dirige sólo a un público especializado, sino a
todos aquellos que, en las luchas de nuestros tiempos, buscan en el
contacto con lo griego la salvación y el mantenimiento de nuestra cul­
tura milenaria. Me ha sido con frecuencia difícil mantener el equi­
librio entre el afán de llegar a una amplia visión histórica del con­
junto y la necesidad imprescindible de una reelaboración profunda
del complejo material de cada una de las secciones de este libro, me­
diante una investigación minuciosa y exacta. La consideración de la
Antigüedad desde el punto de vista de esta obra pone de relieve una
serie de nuevos problemas que se han hallado en el centro de mis
enseñanzas y de mis investigaciones durante los diez últimos años.
He renunciado, empero, a la publicación de todos y cada uno de sus
resultados en forma de volúmenes particulares, porque hubieran au­
mentado su tamaño de una manera informe. En lo esencial, el fun­
damento de mis puntos de vista se desprenderá de la exposición mis­
ma, puesto que surge inmediatamente de la interpretación de los
textos originales y pone a los hechos en una conexión tal que éstos se
explican por sí mismos. Notas al pie del texto dan cuenta de los
pasajes citados de los autores antiguos, así como de lo más impor­
tante de la bibliografía moderna, especialmente de aquello que con-
VII
V III PRÓLOGO
cierne a los problemas de la historia de la cultura y de la educación.
Raramente era posible dar en forma de observaciones marginales lo
que requería una fundamentación más amplia. He publicado una par­
te de ello en investigaciones particulares a las cuales me refiero aquí
brevemente. El resto será objeto de nuevas publicaciones. Las mono­
grafías y el libro forman un todo y se sostienen mutuamente.
En la introducción he tratado de esbozar, mediante una conside­
ración más general de lo típico, la posición de la paideia griega en
la historia. He puesto de relieve, también, lo que resulta de nuestro
conocimiento de las formas griegas de educación humana en lo que
concierne a nuestra relación con el humanismo de los primeros tiem­
pos. Este problema es más candente y más discutido que nunca. Su
solución no puede naturalmente resultar de una investigación históri­
ca como la nuestra, puesto que no se trata en ella de los griegos, sino
de nosotros mismos. Pero el conocimiento esencial de la educación
griega constituye un fundamento indispensable para todo conocimien­
to o propósito de la educación actual. Esta convicción ha sido el ori­
gen de mi interés científico por el problema y, por consiguiente, de
este libro.

Berlín-Westend, octubre, 1933.


W erner Jaeger
PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN ALEMANA

El hecho de que al cabo de año y medio haya sido necesaria una


segunda edición de los dos primeros libros de Paideia es para, mí un
signo alentador de que la obra ha conquistado rápidamente amigos. La
brevedad del tiempo transcurrido desde la primera aparición no per­
mite introducir grandes modificaciones en el texto. Sin embargo, ello
me ha dado la oportunidad de corregir algunos errores.
Por lo demás, resulta de la naturaleza de este libro el hecho de que
las discusiones que ha provocado sean, en buena parte, el reflejo de
una interpretación definida de la historia sobre el espejo de diferentes
concepciones del mundo. Así se ha iniciado una discusión sobre el
fin y los métodos del conocimiento histórico en la cual no puedo en­
trar aquí. La fundamentación teórica rigurosa de mi actitud y de mi
método requeriría una obra aparte.
Prefiero que halle su confirmación en los hechos mismos que me
han conducido a adoptarlos. Apenas es necesario decir que el aspecto
de la historia que este libro ofrece no reemplaza ni pretende reem­
plazar a la historia en el sentido tradicional, es decir, a la historia de
los acontecimientos. Pero no es menos necesario y justificado consi­
derar la historia del ser del hombre tal como resulta de su acuñación
en las obras creadoras del espíritu. Aparte el hecho de que varios si­
glos de la historia griega nos han sido trasmitidos exclusivamente en
esta forma — así todo el helenismo arcaico— , aun en los tiempos que
nos son conocidos mediante otros testimonios, sigue siendo éste el ac­
ceso más directo a la vida íntima del pasado. Por esta razón, el ob­
jeto de este libro es la exposición de la paideia de los griegos y, al
mismo tiempo, de los griegos considerados como paideia.

Berlín, julio, 1935.


W erner Jaeger

IX
PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN EN ESPAÑOL

Es para mí motivo de la mayor satisfacción que el Fondo de Cultu­


ra Económica saque a la luz la edición en español de mi obra Paideia,
sólo un año después de asumir la responsabilidad de emprender una
labor tan ardua. Una traducción española que ponga el libro más al
alcance del gran sector hispanoamericano del mundo parece muy de­
seable,, pues ya ha tenido ediciones alemana, italiana, inglesa y norte­
americana. Una vez que el editor se decidió a correr él riesgo de la
empresa, me sentí obligado a cooperar con él para llevarla a feliz tér­
mino con el fin de ofrecer al lector una edición nítida que le diera
un texto todo lo fiel que fuera posible al significado auténtico del ori­
ginal. El traductor, profesor Joaquín Xirau, antiguo decano de la
Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona y hoy miembro
de El Colegio de M éxico, es hombre conocido en el mundo académico
por sus obras filosóficas (la más reciente es su libro La filosofía de
Husserl. Una introducción a la fenomenología, Buenos Aires, 1942).
He encontrado en él un intérprete que no se limitó a traducir pala­
bras, sino que ha movilizado las ideas de mi libro, y me complace
disponer de esta oportunidad para rendir tributo a la calidad de su
trabajo. He leído cuidadosamente por mí mismo cada página de Jas
pruebas de imprenta, y no sólo pude contribuir de vez en cuando a
la interpretación correcta del original, sino que también he mejorado
una serie de pasajes del texto de la segunda edición alemana que sir­
vió de base para la traducción.
Este libro se escribió durante el periodo de paz que siguió a la
primera Guerra Mundial. Ya no existe el “ mundo” que pretendía ayu­
dar a reconstruir. Pero la Acrópolis del espíritu griego se alza como
un símbolo de fe sobre el valle de muerte y destrucción que por se­
gunda vez en la misma generación atraviesa la humanidad doliente.
En este libro esa fe de un humanista se ha convertido en contempla­
ción histórica. Observa el gradual desarrollo del ideal cultural grie­
go, que es la raíz de todo humanismo. Ni que decir tiene que para
quien elige este método de abordar el tema ya ha pasado la época
en que los humanistas de la vieja escuela acostumbraban elegir de en­
tre la multitud de la antigua literatura unos cuantos autores favoritos
y los identificaban ingenuamente con sus ideales. En este libro se ha
estudiado con el mismo detenimiento y espíritu de objetividad his­
tórica cada uno de los fenómenos que han determinado el desarrollo
de la paideia griega. Como consecuencia, no he adoptado para esta
morfología cultural un punto de vista dogmático. La realidad es que
la filosofía comprensiva de la paideia en Platón constituye el clímax
natural e incuestionable del proceso histórico de que se ocupa esta
PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN EN ESPAÑOL xi
obra. Por consiguiente, en estos libros he hecho hincapié en aque­
llos aspectos de la civilización griega primitiva que tienen importancia
primordial para la comprensión del estudio final de los problemas
de cultura y educación durante el siglo platónico. Pero, desde luego,
he procurado, antes que nada, hacer justicia a todos los autores y
periodos en lo que valen por sí mismos. En consecuencia, el libro se
puede leer como una historia del espíritu griego en su fase primitiva
y clásica, y como una introducción al estudio de la filosofía de Pla­
tón, que constituirá el tema central de un próximo volumen.

Harvard University, julio, 1942.


W erner Jaeger
INTRODUCCIÓN
Paideia, la palabra que sirve de título a esta obra, no es simplemente
un nombre simbólico, sino la única designación exacta del tema his­
tórico estudiado en ella. Este tema es, en realidad, difícil de definir;
como otros conceptos muy amplios (por ejemplo, los de filosofía o
cultura), se resiste a ser encerrado en una fórmula abstracta. Su
contenido y su significado sólo se revelan plenamente ante nosotros
cuando leemos su historia y seguimos sus esfuerzos por llegar a plas­
marse en la realidad. Al emplear un término griego para expresar
una cosa griega, quiero dar a entender que esta cosa se contempla,
no con los ojos del hombre moderno, sino con los del hombre griego.
Es imposible rehuir el empleo de expresiones modernas tales como
civilización, cultura, tradición, literatura o educación. Pero ninguna
de ellas coincide realmente con lo que los griegos entendían por
paideia. Cada uno de estos términos se reduce a expresar un aspecto
de aquel concepto general, y para abarcar el campo de conjunto del
concepto griego sería necesario emplearlos todos a la vez. Sin em­
bargo, la verdadera esencia del estudio y de las actividades del estu­
dioso se basa en la unidad originaria de todos estos aspectos — unidad
expresada por la palabra griega— y no en la diversidad subrayada
y complétenla por los giros modernos. Los antiguos tenían la convic­
ción de que la educación y la cultura no constituyen un arte formal
o una teoría abstracta, distintos de la estructura histórica objetiva
de la vida espiritual de una nación. Esos valores tomaban cuerpo,
según ellos, en la literatura, que es la expresión real de toda cultura
superior. Así es com o debemos interpretar la definición del hombre
culto que encontramos en Frínico ( s. v. qpiXóXoyog, p. 483 Ruther-
ford) :

$iXóXoyog ó cpiXcov Xóyovg xal ajwn>8á£a)v tíeqi Jiat8eíav.


POSICIÓN DE LOS GRIEGOS EN LA HISTORIA
DE LA EDUCACIÓN HUMANA

T odo pueblo que alcanza un cierto grado de desarrollo se halla na­


turalmente inclinado a practicar la educación. La educación es el
principio mediante el cual la comunidad humana conserva y tras­
mite su peculiaridad física y espiritual. Con el cambio de las cosas
cambian los individuos. El tipo permanece idéntico. Animales y hom­
bres, en su calidad de criaturas físicas, afirman su especie mediante
la procreación natural. El hombre sólo puede propagar y conservar
su forma de existencia social y espiritual mediante las fuerzas por
las cuales la ha creado, es decir, mediante la voluntad consciente y la
razón. Mediante ellas adquiere su desarrollo un determinado juego
libre, del cual carecen el resto de los seres vivos, si prescindimos de
la hipótesis de cambios prehistóricos de las especies y nos atenemos al
mundo de la experiencia dada. Incluso la naturaleza corporal del
hombre y sus cualidades pueden cambiar mediante una educación
consciente y elevar sus capacidades a un rango superior. Pero el es­
píritu humano lleva progresivamente al descubrimiento de sí mismo,
crea, mediante el conocimiento del mundo exterior e interior, formas
mejores de la existencia humana. La naturaleza del hombre, en su
doble estructura corporal y espiritual, crea condiciones especiales para
el mantenimiento y la trasmisión de su forma peculiar y exige or­
ganizaciones físicas y espirituales cuyo conjunto denominamos edu­
cación. En la educación, tal como la practica el hombre, actúa la
misma fuerza vital, creadora y plástica, que impulsa espontáneamente
a toda especie viva al mantenimiento y propagación de su tipo. Pero
adquiere en ella el más alto grado de su intensidad, mediante el es­
fuerzo consciente del conocimiento y de la voluntad dirigida a la con­
secución de un fin.
De ahí se siguen algunas conclusiones generales. En primer lugar,
la educación no es una propiedad individual, sino que pertenece, por
su esencia, a la comunidad. El carácter de la comunidad se imprime
en sus miembros individuales y es, en el hombre, el twov jtoÁiTixóv, en
una medida muy superior que en los animales, fuente de toda acción
y de toda conducta. En parte alguna adquiere mayor fuerza el influ­
jo de la comunidad sobre sus miembros que en el esfuerzo constante
para educar a cada nueva generación de acuerdo con su propio sen­
tido. La estructura de toda sociedad descansa en las leyes y normas
escritas o no escritas que la unen y ligan a sus miembros. Así, toda
educación es el producto de la conciencia viva de una norma que rige
una comunidad humana, lo mismo si se trata de la familia, de una
3
4 INTRODUCCIÓN
clase social o de una profesión, que de una asociación más amplia,
como una estirpe o un estado.
La educación participa en la vida y el crecimiento de la sociedad,
así en su destino exterior como en su estructuración interna y en su
desarrollo espiritual. Y puesto que el desarrollo social depende de la
conciencia de los valores que rigen la vida humana, la historia de
la educación se halla esencialmente condicionada por el cambio de los
valores válidos para cada sociedad. A la estabilidad de las normas
válidas corresponde la solidez de los fundamentos de la educación.
De la disolución y la destrucción de las normas resulta la debilidad,
la falta de seguridad y aun la imposibilidad absoluta de toda acción
educadora. Esto ocurre cuando la tradición es violentamente destruida
o sufre una íntima decadencia. Sin embargo, la estabilidad no es signo
seguro de salud. Reina también en los estados de rigidez senil, en los
días postreros de una cultura; así, por ejemplo, en la China confucia-
na prerrevolucionaria, en los últimos tiempos de la Antigüedad, en los
últimos tiempos del judaismo, en ciertos periodos de la historia de
las iglesias, del arte y de las escuelas científicas. Monstruosa es la
impresión que produce la rigidez casi intemporal de la historia del
antiguo Egipto a través de milenios. Pero entre los romanos la esta­
bilidad de las relaciones sociales y políticas fue considerada también
como el valor más alto y se concedió tan sólo una justificación limi­
tada a los deseos e ideales innovadores.
El helenismo ocupa una posición singular. Grecia representa, fren­
te a los grandes pueblos de Oriente, un “ progreso” fundamental, un
nuevo “ estadio” en todo cuanto hace referencia a la vida de los hom­
bres* en la comunidad. Ésta se funda en principios totalmente nuevos.
Por muy alto que estimemos las realizaciones artísticas, religiosas y
políticas de los pueblos anteriores, la historia de aquello que, con plena
conciencia, podemos denominar nosotros cultura, no comienza antes
de los griegos.
La investigación moderna, en el último siglo, ha ensanchado enor­
memente el horizonte de la historia. La oicumene de los “ clásicos”
griegos y romanos, que durante dos mil años ha coincidido con los
límites del mundo, ha sido traspasada en todos los sentidos del espa­
cio y han sido abiertos ante nuestra mirada mundos espirituales antes
insospechados. Sin embargo, reconocemos hoy con la mayor clari­
dad que esta ampliación de nuestro campo visual en nada ha cam­
biado el hecho de que nuestra historia — en su más profunda uni­
dad— , en tanto que sale de los límites de un pueblo particular y nos
inscribe como miembros en un amplio círculo de pueblos, “ comien­
za” con la aparición de los griegos. Por esta razón he denominado a
este grupo de pueblos heleno-céntrico.1 “ Comienzo” no significa aquí
tan sólo comienzo temporal, sino también ¿pxíb origen o fuente es­

1 Ver mi ensayo introductorio en la colección Altertum und Gegenwart, 2* ed.


(Leipzig, 1920), p. 11.
LOS GRIEGOS EN LA HISTORIA DE LA EDUCACIÓN 5
piritual, al cual en todo grado de desarrollo hay que volver para ha­
llar una orientación. Éste es el motivo por el cual, en el curso de
nuestra historia, volvemos constantemente a Grecia. Este retomo a
Grecia, esta espontánea renovación de su influencia, no significa que
le hayamos conferido, por su grandeza espiritual, una autoridad in­
mutable, rígida e independiente de nuestro destino.
El fundamento de nuestro retorno se halla en nuestras propias ne­
cesidades vitales, por muy distintas que éstas sean a través de la his­
toria. Claro es que para nosotros y para cada uno de los pueblos
de este círculo, aparecen Grecia y Roma como algo originalmente ex­
traño. Esta separación se funda, en parte, en la sangre y en el senti­
miento; en parte, en la estructura del espíritu y de las instituciones;
en parte, en la diferencia de la respectiva situación histórica. Pero
media una diferencia gigantesca entre esta separación y la que expe­
rimentamos ante los pueblos orientales, distintos de nosotros, por la
raza y por el espíritu. Y es, sin duda alguna, un error y una falta de
perspectiva histórica separar, como lo hacen algunos escritores, a los
pueblos occidentales de la Antigüedad clásica mediante una barrera
comparable a aquella que los separa de China, de la India o de
Egipto.
No se trata sólo del sentimiento de un parentesco racial, por muy
importante que este factor sea para la íntima inteligencia de otro
pueblo. Cuando decimos que nuestra historia comienza en Grecia, es
preciso que alcancemos clara conciencia del sentido en que en este
caso empleamos la palabra “ historia” . Historia significa, por ejem­
plo, la exploración de mundos extraños, singulares y misteriosos. Así
la concibe Heródoto. Con aguda percepción de la morfología de la
vida humana, en todas sus formas, nos acercamos también hoy a
los pueblos más remotos y tratamos de penetrar en su propio espí­
ritu. Pero es preciso distinguir la historia en este sentido casi antro­
pológico, de la historia que se funda en una unión espiritual viva y
activa y en la comunidad de un destino, ya la del propio pueblo o
la de un grupo de pueblos estrechamente unidos. Sólo en esta clase
de historia se da una íntima inteligencia y un contacto creador entre
irnos y otros. Sólo en ella existe una comunidad de ideales y formas
sociales y espirituales que se desarrollan y crecen independientemente
de las múltiples interrupciones y variaciones a través de las cuales una
familia de pueblos de distintas razas y estirpes varía, se entrecruza,
choca, desaparece y se renueva. Esta comunidad existe entre la tota­
lidad de los pueblos occidentales y entre éstos y la Antigüedad clásica.
Si consideramos la historia en este sentido profundo, en el sentido de
una comunidad radical, no podemos considerar el planeta entero como
su escenario y, por mucho que ensanchemos nuestros horizontes geo­
gráficos, los límites de “ nuestra” historia no podrán traspasar nunca
la antigüedad de aquellos que hace algunos milenios trazaron nuestro
destino. No es posible decir hasta cuándo, en el futuro, continuará
6 INTRODUCCIÓN
la humanidad creciendo en la unidad de sentido que aquel destino le
prescribe, ni importa para nuestro objeto.
No es posible describir en breves palabras la posición revolucio­
naria y señera de Grecia en la historia de la educación humana. El
objeto de este libro entero es exponer la formación del hombre grie­
go, la paideia, en su carácter peculiar y en su desarrollo histórico.
No se trata de un conjunto de ideas abstractas, sino de la historia
misma de Grecia en la realidad concreta de su destino vital. Pero
esa historia vivida hubiera desaparecido hace largo tiempo si el hom­
bre griego no la hubiera creado en su forma permanente. La creó
como expresión de una voluntad altísima mediante la cual esculpió
su destino. En los primitivos estadios de su desarrollo no tuvo idea
clara de esa voluntad. Pero, a medida que avanzó en su camino, se
inscribió con claridad creciente en su conciencia el fin, siempre pre­
sente, en que descansaba su vida: la formación de un alto tipo de
hombre. Para él la idea de la educación representaba el sentido
de todo humano esfuerzo. Era la justificación última de la existen­
cia de la comunidad y de la individualidad humana. El conocimiento
de sí mismos, la clara inteligencia de lo griego, se hallaba en la
cima de su desarrollo. No hay razón alguna para pensar que pudié­
ramos entenderlos mejor mediante algún género de consideración psi­
cológica, histórica o social. Incluso los majestuosos monumentos de
la Grecia arcaica son a esta luz totalmente inteligibles, puesto que fue­
ron creados con el mismo espíritu. Y en forma de paideia, de “ cul­
tura” , consideraron los griegos la totalidad de su obra creadora en
relación con otros pueblos de la Antigüedad de los cuales fueron here­
deros. Augusto concibió la misión del Imperio romano en función
de la idea de la cultura griega. Sin la idea griega de la cultura no
hubiera existido la “ Antigüedad” como unidad histórica ni “ el mundo
de la cultura” occidental.
Hoy estamos acostumbrados a usar la palabra cultura, no en el
sentido de un ideal inherente a la humanidad heredera de Grecia,
sino en una acepción mucho más trivial que la extiende a todos los
pueblos de la tierra, incluso los primitivos. Así, entendemos por cul­
tura la totalidad de manifestaciones y formas de vida que caracteri­
zan un pueblo.2 La palabra se ha convertido en un simple concepto
antropológico descriptivo. No significa ya un alto concepto de valor,
un ideal consciente. Con este vago sentimiento analógico nos es per­
mitido hablar de una cultura china, india, babilonia, judía o egipcia,
a pesar de que ninguno de aquellos pueblos tenga una palabra o un
concepto que la designe de un modo consciente. Claro es que todo
pueblo altamente organizado tiene una organización educadora. Pero
“ la Ley y los Profetas” de los israelitas, el sistema confuciano de los

2 Para lo que sigue, ver mi trabajo: Platos Stellung irn Aufbau der Griechi-
schen Bildung (Berlín, 1928), especialmente la primera parte: Kulturidee und
Griechenlum, pp. 7 ss. ( Die Antike, vol. 4, p. 1).
LOS GRIEGOS EN LA HISTORIA DE LA EDUCACIÓN 7
chinos, el “ dharma” de los indios, son, en su esencia y en su estruc­
tura espiritual, algo fundamentalmente distinto del ideal griego de la
formación humana. La costumbre de hablar de una multiplicidad de
culturas pre-helénicas tiene, en último término, su origen en el afán
igualador del positivismo, que trata las cosas ajenas mediante concep­
tos de estirpe europea, sin tener en cuenta que el solo hecho de so­
meter los mundos ajenos a un sistema de conceptos que les es esen­
cialmente inadecuado es ya una falsificación histórica. En ella tiene
su raíz el círculo vicioso en que se debate el pensamiento histórico en
casi su totalidad. No es posible evitarlo de un modo completo por­
que no podemos salir fuera de nuestra propia piel. Pero es preciso,
por lo menos, hacerlo en el problema fundamental de la división de
la historia, empezando por la distinción cardinal entre el mundo pre­
helénico y el que empieza con los griegos, en el cual por primera vez
se establece, de una manera consciente, un ideal de cultura como prin­
cipio formativo.
No hemos ganado acaso mucho diciendo que los griegos fueron los
creadores de la idea de cultura en unos tiempos cansados de cultura,
en que puede considerarse esta paternidad como una carga. Pero lo
que llamamos hoy cultura es sólo un producto avellanado, una última
metamorfosis del concepto griego originario. No es para los griegos
la paideia un “ aspecto externo de la vida” , xataaxgw] totj 6 lov, in­
abarcable, fluyente y anárquico. Tanto más conveniente parece ser
iluminar su verdadera forma para asegurarnos de su auténtico sen­
tido y de su valor originario. El conocimiento del fenómeno origina­
rio presupone una estructura espiritual análoga a la de los griegos, una
actitud parecida a la que adopta Goethe en la consideración de la
naturaleza — aunque probablemente sin vincularse a una tradición
histórica directa. Precisamente, en un momento histórico en que por
razón misma de su carácter postrimero, la vida humana se ha re­
cluido en la rigidez de su costra, en que el complicado mecanismo
de la cultura deviene hostil a las cualidades heroicas del hombre, es
preciso, por una necesidad histórica profunda, volver la mirada anhe­
lante a las fuentes de donde brota el impulso creador de nuestro pue­
blo, penetrar en las capas profundas del ser histórico en que el es­
píritu del pueblo griego, estrechamente vinculado al nuestro, dio forma
a la vida palpitante que se conserva hasta nuestros días y eternizó el
instante creador de su irrupción. El mundo griego no es sólo el es­
pejo que refleja el mundo moderno en su dimensión cultural e histó­
rica o un símbolo de su autoconciencia racional. El misterio y la ma­
ravilla de lo originario rodea a la primera creación de alicientes y
estímulos eternamente renovados. Cuanto mayor es el peligro de que
aun la más alta posesión se degrade por el uso diario, con mayor
fuerza resalta el profundo valor de las fuerzas conscientes del espíritu
que se destacaron de la oscuridad del pecho humano y estructuraron,
8 INTRODUCCIÓN
con el frescor matinal y el genio creador de los pueblos jóvenes, las
formas más altas de la cultura.
Como hemos dicho, la importancia universal de los griegos, como
educadores, deriva de su nueva concepción de la posición del indi­
viduo en la sociedad. Si consideramos el pueblo griego sobre el fondo
histórico del antiguo Oriente, la diferencia es tan profunda que los
griegos parecen fundirse en una unidad con el mundo europeo de
los tiempos modernos. Hasta tal punto que no es difícil interpretarlo
en el sentido de la libertad del individualismo moderno. En verdad
no puede haber contraste más agudo que el que existe entre la con­
ciencia individual del hombre actual y el estilo de vida del Oriente
pre-helénico, tal como se manifiesta en la sombría majestad de las
pirámides de Egipto o en las tumbas reales y los monumentos orien­
tales. Frente a la exaltación oriental de los hombres-dioses, solitarios,
sobre toda la medida natural, en la cual se expresa una concepción
metafísica totalmente extraña a nosotros, y la opresión de la masa de
los hombres, sin la cual sería inconcebible la exaltación de los sobe­
ranos y su significación religiosa, aparece el comienzo de la historia
griega como el principio de una nueva estimación del hombre que no
se aleja mucho de la idea difundida por el cristianismo sobre el va­
lor infinito del alma individual humana ni del ideal de la autonomía
espiritual del individuo proclamado a partir del Renacimiento. ¿ Y
cómo hubiera sido posible la aspiración del individuo al más alto
valor y su reconocimiento por los tiempos modernos sin el sentimiento
griego de la dignidad humana?
Históricamente no es posible discutir que desde el momento en
que los griegos situaron el problema de la individualidad en lo más
alto de su desenvolvimiento filosófico comenzó la historia de la per­
sonalidad europea. Roma y el cristianismo actuaron sobre ella. Y
de la intersección de estos factores surgió el fenómeno del yo indivi­
dualizado. Pero no podemos entender, de un modo fundamental y
preciso, la posición del espíritu griego en la historia de la educación
y de la cultura desde el punto de vista moderno. Mejor es partir de
la constitución racial del espíritu griego. La espontánea vivacidad,
ágil movilidad e íntima libertad, que parecen haber sido la condición
para el rápido desenvolvimiento de aquel pueblo en una riqueza ina­
gotable de formas que nos sorprende y nos admira al contacto con
todo escritor griego desde los tiempos primitivos hasta los más mo­
dernos, no tienen su raíz en el cultivo de la subjetividad, como en los
tiempos modernos, sino que pertenecen a su naturaleza. Y cuando
alcanza conciencia de sí mismo, llega por el camino del espíritu al
descubrimiento de leyes y normas objetivas cuyo conocimiento otorga
al pensamiento y a la acción una seguridad antes desconocida. Des­
de el punto de vista oriental no es posible comprender cómo los ar­
tistas griegos llegaron a representar el cuerpo humano, libre y desli­
gado, fundándose no en la imitación de actitudes y movimientos
LOS GRIEGOS EN LA HISTORIA DE LA EDUCACIÓN 9
individuales escogidos al azar, sino mediante la intuición de las leyes
que gobiernan la estructura, el equilibrio y el movimiento del cuerpo.
Del mismo modo, la libertad sofrenada sin esfuerzo, que caracteriza
al espíritu griego y es desconocida de los pueblos anteriores, descansa
en la clara conciencia de una legalidad inmanente a las cosas. Los
griegos tienen un sentido innato de lo que significa “ naturaleza” . El
concepto de naturaleza, que elaboraron por primera vez, tiene indu­
dablemente su origen en su constitución espiritual. Mucho antes de
que su espíritu perfilara esta idea, consideraron ya las cosas del mun­
do desde una perspectiva tal, que ninguna de ellas les pareció como
una parte separada y aislada del resto, sino siempre como un todo
ordenado en una conexión viva, en la cual y por la cual cada cosa
alcanzaba su posición y su sentido. Denominamos a esta concepción
orgánica, porque en ella las partes son consideradas como miembros
de un todo. La tendencia del espíritu griego hacia la clara aprehen­
sión de las leyes de la realidad, que se manifiesta en todas las esferas
de la vida — en el pensamiento, en el lenguaje, en la acción y en todas
las formas del arte—- tiene su fundamento en esta concepción del ser
como una estructura natural, madura, original y orgánica.
El estilo y la visión artística de los griegos aparecen en primer
lugar como un talento estético. Descansan en un instinto y en un
simple acto de visión, no en la deliberada transferencia de una idea
al reino de la creación artística. La idealización del arte aparece más
tarde, en el periodo clásico. Claro es que con la acentuación de esta
disposición natural y de la inconsciencia de esta intuición, no queda
explicado por qué ocurren los mismos fenómenos en la literatura, cuyas
creaciones no dependen ya de la visión de los ojos, sino de la ac­
ción recíproca del sentido del lenguaje y de las emociones del alma.
Aun en la oratoria de los griegos hallamos los mismos principios
formales que en la escultura o la arquitectura. Hablamos del carácter
plástico o arquitectónico de un poema o de una obra en prosa. Cuan­
do hablamos así, no nos referimos a valores formales imitados de las
artes plásticas, sino a normas análogas del lenguaje humano y de su
estructura. Empleamos tan sólo estas metáforas porque la articulación
de los valores de las artes plásticas es más intuitiva y más rápidamente
aprehendida. Las formas literarias de los griegos, con su múltiple va­
riedad y elaborada estructura, surgen orgánicamente de las formas na­
turales e ingenuas mediante las cuales el hombre expresa su vida y
se elevan a la esfera ideal del arte y del estilo. También en el arte
oratoria, su aptitud para dar forma a un plan complejo y articulado
lúcidamente, procede simplemente del natural y maduro sentido de
las leyes que gobiernan el sentimiento, el pensamiento y el lenguaje,
el cual lleva finalmente a la creación abstracta y técnica de la lógica, la
gramática y la retórica. En este respecto hemos aprendido mucho de
los griegos. Hemos aprendido las formas férreas, válidas todavía para
la oratoria, el pensamiento y el estilo.
10 INTRODUCCIÓN
Esto se aplica también a la creación más maravillosa del espíritu
griego, el más elocuente testimonio de su estructura única: la filoso­
fía. En ella se despliega de la manera más evidente la fuerza que se
halla en la raíz del pensamiento y el arte griegos, la clara percepción
del orden permanente que se halla en el fondo de todos los acaeci­
mientos y cambios de la naturaleza y de la vida humanas. Todo pue­
blo ha producido su código legal. Pero los griegos buscaron la “ ley”
que actúa en las cosas mismas y trataron de regir por ella la vida y
el pensamiento del hombre. El pueblo griego es el pueblo filosófico
por excelencia. La “ teoría” de la filosofía griega se halla profunda­
mente conectada con su arte y su poesía. No contiene sólo el elemento
racional, en el cual pensamos en primer término, sino también, como
lo dice la etimología de la palabra, un elemento intuitivo, que aprehen­
de el objeto como un todo, en su “ idea” , es decir, como una forma
vista. Aunque no desconozcamos el peligro de la generalización y de
la interpretación de lo primitivo por lo posterior, no podemos evitar la
convicción de que la idea platónica, que constituye un producto úni­
co y específico del pensamiento griego, nos ofrece la clave para in­
terpretar la mentalidad griega en otras muchas esferas. La conexión
de las ideas platónicas con la tendencia dominante del arte griego
hacia la forma, ha sido puesta de relieve desde la Antigüedad.3 Pero
es también válida para la oratoria y para la esencia del espíritu grie­
go en general. Incluso las concepciones cosmogónicas de los más an­
tiguos filósofos de la naturaleza, se hallan gobernadas por una intui­
ción de este género, en oposición a la física de nuestros tiempos
regida por el experimento y el cálculo. No es una simple suma de
observaciones particulares y de abstracciones metódicas, sino algo que
va más allá, una interpretación de los hechos particulares a partir de
una imagen, que les otorga una posición y un sentido como partes
de un todo. La matemática y la música griegas, en la medida en que
nos son conocidas, se distinguen también de las de los pueblos ante­
riores por esta forma ideal.
La posición específica del helenismo en la historia de la educa­
ción humana depende de la misma peculiaridad de su íntima organi­
zación, de la aspiración a la forma que domina no sólo las empresas
artísticas, sino también todas las cosas de la vida y, además, de su
sentido filosófico de lo universal, de su percepción de las leyes pro­
fundas que gobiernan la naturaleza humana y de las cuales derivan
las normas que rigen la conducta individual y la estructura de la so­
ciedad. Lo universal, el logos, es, según la profunda intuición de
Heráclito, lo común a la esencia del espíritu, como la ley lo es para
la ciudad. En lo que respecta al problema de la educación, la clara
conciencia de los principios naturales de la vida humana y de las leyes
inmanentes que rigen sus fuerzas corporales y espirituales, hubo de

3 La fuente clásica al respecto, C icerón , Or., 7-10, a su vez basado en fuentes


griegas.
LOS GRIEGOS EN LA HISTORIA DE LA EDUCACIÓN 11
adquirir la más alta importancia.4 Poner estos conocimientos, como
fuerza formadora, al servicio de la educación y formar, mediante ellos,
verdaderos hombres, del mismo modo que el alfarero modela su ar­
cilla y el escultor sus piedras, es una idea osada y creadora que sólo
podía madurar en el espíritu de aquel pueblo artista y pensador. La
más alta obra de arte que su afán se propuso fue la creación del
hombre viviente. Los griegos vieron por primera vez que la educa­
ción debe ser también un proceso de construcción consciente. “ Cons­
tituido convenientemente y sin falta, en manos, pies y espíritu” , tales
son las palabras mediante las cuales describe un poeta griego de los
tiempos de Maratón y Salamina la esencia de la virtud humana más
difícil de adquirir. Sólo a este tipo de educación puede aplicarse pro­
piamente la palabra formación, tal como la usó Platón por primera
vez, en sentido metafórico, aplicándola a la acción educadora.5 La
palabra alemana Bildung (formación, configuración) designa del modo
más intuitivo la esencia de la educación en el sentido griego y pla­
tónico. Contiene, al mismo tiempo, en sí, la configuración artística
y plástica y la imagen, “ idea” o “ tipo” normativo que se cierne so­
bre la intimidad del artista. Dondequiera que en la historia reaparece
esta idea, es una herencia de los griegos, y reaparece dondequiera que
el espíritu humano abandona la idea de un adiestramiento según fi­
nes exteriores y reflexiona sobre la esencia propia de la educación.
Y el hecho de que los griegos sintieran esta tarea como algo grande y
difícil y se consagraran a ella con un ímpetu sin igual, no se ex­
plica ni por su visión artística ni por su espíritu “ teórico” . Ya desde
las primeras huellas que tenemos de ellos, hallamos al hombre en el
centro de su pensamiento. La forma humana de sus dioses, el pre­
dominio evidente del problema de la forma humana en su escultura
y aun en su pintura, el consecuente movimiento de la filosofía desde
el problema del cosmos al problema del hombre, que culmina en
Sócrates, Platón y Aristóteles; su poesía, cuyo tema inagotable desde
Homero hasta los últimos siglos es el hombre y su duro destino en
el sentido pleno de la palabra, y, finalmente, el estado griego, cuya
esencia sólo puede ser comprendida desde el punto de vista de la for­
mación del hombre y de su vida toda: todos son rayos de una única
y misma luz. Son expresiones de un sentimiento vital antropocéntrico
que no puede ser explicado ni derivado de otra cosa alguna y que
penetra todas las formas del espíritu griego. Así el pueblo griego es
entre todos antropoplástico.
Podemos ahora determinar con mayor precisión la peculiaridad del
pueblo griego frente a los pueblos orientales. Su descubrimiento
del hombre no es el descubrimiento del yo objetivo, sino la concien­
cia paulatina de las leyes generales que determinan la esencia humana.
El principio espiritual de los griegos no es el individualismo, sino el

4 Ver, del autor, Antike und, Humanismus (Leipzig, 1925), p. 13.


5 jiJlátTeiv. P latón , Rep., 377 B, Leyes, 671 E.
12 INTRODUCCIÓN
“ humanismo” , para usar la palabra en su sentido clásico y originario.
Humanismo viene de humanitas. Esta palabra tuvo, por lo menos
desde el tiempo de Varrón y de Cicerón, al lado de la acepción vul­
gar y primitiva de lo humanitario, que no nos afecta aquí, un segun­
do sentido más noble y riguroso. Significó la educación del hombre de
acuerdo con la verdadera forma humana, con su auténtico ser. 6 Tal
es la genuina paideia griega considerada como modelo por un hom­
bre de estado romano. No surge de lo individual, sino de la idea.
Sobre el hombre como ser gregario o como supuesto yo autónomo, se
levanta el hombre como idea. A ella aspiraron los educadores griegos,
así como los poetas, artistas y filósofos. Pero el hombre, considerado
en su idea, significa la imagen del hombre genérico en su validez
universal y normativa. Como vimos, la esencia de la educación con­
siste en la acuñación de los individuos según la forma de la comuni­
dad. Los griegos adquirieron gradualmente conciencia clara de la
significación de este proceso mediante aquella imagen del hombre y
llegaron, al fin, mediante un esfuerzo continuado, a una fundamen-
tación del problema de la educación más, segura y más profunda que
la de ningún pueblo de la tierra.
Este ideal del hombre, mediante el cual debía ser formado el indi­
viduo, no es un esquema vacío, independiente del espacio y del tiem­
po. Es una forma viviente que se desarrolla en el suelo de un pueblo
y persiste a través de los cambios históricos. Recoge y acepta todos
los cambios de su destino y todas las etapas de su desarrollo histórico.
Desconoció este hecho el humanismo y el clasicismo de anteriores
tiempos al hablar de la “ humanidad” , de la “ cultura” , del “ espíritu”
de los griegos o de los antiguos como expresión de una humanidad
intemporal y absoluta. El pueblo griego trasmitió, sin duda, a la
posteridad una riqueza de conocimientos imperecederos en forma
imperecedera. Pero sería un error fatal ver en la voluntad de forma de
los griegos una norma rígida y definitiva. La geometría euclidia-
na y la lógica aristotélica son, sin duda, fundamentos permanentes
del espíritu humano, válidos también para nuestros días, y no es po­
sible prescindir de ellos. Pero incluso estas formas universalmente
válidas, independientes del contenido concreto de la vida histórica,
son, si las consideramos con nuestra mirada impregnada de sentido
histórico, completamente griegas y no excluyen la coexistencia de otras
formas de intuición y de pensamiento lógico y matemático. Con mu­
cha mayor razón debe ser esto verdad de otras creaciones del genio
griego más fuertemente acuñadas por el medio ambiente histórico y
más directamente conectadas con la situación del tiempo.
Los griegos posteriores, al comienzo del Imperio, fueron los pri­
meros en considerar como clásicas, en aquel sentido intemporal, las
obras de la gran época de su pueblo, ya como modelos formales del

6 Cf. A ulo G elio , Noct. Att., xm , 17.


LOS GRIEGOS EN LA HISTORIA DE LA EDUCACIÓN 13
arte, ya como prototipos éticos. En aquellos tiempos, cuando la his­
toria griega desembocó en el Imperio romano y dejó de constituir una
nación independiente, el único y más alto ideal de su vida fue la ve­
neraciones de sus antiguas tradiciones. Así, fueron ellos los primeros
creadores de aquella clasicista teología del espíritu que es caracterís­
tica del humanismo. Su estética vita contemplativa es la forma ori­
ginaria del humanismo y de la vida erudita de los tiempos modernos.
El supuesto de ambos es un concepto abstracto y antihistórico que
considera al espíritu como una región de verdad y de belleza eternas,
por encima del destino y de los azares de los pueblos. También el
neohumanismo alemán del tiempo de Goethe consideró lo griego como
manifestación de la verdadera naturaleza humana en un periodo de la
historia, definido y único. Una actitud más próxima ál racionalismo
de la “ Época de las Luces” (Aufklarung) que al pensamiento histó­
rico naciente, que tan fuerte impulso recibió de sus doctrinas.
Un siglo de investigación histórica desarrollada en oposición al
clasicismo, nos separa de aquel punto de vista. Cuando en la actua­
lidad, frente al peligro inverso de un historicismo sin límite ni fin, en
esta noche donde todos los gatos son pardos, volvemos a los valores
permanentes de la Antigüedad, no es posible que los consideremos
de nuevo como ídolos intemporales. Su form,a reguladora y su ener­
gía educadora, que experimentamos todavía sobre nosotros, sólo pue­
den manifestarse como fuerzas que actúan en la vida histórica, como
lo fueron en el tiempo en que fueron creadas. No es posible ya para
nosotros una historia de la literatura griega separada de la comunidad
social de la cual surgió y a la cual se dirigía. La superior fuerza
del espíritu griego depende de su profunda raíz en la vida de la co­
munidad. Los ideales que se manifiestan en sus obras surgieron del
espíritu creador de aquellos hombres profundamente informados por
la vida sobreindividual de la comunidad. El hombre, cuya imagen se
revela en las obras de los grandes griegos, es el hombre político. La
educación griega no es una suma de artes y organizaciones privadas,
orientadas hacia la formación de una individualidad perfecta e inde­
pendiente. Esto ocurrió sólo en la época del helenismo, cuando el
estado griego había desaparecido ya — la época de la cual deriva, en
línea recta, la pedagogía moderna. Es explicable que el helenismo
alemán, que se desarrolló en una época no política de nuestro pue­
blo, siguiera aquel camino. Pero nuestro propio movimiento espiritual
hacia el estado nos ha abierto los ojos y nos ha permitido ver que,
en el mejor periodo de Grecia, era tan imposible un espíritu ajeno al
estado como un estado ajeno al espíritu. Las más grandes obras del
helenismo son monumentos de una concepción del estado de una gran­
diosidad única, cuya cadena se desarrolla, en una serie ininterrum­
pida, desde la edad heroica de Homero hasta el estado autoritario
de Platón, dominado por los filósofos y en el cual el individuo y la
comunidad social libran su última batalla en el terreno de la filoso­
14 INTRODUCCIÓN
fía. Todo futuro humanismo debe estar esencialmente orientado en
el hecho fundamental de toda la educación griega, es decir, en el he­
cho de que la humanidad, el “ ser del hombre” se hallaba esencialmente
vinculado a las características del hombre considerado como un ser
político.7 Síntoma de la íntima conexión entre la vida espiritual crea­
dora y la comunidad, es el hecho de que los hombres más significa­
tivos de Grecia se consideraron siempre a su servicio. Algo análogo
parece ocurrir en los pueblos orientales, y es natural que así sea en
una ordenación de la vida estrictamente vinculada a lo religioso. Pero
los grandes hombres de Grecia no se manifiestan como profetas de
Dios, sino como maestros independientes del pueblo y formadores
de sus ideales. Incluso cuando hablan en forma de inspiración reli­
giosa descansa ésta en el conocimiento y la formación personal. Pero
por muy personal que esta obra del espíritu sea, en su forma y en
sus propósitos, es considerada por sus autores, con una fuerza in­
contrastable, como una función social. La trinidad griega del poeta
(jtoiTyrris), el hombre de estado (jtoXmxós) y el sabio {oo<f>ó<;), en­
carna la más alta dirección de la nación. En esta atmósfera de íntima
libertad, que se siente vinculada, por conocimiento esencial y aun por
la más alta ley divina, al servicio de la totalidad, se desarrolló el
genio creador de los griegos hasta llegar a su plenitud educadora, tan
por encima de la virtuosidad intelectual y artística de nuestra mo­
derna civilización individualista. Así se levanta la clásica “ literatura”
griega más allá de la esfera de lo puramente estético, en la cual se
la ha querido vanamente considerar, y ejerce un influjo inconmensu­
rable a través de los siglos.
Mediante esta acción, el arte griego, en sus mejores épocas y en
sus más altas obras, ha actuado del modo más vigoroso sobre nos­
otros. Sería preciso escribir una historia del arte griego como espejo
de los ideales que dominaron su vida. También del arte griego cabe
decir que hasta el siglo iv es, fundamentalmente, la expresión del es­
píritu de la comunidad. No es posible comprender el ideal agonal
que se revela en los cantos pindáricos a los vencedores sin conocer
las estatuas de los vencedores olímpicos, que nos los muestran en su
encarnación corporal, o las de los dioses, como encarnación de las
ideas griegas sobre la dignidad y la nobleza del alma y el cuerpo
humanos. El templo dórico es, sin duda alguna, el más grandioso
monumento que ha dejado a la posteridad el genio dórico y el ideal
dórico de estricta subordinación de lo individual a la totalidad. Re­
side en él la fuerza poderosa que hace históricamente actual la vida
evanescente que eterniza y la fe religiosa que lo inspiró. Sin embar­
go, los verdaderos representantes de la paideia griega no son los ar­

7 Ver mi discurso en la fiesta de la fundación del Reich de la Universidad


de Berlín, 1924: Die griechische Staatsethik im Zeitcdter des Plato, y las confe­
rencias: Die geistige Gegenwart der Antike (Berlín, 1929), pp. 3 8 ss. ( Die An-
tike, vol. 5, pp. 185 ss.) y Staat und Kultur ( Die Antike, vol. 8, pp. 78 ss.).
LOS GRIEGOS EN LA HISTORIA DE LA EDUCACIÓN 15
tistas mudos — escultores, pintores, arquitectos— , sino los poetas y
los músicos, los filósofos, los retóricos y los oradores, es decir, los
hombres de estado. El legislador se halla, en un cierto respecto,
mucho más próximo del poeta, según el concepto griego, que el ar­
tista plástico; ambos tienen una misión educadora. Sólo el escultor,
que forma al hombre viviente, tiene derecho a este título. Se ha com­
parado con frecuencia la acción educadora de los griegos con la de
los artistas plásticos; jamás hablan los griegos de la acción educadora
de la contemplación y la intuición de las obras de arte en el sentido de
Winckelmann. La palabra y el sonido, el ritmo y la armonía, en la
medida en que actúan mediante la palabra y el sonido o mediante
ambos, son las únicas fuerzas formadoras del alma, pues el factor
decisivo en toda paideia es la energía, más importante todavía para
la formación del espíritu que para la adquisición de las aptitudes cor­
porales en el agón. Según la concepción griega, las artes pertenecen
a otra esfera. Afirman, en el periodo clásico, su lugar en el mundo
sagrado del culto en el cual tuvieron su origen. Eran esencialmente
agalma, ornamento. No así en el epos heroico, del cual irradia la
fuerza educadora a todo el resto de la poesía. Aun donde se halla
ligado al culto, afianza sus raíces en lo más profundo del suelo so­
cial y político. Con mucha mayor razón cuando se halla libre de
aquel lazo. Así, la historia de la educación griega coincide en lo esen­
cial con la de la literatura. Ésta es, en el sentido originario que le
dieron sus creadores, la expresión del proceso de autoformación del
hombre griego. Independientemente de esto, no poseemos tradición
alguna escrita de los siglos anteriores a la edad clásica fuera de lo
que nos queda de sus poemas. Así, aun en la historia en su más
amplio sentido, lo único que nos hace accesible la comprensión de
aquel periodo es la evolución y la formación del hombre en la poe­
sía y el arte. Fue voluntad de la historia que sólo nos quedara esto
de la existencia entera del hombre. No podemos trazar el proceso de
la formación de los griegos en aquel tiempo sino a partir del ideal
del hombre que forjaron.
Esto prescribe el camino y delimita la tarea de esta exposición.
Su elección y la manera de considerarla no necesitan especial justifi­
cación. En su conjunto deben justificarse por sí mismas, aunque en
lo particular pueda alguien lamentar acaso alguna omisión. Un viejo
problema será planteado en nueva forma: el hecho de que el pro­
blema de la educación haya sido vinculado, desde un principio, al
estudio de la Antigüedad. Los siglos posteriores consideraron siem­
pre la Antigüedad clásica como un tesoro inagotable de saber y de
cultura, ya en el sentido de una dependencia material y exterior, ya
en el de un mundo de prototipos ideales. El nacimiento de la mo­
derna historia de la Antigüedad, considerada como una disciplina
científica, trajo consigo un cambio fundamental en nuestra actitud
ante ella. El nuevo pensamiento histórico aspira ante todo al cono­
16 INTRODUCCIÓN
cimiento de lo que realmente fue y tal como fue. En su apasionado
intento de ver claramente el pasado, consideró a los clásicos como
un simple fragmento de la historia — aunque un fragmento de la ma­
yor importancia— , sin prestar atención ni plantear el problema de
su influencia directa sobre el mundo actual. Esto se ha considerado
como un problema personal y el juicio sobre su valor ha sido reser­
vado a la decisión particular. Pero al lado de esta historia enciclo­
pédica y objetiva de la Antigüedad, menos libre de valoraciones de
lo que sus más eminentes promotores se figuran, sigue el perenne
influjo de la “ cultura clásica” por mucho que intentemos ignorarla.
La concepción clásica de la historia que lo mantenía ha sido elimi­
nada por la investigación, y la ciencia no ha tratado de darle un
nuevo fundamento. Ahora bien: en el momento actual, cuando nues­
tra cultura toda, conmovida por una experiencia histórica exorbitan­
te, se halla constreñida a un nuevo examen de sus propios funda­
mentos, se plantea de nuevo a la investigación de la Antigüedad el
problema, último y decisivo para nuestro propio destino, de la for­
ma y el valor de la educación clásica. Este problema sólo puede ser
resuelto por la ciencia histórica y a la luz del conocimiento histórico.
No se trata de presentar artísticamente la cosa bajo una luz idealiza­
dora, sino de comprender el fenómeno imperecedero de la educación
antigua y el ímpetu que la orientó a partir de su propia esencia espi­
ritual y del movimiento histórico a que dio lugar.
LIBRO PRIMERO

LA PRIMERA GRECIA
1. NOBLEZA Y “ ARETÉ”

L a educación es una función tan natural y universal de la comunidad


humana, que por su misma evidencia tarda mucho tiempo en llegar
a la plena conciencia de aquellos que la reciben y la practican. Así,
su primer rastro en la tradición literaria es relativamente tardío. Su
contenido es en todos los pueblos aproximadamente el mismo y es, al
mismo tiempo, moral y práctico. Tal fue también entre los griegos.
Reviste en parte la forma de mandamientos, tales com o: honra a los
dioses, honra a tu padre y a tu madre, respeta a los extranjeros; en
parte, consiste en una serie de preceptos sobre la moralidad externa y
en reglas de prudencia para la vida, trasmitidas oralmente a través
de los siglos; en parte, en la comunicación de conocimientos y habi­
lidades profesionales, cuyo conjunto, en la medida en que es trasmi-
sible, designaron los griegos con la palabra techné. Los preceptos
elementales de la recta conducta respecto a los dioses, los padres y
los extraños, fueron incorporados más tarde a las leyes escritas de los
estados sin que se distinguiera en ellas de un modo fundamental entre
la moral y el derecho. El rico tesoro de la sabiduría popular, mez­
clado con primitivas reglas de conducta y preceptos de prudencia
arraigados en supersticiones populares, llegó, por primera vez, a la
luz del día a través de una antiquísima tradición oral, en la poesía
rural gnómica de Hesíodo. Las reglas de las artes y oficios resis­
tían, naturalmente, en virtud de su propia naturaleza, a la exposición
escrita de sus secretos, como lo pone de manifiesto, por ejemplo, en
lo que respecta a la profesión médica, la colección de los escritos
hipocráticos.
De la educación, en este sentido, se distingue la formación del
hombre, mediante la creación de un tipo ideal íntimamente coherente
y claramente determinado. La educación no es posible sin que se
ofrezca al espíritu una imagen del hombre tal como debe ser. En ella
la utilidad es indiferente o, por lo menos, no es esencial. Lo funda­
mental en ella es xaXóv, es decir, la belleza, en el sentido normativo
de la imagen, imagen anhelada, del ideal. El contraste entre estos
dos aspectos de la educación puede perseguirse a través de la histo­
ria. Es parte fundamental de la naturaleza humana. No importan las
palabras con que los designemos. Pero es fácil ver que cuando em­
pleamos las expresiones educación y formación o cultura para desig­
nar estos sentidos históricamente distintos, la educación y la cultura
tienen raíces diversas. La cultura se ofrece en la forma entera del
hombre, en su conducta y comportamiento externo y en su apostura
interna. Ni una ni otra nacen del azar, sino que son producto de una
disciplina consciente. Platón la comparó ya con el adiestramiento de
19
20 LA PRIMERA GRECIA
los perros de raza noble. Al principio esta educación se hallaba re­
servada sólo a una pequeña clase de la sociedad, a la de los nobles.
El halos kagathos griego de los tiempos clásicos revela este origen
de un modo tan claro como el gentleman inglés. Ambas palabras pro­
ceden del tipo de la aristocracia caballeresca. Pero desde el momento
en que la sociedad burguesa dominante adoptó aquellas formas, la
idea que las inspira se convirtió en un bien universal y en una norma
para todos.
Es un hecho fundamental de la historia de la cultura que toda
alta cultura surge de la diferenciación de las clases sociales, la cual
se origina, a su vez, en la diferencia de valor espiritual y corporal de
los individuos. Incluso donde la diferenciación por la educación y la
cultura conduce a la formación de castas rígidas, el principio de la he­
rencia que domina en ellas es corregido y compensado por la as­
censión de nuevas fuerzas procedentes del pueblo. E incluso cuando
un cambio violento arruina o destruye a las clases dominantes, se
forma rápidamente, por la naturaleza misma de las cosas, una clase
directora que se constituye en nueva aristocracia. La nobleza es la
fuente del proceso espiritual mediante el cual nace y se desarrolla
la cultura de una nación. La historia de la formación griega — el
acaecimiento de la estructuración de la personalidad nacional del he­
lenismo, de tan alta importancia para el mundo entero— empieza
en el mundo aristocrático de la Grecia primitiva con el nacimiento de
un ideal definido de hombre superior, al cual aspira la selección de la
raza. Puesto que la más antigua tradición escrita nos muestra una
cultura aristocrática que se levanta sobre la masa popular, es preciso
que la consideración histórica tome en ella su punto de partida. Toda
cultura posterior, por muy alto que se levante, y aunque cambie su
contenido, conserva claro el sello de su origen. La educación no es otra
cosa que la forma aristocrática, progresivamente espiritualizada, de
una nación.
No es posible tomar la historia de la palabra paideia como hilo
conductor para estudiar el origen de la educación griega, como a pri­
mera vista pudiera parecer, puesto que esta palabra no aparece hasta
el siglo v.1 Ello es, sin duda, sólo un azar de la tradición. Es posi­
ble que si descubriéramos nuevas fuentes pudiéramos comprobar usos
más antiguos. Pero, evidentemente, no ganaríamos nada con ello, pues
los ejemplos más antiguos muestran claramente que todavía al prin­
cipio del siglo v significaba simplemente la “ crianza de los niños” ;
nada parecido al alto sentido que tomó más tarde y que es el único
que nos interesa aquí. El tema esencial de la historia de la educación
griega es más bien el concepto de arete, que se remonta a los tiempos
más antiguos. El castellano actual no ofrece un equivalente exacto
de la palabra. La palabra “ virtud” en su acepción no atenuada por el

1 El pasaje más antiguo E squilo , L os siete, 18. La palabra significa aquí toda­
vía lo mismo que TQoqprj.
NOBLEZA Y ARETÉ 21
uso puramente moral, como expresión del más alto ideal caballeresco
unido a una conducta cortesana y selecta y el heroísmo guerrero, ex­
presaría acaso el sentido de la palabra griega. Este hecho nos indica
de un modo suficiente dónde hay que buscar su origen. Su raíz se
halla en las concepciones fundamentales de la nobleza caballeresca. En
el concepto de la arete se concentra el ideal educador de este periodo
en su forma más pura.
El más antiguo testimonio de la antigua cultura aristocrática he­
lénica es Homero, si designamos con este nombre las dos grandes
epopeyas: la llíada y la Odisea. Es para nosotros, al mismo tiempo,
la fuente histórica de la vida de aquel tiempo y la expresión poética
permanente de sus ideales. Es preciso considerarlo desde ambos pun­
tos de vista. En primer lugar hemos de formar en él nuestra imagen
del mundo aristocrático, e investigar después cómo el ideal del hom­
bre adquiere forma en los poemas homéricos y cómo su estrecha es­
fera de validez originaria se ensancha y se convierte en una fuerza
educadora de una amplitud mucho mayor. La marcha de la historia
de la educación se hace patente, en primer lugar, mediante la consi­
deración de conjunto del fluctuante desarrollo histórico de la vida
y del esfuerzo artístico para eternizar las normas ideales en que halla
su más alta acuñación el genio creador de cada época.
El concepto de arete es usado con frecuencia por Homero, así
como en los siglos posteriores, en su más amplio sentido, no sólo
para designar la excelencia humana, sino también la superioridad de
seres no humanos, como la fuerza de los dioses o el valor y la rapi­
dez de los caballos nobles.2 El hombre ordinario, en cambio, no
tiene arete, y si el esclavo procede acaso de una raza de alta estirpe,
le quita Zeus la mitad de su arete y no es ya el mismo que era.3 La
areté es el atributo propio de la nobleza. Los griegos consideraron
siempre la destreza y la fuerza sobresalientes como el supuesto evi­
dente de toda posición dominante. Señorío y areté se hallaban in­
separablemente unidos. La raíz de la palabra es la misma que la de
apiotos, el superlativo de distinguido y selecto, el cual en plural era
constantemente usado para designar la nobleza. Era natural para el
griego, que valoraba el hombre por sus aptitudes,4 considerar al mun-

2 Areté del caballo 276, 374, también en P latón , Rep., 335 B, donde se
habla de la areté de los perros y los caballos. En 353 B, se habla de la areté del
ojo. Areté de los dioses, I 498.
3 o 322.
4 Los griegos comprendían por areté, sobre todo, una fuerza, una capacidad.
A veces la definen directamente. El vigor y la salud son areté del cuerpo. Sa­
gacidad y penetración, areté del espíritu. Es difícil compaginar estos hechos con
la explicación subjetiva ahora usual que hace derivar la palabra de á<?éaxa)
“ complacer” (ver M. H offmann , Die ethische Terminologie bei Homer, Hesiod
und den alten Elegikern und Iambographen, Tubinga, 1914, p. 92). Es verdad
que areté lleva a menudo el sentido de reconocimiento social, y viene a significar
entonces “ respeto” , “ prestigio” . Pero esto es secundario y se debe al fuerte con­
tacto social de todas las valoraciones del hombre en los primeros tiempos. Origi-
22 LA PRIMERA GRECIA
do en general desde el mismo punto de vista. En ello se funda el
empleo de la palabra en el reino de las cosas no humanas, así como
el enriquecimiento y la ampliación del sentido del concepto en el cur­
so del desarrollo posterior. Pues es posible pensar distintas medidas
para la valoración de la aptitud de un hombre según sea la tarea
que debe cumplir. Sólo alguna vez, en los últimos libros, entiende H o­
mero por arete las cualidades morales o espirituales.5 En general de­
signa, de acuerdo con la modalidad de pensamiento de los tiempos
primitivos, la fuerza y la destreza de los guerreros o de los luchadores,
y ante todo el valor heroico considerado no en nuestro sentido de
la acción moral y separada de la fuerza, sino íntimamente unido.
No es verosímil que la palabra arete tuviera, en el uso vivo del
lenguaje, al nacimiento de ambas epopeyas, sólo la estrecha signifi­
cación dominante en Homero. Ya la epopeya reconoce, al lado de
la arelé, otras medidas de valor. Así, la Odisea ensalza, sobre todo
en su héroe principal, por encima del valor, que pasa a un lugar
secundario, la prudencia y la astucia. Bajo el concepto de arete es
preciso comprender otras excelencias además de la fuerza denodada,
como lo muestra, además de las excepciones mencionadas, la poesía
de los tiempos más viejos. La significación de la palabra en el len­
guaje ordinario penetra evidentemente en el estilo de la poesía. Pero
la arelé, como expresión de la fuerza y el valor heroicos, se hallaba
fuertemente enraizada en el lenguaje tradicional de la poesía heroica
y esta significación debía permanecer allí por largo tiempo. Es na­
tural que en la edad guerrera de las grandes migraciones el valor del
hombre fuera apreciado ante todo por aquellas cualidades y de ello
hallamos analogías en otros pueblos. También el adjetivo dyaílói;,
que corresponde al sustantivo areté, aunque proceda de otra raíz, lle­
vaba consigo la combinación de nobleza y bravura militar. Significa
a veces noble, a veces valiente o hábil; no tiene apenas nunca el sen­
tido posterior de “ bueno” como no tiene arete el de virtud moral.
Esta significación antigua se mantiene aun en tiempos posteriores en
expresiones formales tales como “ murió como un héroe esforzado” .6
En este sentido se halla con frecuencia usado en inscripciones sepul­
crales y en relatos de batallas. No obstante, todas las palabras de este
grupo7 tienen en Homero, a pesar del predominio de su significa-

nariamente la palabra ha designado un valor objetivo del calificado en ella. Sig­


nifica una fuerza que le es propia, que constituye su perfección.
5 Así O 641 ss. vemos que el buen juicio y la habilidad corporal y guerrera
se designan con el concepto colectivo “ toda clase de aretai” . Es característico
que en la Odisea, que es posterior, se emplee algunas veces areté en este amplio
sentido.
6 dvi)Q á y odió c; vevótievoc; djtéüave.
7 Junto a dyodfóg se emplea, en este sentido, sobre todo éoüAóc;; ítcncóg sig­
nifica lo contrario. El lenguaje de Teognis y de Píndaro muestra cómo estas
palabras más tarde siguen especialmente adheridas a la aristocracia, aunque
cambiando su sentido paralelamente al desarrollo general de la cultura. Sin em­
bargo, esta limitación de la areté en la aristocracia, natural en la época homérica,
NOBLEZA Y ARETÉ 23
ción guerrera, un sentido “ ético” más general. Ambas derivan de
la misma raíz: designan al hombre de calidad, para el cual, lo mismo
en la vida privada que en la guerra, rigen determinadas normas de
conducta, ajenas al común de los hombres. Así, el código de la no­
bleza caballeresca tiene una doble influencia en la educación griega.
La ética posterior de la ciudad heredó de ella, como una de las
más altas virtudes, la exigencia del valor, cuya ulterior designación,
“ hombría” , recuerda de un modo claro la identificación homérica del
valor con la arete humana. De otra parte, los más altos mandamien­
tos de una conducta selecta proceden de aquella fuente. Como tales,
valen mucho menos determinadas obligaciones, en el sentido de la mo­
ral burguesa, que una liberalidad abierta a todos y una grandeza en
el porte total de la vida.
Característica esencial del noble es en Homero el sentido del de­
ber. Se le aplica una medida rigurosa y tiene el orgullo de ello. La
fuerza educadora de la nobleza se halla en el hecho de despertar el
sentimiento del deber frente al ideal, que se sitúa así siempre ante
los ojos de los individuos. A este sentimiento puede apelar cualquiera.
Su violación despierta en los demás el sentimiento de la némesis,
estrechamente vinculado a aquél. Ambos son, en Homero, conceptos
constitutivos del ideal ético de la aristocracia. El orgullo de la no­
bleza, fundado en una larga serie de progenitores ilustres, se halla
acompañado del conocimiento de que esta preeminencia sólo puede
ser conservada mediante las virtudes por las cuales ha sido conquis­
tada. El nombre de aristoi conviene a un grupo numeroso. Pero, en
este grupo, que se levanta por encima de la masa, hay una lucha para
aspirar al premio de la areté. La lucha y la victoria son en el con­
cepto caballeresco la verdadera prueba del fuego de la virtud huma­
na. No significan simplemente el vencimiento físico del adversario,
sino el mantenimiento de la areté conquistada en el rudo dominio de
la naturaleza. La palabra aristeia, empleada más tarde para los com­
bates singulares de los grandes héroes épicos, corresponde plenamente
a aquella concepción. Su esfuerzo y su vida entera es una lucha in­
cesante para la supremacía entre sus pares, una carrera para alcanzar
el primer premio. De ahí el goce inagotable en la narración poética
de tales aristeiai. Incluso en la paz se muestra el placer de la lucha,
ocasión de manifestarse en pruebas y juegos de varonil areté. Así lo
vemos en la Iliada, en los juegos realizados en una corta pausa de
la guerra en honor de Patroclo muerto. Esta rivalidad acuñó como
lema de la caballería el verso citado por los educadores de todos los
tiempos; 8 alev aQiateúeiv xai újreÍQoyov epiievai dAAcov, y abando­
nado por el igualitarismo de la novísima sabiduría pedagógica.
En esta sentencia condensó el poeta de un modo breve y certero

no se podía mantener ya más si se tiene en cuenta que la nueva acuñación de


los viejos ideales partió de sitio bien distinto.
8 Z 208.
24 LA PRIMERA GRECIA
la conciencia pedagógica de la nobleza. Cuando Glauco se enfrenta
con Diómedes en el campo de batalla y quiere mostrarse como su
digno adversario, enumera, a la manera de Homero, a sus ilustres
antepasados y continúa: “ Hipóloco me engendró, de él tengo mi pro­
sapia. Cuando me mandó a Troya me advirtió con insistencia que
luchara siempre para alcanzar el precio de la más alta virtud humana
y que fuera siempre, entre todos, el primero.” No puede expresarse
de un modo más bello cómo el sentimiento de la noble emulación in­
flamaba a la juventud heroica. Para el poeta del libro once de la
llíada era ya este verso una palabra alada. A la salida de Aquiles hay
una escena de despedida muy análoga en la cual su padre Peleo le
hace la misma advertencia.9
En otro respecto es también la llíada testimonio de la alta con­
ciencia educadora de la nobleza griega primitiva. Muestra cómo el
viejo concepto guerrero de la arete no era suficiente para los poetas
nuevos, sino que traía una nueva imagen del hombre perfecto para
la cual, al lado de la acción, estaba la nobleza del espíritu, y sólo
en la unión de ambas se hallaba el verdadero fin. Y es de la mayor
importancia que este ideal sea expresado por el viejo Fénix, el edu­
cador de Aquiles, héroe prototípico de los griegos. En una hora de­
cisiva recuerda al joven el fin para el cual ha sido educado:
“ Para ambas cosas, para pronunciar palabras y para realizar ac­
ciones.”
No en vano los griegos posteriores vieron ya en estos versos la
más vieja formulación del ideal griego de educación, en su esfuerzo
para abrazar lo humano en su totalidad.10 Fue a menudo citado, en
un periodo de cultura refinada y retórica, para elogiar la alegría de
la acción de los tiempos heroicos y oponerla al presente, pobre en
actos y rico en palabras. Pero puede también ser citado, a la inversa,
para demostrar la prestancia espiritual de la antigua cultura aristo­
crática. El dominio de la palabra significa la soberanía del espíritu.
Fénix pronuncia la sentencia en la recepción de la legación de los
jefes griegos por el colérico Aquiles. El poeta le opone a Odiseo,
maestro de la palabra, y Áyax, el hombre de acción. Mediante este
contraste pone de relieve, del modo más claro, el ideal de la más
noble educación, personificado en el más noble de los héroes, Aquiles,
educado por Fénix, mediador y tercer miembro de la embajada. De
ahí resulta de un modo claro que la palabra arete, que equivalió en
su acepción originaria y tradicional a destreza guerrera, no halló obs­
táculo para transformarse en el concepto de la nobleza, que se forma
de acuerdo con sus más altas exigencias espirituales, tal como ocurrió
en la ulterior evolución de su significado.

9 A 784.
10 Así la fuente griega de C icerón , De or., 3, 57, donde el verso (I, 443), es
citado en este sentido. Todo el pasaje es muy interesante como primer intento
de una historia de la educación.
NOBLEZA Y ARETÉ 25
íntimamente vinculado con la arete se halla el honor. En los pri­
meros tiempos era inseparable de la habilidad y el mérito. Según la
bella explicación de Aristóteles,11 el honor es la expresión natural de
la idea todavía no consciente para llegar al ideal de la arete, al cual
aspira. “ Es notorio que los hombres aspiran al honor para asegurar
su propio valor, su arete. Aspiran así a ser honrados por las gentes
juiciosas que los conocen y a causa de su propio y real valer. Así
reconocen el valor mismo como lo más alto.” Mientras el pensamien­
to filosófico posterior sitúa la medida en la propia intimidad y en­
seña a considerar el honor como el reflejo del valor interno en el
espejo de la estimación social, el hombre homérico adquiere exclusi­
vamente conciencia de su valor por el reconocimiento de la sociedad
a que pertenece. Era un producto de su clase y mide su propia arete
por la opinión que merece a sus semejantes. El hombre filosófico de
los tiempos posteriores puede prescindir del reconocimiento exterior,
aunque — de acuerdo también con Aristóteles— no puede serle del
todo indiferente.
Para Homero y el mundo de la nobleza de su tiempo la negación
del honor era, en cambio, la mayor tragedia humana. Los héroes se
trataban entre sí con constante respeto y honra. En ello descansaba
su orden social entero. La sed de honor era en ellos simplemente insa­
ciable, sin que ello fuera una peculiaridad moral característica de los
individuos. Es natural y se da por supuesto que los más grandes
héroes y los príncipes más poderosos demandan un honor cada vez
más alto. Nadie teme en la Antigüedad reclamar el honor debido a un
servicio prestado. La exigencia de recompensa es para ellos un pun­
to de vista subalterno y en modo alguno decisivo. El elogio y la
reprobación (gjtaivog y ^óyog) son la fuente del honor y el deshonor.
Pero el elogio y la censura fueron considerados por la ética filosófica
de los tiempos posteriores como el hecho fundamental de la vida
social, mediante el cual se manifiesta la existencia de una medida
de valor en la comunidad de los hombres.12 Es difícil, para un hom­
bre moderno, representarse la absoluta publicidad de la conciencia
entre los griegos. En verdad, entre los griegos no hay concepto al­
guno parecido a nuestra conciencia personal. Sin embargo, el cono­
cimiento de aquel hecho es la presuposición indispensable para la
difícil inteligencia del concepto del honor y su significación en la An­
tigüedad. El afán de distinguirse y la aspiración al honor y a la
aprobación aparecen al sentimiento cristiano como vanidad pecami­
nosa de la persona. Los griegos vieron en ella la aspiración de la
persona a lo ideal y sobrepersonal, donde el valor empieza. En cier­
to modo es posible afirmar que la arete heroica se perfecciona sólo
con la muerte física del héroe. Se halla en el hombre mortal, es
más, es el hombre mortal mismo. Pero se perpetúa en su fama, es de­

11 A ristóteles, Et. nic., A 3, 1095 b 26.


12 A ristóteles, Et. nic., T I, 1109 b 30.
26 LA PRIMERA GRECIA
cir, en la imagen de su arete, aun después de la muerte, tal como
le acompañó y lo dirigió en la vida. Incluso los dioses reclaman su
honor y se complacen en el culto que glorifica sus hechos y castigan
celosamente toda violación de su honor. Los dioses de Homero son,
por decirlo así, una sociedad inmortal de nobles. Y la esencia de la
piedad y el culto griegos se expresan en el hecho de honrar a la di­
vinidad. Ser piadoso significa “ honrar lo divino” . Honrar a los dio­
ses y a los hombres por causa de su arete es propio del hombre pri­
mitivo.
Así se comprende el trágico conflicto de Aquiles en la Ilíada. Su
indignación contra los griegos y su negativa a prestarles auxilio no
procede de una ambición individual excesiva. La grandeza de su
afán de honra corresponde a la grandeza del héroe y es natural a
los ojos del griego. Ofendido este héroe en su honor se conmueve
en sus mismos fundamentos la alianza de los héroes aqueos contra
Troya. Quien atenta a la areté ajena pierde en suma el sentido mis­
mo de la areté. El amor a la patria, que solventaría hoy la dificul­
tad, era ajeno a los antiguos nobles. Agamemnón sólo puede apelar
a su poder soberano por un acto despótico, pues aquel poder no es
tampoco admitido por el sentimiento aristocrático que lo reconoce sólo
como primus ínter pares. En el sentimiento de Aquiles, ante la nega­
ción del honor que se le debe por sus hechos, se mezcla también
este sentimiento de opresión despótica. Pero esto no es lo primor­
dial. La verdadera gravedad de la ofensiva es el hecho de haber de­
negado el honor de una areté prominente.13 El segundo gran ejemplo
de las trágicas consecuencias del honor ofendido es Áyax, el más
grande de los héroes aqueos, después de Aquiles. Las armas del caído
Aquiles son otorgadas a Odiseo a pesar de los merecimientos superio­
res de aquél. La tragedia de Áyax termina en la locura y el suicidio.
La cólera de Aquiles pone al ejército de los griegos al borde del
abismo. Es un problema grave para Homero si es posible reparar el
honor ofendido. Verdad es que Fénix aconseja a Aquiles no tender
en exceso el arco y aceptar el presente de Agamemnón, como signo
de reconciliación a causa de la aflicción de sus compañeros. Pero que
el Aquiles de la tradición originaria no rechaza la reconciliación por
terquedad solamente, lo vemos en el ejemplo de Áyax que, en el
infierno, no contesta a las palabras compasivas de su antiguo enemi­
go y se vuelve silenciosamente “ hacia las otras sombras en el oscuro
reino de la muerte” .14 Tetis suplica a Zeus: “ Ayúdame y honra a mi
hijo, cuya vida heroica fue tan breve. Agamemnón le arrebató el ho­
nor. Hónrale, ¡oh, Olím pico!” Y el más alto dios, en atención a
Aquiles, permitió que los aqueos, privados de su ayuda, sucumbieran
en la lucha y reconocieran, así, con cuánta injusticia habían privado
de su honor al más grande de sus héroes.

13 A 412, B 239-240, I 110, 116, II 59, pasaje principal I 315-322.


X 543 ss.
NOBLEZA Y ARETÉ 27
El afán de honor no es ya considerado por los griegos de los
tiempos posteriores como un concepto meritorio. Corresponde mejor
a la ambición tal como nosotros la entendemos. Sin embargo, aun
en la época de la democracia, hallamos con frecuencia el reconoci­
miento y la justificación de aquel afán, lo mismo en la política de
los estados que en la relación entre los individuos. Nada tan instructivo
para la íntima comprensión de la elegancia moral de este pensamien­
to como la descripción del megalopsychos, del hombre magnánimo, en
la Ética de Aristóteles.15 El pensamiento ético de Platón y de Aris­
tóteles se funda en muchos puntos, en la ética aristocrática de la
Grecia arcaica. Ello requeriría una interpretación histórica detallada.
La filosofía sublima y universaliza los conceptos tomados en su ori­
ginaria limitación. Pero, con ello, se confirma y precisa su verdad
permanente y su idealidad indestructible. El pensamiento del siglo iv
es naturalmente más diferenciado que el de los tiempos homéricos y
no podemos esperar hallar sus ideas ni aun sus equivalentes precisos
en Homero ni en la epopeya. Pero Aristóteles, como los griegos de
todos los tiempos, tiene con frecuencia los ojos fijos en Homero y
desarrolla sus conceptos de acuerdo con su modelo. Ello demuestra
que se halla mucho más cerca que nosotros de comprender íntima­
mente el pensamiento de la Grecia antigua.
El reconocimiento de la soberbia o de la magnanimidad como una
virtud ética resulta extraño a primera vista para un hombre de nues­
tro tiempo. Más notable parece aún que Aristóteles viera en ella no
una virtud independiente, como las demás, sino una virtud que las
presupone todas y “ no es, en algún modo, sino su más alto orna­
mento” . Sólo podemos comprenderlo justamente si reconocemos que
el filósofo ha asignado un lugar a la soberbia arete de la antigua
ética aristocrática en su análisis de la conciencia moral. En otra oca­
sión16 dice, incluso, que Aquiles y Áyax son el modelo de esta cua­
lidad. La soberbia no es, por sí misma, un valor moral. Es incluso
ridicula si no se halla encuadrada por la plenitud de la arete, aquella
unidad suprema de todas las excelencias, tal como lo hacen Platón
y Aristóteles sin temor, al usar el concepto de kalokagathía. Pero el
pensamiento ético de los grandes filósofos atenienses permanece fiel
a su origen aristocrático al reconocer que la arete sólo puede hallar
su verdadera perfección en las almas selectas. El reconocimiento de
la grandeza de alma como la más alta expresión de la personalidad
espiritual y ética se funda en Aristóteles, así como en Homero, en
la dignidad de la arete.17 “ El honor es el premio de la areté; es el
tributo pagado a la destreza.” La soberbia resulta, así, la sublimación

15 A ristóteles, Et. nic., A 7-9, ver mi ensayo: “ Der Grossgesinnte” , Die And-
ke, vol. 7, pp. 97 ss.
16 A ristóteles, Anal, post., B 13, 97 b 15.
17 A ristóteles, Et. nic., A 7, 1123 b 35.
28 LA PRIMERA GRECIA
de la arete. Pero de ello resulta también que la soberbia y la magna­
nimidad es lo más difícil para el hombre.
Aquí aprehendemos la fundamental significación de la primitiva
ética aristocrática para la formación del hombre griego. El pensamien­
to griego sobre el hombre y su arete se revela, de pronto, como en la
unidad de su desarrollo histórico. A pesar de todos los cambios y en­
riquecimientos que experimenta en el curso de los siglos siguientes,
mantiene siempre la forma que ha recibido de la antigua ética aristo­
crática. En este concepto de la arete se funda el carácter aristocrático
del ideal de la educación entre los griegos.
Vamos a perseguir todavía aquí algunos de sus últimos motivos.
Para ello puede ser también Aristóteles nuestro guía. Aristóteles mues­
tra el esfuerzo humano hacia la perfección de la arete como producto
de un amor propio elevado a su más alta nobleza, la (pdaima. Ello no
es un mero capricho de la especulación abstracta — si ello fuera así,
su comparación con la arete de los griegos primitivos sería sin duda
errónea. Aristóteles, al defender y adherirse con especial predilec­
ción a un ideal de amor propio, plenamente justificado, en consciente
contraposición con el juicio común en su siglo, ilustrado y “ altruista” ,
descubre una de las raíces originarias del pensamiento moral de los
griegos. Su alta estimación del amor propio, así como su valoración
del anhelo de honor y de la soberbia, proceden del ahondamiento
filosófico lleno de fecundidad en las intuiciones fundamentales de la
ética aristocrática. Entiéndase bien que el “ yo” no es el sujeto físico,
sino el más alto ideal del hombre que es capaz de forjar nuestro
espíritu y que todo noble aspira a realizar en sí mismo. Sólo el más
alto amor a este yo en el cual se halla implícita la más alta arete es
capaz “ de apropiarse la belleza” . Esta frase es tan genuinamente
griega que es difícil traducirla a un idioma moderno. Aspirar a la
“ belleza” (que para los griegos significa al mismo tiempo nobleza y
selección) y apropiársela, significa no perder ocasión alguna de con­
quistar el premio de la más alta arete.
¿Qué significa para Aristóteles esta “ belleza” ? Nuestro pensa­
miento se vuelve de pronto hacia el refinado culto a la personalidad
de los tiempos posteriores, hacia la característica aspiración del hu­
manismo del siglo xvill a la libre formación ética y el enriqueci­
miento espiritual de la propia personalidad. Pero las mismas palabras
de Aristóteles muestran de un modo indubitable que lo que tiene ante
los ojos son, por el contrario, ante todo, las acciones del más alto
heroísmo moral. Quien se estima a sí mismo debe ser infatigable en
la defensa de sus amigos, sacrificarse en honor de su patria, aban­
donar gustoso dinero, bienes y honores para “ apropiarse la belleza” .
La curiosa frase se repite con insistencia y ello muestra hasta qué
punto, para Aristóteles, la más alta entrega a un ideal es la prueba
de un amor propio enaltecido. “ Quien se sienta impregnado de la
propia estimación preferirá vivir brevemente en el más alto goce
NOBLEZA Y A R E T É 29
que una larga existencia en indolente reposo; preferirá vivir un año
sólo por un fin noble, que una larga vida por nada; preferirá cum­
plir una sola acción grande y magnífica, a una serie de pequeneces
insignificantes. ’ ’
En estas palabras se revela lo más peculiar y original del senti­
miento de la vida de los griegos: el heroísmo. En él nos sentimos
esencialmente vinculados a ellos. Son la clave para la inteligencia de
la historia griega y para llegar a la comprensión psicológica de esta
breve pero incomparable y magnífica aristeia. En la fórmula “ apro­
piarse la belleza” , se halla expresado con claridad única el íntimo
motivo de la areté helénica. Ello distingue, ya en los tiempos de la
nobleza homérica, la heroicidad griega del simple desprecio salvaje
de la muerte. Es la subordinación de lo físico a una más alta “ be­
lleza” . Mediante el trueque de esta belleza por la vida, halla el im­
pulso natural del hombre a la propia afirmación su cumplimiento
más alto en la propia entrega. El discurso de Diótima, en el Simpo­
sio de Platón, sitúa en el mismo plano el sacrificio de dinero y
bienes, la resolución de los grandes héroes de la Antigüedad en el
esfuerzo, la lucha y la muerte para alcanzar el premio de una gloria
perdurable y la lucha de los poetas y los legisladores para dejar a
la posteridad creaciones inmortales de su espíritu. Y ambos se ex­
plican por el poderoso impulso anhelante del hombre mortal hacia
la propia inmortalidad. Constituyen el fundamento metafísico de las
paradojas de la ambición humana y del afán de honor.18 También
Aristóteles conecta de un modo expreso, en el himno que se ha con­
servado a la areté de su amigo Hermias — el príncipe de Atarneo,
que murió por fidelidad a su ideal filosófico y moral— , su concepto
filosófico de la areté con la areté de Homero y con los modelos de
Aquiles y Áyax.19 Y es evidente que muchos rasgos, mediante los
cuales describe la propia estimación, son tomados de la figura de Aqui­
les. Entre ambos grandes filósofos y los poemas de Homero, se ex­
tiende la no interrumpida serie de testimonios de la vida perdurable
de la idea de la areté, propia de los tiempos primeros de Grecia.

