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Acerca de la aparente intrascendencia de las cosas que realmente nos importan

“Esta soledad que hoy padezco

no es una soledad de ahora;

hace un montón de compañías

que la tengo”

El libro acerca del que voy a hablar “Shopping de la poesía y otras causas I y II” fue parido y vió la

luz a partir de las instancias previas de una de las tantas crisis importantes que desangraron la

Argentina. Era entonces que nuestro país era un gran shopping: todo estaba en venta, los valores, las

conciencias, los logros laborales, todo. El libro se permite, desde el formato del comic o la

historieta, discurrir sobre esas cosas que, aparentemente, ya no importan1. Esa “aparente

intrascendencia” insiste y pulsa desde el verso breve, casi epigramático. Los poemas tienen (casi

todos) dedicatorias muy ambiguas, que invitan a la sonrisa reflexiva. No es un libro de chistes, ni

siquiera chistoso, no provoca la llana carcajada. Posee un humor inocente y casi triste, de sonrisa

melancólica.

Es en ese rasgo justo (en esa precisión) donde se percibe el poeta, que en los aspectos formales

mantiene a su texto bajo la soga corta.

El registro popular y humorístico se ocupa de poner el énfasis en la preocupación por el lenguaje,

incluso desde la paradoja y el absurdo, como en “Cursillo breve sobre el sujeto y sus

clasificaciones”, o en una parte muy experimental, donde encontramos poemas como “Historia con

palabras prestadas” donde a términos científicos específicos de la zoología se les hace decir otra

cosa, y otra cosa, y otra cosa: el signo resignifica el sentido desde el humor, socavando los

cimientos del sentido común, del más común de los sentidos: “porque así son los burgados sin

platujas/ practican terebrátula en las noches”.

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Invito a los lectores a pensar que el momento de este libro, no tan lejano en la dimensión de tiempo histórico (el año 2000) no se

aparta demasiado de la crisis que hoy por hoy atraviesa nuestro país. Por eso, este trabajo se formulará pensando en el pasado (2000)

y la actualidad (2009), utilizando un registro de presente, como los mitos.


Donde la aparente intrascendencia de las cosas que importan y mucho, se hace más evidente es

cuando el poeta se refiere al amor; donde el lugar común se hace más peligroso, donde se obliga al

poeta a ser un equilibrista cuidadoso, que se sirva de ese lugar común y que lo explote a conciencia,

para efectuar con él y desde él su maniobra crítica.

El poeta trabaja entonces con el lugar común, conciente de su peligro, absolutamente enterado de

sus límites y acechanzas, como un experto en explosivos lo hará al desactivar una sustancia

sumamente tóxica, o como un adiestrador de fieras logra dominar a un tigre de bengala: al igual que

los especialista, que nos convencen de la simpleza de su arte, Berón nos hace creer que escribir así

debe ser sencillo, claramente, no lo es.

Mucho menos referirse al amor, jugar con sus conceptos, movilizar a la reflexión pero sin perder el

candor que el tema exige. Así, en el poema “Te lo repito” dedicado “a ella” dice: “Como no sé qué

existe/ más allá de la vida,/he decidido quererte hasta la muerte”.

Donde la reflexión filosófica acerca de la trascendencia de la vida se ensambla con la reflexión con

la eternidad del amor, Cosas tan trascendentes como la vida o la muerte, el humor, entonces,

permite acercarse, disminuye la distancia, ejerce su crítica, pero siempre des-dramatizando, aún

cuando nos recuerda constantemente que los temas de la poesía son siempre el amor, la muerte, la

vida...como en el poema titulado “Pasen la voz” dedicado a todos: El amor/ es un estado de

insurrección/ permanente.

Por supuesto no faltan en el libro las reflexiones metapoéticas, es decir cómo evalúa, qué piensa el

autor acerca del oficio. En la parte II hay varios poemas pero el más significativo al respecto es

“Esperando inspiración”, donde el poeta sale a la pesca (literalmente y en todos los sentidos)

munido de un ovillo de lana, una birome azul, un caramelo y una manzana para exportación. El

procedimiento es el siguiente, el poeta arma su arte de pesca desenrollando el ovillo, atando en la

punta la birome, en la otra el caramelo, arma una caña de pescar (figuresé el lector cuál en un

extremo y cuál el otro, para asombrarse más) y dice que arroja al cielo de la noche la carnada,

esperando que pique una estrella. La manzana le sirve sólo para comer. Un rarísimo arte de pesca.
Nos figura que escribir es un oficio, un oficio casi mágico, pero un trabajo al fin.

Luego sigue en el poema siguiente (a modo de continuación ) con una serie de experimentos

frustrados en la búsqueda de un cuento, y donde la inspiración no acude, y entonces esa magia se

frustra y el mundo real ( lo llamaremos mejor mundo ordinario en oposición al mundo

extraordinario o de realidad alterada) se mete en la cuestión transformando aquello que era una

búsqueda poética de lo bello en algo feo, contaminado por la realidad ordinaria y fea.

