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Índice

Portada

Créditos

Prólogo a la primera edición digital

Prólogo a la cuarta edición impresa

Prólogo a la tercera edición impresa

Prólogo a la segunda edición impresa

Plan de vida

La oración de Cristo

La oración de los cristianos

La oración oficial de la Iglesia

El ejercicio de las virtudes y la oración

La Penitencia.

Fe y caridad.
Humildad.

Paciencia y perseverancia.

¿Cómo propiciar mi vida interior?

Plan de Vida Interior

Para quien desee comprometerse más.

¿Qué es la Dirección Espiritual?

El Señor discierne los pensamientos y sentimientos del corazón.

Temas a tratar en la Dirección Espiritual.

Oraciones de la mañana

Por la Señal de la Santa Cruz.

Oración a Cristo Rey.

Toma de Conciencia del valor sobrenatural de cada día y Consagración


total del deber diario.

Padrenuestro.

Avemaría.

Gloria.

Ángel Custodio.

Credo (Niceno-constantinopolitano).

Consagración a la Virgen.
Ofrecimiento de obras.

Jaculatorias.

Oraciones de la noche

Por la señal de la Santa Cruz.

Oración ante ti, María Reina.

Acción de Gracias.

Examen breve de conciencia.

Acto de contrición.

Petición de pureza.

Salve.

Oración de San Miguel Arcángel.

Oración para pedir gracias y virtudes para extender el Reino.

Jaculatorias.

Meditación

Cómo hacer bien la meditación.

Oración.

Conclusión.

Actos preparatorios para la Meditación I.


Acto de Fe.

Acto de Esperanza.

Acto de Caridad.

Acto de Gratitud.

Acto de Humildad.

Acto de Entrega.

Actos preparatorios para la Meditación II.

Oraciones

I. Oración a la Santísima Trinidad

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Te Deum.

Oración de entrega a la Santísima Trinidad.

Oración de San Francisco a la Santísima Trinidad.

Oración de humildad y de confianza a la Santísima Trinidad.

Oración de absoluta confianza a la Santísima Trinidad.

II. Oración a Dios Padre

Padrenuestro.

Ofrecimiento al Eterno Padre.


Padre te ofrezco mi vida.

Padre, enséñame a descubrir tu amor.

Acto de abandono al Padre.

Padre, tú eres mi bienhechor.

Padre, tú lo eres todo.

III. Oraciones al Hijo. Espiritualidad de Cristo Rey: expresada en sus


aspectos de espiritualidad eucarística, espiritualidad expiatoria y
espiritualidad apostólica

Acto de proclamación del Sagrado Corazón de Jesús como Rey de


México y juramento de fidelidad y vasallaje.

Entronización del Sagrado Corazón de Jesús en los hogares.

Novena de la Confianza al Sagrado Corazón de Jesús.

Renovación de la Consagración de la Nación Mexicana al Sagrado


Corazón de Cristo Rey. Conferencia del Episcopado Mexicano. Cubilete
(23-junio-2006).

III. 1. Espiritualidad Eucarística

Adoración al Santísimo Sacramento.

Adoración personal.

Preces por los sacerdotes.

Oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Plegarias para después de la bendición con el Santísimo Sacramento.


Preparación para recibir la Comunión (San Ambrosio).

Oraciones para la comunión.

Preparación para la Comunión.

Acto de Fe.

Acto de humildad.

Acto de deseo.

Acto de esperanza.

Acto de amor.

Acción de Gracias para después de la comunión.

Acto de Fe.

Acto de amor.

Acto de agradecimiento.

Acto de reparación.

Acto de sumisión.

Acto de petición.

Acto de ofrecimiento.

Propósito.

Aspiraciones de San Ignacio.


Oración para obtener un amor ardiente a Nuestro Señor (San
Agustín).

Oraciones enseñadas por el Ángel de Portugal a los pastorcitos de


Fátima.

Oración ante el Crucifijo.

A Jesús Crucificado (Fray Miguel de Guevara OSA).

Comunión Espiritual.

III. 2. Espiritualidad Expiatoria y Reparadora

Acto de Desagravio al Sagrado Corazón de Jesús, mandado por el Papa


Pío XI.

Oraciones de ofrecimiento.

Oblación de sí mismo (San Ignacio de Loyola).

Acto de abandono al Padre (Ch. de Foucauld).

Consagración de sí mismo a Jesucristo, Sabiduría Encarnada, por


manos de María (San Luis María Grignion de Monfort).