18 P latón , Simp., 209 C.


19 Ver mi Aristóteles (Berlín, 1923; trad. esp. FCE, México, 1946; citamos de
acuerdo con esta edición), p. 140.
II. CULTURA Y EDUCACIÓN DE LA NOBLEZA HOMÉRICA

Para completar e ilustrar la explicación de la arete — el concepto


central de la educación griega— trazaremos una imagen de la vida
de la nobleza griega primitiva, tal como nos la ofrecen los poemas
“ homéricos” . Ello confirmará los resultados a que hemos llegado en
las investigaciones anteriores.
No es posible actualmente considerar la Iliada y la Odisea — fuen­
tes de la historia primitiva de Grecia— como una unidad, es decir,
como obra de un solo poeta, aunque en la práctica sigamos hablando
de Homero, tal como lo hicieron originariamente los antiguos, in­
cluyendo bajo este nombre múltiples poemas épicos. El hecho de que
la Grecia clásica, exenta de sentido histórico, separara ambos poe­
mas de aquella masa, considerándolos como superiores desde un pun­
to de vista exclusivamente artístico y declarara a los demás indignos
de Homero, no afecta a nuestro juicio científico ni puede considerarse
como una tradición en, el sentido propio de la palabra. Desde el pun­
to de vista histórico, la Ilíada es un poema mucho más antiguo. La
Odisea refleja un estudio muy posterior de la historia de la cultura.
Previa esta determinación, resulta un problema de la mayor impor­
tancia llegar a la fijación del siglo a que pertenecen una y otra.
La fuente fundamental para llegar a la solución de este problema
se halla en los poemas mismos. A pesar de toda la sagacidad con­
sagrada al asunto, reina en ello la mayor inseguridad. Las excava­
ciones de los últimos cincuenta años han enriquecido, sin duda de
un modo fundamental, nuestro conocimiento de la Antigüedad griega,
especialmente en lo que se refiere al problema de la raíz histórica
de la tradición heroica, y nos han proporcionado soluciones precisas.
No por ello hemos dado un paso en la fijación de la época precisa de
nuestros poemas. Varios siglos separan su aparición del nacimiento
de las sagas.
El instrumento fundamental para la fijación de las fechas sigue
siendo el análisis de los poemas mismos. Pero este análisis no se
dirigió originariamente a este fin, sino que fundándose en la antigua
tradición, según la cual los poemas en su estado actual corresponden
a una redacción relativamente tardía, forjaba conjeturas sobre su
estado precedente en forma de cantos separados e independientes.
Tal era la clave del problema. Debemos principalmente a Wilamowitz
haber puesto en relación los análisis realizados primitivamente, con
un criterio exclusivamente lógico y artístico, con nuestros conocimien­
tos históricos relativos a la cultura griega primitiva. El problema
fundamental consiste actualmente en saber si debemos limitarnos a
considerar la Ilíada y la Odisea como un todo y resignarnos a dejar
30
CULTURA Y EDUCACIÓN DE LA NOBLEZA HOMÉRICA 31
el problema sin solución, o si debemos realizar el esfuerzo de distin­
guir hipotéticamente, dentro de la epopeya, capas correspondientes a
edades y a caracteres distintos.1 Ello no tiene nada que ver con la
exigencia, legítima y aún no plenamente realizada, de valorar los poe­
mas antes que nada como un todo artístico. Sigue en pie el problema
de la importancia y el valor de Homero como poeta. Pero no es, por
ejemplo, posible considerar la Odisea como una imagen de la vida
de la nobleza primitiva si sus partes más importantes proceden de la
mitad del siglo vi, tal como lo creen actualmente importantes hombres
de ciencia.2 Ante este problema no es posible una simple evasión es­
céptica. Es preciso, o bien refutarlo de un modo razonado, o recono­
cerlo con todas sus consecuencias.
No puedo, naturalmente, ofrecer aquí un análisis personal de
la cuestión. Pero creo haber demostrado que el primer canto de la
Odisea — que la crítica, desde Kirchhoff, ha considerado como una
de las últimas elaboraciones de la epopeya— era ya considerado como
obra de Homero por Solón, y aun, con toda verosimilitud, antes
de su arcontado (594), es decir, en el siglo vil, por lo menos.3
Wilamowitz ha debido aceptar, en sus últimos trabajos, que el pro­
digioso movimiento espiritual de los siglos vil y vi no ha ejercido
influencia alguna sobre la Odisea, lo cual no es fácil explicar ni aun
con su indicación de que los últimos poemas rapsódicos son eruditos
y alejados de la vida.4 De otra parte, el racionalismo ético y reli­
gioso, que domina la totalidad de la Odisea en su forma actual, debe
ser mucho más antiguo en Jonia, pues al comienzo del siglo vi nace
ya la filosofía natural milesia, para la cual no ofrecen un fondo
adecuado el estado social y geográfico que se revela en la Odisea.5
Me parece indudable que la Odisea, en lo esencial, debió de existir
ya en tiempos de Hesíodo. Por otro lado, tengo la persuasión de
que los análisis filológicos han realizado descubrimientos fundamen­
tales sobre el nacimiento de la gran épica, cuya legitimidad es pre­
ciso mantener, aunque la capacidad de nuestra fantasía constructiva
y de nuestra lógica crítica no llegue nunca a resolver de un modo
1 La expresa propensión a renunciar por completo al análisis de Homero se
manifiesta en trabajos recientes como el de F. D ornseiff, Archaische Mythener-
zahlung (Berlín, 1933) y F. Jacoby, “ Die geistige Physiognomie der Odyssee” ,
Die Antike, vol. 9, 159.
2 E. S chwartz, Die Odyssee (Munich, 1924), p. 294, y W ilamowitz , Die
Heimkehr des Odysseus (Berlín, 1927), especialmente pp. 171 ss. “ Quien en
cuestión de lenguaje, religión o costumbres mezcla la 1liada y la Odisea, quien
las separa con Aristarco como veóitsoov, no merece que se le tome en cuenta.”
3 Ver mi ensayo Solons Eunomie, Sitz. Berl. Akad., 1926, pp. 73 ss. Tam­
bién F. J acoby ( ob. cit., p. 160), aporta meros argumentos que nos llevan a un
terminus ante quem más alto todavía.
4 W ilamowitz , ob. cit., p. 178.
5 W ilamowitz , ob. cit., p. 182, supone (contra su opinión en Homerische
Untersuchungen, p. 27) que la “ Telemaquia” nace en la península y habla de un
“ círculo cultural corintio” . No me convencen sus razones (en contra Jacoby,
ob. cit., p. 161).
32 LA PRIMERA GRECIA
completo el misterio. El deseo comprensible de los investigadores
de querer saber más de lo que realmente podemos saber, ha llevado
consigo con frecuencia el descrédito injustificado de la investigación
en cuanto tal. Actualmente, cuando un libro habla todavía, como lo
hacemos en éste, de capas más primitivas en la Ilíada, es preciso que
ofrezca nuevos fundamentos. Creo poderlos dar, aunque no en este
lugar. Aunque la Ilíada en su conjunto ofrezca una impresión de ma­
yor antigüedad que la Odisea, ello no supone, necesariamente, que
haya nacido en su forma actual, como gran epopeya, en una época
muy alejada de la Odisea en su forma definitiva. La Ilíada, en aque­
lla forma, fue naturalmente el gran modelo de toda la épica poste­
rior. Pero los rasgos de la gran épica se fijan en una época deter­
minada y se inscriben más bien en otro material. Por lo demás, es
un prejuicio originario del romanticismo, y de su peculiar concepción
de la poesía popular, considerar a la poesía épica más primitiva
como superior desde el punto de vista artístico. En este prejuicio
contra las “ redacciones” que aparecen al final de la evolución de la
épica y en la subestimación poética que de ello resulta, sin tratar
de comprender su sentido artístico, se funda en gran parte la típica
desconfianza del “ hombre de entendimiento sano” contra la crítica
y el escepticismo que, como siempre, destilan de las contradicciones
entre los resultados de la investigación. Pero esta desconfianza no
puede tener la última palabra en un problema tan decisivo, en que
la ciencia misma es preciso que revise constantemente sus propios
fundamentos, aun cuando nos hallemos tan lejos de nuestro fin como
lo estuvo la crítica por largo tiempo.
El más antiguo de ambos poemas nos muestra el absoluto pre­
dominio del estado de guerra, tal como debió de ser en el tiempo
de las grandes emigraciones de las estirpes griegas. La Ilíada nos
habla de un mundo situado en una época en que domina de modo
exclusivo el espíritu heroico de la arete y encarna aquel ideal en
todos sus héroes. Junta, en una unidad ideal indisoluble, la imagen
tradicional de los antiguos héroes, trasmitida por las sagas e incor­
porada a los cantos, y las tradiciones vivas de la aristocracia de su
tiempo, que conoce ya una vida organizada en la ciudad, como lo
demuestran ante todo las pinturas de Héctor y los troyanos. El va­
liente es siempre el noble, el hombre de rango. La lucha y la victoria
son su más alta distinción y el contenido propio de su vida. La
Ilíada describe sobre todo este tipo de existencia. A ello obliga su
material. La Odisea halla raras ocasiones de describir la conducta
de los héroes en la lucha. Pero si algo resulta definitivamente esta­
blecido sobre el origen de la epopeya, es el hecho de que los más
antiguos cantos heroicos celebraban las luchas y los hechos de los
héroes y que la Ilíada tomó sus materiales de canciones y tradiciones
de este género. Ya en su material se halla el sello de su mayor
antigüedad. Los héroes de la Ilíada, que se revelan en su gusto por
CULTURA Y EDUCACION DE LA NOBLEZA HOMÉRICA 33
la guerra y en su aspiración al honor como auténticos representan­
tes de su clase, son, sin embargo, en el resto de su conducta, ante
todo grandes señores con todas sus preeminencias, pero también con
todas sus imprescindibles debilidades. No es posible imaginarlos vi­
viendo en paz. Pertenecen al campo de batalla. Aparte de ello, los
vemos sólo en las pausas de la lucha, en sus comidas, en sus sacrifi­
cios o en sus consejos.
La Odisea nos ofrece otra imagen. El motivo del retorno del
héroe, el nostos, que se une de un modo tan natural a la guerra
de Troya, conduce a la representación intuitiva y a la tierna descrip­
ción de su vida en la paz. Estos cantos son en sí mismos antiquísi­
mos. Cuando la Odisea pinta la existencia del héroe tras la guerra,
sus viajes de aventuras y su vida familiar y casera, con su familia
y amigos, toma su inspiración de la vida real de los nobles de su
tiempo y la proyecta con ingenua vivacidad a una época más primi­
tiva. Así, es nuestra fuente principal para el conocimiento del estado
de la antigua cultura aristocrática. Pertenece a los jonios, en cuya
tierra surgió, pero podemos considerarla como típica por lo que nos
interesa. Se ve claramente que sus descripciones no pertenecen a la
tradición de los viejos cantos heroicos, sino que descansan en la ob­
servación directa y realista de cosas contemporáneas. El material de
estas escenas domésticas no se halla en lo más mínimo en la tradición
épica. Ésta se refiere a los héroes mismos y a sus hechos, no a la
pacífica descripción de acaecimientos ordinarios. La introducción de
estos nuevos elementos no resulta del nuevo material, sino que la elec­
ción misma del material resultó del gusto de una edad más contem­
plativa y dada al goce pacífico.
El hecho de que la Odisea observe y represente en su conjunto
una clase — la de los señores nobles— , con sus palacios y caseríos,
representa un progreso en la observación artística de la vida y sus
problemas. La épica se convierte en novela. Aunque la imagen del
mundo en la Odisea, en su periferia, nos conduzca a la fantasía
aventurera de los poetas y a las sagas heroicas y aun al reino de
lo fabuloso y maravilloso, su descripción de las relaciones familiares
nos acerca tanto más poderosamente a la realidad. Verdad es que
no faltan en ella rasgos maravillosos — como la descripción del re­
gio esplendor del palacio de Menelao o de la casa de los reyes fea-
cios, en contraste con la rústica simplicidad de la casa señorial de
Odiseo— , inspirados, evidentemente, en los antiguos recuerdos del
fausto y el amor al arte de los grandes señores y los poderosos reinos
de la antigüedad micénica, si no en modelos orientales contemporá­
neos. Sin embargo, se distingue claramente, por su realismo vital, la
imagen de la nobleza que nos da la Odisea de la que nos da la Ilíada.
Como hemos dicho, la nobleza de la Ilíada es, en su mayor parte, una
imagen ideal de la fantasía, creada con el auxilio de rasgos trasmitidos
por la tradición de los antiguos cantos heroicos. Es dominada en su
34 LA PRIMERA GRECIA
totalidad por el punto de vista que determinó la forma de aquella
tradición, es decir, la admiración por la sobrehumana arete de los
héroes de la Antigüedad. Sólo unos pocos rasgos realistas y políti­
cos, como la escena de Tersites, revelan el tiempo relativamente tar­
dío del nacimiento de la Ilíada en su forma actual. En ella Tersites,
el “ atrevido” , adopta ante los nobles más preeminentes un tono
despectivo. Tersites es la única caricatura realmente maliciosa en la
totalidad de la obra de Homero. Pero todo revela que los nobles
conservaban todavía su sitial cuando se inician estos primeros ata­
ques de una nueva edad. Verdad es que en la Odisea faltan seme­
jantes rasgos aislados de innovación política. La comunidad de Itaca
se rige, en ausencia del rey, mediante una asamblea del pueblo, di­
rigida por los nobles, y la ciudad de los feacios es la fiel pintura de
una ciudad jonia bajo el dominio de un rey. Pero es evidente que
la nobleza es para el poeta un problema social y humano que con­
sidera desde una cierta distancia.6 Esto le capacita para pintarla como
un todo objetivamente, con aquella cálida simpatía por el valor de la
conciencia y la educación de los verdaderos nobles que, a pesar de
la aguda crítica de los malos representantes de la clase, hace su tes­
timonio tan indispensable para nosotros.
La nobleza de la Odisea es una clase cerrada, con fuerte con­
ciencia de sus privilegios, de su dominio y de sus finas costumbres
y modos de vivir. En lugar de las grandiosas pasiones de las imá­
genes sobrehumanas y los trágicos destinos de la Ilíada, hallamos en
el nuevo poema un gran número de figuras de un formato más hu­
mano. Tienen todos algo humano y amable; en sus discursos y ex­
periencias domina lo que la retórica posterior denomina ethos. El
trato entre los hombres tiene algo altamente civilizado. Así lo vemos
en la discreta y segura presentación de Nausica ante la sorprendente
aparición de Odiseo, desnudo, náufrago e implorando protección,
en el comportamiento de Telémaco con su huésped Mentes, en el
palacio de Néstor y Menelao, en la casa de Alcinoo, en la hospita­
laria acogida al famoso extranjero y en la indescriptible y cortés
despedida de Odiseo al separarse de Alcinoo y su esposa, así como
en el encuentro del viejo porquerizo Eumeo con su antiguo amo,
transformado en mendigo, y en su conducta con Telémaco, el joven
hijo de su señor. La auténtica educación interior de estas escenas
se destaca sobre la corrección de formas que se revela en otras oca­
siones y representa una sociedad en la cual las maneras y la con­
ducta distinguidas son tenidas en la más alta estimación. Incluso las
formas del trato entre Telémaco y los altaneros y violentos preten­
dientes son, a pesar del mutuo odio, de una irreprochable educación.
Nobles o vulgares, todos los miembros de esta sociedad conservan

6 Los rapsodas no pertenecían, probablemente, a la clase noble. En la lírica,


la elegía y el yambo, encontramos, por el contrario, a menudo, poetas aristócra­
tas ('WlVA.MO'WITZ, ob. cit., p. 175).
CULTURA Y EDUCACIÓN DE LA NOBLEZA HOMÉRICA 35
su sello común de decoro en todas las situaciones. La vergonzosa
conducta de los pretendientes es constantemente estigmatizada como
una ignominia para ellos y para su clase. Nadie puede contemplarla
sin indignación y es, a la postre, severamente expiada. Pero al lado
de palabras condenatorias para su temeridad y violencia, se habla de
los nobles, ilustres, valientes pretendientes. A pesar de todo siguen
siendo, para el poeta, señores preeminentes. Su castigo es muy duro
porque su ofensa es doblemente grave. Y aun cuando su delito es
una negra mancha para el honor de su rango, lo eclipsan la brillante
y auténtica distinción de las figuras principales, rodeadas de toda la
simpatía imaginable. Los pretendientes no cambian el juicio común
favorable a los nobles. El poeta está de corazón con los hombres
que representan la elevación de su cultura y costumbres y sigue paso
a paso sus huellas. Su continua exaltación de sus cualidades tiene,
sin duda alguna, un designio educador. Lo que nos dice de ellos es
para él un valor en sí. No es milieu indiferente, sino que constituye
una parte esencial de la superioridad de sus héroes. Su forma de
vida es inseparable de su conducta y maneras y les otorga una dig­
nidad especial que se muestra mediante sus nobles y grandes hechos
y por su irreprochable actitud ante la felicidad y la miseria ajenas.
Su destino privilegiado se halla en armonía con el orden divino del
mundo y los dioses les confieren su protección. Un valor puramente
humano irradia constantemente de la nobleza de su vida.
Presuposiciones de la cultura aristocrática son la vida sedentaria,
la posesión de bienes y la tradición.7 Estas tres características hacen
posible la trasmisión de las formas de vida de padres a hijos. A
ellas es preciso añadir una “ educación” distinguida, una formación
consciente de los jóvenes de acuerdo con los imperativos de las cos­
tumbres cortesanas. A pesar de que en la Odisea se da un sentido
humano respecto a las personas ordinarias y hasta con los mendigos,
aun cuando falte la orgullosa y aguda separación entre los nobles
y los hombres del pueblo, y existe la patriarcal proximidad entre
los señores y los criados, no es posible imaginar una educación y
formación consciente fuera de la clase privilegiada. La educación,
considerada como la formación de la personalidad humana mediante
el consejo constante y la dirección espiritual, es una característica
típica de la nobleza de todos los tiempos y pueblos. Sólo esta clase
puede aspirar a la formación de la personalidad humana en su tota­
lidad; lo cual no puede lograrse sin el cultivo consciente de determi­
nadas cualidades fundamentales. No es suficiente el crecimiento, aná­
logo al de las plantas, de acuerdo con los usos y costumbres de los
antepasados. El rango y el dominio preeminente de los nobles exige
la obligación de estructurar sus miembros durante su temprana edad
de acuerdo con los ideales válidos dentro de su círculo. Aquí la edu­

7 Falta una investigación especial sobre el desarrollo de la relación entre pro­


piedad y arete. En la Odisea encontraría materiales preciosos.
36 LA PRIMERA GRECIA
cación se convierte por primera vez en formación, es decir, en mo­
delación del hombre completo de acuerdo con un tipo fijo. La im­
portancia de un tipo de esta naturaleza para la formación del hombre
estuvo siempre presente en la mente de los griegos. En toda cultura
noble juega esta idea un papel decisivo, lo mismo si se trata del
xaXÓ£ xáya-dóg de los griegos, que de la cortesía de la Edad Media
caballeresca, que de la fisonomía social del siglo xviii tal como nos
la ofrecen los retratos convencionales de la época.
La más alta medida de todo valor, en la personalidad humana,
sigue siendo en la Odisea el ideal heredado de la destreza guerrera.
Pero se añade ahora la alta estimación de las virtudes espirituales
y sociales destacadas con predilección en la Odisea. Su héroe es el
hombre al cual nunca falta el consejo inteligente y que encuentra para
cada ocasión la palabra adecuada. Halla su honor en su destreza, con
el ingenio de su inteligencia que, en la lucha por la vida y en el
retorno a su casa, ante los enemigos más poderosos y los peligros
que le acechaban, sale siempre triunfante. Este carácter, no exento
de objeciones entre los griegos y especialmente entre las estirpes de
la Grecia peninsular, no es la creación individual de un poeta. Siglos
enteros han cooperado a su formación. De ahí sus frecuentes contra­
dicciones.® La figura del aventurero astuto y rico en recursos es
creación de la época de los viajes marítimos de los jonios. La ne­
cesidad de glorificar su figura heroica lo pone en conexión con el
ciclo de los poemas troyanos y especialmente con aquellos que se
refieren a la destrucción de Ilion. Los rasgos más cortesanos, que
la Odisea continuamente admite, dependen del medio social, de deci­
siva importancia para el poema que nos ocupa. Los otros personajes
se destacan también menos por sus cualidades heroicas que por sus
cualidades humanas. Lo espiritual es vigorosamente destacado. Te-
lémaco es, con frecuencia, llamado razonable o inteligente; la mujer
de Menelao dice que a éste no le falta excelencia alguna ni en el
espíritu ni en la figura. De Nausica se dice que no yerra nunca en
la inteligencia de los pensamientos justos. Penélope habla con pru­
dencia e inteligencia.
Es preciso decir aquí algunas palabras sobre la importancia de
los elementos femeninos en la vieja cultura aristocrática. La arete
propia de la mujer es la hermosura. Esto resulta tan evidente como
la valoración del hombre por sus excelencias corporales y espiri­
tuales. El culto de la belleza femenina corresponde al tipo de cultura
cortesana de todas las edades caballerescas. Pero la mujer no apa­
rece sólo como objeto de la solicitud erótica del hombre, como Helena
o Penélope, sino también en su constante posición social y jurídica
de señora de la casa. Sus virtudes, en este respecto, son el sentido de
la modestia y la destreza en el gobierno de la casa. Penélope es muy8

8 Cí. 'W il a m o w it z , ob. cit., p. 183.


CULTURA Y EDUCACIÓN DE LA NOBLEZA HOMÉRICA 37
alabada por su estricta moralidad y sus cualidades caseras. Aun la pura
belleza de Helena, que ha traído ya tantas desventuras sobre Troya,
basta para que los ancianos de Troya, ante su sola presencia, se
desarmen y atribuyan a los dioses todas sus culpas. En la Odisea
aparece Helena, vuelta entretanto a Esparta con su primer marido,
como el prototipo de gran dama, modelo de distinguida elegancia
y de formas sociales y representación soberanas. Lleva la dirección
en el trato con el huésped que empieza con la graciosa referencia a
su sorprendente parecido familiar aun antes de que el joven Telé-
maco le haya sido presentado. Esto revela su superior maestría en
el arte. La rueca, sin la cual no es posible concebir a la mujer
casera, y que sus sirvientas colocan ante ella cuando entra y toma
asiento en la sala de los hombres, es de plata y el huso de oro. Ambos
son sólo atributos decorativos de la gran dama.
La posición social de la mujer no ha tenido nunca después, entre
los griegos, un lugar tan alto como en el periodo de la caballería
homérica. Arete, la esposa del príncipe feacio, es honrada por la
gente como una divinidad. Basta su presencia para acabar sus dispu­
tas, y determina las decisiones de su marido mediante su intercesión
o su consejo. Cuando Odiseo quiere conseguir la ayuda de los fea-
cios para su retorno a Itaca, por consejo de Nausica, no se dirige
primeramente a su padre, el rey, sino que se abraza suplicante a las
rodillas de la reina, pues su benevolencia es decisiva para la obten­
ción de su súplica. Penélope, desamparada y desvalida, se mueve
entre el tropel de los imprudentes pretendientes con una seguridad
que revela su convicción de que será tratada con el respeto debido
a su persona y a su condición de mujer. La cortesía con que tratan
los señores a ias mujeres de su condición es producto de una cultura
antigua y de una alta educación social. La mujer es atendida y
honrada no sólo como un ser útil, como ocurre en el estadio cam­
pesino que nos describe Hesíodo, no sólo como madre de los hijos
legítimos, como entre la burguesía griega de los tiempos posteriores,
sino, sobre todo y principalmente, porque en una estirpe orgullosa
de caballeros la mujer puede ser la madre de una generación ilus­
tre. Es la mantenedora y custodia de las más altas costumbres y tra­
diciones.
Esta su dignidad espiritual influye también en la conducta eró­
tica del hombre. En el primer canto de la Odisea, que representa
en todo un pensamiento moral más finamente desarrollado que las
partes más viejas de la epopeya, hallamos un rasgo de la relación
intersexual digno de ser observado. Cuando Euriclea, la vieja sir­
vienta de confianza de la casa, ilumina con la antorcha al joven
Telémaco en su paso hacia el dormitorio, cuenta el poeta brevemente
y en tono épico la historia de su vida. El viejo Laertes la adquirió
por un precio excepcionalmente alto cuando era una muchacha joven
y bella. La tuvo en su casa durante toda su vida y la honró como
38 LA PRIMERA GRECIA
a su noble esposa, pero en atención a la suya propia no compartió
nunca con ella el lecho.
La /liada contiene ideas mucho más naturales. Cuando Agamem-
nón decide llevar a su tierra a Criseida, caída como botín de guerra,
y declara ante la asamblea que la prefiere a Clitemnestra, porque no
le es inferior ni en presencia ni en estatura ni en prudencia y lina­
je, es posible que ello sea producto del carácter particular de Agamem-
nón — ya los antiguos comentadores observaron que toda la areté
de la mujer es aquí descrita en un solo verso— , pero la imperiosa
manera con que procede el hombre, por encima de toda consideración,
no es algo aislado en el curso de la Ilíada. Amintor, el padre de
Fénix, disputa con su hijo acerca de su amante, por la cual aban­
dona a su esposa, y el hijo, incitado por su propia madre, corteja
a aquélla y se la sustrae. No se trata de costumbres de guerreros
embrutecidos. Ello ocurre en tiempo de paz.
Frente a ello, las ideas de la Odisea se hallan siempre en un plano
más alto. La más alta ternura e íntimo refinamiento de los senti­
mientos de un hombre que el destino pone ante una mujer, se ma­
nifiesta en el maravilloso diálogo de Odiseo y Nausica, del hombre
lleno de experiencia con la muchacha joven e ingenua. Aquí se des­
cribe la cultura interior por su valor propio, así como en la cuidadosa
descripción que hace el poeta de los jardines reales o de la arqui­
tectura de la casa de Alcinoo o en la complacencia con que se detiene
en el raro y melancólico paisaje de la apartada isla de la ninfa Ca-
lipso. Esta íntima y profunda civilización es producto del influjo
educador de la mujer en una sociedad rudamente masculina, violenta
y guerrera. En la más alta, íntima y personal relación del héroe con
su diosa Palas Atenea que le guía en sus caminos y nunca le aban­
dona, halla su más hermosa expresión el poder espiritual de inspira­
ción y guía de la mujer.
Por lo demás, no debemos limitarnos a sacar conclusiones sobre
el estado de la cultura y la educación en aquellas capas sociales
sobre la base de descripciones ocasionales de la épica; el cuadro
que esbozan los poemas homéricos de la cultura de los nobles com­
prende también vivaces descripciones de la educación usual en aque­
llos círculos. Es preciso tomar para esto las partes más recientes
de la Ilíada conjuntamente con la Odisea. Así como el interés por
lo ético se acentúa fuertemente en las últimas partes de la epopeya,
también se limita el interés consciente por los problemas de la edu­
cación en las partes más recientes. En este respecto nuestra fuente
principal es, al lado de la “ Telemaquia” , el noveno canto de la Iliada.
La idea de colocar la figura del anciano Fénix, como educador y
maestro, al lado de la figura del joven héroe Aquiles, ofrece una
de las más hermosas escenas del poema, aun cuando la invención en
sí tiene indudablemente un origen secundario. Resulta, en efecto,
difícil representarse a los héroes de la Ilíada de otro modo que en
CULTURA Y EDUCACIÓN DE LA NOBLEZA HOMÉRICA 39
el campo de batalla y en su figura madura y acabada. Pocos lectores
de la /liada se formularán la pregunta de cómo aquellos héroes cre­
cieron y se desarrollaron y por qué caminos los habrá conducido la
sabiduría de sus mayores y maestros desde los días de su infancia
hasta el término de su madurez heroica. Las primitivas sagas perma­
necieron completamente alejadas de este punto de vista. Pero con el
inagotable interés por los árboles genealógicos de los héroes, del cual
surgió un nuevo género de poesía épica, se reveló el influjo de las
concepciones feudales en la inclinación a ofrecer historias detalladas
de la juventud de los héroes y a ocuparse de su educación y de sus
maestros.
El maestro por excelencia de los héroes es, en aquel tiempo, el
prudente centauro Quirón, que vivía en los desfiladeros selváticos y
frondosos de las montañas de Pelión en Tesalia. Dice la tradición
que una larga serie de famosos héroes fueron sus discípulos, y que
Peleo, abandonado por Tetis, le confió la custodia de su hijo Aqui-
les. En los tiempos primitivos su nombre fue unido a un poema
didáctico de estilo épico (Xípcovog 'órtO'&fjxai) que contenía la sabidu­
ría pedagógica en una serie de sentencias en verso, probablemente
derivadas, en su contenido, de las tradiciones aristocráticas. Sus doc­
trinas se dirigían, al parecer, a Aquiles. Debió de contener ya mucha
filosofía popular cuando la Antigüedad atribuyó el poema a Hesíodo.
El par de versos que se ha conservado no permite, por desgracia,
ningún juicio seguro sobre él. Pero el hecho de que Píndaro,9 haga
referencias a él, dice mucho sobre su relación con la ética aristocrá­
tica. El mismo Píndaro, que representa una concepción nueva y más
profunda de la relación de la educación con las disposiciones natu­
rales del hombre y que concede escasa importancia a la pura ense­
ñanza en la formación de la arete heroica, debe confesar repetida­
mente, por su piadosa fe en la tradición de las sagas, que los más
grandes hombres de la Antigüedad debieron recibir la enseñanza de
sus mayores impregnados del amor al heroísmo. A veces lo concede
simplemente, a veces se resiste a reconocerlo; en todo caso ha hallado
su conocimiento en una tradición firmemente establecida y evidente­
mente más antigua que la 1liada. Aunque el poeta del canto noveno
pone a Fénix, en lugar de Quirón, como educador de Aquiles, en
otro pasaje de la / liada, Patroclo es invitado a proporcionar a un
guerrero herido un remedio que ha aprendido de Aquiles y que éste
aprendió algún día de Quirón, el más justo de los centauros.10 Ver­
dad es que la enseñanza se limita aquí a la medicina — Quirón fue
también, como es sabido, el maestro de Asclepio. Pero Píndaro lo
menciona también como educador de Aquiles en la caza y en las
altas artes caballerescas y es evidente que ésta fue la concepción
originaria. El poeta de la “ Embajada a Aquiles” no pudo utilizar

9 Pyth., vi, 19 ss.


19 A, 830-832.
40 LA PRIMERA GRECIA
al tosco centauro como mediador, al lado de Áyax y Odiseo, pues sólo
podía parecer como educador de un héroe, un héroe caballeresco. El
cambio debió de fundarse en la experiencia de la vida del poeta, pues
no se separaría sin necesidad de la tradición de las sagas. Como
sustituto de Quirón se escogió a Fénix, que era vasallo de Peleo y
príncipe de los dolopeos.
La crítica ha formulado serias dudas sobre la originalidad del
discurso de Fénix en la embajada y, en general, sobre la figura de
éste, que no aparece en ningún otro lugar de la Ilíada. Y existen,
en efecto, huellas indubitables que demuestran que debe de haber
existido una forma más primitiva de la escena en la cual Odiseo y
Áyax fueron los dos únicos mensajeros enviados por el ejército de
Aquiles. Pero no es posible intentar reconstruir aquella forma me­
diante la simple supresión de la gran amonestación de Fénix, como
lo hacen siempre tales restauraciones aun donde, como aquí, son tan
obvias. En la forma actual del poema la figura del educador se
halla en íntima conexión con los otros dos mensajeros. Como hemos
indicado,11 en su ideal educador, Áyax personifica la acción, Odiseo
la palabra. Sólo se unen ambas en Aquiles, que realiza en sí la
verdadera armonía del más alto vigor espiritual y activo. Quien to­
cara el discurso de Fénix no podría detenerse ante los discursos de
los otros dos y destruiría la estructura artística total del canto.
Pero no sólo a esta consecuencia conduce la crítica ad absurdum,
sino que el supuesto motivo por el cual se admite la inclusión del
discurso de Fénix descansa en el completo desconocimiento del desig­
nio poético del conjunto. El discurso del anciano es, en efecto, extra­
ordinariamente largo, comprende más de cien versos y culmina en
la narración de la cólera de Meleagro que, para el lector superficial,
parece bastarse a sí misma. Se pudo creer que el poeta sacó el
motivo de la cólera de Aquiles de un poema más antiguo sobre la có ­
lera de Meleagro y que quiso aquí citar su fuente, haciendo una
alusión literaria a la manera helenística y dar una especie de resu­
men de aquel poema. Lo mismo si existía, en el tiempo del naci­
miento de este canto, una elaboración poética de la saga de Meleagro
que si la recibió el poeta de una tradición oral, el discurso de Fénix
es el modelo de una protréptica locución del educador a su discípulo
y la larga y lenta narración de la cólera de Meleagro y de sus funes­
tas consecuencias es un paradigma mítico, como otros muchos que
se hallan en los discursos de la ¡liada y de la Odisea. El empleo de
los paradigmas o ejemplos es típico en todas las formas y variedades
de discursos didácticos.12 Nadie con mejores títulos que el anciano
educador, cuya fidelidad y afecto a Aquiles ninguno podía descono­
cer, para aducir el ejemplo admonitor de Meleagro. Fénix podía
pronunciar verdades que Odiseo no hubiera podido decir. En su boca,

11 Ver supra, p. 24.


^ Ver injra, pp. 46 y 52. Ya los antiguos intérpretes indican esto.
CULTURA Y EDUCACIÓN DE LA NOBLEZA HOMÉRICA 41
este intento extremo de doblegar la inquebrantable voluntad del héroe
y de traerlo a razón, adquiere su más grave e íntimo vigor: deja
aparecer, en el caso de su fracaso, la trágica culminación de la acción
como consecuencia de la inflexible negativa de Aquiles.
En parte alguna de la Ilíada es Homero, en tan alta medida, el
maestro y guía de la tragedia, como lo denominó Platón. Así lo sin­
tieron ya los antiguos. La estructura de la Ilíada toma, así, un matiz
ético y educador y la forma del ejemplo pone de relieve el aspecto
fundamental del caso: la acción constructiva de la némesislz sobre la
conciencia. Todo lector siente y comparte íntimamente, en toda su
gravedad, la definitiva decisión del héroe, de la cual depende el des­
tino de los griegos, el de su mejor amigo Patroclo y, en último tér­
mino, su propio destino. El acaecimiento se convierte necesariamente
en un problema general. En el ejemplo de Meleagro Se adivina la
importancia decisiva del pensamiento religioso de até para el poeta
de la Ilíada, tal como se nos ofrece actualmente. Con la alegoría
moral de las litai, las suplicantes, y del endurecimiento del corazón
humano, resplandece este pensamiento como un rayo impío y amena­
zador en una nube tenebrosa.
La idea en su totalidad es de la mayor importancia para la his­
toria de la educación griega. Nos permite descubrir, de una vez, lo
característico de la antigua educación aristocrática. Peleo entrega a
su hijo Aquiles, que carece de toda experiencia en el arte de la
palabra y en la conducta guerrera, a su leal vasallo y se lo da como
compañero en el campo y en la corte real y éste imprime en su
conciencia un alto ideal de conducta humana trasmitido por la tra­
dición. Tal función recae sobre Fénix por sus largos años de con­
ducta fiel para con Aquiles. No es sino la prosecución de una amis­
tad paternal lo que unió al anciano con el héroe desde su más tierna
infancia. Con conmovedoras palabras le recuerda los tiempos de la
niñez, cuando a las horas de las comidas le tenía en sus rodillas
y él no quería estar con nadie más, cómo le preparaba y le cortaba
la comida y le daba a beber de su propio vino y cómo, con fre­
cuencia, devolvía el vino y le mojaba el frente del vestido. Fénix
estuvo con él y lo consideró como su hijo cuando le fueron rehu­
sados los hijos por el trágico juramento de su padre Amintor. Así
pudo esperar en su edad avanzada hallar su protector en el joven
héroe. Pero, además de esta función de ayo y de amigo paternal, es
Fénix el guía de Aquiles en el sentido más profundo de la educación
ética. La tradición de las antiguas sagas nos ofrece ejemplos vivos
de esta educación, no sólo ej (implares de sobrehumano vigor y esfuer­
zo, sino también hombres en cuya sangre fluye la corriente viva de
la experiencia cada vez más profunda de una antigua dignidad cada
día renovada.

I 523.
42 LA PRIMERA GRECIA
El poeta es evidentemente un admirador de la alta educación que
halla su pintura en la figura de Fénix; pero, al mismo tiempo, encuen­
tra el destino de Aquiles, que ha sido formado de acuerdo con el
más alto modelo de la virtud humana, un grave problema. Contra
la poderosa fuerza irracional del hado ciego, de la diosa Até, todo el
arte de la educación humana, todo consejo razonable, resulta impo­
tente. Pero el poeta encarna también, en fuerzas divinas que se ocu­
pan amistosamente de los hombres, los ruegos y argumentos de la
razón. Verdad es que son siempre lentas y tardías tras los ligeros
pies de Até, pero reparan siempre, al fin, los daños que ha causado.
Es preciso honrarlas, como hijas de Zeus, cuando se acercan, y oírlas,
porque ayudan amistosamente a los hombres. Quien las rechaza y
obstinadamente las resiste, cae en manos de Até y expía su culpa con
los males que le inflige. Esta vivida y concreta representación reli­
giosa, todavía exenta de toda abstracción relativa a los demonios
buenos y malos y a su lucha desigual para llegar a la conquista del
corazón humano, expresa el íntimo conflicto entre las pasiones ciegas
y la más clara intelección, considerado como el auténtico problema
de toda educación en el más profundo sentido de la palabra. No hay
que relacionar esto en modo alguno con el concepto moderno de
decisión libre, ni con la idea, correlativa, de culpa. La antigua con­
cepción es mucho más amplia y, por lo mismo, más trágica. El pro­
blema de la imputación no es aquí decisivo, como lo será en el co­
mienzo de la Odisea,14 Pero la ingenua alegría de la educación de
la antigua nobleza empieza aquí, en los más viejos y bellos documen­
tos, a tomar conciencia de los problemas relativos a los límites de toda
educación humana.
La contrafigura del rebelde Pelida se halla en Telémaco, de cuya
educación nos da cuenta el poeta en el primer libro de la Odisea.
Mientras que Aquiles lanza al viento las doctrinas de Fénix y se pre­
cipita a la perdición, Telémaco presta atención a las advertencias
de la diosa, encubierta en la figura del amigo y huésped de su padre,
Mentes. Pero las palabras de Mentes le dicen lo mismo que le ad­
vierten las voces de su propio corazón. Telémaco es el prototipo del
joven dócil, al cual el consejo de un amigo experimentado, gozosa­
mente aceptado, conduce a la acción y a la gloria. En los siguien­
tes cantos, Atenea, de la cual procede siempre — en el sentir de Ho­
mero— la inspiración divina para las acciones afortunadas, aparece a
su vez en la figura de otro amigo, Mentor, y acompaña a Telémaco
en su viaje a Pilos y Esparta. Esta invención procede, evidentemente,
de la costumbre según la cual los jóvenes de la nobleza preeminente
iban acompañados en sus viajes de un ayo o mayordomo. Mentor si­
gue con ojo vigilante todos los pasos de su protegido y le ayuda, en
todo momento, con sus consejos y sus advertencias. Le instruye sobre

14 Ver ¿afra, pp. 46 y 64.


CULTURA Y EDUCACIÓN DE LA NOBLEZA HOMÉRICA 43
las formas de una conducta social adecuada siempre que se siente
íntimamente inseguro en situaciones nuevas y difíciles. Le enseña cómo
debe dirigirse a los preeminentes y ancianos señores Néstor y Menelao
y cómo debe formularles su ruego para estar seguro del éxito. La
bella relación de Telémaco con Mentor, cuyo nombre ha servido desde
el Telémaco de Fénelon para designar al viejo amigo protector, maes­
tro y guía, se funda en el desarrollo del motivo pedagógico15 que
domina toda la “ Telemaquia” y que todavía ahora hemos de conside­
rar con la mayor atención. Parece claro que no era sólo la intención
del poeta mostrarnos unas cuantas escenas de los medios cortesanos.
El alma de esta encantadora narración humana es el problema, que
con clara conciencia plantea el poeta, de convertir al hijo de Odiseo
en un hombre superior, apto para realizar acciones juiciosas y coro­
nadas por el éxito. Nadie puede leer el poema sin tener la impresión
de un propósito pedagógico deliberado y consciente, aunque muchas
partes no muestren traza alguna de él. Esta impresión deriva del he­
cho de que, paralelamente a la acción exterior de Telémaco, se des­
arrolla el aspecto universal y aun prototípico de los sucesos íntimos
y espirituales que constituyen su propio y auténtico fin.
Un problema decisivo se suscita al análisis crítico del nacimiento
de la Odisea. ¿Fue la “ Telemaquia” un poema originariamente inde­
pendiente o se halló, desde un principio, incluido en la epopeya tal
como lo hallamos h oy? Incluso si alguna vez ha habido un poema
consagrado a Telémaco, sólo es posible llegar a la plena comprensión
de esta parte de la Odisea a la luz de los intereses de una época que
pudiera sentir como actual la situación de aquel joven y compartir
con vigor sus problemas pedagógicos, constituida de tal modo que
pudiera dar libre curso a la elaboración de aquellas ideas. De otra
parte, el nacimiento de Telémaco, la situación de su patria y los nom­
bres de sus padres no ofrecían un núcleo suficiente de hechos con­
cretos a la fantasía creadora. Pero el motivo tiene su propia lógica
y el poeta lo desarrolla de acuerdo con ella. En el conjunto de la
Odisea constituye una bella invención compuesta de dos partes sepa­
radas: Odiseo, alejado y retenido en la isla de la amorosa ninfa,
rodeada por el mar, y su hijo inactivo, esperándole en el hogar aban­
donado. Ambos se ponen al mismo tiempo en movimiento para
reunirse al fin y asistir al retorno del héroe. El medio que pinta el
poeta es la sede del noble caballero. Al comienzo, Telémaco es un
joven desamparado ante la inclemencia de los pretendientes de su
madre. Contempla resignado la conducta insolente de éstos sin la ener­
gía necesaria para tomar una. decisión que acabe con ella. Suave,
dócil e inhábil, no es capaz de desmentir su ingénita distinción ante
los verdugos de su casa, ni mucho menos de mantener enérgicamente
sus derechos. Este joven pasivo, amable, sensible, doliente y sin es­

15 E. S chwartz, Die Odyssee (Munich, 1924), p. 253, nos refiere de manera


muy expresiva el elemento pedagógico en la “ Telemaquia” .
44 LA PRIMERA GRECIA
peranza, hubiera sido un aliado inútil para la lucha ruda y decisiva
y para la venganza de Odiseo, a su retorno al hogar, y éste hubiera
debido oponerse a los pretendientes sin ayuda alguna. Atenea lo con­
vierte en el compañero de lucha, valeroso, decidido y osado.
Contra la afirmación de una consciente formación pedagógica de
la figura de Telémaco, en los cuatro primeros cantos de la Odisea,
se ha objetado que la poesía griega no ofrece representación alguna
del desarrollo de un carácter.16 Ciertamente no es la Odisea una no­
vela pedagógica moderna, y el cambio en el carácter de Telémaco
no puede ser considerado como un desarrollo en el sentido actual.
En aquel tiempo sólo podía ser explicado como obra de la inspira­
ción divina. Pero la inspiración no ocurre, como es frecuente en la
epopeya, de un modo puramente mecánico, mediante el mandato de
un dios o simplemente en sueños. No actúa como un influjo mágico,
sino como instrumento natural de la gracia divina, que ejerce un
influjo consciente sobre la voluntad y el intelecto del joven, destina­
do, en el futuro, a una misión heroica. No se necesita más que un
impulso exterior para suscitar en Telémaco la íntima y necesaria dis­
posición hacia la iniciativa y la acción. La acción conjunta de distin­
tos factores, el íntimo impulso que no halla por sí mismo el camino
de la acción, ni se pone por sí mismo en movimiento, el buen na­
tural de Telémaco, la ayuda y el favor divinos y el momento decisivo
de la resolución, se destacan y matizan con la mayor finura. Todo
ello revela la profunda inteligencia del poeta del problema que se
ha planteado. La técnica épica le permite reunir en la unidad de
una sola acción la intervención divina y el influjo natural educador,
haciendo que Atenea hable a Telémaco en la figura del viejo amigo
y huésped, Mentes. Este procedimiento acerca la invención al senti­
miento natural humano, de tal modo que todavía hoy se nos aparece en
su íntima verosimilitud. Nos parece natural la acción liberadora de
las fuerzas juveniles realizada por todo acto verdaderamente educa­
dor y la conversión de la sorda sujeción en actividad libre y gozosa.
Todo ello es un ímpetu divino, un milagro natural. Así como Ho­
mero considera el fracaso del educador, en su última y más difícil
tarea de doblegar la orientación que el destino ha impuesto a Aquiles,
como una acción adversa de los demonios, reconoce y venera pia­
dosamente, en la transformación de Telémaco de un joven indeciso
en un verdadero héroe, la obra de una charis, de la gracia divina.
La conciencia y la acción educadora de los griegos en sus más altos
momentos es plenamente consciente de este elemento imponderable. Lo

16 Así W ilamowitz , ob. cit., pero ver R. P feiffer, DLZ. 1928, 2368. Me
parece que se trata menos de la norma divina de la educación aristocrática que
de la conducción divina en la vida y obras personales de Telémaco. Cuyo sen­
tido especial, en este caso pedagógico, no es puesto en duda por el hecho de
que Atenea intervenga también constantemente en la Odisea, siendo “ además”
un mero medio de la técnica épica, como dice F. Jacoby , ob. cit., p. 169, contra
Pfeiffer. Lo divino actúa en la vida en formas muy diferentes.
CULTURA Y EDUCACIÓN DE LA NOBLEZA HOMÉRICA 45
hallaremos de nuevo, de la manera más clara, en los dos grandes aris­
tócratas Píndaro y Platón.
La misma Atenea señala el discurso que, en la figura de Mentes,
dirige a Telémaco, en el canto primero de la Odisea, como una amo­
nestación educadora.17 Deja madurar en Telémaco la resolución de
tomar la justicia por su mano, de enfrentarse abiertamente con los
pretendientes y hacerlos responsables de su conducta ante la publici­
dad del ágora y de pedir ayuda para su plan de averiguar el paradero
de su perdido padre. Fracasado su intento ante la asamblea, decide,
por un súbito cambio, lleno de consecuencias, abordar el problema
con sus propias manos y emprender secretamente el peligroso viaje,
por cuyas experiencias llegará a ser un hombre. En esta Telemachou
paideia no falta ningún rasgo esencial: ni los consejos de un viejo
amigo experimentado; ni el influjo delicado y sensible de la madre
temerosa y llena de cuidado por su único hijo y a la cual no será
conveniente consultar en el momento decisivo, porque no sería capaz
de comprender la súbita elevación de su hijo, largo tiempo mimado,
sino más bien de frenarlo con sus temores; ni la imagen ejemplar
de su padre perdido, que actúa como un factor capital; ni el viaje
al extranjero, a través de cortes amigas, donde entabla conocimiento
con nuevos hombres y nuevas relaciones; ni el consejo alentador y la
benévola confianza de hombres importantes que le prestan su ayuda
y entre los cuales halla nuevos amigos y bienhechores; ni la pruden­
cia protectora, en fin, de una fuerza divina que le allana el camino,
le tiende benignamente la mano y no permite que perezca en el pe­
ligro. Con la más cálida simpatía pinta el poeta su íntima confusión
cuando en una pequeña isla, Telémaco, educado en la simplicidad
de la nobleza rural, entra por primera vez en el gran mundo, para
él desconocido, y es huésped de grandes señores. Y en el interés que
todos toman por él, dondequiera que vaya, se muestra que, aun en
las más difíciles e insospechadas situaciones, no abandonan al inex­
perto joven los beneficios de sus buenas costumbres y de su educación
y que el nombre de su padre le allana el camino.
En un punto es preciso insistir, porque es de la mayor importan­
cia para la comprensión de la estructura espiritual del ideal peda­
gógico de la nobleza. Se trata de la significación pedagógica del
ejemplo. En los tiempos primitivos, cuando no existe una recopilación
de leyes ni un pensamiento ético sistematizado, aparte unos pocos
preceptos religiosos y la sabiduría proverbial, trasmitida oralmente
de generación en generación, nada tan eficaz, para guía de la propia
acción, como el ejemplo y el modelo. Al lado del influjo inmediato
del contorno y especialmente de la casa paterna, que se muestra tan
poderoso en la Odisea en las dos figuras de Telémaco y de Nausica,
se halla la enorme riqueza de ejemplos famosos trasmitidos por la tra-

17 a 279 iotOTÍDeaOcu, verbo de vJtoOfíxou, Que es la palabra propia para


“ discurso instructivo” ; cf. P. F r ie d l a e n d e r , Hermes 48 (1913), 57Í.
46 LA PRIMERA GRECIA
dición de las sagas. Les corresponde acaso, en la estructura social
del mundo arcaico, un lugar análogo al que tiene entre nosotros la
historia, incluyendo la historia bíblica. Las sagas contienen todo
el tesoro de bienes espirituales que constituyen la herencia y el ali­
mento de toda nueva generación. El educador de Aquiles, en la
Ilíada, evoca en su gran amonestación el ejemplo aleccionador de
la cólera de Meleagro. Del mismo modo, no falta en la educación
de Telémaco el ejemplo alentador adecuado al caso. El modelo es, en
este caso, Orestes, que venga a su padre en Egisto y Clitemnestra.
Se trataba también, en este caso, de un episodio de la gran tragedia,
rica en ejemplos particulares, del retorno del héroe. Agamemnón fue
muerto inmediatamente después de su retorno de Troya. Odiseo per­
maneció veinte años alejado de su hogar. Esta distancia de tiempo
fue suficiente al poeta para poder situar el acto de Orestes y su per­
manencia en Fócida antes del comienzo de la acción de la Odisea. El
hecho era reciente, pero la fama de Orestes se había extendido ya
por toda la tierra y Atenea lo refiere a Telémaco con palabras encen­
didas. Así como, en general, los ejemplos de las sagas ganan en
autoridad con su antigüedad venerable — Fénix, en su discurso18 a
Aquiles, evoca la autoridad de los tiempos antiguos y de sus héroes—
en el caso de Orestes y Telémaco, por el contrario, lo impresionante
del ejemplo consiste en la semejanza de ambas situaciones tan próxi­
mas en el tiempo.
El poeta concede evidentemente la mayor importancia al motivo
del ejemplo. “ No debes vivir ya como un niño, dice Atenea a Telé-
maco, tienes demasiada edad para ello. ¿N o has oído el alto honor
que ha merecido Orestes, en el mundo entero, por el hecho de haber
matado al pérfido asesino Egisto, que mató a su padre? También
tú, amigo mío — veo que eres bello y gallardo— , tienes la fuerza
suficiente para que un día las nuevas generaciones te ensalcen.” 19
Sin el ejemplo carecería la enseñanza de Atenea de la fuerza de con­
vicción que descansa en él. Y en el difícil caso del empleo de la
fuerza, la evocación de un modelo ilustre es doblemente necesaria
para impresionar al tierno joven. Ya en la Asamblea de los dioses,
hace explicar el poeta a Zeus mismo el problema de la recompensa
moral, tomando como ejemplo a Egisto y Orestes.20 Así evita toda
posibilidad de escrúpulo moral aun para la conciencia más sensible,
cuando posteriormente se refiere Atenea al mismo caso. La impor­
tancia capital del ejemplo aparece de nuevo en el curso ulterior de
la acción. Así, en el discurso de Néstor a Telémaco,21 donde el vene­
rable anciano interrumpe su narración, relativa al destino de Aga­
memnón y su casa, para proponer a Orestes, como modelo, a Telé-
m aco; y éste le contesta exclamando: “ Con razón tomó Orestes
venganza y los aqueos esparcirán su gloria por el mundo entero y

is I 524-27. i» a 298. 20 a 32-47. 21 y 195-200.


CULTURA Y EDUCACIÓN DE LA NOBLEZA HOMÉRICA 47
será cantada por las futuras generaciones. ¡Cuándo los dioses me
otorgarán la fuerza necesaria para tomar venganza de los pretendien­
tes por sus vergonzosas transgresiones!” El mismo ejemplo se repite
al final de la narración de Néstor.22 Y al final de cada una de las
dos partes principales de su largo discurso, lo refiere, de un modo
expreso y con marcado acento, al caso de Telémaco.
Esta repetición es naturalmente intencionada. La evocación del
ejemplo de los famosos héroes y de los sagas forma, para el poeta,
parte constitutiva de toda ética y educación aristocráticas. Habremos
de insistir en el valor de este hecho para el conocimiento esencial de
los poemas épicos y de su raíz en la estructura de la sociedad ar­
caica. Pero aun para los griegos de los siglos posteriores, tienen
los paradigmas su significación, como categoría fundamental de la
vida y del pensamiento.23 Basta recordar el uso de los ejemplos mí­
ticos en Píndaro, elemento esencial de sus cantos triunfales. Sería
erróneo interpretar ese uso, que se extiende a la totalidad de la poesía
griega y a una parte de su prosa, como un simple recurso estilístico.24
Se halla en íntima conexión con la esencia de la ética aristocrática,
y originariamente conservaba, aun en la poesía, su significación pe­
dagógica. En Píndaro, aparece con constancia el verdadero sentido
de los paradigmas míticos. Y si se considera que, en último término,
la estructura íntima del pensamiento de Platón es, en su totalidad,
paradigmática y que caracteriza a sus ideas como “ paradigmas fun­
dados en lo que es” , resultará perfectamente claro el origen de esta
forma de pensamiento. Se verá también que la idea filosófica de
“ bien” , o más estrictamente del ay odióv, este “ modelo” de validez
universal, procede directamente de la idea de modelo de la ética
de la arete, propia de la antigua nobleza. El desarrollo de las for­
mas espirituales de la educación noble, reflejada en Homero, hasta
la filosofía de Platón, a través de Píndaro, es absolutamente orgánica,
permanente y necesaria. No es una “ evolución” en el sentido semi-
naturalista que acostumbra emplear la investigación histórica, sino
un desarrollo esencial de una forma originaria del espíritu griego, que
permanece idéntico a sí mismo, en su estructura fundamental, a través
de todas las fases de su historia.

22 Y 306-316.
23 Me propongo estudiar la evolución histórica de esta forma mental en una
investigación aparte.
24 Robert O ehler estudia esto en la primitiva poesía griega, Mythologische
Exempla in der alteren griechischen Dichtung, Diss. Basilea, 1925. Partió de una
sugestión del libro de G. W. N itzsch , Sagenpoesie der Griechen (1852), pero
no ha reparado bastante en la conexión de la aparición del estilo con los pa­
radigmas de la vieja ética aristocrática.
III. HOMERO EL EDUCADOR

C uenta Platón que era una opinión muy extendida en su tiempo


la de que Homero había sido el educador de la Grecia toda.1 Desde
entonces su influencia se extendió mucho más allá de los límites de
Hélade. La apasionada crítica filosófica de Platón, al tratar de li­
mitar el influjo y la validez pedagógica de toda poesía, no logra
conmover su dominio. La concepción del poeta como educador de
su pueblo — en el sentido más amplio y más profundo— fue fami­
liar desde el origen, y mantuvo constantemente su importancia. Sólo
que Homero fue el ejemplo más notable de esta concepción general
y, por decirlo así, su manifestación clásica. Haremos bien en tomar
esta concepción del modo más serio posible y en no estrechar nuestra
comprensión de la poesía griega sustituyendo el juicio propio de los
griegos por el dogma moderno de la autonomía puramente estética
del arte. Aunque ésta caracterice ciertos tipos y periodos del arte
y de la poesía, no procede de la poesía griega y de sus grandes
representantes ni es posible aplicarla a ellos. Es característico del pri­
mitivo pensamiento griego el hecho de que la estética no se halla
separada de la ética. El proceso de su separación aparece relativa­
mente tarde. Todavía para Platón la limitación del contenido de ver­
dad de la poesía homérica lleva inmediatamente consigo una dismi­
nución de su valor. Por primera vez, la antigua retórica fomentó
la consideración formal del arte y, finalmente, el cristianismo con­
virtió la valoración puramente estética de la poesía en una actitud
espiritual predominante. Ello le hacía posible rechazar la mayor parte
del contenido ético y religioso de los antiguos poetas como errónea
e impía, y reconocer, al mismo tiempo, la forma clásica como un
instrumento de educación y fuente de goce. Desde entonces la poesía
no ha dejado de evocar y conjurar de su mundo de sombras a los
dioses y los héroes de la “ mitología” pagana; pero aquel mundo es
considerado como un juego irreal de la pura fantasía artística. Fácil
nos es considerar a Homero desde esta estrecha perspectiva, pero con
ello nos impedimos el acceso a la inteligencia de los mitos y de la
poesía en su verdadero sentido helénico. Nos repugna, naturalmente,
ver cómo la poética filosófica tardía del helenismo interpreta la edu­
cación de Homero como una resaca y racionalista fabula docet o
cómo, de acuerdo con los sofistas, hace de la épica una enciclopedia
de todas las artes y las ciencias. Pero esta quimera de la escolástica
no es sino la degeneración de un pensamiento en sí mismo justo que,
1 P latón , Rep., 606 E, piensa en los “ adoradores de Homero” , que no sólo
lo ensalzan para complacencia, sino como guía de la vida. La misma oposición
en J enófanes , frag. 9, Diehl.
48
HOMERO EL EDUCADOR 49
como todo lo bello y verdadero, se hace grosero en manos rudas.
Por mucho que semejante utilitarismo repugne, con razón, a nuestro
sentido estético, no deja de ser evidente que Homero, como todos los
grandes poetas de Grecia, no debe ser considerado como simple ob­
jeto de la historia formal de la literatura, sino como el primero y el
más grande creador y formador de la humanidad griega.
Se imponen aquí algunas observaciones sobre la acción educadora
de la poesía griega en general y, de un modo muy particular, de
la de Homero. La poesía sólo puede ejercer esta acción si pone en
vigor todas las fuerzas estéticas y éticas del hombre. Pero la rela­
ción entre el aspecto ético y estético no consiste solamente en el hecho
de que lo ético nos sea dado como una “ materia” accidental, ajena
al designio esencial propiamente artístico, sino en que la forma norma­
tiva y la forma artística de la obra de arte se hallan en una acción
recíproca y aun tienen, en lo más íntimo, una raíz común. Mostra­
remos cómo el estilo, la composición, la forma, en el sentido de su
específica calidad estética, se halla condicionada e inspirada por la
figura espiritual que encarna. No es, naturalmente, posible hacer de
esta concepción una ley estética general. Existe y ha existido en todo
tiempo un arte que prescinde de los problemas centrales del hombre
y debe ser entendido sólo de acuerdo con su idea formal. Existe in­
cluso un arte que se burla de los denominados asuntos elevados o
permanece indiferente ante los contenidos y los objetos. Claro es que
esta frivolidad artística deliberada tiene a su vez efectos “ éticos” , pues
desenmascara sin consideración alguna los valores falsos y conven­
cionales y actúa como una crítica purificadora. Pero sólo puede ser
propiamente educadora una poesía cuyas raíces penetren en las capas
más profundas del ser humano y en la que aliente un ethos, un anhelo
espiritual, una imagen de lo humano capaz de convertirse en una
constricción y en un deber. La poesía griega, en sus formas más altas,
no nos ofrece simplemente un fragmento cualquiera de la realidad,
sino un escorzo de la existencia elegido y considerado en relación
con un ideal determinado.
Por otra parte, los valores más altos adquieren generalmente, me­
diante su expresión artística, el significado permanente y la fuerza
emocional capaz de mover a los hombres. El arte tiene un poder
ilimitado de conversión espiritual. Es lo que los griegos denomina­
ron psicagogia. Sólo él posee, al mismo tiempo, la validez universal
y la plenitud inmediata y vivaz que constituyen las condiciones más
importantes de la acción educadora. Mediante la unión de estas dos
modalidades de acción espiritual supera al mismo tiempo a la vida
real y a la reflexión filosófica. La vida posee plenitud de sentido,
pero sus experiencias carecen de valor universal. Se hallan demasia­
do interferidas por sucesos accidentales para que su impresión pueda
alcanzar siempre el mayor grado de profundidad. La filosofía y la
reflexión alcanzan la universalidad y penetran en la esencia de las
50 LA PRIMERA GRECIA
cosas. Pero actúan tan sólo en aquellos para los cuales sus pensa­
mientos llegan a adquirir la intensidad de lo vivido personalmente.
De ahí que la poesía aventaje a toda enseñanza intelectual y a toda
verdad racional, pero también a las meras experiencias accidentales
de la vida individual. Es más filosófica que la vida real (si nos es
permitido ampliar el sentido de una conocida frase de Aristóteles).
Pero, es, al mismo tiempo, por su concentrada realidad espiritual,
más vital que el conocimiento filosófico.
Estas consideraciones no son, en modo alguno, válidas para la
poesía de todas las épocas, ni tan siquiera, sin excepción, para la de
los griegos. No se limitan tampoco sólo a ésta. Pero la afectan más
que a otra alguna y de ella derivan en lo fundamental. Reproduci­
mos, con ellas, los puntos de vista a que llegó el sentimiento artístico
griego al ser elaborado filosóficamente en tiempos de Platón y de
Aristóteles, sobre la base de la gran poesía de su propio pueblo. A
pesar de algunas variaciones en el detalle, la concepción del arte de
los griegos permaneció, en este respecto, idéntica en tiempos poste­
riores. Y puesto que nació en una época en que existía un sentido
más vivo de la poesía y específicamente de la poesía helénica, es
necesario y correcto preguntarnos por su validez en los tiempos de
Homero. En tiempo alguno alcanzaron aquellos ideales una validez
tan amplia sobre la forma artística y su acción en la formación de
la posteridad como en los poemas homéricos. En la epopeya se ma­
nifiesta la peculiaridad de la educación helénica como en ningún
otro poema. Ningún otro pueblo ha creado por sí mismo formas de
espíritu paralelas a la mayoría de las de la literatura griega posterior.
De ella nos vienen la tragedia, la comedia, el tratado filosófico, el
diálogo, el tratado científico sistemático, la historia crítica, la bio­
grafía, la oratoria jurídica y encomiástica, la descripción de viajes las
memorias, las colecciones de cartas, las confesiones y los ensayos. Ha­
llamos, en cambio, en otros pueblos en el mismo estadio de desarrollo
una organización social de las clases sociales — nobles y pueblo— , un
ideal aristocrático del hombre y un arte popular que traduce en can­
tos heroicos la concepción de la vida dominante, análogos a los de
los griegos primitivos. Y de los cantos heroicos surgió, también, como
entre los griegos, una epopeya, entre los indios, los germanos, los pue­
blos romanos, los fineses y algunos pueblos nómadas del Asia cen­
tral. Nos hallamos en condiciones de comparar la poesía épica de las
más distintas estirpes, razas y culturas y llegar así al mejor conoci­
miento de la épica griega.
Se han observado con frecuencia las vigorosas similitudes de todos
esos poemas, nacidos del mismo grado de desarrollo antropológico.
La poesía heroica helénica de los tiempos más antiguos comparte,
con la de otros pueblos, los rasgos primitivos. Pero su semejanza
se refiere sólo a caracteres exteriores condicionados por el tiempo,
no a la riqueza de su sustancia humana ni a la fuerza de su forma
HOMERO EL EDUCADOR 51
artística. Ninguna épica de ningún pueblo ha acuñado de un modo
tan completo y alto aquello que hay de imperecedero, a pesar de
todos los “ progresos” burgueses, en el estadio heroico de la existen­
cia humana ni su sentido universal del destino y la verdad perdurable
sobre la vida. Ni tan siquiera poemas como los de los pueblos ger­
manos, tan profundamente humanos y tan próximos a nosotros, pue­
den compararse, por la amplitud y la permanencia de la acción, con
los de Homero. La diferencia entre su significación histórica en la
vida de su pueblo y la de la épica medieval, germana o francesa,
se manifiesta por el hecho de que la influencia de Homero se exten­
dió, sin interrupción, a través de más de un millar de años, mientras
que la épica medieval cortesana fue pronto olvidada, tras la deca­
dencia del mundo caballeresco. La fuerza vital de la épica homérica
produjo todavía en la época helenística, en la cual se buscaba a todo
un fundamento científico, una nueva ciencia, la filología, consagrada
a la investigación de su tradición y de su forma originaria, la cual
vivió exclusivamente de la fuerza imperecedera de aquellos poemas.
Los polvorientos manuscritos de la épica medieval, de la Canción de
Rolando, Beowulf y los Nibelungos dormitaban, en cambio, en las
bibliotecas y fue necesario que una erudición previamente existente
los descubriera de nuevo y los sacara a la luz. La Divina comedia
de Dante es el único poéma épico de la Edad Media que ha alcanzado
un lugar análogo no sólo en la vida de su propia nación, sino de
la humanidad entera. Y ello por una razón análoga. El poema
de Dante, aunque condicionado por el tiempo, se eleva, por la pro­
fundidad y la universalidad de su concepción del hombre y de la
existencia, a una altura que sólo alcanza el espíritu inglés en Shakes­
peare y el alemán en Goethe. Verdad es que los estadios primitivos
de la expresión poética de un pueblo se hallan condicionados de un
modo más vigoroso por las particularidades nacionales. La inteli­
gencia de su peculiaridad por otros pueblos y tiempos se halla nece­
sariamente limitada. La poesía arraigada en el suelo — y no hay
ninguna verdadera poesía que no lo esté— sólo se eleva a una vali­
dez universal en cuanto alcanza el más alto grado de universalidad
humana. El hecho de que Homero, el primero que entra en la histo­
ria de la poesía griega, se haya convertido en el maestro de la hu­
manidad entera, demuestra la capacidad única del pueblo griego para
llegar al conocimiento y a la formulación de aquello que a todos
nos une y a todos nos mueve.
Homero es el representante de la cultura griega primitiva. He­
mos apreciado ya su valor como “ fuente” de nuestro conocimiento
histórico de la sociedad griega más antigua. Pero su pintura inmor­
tal del mundo caballeresco es algo más que un reflejo involuntario
de la realidad en el arte. Este mundo de grandes tradiciones y exi­
gencias es la esfera de la vida más alta en la cual la poesía homérica
ha triunfado y de la cual se ha nutrido. El pathos del alto destino
52 LA PRIMERA GRECIA
heroico del hombre es el aliento espiritual de la ¡liada. El ethos de
la cultura y de la moral aristocráticas halla el poema de su vida
en la Odisea. La sociedad que produjo aquella forma de vida tuvo
que desaparecer sin dejar testimonio alguno al conocimiento histó­
rico. Pero su pintura ideal, incorporada a la poesía homérica, llegó
a convertirse en el fundamento viviente de toda la cultura helénica.
Hólderlin ha dicho: “ Lo perdurable es la obra de los poetas.” Este
verso expresa la ley fundamental de la historia de la cultura y de
la educación helénicas. Sus piedras fundamentales se hallan en la
obra de los poetas. De grado en grado y de un modo creciente des­
arrolla la poesía griega, con plena conciencia, su espíritu educador.
Podría, acaso, preguntarse cómo es compatible la actitud plenamente
objetiva de la epopeya con este designio. Hemos mostrado ya en el
análisis precedente de la Embajada a Aquiles y de la “ Telemaquia” ,
mediante ejemplos concretos, la intención educadora de aquellos can­
tos. Pero la importancia educadora de Homero es evidentemente más
amplia. No se limita al planteamiento expreso de determinados pro­
blemas pedagógicos ni a algunos pasajes que aspiran a producir un
determinado efecto ético. La poesía homérica es una vasta y com ­
pleja obra del espíritu que no es posible reducir a una fórmula única.
Al lado de fragmentos relativamente recientes, que revelan un interés
pedagógico expreso, se hallan otros pasajes en los cuales el interés
por los objetos descritos aleja la posibilidad de pensar en un doble
designio ético. El canto noveno de la 1liada o la “ Telemaquia” revelan
en su actitud espiritual una voluntad tan decidida de producir un
efecto consciente, que se aproximan a la elegía. Hemos de distinguir
de ellos otros fragmentos en los cuales se revela, por decirlo así, una
educación objetiva, que no tiene nada que ver con el propósito del
poeta, sino que se funda en la esencia misma del canto épico. Ello
nos conduce a los tiempos relativamente primitivos donde se halla el
origen del género.
Homero nos ofrece múltiples descripciones de los antiguos aedos,
de cuya tradición artística ha surgido la épica. El propósito de aque­
llos cantores es mantener vivos en la memoria de la posteridad los
“ hechos de los hombres y de los dioses” .2 La gloria, y su manteni­
miento y exaltación, constituye el sentido propio de los cantos épicos.
Las antiguas canciones heroicas eran muchas veces denominadas “ glo­
rias de los hombres” .3 El cantor del primer canto de la Odisea recibe
del poeta, que ama los nombres significativos, el nombre de Femio,
es decir, portador de la fama, conocedor de la gloria. El hombre
del cantor feacio Demódoco contiene la referencia a la publicidad de
su profesión. El cantor, como mantenedor de la gloria, tiene una
posición en la sociedad de los hombres. Platón cuenta el éxtasis
entre las bellas acciones del delirio divino y describe el fenómeno
originario que se manifiesta en el poeta, en relación con él.4 “ La po-

2 a 337. 3 xXéa avégcov, I 189, 524; 0 73. 4 P latón , Fedro, 245 A.


HOMERO EL EDUCADOR 53
sesión y el delirio de las musas se apoderan de un alma bendita y
tierna, la despiertan y la arroban en cantos y en toda suerte de
creaciones poéticas, y en tanto que glorifica los innumerables hechos
del pasado, educa a la posteridad.” Tal es la concepción originaria­
mente helénica. Parte de la unión necesaria e inseparable de toda poe­
sía con el mito — el conocimiento de los grandes hechos del pasado—
y de ahí deriva la función social y educadora del poeta. Ésta no
consiste para Platón en ningún género de designio consciente de in­
fluir en los oyentes. El solo hecho de mantener, mediante el canto,
viva la gloria, es ya, por sí, una acción educadora.
Hemos de recordar aquí lo que dijimos antes, sobre la significa­
ción del ejemplo para la ética aristocrática de Homero. Hablamos,
entonces, de la importancia educadora de los ejemplos creados por
el mito — así las advertencias o estímulos de Fénix a Aquiles, de
Atenea a Telémaco. El mito tiene en sí mismo esta significación
normativa, incluso cuando no es empleado de un modo expreso como
modelo o ejemplo. No lo es, en primer término, por la compara­
ción de un suceso de la vida corriente con el correspondiente acae­
cimiento ejemplar del mito, sino por su misma naturaleza. La tra­
dición del pasado refiere la gloria, el conocimiento de lo grande y
lo noble, no un suceso cualquiera. Lo extraordinario obliga aun­
que sólo sea por el simple reconocimiento del hecho. El cantor, em­
pero, no se limita a referir los hechos. Alaba y ensalza cuanto en
el mundo es digno de elogio y alabanza. Así como los héroes de
Homero reclaman, ya en vida, el honor debido y se hallan recípro­
camente dispuestos a otorgar a cada cual la estimación debida, todo
auténtico hecho heroico se halla hambriento de honor. Los mitos y
las leyendas heroicas constituyen el tesoro inextinguible de ejemplos
y modelos de la nación. De ellos saca su pensamiento, los ideales y
normas para la vida. Prueba de la íntima conexión de la épica y el
mito es el hecho de que Homero use paradigmas míticos para todas
las situaciones imaginables de la vida en que un hombre puede en­
frentarse con otro para aconsejarle, advertirle, amonestarle, exhor­
tarle, prohibirle u ordenarle algo. Tales ejemplos no se hallan ordi­
nariamente en la narración, sino en los discursos de los personajes
épicos. Los mitos sirven siempre de instancia normativa a la cual
apela el orador. Hay en su intimidad algo que tiene validez univer­
sal. No tiene un carácter meramente ficticio, aunque sea sin duda
alguna, originariamente, el sedimento de acaecimientos históricos que
han alcanzado su magnitud y la inmortalidad, mediante una larga
tradición y la interpretación glorificadora de la fantasía creadora de
la posteridad. No de otro modo es preciso interpretar la unión de la
poesía con el mito que ha sido para los griegos una ley invariable.
Se halla en íntima conexión con el origen de la poesía en los cantos
heroicos, con la idea de los cantos de alabanza y la imitación de los
héroes. La ley no vale más allá de la alta poesía. A lo sumo hallamos
54 LA PRIMERA GRECIA
lo mítico, como un elemento idealizador, en otros géneros, como en la
lírica. La épica constituye, originariamente, un mundo ideal. Y
el elemento de idealidad se halla representado en el pensamiento grie­
go primitivo por el mito.
Este hecho actúa en la epopeya aun en todos los detalles de estilo
y de estructura. Una de las peculiaridades del lenguaje épico es el
uso estereotipado de epítetos decorativos. Este uso deriva directa­
mente del espíritu original de los antiguos vXía ávópóüv. En nuestra
gran epopeya, precedida por una larga evolución de los cantos heroi­
cos, estos epítetos pierden por el uso su vitalidad, pero son impuestos
por la convención del estilo épico. Los epítetos aislados no son ya
siempre usados con una significación individual y característica. Son,
en una gran medida, ornamentales. Constituyen, sin embargo, un
elemento indispensable de este arte, acuñado por una tradición de
siglos y aparecen constantemente en él aun donde no hacen falta e
incluso cuando perturban. Los epítetos han pasado a ser ya un sim­
ple ingrediente de la esfera ideal donde es enaltecido cuanto toca
la narración épica. Aun más allá del uso de los epítetos, domina en
las descripciones y pinturas épicas este tono ponderativo, ennoblecedor
y transfigurador. Todo lo bajo, despreciablemente innoble, es supri­
mido del mundo épico. Ya los antiguos observaron cómo eleva Ho­
mero a aquella esfera aun las cosas en sí más insignificantes. Dión
de Prusa, que apenas tuvo clara conciencia de la conexión profunda
entre el estilo ennoblecedor y la esencia de la épica, contrapone a
Homero al crítico Arquíloco y observa que los hombres necesitan,
para su educación, mejor la censura que la alabanza.5 Su juicio nos
interesa aquí menos porque expresa un punto de vista pesimista
opuesto a la antigua educación de los aristócratas y su culto del
ejemplo. Veremos más tarde sus presuposiciones sociales. Pero ape­
nas es posible describir, de un modo más certero, la naturaleza del
estilo épico y su tendencia idealizadora, que con las palabras de aquel
retórico lleno de fina sensibilidad para las cosas formales. “ Homero,
dice, ha ensalzado to d o : animales y plantas, el agua y la tierra, las
armas y los caballos. Podemos decir que no pasó sobre nada sin elo­
gio y alabanza. Incluso al único que ha denostado, Tersites, lo deno­
mina orador de voz clara.”
La tendencia idealizadora de la épica, conectada con su origen
en los antiguos cantos heroicos, la distingue de las demás formas
literarias y la otorga un lugar preeminente en la historia de la edu­
cación griega. Todos los géneros de la literatura griega surgen de
las formas primarias y naturales de la expresión humana. Así, la
poesía mélica nace de las canciones populares, cuyas formas cambia
y enriquece artísticamente; el yambo, de los cantos de las fiestas
dionisiacas; los himnos y el prosodion, de los servicios divinos; los epi­

5 D ión de P rijsa , Gr., x x x m , 2.


HOMERO EL EDUCADOR 55
talamios, de las ceremonias populares de las bodas; las comedias,
de los komos; las tragedias, de los ditirambos. Podemos dividir las
formas originarias, a partir de las cuales se desarrollan los géneros
poéticos posteriores, en aquellas que pertenecen a los servicios divi­
nos, las que se refieren a la vida privada y las que se originan en
la vida de la comunidad. Las formas de expresión poética de origen
privado o culto tienen poco que ver con la educación. En cambio,
los cantos heroicos se dirigen, por su esencia misma idealizadora,
a la creación de ejemplares heroicos. Su importancia educadora se
halla a gran distancia de la de los demás géneros poéticos, puesto
que refleja objetivamente la vida entera y muestra al hombre en su
lucha con el destino y por la consecución de un alto fin. La didác­
tica y la elegía siguen los pasos de la épica y se acercan a ella por
su forma. Toman de ella el espíritu educador que pasa más tarde a
otros géneros como los yambos y los cantos corales. La tragedia es,
por su material mítico y por su espíritu, la heredera integral de la
epopeya. Debe su espíritu ético y educador únicamente a su conexión
con la epopeya, no a su origen dionisiaco. Y si consideramos que
las formas de prosa literaria que tuvieron una acción educadora más
eficaz, es decir, la historia y la filosofía, nacieron y se desarrollaron
directamente de la discusión de las ideas relativas a la concepción del
mundo contenidas en la épica, podremos afirmar, sin más, que la
épica es la raíz de toda educación superior en Grecia.
Queremos mostrar ahora el elemento normativo en la estructura
interna de la epopeya. Tenemos dos caminos para ello. Podemos
examinar la forma entera de la epopeya, en su realidad completa y
acabada, sin prestar atención alguna a los resultados y a los pro­
blemas del análisis científico de Homero; o engolfarnos en las difi­
cultades, inextricables, que ofrece el espesor de las hipótesis relativas
a su origen y nacimiento. Ambos procedimientos son malos. Toma­
remos un camino medio. Consideraremos, en principio, el desarrollo
histórico de la epopeya, pero prescindiremos del detalle de los aná­
lisis relativos al asunto. En todo caso, es insostenible, aun desde el
punto de vista del absoluto agnosticismo, toda concepción que no
tenga en cuenta el hecho claro de la prehistoria de la epopeya. Esta
circunstancia nos separa de las antiguas interpretaciones de Homero
que, por lo que se refiere al problema de la educación, consideran
siempre conjuntamente la Ilíada y la Odisea, en su totalidad. La to­
talidad debe seguir siendo, naturalmente, el fin, aun para los mo­
dernos intérpretes, incluso si el análisis conduce a la conclusión de
que el todo es el resultado de un trabajo poético, ininterrumpido a
través de generaciones, sobre un material inagotable. Pero aun si
aceptamos la posibilidad, que parece a todos evidente, de que el de­
venir de la epopeya ha incorporado antiguas formas de las sagas,
con modificaciones mayores o menores y aun de que, una vez com­
pleta, haya aceptado la inserción de cantos enteros de origen más
56 LA PRIMERA GRECIA
reciente, es preciso realizar un esfuerzo para concebir los estadios de
su desarrollo del modo más inteligible.
La idea que nos hayamos formado de la naturaleza de los más
antiguos cantos heroicos influirá de un modo esencial en aquella
concepción. Nuestra idea fundamental del origen de la épica en las
canciones heroicas más antiguas, que constituyen, como en otros pue­
blos, la tradición más primitiva, nos hace suponer que la descripción
de los combates singulares, la aristeia, que termina con el triunfo de
un héroe famoso sobre su poderoso adversario, ha sido la forma
más antigua de los cantos épicos. La narración de los combates sin­
gulares es más fértil, desde el punto de vista del interés humano,
que la exposición de luchas de masas, cuyo espectáculo e íntima vita­
lidad pasa ligeramente sobre la escena. Las descripciones de batallas
campales sólo pueden suscitar nuestro interés en las escenas domi­
nadas por grandes héroes individuales. Participamos profundamente
en la narración de ios combates individuales porque en ellos lo per­
sonal y lo ético, que apenas aparece en las batallas de conjunto, se
sitúa en primer término y por la íntima vinculación de sus momentos
particulares a la unidad de la acción. La narración de la aristeia
de un héroe contiene siempre un fuerte elemento protréptico. Episo­
dios de esta índole aparecen todavía, de acuerdo con el modelo épico,
en descripciones históricas posteriores. En la Ilíada, constituyen el
punto culminante de la acción bélica. Son escenas completas, que
aun formando parte de la obra total, conservan una cierta indepen­
dencia y muestran así que constituyeron originariamente un fin en
sí mismas o fueron modeladas en cantos independientes. El poeta de
la Ilíada rompe la narración de la batalla de Troya mediante la
narración de la cólera de Aquiles y sus consecuencias y la de un
número de combates individuales tales como la aristeia de Diómedes
( E) , de Agamemnón ( A ) , de Menelao ( P) , y los duelos entre Me-
nelao y París (F ) y entre Héctor y Áyax ( H) . Tales escenas eran
la delicia de la raza a la cual se dirigían los cantos heroicos. En ellas
veía el espejo de sus propios ideales.
La nueva finalidad artística de la gran epopeya, al introducir
un gran número de escenas de esta naturaleza y conectarlas a una
acción unitaria, consistía no sólo, como antes se usaba, en ofrecer
cuadros particulares de una acción de conjunto que se supone cono­
cida, sino en poner de relieve y destacar eí valor de todos los héroes
famosos. Mediante la conexión de muchos héroes y figuras, ya par­
cialmente celebrados en los antiguos cantos, crea el poeta un cuadro
gigantesco, la guerra de Ilion en su totalidad. Su obra muestra cla­
ramente lo que representaba para él la lucha: la prodigiosa lucha
de muchos héroes inmortales, de la más alta arete. No sólo los grie­
gos. Sus enemigos son también un pueblo de héroes que lucha por
su patria y por su libertad. “ Es del mejor agüero luchar por la
patria” : son las palabras que Homero pone en la boca no de un
HOMERO EL EDUCADOR 57
griego, sino del héroe de los troyanos, que cae por su patria y alcan­
za con ello la más alta calidad humana. Los grandes héroes aqueos
encarnan el tipo de la más alta heroicidad. La patria, la mujer y los
niños, son motivos que actúan menos sobre ellos. Se habla ocasio­
nalmente de que luchan para vengar el rapto de Helena. Hay el in­
tento de tratar directamente con los troyanos el retorno de Helena a
su marido legal y evitar así el derrame de sangre, tal como parece
aconsejarlo una política razonable. Pero no se hace ningún uso im­
portante de esta justificación. Lo que despierta la simpatía del poeta
por los aqueos no es la justicia de su causa, sino el resplandor im­
perecedero de su heroicidad.
Sobre el fondo sangriento de la pelea heroica se destaca, en la
Ilíada, un destino individual de pura tragedia humana: la vida heroi­
ca de Aquiles. La acción de Aquiles es, para el poeta, el lazo íntimo
mediante el cual reúne las escenas sucesivas de lucha una unidad
poética. A la trágica figura de Aquiles debe la Ilíada el no ser para
nosotros un venerable manuscrito del espíritu guerrero primitivo, sino
un monumento inmortal para el conocimiento de la vida y del dolor
humano. La gran epopeya no representa sólo un progreso inmenso
en el arte de componer un todo complejo y de amplio contorno. Sig­
nifica también una consideración más profunda de los perfiles íntimos
de la vida y sus problemas, que eleva la poesía heroica muy por
encima de su esfera originaria y otorga al poeta una posición com­
pletamente nueva, una función educadora en el más alto sentido de la
palabra. No es ya simplemente un divulgador impersonal de la gloria
del pasado y de sus hechos. Es un poeta en el pleno sentido de la
palabra: intérprete creador de la tradición.
Interpretación espiritual y creación son, en el fondo, uno y lo
mismo. No es difícil comprender que la enorme y superior origina­
lidad de la epopeya griega, en la composición de un todo unitario,
brota de la misma raíz de su acción educadora: de su más alta con­
ciencia espiritual de los problemas de la vida. El interés y el goce
creciente en el dominio de grandes masas de material, que es un ras­
go típico de los últimos grados de desarrollo de los cantos épicos
y que se halla también en otros pueblos, no conduce necesariamente,
en ellos, a la gran epopeya, y cuando esto ocurre, fácilmente cae en
el peligro de degenerar en una narración novelesca que comience
“ con el huevo de Leda” , con la historia del nacimiento del héroe, a
través de una serie fatigosa de cuentos tradicionales. La exposición
de la epopeya homérica, dramática y concentrada, siempre intuitiva
y representativa, avanzando siempre in medias res, procede siempre
mediante rasgos ceñidos y precisos. En lugar de una historia de la
guerra troyana o de la vida entera de Aquiles, ofrece sólo, con pro­
digiosa seguridad, las grandes crisis, algunos momentos de impor­
tancia representativa y de la más alta fecundidad poética, lo cual
le permite concentrar y evocar, en un breve espacio de tiempo, diez
58 LA PRIMERA GRECIA
años de guerra, con todas sus luchas y vicisitudes pasadas, presentes
y futuras. Los críticos antiguos se admiraron ya de esta aptitud. Por
ella fue Homero, para Aristóteles y para Horacio, no sólo el clásico
entre los épicos, sino el más alto modelo de fuerza y maestría poética.
Prescinde de lo meramente histórico, da cuerpo a los acaecimientos
y deja que los problemas se desarrollen en virtud de su íntima nece­
sidad.
La Ilíada comienza en el momento en que Aquiles colérico se
retira de la lucha. Ello pone a los griegos en el mayor apuro. Por
los errores y las miserias humanas, tras largos años de lucha, están
a punto de perder el fruto de sus esfuerzos en el momento en que
se hallaban a punto de conseguir su fin. La retirada de su héroe
más poderoso alienta a los demás a realizar un esfuerzo supremo y
a mostrar todo el resplandor de su bravura. Los adversarios, anima­
dos por la ausencia de Aquiles, ponen en la lucha todo el peso de su
fuerza y el campo de batalla llega al momento supremo, hasta que
el creciente riesgo de los suyos mueve a Patroclo a intervenir. Su
muerte a manos de Héctor consigue, al fin, lo que las súplicas y los
intentos de reconciliación de los griegos no habían alcanzado: Aqui­
les entra de nuevo en la lucha para vengar a su amigo caído, mata a
Héctor, salva a los griegos de la ruina, entierra a su amigo con
lamentos salvajes a la antigua usanza bárbara y ve avanzar sobre sí
mismo el destino. Cuando Príamo se arrastra a sus pies, pidiéndole
el cadáver de su hijo, se enternece el corazón sin piedad del Pelida al
recordar a su propio anciano padre, despojado también de su hijo,
aunque todavía vivo.
La terrible cólera de Aquiles, que constituye el motivo de la ac­
ción entera, aparece con el mismo resplandor creciente que rodea
a la figura del héroe. Es la heroicidad sobrehumana de un joven
magnífico que prefiere, con plena conciencia, la ruda y breve ascen­
sión de una vida heroica a una vida larga y sin honor, rodeada de
goce y de paz, el verdadero megalopsychos, sin indulgencia ante su
adversario de igual rango, que atenta al único fruto de su lucha: la
gloria del héroe. Así comienza el poema, con un momento oscuro
de su figura radiante, y el final no puede compararse con el éxito
triunfante de la aristeici usual. Aquiles no está satisfecho de su vic­
toria sobre Héctor. La historia entera termina con la tristeza incon­
solable del héroe, con aquellas espantosas lamentaciones de muerte
de los griegos y los troyanos, ante Patroclo y Héctor, y la sombría
certeza del vencedor sobre su propio destino.
Quien pretenda suprimir el último canto o continuar la acción
hasta la muerte de Aquiles y convertir la Ilíada en una aquileida o
piense que el poema era originariamente así, considera el problema
desde el punto de vista histórico y del contenido, no desde el punto
de vista artístico de la forma. La ¡liada celebra la gloria de la ma­
yor aristeia de la guerra de Troya, el triunfo de Aquiles sobre el
HOMERO EL EDUCADOR 59
poderoso Héctor. En ella se mezcla la tragedia de la grandeza heroi­
ca, consagrada a la muerte, con la sumisión del hombre al destino y
a las necesidades de la propia acción. A la auténtica aristeia perte­
nece el triunfo del héroe, no su caída. La tragedia que encierra el
hecho de que Aquiles se resuelva a ejecutar en Héctor la venganza
de la muerte de Patroclo, a pesar de que sabe que tras la caída de
Héctor le espera, a su vez, una muerte cierta, no halla su plenitud
hasta la consumación de la catástrofe. Sirve sólo para enaltecer y
llevar a mayor profundidad humana la victoria de Aquiles. Su heroís­
mo no pertenece al tipo ingenuo y elemental de los antiguos héroes.
Se eleva a la elección deliberada de una gran hazaña, al precio, pre­
viamente conocido, de la propia vida. Todos los griegos posteriores
concuerdan en esta interpretación y ven en ello la grandeza moral
y la más vigorosa eficacia educadora del poema. La resolución he­
roica de Aquiles sólo alcanza su plenitud trágica en su conexión con
el motivo de su cólera y el vano intento de los griegos de llegar a la
reconciliación, puesto que su negativa es la que acarrea la interven­
ción y la caída de su amigo en el momento del descalabro griego.
De esta conexión es preciso concluir que la Ilíada tiene un desig­
nio ético. Para poner en claro, de un modo convincente, las parti­
cularidades de aquel propósito, sería preciso un análisis penetrante
que no podemos realizar aquí. Claro es que el problema, mil veces
discutido, del nacimiento de la epopeya homérica, no puede ser re­
suelto de golpe ni dejado de lado mediante la simple referencia a
aquel designio, que presupone, naturalmente, la unidad espiritual de
la obra de arte. Pero es un saludable antídoto contra la tendencia
unilateral a desmenuzar el conjunto, el hecho de que aparezcan de
un modo claro las líneas sólidas de la acción. Y sete hecho debe
destacarse con claridad meridiana desde nuestro punto de vista. Po­
demos prescindir del problema de cuál fue el creador de la arquitec­
tura del poema. Lo mismo si se hallaba vinculada a la concepción
originaria que si es el resultado de la elaboración de un poeta pos­
terior, no es posible desconocerlo en la forma actual de la Ilíada y
es de fundamental importancia para su designio y su efecto.
Lo dilucidaremos sólo en algunos puntos de mayor importancia.
Ya en el primer canto, donde se refiere la causa de la discordia entre
Aquiles y Agamemnón, la ofensa a Grises, el sacerdote de Apolo, y
la cólera del dios, que deriva de ella, toma el poeta un partido in­
equívoco. Refiere la actitud de ambas partes contendientes de un
modo completamente objetivo, pero con claridad las califica de inco­
rrectas, por desmesuradas. Entre ellos se halla el prudente anciano
Néstor, la personificación de la sofrosyne. Ha visto tres generaciones
de mortales y habla, como desde un alto sitial, a los hombres aira­
dos del presente, sobre sus agitaciones momentáneas. La figura de
Néstor mantiene la totalidad de la escena en equilibrio. Ya en esta
primera escena aparece la palabra estereotipada até. A la ceguera
60 LA PRIMERA GRECIA
de Agamemnón se junta, en el canto nueve, la de Aquiles, mucho
más grave en sus consecuencias, puesto que no “ sabe ceder” y, ce­
gado por la cólera, traspasa toda medida humana. Cuando ya es
demasiado tarde, se expresa lleno de arrepentimiento. Maldice ahora
su encono, que lo ha conducido a ser infiel a su destino heroico, a
permanecer ocioso y a sacrificar a su más querido amigo. Asimismo,
lamenta Agamemnón, tras su reconciliación con Aquiles, su propia
ceguera, en una amplia alegoría sobre los efectos mortales de até.
Homero concibe a até, así como a moira, de un modo estrictamente
religioso, como una fuerza divina que el hombre puede apenas resis­
tir. Sin embargo, aparece el hombre, especialmente en el canto nove­
no, si no dueño de su destino, por lo menos en un cierto sentido
como un coautor inconsciente. Hay una profunda necesidad espiritual
en el hecho de que, precisamente los griegos, para los cuales la ac­
ción heroica del hombre se halla en el lugar más alto, experimentaran,
como algo demoniaco, el trágico peligro de la ceguera y la considera­
ran como la contraposición eterna a la acción y a la aventura, mientras
que la resignada sabiduría asiática tratara de evitarlo mediante la
inacción y la renuncia. La frase de Heráclito, fjílog áv'dpoójtíp óaíparv,
se halla en el término del camino que recorrieron los griegos en el
conocimiento del destino humano. El poeta que creó la figura de
Aquiles, se halla al comienzo.
La obra de Homero está en su totalidad inspirada por un pensa­
miento “ filosófico” relativo a la naturaleza humana y a las leyes eter­
nas del curso del mundo. No escapa a ella nada esencial de la vida
humana. Considera el poeta todo acaecimiento particular a la luz de
su conocimiento general de la esencia de las cosas. La preferencia
de los griegos por la poesía gnómica, la tendencia a estimar cuanto
ocurre de acuerdo con las normas más altas y a partir de premisas
universales, el uso frecuente de ejemplos míticos, considerados como
tipos e ideales imperativos, todos estos rasgos tienen su último ori­
gen en Homero. Ningún símbolo tan maravilloso de la concepción
épica del hombre como la representación figurada del escudo de Aqui­
les tal como lo describe detalladamente la Ilíada.G Hefestos representa
en él la tierra, el cielo y el mar, el sol infatigable y la luna llena
y las constelaciones que coronan el cielo. Crea, además, las dos más
bellas ciudades de los hombres. En una de ellas hay bodas, fiestas,
convites, cortejos nupciales y epitalamios. Los jóvenes danzan en tor­
no, al son de las flautas y las liras. Las mujeres, en las puertas, los
miran admiradas. El pueblo se halla reunido en la plaza del mer­
cado, donde se desarrolla un litigio. Dos hombres contienden sobre el
precio de sangre de un muerto. Los jueces se hallan sentados sobre
piedras pulidas, en círculo sagrado, los cetros en las manos, y dictan
la sentencia. La otra ciudad se halla sitiada por dos ejércitos nume-

