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En la entrevista que se lleva a cabo al Filosofo Sergio de Zubiria y al periodista Javier Restrepo, se

toca el tema específico del perdón, y se manifiesta: “Perdón con construcción de futuro, y
venganza con destrucción de futuro”. Respecto a esto, en lo corrido desde la firma del acuerdo de
paz hasta hoy, según un artículo de la blu radio publicado el 19 de junio de 2019, van 144
excombatientes de las FARC asesinados, las razones varían, pero entre las hipótesis se encuentran,
que los hechos violentos, son venganzas perpetradas, debido a los abusos y agresiones contra la
población, que habrían sido cometidos por los ahora reincorporados de las FARC, estas venganzas
se han extendido inclusive a las familias de los exguerrilleros.

Teniendo en cuenta esto, ¿Cómo llegar a perdonar lo imperdonable, y que mecanismos o


instituciones cumplen un papel fundamental en este proceso, partiendo de que hay vestigios de
odio e indiferencia de lado de la población civil?

https://www.bluradio.com/nacion/cuantos-exguerrilleros-han-sido-asesinados-en-2019-218031-
ie430

Zygmunt Bauman sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico, en su texto sobre el desafío ético
de la globalización, plantea como este fenómeno ha traído consigo, una nueva forma de abordar la
ética, porque no sabemos cuan responsables solemos ser de nuestras decisiones, y que
acarrearán, ya que estás pueden trascender no solo el tiempo sino también el espacio, perjudicar
o dar bienestar a una comunidad, o individuo que tal vez nunca hemos de conocer. En referencia a
esto, trae a colación el ámbito de los negocios, pues se han roto esas las fronteras, no solo
culturales, ideológicas, sociales, sino también económicas, lo que conlleva a un alto grado de
apertura por parte del Estado, pero que a su vez ha ido provocando una pérdida progresiva de la
soberanía local, que como lo menciona Bauman son “escuálidas y menguadas” lo que ha
implicado, que el Estado opere en función de los intereses de organizaciones externas,
involucrándose para dar garantías y favorecer la nueva fase de acumulación capitalista,
desencadenando un afán del Estado para reformular derechos laborales, recortar prestaciones y
aumentar el control total sobre la población, con la finalidad de responder a las demandas de
estas organizaciones externas.

En este caso, Colombia ha sentido el impacto en este aspecto, pues de cierta forma la
globalización no es complaciente con todos, así que genera desigualdad e inequidad, mientras
algunos sectores de la industria Colombiana se ven afectados, primeramente porque no han
alcanzado una transición que se acople a las demandas de la globalización, segundo las garantías
que les brinda el Estado son escazas, y tercero la intervención desaforada de capitalistas extra
nacionales. Tenemos casos como los de EVACOL donde se le ha impuesto una sanción, debido a
una demanda levantada por CROCS, donde se le ha dado más oportunidades, a una compañía
extranjera que a una empresa nacional que lucha por salir adelante.
Así que cabe preguntarse ¿Qué medidas considera que se deben tomar para mitigar el problema
de la vulnerabilidad de la industria colombiana y la poca consistencia de los Estados en “el deber
ser” con sus ciudadanos?

La participación es un tema importante y crucial en los acuerdos de Paz. Pero aunque en Colombia
hay muchos espacios para ella, están agotados porque en ella no se toman decisiones. En la
experiencia de países como India, según conto el experto Vijayendra Rao, los presupuestos
participativos han sido cruciales para lograr el desarrollo rural y una mayor democracia. ¿Por qué
tanto temor a que la gente decida sobre su futuro?

Para iniciar, creo que la sociedad colombiana, mas allá de tener temor por decidir sobre su futuro,
tiene es una resignación arraigada a sus tuétanos, lo que se ha traducido en una vasta indiferencia,
frente a las cuestiones políticas y de gestión pública, esto a raíz de las desdeñables prácticas
políticas, de ver una gestión burda y colmada de intereses personales o de grupos elitistas, todo
enmarcado en la corrupción. De esta manera, se ha llegado a la banalización de la política, pues el
pueblo colombiano no halla esperanza alguna en un gobierno carente de normas morales y éticas,
y más bien opta por aceptarlo, llegando a unos términos en que incluso la misma ciudadanía,
convierta la corrupción, el egoísmo, el atropello al prójimo en un axioma social necesario para la
subsistencia del mismo.