III. 3. Espiritualidad Apostólica

Oraciones de la mañana a Cristo Rey.

Consagración a Cristo Rey (León XIII).

Oración a Cristo Rey (Episcopado Mexicano).

Oración a Cristo Rey (Vasallos).


Oración a Cristo Rey y Señor Nuestro (Ramón Plata Moreno).

Oración a Cristo Rey de San Juan XXIII.

Consagración de Brasil a Cristo Rey y Redentor.

Oraciones de la noche para pedir gracias y virtudes para extender el


Reino de Cristo.

Oración de San Luis Rey de Francia.

Oración universal del Papa Clemente XI (Virtudes del Reino).

Oración de San Francisco.

Oración de ofrecimiento.

Devociones a Cristo Rey.

Hora Santa de amor a Cristo Rey. Manual de los Vasallos de Cristo Rey.
México 1930.

Entronización de Cristo Rey en los hogares mexicanos. Manual de los


Vasallos de Cristo Rey. México 1930.

IV. Oraciones al Espíritu Santo

Al Espíritu Santo (Cardenal Mercier).

Plegaria al Espíritu Santo (Cardenal Verdier).

Plegaria al Espíritu Santo para que nos inspire.

Consagración al Espíritu Santo (Santiago Alberione).

Ven, Espíritu Santo Creador.


Ven, Espíritu Santo.

Oración al Espíritu Santo.

Oración al Espíritu Santo para pedir sus dones.

Oración al Espíritu Santo para pedir pureza.

Súplicas al Espíritu Santo.

Consagración al Espíritu Santo.

V. Oraciones Marianas

Angelus.

Regina Caeli.

Acordaos (San Bernardo).

Bendita sea tu pureza.

Consagración de sí mismo a Nuestra Señora.

Magnificat.

Bajo tu amparo.

A la Virgen de Guadalupe (San Juan Pablo II).

Oración a Nuestra Señora del Buen Consejo.

Oración para pedir a María su Perpetuo Socorro en todas las cosas.

Consagración del joven a la Virgen.


Entronización de la Virgen de Guadalupe en nuestros hogares.

Madre del Redentor.

Salve, Reina de los cielos.

Oración Ante ti María Reina (Víctor Manuel Sánchez Steinpress).

Oración a María en el mes de Mayo (Chile).

Oración inicial.

Oración Final.

VI. Oraciones a San José

Oración a San José.

Oración a San José por la Iglesia.

A San José.

VII. Oraciones a los Ángeles Protectores

A San Miguel Arcángel.

Ángel de Dios.

Ángel de mi Guarda.

A los Ángeles Custodios.

VIII. Oraciones por los sacerdotes y las vocaciones

Preces por los Sacerdotes.


Oraciones de San Juan Pablo II por las vocaciones.

Por las vocaciones Sacerdotales y Religiosas.

Un sacerdote debe ser…

IX. Oraciones varias

Por el Papa I, II.

Oración por el Obispo.

Oración por el Párroco.

Oración por la Paz en nuestra Patria.

Por la Patria.

Oración por la Patria (Argentina).

Por los que gobiernan I, II.

Por los fieles laicos.

De los Esposos I, II.

En el Aniversario del Matrimonio.

En la espera de un hijo.

Por la vocación de los hijos.

Por los hijos.

De los hijos.
De los novios.

Del joven por ella.

De los novios a la Virgen.

Oración para pedir pureza (varones).

Para antes del estudio (Santo Tomás de Aquino).

Para pedir la Sabiduría (Sb 9: 1-6, 9-11).

Súplica a la Virgen para el estudio (Santo Tomás de Aquino).

Para santificar el trabajo.

Por los enfermos.

Por los que sufren.

En las dificultades de la vida.

Para pedir la gracia de una buena muerte.

Por un difunto.

Yo confieso.

Señor mío Jesucristo.

Eterno Señor (San Ignacio de Loyola).

Aspiraciones de Santa Teresa de Jesús.

Oblación de sí mismo (San Ignacio de Loyola).


Bendiciones para antes y después de los alimentos.

Antes de un viaje.

Oración a San Juan Bosco.

Oración en la Ruta.

Oración de la Cumbre.

X. Devociones Populares

El Santo Rosario.

Oraciones iniciales.

Misterios de Gozo.

Misterios de Luz.

Misterios de Dolor.

Misterios de Gloria.

Letanías de la Santísima Virgen.

Ofrecimiento del Santo Rosario.

Viacrucis.

1.ª Estación.

2.ª Estación.