« 2 478 ss.
HOMERO EL EDUCADOR 61
rosos, con brillantes armaduras, que quieren destruirla o saquearla.
Pero sus habitantes no quieren rendirse, sino que se hallan firmes en
las almenas de las murallas para proteger a las mujeres, niños y an­
cianos. Los hombres salen, empero, secretamente y arman una em­
boscada a la orilla de un río, donde hay un abrevadero para el gana­
do, y asaltan un rebaño. Acude el enemigo y se da una batalla en
la orilla del río. Vuelan las lanzas en medio del tumulto, avanzan
Eris y Kydoimos, los demonios de la guerra, y Ker, el demonio de
la muerte, con su veste ensangrentada, y arrastran por los pies a los
muertos y heridos. Hay también un campo donde los labradores tra­
zan sus surcos arando con sus yuntas y a la vera del campo se hallan
un hombre que escancia vino en una copa para su refrigerio. Luego
viene una hacienda, en tiempo de cosecha. Los segadores llevan la
hoz en la mano, caen las espigas al suelo, son atadas en gavillas, y
el propietario está silencioso, con el corazón alegre, mientras los sir­
vientes preparan la comida. Un viñedo, con sus alegres vendimia­
dores, un soberbio rebaño de cornudos bueyes, con sus pastores y
perros, una hermosa dehesa en lo hondo de un valle, con sus ovejas,
apriscos y establos; un lugar para la danza donde las muchachas
y los mozos bailan cogidos de las manos y un divino cantor que
canta con voz sonora, completan esta pintura plenaria de la vida
humana, con su eterna, sencilla y magnífica significación. En torno
al círculo del escudo y abrazando la totalidad de las escenas, fluye el
Océano.
La armonía perfecta de la naturaleza y de la vida humana, que
se revela en la descripción del escudo, domina la concepción homé­
rica de la realidad. Un gran ritmo análogo penetra la totalidad de
su movimiento. Ningún día se halla tan henchido de confusión hu­
mana que el poeta olvide observar cómo se levanta y se hunde el sol
sobre los esfuerzos cotidianos, cómo sigue el reposo al trabajo y la
lucha del día y cómo el sueño, que afloja los miembros, abraza a
los mortales. Homero no es naturalista ni moralista. No se entrega
a las experiencias caóticas de la vida sin tomar una posición ante
ellas, ni las domina desde fuera. Las fuerzas morales son para él
tan reales como las físicas. Comprende las pasiones humanas con
mirada penetrante y objetiva. Conoce su fuerza elemental y demo­
niaca que, más fuerte que el hombre, lo arrastra. Pero, aunque su
corriente desborde con frecuencia las márgenes, se halla, en último
término, siempre contenida por un dique inconmovible. Los últimos
límites de la ética son, para Homero, como para los griegos en ge­
neral, leyes del ser, no convenciones del puro deber. En la penetra­
ción del mundo por este amplio sentido de la realidad, en relación
con el cual todo “ realismo” parece como irreal, descansa la ilimitada
fuerza de la epopeya homérica.
El arte de la motivación de Homero depende de la manera pro­
funda mediante la cual penetra en lo universal y necesario de su
62 LA PRIMERA GRECIA
asunto. No hay en él simple aceptación pasiva de las tradiciones, ni
mera relación de los hechos, sino un desarrollo íntimo y necesario
de las acciones que se suceden paso a paso, en inviolable conexión de
causas y efectos. Desde los primeros versos, la acción dramática se
desarrolla, en ambos poemas, con ininterrumpida continuidad. “ Can­
ta, oh musa, la cólera de Aquiles y su contienda en al atrida Agamem-
nón. ¿Qué dios permitió que lucharan con tanta hostilidad?” Como
una flecha, se dispara la pregunta hacia el blanco. La narración de
la cólera de Apolo que la sigue delimita estrechamente y declara la
causa esencial de la desventura y se sitúa al comienzo de la epopeya
como la etiología de la guerra del Peloponeso al comienzo de la his­
toria de Tucídides. La acción no se despliega como una inconexa
sucesión temporal. Rige en ella siempre el principio de razón sufi­
ciente. Toda acción tiene una vigorosa motivación psicológica.
Pero Homero no es un autor moderno que lo considere todo sim­
plemente en su desarrollo interno, como una experiencia o fenómeno de
una conciencia humana. En el mundo en que vive, nada grande
ocurre sin la cooperación de una fuerza divina, y lo mismo pasa
en la epopeya. La inevitable omnisciencia del poeta no se revela en
Homero en la forma en que nos habla de las secretas e íntimas emo­
ciones de sus personajes, como si las hubiera experimentado en sí
mismo, como es preciso que lo hagan nuestros escritores, sino que
ve las conexiones entre lo humano y lo divino. No es fácil señalar
los límites a partir de los cuales esta representación de la realidad
es, en Homero, un artificio poético. Pero es evidentemente falso ex­
plicar siempre la intervención de los dioses como un recurso de la
poesía épica. El poeta no vive en un mundo de ilusión artística
consciente, tras el cual se halle la fría y frívola ilustración y la ba­
nalidad del tópico burgués. Si perseguimos claramente los ejemplos
de intervención divina en la épica homérica, veremos un desarrollo
espiritual que va desde las intervenciones más externas y esporádicas,
que pueden pertenecer a los usos más antiguos del estilo épico, hasta
la guía constante de ciertos hombres por la divinidad. Así, Odiseo
es conducido por inspiraciones siempre renovadas de Atenea.
También en el antiguo Oriente actúan los dioses no sólo en la
poesía, sino también en los acaecimientos religiosos y políticos. Ellos
son los que en verdad actúan en las acciones y los sufrimientos hu­
manos, lo mismo en las inscripciones reales de los persas, babilonios
y asirios que en los libros históricos de los judíos. Los dioses se
interesan siempre en el juego de las acciones humanas. Toman par­
tido en sus luchas. Dispensan sus favores o aprovechan sus benefi­
cios. Todos hacen responsable a su dios de los bienes y los males
que les acaecen. Toda intervención y todo éxito es obra suya. Tam­
bién en la /liada se dividen los dioses en dos campos. Esta es una
creencia antigua. Pero algunos rasgos de su elaboración son nuevos,
como el esfuerzo del poeta para mantener, en la disensión que pro­
HOMERO EL EDUCADOR 63
mueve entre los dioses de la guerra de Troya, la lealtad de los dioses
entre sí, la unidad de su poder y la permanencia de su reino divino.
La última causa de todo acaecimiento es la decisión de Zeus. Incluso
en la tragedia de Aquiles, ve Homero el decreto de su suprema vo­
luntad. En toda motivación de las acciones humanas intervienen los
dioses. Ello no se halla en contradicción con la comprensión natural
y psicológica de los mismos acaecimientos. En modo alguno se ex­
cluyen la consideración psicológica y metafísica de un mismo suceso.
Su acción recíproca es, para el pensamiento homérico, lo natural.
Así mantiene la epopeya una duplicidad peculiar. Toda acción
debe ser considerada, al mismo tiempo, desde el punto de vista hu­
mano y desde el punto de vista divino. La escena de este drama se
realiza en dos planos. Perseguimos constantemente el curso sub specie
de las acciones y los proyectos humanos y el de los más altos poderes
que rigen el mundo. Así aparece con claridad la limitación, la mio­
pía y la dependencia de las acciones humanas en relación con decretos
sobrehumanos e insondables. Los actores no pueden ver esta cone­
xión tal como aparece a los ojos del poeta. Basta pensar en la epo­
peya cristiana medieval, escrita en lengua romance o germánica, en la
cual no interviene fuerza alguna divina y todos los sucesos se des­
arrollan desde el punto de vista del acaecer subjetivo y de la actividad
puramente humana, para darse cuenta de la diferencia de la concep­
ción poética de la realidad propia de Homero. La intervención de los
dioses en los hechos y los sufrimientos humanos obliga al poeta
griego a considerar siempre las acciones y el destino humanos en su
significación absoluta, a subordinarlos a la conexión universal del
mundo y a estimarlos de acuerdo con las más altas normas religiosas
y morales. Desde el punto de vista de la concepción del mundo, la
epopeya griega es más objetiva y más profunda que la épica medie­
val. Una vez más, sólo Dante es comparable a ella, en su dimensión
fundamental. La epopeya griega contiene ya en germen a la filosofía
griega. Por otra parte, se revela con la mayor claridad el contraste
de la concepción del mundo puramente teomórfica de los pueblos
orientales, para la cual sólo Dios actúa y el hombre es sólo el objeto
de su actividad, con el carácter antropocéntrico del pensamiento grie­
go. Homero sitúa con la mayor resolución al hombre y su destino
en primer término, aunque lo considere desde la perspectiva de las
ideas más altas y de los problemas de la vida.
En la Odisea, esta peculiaridad de la estructura espiritual de la
epopeya griega se manifiesta todavía de un modo más vigoroso.
La Odisea pertenece a una época cuyo pensamiento se hallaba ya en
alto grado ordenado racional y sistemáticamente. En todo caso, el
poema completo, tal como ha llegado a nosotros, fue terminado en
aquel periodo y manifiesta claramente sus huellas. Cuando dos pue­
blos luchan entre sí y claman el auxilio de sus dioses, con ruegos y
sacrificios, ponen a éstos en una difícil situación, sobre todo para
64 LA PRIMERA GRECIA
un pensamiento que cree en la omnipotencia y en la justicia impar­
cial de la fuerza divina. Así, vemos en la Ilíada un pensamiento
moral y religioso ya muy avanzado luchar con el problema de poner
en concordancia el carácter originario, particular y local de la mayo­
ría de los dioses, con la exigencia de una dirección unitaria del
mundo. La humanidad y la proximidad de los dioses griegos llevaba
a una raza, que se sabía, con plena conciencia de su orgullo aristo­
crático, íntimamente emparentada con los inmortales, a considerar que
la vida y las actividades de las fuerzas celestes no eran muy distintas
de las que se desarrollaban en su existencia terrena. Con esta repre­
sentación, que choca con la elevación abstracta de los filósofos poste­
riores, contrasta en la ¡liada un sentimiento religioso en cuya repre­
sentación de la divinidad y, sobre todo del soberano supremo del
mundo, hallan su alimento las ideas más sublimes del arte y de la
filosofía posteriores. Pero sólo en la Odisea hallamos una concepción
del gobierno de los dioses más consecuente y sistemática.
Toma de la ¡liada, al comienzo de los cantos primero y quinto,
la idea de un concilio de los dioses; pero salta a la vista la dife­
rencia de las escenas tumultuosas del Olimpo de la ¡liada y los ma­
ravillosos consejos de personalidades sobrehumanas de la Odisea. En
la ¡liada, los dioses están a punto de venir a las manos. Zeus impone
su superioridad por la fuerza y los dioses emplean en sus luchas
medios humanos — demasiado humanos— como la astucia y la fuer­
za. El dios Zeus, que preside el consejo de los dioses al comienzo
de la Odisea, representa una alta conciencia filosófica del mundo.
Empieza su consideración sobre el destino presente mediante el plan­
teamiento general del problema de los sufrimientos humanos y la
inseparable conexión del destino con las culpas humanas. Esta teo­
dicea se cierne sobre la totalidad del poema. Para el poeta, es la más
alta divinidad una fuerza sublime y omnisciente que se halla por en­
cima de los esfuerzos y los pensamientos de los mortales. Su esencia
es el espíritu y el pensamiento. No es comparable con las miopes
pasiones que acarrean las faltas de los hombres y los hacen caer en
las redes de Até. El poeta considera, desde este punto de vista ético
y religioso, los sufrimientos de Odiseo y la hybris de los pretendien­
tes expiados con la muerte. La acción trascurre en torno a este pro­
blema unitario hasta el fin.
Pertenece a la esencia de esta historia el hecho de que la voluntad
más alta, que orienta de un modo consecuente y poderoso el con­
junto de la acción y la conduce, finalmente, a un resultado justo y
feliz, aparezca claramente en su momento culminante. El poeta orde­
na todo cuanto ocurre en el sistema de su pensamiento religioso. Todo
personaje mantiene sólidamente su actitud y su carácter. Esta rígida
construcción ética pertenece, probablemente, a los últimos estadios de
la elaboración poética de la Odisea. En relación con esto, la crítica
ha propuesto un problema que todavía espera resolución: el de com-
HOMERO EL EDUCADOR 65
prender desde el punto de vista histórico el progreso de esta elabora­
ción moralizadora, a partir de los estadios más primitivos. Al lado
de la idea de conjunto, ética y religiosa, que domina, a grandes
rasgos, la forma definitiva de la Odisea, ofrece una riqueza inagota­
ble de rasgos espirituales que van desde lo fabuloso hasta lo idílico,
lo heroico y lo aventurero, sin que se agote con ello la acción del
poema. Sin embargo, la unidad y la rigurosa economía de la cons­
trucción, sentida desde todos los tiempos como uno de sus rasgos fun­
damentales, depende de las grandes líneas del problema religioso y
ético que desarrolla.
Con todo, esto es sólo un aspecto de un fenómeno mucho más
rico. Del mismo modo que ordena Homero el destino humano en el
amplio marco del acaecer universal y dentro de una concepción del
mundo perfectamente delimitada, sitúa también sus personajes den­
tro de un ambiente adecuado. Jamás toma a los hombres en abstracto
y puramente desde el punto de vista interior. Todo se desarrolla en
el cuadro plenario de la existencia concreta. No son sus figuras me­
ros esquemas que ocasionalmente despierten a la expresión dramática
y se levanten a extremos prodigiosos hasta caer, de pronto, en la
inacción. Los hombres de Homero son tan reales que podríamos
verlos con los ojos o tocarlos con las manos. Por la coherencia de
su pensamiento y de su acción, su existencia se halla en íntima rela­
ción con el mundo exterior. Consideraremos, por ejemplo, a Pené-
lope. La expresión del sentimiento hubiera alcanzado una mayor in­
tensidad lírica mediante actividades y expresiones más exageradas. Pero
esta actitud hubiera sido insoportable, en relación con el objeto y
para el lector. Los personajes de Homero son siempre naturales y ex­
presan, en todo momento, su propia esencia. Poseen una solidez, una
facilidad de movimientos y una íntima trabazón a la que nada se
puede comparar. Penélope es, al mismo tiempo, la mujer casera, la
mujer abandonada del marido ausente, en presencia de sus dificulta­
des con los pretendientes, la señora fiel y afectuosa con sus sirvien­
tas, la mujer inquieta y angustiada por la custodia de su único hijo.
No tiene más apoyo que el honrado y anciano porquerizo. El padre
de Odiseo, débil y anciano, se halla en un pequeño y pobre retiro,
lejos de la ciudad. Su propio padre está lejos y no puede ayudarla.
Todo esto es sencillo y necesario y en su múltiple conexión desarrolla
la íntima lógica de la figura mediante un efecto reposado y plástico.
El secreto de la fuerza plástica de las figuras homéricas se halla en
su aptitud de situarlas, de un modo intuitivo y con precisión y clari­
dad matemáticas, en el sólido sistema de coordenadas de un espa­
cio vital.
La aptitud de la epopeya homérica para proporcionarnos la in­
tuición del mundo que describe como un cosmos completo que des­
cansa en sí mismo y en el cual se mantiene el equilibrio entre el
acaecer móvil y un elemento de permanencia y orden, arraiga, en úl­
66 LA PRIMERA GRECIA
timo término, en una peculiaridad específica del espíritu griego. Ma­
ravilla al espectador moderno el hecho de que todas las fuerzas y
tendencias características del pueblo griego, que se manifiestan en su
evolución histórica posterior, se revelan ya, de un modo claro, en
Homero. Esta impresión es, naturalmente, menos evidente cuando
consideramos los poemas aislados. Pero si consideramos a Homero y
la posteridad griega en una sola vista de conjunto, se pone de relie­
ve su poderosa comunidad. Su fundamento más profundo se halla en
cualidades innatas y hereditarias de la sangre y de la raza. Nos sen­
timos, al mismo tiempo, ante ellas, próximos y alejados. En el cono­
cimiento de esta diferencia necesaria de lo análogo se funda la fecun­
didad de nuestro contacto con el mundo griego. Sin embargo, sobre
el elemento de la raza y el pueblo, que sólo podemos aprehender
de un modo sentimental e intuitivo y que .se conserva con rara in­
mutabilidad a través de los cambios históricos del espíritu y de la
fortuna, no podemos olvidar la incalculable influencia histórica que
ha ejercido el mundo humano configurado por Homero sobre todo el
desarrollo histórico ulterior de su nación. Por primera vez en él ha
llegado el espíritu pan-helénico a la unidad de la conciencia nacional
e impreso su sello sobre toda la cultura griega posterior.
IV. HESIODO Y LA VID A CAMPESINA

A l lado de Homero colocaban los griegos, como su segundo poeta,


al beocio Hesíodo. En él se revela una esfera social completamente
distinta del mundo de los nobles y su cultura. Especialmente el últi­
mo de los poemas conservados de Hesíodo y el más arraigado a la
tierra, los Erga, ofrece la pintura más vivaz de la vida campesina
de la metrópoli al final del siglo vm y completa, de un modo esen­
cial, la representación de la vida más primitiva del pueblo griego
adquirida en el jónico Homero. Homero destaca, con la mayor cla­
ridad, el hecho de que toda educación tiene su punto de partida en
la formación de un tipo humano noble que surge del cultivo de las
cualidades propias de los señores y de los héroes. En Hesíodo se re­
vela la segunda fuente de la cultura: el valor del trabajo. El título
Los trabajos y los días, que la posteridad ha dado al poema didáctico
y campesino de Hesíodo, expresa esto de un modo perfecto. El he­
roísmo no se manifiesta sólo en las luchas a campo abierto de los
caballeros nobles con sus adversarios. También tiene su heroísmo
la lucha tenaz y silenciosa de los trabajadores con la dura tierra
y con los elementos, y disciplina cualidades de valor eterno para
la formación del hombre. No en vano ha sido Grecia la cuna de la
humanidad que sitúa en lo más alto la estimación del trabajo. No
debe inducirnos a error la vida libre de cuidados de la clase señorial
en Homero: Grecia exige de sus habitantes una vida de trabajo. He-
ródoto expresa esto mediante una comparación con otros países y pue­
blos más ricos: 1 “ Grecia ha sido en todos los tiempos un país pobre.
Pero en ello funda su arete. Llega a ella mediante el ingenio y la
sumisión a una severa ley. Mediante ella se defiende Hélade de la po­
breza y de la servidumbre.” Su campo se halla constituido por múl­
tiples estrechos valles y paisajes cruzados por montañas. Carece casi
en absoluto de las amplias llanuras fácilmente cultivables del norte
de Europa. Ello le obliga a una lucha constante con el suelo para
arrancarle lo que sólo así le puede dar. La agricultura y la gana­
dería han sido siempre las ocupaciones más importantes y más carac­
terísticas de los griegos. Sólo en las costas prevaleció más tarde la
navegación. En los tiempos más antiguos predominó en absoluto el es­
tado agrario.
Pero Hesíodo no nos pone sólo ante los ojos la vida campesina,
como tal. Vemos también en él la acción de la cultura noble y de
su fermento espiritual — la poesía homérica— sobre las capas más
profundas de la nación. El proceso de la cultura griega no se realiza

1 II euódoto, vil, 102.


67
68 LA PRIMERA GRECIA
sólo mediante la imposición de las maneras y formas espirituales
creadas por una clase superior sobre el resto del pueblo. Todas las cla­
ses aportan su propia contribución. El contacto con la cultura más
alta, que recibe de la clase dominante, despierta en los rudos y toscos
campesinos la más viva reacción. En aquel tiempo eran heraldos de
la vida más alta los rapsodas que recitaban los poemas de Homero.
En el conocido preludio de la Teogonia, cuenta Hesíodo cómo fue
llamado a la vocación de poeta; cómo siendo un simple pastor y
apacentando sus rebaños al pie del Helicón, recibió cierto día la ins­
piración de las musas, que pusieron en sus manos el báculo del rap­
soda. Pero el poeta de Ascra no difundió sólo ante las multitudes
que le escuchaban en las aldeas el esplendor y la pompa de los versos
de Homero. Su pensamiento se halla profundamente enraizado en el
suelo fecundo de la existencia campesina y, puesto que su experiencia
personal le llevaba más allá de la vocación homérica y le otorgaba
una personalidad y una fuerza propia, le fue dado por las musas re­
velar los valores propios de la vida campesina y añadirlos al tesoro
espiritual de la nación entera.
Gracias a sus descripciones, podemos representarnos claramente el
estado del campo en tiempo de Hesíodo. Aunque no sea posible, en
un pueblo tan multiforme como el griego, generalizar a partir del
estado de Beocia, sus condiciones son, sin duda, en una amplia me­
dida, típicas. Los poseedores del poder y de la cultura son los nobles
terratenientes. Pero los campesinos tienen, sin embargo, una consi­
derable independencia espiritual y jurídica. No existe la servidumbre
y nada indica ni remotamente que aquellos campesinos y pastores,
que vivían del trabajo de sus manos, descendieran de una raza so­
metida en los tiempos de las grandes emigraciones, como ocurría aca­
so en los laconios. Se reúnen todos los días en el mercado y en el
Aéox^b Y discuten sus asuntos públicos y privados. Critican libremente
la conducta de sus conciudadanos y aun de los señores preeminentes
y “ lo que la gente dice” era de importancia decisiva para el prestigio y
la prosperidad del hombre ordinario. Sólo ante la multitud puede
afirmar su rango y crearse un prestigio.
La ocasión externa del poema de Hesíodo es el proceso con su
codicioso, pleitista y perezoso hermano Perses, el cual, después de
haber administrado mal la herencia paterna, insiste constantemente
en nuevos pleitos y reclamaciones. La primera vez ha ganado la vo­
luntad del juez, mediante soborno. La lucha entre la fuerza y el de­
recho, que se manifiesta en el proceso, no es, evidentemente, sólo
asunto personal del poeta; éste se hace, al mismo tiempo, portavoz
de la opinión dominante entre los campesinos. Su atrevimiento llega
a tanto, que echa en cara a los señores “ devoradores de regalos” su
codicia y el abuso brutal de su poder. Su descripción no puede com­
paginarse con la pintura ideal del dominio patriarcal de los nobles
en Homero. Este estado de cosas y el descontento que produce exis­
HESÍODO Y LA VIDA CAMPESINA 69
tía naturalmente también antes. Pero para Hesíodo el mundo heroico
pertenece a otro tiempo distinto y mejor que el actual, “ la edad de
hierro” , que pinta en los Erga con colores tan sombríos. Nada es tan
característico del sentimiento pesimista del pueblo trabajador como
la historia de las cinco edades del mundo que empieza con los tiem­
pos dorados, bajo el dominio de Cronos, y conduce gradualmente, en
línea descendente, hasta el hundimiento del derecho, de la moral y de
la felicidad humana en los duros tiempos actuales. Aidos y Némesis
se han velado y abandonado la tierra para retornar al Olimpo con
los dioses. Sólo han dejado entre los hombres sufrimientos y discor­
dias sin fin.
En semejante ambiente no es posible que surja un puro ideal de
educación humana, como ocurrió en los tiempos más afortunados
de la vida noble. Tanto más importante es averiguar qué parte ha
tomado el pueblo en el tesoro espiritual de la clase noble y en la
elaboración de la cultura aristocrática para adoptarla y convertirla
en una forma de educación adecuada al pueblo entero. Es decisivo
para ello el hecho de que el campo no ha sido todavía conquistado
y sometido por la ciudad. La cultura feudal campesina no es todavía
sinónimo de retraso espiritual ni es estimada mediante módulos ciu­
dadanos. “ Campesino” no significa todavía “ inculto” . Incluso las
ciudades de los tiempos antiguos, especialmente la metrópoli griega,
son principalmente ciudades rurales y en su mayoría siguen siéndolo
después. Del mismo modo que todos los años saca el campo nuevos
frutos de lo profundo de la tierra, se desarrolla en todas partes una
moralidad viva, pensamientos originales y creencias religiosas. No
existe todavía una civilización ni un módulo de pensamiento ciuda­
dano que todo lo iguale, y aprisione sin piedad toda peculiaridad y
toda originalidad.
La vida espiritual más alta en el campo sale naturalmente de las
capas superiores. Como muestran ya la Ilíada y la Odisea, la epo­
peya homérica fue primero cantada por trovadores andariegos en las
residencias de los nobles. Pero aun Hesíodo, que se desarrolló en un
ambiente campesino y trabajó en el campo, se educó en el conoci­
miento de Homero antes de despertar a la vocación de rapsoda. Su
poema se dirige, en primer término, a los hombres de su estado y
da por supuesto que sus oyentes entienden el lenguaje artístico de
Homero que es el que él mismo emplea. Nada revela de un modo
tan claro la esencia del proceso espiritual que se realiza mediante
el contacto de aquella clase con la poesía homérica, como la estruc­
tura del poema de Hesíodo. En él se refleja el proceso de formación
íntima del poeta. Toda elaboración poética de Hesíodo se sujeta sin
vacilación a las formas estilizadas por Homero. Toma de Homero
versos enteros y fragmentos, palabras y frases. El uso de epítetos épi­
cos pertenece también al lenguaje de Homero. De ahí resulta un
notable contraste entre el fondo y la forma del nuevo poema. Sin em­
70 LA PRIMERA GRECIA
bargo, para que estos elementos no populares penetraran en la exis­
tencia, vulgar y apegada al terruño, de los campesinos y pastores y
otorgaran a sus anhelos y preferencias una claridad consciente y una
inspiración moral, era preciso dotarlos de una expresión convincente.
El conocimiento de la poesía homérica no significa sólo para los hom­
bres del mundo hesiódico un enriquecimiento enorme de los medios
de expresión. A pesar de su espíritu heroico y patético, tan ajeno
al estilo de su vida, les ofrecía también, por la precisión y claridad
con que expresaba los más altos problemas de la vida humana, el ca­
mino espiritual que los llevaba, desde la opresora estrechez de su dura
existencia, a la atmósfera más alta y más libre del pensamiento.
El poema de Hesíodo nos permite conocer con claridad el tesoro
espiritual que poseían los campesinos beocios, independientemente de
Homero. En la gran masa de las sagas de la Teogonia hallamos mu­
chos temas antiquísimos, conocidos ya por Homero, pero también
otros muchos que no aparecen allí. Y no es siempre fácil distinguir
lo que era ya elaborado en forma poética y lo que responde a una
simple tradición oral. En la Teogonia se manifiesta Hesíodo con toda
la fuerza del pensamiento descriptivo. En los Erga se halla más cer­
ca de la realidad campesina y de su vida. Pero también aquí, inte­
rrumpe de pronto el curso de su pensamiento y refiere largos mitos,
en la seguridad de agradar a sus oyentes. También para el pueblo
eran los mitos asunto de interés ilimitado. Da cuerpo a un sinfín de
narraciones y reflexiones y constituye la filosofía entera de aquellos
hombres. Así, se manifiesta en la elección inconsciente del asunto de
las sagas la orientación espiritual propia de los campesinos. Prefie­
re los mitos que expresan la concepción de la vida realista y pesimista
de aquella clase o las causas de las miserias y las necesidades de la
vida social que los oprimen. En el mito de Prometeo halla la solución
al problema de las fatigas y los trabajos de la vida humana; la na­
rración de las cinco edades del mundo explica la enorme distancia
entre la propia existencia y el mundo resplandeciente de Homero y
refleja la eterna nostalgia del hombre hacia tiempos mejores; el mito
de Pandora expresa la triste y vulgar creencia, ajena al pensamiento
caballeresco, de la mujer como origen de todos los males. No creo
que erremos al afirmar que no fue Hesíodo el primero en popularizar
estas historias entre los campesinos. Pero sí, ciertamente, fue el pri­
mero en situarlas con resolución en la amplia conexión social y filosó­
fica con que aparecen en sus poemas. La manera como cuenta, por
ejemplo, las historias de Prometeo y Pandora presupone claramente
que fueron ya conocidas antes por sus oyentes. El interés predomi­
nante por la epopeya homérica pasa a segundo término en el ambiente
de Hesíodo, ante estas tradiciones religiosas, éticas y sociales. En los
mitos adquiere forma la actitud originaria del hombre ante la exis­
tencia. De ahí que toda clase social posea su propio tesoro de mitos.
Al lado de los mitos, posee el pueblo su antigua sabiduría práctica,
HESlODO Y LA VIDA CAMPESINA 71
adquirida por la experiencia inmemorial de innumerables generacio­
nes. Consiste, en parte, en los conocimientos y consejos profesionales,
en normas morales y sociales, concentrados en breves fórmulas que
permitan conservarlos en la memoria. Hesíodo nos ha trasmitido,
en sus Erga, un gran número de estas preciosas tradiciones. Estos
fragmentos de la obra pertenecen, por su concisión y la originalidad
del lenguaje, a las realizaciones poéticas mejor logradas del poema;
aunque las amplias exposiciones filosóficas de la primera parte tengan
más interés desde el punto de vista de la historia personal y espiritual,
en la segunda parte hadamos todas las tradiciones campesinas: viejas
reglas sobre el trabajo del campo en las diferentes épocas del año, una
meteorología con preceptos sobre el adecuado cambio de los vestidos
y reglas para la navegación. Todo ello rodeado de sentencias mo­
rales sustanciosas y de preceptos y prohibiciones colocados al princi­
pio y al final. Nos hemos anticipado al hablar de la poesía de He­
síodo. Se trata, ante todo, de poner en claro los múltiples elementos
culturales de los campesinos, para los cuales escribió. En la segunda
parte de los Erga se ofrecen de un modo tan patente que no hace
falta sino asirlos. Su forma, su contenido y su estructura revelan in­
mediatamente su herencia popular. Se hallan en completa oposición
con la cultura noble. La educación y la prudencia, en la vida del pue­
blo, no conocen nada parecido a la formación del hombre en su perso­
nalidad total, a la armonía del cuerpo y el espíritu, a la destreza por
igual en el uso de las armas y de las palabras, en las canciones y
en los hechos, tal como lo exigía el ideal caballeresco. Mantiene, en
cambio, una ética vigorosa y permanente, que se conserva inmutable,
a través de los siglos, en la vida material de los campesinos y en
el trabajo diario de su profesión. Este código es más real y más
próximo a la tierra, aunque carezca de un alto ideal.
En Hesíodo se introduce por primera vez el ideal que sirve de
punto de cristalización de todos estos elementos y adquiere una ela­
boración poética en forma de epopeya: la idea del derecho. En torno
a la lucha por el propio derecho, contra las usurpaciones de su her­
mano y la venalidad de los nobles, se despliega en el más personal
de sus poemas, los Erga, una fe apasionada en el derecho. La gran
novedad de esta obra es que el poeta habla en primera persona.
Abandona la tradicional objetividad de la epopeya y se hace el por­
tavoz de una doctrina que maldice la injusticia y ensalza el derecho.
Justifica esta atrevida innovación el enlace inmediato del poema con la
contienda jurídica que sostiene con su hermano Perses. Habla con
Perses y a él dirige sus amonestaciones. Trata de convencerle en mil
formas de que Zeus protege a la justicia, aunque los jueces de la
tierra la conculquen, y de que los bienes mal adquiridos jamás pros­
peran. Se dirige entonces a los jueces, a los señores poderosos, me­
diante la historia del halcón y el ruiseñor, y en otros lugares. Nos
traslada de un modo tan vivaz en la situación del proceso, justamente
72 LA PRIMERA GRECIA
en el momento anterior a la decisión de los jueces, que no sería difí­
cil cometer el error de pensar que Hesíodo escribió, precisamente, en
aquel momento y que los Erga son una obra ocasional, nacida ínte­
gramente de aquella circunstancia. Así lo han pensado algunos nue­
vos intérpretes. Parece confirmar este punto de vista el hecho de que
en parte alguna nos hable del resultado del pleito. No parece que el
poeta hubiera dejado a sus oyentes a oscuras si hubiese recaído ya
una decisión. Se consideró, así, el poema como un reflejo del pro­
ceso real. Se investigó sobre algunos cambios de situación que se
creyó hallar en el poema y se llegó a la conclusión de que la obra,
por la relajación arcaica de su composición que nos permite apenas
concebirla como una unidad, no es otra cosa que una serie de “ Can­
tos de amonestación a Perses” , separados en el curso del tiempo. Es
la trasposición al poema didáctico de Hesíodo de la teoría de los
cantos homéricos de Lachmann.2 Difícilmente pueden conciliarse con
esta interpretación la existencia de amplias partes del poema de na­
turaleza puramente didáctica, que nada tienen que ver con el proceso
y que se hallan, sin embargo, dirigidas a su hermano Perses y con­
sagradas a su instrucción, como los calendarios para campesinos y
navegantes y las dos colecciones de máximas morales unidas a ellos.
¿ Y qué influencia pudieron tener las doctrinas generales, de carácter
religioso y moral, sobre la justicia y la injusticia, mantenidas en la
primera parte del poema, sobre la marcha de un proceso real? En
realidad, el caso concreto del proceso jugó evidentemente un papel
importante en la vida de Hesíodo, pero no es para el poema sino la
forma artística con que viste el discurso para hacerlo más eficaz. Sin
ello, no sería posible la forma personal de la exposición ni el efecto
dramático de la primera parte. Así se hacía natural y necesaria, por­
que el poeta había experimentado, realmente, su íntima tensión en la
lucha por su propio derecho. Por esta razón no nos refiere el proceso
hasta su término, porque el hecho concreto no afecta la finalidad di­
dáctica del poema.
Así como Homero describe el destino de los héroes que luchan y
sufren como un drama de los dioses y de los hombres, ofrece Hesíodo
el vulgar acaecimiento civil de su pleito judicial como una lucha
de los poderes del cielo y de la tierra por el triunfo de la justicia.
Así, eleva un suceso real de su vida, que carece por sí mismo de
importancia, al noble rango y a la dignidad de una verdadera epo­
peya. No puede, naturalmente, como lo hace Homero, trasladar a sus
oyentes al cielo, porque ningún mortal puede conocer las decisiones
de Zeus sobre sí mismo y sobre sus cosas. Sólo puede rogar a Zeus
que proteja la justicia. El poema empieza con himnos y plegarias.

2 El ensayo de P. F riedlaender, Hermes 48, 558, es un comienzo importante


para la consideración unitaria del poema y la comprensión de su forma. Otros
comentarios del autor al respecto aparecen, después de terminado este capítulo,
en Gótt. Gel. Anz., 1931.
HESÍODO Y LA VIDA CAMPESINA 73
Zeus, que humilla a los poderosos y ensalza a los humildes, debe hacer
justa la sentencia de los jueces. El poeta mismo toma en tierra el
papel activo de decir la verdad a su hermano extraviado y apartarlo
del camino funesto de la injusticia y la contienda. Verdad que Eris
es una deidad a la cual los hombres deben pagar tributo, aun contra
su voluntad. Pero al lado de la Eris mala hay una buena que no
promueve la lucha, sino la emulación. Zeus le dio su morada en las
raíces de la tierra. Enciende la envidia en el perezoso ante el éxito
de su vecino y lo mueve al trabajo y al esfuerzo honrado y fecundo.
El poeta se dirige a Perses para prevenirle contra la Eris mala. Sólo
puede consagrarse a la inútil manía de disputar el hombre rico que
tiene llenas las trojes y no se halla agobiado por el cuidado de su
subsistencia. Éste puede maquinar contra la hacienda y los bienes
de los demás y disipar el tiempo en el mercado. Hesíodo exhorta
a su hermano a no tomar, por segunda vez, este camino, y a recon­
ciliarse con él sin proceso; puesto que dividieron ya, desde hace
tiempo, la herencia paterna y Perses tomó para sí más de lo que le
correspondía, sobornando a los jueces. “ Insensatos, no saben cuán
verdadera es la sentencia de que la mitad es mayor que el todo y qué
bendición encierra la hierba más humilde que produce la tierra para
el hombre, la malva y el asfódelo.” 3 Así el poeta, al dirigir su exhor­
tación a su hermano, pasa del caso concreto a su formulación gene­
ral. Y ya desde el comienzo se deja entrever cómo se ensalza la
advertencia contra las contiendas y la injusticia y la fe inquebran­
table en la protección del derecho por las fuerzas divinas, con la
segunda parte del poema, las doctrinas del trabajo de los campesinos
y los navegantes y las sentencias relativas a lo que el hombre debe
hacer y omitir. La única fuerza terrestre que puede contraponerse
al predominio de la envidia y las disputas es la Eris buena, con su
pacífica emulación en el trabajo. El trabajo es una dura necesidad
para el hombre, pero es una necesidad. Y quien provee mediante él
a su modesta subsistencia, recibe mayores bendiciones que quien co ­
dicia injustamente los bienes ajenos.
Esta experiencia de la vida se funda, para el poeta, en las leyes
permanentes que rigen el orden del mundo, enunciadas en forma
religiosa y mítica. Ya en Homero hallamos el intento de interpreta­
ción de algunos mitos desde el punto de vista de una concepción del
mundo. Pero este pensamiento, fundado en las tradiciones míticas,
no se halla allí todavía sistematizado. Esta tarea le estaba reservada
a Hesíodo, en la segunda de sus grandes obras: la Teogonia. Los
relatos heroicos participan apenas en la especulación cosmológica y
teológica. Los relativos a los dioses constituyen, en cambio, su fuente
más abundante. El impulso causal naciente halló satisfacción en la
construcción sagaz y completa de la genealogía de los dioses. Pero

3 Erga, 40.
74 LA PRIMERA GRECIA
los tres elementos más esenciales de una doctrina racional del devenir
del mundo aparecen también, evidentes, en la representación mítica de
la Teogonia: el Caos, el espacio vacío; la Tierra y el Cielo, funda­
mento y cubierta del mundo, separados del Caos, y Eros, la fuerza
originaria creadora y animadora del cosmos. La tierra y el cielo son
elementos esenciales de toda concepción mítica del mundo. Y el Caos,
que hallamos también en los mitos nórdicos, es evidentemente una idea
originaria de las razas indogermánicas. El Eros de Hesíodo es una
idea especulativa original y de una fecundidad filosófica enorme. En
la Titanomaquia y en la doctrina de las grandes dinastías de los dio­
ses, entra en acción la idea teológica de Hesíodo de construir una
evolución del mundo, llena de sentido, en la cual intervienen fuerzas
de carácter ético además de las fuerzas telúricas y atmosféricas. El
pensamiento de la Teogonia no se contenta con ponerlos en relación
con los dioses reconocidos y venerados en los cultos ni con los con­
ceptos tradicionales de la religión reinante. Por el contrario, pone al
servicio de una concepción sistemática, sobre el origen del mundo y
de la vida humana, elaborada mediante la fantasía y el intelecto, los
datos de la religión en el sentido más amplio del culto, de la tradi­
ción mítica y de la vida interior. Así, concibe toda fuerza activa
como una fuerza divina, como corresponde a aquel grado de la evo­
lución espiritual. Nos hallamos, pues, ante un pensamiento vivo y
mítico, expuesto en la forma de un poema original. Pero este siste­
ma mítico se halla constituido y gobernado por un elemento racional,
como lo demuestra el hecho de que se extienda mucho más allá del
círculo de los dioses conocidos por Homero y objeto del culto y
de que no se limite a los meros registros y combinaciones de dioses
admitidos por la tradición, sino que se atreva a una interpretación
creadora de los mismos e invente nuevas personificaciones cuando
así lo exijan las nuevas necesidades del pensamiento abstracto.
Bastan estas breves referencias para comprender el trasfondo de
los mitos que introduce Hesíodo en los Erga, para explicar la presen­
cia de la fatiga y los trabajos en la vida humana y la existencia del
mal en el mundo. Así se ve, ya en el relato introductorio sobre
la buena y la mala Eris, que la Teogonia y los Erga, a pesar de la
diferencia de su asunto, no se hallaban separados en el espíritu del
poeta, sino que el pensamiento del teólogo penetra en el del moralista,
así como el de éste se manifiesta claramente en la Teogonia. Ambas
obras desarrollan la íntima unidad de la concepción del mundo, de
una personalidad. Hesíodo aplica la forma “ causal” del pensamiento,
propia de la Teogonia, en la historia de Prometeo de los Erga, a los
problemas éticos y sociales del trabajo. El trabajo y los sufrimientos
deben de haber venido alguna vez al mundo. No pueden haber for­
mado parte, desde el origen, de la ordenación divina y perfecta de
las cosas. Hesíodo busca su causa en la siniestra acción de Prometeo,
en el robo del fuego divino, que considera desde el punto de vista
HES10D0 Y LA VIDA CAMPESINA 75
moral. Como castigo, creó Zeus a la primera mujer, la astuta Pan­
dora, madre de todo el género humano. De la caja de Pandora sa­
lieron los demonios de la enfermedad, de la vejez y otros mil males
que pueblan hoy la tierra y el mar.
Es una innovación atrevida interpretar el mito desde el punto de
vista de las nuevas ideas especulativas del poeta y colocarlo en un
lugar tan central. Su uso en la marcha general del pensamiento de
los Erga corresponde al uso paradigmático del mito en los discursos
de los personajes de la epopeya homérica. No se ha reconocido esta
razón para los dos grandes “ episodios” o “ digresiones” míticas del
poema de Hesíodo, a pesar de su gran importancia para la compren­
sión de su fondo y de su forma. Los Erga constituyen una grande y
singular admonición y un discurso didáctico y, como las elegías de
Tirteo o de Solón, derivan directamente, en el fondo y en la forma,
de los discursos de la epopeya homérica.4 En ellos se hallan muy en
su lugar los ejemplos míticos. El mito es como un organismo: se des­
arrolla, cambia y se renueva incesantemente. El poeta realiza esta
transformación. Pero no la realiza respondiendo simplemente a su
arbitrio. El poeta estructura una nueva forma de vida para su tiempo
e interpreta el mito de acuerdo con sus nuevas evidencias íntimas.
Sólo mediante la incesante metamorfosis de su idea se mantiene el
mito vivo. Pero la nueva idea es acarreada por el seguro vehículo
del mito. Esto es válido ya para la relación entre el poeta y la tradi­
ción en la epopeya homérica. Pero se hace todavía mucho más claro
en Hesíodo, puesto que aquí la individualidad poética aparece de un
modo evidente, actúa con plena conciencia y se sirve de la tradición
mítica como de un instrumento para su propio designio.
Este uso normativo del mito se revela con mayor claridad por el
hecho de que Hesíodo, en los Erga, coloca, inmediatamente después
de la historia de Prometeo, la narración de las cinco edades del
mundo, mediante una fórmula de transición que carece acaso de
estilo, pero que es sumamente característica para nuestro propósito.5
“ Si tú quieres, te contaré con arte una segunda historia hasta el fin.
Acéptala, empero, en tu corazón.” En este tránsito del primer mito
al segundo era necesario dirigirse de nuevo a Perses, para llevar a la
conciencia de los oyentes la unidad del fin didáctico de dos narracio­
nes en apariencia tan distintas. La historia de la antigua Edad de Oro
y de la degeneración siempre creciente de los tiempos subsiguientes,
debe mostrar que los hombres eran originariamente mejores que hoy

4 Los intérpretes no observaron que el comienzo de los Erga, luego de la


invocación a Zeus, que termina con las palabras “ pero yo quiero decir la ver­
dad a Perses” , está imitado en su forma típica de o v x a p a j a o ü v o v é f j v de los
discursos homéricos. Pero de esto depende la comprensión de la forma de todo
el poema; es un único “ discurso” independizado y ampliado hasta convertirse
en epopeya, de carácter admonitivo. El largo discurso de Fénix, en el libro ix de
la lliad-a, está bastante cerca de él.
5 Erga, 106.
76 LA PRIMERA GRECIA
y vivían sin trabajos ni penas. Sirve de explicación el mito de Pro­
meteo. Hesíodo no vio que ambos mitos en realidad se excluyen, lo
cual es particularmente significativo para su plena interpretación ideal
del mito. Menciona Hesíodo, como causas de la creciente desventura
de los hombres, el progreso de hybris y la irreflexión, la desapari­
ción del temor de los dioses, la guerra y la violencia. En la edad
quinta, la edad de hierro, en la cual el poeta lamenta tener que vivir,
domina sólo el derecho del más fuerte. Sólo los malhechores pueden
afirmarse en ella. Aquí refiere Hesíodo la tercera historia: la del hal­
cón y el ruiseñor. La dirige expresamente a los jueces, a los señores
poderosos. El halcón arrebata al ruiseñor ■—el “ cantor” — y a sus
lamentos lastimeros responde el raptor, mientras lo lleva en sus garras
a través de los aires: 6 “ Desventurado, ¿de qué te sirven tus gemidos?
Te hallas en poder de uno más fuerte que tú y me seguirás a donde
quiera llevarte. De mí depende comerte o dejarte.” Hesíodo denomina
a esta historia de animales, un ainos. Semejantes fábulas eran creídas
por todo el pueblo. Cumplían en el pensamiento popular una función
análoga a la de los paradigmas míticos en los discursos épicos: con­
tenían una verdad general. Homero y Píndaro denominan también
ainos a los ejemplos míticos. Sólo más tarde se limita el concepto a
las fábulas de animales. Contiene el sentido ya conocido de adverten­
cia o consejo. Así, no es sólo ainos la fábula del halcón y el ruiseñor.
Éste es sólo el ejemplo que ofrece Hesíodo a los jueces. Verdaderos
ainos son también la historia de Prometeo y el mito de las edades
del mundo.
Las mismas alocuciones dirigidas a ambas partes, a Perses y a los
jueces, se repiten en la siguiente parte del poema. En ella nos mues­
tra la maldición de la injusticia y la bendición de la justicia, mediante
las imágenes religiosas de la ciudad justa y de la ciudad injusta. Diké
se convierte aquí, para el poeta, en una divinidad independiente. Es
la hija de Zeus, que se sienta con él y se lamenta cuando los hombres
abrigan designios injustos, puesto que tiene que darle cuenta de ellos.
Sus ojos miran también a esta ciudad y al litigio que se sostiene en
ella. Y el poeta se dirige de nuevo a Perses: 7 “ Toma esto en consi­
deración; atiende a la justicia y olvida la violencia. Es el uso que
ha ordenado Zeus a los hombres: los peces y los animales salvajes y
los pájaros alados pueden comerse unos a otros, puesto que entre
ellos no existe el derecho. Pero a los hombres les confirió la justicia,
el más alto de los bienes.” Esta diferencia entre los hombres y los
animales se enlaza claramente con el ejemplo del halcón y el ruiseñor.
Hesíodo piensa que entre los hombres no hay que apelar nunca al
derecho del más fuerte, como lo hace el halcón con el ruiseñor.
En la primera parte del poema se revela la creencia religiosa de
que la idea del derecho se halla en el centro de la vida. Este elemento

6 Erga, 202.
7 Erga, 274. Nomos no significa todavía en este contexto “ley” .
HESÍODO Y LA VIDA CAMPESINA 77
ideológico no es, naturalmente, un producto original de la vida cam­
pesina primitiva. En la forma en que lo hallamos en Hesíodo, ni tan
siquiera pertenece a la Grecia propiamente dicha. Del mismo modo
que los rasgos racionales que se revelan en el afán sistemático de la
Teogonia presuponen las relaciones ciudadanas y el desarrollo espiri­
tual avanzado de Jonia. La fuente más antigua de estas ideas es,
para nosotros, Homero. En él se halla contenido el primer elogio de
la justicia. Sin embargo, la idea del derecho no se halla tan en
primer término en la Ilíada como en la Odisea, más próxima, en el
tiempo, a Hesíodo. En ella hallamos la creencia de que los dioses son
guardianes de la justicia y de que su reinado no sería, en verdad,
divino, si no condujera, al fin, al triunfo del derecho. Este postulado
domina la acción entera de la Odisea. También en la Ilíada hallamos,
en un famoso ejemplo de la Patrocleia, la creencia de que Zeus pro­
mueve terribles tempestades en el cielo cuando los hombres conculcan
la justicia en la tierra.8 Sin embargo, estas huellas aisladas de una
concepción ética de los dioses y aun las convicciones que gobiernan
la Odisea, se hallan muy lejos de la pasión religiosa de Hesíodo, el
profeta del derecho, el cual, como simple hombre del pueblo empren­
de, mediante su fe inquebrantable en la protección del derecho por
los dioses, una lucha contra su propio ambiente y nos arrebata toda­
vía, a través de los siglos, con su irresistible pathos. Toma de Homero
el contenido de su idea del derecho, así como algunos giros carac­
terísticos del lenguaje. Pero la fuerza reformadora mediante la cual
experimenta esta idea en la realidad, así como el absoluto predomi­
nio de su idea del gobierno de los dioses y del sentido del mundo,
abre una nueva edad. La idea del derecho es, para él, la raíz de la
cual ha de surgir una sociedad mejor. La identificación de la volun­
tad divina de Zeus con la idea del derecho y la creación de una nueva
figura divina, Diké, tan íntimamente vinculada con Zeus, el dios más
alto, son la consecuencia inmediata de la fuerza religiosa y la severi­
dad moral con que sintieron la exigencia de la protección del derecho
la clase campesina naciente y los habitantes de la ciudad.
Es imposible admitir que Hesíodo, en su tierra beocia, alejado del
desarrollo espiritual propio de los países transmarinos, haya mante­
nido por primera vez aquella exigencia y sacada de sí mismo la
totalidad de su pathos social. La experimentó con más vehemencia
en su lucha con aquel medio ambiente y se convirtió, así, en su he­
raldo. Él mismo cuenta en los Erga9 cómo su padre, venido a menos
en la ciudad de Cime, en el Asia Menor, inmigró a Beocia. Así, es
razonable presumir que el sentimiento de melancolía experimentado

8 II 384-393. Hay que fijarse en que la idea ético-jurídica de Zeus se ex­


presa más marcadamente en una alegoría que en ningún otro lugar de la Ilíada.
Se ha indicado hace tiempo que la vida real, tal como el poeta la conoce por
la experiencia, penetra a menudo, a través de la rigorosa estilización heroica,
en la alegoría.
® Erga, 633 55.
78 LA PRIMERA GRECIA
en su nueva patria, tan amargamente expresado por el hijo, le haya
sido trasmitido por su padre. Su familia no se ha sentido nunca
en su casa en la miserable aldea de Ascra. Hesíodo la denomina “ ho­
rrible en invierno, insoportable en verano y nunca agradable” . Es
evidente que desde joven aprendió en su casa paterna a ver con mi­
rada crítica las relaciones sociales de los beocios. Introdujo la idea
de diké en su medio ambiente. Ya en la Teogonia la introduce de
un modo expreso.10 La presencia de la trinidad divina y moral de las
Horas, Diké, Eunomia e Irene, al lado de las Moiras y de las Ca­
rites, se debe evidentemente a una predilección del poeta. Del mismo
modo que en la genealogía de los vientos cuenta a Notos, Bóreas y
Céfiro, en la detallada descripción de los males que sobrevienen a
los marineros y a los campesinos,11 alaba a las diosas del derecho,
el buen orden y la paz, como promotoras de las “ obras de los hom­
bres” . En los Erga, la idea del derecho de Hesíodo penetra toda la
vida y el pensamiento de los campesinos. Mediante la unión de
la idea del derecho con la idea del trabajo consigue crear una obra
en la cual se desarrolla desde un punto de vista dominante y adquiere
un carácter educador la forma espiritual y el contenido real de la
vida de los campesinos. Vamos a mostrarla ahora, en breves rasgos,
en la amplia construcción de los Erga.
Inmediatamente después de la advertencia con que se cierra la
primera parte, de seguir el derecho y abandonar ya para siempre
la injusticia, se dirige Hesíodo una vez más a su hermano, en aque­
llos famosos versos que han corrido durante millares de años de boca
en boca, separados de su contexto.12 Ellos solos bastan para hacer
al poeta inmortal. “ Deja que te aconseje con recto conocimiento,
Perses, mi niño grande.” Las palabras del poeta toman un tono pa­
ternal, pero cálido y convincente. “ Fácil es alcanzar en tropel la mi­
seria. Liso es el camino. Y no reside lejos. Sin embargo, los dioses
inmortales han colocado antes del éxito, el sudor. Largo y escarpado
es el sendero que conduce a él y, al principio, áspero. Sin embargo,
cuando has alcanzado la cúspide, resulta fácil, a pesar de su rudeza.”
“ Miseria” y “ éxito” no traducen exactamente las palabras griegas
xaxórrig y áp£TT|. Con ello expresamos, por lo menos, que no se tra­
ta de la perversidad y la virtud moral tal como lo entendió más
tarde la Antigüedad.13 Este fragmento se enlaza con las palabras de
ingreso en la primera parte, relativas a la Eris buena y mala. Des­
pués de haber puesto claramente ante los ojos del lector la desgracia
de la lucha, es preciso mostrar ahora el valor del trabajo. El trabajo
es ensalzado como el único, aunque difícil camino, para llegar a la
areté. El concepto abraza al mismo tiempo la destreza personal y
lo que de ella deriva — bienestar, éxito, consideración. No se trata
de la areté guerrera de la antigua nobleza, ni de la clase propietaria,

10 Teog., 901. 11 Tcog., 869. 12 Erga, 286 55.


13 Ver W ilamowitz , Sappho und Simonides (Berlín, 1913), p. 169.
HES10D0 Y LA VIDA CAMPESINA 79
fundada en la riqueza, sino 1a. del hombre trabajador, que halla su
expresión en una posesión moderada. Es la palabra central de la
segunda parte, los Erga propiamente dichos. Su fin es la arete, tal
como la entiende el hombre del pueblo. Quiere hacer algo con ella
y prestarle una figura. En lugar de los ambiciosos torneos caballe­
rescos, exigidos por la ética aristocrática, aparece la silenciosa y tenaz
rivalidad del trabajo. Con el sudor de su frente debe ganar el hombre
su pan. Pero esto no es una maldición, sino una bendición. Sólo
a este precio puede alcanzar la arete. Así, resulta perfectamente claro
que Hesíodo, con plena conciencia, quiere poner, al lado de la edu­
cación de los nobles, tal como se refleja en la epopeya homérica, una
educación popular, una doctrina de la arete del hombre sencillo. La
justicia y el trabajo son los pilares en que descansa.
Pero, entonces, ¿es posible enseñar la arete? Esta pregunta fun­
damental se halla al principio de toda ética y de toda educación.
Hesíodo la suscita, apenas pronunciada la palabra arete. “ Ciertamen­
te, es el mejor de los hombres aquel que todo lo considera, y examina
qué cosa será en último término lo justo. Bueno es también el que
sabe seguir lo que otro rectamente le enseña. Sólo es inútil aquel
que ni conoce por sí mismo ni toma en su corazón la doctrina de
otro.” Estas palabras se hallan, no sin fundamento, entre la enuncia­
ción del fin — la arete— y el comienzo de los preceptos particulares
que se vinculan inmediatamente a él. Perses, y quienquiera que oiga
las doctrinas del poeta, debe hallarse dispuesto a dejarse guiar por
él si no es capaz de conocer, en su propia intimidad, lo que le
aprovecha y lo que le perjudica. Así se justifica y adquiere sentido
la totalidad de su enseñanza. Estos versos han valido en la ética filo­
sófica posterior como el primer fundamento de toda doctrina ética
y pedagógica. Aristóteles los acepta en su plenitud en la Ética nico-
maquea en su consideración introductora sobre el punto de vista
adecuado (áQXÁ) de la enseñanza ética.14 Ésta es una indicación de
la mayor importancia para comprender su función en el esquema ge­
neral de los Erga. También allí juega un papel de la mayor impor­
tancia la cuestión del conocimiento. Perses no tiene una concepción
justa. Pero el poeta debe dar por supuesto que es posible enseñarla,
desde el momento en que trata de comunicarle su propia convicción
y de influir en él. La primera parte prepara el terreno para sembrar
la simiente de la segunda. Desarraiga prejuicios y errores que se
interponen en el camino del conocimiento de la verdad. No es posible
que el hombre llegue a su fin mediante la contienda y la injusticia.
Para obtener la verdadera prosperidad es preciso que ajuste sus aspi­
raciones al orden divino que gobierna el mundo. Una vez que el
hombre ha llegado a la íntima convicción de esto, otro puede, me­
diante sus enseñanzas, ayudarle a encontrar el camino.

14 A ristóteles, Et. nic., A 2, 1095 b 10.


80 LA PRIMERA GRECIA
Siguen a la parte general, que lo pone en esta situación precisa,
las doctrinas prácticas particulares,15 mediante una serie de sentencias
que otorgan al trabajo el más alto valor. “ Así, recuerda mis adver­
tencias y trabaja, Perses, vástago divino, para que el hambre te
aborrezca y te ame la casta y bella Deméter y llene con abundancia
tus graneros. Quien vive inactivo es aborrecido de los dioses y de los
hombres. Asemeja al zángano que consume el penoso trabajo de
las abejas. Procúrate un justo placer entregándote, en una justa me­
dida, al trabajo. Así, tus graneros se llenarán con las provisiones
que te proporcione cada año.” “ El trabajo no es ninguna vergüenza.
La ociosidad sí es una vergüenza. Si trabajas te envidiará el ocioso
por tu ganancia. A la ganancia sigue la consideración y el respeto.
En su condición, el trabajo es lo único justo, sólo con que cambies
tu atención de la codicia de los bienes ajenos y la dirijas a tu pro­
pio trabajo y cuides de su mantenimiento, tal como te lo aconsejo.”
Habla entonces Hesíodo de la tremenda vergüenza de la pobreza, de
las riquezas adquiridas injustamente y de las riquezas concedidas por
Dios, y pasa a una serie de preceptos particulares sobre la vene­
ración de los dioses, la piedad y la propiedad. Habla de las rela­
ciones con los amigos y los enemigos, y especialmente con los veci­
nos queridos, del dar, el recibir y el ahorrar, de la confianza y la
desconfianza, especialmente con las mujeres, sobre la sucesión y el nú­
mero de hijos. Sigue una descripción de los trabajos de los campe­
sinos y de los marineros y acaba con otra colección de sentencias.
Concluye con los “ días” , fastos y nefastos. No necesitamos analizar esta
parte del poema. Especialmente la doctrina relativa a los trabajos pro­
fesionales de los campesinos y los marineros — no tan separados entre
los beocios como en nuestros tiempos— penetra tan profundamente en
la realidad de sus particularidades que, a pesar del encanto de su
descripción de la vida cotidiana del trabajo, no podemos examinar­
los aquí. El orden maravilloso que domina la totalidad de esta vida
y el ritmo y la belleza que otorga, se deben a su íntimo contacto
con la naturaleza y su curso inmutable y su constante retorno. En
la primera parte, la exigencia de justicia y honradez se funda en el
orden moral del mundo. En la segunda, la ética del trabajo y de
la profesión surge del orden natural de la existencia y de él recibe
sus leyes. El pensamiento de Hesíodo no los separa. El orden moral
y el orden natural derivan igualmente de la divinidad. Cuanto el hom­
bre hace y omite, en su relación con sus semejantes y en su relación
con los dioses, así como en el trabajo cotidiano, constituye una uni­
dad con sentido.
Hemos observado ya que el rico tesoro de experiencias del trabajo
y de la vida que se despliega ante el lector en esta parte de la obra
procede de una tradición popular, milenaria y profundamente arrai­

15 El paralelo más destacado de esta parte de los Erga son las sentencias de
Teognis (véase infra, p. 192).
HESÍODO Y LA VIDA CAMPESINA 81
gada. Esta corriente' inmemorial que brota de la tierra, todavía
inconsciente de sí misma, es lo más conmovedor del poema de He-
síodo y la causa principal de su fuerza. El vigor impresionante de
su plena realidad deja en la sombra a los convencionalismos poéticos
de algunos de los cantos homéricos. Un nuevo mundo, cuya riqueza
en belleza original humana sólo se revela en algunos ejemplos de la
epopeya heroica, tales como la descripción del escudo de Aquiles,
ofrece ante los ojos su fresco verdor, el fuerte olor de la tierra
abierta por su arado y el canto del cuclillo en los arbustos que es­
timula el trabajo campesino. Todo ello se halla enormemente alejado
del romanticismo de los poetas eruditos de las grandes ciudades y de
los idilios de la época helenística. La poesía de Hesíodo nos ofrece
realmente la vida de los hombres del campo en su plenitud. Funda
su idea del derecho, como fundamento de toda vida social, en este
mundo natural y primitivo del trabajo y se convierte en el heraldo
y el creador de su estructura íntima. Ofrece al trabajador su vida
penosa y monótona como espejo del más alto ideal. No debe mirar
ya con envidia a la clase social de la cual ha recibido, hasta ahora,
todo alimento espiritual. Halla en su propia vida y en sus actividades
habituales, y aun en su propia dureza, una alta significación y un
designio elevado.
En la poesía de Hesíodo se realiza ante nuestros ojos la forma­
ción independiente de una clase popular, hasta aquel momento ex­
cluida de toda educación consciente. Se sirve de las ventajas que
ofrece la cultura de las clases más altas y de las formas espirituales
de la poesía cortesana. Pero crea su propia forma y su ethos, exclu­
sivamente, a partir de las profundidades de su propia vida. Gracias
a que Homero no es solamente un poeta de clase, sino que se eleva
desde la raíz de un ideal de clase a la altura y a la amplitud gene­
ral y humana del espíritu, posee la fuerza capaz de orientar en su
propia cultura a una clase popular que vive en condiciones de exis­
tencia completamente distintas, de hallar el sentido peculiar de su vida
humana y de conformarla de acuerdo con sus leyes íntimas. Esto es
de la mayor importancia. Pero todavía es más importante el hecho de
que, mediante este acto de autoformación espiritual, sale de su aisla­
miento y hace sentir su voz en el ágora de las naciones griegas. Así
como la cultura aristocrática adquiere en Homero una influencia de
tipo general humano, con Hesíodo la civilización campesina sale de los
estrechos límites de su esfera social. Aunque el contenido del poema
sólo sea comprensible y aplicable para los campesinos y el trabajo
del campo, los valores morales implícitos en aquella concepción de
la vida se hacen accesibles, de una vez para siempre, a todo el mun­
do. Claro es que la concepción agraria de la sociedad no dio el sello
definitivo a la vida del pueblo griego. La cultura griega halló en
la polis su forma más peculiar y completa. Lo que conserva de la
cultura campesina se mantiene en un trasfondo espiritual. De tanta
82 LA PRIMERA GRECIA
o mayor importancia es el hecho de que el pueblo griego considere
ya para siemper a Hesíodo como un educador orientado en el ideal
del trabajo y de la justicia estricta y que, formado en el medio cam­
pesino, conserve su valor aun en situaciones sociales totalmente di­
versas.
La verdadera raíz de la poesía de Hesíodo reside en la educación.
No depende del dominio de la forma épica ni de la materia en
cuanto tal. Si consideramos los poemas didácticos de Hesíodo sólo
como una aplicación más o menos original del lenguaje y las formas
poéticas de los rapsodas a un contenido que se consideró como “ pro­
saico” por las generaciones posteriores, sobreviene la duda sobre el
carácter poético de la obra. Los filólogos antiguos formularon la
misma duda en relación con los poemas didácticos posteriores.16 He­
síodo mismo halló la justificación de su misión poética en su volun­
tad profética de convertirse en el maestro de su pueblo. Con estos
ojos consideraron sus contemporáneos a Homero. No podían imagi­
nar una forma más alta de influjo espiritual que el de los poetas y
los rapsodas homéricos. La misión educadora del poeta se hallaba
inseparablemente vinculada a la forma del lenguaje épico, tal como
la habían experimentado por el influjo de Homero. Cuando Hesíodo
recogió, a su modo, la herencia de Homero, definió para la poste­
ridad, más allá de los límites de la simple poesía didáctica, la esencia
de la creación poética, en el sentido social, educador y constructivo.
Esta fuerza constructora surge, más allá de la instrucción moral e
intelectual, en la esencia de las cosas, dando nueva vida a cuanto
toca. La amenaza inmediata de un estado social dominado por la
disensión y la injusticia condujo a Hesíodo a la visión de los funda­
mentos en que descansaba la vida de aquella sociedad y la de cada
uno de sus miembros. Esta visión esencial, que penetra en el sentido
simple y originario de la vida, determina la función del verdadero
poeta. Para él no existe asunto prosaico o poético por sí mismo.
Hesíodo es el primer poeta griego que habla en nombre propio
de su medio ambiente. Así se eleva, más allá de la esfera épica, que
pregona la fama e interpreta las sagas, a la realidad y a las luchas
actuales. En el mito de las cinco edades se manifiesta claramente
que considera el mundo heroico de la epopeya como un pasado
ideal, que contrapone al presente de hierro. En el tiempo de Hesíodo
el poeta se esfuerza por ejercer una influencia directa en la vida. Por
primera vez mantiene la pretensión de guía, sin fundarla en una
ascendencia aristocrática ni en una función oficial reconocida. Surge,
de pronto, la comparación con los profetas de Israel, desde antiguo des­
tacada. Sin embargo, con Hesíodo, el primero de los poetas griegos
que se levanta con la pretensión de hablar públicamente a la comuni­
dad, por razón de la superioridad de su conocimiento, se anuncia el

16 Anécdota Bekkeri, 733, 13.


HES10D0 Y LA VIDA CAMPESINA 83
helenismo como una nueva época en la historia de la sociedad. Con
Hesíodo empieza el dominio y el gobierno del espíritu que presta su
sello al mundo griego. Es el “ espíritu” , en su sentido original, el ver­
dadero spiritus, el aliento de los dioses que él mismo pinta como
una verdadera experiencia religiosa y que recibe, mediante una ins­
piración personal, de las musas, al pie del Helicón. Las musas mismas
explican su fuerza inspiradora cuando Hesíodo las invoca como poeta:
“ En verdad sabemos decir mentiras cuando semejan verdades, pero
sabemos también, si queremos, revelar la verdad.” 17 Así se ex­
presa en el preludio de la Teogonia. También en el proemio de los
Erga quiere Hesíodo revelar la verdad a su hermano.18 Esa concien­
cia de enseñar la verdad es algo nuevo en relación con Homero, y la
forma personal de la poesía de Hesíodo debe hallarse, de algua ma­
nera, en conexión con ella. Es la característica peculiar del poeta
griego que, mediante el conocimiento más profundo de las conexiones
del mundo y de la vida, quiere conducir al hombre errado por el ca­
mino justo.

17 Teog., 27. 18 Erga, 10.


V. LA EDUCACIÓN DEL ESTADO EN ESPARTA

L a “ polis” como forma de cultura y sus tipos

L a cultura griega alcanza por primera vez su forma clásica en la


estructura social de la vida de la polis. Verdad es que la sociedad
aristocrática y la vida campesina no se hallan enteramente desligadas
de la polis. Las formas de vida feudal y campesina aparecen en la
historia más antigua de la polis y persisten aún en sus últimos esta­
dios. Pero la dirección espiritual pertenece a la vida ciudadana. In­
cluso cuando se funda de un modo total o parcial en los principios
aristocráticos o agrarios, la polis representa un nuevo principio, una
forma más firme y más completa de vida social, mucho más signifi­
cativa, para los griegos, que otra alguna. Aun entre nosotros se con­
servan vivas las palabras “ política” y “ político” , derivadas de la
polis, que nos recuerdan que con la polis griega surgió, por primera
vez, lo que nosotros denominamos estado — aun cuando la palabra
griega pueda traducirse lo mismo por estado que por ciudad. Para
los siglos que median entre el fin del periodo patriarcal y la funda­
ción del Imperio macedónico por Alejandro, el estado equivale a la
polis. Aunque existen, ya en el periodo clásico, formaciones estatales
de mayor extensión territorial, se trata siempre de confederaciones de
ciudades-estado más o menos independientes. La polis es el centro
dominante a partir del cual se organiza históricamente el periodo
más importante de la evolución griega. Se halla, por tanto, en el cen­
tro de toda consideración histórica.
Podríamos renunciar, desde luego, a la comprensión de la histo­
ria de los griegos si, de acuerdo con las divisiones habituales de la
materia, abandonáramos el estado a los historiadores “ políticos” y a
los investigadores del derecho público y nos limitáramos al contenido
de la vida espiritual. Es posible escribir una historia de la cultura
alemana, durante un largo periodo, sin aludir para nada a la polí­
tica. Sólo en los tiempos modernos se sitúa en el centro. De ahí
que, durante largo tiempo, se haya estudiado también a los griegos
y a su cultura, predominantemente, desde un punto de vista estético.
Pero esto es una grave dislocación del centro de gravedad. Sólo en
la polis es posible hallar aquello que abraza todas las esferas de la
vida espiritual y humana y determina de un modo decisivo la forma
de su construcción. Todas las ramas de la actividad espiritual, en
el periodo primitivo de la cultura griega, brotan inmediatamente de la
raíz unitaria de la vida en comunidad. Podríamos compararlo tam­
bién con una multitud de arroyos y ríos que desembocan en un único
mar — la vida de la comunidad— de la cual reciben orientaciones y
84
LA EDUCACIÓN DEL ESTADO EN ESPARTA 85
límites y se sumergen de nuevo en sus fuentes a través de canales
invisibles y subterráneos. Describir la ciudad griega equivale a des­
cribir la vida de los griegos en su totalidad. Aunque esto, práctica­
mente, es un ideal irrealizable, por lo menos en la forma usual de
la narración histórica como una serie lineal de hechos que se desarro­
llan en el tiempo, es de la mayor fecundidad, para todas y cada una
de sus esferas, la consideración de aquella unidad. La polis es el mar­
co social para la historia de la cultura helénica. En él hemos de situar
todas las obras de la “ literatura” hasta el fin del periodo ático.
No puede ser, naturalmente, nuestro propósito, entrar en la infi­
nita multiplicidad de las manifestaciones de la vida y las constituciones
políticas que han reunido, en el curso del último siglo, los historiado­
res del estado antiguo. Nos es preciso limitarnos a la consideración
de las particularidades más importantes de los distintos estados para
llegar a una representación intuitiva de su realidad social. Es de la
mayor importancia, para nuestro objeto, ver cómo el espíritu de
la polis griega halló su expresión, primero, en la poesía y, luego,
en la prosa, y determinó de un modo perdurable el carácter de la
nación. Nos limitaremos, por tanto, a unos pocos tipos capitales y
representativos. Ya Platón, al tratar de trazar en las Leyes el esque­
ma del pensamiento político y pedagógico de la antigüedad helénica,
parte de los poetas, y llega a la determinación de dos formas funda­
mentales que parecen representar la totalidad de la cultura política
de su pueblo: el estado militar espartano y el estado jurídico origi­
nario de Jonia. Hemos de considerar, por tanto, estos dos tipos, con
especial cuidado.
Hallamos aquí la diferencia diametral del espíritu griego, el hecho
originario de la vida histórica de aquel pueblo. Este hecho es de
una importancia fundamental no sólo para la comprensión del estado
griego, sino también para la de la estructura de su vida espiritual.
Es más: sólo es posible comprender la esencia peculiar de la cultura
griega si atendemos a esta multiplicidad de formas, lo mismo en la
agudeza de su oposición que en la armonía que, en último término,
la supera y la concuerda. Los caracteres raciales carecen de impor­
tancia en el estudio de la cultura noble de los jonios y de las
circunstancias de la vida campesina de los beodos, tales como las pin­
tan Homero y Hesíodo, puesto que no es posible compararlas con
otras estirpes contemporáneas. La mezcla de diversos dialectos, que
se manifiesta en el lenguaje de la epopeya, demuestra que la creación
artística de la poesía homérica es el producto de la colaboración de
distintas razas y pueblos en la elaboración del lenguaje, el estilo y
el metro de los poemas. Sería, empero, una empresa inútil y vana
tratar de dedudr de estas huellas diferencias relativas a su condición
y naturaleza espiritual. Jamás podrá la investigación histórica des­
prender de nuestro Homero cantos enteros que muestren en unidad
un matiz de los dialectos eolios. Las peculiaridades del espíritu dórico
86 LA PRIMERA GRECIA
y jónico se muestran, en cambio, de un modo preciso en las formas
de la vida ciudadana y en la fisonomía espiritual de la polis. Ambos
tipos confluyen en la Atenas de los siglos v y iv. Mientras que la vida
real del estado ateniense recibe el influjo decisivo del ideal jónico,
vive en la esfera espiritual, por el influjo aristocrático de la filosofía
ática, la idea espartana de una regeneración; y en el ideal de cultura
de Platón se funde, en una unidad más alta, con la idea fundamental,
jónica y ática, de un estado de derecho, despojada de su forma de­
mocrática.

El ideal espartano del siglo iv y la tradición

Esparta no tiene lugar independiente ni en la historia de la filo­


sofía ni en la del arte. La raza jónica, por ejemplo, juega un papel
dirigente en el desarrollo de la conciencia filosófica y ética. En vano
se buscaría un nombre espartano entre los moralistas y filósofos grie­
gos. Esparta halla, en cambio, un lugar preponderante en la historia
de la educación. La más característica creación de Esparta es su
estado, y el estado representa aquí, por primera vez, una fuerza pe­
dagógica en el sentido más amplio de la palabra.
Desgraciadamente, las fuentes para el conocimiento de este notable
organismo son, en parte, oscuras. Por fortuna, la idea central que
penetra todos los detalles de la educación espartana se revela de un
modo claro y seguro en todos los poemas que nos han sido trasmiti­
dos con el nombre de Tirteo. Gracias a esta poderosa revelación ha
podido ser separada de su origen histórico y ejercer un influjo per­
manente en la posteridad. Pero, a diferencia de Homero y Hesíodo,
en la elegía de Tirteo, tal como corresponde a la esencia de esa poesía
de puro pensamiento, hallamos sólo la formación de ün ideal. No
nos hallamos en condiciones de esclarecer, a partir de ella, el subsuelo
histórico en el cual se desarrolló este ideal. Nos es forzoso, por tanto,
acudir a otras fuentes.
Nuestro testimonio fundamental, la Constitución de los lacedemonios
de Jenofonte, es producto del romanticismo, en parte filosófico, en parte
político del siglo iv a. c., que vio en el estado espartano una especie
de revelación política primordial. Sólo podemos reconstruir en parte
la “ Constitución de los lacedemonios” de Aristóteles, hoy perdida,
gracias a los pormenores que se conservan en los artículos de Léxicos
posteriores que aprovecharon sus ricos materiales. Su tendencia era,
sin duda alguna, la misma que se revela en las apreciaciones sobre el
estado espartano del segundo libro de la Política, es decir, la crítica
sobriedad del juicio, en contraposición a la apoteosis de Esparta, usual
entre los filósofos. La admiración de Jenofonte se fundaba todavía
en el conocimiento de Esparta por íntima experiencia personal. Mien­
tras que el encanto romántico que se revela en la biografía de Li­
curgo. de Plutarco, descansa sólo en un saber adquirido en antiguas
LA EDUCACIÓN DEL ESTADO EN ESPARTA 87
fuentes literarias de muy diverso valor. Al valorar estos testimonios
es preciso tener presente que surgieron de la reacción consciente o
inconsciente contra la moderna cultura del siglo iv. Veían en la feliz
situación de la antigua Esparta, muchas veces de un modo anacró­
nico, la victoria sobre vicios de su propio tiempo y la solución de
problemas que, en verdad, no existían para el “ sabio Licurgo” . Es,
ante todo, imposible determinar de un modo preciso la antigüedad
de la organización de Esparta en tiempo de Jenofonte y Agesilao. La
única garantía de su origen antiguo es la reputación de rígido conser­
vadurismo que ha convertido a los lacedemonios en el ideal de todos
los aristócratas y en la abominación de todos los demócratas del mun­
do entero. Pero Esparta evoluciona también, y aun en tiempos poste­
riores ofrece innovaciones en su educación.
La creencia de que la educación espartana haya sido un adiestra­
miento militar unilateral procede de la Política de Aristóteles. Esta
idea era ya conocida por Platón y, en relación con ella, traza en las
Leyes el espíritu del estado de Licurgo. Debemos tratar de compren­
der aquella crítica en relación con el tiempo en que fue formulada.
Después de la victoria en la guerra del Peloponeso, alcanzó Esparta
la hegemonía indiscutible en Grecia. Al cabo de tres décadas la per­
dió, tras la catástrofe de Leuctra. La admiración por su eunomia,
mantenida durante siglos, sufrió un rudo golpe. El desvío de los
griegos hacia el opresor se hizo general desde el momento que se
apoderó de Esparta el ansia de dominio y perdió el antiguo sentido
de la disciplina y la educación. El dinero, antes apenas conocido en
Esparta, entró a torrentes en el país y se “ descubrió” un viejo orácu­
lo según el cual la codicia y sólo la codicia arruinaría a Esparta. En
esta época, dominada por una política de expansión, fría y calcula­
dora, el estilo de Lisandro, en que los lacedemonios se habían apode­
rado despóticamente de las acrópolis de casi todas las ciudades grie­
gas y habían sido destruidas todas las libertades políticas de las lla­
madas ciudades autónomas, la antigua disciplina espartana apareció
involuntariamente a la luz del uso maquiavélico que Esparta hacía
de ella.
Sabemos demasiado poco de la antigua Esparta para comprender
con seguridad su espíritu. Los nuevos intentos de demostrar que la
forma clásica del estado espartano, el cosmos “ de Licurgo” , es una
creación de una época relativamente avanzada, no son más que hipó­
tesis. Karl Otfried Müller, el genial fundador de la historia de las
ciudades helénicas — que empapado de la grandeza moral de los do­
rios la contrapuso con la mayor claridad al culto tradicional de Ate­
nas— , interpretó, por el contrario, probablemente con razón, al antiguo
militarismo espartano como la continuación de un estado antiquísimo
de la civilización doria. Los laconios lo habrían conservado desde
la época de las grandes migraciones y de la primera ocupación del
territorio. La migración dórica, de la cual los griegos conservaron
88 LA PRIMERA GRECIA
siempre un recuerdo imborrable, es el último de los movimientos
de pueblos, probablemente originarios de la Europa central, que, par­
tiendo de la península balcánica, penetraron en Grecia y por su mez­
cla con los pobladores de otras razas mediterráneas, desde antiguo
instaladas allí, constituyeron el pueblo griego que nos ofrece la his­
toria. El tipo peculiar de los invasores se mantuvo en Esparta con la
mayor pureza. La raza dórica proporcionó a Píndaro su ideal de
hombre rubio, de alta estirpe, tal como se representaba no sólo al
Menelao homérico, sino también al héroe Aquiles, y, en general, a
todos los “ helenos de rubios cabellos” de la Antigüedad heroica.
Lo primero que hay que advertir es que los espartanos sólo for­
maban una pequeña clase dominante, de formación tardía, entre la
población laconia. Bajo su dominio se hallaba una clase popular,
libre, trabajadora y campesina, los periecos, y los siervos ilotas, una
masa sometida, casi privada de todo derecho. Los antiguos relatos
concernientes a Esparta nos ofrecen la imagen de un pueblo que vivía
de un modo permanente en un campamento militar. Este carácter de­
pendía mucho más de la constitución interna de la comunidad que
de un afán de conquista. Los dos reyes de los heráclidas, sin poder
político en la época histórica y que sólo recobraban su importancia
originaria en el campo de batalla, constituyen una supervivencia de
los antiguos reyes de los ejércitos del tiempo de las invasiones dóricas
y acaso del hecho de que dos hordas proclamaban conjuntamente a
sus dos caudillos. La asamblea popular espartana no es otra cosa que la
antigua comunidad guerrera. No hay en ella debate alguno. Se limi­
tan a votar sí o NO ante una proposición precisa del consejo de
los ancianos. Éste tiene el derecho de disolver la asamblea y puede
rechazar sus propuestas salidas de votación con resultado desfavorable.
El eforato es la autoridad más poderosa del estado y reduce a un
mínimo el poder político de la realeza. Su organización representa
un poder moderador en el conflicto de fuerzas entre los señores y el
pueblo. Otorga al pueblo un mínimo de derechos y conserva el ca­
rácter autoritario de la vida pública tradicional. Es significativo que
el eforato sea la única institución no atribuida a la legislación de
Licurgo.
Esta pretendida legislación es lo contrario de lo que los griegos
solían entender por legislación. No es una codificación de leyes particu­
lares civiles y públicas, sino el nomos, en el sentido originario de
la palabra: una tradición oral, dotada de validez, de la cual sólo
unas cuantas leyes fundamentales y solemnes — las llamadas rhetra—
fueron fijadas en forma escrita. Entre éstas se hallan las relativas a
las facultades de las asambleas populares que nos ofrece Plutarco .1 Las
fuentes antiguas no consideran este rasgo como un residuo de un
estadio primitivo. Lo consideran, por el contrario, en contraposición

1 P lutarco , V id a d e L ic u r g o , 6.
LA EDUCACIÓN DEL ESTADO EN ESPARTA 89
con la manía legisladora de la democracia del siglo iv, como obra de
la sabiduría previsora de Licurgo que, como Sócrates y Platón, otor­
gaba mayor importancia a la fuerza de la educación y a la formación
de la conciencia ciudadana que a las prescripciones escritas. Cierto
es que cuanta mayor importancia se concede a la educación y a la
tradición oral, menor es la constricción mecánica y externa de la ley
sobre todos los pormenores de la vida. Sin embargo, la figura del
gran estadista y pedagogo Licurgo es una interpretación idealizadora
de la vida de Esparta, desde el punto de vista de los ideales educado­
res de la filosofía posterior.
Los tratadistas filosóficos, al compararla con el estado desdichado
de la democracia ática degenerada, fueron conducidos a considerar las
instituciones espartanas como la invención consciente de un legisla­
dor genial. Se vio en la vida de los espartanos, en sus comidas co­
lectivas, en su organización guerrera, instalada en tiendas de cam­
paña, en el predominio de la vida pública sobre la privada, en la
estructuración estatal de los jóvenes de ambos sexos y, finalmente, en
la estricta separación entre la población campesina e industrial de los
“ plebeyos” y el señorío libre, que se consagraba sólo a los deberes
ciudadanos, a las prácticas guerreras y a la caza, la realización cons­
ciente de un ideal de educación análogo al que propone Platón en
su República. En verdad, para Platón, así como para otros teóri­
cos posteriores de la educación, fue Esparta, en muchos aspectos, el
modelo, aunque alentara en ellos un espíritu completamente nuevo.
El gran problema social de toda la educación posterior fue la supera­
ción del individualismo y la formación de los hombres de acuerdo
con normas obligatorias de la comunidad. El estado espartano, con
su rigurosa autoridad, apareció como la solución práctica de este pro­
blema. En este respecto, ocupó el pensamiento de Platón durante
toda su vida. También Plutarco, profundamente impregnado del pen­
samiento pedagógico de Platón, volvió constantemente sobre este pun­
to .2 “ La educación se extendía hasta los adultos. Ninguno era libre
ni podía vivir como quería. En la ciudad, como en un campamento,
cada cual tenía reglamentadas sus ocupaciones y su género de vida
en relación con las necesidades del estado y todos eran conscientes
de que no se pertenecían a sí mismos, sino a la patria.” En otro
lugar escribe: “ Licurgo habituaba a los ciudadanos a no tener ni el
deseo ni la aptitud para llevar una vida particular. Los llevaba, por
el contrario, a consagrarse a la comunidad y a congregarse en torno
a su señor, liberándolos del culto al propio yo para que pertenecieran
enteramente a la patria.” 3
Desde el punto de vista, cada vez más individualista, de la Atenas
posterior a Pericles, era Esparta un fenómeno difícil de comprender.
Poco crédito debemos conceder a las interpretaciones filosóficas de

2 P lutarco , L i e ., 24. 3 P lutarco , L i e ., 25.


90 LA PRIMERA GRECIA
las cosas espartanas. En cambio, la observación de los hechos es, por
regla general, exacta. Lo que a los ojos de Platón o de Jenofonte
era la obra de un genio educador, poderoso y plenamente conscien­
te, era, en realidad, la sobrevivencia de un estadio más simple y más
primitivo en el desarrollo de la vida social, caracterizado por una
fuerte trabazón racial y un débil desarrollo de la individualidad. Lar­
gos siglos cooperaron a la formación de Esparta. Sólo excepcional­
mente conocemos la participación de una personalidad individual en
el proceso de su nacimiento. Así, los nombres de Teopompo y Poli-
doro se hallan vinculados a determinados cambios de la organización
del estado. No hay duda alguna sobre la existencia histórica de Li­
curgo. Pero no podemos decir si, como originariamente se creyó,
contribuyó simplemente a uno de aquellos cambios, o- si, como se
pensó más tarde, es preciso atribuir a su nombre la creación del
estado espartano en su totalidad. Lo único seguro es que la tradi­
ción de una “ constitución de Licurgo” es mítica.
La tradición procede de una época para la cual el cosmos espar­
tano era un sistema consciente y consecuente y que creía a priori
que el más alto fin del estado era la paideia, es decir, la estructura­
ción sistemática y por principios de la vida individual, de acuerdo
con normas absolutas. Constantemente se recuerda la aprobación dél-
fica de la “ constitución de Licurgo” , en oposición a la ley puramente
humana de la democracia y su relatividad. Todas las fuentes que
poseemos tienden a ofrecer la disciplina espartana como la educación
ideal. Para los hombres del siglo iv, la posibilidad de la educación de­
pendía, en último término, del problema de alcanzar una norma ab­
soluta para la acción humana. En Esparta este problema se halla
resuelto. El orden reinante tenía un fundamento religioso, puesto que
había sido sancionado o recomendado por el mismo dios délfico. Así,
la tradición entera sobre Esparta y la constitución de Licurgo se ha
formado de acuerdo con una teoría posterior sobre el estado y la edu­
cación. Es, en este sentido, poco histórica. Para comprenderla en
su justa significación es preciso tener en cuenta que surgió en la
época más floreciente de la especulación griega sobre la esencia y
los fundamentos de la paideia. Sin el ardiente interés por Esparta
de aquel movimiento educador, no sabríamos nada de ella. Su sobre­
vivencia, así como la conservación de los poemas de Tirteo, se debe a la
importancia que mantuvo perennemente la idea de Esparta como miem­
bro indispensable en la estructuración de la paideia griega posterior.
Si prescindimos de la deformación filosófica, ¿qué es lo que queda
como figura histórica?
El ideal propuesto por Jenofonte contiene una riqueza tal de obser­
vaciones personales que, si prescindimos de sus interpretaciones his­
tóricas y pedagógicas, podemos alcanzar una imagen intuitiva de la
Esparta real de su tiempo y de su educación estatal y guerrera, única
en Grecia. Pero el origen de aquella Esparta permanece en la oscu-
LA EDUCACIÓN DEL ESTADO EN ESPARTA 91
ridad desde el momento que no podemos considerarla como un sis­
tema unitario nacido de la sabiduría de Licurgo. La crítica moderna
ha puesto incluso en duda la existencia de Licurgo. Pero aun si existió
y fue el autor de la gran rhetra que Tirteo conoció ya en el siglo vil,
nada adelantaríamos para llegar al conocimiento del origen de la edu­
cación espartana tal como Jenofonte la pinta. La participación de
todos los ciudadanos espartanos en la educación militar hace de ellos
una especie de casta aristocrática. Por lo demás, muchos rasgos de
esta educación recuerdan la formación de la antigua nobleza griega.
Pero el hecho de que la haya extendido a los que no son nobles,
demuestra que hubo una evolución, que modificó, en este sentido, el
presunto dominio originario de los nobles. Un régimen aristocrático
pacífico, como el de otros estados griegos, no era suficiente para
Esparta. Había sometido a los mesenios, un pueblo amante de la li­
bertad, y que, a pesar de los siglos, no podía habituarse a su escla­
vitud, y tenía necesidad de mantener su dominio por la fuerza. Esto
sólo era posible mediante la organización de todos los ciudadanos es­
partanos en una clase señorial armada, libre de las preocupaciones del
trabajo. La razón de este desarrollo se halla sin duda en las guerras
del siglo Vil y la lucha contemporánea del demos para alcanzar mayores
derechos — que hallamos en Tirteo— puede haberla favorecido. Los de­
rechos ciudadanos de los espartanos se encontraron siempre vinculados
a su calidad de guerreros. Tirteo es para nosotros el primer testimonio
del ideal político y guerrero que halló más tarde su realización en la
totalidad de la educación espartana. Él mismo, empero, no parece
haber pensado más que en la guerra. Sus poemas muestran clara­
mente que la educación espartana, tal como la conocieron los tiempos
posteriores, no era algo acabado, sino que se hallaba en proceso de
formación .4
En relación con las guerras mesenias es también Tirteo nuestra
única fuente, puesto que la crítica moderna ha demostrado que la
tradición de los historiadores posteriores es total o predominantemente
ficticia. El impulso de su inspiración poética fue suscitado por la
gran sublevación de los mesenios, al cabo de tres generaciones de su
primera sumisión. “ Durante diecinueve años lucharon sin cesar, con
corazón paciente, los padres de nuestros padres, armados de lanzas:
el año vigésimo los enemigos abandonaron sus ricos campos y huye­
ron a las altas montañas de Itiloma.” Menciona también al viejo
Teopompo, “ nuestro rey, amado de los dioses, al cual debemos la
conquista de Mesenia” . Así se convirtió en el héroe nacional. Toma­
mos estas palabras de citas del poeta trasmitidas por los historiado­
res posteriores.5 En otro fragmento describe de un modo realista la
4 La disciplina espartana, la agoge, no puede ser estudiada en este lugar, sino
en el libro tercero, como ideal del movimiento educativo filolacónico del si­
glo IV.
5 T irteo , frag. 4. Cito los fragmentos de los líricos griegos según la Anthologia
Lyrica Graeca, ed. E. Diehl (Leipzig, 1925).
92 LA PRIMERA GRECIA
servidumbre de los vencidos.6 Su país, cuya fecundidad pinta reite­
radamente Tirteo, había sido repartido entre los espartanos, y los an­
tiguos poseedores, convertidos en sus siervos, llevaban una triste vida.
“ Como los asnos, se derrengaban bajo pesadas cargas y se veían
obligados, por la dolorosa constricción de sus señores, a entregarles
la mitad de los productos de sus campos.” “ Y cuando uno de los
señores moría, ellos y sus mujeres debían asistir al entierro y profe­
rir lamentos.”
Este recuerdo de la situación anterior al actual movimiento de los
mesemos se dirigía a levantar el valor de los héroes espartanos, me­
diante el pensamiento de su triunfo anterior y, al mismo tiempo, a
atemorizarlos ante la imagen de la servidumbre que esperaba a los
suyos, si sus enemigos, que tanto habían debido sufrir, llegaban a ser
vencedores. Uno de los poemas que se han conservado completos
empieza así: “ Sed dignos descendientes del nunca vencido Heracles,
tened valor, Zeus no nos ha vuelto la espalda airado. No temáis la
fuerza del enemigo ni huyáis. Conocéis las obras del aflictivo Ares
y tenéis experiencia de la guerra. Conocéis la fuga y la persecución.” 7
Con esto trata de levantar a un ejército abatido y desalentado. Así, la
antigua leyenda vio en Tirteo al salvador, enviado por el Apolo dél-
fico a los espartanos, para que los guiara en el peligro. Las tradicio­
nes posteriores de la Antigüedad creyeron que fue general. Un papiro
recientemente descubierto, con amplios restos de un nuevo poema de
Tirteo, contradice aquella opinión. Habla en él el poeta en primera
persona del plural e invita a los espartanos a prestar obediencia a sus
caudillos. Es un largo poema escrito en su totalidad en forma de
futuro, en el cual la fantasía del poeta ofrece la visión de una batalla
decisiva e inminente a la manera de las descripciones homéricas. In­
voca los nombres de las antiguas tribus espartanas, de los hileos, los
dimaneos y los panfilos, que figuraban evidentemente todavía en
las formaciones del ejército, a pesar de que habían sido posterior­
mente suprimidas y sustituidas por una nueva organización. Habla,
en fin, de la lucha por la toma de una muralla y de un sepulcro.
Se trata evidentemente de un sitio. No es posible sacar del poema
más que estos datos históricos concretos y aun los antiguos no hubie­
ron de tener más amplias informaciones.

