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METODOLOGIA Y TRABAJO SOCIAL

LA METODOLOGÍA

El debate metodológico, desde la perspectiva profesional de los trabajadores sociales,


se ha dado siempre vinculado a la intervención, ya sea desde la práctica profesional,
aun asumiendo el concepto en su acepción más limitada, la que define a la
metodología como el camino que conduce al logro de determinados fines y objetivos.
Esta posibilidad de vinculación le ha dado a la profesión una riqueza y una diversidad
en su crecimiento que otras no poseen.

METODO O METODOLOGÍA

Ambos conceptos tienen sus propias complicaciones, ya que estos han sido definidos
desde diversas perspectivas teóricas y en su elaboración se les otorga a los mismos
conceptos diferentes orientaciones.

El método, en su acepción más desarrollada, ha sido definido por Eli de Gortari como:
“El procedimiento lógico, rigurosamente planeado y diseñado que se establece para
descubrir las formas de existencia de los procesos objetivos de la realidad; desentrañar
sus conexiones internas, generalizar y profundizar en su conocimiento y demostrando
con rigor racional; así como incidir en su desarrollo”.

Si analizamos con cuidado esta definición tenemos que explicar un procedimiento que
integra el conocimiento de la realidad, el análisis, la demostración y la aplicación; es
decir, el método se inicia siempre en la investigación del fenómeno, logra su
explicación racional y prevé su desarrollo interno y su necesaria evolución. Estas son
las fases necesarias que se cumplen en todo procedimiento metodológico para pasar
de la apariencia e intencionando su transformación.

Lo mismo sucede con la categoría de metodología, que se define de acuerdo a la


perspectiva teórica que la conceptúa, así encontramos desde definiciones simples que
la plantean como “El conjunto de métodos, técnicas e instrumentos”, o bien
definiciones que la conceptúan como la “vinculación entre la técnica y la política”, y
otros mas como la “Teoría de la acción”.

Revisando las definiciones, encontramos que aun aquella que la define simplemente
como “un conjunto de métodos”, plantea una diferencia sustancial encontró ambas
categorías: “ de metodología y de método’. La metodología es entonces el método
apoyado en una concepción teórica y en una opción ideológica.

Podríamos decir entonces que para conocer, analizar y transformar la realidad hace
falta algo más que un procedimiento riguroso. Ningún proceso de conocimiento,
análisis y desarrollo se da sin un conjunto de categorías teóricas y filosóficas que se
constituyan en el marco referencial orientador de dicho proceso.
Una mirada a nuestra historia metodológica, podríamos decir que en la historia de la
profesión, estas diferencias conceptuales entre el método y la metodología no han sido
muy claras, quizá ni las propias definiciones, ya que estas no han sido elaboradas por
nosotros si no que las hemos asumido de los marcos conceptuales de otras
disciplinas. Sin embargo, de lo que no hay ninguna duda es de que la historia
metodologica de la profesión es inmensamente rica porque refleja las innumerables
iniciativas que los trabajadores sociales hemos emprendido para realizar una acción
más profesional. Por ello, en cada texto de trabajo social encontramos un capitulo
referente a ello incluso, gran parte de la literatura es resultado de la sistematización de
una experiencia profesional en la que se diseño y se realizo una propuesta
metodologica.

Es importante recordar que el origen del trabajo social se ve determinado


históricamente por la necesidad que platean algunos actores de la época, de ir
superando la espontaneidad y la bondad con que se brindaba la ayuda indiscriminando
y denominando propiamente como tales a partir d e la Edad Media y hasta el
surgimiento del capitalismo industrial y que se conocen como acciones de caridad,
beneficencia y filantropía, muy pronto se agotaron como posibilidades de solución a los
grandes problemas que estaba generando la acumulación originaria del capital y la
concentración de grandes grupos humanos en torno a los centros fabriles.

Sin embargo, en esos momentos no se vislumbro otra alternativa para que al mismo
tiempo que contribuyera a profesionalizar la ayuda y que esta tuviera un alcance
mayor, sino que se busco dar curso a la necesidad de estudiar más a fondo las
condiciones de los sujetos demandantes. Revisando esta historia metodologica,
encontramos que desde las primeras manifestaciones de una intervención profesional
organizada se centraba la atención en el hombre, ya sea como individuo, grupo y
comunidad, de tal manera que las denominaciones metodologicas que se consideran
propias de trabajo social aparecen, precisamente con estos nombres: Método de
trabajo social de casos, método de trabajo social de grupos y, mas tarde, el
método de organización y desarrollo de la comunidad.

