Está en la página 1de 5

Requisitos para diferentes acciones

Acción reivindicatoria:

 Propiedad en cabeza del demandante: que el actor tenga el derecho de dominio sobre el bien reivindicable
 Posesión del demandado: que el demandado tenga la calidad jurídica de poseedor
 Identidad entre el bien perseguido por aquél y el que éste posee: homogeneidad en el bien objeto de la controversia, de
modo que el reivindicado sea el mismo que posee el demandado.
 Singularidad del objeto material de la pretensión o cuota: que se trate de cosa singular o cuota determinada proindiviso de
aquella.

Lesión enorme:

la lesión enorme obedece a un criterio meramente objetivo, según el cual basta con que el precio convenido entre los contratantes
sea lesivo en la medida determinada por la ley, para que opere esa figura. Alejándose así de la teoría de la lesión como un vicio
más del consentimiento, la lesión existirá independientemente de que el contratante haya tenido conocimiento de lo inequitativo del
precio, o de que haya actuado bajo constreñimiento o engaño, o de que circunstancias apremiantes lo hayan impelido a contratar.
Es suficiente, se repite, la discrepancia entre el precio justo y el precio convenido, siempre y cuando, por supuesto, la desigualdad
traspase los límites establecidos en el artículo 1947 del Código Civil.

la lesión enorme, es incontrovertible que la ley dispone que el justo precio del inmueble al tiempo del contrato de compraventa, es
el que ha de tenerse en cuenta para determinar si la desproporción entre las prestaciones recíprocas alcanza el límite fijado para
que opere la figura.

Excepción

cuando las negociaciones se han plasmado en una promesa que como tal precede al contrato, es procedente la rescisión de la
compraventa sin considerar el precio del inmueble para la fecha del contrato prometido, sino sobre la base de que la diferencia de
ultramitad hubiese existido al tiempo de celebrarse tal promesa.

Es decir que el justo precio del inmueble es el que tuviere al tiempo de la convención, a menos que las partes hayan estampado
previamente su voluntad de contratar en una promesa de contrato, caso en el cual será en el tiempo de ésta en donde habrá de
situarse el juzgador para averiguar si el precio fue lesivo.

Promesa de compraventa

la promesa de contratar se exige como requisito esencial para la validez del contrato, que junto con las demás condiciones
requeridas, integra el conjunto de formalidades especiales, sin los cuales no produce ningún efecto civil, como está dicho en el
artículo 1500 del C.C.

Revisión de contrato

El ordenamiento jurídico prevé la revisión del contrato para corregir, restablecer o reajustar el desequilibrio, y en su caso, terminar
el pacto, evitando las consecuencias nocivas o estragos que el cumplimiento en esas condiciones entraña al deudor con los
desmesurados beneficios correlativos al acreedor

Teoría de la imprevisión

La imprevisión tiende a revisar el contrato para mantener el equilibrio económico de las prestaciones, previene, evita o corrige las
consecuencias de la prestación excesivamente onerosa para una de las partes, con los reajustes, adecuación, adaptación o reforma
equitativa, y de no ser posible con su terminación. Por esto, sus causas, requisitos y efectos, son diferentes a los de la ilicitud del
negocio, y por regla general, carece de efectos indemnizatorios, pues su finalidad no es resarcitoria, ni se origina en el
incumplimiento.
Revisión del contrato en el código de comercio art 868

Exigencias:

a. Existencia y validez del contrato


La inexistencia y la invalidez excluyen la teoría de la imprevisión y la revisión contractual por desequilibrio prestacional en tal
virtud, sin perjuicio de los ajustes pertinentes en las prestaciones consecuenciales por nulidad.

b. El artículo 868 del Código de Comercio, dispone la regla para contratos de ejecución sucesiva, escalonada, periódica o diferida,
cuyas prestaciones se proyectan en espacio temporal distante a su celebración, y pueden afectarse por circunstancias
sobrevenidas, previas a su cumplimiento futuro y terminación. Exceptúa los contratos aleatorios y los de ejecución instantánea.