L lamamiento de T irteo a i .a “ arete”

En las elegías de Tirteo pervive la voluntad política que hizo gran­


de a Esparta. Ha creado en su poesía su imagen espiritual. Ella es
la prueba vigorosa de su fuerza idealizadora, que se extendió mucho
más allá de la existencia histórica del estado espartano y no se ha
extinguido todavía. Por muy singular y limitada a determinadas cir-

G T ir t e o , í r a g . 5. 7 T i r t e o , f ra g. 8.
LA EDUCACIÓN DEL ESTADO EN ESPARTA 93
cunstancias temporales que haya sido la forma de vida espartana, tal
como nos ha sido conocida en los tiempos posteriores, la idea de
Esparta que impregnó la existencia entera de sus ciudadanos e inspiró,
con férrea consecuencia, la vida total de aquel estado, es algo impere­
cedero, porque se halla profundamente arraigado en la naturaleza
humana. Conserva su verdad y su valor a pesar de que su incorpo­
ración al estilo de vida de aquel pueblo pueda aparecer a la posteridad
como una realización unilateral y limitada. Ya a Platón le pareció
unilateral la concepción espartana del ciudadano, sus designios y su
educación. Pero reconoció también que la idea política que se halla
inmortalizada en los versos de Tirteo, constituía uno de los funda­
mentos permanentes de toda cultura ciudadana. Y en esta valoración
no se hallaba solo. Expresaba, simplemente, el estado de espíritu de
sus contemporáneos. Sin perjuicio de todas las reservas relativas a la
verdadera Esparta de aquel tiempo y a su política, puede decirse que
la idea espartana halló ya entre los griegos reconocimiento y aproba­
ción. Verdad es que no todos vieron -—como los filolaconianos que
había en todas las ciudades— en el estado de Licurgo un ideal abso­
luto. Pero la posición que otorgó Platón a Tirteo en su sistema peda­
gógico y cultural, se convirtió en una adquisición definitiva de toda
cultura posterior. Platón es el gran educador del tesoro espiritual de
la nación. En su sistema se objetivan y se sitúan en sus justas rela­
ciones las fuerzas de la vida espiritual griega. Después de él no cam­
bia, en lo esencial, la ordenación por él establecida. Esparta ocupa
en la cultura griega de los tiempos posteriores y en la posteridad en
general, la posición que él le asigna.
Las elegías de Tirteo se hallan impregnadas de un ethos pedagó­
gico de estilo grandioso. Las altas exigencias de patriotismo y volun­
tad de sacrificio que propone a los ciudadanos se hallaban, sin duda,
justificadas por las circunstancias en que fueron formuladas: el grave
peligro en que se hallaba Esparta en las guerras mesenias. Pero no
hubiera sido admirado en los tiempos posteriores como el testimonio
supremo del espíritu ciudadano de Esparta, si no hubieran visto en
él impreso el espíritu intemporal del estado espartano. Las normas
que impone al pensamiento y a la acción de los individuos no nacen
de la tensión y las exigencias que inevitablemente se siguen de la
guerra. Son el fundamento del cosmos espartano en su totalidad. En
parte alguna revela la poesía griega, de un modo tan claro, cómo la
creación poética surge de la vida de la comunidad humana. Tirteo
no es una individualidad poética en el sentido actual. Es la expresión
del sentir universal. Revela la convicción cierta de todo ciudadano
consciente. De ahí que se exprese con frecuencia en la primera per­
sona del plural: “ ¡Luchemos!” “ ¡M uramos!” Y aun cuando dice
“ yo” , no se trata de su yo subjetivo, mediante el cual dé libre expre­
sión artística a su conciencia personal, ni tan siquiera del yo del
caudillo — dado que Tirteo fue considerado como un general— , sino
94 LA PRIMERA GRECIA
del yo u n iv e r s a l, “ de la voz p ú b li c a de la p a tr ia ” , com o d ijo D e-
m ó s t e n e s .8
La c o n c ie n c ia v iv a de la c o m u n id a d a la c u a l se d i r i g e o to rg a a
s u s j u i c i o s s o b r e lo “ d i g n o ” y lo “ i n d i g n o ” la f u e r z a y la in d is c u t ib le
n e c e s id a d q u e j a m á s h u b ie r a a d q u i r i d o e l s im p le pathos p e r s o n a l. La
ín t im a r e la c ió n e n tr e e l i n d i v i d u o y la c iu d a d , i n c lu s o en un e s ta d o
com o el e sp a rta n o , era en t ie m p o de p az, para el c iu d a d a n o m e d io ,
s o la m e n t e la t e n t e . P e ro en caso de p e li g r o la id e a d e la t o t a li d a d se
m a n ife s ta b a s ú b it a m e n t e c o n la m a y o r fu e r z a . La d u ra n e c e s id a d de
la la r g a y d u d o sa gu erra que aca b a b a d e e m p e z a r , fu e e l f u n d a m e n t o
fé r r e o en que se c im e n t ó el e sp a rta n o . En aquel grave m o m en to no
n e c e s ita b a s ó lo m i li t a r e s y p o lít ic o s d e la m a y o r r e s o lu c ió n . T e n ía ta m ­
b ié n n e c e s id a d d e h a lla r u n a e x p r e s ió n adecuada para lo s n u e v o s va­
lo r e s h u m a n o s que se r e v e la b a n en la gu erra. H e r a ld o s de la arete
h a b ía n s id o , d esd e lo s t ie m p o s p r im itiv o s , io s p o e ta s. E s ta fu n c ió n
le e s t a b a r e se rv a d a a T ir te o . C o m o v i m o s , la le y e n d a lo h iz o e n v i a d o
de A p o lo . A s í h a lla c e r t e r a e x p r e s ió n el h e c h o m a r a v i l l o s o d e q u e , en
caso de n e c e s id a d , su r g e , de p ro n to , el g u ía e s p ir itu a l a d e c u a d o . La
nueva arelé c iu d a d a n a , que la s c ir c u n sta n c ia s e x ig e n , h a lla por p r i­
m e r a v e z s u f o r m a a r t ís t ic a .
D esde el p u n to de v is ta fo r m a l, la e le g í a de T ir te o no es una
c r e a c ió n o r ig in a l. Los e le m e n t o s fo r m a le s le eran d ad os. La fo r m a
m é tr ic a de la e le g í a — el d ís tic o — es i n d u d a b le m e n t e m ás a n tig u a .
S u s o r íg e n e s s o n o s c u r o s p a r a n o s o t r o s y lo e r a n y a p a r a lo s a n t ig u o s
in v e s t i g a d o r e s l i t e r a r io s . Se h a lla en c o n e x ió n con el m e tr o de la
é p ic a h e r o ic a y e ra , en a q u e llo s tie m p o s , c o m o é s ta , a p ta p a r a s e r v ir
de v e h í c u lo a to d o s lo s c o n t e n id o s . La e le g í a no p osee una fo rm a
“ in te r n a ” com o lo creyeron acaso lo s g r a m á tic o s a n t ig u o s . G u ia d o s
p o r la e v o l u c i ó n p o s t e r i o r d e l g é n e r o y por una f a ls a e t i m o lo g í a , q u i ­
s ie r o n r e d u c ir to d a s la s fo rm a s de la e le g í a a una r a íz com ún: el
ca n to fú n e b re . F u era del m e tro , q u e e n lo s t ie m p o s m á s a n tig u o s n o
t e n ía un n om bre e s p e c ia l para d i s t i n g u i r lo de la epopeya, la e le g í a
s ó l o p o s e ía u n e le m e n t o c o n s t a n t e : el h e c h o d e h a lla r s e d i r i g i d a a a l­
g u ie n , a un in d iv id u o o a u n a m u lt it u d . E s la e x p r e s ió n de una ín ti­
m a c o m u n i d a d e n tr e el q u e h a b la y a q u e llo s a q u ie n e s se d i r i g e . E s to
e s d e c i s i v o p a r a la e s e n c ia d e la e le g í a . E n el ca so d e T i r t e o s e tr a ta
d e la c o m u n id a d d e lo s c iu d a d a n o s o de la j u v e n t u d esp a rtan a. In ­
c lu s o el f r a g m e n t o q u e c o m ie n z a en un to n o d e a p a r ie n c ia m á s r e f le ­
x iv a (fr a g . 9 ) h a lla su c u lm i n a c i ó n y su t é r m in o e n la f o r m a de una
e x h o r ta c ió n ; se d ir ig e a lo s m ie m b r o s de una c o m u n id a d que, com o
d e c o s t u m b r e , n o d e t e r m in a d e u n m o d o p r e c i s o , s in o q u e d a p o r p r e ­
su p u esta . E s ta fo r m a a d m o n ito r ia exp resa de un m odo c la r o el c a ­
r á c t e r e d u c a d o r d e la e le g í a . E s to tie n e d e c o m ú n c o n la é p ic a . S ó lo
q u e la e le g í a , c o m o la p o e s í a d id á c t ic a d e lo s Erga h e s i ó d i c o s , se d i r i g e

8 D em óstenes , Or . , 18, 170.


LA EDUCACIÓN DEL ESTADO EN ESPARTA 95
de un modo más directo y deliberado a una personalidad determinada.
El contenido mítico de la epopeya actúa en un mundo ideal. Los dis­
cursos de la elegía, dirigidos a personas reales, nos sitúan en la actua­
lidad real del poeta.
Pero, aunque su contenido dependa de la vida de los hombres a
los cuales habla, su expresión poética se atiene al estilo de la epopeya
homérica. Viste un asunto contemporáneo con el lenguaje de la epo­
peya. Pero el asunto de Tirteo era mucho más adecuado para ello
que el de Hesíodo, pues nada más cercano a la epopeya que la lucha
sangrienta y el heroísmo guerrero. Así no sólo pudo Tirteo tomar de
Homero el material lingüístico, palabras determinadas y modalidades
de expresión, sino que halló en las descripciones de batallas de la
Iliada y aun en sus discursos el modelo para sus alocuciones, desti­
nadas a levantar el ánimo de los combatientes en momentos de peli­
gro. No tenía más que separar aquellos fragmentos del trasfondo
mítico que poseen en la epopeya y transportarlos a la actualidad vi­
viente. Ya en la epopeya tienen las arengas una vigorosa acción pro-
tréptica. Homero parece hablar no sólo a los personajes épicos de
que se trata, sino también a los oyentes. Así lo sintieron los espar­
tanos. Tirteo no tuvo más que transferir el poderoso ethos que alienta
en las escenas homéricas a la realidad de las guerras mesenias, para
crear su elegía. Tanto mejor comprenderemos esta transferencia es­
piritual si consideramos a Homero, como lo hacían en tiempos de
Tirteo y de Hesíodo, ante todo como educador de los tiempos presen­
tes y no sólo como narrador del pasado.
Tirteo, en sus elegías, se sentía, sin duda alguna, como un ver­
dadero homérida. Pero lo que confiere a estos discursos a la nación
espartana su verdadera grandeza no es su mayor o menor fidelidad
a los modelos homéricos, ni en su conjunto ni en los detalles, sino la
fuerza espiritual mediante la cual transporta las formas artísticas y
los contenidos épicos al mundo actual. Por poco que parezca quedar
de personal en Tirteo, si hacemos abstracción de su deuda al lengua­
je, a los versos y a las ideas de Homero, su real originalidad aparece
clara, desde nuestro punto de vista, si consideramos que tras las for­
mas y los primitivos ideales heroicos se halla una autoridad moral y
política completamente nueva, para la cual intenta una nueva acción
educadora; la idea de una comunidad ciudadana que trasciende toda
individualidad y para la cual todos viven y mueren. El ideal homé­
rico de la arelé heroica es transformado en el heroísmo del amor a la
patria. El poeta aspira a que este espíritu impregne la vida de todos
los ciudadanos. Quiere crear un pueblo, un estado de héroes. La
muerte es bella cuando la sufre un héroe. Y se es un héroe cuando
se cae por la patria. Esta idea confiere a su caída el sentido de una
ofrenda de la propia persona en aras de un bien más alto.
El tercero de los poemas conservados manifiesta del modo más
claro esta transformación de la arete. Hasta hace poco, por razones
96 LA PRIMERA GRECIA
puramente formales, se le consideró como posterior y se negó que
perteneciera a Tirteo. En otro lugar he dado la prueba evidente de
su autenticidad.9 En modo alguno puede ser considerado como per­
teneciente a la época sofística (siglo v ) . Evidentemente, Solón y
Píndaro lo conocieron ya y Jenófanes, en el siglo vi, en uno de sus
poemas que nos han llegado, maneja, elabora y transforma, sin duda
alguna, varias de sus ideas capitales. Por otra parte, es evidente que
Platón escogió esta elegía entre todos los poemas atribuidos a Tirteo
como el que mejor caracteriza el espíritu de Esparta.10 En él desarrolla
el poeta, del modo más penetrante, la esencia de la arete espartana.
Alcanzamos aquí una perspectiva profunda sobre el desarrollo
histórico de este concepto desde Homero y sobre la íntima crisis que
sufrió el antiguo ideal del hombre en el periodo de crecimiento de
la cultura ciudadana. El poeta exalta la verdadera arelé sobre cuales­
quiera otros bienes que, a juicio de sus contemporáneos, pudieran
otorgar un valor y una consideración al hombre. “ No quisiera man­
tener la memoria de un hombre ni hablar de él por la virtud de sus
pies ni por la destreza en la lucha, aun cuando tuviera la grandeza y
la fuerza de los cíclopes y venciera en velocidad al tracio Bóreas.”
Éstos son ejemplos eminentes de la arete agonal, que los caballeros,
desde los tiempos de Homero, estimaban por encima de todo y que,
en la última centuria, a consecuencia de los juegos olímpicos, habían
sido considerados, aun para los luchadores ajenos a la nobleza, como
la más alta medida de la realización humana. Pero Tirteo añade to­
davía otras virtudes de la antigua aristocracia: “ Y aunque fuera más
bello que Titonos y más rico que Midas y Ciniras y más regio que
Pelops, el hijo de Tántalo, y tuviera una lengua más lisonjera
que Adrasto, ni quisiera honrarle, aunque tuviera todas las glorias
del mundo, si no poseyera el valor guerrero. No se halla bregado en
la lucha si no es capaz de resistir la muerte sangrienta en la guerra
y luchar cuerpo a cuerpo con su adversario. Esto es areté — exclama
el poeta, conmovido— , éste es el título más alto y más glorioso que
puede alcanzar un joven entre los hombres. Bueno es para la comu­
nidad, para la ciudad y para el pueblo que el hombre se mantenga
en pie ante los luchadores y ahuyente de su cabeza toda idea de fuga.”
No se diga que esto es retórica retardada. Algo análogo hallamos ya
en Solón. Las raíces de las formas retóricas penetran profundamen­
te en los tiempos primitivos. La vivacidad de las repeticiones resulta
del íntimo pathos con que es sentida la idea en que culmina la tota­
lidad del poema: ¿cuál es el verdadero valor del hombre? La inu­
sitada acumulación de vigorosas negaciones que llena la primera do­
cena de versos y que lleva a su último grado la tensión del oyente, trae
a la vista todas las ideas a las cuales se había concedido algún valor

9 Ver mi trabajo sobre Trrtaios über die wahre Areté, Sitz. Berl. Akad.,
1932, en el que las ideas de estos capítulos han sido tratadas fundamentalmente.
10 P latón , Leyes, 629 A.
LA EDUCACIÓN DEL ESTADO EN ESPARTA 97
y coloca en un mismo plano de inferioridad los más altos ideales de
la antigua nobleza. Sin negarlos, empero, ni abolirlos totalmente, se
revela entonces como el verdadero profeta del nuevo ideal, austero y
severo, de la ciudadanía: sólo existe una medida de la verdadera
arete: la ciudad y aquello que la favorece o la perjudica.
De ahí pasa, naturalmente, a la revelación de la “ recompensa” que
lleva consigo el sacrificio de sí mismo en honor de la polis, lo mismo
si se cae en la lucha que si se vuelve triunfante. “ Pero aquel que
cae entre los luchadores y pierde la vida tan querida, cubre de gloria
a su ciudad, a sus conciudadanos y a su padre, y atravesado el pecho,
el escudo y la armadura, es llorado por todos, jóvenes y viejos; su
doloroso recuerdo llena la ciudad entera y su tumba y sus hijos son
honrados entre los hombres y los hijos de sus hijos y todo su linaje;
jamás se extingue el honor de su nombre y, aun cuando yazga bajo
la tierra, se hace inmortal.” Nada es el honor de los héroes homéri­
cos, por mucho que el cantor lo publique y se extienda sobre la faz
de la tierra, ante el honor del simple guerrero espartano, tal como lo
describe Tirteo, profundamente arraigado en la comunidad ciudadana
del estado. La rigurosa comunidad, que aparece en la primera par­
te del poema solamente como una exigencia, se revela aquí como
aquello que otorga a los ciudadanos todos sus valores ideales. El ca­
rácter ciudadano del concepto de la arelé heroica resulta, en la se­
gunda parte, del carácter ciudadano de la idea de la gloria heroica
que, en la concepción épica, acompaña inseparablemente a aquélla.
Garantía de ella es ahora la polis. El “ nombre” del héroe es preser­
vado con certeza de la fugacidad del presente por la vida perdurable
de la comunidad.
Los griegos primitivos no conocieron la inmortalidad del “ alma” .
Con la muerte corporal muere el hombre. La psyché de Homero sig­
nifica más bien lo contrario, la imagen corporal del hombre mismo,
que vaga en el Hades como una sombra: una pura nada. Pero si
alguien, mediante la ofrenda de su vida, se eleva a un ser más alto,
por encima de la mera existencia humana, le otorga la polis la in­
mortalidad de su yo ideal, es decir, de su “ nombre” . Desde entonces
la idea de la gloria heroica conservó para los griegos este matiz
político. El hombre político alcanza su perfección mediante la peren­
nidad de su memoria en la comunidad por la cual vivió o murió.
Sólo el creciente menosprecio del estado, propio de los tiempos pos­
teriores, y la progresiva valoración del alma individual, que alcanza
su punto culminante con el cristianismo, hizo posible que los filóso­
fos consideraran el desprecio de la gloria como una exigencia moral.
Nada parecido se halla todavía en la concepción del estado de De-
móstenes y Cicerón. Con la elegía de Tirteo comienza el desarrollo
de la ética del estado. Así como preserva la memoria del héroe caído,
realza la figura del guerrero vencedor. “ Jóvenes y viejos, le honran,
la vida le ofrece singularidad y distinción, nadie osa perjudicarle
98 LA PRIMERA GRECIA
u ofenderle. Cuando se hace viejo, infunde profundo respeto y don­
dequiera que se presenta se le cede el lugar.” En la estricta comunidad
de la primitiva polis griega esto no son simplemente bellas palabras.
Aquel estado es realmente pequeño, pero tiene en su esencia algo
heroico y, al mismo tiempo, profundamente humano. Para los grie­
gos, y aun para toda la Antigüedad, es el héroe la forma más alta
de la humanidad.
El mismo estado que aparece aquí como la fuerza ideal que otorga
un sentido a la vida de los ciudadanos, se ofrece en otro poema de
Tirteo, como algo amenazador y espantable. Contrapone el poeta la
muerte gloriosa en el campo de batalla con la vida desventurada y
errante que constituye el destino inevitable del hombre que no cum­
ple, en la guerra, sus deberes ciudadanos y se ha visto obligado a
abandonar su patria. Va errante por el mundo con su padre y su
madre, su mujer y sus hijos. En su pobreza e indigencia, es un ex­
traño dondequiera que vaya y todos lo miran con ojos hostiles.
Deshonra su linaje y ultraja su noble figura y, dondequiera, le sigue
la injusticia y el envilecimiento. Es una pintura incomparablemente
vigorosa de la lógica inexorable con que exige el estado los bienes
y la sangre de sus miembros. Con el mismo realismo describe el
poeta el honor que confiere la patria a los valientes que el despia­
dado destino de los prófugos en el destierro. No establece diferencia
alguna entre los que hayan sido desterrados por una necesidad ex­
cepcional del estado porque huyeron ante el enemigo y los que aban­
donaron voluntariamente el país para evitar el servicio militar y se
hallan constreñidos a vivir en otra ciudad. De la unión de estas dos
descripciones, de la elevación ideal y el poder brutal del estado, re­
sulta su naturaleza, análoga a la de los dioses; y así lo sintieron
siempre los griegos. El fundamento del bien común en las nuevas
virtudes ciudadanas no se hallaba, para el pensamiento griego, en
un utilitarismo materialista, sino en el carácter religioso del concepto
universal de la polis. Frente a la arete de la epopeya, el nuevo ideal
de la areté política es expresión de un cambio en la concepción reli­
giosa. La polis es la suma de todas las cosas humanas y divinas.
No puede sorprendernos que en otra elegía, muy famosa en la
Antigüedad, la Eunomia, se nos muestre Tirteo como el mentor y
el representante del orden político interior del estado. Se esfuerza
en educar al pueblo de acuerdo con el principio fundamental de la
“ concepción” espartana tal como nos ha sido ya descrita en la prosa
dórica de la antigua rhetra, que recoge Plutarco en su Vida de Li­
curgo. Tirteo es el testimonio excepcional de la Antigüedad de este
precioso documento histórico que parafrasea, en lo esencial, en su
elegía .11 Evidentemente el poeta se manifiesta siempre en su función

H No creo sea fundada la duda que expresa Eduard M eyer, Forschungen


zur alten Geschichte, vol. i, p. 226, acerca de la autenticidad de la Eunomia
tirtea.
LA EDUCACIÓN DEL ESTADO EN ESPARTA 99
de educador del estado. En sus poemas se despliega la totalidad del
cosmos espartano, en la guerra y en la paz. Esto nos interesa aquí
más que los problemas históricos relativos a la constitución de estos
dos poemas tan importantes para la historia de la antigua Esparta.
El pensamiento que impregna la Eunomia es de la mayor im­
portancia, lo mismo para el conocimiento de la actitud personal de
Tirteo que para el de su oposición al espíritu político de Jonia y
de Atenas. Así como éstas jamás se sintieron ligadas por la autori­
dad de la tradición o del mito, sino que se esforzaron por regular
la distribución de los derechos políticos de acuerdo con un pensa­
miento más o menos universal, social y justo, deriva Tirteo la euno­
mia espartana, a la manera antigua, del poder de los dioses y ve en
este origen su inviolable y más alta garantía. “ El mismo Zeus, el
Crónida, el esposo de la coronada Hera, dio esta ciudad a los herá-
clidas. Junto con ellos abandonamos el ventoso Erineos y vinimos a
la amplia isla de Pelops.” Si consideramos este fragmento con el largo
pasaje en que reproduce el poeta lo fundamental de la antigua rhetra,
aparece claramente la vuelta a los orígenes míticos del estado espar­
tano en la época de las primeras inmigraciones dóricas.
La rhetra delimita los derechos del pueblo frente al poder del
rey y del consejo de los ancianos. Esta ley fundamental la deriva
también Tirteo de la autoridad divina. Ha sido sancionada y aun
ordenada por el oráculo de Apolo délfico. Cuando el pueblo, cons­
ciente de su fuerza, tras de una guerra victoriosa, pero dura, exige de­
rechos políticos como premio de sus sacrificios y se excede, acaso, en
sus exigencias, le recordará Tirteo que sólo a los reyes — los “ herá-
clidas” — debe el país su derecho. A ellos otorgó Zeus la ciudad, de
acuerdo con el antiguo mito del estado, que considera la inmigración
en el Peloponeso como el retorno de los heráclidas. Así, los reyes
son el único vínculo legítimo entre el estado actual y el acto de do­
nación divina que fundó el estado en el pasado. El oráculo délfico
fundó, de un modo perenne, la posición legítima de los reyes.
La Eunomia de Tirteo intenta dar una interpretación auténtica al
fundamento jurídico del cosmos espartano. Su construcción, deri­
vada de un pensamiento, en parte racional y en parte mítico, da
por supuesta la fuerte realeza de las guerras mesénicas. Como lo
muestra su poema sobre las virtudes ciudadanas, Tirteo no fue, en
modo alguno, un reaccionario. Al intentar establecer una ética del
estado frente a la ética de los nobles y propugnar la unión de todos
los ciudadanos, considerados como guerreros, dentro del estado, apa­
rece más bien como un revolucionario. Sin embargo, se halla lejos
de la democracia. Como muestra la Eunomia, el pueblo es la comu­
nidad del ejército. Vota sí o no ante las proposiciones del consejo,
pero no goza de la libertad de hablar. Fue probablemente difícil
mantener este orden de cosas después de la guerra. Pero es evidente
que las autoridades usaron de la autoridad popular, adquirida por
100 LA PRIMERA GRECIA
Tirteo, como caudillo espiritual de la guerra, para mantener el “ or­
den jurídico” ante las crecientes demandas del pueblo.
El Tirteo de la Eunomia pertenece a Esparta. El Tirteo de las
elegías guerreras pertenece a la Grecia entera. La imagen de un nue­
vo heroísmo ciudadano que, a partir del peligro y de la guerra, pe­
netró en las luchas sociales de un mundo menos heroico, encendió
el fuego de una nueva y auténtica poesía. Nacida en un momento
de serio peligro para el destino del estado, adquirió un lugar firme
al lado de los ideales de la epopeya homérica. Poseemos otra elegía
guerrera del poeta jónico Calinos de Éfeso, no muy anterior a Tirteo.
Por su forma y por su contenido, invita a una comparación entre
ambos poetas. Su relación no es completamente clara y es posible que
sean completamente independientes entre sí. Calinos se dirige a sus
conciudadanos para que resistan con valor a los enemigos; un frag­
mento de otro poema permite colegir que se trata de las hordas
bárbaras de los cimerios que habían invadido el Asia Menor y pe­
netraban ya en el reino de Lidia. En la misma situación y en condi­
ciones análogas, surge una creación poética del mismo orden. En lo
formal, hallamos en Calinos la misma dependencia de Homero y
la misma penetración de la forma épica en el espíritu de la comuni­
dad ciudadana.
Pero lo que para los efesios y sus ciudadanos, exentos de sentido
político, fue un arrebato excepcional, se convirtió en Esparta en una
actitud permanente y devino la forma fundamental de su educación.
Tirteo impregnó para siempre a la ciudadanía espartana de la nueva
idea de la comunidad y del heroísmo aue dio al estado espartano
su sello histórico. Su voz como educador, según la idea heroica del
estado, traspasó pronto los límites de Esparta. Dondequiera que en­
tre los griegos se mantuvo la virilidad ciudadana y su exigencia por
el estado y se honró la memoria de los héroes, fue Tirteo el poeta
clásico de la conciencia “ espartana” , incluso en los estados no es­
partanos y aun en los enemigos de Esparta, como Atenas.12 Sus
versos resuenan en los epigramas funerarios del siglo v, en las tum­
bas de los guerreros caídos y en las oraciones fúnebres públicas que
se pronunciaban en el estado ateniense en el siglo iv, en honor de
sus muertos. Eran recitados en los simposios al son de la flauta. Los
oradores áticos, como Licurgo, trataban de imprimirlos en el cora­
zón de los jóvenes como los poemas de Solón. Para explicar la po­
sición de los guerreros en su estado ideal, Platón toma por modelo
a Tirteo, cuando propugna honrar a los guerreros más alto que a
loSk vencedores de Olimpia.13 En las Leyes nos dice que la Esparta
del siglo iv posee, en Tirteo, la más alta manifestación del espíritu del
estado dórico, cuya finalidad se halla en la educación pública de los

12 Ver la historia de la influencia de Tirteo en la historia espiritual y polí­


tica griega en mi trabajo mencionado, pp. 556-568.
13 P latón , Rep., 465 D-466 A.
LA EDUCACIÓN DEL ESTADO EN ESPARTA 101
ciudadanos, es decir, en la formación para la destreza guerrera. To­
dos los espartanos se hallan “ saciados” de su espíritu,14 incluso los
que tenían que habérselas con él, aun los no espartanos que, como
él mismo, no consideraban que fuera definitiva y perfecta aquella
concepción de la esencia del estado y de la más alta excelencia hu­
mana.
La evolución no podía detenerse en Tirteo. Pero incluso cuando,
en el transcurso del tiempo, se transformó, para los griegos, el espí­
ritu de la verdadera areté, las ideas tan apasionadamente defendidas
por Tirteo y la antigua forma que imprime en sus poemas a la ver­
dadera virtud, impregnan las nuevas exigencias y los nuevos ideales.
Es la verdadera idea griega de la “ cultura” . Una vez acuñada, la
forma conserva su validez aun en ulteriores y más altos estados y
todo lo nuevo es preciso que se contraste en ella. Así el filósofo
Jenófanes de Colofón ,15 cien años más tarde que Tirteo, trata de
transformar aquellas ideas y sostiene que sólo la fuerza espiritual
ha de mantener el más alto rango en el estado; y Platón, continuando
aquella evolución y en el estado ideal que propone en las Leyes, pone
a la justicia al lado y por encima del valor .16 En este sentido reela­
bora la poesía de Tirteo para ponerla de acuerdo con el espíritu de
aquel estado.
La crítica de Platón se dirige menos contra Tirteo que contra los
excesos de fuerza del estado espartano contemporáneo, cuyo funda­
mento halla en aquellos poemas guerreros. Ni aun sus más grandes
admiradores podrían descubrir en aquella Esparta inflexible y uni­
lateral resto alguno de espíritu musical y poético. En este sentido,
son elocuentes el silencio de Jenofonte y los esfuerzos fallidos de
Plutarco para llenar aquella laguna. No necesitamos hacer de esta
falla una virtud. Afortunadamente, a pesar de lo fragmentario de
nuestras tradiciones y documentos, podemos demostrar que la Es­
parta antigua de los tiempos heroicos del siglo vil poseía una vida
más rica y se hallaba completamente libre de la pobreza espiritual
que nos ofrece de un modo tan vigoroso la imagen histórica de Es­
parta. Aunque Tirteo otorga, con justicia, un valor más alto a la
aptitud guerrera que a la formación gimnástica del cuerpo, la lista
de los vencedores en los juegos olímpicos en los siglos vil y vi, sobre
todo después de las guerras mesénicas, demuestra, por el predominio
de los nombres espartanos sobre los de los otros estados participan­
tes, el valor supremo que concedían a estas luchas pacíficas y civiles.
Aun en lo que respecta al arte y a la música no se opone la
antigua Esparta a la vida alegre del resto de las ciudades griegas
con el gesto de adusto rigor que fue considerado ulteriormente como
lo esencial de la vida espartana. Las excavaciones han revelado la
existencia de una arquitectura activa y animada, fuertemente influida

14 P latón , Leyes, 629 B. 15 J enófanes , frag. 2 Diehl.


16 P latón , Leyes, 660 E.
102 LA PRIMERA GRECIA
por los modelos de la Grecia oriental. Esto coincide con la introduc­
ción de la elegía jónica por Tirteo. Al mismo tiempo, fue llamado
el gran músico Terpandro de Lesbos, el inventor de la cítara de siete
cuerdas, para dirigir el coro de las fiestas religiosas y organizarlo
de acuerdo con el sentido de sus innovaciones. La Esparta de los tiem­
pos posteriores adoptó rígidamente los módulos de Terpandro y con­
sideró toda ulterior innovación como una revolución contra el estado.
Pero esta misma rigidez muestra hasta qué punto la antigua Esparta
consideró la educación musical como algo esencial para la formación
del ethos humano en su totalidad. Fácil es imaginar el influjo de esta
fuerza artística en una época en que pudo desarrollarse con la pleni­
tud de su vitalidad originaria.
Los abundantes restos de poesías corales de Alemán, lírico sárdi-
co ciudadano de Esparta, completan la imagen de la Esparta arcaica
de manera perfecta. Debió de encontrar en su nueva patria ambiente
propicio para el pleno desarrollo de sus actividades. El lenguaje y
la forma de Tirteo son enteramente homéricos. Alemán introduce,
con plena conciencia, el dialecto lacónico en la lírica coral. Sus ver­
sos, escritos para los coros de muchachas espartanas, brotan del hu­
mor penetrante y de la fuerza realista de la raza dórica, que sólo se
manifiestan en rasgos singulares a través de la estilización homérica
de las elegías de Tirteo. Las canciones de Alemán, en las cuales se
menciona nominalmente a las muchachas del coro y se pregonan
sus premios y sus pequeñas ambiciones y envidias, nos transportan,
con análoga vivacidad y realismo, a las rivalidades de los agones
musicales de la antigua Esparta y nos muestran que el espíritu de
emulación en el sexo femenino no era inferior al de los hombres. En
ellos se revela también, con la mayor claridad, que la condición de
la mujer en la vida pública y privada de Esparta era mucho más
libre que entre los jonios, influidos por .las costumbres asiáticas, y
que en Atenas, influida, a su vez, por los jonios. Este rasgo, como
otras muchas peculiaridades de la raza dórica, en las costumbres y en
el lenguaje, son un resto de los usos de la raza invasora y dominante,
que se conservaron allí mucho más que en cualquier otro lugar de
Grecia.
VI. EL ESTADO JURÍDICO Y SU IDEAL CIUDADANO

La contribución del resto de las ciudades griegas a la formación del


hombre político se halla delimitada de un modo menos preciso que
la de Esparta. No es posible mencionar estado alguno que haya dado,
en este sentido, pasos tan decisivos. Por primera vez, en la Atenas
del siglo vi, nos hallamos de nuevo ante una tradición segura. En­
tonces y allí, halló su expresión el nuevo espíritu que se apoderó del
estado en las creaciones de Solón. Pero el estado jurídico ático pre­
supone una larga evolución, puesto que Atenas es la última de las
grandes ciudades griegas que aparece en la historia. La dependencia
en que se halla Solón en relación con la cultura jónica no deja lugar
a dudas. Del mismo modo es preciso buscar en Jonia, el país del
más intenso movimiento espiritual y crítico de Grecia, el origen de las
nuevas ideas políticas. Desgraciadamente nos hallamos muy mal in­
formados sobre las relaciones políticas de las colonias. Nos vemos
obligados a sacar conclusiones retrospectivas a partir de estadios pos­
teriores y de acaecimientos análogos, ocurridos en otros lugares.
Con la excepción de Calinos, que hemos mencionado antes, no
parece que Jonia nos ofrezca una poesía política análoga a la de
Tirteo y Solón. No es legítimo atribuir esta falta de una poesía
política a la pura casualidad. Tiene evidentemente su fundamento
profundo en la naturaleza de la raza jonia. Los jonios, como todos
los griegos del Asia Menor, carecen de energía política constructiva
y en parte alguna han dejado una formación estatal permanente y
activa. Verdad es que en los tiempos de sus invasiones vivieron una
época heroica, cuya memoria perpetuó la epopeya homérica, y sería
un error representárnoslos como el pueblo sensual y muelle que cono­
cemos en la época inmediatamente anterior a las guerras persas. Su
historia se halla llena de guerras sangrientas y sus poetas Calinos,
Arquíloco, Alceo y Mimnermo pertenecen evidentemente a una estirpe
guerrera. Pero el estado no es nunca para ellos el último fin, como
en Esparta y Atenas. El papel de los jonios en el desarrollo de la
historia del espíritu griego ha sido el de libertar las fuerzas individua­
les, aun en el campo político. Pero los estados coloniales de Jonia
no poseyeron la aptitud de organizar estas nuevas fuerzas y de refor­
zarse mediante ellas. Sin embargo, allí penetraron por primera vez
las ideas políticas cuyo impulso fructífero dio lugar a la nueva orga­
nización del estado en las ciudades de la metrópoli.
Los primeros reflejos de la vida de la polis jonia se hallan en los
poemas homéricos. La guerra de los griegos contra Troya no ofrecía
ocasión alguna para la descripción de la ciudad helénica, puesto que
los troyanos eran considerados por Homero como bárbaros. Pero
103
104 LA PRIMERA GRECIA
cuando el poeta nos refiere la defensa de Troya aparecen involunta­
riamente rasgos de una polis jónica y Héctor, el libertador de la pa­
tria, se convierte en el modelo de Calinos y de Tirteo. Aquí, y especial­
mente en Calinos (ver supra, p. 100 ) , nos parece hallarnos ya muy cer­
ca del ideal espartano. Sólo que la ciudad-estado jónica tomó pronto
otra dirección y ésta se manifiesta también en la epopeya. En el
único lugar en que la Ilíada nos ofrecé una ciudad en estado de
paz, en la descripción del escudo de Aquiles, nos hallamos en el
centro de la ciudad, en la plaza del mercado, donde se desarrolla un
ju icio: los ancianos, sentados en pulidas piedras y en círculo sagrado,
discuten una sentencia.1 Las estirpes nobles toman una parte impor­
tante en la administración de la justicia, antes reservada al rey. Las
famosas palabras contra la división del gobierno demuestran que to­
davía existía el rey, pero que su posición era, a menudo, ya precaria.
La descripción del escudo nos habla también de los bienes de la
corona y de la complacencia del rey al contemplar el cultivo de los
campos .2 Pero se trata, probablemente, de un propietario noble, ya
que la epopeya otorga también a los señores el título de basileus.
La forma de vida agraria propia de la metrópoli, en la cual se fun­
daba la posesión del poder, subsistió en las colonias sin modificación
alguna. Otro ejemplo nos ofrece el rey feacio Alcinoo. A pesar de
ser el rey legítimo, por herencia, sólo tiene en el consejo de los
ancianos la presidencia de honor. No nos hallamos lejos del tránsito
de la monarquía a la aristocracia. La función del rey queda redu­
cida a la de sacerdote supremo o funcionario epónimo, sin que este
título lleve consigo ningún derecho particular. Este desarrollo nos
es mejor conocido en Atenas. Pero se manifiesta también en otros
lugares. En Atenas, la monarquía de los Códridas se desvanece gra­
dualmente en la Sombra y deja lugar a la aristocracia, tal como la
hallamos en tiempos de Solón. Escapa a nuestro conocimiento deter­
minar cuánto tiempo después de las inmigraciones tuvo lugar esta
típica evolución en Jonia.
La estrechez de la costa en la cual tuvo lugar la repetida serie de
las invasiones y la imposibilidad de penetrar de un modo profundo
en el interior del país, ocupado por pueblos políticamente desorga­
nizados y bárbaros, tal como los lidios, los frigios y los carianos,
condujo a las ciudades de la costa, con el progreso de la seguridad
de la navegación, cada vez más, al comercio marítimo. Esto convirtió
pronto a la nobleza poseedora en empresaria. Los griegos colonia­
les, desde que se separaron de la metrópoli, se convirtieron pronto
en un pueblo menos sedentario y menos apegado a la tierra. La
Odisea refleja ya la enorme amplitud de los horizontes que alcanza­
ron sobre el mar y el nuevo tipo humano creado por los navegantes
de Jonia. Odiseo no es ya tanto el tipo del caballero luchador como

1 2 504. 2 2 556.
EL ESTADO JURÍDICO Y SU IDEAL CIUDADANO 105
la encarnación del aventurero y explorador y de la ágil y astuta des­
treza de los jonios, habituados a moverse en todos los países y de
salir airosos en todas partes. La perspectiva de la Odisea alcanza, por
el este, hasta Fenicia y Coléis; por el sur, hasta Egipto; por el oeste,
hasta Sicilia y la Etiopía occidental, y por el norte, sobre el Mar
Negro, hasta el país de los cimerios. Es completamente habitual la
narración del encuentro del navegante con un tropel de naves y mer­
caderes fenicios, cuyo comercio abrazaba el Mediterráneo entero y
hacía la más peligrosa competencia a los griegos. Es también una
verdadera epopeya del mar el viaje de los argonautas con sus mara­
villosas narraciones sobre países y pueblos lejanos. El comercio jóni­
co creció con el rápido desarrollo industrial de las ciudades del Asia
Menor a compás del cual fue desapareciendo el tipo de vida agraria.
Realizó un progreso decisivo mediante la introducción de la acuñación
del oro por los vecinos de Lidia y la sustitución del trueque por el
cambio monetario. Signo seguro de la sobrepoblación de las ciuda­
des marítimas de Jonia, pequeñas en relación con nuestros hábitos,
es que, desde el siglo vm al siglo vi, participaron de un modo prepon­
derante, junto con la metrópoli, en la colonización de las costas del
Mediterráneo, del Proponto y del Ponto. A falta de otras tradiciones
históricas, el extraordinario número de colonias fundadas por la sola
ciudad de Mileto es testimonio de la fuerza expansiva, el espíritu de
empresa y la vida palpitante que dominaron en aquella época en las
ciudades griegas del Asia Menor.
Pronta vivacidad, libre peispicacia e iniciativa personal son las
características predominantes en el nuevo tipo humano que allí nació.
Con el cambio de las formas de existencia debió de nacer también un
nuevo espíritu. La ampliación de los horizontes y el sentimiento de
la propia energía abrió el camino a una multitud de osadas ideas. El
espíritu de crítica independiente que hallamos en la poesía individual
de Arquíloco y en la filosofía milesia, debió de penetrar también en
la vida pública. No poseemos información alguna sobre las luchas
interiores que debieron de tener lugar allí como en cualquier otro
lugar del mundo griego. Pero la serie de testimonios que ensalzan
la justicia como fundamento de la sociedad humana, se extiende en la
literatura jonia, desde los tiempos primitivos de la epopeya a través
de Arquíloco y Anaximandro, hasta Heráclito. Esta alta estimación
del derecho por los poetas y los filósofos no precede a la realidad
tal como es posible pensarla. Es, por el contrario, tan sólo el reflejo
de la importancia fundamental que debieron de tener aquellos estímu­
los en la vida pública de aquellos tiempos, es decir, desde el siglo vm
hasta comienzos del siglo v. Desde Hesíodo, concuerda el coro de los
poetas continentales. Y entre todos resuena la voz de Solón de Atenas.^
Toda manifestación del derecho estuvo, hasta entonces, de un
modo indiscutible, en manos de los nobles, que administraban justi­
cia sin leyes escritas, de acuerdo con la tradición. Pero la agudiza­
106 LA PRIMERA GRECIA
ción creciente de la oposición entre los nobles y los ciudadanos libres,
que debió de surgir como consecuencia del enriquecimiento de los ciu­
dadanos ajenos a la nobleza, condujo fácilmente al abuso político de
la magistratura y a la exigencia de leyes escritas por el pueblo. El
reproche de Hesíodo contra los caballeros venales que en su función
de jueces conculcan el derecho, era el antecedente necesario de esta
demanda general. Mediante él, la palabra derecho, diké, se convierte
en el lema de la lucha de clases. La historia de la codificación del
derecho en las diversas ciudades se desarrolla a través de siglos y
sabemos muy poco acerca de ella. Pero aquí hallamos el principio
que la inspiraba. El derecho escrito equivalía al derecho igual para
todos, altos y bajos. Ahora, como antes, pueden seguir siendo jueces
los nobles y no los hombres del pueblo. Pero en lo futuro se hallan
sujetos, en sus juicios, a las normas fijas de la diké.
Homero nos muestra el antiguo estado de cosas. Por lo general,
designa el derecho con otra palabra: themis. Zeus daba a los reyes
de Homero “ el cetro y themis” . Themis eS el compendio de la alteza
caballeresca de los primitivos reyes y señores nobles. Etimológica­
mente significa “ ley” . Los caballeros de los tiempos patriarcales de­
cían el derecho de acuerdo con la ley proveniente de Zeus, cuyas
normas creaban libremente según la tradición del derecho consuetu­
dinario y su propio entender y saber. El concepto de diké no es
etimológicamente claro. Procede del lenguaje procesal y no es menos
antiguo que themis.3 Se decía de las partes contendientes que “ dan
y toman diké” . Se comprendía así en una misma palabra la decisión y
el cumplimiento de la pena. El culpable “ da diké” , lo cual equivale
originariamente a indemnización o compensación. El perjudicado, cuyo
derecho restablece el juicio, “ toma diké” . El juez “ adjudica diké” .
La significación fundamental de diké equivale así aproximadamente
a dar a cada cual lo debido. Significa, al mismo tiempo, concreta­
mente, el proceso, el juicio y la pena. Sólo que en este caso, la sig­
nificación intuitiva no es, como de ordinario, la originaria, sino la
derivada. El alto sentido que toma la palabra en la vida de la polis
posterior a los tiempos homéricos, no se desarrolla a partir de esta
significación exterior y más bien técnica, sino com o el elemento nor­
mativo que se halla en el fondo de aquellas antiguas fórmulas jurí­
dicas conocidas de todos. Significa que a cada cual es debido y que
cada cual puede exigir y, por tanto, el principio mismo que garantiza
esta exigencia, en el cual es posible apoyarse cuando hybris — cuya
significación originaria corresponde a la acción contraria al derecho—

3 El libro de R. H irzel, Themis, Dike und Verwandtes (Leipzig, 1907), muy


útil para su época, aunque poco histórico, es en muchos respectos anticuado,
pero contiene, sin embargo, un tesoro de materiales. El libro de E hrenberg, Die
Rechtsidee im frühen Griechentum (Leipzig, 1921), nos ofrece un esquema va­
lioso del desarrollo histórico de la idea. El intento de derivar 6mi de S oceív
( = arrojar, lanzar) y atribuir, por tanto, su significación originaria a una es­
pecie de juicio de los dioses, decisión, proyección, me parece equivocado.
EL ESTADO JURÍDICO Y SU IDEAL CIUDADANO 107
perjudica a alguien. Así como themis se refiere más bien a la autori­
dad del derecho, a su legalidad y validez, diké significa el cumpli­
miento de la justicia. Así se comprende que en un tiempo de lucha
por la aspiración al derecho de una clase, que hasta entonces había
recibido el derecho sólo como themis, es decir, como una ley autori­
taria, la palabra diké se convirtiera necesariamente en bandera. La
apelación a la diké se hizo cada día más frecuente, más apasionada y
más apremiante.
En el origen tenía, empero, esta palabra una acepción más am­
plia que la hacía más adecuada para aquellas luchas: la significación
de igualdad. Ambas significaciones debieron de hallarse comprendi­
das en el mismo germen. Para llegar a su mejor comprensión, es
preciso pensar en la idea popular originaria según la cual es nece­
sario pagar lo mismo con lo mismo, devolver lo mismo que se ha
recibido y dar una compensación igual al perjuicio causado. Es evi­
dente que esta intuición fundamental deriva de la esfera de los de­
rechos reales, y ello coincide con lo que sabemos de la historia del
derecho en otros pueblos. Este aspecto de la igualdad en la palabra
diké es mantenido en el pensamiento griego a través de todos los
tiempos. Incluso la doctrina del estado de los siglos posteriores de­
pende de él y sólo trata de obtener una nueva elaboración del con­
cepto de igualdad que, en el sentido mecanizado a que llegó en el
estado jurídico de la democracia, se oponía bruscamente a la doctrina
aristocrática de Platón y Aristóteles sobre la desigualdad de los hom­
bres.
Para los tiempos antiguos, la exigencia de un derecho igual consti­
tuyó el fin más alto.4 Proporcionó una medida para juzgar en las
pequeñas disputas sobre lo mío y lo tuyo y atribuir a cada cual lo
suyo. Aquí se repite, en la esfera jurídica, el mismo problema que
hallamos, en el mismo tiempo, en la esfera económica y que con­
dujo a la fijación de normas de peso y medida para el intercambio
de bienes. Se buscaba una “ medida” justa para la atribución del de­
recho y se halló en la exigencia de igualdad implícita en el concepto
de la diké.
La multiplicidad de sentidos de esta norma puede conducir fácil­
mente a error. Pero esto la hacía, desde el punto de vista práctico,
más adecuada para servir de palabra de combate en las luchas polí­

4 Cf. S olón , frag. 24, 18-19. La misma acepción hallamos en la diké de


Hesíodo. Solón se inspira, sin duda alguna, en el pensamiento jónico. El origen
primitivo de la exigencia de la igualdad de derecho ante la ley o ante el juez
podría llevarnos a la presunción de que la idea de la isonomia, que encontramos
por primera vez en el siglo v y significa siempre la igualdad democrática, es
más antigua que nuestros escasos testimonios y tuvo originariamente aquel otro
sentido (no opina lo mismo E hrenberg, p. 124; la derivación de H irzel, op. cit.,
p. 240, de que significa la “ igual distribución de los bienes” , no me parece
histórica y no corresponde ni a los puntos de vista de la extrema democracia
griega).
108 LA PRIMERA CRECIA
ticas. Podía entenderse por ella la simple igualdad de los que no
tenían derechos iguales, es decir, de los ajenos a la nobleza, ante el
juez o ante la ley, cuando existía. Podía significar también la activa
participación de todos en la administración de la justicia o la igual­
dad constitucional de los votos de todos los individuos en los asuntos
del estado o, finalmente, la igual participación de todos los ciudada­
nos en los puestos dirigentes, actualmente en poder de la aristocracia.
Nos hallamos aquí en el comienzo de una evolución que debía con­
ducir, a través de la sucesiva mecanización y extensión de la idea
de la igualdad, al establecimiento de la democracia. Esto no deriva,
sin embargo, de un modo necesario, de la exigencia de la igualdad
de derechos para todos ni de la demanda de leyes escritas. Ambas
cosas se hallan también en los estados oligárquicos y monárquicos.
Lo característico de la democracia extrema no es que el estado se
halle bajo el dominio de la ley, sino de la masa. Debían pasar todavía
largos siglos antes que esta forma de estado se desarrollara y se ex­
tendiera en Grecia.
Antes de llegar a ella asistimos al desarrollo de una serie de gra­
dos intermedios. El más antiguo de ellos es una especie de aristo­
cracia. Pero no es ya la misma de antes. La diké se ha constituido
en una plataforma de la vida pública, ante la cual son considerados
como “ iguales” , altos y bajos. Incluso los nobles debían someterse
al nuevo ideal político que surgió de la conciencia jurídica y se
constituyó en medida para todos. En los tiempos venideros de luchas
sociales y violentas revoluciones, los nobles mismos se vieron obliga­
dos a bascar amparo en ella. En el lenguaje mismo se revela la
formación del nuevo ideal. Desde los tiempos más antiguos hallamos
una serie de palabras que designan determinadas clases de delitos,
como adulterio, asesinato, robo, hurto. Pero nos falta un concepto
general para designar la propiedad mediante la cual evitamos estas
transgresiones y nos mantenemos en los límites justos. Para ello acu­
ñó el nuevo tiempo el término abstracto “ justicia” , dikaiosyne, al
mismo tiempo que creó, en los tiempos de la más alta estimación de
las virtudes agonales, sustantivos correspondientes a la destreza en la
lucha, al valor en las luchas pugilísticas, etcétera, de los cuales carecen
las lenguas modernas.5 La nueva palabra surgió de la progresiva
intensificación del sentimiento de derecho y de su representación en
un determinado tipo de hombre, en una determinada arete. Original­
mente, las aretai eran tipos de excelencias que se poseían o no. En
los tiempos en que la arete de un hombre equivalía a su valor se
situaba este momento ético en el centro, y todo el resto de las exce­
lencias que podía poseer un hombre se subordinaban a ella y debían

5 El adjetivo bíy.moq, que es un estadio previo para llegar a esta abstrac­


ción, aparece ya en la Odisea y en algunos pasajes más recientes de la ¡liada. El
sustantivo no aparece en Homero. Jta^aiopoaúvri o Jta^aipocnjvT) es empleado por
Homero, Tirteo y Jenófanes; JtuxTOOÚVT] parece ser una invención de Jenófanes.
EL ESTADO JURIDICO Y SU IDEAL CIUDADANO 109
ponerse a su servicio. La nueva dikaiosyne era más objetiva. Se cons­
tituyó en la arete por excelencia, desde el momento en que se creyó
poseer, en la ley escrita, el criterio infalible de lo justo y lo injusto.
Mediante la fijación escrita de nomos, es decir, del derecho usual­
mente válido, el concepto de la justicia alcanzó un contenido palpable.
Consistió en la obediencia a las leyes del estado, del mismo modo que
más tarde la “ virtud cristiana” consistió en la obediencia a los man­
datos divinos.
Así, la voluntad de justicia que se desarrolló en la comunidad
de vida de la polis, se convirtió en una nueva fuerza educadora,
análoga al ideal caballeresco del valor guerrero en los primeros es­
tadios de la cultura aristocrática. En las elegías de Tirteo, este viejo
ideal fue aceptado para el estado espartano y elevado a la categoría
de virtud general ciudadana.6 En el nuevo estado, legal y jurídico,
nacido de graves luchas internas por la constitución, este tipo espar­
tano, puramente guerrero, no podía valer como la única y universal
realización del hombre político. Pero, como lo muestra el llamamiento
de Calinos a sus conciudadanos no guerreros, para la defensa del país
contra la invasión de los bárbaros, el valor viril era también nece­
sario en el estado jónico, en ciertos momentos decisivos. Cambió no
sólo su lugar en el dominio total de la arete. El valor ante el ene­
migo, hasta la entrega de la vida por la patria, es una exigencia que
impone la ley a los ciudadanos y cuyo incumplimiento lleva consigo
graves penas. Pero es sólo una exigencia entre otras. El hombre justo,
en el sentido concreto que esta palabra tomó desde entonces en el
pensamiento griego, es decir, el que obedece a las leyes y se rige por
sus mandatos, cumple también su deber en la guerra.7 El antiguo,
libre ideal de la arete heroica de los héroes homéricos se convierte
en un riguroso deber hacia el estado al cual se hallan sometidos todos
los ciudadanos sin excepción, del mismo modo que se hallan obligados
a respetar los límites entre lo mío y lo tuyo. Entre las famosas sen­
tencias poéticas del siglo vi se halla el verso, con frecuencia citado
por los filósofos posteriores, que resume todas las virtudes en la jus­
ticia. Así queda definida de un modo riguroso y completo la esen­
cia del nuevo estado legal.8
El concepto de la justicia, considerada como la forma de la arete
que comprende y cumple todas las exigencias del ciudadano perfecto,
supera naturalmente a todas las anteriores. Pero los grados anterio­
res de la areté no son por ello suprimidos, sino elevados a una nueva
forma más alta. Éste es el sentido de la demanda de Platón en las
Leyes, cuando afirma que en el estado ideal debiera ser “ reelaborado”

6 Ver supra, pp. 94 ss.


? U concepción de la justicia como obediencia a las leyes en general en los
siglos V y iv ; cf. el pasaje descubierto de Antifón, Oxyrh. Pap. x i n. 1364, col. i
(1-33) Hunt; D iels, Vorsokr., vol. ii , p. x x x ii ; así como los lugares señalados
por H irzel, ob. cit., 199 A I, especialmente P latón , Critón, 54 B.
8 F ocílides, frag. 10 = T eognis, 147.
lio LA PRIMERA GRECIA
el poema de Tirteo que estima el valor como la más alta areté, de
tal modo que se pusiera a la justicia en lugar del valor .9 Platón no
intenta excluir la virtud espartana, sino sólo ponerla en su lugar y
subordinarla a la justicia. Es preciso estimar de otro modo el valor
en la guerra civil que el valor frente al enemigo de la patria .10 Para
mostrar que toda areté se halla comprendida en el ideal del hombre
justo nos ofrece Platón un ejemplo luminoso. Ordinariamente dis­
tingue cuatro “ virtudes” : el valor, la piedad, la justicia y la pruden­
cia. Prescindimos aquí de que en la República y aun en otros lugares
aparezca en lugar de la piedad la sabiduría filosófica. Este canon
de las denominadas cuatro virtudes platónicas, lo hallamos ya en
Esquilo como la suma de la verdadera virtud ciudadana. Platón lo
ha tomado simplemente de la ética de las antiguas polis helénicas.11
Pero la multiplicidad de este canon no le impide reconocer que en
la justicia está contenida toda la areté.*2 Lo mismo ocurre en la
Ética nicomaquea de Aristóteles. Distingue un número mucho ma­
yor de aretai que Platón, pero al hablar de la justicia afirma un
doble concepto de esta virtud: existe una justicia, en el sentido estric­
to, el jurídico, y en un sentido más general, que incluye la totalidad
de las normas morales y políticas. En ésta reconocemos sin dificultad
el concepto de justicia del antiguo estado legal helénico. Aristóteles
invoca expresamente el verso antes mencionado que incluye todas las
virtudes en la justicia .13 La ley regula con sus preceptos las relacio­
nes de los ciudadanos con los dioses del estado, con sus conciudadanos
y con los enemigos de la patria.
El origen de la ética filosófica de Platón y de Aristóteles en la
ética de la vieja polis, no fue conocido por los tiempos posteriores
habituados a considerarla como la ética absoluta e intemporal. Cuan­
do la iglesia cristiana empezó a considerarla, halló sorprendente que
Platón y Aristóteles mencionara el valor y la justicia com o virtudes
morales. Y tuvo que habérselas con este hecho originario de la con­
ciencia moral de los griegos. Para una generación ajena a la comu­
nidad política y al estado, en el sentido antiguo de la palabra, y
desde el punto de vista de una ética puramente individual y religiosa,
no era comprensible más que com o una paradoja. Así compusieron
disértaciones doctorales sinfín sobre el problema de si el valor es
una virtud y cómo es posible que lo sea. Para nosotros, la aceptación
consciente de la antigua ética de la polis por la ética filosófica pos­
terior y el influjo que a través de ella ejerció sobre la posteridad, es

® Platón, Leyes, 660 E. 10 Platón, Leyes, 629 C ss.


11 E squilo, L os siete, 610. W ilamowitz sostiene que este verso es apócrifo y
lo suprime en su edición de Esquilo, pues cree que el canon de las virtudes
procede de Platón. Más tarde lo incluye. Cf. mi “Platos Stellung im Aufbau der
griechischen Bildung”, Die Antike, vol. 4 (1928), p. 163, y “Die griechische
Staatsethik im Zeitalter des Plato”, Rede zur Reichsgründugsfeier der Univer-
sitat (Berlín, 1924), p. 5.
12 Platón, Rep. 433 B. 13 A ristóteles, Et. nic., E 2, 1129 b 27.
EL ESTADO JURIDICO Y SU IDEAL CIUDADANO 111
un proceso perfectamente natural de la historia del espíritu. Ninguna
filosofía vive de la pura razón. Es sólo la forma conceptual y subli­
mada de la cultura y la civilización, tal como se desarrolla en la his­
toria. En todo caso, esto es cierto para la filosofía de Platón y Aris­
tóteles. No es posible comprenderlas sin la cultura griega ni la cultura
griega sin ellas.
El tránsito histórico que acabamos de avanzar, mediante el cual
la filosofía del siglo iv a. c. acepta la ética de la polis antigua y su
ideal humano, halla su exacta analogía en el tiempo del nacimiento
de la cultura de la polis. También ésta ha aceptado para sí los
estadios precedentes de la moralidad. No sólo se apropió la arete
heroica de Homero, sino tamhién las virtudes agonales, la herencia
entera de los tiempos aristocráticos, tal como lo hizo en su tiempo la
educación espartana del estado, dentro de lo que nos es dable cono­
cer. La polis animaba a sus ciudadanos a competir en los juegos
olímpicos y en otras luchas y premiaba con los más altos honores a
los que volvían vencedores. Al principio, la victoria hacía honor sólo
al linaje del vencedor. Con el crecimiento del sentimiento de solida­
ridad de la población entera, sirvió ad maiorem patriae gloriam. Del
mismo modo que en las luchas gimnásticas, participaba la polis, me­
diante sus hijos, en las tradiciones musicales antiguas y en el cultivo
del arte. Creó la isonomia, no sólo en la esfera del derecho, sino
tamhién en los más altos bienes de la vida que había creado la
cultura noble y se convertía ahora en patrimonio común de los ciu­
dadanos.
La enorme fuerza de la polis sobre la vida de los individuos se
fundaba en la idealidad del pensamiento de la polis. El estado se con­
virtió en un ser propiamente espiritual que recogía en sí los más
altos aspectos de la existencia humana y los repartía com o dones
propios. En este respecto, pensamos hoy ante todo en la aspiración
del estado a conferir la educación a sus ciudadanos en la edad ju ­
venil. Pero la educación pública de los jóvenes es una demanda que
formula por primera vez la filosofía del siglo iv. Entre los estados
más antiguos, sólo Esparta ejerce un influjo inmediato sobre la for­
mación de la juventud. No obstante, aun fuera de Esparta, fue el
estado, en los tiempos del desarrollo de la cultura de la polis, el edu­
cador de sus ciudadanos, puesto que consideró los concursos gimnás­
ticos y musicales que se celebraban en honor de los dioses, como una
especie de auto-representación ideal y se puso a su servicio. Tales
son las más altas representaciones de la cultura espiritual y corporal
de aquellos tiempos. Con razón denomina Platón a la gimnasia y a
la música la “ antigua educación” (ápxa ía rtaiÓEÍa) - El cuidado de
esta cultura, originariamente aristocrática, por las ciudades, en for­
ma de grandes y costosos concursos, no se limitaba a desarrollar el
espíritu de lucha y el interés musical. En la competencia se formaba
el verdadero espíritu de la comunidad. Así, resulta fácilmente com­
112 LA PRIMERA GRECIA
prensible el orgullo de los ciudadanos griegos por ser miembros de
su polis. Para la plena designación de un heleno no sólo es necesa­
rio su nombre y el de su padre, sino también el de su ciudad natal. La
pertenencia a una ciudad tenía para los griegos un valor ideal análogo
al sentimiento nacional para los modernos.
La polis, como suma de la comunidad ciudadana, da mucho. Pue­
de exigir, en cambio, lo más alto. Se impone a los individuos de un
modo vigoroso e implacable e imprime en ellos su sello. Es la fuente
de todas las normas de vida válidas para los individuos. El valor
del hombre y de su conducta se mide exclusivamente en relación con
el bien o el mal que le proporciona. Tal es el resultado paradójico
de la lucha inauditamente apasionada por la obtención del derecho
y de la igualdad de los individuos. Con la ley se forja el hombre una
nueva y estrecha cadena que mantiene unidas las fuerzas y los impul­
sos divergentes y los centraliza como nunca lo hubiera podido hacer
el antiguo orden social. El estado se expresa objetivamente en la
ley, la ley se convierte en rey, como dijeron los griegos posteriores,14 y
este señor invisible no sólo somete a los transgresores del derecho e
impide las usurpaciones de los más fuertes, sino que introduce sus
normas en todas las esferas de la vida, antes reservadas al arbitrio in­
dividual. Traza límites y caminos, incluso en los asuntos más íntimos
de la vida privada y de la conducta moral de sus ciudadanos. El
desarrollo del estado conduce, así, a través de la lucha por la ley
al desenvolvimiento de nuevas y más diferenciadas normas de vida.
Tal es la significación del nuevo estado para la formación del
hombre. Dice Platón, con razón, que cada forma de estado lleva
consigo la formación de un determinado tipo de hombre, y lo mismo
él que Aristóteles exigen de la educación del estado perfecto que im­
prima en todos el sello de su espíritu .15 “ Educado en el ethos de la
ley” dice la fórmula, constantemente repetida, del estado del siglo iv .16
De ella se desprende claramente la inmediata significación educado­
ra de la erección de una norma jurídica, universalmente válida me­
diante la ley escrita. La ley representa el estadio más importante en
el camino que conduce desde la educación griega, de acuerdo con el
puro ideal aristocrático, hasta la idea del hombre formulada y de­
fendida sistemáticamente por los filósofos. Y la ética y la educación
filosófica se enlazan, por el contenido y por la forma, con las legis­
laciones más antiguas. No se desarrollan en el espacio vacío del pensa­
miento puro, sino mediante la elaboración conceptual de la sustancia
histórica de la nación — como lo ha reconocido ya la filosofía misma
de la Antigüedad. En la ley halló la herencia de las normas jurídicas
14 La frase fue acuñada por Píndaro (frag. 169, Schroder) y tiene en la
literatura griega una larga historia que persigue E. Stier, Nomos Basileus. Berl.
Diss., 1927.
16 Platón, Rep. 544 D; A ristóteles., Pol., T i , 1275 b 3.
16 P latón, Leyes, 625 A, 751 C; Epin., 335 D; I sócr., Paneg., 82; De pace,
102; cf. A rist., Pol., © i, 1337 a 14.
EL ESTADO JURÍDICO Y SU IDEAL CIUDADANO 113
y morales del pueblo griego su forma más general y más permanente.
La obra de filosofía pedagógica de Platón culmina en el hecho de
que en su última y mayor obra se convierte en legislador, y Aristó­
teles termina su Ética mediante apelación a un legislador que realice
su ideal. La ley es también un antecedente de la filosofía, en tanto
que su creación entre los griegos era obra de una personalidad pre­
eminente. Con razón eran considerados como los educadores de su
pueblo, y es característico del pensamiento griego el hecho de que el
legislador es, con frecuencia, colocado al lado del poeta, y las deter­
minaciones de la ley al lado de las sentencias de la sabiduría poética.
Ambas actividades se hallan estrechamente emparentadas.17
Las críticas posteriores de la ley, tal como se dieron en los tiem­
pos de la democracia corrompida, contra un legalismo del estado, opri-
mente y despótico, no afectan a lo que acabamos de decir. En opo­
sición a este escepticismo, todos los pensadores antiguos están de
acuerdo en el elogio de la ley. Es para ellos el alma de la polis. “ El
pueblo debe luchar por su ley como por sus murallas” , dice Herácli-
to .18 Aquí aparece, tras la imagen de la ciudad visible, defendida
por su cerco de murallas, la ciudad invisible, cuyo firme baluarte es
la ley. Pero hallamos todavía un reflejo más primitivo de la idea
de la ley en la filosofía natural de Anaximandro de Mileto a mi­
tad del siglo vi. Transfiere la representación de la diké, de la vida
social de la polis, al reino de la naturaleza y explica la conexión ca­
sual del devenir y el perecer de las cosas como una contienda jurí­
dica en la cual, por la sentencia del tiempo, aquéllas tendrán que
expiar e indemnizar de acuerdo con las injusticias cometidas.19 Tal
es el origen de la idea filosófica del cosmos, puesto que esta palabra
designa, originariamente, el recto orden del estado y de toda comu­
nidad. La atrevida proyección del cosmos estatal en el Universo, la
exigencia de que, no sólo en la vida humana, sino también en la na­
turaleza del ser, domine el principio de la isonomia y no el de pleo-
nexia, es testimonio de que en aquella época la nueva experiencia
política de la ley y del derecho se hallaba en el centro de todo pen­
samiento, constituía el fundamento de la existencia y era la fuente
auténtica de toda creencia relativa al sentido del mundo. Este pro­
ceso espiritual de transferencia debe ser considerado y estimado de
un modo cuidadoso en su significación para la interpretación filosó­
fica del mundo. Aquí sólo debemos mostrar brevemente la luz que
proyecta sobre la esfera del estado y sobre el nuevo ideal del hombre
político. Pero se ve, al mismo tiempo, claramente, cuán profunda
es la conexión entre el nacimiento de la conciencia filosófica entre

17 Cf. mi trabajo Solons Eunomie, Sitz. Berl. Akad., 1926, 70. El legis­
lador como “ escritor” en el Fedro de P latón , 257 D ss. y su paralelo con el
poeta, 278 C ss.
18 H eráclito, frag. 44 Diels.
19 A naximandro , frag. (ver infra, pp. 159 ss.).
114 LA PRIMERA GRECIA
los jonios y el origen del estado legal. Su raíz común es el pensa­
m ie n t o universal que funda y explica el mundo en su configuración
esencial. Desde este momento, esta idea se extiende y penetra, de
un modo cada día más completo, la totalidad de la cultura griega.
En conclusión, debemos mostrar la transformación del nuevo es­
tado-ciudad, que se abre camino en Jonia, en su significación decisiva
para la evolución que nos lleva desde la antigua cultura aristocrática
hasta la idea de una “ educación universal y humana” . Es preciso
advertir que lo que vamos a decir no es aplicable en toda su ampli­
tud a los primeros comienzos de la historia de la polis. Es el balance
de la evolución entera, cuyos fundamentos acabamos de analizar. Pero
será bueno dirigir la mirada sobre el alcance fundamental de este mo­
vimiento histórico y no perderlo de vista.
En tanto que el estado incluye al hombre en su cosmos político,
le da, al lado de su vida privada, una especie de segunda existen­
cia, el 6105 jro^mxóg. Cada cual pertenece a dos órdenes de exis­
tencia y hay una estricta distinción, en la vida del ciudadano, entre
lo que es propio (íSiov) y lo común (xoivóv). El hombre no es
puramente “ idiota” , sino también “ político” . Necesita poseer, al lado
de su destreza profesional, una virtud general ciudadana, la jToXitixf]
apETq, mediante la cual se pone en relación de cooperación e inteli­
gencia con los demás, en el espacio vital de la polis. Así, resulta
claro que la nueva imagen política del hombre no puede hallarse
vinculada, como la educación popular de Hesíodo, a la idea del tra­
bajo humano. La concepción de la areté de Hesíodo se hallaba im­
pregnada del contenido de la vida real y del ethos profesional de la
clase trabajadora, a la cual se dirigía. Si contemplamos el proceso de
la evolución de la educación griega desde el punto de vista actual,
nos sentiremos inclinados a pensar que el nuevo movimiento tuvo que
aceptar el programa de Hesíodo: sustituiría la educación, formación
general de la personalidad, propia de los nobles, por un nuevo con­
cepto de la educación del pueblo, dentro del cual se estimaría a cada
hombre de acuerdo con la eficacia de su trabajo especial y el bien
de la comunidad resultaría del hecho de que cada cual realizara su
trabajo particular con toda la perfección posible, tal como lo exige
el aristócrata Platón en el estado autoritario de su República, dirigido
por unos pocos espiritualmente superiores. Se hallaría en armonía
con el tipo de vida popular y la diversidad de sus oficios; el tra­
bajo no sería una vergüenza, sino el único fundamento de la estima­
ción ciudadana. Sin embargo, y sin perjuicio de reconocer este im­
portante hecho social, la evolución real siguió un curso completamente
distinto.
Lo realmente nuevo y lo que, en definitiva, trajo consigo la pro­
gresiva y general urbanización del hombre, fue la exigencia de que
todos los individuos participaran activamente en el estado y en la
vida pública y adquirieran conciencia de sus deberes ciudadanos,
EL ESTADO JURÍDICO Y SU IDEAL CIUDADANO 115
completamente distintos de los relativos a la esfera de su profesión
privada. Esta aptitud “ general” , política, sólo pertenecía, hasta en­
tonces, a los nobles. Éstos ejercían el poder desde tiempos inme­
moriales y poseían una escuela superior e indispensable. El nuevo
estado no podía desconocer esta arete si entendía rectamente sus pro­
pios intereses. Debió sólo evitar su abuso en provecho del interés
personal y de la injusticia. En todo caso, éste era el ideal tal como
lo expresa Pericles en Tucídides. Así, lo mismo en la libre Jonia
que en la severa Esparta, la formación política se halla en íntima
conexión con la antigua educación aristocrática, es decir, con el ideal
de la arete que abraza al hombre entero y todas sus facultades. No
rechazó los derechos de la ética del trabajo de Hesíodo. Pero el ideal
del ciudadano, como tal, fue el que ya Fénix enseñó a Aquiles: ser
apto para pronunciar bellas palabras y realizar acciones. Los hom­
bres dirigentes de la creciente burguesía debían alcanzar este ideal, y
aun los individuos de la gran masa debían participar, en una cierta
medida, en la idea de esta arete.
Esta evolución fue extraordinariamente rica en consecuencias. Re­
cuérdese que, más tarde, Sócrates, en su crítica de la democracia,
planteó el problema de la relación entre la destreza profesional y la
educación política. Para Sócrates, hijo de un picapedrero, de un sim­
ple trabajador, era una sorprendente paradoja el hecho de que un
zapatero, un sastre o un carpintero, necesitaran para su honrado ofi­
cio un determinado saber real, mientras que el político debiera poseer
sólo una educación general, de contenido bastante indeterminado, a
pesar de que su “ oficio” se refiere a cosas mucho más importantes.
Claro es que el problema sólo podía ser planteado así en una época
para la cual resultaba evidente que la arete política debía ser un sa­
ber y un saber hacer. La falta de aquella destreza especial aparecía
clara, considerada como algo que forma parte de la esencia de la
democracia. Pero en verdad, para el estado-ciudad más antiguo la vir­
tud política no era un problema predominantemente intelectual. He­
mos mostrado ya qué es lo que entendieron por virtud ciudadana.
Cuando apareció el nuevo estado jurídico, la virtud de los ciudadanos
consistió en la libre sumisión de todos, sin distinción de rango ni de na­
cimiento, a la nueva autoridad de la ley. Para esta concepción de
la virtud política, el ethos era mucho más importante que el logos. La
fidelidad a la ley y la disciplina importaban, para él, mucho más
que el problema de saber hasta qué punto el hombre ordinario era
apto para entender en los negocios y en los fines del estado. No exis­
tía, en este sentido, el problema de la cooperación.
El estado-ciudad más antiguo era para sus ciudadanos la garan­
tía de todos los principios ideales de su vida; jtoAirgúscdku significa
participar en la existencia común. Tiene también simplemente la
significación de “ vivir” . Y es que ambas cosas eran uno y lo mismo.
En tiempo alguno ha sido el estado, en tan alta medida, idéntico con
116 LA PRIMERA GRECIA
la d ig n id a d y el v a lo r del h om b re. A r i s t ó t e le s d e s ig n a al h om b re
com o un se r p o lític o y lo d is t in g u e , a s í , d e l a n i m a l , p o r su c iu d a d a ­
n ía . E s ta id e n tific a c ió n de la humanitas, d el ser h o m b r e , con el es­
t a d o , s ó lo e s c o m p r e n s i b l e e n la e s tr u c tu r a v i t a l d e la a n t ig u a c u ltu r a
d e la polis g r i e g a , p a r a la c u a l la e x is t e n c ia en c o m ú n e s la s u m a de
la v i d a m ás a lta y a d q u ie r e i n c lu s o una c a li d a d d iv in a . Un cosm os
le g a l , d e a c u e r d o con e ste a n tig u o m o d e lo h e lé n i c o , e n el cu a l el e s­
ta d o es e l e s p ír it u m i s m o y la c u ltu r a e s p ir it u a l s e r e f ie r e a l e sta d o
com o a su ú lt im o fin , es el q u e b o s q u e ja P la t ó n en Leyes.
la s A llí
d e t e r m in a la e s e n c ia d e t o d a v e r d a d e r a e d u c a c i ó n o paideia,20 e n opo­
s ic ió n a l s a b e r e s p e c ia l d e lo s h o m b r e s de o f i c i o , ta le s c o m o lo s c o ­
m e r c ia n t e s , lo s t e n d e r o s y lo s a r m a d o r e s , c o m o la “ e d u c a c i ó n p a r a la
arete que im p r e g n a al h om bre d el d eseo y el a n h e lo de c o n v e r t ir s e
e n u n c i u d a d a n o p e r f e c t o y le e n s e ñ a a m a n d a r y a o b e d e c e r , s o b r e el
f u n d a m e n t o d e la j u s t i c i a ” .
P la t ó n nos da aquí una fie l tr a n s c r ip c ió n del s e n t id o o r ig in a r io
d e la “ c u ltu r a g e n e r a l ” se gú n el e s p ír it u d e la p r i m i t i v a polis g r ie g a .
V erdad e s q u e a c e p t a , e n su c o n t e n id o de la e d u c a c i ó n , la e x i g e n c i a
s o c r á t ic a de una t é c n ic a p o l í t i c a , p e r o no e n tie n d e p o r e llo u n s a b e r
e s p e c ia l a n á l o g o a l d e l o s a r t e s a n o s . L a v e r d a d e ra e d u c a c ió n es, p a r a
P la t ó n , una fo r m a c ió n “ g e n e r a l” , p o r q u e el s e n t id o d e lo p o lític o es
el s e n t id o d e lo g e n e r a l. L a c o n tr a p o s ic ió n e n tr e el c o n o c i m i e n t o r e a l
n e c e s a r io para lo s o fic io s y la e d u c a c ió n id e a l p o lític a , que a fe c ta
al h o m b re e n t e r o , tie n e su ú lt im o o r ig e n , com o v im o s a n tes, en el
t ip o d e la a n t ig u a n o b le z a g r ie g a . P ero su s e n t id o m á s p r o fu n d o se
h a lla e n la c u ltu r a d e la c i u d a d , p u e s t o q u e e n e lla e s a fo r m a e s p ir i­
tu a l e s t r a n s f e r i d a a t o d o s lo s c i u d a d a n o s y la e d u c a c i ó n a r is t o c r á t ic a
se c o n v ie r t e e n la f o r m a c i ó n gen era l del h o m b re p o lític o . E l e sta d o -
c iu d a d a n tig u o es el p r im e r e s ta d io , d esp u és de la e d u c a c ió n n o b le ,
en e l d e s a r r o llo d e l id e a l “ h u m a n i s t a ” h a c ia una e d u c a c ió n é tic o -p o ­
l ít ic a , gen eral y hum ana. Es m ás: podem os d e c ir que é s ta ha s id o
su verdadera m is ió n h is tó r ic a . La e v o lu c i ó n p o s te r io r de la c iu d a d
p r im itiv a h a c ia el d o m in io de la s m asas, c o n d ic io n a d o por fu e rz a s
c o m p le t a m e n t e d is t in t a s , n o a fe c ta de un m odo d e c is iv o a la e s e n c ia
d e a q u e lla e d u c a c i ó n , p u e s t o q u e a t r a v é s d e to d o s lo s c a m b io s p o lí­
t ic o s que hubo que s u fr ir , con servó su ca rá c te r a r is t o c r á t ic o o r ig i­
n a r io . N o e s p o s i b l e e s t im a r s u v a l o r n i p o r e l g e n io d e lo s c a u d i llo s
i n d i v i d u a le s , c u y a a p a r ic ió n d e p e n d e d e c o n d ic io n e s e x c e p c io n a le s , n i
por s u u t i li d a d p a r a la m a s a , a la c u a l no puede ser tr a n s fe r id a s in
un e fe c t o a ll a n a d o r sob re la s dos p a r te s . El buen s e n t id o de lo s
g r ie g o s se m a n tu v o s ie m p r e a l e j a d o d e s e m e ja n t e s in t e n t o s . El id e a l
de una arete p o lític a g e n e r a l e s in d i s p e n s a b le p o r la n e c e s id a d de la
c o n t i n u a f o r m a c i ó n d e u n a c a p a d e d ir ig e n t e s s in la c u a l n in g ú n p u e ­
b lo n i e s ta d o , sea c u a l f u e r e s u c o n s t i t u c i ó n , p u e d e s u b s is t ir .

20 P latón , Leyes, 643 E.


VII. LA AUTOEDUCACIÓN DEL INDIVIDUO
EN LA POESÍA JÓNICO-EÓLICA

L a nueva estructuración del estado, sobre la base común del dere­


cho para todos, creó un nuevo tipo de hombre, el ciudadano, e hizo
de la acuñación de una norma universalmente válida para la vida
ciudadana la necesidad más apremiante para la nueva comunidad.
Pero así como el ideal de la primitiva sociedad noble halló en la
epopeya su expresión objetiva, y formularon, Hesíodo la sabiduría
práctica de la ética campesina y la ética del trabajo, y Tirteo las
severas exigencias del estado espartano, no hallamos a primera vista
una expresión análoga del nuevo ideal del ciudadano en la poesía de
su tiempo. Como vimos, la cultura de la ciudad aceptó gustosa los
estadios anteriores de la educación y, con ello, puso a su servicio
la alta poesía como medio de expresión de sus propios ideales, del
mismo modo que la música y la gimnasia de la antigüedad aristo­
crática. No existe, pues, una creación poética que incorpore su natu­
raleza peculiar y que pueda competir con la poesía del pasado deve­
nida ya clásica. Podemos mencionar tan sólo las historias relativas
a la fundación de determinadas ciudades, redactadas en un estilo épico
convencional. Pero ninguna de estas obras de la cultura ciudadana
primitiva, ya escasas en número, se eleva a la significación de una
verdadera epopeya del estado, como lo fue, entre los romanos, la
Eneida de Virgilio, la última de las grandes obras de este género.
El ethos del nuevo estado halló su verdadera expresión revolucio­
naria no en la forma poética, sino más bien en la creación de la
prosa. Nada menos que esto significa la promulgación de leyes es­
critas. La característica del nuevo estadio de desarrollo de la comu­
nidad humana se halla en el hecho de que la lucha para llegar a la
sumisión de la vida y la acción a normas ideales rigurosas y justas,
se abre paso con la mayor resolución mediante la consignación de sus
preceptos en proposiciones claras y universalmente válidas. La vehe­
mencia con que fue sentida esta exigencia moral relegó, al principio,
a un segundo término la necesidad de una expresión intuitiva y artís­
tica del nuevo hombre. El estado legal nace ya del espíritu racional
y no tiene, por tanto, ningún parentesco originario con la poesía. Los
momentos poéticamente fecundos de la vida de la ciudad se hallan ya
agotados en Homero, Calinos y Tirteo. La vida cotidiana de los ciu­
dadanos, en toda su amplitud, permanece necesariamente inaccesible a
la elevación poética. Y el heroísmo de la vida política interna de So­
lón, que debía convertirse en la fuente de una nueva alta poesía, no
fue captado por ningún escritor jónico o eolio.
En cambio, la esfera de la intimidad personal del hombre, com-
117
llfi LA PRIMERA GRECIA
p le t a m e n t e a le ja d a de la v id a p o lític a , ab re a la p o e s ía un nuevo
m undo d e e x p e r ie n c ia s , c u y a s p r o f u n d i d a d e s e x p lo r a á v id a m e n t e . En
e ste m u n d o n o s i n t r o d u c e la p o e s ía e le g i a c a y y á m b ic a de lo s j o n i o s
y la lí r i c a e ó li c a La d in á m ic a de la v o lu n ta d in d iv id u a l de v iv ir ,
cuya m a n ife s ta c ió n podem os p e r s e g u ir , d e un m o d o in d ir e c to , e n la s
tr a n s fo r m a c io n e s del e s ta d o , p o r la a c c ió n de a q u é lla en la v id a de
la c o m u n i d a d , se n o s r e v e la a q u í m e d ia n t e la e x p r e s ió n d e su s m o v i­
m ie n to s en la in tim id a d i n m e d ia t a . S in la p e r c e p c ió n de e s ta expe­
r i e n c ia e s p ir it u a l n o s f a lt a r ía lo m ás e s e n c ia l para lle g a r a la com ­
p r e n s ió n de la s tr a n s fo r m a c io n e s p o lític a s . Las c o n e x io n e s c a u s a le s
e n tr e lo e s p ir it u a l y lo m a t e r ia l perm anecen en la m ayor o s c u r id a d
por la f a lt a c o m p le t a de tr a d ic ió n a lg u n a r e la t iv a a la s c o n d ic io n e s
e c o n ó m ic a s d e la época. P ero, para la h i s t o r i a d e la e d u c a c i ó n , n o s
im p o r t a m ás la fo rm a e s p ir it u a l a que lle g ó el h o m b r e d e la nueva
edad y la h u e lla q u e , m e d ia n t e e lla , im p r im ió en la e v o lu c i ó n p o ste ­
r io r. Y e sta h u e lla del e s p ír itu jó n ic o es de la m ayor im p o r t a n c i a
p a r a la h is t o r i a d e lo s g r i e g o s y d e la h u m a n i d a d . L o s p o e ta s e x p r e ­
san por p r im e r a vez, en n om bre p r o p io , su s p r o p io s s e n t im ie n t o s y
o p in io n e s . La e x is t e n c ia en com ún perm anece, para e llo s , t o t a lm e n t e
en s e g u n d o té r m in o . I n c lu s o c u a n d o se r e f ie r e n a la p o l í t i c a , lo c u a l
ocu rre con fr e c u e n c ia , n o p r e te n d e n d ic t a r n o r m a s u n iv e r s a le s e im ­
p e r a tiv a s , com o H e s ío d o , C a li n o s , T ir te o y S o ló n , s in o exp resar su
p a s ió n p e r s o n a l p a r t id is t a , c o m o A lc e o , o r e c la m a r s u s d e r e c h o s in d i­
v i d u a le s . c o m o A r q u í l o c o . I n c lu s o lo s a n i m a le s , e n la s q u e r e lla s d e la s
f á b u l a s , r e c la m a n r e c í p r o c a m e n t e “ su s d e r e c h o s ” , en h u m o r ís tic a im i­
t a c ió n d e la s r e la c io n e s h u m a n a s . S in em bargo, la a b ie r t a e x p r e s ió n
d e la s id e a s p r o p i a s d e l p o e ta p r e s u p o n e s ie m p r e la polis y su e stru c ­
tu r a s o c ia l. E l in d iv id u o descan sa en la c i u d a d , e n su s u j e c i ó n y en
su lib e r ta d , lo m is m o cu an do e sta r e la c ió n perm anece s in ser e x p r e ­
sad a que cuando se d ir ig e e x p re sa m e n te a su s c o n c iu d a d a n o s m e­
d ia n t e s u o p i n i ó n p e r s o n a l, c o m o o c u rr e en A r q u ílo c o .
E s a lt a m e n t e s i g n i f i c a t i v o q u e el g é n e r o d e i n d i v i d u a li d a d q u e p o r
p r im e r a vez se m a n ifie s ta en e s ta s p o e s ía s , con aso m b rosa in d e p e n ­
d e n c ia , no se exp rese, a la m an era m odern a, com o la s im p le expe­
r i e n c ia d e la s e n s i b i li d a d del y o , í n t im a m e n t e in t u id a e n r e la c ió n c o n
su d e p e n d e n c ia e in d e p e n d e n c ia del m undo, com o un p u ro d esb or­
d a m ie n to s e n t im e n t a l. E s te t ip o m odern o de i n d i v i d u a li d a d p o é tic a
no es sin o una v u e lta a la s fo r m a s p r im itiv a s y n a t u r a le s d e l a r te ,
a la s i m p le e x te r io r iz a c ió n in g e n u a de lo s s e n t im ie n t o s in d iv id u a ­
le s , ta l com o lo h a lla m o s en lo s h om b res de la s m ás d is t in t a s épo­
cas y ra zas y de un m odo e v id e n te ya en lo s p r im e r o s e s t a d io s de
la c u lt u r a . Nada m ás in se n sa to que p en sar que lo s g r ie g o s hayan
tr a íd o p o r p r im e r a v e z al m u n d o el s e n t im ie n t o y e l p e n s a m ie n t o in ­
d i v i d u a l. P o r e l c o n t r a r i o , e ste t i p o d e p e n s a m i e n t o y d e s e n s i b i li d a d
lle n a , c a s i e x c l u s i v a m e n t e , el m u n d o e n t e r o . T a m p o c o fu ero n lo s ú n i ­
c o s n i lo s p r im e r o s en d a r fo rm a a r tís t ic a a e s ta i n d i v i d u a li d a d , que
LA AUTOEDUCACIÓN EN LA POESÍA JÓNICO-EÓLICA 119
se m u e s tr a d e u n m o d o ta n im p r e s io n a n t e e n la lír ic a c h in a , ta n p r o ­
f u n d a m e n t e e m p a r e n t a d a c o n la m o d e r n a . P r e c is a m e n t e e llo nos p er­
m it e p e r c ib ir su d if e r e n c ia e s e n c ia l de la p r im itiv a in d i v i d u a li d a d
g r ie g a .
E l p e n s a m ie n t o y el s e n t im ie n t o d e l p o e ta g r i e g o p e r m a n e c e n s i e m ­
p re, aun d en tro d e la e s fe r a d el yo n u e va m en te d e s c u b ie r t a , so m e ti­
d o s , e n a lg ú n m o d o , a u n a n o r m a y a u n d e b e r s e r . L o e x p lic a r e m o s
c o n m á s d e ta lle y r i g o r . N o e s f á c i l p a r a n o s o t r o s , d e s d e la r g o t ie m p o
im p r e g n a d o s d e a q u e lla id e a , c o n c e b ir , d e un m odo c la r o y p r e c is o ,
qué e n te n d ie r o n por i n d i v i d u a li d a d A r q u ílo c o y o tro s p o e ta s de su
gén ero. N o e s c ie r ta m e n t e e l s e n t im ie n t o c r is t ia n o y m o d e r n o del y o ,
d e l a lm a i n d iv i d u a l c o n s c ie n te d e s u ín t im o y p r o p i o v a le r . E l y o se
h a lla , para lo s g r ie g o s , en ín t im a y v iv a c o n e x ió n con la t o t a lid a d
d e l m u n d o c ir c u n d a n t e , c o n la n a t u r a le z a y c o n la s o c ie d a d h u m a n a ;
no separado y a i s la d o . Las m a n if e s t a c io n e s de la in d i v i d u a li d a d no
son n u n c a e x c lu s iv a m e n t e s u b je t i v a s . P o d r í a m o s d e c ir , m á s b i e n , q u e
e n u n a p o e s ía c o m o la d e A r q u í l o c o e l y o in d iv i d u a l tr a ta d e e x p r e s a r
y r e p r e s e n ta r en sí la to t a lid a d del m undo o b je t i v o y s u s le y e s . El
i n d i v i d u o g r i e g o a lc a n z a s u lib e r t a d y la a m p lit u d d e m o v i m i e n t o s d e
su c o n c ie n c ia , n o m e d ia n t e e l s im p le d e s b o r d a m i e n t o d e la s u b je tiv i­
d a d , s in o m e d ia n t e s u p r o p i a o b je t i v a c i ó n e s p ir itu a l. Y e n la m e d id a
e n q u e se c o n t r a p o n e a un m u n d o e x t e r i o r , r e g i d o p o r le y e s p r o p ia s ,
d e s c u b r e s u s p r o p i a s le y e s in t e r n a s .
E x p li c a r e m o s e ste f e n ó m e n o , c u y a im p o r t a n c ia para la h is t o r i a d e
la s f o r m a s d e l e s p ír it u o c c id e n ta l s a lta a la v i s t a , m e d ia n t e u n e je m p l o .
H e m o s o b s e r v a d o y a e n o t r o lu g a r u n f e n ó m e n o p a r a le lo c o n e l n a c i ­
m ie n t o d e la e le g í a d e C a lin o s y d e T ir te o . A llí e s t a b le c im o s e l im ­
p o r ta n t e hecho de la h is t o r i a de la e d u c a c ió n de que el id e a l del
e sta d o e sp a rta n o h a lla s u e x p r e s ió n p o é t ic a e n la t r a n s f e r e n c ia de la
p a r é n e s is h o m é r i c a , q u e e n a r d e c ía el v a lo r d e lo s h é r o e s , a la a c t u a ­
lid a d r e a l y v i v i d a . Lo que o c u r r ía a llí c o n la c iu d a d e n te r a , c o n el
e jé r c it o d e lo s e s p a r t a n o s , s e r e p ite e n A r q u í l o c o c o n la p e r s o n a i n d i ­
v i d u a l d e l p o e ta . En la s e le g ía s a p a r e c e c o n s ta n te m e n t e él m is m o o
su co n to rn o com o p o r ta d o r d e la s fig u r a s y lo s d e s t in o s h o m é r ic o s .
En e s ta s tr a n s p o s i c io n e s de c o n t e n id o y de fo rm a , ap arece p a lp a b le
y c la r o e l g r a n p r o c e s o e d u c a d o r q u e se r e a liz a e n to n c e s m e d ia n t e la
ín t im a a p r o p i a c i ó n d e l e s p ír itu d e la e p o p e y a p o r la p e r s o n a li d a d . In ­
c lu s o la e le v a c ió n d el in d iv id u o a un m a yor grado d e lib e r t a d , e n la
v i d a y en e l e s p ír it u , se d e b e , en p r i m e r t é r m i n o , a l i n f l u j o f o r m a d o r
de H o m ero.
C u a n d o A r q u í l o c o se p r e s e n ta a sí m i s m o c o m o “ s e r v id o r del im ­
p e r a n t e E n y a li o s ” y , a l m i s m o t ie m p o , c o m o e n te n d i d o e n e l “ a m a b le
don d e la s m u s a s ” , 1 c o m p r e n d e m o s lo d e c is iv o y nuevo que hay en
la a t r e v id a c o n c ie n c ia d e e ste y o q u e c o n r a z ó n se s ie n te , e n s u d o b le

1 A r q u íl o c o , fr a g . 1.
120 LA PRIMERA GRECIA
c a li d a d de guerrero y d e p o e ta , c o m o a lg o in u s ita d o y ú n ic o . P ero
debem os record ar, al m is m o tie m p o , que e x is t e un p roceso de au to-
f o r m a c i ó n e s p ir it u a l q u e se r e v e la c u a n d o e l p o e ta s e v is te c o n e l r o ­
p a je h e r o ic o de la fo r m a é p ic a o cu an do h a b la con o r g u llo de la s
b a t a lla s c o n tr a lo s “ señ ores de E ubea, fa m o s o s en el m a n e jo de la
la n z a ” , en la s c u a le s s ir v ió com o so ld a d o : del “ t u m u lt o de A res” y
de la “ q u e ju m b r o s a ob ra de la e s p a d a ” .2* Bebe su v in o y com e su
pan en la a c tit u d de lo s h éroes h o m é r ic o s , “ apoyado en la la n z a ” ,
m e d ia n t e la c u a l se s u s t e n t a .á T o d o e s to a fir m a d e sí m is m o un h o m ­
bre que n o es de n o b le e s tir p e . La é p ic a p r e s ta s u e s t ilo a su v id a
e n t e r a , a s u a c c ió n y a s u p e n s a m ie n t o .
C ie r t o e s q u e no s ie m p r e se s ie n te a la a lt u r a d e e s te i m p o r t a n t e
p a p e l. La i n d i v i d u a li d a d d e A r q u ílo c o no se m a n ifie s ta s ó lo por el
hech o de e le v a r su p e r s o n a li d a d e m p ír ic a a la s norm as id e a le s de
H om ero y fo r m a r la de acu erd o co n e lla s . A l c o m p a r a r s e a sí m is m o
con aquel id e a l , la p e n e tr a n t e o b je t i v i d a d de la m ir a d a g r ie g a lo
lle v a , n e c e s a r ia m e n t e , a v e r h a sta q u é p u n to la p e s a d a y a r c a ic a ar­
m adura de lo s h éroes es in a d e c u a d a para la v a c ila n t e o sa m e n ta de
s u p r o p i a e in s u f i c i e n t e h u m a n i d a d . E s te c o n o c i m i e n t o d e l o s p r o p i o s
lí m i t e s n o q u e b r a n t a , s in e m b a r g o , la i n v e n c i b le j o v i a l i d a d de A r q u í­
lo c o . Lo c o n v ie r t e , por el c o n tr a r io , en un m o tiv o de e x p r e s ió n y
d e h u m o r ís tic a a fir m a c ió n d e sí m i s m o , a u n fre n te a la s i n a c c e s ib le s
e x i g e n c i a s d e l o s id e a le s t r a d i c i o n a le s . L o s h é r o e s h o m é r ic o s h u b ie r a n
s e n t id o la p é r d id a de su escu d o com o la m u e r t e de su h o n o r y hu­
b i e r a n p r e f e r i d o s a c r i f i c a r s u v i d a a n te s q u e s u f r i r s e m e ja n t e a f r e n t a .
E n e s te p u n t o e l n u e v o h é r o e d e P a r o s h a c e s u s r e s e r v a s y e s tá s e g u r o
de p rovocar la r is a de su s c o n te m p o rá n e o s cuando d ic e : “Un s a io
e n e m ig o se r e g o c ija ah ora con m i escu d o, una arm adura in t a c h a b le
que he abandonado s in q u e r e r tr a s una m a ta . S in em bargo, yo he
escap ad o a la m u e rte, que es el fin de to d o . ¡Q u e se p ie r d a e s te
escu d o! C om praré uno m e j o r .” 4 La d e li c i o s a m e z c la del m odern o
h u m o r n a t u r a lis t a , a j e n o a t o d a c la s e d e i lu s i o n e s , s e g ú n el cu a l aun
un h éro e s ó lo tie n e u n a v i d a que perder, con la n o b le r e s o n a n c i a d e
la r e t ó r ic a é p i c a , q u e n o s h a b la d e “ u n a a r m a d u r a i n t a c h a b l e ” y d e la
m u erte que “ es el fin de to d o ” , es fu e n t e de in d e f e c t i b le s e fe c t o s
c ó m ic o s. B a jo su am paro puede el e s fo r z a d o d ese rto r a v e n tu ra r su
in s o le n t e c o n c lu s ió n y a fir m a r con d e sc o n c e rta n te s in c e r id a d : “ ¡M e
c o m p r a r é s i m p le m e n t e uno m e jo r ! ¡Q u é es, es d e fin itiv a , u n escu d o
s in o u n p e d a z o d e p ie l d e b u e y c u r tid a , c o n u n o s o rn a m en to s de m e ­
ta l b r i l l a n t e ! ”
S e m e ja n te tr a n s fo r m a c ió n d el h e r o ís m o en a lg o n a t u r a l, d e m a sia ­
do n a t u r a l, parece a lg o a t r e v id o e i n c r e í b le . S in em bargo, aun en