La atención centrada en el hombre como sujeto individualizado, como sujeto miembro


de un grupo o como sujeto insertado en una estructura comunitaria, da cuenta de la
preocupación por lo humano como un tinte muy significativo del origen y la naturaleza
de nuestra profesión: pareciera ser que el principio de reivindicación del hombre que
marco la época del renacimiento como un intento de centralidad humana, ya sea
desde la razón o desde el arte, también irradio el naciente trabajo social, o por lo
menos a las formas de ayuda que se consideraron como su antecedente.

Sin embargo se encamino a la tarea de buscar, erróneamente, en lo más recóndito de


la subjetividad humana las causas y razones que provocaban la “inestabilidad y la
desadaptacion” de los sujetos, que los “desajustaba” de su medio ambiente familiar o
laboral.

Por ello, las primeras influencias teóricas en nuestra profesión nos llegaron desde la
psicología evolutiva, en un intento por hacernos de herramientas que nos ayudasen a
explicar la situación de los individuos, ya desde entonces denominados como casos y
ubicados en esa situación de desajuste.
De igual manera, el trabajo social de grupos que nació como resultado de las
necesidades de contribuir a la atención de los lisiados e incapacitados, se inscribió en
una posición psicologista al asumir a los grupos desde el punto de vista terapéutico,
aunque ahora en el plano de la atención, y no solo de la investigación, como sé hacia
anteriormente. Las referencias teóricas y técnicas en esos momentos fueron
retomadas desde la psicología estructural y se conservan de manera tradicional en la
historia de nuestra profesión, en una perspectiva de control de la dinámica grupal, más
que de la dinamizacion de sus procesos.

Aunque el método denominado como organización y desarrollo de la comunidad,


aparece como tal hasta la década de los sesenta del siglo XX, hay muchos indicios de
que desde los antecedentes del trabajo social ya se veía la ayuda como una forma de
intervención comunitaria. Este es el caso en nuestro país, cuyo ejemplo lo
encontramos en los esfuerzos que se realizaron durante la época de la denominación
española con la posición religiosa adoptada por Vasco de Quiroga quien llego a
México en 1530 implementando medidas asistenciales y de beneficencia, y más tarde
desarrollando la organización y promoción de cooperativas entre la población, a la que
se le capacitaba en artes y oficios.

Lo anterior, sin duda alguna, contribuye un antecedente fundamental del trabajo social
con sentido comunitario, seguido mucho mas tarde por las denominadas misiones
culturales, creadas en 1921 por la Secretaria de Educación Publica, bajo la dirección
de José Vasconcelos, y en los que se planteaban como objetivo promover el
mejoramiento comunitario en su aspecto económico, social y material.

Sin embargo, desde la perspectiva de lo humano y del escudriñamiento teórico de la


subjetividad no para encontrar las explicaciones, sino para aplicar las calificaciones
diagnosticas, el trabajo social no encontró sus perspectivas profesionales y siguió en la
búsqueda de herramientas para eficientar la ayuda. Por esta razón, asumió las
técnicas que habían sido desarrollas desde otras perspectivas profesionales, como la
observación, la administración, la supervisión y la evaluación.

En este momento que se caracterizo por el privilegio de la técnica llevo al trabajo social
a poner el énfasis en la manera como se estudian o resuelven los problemas por lo que
la profesión toma un curso que le hizo perder el tinte que le había impregnado en su
surgimiento el movimiento humanista del siglo XIX. Por ello, los marcos teórico
referenciales que tuvo que asumir fueron aquellos que precisamente responsabilizaban
al hombre de los ‘desajustes de la sociedad”, que los hacían ver como hechos
“negativos” que dificultaban la armonía y el progreso social.