Pero En torno a los contratos aleatorios, la realidad muestra la probable alteración sobrevenida de la equivalencia prestacional, o
su excesiva onerosidad en el cumplimiento. Contraría la lógica descartar su presencia ulterior, en especial, tratándose de aleas
anormales, ajenas o extrañas al tipo concreto de contrato aleatorio o a su estructura, disciplina legal o a la negociación, previsión,
dosificación, distribución y asunción de los riesgos. En estos eventos, procede corregir toda alteración ulterior, imprevista e
imprevisible, por fuera o más allá del riesgo propio o alea normal de estos negocios, naturalmente no bajo la regla comentada sino
a través de los otros mecanismos singulares (v. gr., la revisión ex art. 1060 del C. de Co, en el seguro), ya los inherentes a la
definición o regulación del tipo contractual específico, ora los generales de la buena fe, la equidad y justicia contractual, por cuanto
en ningún contrato puede imponerse a una parte soportar al infinito todos los riesgos, menos los anormales so pretexto de la
incertidumbre prestacional, el azar, albur o contingencia.

Requisitos:

1. la sobreviniencia de las circunstancias determinantes de la asimetría prestacional. Han de acontecer después de la celebración,
durante la ejecución y antes de la terminación del contrato. La sobreviniencia de las circunstancias es inmanente al cambio o
mutación del equilibrio prestacional en la imprevisión. Las causas preexistentes, aún ignoradas al celebrarse el contrato y conocidas
después por la parte afectada,

La revisión por imprevisión, es inadmisible si la prestación, no obstante la excesiva onerosidad se cumplió, lo cual salvo protesta,
reserva o acto contrario, denota aceptación, tolerancia o modificación por conducta concluyente de la parte afectada.

2. Las circunstancias sobrevenidas al contrato, a más de extraordinarias, han de ser imprevistas e imprevisibles, y extrañas o ajenas
a la parte afectada.

Extraordinarias, son aquellas cuya ocurrencia probable está fuera de lo ordinario, normal, natural, común, usual, lógico, habitual,
corriente, frecuencia o periodicidad, atendido el marco fáctico del suceso, sus antecedentes, el estado actual de la ciencia, y la
situación concreta según las reglas de experiencia.

Imprevisible, es todo evento que en forma abstracta, objetiva y razonable no puede preverse con relativa aptitud o capacidad de
previsión, “que no haya podido preverse, no con imposibilidad metafísica, sino que no se haya presentado con caracteres de
probabilidad… Hay obligación de prever lo que es suficientemente probable, no lo que es simplemente posible. Se debe prever lo
que es normal, no hay porque prever lo que es excepcional o según los criterios generalmente admitidos, poco probable, raro,
remoto, repentino, inopinado, sorpresivo, súbito, incierto, anormal e infrecuente, sin admitirse directriz absoluta, por corresponder al
prudente examen del juzgador en cada caso particular

Imprevisto, es el acontecimiento singular no previsto ex ante, previa, antelada o anticipadamente por el sujeto en su situación,
profesión u oficio, conocimiento, experiencia, diligencia o cuidado razonable.

Lo extraordinario u ordinario, previsible e imprevisible, previsto e imprevisto, no obedece a un criterio absoluto, rígido e inflexible
sino relativo, y está deferido a la ponderada apreciación del juzgador en cada caso según la situación específica, el marco fáctico
de circunstancias, el estado del conocimiento, el progreso, el deber de cuidado exigible y la experiencia decantada de la vida

La ajenidad de los hechos sobrevenidos al deudor es necesaria en la imprevisión, en tanto extraños a su órbita, esfera o círculo de
riesgo, conducta, comportamiento, acción u omisión, hecho o acto, que no las haya causado, motivado, agravado, incurrido en dolo
o culpa u omitido medidas idóneas para evitarlos o atenuar sus efectos, siéndole exigible y pudiendo hacerlo. Los eventos pueden
originarse en la otra parte, nunca en la afectada, pues al serle imputable jamás podrá invocar su propio acto. Y lo que se dice de la
parte comprende el hecho de las personas por quienes responde legal o contractualmente.