3.ª Estación.
4.ª Estación.

5.ª Estación.

6.ª Estación.

7.ª Estación.

8.ª Estación.

9.ª Estación.

10.ª Estación.

11.ª Estación.

12.ª Estación.

13.ª Estación.

14.ª Estación.

15.ª Estación.

Viernes primeros de mes.

Sábados primeros de mes: Práctica de la Comunión Reparadora.

El Ayuno y la Abstinencia.

Coronilla de la Misericordia.

Oraciones iniciales.

Cada decenario.
XI. Letanías diversas

Letanía a Cristo Rey.

Letanía del Corazón de Jesús.

Letanía al Espíritu Santo.

Letanía de San José.

XII. Jaculatorias

XIII. Oraciones básicas en latín

Per signum crucis.

Pater noster.

Ave Maria.

Gloria Patri.

Angele Dei.

Confiteor.

Actus Contritionis.

Credo (Niceno-constantinopolitano).

Credo in Deum (Símbolo de los Apóstoles).

Salve Regina.

Sancte Michael Archangele.


Requiem Aeternam.

Anima Christi.

Oratio ad Sanctum Ioseph.

Actus Fidei.

Actus Spei.

Actus caritatis.

Confiteor (Misal Tridentino).

Bendición antes de la comida.

Acción de gracias después de la comida.

Oracion de Santo Tomás de Aquino para antes de estudiar.

Oraciones al Espíritu Santo.

Veni Creator.

Veni Sancte Spiritus.

Emitte Spiritum.

Devoción a la Santísima Virgen María.

Domina mea (Oh Señora mía).

Memorare.

Angelus.
Regina Caeli.

Santo Rosario.

Mysteria Gaudiosa.

Mysteria Luminosa.

Mysteria Dolorosa.

Mysteria Gloriosa.

† Signum Crucis.

Actus de Contritionis.

Pater Noster.

Ave Maria.

Gloria Patri

Oratio Fatima

Oraciones Finales.

Letanías.

Himnos Marianos.

Ave Maris Stella.

Stabat Mater.

Liturgia de las Horas.


Cánticos Evangélicos.

Benedictus – Laudes.

Magnificat – Vísperas.

Nunc Dimittis – Completas.

Antífonas Marianas.

Alma Redemptoris Mater.

Salve Regina (ver oraciones básicas en latín).

Ave Regina Caelorum.

Sub tuum praesidium.

Regina Caeli (durante el tiempo Pascual).

Victimae Paschali (secuencia durante la octava de Pascua).

Adoración Eucarística.

Pange Lingua (al iniciar la Exposición).

Tantum ergo (al momento de la Reserva).

Louanges Divines.

Salmo 116.

Himnos Eucarísticos.

Adoro te devote.
Sacris solemniis.

Panis Angelicus.

Lauda Sion Salvatorem (secuencia Corpus Christi).

O Sacrum convivium.

Ave Verum.

O salutaris Hostia.

Santa Misa.

Oraciones antes de iniciar la Santa Misa.

Oratio Sancti Thomae Aquinatis.

Oratio ad Beatam Mariam Virginem ante Missam.

Oratio ad omnes Angelos et Sanctos.

Ordo Missae.

Liturgia Eucharistica (presentación de las ofrendas).

Ritus Communionis.

Ritus Conclusiones.

Oraciones después de la Santa Misa.

Oratio Sancti Thomae Aquinatis.

Oratio ad Beatam Mariam Virginem.


Cantos en latín.

Ubi caritas.

Adeste Fidelis.

Puer Natus.

XIV. Sacramentos

Los siete sacramentos de la Iglesia (1210-1211).

Los sacramentos de la iniciación cristiana (1212).

El sacramento del Bautismo (1213).

Renovación de las promesas del bautismo.

El sacramento de la Confirmación (1285, 1317).

El sacramento de la Eucaristía (1322-1325).

Los sacramentos de la curación (1420-1421).

El sacramento de la Penitencia (1422-1424).

Acto de contrición después del examen de conciencia.

Modo de hacer la confesión.

Diferentes formas de realizar un examen de conciencia para una buena


confesión.

La Unción de los enfermos (1499-1532).

Los sacramentos al servicio de la comunidad (1533-1535).


El sacramento del Orden (1536-1591).

El sacramento del Matrimonio (1601-1664).

XV. Las Indulgencias en el Catecismo de la Iglesia Católica

Las indulgencias (1471-1494).

XVI. Himnos y cantos

Cantos Marianos.