Una filosofía positiva de la realidad buscaba en aquella época impregnar la conciencia


de los hombres con una concepción del desarrollo armónico y evolutivo que iba a llegar
por si sola, razón por la cual su búsqueda no-tenia por que darse a partir de actos
negativos o apresurados. De manera que toda manifestación de inconformidad o
desesperación humana era asumida como un desajuste social. Los cuales poco a poco
fueron dándole al trabajo social el papel de “ajustador y adaptador social”.

Pero muy pronto los vacíos en la intervención profesional volvieron a hacerse


presentes, sobre todo cuando se produjeron los escenarios de confrontación en la
década de los sesenta y que, fundamentalmente en América Latina, obligaron a las
ciencias sociales a reconceptualizar sus marcos teóricos referenciales y sus
modelos de intervención metodologica. Este momento, que en el trabajo social se
conoce como el movimiento de Reconceptualizacion, se inicio, precisamente, en
aquellos países en los que la confrontación política estaba más agudizada.

La incertidumbre que provoco el cuestionamiento a los marcos referenciales que


orientaban nuestra acción, así como a las propias formas de intervención nos llevo a
buscar salidas metodologicas que intentaron organizar de una manera más sólida y
científica el procedimiento para la intervención. De hecho, asumiéndose que ya se
trabajaba con individuos grupos y comunidades, y que con todos ellos se realizaba una
ruta similar de investigación, diagnosticó, plan de acción, tratamiento, intervención y
evaluación, se intenta elaborar en esos momentos un procedimiento único o integrado
para intervenir en cualquier situación profesional.

Así nacen los denominados métodos básico, método único y método integral,
como intencionalidades que reivindican un camino unificado para la intervención
profesional, ya sean como un solo procedimiento adecuado a individuos, grupos y
comunidades, o como un tronco común básico que solo se diferenciaría a partir del
tratamiento y de acuerdo al tipo de problema que se le diagnosticaba al sujeto
demandante, etcétera.

Sin embargo, dichos cambios en las perspectivas metodologicas se produjeron en la


época de las luchas más álgidas en América Latina, después de la Revolución cubana
se despertaron grandes expectativas, sobre todo en los países del sur que vieron en
ella la posibilidad de un camino para salir del subdesarrollo. Entonces, aunque un
procedimiento adecuado hubiera podido ser el correcto y otorgarle un énfasis mas
científico a nuestra profesión, el social se empezó a poner en duda la intencionalidad
profesional y se invalidaron los objetivos, fines y principios hasta ese momento
definidos.

De esta manera, a mediados de la década de los sesenta, se abrió un momento


histórico de debate ideológico que cimbro las conciencias de los trabajadores sociales
de América Latina y que trajo como repercusión la posibilidad de sentarnos por primera
vez a discutir nuestras orientaciones teóricas, filosóficas e ideológicas. Araxa y
Teresópolis se constituyen entonces en espacios de despegue profesional que marcan
la pauta para el inicio de lo que se conoce posteriormente como el Movimiento de
Reconceptualizacion. Desde ambas ciudades se emiten documentos que son para el
trabajo social verdaderas declaraciones éticas, filosóficas e ideológicas que sustentan
un cambio cualitativo en las posturas profesionales.

Al abrirse la perspectiva de transito hacia una nueva sociedad y tomar importancia a


las practicas promocionales y comunitarias, en la década de los setenta se buscaron
modelos de intervención mas concreta. Es aquí cuando la profesión desde su propio
que hacer, asume la elaboración de metodologías que buscan la integración teórico-
practica. Fue precisamente en aquellos países donde la reconceptualizacion ya llevaba
un buen trecho caminado, donde se empezó a hablar de los modelos de acción-
reflexión-acción e investigación-acción; investigación participativa; practica-teoría-
practica, o bien sé asumieron posturas metodologicas que se desarrollaron en otros
ámbitos, tales como los modelos educativo integrados (método mez) o el método
psicosocial de Paulo Freire. Todos ellos, modelos metodológicos desarrollados con
especial énfasis en la perspectiva ideológica.
Así la década de los ochenta nos alcanzo todavía en el debate conceptual, ideológico y
metodológico, pero se abrieron las posibilidades de aterrizar en una propuesta más
acabada y propia del trabajo social, al delimitar de una manera más conceptual y
operativa que nuestro campo de intervención profesional es el ámbito de la política
social. Una serie de esfuerzos profesionales e intelectuales son aplicados a la
definición y entendimiento de esta, lo que da lugar a una importante producción teórica
profesional.

