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SUBTILITAS EXPLICANDI Y SUBTILITAS INTELLIGENDI

Tradicionalmente los hermeneutas le pusieron a este momento dos nombres: subtilitas


explicandi y subtilitas intelligendi.

La subtilitas explicandi es etimológicamente la agudeza, la habilidad en el desenrollar,


en el desplegar, es decir en ‘entender’. Y entender tiene relación con el ‘tender’, con el
‘desplegar’, con ‘dirigirse hacia algo’.

Para los hermeneutas anteriores a Shleiermacher, la subtilitas explicandi, el ‘entender’, era


el modo de abordaje primero a la hora de enfrentarse con un texto, y lo referían al
esclarecimiento pedagógico de pasajes no perspicuos, de pasajes difíciles que era necesario
desenrollar, explicar, generalmente a un auditorio no preparado o no letrado, incompetente.
En un segundo momento, subordinado al primero, aparecía entonces la subtilitas
intelligendi, que significaba la agudeza en la comprensión. Inteligir es comprender.

Lo que es interesante observar es que comprender viene de ‘prender’(del lat. prehendo), es


decir, ‘atrapar’, ‘capturar’, ‘tomar posesión’, también ‘sorprender’. Es decir que todo acto
de comprensión “debe apropiarse otra entidad”. Si entender es ‘ir hacia’, comprender es en
cambio ‘traer a casa’, traer ‘la cosa’ a la casa propia; ir a buscarla para traerla, hacerla parte
de mí. Y este no es un acto necesariamente pacífico. Para traerla o traerlo a casa y hacer al
otro/otra parte de mí debo romper un código, especialmente el del otro, al que ubico en los
códigos de mi casa. Esta es una metáfora que grafica los desafíos de la traducción y de la
interpretación. Es un momento en que se vencen los mecanismos de la otredad hostil o
seductora. El traductor invade, extrae y trae a casa. Recién ahí comprendo. Comprendo
porque lo tomo como una totalidad que, pese a ser extraña, puedo atraer hacia mí.

Es un momento que comporta cierta violencia, porque es una etapa de incursión y


extracción. La idea según la cual todo conocimiento y toda incursión en el mundo implica
agresión, es por supuesto hegeliana. Pero debemos a Heidegger haber mostrado como
claramente resalta Steiner que toda comprensión, identificación e interpretación constituyen
“un modo de ataque unificado e insoslayable…que la comprensión no es materia de método
sino modalidad primera de ser”, y de que todo acto de comprensión es un querer apropiarse
de otra entidad.

Pero en el fondo, aun mediando este acto de violencia, todo acto de comprensión descansa
en la profunda intuición de que hay un fondo común, una identidad entre el ‘tú’ y el ‘yo’
que hace posible la comprensión pese a las diferencias. En la comida del enemigo que
practican las tribus antropófagas existe la convicción de la apropiación de una fuerza que
puede acrecentar la propia, pues se trata de una fuerza que no difiere de la mía en especie y
cualidad. Si el otro fuese irreductiblemente distinto no lo podría comprender jamás. Es por
eso que sólo puede comprender a un hombre, y no a un dios o a una piedra.

Los antiguos hermeneutas subordinaban entonces este momento, el de la comprensión, al


primero, es decir, ubicaban primero la subtilitas explicandi y luego la subtilitas intelligendi.
Pero Shleiermacher invirtió la relación: primero ‘traigo a casa’, me apropio de la totalidad
del otro ser, luego desenrollo y exploro. Eso, dice, es lo que hacemos habitualmente al
interpretar (y lo que es necesario hacer para ser un buen intérprete): primero debo
comprender, es decir, apuntar al meollo de la alteridad, verlo en su totalidad, desalojar el
malentendido en el sentido de no dar alojamiento a lo extraño; luego entender, aclarar,
facilitar la tarea de la lectura allí donde el texto presenta alguna oscuridad debida a una
traducción incompetente o a la falta de claridad conceptual.

Ahora bien, hay muchas maneras de ‘traer a casa’, es decir, de ejercitar la interpretación.
Estos son los modos que todo trabajo filosófico que se precie de tal debe esforzarse por
explicitar. A continuación voy a referirme brevemente a esos modos.

DASEIN

El Dasein es la expresión alemana que Heidegger escoge para determinar la existencia, para
su conformación morfológica: Da = aquí, allí, ahí. Sein = ser. Ser en el mundo es la
reflexión de la existencia humana en una historicidad relacionada con la propia realidad,
esta tiene una dimensión ontológica más que epistemológica. Implica el mundo histórico, es
el lugar del sentido y de la comprensión del ser, es el ente que tiene comprensión del ser. El
ahí del ser-ahí es el mundo, el cual es ya de modo inmediato el ser-ahí.

Es la conciencia de sí, quien determina la existencia del ser a través de la continuidad en el


tiempo y en el espacio, se comprende a sí mismo desde su existencia, desde una posibilidad
de sí mismo: de ser o no ser, de ahí que existencia quiere decir, según la tradición
ontológica lo mismo que estar-ahí.

Existir es estar en camino, siempre; es enfrentarse y confrontarse con una tarea que no
acaba sino con la muerte, a cuyo encuentro se adelanta el ser velozmente sin percatarse.

El Dasein es en consecuencia un modo de ser en el que, el cómo del propio ser permanece
abierto o indeterminado.

Por lo anterior, se puede argumentar que la enfermera (o) tiene que comprender su
existencia, su estar en el mundo, el estar ahí, es decir su Dasein para llevar a cabo el
cuidado, debe comenzar por conocerse a sí misma(o) para conocer las necesidades del otro;
no se ha preguntado por su ser adecuadamente, puesto que la noción persona ha quedado
alejada de lo teórico y lo práctico, y ha sido interpretada por la ciencia, que hoy en día vive
una crisis epistemológica, como paciente, cliente o usuario.

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