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Sobre la unidad de la Fe en Yeshúa: Fe natural y Fe espiritual.

Parte I

Ya conocemos que el hombre está compuesto por dos naturalezas: El corazón de piedra y el
corazón de carne (Ez 11.19: “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y
quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne ”). El corazón
de piedra es un símbolo del Ego y de la vida material. Por otra parte, el corazón de carne es una
figura del hombre interior y de la vida espiritual. En la interpretación hebrea de la Torá la primera
naturaleza humana también es reconocida como DESEO DE RECIBIR y la segunda como DESEO
DE OTORGAR.

Igualmente aceptamos que la persona nace con un corazón de piedra (Ego) y que únicamente por
medio de la Fe y la Relación con Yeshúa HaMashiaj adquiere el corazón de carne. El ser humano
comienza su trabajo espiritual desde la condición egoísta mediante un acto de Fe natural que
consiste en creer que Yeshúa es la promesa de salvación dada por Yahvé al hombre, que ÉL se
manifestó en la carne y que su sacrificio quita el pecado del mundo.

¿Y…Qué es ese pecado? No es más que la dureza del corazón de piedra que solo vive para sí
mismo mediante múltiples obras de amor propio (sean aceptadas o no por las leyes religiosas y/o
seculares). Sin embargo, luego que el hombre acepta la obra de Yeshúa en su vida, sucede que, a
través del estudio de la Palabra, de la intimidad con el Creador a través de la oración, la realización
de esfuerzos -todavía personales- para oponerse a la manera egoísta de disfrutar la materialidad y
mediante la comunión con los hermanos, comienza un trabajo interno de corrección y regeneración
hasta experimentar el bautismo del Ruaj Hakodesh, hecho que anuncia el nacimiento en el mundo
espiritual.

Se aclara que el bautismo por el Espíritu es un acto de voluntad divina y que la condición básica para
recibirlo es la creencia en Yeshúa HaMashiaj y el deseo de retornar al Creador, y esto puede
suceder desde el mismo momento en que Yeshúa es aceptado como Señor y Salvador o una vez
que empezamos a caminar con sinceridad en las enseñanzas del Reino de los Cielos.

También se debe señalar que en los inicios del camino de retorno (Teshuvá) al Creador, la
dimensión de Fe del creyente suele ser natural, es decir, se trata de una Fe que se manifiesta por un
deseo ardiente de conocer al Mashiaj, de someternos a ÉL y de pedir conforme a su voluntad
teniendo la certeza y la convicción del cumplimiento de las cosas que no se ven.

Luego cuando se vivencia madurez en la vida interior de Mashiaj, el mismo Ruaj Hakodesh da
testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos del Elohim viviente…y ¿Cómo sabemos que
estamos en dicho testimonio? Cuando concientizamos la autosatisfacción como MAL (deseo de
recibir por recibir), entonces el Ego es corregido gradualmente por el Ruaj y percibimos
escalonadamente la Presencia del Eterno en el mismo lugar donde nos complacíamos egoístamente,
porque al DESEO DE RECIBIR se le reconoce como la pasada manera de vivir.

El estado de Presencia describe una condición en la cual no sentimos soledad interior, aunque
estemos aislados de todo y de todos, se percibe como embeleso, deleite, paz, reposo, libertad,
fortaleza, claridad o visión, conexión, dulce sumisión, entre otras cualidades que son evidencias del
placer espiritual que emana de la relación con Yahvé por mediación de Mashiaj. En la Presencia
aprendemos a ser guiados por el Creador. El estado de Presencia no es más que los diferentes
niveles de llenura en el Espíritu Santo, se percibe entonces una Fe sobrenatural y Divina, y la mayor
evidencia de ello es la conversión gradual del deseo de recibir en deseo de otorgar.
Cuando el Creador (Boré) le dijo a Abram: “¿Sal de tu tierra y de tu parentela a la tierra que Yo te
mostraré”, también le quiso decir en un sentido espiritual que saliera de sus deseos y pensamientos
egoístas para heredar los deseos altruistas… ¿Y de dónde conocemos que es así? Lo podemos
aprender del hebreo bíblico, porque en la lengua israelita la palabra tierra proviene de la raíz eretz, la
cual a su vez contiene en sí misma a la palabra Re o Ra cuyo significado es DESEO.

Y cuando Abram partió con su familia y sirvientes lo hizo con Fe natural desde su corazón de piedra;
sin embargo, cuando por los avatares del peregrinaje desarrolló su relación con el Creador, alcanzó
entonces la condición de Abraham, de modo que su nombre sufrió un cambio positivo, recibió la letra
Hei (H), que es el quinto carácter del alfabeto hebreo y representa la trascendencia espiritual, la
adquisición del DESEO DE DAR. Moró así Abraham simultáneamente en dos mundos: el histórico-
material y el trascendental-espiritual.

La Fe del patriarca pasó a ser Divina y Sobrenatural, al punto de que en la carta a los hebreos se
dice de Abraham Avinu (Padre nuestro) que dio a su hijo Isaac como sacrificio vivo frente al Creador
¿Por qué? Porque sabía que el Eterno era poderoso para levantarlo de entre los muertos ( Heb
11.17-19). Por supuesto que Abraham en su dimensión natural sintió pesar en su corazón, pero por
medio de la Fe espiritual su deseo egoísta fue corregido a un nivel superior de lishmá (deseo de
otorgar al Creador) ¿Gracias a qué? A que el Ruaj le confirmó que Yahvé es Elohim de muertos y
vivos, y que sus promesas permanecen para siempre.