De esta manera, se comenzó a hablar de una metodología científica, cuyos soportes


fundamentales son el materialismo histórico, el materialismo dialéctico y la economía
política. A partir de aquí se recomponen nuevamente las propuestas para la
intervención profesional y la enseñanza fundamental que recoge este momento es la
certeza de que ni ideología, ni el individuo como prejuicio o beneficio de cualquiera de
ellos. La metodología, entendemos entonces, es una conjunción de orientaciones,
intencionalidades, procedimientos, instrumentos y técnicas que se interrelacionan
entre sí para accionar en un contexto determinado.

Asumir una postura científica nos compromete a sí a darle un equilibrio al conjunto de


elementos, y a diseñar mecanismos y procedimientos rigurosos para garantizar, no
solo la aprehensión del conocimiento sino también el análisis de la realidad y el diseño
de estrategias para la búsqueda de solución a las necesidades sociales.

Esto significo un gran salto cualitativo en el trabajo social, ya que asumimos la


intervención profesional desde la perspectiva de proceso para resolver, de esta
manera, la parcialidad y la unilateralidad que hasta entonces nos había caracterizado.
Asumirnos profesionalmente como responsables de un proceso metodológico que va
del conocimiento a la planeación de la acción y a la intervención y que nosotros
mismos orientamos, diseñamos, ejecutamos y evaluamos y que nos brinda una
perspectiva de integridad y de globalidad, hace que la profesión vuelva a entrar a
momentos intensos de reflexión y construcción colectiva.

El conocimiento, el análisis y la intervención definen entonces tres etapas, tres fases,


tres momentos metodológicos en la construcción y aplicación de un proceso científico
que nos permite investigar la realidad, ordenar y clasificar; sistematizar y analizar la
información a través de procedimientos rigurosos, para planear la acción aplicando
propuestas e iniciativas que contribuyan a incidir en la conducción de los procesos
sociales.

PROCESO METODOLOGICO PARA LA INTERVENCIÓN PROFESIONAL

Una concepción metodologica se concretiza en la definición de una serie de etapas


que constituyan un proceso; la definición de dichas etapas esta estrecha relación con
el objetivo de intervención profesional y con los fines y objetivos que se persigan.

En este sentido, el trabajo social como una disciplina que se ha destacado


históricamente por realizar su práctica profesional en el nivel de la intervención en los
procesos sociales y en la búsqueda de incidencia en los mismos, no puede definir su
proceso solo en el conocimiento y análisis de la realidad, sino que este debe,
necesariamente, contemplar las perspectivas de su desarrollo.
Por ello, la atención del trabajo social debe llevar a termino el proceso de intervención
y así cumplir con los de contribuir en la elaboración conceptual de la especificada
profesional. Objetivos que profesionalmente se ha plateado, asumiendo además la
posibilidad que la práctica le otorga de contribuir en la elaboración conceptual de la
especificidad profesional. Ello requiere acompañar el proceso de herramientas
técnicas e instrumentales que le permitan la recuperación, el ordenamiento y la
sistematización de la experiencia desarrollada.

El diseño de un proceso metodológico no es entonces solo la organización de una


serie de pasos e instrumentos, ya que su propia realización requiere estar antecedido
de una concepción que incluya una visión de totalidad y de estrategias integradoras,
que busquen incidir realmente en la estructura de los hechos o problemas objeto de
nuestra intervención, por complejos que estos se nos presenten.

Llegar al manejo de la estructura de un hecho o fenómeno se convierte en una práctica


de fundamental importancia, que adquiere cierto grado de cientificidad en la medida de
la rigurosidad que se le imprima. Ellos solo se logran a través del conocimiento
profundo de las leyes que determinan el origen y el desarrollo de los fenómenos, del
conocimiento, de sus tendencias y de sus posibilidades. Solo así podemos diseñar en
perspectiva la propia transformación de estos.

