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Ficha de cátedra Nº 6: América Latina discute con Europa

“En los Siglos XV y XVI Europa no era todavía, por decirlo así propiamente Europa. Era, más
bien la tierra y el espacio de los cristianos occidentales, aquellos que después de las cruzadas
se vieron separados de su centro, Jerusalén, y de los cristianos orientales. Esto es, de sus
gérmenes. Pero esta es una distinción puramente cristiana que se transformará en hegemónica
europea cuando la creciente distinción entre Europa, África, Asia y América siga
construyéndose desde Europa y en el proceso de constituirse como identidad europea.
Hasta el siglo XV no era posible todavía imaginar una historia lineal desde Grecia al occidente
europeo (Londres, París, Berlín, Munich) como lo fue posible a partir del siglo XVIII. Pero, sin
duda, ni los chinos, ni amerindios, ni los africanos se ven en realidad como africanos, asiáticos
o americanos. Son vistos así por y desde un lugar de enunciación (que se autodefine) europeo
en el proceso de constituirse Europa como tal. Es decir, la epistemología se constituyó como
lugar geográfico y como lugar de enunciación. Lo cual quiere decir, como lugar epistémico de
enunciación. El renacimiento europeo, en los siglos XV y XVI contribuyó a fundar la
epistemología moderna operando entre la cristiandad y la expansión del capitalismo mercantil
con la emergencia del circuito comercial del Atlántico.
Esta emergencia y la navegación alrededor del mundo hizo posible el diseño de un mapa del
mundo, el mapamundi, que tuvo dos consecuencias importantes: la primera fue la de conectar,
en un mapa, todas las regiones del plantea. Hasta ese momento se podría decir que cada región
(China, el Islam, el Imperio Otomano, los Incas, los Aztecas, etc.) tenía su propio mapamundi,
pero ninguno llegó a tener un mapa que se impusiera como se impuso el mapamundi cristiano
en y para todo el mundo. ¿Por qué cristiano? Porque sólo el cristianismo había divido el
mundo en tres partes, Asia, Europa y África, en el famoso mapa T-en-O que era dominante en
la “Edad Media europea”. Esa división hizo posible la incorporación de América como el
cuarto continente que, coincidentemente marcó las tres “AAA” como diferencia de la “E”.
Antes de la aparición de América en el horizonte epistémico (lo cual provocó tanto debate y
discusión en el siglos XVI, desde la naturaleza hasta la ubicación de los indios occidentales en
la cadena de los seres), Europa, Asia y África se correspondían con los tres hijos de Noé. En
África se ubicaba Sham, el menos dotado de los tres hijos. En Asia, Shem, le correspondía el
lugar donde surgiría el hijo de Dios. Y Japheth el lugar la expansión:”Dios ampliaría los
dominios de Japheth y finalmente morará en la carpa de Shem” (Génesis ix 27; Hay, Denys:
1968) y Japheth se extendió hacia occidente, cruzó el Atlántico, y surgió el cuarto continente
bajo su manto.
Quise contar esta breve historia por dos razones. Una para subrayar la emergencia del
circuito comercial del Atlántico, junto con la consolidación del cristianismo, del capitalismo
mercantil y de la clasificación del mundo en cuatro continentes. Esta clasificación no fue por
cierto una “representación natural” del mundo sino una operación clasificatoria que impuso
una epistemología de doble cara, una visible y la otra invisible. Una, la visible, la cara de la
modernidad desde donde se comenzó a clasificar, describir y conocer el mundo y la otra,
invisible, la colonialidad en donde se ejerció el poder de la epistemología moderna”.
El autor dice que quien es clasificado vive un doble mundo (...) aquel en el que lo han
clasificado y aquel en el cual él o ella se clasificaba antes de que lo clasificaran. La toma de
conciencia de esta situación y el esfuerzo por re-clasificarse desde la subalternidad es lo que ha
descripto como el potencial epistémico del pensamiento y la epistemología fronteriza. Mignolo
asegura que no se trata de una conciencia híbrida, sino de una conciencia doble o pluritópica
que es la conciencia del esclavo vista desde la misma conciencia del esclavo, quien conoce, a la
vez, la conciencia del amo y del esclavo mientras que el amo sólo reconoce su propia y única
conciencia monotípica.
Ahora bien, esta situación sólo puede percibirse desde una geopolítica del conocimiento (...)
paralela a la consolidación y expansión del capitalismo. Una “historia” que emergió en el
siglos XVI como consecuencia de una doble operación epistémica. La primera fue la
colonización del tiempo y, por ende, la invención de la Edad Media y de la Antigüedad como
“antecesores” del renacimiento y de una historia lineal que era, a la vez universal. Su origen
estaba en el oriente del Mediterráneo. El origen religioso en Jerusalem. Y el filosófico en