Por tanto, la negligencia, desidia, imprudencia, el dolo o culpa, la falta de diligencia, cuidado, previsión y la concurrencia, exposición
o contribución de la afectada, así como la ausencia de medidas para evitar, mitigar o disipar la excesiva onerosidad (duty to mitigate
damages), y en fin, la inobservancia de las cargas de la autonomía excluyen imprevisión, imprevisibilidad, inimputabilidad y
extraneidad, a mas de contrariar claros dictados éticos, sociales y jurídicos prevalerse de la propia conducta para derivar provecho
con un desequilibrio que pudo evitarse, mitigarse o conjurarse, en quebranto a la lealtad, probidad, corrección, buena fe y fuerza
obligatoria del contrato a que conduce admitir su revisión cuando la conducta del obligado es la causa o concausa de la excesiva
onerosidad. Por ende, no opera la imprevisión cuando el suceso está en la esfera o círculo del riesgo de la parte afectada, el alea
normal del contrato, o es imputable a la propia conducta, hecho dolo, culpa, exposición, incuria, negligencia, imprudencia o, la falta
de medidas idóneas para prevenir, evitar o mitigar el evento o sus efectos.

Cláusulas abusivas

De acuerdo con la jurisprudencia59 y la doctrina60, las características generales de las cláusulas abusivas son las siguientes.

I. Que la cláusula sea predispuesta

La cláusula es predispuesta cuando es impuesta por el predisponente al adherente, sin posibilidad alguna de discutirla ni
modificarla. En otras palabras, se trata de una cláusula que no es negociada por las partes, sino que, por el contrario, es impuesta
por el predisponente al adherente, como sucede normalmente en los contratos de adhesión.

Ahora bien, resulta importante preguntarse si todas las cláusulas que integran el contenido de los contratos de adhesión son
predispuestas. Al respecto, un sector de la doctrina se decanta por la negativa, y ello por cuanto las puede haber que son
negociadas o que transcriben normas legales imperativas, supuestos en los que se descarta su predisposición, y como
consecuencia de ello, tales cláusulas quedarán excluidas del control de contenido de cláusulas abusivas. Así las cosas, las
cláusulas que contienen prestaciones fundamentales o esenciales del contrato particular que celebran las partes no se entienden
como predispuestas, porque normalmente sobre estas prestaciones existe negociación entre las partes62, no obstante lo cual
podrán ser abusivas si el predisponente no cumple con la carga de claridad que le impone la ley63; como sucede con las cláusulas
relacionadas con los productos que se venderán o los servicios que se prestarán, el precio de venta, los intereses, entre otras.

Por otro lado, en relación con las cláusulas que transcriben normas legales de carácter imperativo, se excluye la naturaleza
predispuesta de las mismas porque se entiende que la imposición proviene del legislador y no del predisponente64.

De esta manera, tendríamos que las cláusulas predispuestas son las que modifican elementos de la naturaleza o accidentales del
contrato particular que celebran las partes65, que usualmente están consagradas en normas dispositivas respecto de las cuales la
ley permite al predisponente apartarse de ellas, esto es, del modelo propuesto por el legislador en desarrollo de su autonomía
privada, con el fin de fijar las reglas a las que se someterán voluntariamente tanto él como el adherente para satisfacer sus
respectivos intereses individuales.

2. Que la cláusula genere un desequilibrio jurídico en el contrato

El concepto de equilibrio contractual se encuentra estructurado sobre dos dimensiones: una económica y otra jurídica, en atención a
las dos finalidades que cumple el contrato: como instrumento económico, que permite el intercambio, y como instrumento jurídico, a
través del cual las partes fijan las reglas a las que se someterán voluntariamente para dirigir sus comportamientos hacia la
satisfacción recíproca de sus intereses individuales67. Además de esto, cada una de las mencionadas dimensiones tiene señaladas
en la ley unas causales que implican su ruptura, de manera que la ocurrencia de cualquiera de ellas conlleva el rompimiento del
equilibrio del contrato en alguna de sus dimensiones, sin desconocer que podrían concurrir varias causales que alteren el equilibrio
contractual en sus dos dimensiones, de tal manera que estas no son excluyentes sino complementarias entre sí.

