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Rafael Urdaneta fue hijo del matrimonio conformado por Miguel Jerónimo

de Urdaneta Barrenechea y Troconis y María Alejandrina de Farías y


Jiménez-Cedeño de Cisneros, ambos de connotada ascendencia española.

Estudió sus primeras letras en su tierra natal; luego ingresó al Seminario de


Caracas donde cursó Latinidad. Regresó a su ciudad natal en 1799, donde
estudió Filosofía en el convento franciscano. Con el fin de ampliar su
formación intelectual, viajó a Santafé de Bogotá en 1804, llamado por su tío
Martín de Urdaneta y Troconis, quien desempeñaba el empleo de contador
mayor del Tribunal de Cuentas de la Real Audiencia de Santafé de Bogotá.

En Santafé estudió en el Colegio de San Bartolomé y fue nombrado oficial


tercero del Tribunal, responsable por los pagos a las tropas del Virreinato
de Nueva Granada. Allí también adquirió experiencia en la administración
de personal militar. Por su desempeño recibió las felicitaciones de la Junta
de la Real de Hacienda del Virreinato de Nueva Granada.

El 20 de julio de 1810, Urdaneta se incorporó al movimiento revolucionario


que estalló en Santafé de Bogotá y tres días más tarde, pasó a las filas del
batallón de Voluntarios de la Guardia Nacional creado por la Junta Suprema
de Santafé. El 1 de noviembre de 1810 fue creado el primer batallón de la
Nueva Granada, en el que Urdaneta se incorporó con el grado de teniente.
En ese batallón también se iniciaron militarmente otros notables
protagonistas de la guerra de independencia como Atanasio Girardot,
Francisco de Paula Santander, Antonio Ricaurte y José D'Elhuyar.

Urdaneta participó en varias acciones durante la Campaña Admirable


liderada por Simón Bolívar, destacándose bajo las órdenes del Coronel José
Félix Ribas el [2 de julio] de 1813 en la Batalla de Niquitao y siendo decisivo
en el triunfo de la Batalla de Taguanes contra las fuerzas realistas del
Coronel Julián Izquierdo. En el informe al Congreso de la Unión en Tunja,
Bolívar describió a Urdaneta como "digno de recomendación y acreedor de
todas las consideraciones del gobierno por el valor e inteligencia con que se
distinguió en la acción".

Después fue protagonista en numerosas acciones militares, entre las cuales


destacan la batalla de Bárbula en 1813, la retirada hacia Oriente en 1814, el
Asedio de Santafé de Bogotá en 1814, la toma de Maracaibo en 1821 y la
marcha hacia San Carlos, previa a la batalla de Carabobo, en la cual no pudo
participar por órdenes de Bolívar, dado el grado de agotamiento de sus
tropas. Sin embargo, por los servicios prestados, Bolívar pidió su ascenso a
General en Jefe.

Posteriormente quiso acompañar al ejército libertador en las Campañas del


Sur, pero Bolívar consideraba que su presencia era más importante en
Colombia, y por lo tanto permaneció ahí. En 1824 fue nombrado Intendente
del Zulia.

Fue uno de los jefes más leales a Bolívar. En 1828 ocupaba la Secretaría de
Guerra, pero para el 29 de septiembre de 1828 por órdenes de Bolívar que
disolvió por su propia voluntad el tribunal que trataba todos los supuestos
acusados de la conspiración septembrina y en su reemplazó nombró al
general Urdaneta como juez único que revisara todos los casos faltantes y
las condenas que no fueron satisfechas para Bolívar, afirmando que "no
quería absoluciones"4, Urdaneta actúo sumariamente con el apoyo de
Tomás Barriga5 y se limitó a firmar condenas sin juicio alguno, se
presentaron solo audiencias en casos excepcionales, lo que ocasionó que
menores de edad e incluso personajes como Francisco de Paula Santander o
Jose Prudencio Padilla, a pesar de que la evidencia era poco concluyente,
fueran condenados a muerte por darle satisfacción a Bolívar.6 Sin embargo
Santander era un personaje muy influyente en la sociedad y para el 10 de
noviembre de 1828 por recomendación del Consejo de ministros, siete días
después de la condena de Urdaneta se conmutó la pena de muerte por la
de destierro de por vida.6

El día 5 de septiembre de 1830 Urdaneta se proclamó dictador afirmando


que lo hacía en nombre de Bolívar hasta que este regresara al cargo como
gobernante, encargándose de la presidencia al derrocar a Joaquin
Mosquera, convirtiéndose en dictador.7 Famosa es la frase que, en una
carta íntima, le transmitió Bolívar desde Barranquilla en 1830, poco antes
de su muerte: "El no habernos compuesto con Santander nos ha perdido a
todos". Muerto Bolívar, Urdaneta propuso se convocase al pueblo para
decidir sobre el Gobierno. El 28 de abril de 1831 se celebró en Apulo "El
Convenio de Juntas de Apulo" [1] con el vicepresidente Domingo Caycedo,
bajo el cual Urdaneta cedería el mando hasta el 30 de abril de 1831.7 Allí
mismo pidió Urdaneta pasaporte. Escaparía al asesinato milagrosamente y
se trasladó a Santa Marta.

También se le acredita la frase de valor y de fiel a la causa Bolivariana


cuando en una carta dice que si no entregan a Bolívar prendería en fuego a
Colombia por los cuarto costados.
En abril de 1831, el general Juan Nepomuceno Moreno, se puso en marcha
desde Pore, acompañado por trescientos soldados de caballería y
cuatrocientos de infantería, para forzar la salida del país del General
Urdaneta, tras la Batalla de Cerinza y con esta acción y respetando los
acuerdos de Apulo, se garantizó el regreso del General Santander, el cual se
encontraba exilado en Europa.

Al salir desterrado de Colombia en 1831, el General Paez le cerraría las


puertas a Urdaneta en Venezuela ya que había sido uno de los más fieles
seguidores de Simón Bolívar, y por lo tanto adversario de la idelogia de
Paez. En 1832, después de haber perdido su fortuna en el exilio, se le
permitiría vivir en la provincia de Coro. Allí tuvo la satisfacción de que se le
eligiese representante al Congreso. Fue ministro en el Gabinete del
presidente Carlos Soublette. Cumpliría comisión en Angostura a la muerte
de Tomás de Heres. Su última actuación como político la realizó en 1845,
cuando fue nombrado ministro plenipotenciario y enviado extraordinario
de Venezuela ante el gobierno de España para entregar las ratificaciones
del Tratado de Reconocimiento, de Paz y Amistad, celebrado en Madrid el
30 de marzo de ese año y aprobado por las cámaras del Congreso de
Venezuela. Durante el viaje cayó enfermo y se sometió a un examen
médico durante una escala en Londres. Los médicos recomendaron una
intervención quirúrgica que Urdaneta aplazó para terminar su misión, pero
a su llegada a París se agravó, y después de varios días en cama falleció el
23 de agosto de 1845.

La integridad moral de Urdaneta llegó al punto de que al morir, a pesar de


que como él mismo decía, dejaba como testamento una viuda y once hijos
en la mayor miseria; pidió a uno de sus hijos que le acompañaba que
devolviera al Tesoro Público los viáticos que no habría de utilizar si fallecía
antes de concluir el viaje.

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