2 Frag. 3. Obsérvese también el matiz épico de los nombres mediante los


cuales se dirige a los conocidos de su propio círculo KriQwcíbpg, Almpiíbriq,
AlaxvMfiTig.
s Frag. 2. 4 Frag. 6.
LA AUTOEDUCACION EN LA POESÍA JÓNICO-EÓLICA 121
e s to h a lla A r q u ílo c o su p re ce d e n te en la é p ic a ta r d ía . No otra cosa
e s la escen a d e l f i n a l d e la Iliada, cuando A q u ile s in v it a al a flig id o
P r ía m o , t r a s la e n tre g a del cadáver de su h ijo , a com er y a beber
y c ita e l e je m p l o de N io b e , a flig id a por el m á s p r o fu n d o d o lo r m a­
t e r n o : “ A u n N i o b e , s a t u r a d a e n lla n to , d e b ió d e p e n s a r e n la c o m i d a .” 5
T o d o s som os h om bres. T a m b ié n el h e r o ís m o tie n e s u s lí m i t e s . Aquí
lo t r á g i c o , e n A r q u í l o c o , lo c ó m i c o d e la n a t u r a le z a h u m a n a , r o m p e n
la s s e v e r a s n o r m a s d e l o h e r o i c o . S in e m b a r g o , c o m o q u ie r a q u e sea,
e l p e n s a m ie n t o g r ie g o se e le v a a la n orm a ju s ta y se e n fr e n t a con
e lla , y a a fir m a n d o f r e n te a la n a t u r a le z a la v a lid e z de lo m ás a lt o ,
y a h a c ie n d o v a le r lo s derechos d e la n a t u r a le z a fr e n t e a l id e a l. S in
em bargo, m e d ia una gran d is t a n c ia e n tr e e s ta s m a n ife s ta c io n e s p r i­
m e r iz a s d e l a f l o j a m i e n t o d e la s r i g u r o s a s t r a b a s d e la c o n v e n c ió n ca­
b a lle r e s c a y d e l h o n o r d e c la s e , q u e n o v a lía n y a p a r a lo s s o l d a d o s , y
la r e v o lu c ió n f i lo s ó f i c a d e l p e n s a m ie n t o m o ral q u e e r ig e a la “ n a tu ­
r a le z a ” e n ú n ic a y v e r d a d e r a n o r m a d e la c o n d u c t a . P ero en la o s a ­
da a fir m a c ió n p e r so n a l d e A r q u ílo c o fr e n t e a lo s lí m i t e s del decoro
t r a d i c i o n a l, y e n la a b ie r t a d e c is ió n con q u e la m a n t ie n e , se h a lla y a
im p líc it a la c o n c ie n c ia d e p o d e r ser, n o s ó l o m á s d e s v e r g o n z a d o , s in o
t a m b ié n m á s n a t u r a l y s in c e r o q u e q u ie n e s tá s o m e t i d o al c ó d ig o m o ­
ral co n m a y o r r ig o r .
Con f r e c u e n c ia , lo q u e a p r im e r a v i s t a a p a r e c e c o m o una o p in ió n
p u r a m e n te s u b je t i v a de A r q u ílo c o , no es s in o la m a n ife s ta c ió n de
un c a m b io gen eral en la c o n c e p c ió n de lo d ecen te y lo in d e c o r o s o
y una r e b e lió n , en e ste c a s o ju s tific a d a , c o n tra lo s d io s e s a c e p ta d o s
p o r la o p i n i ó n p ú b lic a y c o n t r a la f u e r z a d e la t r a d i c i ó n . No s e tr a ta
ta n s ó lo de una cóm oda d e s o b e d ie n c i a a la s n orm as r e c ib id a s , s in o
d e u n a s e r ia lu c h a p a r a lle g a r a la im p la n t a c i ó n d e o t r a s n u e v a s . En
el a n t ig u o orden s o c ia l no h a b ía m ás in s t a n c ia s u p e r io r , para ju z ­
gar al h om bre, que la fa m a p ú b li c a . E ra s im p le m e n t e in a p e la b le .
C o in c id e n , en su re sp eto a e lla , e l m u n d o d e la n o b le z a h o m é r ic a y
la m oral c a m p e s in a y a r te s a n a de H e s í o d o .6 A r q u ílo c o , al s e n tir s e
c o m p le t a m e n t e li b r e d e lo s ju ic io s del demos s o b re lo ju s to y lo in ­
ju s to , lo h o n o r a b le y lo vergon zoso, s e ñ a la una e ta p a m ás lib r e de
la e v o lu c i ó n .7 “ Si nos a flig im o s por la m a le d i c e n c i a d e la g e n te no
g o z a m o s d e la g r a c i a d e la v i d a .” E l a b a n d o n o y la c o m o d i d a d d e la
n a t u r a le z a hum ana han t e n id o c ie r ta m e n t e un papel no d e s p r e c i a b le
en e ste p roceso de e m a n c ip a c ió n . Su ju s tific a c ió n a p u n ta , e v id e n t e ­
m e n te , e n e s e s e n t id o . U n a c ie r ta i n d u lg e n c ia f u e la c o n s e c u e n c ia d e
la n u e v a li b e r t a d y n a t u r a lid a d . P ero la o p o s ic ió n c o n tra la fu e rz a

5 Q 602.
6 La ética de la nobleza homérica amenaza con la ignominia y atrae con el
honor. El tener en cuenta la maledicencia del demos n 75, x 527, co 200 es cosa
de la moral burguesa, que influye en la épica más reciente. H esíodo, Erga, 763
hace de Fama ( pheme) una diosa.
7 Frag. 9.
]22 LA PRIMERA GRECIA
d e la p ú b li c a o p in ió n c iu d a d a n a n o se f u n d a b a s ó lo e n m o t i v o s h e d o -
n is t a s . La c r ític a de A r q u ílo c o se e le v a a una p e n e tr a n t e lu c h a de
p r in c ip io s . S e d e c ía q u e la polis m a n t e n ía e n s u m e m o r i a y h on rab a
el n o m b r e de lo s que la h a b ía n s e r v id o , aun d esp u és de la m u e rte
— así lo a n u n c ia b a n to d o s lo s p o e ta s, d esd e H om ero, com o segu ra
recom p en sa al s e r v ic io p re sta d o . P ero, en verdad, “ d esp u és de la
m u e r t e n a d i e e s h o n r a d o o f a m o s o e n la m e m o r i a d e s u s c o n c i u d a d a ­
n os; to d a la v i d a n o s a fa n a m o s p o r c o n s e g u ir e l f a v o r d e lo s v i v o s ;
p ero a lo s m u e r t o s lo s h a c e n t r i z a s ” .8 O tro fr a g m e n to m u e str a c la r a ­
m e n t e lo q u e e s to q u ie r e s i g n i f i c a r . P ie n s a e l p o e t a e n la b a j a m a l e ­
d ic e n c ia que p e r s ig u e , aun en lo s rin c o n e s m ás e s c o n d id o s , a aquel
que no e s n e c e s a r io te m e r y a . “ In n o b le es i n j u r i a r a l o s m u e r t o s .” 9
Q u i e n a s í p e n e tr a e n la p s i c o lo g í a d e la f a m a y c o n o c e la b a je z a de
la gran m asa, p ie r d e to d o r e s p e to a la voz de la g e n e r a li d a d . Ya
H o m e r o e n s e ñ a b a q u e e l e s p ír itu d e l h o m b r e e s ta n m u d a b le c o m o lo s
d ía s que Zeus a lu m b r a . A r q u ílo c o a p lic a e sta s a b id u r ía h o m é r ic a al
m undo d e la v i d a e n t o r n o .10 ¿Q u é cosa grande puede esp era rse de
s e m e ja n t e s c r ia t u r a s d e u n d í a ? L a é tic a d e la a n t ig u a n o b le z a v e n e ­
r a b a la F a m a c o m o u n a f u e r z a s u p e r io r p o r q u e e n t e n d í a p o r e lla a lg o
d i s t i n t o : el h o n o r d e lo s grandes hechos y su gozoso r e c o n o c im ie n to
e n el c ír c u lo d e lo s e s p ír it u s n o b le s . T r a n s f e r i d o a la m a s a e n v id io s a ,
q u e m id e to d o lo grande con su p r o p ia y m e z q u in a m e d id a , p ie r d e
to d o s e n t id o . A s í , e l n u e v o e s p ír it u d e la polis d a lu g a r a la c r ític a
p ú b lic a , com o una p r e v e n c ió n n e c e s a r ia c o n tra el m ayor d e se n fre n o
d e la p a l a b r a y d e la a c c i ó n .
No e s p u r a c a s u a li d a d q u e A r q u ílo c o sea el p r im e r o y m ás gran ­
d e r e p r e s e n ta n t e d e l Q Ó y o g en la p o e s í a , e l t e m i d o c e n s o r .11 Con a l­
g u n a p re c ip ita c ió n se h a a t r i b u i d o la t o t a lid a d d e la p o e s í a y á m b i c a ,
d e c o n te n id o en g r a n p a r te c e n s o r io , a c o n d i c i o n e s p e r s o n a le s d e ca­
rá cter. En é s te , c o m o e n c u a lq u ie r o tro gén ero de p o e s ía g r ie g a , se
cree ju s tific a d o p en sa r en una e x p li c a c i ó n p u ra m e n te p s i c o ló g i c a y
co m p ren d er la p o e s ía com o r e s u lta d o de la e x p a n s ió n in m e d i a t a de
la s u b j e t i v i d a d , d e l e n o j o s u b je tiv o d e su c r e a d o r. C o n e llo se o lv id a
que la a s p ir a c ió n de la s á t ir a l it e r a r ia en la v id a de la p r im itiv a
c i u d a d g r i e g a e s u n f e n ó m e n o c a r a c t e r ís t ic o d e la é p o c a e n q u e s e d e s ­
a r r o lla la c r e c ie n t e im p o r t a n c i a del dem os. El yam bo era , o r ig in a ­
ria m e n te , de u so c o r r ie n t e e n la s f ie s t a s p ú b l i c a s de D io n is o s y res­
p o n d ía m á s b ie n a la e x p lo s ió n de un s e n t im ie n t o p o p u la r que a la
e x p r e s ió n de un ren cor p e r s o n a l. P ru eba de e llo es que e l e s p ír it u
del y a m b o se i n c o r p o r a c o n la m a y o r fid e lid a d y p r o s ig u e e n la a n ­
t ig u a c o m e d ia á t ic a , en la cual el p o e ta ap arece n o to r ia m e n te com o
el p o r ta v o z d e la c r ít ic a p o s i b l e . Nada im p lic a c o n tr a e s to el h e c h o ,
a s im is m o c ie r to , d e que A r q u ílo c o n o sea s ó lo el p o r ta v o z , s in o ta m ­
b ié n e l c o n t r a d i c t o r d e la o p i n i ó n com ún. Am bas c o s a s s e h a lla n en

8 Frag. 64; cf. C a l in o s , frag. I, 17, T irteo, 9, 23 5.


9 Frag. 65. 10 Frag. 68 (cf. o 136). 11 Dión de P rusa, Or., xxxui. 12
LA AUTOEDUCACIÓN EN LA POESIA JÓNICO-EÓLIC A 123
ín t im a c o n e x i ó n con su v o c a c ió n d e p u b lic id a d . S i fu e r a v e r d a d que
el yam bo r e s p o n d ía ta n s ó lo a la e x p r e s ió n de lo s s e n t im ie n t o s del
y o , in d e p e n d ie n t e m e n t e d e t o d a c o n s id e r a c ió n al m u n d o , no s e r ía e x ­
p li c a b le q u e e l y a m b o f i l o s ó f i c o d e S e m ó n i d e s y lo s c o n s e j o s p o lí t i c o s
d e S o l ó n p r o c e d ie r a n d e la m i s m a r a íz . S i lo c o n s i d e r a m o s c o n m a y o r
p r e c is ió n , n o s d a r e m o s c u e n ta d e q u e la p o e s í a y á m b i c a d e A r q u í l o c o
tie n e t a m b i é n al la d o d e s u a s p e c to s a t í r i c o y c r ít ic o un a s p e c to pa-
r e n é t ic o , y q u e u n o y o t r o se h a lla n e n í n t i m a c o n e x i ó n .
V erdad es que no h a lla m o s en él n in g ú n e je m p l o o p a r a d ig m a
m í t i c o , c o m o e n la p a r é n e s is d e la epopeya. P ero in t r o d u c e o t r a f o r ­
ma d e e je m p l o d id á c t ic o a lt a m e n te s ig n ific a tiv o para la e s fe r a d e la
cual p ro ce d e : la fá b u la . “ Q u ie r o c o n ta ro s una fá b u la . . .” c o m ie n z a
la h is t o r i a d e l m o n o y e l z o r r o .12 D e l m ism o m o d o e m p ie z a la f á b u l a
del zo rro y el á g u i l a : “ E x is te u n a fá b u la e n tr e lo s h o m b r e s q u e d ic e
a s í . . . ” 13 No h a lla m o s la s f á b u la s en la s e le g í a s de e s t ilo h e r o ic o
de A r q u ílo c o , s in o s ó lo en lo s ya m bos. Al h a b la r de lo s Erga de
H e s ío d o v im o s ya cóm o la f á b u la es una p ie z a c o n s t it u t iv a de la
tr a d ic ió n d id á c t ic a p o p u l a r .14 La c o r r ie n t e de e s ta p a r é n e s is desem ­
b o c a e v id e n t e m e n t e e n la p o e s ía y á m b ic a d e A r q u í l o c o , d e fu e n t e a s i ­
m is m o p o p u la r . A u n o t r o c a s o n o s p e r m it e c o n c l u i r , d e la c o n f lu e n c i a
d e l y a m b o c o n H e s í o d o , a la f o r m a o r i g i n a r i a d e la s á t i r a : la c e n s u r a
c o n t r a la s m u j e r e s d e S e m ó n id e s de A m o r g o s , u n p o e ta co n te m p o rá ­
n e o , p e r o d e v a l o r a r t ís t ic o m u y i n f e r i o r a l d e A r q u í l o c o .15 D el hecho
d e h a lla r s e r e p e t id a m e n t e e n H e s ío d o el t e m a , se h a q u e rid o d e d u c ir
su h o s t i li d a d a la s m u je r e s y c ie r ta n o v e la p e r s o n a l, cu yas am argas
e x p e r ie n c ia s se r e f le j a r o n a s í .16 P ero la b u r la c o n tr a la s m u je r e s y
c o n t r a e l s e x o f e m e n i n o e s u n o d e l o s m o t i v o s m á s a n t i g u o s d e la s á ­
t ir a p o p u la r en la s r e u n io n e s p ú b lic a s . Su r e p e t ic ió n en S e m ó n id e s
n o e s s ó lo u n a d é b il i m i t a c i ó n d e H e s í o d o , s i n o que s e e n la z a c o n el
a n t ig u o y a u t é n tic o yam bo que no c o n s is tió nunca m e ra m e n te en
la d e n o s t a c ió n y p ú b li c a d ifa m a c ió n de una p erson a m a lq u i s t a . Am ­
b o s e le m e n t o s , e l d e n u e s to p e r s o n a l y la s á t ir a c o n t r a u n g r u p o e n t e r o ,
c o m o la s h o l g a z a n a s e in ú t ile s m u j e r e s — s u c o n t r a r i o c o r r e s p o n d ie n ­
te , la s á t ir a c o n t r a lo s h o m b r e s , n o f a lt ó t a m p o c o , p e r o n o lo h a l l a m o s
en la p o e s ía h asta A r is t ó fa n e s — • tu v ie r o n su lu g a r en el a n tig u o
y a m b o .17
L a e s e n c ia de la a u t é n tic a s á t ir a p o p u la r s ó lo puede ser in f e r i d a
con e x tr e m a d a p r u d e n c ia de la s e la b o r a c i o n e s lit e r a r ia s p o s t e r io r e s
q u e se c o n s e r v a n . P e r o n o c a b e d u d a d e q u e tu v o o r ig in a r ia m e n te u n a
fu n c ió n s o c ia l que es p o s ib le to d a v ía d is c r im in a r con c la r id a d . No
es la cen su ra m o r a l, en n u e s tr o s e n tid o , ni la s im p le e x p a n s ió n del

12 Frag. 81 13 Frag. 89. 14 Pp. 75 s.


15 S emón ., frag. 7; cf. H es., Teog., 590, Erga, 83, 373.
16 E. S chwartz, Sitz. Berl. Akad., 1915, 144.
17 Sátiras recíprocas de hombres y mujeres hallaron expresión en la fiesta
de Deméter en Pellene (P ausanias , vil, 27, 9) en la de Apolo en Anaphe ( A po-
lonio de R odas , iv , 1726).
124 LA PRIMERA GRECIA
re n c o r p e r s o n a l y a r b itr a r io s o b r e u n a v íc tim a in o c e n t e . Im p id e e s ta
in t e r p r e t a c ió n e l c a r á c te r p ú b l i c o del a taq u e, qu e e s la p r e s u p o s ic ió n
e v id e n t e d e s u e f i c a c i a y d e su ju s tific a c ió n . E l c o sm o s de D io n is o s ,
e n el c u a l se d e s a t a n t o d a s la s le n g u a s , f u e la o c a s ió n p a r a q u e s a lie ­
ra n a la lu z s a n g r ie n t a s verdades n o to r ia s . C o n tra el ab u so de e s ta
li b e r t a d , ta n p ro n to com o se m a n i f e s t ó , r e a c c io n ó , c o n san o i n s t in t o ,
la s e n s ib ilid a d p ú b lic a . ¿Y q u é v a l o r id e a l o a r t ís t ic o p o d í a te n e r la
s im p le e x p lo s ió n del o d io o de la r a b ia p e r s o n a l, aun exp resán d ose
e n la f o r m a m á s b e l l a ? C ie r ta m e n te , n o se h u b ie r a d e ja d o o í r la v o z
de A r q u ílo c o , la r g o s s i g lo s m ás ta rd e , al la d o de H om ero en to d o s
lo s con cu rsos m u s ic a le s , ni se le h u b i e r a c o n s id e r a d o com o m a estro
de lo s g r ie g o s , com o lo a t e s t ig u a H e r á c l i t o ,18 n i se le h u b ie r a per­
c ib id o e s ta ín tim a r e la c i ó n de su s p o e m a s con la c o n c ie n c ia gen eral
del m u n d o c ir c u n d a n te . P ru eba de e llo e s, ta m b ié n , la r e p e t id a ape­
l a c i ó n a lo s c o n c i u d a d a n o s , q u e h a l l a m o s e n lo s y a m b o s . Los yam bos
de C a t u lo y de H o r a c io , cuya c r ít ic a im p la c a b le se d ir ig ía ta m b ié n
c o n t r a l o s e s c á n d a lo s p ú b l i c o s d e s u tie m p o y, aun cuando a ta c a b a n
con su s b u r la s a p erson as i n d i v i d u a le s , e s p e c ia lm e n t e o d io s a s , p r e s u ­
p o n ía n , al m e n o s , u n a c o m u n id a d id e a l , y deben s e r v ir d e base para
c o m p le t a r n u e s t r o c u a d r o s o b r e lo s e s c a s o s f r a g m e n t o s d e A r q u í l o c o .19
L a e v o l u c i ó n e n te r a d e l y a m b o a p a r t ir d e A r q u í l o c o , e n la p r i m i t i v a
p o e s ía g r ie g a , n o nos p e r m it e d u d a r d e q u e e n e s ta s m a n i f e s t a c i o n e s
c r í t i c a s r e la t iv a s a l o s h om b res y a su s o p in io n e s y te n d e n c ia s , que
p or una ra zón c u a lq u i e r a han e x c ita d o la a t e n c ió n p ú b lic a , se m a n i­
f ie s t a n o u n s e n t im ie n t o s u b je tiv o s in i m p o r t a n c i a , s i n o la voz de un
s u p e r io r r e c o n o c id o .
La p od erosa in flu e n c ia de e s ta nueva p o e s ía s u r g ió de una p ro­
f u n d a n e c e s i d a d d e l o s t ie m p o s . P o r p r i m e r a v e z a p a r e c e e n la p o e s í a
g r ie g a un e le m e n t o que c o n tr a s ta en fo rm a e x tra ñ a con el e le v a d o
e s t ilo de la fo rm a é p ic a ta l c o m o to d a v ía se m u e stra en la s e le g í a s
de A r q u ílo c o . E s te nuevo gén ero es un tr ib u to d e l e s tilo p o é tic o al
e s p ír it u de la polis, cuyas p od erosas p a s io n e s no p o d ía n ser d o m i­
nadas por la s o la p r e s e n c ia del epainos d e la e d u c a c ió n a r is to c r á tic a
que h a lla m o s en H om ero. Ya lo s a n tig u o s h a b ía n observado que la
“ n a t u r a le z a c o m ú n ” del h o m b re resp o n d e m e jo r al a g u ijó n d e la c e n ­
s u r a q u e a la a la b a n z a . L a a p r o b a c i ó n y e l é x it o q u e o b t u v o A r q u í l o ­
c o n o s h a c e s e n t ir la p o p u l a r i d a d d e l e m p le o d e la c e n s u r a . S e d ir ig e
a la s m á s a lt a s a u t o r i d a d e s d e la c i u d a d , a l o s e stra te g a s y a lo s d e ­

18 H eráclito , frag. 42 Diels.


19 No es fácil admitir esto por lo que respecta a la imitación literaria de los
yambos de Arquíloco por Calimaco. Hemos hallado recientemente una mani­
festación acaso más comprensiva, de este tipo de arte. Los ciudadanos editores
del papiro florentino, G. V itelli y M. N orsa ( Atene e Roma. Serie III, vol. I ),
creyeron que el poema era un yambo del mismo Arquíloco. Pero las reminiscen­
cias eruditas de este poeta, la métrica y la espiritual acrimonia del lenguaje me
parecen más bien imitar a Calimaco (cf. también G. P asquali, Studi ltaliani,
1933). En los versos 7 s., me parece ver una referencia a la comparación del alma,
del Pedro platónico, con un tronco de caballos, para describir las pasiones violentas.
LA AUTOEDUCACIÓN EN LA POESÍA JÓNICO-EÓLICA 125
m agogos y e s tá p r e v ia m e n t e c ie r to del eco fa v o r a b le de su s c r ít ic a s .
I n c lu s o e n la h is t o r i a de su b o d a con N e ó b u le y e n lo s a p a s io n a d o s
e i r ó n i c o s a t a q u e s a su p a d r e L i c a m b e s , q u e h a r e c h a z a d o la s p r e t e n ­
s io n e s d e l p o e t a , e s e v id e n te q u e p ie n s a en la c iu d a d e n te r a para que
le s ir v a d e p ú b lic o t e s t im o n io . E l p o e ta e s , a l m i s m o t i e m p o , a c u s a d o r
y ju e z . “ P a d re L ic a m b e s , ¿ q u ié n te h a t r a s t o r n a d o e l e n t e n d i m i e n t o ?
E ras a n te s p e r fe c t a m e n t e cu erd o; ah ora eres el h a z m e r r e ír de to d a
la g e n te d e la c i u d a d .” Aun a q u í a d q u i e r e la c e n s u r a la f o r m a pare-
n é t i c a .20
V erdad es que la s á t ir a c o n tr a lo s e n e m ig o s p e r s o n a le s era una
f u e r te te n ta c ió n d e d a r r ie n d a su e lta a lo s s e n t im ie n t o s s u b je t i v o s . El
la r g o yam bo h a lla d o en un p a p ir o hace a lg u n a s d écad as, a t r ib u id o
con razón al gran r e n c o r o s o ,21 m u e s tr a la lib r e e x p a n s ió n de e sta
f u e r z a e n la m in u c io s a p in tu r a q u e h a c e d e lo s s u f r i m i e n t o s q u e d e s e a
para su e n e m ig o . P ín d a r o , el m a estro de la e d u c a c ió n m e d ia n t e la
a la b a n z a de la s v ir tu d e s n o b le s , d i c e : “Vi a lo le jo s d esam p arad o y
e n la m a y o r i n d ig e n c i a a l s a t ír ic o A r q u ílo c o , c e lá n d o s e con la s m á s
d u r a s y o f e n s iv a s e n e m is t a d e s .” 22* P e r o , in c lu s o a q u e l p o e m a d e p u r o
o d i o , r e s u lta , c o m o lo m u e s tr a la s o r p r e n d e n t e c o n c l u s i ó n , d e u n o d i o
ju s tific a d o o t e n id o com o ta l p o r el p o e t a : “ Q u is i e r a ver to d o e s to
p a r a e l h o m b r e q u e fu e i n ju s t o c o n m ig o y p is o t e ó n u e s tr o s j u r a m e n ­
to s . h a b i e n d o s id o a n te s m i a m i g o . . .” U n v e r s o q u e se h a c o n s e r v a d o
s u e lt o , h a c e u n r e p r o c h e a la p e r s o n a a la c u a l se d i r i g e : “ N o tie n e s
h ie l q u e q u e m e tu h í g a d o . . . ” 28 El verso, cuyo co n te x to n o s es d es­
c o n o c i d o , se r e f ie r e a una c u a lid a d i n s o p o r t a b le para A r q u ílo c o : la
in c a p a c id a d p a r a la ju s ta c ó le r a , q u e , c o m o e s s a b i d o , a p a r e c e , p o s t e ­
r i o r m e n t e , en la é tic a p e r ip a té tic a c o m o u n a fa lla m o r a l .24 E l p a s a je
a r r o j a c la r a lu z s o b r e la to t a lid a d d e la p o e s ía ren corosa de A r q u ílo ­
co. Y c o n f i r m a , c o m o la c o n c lu s ió n d e l p o e m a c o n tr a e l f a ls o a m i g o ,
q u e lo s y a m b o s d e A r q u í l o c o c o n tie n e n u n f u e r te e le m e n to n o r m a t iv o .
P r e c is a m e n t e , el h e c h o d e a p lic a r a la s p e r s o n a s q u e c e n s u r a una m e ­
d id a d e v a lo r s o b r e i n d i v i d u a l, le c o n f ie r e la c a p a c id a d de exp resarse
ta n lib r e m e n t e . E s to e x p lic a la f a c ilid a d c o n q u e el y a m b o p a s a d e la
p o e s ía s a t ír ic a a la p o e s ía d id á c t ic a y r e f le x iv a .
V eam os a h o r a lo s f r a g m e n t o s d id á c t ic o s y r e f le x i v o s . Lo que h e­
m os d ic h o a n te s de su r e la c ió n con H om ero se c o n fir m a en e s to s
p o e m a s r e v e la d o r e s d e la c o n c e p c ió n d e l m u n d o d e A r q u í l o c o . E x h o rta
a su s a m ig o s a r e s is tir p a c ie n t e y v i r ilm e n te e l i n f o r t u n i o y a c o n s e ja
o f r e n d a r lo to d o a lo s d io s e s . Tyché y M o ir a dan al h o m b r e c u a n to
t ie n e .25* A m enudo la d iv in i d a d le v a n t a de im p r o v is o al h om b re,

20 F ra g . 88. ' 21 Frag. 79. -- P ín d ., Py t h . ii 55.


23 lie parafraseado lib rem en te la rep resen ta ción puram ente an a tóm ica y.o^rjv
£(f f ir r a x t frac. 96, de acuerdo ron II or ., S a t., i 9, 66 (a sim ism o en O d. I 1 3 , 4 ) .
24 C f. A r is tó te le s , f r a g . 80 Rose, donde se h allan recorridos, de Séneca, F ilo-
dem o y C icerón , los p asajes que co n tie n e n esta op in ión de A ristóteles. C arece
de fundam ento su a trib u ció n al d iálogo p erd id o P o litik o s (cf. R ose , A r is t.
P seu d ep . 1 1 4 ) . 25 Frags. 7, 8 y 58.
126 LA PRIMERA GRECIA
a p la s t a d o p o r el i n f o r t u n i o , o tie n e a s u s p ie s a l q u e se h a lla f i r m e .
S o n f r a s e s q u e h a l l a m o s c o n f r e c u e n c ia e n e l p e n s a m ie n t o g r i e g o p o s ­
te rio r cu an do se h a b la d e la fu e r z a de tyché. L a r e lig io s id a d de A r-
q u ílo c o t ie n e su r a íz en el p r o b le m a de tyché. Su e x p e r ie n c ia de
D io s e s la e x p e r ie n c ia de tyché. E l c o n te n id o de e s ta s c o n s id e r a c io ­
n es, y au n e n p a r te su le t r a , p r o c e d e n d e H om ero. P e r o la lu c h a d e l
h o m b r e c o n tra el d e s t in o e s t r a n s f e r i d a d e l e le v a d o m undo d e lo s h é ­
roes a la r e g ió n de la v id a c o tid ia n a . La escen a del d ram a es la
v id a del p o e ta que, a e je m p l o de la é p ic a , s ie n te su p e r s o n a li d a d
hum ana a c tiv a y d o lie n t e y lle n a su p r o p ia e x is t e n c ia con la im a g e n
de la c o n c e p c ió n é p ic a del m undo. C u a n to m ás li b r e y c o n s c ie n te ­
m e n te a s p ir a a g o b ern a r el yo hum ano lo s p a s o s de su p e n s a m ie n t o
y d e s u a c c i ó n , m á s f i r m e m e n t e se s ie n te e n c a d e n a d o p o r e l p r o b l e m a
d e l d e s t in o .
D esde e n to n c e s el d e s a r r o llo d e la id e a de tyché e n tr e lo s g r ie g o s
s ig u e lo s m i s m o s p a s o s q u e e l d e s a r r o llo d el p r o b le m a de la l i b e r t a d
hum ana. E l e sfu e r z o p o r a lc a n z a r la in d e p e n d e n c ia s i g n i f i c a , en una
gran m e d i d a , la r e n u n c ia a m ucho d e lo q u e el h o m b r e h a r e c ib id o ,
co m o d on , de tyché. Y n o es c a su a l q u e p o r p r im e r a vez en A r q u ílo -
c o h a lle m o s con p le n a c la r id a d la c o n fe s ió n p erson al de q u e s ó lo es
p o s i b le un h om bre í n t im a m e n t e lib r e en una fo rm a de v id a e le g i d a
y d e t e r m i n a d a p o r sí m i s m o . En unos fa m o so s versos nos h a b la de
una ju s t a “ e le c c ió n de v id a ” , en la cual se r e n u n c ie a la s riq u e za s
d e G ig e s , n o se s u p e r e n , m e d ia n t e e l d e s e o , lo s lí m i t e s e n tr e e l h o m ­
b r e y D i o s y n o se t ie n d a la m a n o a la f u e r z a d e l t i r a n o .26 T o d o e llo
“ s e h a lla l e j o s d e m i s o j o s ” . La ú n ic a a lo c u c i ó n q u e e l q u e h a b la se
d ir ig e a sí m is m o m u e s tr a de qué c la s e de e x p e r ie n c ia b ro ta e ste
o r g u llo s o c o m e d im ie n to . E ste p r i m e r gran m o n ó lo g o de la lite r a tu r a
g r ie g a su r g e d e la tr a n s f e r e n c ia d e la e x h o r t a c i ó n a o t r a p e r s o n a , ta l
com o es u s u a l e n la e le g í a y en el y a m b o , a p e r s o n a p r o p ia del que
h a b la q u e a s í s e d e s d o b la y e s , d e u n a p a r t e , o r a d o r y , d e o t r a p a r t e ,
e s p ír it u q u e p ie n s a y q u ie r e . T a m b ié n d e e s to h a lla m o s u n e je m p lo
e n la Odisea d e l c u a l d e p e n d e n la s id e a s y la s it u a c ió n d e A r q u í l o c o .27
V eam os, em pero, qué es lo que ha hech o con la s p a la b r a s ta n ta s
veces c ita d a s de O d is e o : “ ¡A g u a r d a p a c ie n te , co ra zó n m ío , ya has
so p o rta d o lo m ás v e r g o n z o s o !” H ace un l la m a m i e n t o a su v a lo r en
e l t o r b e l l i n o d e s u f r i m i e n t o s e n q u e se h a lla s u m e r g i d o , p a r a o f r e c e r el
pecho al e n e m ig o y r e s is t ir fir m e y segu ro. “Ni debes p a v o n e a r te
a n te el m u n d o com o vencedor n i h u n d ir t e y la m e n t a r t e c o m o v e n c i­
do; a lé g r a t e c o n lo q u e es d ig n o de a le g r í a , n o te r i n d a s c o n e x c e s o
a n te la d esv en tu ra , con oce el r itm o que m a n t ie n e a lo s h om b res en
s u s l í m i t e s .”
La c o n c e p c ió n de donde b ro ta e ste ethos sob eran o se e le v a por
e n c im a del c o n s e jo p u ra m e n te p r á c t ic o de m a n te n e r la m o d e r a c ió n

26 Frag. 22. Frag. 67 (cf. v 18).


LA AUTOEDUCACIÓN EN LA POESIA JÓNICO-EÓLICA 127
e n la v i d a c o t i d i a n a , h a s t a la in t u ic ió n d e u n “ r i t m o ” e n la t o t a lid a d
d e la e x is t e n c ia h u m a n a .28 En e lla fu n d a A r q u ílo c o su e x h o r t a c ió n
a l p r o p i o c o n t r o l y la a d v e r te n c ia a n te t o d o d e s b o r d a m i e n t o s e n t im e n ­
ta l, e n la a le g r ía y en la pena, e s d e c ir , a n te t o d a c o n s t r ic c ió n e x t e ­
r i o r , a n te la f e li c i d a d o la d e s d ic h a p r o v e n ie n t e s d e l d e s t in o . E n e s te
“ r i t m o ” e s a c a s o p o s i b le p e r c ib i r y a a lg o d e l e s p ír it u d e la f i lo s o f í a
n a t u r a l y d e l p e n s a m ie n t o h i s t ó r i c o q u e , p o r p r i m e r a v e z , a v a n z a h a c ia
la i n t u ic ió n o b je t i v a d e u n a le g a l i d a d en el cu rso n a t u r a l d e la e x i s ­
te n c ia . H e r ó d o t o h a b la d e r e c h a m e n te d e lo s “ c ic lo s d e la s c o s a s h u m a ­
n as” y p o r e llo e n tie n d e , a n te t o d o , lo s a lt o s y b a j o s d e la f o r t u n a .29
E llo n o d e b e c o n d u c i r n o s , sin e m b a r g o , a p e n s a r el r i t m o de A r­
q u í lo c o com o a lg o f lu y e n t e , que es la c o n s e c u e n c ia n atu ra l de lo
r í t m i c o p a r a e l s e n t im ie n t o m o d e r n o , q u e s u e le ap oyarse en una de­
riv a c ió n e t i m o ló g i c a de la p a la b r a , d e peco, “ f l u i r ” . La h is t o r i a real
d e la p a la b r a se opone c la r a m e n t e a e s ta in t e r p r e t a c ió n . La a p li c a ­
c ió n d e la p a la b r a a l m o v i m i e n t o d e la d a n z a y la m ú s i c a , d e la c u a l
d e r iv a n u e s tr a p a l a b r a , e s s e c u n d a r ia y o c u lta la s i g n i f i c a c i ó n fu n d a ­
m e n t a l. D e b e m o s , a n te t o d o , p r e g u n t a r n o s c ó m o e n t e n d i e r o n lo s g r i e ­
g o s la e s e n c ia d e la d a n z a y d e la m ú s i c a . Y e s to s e h a lla b r i lla n t e ­
m e n te ilu s t r a d o p o r la s i g n i f i c a c i ó n f u n d a m e n t a l t a l c o m o s e m u e s tr a
ya en el v e rso d e A r q u ílo c o . El hecho d e q u e el ritm o “ m a n te n g a ”
al h om b re — he t r a d u c id o a n te s l o s “ m a n t ie n e e n s u s lí m i t e s ” — ex­
c lu y e y a t o d a id e a d e u n f l u j o d e la s c o s a s . P en sem o s en el Prometeo
de E s q u ilo que s e h a lla su je to , in m ó v i l en su ro ca , con g r illo s de
h ie r r o y d ic e : me h a llo encadenado a q u í, en e s te “ ritm o ” ; o en
J e r je s , d e l c u a l d ic e E s q u i lo que ha encadenado el flu jo d e l H e le s -
p o n to y h a “ d a d o otra fo r m a (r itm o ) a l c u r s o d e l a g u a ” , e s d e c ir , lo
h a t r a n s f o r m a d o e n u n p u e n t e y l o h a s u j e t a d o c o n f i r m e s a t a d u r a s .30
R itm o es a q u í lo que im p o n e f ir m e z a y l ím it e s a l m o v im ie n to y al
flu jo . Y e s to e s ú n ic a m e n t e lo q u e s i g n i f i c a p a r a A r q u í l o c o . T a m b ié n
D e m ó c r i t o h a b la d e l r i t m o d e l á t o m o e n e l a n t i g u o y a u t é n tic o s e n tid o
y e n tie n d e p o r e llo n o s u m o v i m i e n t o , s i n o , c o m o ya A r is t ó t e le s c e r ­
te r a m e n te lo in t e r p r e t ó , s u “ e s q u e m a ” . 31 Y a sí e n te n d ie r o n t a m b ié n
lo s in té r p r e te s a n t ig u o s la s p a la b r a s d e E s q u i l o . E v id e n t e m e n t e , c u a n ­
do lo s g r i e g o s h a b la n del ritm o de un e d ific io o d e u n a e s ta t u a no
s e tr a ta de una t r a n s p o s i c ió n m e ta fó r ic a d e l l e n g u a j e m u s i c a l. Y la
i n t u ic ió n o r i g i n a r i a q u e s e h a lla e n e l f o n d o d e l d e s c u b r i m ie n t o g r i e g o
d el r itm o , en la danza y e n la m ú s i c a , n o se r e f ie r e a su f lu e n c i a ,
s in o , p o r e l c o n t r a r i o , a s u s p a u s a s y a la c o n s t a n t e lim i t a c i ó n d e l m o ­
v i m ie n t o .
V em os en A r q u ílo c o la m a r a v illa de una nueva e d u c a c ió n perso­

28 Para mayor simplicidad he traducido la forma jónica ¿U0fi05 de Arquílo­


co (frag. 67 a, 7 ), por nuestro “ ritmo” que es la forma latinizada.
29 H eródoto, i, 207 (cf. i, 5).
30 E Prom., 241 d)8’ É Q Q Ú '& p .ujp.ui, Pers.,
s q u il o , jió q o v M -ex E O Q u O p i^ e.
31 A ristóteles, Metaf., A 4, 985 b 16.
128 LA PRIMERA GRECIA
n a l, fu n d a d a en el c o n o c im ie n to r e f le x i v o de una fo rm a n a tu ra l y
ú lt im a , fu n d a m e n ta l e i d é n t ic a , de la v id a hum ana. Se r e v e la una
a u t o s u je e i ó n c o n s c ie n t e a lo s p r o p i o s lím it e s , li b r e d e la a u t o r i d a d d e
la p u r a tr a d ic ió n . E l p e n s a m ie n to hum ano se h a c e d u e ñ o d e sí m i s ­
m o, y así com o a s p ir a a som eter a le y e s u n iv e r s a lm e n t e v á lid a s la
v i d a e n te r a d e la polis, p e n e tr a m á s a llá d e e s to s lí m i t e s e n la e s f e r a
d e la i n t e r i o r i d a d h u m a n a y so m e te ta m b ié n a lím it e s el caos de la s
p a s io n e s . E n l o s s i g lo s s ig u ie n t e s la e s c e n a d e e s ta l u c h a e s la p o e s í a ,
p u e s la filo s o fía no p a r tic ip a en e lla h asta m ás ta rd e y en segu n da
lín e a . E l m a g is te r io e s p ir it u a l d e A r q u í l o c o n o s p e r m it e p e r c i b i r c la ­
ra m e n te el c a m in o d e la p o e s ía a p a r t ir d e H o m e r o . L a p o e s í a d e la
n u e v a é p o c a n a c e d e la n e c e s id a d q u e s ie n te e l i n d i v i d u o li b r e d e s e ­
p a r a r p r o g r e s i v a m e n t e l o h u m a n o d e l c o n t e n i d o m í t i c o d e la e p o p e y a ,
en la c u a l, h a s t a e n t o n c e s , se h a b í a exp resad o. Cuando e l p o e ta “ se
h ace p r o p io s” , en el v e rd a d e ro s e n t id o d e la p a l a b r a , la s id e a s y lo s
p r o b le m a s de la epopeya, é s to s a d q u ie r e n in d e p e n d e n c ia en nuevas
f o r m a s p o é t i c a s , ta le s c o m o la e le g í a y e l y a m b o , y s e t r a n s f o r m a e n
la v id a p e r s o n a l.
De la p o e s ía jó n ic a del s i g lo y m e d io p o s te r io r a A r q u ílo c o . se
c o n s e r v a lo s u f ic ie n t e p a r a v e r q u e s ig u e e l m i s m o c a m i n o , a u n cu an ­
do n in g u n a a d q u ie r e la im p o r ta n c ia e s p ir it u a l d e su gran in ic ia d o r .
Los p o e ta s p o s t e r io r e s se h a lla n sob re to d o in flu id o s por la fo r m a
r e f le x i v a d e l y a m b o y d e la e le g í a d e A r q u ílo c o . Los yam bos que se
con servan en S e m ó n id e s de A m orgos son de c a r á c te r d id á c tic o . El
p r i m e r o m u e s t r a c la r a m e n t e la in t e n c ió n i n m e d ia t a e d u c a d o r a del g é ­
n e r o : 32 “ H ijo m í o , Z e u s tie n e e n s u s m a n o s e l f i n d e t o d a s la s c o s a s
y la s d i s p o n e c o m o q u ie r e . El h om bre no tie n e c o n o c i m i e n t o a lg u n o
d e e lla s . C r ia t u r a s d e u n d í a , v i v i m o s c o m o lo s a n i m a le s e n e l p r a d o ,
ig n o ra n te s de la m anera que usará la d iv in id a d para c o n d u c ir cada
co sa a su fin . V i v i m o s to d o s d e la e s p e r a n z a y d e la i l u s i ó n , p e r o s u s
d e s i g n i o s n o s s o n in a c c e s ib le s . La v e j e z , la e n f e r m e d a d , la m u e r t e e n
e l c a m p o d e b a t a lla o s o b r e la s o la s d e l m a r , a lc a n z a n a l o s h o m b r e s
a n tes d e q u e h a y a n lo g r a d o su fin . O t r o s a c a b a n s u s v i d a s m e d ia n t e
e l s u i c i d i o .” C o m o H e s í o d o , se la m e n t a e l p o e ta d e q u e n i n g ú n i n f o r ­
tu n io p e r d o n a a l h o m b r e .33 I n n u m e r a b le s e s p ír it u s m a li g n o s , d o lo r e s
y penas s in c u e n to lo cercan . “ Si q u is ié r a is o ír m e , no a m a r ía m o s
n u e s tr a s p r o p ia s d esv en tu ra s — e s to t a m b ié n recu erda a H e s í o d o 35—
ni nos a to r m e n ta r ía m o s b u scan d o d o lo r e s f a t a l e s .”
La p a rte fin a l d e e ste p o e m a se ha p e r d id o . P ero en una e le g í a
que tr a ta casi el m is m o te m a que e ste yam bo, se pone en c la r o la
a d v e r t e n c ia q u e d ir ig ía S e m ó n id e s a lo s h o m b r e s .3 ’ “ La b a se d e su

a- S emónides, frag. 1. 33 H esíodo, Erga, 100.


31 H e s ío d o , Erga, 58. También recuerda a Hesíodo en 29, 10 {Erga, 40L
3’' Frag. 29. La atribución por B ergk del poema a Semónides de Amorgos
—Estobeo la trasmite bajo el nombre de Simónides de Ceos— es uno de los re­
sultados más seguros de la crítica filológica.
LA AUTOEDUCACIÓN EN LA POESÍA JÓNICO-EÓLICA 129
c ie g a p e r s e c u c ió n d e l i n f o r t u n i o se h a lla e n la e s p e r a n z a s in f r e n o en
u n a v i d a s in f i n . ” “ El h om b re de Q u ío h a d ic h o la cosa m ás b e lla :
la g e n e r a c ió n d e lo s h o m b r e s e s c o m o la de la s h o j a s . S in em bargo,
acogen e sta a d v e r t e n c ia con lo s o í d o s , p ero no la a c e p ta n en su co­
razón . Todos con servan la s esperan zas que b r o ta n en el c o r a z ó n de
lo s jó v e n e s . E n ta n to d u r a la f lo r d e lo s a ñ o s tie n e n l o s m o r t a le s el
c o r a z ó n li g e r o y tr a z a n m i l p la n e s ir r e a liz a b le s . N a d i e p ie n s a e n la v e ­
je z n i e n la m u e rte. Y e n ta n to tie n e n s a lu d n o c u id a n d e la e n f e r ­
m edad. I n s e n s a t o s lo s que a s í p ie n s a n y n o s a b e n q u e p a r a lo s m o r ­
ta le s s ó lo d u r a b r e v e t i e m p o la j u v e n t u d y la e x i s t e n c i a . A pren de tú
e s to y, p en san d o en el fin d e la v i d a , d e j a a tu a lm a g o z a r d e a lg o
a g r a d a b l e .” La ju v e n t u d ap arece aquí com o la fu e n t e de to d a s la s
ilu s io n e s e x a g e r a d a s y d e t o d a s la s e m p r e s a s e x c e s i v a s , p o r q u e n o tie ­
n e p r e s e n te la s a b i d u r í a de H om ero cuando r e c u e r d a la breved ad de
la v i d a . S i n g u la r y nueva re s u lta la c o n s e c u e n c ia que saca el p o e ta
de e s ta a fir m a c ió n , e x h o r ta c ió n a gozar de lo s p la c e r e s de la v id a
c u a n d o es tie m p o . E s to n o se h a lla e n H o m e r o . E s la s o lu c i ó n d e u n a
g e n e r a c ió n para la c u a l la s a lta s e x ig e n c ia s de lo s tie m p o s h e r o ic o s
h a n p e r d id o m u c h o d e s u p r o f u n d a s e r ie d a d y e s c o g e d e la s d o c t r in a s
de la A n t i g ü e d a d a q u e llo q u e m e jo r c o n v ie n e a su c o n c e p c ió n de la
v id a . A s í , la la m e n t a c ió n s o b r e la b r e v e d a d d e la v i d a h u m a n a . E s ta
c o n c e p c ió n , tr a n sp o r ta d a del m undo de lo s m ito s h e r o ic o s al m u n d o
m ás n a t u r a l e n q u e v i v ía el p o e t a , d e b ió d e p r o d u c i r , e n lu g a r de un
t r á g ic o h e r o ís m o , una sed ab ra sad ora de v id a .
A m e d id a q u e au m en ta b a el r i g o r c o n que la polis s o m e t ía a la
le y la v i d a d e lo s c i u d a d a n o s , c o n m a y o r f u e r z a d e b ió d e s e n tir el “ b io s
p o lític o ” la n e c e s id a d de co m p rob ar a q u e lla r ig id e z m e d ia n t e la li­
b e rta d de la v id a p r iv a d a . E s to es lo que exp resa P e r ic le s en su
o r a c ió n f ú n e b r e ,30 c u a n d o d e s c r ib e la s c a r a c t e r ís t ic a s id e a le s d e l e s t a ­
do a t e n ie n s e y co n tra p o n e la lib r e h u m a n id a d á tic a a la su je c ió n
esp a rta n a : “No e s c a t im a m o s a n u e s tr o s c o n c iu d a d a n o s lo s p la c e r e s
ni se lo s hacem os e x p ia r con fa z a i r a d a .” E sta lib e r t a d de m o v i­
m ie n t o s e r a el c o m p le m e n t o n e c e s a r io q u e d e j a b a la r i g u r o s a le g a lid a d
d e la polis a lo s i m p u ls o s v ita le s d e lo s c i u d a d a n o s . Y es “ d e m a s ia d o
hum ano” que e l im p u ls o h a c ia la d ila t a c ió n d el e s p a c io de la e x is ­
te n c ia i n d iv i d u a l se c o n v ir t ie r a , en aquel tie m p o , para la g r a n m asa,
en una v ig o r o s a dem anda de m ayores p la c e r e s . No se tr a ta p r o p ia ­
m e n te de un i n d i v i d u a li s m o . No e n tr a en c o n flic to con la s fu e r z a s
s o b r e i n d i v i d u a le s . P ero, d en tro de su s lím it e s , se en san ch a s e n s i b le ­
m e n te la e s fe r a a q u e se e x tie n d e n la s n e c e s id a d e s d e f e li c i d a d in d i­
v i d u a l. E l p eso de su in te r é s cae con m ás fu e r z a que a n te s en el
p la t illo de la v id a . En la c u ltu r a á t ic a d e l t ie m p o de P e r ic le s era n
r e c o n o c i d o s p o r e l e s ta d o y p o r la o p i n i ó n p ú b lic a lo s l ím it e s d e a m ­
bas e s fe r a s . P ero fu e p r e c is a una lu c h a para lle g a r a su r e c o n o c i­
m ie n t o y e s ta lu c h a tu v o lu g a r en J o n ia . A llí s u r g ió , por p r im e r a

3G T ucídides, ii , 37, 2.
130 LA PRIMERA GRECIA
vez, una p o e s ía h e d o n is t a que p r o c la m a con e n e r g ía a p a s io n a d a lo s
d e r e c h o s a la f e li c i d a d y la b e lle z a s e n s u a l y la f a lta d e v a l o r d e u n a
v id a qu e carezca d e e s to s b ie n e s .
Com o S e m ó n id e s de A m orgos, se le v a n t a M im n e r m o de C o lo fó n ,
en su s e le g í a s , com o m a estro del goce p le n o d e la v id a . Lo que en
A r q u ílo c o a c tú a m á s b ie n c o m o u n d e s b o r d a m i e n t o a c c id e n ta l d e u n a
n a t u r a le z a fu e r te y d e u n s e n t im ie n t o p e r s o n a l y m o m e n tá n e o , se c o n ­
v ie r te p a r a su s s u c e s o r e s e n la s a b i d u r í a e n te r a d e la v i d a y se t r a d u c e
en u n a e x ig e n c ia p a r a t o d o s , e n el id e a l d e u n a v i d a e n la c u a l q u i e ­
ren que p a r t ic ip e n to d o s lo s h o m b r e s . “ ¡S in la dorada A fr o d ita no
hay v id a n i p la c e r ! M e jo r q u is i e r a e s ta r m u e r t o , p r o c la m a M im n e r ­
m o , s i n o t u v ie r a que gozar m ás d e e ll a .” 37 N a d a s e r ía m á s e r r ó n e o
q u e f ig u r a r s e a u n p o e ta c o m o M i m n e r m o c o m o u n s e n s u a l v o lu p t u o s o
y d ecad en te. No conocem os b a s ta n t e de S e m ó n id e s para fo r m a r n o s
u n a i m a g e n c a b a l d e s u p e r s o n a li d a d . A lg u n o s p o e m a s d e M im n e r m o
tie n e n un to n o p o lític o y g u e r r e r o y t e s t if ic a n , en su s v e r s o s h o m é r i­
c o s , v i g o r o s o s y te n s o s , u n a c o n c ie n c ia y u n a t r a d i c i ó n c a b a lle r e s c a .38
P ero e l h e c h o d e q u e la p o e s ía a c e p te e n su s lím it e s la e s fe r a d e lo s
goces in d i v i d u a le s , es a lg o nuevo y de la m ayor im p o r ta n c ia para
la e d u c a c ió n hum ana. La c r e c ie n te p esadu m bre del h om bre b a jo la
d e p e n d e n c ia d e l d e s t in o , de lo s “ d o n e s d e lo s d i o s e s ” , q u e d eben ser
a c e p ta d o s ta l com o el hado lo s depara, así com o la s l a m e n t a c io n e s
cada d ía m ás v ig o r o s a s de la p o e s ía p o s te r io r a H om ero, sob re la
b r e v e d a d d e la v i d a y la f u g a c i d a d d e lo s p la c e r e s s e n s u a le s , d e m u e s ­
tr a n d e u n m o d o p a te n t e q u e la s c o s a s se c o n s i d e r a b a n c a d a v e z m ás
d e sd e el p u n to de v is ta d e lo s derechos d e la v id a i n d i v i d u a l. P ero
a m e d id a q u e a u m e n ta n la s e x ig e n c ia s d e la n a t u r a le z a y q u e e l h o m ­
b r e se s u m e r g e e n su g o c e , m a y o r e s la r e s i g n a c i ó n q u e lo em barga.
L a m u erte, la v e j e z , la e n f e r m e d a d , el i n f o r t u n i o y t o d o s lo s p e li g r o s
que lo acechan, crecen com o am enazas g ig a n te sc a s y q u ie n tr a t e de
e v it a r lo s m e d ia n t e lo s p la c e r e s d e l m o m e n t o , lle v a , s in e m b a r g o , in c e ­
s a n te m e n te , el a g u ijó n en el c o r a z ó n .39
D esd e el p u n to de v ista h i s t ó r i c o , la p o e s ía h e d o n is t a es uno de
lo s m o m en to s c r ít ic o s m ás im p o r t a n t e s de la e v o lu c i ó n g r ie g a . S ó lo
es p r e c is o record ar que e l p e n s a m ie n t o g r ie g o p la n t e a b a s ie m p r e el
p r o b le m a del in d iv id u o , en la é tic a y en la e s tr u c tu r a del e sta d o ,
com o u n c o n flic to e n tr e el p r e d o m in io d e l p la c e r (f]5 ú ) y de la n o ­
b le z a (x a Á ó v ). En la s o fís tic a se m a n ifie s ta de un m odo a b ie r t o el
c o n flic to e n tr e e s to s dos i m p u ls o s d e to d a a c c ió n hum ana, y la f i l o ­
s o fía de P la t ó n c u lm in a en la v i c t o r i a sob re la a s p ir a c ió n d e l p la c e r
a c o n v e r t ir s e e n el m á s a lt o b ie n d e la v id a hum ana. P ero para que
la o p o s i c i ó n lle g a r a a s u p u n t o c u lm i n a n t e , c o m o o c u r r i ó e n e l s i g lo v ,
para que se in t e n t a r a s u p e r a r la c o m o lo h iz o la filo s o fía á t ic a desd e
S ó cra tes h asta P la t ó n y para que se lle g a r a , al fin , a una f ó r m u la
d e a r m o n í a ta l c o m o n o s la o f r e c e e l id e a l d e la p e r s o n a li d a d h u m a n a

37 M im n e r m o , frag. 1. 3» Frags. 12-14 39 Frags. 2-6.


LA AUTOEDUCACIÓN EN LA POESIA JÓNICO-EÓLICA 131
p ro p u e sto p o r A r is tó te le s , fu e n e c e s a r io que la dem anda de la p le n a
a le g r ía de la v id a y d e l d is fr u t e d e l p la c e r fre n te a la e x ig e n c ia de
lo x a X ó v , m a n t e n id a por la epopeya y la a n t ig u a e le g í a , h a lla r a una
a fir m a c ió n r e s u e lta y f u n d a m e n t a l. E sto o c u r r ió en la p o e s ía jó n ic a
d esd e A r q u ílo c o . E l s e n t id o de la e v o l u c i ó n que se r e a liz ó con e llo
es e v id e n t e m e n t e c e n t r í f u g o . D e sa ta la s fu erz a s y a flo ja lo s v í n c u lo s
d e la polis p o r l o m e n o s c o n ta n ta f u e r z a c o m o coop eró a su e s t a b le ­
c im ie n t o m e d ia n t e la e r e c c ió n d e l d o m i n i o d e la le y .
P ara que la s nuevas e x ig e n c ia s o b tu v ie r a n el r e c o n o c im ie n to pú­
b l i c o e r a n e c e s a r io q u e se e x p r e s a r a n e n la f o r m a d i d á c t i c a y r e f le x i v a
p r o p i a d e la e le g í a y d e la p o e s ía y á m b i c a p o s te r io r a A r q u ílo c o . El
h e d o n is m o no se r e v e la en e lla com o un s e n t im ie n t o a c c id e n t a l del
in d iv id u o . P o r el c o n tr a r io , fu n d a n lo s p o e t a s e l “ d e r e c h o ” del in d i­
v id u o al goce de la v id a en p r in c ip io s u n iv e r s a le s . Los poem as de
S e m ó n id e s y M im n e r m o recu erdan a ca d a p a so que n o s h a lla m o s en
lo s t i e m p o s e n q u e v a a d a r c o m i e n z o la c o n s i d e r a c i ó n r a c i o n a l d e la
n a t u r a le z a y la f i l o s o f í a n a t u r a l m i l e s i a . E l p e n s a m i e n t o n o s e d e t ie n e
a n te lo s p r o b l e m a s d e la v i d a hum ana, com o p u d ie r a n h a c e r lo creer
lo s t r a t a d o s d e h is t o r i a d e la f i l o s o f í a r e la t iv o s a e ste p e r i o d o , a l l i m i ­
ta r s e , la m a y o r í a d e la s v e c e s , e l a s p e c to c o s m o l ó g i c o . In v a d e e in s ­
p i r a e l e s p ír it u d e la p o e s í a qu e d esd e e n t o n c e s se c o n v ie r t e en p or­
ta d o ra de la s id e a s m o r a le s . Se p la n t e a n p r o b le m a s que d eben ser
d is c u t id o s p o r sí m i s m o s . E l p o e ta a p a r e c e a s u s o y e n te s c o m o e l f i ­
ló s o fo de la v id a . Los poem as que se con servan de S e m ó n id e s no
son ya, com o en A r q u ílo c o , m era s e x p a n s io n e s i m p u ls i v a s que pue­
d an to m a r o c a s i o n a lm e n t e la fo rm a r e f le x i v a , s i n o verdaderas a lo c u ­
c io n e s d id á c t ic a s sob re un te m a d e te r m in a d o . Y M im n e r m o , que es
u n a r tis t a m u c h o m á s v i g o r o s o q u e S e m ó n i d e s , r e v e la e l m i s m o c a r á c ­
te r e n la m a y o r í a d e l o s f r a g m e n t o s q u e se h a n c o n s e r v a d o . L a p o e s ía ,
e n s u t r á n s it o d e lo h e r o i c o a l o p r i v a d o h u m a n o , c o n s e r v a s u a c tit u d
educadora.
A s í c o m o la p o e s í a j o n i a p o s t e r io r a A r q u í l o c o , en el t r á n s it o de
lo s s i g lo s v i l - v i , o fre c e la f o r m a de una r e f le x i ó n u n iv e r s a lm e n t e vá­
l id a sob re lo s derech os n a t u r a le s de la v id a , la p o e s ía e ó lic a de la
lé s b ic a S a f o y d e A lc e o e x p re sa la i n t i m i d a d m is m a d e la v id a in d i­
v i d u a l. Lo que m ás se acerca a e ste fen ó m e n o ú n ic o en la v id a
e s p ir it u a l d e lo s g r i e g o s , s o n la s e x p a n s io n e s p e r s o n a le s d e A r q u í l o c o ,
que no nos o fre ce n s ó lo id e a s g e n e r a le s , s in o ta m b ié n e x p e r ie n c ia s
p e r s o n a le s c o n t o d o s lo s m a t ic e s d e la s e n s i b i li d a d i n d i v i d u a l. No es
p o s ib le , en e fe c to , o lv id a r a A r q u ílo c o com o p recu rsor de la lír ic a
e ó li c a , a u n q u e , in c lu s o s u s p o e m a s d e o d i o , e n lo s c u a le s s e m a n i f i e s ­
ta a p a s io n a d a m e n te su s u b je tiv id a d , se o r ie n t a n to d a v ía por n orm as
u n iv e r s a le s d e la s e n s i b i li d a d é tic a . L a lí r i c a e ó li c a , e s p e c ia lm e n t e e n
S a fo , va m u c h o m á s a llá y se c o n v ie r t e e n e x p r e s ió n del s e n t im ie n t o
p u ro. E s e v id e n te q u e , p o r o b r a d e A r q u í l o c o , la e s fe r a d e lo in d iv i­
d u a l a d q u ie r e u n a i m p o r t a n c i a ta l y u n a ta l r i q u e z a d e p o s i b i li d a d e s
132 LA PRIM ER A GRECIA
de e x p r e s ió n , que ab re la v ía a la li b r e c o m u n ic a c ió n de lo s m ás
s e c r e to s m o v im ie n to s del a lm a . M e d ia n te A r q u ílo c o se a d q u ie r e la
p o s i b i li d a d de dar fo r m a u n iv e r s a l a lo s s e n t im ie n t o s m á s s u b je t i v o s
y , en a p a r ie n c ia , e x e n to s de fo rm a y de e le v a r aun lo m ás person al
a lo u n iv e r s a l h u m a n o s in q u e p i e r d a c o n e llo el e n c a n to d e lo i n m e ­
d ia t a m e n t e v i v i d o .
La m a r a v i lla de la a u to fo r m a c ió n de la in t i m i d a d hum ana en la
lír ic a e ó lic a no es m enor que la de la c r e a c ió n c o n te m p o rá n e a de
la f i l o s o f í a o d e l e s t a d o j u r í d i c o e n tr e lo s g r i e g o s d e l A s i a M e n o r . El
r e c o n o c im ie n to de e ste p r o d ig io no debe lle v a r n o s , s in em bargo, a
a p a r t a r la v is ta d e l h e c h o d e la e s tr e c h a v i n c u la c i ó n a u n d e e s ta p o e s ía
m is m a al m undo e x t e r io r . De la r ic a y v a r ia d a s e le c c ió n de fra g ­
m e n to s d e s c u b ie r to s en la s ú lt im a s d écad as, re s u lta e v id e n te que del
m is m o m odo q u e lo s versos de A r q u ílo c o se o r ie n ta n d ir e c t a m e n t e a
la v id a que lo rodea, lo s poem as e ó lic o s se in s p ir a n ta m b ié n en la
v id a en to rn o y se h a lla n e sc rito s para un c í r c u lo d e t e r m in a d o de
h om bres. S e e n c u e n tr a n l i g a d o s , p o r t a n to , a d e t e r m in a d a s c o n v e n c i o ­
n e s q u e h e m o s a p r e n d i d o a c o m p r e n d e r e n e sta p o e s ía d e u n m o d o ta n
p r e c is o com o en la ob ra de P ín d a r o . A s í, la c o n e x ió n v iv a de la s
c a n c i o n e s d e A l c e o d e d ic a d a s a la b e b i d a c o n lo s s im p o s i o s d e lo s h o m ­
b r e s , y la d e la s c a n c io n e s n u p c ia le s y am orosas de S a fo con la s d e
lo s c ír c u lo s m u s ic a le s d e j ó v e n e s c o m p a ñ e r a s q u e se a g r u p a n e n t o r n o
a la p o e tis a , a d q u ie r e , d esd e n u e s tr o p u n to de v ista , una p o s itiv a y
p r o fu n d a s ig n ific a c ió n .
L o s s i m p o s i o s , c o n su lib r e c o m e r c i o y su a lta t r a d i c i ó n e s p ir it u a l,
c o n s t it u ía n la m á s a lta c o n q u is t a en e l d e s a r r o llo d e la n u e v a expan­
s ió n d e la p e r s o n a li d a d i n d i v i d u a l. P o r c o n s i g u i e n t e , la i n d i v i d u a li d a d
m a s c u lin a se r e v e la , p r i n c i p a lm e n t e , en la a m p li a c o r r ie n t e de lo s
poem as s im p ó tic o s q u e b r o ta d e m il fu e n te s y d e s e m b o c a en la s m ás
f u e r te s c o n m o c io n e s del a lm a . Los fra g m e n to s que se con servan de
lo s poem as de A lc e o d e d ic a d o s a la b e b id a , nos o fre ce n un r ic o
cuadro r e v e la d o r de to d o s lo s t ip o s de e x p r e s ió n s e n tim e n ta l y de
m e d ita c ió n r e f le x i v a . Un n u m eroso grupo es la e x p r e s ió n a p a s io n a d a
de o p in io n e s p o lític a s im p r e g n a d a s del o d io de A r q u ílo c o . A s í, el
c o lé r i c o e s t a llid o c o n tr a e l a s e s in a d o t ir a n o M ir s ilo . C o n fe s io n e s e r ó ­
tic a s se r e v e la n a n te el c ír c u lo de su s ín t i m o s a m ig o s para a li g e r a r
al o p r im id o corazón del p eso de su s se cre to s. C o n s e jo s a m is to s o s ,
n a c id o s d el m á s p r o fu n d o ethos, d e ja n p r e s e n t ir e l c r e c ie n te v a l o r de
e s t o s v í n c u lo s p e r s o n a le s p a r a el fir m e m a n te n im ie n to d e la v a c ila n t e
e x is t e n c ia i n d i v i d u a l. E l s e n t im ie n t o d e la n a t u r a le z a , c u y a s p r i m e r a s
m a n ife s ta c io n e s h a lla m o s ya en A r q u ílo c o , m u e stra que la n a t u r a le z a
n o era ya p a ra a q u e llo s h o m b r e s u n e s p e c t á c u lo o b je t i v o o p la c e n t e r o
ta l com o lo v ie r o n lo s p a sto re s de H om ero al c o n t e m p la r d esd e lo
a lt o d e u n a m o n t a ñ a , e n la s o le d a d d e la n o c h e , la m a g n ific e n c ia del
c ie lo e s t r e lla d o . Los c a m b io s a tm o s fé r ic o s y la s e s t a c io n e s del año,
e\ p a s o d e l a lu z a la s t i n i e b la s , d e la c a lm a a la te m p e s t a d , d e l r u d o
LA AUTOEDUCACIÓN EN LA POESIA JÓNICO-EÓLICA 133
in v ie r n o ai h á lit o v iv ific a d o r de ia p r im a v e r a , se c o n v ie r t e n , por el
c o n t r a r i o , e n im a g e n d e lo s m o v i m i e n t o s d e l a lm a h u m a n a , en exp re­
s ió n de su s e m o c i o n e s m ás p r o fu n d a s . C o n s id e r a c io n e s p ia d o s a s , se­
ren as o r e s ig n a d a s , sob re el cu rso del m u n d o y sob re el d e s t in o , se
e n la z a n e n u n a f o r m a c o m p le t a m e n t e n u e v a c o n u n a f i l o s o f í a d e b e b e ­
d o r e s q u e s e p u lta t o d a s la s p e n a s d e la v i d a p e r s o n a l e n la b o r r a c h e r a
d io n is ia c a . A s í, el to n o i n d iv i d u a l de e s ta lír ic a no es in c o m p a t ib le
c o n la c o n v iv e n c ia d e u n a s o c ie d a d d e h o m b r e s , a u n q u e se e s tr e c h a el
c ír c u lo d e la s p e r s o n a s a n te la s c u a le s p u e d e m a n if e s t a r s e la p e r s o n a ­
l i d a d i n d i v i d u a l. A l la d o d e la p o e s ía c o n s a g r a d a a la b e b i d a s e h a lla
la f o r m a r itu a l d e lo s h i m n o s o p le g a r i a s . P ero u n o s y otro s son ta m ­
b ié n fo rm a s o r i g i n a le s de la e x p r e s ió n hum ana e x p re sa d a s en fo rm a
p o é t ic a . E n la p le g a r i a se h a lla t a m b ié n el h o m b r e , en su n u d a s o le ­
d a d p e r s o n a l, a n te e l S e r , e n la a c tit u d o r ig in a r ia . Al d ir ig ir s e a la
fu e r z a d iv in a c o m o a u n T ú in v is ib le p e r o p r e s e n te , e l q u e s u p lic a se
c o n v ie r t e , to d a v ía m á s , en órgano d e e x p r e s ió n d e su s p r o p i o s p e n s a ­
m ie n t o s y e m o c i o n e s y se d e s b o r d a , lib r e d e t o d o t e s t i m o n i o hum ano.
E n p a r te a lg u n a se r e v e la t o d o e s to d e u n a m a n e r a ta n b e lla c o m o e n
S a fo .
P arece co m o s i e l e s p ír it u g r i e g o h u b ie r a n e c e s it a d o d e S a f o p a r a
d a r el ú lt im o p a s o e n el m u n d o d e la i n t i m i d a d d e l s e n t im ie n t o s u b j e ­
t iv o . L o s g r i e g o s d e b i e r o n d e s e n tir e s to c o m o a l g o m u y g r a n d e c u a n d o
h o n r a r o n a S a f o , s e g ú n d ic e P la t ó n , c o m o la d é c i m a m u s a . L a p o e s ía
f e m e n in a n o e s in u s it a d a e n G r e c ia . P e r o n i n g u n a c o m p a ñ e r a e n a r te
a lc a n z ó el lu g a r de S a fo . Es a lg o ú n ic o . S in em bargo, com p arad a
c o n la r i q u e z a d e la p o e s ía d e A l c e o , la lí r i c a de S a fo es m uy lim i­
ta d a . S e c ir c u n s c r ib e a l m u n d o d e la s m u je r e s q u e la rod ean y aun
e s to d esd e el p u n to d e v is ta d e la v i d a en com ún de la p o e t is a con
e l c ír c u lo de sus m u c h a c h a s. La m u je r , com o m adre, com o a m a n te
o com o esp o sa del h o m b re , ta l c o m o ap arece co n la m a y o r fr e c u e n ­
c ia en la p o e s ía g r ie g a y es e n s a lz a d a por lo s p o e ta s de to d o s lo s
t ie m p o s , p u e s t o que con e s ta im a g e n v iv e en la f a n t a s ía del h o m b re ,
s ó lo ap arece o c a s io n a lm e n t e en la p o e s ía de S a fo con m o tiv o de la
e n tr a d a o s a lid a d e a lg u n a d e la s m u c h a c h a s d e s u c í r c u l o . N o es p ara
S a fo o b je t o d e in s p i r a c i ó n p o é t ic a . L a s m u j e r e s e n tr a n e n s u c ír c u lo
c o m o jó v e n e s m u c h a c h a s q u e ac a b a n d e d e ja r el se n o m a te r n o . B a jo
la p r o t e c c ió n de la m u je r s o lt e r a , cuya v id a se h a lla con sagrad a,
c o m o la d e u n a s a c e r d o t is a , a l s e r v ic io d e la s m u s a s , r e c i b e n la con­
s a g r a c i ó n d e la b e lle z a m e d ia n t e d a n z a s , j u e g o s y c a n t o s .
N u n c a la p o e s ía y la e d u c a c ió n se h a n h a lla d o í n t im a m e n t e com ­
p e n e t r a d a s c o m o e n e ste thiasos f e m e n i n o c o n s a g r a d o a la m ú s i c a . Su
á m b ito e s p ir it u a l no c o in c id e con lo s lím it e s de la p o e s ía de S a fo ,
s i n o q u e se e x t i e n d e y a b r a z a to d a la b e lle z a d e l p a s a d o . A l e s p ír it u
h e r o ic o d e la t r a d i c i ó n m a s c u lin a a ñ a d e n lo s c a n t o s d e S a f o e l f e r v o r
y la grandeza del a lm a f e m e n in a en la cual v ib ra el e le v a d o se n ti­
m ie n t o d e la v id a en c o m u n id a d . E n tr e la ca sa m a te r n a y la v id a
134 LA PRIMERA GRECIA
m a t r i m o n i a l se in t e r p o n e u n a e s p e c ie d e m u n d o id e a l i n t e r m e d i o que
n o p o d e m o s c o n c e b i r s in o c o m o u n a e d u c a c i ó n d e la m u j e r d e a c u e r d o
con la m á s a lt a n o b le z a d e l a lm a f e m e n i n a . La e x is t e n c ia d e l c í r c u lo
s á fic o p re su p o n e la c o n c e p c i ó n e d u c a d o r a d e la p o e s í a , e v id e n t e p a r a
lo s g r ie g o s de su tie m p o . P ero lo nuevo y grande en él e s que la
m u je r e x ig e el in g r e s o en e ste m u n d o y c o n q u is ta , e n su c a li d a d de
ta l, e l lu g a r q u e p o r d e r e c h o le c o r r e s p o n d e . P orque se tr a ta d e u n a
v e r d a d e r a c o n q u is ta . M e d i a n t e e lla , s e a b r e p a r a la m u j e r e l s e r v i c i o
de la s m u s a s , y e ste e le m e n t o se f u n d e con el p r o c e s o d e la fo r m a ­
c ió n de su p e r s o n a li d a d . P ero e s ta fu s ió n e s e n c ia l, m e d ia n t e la cu al
s e lle g a p r o p i a m e n t e a la f o r m a c i ó n del h o m b re , n o es p o s ib le q u e se
r e a lic e s in el poder de eros que une la s fu e rz a s de la s a lm a s . El
p a r a le lo e n tr e el eros p la t ó n i c o y el eros s á fic o , r e s a lt a a s i m p le
v ista .
E s te eros f e m e n i n o , c u y a s f lo r e s p o é t ic a s n o s e n c a n t a n p o r la d e li ­
c a d e z a d e s u s a r o m a s y e l e s m a lt e d e s u s c o lo r e s , t u v o la f u e r z a s u fi­
c ie n te p a r a fu n d a r u n a v e r d a d e ra c o m u n id a d hum ana. No pudo ser,
a s í , u n a f u e r z a p u r a m e n t e s e n t im e n t a l, p u e s t o q u e d e b í a u n ir e n a l g o
m á s a lt o a la s a l m a s q u e i m p r e g n a b a . S e h a l l a b a p r e s e n te e n la charis
sen su al d e lo s j u e g o s y d anzas y se e n c a r n a b a e n la a lt a fig u r a que
e s ta b a p r e s e n t e , c o m o m o d e l o , e n la c o m u n i d a d d e la s c a m a r a d a s . La
lír ic a s á f i c a tie n e s u s m o m e n t o s c u lm in a n t e s c u a n d o s o lic it a e l c o r a z ó n
á s p e r o y t o d a v í a n o a b i e r t o d e u n a m u c h a c h a , e n la d e s p e d i d a d e u n a
com p añ era q u e rid a que se ve o b li g a d a a abandonar el c ír c u lo para
v o lv e r a su t ie r r a o para s e g u ir al h o m b r e que la h a p e d id o com o
e s p o s a — lo c u a l e n a q u e l t ie m p o nada t e n ía que ver con el a m o r—
o , f i n a lm e n t e , e n e l r e c u e r d o a n h e la n t e d e u n a c o m p a ñ e r a l e j a n a q u e ,
p a s e a n d o e n la ta r d e p o r e l s i le n c i o s o j a r d í n , in v o c a e n v a n o e l n o m ­
b r e d e la p e r d i d a S a f o .
S e r ía a b s o lu t a m e n t e v a n o e in a d e c u a d o in t e n t a r e x p li c a c i o n e s p s i ­
c o ló g i c a s i n d e m o s t r a b le s sob re la n a t u r a le z a de e s te eros , o tr a t a r ,
por el c o n tr a r io , in d ig n a d o s p o r e s ta s b l a s f e m i a s , de p robar la con­
c o r d a n c ia d e lo s s e n t im ie n t o s d e l c í r c u lo s á fic o con lo s p re c e p to s d e
la m o r a l c r is t ia n a y bu rgu esa. Los poem as n o s m u e stra n e l eros sá­
fic o c o m o u n a p a s ió n ín tim a q u e c o n la m i s m a fu e r z a a fe c ta b a a lo s
s e n t id o s q u e a l a l m a . L o q u e n o s in t e r e s a a h o r a a q u í e s m u c h o m e n o s
la c o m p r o b a c i ó n de la e x is t e n c ia de u n a sp e c to sen su al en la e r ó t ic a
sá fic a q u e la p le n it u d s e n t im e n t a l q u e c o n m u e v e v i g o r o s a m e n t e la t o ­
t a li d a d d e l a lm a h u m a n a . J a m á s la p o e s í a a m o r o s a m a s c u li n a a lc a n z ó
e n G r e c ia la p r o f u n d i d a d e s p ir it u a l d e la lí r i c a d e S a f o . L a p o la r id a d
h u m a n a d e l o e s p ir it u a l y l o s e n s u a l s ó l o a lc a n z ó m á s t a r d e v e r d a d e r a
im p o r ta n c ia en la v id a e r ó tic a , h asta p e n e tra r p r o fu n d a m e n te en el
a l m a y h e n c h i r la v i d a e n te r a .
E sta tr a n s fo r m a c ió n d e la s e n s i b i l i d a d m a s c u lin a h a s id o c o n s id e ­
r a d a c o m o u n a a f e m i n a c i ó n h e le n ís t ic a . E n to d o c a s o , e n lo s p r im e r o s
tie m p o s s ó lo la m u je r e ra capaz de s e m e ja n te entrega total, d el a lm a
LA AUTOEDUCACIÓN EN LA POESÍA JÓNICO-EÓLICA 135
y lo s s e n t id o s , ú n ic o s e n t im ie n t o que m erece p ara n o so tro s la deno­
m in a c ió n d e a m o r . P a r a la m u j e r e l s e n t im ie n t o d e l a m o r se h a lla e n
e l c e n tr o de su e x is t e n c ia y s ó lo e lla lo ab raza en la u n id a d de su
n a t u r a le z a in d i v i s a . En a q u e l t ie m p o , a je n o to d a v ía al co n ce p to del
m a t r i m o n i o p o r a m o r , e r a d i f í c i l p a r a la m u j e r c o n c e b i r e l a m o r h a c i a
el h o m b r e . D e l m is m o m odo, el a m o r del h o m b re , en su m ás a lt a
e s p ir it u a liz a c ió n , no a lc a n z ó su e x p r e s ió n p o é t ic a en r e la c ió n con la
m u je r sin o en la fo r m a del eros p la t ó n i c o . S e r ía un a n a c r o n is m o
in t e r p r e t a r el a m o r d e S a f o , s ie m p r e p r ó x i m o a la s e n s i b i li d a d s e n s u a l,
com o e q u iv a le n t e del a n h e lo m e ta fís ic o del a lm a p la t ó n ic a h a c ia la
I d e a , q u e e s e l s e c r e to d e s u eros. S in e m b a r g o , s ie n te q u e la v e r d a ­
d e r a p a s ió n c o n d u c e a la s p r o f u n d i d a d e s d e l a l m a ; y e n e s to c o n v ie n e
con P la t ó n . De a h í p r o v ie n e el g ra n d o lo r que o to rg a a la p o e s ía
de S a fo no s ó lo el t ie r n o e n ca n to d e la m e la n c o lía , s in o ta m b ié n la
e le v a d a n o b le z a d e la v e r d a d e r a t r a g e d i a h u m a n a .
La saga, q u e p ro n to se a p o d e r ó de su fig u r a , e x p lic ó e l m is t e r io
que ro d ea a su p erson a y a su v id a s e n t im e n t a l m e d ia n t e la n arra­
c ió n d el a m o r d e s g r a c ia d o por un b e llo h o m b r e , Faón, y d io rep re­
s e n ta c ió n s e n s ib le a s u t r a g e d ia e n e l d r a m á t i c o s a lt o d e s d e la s r o c a s
le u c a d ia n a s . P ero el h om bre es c o m p le t a m e n t e a je n o a su m undo.
A parece, a lo su m o, com o p r e te n d ie n t e de una de su s q u e rid a s m u­
c h a c h a s , al m a r g e n d e a q u e l m u n d o , y es c o n s id e r a d o c o n m ir a d a in ­
d ife r e n t e . La id e a de que goza d e la b ie n a v e n t u r a n z a de lo s d io s e s
q u ie n se s ie n ta a n te s u a m a d a y o y e s u v o z a m o r o s a y s u r is a e n c a n ­
ta d o ra , d e s p ie r t a e n S a fo el recu erd o d e su s p r o p io s s e n t im ie n t o s en
la p r o x im id a d de su ser q u e rid o . E s ta voz, e s ta risa , m a n t ie n e n el
c o r a z ó n e n e l p e c h o p a r a li z a d o d e e m o c i ó n . “ C o n s ó lo v e r te , n in g u n a
p a la b r a a c u d e a m i s l a b i o s , se q u ie b r a m i l e n g u a , u n s u til f u e g o c o r r e
b a j o m i p ie l, t o d o s e e n n e g r e c e a n te m i s o j o s , z u m b a n m i s o í d o s , f lu y e
el s u d o r en m í, me a c o m e te el t e m b l o r , y e sto y m ás p á lid a que la
h ie r b a , a p a r e z c o c a s i c o m o u n a m u e r t a .”
El m ás a lt o a r te de S a fo c o n s is te en la d e s c r ip c ió n d e la s expe­
r ie n c ia s ín t i m a s , c o n r e a lid a d i n m e d i a t a , s in p a te tism o a lg u n o y con
u na s im p lic id a d a n á l o g a a la d e la s c a n c io n e s p o p u la r e s . ¿D ón d e ha­
lla r a l g o c o m p a r a b l e e n e l a r te o c c id e n t a l h a s t a G o e t h e ? S i h em os de
c r e e r q u e a q u e lla c a n c i ó n f u e c o m p u e s t a c o n m o t i v o d e la b o d a d e u n a
d is c íp u la y q u e S a f o e m p le ó en e sta f o r m a u n le n g u a je ta n in c o m p a ­
r a b le m e n t e p e r s o n a l, n o n e c e s it a m o s m á s e je m p l o s p a r a m o s t r a r c ó m o
la s c o n v e n c io n e s d e l e s tilo y d e l l e n g u a j e se f u n d e n c o n e l s e n tim ie n t o
m ás p r o fu n d o para lle g a r a la p u r a e x p r e s ió n de la i n d i v i d u a li d a d .
I n c lu s o la sim p lic id a d de la s it u a c ió n parece il u m i n a r lo s m á s fin o s
m a t ic e s d e l s e n t im ie n t o q u e le c o n f i e r e su rea l s ig n ific a c ió n .
Y n o e s n in g u n a c a s u a lid a d q u e s ó lo la m u j e r sea ca p a z de e sta
i n d i v i d u a l, y la m u je r , s ó lo m e d ia n t e la m ayor fu e r z a que le es
dada, es d e c ir , m e d ia n t e el am or. Com o h e r a ld o del am or, e n tr a
S a f o e n el r e in o d e la p o e s ía a n te s r e s e r v a d o a lo s h o m b r e s . S í m b o lo
136 LA PRIMERA GRECIA
d e e s ta v o c a c i ó n ú n ic a e s la in t r o d u c c ió n a u n a o d a d e s c u b ie r t a hace
u n o s p o c o s a ñ o s : “ A l g u n o s d ic e n q u e lo m á s b e llo e n la tie r r a e s u n
escu ad rón d e c a b a lle r o s , o tro s, u n a banda de gu errero s a p ie , o tro s,
u n a e s c u a d r a d e n a v i o s : lo m á s b e llo e s e l se r q u e r i d o q u e e l c o r a z ó n
a n h e l a .”
VIII. SOLÓN: PRINCIPIO DE LA FORMACIÓN POLÍTICA
DE ATENAS

La última voz que se d e jó s e n tir en el c o n c ie r t o e s p ir itu a l de lo s


lin a je s h e lé n ic o s fu e, en el año 600, Á tic a . Al p r in c ip io p a r e c ió
a c e p ta r o m o d ific a r d ó c i lm e n t e lo s t e m a s d e lo s dem ás y , a n te t o d o ,
lo s d e la e s tir p e a fín de lo s jo n io s . P ero p ro n to lo s e n t r e t e jió con
in d e p e n d e n c ia en u n a m á s a lta u n id a d y d o m in ó su p r o p ia m e lo d í a
con c r e c ie n te c la r id a d y p le n it u d . El p o d e r ío á t ic o s ó lo a lc a n z ó su
c u lm in a c ió n u n s i g lo m á s ta rd e , c o n la t r a g e d ia d e E s q u ilo . Y poco
h u b ie r a f a lt a d o p a r a q u e f u e r a lo p r i m e r o q u e c o n o c ié r a m o s d e e lla .
D e l s i g lo v i n o t e n e m o s m á s q u e lo s f r a g m e n t o s , n o i n s i g n i f i c a n t e s , d e
la p o e s ía de S o ló n . P ero su c o n s e r v a c ió n no es e v id e n te m e n t e una
p u r a c a s u a lid a d . M ie n tr a s s u b s is t ió u n e sta d o á t ic o y su v id a e s p ir i­
tu a l in d e p e n d ie n t e , f u e S o l ó n u n a c o lu m n a f u n d a m e n t a l d e l e d i f i c i o d e
s u c u ltu r a y d e s u e d u c a c ió n . S u s v e r s o s se im p r im ie r o n e n el a lm a
d e la j u v e n t u d y e r a n e v o c a d o s p o r lo s o r a d o r e s a n te lo s t r ib u n a le s d e
ju s t i c i a y e n la s a s a m b le a s p ú b li c a s , c o m o e x p r e s ió n c lá s i c a d el e s p í­
r itu d e la c iu d a d a n ía á t ic a .1 S u i n f l u j o v i v o p e r s is t ió h a s t a e l t ie m p o
e n q u e , c o n la d e c a d e n c ia d e l p o d e r y d e l e s p le n d o r d e l i m p e r i o á t ic o ,
d esp ertó la añ o ra n za de la grandeza del p a sa d o y lo s g r a m á tic o s y
lo s h i s t o r i a d o r e s d e u n a n u e v a e d a d se c o n s a g r a r o n a la c o n s e r v a c ió n
d e s u s r e s to s . A u n e n t o n c e s , se c o n s e r v a r o n l o s t e s t im o n io s p o é t ic o s d e
S o ló n com o d o c u m e n t o s h is t ó r i c o s del m á s a lt o v a lo r . No hace m u­
c h o t ie m p o q u e a ú n lo s c o n s i d e r á b a m o s p r e d o m in a n t e m e n t e d e s d e e s te
p u n to d e v is ta .
P en sem os por un m o m en to que s e h u b ie r a p e r d id o to d o v e s t i g io
de lo s p o e m a s de S o ló n . S in e llo s , n o nos h a ll a r í a m o s en c o n d ic io ­
n e s d e c o m p r e n d e r lo que h ay de m ás g r a n d io s o y m e m o r a b le e n la
p o e s ía á t ic a d e la época de la t r a g e d ia ni aun en la v id a e s p ir it u a l
e n te r a d e A t e n a s : la p e r fe c t a c o m p e n e t r a c i ó n d e la p r o d u c c i ó n g r ie g a
con la id e a d e l e s t a d o . En e sta c o n c ie n c ia v i v a d e la d e p e n d e n cia y
la v i n c u la c i ó n a la c o m u n i d a d d e to d a c r e a c ió n e s p ir itu a l d el in d iv i­
d u o , s e m u e s tr a el d o m in io d e l e s t a d o e n la v i d a d e su s c iu d a d a n o s
h a s t a u n p u n t o q u e s ó lo tie n e su p a r a n g ó n e n E sp a rta . P e r o el ethos
d e l e s t a d o e s p a r t a n o , c o n t o d a la g r a n d i o s i d a d y p e r fe c c ió n de su e s ­
tilo d e v i d a , im p id e la p r o m o c i ó n d e t o d o m o v i m i e n t o e s p ir itu a l y se
m u e s tr a c a d a d ía m á s in c a p a z d e a d o p t a r u n a n u e v a e s tr u c tu r a in t e r ­
na. A s í , c a e g r a d u a lm e n t e e n el a n q u i lo s a m i e n t o . P or o tr a p a r te , la
polis jó n ic a , co n su id e a del d erech o , tr a jo el p r in c ip io o r g a n iz a d o r
de una nueva e s tr u c tu r a s o c ia l y c reó , al m is m o tie m p o , m e d ia n t e la