Himno Guadalupano.

Himno Patriótico Guadalupano.

Desde el cielo una hermosa mañana.

La Virgen María es nuestra protectora.

Cantos Eucarísticos.

Pange lingua.

Pange lingua (castellano).

Tantum ergo.

Tantum ergo (castellano).

Adoro te devote (castellano).

Oh buen Jesús, yo creo firmemente.

Altísimo Señor.
A Cristo Rey.

Tu reinarás.

¡Que viva mi Cristo!

Cantemos al Amor de los amores.

Corazón Santo.

Cantad, Cantad, la Patria se arrodilla.

Himno Cristo Jesús en ti la Patria espera (Argentina).

Populares.

Del Cruzado.

Un grito de guerra.

El Martes me fusilan.

¿Por qué perder las esperanzas?

In Memoriam

Oración del Padre Carlos Eufemio Ortiz Montes, CCR.

Ilustración y pensamiento del Padre Carlos.

Colofón

Sobre el autor
Manual de Oración Digital
de los Cruzados de Cristo Rey

José Ortiz Montes


Créditos

© 2015 Jus, Libreros y Editores S. A. de C. V.


Donceles 66, Centro Histórico
C. P. 06010, México, Distrito Federal

Manual de Oración Digital de los Cruzados de Cristo Rey
ISBN: 978-607-9409-48-7
Primera edición electrónica: 2015

Comentarios y sugerencias:
(55) 12 03 37 80 / (55) 12 03 37 81
www.jus.com.mx

Todos los Derechos Reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por
cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, la
copia o la grabación, sin la previa autorización por escrito de los editores.
Societas Cruciatorum
Christi Regis

Esta primera edición del
Manual de Oración Digital de los Cruzados de Cristo Rey
lo dedicamos:

A Cristo Rey del Universo.

A Santa María de Guadalupe, Reina y Madre de los CCR.

Al Santo Padre Francisco.

Al Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera,
en el XX aniversario como Arzobispo Primado de México.


A todos los que comparten nuestra espiritualidad.


Con motivo de la Canonización de los Papas
Juan XXIII y Juan Pablo II Magno (27.04.2014).

México 2015


Militia est vita hominis super terram


(Job 7: 1)



