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Institución: Universidad Nacional de Salta

Facultad: Humanidades
Cátedra: Introducción a la Filosofía
Año: 2021

TRABAJO PRÁCTICO N° 4

Tema 2: Platón. Universalidad y autoidentidad de la idea.


Texto: Alegoría de la caverna

OBJETIVOS GENERALES:

 Analizar el planteo gnoseológico, ontológico y antropológico que Platón plantea en


la Alegoría de la caverna
 Reflexionar sobre la validez y grado de certeza que proporcionan el conocimiento
sensible y el conocimiento inteligible

OBJETIVOS ESPECÍFICOS:
 Analizar los conceptos principales en relación a los dos modos de conocimiento que
se plantean en la Alegoría de la caverna
 Reflexionar acerca de ´’lo que conocemos’ y ‘lo que creemos conocer’ a partir del
análisis de situaciones de la vida actual
 Considerar la crítica nietzcheana a la metafísica platónica

ACTIVIDADES:

A. COMPRENSIÓN DE TEXTOS:
Lea atentamente la Alegoría de la caverna y responda:
1- Según la Alegoría de la caverna hay dos sectores: el ‘fuera de la caverna’ y el
‘dentro de la caverna’. Señale cuál es el sector más importante según Platón y por
qué.
2- ¿Por qué causas los prisioneros no pueden darse cuenta de que están
encadenados? ¿qué es lo único que pueden ver dentro de la caverna?
3- ¿De qué se libera el prisionero que logra salir? ¿qué es lo que puede ‘ver’ y
comprender en su nuevo estado?
4- ¿Qué concepción de educación plantea Platón?

B. DISCUSIÓN Y REFLEXIÓN:

5- ¿Cuál es la vigencia del relato de Platón? ¿cuáles serían las cadenas del mundo
actual?
6- Friedrich Nietzsche realiza una crítica radical a la tradición filosófica occidental,
cuyas raíces se encuentran en Sócrates y Platón. Lea el siguiente texto extraído del
libro de Nietzsche llamado ‘El crepúsculo de los ídolos’ y señale por qué Nietzsche
se opone al dualismo ontológico platónico que distingue entre un mundo verdadero
y un mundo aparente:

“¿Que qué es lo que pertenece a la idiosincrasia del filósofo?... Pues, por


ejemplo, su carencia de sentido histórico, su odio a la idea misma de devenir, su
afán de estaticismo egipcio. Los filósofos creen que honran algo cuando lo sacan de
la historia, cuando lo conciben desde la óptica de lo eterno, cuando lo convierten en
una momia. Todo lo que han estado utilizando los filósofos desde hace miles de
años no son más que momias conceptuales; nada real ha salido con vida de sus
manos. Cuando esos idólatras adoran algo, lo matan y lo disecan. ¡Qué
mortalmente peligrosos resultan cuando adoran! Para ellos, la muerte, el cambio, la
vejez, al igual que la fecundación y el desarrollo constituyen objeciones, e incluso
refutaciones. Lo que es, no deviene; lo que deviene, no es… Ahora bien, todos ellos
creen, incluso de una forma desesperada, en lo que es. Pero como no pueden
apoderarse de lo que es, tratan de explicar por qué se les resiste. «Si no percibimos
lo que es, debe tratarse de una ilusión, de un engaño... ¿Quién es el que engaña?
¡Ya está!, exclaman alegres: ¡es la sensibilidad! Los sentidos, que son tan inmorales
también en otros aspectos, nos engañan respecto al mundo verdadero. Moraleja:
hay que librarse del engaño de los sentidos, del devenir, de la historia, de la
mentira. La historia no es más que dar un crédito a los sentidos, a la mentira.
Moraleja: hay que negar todo lo que da crédito a los sentidos, a todo el resto de la
humanidad; todo ello es «vulgo». ¡Hay que ser filósofo, ser momia, representar el
monótono teísmo con mímica de sepulturero! Sobre todo, hay que rechazar esa
lamentable idea fija de los sentidos que es el cuerpo, sometido a todos los errores
lógicos posibles, cuya existencia no sólo ha sido refutada, sino que resulta
imposible, pese a que el muy insolente actúa como si fuera real.
(…) Las características que son atribuidas al «verdadero ser» de las cosas
son precisamente los rasgos distintivos del no ser, de la nada; el «mundo
verdadero» ha sido concebido a base de contradecir el mundo real.
Ese presunto «mundo verdadero» es en realidad un mundo aparente por no
ser más que una ilusión de óptica moral (…) No tiene sentido inventar fábulas
respecto a «otro» mundo distinto a éste, siempre y cuando no estemos movidos por
un impulso instintivo a calumniar, a empequeñecer, a recelar de la vida. En este
caso nos vengamos de la vida imaginando con la fantasía «otra» vida distinta y
«mejor» que ésta(…) Dividir el mundo en «verdadero» y «aparente», (…) no es más
que un índice de vida decadente.”

(‘El crepúsculo de los


ídolos’)

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