Es también un libro que habla, irreverentemente acerca del ser de las cosas, en el más puro sentido

ontológico de la palabra. A través del humor se esconde una ontología , un poner en crisis

constantemente de las cosas en sí, los fenómenos y las apariencias de las cosas. Igual que el

cuestionamiento acerca del ser acecha todo el tiempo, bajo la apariencia de una broma, una chanza

poco seria, como en el siguiente poema, titulado “Hablando con Freud” dedicado a noni: Extraña

clave del sueño/ donde la noche afila su fantasma/ y fabrica fotocopias del hombre.

Las cosas que importan

Hay un poema en el libro que de alguna manera es el arte poética del libro. El poema se llama

“Novedad en el pueblo” y está dedicado al negocito del barrio. Lo que expresa este poema es la

experiencia de el poeta ante la inauguración de un shopping en su pueblo. Expresa, en última

instancia lo que provoca en un artista un cambio de episteme, de modo de ver el mundo; un filósofo

lo haría con un libro o un ensayo filosófico, y el poeta lo hace del único modo que sabe, poetizando.

En el más puro sentido de la palabra poiesis. Me permito transcribir entero este poema, porque es

fundamental para comprender lo que postula este pobre intento mío:

Salí a caminar
por el centro del pueblo.
Llegué, vi y me metí en el shopping.
Recorrí las góndolas,
pero no pude hallar
ni paquetes de nubes,
ni limadura de estrellas,
ni amor en polvo.
Tampoco el cenicero
tenía corazón de pájaro.
En la sección mercería,
me dijeron que ellos
no trabajaban más
ni el hilo de luz,
ni los botones con agujeros
para mirar al futuro.
En la sección juguetería,
me quisieron vender bolitas sueltas
que me llevaban tres cuadras de ventaja.
Me puse furioso
y decidí alejarme
de aquel lugar maldito.
Llegando a la salida,
estaba la sección inmobiliaria.
Exhibía una casa de ventanas abiertas
por las que soy loco y decidí comprarla.
Pero el tipo, además de la guita me pedía:
el zapato del sueño,
el llaverito con la cara de Ernesto
y la birome con que escribo los poemas.
Yo le juro, hice lo posible.
Tomé aire.
Realicé dos ejercicios de yoga.
Volví a tomar aire y lo contuve
con los ojos apretados.
Pero le soy sincero.
No pude.
Y al tipo y al shopping
los mandé a la puta que los parió.2

Para el poeta las cosas que verdaderamente importan son el zapato del sueño, el llaverito con la cara

de Ernesto y la birome con que escribe los poemas, eso es lo que el vendedor de su casa de sueño le

pide, y a eso se niega.

Se niega a la comercialización de esas puntuales y precisas cosas que aparentemente carecen de

todo valor comercial.

En el poema “leyes del mercado, leyes del poeta” subtitulado “poema en vuelo” dice:

El poder de la oferta y la demanda


podrá fabricar plumas
de diversos tamaños, formatos y colores.
Pero jamás podrá crear un pájaro
con corazón que vuele.
Lo decimos nosotros:
Juan Salvador Gaviota
y Ernesto Cardenal

Ese mundo escindido, separado, del mercado y del poeta queda expresado claramente en este
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Página 105. Parte I
poema, donde los bandos antagónicos compiten acerca de sus capacidades, hay un límite que el

mercado no puede superar: un pájaro con corazón que vuele. En cambio si lo puede hacer la poesía,

a través de Ernesto Cardenal y el personaje de Bach , Juan Salvador Gaviota.

Mundo escindido, particionado, donde raramente se tocan sus orillas. Este libro, incluso desde su

forma, un tanto graciosa, despreocupada, no intenta postular ninguna ley fundamental. “Nada sirve

para todo” me decía el poeta el otro día, mientras hablábamos de el proyecto “Viajerocielo” del

Programa de promoción y Protección integral de Derechos de niños, niñas y adolescentes de la

Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, recientemente

aprobado y subsidiado por el Programa Nacional de voluntariado3, programa inspirado por un

poema inédito de Washington Berón, donde podemos ver que la aparente inutilidad de la poesia se

derrumba estrepitosamente. Que un solo poema sirva como inspiración para que un grupo de

personas pongan manos a la obra en algo con tanta trascendencia social nos debería hacer replantear

si realmente, nuestro trabajo es tan inútil como creemos, o como nos ha hecho pensar el sistema que

lo es.

Este trabajo entonces pretende dar cuenta de aquellas cosas que ,desde una aparente

intrascendencia le importan al poeta, y quizás a muchos de sus lectores también.

Este libro, en su estructura, compendia de alguna manera, aquellas cosas que le preocupan al poeta,

además de las que comprenden al sentido, las innovaciones formales, el trabajo sobre el lenguaje,

las reflexiones metafísicas de un poeta, como una persona que no vive en una realidad habitual,

donde la inspiración se espera, sentado en la orilla del universo, a la pesca del poema,

mordisqueando una manzana.

Claudia Elisabet Sastre, miércoles 17 de junio de 2009

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http://www.jursoc.unlp.edu.ar/infancia/1aportes/comision7/Depascuale_y_otros__ponencia.doc.
DePascuale Matías, Maltas, Carolina, Obregón, Victoria y Tassano María Emilia