1 Cf. mi tratado Solons Eunomie, Sitz. Berl. Akad., 1926, pp. 67-71, en el
cual trato de fundamentar las ideas expuestas en este capítulo.
137
138 LA PRIMERA GRECIA
d e s t r u c c ió n de lo s derechos de c la s e , la li b e r t a d c iu d a d a n a que con ­
f i r i ó a l i n d i v i d u o e l á m b i t o n e c e s a r io p a r a s u p le n o d e s a r r o llo p e r s o ­
n a l. P e r o la a m p li t u d q u e o t o r g ó a la e x p r e s i ó n d e lo h u m an o — de­
m a s ia d o h u m a n o — le i m p i d i ó d e s a r r o lla r la s f u e r z a s c a p a c e s d e u n ir
la s a c t iv id a d e s n a c ie n te s d e la i n d i v i d u a li d a d e n u n d e s i g n i o m á s a lt o
para la e stru c tu r a c ió n de la c o m u n id a d . F a lta b a un la z o de u n ió n
e n tr e la fu e r z a educadora q u e lle v a b a im p l í c i t o el nuevo orden le g a l
que r e g í a la v id a p o lític a y la l i b e r t a d sin fre n o , d e p e n s a m ie n to y
d e p a la b r a d e lo s p o e ta s jó n ic o s . P or p r im e r a v e z , la c u lt u r a á t ic a
e q u ilib r a am bas fu e r z a s : el i m p u ls o cread or de la i n d i v i d u a li d a d y
la e n e r g ía u n ific a d o r a d e la c o m u n id a d e s ta t a l. A p esa r d e l ín t i m o
p a r e n t e s c o c o n l o s j o n i o s , a lo s c u a le s t a n t o d e b e Á t i c a d e s d e e l p u n t o
de v ista e s p ir it u a l y d esd e el p u n to de v ista p o lític o , r e s u lta c la r a ­
m e n te c o m p r e n s ib le e s ta d ife r e n c ia f u n d a m e n t a l e n tr e el m o v im ie n to
c e n t r í f u g o d e l i b e r t a d d e l o s j o n i o s y la f u e r z a c e n tr íp e t a y c o n s t r u c t iv a
d e l o s á t ic o s . A s í s e e x p lic a q u e l a s e s tr u c tu r a s d e c is iv a s d e l o g r i e g o ,
e n e l r e in o d e la e d u c a c i ó n y d e la c u lt u r a , s e h a y a n d e s a r r o lla d o e n
t ie r r a á t ic a . Los m o n u m e n to s c lá s i c o s de la c u lt u r a p o lític a g r ie g a ,
d esd e S o ló n h a s t a P la t ó n , T u c í d i d e s y D e m ó ste n e s, son , e n s u t o t a li ­
d a d , c r e a c i ó n d e la e s tir p e á t ic a . S ó lo e ra p o s ib le q u e su r g ie r a n d o n d e
un p od eroso s e n t id o d e la s e x ig e n c ia s de la v id a de la c o m u n id a d
s u b o r d i n a b a a e lla s c u a le s q u i e r a o t r a s f o r m a s d e l a v i d a e s p ir it u a l y
p u d i e r a , s i n e m b a r g o , v i n c u la r la s a la p r o p i a i n t i m i d a d .
S o ló n es e l p r im e r r e p r e s e n ta n t e d e l a u t é n t ic o e s p ír it u á t ic o y al
m is m o tie m p o s u c r e a d o r m á s e m in e n t e . P u e s , a u n q u e e l p u e b lo e n ­
te ro e s tu v i e r a p r e d e s t i n a d o , p o r l a a r m o n í a d e s u c o n s t it u c ió n e s p i r i ­
t u a l, a la r e a li z a c i ó n d e a l g o e x t r a o r d i n a r i o , f u e d e c is iv a p a r a el d es­
a r r o l lo p o s t e r i o r la a p a r i c i ó n , e n s u s c o m i e n z o s , d e u n a p e r s o n a li d a d
capaz de dar fo rm a a a q u e lla c o n s t i t u c i ó n . Los h is to r ia d o r e s p o líti­
cos, que a c o stu m b ra b a n ju z g a r a lo s p e r s o n a je s h is tó r ic o s por su s
ob ras p a lp a b le s , e s t im a n p r in c ip a lm e n t e a S o ló n por el a sp e c to de
su ob ra que m ir a a la r e a lid a d p o lític a , es d e c ir , la c r e a c ió n de la
seisachteia. L o que im p o r ta , an te t o d o , p a r a l a h i s t o r i a d e la e d u c a ­
c ió n g r i e g a , e s q u e S o l ó n , c o m o m a e s t r o p o l í t i c o d e s u p u e b lo , s o b r e ­
pasa en o rm em en te la e sfe r a de su in flu e n c ia te m p o r a l e h is tó r ic a y
e s to e s l o q u e le o t o r g a u n a i m p o r t a n c i a p e r e n n e p a r a la p o s te r id a d .
S o ló n se nos m a n ifie s ta , en p r im e r té r m in o , c o m o p o e ta . Su p o e s ía
n o s r e v e la lo s m o tiv o s de su s h e c h o s p o lític o s que, p or la e le v a c ió n
de su c o n c ie n c ia é t ic a , s e le v a n t a m uy por e n c im a del n iv e l de lo s
p a r tid o s p o lític o s . H a b la m o s a n tes de la im p o r ta n c ia de la le g is la ­
c i ó n p a r a la f o r m a c i ó n d e l n u e v o h o m b r e p o l í t i c o . L a p o e s ía d e S o ló n
c o n s titu y e la e x p lic a c ió n m ás p a lp a b le de e s ta verdad. T ie n e para
n o s o t r o s e l v a l o r e x c e p c i o n a l d e m o s t r a r n o s , t r a s la u n i v e r s a li d a d i m ­
p erson al de la le y , la fig u r a e s p ir it u a l d e l le g i s l a d o r , en el cual se
encarna de un m o d o v i s i b l e la f u e r z a educadora d e la l e y , ta n v iv a ­
m e n t e s e n tid a p o r l o s g r i e g o s .
SOLÓN Y LA FORMACIÓN POLÍTICA DE ATENAS 139
La a n t ig u a s o c i e d a d á t ic a , e n la c u a l n a c i ó n S o l ó n , s e h a lla b a to ­
d a v ía go b ern a d a por una n o b le z a de te r r a t e n ie n t e s c u y o d o m in io en
o t r o s s it i o s h a b í a s i d o y a e n p a r te d e s t r u id o o h a b ía to c a d o a su fin .
E l p r im e r p a s o para la c o d ific a c ió n del d erech o de s a n g r e , la s p r o ­
v e r b ia le s “ le y e s d r a c o n ia n a s ” , s ig n ific a r o n m ás b ie n una c o n s o lid a ­
c i ó n d e l a s r e la c io n e s r e c i b i d a s q u e u n r o m p i m i e n t o c o n la t r a d i c i ó n .
Tam poco la s le y e s de S o ló n q u is ie r o n s u p r im ir el d o m in io de lo s
n o b le s c o m o t a l. S ó lo la re fo r m a d e C lís te n e s , tr a s la c a íd a d e la t i ­
r a n ía d e l o s P is i s t r á t i d a s , a c a b ó v i o le n t a m e n t e c o n é l. C uando p en sa­
m os en la A te n a s p o s te r io r y en su i n s a c i a b le a fá n de n oved ad es,
p a rec e un m ila g r o que la s o la s d e la to rm e n ta s o c ia l y p o lític a , q u e
in u n d a r o n el m undo d e a q u e llo s t i e m p o s , s e h a y a n qu ebrado e n la s
a b ie r t a s c o s t a s d e Á t i c a . P e r o su s m o r a d o r e s n o e r a n e n to n c e s l o s n a ­
v e g a n te s d e l o s s i g lo s p o s t e r io r e s , a c c e s ib le s a to d o s lo s in flu jo s , ta l
com o P la t ó n l o s p in t a . Á tic a es to d a v ía un p a ís p u r a m e n te a g r a r io .
El p u e b lo , v i n c u la d o a la tie r r a , nada fá c il en su s m o v im ie n to s , se
h a lla b a a r r a i g a d o e n la m o r a l i d a d y la r e l i g i ó n t r a d i c i o n a le s . N o por
e llo e s p r e c i s o p e n s a r q u e la s c a p a s i n f e r i o r e s d e la so c ie d a d perm a­
n e c ía n a j e n a s a la s n u e v a s id e a s s o c ia le s . P ié n s e s e e n e l e je m p l o de
lo s b e o c i o s q u e y a u n s i g lo a n te s d e S o l ó n t u v i e r o n s u H e sío d o y, a
p e s a r d e t o d o , s u s is t e m a f e u d a l p e r m a n e c i ó in t a c t o h a s t a lo s t ie m p o s
d e l f lo r e c i m i e n t o de la d e m o c r a c ia g r ie g a . Las r e c la m a c i o n e s y e x i­
g e n c i a s f o r m u la d a s p o r la s o r d a m a s a n o se t r a n s f o r m a b a n ta n f á c i l ­
m e n te e n una a c c ió n p o lít ic a o r ie n t a d a por un c la r o d e s ig n io . E s to
o c u r r ía s ó lo c u a n d o la s n u e v a s id e a s fr u c tific a b a n en e l s u e lo p r o p i ­
c io de la s c la s e s s u p e r io r e s fo rm a d a s en una e d u c a c ió n m ás a lt a , y
u n n o b le , p o r a m b i c i ó n o por una c o m p r e n s ió n m á s p r o fu n d a d e ia s
c o s a s , se p o n ía a l s e r v ic io de la m asa y to m a b a su d ir e c c ió n . Los
p ro p ie ta r io s p r o m in e n te s , a m a n te s d e lo s c a b a llo s , que v e m o s p in ta ­
dos en lo s vasos a r c a ic o s c o n d u c ie n d o su s lig e r o s c o c h e c i llo s con
m o tiv o de una f ie s t a o, sob re to d o , para a c u d ir a lo s f u n e r a le s de
a lg u n o de su s cam arad as, d o m in a b a n a lo s s ie r v o s que tr a b a ja b a n
el ca m p o , c o m o u n a m a sa co m p acta. E l e s p ír itu d e c a s ta m á s e g o í s t a y
la s e p a r a c ió n a lt a n e r a de lo s s u p e r io r e s y t e r r a t e n ie n t e s f r e n te a la s
c la s e s in f e r io r e s o p o n ía u n d iq u e in q u e b r a n t a b le a la s e x ig e n c ia s d e
la p o b la c ió n o p r im id a , cuya desesp erad a s it u a c ió n p in t a c o n m o v id o
S o ló n e n su g r a n y a m b o .
L a c u ltu r a d e la n o b le z a á t ic a e r a t o ta lm e n t e j ó n i c a . L o m ism o en
el a r te que en la p o e s ía d o m in a b a el g u sto y el e s tilo s u p e r io r de
a q u e llo s p u e b lo s . Es n atu ra l q u e e s te in flu jo se e x t e n d ie r a ta m b ié n
a la s m a n e r a s y a lo s id e a le s de la v i d a . E l h e c h o d e q u e la s le y e s
d e S o ló n p r o h i b i e r a n e l f a u s t o a s i á t ic o y la s l a m e n t a c io n e s d e la s m u ­
je r e s que eran h asta e n to n c e s u s u a le s en la s c e r e m o n ia s f u n e r a r ia s
d e l o s s e ñ o r e s p r o m in e n t e s , e r a u n a c o n c e s i ó n a l s e n t im ie n t o p o p u la r .
S ó l o la s a n g r ie n t a c r i s i s d e la gu erra co n lo s p e r s a s r o m p i ó d e fin iti­
v a m e n t e c ie n a ñ o s m á s ta r d e e l p r e d o m in io del m o d e lo jó n ic o — la
140 LA PRIMERA GRECIA
— en l ° s v e stid o s, lo s p e in a d o s y lo s u s o s s o c ia le s . Las
e s c u ltu r a s a r c a ic a s , q u e h a n s o b r e v iv id o a la d e s t r u c c ió n d e la A c r ó ­
p o lis p o r lo s persas, nos dan una v iv a r e p r e s e n t a c ió n de la riq u e z a
y la a f e c t a c ió n d e la s m o d a s a s i á t ic a s . P o r lo q u e s e r e f ie r e a l t i e m p o
d e S o l ó n , la d i o s a s e n ta d a del m u se o de B e r lín e s la p e r fe c t a r e p r e ­
s e n t a c ió n d e la a lt a n e r ía f e m e n in a en e s ta a n t ig u a a r is t o c r a c ia á t ic a .
La p e n e t r a c ió n de la c u lt u r a jo n ia en la m e tr ó p o li d e b ió de in tr o ­
d u c ir m uchas novedades q u e fu e r o n c o n s id e r a d a s c o m o p e r ju d ic ia le s .
P e r o e llo n o n o s d e b e i m p e d ir v e r q u e la f e c u n d a c i ó n d e la e x is t e n c ia
á tic a por el e s p ír it u jó n ic o d e b ió de d esp e rtar en el Á tic a a r c a ic a
e l i m p u ls o q u e la lle v ó a la e s t r u c t u r a c i ó n de su p r o p ia fo rm a e s p i­
r i t u a l. E s p e c ia lm e n t e el m o v im ie n to p o lític o que s u r g ió de la m asa
e c o n ó m i c a m e n t e d é b i l, c o n la f i g u r a d e s u c a u d i llo p r o m i n e n t e , S o l ó n ,
e n la c u a l lo á t ic o y lo j ó n i c o se c o m p e n e t r a n d e u n m o d o in se p a r a ­
b le , s e r ía in c o n c e b i b l e s in e l e s t ím u lo d e l O r ie n t e j ó n i c o . S o l ó n ju n t o
c o n u n o s p o c o s r e c u e r d o s h is t ó r i c o s q u e la p o s t e r i d a d h a con servad o
y lo s r e s to s d e l a r te á t ic o c o n t e m p o r á n e o , e s e l t e s t i m o n i o c lá s i c o de
a q u e l f e n ó m e n o d e la h is t o r i a d e la c u lt u r a , ta n r i c o e n c o n s e c u e n c ia s .
S u s f o r m a s p o é t i c a s , e le g í a y y a m b o , s o n d e o r i g e n j ó n i c o . S u s e s tr e ­
chas r e la c io n e s con la p o e s ía jó n ic a co n te m p o rá n e a se h a lla n exp re­
sam en te a c r e d it a d a s p o r el p o e m a d ir ig id o a M im n e r m o de C o lo f ó n .
S u le n g u a j e p o é tic o es el jó n ic o m e z c la d o co n fo r m a s á t ic a s , p u e s e l
á t ic o n o e r a e n a q u e l t i e m p o a p to p a r a s e r e m p le a d o e n la a lta p o e s í a .
Las id e a s exp resad as en su s poem as son ta m b ié n , e n p a r te , jó n ic a s .
P ero aquí c o n flu y e lo p r o p io y lo a je n o y se re ú n e n , m e d ia n t e el
le n g u a je , en una nueva c r e a c ió n g r a n d io s a . La fo rm a jó n ic a t r a d i­
c i o n a l le c o n f i e r e la í n t i m a lib e r t a d y u n d o m i n i o d e la e x p r e s ió n n o
e x e n to d e a lg u n a d i f i c u l t a d .
E n l o s p o e m a s p o l í t i c o s 2* — q u e se e x tie n d e n a lo la r g o d e m e d io
s i g lo , e s d e c i r , d e s d e a n t e s d e s u le g i s l a c i ó n h a s t a la t ir a n í a d e P i s ís -
t r a t o y la c o n q u i s t a d e la is la d e S a l a m i n a — la p o e s ía de S o ló n ad­
q u ie r e d e n u e v o la g r a n d e z a e d u c a d o r a q u e t u v o y a en H e s ío d o y en
T ir te o * Las e x h o r ta c io n e s a su s c o n c iu d a d a n o s , que c o n s t it u y e n su
fo r m a co n sta n te , b r o ta n d e un grav e y a p a s i o n a d o s e n t id o d e r e s p o n ­
s a b i l i d a d e n r e la c ió n c o n la c o m u n i d a d . E n m o m e n t o a lg u n o a d q u i r i ó
e s te t o n o la p o e s ía d e lo s jo n io s , d esd e A r q u ílo c o h asta M im n e r m o ,
con e x c e p c ió n de un poem a de C a li n o s en el que se h a c e a p e la c ió n
al a m o r p a tr io y a l s e n t im ie n t o del h o n o r de s u s c o n c i u d a d a n o s e fe -
s io s , en u n m o m en to de grave p e lig r o m ilita r . La p o e s í a p o lít ic a de
S o ló n no hace de e s te e s p ír it u de h e r o ís m o h o m é r ic o . A parece en
e lla u n pathos c o m p le t a m e n t e n u e v o . T o d a e d a d a u t é n tic a m e n te n u e v a
o f r e c e a l p o e t a n u e v a s r i q u e z a s i n s o s p e c h a d a s e n e l a lm a h u m a n a .
H e m o s v isto c ó m o e n a q u e llo s t i e m p o s d e c a m b i o s v i o le n t o s e n e l

2 Para la relación con Homero, Hesíodo y la tragedia, así como para lá inter­
pretación de la poesía política de Solón, cf. Solons Eunomie, Sitz. Berl. Akad.,
pp. 71 ss.
SOLÓN Y LA FORMACIÓN POLÍTICA DE ATENAS 141
orden s o c ia l y en el o rd e n e c o n ó m ic o , para lle g a r a la m a y o r p a r ti­
c ip a c ió n p o s ib le e n lo s b ie n e s d e l m u n d o , la id e a d e l d e r e c h o o fre c ió
a l p e n s a m ie n t o a n h e la n t e del h o m b re un p u n to de apoyo fir m e . H e-
s ío d o fu e el p r im e r o e n a p e la r a la d iv in a p r o t e c c ió n de D ik é en su
lu c h a c o n tra la c o d ic ia de su herm an o. La e n s a lz a com o p ro te c to ra
d e la c o m u n i d a d c o n t r a la m a ld i c i ó n d e la hybris y le a s i g n a u n l u ­
g a r a l la d o d el tr o n o d e l a lt í s i m o Z e u s . C o n to d o , el c r u d o r e a lis m o
d e su p ia d o s a f a n t a s ía p in t a lo s e fe c to s d e la m a ld i c i ó n d e la i n j u s ­
t ic ia p ro y e c ta d a por la c u lp a de un in d iv id u o sob re la c o m u n id a d
e n t e r a : m a la s c o s e c h a s , h a m b r e , p e s t ile n c ia , a b o r t o s , g u e r r a s y m u e r t e .
Por e l c o n t r a r i o , la im a g e n del e sta d o ju sto b r i lla con lo s c la r o s y
b r illa n t e s c o lo r e s d e la b e n d i c i ó n d i v i n a : lo s c a m p o s p r o d u c e n g r a n o ,
la s m u j e r e s p a r e n h i j o s , q u e son im á g e n e s d e su s p a d r e s , lo s n a v io s
a c a r r e a n s e g u r a s g a n a n c i a s , la p a z y la r i q u e z a d o m i n a n e n la c i u d a d
e n te r a .
T a m b ié n S o ló n fu n d a su fe p o lí t i c a en la fu e r z a de D ik é , y la
i m a g e n q u e tr a z a d e e lla c o n s e r v a v i s ib le m e n t e lo s c o lo r e s d e H e s í o d o .
Es de creer que la fe in q u e b r a n t a b le de H e s ío d o en el id e a l del
d erech o h ay a ju g a d o y a u n p a p e l e n la lu c h a d e c la s e s d e la s c iu d a ­
d e s j ó n i c a s y h a y a s id o p a r a la c la s e e n l u c h a p o r su s d erech os u n a
fu e n t e d e ín tim a r e s is t e n c ia . S o ló n no d e sc u b rió de nuevo la s id e a s
d e H e s ío d o . No n e c e s it a b a h a c e r lo . No h iz o m ás que d e s a r r o lla r la s .
S e h a lla t a m b i é n c o n v e n c i d o de que el d e re c h o tie n e u n lu g a r i n e lu ­
d ib le en el o rd e n d iv in o del m u n d o . No se c a n s a d e p r o c la m a r q u e
es im p o s ib le p a sa r p o r e n c im a d e l d e r e c h o p o r q u e , e n d e f i n i t i v a , é ste
s a le s ie m p r e t r iu n f a n t e . P ro n to o ta r d e v i e n e e l c a s t i g o y s o b r e v ie n e
la n e c e s a r ia c o m p e n s a c i ó n , c u a n d o la hybris h u m a n a h a t r a s p a s a d o lo s
lím it e s .
E s ta c o n v ic c ió n o b li g a a S o ló n a in t e r v e n ir c o n su s a d v e r t e n c ia s
e n la s c ie g a s lu c h a s d e in t e r e s e s e n q u e se c o n s u m e n s u s c o n c i u d a d a ­
n os. Ve a la c i u d a d c a m in a r c o n p a s o s p r e c ip ita d o s h a c ia el a b is m o
y tr a ta d e d e t e n e r la r u in a q u e la a m e n a z a .3 M o v i d o s p o r la a v a r ic ia ,
lo s c a u d i llo s d e l p u e b lo se e n r iq u e c e n in ju s ta m e n te ; no ah orran lo s
b ie n e s d e l e s t a d o n i l o s d e l t e m p lo n i g u a r d a n l o s v e n e r a b le s fu n d a ­
m e n t o s d e D i k é q u e c o n t e m p la s ile n c io s a e l p a s a d o y e l p r e s e n te t o d o
y a c a b a in f a lib le m e n t e p o r c a s t ig a r . P e r o s i c o n s i d e r a m o s la id e a q u e
se fo rm a S o ló n d el c a s tig o , verem os h a sta qué p u n to se separa d el
r e a lis m o r e lig io s o en que se fu n d a la fe de H e s ío d o en la ju s tic ia .
E l c a s t i g o d i v i n o n o c o n s is t e y a , c o m o e n H e s í o d o , e n la s m a la s c o s e ­
chas o la p este, s in o que se r e a liz a de un m odo in m a n e n te por el
d esord en en el o r g a n is m o s o c ia l que o r ig in a to d a v io la c ió n de
la j u s t i c i a .4 En s e m e ja n t e e sta d o , su rgen d is e n s io n e s de p a r t id o y
g u e r r a s c iv ile s , lo s h o m b r e s se reú n en en p a n d illa s q u e s ó lo conocen
la v i o le n c ia y la in ju s tic ia , grandes bandadas de in d ig e n t e s se ven
o b li g a d o s a a b a n d o n a r s u p a tr ia y a p e r e g r in a r en se r v id u m b r e . Y

3 Frag. S. 4 Cf. Solons Eunomie, ob. cit., p. 79.


142 LA PRIMERA GRECIA
a u n s i a lg u ie n q u ie r e e s c a p a r a e s ta d e s v e n t u r a y e n c e r r a r s e e n e l m á s
í n t i m o r i n c ó n d e s u c a s a , la d e s v e n t u r a g e n e r a l “ s a lta s u s a lt o s m u r o s ”
y s e a b r e p a s o e n e lla .
Jam ás se ha p in ta d o de un m odo ta n p r e c is o y ta n v ig o r o so la
ín t im a i n t e r d e p e n d e n c ia del in d iv id u o y su d e s t in o en r e la c ió n con
la v id a del to d o , com o en e s ta s p a la b r a s del gran poem a, e sc rito
e v id e n t e m e n t e an tes d e l t ie m p o en que S o ló n fu e p r o c la m a d o “ p a c i­
fic a d o r ” . El m al s o c ia l es com o una e n fe r m e d a d c o n ta g io s a que se
e x tie n d e a la c iu d a d e n te ra . Y s o b r e v ie n e i n d e f e c t i b le m e n t e a to d a
c i u d a d , d ic e S o l ó n , e n la c u a l s u r g e n d is e n s io n e s e n tr e lo s c i u d a d a n o s .
N o s e tr a t a d e u n a v i s i ó n p r o f é t i c a , s in o d e u n c o n o c im ie n to p o lític o .
P o r p r im e r a v ez es e n u n c ia d a , d e un m o d o o b je tiv o , la d e p e n d e n c ia
cau sal e n tr e la v io la c ió n del derech o y la p e r tu r b a c ió n de la v id a
s o c i a l. T a l es el d e s c u b r im ie n to q u e p r o c la m a S o ló n . “ E sto me or­
dena m i e s p ír it u en señ ar a lo s a t e n i e n s e s .” A sí c o n c lu y e la d e s c r ip ­
c ió n d e la in ju s tic ia y de su s c o n s e c u e n c ia s para el e sta d o . Y con
in s p i r a c i ó n r e lig io s a y en recu erdo d e la c o n tr a p o s ic ió n de H e s ío d o .
e n tr e la c i u d a d j u s t a y la c iu d a d in j u s t a , acaba su m e n s a je lle n o de
p r o m e s a s , c o n u n a lu m i n o s a d e s c r i p c i ó n d e la eunomía. L a E u n o m í a ,
com o D ik é , es ta m b ié n una d iv in id a d — la Teogonia d e H e s í o d o la s
d e n o m i n a h e r m a n a s — 5 y s u a c c i ó n e s t a m b i é n in m a n e n t e . No se m a ­
n ifie s ta m e d ia n t e dones y b e n d i c i o n e s e x t e r io r e s d e l c ie lo , e n la fe r­
tilid a d d e l o s c a m p o s y e n la a b u n d a n c i a m a t e r i a l, c o m o e n H e s í o d o ,
s i n o e n la p a z y la a r m o n í a d e l c o s m o s s o c i a l.
Aquí y en otro s lu g a r e s c o n c ib e S o ló n con p e r fe c t a c la r id a d la
id e a de una ín tim a le g a l i d a d d e la v i d a s o c i a l. Es p r e c is o reco rd ar
que al m ism o tie m p o e n J o n ia lo s f iló s o fo s n a t u r a le s m ile s io s , T a le s
y A n a x im a n d r o , d ie r o n el p r im e r paso en el osad o c a m in o del co­
n o c im ie n to d e u n a le y p e r m a n e n te e n e l d e v e n i r e t e r n o d e la n a t u r a ­
le z a . A q u í c o m o a llí, se tra ta d el m is m o im p u ls o h a c ia u n a c o n c e p c ió n
i n t u it iv a d e u n o r d e n in m a n e n t e e n el cu rso d e la n a t u r a le z a y d e la
v i d a h u m a n a y , p o r t a n t o , d e u n s e n t id o y u n a n o r m a í n t i m a d e la r e a ­
lid a d . S o ló n p resu p on e e v id e n t e m e n t e una c o n e x ió n le g a l de cau sa
a e fe c t o e n tr e lo s f e n ó m e n o s d e la n a t u r a le z a y e s t a b le c e , d e u n m o d o
e x p r e s o , u n a le g a l i d a d p a r a le la e n lo s a c o n t e c i m i e n t o s s o c i a le s , c u a n d o
d ic e e n o t r o l u g a r : 16 “ D e la s n u b e s p r o v ie n e n la l lu v i a y el g r a n iz o ,
d e l r e l á m p a g o s e s i g u e n e c e s a r ia m e n t e e l t r u e n o y la c iu d a d su cu m b e
a n te lo s h o m b r e s p o d e r o s o s y la d e m o c r a c i a c a e e n la s m an os de ur
a u t ó c r a t a .” L a t i r a n í a , e s d e c ir , e l d o m i n i o d e u n a e s tir p e n o b le y d e
su je fe , apoyada en la m asa d e l p u e b lo sob re e l r e s to de la a r is to ­
c r a c ia , era el p e lig r o m ás t e m i b le que p o d ía p in t a r S o ló n an te la
s o c ie d a d á t ic a d e lo s e u p á tr id a s , p u esto que en aq u el m o m en to aca­
baba su s e c u la r d o m in io del e sta d o . A lt a m e n t e s ig n ific a tiv o es que
no h a b le d el p e lig r o d e la d e m o c ra c ia . P or la f a lt a de m adurez de
la s m asas e s te p e lig r o se h a lla b a to d a v ía le ja n o . Los tir a n o s , m e­

5 H esíodo , Teog., 902. 6 Frag. 10.


SOLÓN Y LA FORMACIÓN POLÍTICA DE ATENAS 143
d ia n t e el d e r r u m b a m ie n to d e la a r i s t o c r a c i a , le a b r ie r o n p o r p r im e r a
vez el c a m in o .
E l c o n o c im ie n to d e u n a le g a li d a d d e t e r m in a d a d e la v id a p o lít ic a
e r a f á c i l p a r a u n a t e n ie n s e c o n a u x i l i o d e l p e n s a m ie n t o j ó n i c o . P o s e ía
la e x p e r ie n c ia d e l d e s a r r o llo p o lític o de m ás de c ie n años de m ú lti­
p le s c iu d a d e s d e la m e t r ó p o l i y d e la s c o lo n i a s , e n la s c u a le s s e h a b í a
r e a liz a d o el m i s m o p r o c e s o c o n n o t a b le r e g u la r i d a d . A t e n a s e n tr ó p o s ­
te rio rm e n te en e ste d e s a r r o llo . De ahí q u e fu e r a la cread ora de un
c o n o c i m i e n t o p o lí t i c o p r e v i s o r . Su en señ a n za es el h o n o r p eren n e de
S o ló n . P ero es c a r a c t e r ís t ic o d e la n a t u r a le z a hum ana que, a p esar
de e s ta t e m p r a n a p r e v i s i ó n , t a m b ié n A te n a s se v ie r a o b li g a d a a pa­
s a r p o r e l d o m i n i o d e l o s t ir a n o s .
T o d a v ía hoy p odem os p e r s e g u ir en lo s poem as con servad os de
S o ló n el d e s a r r o llo de e s te c o n o c im ie n to d esd e su s p r im e r a s ad ver­
te n c ia s b a sta el m o m e n t o en que lo s a c a e c im ie n to s p o lític o s c o n fir ­
m aron su s c la r a s p r e v is io n e s y se r e a li z ó , con P i s í s t r a t o , la t ir a n í a
de uno s o lo y su f a m i l i a .7 “ S i p o r v u e s tr a d e b i li d a d h a b é is s u fr id o
el m a l n o e c h é is e l p e s o de la c u lp a a lo s d io s e s . V o s o t r o s m is m o s
h a b é is p e r m itid o a e s ta g e n te lle g a r a ser grande cu an do le h a b é is
dado la f u e r z a cayendo en vergon zosa s e r v i d u m b r e .” E s ta s p a la b r a s
se e n la z a n e v id e n te m e n t e c o n el c o m i e n z o d e la e le g í a a d m o n i t o r i a de
q u e h e m o s h a b la d o a n t e s . T a m b i é n a llí d i c e : “ N u e str a c iu d a d n o su ­
c u m b ir á a lo s d e c r e to s d e Z e u s y e l c o n s e j o d e lo s d io s e s b i e n a v e n t u ­
r a d o s , p u e s P a la s A te n ea , su a lta p r o t e c t o r a , h a e x t e n d i d o so b re e lla
su s m a n o s . L o s c i u d a d a n o s m i s m o s q u ie r e n a r r u i n a r la p o r s u c o d i c i a
y su e s t u p id e z .” 8 L a a m e n a z a a q u í p r e d ic h a se h a lla c u m p li d a en el
p o e m a p o s te r io r . S o l ó n se d e s c a r g a a n t e s u s c i u d a d a n o s a l r e f e r ir a su
te m p r a n a p r e v is ió n su ju ic io p o s te r io r y p la n te a el p r o b le m a de la
r e s p o n s a b ilid a d . Al h a c e r lo en am bos lu g a r e s con la s m is m a s p a la ­
b r a s , d e m u e s t r a q u e e n a m b o s se t r a t a d e la m i s m a id e a f u n d a m e n t a l
d e s u p o lít ic a . En le n g u a je m o d e r n o , es el p r o b le m a d e la resp on sa­
b i li d a d . D esd e el p u n to de v ista g r ie g o , el de la p a r tic ip a c ió n del
h om bre en su p r o p i o d e s t in o .
E s te p r o b l e m a se h a lla p o r p r im e r a vez p la n t e a d o en la epopeya
h o m é r ic a , al c o m ie n z o d e la Odisea. El soberano Z eu s, en la asam ­
b le a de lo s d io s e s , rech aza la s i n j u s t i f i c a d a s q u e ja s de lo s m o r t a le s
q u e a t r ib u y e n t o d a s la s d e s d ic h a s d e la v id a hum ana a la c u lp a de
l o s d io s e s . C a s i c o n la s m i s m a s p a la b r a s q u e S o l ó n , a f i r m a q u e n o lo s
d io s e s , s i n o lo s h o m b r e s m is m o s , a u m en ta n s u s m a le s p o r su p r o p ia
im p r u d e n c i a .9 S o ló n s e h a lla c o n s c ie n t e m e n t e v i n c u la d o a e s ta t e o d i ­
cea h o m é r ic a . L a r e lig ió n m á s a n t ig u a d e l o s g r i e g o s v e e n t o d a s la s
d e s d ic h a s h u m a n a s , lo m ism o si p r o c e d e n d el e x te r io r que si tie n e n
s u r a íz e n la p r o p i a v o lu n t a d y e n lo s i m p u l s o s d e l h o m b r e , u n d e s i g ­
n i o i n f l e x i b l e d e la s a lta s f u e r z a s d e A t é . P o r e l c o n t r a r i o , la r e f le x i ó n

7 Frag. 8. 8 Frag. 3
9 a 32 ss. Para lo que sigue véanse mis desarrollos en Solons Eunomie, p. 73.
144 LA PRIMERA GRECIA
filo s ó fic a que pone el p o e ta de la Odisea en boca de Z eu s, el m ás
a lt o sostén del g o b ie r n o d e l m u n d o , r e p r e s e n ta ya un grado u lt e r io r
e n e l d e s a r r o llo é t ic o . E n e lla se d is t in g u e c l a r a m e n t e e n tr e u n a A t é e n
el s e n t id o de una d is t i n c i ó n d iv in a , im p r e v is ib le , p od erosa e in e v i­
t a b le , q u e in t e r v ie n e e n e l d e s t in o d e l h o m b r e , y u n a c u l p a b i li d a d de
la a c c ió n hum ana que a u m en ta su d e s d ic h a en una m e d id a su p e r io r
a lo p r e v is t o p o r e l d e s t i n o . E s e s e n c ia l p a r a la s e g u n d a , la p r e v i s i ó n ,
la a c c i ó n in ju s ta con v o lu n t a d c o n s c ie n t e . En e ste p u n to c o n flu y e el
p e n s a m ie n to p r o p io de S o l ó n , s o b r e la s ig n ific a c ió n del d erech o para
u n a s a n a v i d a d e la s o c i e d a d h u m a n a , c o n la t e o d ic e a h o m é r i c a , y le
c o n fie r e u n c o n te n id o n u e v o .
E l c o n o c i m i e n t o u n iv e r s a l d e u n a le g a l i d a d p o lí t i c a e n tr e lo s h o m ­
b r e s lle v a c o n s ig o un deber para la a c c ió n . El m undo en que v iv e
S o ló n n o d e ja y a al a r b itr io d e lo s d io s e s -la m i s m a a m p li t u d q u e la s
cr e e n c ia s d e la Iliada. En e ste m undo d o m in a un e stricto orden ju ­
r íd ic o . A s í, una buena p a rte del d e s t in o que el h om bre h o m é r ic o
re c ib ía p a s iv a m e n te de la s m anos de lo s d io s e s , debe ser a tr ib u id o
p o r S o ló n a la s c u lp a s d e lo s h o m b r e s . D e e s te m o d o lo s d io s e s s o n
m e r o s e je c u t o r e s d el o r d e n m o r a l q u e , a su v e z , es c o n s id e r a d o c o m o
id é n t i c o a la v o lu n t a d de lo s d io s e s . A sí com o lo s lí r i c o s jó n ic o s
d e s u t i e m p o , q u e s i n t ie r o n c o n n o m e n o s p r o f u n d i d a d e l p r o b l e m a d e
lo s s u f r i m i e n t o s d e la v i d a e n e l m u n d o , s e l i m i t a r o n a f o r m u la r r e s i g ­
n a d o s la m e n to s s o b r e e l d e s t in o d e l h o m b r e y s u c a r á c t e r i n e x o r a b l e ,
a p e la S o ló n a lo s h o m b r e s p a r a que a d q u ie r a n c o n c ie n c ia d e la res­
p o n s a b i l i d a d e n la a c c i ó n , y o f r e c e e n s u c o n d u c t a p o lí t i c a y m o r a l u n
m o d e lo de e s te t ip o de a c c ió n , v ig o r o so te s tim o n io de la in a g o ta b le
f u e r z a v i t a l, a s í c o m o d e la s e r ie d a d é tic a d e l c a r á c t e r á t ic o .
No f a lt a ta m p o c o en S o ló n el e le m e n t o c o n t e m p la t i v o . P r e c is a ­
m e n te en la gran e le g í a que se co n serv a c o m p le t a , la p le g a r i a a la s
m u s a s p la n te a de nuevo el p r o b le m a d e la c u lp a p e r s o n a l y c o n fir m a
su im p o r ta n c ia p a r a e l p e n s a m ie n t o d e S o l ó n e n s u t o t a li d a d .10 A pa­
rece aquí en c o n e x ió n con una c o n s id e r a c ió n gen eral r e la t iv a a la
a s p ir a c ió n y a l d e s t in o h u m a n o s , e n la c u a l se r e v e la , t o d a v í a de un
m odo m ás c la r o que en lo s poem as p o lític o s , h asta qué p u n to e s te
h om bre de e sta d o fu n d a b a su a c c ió n en una c o n v ic c ió n de ca rá c te r
r e lig io s o . La p o e s ía s e h a lla in s p ir a d a e n la a n t ig u a é tic a a r is to c r á ­
t ic a , c o n o c i d a e s p e c ia lm e n t e a t r a v é s de T e o g n is y P ín d a r o , a sí c o m o
d e la Odisea, con su a lt a e s t i m a c i ó n t r a d i c i o n a l p o r lo s b ie n e s m a t e ­
r i a le s y el p r e s tig io s o c ia l, p ero se h a lla p r o fu n d a m e n te p en e tra d a
p o r la c o n c e p c i ó n j u r í d i c a y la t e o d ic e a d e S o l ó n . E n la p r i m e r a p a r te
de la e le g í a lim ita S o ló n el d eseo n a t u r a l d e la riq u e z a m e d ia n t e la
e x ig e n c ia d e q u e d e b e ser a d q u ir id a d e u n m o d o ju s to . S ó lo lo s b ie ­
nes que o to rg a n lo s d io s e s son p e rm a n e n tes; lo s o b te n id o s por la
i n j u s t i c i a y la v i o l e n c i a n o h a c e n o t r a c o s a q u e a li m e n t a r a A t é , c u y a
p r e s e n c ia n o s e h a c e esperar.

^ Frag. \.
SOLÓN Y LA FORMACIÓN POLITICA DE ATENAS 145
A q u í , c o m o e n g e n e r a l e n S o l ó n , a p a r e c e la id e a d e q u e la in ju s ­
t ic ia s ó lo p u e d e se r m a n t e n i d a p o r b r e v e t i e m p o . P r o n to o ta rd e v ie n e
la diké. La c o n c e p c ió n s o c i a l in m a n e n t e d el “ c a s tig o d e lo s d io s e s ” ,
que h a lla m o s en lo s poem as p o lític o s , se h a lla r e e m p la z a d a por la
i m a g e n r e li g i o s a d e la “ r e t r ib u c ió n d e Z e u s ” q u e i r r u m p e s ú b it a m e n t e ,
com o la t e m p e s t a d de verano. De p ro n to se e x t i e n d e n la s n u b e s , se
a g ita n la s p r o fu n d id a d e s del m ar, se p r e c ip it a sob re lo s cam pos y
d ev asta la la b o r i o s a ob ra de lo s a fa n e s h u m a n o s ; s e e le v a e n to n ces
d e n u e v o a l c i e lo , l o s r a y o s d e l s o l lu c e n d e n u e v o s o b r e la r i c a tie r r a
y n o e s p o s i b l e y a v e r n u b e a lg u n a e n t o r n o . A s í t a m b i é n la r e t r i b u ­
c ió n d e Z e u s , d e la c u a l n a d ie e s c a p a . U n o s e x p ía n p r o n to , o tro s m á s
ta r d e , y , s i e l c u lp a b le e s c a p a a la p e n a , la p a g a n e n s u lu g a r s u s i n o ­
c e n te s h i j o s y l o s h i j o s d e s u s h i j o s . E s t a m o s y a e n la e s f e r a d e l p e n s a ­
m i e n t o r e l i g i o s o d e la c u a l s u r g i ó c ie n a ñ o s m á s t a r d e la t r a g e d i a á t ic a .
A h o r a e l p o e t a d i r i g e s u s c o n s i d e r a c i o n e s a la o t r a A t é , a a q u e lla
q u e n o p u e d e n e v it a r e l p e n s a m ie n t o n i e l e s f u e r z o h u m an os. R e s u lt a
c la r o que, a p esar del p roceso de r a c io n a liz a c ió n y m o r a liz a c ió n en
la e s fe r a d e la a c c ió n y e l d e s t in o h u m a n o s e n t i e m p o d e S o l ó n , q u e d a
un r e s id u o que no se com padece con e ste in t e n t o de c o n s id e r a r lo s
casos i n d iv i d u a le s com o un e je m p l o del ord en d iv in o del m undo.
“ N o s o t r o s , m o r t a l e s , b u e n o s y m a lo s , p e n s a m o s q u e a lc a n z a m o s l o q u e
esp era m os; pero v i e n e la d e s d ic h a y nos l a m e n t a m o s .11 E l e n fe r m o
esp era lle g a r a san o , el p o b r e a ric o . Cada cual se e s fu e r z a en a l­
canzar d in e r o y b ie n e s , cada cual a su m a n e r a : el c o m e r c ia n te y el
m a r i n o , e l c a m p e s i n o , e l a r t e s a n o , e l c a n ta n te o el v id e n te . P or m u­
ch a s q u e sean su s p r e v is io n e s , n o puede é ste a p a rta r la d e s v e n t u r a .”
A parece a q u í c la r o , a t r a v é s d e la s i m p l i c i d a d a r c a ic a del p o e m a , el
p u n to de v ista de su segunda p a r te : M o ir a hace f u n d a m e n t a lm e n t e
in se g u r o s to d o s lo s e sfu e rz o s h u m a n o s , p o r m u y se r io s y co n se c u e n te s
que parezcan ser, y é s ta M o ir a no puede ser e v it a d a m e d ia n te la
p r e v is ió n , c o m o lo era la d esv en tu ra o c a s io n a d a por la c u lp a p erso­
n a l, e n la p r im e r a p a rte del poem a. A lc a n z a a lo s buenos y a lo s
m a lo s s in d i s t i n c i ó n . L a r e la c ió n e n tr e n u e s t r o é x it o y n u e s t r o e s f u e r ­
z o e s e n t e r a m e n t e ir r a c i o n a l . E l q u e m e j o r s e e s f u e r z a e n h a c e r b ie n
c o s e c h a a m e n u d o d e s c a l a b r o s , y la d i v i n i d a d p e r m it e a l q u e e m p ie z a
m a l e s c a p a r a la s c o n s e c u e n c ia s d e s u n e c e d a d . Toda a c c ió n h u m a n a
va a c o m p a ñ a d a d e r ie sg o .
E l r e c o n o c i m i e n t o d e e s ta i r r a c i o n a l i d a d d e l é x it o e n la s c o s a s h u ­
m anas no a n u la la r e s p o n s a b ilid a d del a g e n te en r e la c ió n con la s
c o n s e c u e n c ia s d e su s m a la s a c c io n e s . A s í, en el p e n s a m ie n t o de So­
ló n la segu n da p a rte de la e le g í a no c o n tr a d ic e a la p r im e r a . La
in s e g u r id a d en el é x it o de lo s m e jo r e s e s fu e r z o s no lle v a c o n s ig o
la r e s ig n a c ió n y la r e n u n c ia a l p r o p io e s fu e r z o . É s ta era la c o n c l u ­
s ió n a que ll e g a b a el p o e ta jó n ic o S e m ó n id e s de A m orgos, que se

11 Frag. 1, 34. Aunque el texto en este lugar se halla deteriorado, he tratado


de completar su sentido de manera aproximada.
146 LA PRIMERA GRECIA
la m e n t a de que lo s m o r t a le s derroch en ta n to s e s fu e r z o s in ú t ile s por
a lc a n z a r fin e s ilu s o r i o s y p e r m a n e z c a n en el d o lo r y la in q u i e t u d e n
lu g a r d e r e s ig n a r s e y a b a n d o n a r , en su s c ie g a s e s p e r a n z a s , la p e r s e ­
c u c ió n de su p r o p ia d e s d i c h a .12 C o n tra e llo se v u e lv e c la r a m e n t e
S o ló n e n la c o n c l u s i ó n d e su e le g í a . En lu g a r d e c o n s id e r a r e l c u r s o
del m u n d o d esd e el p u n to de v ista s e n tim e n ta l y hum ano, s e c o lo c a
o b je t i v a m e n t e e n e l p u n t o d e v i s t a d e la d i v i n i d a d y se p r e g u n t a a sí
m ism o y p reg u n ta a su s o y e n te s si lo que no t ie n e ra zón a lg u n a
para el p e n s a m ie n t o hum ano no puede ap arecer in t e lig i b le y ju s tifi­
cado d esd e a q u e l e le v a d o p u n to de v ista . La e s e n c ia de la r iq u e za ,
q u e c o n s t it u y e e l o b je t o d e t o d a s la s a s p i r a c i o n e s h u m a n a s , e s q u e n o
tie n e m e d id a ni fin . P r e c is a m e n te lo s m ás r ic o s e n tr e n o so tro s de­
m u e stra n e s ta a fir m a c ió n , e x c la m a S o ló n , p u esto que a s p ir a n con s­
ta n te m e n te a d o b l a r s u s r i q u e z a s . ¿ Q u i é n p o d r í a s a t is fa c e r lo s d e s e o s
de to d o s? S ó lo h a y u n a s o lu c ió n y é sta s e h a lla m á s a llá d e n u e stro
a lc a n c e . C u a n d o e l d e m o n i o d e la c e g u e r a n o s in v a d e , c r e a , a l m i s m o
t i e m p o , u n n u e v o e q u i l i b r i o y n u e s t r o s b ie n e s p a s a n a o t r a s m a n o s .
E ra n e c e s a r io a n a liz a r e n d e ta lle e ste p o e m a , p u e s t o que c o n tie n e
la c o n c e p c i ó n s o c i a l y é tic a d e S o ló n . L os poem as en lo s c u a le s j u s ­
t i f i c a r e t r o s p e c t iv a m e n t e s u o b r a d e le g i s la d o r , m u e s t r a n c o n c la r id a d
la ín t im a c o n e x ió n d e su v o lu n t a d p o lí t i c a y p r á c t ic a con su p en sa­
m ie n to r e lig io s o . La in t e r p r e t a c ió n de la d iv in a M o ir a com o fu e rz a
de e q u ilib r io n e c e s a r io e n tr e la s d if e r e n c ia s e c o n ó m ic a s in e v it a b le s
e n tr e lo s h om b res, p r e s c r ib e u n a lín e a d e c o n d u c t a a s u a c c ió n p o lí­
t ic a . T o d a s su s m a n i f e s t a c i o n e s y t o d o s s u s a c t o s r e v e la n u n e s fu e r z o
p a r a lle g a r a u n ju s t o e q u i l i b r i o e n tr e la a b u n d a n c ia y la d e fic ie n c ia ,
e l e x c e s o y la fa lta d e p o d e r , la p r e e m in e n c ia y la s e r v i d u m b r e . T a le s
son lo s m o t i v o s d o m in a n t e s d e s u s r e f o r m a s . A n in g u n o de lo s par­
t id o s da p le n a razón. Am bos le deben, em pero, r ic o s y p ob res,
c u a n to p oseen y cu a n to m a n t ie n e n . En e sta d ifíc il p o s ic ió n e n tr e
a m b o s p a r t i d o s h a lla s ie m p r e la s f ó r m u la s a d e c u a d a s . Es p le n a m e n t e
c o n s c ie n t e de que su fu erza r e s id e ú n ic a m e n t e en la i m p a lp a b le au­
to r id a d m oral de su d e s in te r e s a d a y r e c ta p e r s o n a li d a d . Al com pa­
ra r la a m b ic ió n e g o ísta d e lo s c a u d i llo s p o l í t i c o s con el e s p u m a r de
la n a t a d e la le c h e o el c o b r a r d e la s r e d e s h e n c h i d a s 13 ■— im á g e n e s
de p od erosa fu e r z a in t u it iv a para lo s c a m p e s in o s y lo s p escad ores
á t ic o s — , t o m a para su p r o p ia a c tit u d la m ás a lt a e s t iliz a c ió n hom é­
r i c a , lo cual d em u estra c la r a m e n t e h asta qué p u n to s in t ió su m is ió n
h e r o ic a de cam peón . Tan p ro n to m a n t ie n e fir m e su escu d o fr e n te a
a m b o s p a r tid o s e im p id e q u e n in g u n o d e e llo s s a lg a t r iu n f a n t e , c o m o
avanza s in m ie d o , e n tr e am bos fre n te s, en m ita d del cam po, donde
v u e la n la s f le c h a s , o m u e r d e c o m o u n l o b o , a c o s a d o p o r la a g it a d a y
fu r io s a j a u r í a .14 El e fe c t o m ás p r o fu n d o se l o g r a en lo s p o e m a s en

12 Cf. supra, p. 130. 13 Frags. 23 y 25.


14 Frags. 5; 24, 27 y 25, 8. Para el establecimiento del texto, cf. mi trabajo
fíermes 64 (1929), pp. 30 ss.
SOLÓN Y LA FORMACIÓN POLÍTICA DE ATENAS 147
que h a b la en n om b re p r o p io , pues su yo ir r a d ia co n sta n te m e n te la
fu e rz a tr iu n fa l d e la p e r s o n a li d a d y, to d a v ía de un m odo m ás b r i­
lla n te , e n el g r a n y a m b o 15 e n que rin d e c u e n ta s a n te e l t r ib u n a l del
tie m p o . L a a b u n d a n t e f lu e n c i a d e la s i m á g e n e s q u e c r u z a n a n te n u e s ­
t r o s o j o s , e l b e llo a r r a n q u e d e s u s e n s i b i li d a d f r a t e r n a l p a r a to d a s la s
c r ia t u r a s h u m a n a s , la fu e r z a de su p ie d a d , hacen de e s te poem a el
d ocu m en to m ás p e r s o n a l e n tr e to d o s lo s fra g m e n to s p o lític o s que se
con servan .
J a m á s h o m b r e a lg u n o d e e s ta d o se h a e le v a d o ta n p o r e n c im a del
p u ro a fá n de poder com o S o ló n . Una vez t e r m in a d a su ob ra le g is ­
la t iv a a b a n d o n ó el p a ís y s a lió p a r a u n la r g o v i a j e . No se c a n s a de
acen tu a r que no ha aprovechado su s it u a c ió n para e n r iq u e c e r s e o
c o n v e r t ir s e en un tir a n o , com o lo h u b ie r a hecho la m a y o r ía en su
lu g a r y g u sta d e ser ta c h a d o de necedad por no haber aprovechado
la o c a s ió n . En la h is to r ia n o v e le s c a de S o ló n y C reso ha tra za d o
H e ró d o to la fig u r a d e e ste h o m b r e in d e p e n d ie n t e . A parece S o ló n , el
s a b i o , e n tr e la o p u le n c ia im p r e s io n a n t e del d ésp ota a s i á t ic o , s in que
ni por un s o lo m o m en to v a c ile su c o n v ic c ió n de que el m ás s im p le
d e lo s c a m p e s in o s á t ic o s , e n s u c a s a d e c a m p o , g a n a n d o c o n e l s u d o r d e
s u fr e n te e l p a n d e c a d a d ía p a r a sí y p a r a su s h i j o s y q u e tr a s u n a
la r g a v id a co n sag rad a a l c u m p lim ie n t o d e su s d e b e r e s d e p ad re y de
c iu d a d a n o , en el u m b r a l de la v e je z , sab e m o r ir d ig n a m e n t e en la
d e f e n s a d e la p a t r i a , e s m á s fe liz q u e t o d o s l o s r e y e s d e la t ie r r a . La
h is t o r i a se h a lla im p r e g n a d a d e u n a m e z c la p e c u li a r í s i m a d e l e s p ír itu
lib r e y a v e n tu r e r o de lo s jó n ic o s que dan la v u e lta al m undo s ó lo
“ p o r e l a f á n d e v e r ” y d e l a p e g o a la tie r r a d e l h o m b r e á t ic o . E s del
m a y o r e n c a n t o p e r s e g u ir e s ta m e z c la , p r o d u c t o d e la i n t e r a c c ió n d e la
n a t u r a le z a á t ic a con la c u ltu r a jó n ic a , a tra v és de lo s fra g m e n to s
c o n s e r v a d o s d e lo s p o e m a s n o p o lí t i c o s . S o n la e x p r e s ió n d e u n a m a ­
d u r e z d e e s p ír it u , q u e i m p r e s i o n ó de ta l m o d o a lo s c o n te m p o rá n e o s
q u e c o n t a r o n a S o l ó n e n tr e lo s sie te s a b i o s .
Son de record ar lo s fa m o s o s versos en lo s c u a le s c o n te s ta a la s
la m e n t a c io n e s del p o e ta jó n ic o M im n e r m o sob re la s c a la m i d a d e s de
la v e je z y a su d eseo v e h e m e n te de m o r ir a lo s s e s e n t a , s in haber
c o n o c id o la e n fe r m e d a d ni el d o lo r . “ Si q u ie r e s s e g u ir mi c o n s e jo ,
b o rra e s to y no te e n o j e s c o n m ig o si h e h a lla d o a lg o m e jo r ; reh a z
tu p o e m a , jó n ic o r u is e ñ o r , y c a n ta a s í : q u ie r a la M o i r a d e la m u e r t e
a lc a n z a r m e o c t o g e n a r i o .” 16 La r e f le x i ó n de M im n e r m o era una ex­
p a n s i ó n d e a q u e lla li b r e a c tit u d d e l e s p ír it u jó n ic o q u e s e c ie r n e s o ­
bre la v id a y es capaz de e s tim a r la de acuerdo con d e t e r m in a d o
s e n t im ie n t o s u b je tiv o y de desear su d e s t r u c c ió n d esd e el m o m en to
en que ha p e r d id o su v a lo r . S o ló n no se h a lla de acuerdo con la
e s tim a c ió n d e la v i d a d e lo s jó n ic o s . Su s a n a e n e r g ía á t ic a y su in ­

15 Frag. 24.
16 La ingeniosa expresión XiveaotáSn es intraducibie. La sustitución que he
intentado es, naturalmente, un juego. Cf. M imnermo , frag. 6.
148 LA PRIMERA GRECIA
q u e b r a n t a b le a le g r í a de v iv ir , le d e f ie n d e n c o n tra el r e fin a d o can­
s a n c io m e l a n c ó l i c o q u e d e s e a p o n e r e l lím it e d e la v i d a e n lo s s e s e n ta
añ os, para l ib r a r s e de lo s d o lo r e s y la s m o le s t ia s de una e x is t e n c ia
hum ana d esam p arad a. P ara S o ló n n o e s la v e je z u n a m u e rte g r a d u a l
y p en osa. Su fu e r z a ju v e n il in e x t i n g u i b le p e r m it e al árbol peren ne­
m e n te verde de su v id a f e liz y gozosa echar to d o s lo s años nuevas
f lo r e s . N o q u ie r e s a b e r d e u n a m u e r t e n o l l o r a d a . D e s e a , p o r el c o n ­
t r a r i o , q u e a s u m u e r t e lo s s u y o s le o f r e z c a n q u e j a s , d o lo r e s y la m e n ­
t a c io n e s . T a m b ié n aquí se opone a un fa m o so p o e ta jó n ic o : Sem ó-
n id e s de A m orgos. S e m ó n id e s en señ ó que la v id a es ta n breve y
ta n ric a en fa tig a s y d o lo r e s que no debem os apresu rarn os m ás a llá
de un d ía por la m u e r t e .17 S o ló n no p ie n s a que sea m ás fa v o r a b le
el b a la n c e de p la c e r e s en la v id a hum ana. En un fra g m e n to d ic e :
“ N in g ú n h o m b r e es d ic h o s o . T o d o s lo s m o r t a l e s s o b r e lo s c u a le s lu c e
el s o l, se h a lla n abru m ados de f a t i g a s .” 18* C o m o A r q u ílo c o y to d o s
lo s p o e ta s jó n ic o s la m e n ta la in s e g u r id a d de la v id a hum ana. “ El
s e n t id o d e lo s d i o s e s i n m o r t a le s se h a lla o c u lt o p a r a l o s h o m b r e s .” 10
P ero, fre n te a to d o e sto , se h a lla el jú b ilo d e lo s dones de la e x is ­
t e n c ia , e l c r e c i m i e n t o d e lo s n i ñ o s , lo s v i g o r o s o s p la c e r e s d e l d e p o r t e ,
la e q u ita c ió n y la c a z a , la s d e lic ia s del v in o y d e l c a n t o , la a m is ta d
con lo s h om bres y la fe lic id a d sen su al del a m o r .20 La ín tim a capa­
c id a d d e g o c e es p a r a S o l ó n u n a r i q u e z a n o i n f e r i o r a l o r o y la p la t a ,
la s p r o p i e d a d e s y l o s c a b a l l o s . C u a n d o u n h o m b r e d e s c ie n d e a l H a d e s
no im p o r ta c u á n to h a p o s e íd o , sin o lo s b ie n e s que le h a o torgad o la
v id a . El poem a de lo s h ebd óm a d a s, que se ha con servado e n te ro ,
d iv id e la v i d a h u m a n a e n te r a e n d ie z p e r i o d o s d e s ie te a ñ o s .21 Cada
e d a d le c o n f i e r e un lu g a r e s p e c í f i c o d en tro del to d o . En él se m a n i­
f ie s t a el s e n t id o a u t é n t ic a m e n t e g r ie g o del r itm o d e la v id a . No es
p o s i b l e t r o c a r u n e s t a d io p o r o t r o p u e s t o q u e c a d a c u a l lle v a i m p l í c i t o
su p r o p io s e n t id o y s e h a lla de acuerdo con e l s e n t id o de cada uno
d e lo s d em ás. L a t o t a li d a d c r e c e , c u lm i n a y decae de acu erd o con el
m o v im ie n to gen era l de la n a t u r a le z a .
E l m ism o nuevo s e n t id o d e la ú lt im a le g a l i d a d d e la s c o s a s d eter­
m in a la a c t it u d de S o ló n en lo s p r o b le m a s d e la v i d a p u r a m e n t e hu­
m ana y en lo s de la v id a p o lític a . C u a n to d ic e tie n e la s im p lic id a d
d e la s a b id u r ía g r ie g a . Todo l o n a t u r a l e s s i m p le , u n a vez c o n o c id o .
“ P e r o lo m á s d i f í c i l e s lle g a r a la p e r c e p c i ó n in t e lig e n t e d e la in v i s i b le
m e d id a , al h e c h o d e q u e t o d a s la s c o s a s lle v a n c o n s i g o l í m i t e s .” Tam ­
b ié n é s ta s s o n p a la b r a s de S o ló n . P arecen sern os dadas p ara a lc a n ­
z a r la ju s t a m e d i d a de su p r o p ia g r a n d e z a .22 E l co n ce p to de m e d id a
y de lím ite , que a lc a n z a r á una im p o r ta n c ia ta n fu n d a m e n ta l para la
é t ic a g r ie g a , r e v e la c la r a m e n t e el p r o b le m a que se h a lla en el cen­
tr o d el p e n s a m ie n to d e S o ló n y de s u t i e m p o : la a d q u is ic ió n de una
nueva norm a de v id a m e d ia n te la fu e r z a del c o n o c im ie n to ín t i m o .

17 S emónides , frag. 2. 18 Frag. 15. l® Frag. 17


20 Frags. 12-14. 21 Frag. 19. 22 Frag. 16
SOLÓN Y LA FORMACIÓN POLÍTICA DE ATENAS 149
S ó l o p u e d e s e r c o m p r e n d i d a e n s u e s e n c ia m e d ia n t e la p e n e t r a c ió n en
la t o t a lid a d d e la s m a n if e s t a c io n e s d e s u p e r s o n a li d a d y de su v id a .
No se p r e s ta a la d e fin ic ió n . P a r a la m a s a e s s u f ic ie n t e s o m e t e r s e a
la s le y e s q u e le son p r e s c r it a s . P ero a q u e l q u e la s p r e s c r ib e n e c e s ita
p oseer u n a a lta m e d i d a , q u e n o se h a lla e s c r ita en p a r te a lg u n a . La
r a r a c u a lid a d e s e n c ia l q u e se h a lla e n e sta m e d i d a es d e n o m i n a d a por
S o ló n gnomosyne, p u esto q u e se in s p ir a c o n s ta n te m e n t e en la gnomé
y c o m p r e n d e a la v e z la ju s t a in t e le c c ió n y la fir m e v o lu n t a d d e lle ­
v a r la a la p le n a v a lid e z .
É s te e s el p u n t o d esd e el cu a l podem os lle g a r a la c la r a in t e le c ­
c ió n d e l m u n d o í n t i m o d e S o l ó n . E s ta u n id a d n o le f u e d a d a . V im o s
que e n J o n ia p r e v a le c ía n ya e n la v i d a p ú b lic a la s id e a s r e la t iv a s a l
d erecho y a la le y que d o m in a n el p e n s a m ie n t o r e li g i o s o y p o lít ic o
de S o ló n . P ero, com o v im o s ta m b ié n , no p arecen haber h a lla d o su
f o r m u la c i ó n en n i n g u n o d e lo s p o e ta s . E l otro a s p e c to d e la v i d a e s ­
p ir it u a l j ó n i c a , exp resad o con el m a y o r v ig o r por la p o e s ía jó n ic a ,
e s e l g o c e in d iv i d u a l y la s a b i d u r í a p e r s o n a l d e la v i d a . S o ló n se h a lla
t a m b ié n p r o fu n d a m e n te c o m p e n e tra d o con é l. Lo nuevo en sus p o e ­
m as e s la ín t im a a lia n z a de am bos h e m is fe r io s . Se c o m p e n e tra n en
la im a g e n d e u n a v i d a h u m a n a in t e g r a l, d e r a r a p e r fe c c ió n y a r m o n í a ,
q u e h a lla s u e n c a r n a c ió n m á s p e r fe c t a e n la p e r s o n a li d a d de su p r o ­
p io cread or. El i n d i v i d u a li s m o es su p erad o, p ero se recon ocen lo s
d erech os de la in d i v i d u a li d a d . Es m ás, e s to s derechos h a lla n , por
p r im e r a v e z , f u n d a m e n t o é tic o . P o r s u u n ió n d e l e s t a d o y e l e s p ír it u ,
la c o m u n i d a d y el i n d i v i d u o , e s S o ló n e l p r im e r a t e n ie n s e . M e d ia n te
e llo a c u ñ ó e l t ip o p e r e n n e d e l h o m b r e á t ic o q u e p r e v a le c ió e n la t o t a ­
li d a d d e s u d e s a r r o llo u lte r io r .
IX. EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO Y EL DESCUBRIMIENTO
DEL COSMOS

Los orígenes d e l p e n s a m ie n t o f i l o s ó f i c o g r i e g o h a n s i d o d e o r d i n a r i o
c o n s id e r a d o s d e n tro del cu a d ro t r a d i c i o n a l d e la “ h i s t o r i a d e la filo ­
s o fía ” . D e s d e lo s t ie m p o s d e A r i s t ó t e l e s , lo s “ p r e s o c r á t i c o s ” h a n c o n s ­
t it u id o el f u n d a m e n t o h i s t ó r i c o y s is t e m á t ic o d e la f i l o s o f í a á t ic a c lá ­
sic a , es d e c ir , d e l p la t o n i s m o . En lo s ú lt i m o s tie m p o s e s ta c o n e x ió n
h is t ó r i c a ha t e n d id o a p a s a r a s e g u n d o té r m in o a n te e l a f á n de co m ­
p ren d er a cada uno d e a q u e llo s p e n s a d o r e s por sí m i s m o s , com o fi­
ló s o fo s o r ig in a r io s , en su p r o p ia in d i v i d u a li d a d , con lo cual se ha
p u esto m e jo r de r e lie v e su verdadera im p o r ta n c ia . P ara el e s t u d io
de la h i s t o r i a d e la e d u c a c i ó n g r i e g a e s ta p e r s p e c t iv a h a d e s e r t o d a ­
v ía a lte r a d a . C la r o es que ta m b ié n en e lla tie n e n a q u e llo s a n t ig u o s
p en sad ores un lu g a r p r e e m in e n t e . S in em bargo, no tie n e n la m is m a
im p o r ta n c ia p a r a su tie m p o q u e S ó c r a t e s , e l e d u c a d o r p o r e x c e le n c ia ,
p ara el s i g lo v, o para el iv P la t ó n , el p r im e r o que c o n s id e r ó la
e s e n c ia d e la filo s o fía en s u r e la c ió n con la e d u c a c ió n de un nuevo
tip o d e h o m b r e .
E n la época d e lo s p r e s o c r á t ic o s la fu n c ió n d e g u ía de la e d u c a ­
c ió n n a c io n a l se h a lla b a reservad a, s in d is p u t a , a lo s p o e ta s, a lo s
c u a le s se a s o c i a b a n e l le g i s l a d o r y e l h o m b r e d e e sta d o . P o r p r im e r a
vez con lo s so fis ta s c a m b ia e ste e sta d o de cosas. Se separan n e ta ­
m e n t e d e lo s f i l ó s o f o s d e la n a t u r a le z a y d e l o s o n t ó l o g o s d e l p e r i o d o
p r im itiv o . La s o fís tic a c o n s t it u y e , e n e l s e n t id o m á s p r o p i o , u n a c a e ­
c im ie n to de tip o e d u c a tiv o . S ó lo pueden h a lla r su p le n a e s t im a c ió n
ea una h is t o r i a d e la e d u c a c i ó n . E l c o n te n id o te ó r ic o de su d o c t r in a
e s , e n g e n e r a l, e s c a s o . De a h í q u e la s h is t o r i a s u s u a le s d e la f i l o s o f í a
n o le p r e s te n u n a a t e n c ió n m u y d esta ca d a . P a r a n o so tr o s, en c a m b io ,
lo s g r a n d e s filó s o fo s n a t u r a le s t e ó r i c o s y su s s is t e m a s n o pueden sei
tr a t a d o s p a r t ic u la r m e n t e en su c o n e x ió n con la h is t o r i a de lo s p ro­
b le m a s . D e b e m o s , m á s b i e n , e s t im a r lo s c o m o g r a n d e s m a n i f e s t a c i o n e s
d e l e s p ír itu d e l t i e m p o y c o n s i d e r a r lo f u n d a m e n t a l e i n n o v a d o r d e s u
a c t it u d e s p ir it u a l en su s ig n ific a c ió n para e l u lt e r io r d e s a r r o llo d e la
fo r m a e s e n c ia l del h om bre g r ie g o . Es p r e c is o d e te r m in a r , al fin ,
e l p u n t o e n q u e la c o r r ie n t e o r i g i n a r i a d e e s ta e s p e c u la c ió n p u r a , a p a r ­
ta d a en un p r in c ip io d e la lu c h a p o r la f o r m a c i ó n de una verdadera
arelé hum ana, d esem b oca en aquel v a sto m o v im ie n to y c o m ie n z a a
c o n v e r tir s e , a t r a v é s d e la s p e r s o n a s q u e lo m a n t i e n e n , e n u n a fu e r z a
educadora d en tro del to d o s o c ia l.
No es f á c i l t r a z a r la fr o n te r a te m p o r a l d e l m o m e n to en que apa­
rece el p e n s a m ie n to r a c io n a l. D e b e r ía p a s a r p r o b a b le m e n t e a tr a v é s
d e la e p o p e y a h o m é r ic a . S in e m b a r g o , la c o m p e n e t r a c i ó n d e l e le m e n -
150
LA FILOSOFÍA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 151
to r a c io n a l c o n e l “ p e n s a m ie n t o m ític o ” es en e lla ta n e stre ch a , q u e
apenas es p o s ib le s e p a r a r lo s . Un a n á lis is de la epopeya, d esd e e ste
p u n to de v ista , nos m o s tr a r ía cóm o m uy p ro n to el p e n s a m ie n t o ra­
c io n a l p e n e tr a en el m ito y c o m ie n z a a i n f lu i r en é l. La filo s o fía
n atu ra l jó n ic a s ig u e a la epopeya s in s o lu c ió n de c o n tin u id a d . E s ta
e s tr e c h a c o n e x ió n o r g á n ic a c o n f ie r e a la h is t o r i a d e l e s p ír itu g r ie g o
una u n id a d a r q u it e c t ó n i c a , m ie n t r a s , por e je m p lo , el n a c im ie n t o de
la f i lo s o f í a m e d ie v a l n o tie n e c o n e x i ó n a lg u n a con la epopeya caba­
lle r e s c a , s in o q u e se f u n d a e n la a c e p t a c ió n e s c o lá s t ic a d e la a n t ig u a
f i lo s o f í a p o r la s u n iv e r s id a d e s y carece de to d a in f lu e n c ia e n la c u l­
tu r a n o b le y e n la s u b s ig u ie n t e c u ltu r a b u r g u e s a d e la E u r o p a c e n tr a l
y o c c id e n ta l. (D a n te c o n s tit u y e la gran e x c e p c ió n ; en él c o n flu y e n
la f o r m a c i ó n f i l o s ó f i c a , la c a b a lle r e s c a y la b u r g u e s a .)
N o e s f á c i l d e c ir si la id e a d e lo s p o e ta s h o m é r i c o s ,1 s e g ú n la c u a l
O céano es e l o r ig e n de to d a s la s cosas, d ifie r e de la c o n c e p c ió n de
T a le s q u e c o n s id e r a el a g u a c o m o el p r in c ip io o r ig in a r io del m u n d o ;
en to d o c a s o , e s e v id e n te que coadyuvó en e lla la r e p r e s e n ta c ió n in ­
tu itiv a d e l i n a g o t a b le m a r . E n la Teogonia d e H e s í o d o r e in a e n t o d a s
p a r te s la exp resa v o lu n t a d de una c o m p r e n s ió n c o n s tr u c tiv a y la
p e r fe c t a c o n s e c u e n c ia en el o r d e n r a c io n a l y en el p la n t e a m ie n t o de
lo s p r o b le m a s . P o r o tr a p a r te , se h a lla t o d a v í a e n s u c o s m o l o g í a u n a
fu e r z a in q u e b r a n t a b le de c r e a c ió n m ito ló g ic a , que a c tú a to d a v ía m u­
c h o m á s a llá , a l c o m i e n z o d e la f i l o s o f í a “ c i e n t í f i c a ” , e n la s d o c t r in a s
d e lo s “ f í s i c o s ” , y s in la c u a l n o s e r ía p o s i b l e c o n c e b i r la p r o d i g i o s a
a c t iv id a d que se d e s p lie g a en la c r e a c ió n de c o n c e p c io n e s f i lo s ó f i c a s
d el p e r io d o m ás a n t ig u o de la c ie n c i a . El am or y el o d io , la s dos
f u e r z a s n a t u r a le s de u n ió n y d e s e p a r a c ió n de la d o c t r in a de E m pé-
d o c le s , tie n e n la m is m a e s tir p e e s p ir itu a l que el eros c o s m o g ó n ic o
de H e s ío d o . E l c o m i e n z o d e la f i l o s o f í a c ie n t í fic a n o c o i n c i d e , a s í , n i
c o n el p r i n c i p i o d e l p e n s a m ie n t o r a c io n a l n i c o n e l f i n d e l p e n s a m ie n ­
to m ític o . A u t é n t ic a m ito g o n ía h a lla m o s to d a v ía en e l c e n tr o de la
f i lo s o f í a de P la t ó n y de A r is t ó t e le s .2 A s í, en el m ito del a lm a de
P la t ó n o en la c o n c e p c ió n a r is to té lic a del am or de la s co sas por el
m o to r in m ó v il d el m u n d o .
P o d r í a m o s d e c ir , p a r a f r a s e a n d o la a f i r m a c i ó n d e K a n t , q u e la in t u i­
c ió n m ít ic a s in e l e le m e n to fo r m a d o r del lo g o s es to d a v ía “ c ie g a ” , y
la c o n c e p t u a c ió n ló g ic a s in e l n ú c le o v i v ie n t e d e la o r i g i n a r i a “ in t u i­
c ió n m í t i c a ” r e s u lta “ v a c í a ” . D e s d e e ste p u n to d e v ista d e b e m o s c o n ­
s id e r a r la h i s t o r i a d e la f i lo s o f í a g r i e g a c o m o e l p r o c e s o d e p r o g r e s iv a
r a c io n a liz a c ió n de la c o n c e p c ió n r e lig i o s a d e l m u n d o i m p líc it a e n lo s
m ito s . S i lo im a g i n a m o s c o m o u n a s e r ie d e c ír c u lo s c o n c é n t r ic o s q u e
v a n d e s d e la e x t e r io r id a d d e la p e r if e r ia h a s t a la in t e r io r id a d d e l c e n ­
tro , v e re m o s q u e el p r o c e s o m e d ia n t e e l c u a l e l p e n s a m ie n t o r a c io n a l
to m a p o s e s ió n d e l m u n d o , se d e s a r r o lla en fo r m a d e u n a p e n e tr a c ió n
p r o g r e s iv a q u e v a d e s d e la s e s fe r a s e x t e r io r e s a la s m á s p r o f u n d a s e

i S 201 (3 0 2 ), 246. 2 Cf. mi Aristóteles, pp. 64-7, 174-5 et. al.


152 LA PK [ MERA GR EC I A
ín t im a s , h a sta a lc a n z a r , con P la t ó n y S ó cra tes, el p u n to c e n tr a l, es
d e c ir , el a lm a . A p a r t ir de e ste p u n to se d e s a r r o lla un m o v im ie n to
i n v e r s o h a s t a e l f in a l d e la f i lo s o f í a a n t i g u a , e n el n e o p l a t o n i s m o . El
m ito p la t ó n i c o del a lm a ha t e n id o p r e c is a m e n t e la fu e rz a de r e s is t ir
al p roceso de r a c i o n a li z a c i ó n in t e g r a l del se r y aun de p e n e tra r de
nuevo y d o m in a r p r o g r e s iv a m e n te , d esd e d en tro , a! cosm os r a c io n a ­
li z a d o . A h í se in s e r t a la p o s i b i li d a d d e su a c e p t a c ió n por la r e lig i ó n
c r is t ia n a q u e h a lla en e llo , p o r d e c ir lo a s í , u n le c h o p r e p a r a d o .
Se ha d is c u t id o con f r e c u e n c ia el p r o b le m a de sa b er cóm o ha
s id o p o s ib le q u e la f i l o s o f í a g r ie g a e m p e z a r a con lo s p r o b le m a s d e la
n a t u r a le z a y n o c o n i o s r e la t iv o s al h o m b r e . P a r a h a c e r c o m p r e n s i b le
e s te im p o r ta n te hecho se ha in t e n t a d o c o r r e g ir la h i s t o r i a , d e r iv a n d o
la s c o n c e p c i o n e s d e la f i l o s o f í a n a t u r a l m á s a n t ig u a d e l e s p ír it u d e la
m ís t ic a r e li g i o s a . P ero así no r e s o lv e r e m o s el p r o b le m a . Nos lim it a ­
m os a a p la z a r lo . S ó lo queda r e a lm e n t e r e s u e lto , si reco n ocem o s que
h a n a c id o d e u n f a ls o e s t r e c h a m ie n t o d e l h o r iz o n t e d e la d e n o m in a d a
h is t o r i a de la f i l o s o f í a . Si c o n s id e r a m o s , ju n to con la f i l o s o f í a n a tu ­
r a l, to d o lo que la p o e s ía jó n ic a , d esd e A r q u ílo c o y lo s poem as de
S o ló n , ha p re sta d o al p e n s a m ie n t o c o n s t r u c t iv o en el orden é t ic o -
p o lí t i c o y r e lig io s o , r e s u lta r á c la r o que no te n e m o s sin o ro m p er lo s
lím it e s que separan la p o e s ía de la p rosa para o b te n er una im a g e n
c o m p le t a de la e v o lu c i ó n d el p e n s a m ie n t o filo s ó fic o , en la cual se
h a lle t a m b ié n c o m p r e n d i d o el r e in o d e lo hum ano. La ú n ic a d i f e r e n ­
c ia e s tá e n q u e la c o n c e p c i ó n d el e sta d o e s, p o r su m i s m a n a t u r a le z a ,
d e c a r á c t e r i n m e d ia t a m e n t e p r á c t ic o , m ie n t r a s q u e la in v e s tig a c ió n de
la physis o g é n e s is , e s d e c ir , d e l “ o r i g e n ” se h a lla im p u ls a d a por la
“ te o r ía ” . El p r o b le m a del h om bre no fu e c o n s id e r a d o , en un p r in ­
c ip io , por lo s g r ie g o s , d esd e el p u n to de v is ta te ó r ic o . M ás ta r d e
h a lló e n e l e s t u d io d e lo s p r o b le m a s d e l m u n d o e x t e r io r , y a n te t o d o
d e la m e d i c i n a y d e la m a t e m á t ic a , i n t u ic io n e s d e l t ip o d e u n a techné
e x a c ta , q u e le s ir v ie r o n d e m o d e lo para la in v e s t ig a c ió n del h o m b re
in t e r io r . R ecordem os la s p a la b r a s de H e g e l: el c a m in o del e s p ír itu
es el r o d e o . A sí com o e l a lm a de O r ie n t e , e n su a n h e lo r e l i g i o s o , se
su m erge in m e d ia t a m e n t e en el a b is m o d e l s e n t im ie n t o , p ero no h a lla
a llí u n te r r e n o f i l m e , el e s p ír itu g r ie g o , fo r m a d o en la le g a li d a d del
m undo e x t e r i o r , p r o n t o d e s c u b r e t a m b i é n la s le y e s in t e r io r e s d e l a lm a
y lle g a a la c o n c e p c ió n o b je t i v a de un cosm os in t e r io r . E s te d escu ­
b r im ie n to h iz o p o s ib le , por p r im e r a vez, en un m o m en to c r ít ic o de
la h is t o r i a g r ie g a , la e s tr u c tu r a c i ó n de una nueva e d u c a c ió n hum ana
sob re el fu n d a m e n to del c o n o c im ie n to filo s ó fic o , en el s e n t id o pro­
p u e s t o p o r P la t ó n . L a p r i o r i d a d d e la f i l o s o f í a n a t u r a l en r e la c ió n c o n
la filo s o fía del e s p ír it u tie n e un p r o fu n d o “ s e n tid o ” h is tó r ic o , que
r e s u lta e s p e c ia lm e n t e c la r o desd e el p u n to de v is ta d e la h is t o r i a de
la e d u c a c i ó n . En la p r o f u n d i d a d d e p e n s a m ie n t o d e lo s grandes jó n i­
cos a n t ig u o s no hay una v o lu n t a d c o n s c ie n t e m e n t e educadora. P ero
e n m e d i o d e la d e c a d e n c ia d e la c o n c e p c i ó n m ít ic a d e l m u n d o y e n e l
LA FILOSOFÍA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 153
c a o s q u e lle v ó c o n s i g o la f e r m e n t a c ió n d e u n a n u e v a s o c ie d a d h u m a n a ,
s e e n fr e n t a d e u n m o d o c o m p le t a m e n t e n u e v o c o n e l p r o b l e m a d e l s e r .
Lo q u e s a lta c la r a m e n t e a la v is ta en la fig u r a hum ana de e s to s
p r im e r o s filó s o fo s — que no se a tr ib u y e r o n , n a t u r a lm e n t e , a sí m is ­
m os e ste n om bre p la t ó n i c o — es su p e c u li a r a c tit u d e s p ir itu a l: su
c o n s a g r a c ió n in c o n d i c i o n a l a l c o n o c i m i e n t o , al e s t u d io y ía p r o f u n d i -
z a c ió n d el ser p o r sí m i s m o . E sta a c tit u d p a r e c ió a lo s g r i e g o s p os­
te r i o r e s , y aun a lo s c o n t e m p o r á n e o s , a lg o c o m p le t a m e n t e p a r a d ó j i c o ,
p e r o s u s c it ó , a l m i s m o t i e m p o , su m á s a lta a d m ir a c ió n . La sosegad a
in d if e r e n c ia de a q u e llo s i n v e s t ig a d o r e s por la s cosas que p a r e c ía n
im p o r t a n t e s a l r e s to d e lo s h om bres, com o el d in e r o , el h o n o r , e in ­
c lu s o la c a s a y la f a m i l i a ; s u a p a r e n te c e g u e r a p a r a su s p r o p io s in t e ­
r e s e s y s u i n d if e r e n c ia a n te la s e m o c i o n e s d e la p la z a p ú b li c a , d ie r o n
lu g a r a la s c o n o c id a s a n é c d o ta s r e la t iv a s a la a c tit u d e s p ir it u a l de
a q u e llo s p en sad ores que, r e c o g id a s e s p e c ia lm e n t e por la A c a d e m ia
p la t ó n ic a y por la e s c u e la p e r ip a t é t i c a , f u e r o n p u estas com o e je m p l o
y m o d e lo del (3íog ífetooqTixóg, c o n s id e r a d o por P la t ó n com o la ver­
dadera praxis d e lo s f i l ó s o f o s .3 En e s ta s a n é c d o ta s , el filó s o fo es el
gran e x tr a v a g a n te , a lg o m is te r io s o , p ero d ig n o de e s t im a , que se
le v a n t a p o r e n c im a de la s o c ie d a d d e lo s h om bres, o se s e p a r a d e li­
b e r a d a m e n t e d e e lla p a r a c o n s a g r a r s e a su s e s t u d io s . E s in g e n u o c o m o
u n n iñ o , to rp e y poco p r á c t ic o y e x is t e fu era de la s c o n d ic io n e s d el
e s p a c io y del tie m p o . El s a b io T a le s , a b s tr a íd o por la o b s e r v a c ió n
de a lg ú n fe n ó m e n o c e le s t e , cae en un pozo, y su c r ia d a , n atu ra l de
T r a c i a , se b u r la de él porque q u ie r e sa b er la s cosas del c ie lo y no
v e lo que hay b a jo su s p ie s . P i t á g o r a s , a l s e r le p reg u n ta d o por qué
v iv e , resp on d e: P ara c o n s id e r a r e l c ie lo y la s e s tr e lla s . A n axágoras,
acu sad o de no c u id a r de su fa m ilia ni de su p a t r ia , s e ñ a la con la
m ano h a c ia el c ie lo y d ic e : A ll í e s tá mi p a tr ia . Com ún a to d o s es
e s ta i n c o m p r e n s i b le c o n s a g r a c ió n al c o n o c im ie n to del cosm os, a la
“ m e te o r o lo g ía ” , com o se d e c ía to d a v ía e n to n c e s en un s e n t id o m ás
a m p li o y m á s p r o f u n d o , e s d e c ir , a la c ie n c i a d e la s c o s a s d e lo a lt o .
L a c o n d u c t a y la s a s p ir a c i o n e s d e lo s f i l ó s o f o s s o n e x c e s iv a s y e x t r a ­
v a g a n t e s e n e l s e n tir d e l p u e b lo , y la c r e e n c ia p o p u la r d e lo s g r i e g o s
es que a q u e llo s h om bres s u tile s y c a v ilo s o s son d e s g r a c ia d o s porque
son J ie p irr ó g .4 E s to es in t r a d u c i b ie , p ero se r e f ie r e e v id e n t e m e n t e a
la hybris , pues el p en sad or tr a s p a s a lo s l ím it e s tr a z a d o s al e s p ír itu
hum ano por la e n v id ia de lo s d io s e s .
E x is t e n c ia s d e e ste t ip o , osad as y s o li t a r i a s , s ó lo p o d ía n d esarro­
lla r s e en j o n i a , en u n a a t m ó s f e r a d e la m a y o r lib e r t a d p e r s o n a l. A llí
se d e ja b a en paz a a q u e lla g e n te in u s it a d a , m ie n t r a s que en c u a l­
q u ie r o t r o lu g a r h u b ie r a n s u s c it a d o e s c á n d a lo y h a lla d o t o d a c la s e d e
d if i c u lt a d e s . E n J o n ia , h o m b r e s d e l te m p le d e T a le s de M i le t o a lc a n ­

3 C f. mi tr a b a jo sobre el o r ig e n y el m o v im ie n to c ir c u la r del id e a l filo s ó fic o


de la v id a , S itz . B e r l. A k a d ., 1928, p p . 3 9 0 ss.
4 C f. A ristóteles , M e t a f . A 2, 983 a 1.
154 LA PRIMERA GRECIA
zaban p ro n to p o p u la r id a d , se t r a s m i t ía n con in te r é s su s a fir m a c io ­
nes y su s s e n te n c ia s y se c o n ta b a n a n é c d o ta s acerca de e llo s . E s to
d e m u e s t r a u n a v i g o r o s a r e s o n a n c ia q u e p e r m it e c o n c lu ir q u e h u b o u n a
c ie r ta c o m p r e n s ió n y la sosp ech a de que s e m e ja n t e s p e r s o n a li d a d e s
y s u s id e a s e r a n f e n ó m e n o s a d e c u a d o s a l t i e m p o e n q u e v i v í a n . A na-
x im a n d ro f u e , p o r lo q u e se n o s a lc a n z a , e l p r i m e r o q u e tu v o el v a ­
lo r d e e s c r i b i r su s d is c u r s o s e n p r o s a y d e d i f u n d i r l o s d e l m i s m o m o d o
que el le g i s l a d o r e s c r i b ía su s t a b la s . Con e llo e li m i n a el filó s o fo el
c a r á c te r p r i v a d o d e s u p e n s a m i e n t o ; y n o e s y a u n ib ic ó tq g . A sp ir a a
ser o íd o por to d o s. Si q u is ié r a m o s a v e n tu ra r, p a r tie n d o del e s tilo
de la p r o s a jó n ic a p o s te r io r , u n a c o n c lu s i ó n r e t r o s p e c t iv a r e la t iv a al
e s tilo del lib r o de A n a x im a n d r o , lo h a lla r ía m o s en su o p o s ic ió n a
la s o p in io n e s c o r r ie n t e s e n tr e su s c o n te m p o rá n e o s por el u so de la
p r im e r a p e r s o n a d e l s i n g u la r . H eca teo d e M i le t o c o m i e n z a s u t r a t a d o
g e n e a ló g ic o con e s ta s in g e n u a s p a la b r a s : “ H e ca teo de M ile to d ic e :
M ú lt ip le s y r i s ib le s son lo s d is c u r s o s de lo s g r ie g o s ; yo, em pero,
H e c a t e o , d i g o lo s i g u i e n t e .” H e r á c li t o e m p ie z a la p id a r ia m e n te : “ P a ra
e s te logos, a p esar de s e r s ie m p r e verd ad ero, n o tie n e n lo s h om bres
c o m p r e n s ió n a lg u n a , ni a n te s de o ír lo , ni d esp u és de h a b e r lo o íd o .
Aunque to d o acaece de acuerdo con e ste logos, parecen carecer de
t o d a e x p e r ie n c ia ta n p r o n t o in t e n t a n r e a liz a r su s e x p e r ie n c ia s c o n p a ­
la b r a s y ob ras ta le s com o yo la s r e fie r o , a n a liz a n d o cada cosa de
acuerdo con su n a t u r a le z a y d e c la r a n d o cóm o es en v e r d a d .”
L a r e s o lu c ió n y la in d e p e n d e n c ia d e e s ta s c r ít ic a s s o b r e la c o n c e p ­
c ió n d o m in a n te del m undo es p e r fe c t a m e n t e p a r a le la a la o s a d ía de
lo s p o e t a s j ó n i c o s a l p r o c l a m a r lib r e m e n t e su s s e n t im ie n t o s y s u s id e a s
so b re la v id a hum ana y su c o n to rn o . Am bos son p ro d u c to del cre­
c ie n te d e s a r r o llo d e la i n d i v i d u a li d a d . E l p e n s a m ie n t o r a c i o n a l a c tú a
ya en e ste p r i m e r e s t a d io c o m o m a t e r ia e x p lo s iv a . Las m ás a n t ig u a s
a u t o r id a d e s p ie r d e n su v a lid e z . S ó lo es verdad lo que “ yo” puedo
e x p li c a r por razon es c o n c lu y e n t e s , a q u e llo de lo cual “ m i” p en sa­
m ie n to puede dar razón. Toda la lite r a tu r a jó n ic a , d esd e H e ca teo y
H e r ó d o t o , c r e a d o r d e la g e o g r a f í a y d e la e t n o lo g í a y p a d r e d e la h i s ­
to r ia , h a sta lo s m é d ic o s , en c u y o s e sc rito s se h a lla n lo s fu n d a m e n to s
de la c ie n c i a m é d ic a por v a r io s s i g lo s , se h a lla im p r e g n a d a de e s te
e s p ír it u y se s ir v e , en su s c r ít ic a s , de a q u e lla fo rm a p erson al ca ra c­
te r í s t ic a . S in e m b a r g o , c o n la a p a r i c i ó n del y o r a c i o n a l , se r e a liz a la
s u p e r a c ió n del i n d i v i d u a li s m o m ás r ic a en c o n s e c u e n c ia s : ap arece el
co n ce p to de verdad, el n u e v o co n cep to de una v a lid e z u n iv e r s a l en
el f lu i r d e lo s f e n ó m e n o s , a n te la c u a l e s p r e c is o q u e s e in c lin e t o d o
a r b itr io .
E l p u n t o d e p a r t id a d e lo s p e n s a d o r e s n a t u r a lis t a s d e l s i g lo v i era
el p r o b le m a del o r ig e n , la physis, que d io su n om b re a la t o t a li d a d
del m o v im ie n to e s p ir it u a l y a la fo r m a de e s p e c u la c ió n a que d io
lu g a r . E llo no es in ju s tific a d o si te n e m o s p r e s e n te la sig n ific a c ió n
o r ig in a r ia d e la p a l a b r a g r i e g a y n o m e z c l a m o s c o n e lla la c o n c e p c ió n
LA FILOSOFIA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 155
m o dern a de la f í s i c a . Su in te r é s f u n d a m e n t a l e r a , e n verdad, lo que
e n n u e s tr o l e n g u a j e o r d i n a r i o d e n o m i n a m o s m e t a f í s i c a . El c o n o c im ie n ­
to y la o b s e r v a c i ó n fís ic o s se h a lla b a n s u b o r d in a d o s a é l. V erdad es
q u e la c ie n c i a r a c io n a l d e la n a t u r a le z a n a c ió c o n e l m i s m o m o v i m i e n ­
to . P e r o se h a l l a b a , e n u n c o m i e n z o , e n v u e lta en la e s p e c u la c ió n m e ­
t a f ís i c a y s ó lo g r a d u a lm e n t e lle g ó a i n d e p e n d iz a r s e de e lla . Pin el
co n ce p to g r ie g o de la physis se h a lla b a n am bas cosas in d i s t i n t a s :
el p r o b l e m a r e la t iv o a l o r ig e n , q u e o b li g a a l p e n s a m ie n t o a trasp asa r
lo s lím it e s de lo dado en la a p a r ie n c ia s e n s o r i a l, y la c o m p r e n s ió n
de lo que d e r iv a de aquel o r ig e n y e x is t e a c t u a lm e n t e (tu d v ta ),
m e d ia n t e la in v e s t ig a c ió n e m p ír ic a (ío to p ír )). Es n atu ra l q u e la t e n ­
d e n c ia in n a ta d e lo s jo n io s — gran d es e x p lo r a d o r e s y ob servad ores—
h a c ia la in v e s tig a c ió n , lle v a r a la s c u e s t io n e s h asta lo m ás p r o fu n d o ,
donde su rgen lo s ú lt im o s p r o b le m a s . Lo es ta m b ié n , que una vez
p la n t e a d o el p r o b le m a de la e s e n c ia y el o r ig e n del m undo, se d es­
a r r o lla r a p ro g r e s iv a m e n te la n e c e s id a d de a m p li a r el c o n o c im ie n to
de lo s h e c h o s y la e x p li c a c i ó n d e lo s fe n ó m e n o s p a r t ic u la r e s . De la
p r o x im id a d de E g ip t oy de lo s p a ís e s del p r ó x im o O r ie n t e r e s u lta
m ás que v e r o s ím il —y e llo se h a lla c o n fir m a d o por la s tr a d ic io ­
nes m á s a u t é n tic a s — que el co n ta cto e s p ir it u a l d e lo s jo n io s con la s
m ás a n t ig u a s c i v i li z a c i o n e s de a q u e llo s p u e b lo s no s ó lo lle v a r a con­
s ig o la a d o p c i ó n d e la s c o n q u is t a s té c n ic a s s o b r e a g r i m e n s u r a , n á u tic a
y la o b s e r v a c i ó n d e l c i e l o , s i n o q u e p r o m o v i e r a la a t e n c ió n d e a q u e lla
raza d e n a v e g a n tes y c o m e r c ia n t e s , de e s p ír it u v iv a z , h a c ia la c o n si­
d e r a c ió n de lo s p r o fu n d o s p r o b le m a s que r e s o lv ie r o n a q u e llo s pue­
b lo s , de un m odo c o m p le t a m e n t e d is t in t o que lo s g r ie g o s , m e d ia n t e
su s m ito s r e la t iv o s al n a c im ie n t o del m undo y la s h is t o r i a s de lo s
d io s e s .
S in em bargo, hay a lg o fu n d a m e n ta l nuevo en la m an era que tu ­
v ie r o n lo s g r ie g o s de poner al s e r v ic io de su ú lt im o p r o b le m a , re­
la t iv o a l o r ig e n y la e s e n c ia d e la s c o s a s , la s o b s e r v a c i o n e s e m p ír ic a s
q u e a c e p ta r o n d e l O r ie n t e y e n r iq u e c ie r o n m e d ia n t e la s s u y a s p r o p i a s ,
así c o m o en el m o d o de so m eter al p e n s a m ie n t o te ó r ic o y cau sal el
r e in o d e lo s m ito s fu n d a d o e n la o b s e r v a c ió n de la s r e a lid a d e s apa­
r e n te s d e l m u n d o s e n s ib le , lo s m it o s r e la t iv o s al n a c i m i e n t o d e l m u n d o .
E n e s te m o m e n t o a s i s t im o s a l n a c im ie n t o d e la f i l o s o f í a c i e n t í f i c a . É s ta
es, ta l v e z , la hazaña h is t ó r i c a de G r e c ia . V erdad es que su lib e r a ­
c ió n de lo s m it o s fu e s ó lo g r a d u a l. P ero el s im p le hecho de que
fu e r a un m o v im ie n to e s p ir itu a l u n it a r i o , c o n d u c id o por una s e r ie de
p e r s o n a li d a d e s in d e p e n d ie n t e s , p ero en ín t im a c o n e x ió n r e c íp r o c a , d e ­
m u e s tr a ya su c a r á c te r c ie n t í f ic o y r a c i o n a l. La c o n e x ió n del n a c i­
m ie n t o de la filo s o fía n a t u r a lis ta con M i le t o , la m e tr ó p o li de la
c u ltu r a j ó n i c a , r e s u lta c la r a s i se p ie n s a en q u e su s tr e s p r i m e r o s p e n ­
sa d o re s, T a le s , A n a x im a n d r o y A n a x í m e n e s , v i v ie r o n ai t ie m p o de la
d e s t r u c c ió n de M i le t o por io s p ersas (c o m ie n z o del s ig lo v ). Tan
e v id e n te c o m o la s ú b it a i n t e r r u p c ió n de un e le v a d o f lo r e c i m i e n t o es­
i 56 LA PRIMERA GRECIA
p i r i t u a l, m a n t e n i d o d u ra n te tr e s g e n e r a c io n e s , p o r la b r u t a l i r r u p c ió n
de un d e s t in o h is tó r ic o e x t e r n o , e s la c o n tin u id a d d el tr a b a jo de in ­
v e s tig a c ió n y de t ip o e s p ir it u a l en e sta s o b e r b ia lín e a de gran d es
h o m b r e s d e s i g n a d o s u n p o c o a n a c r ó n ic a m e n t e c o m o “ e s c u e la m i l e s i a ” .
L a m a n e r a d e p la n t e a r y r e s o lv e r lo s p r o b l e m a s se m u e v e e n lo s tr e s
en una m is m a d ir e c c ió n . A b r ie r o n el c a m in o y p ro p o rc io n a r o n lo s
co n ce p to s f u n d a m e n t a le s a la fís ic a g r ie g a d esd e D e m ó c r ito h a sta
A r i s t ó t e le s .
D ilu c id a r e m o s e l e s p ír it u de a q u e lla filo s o fía a r c a ic a m e d ia n t e el
e je m p l o de A n a x im a n d r o , la fig u r a m ás im p o n e n t e e n tr e lo s fís ic o s
m ile s io s . E s el ú n ic o d e c u y a c o n c e p c ió n del m u n d o p o d e m o s a lc a n ­
zar una r e p r e s e n t a c ió n p r e c is a . En A n a x im a n d r o se r e v e la la p r o d i ­
g io sa a m p lit u d d e l p e n s a m ie n t o j ó n i c o . F u e el p r im e r o en crea r u n a
im a g e n del m undo de verdadera p r o fu n d id a d m e ta fís ic a y r ig u r o sa
u n id a d c o n s t r u c t iv a . F u e t a m b ié n el c r e a d o r d el p r im e r m apa de la
tie r r a y de la g e o g r a fía c ie n tífic a . T a m b ié n el o r ig e n de la m a te ­
m á t ic a g r ie g a se re m o n ta a lo s tie m p o s de la filo s o fía n a c id a en
M i le t o .
La c o n c e p c ió n de la tie r r a y del m undo de A n a x im a n d r o es un
tr iu n fo del e s p ír it u g e o m é tr ic o . Es el s ím b o lo v i s i b le de la m onu-
m e n t a li d a d p r o p o r c i o n a d a , p r o p ia d e l p e n s a m ie n t o y de la n a t u r a le z a
e n te r a d e l h o m b r e a r c a i c o . El m u n d o de A n a x im a n d r o se h a lla con s­
t r u id o m e d ia n t e rig u r o sa s p ro p o rc io n e s m a t e m á t ic a s . E l d is c o te rr e s­
tr e de la c o n c e p c ió n h o m é r ic a es s ó lo una a p a r ie n c ia en gañ osa. El
c a m i n o d i a r i o d e l s o l d e l e ste a l o e s te s ig u e e n v e r d a d s u c u r s o b a jo
la tie r r a y r e a p a r e c e e n O r ie n t e e n s u p u n t o d e p a r t id a . A s í, el m u n d o
no es una m e d ia e s fe r a , s in o una e s fe r a c o m p le t a , en cuyo ce n tro
s e h a lla la t ie r r a . No s ó lo el c a m i n o del s o l, s in o ta m b ié n e l d e la s
e s tr e lla s y e l d e la lu n a , s o n c ir c u la r e s . E l c í r c u lo d el so l es el m á s
e x t e r io r y e s c o m o v e in t is ie t e v e c e s e l d iá m e t r o d e la t ie r r a . E l c í r c u lo
de la s e s tr e lla s fija s e s el m ás b a jo . E l te x t o de n u e stro te s tim o n io
se h a lla en e ste lu g a r c o r r o m p i d o .5 S in em bargo, a lc a n z a e v id e n t e ­
m e n t e n u e v e v e c e s e l d iá m e t r o d e la t i e r r a . Y e l d i á m e t r o d e la tie r r a
es c o m o tr e s veces su a lt u r a , p u e s t o que la t ie r r a tie n e la fo r m a de
un c ilin d r o a c h a ta d o . No d escan sa en un fu n d a m e n to s ó lid o , com o
cre e el p e n s a m ie n to in g e n u o , n i crece co m o un á r b o l h a c ia el a ir e a
p a r t ir de r a íc e s p r o fu n d a s e i n v i s i b l e s .6 Se h a lla lib r e m e n te su sp en ­
d id o e n el e s p a c io d e l m u n d o . No lo s o p o r t a la p r e s ió n d el a ire . Se

"» C f . T a n n e r y , P v a r l'h isto ire d e la s c i e n c e h e llé n e ( P a r í s , 1 8 8 7 ) , p. 91.