El proceso metodológico es, en definitiva, un proceso ascendente de crecimiento, ya


que significa un permanente proceso de acumulación de conocimientos y experiencias:
dicho proceso va definiendo por si mismo las posibilidades de avanzar, en la medida
en que se van construyendo las mediaciones necesarias para ello. Las etapas o fases
metodologicas que se definan como componentes del mismo, dependen de las
condiciones propias del contexto en que se desarrolla la experiencia de los objetivos
definidos y de las posibilidades materiales y humanas de los equipos que las realizan.

Estas son condiciones absolutamente necesarias para desarrollar una práctica con
intencionalidades de transformación mediante precisiones científicas, con
continuallidad y permanencia metodologica.

PROCESO METODOLOGICO

ETAPA I ETAPA II ETAPA III


Conocimiento Planeación Intervención
Investigación descriptiva Análisis Organización
Investigación documental Elaboración diagnostica Realización de Proyecto
Elaboración marco teórico Programación Supervisión
Elaboración marco Elaboración de proyecto Evaluación
Operacional
Recolección de Sistematización
Información
Etapa de la metodología de intervención profesional

Etapa I: CONOCIMIENTO

Fases Técnicas Instrumentos


Investigación descriptivaRecorridos de áreas, Diario de campo, mapas
visitas domiciliarias, fotografía, maquetas,
diálogos, entrevistas y crónicas, monografía.
observación.
Investigación documental Revisión y ficheo de Archivos, actas, censos
fuentes documentales, textos, prensa.
hemerograficas y
bibliográficas.
Elaboración del marco Lectura de textos, Fichas de contenido,
teórico referencial síntesis y análisis, cuadros conceptuales,
planteamiento del matriz teórica y diseño de
problema, elaboración de la investigación.
hipótesis y objetivos.
Elaboración del marco Delimitación de la Mapas, cedulas,
operacional población, selección de la cuestionarios.
muestra, diseño de
instrumentos y piloteo de
los instrumentos.
Recolección de Recolección de datos, Cuestionarios, guías de
información encuestas, entrevistas, observación y
diálogos, testimonios. entrevistas.

Etapa II: PLANEACION

Fases Técnicas Instrumentos


Análisis Descomposición, Cuadros, graficas y
correlación, articulación y matrices.
síntesis.
Elaboración diagnostica Delimitación, Diagnostico.
jerarquizacion,
establecimiento de
prioridades.
Programación Estrategia general, plan Pert, ruta critica,
de trabajo, áreas de cronogramas,
atención, objetivos y fluxogramas.
metas.
Elaboración de proyectos Específicos por área, Proyecto, cronogramas,
objetivos, actividades, ruta critica.
metas, calendarizacion de
tiempos, recursos.
Etapa III: INTERVENCION

Fases Técnicas Instrumentos


Organización Definición de funciones, Organigramas y manual
mecanismos de de funciones y normas.
coordinación y de
comunicación.
Ejecución de proyectos Promoción, motivación, Guías, instructivos, guías
sensibilización, de orientación manuales.
capacitación,
dinamizacion.
Supervisión Observación, entrevistas, Cuestionarios, informes,
talleres, personalización. reportes.
Evaluación Análisis de resultados, Instrumentos de
medición de impactos, medición, entrevistas y
comparativos de cuestionarios.
resultados.
Sistematización de la Ordenamiento, Cuadros, matrices,
experiencia correlación, graficas, ensayos,
racionalización y artículos, tesis.
conceptualizacion.

EL PROCESO METODOLOGICO DE TRABAJO SOCIAL DE CASOS

Se denomina “Proceso de Caso”, a la serie ordenada de pasos a seguir para elaborar


un estudio social de caso de los denominados “completos”. Estos pasos son, por
orden: investigación, diagnostico, plan y tratamiento. Algunos autores agregan
pronóstico y evaluación.

El Caso Social puede definirse como una situación individual o familiar que:

Se dan en un contexto social determinado, está afectado por uno o varios problemas
y/o conflictos o carencias, generalmente interrelacionados, Requiere de potencial,
recursos del sujeto, así como de otros ajenos al mismo (ayuda externa) para intentar
su resolución permanente o transitoria, total o parcial, afecta invariablemente al grupo y
a la comunidad.