Prólogo a la primera edición digital

La misión de la Iglesia es comunicar la Verdad. Los cristianos debemos ser


verdaderamente mensajeros y testigos del Evangelio. «Id por todo el mundo y
proclamad la Buena Nueva a toda la creación». (Mc 16: 15).
Aunque lo fundamental nunca cambia, los modos como las personas se
comunican hoy entre sí afecta a este mandato del Señor. El desarrollo de las redes
sociales digitales está contribuyendo a que surja una nueva «ágora», una plaza
pública y abierta en la que las personas comparten ideas, informaciones, opiniones,
y donde, además, nacen nuevas relaciones y formas de comunidad (cf. 47.a Jornada
Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2013).
Las redes se convierten así, cada vez más, en parte del tejido de la sociedad, en
cuanto que unen a las personas en virtud de estas necesidades fundamentales. Las
redes sociales se alimentan, por tanto, de aspiraciones radicadas en el corazón del
hombre.
La cultura de las redes sociales y los cambios en las formas y los estilos de la
comunicación suponen todo un desafío para quienes desean hablar de verdad y de
valores. El ambiente digital no es un mundo paralelo o puramente virtual, sino que
forma parte de la realidad cotidiana de muchos, especialmente de los más jóvenes.
En las redes sociales se pone de manifiesto la autenticidad de los creyentes cuando
comparten la fuente profunda de su esperanza y de su alegría: la fe en el Dios rico de
misericordia y de amor, revelado en Jesucristo. Este compartir consiste no solo en la
expresión explícita de la fe, sino también en el testimonio.
Existen redes sociales que, en el ambiente digital, ofrecen al hombre de hoy
ocasiones para orar, meditar y compartir la Palabra de Dios. Pero estas redes pueden
asimismo abrir las puertas a otras dimensiones de la fe. Tenemos algunos ejemplos
de la acción de la Iglesia en este ambiente digital: el Papa Francisco plantó el primer
olivo virtual por la paz en el mundo –mediante una tablet haciendo clic– desde la
Ciudad del Vaticano la tarde del miércoles 19 de marzo de 2014, en el cierre de las
II Jornadas de la Red Mundial de Escuelas para el Encuentro; también escribió una
oración virtual en la Cripta de San Francisco de Asís (02.05.2014); el Rezo del
Santo Rosario digital, las Redes Sociales de Oración, etcétera.
La capacidad de utilizar los nuevos lenguajes es necesaria no tanto para estar de
moda con los tiempos, sino precisamente para permitir que la infinita riqueza del
Evangelio encuentre formas de expresión que puedan alcanzar las mentes y los
corazones de todos.
Hay un axioma en la tradición de la Iglesia, una proposición clara y evidente que
no necesita demostración: Lex orandi, Lex credendi, Lex vivendi, cuyos elementos
son inseparables: La ley de la oración (es,) la ley de lo que se cree y (es) la ley de lo que se
vive. Pues tal como un hombre ora, de esa misma manera cree y de esa misma
manera vive.
Una oración pobre, revela una baja sintonía de fe y una moral deficiente. La
historia de la Iglesia nos muestra que, cuando se debilita la oración, se pierde la
fuerza, se pierde el poder del Espíritu (cf. Hch 1: 8), se pierde el celo, «la libertad
para decirlo todo» (parresía) y la audacia apostólica; pues en la misma medida se
debilitan la fe, el deseo de servir al mundo en la caridad y la necesidad de elevar el
alma a Dios (lex credendi, lex vivendi, lex orandi).
No basta, pues, orar solamente con palabras sino que hemos de conocer también
con mucha atención en qué debemos creer y como hemos de vivir. Por eso Jesús nos
enseña no sólo a orar, sino a creer y a vivir.
¿Por qué una App para un manual de oración? Porque una App nos permite
tenerlo siempre a la mano y así puede facilitarnos el orar, conscientes de que la
oración es un don del Espíritu y que se recibe cuando nos disponemos a ello. Si hay
App para todo tipo de necesidades o situaciones, ¿por qué no para un manual de
oración?
Con motivo de la reciente Canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II
Magno (27.04.2014) y después de varias ediciones impresas del Manual de Oración
de los Cruzados de Cristo Rey, ahora se ofrece este Manual de Oración Digital de los
Cruzados de Cristo Rey, con el deseo de que sea un medio más en el ambiente digital,
y que presente la espiritualidad de un carisma de la Iglesia abierto para todos pero
dirigido especialmente a los laicos que comparten la misma espiritualidad y que
beben de la misma Fuente: Cristo Rey.
Deseo de todo corazón que el Espíritu Santo ilumine a quienes tengan en sus
manos este Manual de Oración Digital de los Cruzados de Cristo Rey para que sean en
verdad mensajeros y testigos del Evangelio, y extiendan el Reino de Cristo por la
maternal mediación de Santa María de Guadalupe.

+ Norberto Card. Rivera Carrera


Arzobispo Primado de México
México, D. F. 29 de Junio de 2015
Solemnidad de San Pedro y San Pablo