6 Las r a í c e s d e l a t i e r r a a p a r e c e n e n H e s ío d o , E r g a , 10. W i l a m o w i t z , R e s .,
E rg a , 4 3 . e n t i e n d e s i m p le m e n t e l a s p r o f u n d i d a d e s d e la t i e r r a : c f . , s in e m b a r g o ,
T e o g ., 728, 812. E n l a c o s m o g o n í a ó r f i c a d e F e r é c id e s , q u e s e e n l a z a , e n p a r t e ,
con la s c o n c e p c i ó n es m ít ic a s m á s a n t ig u a s , se h a b la d e u n a " e n c i n a a la d a ” (fr a g . 2
D ie ls ). C o m b in a la d o c t r in a de A n a x im a n d r o de la lib r e s u s p e n s ió n con la re­
p r e s e n ta c ió n de! árbol que tie n e sus r a íc e s en el in fin ito (cf. H . D i e l s , A r c h iv
f. G e s c k . <!. P h ll. X ) . P a r m Én id e s ( f r a g . 15 a ) d ic e que la t ie r r a “ e n r a íz a en el
agua” .
LA FILOSOFÍA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 157
m a n t ie n e en e q u i li b r i o por h a lla r s e por am bos la d o s a ig u a l d is t a n ­
c ia d e la e s fe r a c e le s te .
La m is m a t e n d e n c ia m a t e m á t ic a d o m in a en la e la b o r a c i ó n del
m a p a d e la tie r r a q u e H e r ó d o t o s ig u e e n p a r te y e n p a r te c o n t r a d ic e ,
y cuya p a t e r n id a d a t r ib u y e c o le c t iv a m e n t e a “ lo s jo n io s ” . S in duda
a lg u n a p ro c e d e en p r im e r t é r m in o de la ob ra de H eca teo d e M i le t o ,
que s e h a lla b a m ás cerca de él en e l t i e m p o .7 P ero sab em os de un
m odo exp reso que p ro ced e de lo s d is e ñ o s de A n a x i m a n d r o .8 Y la
e s tr u c tu r a e s q u e m á t ic a d el m a p a c o n v ie n e m e jo r con la a r q u it e c tu r a
g e o m é t r i c a d e l m u n d o y d e la f o r m a d e la tie r r a d e A n a x i m a n d r o q u e
con e l c a r á c te r de H e ca teo , e x p lo r a d o r e in q u is itiv o , que a n a liz a el
c a r á c te r d e lo s p a ís e s y de lo s p u e b lo s y se c o n s a g r a , a n te to d o , a
lo s f e n ó m e n o s p a r t ic u la r e s . H e r ó d o t o n o h u b ie r a p o d i d o h a b la r d e “ lo s
jo n io s ” s i n o h u b ie s e s a b id o que H ecateo h a b ía t e n id o p red ecesores
e n e l a r te d e c o n s t r u ir m a p a s . No v a c iló , p o r ta n to , un m o m en to en
h a c e r r e tr o c e d e r a A n a x i m a n d r o el g e r m e n d e lo s e s q u e m a s c a r t o g r á ­
fic o s q u e H e r ó d o to , E s c ila x y o tro s a u to re s a t r ib u y e n a H e ca te o . La
s u p e r fi c ie de la tie r r a se d iv id e en dos m it a d e s a p r o x im a d a m e n te
ig u a le s : E u ropa y A s ia . Una p a r te de la ú ltim a ap arece separada:
L ib ia . F o r m a n la s f r o n t e r a s c a u d a lo s o s r í o s . E u r o p a s e h a lla d iv id id a
e n d o s m it a d e s ig u a le s p o r e l D a n u b i o , L i b i a p o r e l N i l o .9 H e ró d o to
s e b u r la d e l e s q u e m a t is m o c o n s tr u c tiv o d e la s im á g e n e s d e l m u n d o d e
lo s m ás a n t ig u o s m apas jó n ic o s : d ib u ja b a n la tie r r a red on d a com o
s i h u b ie s e s id o c o n s t r u id a con un to rn o y rod ea d a por el O céano,
j a m á s v is to p o r o j o s h u m a n o s p o r lo m e n o s a l e ste y a l n o r t e .10 A sí
r e s u lta i n g e n io s a m e n t e c a r a c t e r iz a d o el e s p ír itu g e o m é tr ic o y a p r io -
r ís tic o d e a q u e lla c o n s t r u c c ió n del m u n d o . La época de H e ró d o to se
o c u p ó e n lle n a r la g u n a s c o n n u e v o s h e c h o s y e n s u a v iz a r o s u p r im ir
la v i o le n c ia d e su s t r a z o s . S ó l o d e j a s u b s is t ir a q u e llo q u e re s is te a la
c o m p r o b a c i ó n e m p ír ic a . P e r o t o d o e l a r r a n q u e y la g e n ia li d a d c r e a d o ­
r a s e h a lla e n A n a x i m a n d r o y e n a q u e llo s o r ig i n a le s e x p lo r a d o r e s q u e ,
i n s p ir a d o s p o r la id e a de un orden y una a r t ic u la c ió n u n iv e r s a l d e l
m u n d o , tra ta ro n d e e x p r e s a r lo e n e l l e n g u a j e d e la s p r o p o r c i o n e s m a ­
te m á tic a s p r e v ia m e n t e e s tr u c tu r a d o .
El p r in c ip i o o r ig in a r io que e s ta b le c e A n a x im a n d r o en lu g a r del
agua de T a le s , lo i lim it a d o ( u j t s i p o v ) , m u e s tr a la m is m a o s a d ía en
t r a s p a s a r lo s lím it e s d e la a p a r ie n c ia s e n s ib le . Todos lo s f i ló s o f o s d e
la n a t u r a le z a se h a lla b a n d o m in a d o s por el p r o d ig io s o e s p e c t á c u lo
del d e v e n ir y el p e r e c e r d e la s c o s a s c u y a im a g e n c o lo r i d a p e r c ib e n
lo s o j o s h u m a n o s . ¿ Q u é e s el f o n d o in a g o t a b le d e l c u a l t o d o p r o c e d e
y al cu al to d o r e to r n a ? T a le s c r e e q u e e s e l a g u a q u e se e v a p o r a e n
e l a ir e o se e n fr ía e n lo r íg id o y, por d e c ir lo a s í, se p e t r if ic a . Le
i m p r e s io n a su rara a p titu d para tr a n sfo r m a r se . De la hum edad se
o r ig in a la v id a e n te r a . No sab em os c u á l d e lo s a n t ig u o s fís ic o s fu e

7 Cf. F. J a c o b y , R e a le n z y k l., t. vn, pp. 2702 ss.


8 A n a x im a n d r o , fra p . 6. 9 H eródoto, ii, 33; iv , 49. 10 H e r ó d o t o , iv , 36.
158 LA PRIMERA GRECIA
el p r im e r o en en señ ar, com o lo creyeron to d a v ía lo s e sto ic o s, que
aun el fu e g o de la s e s tr e lla s se a lim e n t a de la s e x h a la c i o n e s que se
e le v a n del m a r . A n a x í m e n e s s o s t ie n e q u e el p r i n c i p i o o r i g i n a r i o e s el
a ir e y n o el a g u a y a p a r t ir d e él t r a t a , a n te t o d o , d e e x p li c a r la v i d a .
El a ire d o m in a el m undo com o el a lm a al cu erp o, y aun el a lm a
e s a i r e , a lie n t o , pneuma. A n a x im a n d r o h a b la del apeiron , que no es
e le m e n t o a lg u n o d e t e r m in a d o , s i n o q u e “ t o d o lo in c lu y e y t o d o lo g o ­
b ie r n a ” T a l p arece h aber s id o su p r o p ia e x p r e s i ó n .11 A r is tó te le s se
o p o n e a e llo p o r q u e d e la “ m a t e r i a ” m e jo r p o d r ía d e c ir s e q u e se h a ­
lla i n c lu id a en to d o , qu e no q u e to d o lo in c lu y e . Por o t r o s e p ít e t o s
q u e e m p le a A r i s t ó t e l e s en su in t e r p r e t a c ió n del apeiron , com o “ im p e ­
reced ero” e “ in m o r ta l” , m u e str a n de un m odo in e q u ív o c o su s e n t id o
a c t iv o . S ó lo un d io s p uede “ gobern ar” el to d o . Y, de acuerdo con
la tr a d ic ió n , el apeiron, q u e co n sta n te m e n te p rodu ce nuevos m undos
para a s im ila r lo s d e n u e v o , h a s id o d e s ig n a d o p o r el filó s o fo com o lo
d iv in o . La s a lid a d e la s c o s a s del apeiron es una s e p a r a c ió n de lo s
c o n t r a r i o s q u e lu c h a n e n e ste m u n d o , a p a r t ir d e l t o d o o r i g i n a r i a m e n ­
te u n i d o . A e s to se r e f ie r e a q u e lla gran s e n te n c ia , la ú n ic a de A n a ­
x im a n d ro que nos ha s id o d ir e c t a m e n t e tr a s m itid a : “ Donde tu v o lo
q u e es su o r i g e n , a llí e s p r e c is o q u e re to rn e en su c a íd a , d e acu erd o
con la s d e te r m in a c io n e s del d e s t in o . Las cosas d eben pagar unas a
o tra s c a s tig o y pena de acuerdo con la s e n te n c ia d e l t i e m p o .”
D esde N ie t z s c h e y E r w in R hode m ucho se ha e s c r i to so b re e s ta
s e n te n c ia y se h a n in t e n t a d o m ú ltip le s in t e r p r e t a c io n e s m í s t i c a s .12 La
e x is t e n c ia de la s cosas com o t a le s , la i n d i v i d u a li z a c i ó n , s e r ía un
pecado o r ig in a l, una s u b le v a c ió n c o n tr a el p r in c ip io o r ig in a r io e te r­
no, por la cual la s c r ia t u r a s deben s u fr ir una pena. D esde que ha
s id o r e s t a b le c id o el t e x t o c o rre c to (m e d ia n te la a d ic ió n de (x?CA.riA.OLcg
q u e f a lt a b a e n la s a n t ig u a s e d i c i o n e s ) r e s u lta c la r o q u e n o s e tr a ta d e
otra cosa que de la c o m p e n s a c ió n de la pleonexia de la s cosas. No
s e tr a ta de una c u lp a d e la s c o s a s . É s ta es una c o n c e p c ió n a je n a a
lo s g r ie g o s . Es una p e r s o n ific a c ió n m e d ia n t e la cual A n a x im a n d r o
s e r e p r e s e n ta la l u c h a d e la s c o s a s c o m o la c o n t ie n d a d e lo s h o m b r e s
a n te u n t r i b u n a l .13 T e n e m o s a n te n o s o t r o s u n a c i u d a d jó n ic a . H e ahí
e l m e r c a d o d o n d e se p r o n u n c i a el d e r e c h o y e l j u e z s e n t a d o e n su s illa
fija la p ena (T c r r te i). El ju e z es el t i e m p o . Lo conocem os por la s
id e a s p o lí t i c a s de S o ló n . Su brazo es in e x o r a b le . Cuando uno de
lo s c o n t e n d ie n t e s h a t o m a d o d e m a s i a d o d e l o t r o , le e s q u i t a d o d e n u e ­
vo el e x c e s o y dado a aquel que ha con servado poco. La id e a de
S o l ó n e s é s t a : la diké n o e s d e p e n d i e n t e d e lo s d e c r e to s d e la ju s t i c i a
te r r e s tr e y h u m a n a ; no p r o c e d e d e la s im p le i n t e r v e n c ió n e x t e r io r d e
un d e c re to de la ju s t i c i a d iv in a com o o c u r r ía en la a n t ig u a r e lig i ó n
11 F rag. 15.
i'-3 F r a p . 9. J. B ir n e t . en E a r ly G r e e k P h ilo s o p h y (2 ® e d ., 1 9 0 8 ), da una in ­
te r p r e ta ció n m ás s o b r ia . P ero no me parece haber h ech o ju s tic ia a la g r a n d io s i­
dad d e la id e a de A n a x im a n d r o y a su s e n tid o filo s ó fic o .
13 T a m b i é n el m ito ó r fic o en A r is t ó t e l e s , f r a g . 6 0 , R o s e , s i g n i f i c a o t r a c o s a .
LA FILOSOFIA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 159
de H e s ío d o . E s in m a n e n te a l a c a e c e r m is m o e n e l c u a l se r e a liz a e n
c a d a c a s o la c o m p e n s a c ió n d e la s d e s ig u a ld a d e s . S in e m b a r g o , s u in e ­
x o r a b ilid a d e s e l “ c a s t ig o de Z e u s ” , “ el p a g o d e lo s d i o s e s ” . A n a x i-
m andro va m ucho m ás a llá . E sta c o m p e n s a c i ó n e te r n a n o se r e a liz a
s ó lo e n la v i d a h u m a n a , s in o t a m b ié n e n el m u n d o e n t e r o , e n la t o t a ­
lid a d d e lo s se r e s . L a e v id e n c ia de e ste p roceso y s u i n m a n e n c ia e n
la e s fe r a hum ana lo in d u c e a p en sar qu e la s c o s a s de la n a t u r a le z a ,
c o n to d a s su s f u e r z a s y o p o s ic io n e s , se h a lla n t a m b ié n s o m e t id a s a u n
orden de ju s t ic ia in m a n e n t e y que su a sc e n sió n y su d e c a d e n c ia se
r e a liz a n d e a c u e r d o c o n é l.
E n e sta f o r m a — c o n s id e r á n d o la d e s d e e l p u n t o d e v is ta m o d e r n o —
parece a n u n c ia r s e la p r o d ig io s a id e a de una le g a li d a d u n iv e r s a l de
la n a t u r a le z a . P ero no se tr a ta de la s im p le u n ifo r m id a d del cu rso
c a u s a l e n el s e n tid o a b s tr a c t o d e n u e s tr a c ie n c i a a c tu a l. L o que A n a-
x im a n d ro f o r m u la e n su s p a la b r a s es una n orm a u n iv e r s a l m á s b ie n
q u e u n a le y d e la n a t u r a le z a e n e l s e n t id o m o d e r n o . E l c o n o c im ie n to
d e e sta n o r m a d e l a c a e c e r d e la n a t u r a le z a t ie n e u n s e n tid o in m e d ia ­
ta m e n te r e l i g i o s o .14 No es u n a s im p le d e s c r ip c ió n d e h e c h o s , s in o la
ju s tific a c ió n d e la n a t u r a le z a del m u n d o . El m undo se r e v e la com o
un cosmos, o , d ic h o e n c a s t e lla n o , c o m o una c o m u n id a d d e la s c o s a s ,
s u je t a s a o r d e n y a j u s t i c i a . E s to a f i r m a s u s e n t id o e n e l in c e s a n te e
in e x o r a b le d e v e n ir y p e r e c e r , e s d e c ir , e n a q u e llo q u e h a y e n la e x i s ­
te n c ia de m ás i n c o m p r e n s ib le e in s o p o r t a b le para la s a s p ir a c i o n e s
d e la v i d a d e l h o m b r e in g e n u o . No s a b e m o s si e l m i s m o A n a x im a n -
d r o e m p le ó la p a l a b r a cosmos en e s te s e n t id o . L a h a lla m o s y a en su
s u c e s o r A n a x í m e n e s si el f r a g m e n t o q u e se le a t r ib u y e e s a u t é n t ic o .151
6
P e r o la id e a d e c o s m o s se h a lla e n p r i n c i p i o — a u n q u e n o e n el s e n tid o
r i g u r o s o q u e tu v o p o s t e r io r m e n t e — e n la c o n c e p c ió n de A n a x im a n d r o
de un acaecer n atu ra l go b ern a d o por la e te r n a diké. T en em os, por
ta n to , d e r e c h o a c a r a c te r iz a r la c o n c e p c ió n del m u n d o de A n a x im a n ­
dro com o el ín t im o d e s c u b r i m ie n t o del c o s m o s . E s te d e s c u b r i m ie n t o
n o p o d ía h ab erse h ech o en o tr a p a r te que en lo p r o fu n d o d e l a lm a
hum ana. N ada h u b ie r a s id o p o s ib le hacer con ta le s t e le s c o p io s , ob­
s e r v a t o r io s o c u a lq u ie r otro gén ero de i n v e s t ig a c ió n e m p ír ic a . De
la m is m a f a c u lta d in t e r io r in t u itiv a su r g ió la id e a de la in f i n i d a d
d e lo s m u n d o s , a t r ib u id a p o r la t r a d ic ió n a A n a x i m a n d r o .10 No hay
d u d a a lg u n a d e q u e la id e a f i lo s ó f i c a d e l c o s m o s r e p r e s e n tó un rom ­
p im ie n t o con la s r e p r e s e n ta c io n e s r e lig i o s a s h a b it u a le s . P ero e ste
r o m p im ie n t o r e p r e s e n ta la a p a r ic i ó n d e u n a n u e v a c o n c e p c ió n d e la d i ­
v i n i d a d d e l se r en m e d i o d e l e s p a n to d e la f u g a c i d a d y la d e s t r u c c ió n ,

14 La in te rp re ta c ió n que doy aquí ha s id o d e t a lla d a m e n t e fu n d a m e n ta d a en


un tr a b a jo to d a v ía no p u b lic a d o sobre el fra g m e n to de A n a x im a n d r o (cf. S itz .
B e r l. A k a d .,1 9 2 4 , 2 2 7 ) .
15 A n a x ím e n e s , f r a g . 2. K. R e in h a r d t d u d a d e s u a u t e n t i c i d a d .
16 M i s dudas sobre la v e r a c id a d de esta tr a d ic ió n en la p r im e r a e d ic ió n de
esta o b r a h a n d e s a p a r e c id o e n v is ta d e lo s a r g u m e n t o s d e R. M o n d ol fo , L ’ in fin ito
nel p en sie ro d ei G rec i (F lo re n cia , 1 9 3 4 ) , p p . 4 5 5.s.
160 LA PRIMERA GRECIA
q u e ta n to i m p r e s i o n ó a la s n u e v a s g e n e r a c io n e s , c o m o lo m u e s t r a n lo s
p o e ta s .
En e ste e s t a d o d e e s p ír itu se h a lla el g e r m e n de in c o n t a b le s d es­
e n v o lv i m i e n t o s filo s ó fic o s . El co n ce p to del cosm os ha s id o h asta
n u e s tr o s d ía s u n a d e la s c a t e g o r ía s m á s e s e n c ia le s d e t o d a c o n c e p c ió n
d el m u n d o , a u n q u e en su s m od ern a s in t e r p r e t a c io n e s c ie n t í f i c a s haya
p e r d id o g r a d u a lm e n t e su s e n tid o m e ta fís ic o o r ig in a r io . La id e a del
cosm os re p re se n ta , c o n sim b ó lic a e v id e n c ia , la im p o r ta n c ia de la p r i ­
m it iv a filo s o fía n atu ra l para la fo r m a c ió n del h om bre g r ie g o . A sí
c o m o el c o n c e p to é t i c o -j u r í d i c o d e la r e s p o n s a b i li d a d d e S o l ó n d e r iv a
de la te o d ic e a de la e p o p e y a ,17 recu erda la ju s t i c i a del m undo de
A n a x im a n d r o que el co n ce p to g r ie g o de ca u sa (a r r ía ), fu n d a m e n ta l
para el n u e v o p e n s a m i e n t o , c o i n c i d í a o r ig in a r ia m e n te c o n el c o n c e p t o
d e c u lp a y fu e t r a n s p o r t a d o d e la im p u t a c i ó n j u r í d i c a a la c a u s a lid a d
fís ic a . E s te tr á n s it o e s p ir it u a l se h a lla en c o n e x ió n con la t r a n s p o s i ­
c ió n a n á lo g a d e lo s co n ce p to s de cosm os, diké y tisis, o r ig in a r io s de
la v id a ju r íd ic a , al acaecer n a t u r a l. El fra g m e n to de A n a x im a n d r o
n o s p e r m it e o b te n er una v i s ió n p r o fu n d a d e l d e s a r r o llo d el p r o b le m a
d e la c a u s a li d a d a p a r t ir d el p r o b le m a d e la t e o d ic e a . Su diké es el
p r in c ip io del p ro ceso d e p r o y e c c ió n d e la polis al u n iv e r s o . V erdad
e s q u e n o h a l l a m o s e n p e n s a d o r e s j o n i o s u n a r e f e r e n c ia e x p r e s a d e la
o r d e n a c ió n hum ana del m undo y de la v id a al ser d e la s cosas no
h u m an as. No p o d ía o c u r r ir a s í p o r q u e , p r e s c i n d i e n d o en a b s o lu to de
la s c o s a s h u m a n a s , su s i n v e s t ig a c io n e s se d i r i g í a n e x c lu s iv a m e n t e a la
d e te r m in a c ió n del fu n d a m e n to e te r n o de la s c o s a s . P e r o , p u esto que
se s ir v ie r o n del o rd en d e la e x is t e n c ia hum ana para lle g a r a c o n c lu ­
s io n e s r e la t iv a s a la physis y s u i n t e r p r e t a c ió n , s u c o n c e p c i ó n lle v a b a
en germ en d esd e un p r in c ip io una fu tu r a y nueva a r m o n ía e n tr e el
s e r e te r n o y e l m u n d o d e la v i d a h u m a n a y su s v a lo r e s .
P itá g o r a s de Sam os fu e ta m b ié n un p en sad or jó n ic o , a p esa r de
q u e s u a c c ió n se d e s a r r o lló en la I t a lia m e r i d i o n a l . S u tip o e s p ir it u a l
es ta n d ifíc il de d e t e r m in a r com o su p e r s o n a li d a d h is t ó r i c a . Su fi­
gu ra tr a d ic io n a l ha c a m b ia d o con la e v o lu c i ó n d e la c u lt u r a g r ie g a .
A sí nos ha s id o p re se n ta d o com o d e sc u b r id o r c ie n tífic o , com o p o lí­
t ic o . c o m o educador, com o fu n d a d o r de una orden o de una r e lig i ó n
y com o ta u m a tu rg o . H e r á c lit o lo ha d e s d e ñ a d o 18 com o un e r u d ito ,
a n á lo g o a K e s ío d o , J e n ó fa n e s y M ec a te o , y aun h a p u esto e n e llo u n
a c en to e s p e c ia l com o en to d o s lo s m e n c io n a d o s . C om parado con la
g r a n d io s a p le n it u d e s p ir it u a l d e A n a x i m a n d r o . la u n i ó n , e n P itá g o r a s ,
d e e le m e n t o s ta n h e t e r o g é n e o s , c u a lq u ie r a q u e se a la id e a q u e n o s f o r ­
m e m o s d e e sta m e z c la , e s en e fe c t o a lg o s i n g u la r v a c c id e n t a l. L a nueva
m a n e r a d e p r e s e n t a r lo c o m o u n a e s p e c ie d e h e c h ic e r o n o p u e d e a s p ir a r
y a a n i n g u n a c o n s i d e r a c i ó n s e r ia . D e la im p u t a c i ó n d e polimatía puede
c o n c lu i r s e que lo s que l la m ó m ás ta r d e A r is t ó t e le s “ lo s d e n o m in a d o s
p i t a g ó r i c o s "’ , c o n s id e r á n d o lo s com o lo s fu n d a d o re s de un nuevo tip o 1

11 C í. S o la n s E u n a tn ic. S i t z . B e r l . A k a d . , 1926, p. 73. 18 F r a c :. 4 0 .


LA FILOSOFIA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 161
d e c ie n c i a q u e , a d if e r e n c ia d e la “ m e t e o r o l o g í a ” d e lo s jo n io s , d e n o ­
m in a r o n s im p le m e n t e malhemata, e s d e c ir , “ lo s e s t u d i o s ” , p r o c e d e n d e
P itá g o r a s . E s un n om bre m uy gen eral q u e ab raza de hech o m uchas
cosas h e te ro g é n e a s: la d o c t r in a d e lo s n ú m e r o s y lo s e le m e n t o s d e la
g e o m e t r í a , lo s p r im e r o s fu n d a m e n to s d e la a c ú s tic a y la d o c t r in a de
la m ú s ic a y e l c o n o c i m i e n t o d e lo ? t i e m p o s d e lo s m o v i m i e n t o s d e la s
e s tr e lla s , por donde puede a t r ib u ir s e ta m b ié n a P itá g o r a s el c o n o c i ­
m ie n to d e la f i l o s o f í a n a t u r a l m i le s i a . A d e m á s , y s in c o n e x i ó n a lg u n a
c o n t o d o e llo , la d o c t r in a d e la t r a s m i g r a c i ó n d e la s a l m a s , v i n c u la d a
a la s e c ta r e li g i o s a d e lo s ó r f i c o s , a t e s t ig u a d a d e u n m odo c ie r to por
lo q u e r e s p e c ta a la p e r s o n a d e P i t á g o r a s y c o n s i d e r a d a p o r H e r ó d o t o
com o t íp ic a de lo s m á s a n t ig u o s p ita g ó r ic o s . Con e llo se r e la c io n a n
lo s p re ce p to s é tic o s a t r i b u i d o s al fu n d a d o r . H e r ó d o t o 192
0 a fir m a el c a ­
r á c t e r r e li g i o s o d e la c o m u n i d a d q u e f u n d ó . A s í s u b s is t ió e n la I ta lia
m e r id io n a l d u r a n te m á s d e u n s ig lo h a s t a su d e s t r u c c ió n h a c i a e l f in
d e l s i g lo v y p o r m o t i v o s p o lít ic o s .
L a c o n c e p c ió n p ita g ó r ic a del n ú m ero c o m o p r in c ip io d e la s cosas
se h a lla p r e fo r m a d a en la rig u r o sa s im e t r ía g e o m é tr ic a del cosm os
de A n a x im a n d r o . No e s p o s ib le c o m p r e n d e r la com o una c o n c e p c ió n
p u ra m e n te a r it m é t ic a . De acu erd o con la t r a d ic ió n tu v o su o r ig e n
e n e l d e s c u b r i m ie n t o d e u n a n u e v a le g a li d a d d e la n a t u r a le z a , e s d e c ir ,
d e la r e la c ió n d el n ú m e r o d e v ib r a c io n e s c o n la l o n g i t u d d e la s c u e r ­
d a s d e la lir a . P ero p a r a e x te n d e r el d o m in io d el n ú m e r o al c o s m o s
e n te r o y al orden d e la v i d a h u m a n a , fu e p r e c is o lle g a r a una a tre ­
v id a g e n e r a li z a c ió n de la s o b s e r v a c io n e s fu n d a d a s, s in duda a lg u n a ,
e n la s i m b ó l i c a m a t e m á t ic a d e la f i l o s o f í a n a t u r a l m i l e s i a . L a d o c t r in a
p ita g ó r ic a no tie n e nada que ver con la c ie n c i a n atu ra l m a t e m á t ic a
en el s e n t id o a c tu a l. Los n ú m eros tie n e n para e lla una sig n ific a c ió n
m ucho m ás a m p lia . No s i g n i f i c a n la r e d u c c i ó n d e lo s fe n ó m e n o s n a ­
tu r a le s a r e la c io n e s c u a n t it a t i v a s y c a lc u la b le s . La d iv e r s id a d d e lo s
n ú m ero s r e p r e s e n ta la e s e n c ia c u a lit a t iv a de cosas c o m p le t a m e n t e he­
te ro g é n e a s: el c i e lo , e l m a t r i m o n i o , la j u s t i c i a , e l kairos, e tc é te r a . De
o tr a p a r te , c u a n d o A r i s t ó t e le s n o s h a b la d e q u e lo s p i t a g ó r i c o s h a c ía n
c o n s is t ir la s c o s a s e n n ú m e r o s e n el s e n t id o d e la m a te r ia , s e r e f ie r e
in d u d a b le m e n t e a una i n d e b id a m a t e r i a li z a c i ó n d e e s ta id e n tific a c ió n
a b s tr a c t a del n ú m ero y el s e r . No d e b ía h a lla r s e le jo s de lo c ie r to
c u a n d o in t e r p r e t a b a la s s e m e ja n z a s d e lo s n ú m e r o s c o n la s c o s a s c o m o
un p r in c ip io no m enos grosero que el fu e g o , el agua, la t ie r r a , de
d o n d e d e r i v a b a n to d a s la s c o s a s la s e s p e c u la c io n e s a n t e r i o r e s ." 0 La ex­
p li c a c i ó n m á s i m p o r t a n t e d e la in t u ic ió n d e lo s p i t a g ó r i c o s se h a lla en
u n e s t a d io p o s t e r i o r d e la e v o lu c ió n f i l o s ó f i c a : en e l in t e n t o d e r e d u c ir

19 H e r ó d o t o , iv , 95.
20 Cf. A r is t ó t e l e s , Metaf. A 5, donde se considera a estos “ pitagóricos” como
contemporáneos o anteriores a Leucipo, Demócrito y Anaxágoras. Ello nos lleva
cerca de la época de Pitágoras (siglo v i), del cual Aristóteles, deliberadamente,
no hace mención alguna (la excepción de la Metaf. A 5, 986 a 30 es una inter­
polación).
162 LA PRIMERA GRECIA
s u s id e a s a n ú m e r o s , ta n e x tra ñ o a p r im e r a v ista para n o s o tr o s , del
P la t ó n d e la ú ltim a é p o c a . A r is t ó t e le s c r itic a s u c o n c e p c ió n c u a lita t iv a
d e lo p u r a m e n t e c u a n t it a t i v o . E llo p a r e c e a p r im e r a v is ta a lg o tr iv ia l.
C o n t ie n e , s in em bargo, una o b s e r v a c ió n ju s ta : la de que el co n ce p to
de n ú m ero de lo s g r ie g o s c o n t e n ía o r ig in a r ia m e n te aquel m o m en to
c u a lit a t iv o y que s ó lo g r a d u a lm e n t e se lle g ó a la a b str a c c ió n de lo
p u ra m e n te c u a n t i t a t i v o ."1
El o r ig e n de la s p a la b r a s g r ie g a s r e la t iv a s a lo s n ú m eros y la s
n o t a b le s d ife r e n c ia s e n tr e su fo r m a c ió n lin g ü í s t ic a nos p ro p o rc io n a ­
ría n acaso a c la r a c io n e s m ucho m ás a m p lia s si p u d ié r a m o s s e g u ir la
p is t a de lo s e le m e n t o s in t u it iv o s que se h a lla n s in duda a lg u n a en
e lla s . P o d e m o s lle g a r a la in t e lig e n c i a d e la m a n e r a e n q u e l le g a r o n
lo s p i t a g ó r i c o s a u n a ta n a lta e s t i m a c i ó n d e la f u e r z a d e lo s n ú m e r o s
m e d ia n t e la c o m p a r a c ió n con la s m a n i f e s t a c i o n e s de otro s c o n te m p o ­
r á n e o s e m in e n t e s . A s í, el Prometeo d e E s q u i lo lla m a al d e s c u b r im ie n ­
to d e l n ú m e r o la p ie z a m a e s t r a d e la s a b i d u r í a c r e a d o r a d e c u lt u r a .2
22
1
E l d e s c u b r im ie n to d e l i m p e r io de lo s n ú m e r o s , en a lg u n o s d e lo s d o ­
m in io s m ás im p o r ta n te s del ser, a b r ió a m p li o c a m in o al e s p ír it u
i n q u i s i d o r d e l s e n t id o d e l se r , m e d ia n t e e l c o n o c i m i e n t o d e u n a n o r m a
r e s id e n te e n la s c o s a s m i s m a s d e la n a t u r a le z a y a la c u a l e s p o s i b l e
d ir ig ir la m ir a d a in t e r r o g a n t e , y p e r m it i ó a una e s p e c u la c ió n , que
n os p arece a c t u a lm e n t e p u e r il, r e d u c ir to d a s la s c o s a s a u n p r in c ip io
n u m é r ic o . A s í, co m o ocu rre con f r e c u e n c ia , h a lla m o s u n id o a u n c o ­
n o c im ie n to p erm a n e n te e in f in it a m e n t e fe c u n d o una a p li c a c i ó n p rác­
tic a e q u i v o c a d a . E s ta a t r e v id a s o b r e s t i m a c i ó n se m u e s tr a e n t o d o s lo s
gran d es m o m en to s d e l p e n s a m ie n t o r a c io n a l. P a r a e l p e n s a m ie n t o p i­
ta g ó r ic o nada puede m a n te n erse en p ie que no pueda r e d u c ir s e , en
ú lt im o té r m in o , a n ú m ero.
C o n la m a t e m á t ic a e n tr a e n la e d u c a c i ó n g r ie g a u n e le m e n t o e s e n ­
c ia lm e n t e n u e v o . S e d e s a r r o lla n p r i m e r o c o n in d e p e n d e n c ia s u s r a m a s
p a r t ic u la r e s . P ro n to fu e r e c o n o c i d a la fe c u n d id a d edu cad ora de cada
una de e lla s . S ó lo en un e s t a d io p o s te r io r se e s t a b le c ió su a c c ió n
r e c í p r o c a y lle g a r o n a c o n s t it u ir u n t o d o . L a s t r a d i c i o n e s l e g e n d a r ia s
p o s t e r io r e s a c en tu a ro n de un m o d o p r o m i n e n t e la im p o r t a n c i a d e P i-
tá g o ra s com o educador. De e lla s sacó i n d u d a b le m e n t e su m o d e lo
P la t ó n . De acuerdo con él e la b o r a r o n lo s n e o p ita g ó r ic o s y lo s neo-
p la t ó n i c o s la v i d a y o b r a s d e P itá g o r a s . Y lo q u e lo s m o d e r n o s a c e p ­
ta ro n . s in m ás, con e s te t ít u lo , p r o c e d e casi ín t e g r a m e n t e de la s a b i ­
d u r ía d e la A n tig ü e d a d p o s te r io r . S in em bargo, en el fo n d o d e e s ta
c o n c e p c ió n hay un n ú c le o de verdad h is tó r ic a . No se tr a ta de una
a c c ió n p u r a m e n t e p e r s o n a l, s in o del h ech o de q u e el ethos educador
tie n e su s r a íc e s e n el n u e v o c o n o c i m i e n t o r e p r e s e n t a d o e n n u e s tr a t r a ­
d ic ió n p o r P itá g o r a s . Ir r a d ia e s p e c ia lm e n t e d e l a s p e c to n o r m a tiv o de

21 J. S t e n z e i .j Z ahí u n d G esta lt be i P la tó n und A r is t ó t e le s (2 ? e d ., L e ip z ig ,


1933) ; que no p r e s t a , s in em bargo, a te n c ió n a lo s p it a g ó r ic o s .
22 E s q u iu o , P r o m ., 4 5 9 .
LA FILOSOFÍA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 163
la in v e s t ig a c ió n m a t e m á t ic a . B a s ta r e c o r d a r la im p o r t a n c i a d e la m ú ­
s ic a p a r a la e d u c a c ió n p r im i t iv a d e lo s g r ie g o s , y la ín t im a r e la c ió n
de la m a t e m á t ic a p ita g ó r ic a con la m ú s ic a , para ver que la p r im e ­
ra te o r ía f i lo s ó f i c a s o b r e la a c c ió n educadora d e la m ú s ic a h a b ía de
p roceder de la c o n s id e r a c ió n de la s le y e s n u m é ric a s del m undo so­
n oro. La c o n e x ió n de la m ú s ic a con la m a t e m á t ic a e s t a b le c id a por
P itá g o r a s fu e, d esd e aquel m o m en to , una a d q u is ic ió n d e fin itiv a d el
e s p ír itu g r i e g o .
De e s ta u n ió n n a c ie r o n la s id e a s p e d a g ó g ic a s m ás fe c u n d a s y de
m ayor in f lu e n c ia e n tr e lo s g r ie g o s . En a q u e lla fu en te se a lim e n t a
e v id e n te m e n t e u n a c o r r ie n t e d e n u e v o s c o n o c im ie n to s n o r m a tiv o s que
se d e r r a m a n s o b r e t o d o s lo s d o m i n i o s d e la e x is t e n c ia . E n el s i g lo v i
s a le n a la lu z lo s m a r a v illo s o s co n cep tos f u n d a m e n t a le s del e s p ír itu
g r ie g o que han l le g a d o h asta n o so tro s com o una e s p e c ie d e s ím b o lo
de su m ás p r o fu n d a id i o s i n c r a s i a y que p arecen in s e p a r a b le s de su
e s e n c ia . No e x is t ie r o n d esd e un p r in c ip io . V ie r o n la lu z a tr a v é s d e
un p r o c e s o h i s t ó r i c o n e c e s a r io . L a n u e v a c o n c e p c ió n d e la e s tr u c tu r a
de la m ú s ic a c o n s t it u y e un m o m en to d e c is iv o de a q u e lla e v o lu c ió n .
S ó lo el c o n o c im ie n to de la e s e n c ia de la a r m o n ía y del ritm o que
su rge de e lla s e r ía b a s t a n t e p a r a aseg u ra r a lo s g r i e g o s la in m o r ta li­
dad en la h is to r ia d e la e d u c a c ió n hum ana. La p o s i b i li d a d de a p li­
c a c ió n de aquel c o n o c im ie n to a to d a s la s e s fe r a s d e la v id a es c a s i
ilim ita d a . A l la d o d e la c a u s a lid a d co m p a cta d e la fe en el derecho
d e S o l ó n , n o s o f r e c e u n s e g u n d o m u n d o s u j e t o a la m á s e s tr ic ta l e g a ­
li d a d . Cuando A n a x im a n d r o c o n c ib e el m u n d o com o un cosm os do­
m in a d o p o r una n orm a ju r íd ic a a b s o lu t a e in q u e b r a n t a b l e , c o n s id e r a
a la a r m o n ía , de acuerdo con la c o n c e p c ió n p ita g ó r ic a del m undo,
com o p r in c ip io d e e ste cosm os. Se apreh en de a llí la n e c e s id a d cau­
sal del a c a e ce r en el t i e m p o , e n e l s e n t id o del “ d erech o” de la e x is ­
te n c ia ; m e d ia n t e la id e a d e a r m o n ía se lle g a a to m a r c o n c ie n c ia del
a s p e c to e s tr u c tu r a l d e la le g a li d a d c ó s m ic a .
La a r m o n ía e x p r e s a la r e la c ió n d e la s p a r t e s al to d o . En e lla se
h a lla im p lí c i t o el co n ce p to m a te m á tic o de p ro p o rc ió n , que el p en sa­
m ie n to g r ie g o se p r e s e n ta en fo r m a g e o m é tr ic a e in t u it iv a . La arm o­
n ía del m undo es un co n cep to c o m p le jo en el cual se h a lla n com ­
p r e n d i d o s lo m i s m o la r e p r e s e n t a c ió n d e la b e lla c o n c o r d a n c i a d e lo s
s o n i d o s e n e l s e n t id o m u s i c a l q u e la d e l r i g o r d e lo s n ú m e r o s , la r e ­
g u la r id a d g e o m é t r ic a y la a r t ic u la c ió n te c t ó n ic a . Es in c a lc u la b le la
i n f lu e n c ia de la id e a de a r m o n ía en to d o s lo s a s p e c to s de la v id a
g r ie g a d e lo s t i e m p o s p o s t e r io r e s . A b r a z a la a r q u it e c t u r a , la p o e s ía y
la r e t ó r ic a , la r e lig i ó n y la é tic a . En to d a s p a r te s ap arece la con­
c ie n c i a d e q u e e x is t e e n la a c c ió n p r á c t ic a d e l h o m b r e una norm a de
lo p ro p o rc io n a d o (jt p é jto v , d p q ó tto v ), que, com o la d el derecho, no
pued e ser t r a n s g r e d id a con im p u n id a d . S ó lo si a lc a n z a m o s a com ­
pren d er el d o m in io ilim ita d o de e ste co n cep to en to d o s lo s a sp e cto s
del p e n s a m ie n t o g r ie g o de lo s c lá s i c o s y de lo s tie m p o s p o s t e r io r e s ,
164 LA PRIMERA GRECIA
lle g a r e m o s a u n a r e p r e s e n ta c ió n a d e c u a d a d e la f u e r z a n o r m a t i v a del
d e s c u b r i m ie n t o de la a r m o n ía . Los co n ce p to s de r itm o , m e d id a y
r e la c ió n se h a lla n e n ín t im a c o n e x ió n con él o re cib e n d e él su con­
t e n id o m á s p r e c is o . L o m i s m o p a r a el c o n c e p t o del co sm o s q u e para
e l d e la a x m o n í a y el r itm o , el d e s c u b r i m ie n t o d e la “ n a t u r a le z a del
ser” e s e l e s t a d io p r e v i o p a r a lle g a r a su t r a s p o s ic ió n al m u n d o in t e ­
r i o r d e l h o m b r e y a l p r o b le m a d e la e s t r u c t u r a c i ó n d e la v i d a .
No s a b e m o s c u á l e r a la ín t im a c o n e x i ó n e n tr e la e s p e c u la c ió n m a­
te m á t ic a y m u s ic a l y la d o c t r in a d e la tr a n s m ig r a c ió n de la s a lm a s
de P itá g o r a s . El p e n s a m ie n t o filo s ó fic o de a q u e llo s tie m p o s es e s e n ­
c ia lm e n t e m e t a f í s i c o . A s í el m i t o i r r a c i o n a l d e l o r ig e n d e l a lm a d e b ía
p ro ced er del ca m p o d e la s c r e e n c ia s r e li g i o s a s . La d o c t r in a a n á lo g a
de lo s ó r fic o s fu e p r o b a b le m e n t e la fu e n t e de la r e p r e s e n ta c ió n del
a lm a d e P i t á g o r a s . L o s f i l ó s o f o s p o s t e r io r e s se h a lla n t a m b i é n m á s o
m enos i n f l u i d o s p o r e lla .
E l s i g lo v i , q u e tr a s e l n a t u r a lis m o d is o lv e n t e d e l s i g lo v n es una
lu c h a d e c is iv a p a r a lle g a r a una nueva e stru ctu r a ció n e s p ir it u a l d e la
v id a , no s ig n ific a s ó lo un v ig o r o so e s fu e r z o filo s ó fic o , sin o ta m b ié n
una p od erosa e le v a c ió n r e li g i o s a . El m o v im ie n to ó r fic o es uno de
lo s m ás r e le v a n t e s te s tim o n io s de e sta nueva in tim id a d que p e n e tr a
h a s t a lo m á s p r o f u n d o d e l a lm a p o p u l a r . En su a n h e lo de un n u evo
y a lt o s e n t id o de la v id a se h a lla en co n ta c to con el e sfu e r z o del
p e n s a m ie n t o r a c io n a l d e la s c o n c e p c io n e s f i lo s ó f i c a s p a r a lle g a r a u n a
“ n orm a” o b je t i v a del ser c ó s m ic o . El c o n t e n id o d o g m á tic o de la s
cr e e n cia s ó r fic a s no t ie n e e v id e n te m e n t e im p o r t a n c i a . Los m odern os
lo h a n s o b r e s tim a d o e n o r m e m e n te c o n el o b je t o d e a lc a n z a r u n a i m a ­
gen q u e le s p e r m it i e r a c o n f i r m a r s u id e a a priori d e u n a r e lig ió n de
la r e d e n c ió n . S in e m b a r g o , e n la s c r e e n c i a s ó r fic a s r e la t iv a s a l a lm a
a m a n e c e u n n u e v o s e n t im ie n t o d e la v i d a h u m a n a y u n a n u e v a f o r m a
de la c o n c ie n c ia de sí m is m o . En el co n ce p to ó r fic o del a lm a , en
c o n tr a p o s ic ió n al co n ce p to h o m é r ic o , h a y un e le m e n to n o r m a tiv o ex­
p reso. De la cr e e n cia en el o r ig e n d iv in o d e l a lm a y en su in m o r ­
ta lid a d se s ig u e la e x ig e n c ia de m a n te n e r su p u reza en su e sta d o
te r r e s tr e de u n ió n con el cu erp o. El c r e y e n te se s ie n te o b lig a d o a
r e n d ir c u e n ta de su v id a . H em os h a lla d o ya la id e a de r e s p o n s a b i­
li d a d en S o ló n . Se tr a t a b a a llí de la r e s p o n s a b ilid a d del in d iv id u o
fre n te a la t o t a li d a d del e sta d o . T ro p ezam os aquí con una segu n d a
fu en te de r e s p o n s a b ilid a d é tic a : la id e a de la p u r e z a r e lig io s a . O r i­
g in a r ia m e n te era una p u re za m e ra m e n te r itu a l q u e s e e x t i e n d e a h o r a
a la e s fe r a m o r a l . No h a y q u e c o n fu n d ir la c o n la p u r e z a a s c é t ic a d e l
e s p l r i t u a li s m o p o s te r io r que c o n s id e r a el c u e r p o com o un m al en sí
m is m o . S i n e m b a r g o , lo s ó r f i c o s y l o s p i t a g ó r i c o s m a n t ie n e n y a c ie r ­
to s p r e c e p t o s d e c o n t e n c i ó n a s c é t ic a , s o b r e t o d o la a b s t in e n c ia d e t o d o
a lim e n to de carn e. Y el d e sp r e c io del cu erp o c o m ie n z a ya con la
b r u s c a c o n tr a p o s ic ió n d e l c u e r p o y e l a lm a q u e s e s ig u e d e la p r e s e n ­
t a c i ó n d e la a s c e n d e n c ia d e l a lm a c o n s i d e r a d a c o m o u n h u é s p e d d i v i n o
LA FILOSOFIA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 165
e n la v i d a m o r t a l d e la tie r r a . E v id e n t e m e n t e , la p u r e z a y la m a n c h a
d e lo s ó r fic o s d ebe ser e n te n d id a en el s e n t id o d el m a n te n im ie n to o
la t r a n s g r e s ió n de la s le y e s d e l e sta d o . I n c lu s o el “ d e r e c h o sagrado”
d e lo s a n t ig u o s g r i e g o s lle v a c o n s i g o el c o n c e p t o d e p u r e z a . S ó lo co n
d a r m a y o r e x t e n s ió n a l d o m i n i o d e la v a lid e z p u d o la id e a ó r f i c a de
la p u r e z a a lc a n z a r el d o m i n i o to ta l d e lo s m a n d a t o s del nomos. E llo
no sig n ific a su c o n v e r s ió n en un a é tic a c iu d a d a n a en e l s e n tid o m o­
d e r n o , p u e s t o q u e el nomos g r ie g o , a u n en su n u e v a fo rm a r a c io n a l,
tie n e u n o r ig e n d iv in o . P ero r e c i b e , p o r su f u s i ó n c o n la id e a ó r f i c a
de p u reza, un n u e v o fu n d a m e n to , a r r a ig a d o en el ca rá c te r s a g r a d o y
d iv in o del a lm a i n d i v i d u a l.
La r á p id a d ifu s ió n del m o v im ie n to ó r fic o en la m e tr ó p o li y en
la s c o lo n i a s se e x p lic a s ó lo p o r u n a p r o fu n d a n e c e s id a d de lo s h o m ­
b r e s d e a q u e l t ie m p o a lo s c u a le s n o p o d ía s a t is fa c e r ya la r e li g i ó n
d e l c u lto . L o s d e m á s m o v im ie n to s r e l i g i o s o s d e a q u e l t i e m p o , la p r o ­
d ig io s a f u e r z a e x p a n s iv a d e l c u lto d e D i o n i s o s y la d o c t r in a a p o lín e a
d e D e lfo s , r e v e la n ta m b ié n e l c r e c im ie n t o de la s n e c e s id a d e s r e lig io ­
s a s p e r s o n a le s . Es un m is t e r io para la h is to r ia de la s r e lig i o n e s la
e s tr e c h a v e c i n d a d que une a A p o lo y a D io n is o s en e l c u lto d é lfic o .
Los g r ie g o s s in t ie r o n e v id e n te m e n t e a lg o com ú n e n la c o n tr a p o s ic ió n
p o la r e n tr e u n o y o tro . E llo c o n s is t e , e n l o s tie m p o s e n que lo s ha­
lla m o s ju n to s , en el t ip o de in flu jo que e je r c e n sob re la in t i m i d a d
de la s c r e e n c i a s . N in g ú n o tro d io s in t e r v ie n e ta n p r o fu n d a m e n te en
la c o n d u c t a p e r s o n a l. E s p r o b a b l e q u e el e s p ír it u d e li m i t a c i ó n , o r d e n
y c la r id a d de A p o lo n o h u b ie r a m o v id o nunca ta n p r o f u n d a m e n t e el
a lm a h u m a n a si la h o n d a y e x c it a n t e c o n m o c i ó n d i o n i s i a c a n o h u b ie s e
prep arad o p r e v ia m e n t e e l t e r r e n o , a p a r t a n d o t o d a eucosmía b u rgu esa.
La r e lig i ó n d é lf ic a p e n e tr ó e n to n c e s de un m odo ta n ín tim o y ta n
v i v o q u e d e m o s t r ó se r a p ta p a r a c o n d u c i r y p o n e r a s u s e r v i c i o to d a s
la s f u e r z a s c o n s t r u c t iv a s de la n a c ió n . Los “ sie te s a b i o s ” , lo s reyes
m ás p od erosos y lo s t ir a n o s del s i g lo vi re c o n o c ie r o n en a q u e l d io s
p r o fé tic o la m á s a lta in s t a n c ia del c o n s e jo ju s to . En el s i g lo v P ín -
daro y H e ró d o to se h a lla n p r o fu n d a m e n te in flu id o s por el e s p ír it u
d é lf i c o y s o n s u s t e s t im o n io s m á s e m in e n t e s . N i a u n el t i e m p o d e su
m a y o r f lo r e c i m i e n t o en e l s i g lo v i h a d e j a d o e l s e d im e n t o de un d o ­
c u m e n to r e lig io s o d e c a rá c te r p e rm a n e n te . P ero en D e l f o s a lc a n z ó la
r e li g i ó n g r ie g a un in flu jo m ás a lt o com o fu e r z a educadora y lo ex­
t e n d ió m á s a llá d e l o s lím it e s de G r e c ia . L a s s e n te n c ia s m á s c é le b r e s
d e l o s s a b i o s d e la t ie r r a e r a n c o n s a g r a d a s a A p o lo y a p a r e c ía n s ó l o
com o un eco de la sa b id u r ía d iv in a . Y e n la p u e r ta d e l t e m p lo ha­
lla b a e l q u e e n t r a b a , e n la s p a la b r a s “ c o n ó c e te a ti m is m o ” , la doc­
tr in a d e la sofrosyne, la e x h o r t a c ió n a no p e r d e r d e v is ta lo s lím it e s
d e l h o m b r e , im p r e s a c o n e l la c o n i s m o le g i s la t i v o p r o p i o d e l e s p ír itu d e l
t ie m p o .
S e e n te n d e r ía m a l e l s e n t id o d e la sofrosyne g r ie g a si se le in t e r ­
p r e ta r a c o m o e x p r e s ió n d e u n a n a t u r a le z a in n a t a , d e u n a i d io s in c r a s ia
166 LA PRIMERA GRECIA
e s e n c ia l a r m ó n i c a y n u n c a p e r t u r b a d a . P a r a c o m p r e n d e r lo , b a s ta c o n ­
s id e r a r cóm o ir r u m p i ó en fo r m a de m a n d a to y cóm o p e n e tró s ú b ita ­
m e n te y e n f o r m a m á s in e s p e r a d a e n lo m á s p r o f u n d o d e la e x is t e n c ia
y, so b re to d o , de la in tim id a d hum ana. La m e d id a a p o lín e a no es
la e x c r e c e n c ia d e la t r a n q u i li d a d y la c o n f o r m i d a d bu rgu esa. La au-
to lim ita c ió n in d i v i d u a li s t a es u n d iq u e p a r a la a c t i v i d a d h u m a n a . La
peor o fe n sa c o n tra lo s d io s e s e s n o “ p en sar h u m a n a m e n t e '’ y a s p ir a r
a lo m ás a lt o . La id e a de la hybris, c o n c e b id a o r ig in a r ia m e n te de
un m o d o p e r fe c ta m e n te c o n c r e to en su o p o s ic ió n a la diké, y lim it a ­
da a la e s fe r a te r r e s tr e del d erecho, se e x tie n d e , de p ro n to , a la
e s fe r a r e li g i o s a . C om prende ah ora la pleonexia del h om bre fr e n t e
a la d iv in id a d . E s te nuevo co n cep to d e la hybris se c o n v ie r t e en la
e x p r e s i ó n c lá s i c a d e l s e n t im ie n t o r e l i g i o s o e n e l t i e m p o d e lo s t ir a n o s .
É s ta e s la s i g n i f i c a c i ó n con que ha p asado la p a l a b r a a n u e stro le n ­
g u a je . E s ta c o n c e p c i ó n , j u n t o c o n la id e a d e la e n v id ia d e lo s d io s e s ,
ha d e te r m in a d o del m o d o m ás v ig o r o so d u ra n te la r g o t i e m p o la s re­
p r e s e n t a c io n e s e s e n c ia le s en la s m ás a m p li a s e s fe r a s de la r e lig i ó n
g r ie g a , La fo rtu n a de lo s m o r t a le s es m u d a b le com o lo s d ía s . No
d e b e , p o r t a n t o , e l h o m b r e a s p ir a r a lo m á s a lt o .
S in e m b a r g o , la n e c e s id a d hum ana de fe lic id a d h a lla una s a lid a
a e s ta t r á g ic a c o m p r o b a c i ó n e n e l m u n d o d e s u i n t i m i d a d , y a e n la e n a ­
je n a c ió n de la bo rrach era d io n is ia c a , que se m u e stra com o el c o m ­
p le m e n t o d e la m e d id a y e l r i g o r a p o lí n e o s , ya en la cr e e n cia ó r fic a
d e q u e “ a lm a ” e s la p a r t e m e j o r del h o m b re y se h a lla d e t e r m in a d a
al m á s a lt o y p u r o d e s t in o . L a s o b r ia m ir a d a d e l e s p ír it u d e i n v e s t i ­
g a c ió n o fre c e al h o m b r e , en la p r o fu n d id a d d e la n a t u r a le z a , e l e s ­
p e c t á c u lo d el d e v e n ir y e l p e r e c e r in c e s a n t e , g o b e r n a d o p o r u n a le g a ­
lid a d u n iv e r s a l in d if e r e n t e al h om bre y a su d e s t in o in s ig n ific a n te
y q u e t r a s c ie n d e , c o n s u fé r r e a “ j u s t i c i a ” , s u b r e v e fe lic id a d . D e ahí
que s u r ja en el co ra zó n hum ano, com o una fu e r z a in t e r i o r que se
opone a e s ta d u r a v e r d a d , la c r e e n c i a e n s u d e s t in o d iv in o . E l a lm a ,
in a c c e s ib le a l c o n o c i m i e n t o n a t u r a l, se m u e s t r a e n e s te m u n d o i n h o s p i ­
t a la r i o c o m o u n e x t r a n j e r o a n h e la n t e d e s u p a t r i a e te r n a . L a fa n ta s ía
de lo s s im p le s p in t a la im a g e n de una v id a fu tu r a en el m ás a llá
com o una v id a de goces s e n s ib le s . El e s p ír it u de lo s n o b le s lu c h a
p o r su p r o p ia a f i r m a c i ó n , en m e d i o d el to r b e llin o del m u n d o , c o n la
e s p e r a n z a d e u n a r e d e n c ió n e n la p le n it u d d e s u c a m i n o . A m b o s c o in ­
c id e n , s in em bargo, en la se g u r id a d de su m ás a lt o d e s t in o . Y el
p ia d o s o q u e lle g a a l u m b r a l del o tro m u n d o p r o n u n c ia r á c o m o san to
y señ a d e la fe en que ha fu n d a d o su v id a la in t r é p id a s e n te n c ia :
“ T a m b ié n yo soy d e la r a z a de l o s d i o s e s .” 23 E sta s p a la b r a s se h a ­
lla n i n s c r it a s en lo s p la t o s ó r fic o s de oro que se h a n h a lla d o en la s
tu m b a s d e l su r d e Ita lia , c o m o p a s a p o r te p a r a el v ia je al o tro m u n d o .
El co n ce p to del a lm a de lo s ó r fic o s fu e un p aso e s e n c ia l en el
d e s a r r o llo d e la c o n c ie n c ia p erson al h u m a n a. S in él n o h u b ie r a s id o

23 D m .s , VoTSokratiker (5* ed.) i, 15 ( O r f e o , frags. I7ssJ.


LA FILOSOFÍA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 167
p o s ib le p e n s a r la c o n c e p c ió n p la t ó n ic a y a r is t o t é lic a de la d iv in id a d
d e l e s p ír it u n i la d is t in c ió n e n tr e e l h o m b r e p u r a m e n t e s e n s ib le y el
p r o p i o y o q u e c o n s t it u y e s u p le n a v o c a c i ó n . B a s ta p e n s a r e n un filó ­
so fo com o E m p é d o c le s , i m p r e g n a d o d e la c o n c e p c ió n ó r f i c a d e la d i ­
v in id a d , para d em o stra r la p r o fu n d a y p e r s is te n te a fin id a d de la
nueva r e li g i ó n con lo s p r o b le m a s d e l p e n s a m ie n t o filo s ó fic o que se
o fr e c e n , p o r p r im e r a v e z , a n te t o d o en P itá g o r a s . E m p é d o c le s g lo r i­
fic a a P itá g o r a s en su p o e m a ó r f i c o , la s “ P u r i f i c a c i o n e s ” . En Em pé­
d o c le s se c o m p e n e t r a n la s c r e e n c ia s ó r f i c a s s o b r e e l a lm a y la f i lo s o f í a
n a t u r a l d e lo s jo n io s . S u s ín t e s is nos m u e stra de un m odo m uy sig ­
n ific a tiv o cóm o am bas d o c t r in a s se unen y s e c o m p le m e n t a n en u n a
y la m is m a p erson a. S í m b o lo de e s ta u n ió n c o m p le m e n t a r i a es la
im a g e n d el a lm a , a r r o ja d a y lle v a d a d e a c á p a r a a llá e n e l t o r b e lli n o
d e l o s e le m e n t o s : el a i r e , e l a g u a , la tie r r a y el fu e g o la i m p e le n y
la la n z a n s in c e s a r d e l u n o a l o t r o . “ A s í so y y o , c o m o u n d esterra d o
d e D i o s q u e v a g a d e a c á p a r a a l l á .” 24 E l a lm a n o h a lla s u lu g a r a d e ­
c u a d o e n e l m u n d o d e la f i l o s o f í a n a t u r a l. P e r o se s a lv a m e d ia n t e la
c e r te z a r e li g i o s a de sí m ism o . S ó lo cu an d o, com o en H e s ío d o , se
v i n c u la al p e n s a m ie n to filo s ó fic o del co sm os, h a lla s a t is f a c c i ó n e s ta
n e c e s id a d m e t a f í s i c a d e l h o m b r e r e l i g i o s o .
Con el se g u n d o d e lo s g r a n d e s e m ig r a d o s jó n ic o s q u e h a lla r o n s u
cam po de a c c ió n en e l o c c id e n t e del m undo h e lé n i c o , J e n ó fa n e s de
C o l o f ó n , a b a n d o n a m o s la lín e a d e lo s p e n s a d o r e s r ig u r o s o s . La filo ­
s o fía n atu ra l m ile s ia se o r ig in a en la in v e s t i g a c i ó n p u ra . Cuando
A n a x i m a n d r o h a c e a c c e s ib le su d o c tr in a en fo rm a de un lib r o , d es­
tin a ya s u e s p e c u la c ió n a la p u b lic id a d . P itá g o r a s es el fu n d a d o r d e
u n a s o c i e d a d c u y o f i n e s la r e a liz a c ió n d e la s p r e s c r ip c io n e s d e l m a e s ­
tro . A m b o s r e p r e s e n t a b a n u n e s fu e r z o e d u c a d o r m u y a l e j a d o d e la p u r a
t e o r ía filo s ó fic a . P ero é s to s p e n e tra ro n ta n p ro fu n d a m e n te , co n sus
e r ít ic a s , en to d a s la s c o n c e p c io n e s g e n e r a lm e n t e a c e p ta d a s, que era
im p o s ib le s e p a r a r la s d e l r e s to d e la v id a e s p ir it u a l. La filo s o fía na­
tu r a l r e c i b i ó la s in c i t a c io n e s m ás f e c u n d a s d e lo s m o v i m i e n t o s p o l í t i ­
cos y s o c ia le s c o n t e m p o r á n e o s y d e v o l v i ó , e n m ú lt ip le s f o r m a s , l o r e ­
c ib id o . J e n ó fa n e s es un p o e ta . Con é l, el e s p ír it u filo s ó fic o to m ó
p o s e s ió n d e la p o e s í a . E sto es el s ig n o in e q u ív o c o d e q u e e l e s p ír it u
filo s ó fic o c o m ie n z a a c o n v e r t ir s e en una fu e r z a educadora, pues la
p o e s ía s ig u e s ie n d o com o s ie m p r e la e x p r e s ió n a u t é n tic a de la c u l­
tu r a y de la e d u c a c ió n de la n a c ió n . El im p u ls o que m o v ió a la
filo s o fía a ad o p ta r la fo r m a p o é tic a m u e stra de un m odo e v id e n te
su t e n d e n c ia a a p o d e r a r s e d e la a c c ió n h u m a n a e n s u t o t a li d a d e n la
v id a in t e le c tu a l y s e n t im e n t a l, y su a s p ir a c ió n a e je r c e r un d o m in io
e s p ir it u a l. La nueva p ro sa jo n ia e x tie n d e su d o m in io s ó lo g r a d u a l­
m e n t e , y , p o r h a lla r s e e x p r e s a d a e n u n d ia le c t o l i m i t a d o a u n c ír c u lo
r e d u c i d o , n o a d q u i e r e n u n c a la r e s o n a n c ia d e la p o e s í a que se s ir v e
d el le n g u a je d e H o m e r o y e s , p o r c o n s i g u i e n t e , p a n -h e lé n ic a . P a n -h e -

24 E mpédocles , frag. 115, 13.


168 LA PRIMERA GRECIA
lé n i c o e s t a m b i é n e l i n f l u j o a q u e a s p ir a e l p e n s a m ie n t o d e J e n ó f a n e s .
I n c lu s o un p en sad or a b stra c to y rig u r o so com o P a rm é n id e s, o un
filó s o fo n atu ra l c o m o E m p é d o c le s , a d o p ta n la fo rm a h e s ió d ic a d e la
p o e s ía d id á c tic a . A caso fu e r o n a n im a d o s a e llo por el e je m p l o de
J e n ó fa n e s q u e , a u n q u e n o era un verdadero p e n s a d o r n i e s c r ib ió ja ­
m ás un poem a d i d á c t i c o s o b r e la n a t u r a le z a , c o m o con f r e c u e n c ia se
ha d ic h o , fu e uno d e lo s in i c i a d o r e s de la e x p o s ic ió n p o é tic a de la
d o c t r i n a f i l o s ó f i c a .25 En s u s e le g í a s y e n s u s silloi, u n a n u ev a fo r m a
d e p o e s ía s a tír ic a , p o p u la r iz a lo s p u n to s d e v ista de la fís ic a jó n ic a
y e m p r e n d e u n a l u c h a a b ie r t a c o n t r a e l e s p ír it u d e la e d u c a c ió n do­
m in a n te .
La e d u c a c ió n y la c u lt u r a p roced en an te to d o de H om ero y de
H e s ío d o . J e n ó fa n e s m is m o d ic e que to d o s han a p r e n d id o , d esd e un
p r in c ip io , d e H o m e r o .26 H om ero c o n s t it u y e , p o r c o n s i g u i e n t e , e l c e n ­
tro d e su s a ta q u e s e n s u lu c h a p o r la n u e v a e d u c a c i ó n . La filo s o fía
h a s u s t i t u id o a la i m a g e n del m u n d o de H o m e r o m e d ia n t e una e x p li­
c a c ió n n a tu ra l y le g a l . L a fa n ta s ía p o é tic a d e J e n ó fa n e s se c o n m u e v e
a n t e la grandeza de e s ta nueva c o n c e p c ió n del m u n d o . S ig n ific a el
r o m p im ie n to con e l p o lite ís m o y el a n tr o p o m o r fis m o del m u n d o de
l o s d i o s e s q u e — s e g ú n la s c o n o c i d a s p a l a b r a s d e H e ró d o to — crearon
p a r a lo s g r ie g o s H om ero y H e s ío d o . “ H a n a tr ib u id o a lo s d io se s t o ­
d a s la s i n d i g n i d a d e s — e x c la m a J e n ó fa n e s— r o b o s , a d u lt e r i o s y to d a
c la s e d e e n g a ñ o s .” 27 S u c o n c e p t o d e D i o s , q u e o f r e c e c o n e l e n t u s iá s ­
t ic o pathos d e la nueva verdad, c o in c id e con el d e l U n iv e r s o . S ó lo
e x is t e u n D i o s in c o m p a r a b l e c o n l o s m o r t a l e s e n f o r m a y e n e s p ír it u .
E s to d o v is ió n , to d o o íd o , to d o p e n s a m ie n to . S i n e s f u e r z o a l g u n o , s ó lo
m e d ia n t e e l p e n s a m i e n t o , t o d o l o tie n e e n s u p o d e r . No c o r r e s o líc it o
de aquí para a llá com o lo s d io s e s d e la é p ic a . D escan sa in m ó v il en
sí m is m o . E s u n a il u s i ó n d e lo s h o m b r e s p e n s a r q u e l o s d i o s e s n a c e n
y t ie n e n f o r m a y v e stid o s h u m a n o s . S i lo s b u e y e s , lo s c a b a llo s y lo s
le o n e s t u v ie r a n m anos y p u d ie r a n p in ta r com o lo s h om bres, p in ta ­
r ía n a su s d io s e s con cu erp o s y fig u r a s a n á lo g o s a lo s su yos, com o
bueyes y c a b a llo s . Los n egros creen en d io s e s c h a to s y n egros, lo s
t r a c i o s e n d i o s e s d e o j o s a z u le s y c a b e lle r a s r o j a s .28 T o d o s lo s f e n ó ­
m enos del m undo e x te r io r , que lo s h om bres a tr ib u y e n a la a c c ió n
d e l o s d i o s e s , a n t e l o s q u e t i e m b la n , d e s c a n s a n e n c a u s a s n a t u r a le s . El
arco ir is es s ó lo una nube c o lo r e a d a ; el m ar, el sen o m a te rn o de
t o d a s la s a g u a s , v i e n t o s y n u bes. “ Todos hem os n a c id o d e la t ie r r a
y e l a g u a .” “ Todo c u a n t o d e v ie n e y c r e c e , e s t ie r r a y a g u a .” “ Todo

25 No trataré aquí de la relación de Jenófanes con Parménides. Pienso tra­


tarlo pronto en otro lugar. K. R einhardt , en su Parménides (Bonn, 1916) refu­
ta la opinión ordinaria según la cual Jenófanes es el fundador del eleatismo. Sin
embargo, no me parece estar en lo cierto al considerarlo como discípulo de Par­
ménides. Su filosofía popular no parece tener a la vista ningún sistema deter­
minado, como tampoco su doctrina de la divinidad del todo. Para el problema
del poema didáctico, cf. B urnet, ob. cit., p. 102.
J enófanes , frag. 9 Diehl. 27 Frags. 10-11. 28 Frag. 19-22, 12-14.
LA FILOSOFIA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 169
p r o v ie n e d e la tie r r a y t o d o r e to r n a a e ll a .” L a c u ltu r a n o e s u n d o n
d e l o s d io s e s a lo s m o r t a l e s , c o m o e n señ a el m ito . L o s h o m b re s m is­
m os lo han h a lla d o to d o m e d ia n t e su s e s fu e r z o s in q u i s id o r e s y m e­
d ia n t e e llo s l o v a n c o m p le m e n t a n d o .29
E n t r e t o d a s e s ta s id e a s n o h a y una s o la nueva. A n a x im a n d r o y
A n a x ím e n e s n o h a n p e n s a d o , e n p r in c ip io , otra cosa. S o n lo s v e r d a ­
deros cread ores d e e s ta c o n c e p c ió n n a t u r a lis t a del m u n d o . P ero Je-
n ó fa n e s es su e n c e n d id o cam peón y h e r a ld o . La recoge no s ó lo con
e l ím p e t u q u e a s p ir a a a n i q u i la r t o d o lo a n t i g u o , s i n o t a m b i é n c o n la
fu erza cr e a d o ra d e n u e v o s v a lo r e s r e lig io s o s y m o r a le s . S u m o fa co­
r r o s iv a sob re la in s u f ic ie n c ia de la iir ia g e n h o m é r ic a del m undo y
de lo s d io s e s , lle v a c o n s ig o la c o n s t r u c c ió n de una nueva c r e e n c ia
m á s d ig n a . L a a c c ió n d e c id i d a d e la s n u e v a s v e r d a d e s s o b r e la v id a
y la s c r e e n c i a s d e l o s h o m b r e s c o n s t it u y e e l f u n d a m e n t o d e u n a n u e v a
e d u c a c ió n . E l c o s m o s d e la f i l o s o f í a n a t u r a l s e c o n v ie r t e , p o r u n m o ­
v i m i e n t o d e r e v e r s ió n d e l d e s e n v o lv im ie n t o e s p ir it u a l, e n e l p r o t o t ip o
d e la eunomia d e la s o c i e d a d h u m a n a . L a é tic a d e la c i u d a d h a lla e n
e lla s u r a íz m e t a f í s i c a .
J e n ó fa n e s e s c r ib ió , adem ás de su s poem as filo s ó fic o s , un poem a
é p ic o , “ La fu n d a c ió n de C o lo fó n ” , y una “ F u n d a c ió n de la c o lo n ia
de E le a ” . En el p r im e r o , e ste h om bre in q u i e t o , que a la edad de
9 2 a ñ o s e s c r i b e u n p o e m a e n e l c u a l c o n t e m p la u n a v i d a d e 6 7 a ñ o s 30
d e p e r e g r i n a c i o n e s s in d e sc a n so , in ic ia d a p r o b a b le m e n t e con la s e m i ­
g r a c io n e s d e C o lo f ó n a la I t a lia m e r i d i o n a l , c o n s a g r a u n m o n u m e n to
a su a n t ig u a p a tr ia . A caso haya to m a d o p a r te p e r s o n a lm e n t e en la
fu n d a c ió n d e E le a . S in e m b a r g o , e n e s to s p o e m a s d e a p a r ie n c ia im ­
person al el s e n t im ie n t o p erson al to m a una p a r te m ucho m ayor de
lo que era u s u a l. Los poem as filo s ó fic o s han n a c id o ín t e g r a m e n t e
d e la e x p e r ie n c ia p e r s o n a l d e la s n u e v a s d o c t r in a s p r o f u n d a m e n t e c o n ­
m ovedoras, q u e h a tr a íd o c o n s ig o del A s ia M enor a la s r e g io n e s de
S i c i l i a y la M agna G r e c ia . Se h a c o n s id e r a d o a J e n ó fa n e s c o m o un
ra p so d a q u e re cita b a a H o m e r o e n la p la z a p ú b lic a y d e c ía en c ír c u ­
l o s l i m i t a d o s s u s s á t ir a s c o n t r a H o m e r o y H e s í o d o . E ll o s e a v ie n e m a l
con la u n id a d d e su p e r s o n a li d a d , que im p r im e su s e llo in e q u ív o c o
e n to d a s la s p a la b r a s q u e d e é l se h a n c o n s e r v a d o . É s ta d e s c a n s a e n
u n a m a la in t e r p r e t a c ió n d e la t r a d i c i ó n . C o m o m u e stra su g ra n poe­
m a d e l B a n q u e t e , e x p u s o su s p o e m a s a la p u b l i c i d a d de s u t i e m p o .31
E s la im a g e n s o le m n e d e l sim p o s io a r c a ic o , lle n o t o d a v í a d e la m ás
p r o fu n d a c o n s a g r a c ió n r e lig i o s a . Los m ás pequeños d e ta lle s d e l c u l­
to s e h a lla n r e v e s t id o s e n e l r e la t o d e l p o e m a d e la m á s a lta s ig n ifi­
c a c ió n y n o b le z a . E l b a n q u e te es to d a v ía e l lu g a r donde se r e fie r e n
la s m á s a lta s t r a d ic io n e s r e la t iv a s a lo s g r a n d e s h e c h o s d e lo s d io s e s
y d e lo s p r o t o t i p o s d e la s v ir tu d e s h u m a n a s . O rdena e l p o e m a c a lla r
la s d is e n s io n e s v e r g o n z o s a s d e l o s d io s e s y la s lu c h a s d e lo s t it a n e s ,
g ig a n te s y ce n ta u ro s, in v e n c io n e s de lo s tie m p o s pasados, que otro s

29 Frags. 23-29; 16 Diehl. 30 Frag. 7. 31 Frag. 1 Diehl.


170 LA PRIMERA GRECIA
c a n to r e s g u s t a n d e e n s a lz a r e n lo s b a n q u e t e s . E s p r e c is o ta n s ó l o h o n ­
r a r a lo s d i o s e s y g u a r d a r v i v a la m e m o r i a d e la v e r d a d e r a arete. En
o t r o s p o e m a s n o s d i c e q u é e s l o q u e e n tie n d e p o r h o n r a r a lo s d io s e s .
D e sta c a m o s s ó lo e s ta d e c la r a c ió n que d em u estra q u e la c r ít ic a d e la
r e p r e s e n t a c ió n tr a d ic io n a l d e lo s d io s e s , que s e h a lla en lo s p o e m a s
q u e se han c o n serv a d o , era p o e s ía d e b a n q u e te . Se h a lla p e n e tra d o
d e l e s p ír it u e d u c a d o r d e lo s s im p o s i o s a r c a i c o s . C o n la id e a d e la arelé,
q u e e n c u e n tr a a q u í s u a t e n c ió n m á s c u m p l i d a , s e h a lla en ín tim a re­
la c i ó n la nueva y p u ra m an era de h on rar a lo s d io s e s y el c o n o c i­
m ie n to del ord en e te rn o d el u n iv e r s o . P ara é l, la verdad filo s ó fic a
e s la g u í a d e la v e r d a d e r a areté hum ana.
Un segundo gran poem a r e la t iv o al m ism o p r o b le m a es p r e c is o
m e n c io n a r a q u í. En él se m u e s tr a J e n ó fa n e s com o lu c h a d o r a p a s io ­
n ad o p ara d a r v a lid e z a s u n u e v o c o n c e p t o d e la areté.32 E s te p o e m a
es un d o cu m en to d e p r im e r ra n go para la h is to r ia d e la e d u c a c ió n .
N o p o d e m o s , p o r ta n to , d e ja r d e c o n s i d e r a r lo co n to d o d e t e n i m ie n t o .
N os tr a n sp o rta a un m undo f u n d a m e n t a lm e n t e d is t in t o del que nos
o f r e c e la p a t r ia j ó n i c a d el p o e ta , e stru ctu ra d a d e a c u e r d o c o n la s a n ­
tig u a s tr a d ic io n e s a r is t o c r á t ic a s . E l id e a l c a b a lle r e s c o del h o m b re de
la s o lim p ia d a s se m a n t e n ía in c o n m o v ib le , com o lo m u e stra n de un
m odo lu r ñ in o s o la s c a n c i o n e s c o r a le s d e P ín d a r o , c o n te m p o r á n e a s de
J e n ó fa n e s, p e r o t e n d ía n g r a d u a lm e n t e a perder su v ig o r . J e n ó fa n e s
ha s id o lle v a d o , p o r la ir r u p c i ó n d e lo s m e d a s en el A s ia M enor y
la c a í d a d e s u p a t r i a , a l m u n d o d e l o c c id e n t e g r i e g o , q u e le e s e s e n ­
c ia lm e n t e e x tr a ñ o . Á p esar de lo s s ie te d e c e n io s de su m ig r a c ió n
j a m á s p u d o e c h a r r a íc e s e n é l. E n t o d a s la s c i u d a d e s g r ie g a s e n q u e
e n tr ó fu e r o n a d m ir a d o s su s versos y o íd a s su s n u e v a s d o c t r in a s c o n
asom bro. C o m í a e n la m e s a d e l o s r i c o s y d e la s p e r s o n a li d a d e s e m i ­
n e n te s , c o m o l o m u e s t r a la a n é c d o t a d e s u i n g e n i o s a c o n v e r s a c i ó n c o n
el tir a n o H ie r ó n d e S ir a c u s a . P ero n o h a lló j a m á s e n a q u el a m b ie n ­
te la e s t i m a c i ó n in t e lig e n t e n i la a lt a c o n s i d e r a c i ó n s o c i a l q u e o b t u v o
e n su p a tr ia jo n ia : p e r m a n e c ió s o lo .
En p a rte a lg u n a de la h is to r ia de la c u lt u r a g r ie g a vem os de
m o d o ta n c l a r o e l c h o q u e v i o le n t o e i n e v it a b le e n tr e la a n t ig u a c u ltu r a
a r is t o c r á t ic a y lo s h om bres de la nueva filo s o fía , que lu c h a n a q u í,
por p r im e r a vez, p ara c o n q u is ta r su lu g a r en la so c ie d a d y en el
e s t a d o e i r r u m p e n c o n u n id e a l d e f o r m a c i ó n h u m a n a q u e e x i g e e l r e ­
c o n o c im ie n to u n i v e r s a l. D e p o r te o e s p ír itu : ta l e s el d ile m a en que
d escan sa to d a la v io le n c ia del c o n flic to . P arece que lo s a t a c a n te s
d e b ía n c a e r v e n c i d o s a n t e l o s in f l e x i b l e s m u r o s d e la t r a d i c i ó n . P ero
s u g r i t o d e c o m b a t e r e s o n ó c o n e l j ú b i l o d e la v i c t o r i a . E l d e s a r r o llo
p o s t e r i o r d e la h i s t o r i a o t o r g a la r a z ó n a la se g u r id a d de su ad e m á n .
H an d e s t r u id o e l d o m i n i o a b s o l u t o d e l id e a l a g o n a l. N o es p o s ib le y a
que J e n ó fa n e s vea, com o P ín d a r o , en cada v ic to r ia o lím p ic a , en
la p a le s t r a o en el p u g ila to , en la s carreras a p ie o a c a b a llo , la

32 Frag. 2.
LA FILOSOFIA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 171
r e v e la c ió n d e la d i v i n a arete del v e n c e d o r. “ L a c iu d a d c o lm a a lo s v e n ­
c e d o r e s e n la s lu c h a s d e h o n o r e s y p r e s e n te s y , s in e m b a r g o , n in g u n o
d e e llo s e s ta n d i g n o c o m o y o — e x c la m a — , p u e s m e j o r q u e la f u e r z a d e
lo s hom bres y de lo s c a b a llo s es n u e s tr a sa b id u r ía . S ó lo una f a ls a
c o stu m b re nos p e r m it e ju z g a r a s í. No es ju s t o p r e fe r ir la s im p le
fu erza co rp oral a la s a b id u r ía . No porque una c iu d a d c u e n te e n tr e
su s c iu d a d a n o s un lu c h a d o r p r o m in e n t e o un vencedor en el penta-
thlon o e n la p a le s t r a , se h a lla p o r e llo e n el o r d e n j u s t o (su v o | i,ír]).
Y por m ucha q u e s e a s u a le g r ía p o r la v ic to r ia , no por e llo lle n a r á
s u s g r a n e r o s .”
E s ta f u n d a m e n t a c i ó n d e l v a lo r d e l c o n o c i m i e n t o filo s ó fic o es p a ra
n o so tro s so rp re n d e n te. P ero m u e s tr a con nueva y p od erosa c la r id a d
q u e la polis y su s a lu d s e g u ía s ie n d o la m e d i d a d e t o d o s l o s v a lo r e s .
En e s te p u n t o d e b ía fu n d a rse J e n ó fa n e s si q u e ría c o n s e g u ir el reco­
n o c im ie n to de la su p e r io r id a d del h om b re filo s ó fic o sob re el id e a l
h u m a n o t r a d i c i o n a l. N o s recu erd a a q u el p o e m a d e T ir te o en q u e p r o ­
c la m a la s u p e r i o r i d a d e v id e n te de la v i r t u d e s p a r t a n a — el v a lo r g u e ­
rrero— fr e n te a t o d a s la s dem ás p r e e m in e n c ia s hum anas y e s p e c ia l­
m e n te f r e n te a la s v i r t u d e s a g o n a le s de la s o lim p ia d a s . “ E sto es un
b ie n com ún para to d a la c i u d a d ” , d ic e , y , p o r p r im e r a vez, le v a n t a
e n e s to s v e r s o s e l e s p ír it u de la é tic a p o lí t i c a fre n te al a n tig u o id e a l
c a b a lle r e s c o . M á s ta rd e , c u a n d o el e sta d o d e d e r e c h o su stitu y e al a n ­
t i g u o e s t a d o , e n n o m b r e d e la polis, s e e s t im a la j u s t i c i a c o m o la m á s
a lta v irtu d . En n om bre de lapolis p r o c la m a ah ora J e n ó fa n e s su
nueva fo r m a de arete-, la e d u c a c ió n e s p ir it u a l ( aoqpírj) . É s ta se le ­
v a n ta s o b r e t o d o s lo s id e a le s a n t e r io r e s y lo s s u p e r a o lo s s u b o r d in a .
E s la f u e r z a d e l e s p ír it u , q u e c r e a e n e l e s t a d o e l d e r e c h o y la l e y , e l
orden ju s t o y e l b ie n e s t a r . J e n ó f a n e s h a t o m a d o , c o n p le n a c o n c ie n ­
c ia , com o m o d e lo la e le g í a de T ir te o , que es fo rm a adecuada para
v e r te r en e lla lo s nuevos c o n t e n id o s de su p e n s a m i e n t o .33 Con e ste
e s t a d io a lc a n z a s u t é r m in o la e v o lu c ió n d e l c o n c e p t o d e la arete: va­
l o r , p r u d e n c ia y ju s tic ia ; y , f in a lm e n t e , s a b i d u r í a : ta le s s o n la s cua­
l id a d e s q u e t o d a v í a para P la t ó n c o n s t it u y e n e l c o n t e n id o d e la arete
c iu d a d a n a . E n la e le g í a d e J e n ó fa n e s a p a r e c e p o r p r im e r a vez co m o
una e x ig e n c ia la nueva “ v irtu d d el e s p ír itu ” , q u e h a b r á d e ju g a r un
p a p e l ta n im p o r t a n t e e n la é tic a f i l o s ó f i c a . La filo s o fía tie n e su im ­
p o r t a n c ia para el h o m b r e , es d e c ir , para la c iu d a d . Se ha dado el
p a s o q u e c o n d u c e d e la p u r a in t u ic ió n d e la v e r d a d a la c r ít ic a y d i ­
r e c c ió n d e la v i d a h u m a n a .
J e n ó fa n e s n o es un p e n sa d o r o r ig in a l. P e r o es u n a fig u r a de im ­
p o r t a n c ia e n la h i s t o r i a d e l e s p ír itu d e su tie m p o . C o n é l se a b r e e n
la h is t o r i a d e G r e c ia e l c a p í t u lo r e la t iv o a la f i l o s o f í a y la f o r m a c i ó n
del h o m b re . T o d a v ía E u r íp id e s c o m b a t e la e s t im a c ió n tr a d ic io n a l d el
a t le t is m o e n tr e lo s g r ie g o s con arm as to m a d a s de J e n ó fa n e s, y la
c r ític a d e P la t ó n sob re e l v a lo r e d u c a tiv o de lo s m it o s h o m é r ic o s se