El diagnostico sugiere una completa evaluación que procede al tratamiento, los cuales
invariablemente van juntos. El Trabajo Social de Casos, debido a que el medio
mediante el cual se ofrece la ayuda es mediante una relación personal, el tratamiento
inicia en el momento en el que el trabajador social y el sujeto de caso se conocen por
primera vez, y continúa durante el tiempo en el que el caso permanece activo. Debido
a que no son estáticas las personas ni los problemas, sino que están en constante
cambio, el diagnostico debe también de concebirse como un proceso dinámico.
Dentro del Trabajo Social de Casos es necesario estudiar todos estos elementos:

a. Al sujeto de caso (cliente), su postura frente a la vida, como visualiza e


interpreta su situación, su inteligencia y capacidad para enfrentar su situación,
su preparación para el trabajo, sus experiencias anteriores, su sentido de
responsabilidad, su postura frente al problema, su nivel cultural.

b. La problemática, como el conjunto de problemas sociales que encontramos en


un caso y que afectan de manera directa al sujeto de caso y su núcleo familiar.
Corresponde conocer su naturaleza y contenido, su etiología, su gravedad, su
agrupamiento jerárquico, sus consecuencias, las proporciones reales del
problema, su frecuencia.

c. Ambiente, como el medio en que se esta desenvolviendo al sujeto en el


momento de presentar su problemática. Aquí investigaremos tanto el medio
familiar y extrafamiliar así como el ambiente físico y emocional en el que se
desenvuelve: barrio, zona, vivienda. En cuanto al clima emocional en torno a las
relaciones interfamiliares habremos de considerar si hay aceptación, rechazo,
sobreprotección, agresividad, hostilidad, indiferencia, compresión,
incomprensión, etc.

d. Recursos, entendidos como las instituciones, medidas, personas, que pueden


ser usados como satisfactores para mejorar o superar la situación del sujeto y/o
su familia.

FASES DEL PROCESO METODOLOGICO

INVESTIGACIÓN
Como su nombre lo indica, consiste en buscar, observar y analizar toda clase de
hechos y situaciones que se refieran al caso interrelacionadamente con el problema o
los problemas que este presente. En cada caso, las personas y los hechos
significativos en la experiencia y la vida del sujeto, así como su actitud frente a ellos,
que es un reflejo de su postura general frente a la vida, constituyen lo que en Trabajo
Social de casos se llama “unidad de atención”, o sea el campo a explorar para lograr el
mejor resultado de nuestra investigación.

Maria C. Castellanos en su obra Manual de Trabajo social (1988) señala que la


investigación abarca información de tipo económica, intelectual, emocional, etc.

Toda investigación constituye en si un proceso psicosocial, lo cual implica, en primer


lugar, una cuidadosa observación del sujeto y de sus reacciones, incluyendo la actitud
que asume frente al trabajador social, pero con especial enfoque, hacia las que se
refieren a su posición respecto a de la situación o problema central de caso. En toda
investigación es sumamente valioso contar con la cooperación del sujeto, para lo cual,
hay que saber despertar su interés, haciéndole ver desde un principio los beneficios
que para el mismo traerá su activa participación en el caso.

Como técnicas de elección dentro del proceso metodológico del Trabajo Social de
casos, tenemos primordialmente la entrevista, pero en algunas ocasiones, por la
urgencia con la que debemos abordar la problemática del sujeto, se usa el
interrogatorio. Sin embargo, cuando necesitamos conocer aspectos mas amplios y
mayores detalles, por ejemplo la vida pasada del sujeto, entonces es recomendable
utilizar el relato espontaneo.

Otras técnicas auxiliares dentro del proceso lo son la observación y la visita


domiciliaria, ambas técnicas son esenciales para comprender el entorno en el
desenvuelve nuestro sujeto de caso.

Como fuentes de obtención de datos o hechos tenemos dos:

Las fuentes directas están constituidas por la información objetiva y subjetividad que
se recogen del sujeto, de sus familiares mas allegados y de las observaciones que
tenemos oportunidad de hacer al verlo actuar libremente en su lugar, el trabajo, la
escuela, etc., comprende las entrevistas con el sujeto de caso y la observación de sus
actitudes y su entorno.