Prólogo a la cuarta edición

La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a
excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia
en la vida social, condenando al hombre a perderse en la mediocridad de una vida
sin sentido.
El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe
ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad,
sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento. Es
una propuesta que desarraiga a la persona de sus fundamentos culturales y
espirituales.
Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un «infierno»,
donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y
los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. El hombre está creado para lo que
es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía
razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Dios. El deseo de la
vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su «huella».
Ante el relativismo y la confusión de los espíritus que provoca, es vital tener raíces
y bases sólidas, en palabras de San Pablo «Estad “arraigados y edificados en Cristo,
firmes en la fe”» (cf. Col 2: 7; mensaje para la JMJ de 2011, Madrid). Esto nos lleva
a la necesidad de la esperanza, pero no de cualquier esperanza, sino de una esperanza
firme y creíble, como lo ha subrayado el Santo Padre Benedicto XVI en la encíclica
«Spe salvi».
La juventud, en particular, es tiempo de esperanzas, porque mira hacia el futuro
con diversas expectativas. Cuando se es joven se alimentan ideales, sueños y
proyectos; la juventud es el tiempo en el que maduran opciones decisivas para el
resto de la vida. Y tal vez por esto es la etapa de la existencia en la que afloran con
fuerza las preguntas de fondo: ¿Por qué estoy en el mundo? ¿Qué sentido tiene vivir?
¿Qué será de mi vida? Y también, ¿cómo alcanzar la felicidad? ¿Por qué el
sufrimiento, la enfermedad y la muerte? ¿Qué hay más allá de la muerte?
Preguntas que son apremiantes cuando nos tenemos que medir con obstáculos
que a veces parecen insuperables: dificultades en los estudios, falta de trabajo,
incomprensiones en la familia, crisis en las relaciones de amistad y en la
construcción de un proyecto de pareja, enfermedades o incapacidades, carencia de
recursos adecuados a causa de la actual y generalizada crisis económica y social. Nos
preguntamos entonces: ¿Dónde encontrar y cómo mantener viva en el corazón la
llama de la esperanza? San Pablo nos dice que la esperanza es una persona viva:
Jesucristo, el Hijo de Dios; y la manera de mantenerse en el Señor es la vida de
gracia y la oración.
Así descubrimos a la oración como la escuela de la esperanza, en donde se vive
esta virtud inseparable de la fe y del amor. Cuando ya nadie me escucha, Dios
todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie,
siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme ‒cuando se
trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de
esperar‒, Él puede ayudarme. Si me veo relegado a la extrema soledad... el que reza
nunca está totalmente solo (cf. Spe Salvi, 32).
La oración debe ser, por una parte, muy personal, una confrontación de mi yo
con Dios, con el Dios vivo. Pero, por otra, ha de estar guiada e iluminada una y otra
vez por las grandes oraciones de la Iglesia y de los santos, por la oración litúrgica, en
la cual el Señor nos enseña constantemente a rezar correctamente. El Cardenal
Nguyen Van Thuan cuenta en su libro de Ejercicios espirituales cómo en su vida
hubo largos períodos de incapacidad de rezar y cómo él se aferró a las palabras de la
oración de la Iglesia: el padrenuestro, el avemaría y las oraciones de la Liturgia.
La oración cristiana es siempre un encuentro de dos libertades, la infinita de Dios
con la finita del hombre, es también siempre personal individual y al mismo tiempo
comunitaria. Muchos cristianos tienen el deseo de aprender a orar de modo
auténtico y profundo, a pesar de las dificultades de la cultura moderna. Sienten la
necesidad de un diálogo personal, íntimo y profundo, entre el hombre y Dios.
Recién hemos celebrado en la Iglesia el Año Sacerdotal a la luz de la vida del
Santo Cura de Ars. En su lenguaje sencillo y profundo nos recuerda que el tesoro
del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro
pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro, pues
la oración no es otra cosa que la unión con Dios. En esta íntima unión, Dios y el
alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar.
De allí el hermoso deber y obligación: orar y amar.
Me alegra presentar esta cuarta edición del MANUAL DE ORACIÓN de los
Cruzados de Cristo Rey, que es un instrumento para favorecer el encuentro de los
jóvenes con la fuente de nuestra esperanza, nuestro Jesucristo Rey del Universo.
Urge la vivencia de la oración para hablar con el Señor y escucharle, para amarlo y
sentir su amor vivificante.
Esta nueva edición, complementada con un apartado en latín con las oraciones de
siempre, los cánticos evangélicos de la Liturgia de las Horas, cantos marianos y
eucarísticos, así como el Ordo Missae, busca despertar el aprecio por la lengua de la
Iglesia universal y una cercanía espiritual con el Romano Pontífice.
Deseo de todo corazón que el Espíritu Santo inflame muchos corazones jóvenes
para que hagan suya la invitación que dirigía el Santo Padre en su encuentro con los
jóvenes en Londres: «Os invito a ser santos, os pido no os conforméis con ser
mediocres». (17 de septiembre de 2010).
Que nuestra Madre Santísima de Guadalupe les haga santos.

+ Norberto Card. Rivera Carrera


Arzobispo Primado de México
México, D. F. 21 de Noviembre de 2010.
Solemnidad de Nuestro
Señor Jesucristo Rey del Universo



Prólogo a la tercera edición

Digno es el Cordero que fue inmolado,


de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza y el honor.
A él la gloria y el imperio
por los siglos de los siglos.

(Ap 5, 12: 1-6)