A continuación analizaremos únicamente la dimensión jurídica del equilibrio contractual, que es la que más relevante para los
propósitos de esta investigación.

El equilibrio jurídico del contrato consiste en que las partes, como consecuencia del perfeccionamiento del contrato, adquieran
derechos y contraigan obligaciones recíprocas y equivalentes entre sí68. De ese modo, todas las cláusulas dirigidas a mantener en
estado de inferioridad al adherente, a impedirle o dificultarle el ejercicio de sus derechos, a reafirmar la posición de superioridad en
la que se encuentra el predisponente, a aliviar o exonerar a este de responsabilidades, entre otras, conllevan el rompimiento del
equilibrio contractual, porque ellas no permiten verificar la reciprocidad y equivalencia de derechos adquiridos y obligaciones
contraídas que exige el ordenamiento jurídico en los contratos.

Tratándose de contratos de adhesión, es el predisponente quien elabora el contenido del contrato fijando unilateralmente las reglas
a las que se someterá de manera voluntaria el adherente, sin que exista la mínima posibilidad para él de discutir ni modificar
ninguna de las reglas así impuestas; situación esta que implica un mayor riesgo de existencia de cláusulas abusivas en sus
contenidos, pues el predisponente, en ejercicio de su autonomía privada, puede incluir algunas cláusulas que lo beneficien de
manera exorbitante sin importar que se torne más gravosa la posición del adherente69. Este riesgo se encuentra fundamentado en
la desigualdad propia que existe entre las partes en los contratos de adhesión, a partir de la cual el predisponente aprovecha su
posición de superioridad contractual para establecer reglas que privilegien su posición negocial respecto de la del adherente70. Sin
embargo, el principio de la buena fe contractual exige al predisponente obrar con lealtad, corrección y honestidad, de manera que
este debe obrar con objetividad en el momento de elaborar las reglas que impondrá al adherente, de modo de no privilegiar sus
intereses individuales por encima de los intereses del adherente ni ir en detrimento de sus derechos; e igualmente exige que los
derechos que ellos adquieran y las obligaciones que contraigan sean recíprocas y equivalentes entre sí; de esta manera el
predisponente, como parte fuerte del contrato, podrá lograr la realización del deber ser, esto es, dar un trato igualitario al adherente,
manifestado en el carácter justo del contenido predispuesto del contrato71.

Para que se pueda hablar de cláusulas abusivas, estas tienen que generar un desequilibrio jurídico en el contrato, entendido como
una alteración que rompa el equilibrio que debe existir en relación con los derechos adquiridos, las obligaciones contraídas y las
responsabilidades asumidas por las partes con ocasión del perfeccionamiento del contrato72. En consecuencia, no serán
consideradas como cláusulas abusivas aquellas que alteren el equilibrio económico de las prestaciones del contrato, porque
normalmente estas cláusulas son negociadas entre las partes73 y, adicionalmente, porque el ordenamiento jurídico prevé una serie
de mecanismos dirigidos a recomponer el equilibrio económico del contrato74. En todo caso, cuando una cláusula rompa el
equilibrio contractual alterando tanto el equilibrio jurídico del mismo como el equilibrio económico de las prestaciones contractuales,
estaremos frente a una cláusula abusiva en razón de la alteración del equilibrio jurídico del contenido contractual75.

