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MIRADAS BLANCAS SOBRE FIGURAS NEGRAS, LA TRADICIÓN ICÓNICA.

Por Lucas Grave. Fundación por la Libertad de Expresión. La Habana, 2009-03-07.

En la pintura cubana del siglo XIX, la figura del negro aparece en el grabado y esto constituye la diferenciación
entre ambos géneros plásticos.

La figura del negro se recrea por primera vez en los grabados de Dunford sobre la Plaza del Mercado habanero
en la década del 1760 -1770 y en una pechina de la iglesia de Santa María del Rosario pintada por Escalera. En
el primer caso no es más que una figura de relleno para acentuar el pintoresquismo y en el segundo caso
citado, la presencia del esclavo sirve para proclamar el prestigio social del Conde Casa Bayona.

A partir del siglo XIX, la figura del negro está presente en el grabado. Particularmente, es en la obra del pintor
Landaluze y en las litografías de las cajetillas de cigarros donde encontramos bien expuesta la temática negra.
El vasco Landaluze se encargó de realizar una obra de carácter casi antropológico. Unido a la ligereza y
habilidad de su trazo está la cuidadosa y amplia reproducción de poses, trajes, adornos, rituales y danzas de
las diferentes “naciones” de los negros en Cuba.

Landaluze traslada la imagen blanca del negro y desdeña la interpretación humana del esclavo. Con su obra
recorre todas las gamas desde la crueldad hasta la sátira, la sensualidad de la mulata la traduce
pictóricamente en lujuria. En consecuencia, también es reconocido como el pintor del gobierno esclavista.

Así es que la imagen del negro criollo fue utilizada por los agentes del régimen con el objetivo de establecer
icónicamente una proyección particular en concordancia a sus intereses. Generalmente, las litografías
aparecían en las cajetillas de cigarros de diferentes marcas, las series ilustrativas de tema negro poseen
marcado carácter satírico. Landaluze lo presenta como borracho, pendenciero, holgazán y ladrón. El tema
negro es tratado con desprecio regularmente.

Los grabados de las cajetillas de cigarros son encargos de las principales industrias tabacaleras. A diferencia de
los cromos de las cajas de tabaco destinadas a la exportación que ofrecen una imagen idílica del paisaje
cubano y de las figuras en él representadas, las escenas de las cajetillas de cigarros corresponden a hechos
públicos cotidianos interpretados bajo concepciones propias de la clase hegemónica y destinados a transmitir
un mensaje a las capas populares a las que iban dirigidos.

Los textos cortos que acompañan las escenas de negros y mulatas resultan dicharachos que recogen lo
escabroso de la representación y lo trasladan al cliente. Por ejemplo, en una serie de la marca La Honradez los
títulos son los siguientes: El nacimiento (padre español, madre negra), Dios te guarde, sabrosona, Ya tú ni
chicha, ni limoná, El que siembra coge (la mulata y el bodeguero peninsular) etc. ¡Ataja! (gritan a un negro que
huye con un gallo en la mano), Ilusiones perdidas (una negra vestida elegantemente en un baile).

De esta manera se fue construyendo una identidad falsa de los negros y mulatos. Alienados por la violencia de
la sociedad esclavista, por un discurso populachero y manipulador que los degradaba y por condiciones
económicas desfavorables trataron en muchos casos de ascender socialmente, siendo una imitación de los
blancos y adoptando una mirada “blanca” para captar la proyección de su imagen.

La reproducción de la esencia de esa imagen sensible del negro y el mestizo aún se reproduce en nuestros días
en una falsa imagen de atracción turística que perjudica a ambos. La presentación formal y esquemática de un
discurso nacional en espectáculos que tratan a la fuerza de convertirlos en folklóricos, solamente empobrece
la transmisión del conocimiento cultural propuesto como de interés de los turistas. La mirada blanca
tradicional sobre la figura de negros y mestizos todavía mantiene su vigencia. FIN. LG/09.

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