La mañana del 22 de junio de 2004, en presencia del Santo Padre Juan Pablo II, se
promulgaron los decretos por los que se reconoce el martirio de trece mexicanos:
tres sacerdotes y diez laicos, entre quienes se encuentran el maestro Anacleto
González Flores y el adolescente de 14 años de edad José Luis Sánchez del Río. La
fuerza de todos ellos para sostenerse fieles hasta la muerte nacía del amor a la
Eucaristía y de la devoción a Santa María de Guadalupe, pilares de la espiritualidad
de nuestro pueblo. Cada uno de los mártires tiene su trayectoria personal, sus
virtudes y cualidades particulares; sin embargo, compartieron entre sí la firmeza de
su fe, su ardiente caridad, su esperanza a prueba de todo, la coherencia de su vida y,
sobre todo su amor a la Iglesia y a su Patria.
Hace 60 años el Papa Pío XII, reconociendo el amor heroico de nuestro pueblo a
la Iglesia, nos dijo: «Por ella, católicos mexicanos, vuestros hermanos y vuestros
padres fueron víctimas de la persecución, y para defenderla se encararon sin vacilar
hasta con la misma muerte, al doble grito de “¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva la Virgen de
Guadalupe!”... Hoy, las condiciones de la Iglesia y de la Religión en vuestra Patria
han mejorado notablemente, demostrando que no fueron inútiles aquella
invocación y aquella firmeza» (cf. Pío XII, «Radiomensaje de su Santidad Pío XII a
los fieles mexicanos en el 50 Aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen de
Guadalupe», 12 de octubre de 1945).
La espiritualidad de Cristo Rey, presente en nuestro pueblo mexicano, ha dado
grandes frutos de vida cristiana, como nos lo muestran las próximas beatificaciones,
pero necesita seguir alimentándose del amor a la Eucaristía, a Santa María de
Guadalupe, al Santo Padre, a la Iglesia y a la Patria. Espero que este MANUAL DE
ORACIÓN de los Cruzados de Cristo Rey, en su tercera edición, aumentada y
corregida, ayude a quienes hagan uso de él a este propósito sin olvidar nunca que
todos los actos de piedad popular deben orientarse y culminar en la celebración
litúrgica, como nos lo enseña la Iglesia (cf. Congregación para el Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia.
Principios y Orientaciones, 17 de diciembre de 2001).
El 20 de noviembre de 2005, Solemnidad Cristo Rey, en la Arquidiócesis de
Guadalajara, se llevará a cabo la proclamación de los nuevos beatos. Poco antes de
esta importante ceremonia deseo alentar y bendecir a los Cruzados de Cristo Rey
que han querido ofrecer esta nueva edición de su MANUAL DE ORACIÓN como
un homenaje de admiración, veneración y gratitud a los mártires de Cristo Rey, que
serán llevados al honor de los altares.

+ Norberto Card. Rivera Carrera


Arzobispo Primado de México
México, D. F. a 15 de Septiembre de 2005.


Prólogo a la segunda edición

Precisamente en esta encrucijada de la historia, a las puertas del nuevo milenio, el