Las fuente indirectas comprenden la información colateral recabada de otras


personas o instituciones que tienen o han tenido contacto con el sujeto, tales como su
jefe, compañeros de trabajo o de estudio maestro, vecinos, comerciantes, etc., o bien
de la información que obtenemos mediante la consulta de expedientes u otros
documentos archivados en hospitales, escuelas, centros de rehabilitación, consejo del
menor, etc. Dentro de las fuentes indirectas, se recurre a la obtención de información
de documentos o de personas, que si bien no están directamente vinculadas con el
sujeto, si disponen de datos de interés para la compresión de la situación, sin embargo,
como los señala G. Sandozeky, y esta información esta condicionada a la capacidad
intelectual y de observación del trabajador social, de objetividad y de la solvencia y
honradez de los informantes, ya que en toda investigación existen elementos
emocionales y sentimientos, que pueden interferir en nuestra labor o alterar su validez
por lo que se debe ser suficientemente hábil para detectarlos, analizarlos, aceptarlos y
manejarlos en forma adecuada.

En lo que se refiere al ambiente, la investigación se enfoca de acuerdo con el tipo de


problema que estamos manejando: así por ejemplo, si estamos haciendo el estudio de
un paciente tuberculoso, nos interesaran principalmente los aspectos de presupuesto,
de nutrición, de higiene: datos tales como numero y edad de los diversos miembros de
la familia, en relación con el numero de alcobas y camas, servicios sanitarios, situación
de los vecinos, etc.: mientras que si se trata de un caso de problemas de conducta
infantil, aunque lo anterior también nos es útil, nos servirá mas saber lo que se refiere a
dinámica familiar, relaciones humanas interfamiliares, habito de los adultos, juegos
compartidos lecturas, diversiones, patrones culturales, sentido de los valores, actitud
de padres y adultos del grupo familiar para con los niños, relaciones de estos entre si,
situaciones extra familiares y otros datos semejantes.

El proceso de reunir sobre una familia puede pensarse como si se estuviera arrojando
una red de información metafórica en círculos cada vez mayores para poder captar la
información importante sobre la familia y su contexto mas amplio. La red se esparce en
diferentes direcciones:

Del problema actual al contexto mayor del problema, de la familia inmediata a la familia
anexa y sistemas sociales más amplios, de la situación actual de la familia a una
cronología histórica de hechos familiares, de integrantes fáciles y no amenazadores a
cuestiones difíciles y que provocan ansiedad, de hechos obvios a juicios sobre el
funcionamiento y las relaciones e hipótesis sobre pautas familiares.

La situación actual: Es importante preguntar sobre transiciones recientes en el ciclo


vital así como cambio anticipados en la situación familiar, en este punto podemos
aprovechar para indagar sobre el tipo de relación e involucramiento y desligamiento de
cada miembro de la familia.

El contexto familiar más amplio: Esta información corresponde a entrevistas


subsecuentes, estableciendo conexiones entre situación actual y otras relaciones o
experiencias anteriores. Se preguntara sobre cada lado de la familia por separado, por
ejemplo, la línea de parentesco materno.

El contexto social: También se deben de incluir otros subsistemas, que resulten


significativos para el funcionamiento de la familia, como amigo, vecinos, maestros,
clérigos, etc. Para ello se podrían platear siguientes preguntas:
¿Han recibido ayuda de otras personas?, ¿De quienes y de qué tipo?, ¿Alguna
persona ha vivido con su familia?, ¿Cuál fue el motivo?, ¿Cómo han vivido estas
experiencias?

Las perspectivas históricas: A medida que se va conociendo más sobre los nuevos
familiares, es importante situar el desarrollo de la familia en el tiempo. Esta
consideración puede llevarnos a relacionar los cambios en la familia con los del macro
sistema. Por otro lado, haciendo un recorte de la familia, se investigaron los cambios
presentados por nacimiento, muertes, matrimonios, que no pueden ayudar a elaborar
hipótesis sobre el estilo de adaptación, flexibilidad o rigidez.

Estudio de las relaciones y los roles familiares: Mientras el Trabajador Social va


reuniendo información sobre la familia nuclear, de origen de los respectivos padres y
los diferentes hechos, debe de preguntar sobre los distintos tipos de relaciones entre
los familiares y las funciones y roles de cada uno de ellos.