38 C f. mi T y rta io s, S i t z . B e r l . A k a d . , 1932, p. 557.


172 LA PRIMERA GRECIA
m u e v e en la m i s m a lín e a . P a r m é n id e s de E le a c u e n ta e n tr e lo s p e n ­
sad o res de m ás a lt o ran go. P ero su im p o r ta n c ia en la h is to r ia de
la e d u c a c ió n y de la f o r m a c i ó n hum ana s ó lo p uede ser e s t im a d a en
c o n e x ió n con la h is t o r i a de la a m p li a y fe c u n d a in f lu e n c ia de su s
id e a s f u n d a m e n t a le s . Lo en co n tra m o s de n u e v o en to d o s lo s e s t a d io s
de la e v o lu c ió n d e la c u ltu r a g r ie g a y aún hoy se nos o fre c e com o
p r o to tip o de una a c tit u d f i lo s ó f i c a p eren ne. Al la d o de la filo s o fía
n a t u r a l d e lo s j o n i o s y d e la s e s p e c u la c io n e s p i t a g ó r i c a s s o b r e lo s n ú ­
m eros, ap arece c o n él u n a n u e v a fo r m a f u n d a m e n t a l d e l p e n s a m ie n t o
g r ie g o , cuya im p o r ta n c ia tr a s p a s a lo s lím it e s d e la filo s o fía para pe­
n e tr a r p r o f u n d a m e n t e e n la t o t a lid a d d e la v id a e s p ir itu a l: la l ó g i c a .
E n la a n t ig u a f i l o s o f í a n a t u r a l r i g e n o tr a s f u e r z a s : la f a n t a s ía d i r i g i d a
y c o n t r o la d a p o r e l in t e le c to q u e , d e a c u e r d o c o n el e m in e n t e s e n t id o
p lá s t ic o y a r q u it e c t ó n i c o d e lo s g r i e g o s , tr a ta de a r t ic u la r y orden ar
el m u n d o s e n s ib le y u n p e n s a m ie n t o s i m b ó l i c o q u e in t e r p r e t a la e x i s ­
te n c ia no hum ana a p a r t ir d e la v i d a h u m a n a .
El u n iv e r s o de A n a x im a n d r o es una im a g e n s e n s ib le e in t u itiv a
d el d e v e n ir y el p e r e c e r c ó s m ic o s , so b r e cuyas o p o s ic io n e s y c o n tie n ­
d a s se a f i r m a com o sob era n a la e te r n a diké. E l p e n s a m ie n t o r a c io n a l
e s c o m p le t a m e n t e a j e n o a é l.34 L a s p r o p o s ic io n e s d e P a r m é n id e s c o n s ­
t it u y e n u n a tra m a r ig u r o s a m e n t e l ó g i c a , i m p r e g n a d a d e la c o n c ie n c ia
d e la fu e r z a c o n s t r u c t iv a d e la c o n s e c u e n c ia d e la s id e a s . No es u n a
c a s u a li d a d que lo s fra g m e n to s con servad os de su ob ra c o n s t it u y a n
la p r im e r a s e r ie de p ro p o s ic io n e s f i lo s ó f i c a s de a m p lio c o n t e n id o y
rig u r o sa m e n te c o n e c ta d a s que nos ha le g a d o el i d i o m a g r ie g o . S ó lo
es p o s ib le c o m p r e n d e r y e x p r e s a r e l s e n tid o de a q u e l p e n s a m ie n t o si
s e g u im o s su m arch a d in á m ic a . No e s la im a g e n e s tá t ic a , que es su
p r o d u c t o in m e d i a t o . L a fu e rz a c o n q u e P a r m é n id e s e x p o n e a su s o y e n ­
te s su s d o c t r in a s f u n d a m e n t a le s no p rocede de una c o n v ic c ió n dog­
m á t ic a , s in o del tr iu n fo de la n e c e s id a d del p e n s a m ie n t o . T a m b ié n
para P a r m é n id e s es el c o n o c im ie n to una a b s o lu t a ananké y lo deno­
m in a ta m b ié n diké o moira, e v id e n t e m e n t e b a j o el in flu jo de A n a x i­
m andro. E lla c o n s t it u y e e l m á s a lt o f i n a q u e p u e d e a s p ir a r la in v e s ­
tig a c ió n h u m a n a . P ero c u a n d o h a b la d e la diké q u e m a n t ie n e el S er
f i j o e n s u s l ím it e s y s in p o s i b i li d a d a lg u n a d e d i s o lu c i ó n , d e ta l m o d o
q u e n o p u e d a y a d e v e n i r n i p e r e c e r , e llo n o s in d ic a q u e s u diké tie n e
una fu n c ió n o p u e s ta a la de A n a x im a n d r o , que se m a n ifie s ta en el
d e v e n i r y p e r e c e r d e la s c o s a s . La diké d e P a r m é n i d e s , q u e m a n t ie n e
a p a rta d o d el S er to d o d e v e n i r y t o d o p e r e c e r y lo s o s t ie n e p e r s is te n te
e in m ó v il en sí m i s m o , e s la n e c e s id a d i m p líc it a en el c o n ce p to del
S e r , in t e r p r e t a d a c o m o “ a s p ir a c i ó n d e l S e r a la j u s t i c i a ” . E n la s f r a ­
se s in s is t e n t e m e n t e r e p e t i d a s : el S e r e s , N o -s e r no es; lo que es, no3

3i E n c a m b io , K. R e in h a r d t , e n s u lib r o sobre P a rm é n id e s , al cu al debo yo


m u ch o, ve en la d e a ..c c ió n que r e a liz a A n a x im a n d r o de lo s p r e d ic a d o s “ in m o r ­
ta l” e “ im p e re c e d e r o ” , a p a r tir de la e s e n c ia del a p eiron , e l p r in c ip io del des­
a r r o llo p u ra m en te ló g ic o de lo s p r e d ic a d o s del Ser de P a rm é n id e s .
LA FILOSOFÍA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 173
p u e d e n o se r , lo q u e n o e s , n o p u e d e s e r , e x p r e s a P a r m é n i d e s la n e c e ­
s id a d d e l p e n s a m ie n t o , de la cual su rge la im p o s ib ilid a d de r e a liz a r
la c o n tr a d ic c ió n ló g ic a en el c o n o c im ie n to .
E s ta c o n s t r ic c ió n de lo a p r e n d id o en el p u ro p e n s a m ie n t o es el
gran d e s c u b r i m ie n t o que d o m in a to d a la filo s o fía e le á t ic a . É l d eter­
m i n a la f o r m a p o l é m i c a d e n t r o d e la c u a l se d e s a r r o lla s u p e n s a m ie n t o .
Lo que para n o so tr o s ap arece en su s p r o p o s ic io n e s f u n d a m e n t a le s
c o m o e l d e s c u b r i m ie n t o d e u n a le y l ó g i c a , e s p a r a é l u n c o n o c i m i e n t o
o b je t i v o y d e c o n t e n id o q u e lo p o n e e n c o n f l i c t o c o n t o d a la f i l o s o f í a
n a t u r a l a n t e r io r . S i es v e r d a d q u e el S e r ja m á s n o es y q u e el N o -s e r
j a m á s e s , r e s u lta e v id e n te para P a r m é n id e s que el d e v e n ir y el p e r e ­
cer son im p o s ib le s . La a p a r ie n c ia nos m u e stra , s in em bargo, a lg o
d is t in t o . Los filó s o fo s n a t u r a lis t a s , que c o n fía n c ie g a m e n t e en e lla ,
s o s t ie n e n q u e e l S e r r e s u lta d e l n o se r y se d is u e lv e e n e l n o s e r . Es
la o p in ió n que co m p o rta n , en el f o n d o , t o d o s lo s h om b res. C o n fia ­
m o s e n l o s o j o s y e n l o s o í d o s e n lu g a r d e p r e g u n t a r a l p e n s a m ie n t o ,
el ú n ic o q u e p u e d e c o n d u c i r n o s a la c e r te z a i n f a l i b l e . E l p e n s a m ie n t o
e s la v i s t a y e l o í d o e s p ir it u a l d e l h o m b r e . A q u e ll o s q u e n o lo s ig u e n
so n c o m o c ie g o s y sord os y se p ie r d e n e n c o n t r a d ic c i o n e s s in s a lid a .
N o t ie n e n m á s r e m e d i o q u e a c a b a r p o r a d m i t i r q u e e l S e r y e l N o - s e r
s o n lo m i s m o y al m is m o t ie m p o n o lo s o n . S i d e r iv a m o s el S e r d el
N o -s e r , a c e p ta m o s que su o r ig e n es in c o g n o s c i b l e . Al verdadero co­
n o c im ie n to debe co rresp on d er un o b je t o . A s í, si b u scam os de veras
la verdad, es p r e c is o que nos a p a rte m o s del d ev e n ir y perecer que
condu cen a p r e s u p o s ic i o n e s im p e n s a b le s , y a ten e rn o s al p u ro Ser,
q u e n o s e s d a d o e n e l p e n s a m ie n t o . “ E l p e n s a m ie n t o y e l S e r s o n u n o
y l o m i s m o .”
La gran d i f i c u lt a d del p e n s a m ie n t o p u ro se h a lla en a lc a n z a r
a lg ú n c o n o c i m i e n t o c o n c r e to d el c o n te n id o de su o b je to . P a r m é n id e s
s e n o s m u e s t r a e n lo s f r a g m e n t o s q u e se c o n s e r v a n d e su o b ra e s fo r ­
z á n d o s e e n d e d u c i r u n a s e r ie d e d e t e r m in a c io n e s p r e c is a s d e s u n u e v o
c o n c e p t o r i g u r o s o d e l se r . A e sta s n o t a s q u e se d e s t a c a n e n e l c a m i n o
q u e lle v a a la in v e s t ig a c ió n c o n d u c id a por el p e n s a m ie n t o p u ro, la s
d e n o m in a a t r ib u t o s o c a r a c t e r ís t ic a s del Ser. E l S er es a je n o al de­
v e n i r , in m u t a b le , y , p o r t a n t o , im p e r e c e d e r o , c o m p le t o y ú n i c o , i n c o n ­
m o v ib le , e te rn o , o m n ip r e s e n t e , u n ita r io , co h e re n te , in d iv is ib le , h o m o ­
géneo, ilim ita d o y c o n c lu s o . Es p e r fe c t a m e n t e c la r o que to d o s lo s
p r e d i c a d o s a f i r m a t i v o s y n e g a t iv o s q u e a tr ib u y e P a r m é n id e s a su S er
r e s u lta n d e la c o n t r a p o s i c i ó n a la a n t ig u a filo s o fía n a t u r a lis t a y han
s id o o b t e n id o s g r a c i a s a l a n á lis is c r ític o y rig u r o so d e la s p r e s u p o s i­
c io n e s i m p líc it a s e n e lla . No es é ste e l lu g a r d e m o s t r a r lo d e t a lla d a ­
m e n te . Por d e s g r a c ia , la p o s i b i li d a d de una c o m p r e n s ió n de P arm é­
n id e s s e h a lla li m i t a d a p o r la s la g u n a s d e n u e s tr o c o n o c i m i e n t o d e la s
filo s o fía s m ás a n t ig u a s . Es i n d u d a b le que se r e f ie r e c o n s ta n te m e n t e
a A n a x im a n d r o . Es p r o b a b le que el p e n s a m ie n t o p ita g ó r ic o te n g a
t a m b ié n u n p a p e l m u y im p o r t a n t e e n s u s d is c u s io n e s . P e r o s o b r e e s to
174 LA PRIMERA GRECIA
s ó lo podem os a lc a n z a r c o n je tu r a s . No es p o s ib le in t e n t a r aquí una
in t e r p r e t a c ió n s is t e m á t ic a del e sfu e r z o de P a r m é n id e s para o b te n e r,
d esd e su nuevo p u n to de v ista , una c o n c e p c ió n de c o n ju n to de la
filo s o fía n a t u r a l, n i c o n s id e r a r el d e s a r r o llo d e la s a p o r ía s que h a lla
e l p e n s a m ie n t o e n la p r o s e c u c ió n c o n s e c u e n t e d e s u c a m i n o . C o n e lla s
lu c h a n lo s d i s c í p u l o s de P a r m é n id e s, e n tr e lo s c u a le s tie n e n una im ­
p o r t a n c ia e x c e p c i o n a l Z e n ó n y M e lis o .
El d e s c u b r im ie n to d e l p e n s a m ie n t o p u ro y de su r ig u r o sa n e c e s i­
d a d ap a re ce en P a r m é n id e s c o m o la a p e r t u r a de un nuevo “ c a m in o ” ,
es m á s , d e l ú n ic o c a m in o p r a c t ic a b le p a r a lle g a r a la c o n s e c u c i ó n de
la v e r d a d . D e s d e e ste m o m e n t o a p a r e c e c o n s t a n t e m e n t e la im a g e n del
re cto c a m in o (Ó 8 ó g ) d e la in v e s tig a c ió n . Y aunque de m o m en to se
tr a ta s ó lo de una im a g e n , tie n e ya, s in em bargo, una re s o n a n c ia
te r m in o ló g ic a , e s p e c ia lm e n t e en la c o n tr a p o s ic ió n e n tr e el c a m in o
re cto y e l t o r c i d o , q u e se a p r o x i m a y a a l s e n t id o d e l “ m é t o d o ” . A q u í
tie n e su r a íz e s te c o n c e p t o c ie n tífic o f u n d a m e n t a l. P a r m é n id e s es el
p r im e r p e n sa d o r q u e p la n t e a d e un m odo c o n s c ie n t e el p r o b le m a del
m é to d o c ie n tífic o y el p r im e r o en d is tin g u ir c la r a m e n t e lo s dos ca­
m in o s fu n d a m e n ta le s que h ab rá de s e g u ir la filo s o fía p o ste r io r : la
p e r c e p c ió n y el p e n s a m ie n to . Lo que no conocem os por la v ía del
p e n s a m ie n to es m e ra m e n te “ o p in ió n de lo s h om bres” . Toda sa lv a ­
c i ó n d e s c a n s a e n la s u s t i t u c ió n d e l m u n d o d e la o p i n i ó n p o r e l m u n d o
de la verdad. P a r m é n id e s c o n s id e r a e sta c o n v e r s ió n com o a lg o v io ­
le n t o y d ifíc il, p e r o grande y lib e r a d o r . Da a la e x p o s ic ió n de su
p e n s a m ie n t o un ím p e tu g r a n d io s o y un pathos r e lig io s o que tra sp a sa
lo s l ím it e s de lo ló g ic o y le otorga una e m o c ió n p r o fu n d a m e n te hu­
m ana. Es el e s p e c t á c u lo del h om bre que lu c h a m e d ia n t e el c o n o c i­
m i e n t o , se lib e r t a p o r p r im e r a vez de la s a p a r ie n c ia s s e n s ib le s , d e la
r e a li d a d y d escu b re en el e s p ír it u el órgano para ll e g a r a la com ­
p r e n s ió n d e la t o t a li d a d y d e la u n i d a d d e l S e r . A u n q u e e s te c o n o c i ­
m ie n t o se h a l l e o b s t a c u li z a d o y p e r tu r b a d o por una m u ltip lic id a d de
p r o b le m a s , en é l se r e v e la una fu e r z a fu n d a m e n ta l de la c o n c e p c ió n
del m undo y la fo r m a c ió n del h o m b r e e s p e c ífic a m e n te h e lé n ic o . En
to d o c u a n to e s c r ib ió P a r m é n id e s p a lp it a la e x p e r ie n c ia con m oved ora
de e s ta c o n v e r s ió n de la in v e s t i g a c i ó n hum ana h a c ia el p e n s a m ie n to
p u ro .
E llo e x p lic a la e s tr u c tu r a de su ob ra d iv id id a en d o s p a rte s r í g i­
d a m e n t e c o n t r a p u e s t a s , u n a c o n s a g r a d a a la “ v e r d a d ” y o t r a a la “ o p i ­
n ió n ” . R e s u e lv e ta m b ié n el v ie jo p r o b le m a de com pren der cóm o se
c o m p a g in a la r í g i d a l ó g i c a d e P a r m é n i d e s c o n s u s e n t im ie n t o d e p o e ­
ta . D e c i r m e r a m e n t e q u e e n a q u e llo s t i e m p o s t o d o s l o s t e m a s p o d í a n
s e r tr a t a d o s e n v e r s o s h o m é r i c o s o h e s i ó d i c o s , e s s i m p l i f i c a r e n e x c e s o .
P a r m é n id e s es p o e ta por e l e n t u s ia s t a s e n t im ie n t o con que cree ser
el p o r ta d o r de un n u evo t ip o de c o n o c im ie n to q u e c o n s id e r a , por lo
m enos en p a r te , com o r e v e la c ió n de la V erdad. Es a lg o c o m p le t a ­
mente distinto del atrevido y personal proceder de Jenófanes. El poe•
LA FILOSOFÍA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 175
m a d e P a r m é n i d e s s e h a lla i m p r e g n a d o d e u n o r g u l l o s o c o m e d i m i e n t o .
Y ta n to m ás rig u r o sa e i n e x o r a b le es su e x ig e n c ia , cu a n to que se
s a b e s im p le m e n t e in s t r u m e n t o y s e r v id o r d e u n a f u e r z a m á s a lta q u e c o n ­
te m p la c o n v e n e r a c ió n . En el p r o e m io se h a lla la c o n f e c c i ó n im p e r e ­
ced era de e s ta in s p i r a c i ó n filo s ó fic a . Si lo c o n s id e r a m o s con aten ­
c i ó n , v e r e m o s q u e la i m a g e n d e l “ h o m b r e s a b i o ” q u e c a m i n a h a c ia la
verdad p rocede d e la e s fe r a r e li g i o s a . E l te x to se h a lla d e t e r io r a d o
e n a lg u n o s lu g a r e s d e c is iv o s . P ero creo q u e p o d r ía s e r r e s t i t u id o su
s e n tid o o r ig in a r io . El “ h om b re s a b io ” es la p erson a co n sag rad a a
la c o n t e m p la c ió n d e l o s m i s t e r io s d e la v e r d a d . B a jo e s te s í m b o l o se
c o m p re n d e el n u e v o c o n o c im ie n to d el S e r . E l c a m i n o q u e lo condu ce
“ in t a c t o ” — d ig o yo— a su fin , es el c a m in o d e la s a l v a c i ó n .35 E s ta
t r a d u c c ió n d e l m u n d o d e la r e p r e s e n ta c ió n e n e l l e n g u a j e d e l o s m i s ­
te r i o s , d e c r e c ie n te im p o r t a n c ia e n a q u e lla s a z ó n , e s d e la m ayor im ­
p o r t a n c ia para la c o m p r e n s ió n de la c o n c ie n c ia filo s ó fic a . C uando
s e d ic e q u e e l D i o s y e l s e n t im ie n t o s o n i n d if e r e n t e s p a r a P a r m é n i d e s
a n te e l p e n s a m ie n t o r ig u r o so y su s e x ig e n c ia s , es p r e c is o a ñ a d ir que
e s te p e n s a m ie n t o y la v e r d a d q u e a p r e h e n d e s o n in t e r p r e t a d o s por él
com o a lg o r e lig io s o . E s te s e n t im ie n t o d e s u a lt a m i s i ó n e s lo que le
c o n d u jo e n e l p r o e m i o d e s u p o e m a a d a r n o s la p r i m e r a e n c a r n a c ió n
hum ana d e la f i g u r a d e l f i l ó s o f o , la f i g u r a del “ h o m b re sa b io ” , c o n ­
d u c id o p o r la s h e r m a n a s d e la lu z , d e s d e lo s s e n d e r o s d e lo s h o m b r e s ,
p o r e l d i f í c i l c a m i n o q u e d e s e m b o c a e n la c a s a d e la v e r d a d .
En J e n ó fa n e s la filo s o fía se acerca a la v id a hum ana y ad o p ta
una a c tit u d educadora y p r o g r e s iv a . En P a r m é n id e s v u e lv e e v id e n ­
te m e n te a su a le ja m ie n to o r ig in a r io de la s cosas h u m an as. En su
c o n c e p t o d e l S e r se d e s v a n e c e t o d a e x is t e n c ia p a r t ic u la r y , p o r t a n t o ,
t a m b ié n el h o m b r e . H e r á c lito de É fe s o r e a liz a , en e s te r e s p e c to , la
m á s c o m p le t a r e v o lu c i ó n . L a h is t o r i a d e la f i l o s o f í a lo h a c o n s i d e r a d o
la r g o t ie m p o com o un filó s o fo de la n a t u r a le z a y ha c o lo c a d o su
p r in c ip io o r ig in a r io , el fu e g o , en una m is m a lín e a que el agua de
T a le s y el a ire de A n a x ím e n e s . El sig n ific a tiv o v ig o r de la s m is te ­
rio sa s p r o p o s ic io n e s d e l “ o s c u r o ” , f o r m u la d a s con f r e c u e n c ia en fo r­
ma a fo r ís tic a , d e b ie r a n haber p reservad o ya a lo s h is to r ia d o r e s de
c o n fu n d ir a e ste te m p e ra m e n to d u ra m e n te r e p r im id o con el de un
in v e s tig a d o r ú n ic a m e n t e con sagrad o a la fu n d a m e n ta c ió n de lo s he­
ch os. E n p a rte a lg u n a h a l l a m o s e n H e r á c l i t o la h u e lla d e u n a c o n s i ­
d e r a c ió n p u ra m e n te t e ó r ic a de la s a p a r ie n c ia s ni la som bra de una
t e o r ía p u r a m e n t e f í s i c a . Lo q u e p u d i e r a s e r in t e r p r e t a d o a s í s e h a lla
e n a m p li a c o n e x i ó n c o n u n a m p lio c o n te x to . No c o n s t it u y e u n f i n e n
s í. No cabe duda a lg u n a que H e r á c lito se h a lla b a jo la p od erosa
i n f lu e n c ia d e la f i l o s o f í a n a t u r a l. La im a g e n t o ta l d e la r e a li d a d , el

35 Frag. 1, 3. Se ha observado con frecuencia que el camino de la verdad


conduciendo al hombre sabio “ a través de las ciudades” (xaxá Jlávx’ dcrct)
(pépet el8óxa qpcoxa) es una imagen imposible. La conjetura de WiiLAMOWiTZ
xaxá xávxa xaxq es poco satisfactoria; xaxá Jtávx’ dqivfj es la enmienda que
yo propongo y que fue hallada ya por M e in e c k e , como más tarde he visto.
176 LA PRIMERA GRECIA
c o s m o s , e l in c e s a n te a s c e n s o y d e s c e n s o d e l d e v e n i r y el p e r e c e r , el i n ­
a g o t a b le f o n d o p r i m a r i o , d e l c u a l t o d o s u r g e y a l c u a l t o d o r e t o r n a , e l
cu rso c ir c u la r d e la s f o r m a s s ie m p r e c a m b ia n t e s q u e r e c o r r e c o n s t a n ­
t e m e n te el Ser: to d o e llo c o n s t it u y e en grandes rasgos la base m ás
só lid a d e su p e n s a m ie n to .
P ero así com o lo s m ile s io s , y aun de un m odo m ás rig u r o so su
c o n t r in c a n t e P a r m é n id e s , bu scan una in t u ic ió n o b je t i v a del ser y
d is u e lv e n el m u n d o hum ano e n la im a g e n d e la n a t u r a le z a , e n H erá-
c lit o el c o r a z ó n h u m a n o c o n s t it u y e el c e n tr o s e n tim e n ta l y a p a s i o n a d o
en q u e c o n v e r g e n lo s r a d i o s d e t o d a s la s f u e r z a s d e la n a t u r a le z a . El
cu rso del m u n d o no es p ara él u n e s p e c t á c u lo s u b li m e y le ja n o , en
cuya c o n s id e r a c ió n se hunda y se o lv id e el e s p ír it u h a s t a su m e r g ir s e
en la t o t a li d a d del ser. Por el c o n tr a r io , el a c a e c e r c ó s m ic o p asa a
tra v és d e su ser. T i e n e la c o n v ic c ió n de que, aunque la m a y o r í a de
lo s h o m b r e s n o s e p a n q u e s o n m e r o s in s t r u m e n t o s e n la s m a n o s d e u n
p o d e r m á s a lt o , t o d a s s u s p a la b r a s y t o d a s su s a c c io n e s s o n e l e fe c t o
d e a q u e lla f u e r z a s u p e r io r . T a l e s la g r a n n o v e d a d q u e s e r e v e la c o n
H e r á c lito . S u s p r e d e c e s o r e s h a n p e r f e c c i o n a d o la i m a g e n d e l c o s m o s .38
Los h om b res han to m a d o c o n c ie n c ia de la e te r n a lu c h a e n tr e el ser
y el d e v e n ir. A hora se p la n te a con tre m e n d a v i o le n c i a el p r o b le m a
d e s a b e r c ó m o se a f i r m a e l h o m b r e e n m e d i o d e a q u e lla l u c h a . M ie n ­
tr a s H e c a t e o y o t r o s c o n t e m p o r á n e o s se c o n s a g r a n con ím p e t u e in t e ­
l i g e n c i a j u v e n i l a la in v e s t ig a c ió n m ú lt ip le y d is p e r s a d e la “ h is to r ia ”
m ile s ia y s a t is fa c e n su a fá n m e d ia n t e la r e c o le c c ió n y a s im ila c ió n de
to d o lo r e la t iv o a lo s p a ís e s , p u e b lo s y t r a d ic io n e s del p asado, p ro­
fie r e H e r á c li t o e s ta s g r a v e s p a l a b r a s : “ La m u lt i p li c i d a d d e lo s cono­
c im ie n to s no p ro p o rc io n a s a b id u r ía ” , y es el c r e a d o r d e u n a filo s o fía
cuyo s e n t id o se h a lla exp resad o en la p r o fu n d a s e n te n c ia : “Me he
in v e s tig a d o a m í m i s m o .” 37 No es p o s ib le una e x p r e s ió n m ás gran ­
d io s a d e la v u e lta d e la filo s o fía h a c ia el h o m b r e q u e la q u e se n o s
o fre c e en H e r á c lito .
N in g ú n p en sad or h asta S ó cra tes d e s p ie r t a una s im p a tía p erson al
ta n p r o fu n d a com o H e r á c lito . Se h a lla e n lo m á s a lt o d e l d e s a r r o llo
d e la l i b e r t a d d e p e n s a m i e n t o e n tr e l o s j o n i o s . L a s p a la b r a s que aca­
b a m o s d e m e n c i o n a r d e m u e s t r a n e l a lt o d e s a r r o llo a q u e h a b í a l l e g a d o
la c o n c ie n c ia del yo. La m a g n ífic a a lt a n e r ía con qu e se r e v e la , o r i­
g in a ria de su e s tir p e n o b le , p arece a p r im e r a v is ta com o una arro­
g a n c i a a r is t o c r á t ic a r e v e la d o r a d e la v e r d a d e r a im p o r t a n c i a d e s u p r o ­
p io e s p ír it u . P ero la a u t o -o b s e r v a c i ó n de que h a b la nada tie n e que
ver con la in v e s tig a c ió n p s i c o ló g i c a de su s p e c u li a r i d a d e s e id io s in ­
c r a s ia p e r s o n a l. S ig n ific a s im p le m e n t e que al la d o de la i n t u ic ió n
s e n s ib le y el p e n s a m i e n t o r a c i o n a l, q u e h a n s id o h a s t a a q u í l o s ú n ic o s

3(3 E l u s o p r e c is o de la p a la b r a cosm os por H e r á c lito s ig n ific a c la r a m e n te que


la ha r e c ib id o de su s p redecesores (fr a g s . 30, 75, 8 9 ). K. R e in h a r d t , oó . cit.,
p . 50 , d ifie r e de este p u n to de v is ta .
37 Las numerosas citas de las palabras de Heráclito de las páginas siguientes
no serán indicadas en forma de notas.
LA FILOSOFÍA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 177
c a m in o s de la f ilo s o fía , se r e v e la un m undo nuevo a la s ta re a s del
c o n o c im ie n to m e d ia n t e la v u e lta d e l a lm a a sí m i s m a . L a s p a la b r a s
a n te s m e n c io n a d a s se h a lla n en ín t im a c o n e x ió n con la s s ig u ie n te s :
“ P o r m u y le jo s que vayas no h a lla r á s lo s lím it e s del a lm a : ta n p ro­
fu n d o es su l o g o s .” P or p r im e r a vez ap arece el s e n t im ie n t o de la
d im e n s ió n d e p r o f u n d i d a d d e l lo g o s y d e l a lm a , c a r a c t e r ís t ic o d e su p e n ­
s a m ie n t o . La t o t a lid a d de su f i lo s o f í a f lu y e de e sta nueva fu e n t e de
c o n o c im ie n to .
E l lo g o s de I í e r á c li t o n o e s e l p e n s a m ie n t o co n ce p tu a l de P a r m é -
n id e s (v o e ív , v ó p p a ) , cuya ló g ic a p u ra m e n te a n a lít ic a e x c lu y e la re­
p r e s e n t a c ió n f i g u r a d a d e u n a in t im id a d e s p ir it u a l s in lím it e s . E l lo g o s
d e H e r á c íit o e s u n c o n o c i m i e n t o d e l c u a l se o r i g i n a n a l m i s m o t ie m p o
“ la p a la b r a y la a c c ió n ” . Si qu erem os un e je m p l o de e s ta e s p e c ie
p e c u li a r d e c o n o c i m i e n t o n o d e b e m o s b u s c a r lo e n el p e n s a m ie n t o p a r a
e l c u a l e l S e r j a m á s p u e d e n o se r , s in o e n la v i s i ó n p r o fu n d a que se
r e v e la en una p r o p o s ic ió n com o é sta : “ El ethos es el d e m o n io del
h o m b r e .” Es su m a m e n te s ig n ific a tiv o y de la m ayor im p o r ta n c ia el
hecho de que e n la p r i m e r a fra se d e e s te l i b r o , q u e a f o r t u n a d a m e n t e
se h a c o n s e r v a d o , se h a lle ya exp resad a e s ta r e la c ió n p r o d u c tiv a del
c o n o c im ie n to con la v i d a . S e tr a ta aquí d e la s p a la b r a s y la s o b r a s
que in t e n t a n lo s h om bres sin com p ren der el lo g o s , p u esto que s ó lo
é s te n o s e n s e ñ a a “ a c tu a r d e s p ie r t o s ” y lo s q u e n o l o tie n e n “ a c tú a n
d o r m id o s ” . A sí el lo g o s debe darn os una nueva v id a s a p ie n te . Se
e x ti e n d e a la e s fe r a to ta l d e lo hum ano. H e r á c íito es el p r im e r f iló ­
so fo q u e in t r o d u c e la id e a d e cpgóvr|oic; y la e q u ip a r a a la d e ao cp ía,
e s d e c ir , el c o n o c im ie n to del Ser se h a lla en ín t im a c o n e x ió n y de­
p e n d e n c ia con la in t e le c c ió n del ord en d e lo s v a lo r e s y d e la o r ie n ­
t a c ió n de la v id a y con p le n a c o n c ie n c ia i n c lu y e el p r im e r o en la
segu n d a. La fo r m a p r o fé tic a de su s p r o p o s ic io n e s d e r iv a su ín t im a
n e c e s id a d d e la a s p ir a c i ó n d e l f i l ó s o f o a a b r ir lo s o j o s d e l o s m o r t a le s
s o b r e sí m i s m o s , a r e v e la r le s e l f u n d a m e n t o d e la v i d a , a d e s p e r t a r lo s
d e su s u e ñ o . M uchas d e s u s e x p r e s io n e s in s is t e n e n e s ta v o c a c i ó n de
in t é r p r e t e . La n a t u r a le z a y la v id a son un griphos, un e n ig m a , un
o r á c u lo d é lf i c o , una s e n te n c ia s ib ilin a . Es p r e c is o sab er in t e r p r e t a r
s u s e n t id o . H e r á c í i t o se s ie n te el in t é r p r e t e d e e n i g m a s , e l E d i p o f i l o ­
s ó f i c o q u e a r r a n c a lo s e n ig m a s a la E s f i n g e ; p u e s la n a t u r a le z a d e s e a
o c u lta r s e .
É s ta es una nueva fo rm a de filo s o fa r , una nueva c o n c ie n c ia fi­
lo s ó fic a . S ó lo puede se r exp resad a m e d ia n t e p a la b r a s e im á g e n e s
sacad as de la e x p e r ie n c ia in t e r io r . Aun el lo g o s s ó lo puede ser de­
te r m in a d o m e d ia n t e im á g e n e s . Su t ip o de u n i v e r s a li d a d , la a c c ió n
q u e e je r c e , la c o n c ie n c ia que d e s p ie r t a en aquel que e je r c it a , se e x ­
p r e s a p o r H e r á c íit o c o n la m a y o r c la r id a d m e d ia n t e s u c o n t r a p o s i c i ó n
fa v o r ita e n tr e la v ig ilia y el su e ñ o . In d ic a un c r it e r io e s e n c ia l del
lo g o s q u e lo d is t in g u e d e l e s ta d o d e e s p ír itu h a b it u a l e n la m u l t i t u d :
el lo g o s es “ c o m ú n ” (^ u v ó v ). P ara lo s hom bres “ d e s p ie r t o s ” e x is te
178 LA PRIMERA GRECIA
un cosm os i d é n t ic o y u n ita r io , m ie n t r a s que lo s “ d o r m id o s ” tie n e n
su m u n d o p a r t ic u la r , s u p r o p i o m u n d o d e s u e ñ o s , q u e n o e s o t r a c o s a
qu e un su eñ o. N o h e m o s d e r e p r e s e n t a r n o s e s ta c o m u n i d a d s o c ia l d el
l o g o s d e H e r á c li t o c o m o la s im p le e x p r e s ió n f i g u r a d a d e la u n i v e r s a li ­
dad ló g ic a . La c o m u n id a d es el m á s a lt o b ie n q u e c o n o c e la polis e
in c lu y e en sí la e x is t e n c ia p a r t ic u la r de lo s in d iv id u o s . Lo que al
p r in c ip io p u d ie r a ap arecer c o m o u n i n d i v i d u a li s m o e x a g e r a d o d e H e­
r á c lit o , s u a c tit u d im p e r a t iv a y d ic t a t o r ia l, se m u e s t r a ah o ra c o m o su
c o n tr a p o s ic ió n m ás e v id e n te , com o la s u p e r a c ió n del a r b itr io in d iv i­
dual y o s c ila n te que am enazaba p erder la v id a en su t o t a lid a d . Es
p r e c is o s e g u ir al lo g o s . En él se m u e stra una c o m u n id a d to d a v ía
m á s a lta y m á s c o m p r e n s i v a q u e la le y d e la polis. E n él d e b e d e s c a n ­
s a r la v id a y e l p e n s a m ie n t o . M e d ia n te el lo g o s es p o s i b le “ h acerse
fu e r te ” “ com o la polis m e d ia n t e la le y ” . “ Los h om b res, es verdad,
v iv e n c o m o s i tu v ie r a n c a d a u n o s u r a z ó n p a r t i c u l a r .”
C la r a m e n t e se m u e stra aquí que no se tr a t a s im p le m e n t e de un
c o n o c i m i e n t o te o r é t ic o d e f ic ie n t e , s in o d e la e x is t e n c ia hum ana en su
t o t a li d a d , c u y a c o n d u c ta p r á c t ic a n o corresp on d e a la c o m u n id a d es­
p ir it u a l d el lo g o s . El u n iv e r s o e n te ro tie n e ta m b ié n su le y com o la
polis. P o r p r im e r a vez a p a r e c e e s ta id e a t íp ic a m e n t e g r i e g a . E n e lla
se p r e s e n ta en su m ás a lta p o te n c ia la e d u c a c ió n p o lí t i c a y la sa b i­
d u r ía d e lo s l e g i s la d o r e s g r i e g o s . S ó l o e l l o g o s c o m p r e n d e la le y q u e
H e r á c lito d e n o m in a d iv in a , a q u e lla en que “ p ueden a lim e n t a r s e to ­
das la s le y e s h u m an as” . El lo g o s de H e r á c li t o es el e s p ír it u , com o
órgano del s e n t id o del cosm os. Lo que se h a lla b a ya en germ en
e n la c o n c e p c i ó n del m u n d o de A n a x im a n d r o se d e s a r r o lla e n la c o n ­
c ie n c i a d e H e r á c l i t o e n la c o n c e p c i ó n d e un lo g o s q u e se c o n o c e a s í
m is m o y c o n o c e su a c c ió n y su p u esto en el o rd en del m u n d o . E n él
v iv e y p ie n s a el m is m o “ fu e g o ” que im p r e g n a y p e n e tr a el c o s m o s
c o m o v id a y p e n s a m ie n to . P o r s u o r i g e n d i v i n o s e h a lla e n c o n d i c i o ­
nes de p e n e tra r en la in tim id a d d iv in a de la n a t u r a le z a de la cu al
p ro ced e. A s í, e n el n u e v o ord en del m u n d o f o r m u la d o p o r H e r á c li t o ,
a d q u ie r e el h om bre un lu g a r com o ser c ó s m ic o d en tro del cosm os
d e s c u b ie r t o p o r la filo s o fía a n t e r io r . P ara v iv ir com o ta l e s p r e c is o
o r ie n t a r la v i d a c o m o t a l, e s p r e c is o q u e s e c o n o z c a n y s i g a n la s le y e s
y la s n o r m a s c ó s m i c a s . J e n ó f a n e s e n s a lz a la “ s a b i d u r í a ” c o m o la m á s
a lt a v irtu d hum ana p orque e s la fu e n t e del ord en le g a l de la polis.
H e r á c lito fu n d a s u a s p i r a c i ó n a la s u p r e m a c í a en el h e c h o d e q u e su
d o c t r i n a e n s e ñ a a l h o m b r e a s e g u i r , e n s u s p a la b r a s y e n s u s a c c io n e s ,
la v e r d a d d e la n a t u r a le z a y s u s le y e s d i v in a s .
H e r á c lito fu n d a el d o m in io d e la s a b i d u r í a c ó s m i c a , s u p e r io r a la
in t e lig e n c i a o r d in a r ia de lo s h om bres, en su o r ig in a l d o c t r in a de
lo s c o n t r a r i o s y d e la u n id a d d e l t o d o . T a m b i é n e s ta d o c t r in a d e lo s
c o n tr a rio s se h a lla en p a r te í n t im a m e n t e r e la c io n a d a con la s rep re­
s e n t a c io n e s fís ic a s co n creta s de la filo s o fía n a t u r a l m i le s i a . P ero su
fu e r z a v ita l no p rocede de la s su g e stio n e s de o t r o s p e n s a d o r e s , s in o
LA FILOSOFÍA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL COSMOS 179
d e la in t u ic ió n i n m e d ia t a d e l p r o c e s o d e la v i d a h u m a n a q u e se c o n ­
c ib e c o m o u n a b io lo g ía q u e a b a rca , en una u n id a d c o m p le j a y pecu­
l i a r , lo e s p ir it u a l y lo fís ic o com o h e m is fe r io s de un s o lo ser. S ó lo
e n te n d id a c o m o v i d a p ie r d e s u a p a r e n te c o n t r a s e n t i d o . E n la c o n c e p ­
c ió n del m u n d o de A n a x im a n d r o se c o n c ib e el d e v e n ir y perecer de
la s cosas com o el g o b ie r n o com p en sador de una ju s tic ia e te r n a , o
m e jo r , com o una lu c h a por la ju s t i c i a d e la s c o s a s a n te e l t r ib u n a l
d el tie m p o , don de cada cual debe p a g a r al otro el p r e c i o d e su s in ­
ju s tic ia s y pleonexias. E n H e r á c li t o la lu c h a s e c o n v ie r t e s im p le m e n t e
en el “ p a d r e d e t o d a s la s c o s a s ” . S ó lo e n la lu c h a ap arece diké. La
nueva id e a p ita g ó r ic a de la a r m o n ía s ir v e ah ora para c o n fe r ir sen ­
t id o al p u n to d e v is ta de A n a x im a n d r o . S ó lo lo que se c o n tr a p o n e ,
se une; de lo d is t in t o nace la m ás b e lla a r m o n ía . Es una le y que
g o b i e r n a e v id e n te m e n t e la t o t a lid a d d e l c o s m o s . En la n a t u r a le z a en­
te ra se d a n la s a c ie d a d y la i n d u lg e n c i a , c a u s a s de la gu erra. Toda
e lla se h a lla h e n c h id a d e fu e r te s o p o s i c i o n e s : el d ía y la n o c h e , e l v e ­
r a n o y el i n v i e r n o , e l c a lo r y e l f r í o , la g u e r r a y la p a z , la v i d a y la
m u e r t e , se r e s u e lv e n en el c a m b io e te rn o . Todas la s o p o s ic io n e s de
la v id a c ó s m ic a se s u c e d e n s in cesar y se p a g a n r e c íp r o c a m e n te sus
p e r j u i c i o s p a r a s e g u ir c o n la i m a g e n d e l p r o c e s o j u r í d i c o . El “ proceso”
e n te r o d e l m u n d o e s u n tr u e q u e . L a m u e r t e d e u n o e s s ie m p r e la v i d a
de otro . Es un c a m in o e te r n o que su be y b a ja . “ D escan sa en el
c a m b i o ” , “ la v i d a y la m u e r t e , la v i g i l i a y el s u e ñ o , la j u v e n t u d y la
v e je z , son , en el fo n d o , uno y lo m i s m o .” “ En el c a m b io , e s to es
a q u e llo y a q u e llo , d e nuevo, e s t o .” “ S i a lg u ie n ha c o m p re n d id o , n o
a m í, sin o a m i lo g o s , verá que es s a b io c o n fe sa r q u e to d o es uno
y lo m i s m o .” E l s í m b o l o d e H e r á c lit o p a r a la a r m o n í a d e lo s c o n t r a ­
r i o s e n el c o s m o s e s e l a r c o y la l i r a . M e d i a n t e s u a c c ió n te n sa, re­
c íp r o c a y o p u e s ta , r e a liz a n am bos su ob ra. F a lt a b a to d a v ía al le n ­
g u a je filo s ó fic o el co n cep to gen eral de la t e n s ió n . La im a g e n v ie n e
a s u p lir lo . L a u n id a d d e H e r á c lit o se r e a liz a m e d ia n t e la t e n s ió n . La
in t u ic ió n b i o l ó g i c a e n e sta id e a g e n ia l e s d e u n a f e c u n d i d a d i l im it a d a .
S ó l o e n n u e s tr o t i e m p o h a s i d o e s t im a d a e n t o d o s u v a lo r .
P ara lim ita r n o s a a q u e llo que ha a p o rta d o H e r á c li t o de nuevo y
o r i g i n a l e n la f o r m a c i ó n del h o m b re g r ie g o , p r e s c in d ir e m o s de o tr a s
in t e r p r e t a c io n e s f i lo s ó f i c a s q u e se h a n d a d o d e la d o c t r i n a d e la o p o ­
s ic i ó n y d e la u n ic id a d y , e s p e c ia lm e n t e , d e la d i f í c i l c u e s t ió n d e s u s
r e la c io n e s c o n P a r m é n id e s. F r e n te a lo s f i l ó s o f o s p r i m i t i v o s , a p a r e c e
la d o c t r in a d e H e r á c li t o c o m o la p r im e r a a n tr o p o lo g ía f i lo s ó f i c a . Su
f i lo s o f í a del h o m b re es, p o r d e c ir lo a sí, e l m á s in t e r io r d e lo s c ír c u ­
lo s c o n c é n t r ic o s , m e d ia n t e lo s c u a le s es p o s ib le r e p r e s e n ta r su filo ­
s o fía . R odean a l c ír c u lo a n tr o p o ló g ic o el c o s m o ló g ic o y el te o ló g ic o .
S in em bargo, no e s p o s i b le sep a ra r e s to s c ír c u lo s . En m odo a lg u n o
es p o s i b le c o n c e b ir el a n tr o p o ló g ic o in d e p e n d ie n t e m e n t e del cosm o­
ló g ic o y d el te o ló g ic o . El h om bre d e H e r á c li t o e s u n a p a r te d e l c o s ­
m os. Com o ta l, se h a lla s o m e t id o a la s le y e s del cosm os com o el
ISO LA PRIMERA GRECIA
r e s to de su s p a rte s. P ero cuando a d q u ie r e c o n c ie n c ia de que lle v a
en su p r o p io e s p ír it u la le y e te r n a de la v id a del to d o , a d q u ie r e la
c a p a c id a d d e p a r t ic ip a r en la m á s a lta s a b i d u r í a , c u y o s d e c r e to s p r o ­
ced en d e la le y d iv in a . L a lib e r t a d del h o m b r e g r ie g o c o n s is t e e n e l
h e c h o d e s e n tir s e s u b o r d i n a d o c o m o m i e m b r o d e la t o t a lid a d d e la po­
lis y d e su s le y e s . Es una lib e r t a d c o m p le t a m e n t e d is tin t a de la del
m odern o i n d i v i d u a li s m o , q u e se s ie n te l i g a d o a u n a u n iv e r s a lid a d su ­
p r a s e n s ib le , m e d ia n t e la cu al el h o m b r e no p e r te n e c e s ó lo al e sta d o ,
s in o t a m b ié n a un m undo m ás a lt o . La lib e r t a d f i lo s ó f i c a a que se
e le v a el p e n s a m ie n t o d e H e r á c li t o p e r m a n e c e f ie l a la e s e n c ia d e l h o m ­
b r e g r ie g o v i n c u la d o a la polis, p u e s t o q u e se s ie n te m i e m b r o d e u n a
“ c o m u n id a d ” u n iv e r s a l y s o m e t id a a e lla . E l s e n t im ie n t o r e l i g i o s o se
p re g u n ta por el c o n d u c to r person al de e ste to d o y H e r á c lito s ie n te
ta m b ié n e s ta n e c e s id a d . “ Lo u n o , lo ú n ic o s a b io y p ru d e n te , q u ie r e
y no q u ie r e se r d e n o m in a d o Z e u s .” El s e n t im ie n t o p o lí t i c o de lo s
g r ie g o s d e a q u e l tie m p o se in c lin a a p e n s a r c o m o t ir á n i c o e l g o b i e r n o
d e u n o so lo . E l p e n s a m ie n t o d e H e r á c li t o e s a p to p a r a c o n c ilia r a m ­
bas c o sa s, p u esto q u e la le y no s ig n ific a para é l la m a y o r ía , s in o la
e m a n a c ió n d e u n c o n o c im ie n to m ás a lt o . “ L a le y e s t a m b i é n la o b e ­
d ie n c ia a l d e c r e to d e u n o s o l o .”
La p e n e t r a c ió n de H e r á c lit o en el s e n t id o del m undo r e p r e s e n ta
el n a c im ie n to de una nueva r e li g i ó n m ás a lt a , la c o m p r e n s ió n e s p i­
r itu a l del c a m in o de la m ás a lta s a b id u r ía . V iv ir y c o n d u c ir s e de
acu erd o con e lla e s lo q u e lo s g r ie g o s d e n o m in a r o n cppovgiv. A e ste
c o n o c im ie n to condu ce la p r o fe c ía de H e r á c li t o fu n d a d a en el lo g o s
f ilo s ó fic o . L a f i l o s o f í a n a t u r a l m á s a n t ig u a n o se h a b í a p la n t e a d o , d e
un m odo exp reso, el p r o b le m a r e lig io s o . Su c o n c e p c ió n del m undo
o fre c ía u n a v i s i ó n d e l se r s e p a r a d a d e lo h u m a n o . La r e lig i ó n ó r fic a
lle n a b a e s te v a c í o y , en m e d io d el to r b e llin o d e s t r u c to r d e l u n iv e r s a l
d e v e n ir y perecer en que la filo s o fía n a tu ra l p a r e c ía p r e c ip it a r al
h om bre, m a n t e n ía la cr e e n cia en el c a rá cte r d iv in o del a lm a . P ero
la f i l o s o f í a n a t u r a l o f r e c í a e n s u c o n c e p t o d e l c o s m o s d o m i n a d o p o r la
diké un p u n to de c r i s t a li z a c i ó n para la c o n c ie n c ia r e lig io s a . En él
in s e r t ó H e r á c lito su in t e r p r e t a c ió n del h o m b re a l c o n s id e r a r lo en su
a s p e c to e s t r ic ta m e n te c ó s m i c o . M e d ia n te e l c o n c e p t o d e l a lm a d e H e­
r á c lit o la r e l i g i ó n ó r f i c a se e le v ó a u n e s t a d io m á s a lt o . P o r su p a r e n ­
te sco co n el “ fu e g o e te rn a m e n te v iv ie n te ” d e l c o s m o s , el a lm a filo s ó ­
f ic a e s c a p a z d e c o n o c e r la d i v i n a s a b i d u r í a y d e c o n s e r v a r s e e n e lla .
A s í , la o p o s ic ió n e n tr e e l p e n s a m ie n t o c o s m o ló g ic o y e l p e n s a m ie n t o
r e lig io s o d e l s i g lo v i, a p a rece en la s ín t e s is de H e r á c lito — que v iv e
ya en el um bral de la c e n tu r ia s ig u ie n t e — su p erad a y r e d u c id a a
u n id a d . H em os ob servado ya q u e la id e a d e l cosmos d e lo s m i le s i o s
era m e jo r una n orm a del m undo que una le y de la n a t u r a le z a en
el s e n t id o m o d e r n o . H e r á c li t o e le v a e s te s u c a r á c t e r , m e d ia n t e s u “ no­
mos d i v i n o ” , a la c a te g o r ía de una r e lig i ó n c ó s m ic a , y fu n d a en la
n o r m a d e l m u n d o la n o r m a d e v i d a d e l h o m b r e f i lo s ó f i c o .
X. LUCHA Y TRANSFORMACIÓN DE LA NOBLEZA

Hasta ahora hem os v is to la in f lu e n c ia d e la c u ltu r a j ó n i c a so b re la


m e t r ó p o li y e l o c c id e n te h e lé n ic o s ó lo e n la lu c h a p o lít ic a y r e lig i o s a
de la A te n a s de S o ló n , y en el d u r o choque de la s id e a s de Jenó-
fa n e s con la r e lig i ó n p o p u la r y el id e a l agonal del h om b re de la
a r is t o c r a c ia g r ie g a . Los e n e m ig o s de e sta s c o n c e p c io n e s nos p resen ­
ta n a la capa s o c ia l que la s su s te n ta com o e s tr e c h a y lim ita d a , ro­
b u s t a , r e t r ó g r a d a y e n e m ig a d e la c ie n c i a . S in e m b a r g o , in d e p e n d i e n ­
te m e n te d e s u f u e r z a e x t e r n a , o f r e c í a n u n a fu e r te r e s is t e n c ia e s p ir itu a l
a la ir r u p c i ó n d e lo n u e v o . N o e s p o s i b le o lv i d a r q u e la p r o d u c c i ó n
p o é t ic a de la m e tr ó p o li, d esd e S o ló n , que era m ás a b ie r t o a la s in ­
f lu e n c i a s jó n ic a s , nos o fre ce en su t o t a lid a d el e s p e c t á c u lo de una
r e a c c ió n a p a s io n a d a . Los d o s p r in c ip a le s r e p r e s e n ta n t e s de e s te m o­
v i m ie n t o d e o p o s i c i ó n , e n e l tr á n s it o d e l s i g lo VI al s i g lo v, P ín d a r o
d e T e b a s y T e o g n i s d e M e g a r a , se h a lla n p e n e t r a d o s d e u n a p r o f u n d a
c o n c ie n c ia d e c la s e . Se d ir ig ía n a l c ír c u lo de lo s señ ores h o s t ile s y
c e r r a d o s a la s in n o v a c io n e s p o lít ic a s d e lo s j o n i o s . P ero e s ta a r is to ­
cra c ia d e P ín d a r o y de T e o g n is n o d u erm e y a en u n a p a z im p e r tu r ­
b a b le . Se s ie n te i n v a d id a por la s o le a d a s de lo s nuevos t ie m p o s y
le e s p r e c is o a f i r m a r s e e n u n a lu c h a e s fo r z a d a . En e s ta lu c h a p o r la
e x is t e n c ia m a t e r ia l y e s p ir it u a l a r r a ig a la p r o f u n d a y r a d ic a l c o n c i e n ­
c ia q u e a d q u ie r e n lo s n o b le s de su p r o p io v a lo r o r ig in a r io . Am bos
p o e ta s la r e f le j a n . A p esar d e la d if e r e n c ia i n d iv i d u a l d e s u e s p ír itu
y d e la d iv e r s id a d de su v a lo r p u r a m e n t e a r t ís t ic o , e s p r e c i s o c o n s i­
d e r a r lo s d e s d e e ste p u n t o d e v is ta . A p e s a r d e q u e P í n d a r o p e r te n e c e
a la lír ic a co ra l y T e o g n is a la p o e s ía g n ó m ic a , d esd e el p u n to de
v is ta d e la h is t o r i a d e la e d u c a c i ó n f o r m a n una u n id a d . En e llo s s e
encarna el d e sp e rta r d e la c o n c ie n c ia a r is t o c r á t ic a y e l s u p e r io r sen ­
tim ie n t o de su p e c u li a r p r e e m in e n c ia y v o c a c ió n , lo que con to d a
p r o p ie d a d podem os d e n o m in a r e l id e a l d e la e d u c a c ió n a r is to c r á tic a
e n a q u e l t ie m p o .
D esd e el p u n t o de v is ta e d u c a tiv o , la n o b le z a m e t r o p o lit a n a ad­
q u ie r e , m e d ia n t e la f o r m a c i ó n c o n s c ie n te d e u n t ip o s u p e r io r d e h o m ­
b r e , u n a s u p e r io r id a d en orm e sob re lo s j o n i o s y su a s p ir a c i ó n a una
f o r m a c i ó n in t e r io r , f u n d a d a e n e l in d i v i d u o y la n a t u r a le z a . E s te ethos
c o n s c ie n te y educador es c a r a c te r ís t ic o no s ó lo de H e s ío d o , T ir te o y
S o l ó n , s in o t a m b ié n de P ín d a r o y T e o g n is y se opone a la in g e n u a
n a t u r a lid a d con que ir r u m p e el e s p ír it u , e n to d a s su s fo rm a s, e n tr e
lo s jo n io s . La c o n tr a p o s ic ió n se acen tú a con el choque de am bos
m undos e n e m ig o s e i n c o n c ilia b le s . P ero é sta no p uede s e r la ú n ic a
ni aun la p r in c ip a l cau sa de que lo s grandes r e p r e s e n ta n te s de la
e d u c a c ió n g r ie g a se h a lle n , c a s i sin e x c e p c ió n , e n tr e la s e s tir p e s m e -
181
182 LA PRIMERA GRECIA
t r o p o li t a n a s . La la r g a d u r a c ió n en la s r e g io n e s de la m e t r ó p o li del
d o m in io d e lo s n o b le s y de la c u ltu r a a r is to c r á tic a , m a n a n tia l d e la
m ás a lta v o lu n t a d educadora de la n a c ió n , puede haber c o n tr ib u id o
de un m o d o e s e n c ia l a q u e n a d a nuevo p u d ie r a p r o sp e r a r e n e lla s in
que se le o p u s ie r a lo t r a d i c i o n a l , e n la fo r m a de un id e a l p r e c i s o de
u n a f o r m a p e r fe c t a d e lo h u m a n o . E n e l m o m e n t o e n q u e la s c o n c e p ­
c io n e s f e u d a le s ap arecen a n te la p o lé m ic a de J e n ó fa n e s, h e n c h id a s
d e o r g u llo e s p ir it u a l, c o m o u n a s u p e r v iv e n c ia d e l p a s a d o , se d e s p lie g a
con T e o g n is y P ín d a r o una nueva y asom brosa fu e r z a m oral y r e li­
g io sa . N o n o s p e r m it e n n u n c a o lv id a r s u c o n d i c i ó n y s u e s t a d o s o c ia l.
P ero su s r a íc e s p e n e tra n , a tr a v é s de la capa s u p e r io r en que se
h a lla n , en una p r o fu n d id a d de lo hum ano q u e le s p r e s e r v a de to d o
e n v e je c im ie n to . La fu e rte e n e r g ía e s p ir it u a l con que se a fir m a n no
debe h acern os perd er d e v is ta que P ín d a r o y T e o g n is c o m b a te n por
u n m u n d o q u e e s tá a g o n i z a n d o . S u s p o e m a s n o r e p r e s e n ta n u n r e n a c i ­
m ie n to d e la n o b le z a e n el o r d e n e x t e r io r y p o l í t i c o , s in o la p e r e n n i ­
dad d e s u s id e a s e n el m o m e n t o e n q u e se h a lla b a n e n m a y o r rie sg o
g r a c i a s a la s n u e v a s f u e r z a s d e l t i e m p o , y la i n c o r p o r a c i ó n d e s u v i g o r
s o c i a l y c o n s t r u c t iv o a l p a t r i m o n i o d e la n a c i ó n h e lé n ic a .
Si p oseem os h o y una im a g e n d e la v i d a y la s c o n d i c i o n e s s o c ia le s
d e la n o b le z a g r ie g a e n l o s s i g lo s v i y v , lo debem os e x c lu s iv a m e n t e
a la p o e s í a . Lo q u e a ñ a d e n la s a r te s p lá s t ic a s y la s e s c a s a s t r a d i c i o ­
nes h is tó r ic a s que nos quedan, s ir v e s ó lo de m uda i lu s t r a c i ó n a lo
que lo s p o e ta s nos han le g a d o de su ín t im a e s e n c ia . C la r o es que
e l t e s t im o n io d e la s a r te s p lá s t ic a s , d e la a r q u it e c t u r a y d e la p in t u r a
d e l o s v a s o s , e s d e la m a y o r im p o r ta n c ia . P ero s ó lo p u e d e s e r i n t e r ­
p re ta d o a la lu z d e la p o e s ía y c o m o e x p r e s ió n d e s u s id e a le s . S e r ía
n e c e s a r io t r a z a r la h is t o r i a e x te r n a d e l d e s a r r o llo s o c ia l d e la época.
P ero s ó lo p oseem os c la r a m e n t e a lg u n o s fra g m e n to s l o c a le s , a lg u n a s
e ta p a s f u n d a m e n t a le s de lo o c u r r id o en unas pocas c iu d a d e s im p o r ­
ta n te s . Lo ú n ic o que podem os s e g u ir c la r a m e n t e e s e l d e s a r r o llo del
e s p ír it u g r ie g o ta l com o se m a n ifie s ta en io s e sc rito s que nos han
le g a d o . Y aun d e e llo h e m o s p e r d id o m ucho. P oseem os, en T e o g n is
y P í n d a r o , d o s r e p r e s e n ta n t e s d is t in t o s , p e r o a lt a m e n te r e p r e s e n t a t iv o s .
El d e s c u b r im ie n to de la lír ic a coral de B a q u ílid e s , h asta ah ora casi
d e s c o n o c id a , m u e str a ta n s ó lo que para n u e stro o b je t o no e s p r e c is o
s a lir d e P ín d a r o . E m p ezarem os con T e o g n is porque es p r o b a b le m e n ­
te el m á s a n t i g u o d e a m b o s p o e t a s . O f r e c e a d e m á s la v e n t a j a de reve­
l a r n o s la s d i f í c i l e s c i r c u n s t a n c i a s s o c ia le s e n q u e s e h a lla b a la n o b le z a
de a q u e l tie m p o , p u e s t o q u e e lla s se h a lla n en p r im e r té r m in o en lo s
p o e m a s d e T e o g n i s . m ie n t r a s q u e P í n d a r o nos o f r e c e m á s b ie n la c u l ­
tu r a a r is t o c r á t ic a d esd e el p u n to de v is ta de su s cr e e n cia s r e li g i o s a s
y d e s u s m á s a lt o s id e a le s de p e r fe c c ió n hum ana.
LUCHA Y TRANSFORMACIÓN DE LA NOBLEZA 183

L a tradición del libro de T eognis

No es p o s ib le d e ja r d e h a b la r d e la tr a d ic ió n del lib r o de T e o g n is.


Es u n p r o b le m a d i f í c i l y d is c u t id o . E s p r e c is o , p o r t a n t o , f u n d a m e n ­
ta r d e u n m o d o e x p r e s o la s o lu c ió n que hem os a d o p t a d o .1 Por m uy
in te r e s a n te s que e s to s te m a s f i lo l ó g i c o s sean en sí m is m o s , s ó lo lo s
tr a t a r é c o n el d e ta lle i n d is p e n s a b le p a r a q u e la c o m p r e n s i ó n d e la t r a ­
d ic ió n d el p o e ta n o s p e r m it a p e n e tr a r , al m is m o tie m p o , co n p r o fu n ­
d id a d en a q u e llo s fra g m e n to s de la e d u c a c ió n g r ie g a , ín t im a m e n te
v i n c u la d o s c o n e l i n f l u j o p o s t e r io r d e T e o g n i s .
L a c o le c c i ó n , q u e p o r u n a p u r a c a s u a lid a d n o s h a s id o t r a s m i t id a
c o n el n o m b r e d e T e o g n i s , d e b ió d e h a b e r e x i s t i d o y a , e n lo e s e n c ia l,
e n e l s i g lo IV. La nueva in v e s t ig a c ió n ha con sagrad o una c o n s id e r a ­
b le c a n t id a d de fin o y e r u d ito t r a b a j o al a n á lis is d e e s te raro lib r o .
E n s u f o r m a a c tu a l a p e n a s debe de h ab er p asado por el f u e g o p u r i-
fic a d o r d e la c r ític a f i lo l ó g i c a a le ja n d r i n a . Fue de u so c o r r ie n t e en
lo s s i m p o s i o s d e lo s s ig lo s v y i v , h a s t a el m o m e n t o e n q u e e s ta i m ­
p o r ta n t e ra m a d e la v i d a “ p o lític a ” de lo s g r i e g o s fu e g r a d u a lm e n t e
d e s a p a r e c ie n d o y d esp u és fu e s ó lo le í d o y p ropagado com o una cu ­
rio s id a d lite r a r ia . H a s i d o lu e g o r e f e r i d o al n o m b re de T e o g n is p o r ­
que un li b r o d e e ste p o e ta s ir v ió de n ú c le o a un f lo r i l e g i o de sen ­
te n c ia s y poem as de d is t in t o s p o e ta s a n t e r io r e s y p o s t e r io r e s (d e l
s i g lo v il al v ) . Todos fu e r o n c a n ta d o s al son de la f la u ta en lo s
b a n q u e te s . L a s m o d i f i c a c i o n e s y a lt e r a c io n e s d e l t e x t o o r i g i n a r i o m u e s ­
tr a n cóm o lo s m ás fa m o so s versos eran a lt e r a d o s por lo s ca n to re s.
L a s e le c c ió n n o c o m p r e n d e p o e ta s p o s t e r io r e s a l s i g lo v , lo c u a l c o i n ­
c id e c o n la é p o c a d e la m u e r t e p o lít ic a d e la n o b le z a . E s to s poem as
s o b r e v iv ie r o n e v id e n t e m e n t e , a n te to d o , en lo s c ír c u lo s a r is t o c r á t ic o s .
No s ó lo lo s poem as de T e o g n is, s in o m uchos otro s de la c o le c c ió n
r e s p ir a n u n e s p ír itu h o s t il a l demos y e n p a r te a lg u n a podem os m e­
jo r im a g i n a r lo s q u e e n la s h e ta ir ía s a t e n ie n s e s d e l t ie m p o d e C r it ia s ,
de la s c u a le s su r g ió e l p la n f le t o sob re la c o n s t it u c ió n de A te n a s y a
la s c u a le s se h a lla b a , p o r n a c im ie n t o , ín t im a m e n t e v i n c u la d o P la t ó n .
La ín t im a u n ió n d e l s i m p o s i o y eros, que nos m u e s tr a en su m ás
a lta f o r m a e n s u Banquete {Simposio), se r e f le ja t a m b ié n c la r a m e n t e
e n la h is t o r i a d e la c o le c c ió n de T e o g n is , p u esto q u e e l d e n o m in a d o
li b r o s e g u n d o , q u e c o n s tit u y e e n r e a lid a d u n l i b r o in d e p e n d ie n t e , tie n e
por o b je t o e l eros q u e se f e s t e ja b a e n a q u e lla s o c a s io n e s .
A f o r t u n a d a m e n t e , b a s ta n u e s tr a s e n s ib ilid a d e s tilís tic a y e s p ir itu a l
para separar y d is t i n g u i r c la r a m e n t e lo s poem as de T e o g n is de lo s
de lo s d em ás p o e ta s de la c o le c c ió n . M uchos fra g m e n to s podem os
r e c o n o c e r lo s com o v e r s o s d e p o e ta s c o n o c i d o s c u y a s ob ras p oseem os.
De o tro s d e b e m o s co n te n ta rn o s co n s e g u ir c o n m ayor o m enor segu ­
r i d a d la s h u e lla s . E l l i b r o d e T e o g n i s se h a lla a l c o m i e n z o y es fá c il

1 En las siguientes consideraciones nos referimos a R. R eitzenstein, Epi-


gramm und Skolion (1893) y a F. J acoby, Teognis, Sitz. Berl. Akad., 1931.
181 LA PR IM E R A GRECIA
d i s t i n g u i r lo d e l o s f r a g m e n t o s d e o t r o s p o e t a s q u e l o s ig u e n y s e h a lla
c o n e llo s e n u n a c o n e x i ó n m u y su p e r fic ia l. No se tr a ta d e u n p o e m a
o r g á n ic o , s in o d e u n a c o le c c ió n de s e n te n c ia s . S ó lo e s te c a r á c t e r h a -
p e r m itid o in c o r p o r a r en lo s versos de T e o g n is lo s que le son e x tr a ­
ñ os. P ero su c o le c c i ó n de s e n te n c ia s o fre c e una ín tim a u n id a d . A
p esar de la in d e p e n d e n c ia e x te r n a de la s s e n te n c ia s se ob serva en
e lla s e l p r o g r e s o de una id e a y tie n e n un p ro e m io y u n a c o n c lu s ió n
q u e la s sep a ra n c la r a m e n t e de la s q u e la s s i g u e n .2 A p a rte el i n c o n ­
fu n d ib le to n o de su ru d a a r is to c r a c ia , n o s p r e s ta una v a lio s a ayuda
p a r a r e c o n o c e r la a u t e n t ic id a d d e e ste v i e j o l i b r o d e T e o g n i s , la f o r m a
c o n s t a n t e m e n t e r e p e t id a de lo s d is c u r s o s d el p o e ta al am ad o jo v e n a
q u ie n d ir ig e su d o c tr in a , C ir n o , el h ijo de P o lip a o , v á sta g o de no­
b le p r o s a p ia . A n á lo g o s d is c u r s o s h a l l a m o s y a en el p o e m a d id á c t ic o
de H e s ío d o a P e r s e s , e n lo s v e r s o s d e l o s y á m b i c o s y e n la l í r i c a de
S a fo y de A lc e o . El hecho d e e x p o n e r su d o c t r in a en fo r m a de sen ­
t e n c ia s le da o c a s ió n para r e p e t ir con fr e c u e n c ia la in v o c a c ió n a
“ C ir n o ” o al “ h ijo de P o lip a o ” , a u n q u e no en to d a s la s s e n te n c ia s .
La m is m a fo rm a h a lla m o s en la a n tig u a p o e s ía s e n t e n c io s a de lo s
n ó r d ic o s . T a m b ié n en e llo s se r e p ite p e r ió d ic a m e n te el n om bre de
la p e r s o n a a q u ie n v a n d i r i g i d o s . E l n o m b r e d e C i r n o n o s s ir v e c o m o
h i lo c o n d u c to r para d esta ca r la ob ra a u t é n tic a de T e o g n is del r e s to
d e la c o le c c i ó n .
No se h a lla , s in e m b a r g o , s ó lo e n lo s p o e m a s o r ig in a r io s y e n la
c o n c l u s i ó n q u e c o n s t it u y e e l f in del a n tig u o lib r o de s e n t e n c ia s , s i n o
q u e l o e n c o n t r a m o s t a m b i é n e n la s p a r te s q u e s e h a n a ñ a d i d o . S ó l o q u e ,
así com o se h a lla con su m a f r e c u e n c ia en el lib r o de s e n te n c ia s de
T e o g n is, en la s dem ás ap arece ra ra m e n te y en lu g a r e s p r ó x im o s en­
tr e s í. Por ta n to , debem os a c e p ta r que lo s lu g a r e s en que así apa­
rece, cu a n d o son a u t é n t ic o s , s o n a c o t a c io n e s de lo que fu e el lib r o
o r ig in a r io y c o m p le t o de T e o g n is. Y p u esto que en p a rte son fr a g ­
m e n to s que h a lla m o s ta m b ié n en el te x t o del a n tig u o lib r o de sen ­
te n c ia s y no es p o s ib le que se e n co n tra ra n r e p e t id a s en la m is m a
c o le c c ió n de p oem as, es e v id e n te q u e la ú lt im a p a r te d e la c o le c c i ó n
c o n s t it u ía o r ig in a r ia m e n te una s e le c c ió n i n d e p e n d ie n t e , que c o n t e n ía
fr a g m e n to s d e T e o g n is a l la d o d e lo s de otro s p o e ta s. E ra un flo r i­
le g i o r e c o g i d o e n la é p o c a e n q u e T e o g n i s se h a b í a c o n v e r tid o y a en
u n c l á s i c o , e s d e c ir , h a c ia el f in d e l s i g lo v o a l c o m i e n z o d e l s i g lo i v .
P la t ó n , e n la s Leyes, d a t e s t im o n io d e la e x is t e n c ia d e s e m e ja n t e s a n ­
t o lo g í a s en la s e s c u e la s de aquel t i e m p o .3 D e b ie r o n de ser u sad a s
ta m b ié n en lo s sim p o sio s. M á s ta rd e lo s d iv e r s o s li b r o s d e b ie r o n de
ser re u n id o s en la c o le c c i ó n que ah ora p oseem os. El hecho de que
n a d ie se d ie r a la p e n a d e e v it a r la s r e p e t ic io n e s q u e an tes h e m o s in ­
d i c a d o . m u e s t r a c l a r a m e n t e la r u d e z a c o n q u e se p r o c e d i ó . A s í, d eb e­
m os fo r m a r n o s id e a de T e o g n is no s ó lo por el lib r o conexo de la s
s e n te n c ia s de C ir n o , sin o t a m b ié n por la s s e n te n c ia s e s p a r c id a s que

2 Versos 237-254. 3 P latón , L e y e s , 811 A.


LUCHA Y TRANSFORMACIÓN DE LA NOBLEZA 185
d e b e m o s a ñ a d i r a la c o le c c i ó n . E n to d a c a s o , el lib r o d e s e n te n c ia s a
C ir n o es el fu n d a m e n to a u t é n tic o a que es p r e c is o r e f e r ir to d o lo
d em ás. D ebem os e s t u d ia r lo , p u es, de un m odo m ás r ig u r o so a n te s
de p la n t e a r n o s el p r o b le m a de si o tro s fr a g m e n to s de la c o le c c i ó n ,
adem ás de lo s c o n s a g r a d o s a C ir n o , d eb en ser a tr ib u id o s ta m b ié n a
T e o g n is.
A n te to d o , ¿có m o sab em os que el li b r o de C ir n o es un poem a
de T e o g n is? Su n om b re h u b ie r a p o d id o d esa p a recer s in d e ja r hue­
lla en e s ta u otra c o le c c i ó n de p oem as, com o el de o tro s fa m o so s
p o e t a s , s i T e o g n i s n o h u b ie r a e m p le a d o un a r tific io q u e lo s a lv a del
d e s t in o q u e lo a m e n a z a b a . S u n o m b r e se h a lla e t e r n iz a d o e n el p r o e ­
m io . C o n e llo n o s ó lo se d e f ie n d e c o n t r a e l o l v i d o , s in o q u e im p r i m e
en su ob ra su p e c u li a r i d a d o su m a rca o, com o él m is m o d ic e , s u
s e llo . O ig a m o s su s p r o p ia s p a la b r a s : 4 “ C ir n o , he t e n id o la cu erd a
id e a de e sta m p a r mi s e llo en m is versos, de ta l m odo, que ja m á s
p u e d a n a d ie r o b a r l o s c la n d e s t in a m e n t e n i t o m a r lo b u e n o q u e se h a lla
en e llo s , p o r lo m a lo , sin o que to d o s d i g a n : é s to s s o n lo s v e r so s de
T e o g n i s d e M e g a r a , f a m o s o e n tr e t o d o s lo s h o m b r e s . No puedo agra­
dar a to d a la g e n te de n u e s tr a c iu d a d . No hay en e llo m a r a v illa
a lg u n a , h i jo de P o lip a o , p u esto que ni aun Zeus p u e d e c o m p la c e r a
t o d o s c u a n d o e n v í a llu v ia s o s e q u í a .”
La c o n c ie n c ia a r t ís t ic a a lt a m e n te d e s a r r o lla d a y la a s p ir a c i ó n a
c o n s e r v a r la p r o p i e d a d e s p ir itu a l q u e se m a n i f i e s t a n e n e s ta s p a la b r a s
so n u n sig n o d el tie m p o , y lo e n c o n t r a m o s ta m b ié n en la s a r te s p lá s ­
tic a s , donde l o s e s c u lt o r e s y p in t o r e s de vasos e s c r ib ía n su n om b re
en su s ob ras. E s te ra sgo i n d iv i d u a li s t a es p a r t ic u la r m e n t e in t e r e s a n ­
te e n u n a r is t ó c r a t a t r a d ic io n a lis t a d e l t ip o d e T e o g n i s , p u e s e n é l se
m u e stra q u e e l e s p ír it u d e l t ie m p o le h a b í a a fe c ta d o m ucho m ás p ro­
fu n d a m e n te d e lo que él c r e ía . De s u s p a la b r a s se d esp ren d e in c o n ­
t r o v e r t ib le m e n t e que lo que p r e te n d ía con la im p r e s ió n de su s e llo
era la i n c o r p o r a c i ó n de s u n o m b r e a su s p o e m a s . No e ra a lg o ab so­
lu ta m e n t e nuevo m e n c io n a r el n om b re del p o e ta al c o m ie n z o de la
ob ra. P ero el e je m p l o de H e sío d o en la Teogonia no h a b ía te n id o
n in g ú n i m i t a d o r y s ó l o un i n m e d ia t o p r e d e c e s o r d e T e o g n i s , e l p o e ta
g n ó m i c o F o c í li d e s d e M i le t o , h a b ía u t i liz a d o e ste a r t i f i c i o p a r a s e ñ a la r
la p r o p i e d a d de s u s s e n te n c ia s , e v id e n t e m e n t e porque el t ip o de su s
versos p o d ía f á c i lm e n t e c o n v e r t ir s e en p r o p ie d a d com ú n en c a li d a d
d e p r o v e r b io s . L o s f a m o s o s v e r s o s d e F o c í li d e s y T e o g n i s f u e r o n m e n ­
c i o n a d o s , e n e f e c t o , p o r lo s e s c r ito r e s p o s t e r io r e s c o m o p r o v e r b i o s , s in
c it a r el n om bre del a u to r. Las s e n te n c ia s de F o c í li d e s se h a lla b a n
to d a v ía m ás e xp u estas a e ste p e lig r o p orque son p r o v e r b io s s u e lt o s
e x e n t o s d e ín t im a c o n e x ió n . De ahí q u e el p o e ta p u s ie r a su n om bre
en cada uno de e llo s . E l p r im e r v e r so c o m ie n z a s ie m p r e c o n la s p a ­
la b r a s : “ T a m b ié n é sta es una s e n te n c ia de F o c í l i d e s .” S ig u ie n d o su
e je m p lo , el tir a n o H ip a r c o , h i jo d e P is ís tr a to , c u a n d o e s c r ib ió su s sen -

4 Versos 19-23.
186 LA PRIMERA GRECIA
te n c ia s p a r a c o lo c a r la s e n l o s h e r m e s d e la s c a r r e t e r a s á t ic a s , la s h i z o
com en zar con la s p a l a b r a s “ E sto es de H ip a r c o ” , p a ra s e g u ir l u e g o :
“No engañes a tu a m ig o ” , o “ S ig u e s ie m p r e p o r e l c a m i n o r e c t o .” 5
T e o g n is no t e n ía n e c e s id a d de ta n to , p u es, com o hem os d ic h o , su s
s e n te n c ia s f o r m a b a n un to d o o r g á n ic o , q u e d e b ía se r tr a s m itid o c o m o
ta l: era la s a b id u r ía p e d a g ó g ic a h ered ad a de la c la s e a r i s t o c r á t ic a .
Com o d ic e e n el p ro e m io y en el e p ílo g o , T e o g n is esperaba que su
lib r o se d ifu n d ie r a “ e n tr e to d o s lo s h o m b r e s , so b re to d a la t ie r r a y
el m a r ” . P a r a p re se r v a r el d e re c h o d e p r o p ie d a d d e l lib r o y su con­
t e n i d o le b a s t a b a , c o m o a lo s a u t o r e s d e la n u e v a p r o s a l it e r a r ia , m e n ­
c io n a r el n o m b r e d el a u to r al p r in c ip io d e la ob ra. Los au to res ac­
t u a le s no n e c e s it a n e m p le a r e ste m e d i o porque el n o m b re y el tít u lo
de la ob ra c o n sta n en la p o r ta d a . E sto no o c u r r ía en el s i g lo vi
a n te s d e J e s u c r is t o . L a ú n ic a s o l u c i ó n e r a la que a d o p ta ro n H eca teo ,
H e r ó d o t o y T u c í d i d e s : e m p e z a r lo s l i b r o s c o n la m e n c i ó n d e s u s n o m ­
bres y la c o n s ig n a c ió n d e su s p r o p ó s i t o s . E n lo s lib r o s d e m e d ic in a
que nos han s id o tr a s m itid o s en la s c o le c c i o n e s de H ip ó c r a te s n o se
s ig u e e s ta c o s t u m b r e . D e a h í q u e l o s a u t o r e s d e a q u e llo s l i b r o s s i g a n
sie n d o para n o so tr o s u n m is te r io . El a r tific io d e l “ s e ll o ” no fu e se­
g u id o en la p o e s í a c o n ta n ta c o n s t a n c ia c o m o e n la p r o s a . Lo h a lla ­
m o s s ó l o e n l o s n o m o s p a r a c ít a r a d e l s i g lo v , e n lo s c u a le s la p a l a b r a
s e llo s e c o n v ie r t e en la e x p r e s ió n t é c n ic a para d e s ig n a r e l lu g a r en
q u e c o n sta el n o m b r e d el a u to r. N o p o d e m o s d e c ir s i e s ta p r á c t ic a f u e
to m a d a d e T e o g n is.
En v ista d e la s v i c is it u d e s que ha s u fr id o el lib r o de T e o g n is a
tra v é s de lo s tie m p o s , se ha p en sad o re cie n te m e n te que no h u b ie r a
p o d id o c o n s e g u ir su d e s ig n io m ás que e sta m p a n d o su s e llo en cada
u n a d e la s s e n te n c ia s y se h a q u e r i d o c o n s i d e r a r c o m o s e llo la in v o ­
c a c ió n a C i r n o .6 Si e llo fu e ra así p o d r ía m o s r e s o lv e r el p r o b le m a
d e s u a u t e n t ic id a d d e u n g o lp e y p o r u n c r i t e r i o m e c á n i c o y o b j e t i v o .
M i e n t r a s q u e s i c a r e c e m o s d e s e m e ja n t e c r i t e r i o , e l p r o b l e m a a d q u i e r e
u n a su p e r io r c o m p le jid a d . P ero T e o g n is no p o d ía p r e v e r la s d i f i c u l ­
ta d e s q u e e n c o n t r a r í a n l o s e r u d it o s d e s p u é s d e d o s m ile n io s y m e d io ,
c u a n d o s ó l o h a b í a d e q u e d a r u n e je m p l a r d e s u l i b r o . É s ta e s n u e s tr a
situ a c ió n a n te el ú n ic o m a n u s c r ito a n tig u o d e q u e d e p e n d e to d a n u e s­
tr a t r a d i c i ó n de T e o g n is. E speraba que su lib r o lle g a r a a to d a s la s
m an os. P ero n o era fá c il q u e p u d ie r a p e n sa r en m ile n io s . No p o d ía
c a lc u la r q u e su lib r o de s e n te n c ia s al ca b o d e c ie n a ñ o s p u d ie r a ser
ya c o m p e n d ia d o s in p ie d a d p a r a u s o d e lo s sim p o sio s y r e u n id o con
lo s d e o tr o s a u to r e s d e s c o n o c id o s e n u n lib r o p a r a c a n ta r en lo s b a n ­
q u e te s. M ucho m enos p o d ía sosp ech ar que la in c o r p o r a c ió n de su
n om bre en el p ro e m io de su lib r o , en lu g a r de p r o te g e r lo c o n tr a el
r o b o e s p i r i t u a l, p u d i e r a c o n t r i b u i r a h a c e r q u e se le c o n s i d e r a r a c o m o

5 P seudo-P latón , Hiparco, 228 C.


6 Jacoby , ob. cit., p. 31: cf. M. P ohlenz , Gótt. Gel. Nachr., 1933. No he
recibido esta obra hasta después de la composición de este capítulo.
LUCHA Y TRANSFORMACIÓN DE LA NOBLEZA 187
a u t o r d e t o d o s lo s p o e m a s a n ó n im o s re u n id o s c o n él en la c o le c c i ó n .
D ebem os c o n g r a t u la r n o s , s in e m b a r g o , d e q u e e l s e llo d e su n om bre,
p u esto a l p r in c ip io de su p o e m a , n o s p e r m it a r e c o n s t r u ir s u p e r s o n a ­
li d a d s u m i d a e n la m a s a d e ta n to s b ie n e s s in d u e ñ o . N o s e r ía p o s i b le
h a c e r s e m e ja n t e c o s a c o n n i n g u n o d e lo s d e m á s p o e t a s d e la c o le c c i ó n .
A s í q u e T e o g n i s c o n s i g u i ó lo q u e se p r o p o n í a .
No es p o s i b le , s in em bargo, por razon es in t e r n a s , m a n te n e r la
in t e r p r e t a c ió n del s e llo ú n ic a m e n t e en la fo rm a de la in v o c a c ió n a
C ir n o . C u a n to m e jo r se p e n e tr a en el lib r o de C ir n o , m e jo r apa­
rece la im p o s ib ilid a d de sep a ra r la s s e n te n c ia s con sagrad as a C ir n o
de la s dem ás í n t im a m e n t e v i n c u la d a s a e lla s por la m a rch a de un
p e n s a m ie n t o u n it a r i o . No p odem os negar la in s e g u r i d a d en que nos
h a lla m o s a n te lo s p o e m a s q u e carecen del n om bre de C ir n o , a u n q u e
s e h a lle n e n e l a n t i g u o l i b r o d e s e n te n c ia s . E n e f e c t o , i n m e d ia t a m e n t e
a n te s d e l e p í l o g o , es d e c ir , d en tro d e l o s v e r s o s q u e s e p a r a n la o b r a
d e T e o g n is de la s d e m á s, a p a re ce u n fr a g m e n to de S o ló n . P ero e s te
fr a g m e n to se d esta ca ta n c la r a m e n t e del cu rso d e l p e n s a m ie n t o que,
a u n q u e n o s u p i é r a m o s y a d e a n t e m a n o q u e p e r te n e c e a S o l ó n , p o d r í a ­
m o s s e p a r a r lo c o m o u n c u e r p o e x t r a ñ o . N a d a p o d e m o s a lc a n z a r a q u í ,
com o e n p a rte a lg u n a , s in u n a c r ít ic a f o r m a l y d e c o n te n id o , y aun
el n o m b re de C ir n o , e s p e c ia lm e n t e fu e r a de lo s lí m i t e s del lib r o de
la s s e n te n c ia s , n o e s u n a a b s o lu t a g a r a n t ía de a u t e n t ic id a d para n in ­
g u n o d e lo s p o e m a s .
A s í , d e b e m o s f o r m a r n o s n u e s tr a id e a d e T e o g n i s t o m a n d o p o r b a s e
e n p r i m e r lu g a r e l l i b r o e n te r o d e la s s e n te n c ia s d e d ic a d a s a C ir n o .
En él a p a re c e su fig u r a d e u n m o d o p e r fe c t a m e n t e c o m p r e n s i b l e . A sí
hem os de to m a r co n la s n a t u r a le s li m i t a c i o n e s la s s e n te n c ia s d e d ic a ­
das a C ir n o e s p a r c id a s e n el r e s to d e la c o le c c i ó n . R e sp e cto a e lla s
la c r ít ic a se h a lla s ie m p r e en el a i r e , p u e s t o qu e carecem os del c o n ­
te x t o o r ig in a r io que lo s g a r a n t ic e , lo cual d is m in u y e grav em en te su
v a lo r . P o r lo q u e se r e f ie r e a lo s d e m á s , n o nos h a lla m o s e n c o n d i­
c io n e s d e r e s o lv e r , c o n lo s m e d io s de que d is p o n e m o s , si p e r te n e c e n
a T e o g n is o n o . M e r e c e n e s p e c ia l m e n c i ó n u n g r u p o d e b e llo s p o e m a s
d e a lg ú n p o e t a m e g á r i c o , q u e p a r e c e n h a b e r s i d o d esta ca d o s del p ro e ­
m i o d e u n a c o le c c ió n d e p o e m a s i n d e p e n d ie n t e . S o n a t r i b u i d o s u s u a l­
m e n te a T e o g n is , y la j o v i a l i d a d y e l c a lo r de sim p o s io que r e v e la n
e s tá n e s t r e m e c id o s por lo s r e lá m p a g o s de la to rm e n ta p ersa que se
a v e c in a . S i p e r te n e c e n a T e o g n i s , é ste d e b e d e h a b e r v i v i d o h a s t a 4 9 0
o 480. Las c ir c u n s t a n c i a s p o lít ic a s de M egara que d e s c r ib e e l li b r o
de C ir n o no c o rre sp o n d e , p o r lo poco que sab em os, a e s te tie m p o .
P e r te n e c e n m á s b ie n a la m i t a d d e l s i g lo v i . . Y en e s te tie m p o s itú a
a l p o e t a la a n t ig u a c r o n o lo g í a c i e n t í f i c a (5 4 4 ). D e s g r a c ia d a m e n te no
n o s h a l l a m o s e n c o n d i c i o n e s d e c o m p r o b a r e s te d a t o . L o s p o e m a s del
tie m p o de la s gu erras p ersas nos p ro p o rc io n a n escaso a u x ilio para
f ija r lo s . S u e s p ír it u e s e v id e n t e m e n t e d is t in t o d e l q u e s e r e v e la e n el
lib r o de C ir n o y , p o r la m an era com o lo u t i liz a , la a d m is ió n de un
188 LA PRIMERA GRECIA
s e g u n d o p o e t a m e g á r i c o d is t in t o d e T e o g n i s n o p a r e c e ta n d e s a c e r t a d a
c o m o d e o r d i n a r i o s e s u e le c r e e r . S in e m b a r g o , la b a s e d e l o s p e q u e ­
ños c o n ta c to s de e s to s poem as con el p r o e m io de T e o g n is es dem a­
s i a d o e s tr e c h a p a r a p o d e r f u n d a r s o b r e e lla u n a h ip ó t e s is s e g u r a .

L a codificación de la tradición pedagógica aristocrática

D esd e el p u n to de v ista de la f o r m a , el lib r o de T e o g n is p e r te n e c e


a l m i s m o g é n e r o q u e la s a b id u r ía c a m p e s in a d e lo s Erga d e H e s ío d o
y la s s e n t e n c ia s d e F o c í li d e s . Son ú jto íK p ta i, “ e n s e ñ a n z a s .” 7 La pa­
la b r a ap a re ce a l fin d el p ro e m io , in m e d ia t a m e n t e a n te s d e l p r in c ip io
d e la s s e n te n c ia s p r o p i a m e n t e d i c h a s : “ Q u i e r o e n s e ñ a r t e , C i r n o , p u e s ­
to que me d ir ijo a ti com o un a m ig o , a q u e llo m is m o que aprendí
yo de lo s n o b le s cuando era un m u c h a c h o .” A s í, es e s e n c ia l a su
d o c t r in a e l h e c h o d e q u e n o n o s o f r e c e la s id e a s i n d i v i d u a le s d e T e o g ­
n i s , s i n o la t r a d i c i ó n d e s u c la s e . E l p r i m e r in t e n t o d e v e r te r e n v e r s o
l o s p r e c e p t o s cite la a n t i g u a a r is t o c r a c ia e s e l p o e m a a n t e s c i t a d o “ L a s
e n señ a n za s d e Q u ir ó n ” (v e r supra, p. 3 9 ). F o c í li d e s n o s o f r e c e r e g la s
g e n e r a le s p a r a la c o n d u c t a p r á c t ic a d e la v i d a . L a o r i g i n a l i d a d d e T e o g ­
n is a p a r e c e c la r a m e n t e e n s u c o n t r a p o s i c i ó n a é l y a H e s í o d o . Q u ie r e
e n s e ñ a r la e d u c a c ió n e n te r a de lo s n o b le s , a q u e llo s p re ce p tos sagra­
dos que h asta ah ora s ó lo han s id o t r a s m i t i d o s v e r b a lm e n t e de gene­
r a c ió n en g e n e r a c ió n . A s í, se h a lla en p e r fe c t a y c o n s c ie n t e co n tra ­
p o s i c i ó n c o n la t r a d i c i ó n c a m p e s in a c o d i f i c a d a e n l o s Erga d e H e s ío d o .
E l j o v e n a q u ie n se d i r i g e se h a lla l i g a d o c o n e l p o e t a p o r l o s l a ­
zos del eros. É sto s c o n s t it u y e n e v id e n t e m e n t e , para el p o e ta , el p re ­
su p u esto e s e n c ia l de su r e la c ió n educadora. Su u n ió n debe o fre ce r
a lg o típ ic o a lo s o jo s de la c la s e a que am bos p erte n e cen . Es sig ­
n i f i c a t i v o q u e la p r i m e r a v e z q u e c o n s i d e r a m o s d e s d e c e r c a la c u ltu r a
d e la n o b le z a d ó r i c a h a l l a m o s e l eros m a s c u lin o c o m o u n fe n ó m e n o d e
una im p o r ta n c ia ta n d e c is iv a . No qu erem os e n tra r en la d is c u s ió n
de un p r o b l e m a ta n d e b a tid o en n u e str o s d ía s . No es n u e stro p r o p ó ­
s it o d e s c r ib ir y e s t u d ia r e l e sta d o s o c ia l por sí m is m o . Es p r e c is o
s ó l o m o s t r a r c ó m o e s te f e n ó m e n o tie n e s u lu g a r y su r a íz e n la v i d a
del p u e b lo g r ie g o . Es p r e c is o no o lv id a r que el eros del h om bre
h a c ia lo s jó v e n e s o lo s m uchachos es un e le m e n t o e s e n c ia l h i s t ó r i c o
e n la c o n s titu c ió n d e la p r im itiv a s o c ie d a d a r i s t o c r á t i c a , i n s e p a r a b le ­
m e n te v in c u la d o a s u s id e a le s m o r a l e s y a su ran go. Se ha h a b la d o
d el a m o r d ó r ic o h a c ia lo s m u ch ach os. La a tr ib u c ió n se h a lla p e r f e c ­
ta m e n te ju s tific a d a , p u e s a q u e lla p r á c t ic a h a s id o sie m p r e m á s o m e­
n o s a je n a a l s e n t im ie n t o p o p u la r d e lo s jo n io s y d e lo s á t ic o s , c o m o
lo r e v e la an te to d o la c o m e d ia . Las fo rm a s de v id a de la s c la s e s
s u p e r io r e s se tr a sm ite n n a t u r a lm e n t e a la b u r g u e s ía a c a u d a la d a . A sí
ta m b ié n e l jt a ib ix ó g epoog. P e r o lo s p o e ta s y l o s le g i s l a d o r e s a t e n i e n ­

7 En esta conexión se hallan en P. F riedlaender, Hermes 43 (1913), 572;


cí. T s.oc.m s, verso 21.
LUCHA Y TRANSFORMACIÓN DE LA NOBLEZA 189
se s q u e lo m e n c io n a n y lo e lo g ia n son p r in c ip a lm e n t e n o b le s , desde
S o l ó n , e n c u y o s p o e m a s e l a m o r d e lo s m u c h a c h o s a p a r e c e a l la d o d e l
d e la s m u je r e s y d e lo s d e p o r te s n o b le s c o m o lo s m á s a lt o s b ie n e s d e la
v id a , h a s ta P la t ó n . La n o b le z a h e lé n ic a se h a lla s ie m p r e p r o fu n d a ­
m e n te in f lu id a p o r lo s d o r i o s . Ya e n la G r e c ia m i s m a y e n lo s t i e m ­
pos c lá s i c o s , e ste e r o s , a p e s a r de su a m p lia d ifu s ió n , fu e o b je t o de
la s m á s d is t in g u id a s a p r e c ia c io n e s . E llo se e x p lic a p o r s u d e p e n d e n c ia
d e d e t e r m in a d a s c o n d i c i o n e s s o c ia le s e h i s t ó r i c a s . D e s d e e s te p u n t o d e
v is ta e s f á c il c o m p r e n d e r que en a m p li o s c ír c u lo s de la v id a g r ie g a
e s ta f o r m a d e la e r ó t ic a fu e r a c o n s id e r a d a com