En el hebreo bíblico existe una estrecha relación entre los términos: Verdad (EMET), Fe (EMUNA) y
Así sea (AMÉN). En primer lugar, se analizará la conexión interna entre las letras de cada palabra
por separado para luego comprender a profundidad la conexión existente entre los tres términos.

La palabra EMET (verdad) está compuesta por los caracteres Alef (letra muda), MEM (M) y Tav (T).
La Alef es la primera letra del alfabeto hebreo, simboliza el mundo interior del Eterno y alude a la
espiritualidad. El nombre Elohim cuya traducción es Dios comienza con la letra Alef. Por otra parte, el
carácter MEM (M) es una de las cuatro letras intermedias del alfabeto hebreo. Con la Mem comienza
el título Mashiaj, que se traduce como Mesías y que significa “Ungido”, evocando la idea de salvador,
mediador y/o redentor. Finalmente, el carácter Tav (T) constituye la última consonante del alfabeto
hebreo, en ese sentido si la Alef es el uno que representa la Creador, la letra Tav es la más alejada
de la espiritualidad y representa la materialidad. De modo que en la palabra EMET o verdad está
contenida toda la realidad manifestada (Tav) en su conexión con Elohim (Alef) por mediación del
Mashiaj (Mem).

Resulta curioso que, si se sustrae la letra Alef de la palabra EMET, se forma la palabra MOT, que se
traduce como muerte, aquí hay una enseñanza, y esto nos recuerda lo dicho por Yeshúa cuando se
refiere a que “separados de ÉL nada podremos hacer” ¿Por qué? Porque separados de ÉL nuestras
acciones se consideran obras muertas. Solo unidos a la Alef (Elohim) a través de la Mem (Mashiaj)
nuestros actos cobran vida, idea que nos remite al versículo “La Fe sin obras es muerta” ¿A qué
obras se refiere? Porque en esa porción de la Palabra se habla de la realización de aquellos actos
que nacen de la conexión espiritual con Yeshúa.

En otro sentido la palabra AMÉN (Así Sea), se descompone en las letras ALEF, MEM y NUN. El
término Así Sea o Amén sugiere una acción potencial con carácter irrevocable, se trata de una obra
que se inicia en el mundo de la Alef o Mente del Creador, y se hace verdad por medio de Mashiaj en
el mundo de la Tav (materialidad), solo que en el caso de la palabra Amén, la letra final es la Nun (N)
y no la Tav (T) ¿Por qué razón? Porque la letra Nun inicia la palabra usada para referirse al Alma
individual, pues en Gn 2.7 se dice: “…y fue hecho el hombre un ser viviente”, la expresión ser o alma
viviente se traduce como Nefesh Jaim. La palabra Amén indica el cumplimiento de la voluntad de
Elohim en nuestras vidas, y esto solo es posible por medio de la Mem de Mashiaj.

Finalmente, la palabra EMUNÁ (Fe) contiene básicamente las mismas consonantes que la palabra
Amén, lo único que cambia entre las dos palabras es la fonética, es decir el uso de diferentes
vocales. Por tanto, la Fe del Nefesh (Nun) solo es contada por justicia cuando se encuentra
conectada al Creador (Alef) a través de Yeshúa HaMashiaj (Mem), y este es el sentido oculto de la
expresión: “EL justo por la Fe vivirá”, lo que es lo mismo manifestar:” El justo se complacerá en las
obras vivas a través de la conexión con Mashiaj”.

La relación entre las palabras Fe, Así Sea y Verdad podrían plantearse de la siguiente forma: “Por
medio de la EMUNA (FE) en Yeshúa HaMashiaj las obras nacidas de la voluntad de Elohim (AMEN)
se hacen Verdad (Emet). A manera de resumen se plantean las siguientes conclusiones:

 Elohim creó al ser humano como su opuesto, es decir con el DESEO DE RECIBIR PLACER.
 El Deseo de Recibir Placer es una realidad estructural inherente al hombre y no debe ser
confundida con el pecado.
 El pecado se materializa porque la persona carece de la fuerza para oponerse al Deseo de
Recibir.
 Cuando el individuo desde su nacimiento se somete al Deseo de Recibir sucumbe al estado
de egoísmo o corazón de piedra.
 En un sentido profundo lo que se conoce como pecado es el estado de corazón de piedra, no
importa si las obras o comportamientos son juzgados como buenos o malos.
 El plan del Creador es que el hombre se oponga a su egoísmo y alcance el Deseo de Otorgar.
 El deseo de Otorgar o la vida en Lishmá solo se alcanza por medio de la conexión con
Yeshúa HaMashiaj.
 La Fe en Yeshúa HaMashiaj transita desde la dimensión natural o corazón de piedra hacia la
dimensión espiritual o corazón de carne.
 La palabra Verdad (Emet) describe el camino desde el mundo de la Tav (Tiempo histórico)
hacia el mundo de la Alef (Creador) por medio de la Mem (Yeshúa HaMashiaj).

Shalom

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