Las preguntas sobre las relaciones incluyen:

¿En la familia hay un miembro que no se dirige la palabra o que alguna vez tuvieron un
periodo de no hablarse?, ¿Hay alguno que tenga o haya tenido un conflicto serio?
Toda las parejas tienen algún tipo de dificultad marital ¿A que tipo de problemas y
conflictos tuvieron que hacer frente?, ¿Cómo se lleva con cada hijo?, ¿Hay alguna
situación (a parte del motivo de atención que les preocupa o que deseen cambiar?

El funcionamiento individual: A la familia le puede resultar difícil o doloroso


responder a las preguntas sobre el funcionamiento individual y por lo tanto se debe de
encarar el tema con sensibilidad y tacto.
Antecedentes laborales y económicos: Cuando ya se ha reunido el numero de datos
que nos permite considerar completa la investigación, es necesario recordar que la
presentación del estudio es básica: no basta con que contenga todos los datos de
valor, sino que su compresión y evaluación dependerán en gran parte, de la forma en
que este material sea ordenado y redactado con precisión y claridad, de manera que
los hechos conserven su significado real.

DIAGNOSTICO
Como es obvio, este término lo tomo el Trabajo Social de otro campo profesional, que
es la medicina. Cosas similares ocurren con frecuencia cuando aparecen profesiones
nuevas: los términos de estas se ven precisados a acuñar nuevos términos; para
mayor claridad se acostumbra llamar al diagnostico que se formula en Trabajo Social
de Casos: “Diagnostico Social”.

La etimología del termino “Diagnostico’ suele dar una respuesta a la interrogante


acerca de su naturaleza: “conocer a través” o “conocer por medio de” (gnosis: conocer:
día a través). Dentro del Trabajo Social, los autores mas conocidos ofrecen diversas
interpretaciones acerca de su significado dentro de la metodología profesional, uno se
refieren a el diagnostico como una interpretación, otros como una descripción o bien
como una explicación de una situación o de un sujeto.

Para Scandon de Quintero, el diagnostico es “un juicio comparativo de una situación


dada con otra situación dada”. Es decir cuando formulamos un diagnostico, lo que se
intenta hacer es llegar a la definición de la situación actual la que deseamos
transformar, a la cual comparamos valorativamente con otra situación que nos sirve de
norma o pauta. Por lo tanto el diagnostico es, en esencia, una investigación, y otra, ya
definida y supuestamente conocida que nos sirve da pauta o modelo.

También puede definirse el diagnostico como un resumen de los problemas


encontrados en el caso, de la actitud del sujeto frente a ellos y de los recursos
familiares y extra familiares detectados en la investigación que pueden ser útiles para
la resolución de los problemas.

El diagnostico social abarca, además de la descripción de los hechos, un juicio sobre


sus causas probables, sus factores determinantes y los posibles significados de la
sintomatología del caso.

Uno de los problemas del diagnostico social es que fundamentalmente subjetivo, por
que gran parte de sus bases son psicológicas, a diferencia del diagnostico medico, que
es objetivo porque se fundamenta en forma principal sobre signos, o sea en elementos
visibles y comprobables, de orden físico.

Para formular un diagnostico social existe una serie de reglas sumamente sencillas,
pero que nos ayudan en mucho a su correcta elaboración, estas son:

Dividirlo en tantos puntos, como características principales susceptibles de ser


contenidas en el, presentes en el caso.
 Enumerarlas por orden de prioridades, esto es, primeramente el problema y
elementos centrales encontrados en la investigación y luego el resto por orden
de importancia, o bien tomando en cuanta la relación lógica que tengan entre si.

 Jamás mencionar dentro del diagnostico, problemas o elementos algunos que


no este contenido o expresado claramente en la investigación.

 Por ética profesional, no expresar como punto de diagnostico opiniones que se


refieran a asuntos de otra profesión, así se trate de situaciones evidentes u
obvias. Si por exigencias del caso debemos mencionar, por ejemplo, la
existencia de algún padecimiento concreto, o bien explicamos la fuente de
donde proviene tal diagnostico, o nos limitamos a describir la situación física o
psíquica del afectado, detallando aquellos aspectos visibles que hayamos
detectado, pero sin formular por nuestra cuenta un diagnostico medico, que por
otra parte, no estamos capacitados para efectuar.