3. Que el desequilibrio sea injustificado

Este requisito hace referencia a que no cualquier desequilibrio jurídico que sufra el contrato implica la existencia de cláusulas
abusivas, pues para que esta se pueda predicar es necesario que se trate de un desequilibrio relevante que altere el equilibrio que
debe existir entre los derechos adquiridos y las obligaciones contraídas por las partes como consecuencia de la celebración y
perfeccionamiento del contrato76. De esta manera, se ha considerado que, en todos los casos en que no existe ninguna razón
legítima que le permita al predisponente justificar la inclusión de alguna o algunas cláusulas que implican una alteración del
equilibrio jurídico del contrato, apartándose de las normas dispositivas que establecían un contenido equilibrado77, se presenta un
desequilibrio relevante del mismo.

Para establecer en qué eventos el desequilibrio jurídico producido por una cláusula es injustificado, el ordenamiento jurídico impone
que para decidir sobre su eventual abusividad deberá realizarse la valoración de las circunstancias que estuvieron presentes al
momento de adoptarse una determinada cláusula; valoración que se adelantará a partir de la existencia o no de una razón legítima
que permita justificar el desequilibrio jurídico del contrato causado por el apartamiento del predisponente del derecho dispositivo78.
Sin embargo, no podemos desconocer que la Ley 1480 de 2011, a través de la lista negra79 consagrada en su artículo 43, enumera
de manera taxativa las cláusulas que el legislador considera que, sin importar las circunstancias en que sean incorporadas al
contenido del contrato de adhesión, implican un desequilibrio relevante e injustificado, y por ende les impone como sanción la
ineficacia de pleno derecho, para proteger de manera eficaz los derechos de los consumidores como contratantes débiles que son.

4. Que la cláusula sea contraria al principio de la buena fe

El principio de la buena fe contractual no solo impone a las partes tener conciencia e intención de obrar correctamente durante
todas las etapas del iter contractus, sino, adicionalmente, el deber de actuar con lealtad, confianza, honestidad y transparencia en
todas ellas para asegurar la satisfacción tanto de sus propios intereses individuales como de los del otro contratante.

La doctrina y la jurisprudencia han dado proporcionado argumentos para afirmar que las cláusulas abusivas son contrarias al
principio de la buena fe, entre los cuales los más relevantes son los siguientes: en primer lugar, se considera que el principio de la
buena fe contractual impone a los contratantes un deber de cooperación, de acuerdo con el cual el predisponente debe colaborar
con la satisfacción de los intereses individuales del adherente80. Así las cosas, en los eventos en que el predisponente incluye
cláusulas abusivas en el contenido del contrato, alterando con ello su equilibrio jurídico, se asume que no está contribuyendo a la
satisfacción de los intereses individuales del adherente, toda vez que, de manera general, las cláusulas abusivas están orientadas a
desconocer derechos del adherente o a trabar su ejercicio, para obtener beneficios que privilegian la satisfacción de los intereses
individuales del predisponente por encima de los del adherente; de esta forma, la inobservancia del deber de cooperación por parte
del predisponente conlleva la violación del principio de la buena fe.

Y, en segundo lugar, se ha establecido que el principio de la buena fe contractual impone al predisponente honrar la confianza que
el adherente ha depositado en él, con respecto a la elaboración de un contenido contractual justo81, que no le impida ejercer sus
derechos, que no le imponga de manera desmedida obligaciones que lo mantengan en una posición de inferioridad y que le permita
satisfacer eficientemente sus intereses individuales. Entonces, cuando el predisponente inserta cláusulas abusivas en el contenido
predispuesto del contrato de adhesión defrauda la confianza del adherente, consolidándose así la contrariedad con la buena fe.

Ahora bien, consideramos que los argumentos antes explicados son válidos y complementarios entre sí porque cada uno de ellos
resalta una de las múltiples manifestaciones del principio de la buena fe contractual que vislumbran su complejidad. Lo que sí es
cierto es que las cláusulas abusivas insertadas en los contenidos contractuales predispuestos contrarían el principio de la buena fe,
ya sea porque van en contra del deber de cooperación o porque defraudan la confianza depositada por el adherente en un contrato
justo.

También podría gustarte