pueblo de Dios dirige su atención al acontecimiento central de la humanidad: la
Encarnación del Verbo Eterno, hecho Hijo de Mujer para reconciliación de los seres
humanos.
En este difícil momento de nuestra historia debemos abrir nuestro corazón a la
presencia del Redentor, ya que una mirada que se alza hacia la persona de Jesucristo,
busca en Él la respuesta sobre el destino del ser humano, sobre el sentido de su
existencia y su dignidad; es una mirada que busca encontrarse con el Tú divino en y
a través de Jesucristo.
Frente al Nuevo Milenio, las palabras del Profeta Ezequiel contienen la promesa
de Dios y expresan la esperanza de una nueva espiritualidad que llenará el corazón
de nuestra joven generación si somos valientes para abandonarnos en el único Dios
que nos salva, Jesucristo: «Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu
nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de
carne. Os infundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos, y que
guardéis y cumpláis mis mandatos (...) Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro
Dios». (Ez 36: 24-28).
Se advierte en nuestra sociedad un estilo de vida materialista y consumista que
lleva a perder el sentido de lo sagrado, en lo personal y en lo comunitario. Sin
embargo, el materialismo, lejos de proporcionar la felicidad, produce una gran
insatisfacción. Muchos hombres y mujeres de nuestra época, movidos por el mero
deseo de posesión y disfrute de los bienes materiales, experimentan un vacío interior
que confirma aquellas palabras de San Agustín: «Nos has hecho, Señor, para Ti, y
nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en Ti». Tal inquietud, presente
en todo hombre, revela la universalidad en la búsqueda de sentido a la existencia
humana que sólo encuentra su razón de ser en Jesucristo revelación del Padre en el
Espíritu.
Falsas soluciones a estos interrogantes del hombre, de su destino, de su libertad y
sentido de la vida, son ofrecidas por muchos movimientos pseudo-religiosos de
carácter orientalista, o grupos espiritistas y ocultistas. Quizá la expresión
humanamente más atractiva, pero, a la vez, más ambigua y cuestionable es lo que se
llama comúnmente movimiento del New Age. Respecto a esto, el Papa Juan Pablo II
advirtió claramente a un grupo de Obispos: «Las ideas del New Age a veces se abren
camino en la predicación, la catequesis, los congresos, y los retiros, y así llegan a
influir incluso en los católicos practicantes que tal vez no son conscientes de la
incompatibilidad de esas ideas con la fe de la Iglesia».
En el campo de la espiritualidad esta mentalidad ha afectado la manera de rezar
de los católicos. Cierta pérdida de toda perspectiva sobrenatural ha puesto en
cuestión la razón de ser y el sentido de la oración... para algunos la acción o la praxis
es lo útil, mientras la oración es casi o totalmente inútil.
El activismo ha sido un grave problema para muchos laicos que han sucumbido a
la tentación de dejar la oración por el trabajo. Esto traiciona el claro testimonio de
Jesucristo N.S., que a menudo se nos muestra en oración, inclusive pasando noches
enteras. Para que nuestro trabajo y esfuerzo sean realmente fértiles, deben brotar de
nuestra oración.
Hemos sido creados por amor y para el amor. Hemos sido creados para el diálogo
amoroso con nuestro creador. Es una necesidad inscrita en nuestra propia naturaleza
en la que la iniciativa siempre la tiene Dios, quien se nos hace plenamente cercano
gracias a la Encarnación de su Hijo amado.
Ante este panorama es evidente la necesidad de un encuentro con Jesucristo vivo
que nos guía hacia una verdadera conversión de corazón y mente; una comunión
más profunda con Dios Uno y Trino, y mediante Él, una auténtica solidaridad con
toda la creación.
Nuestro mundo necesita experimentar la presencia de lo sobrenatural. Parece
haber un desasosiego irreprimible entre las personas, una intranquilidad que refleja
el innato deseo humano de colmar el vacío interior que experimentan a través de la
experiencia de la gracia.
Frecuentemente los cristianos nos hemos conformado con la mediocridad y la
tibieza en nuestro compromiso con la fe. Muchos cristianos hemos separado la fe
que profesamos con el resto de nuestra vida. No puede haber dos vidas paralelas:
una vida «espiritual» con sus valores y exigencias; y por otra parte una vida «secular»,
es decir, la vida de familia, del trabajo, de relaciones sociales, de compromiso
político y de la cultura. La separación entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser
considerada como uno de los más graves errores de nuestra época, nos ha dicho el
Santo Padre.
El mundo de hoy necesita de la juventud no sólo como realidad sociológica, sino
de la juventud del Espíritu de Cristo que habite en cada uno de los cristianos.
Nuestro mundo necesita escuchar la voz límpida de los jóvenes que han
experimentado cómo el fuego del amor de Cristo arde en sus corazones.
Por todo lo anterior, veo con gusto este pequeño instrumento, el MANUAL DE
ORACIÓN que la Sociedad de Cruzados de Cristo Rey ha elaborado para favorecer
este encuentro de los jóvenes con Jesucristo, a través de las oraciones de siempre y de
sencillas sugerencias para iniciar una vida espiritual fundada en la vida espiritual y
en los sacramentos. La llamada a la santidad no es privilegio de pocos, sino que debe
ser la meta común de todos los cristianos. Santidad para todos los fieles, de
cualquier condición.
Deseo de todo corazón que este Manual de Oración sea motivo para que muchos
jóvenes tengan la gracia del encuentro íntimo y santificador con el Señor Jesús.
Su hermano y servidor que les bendice y encomienda a la amorosa protección de
nuestra Reina y Madre de Guadalupe.

+ Norberto Card. Rivera Carrera


Arzobispo Primado de México



Plan de vida

La oración de Cristo

Jesucristo orante, absorto ante el Padre, ora con perfecto conocimiento y amor:
«Nadie conoce al Padre, sino el Hijo» (Mt 11: 27); «Yo y el Padre somos una sola
cosa» (Jn 10: 30). Ora al Padre con la absoluta certeza de ser escuchado: «Yo sé que
siempre me escuchas» (Jn 11: 42). Y es en la oración donde la conciencia filial de
Jesús alcanza su plenitud: «es preciso que me ocupe de las cosas de mi Padre» (Lc 2:
49); «Yo no estoy solo, sino yo y el Padre, que me ha enviado». (Jn 8: 16).
La mediación sacerdotal de Cristo, en la que se realizó nuestra salvación, se
cumplió en la función reveladora por la predicación del Evangelio; en la función
sacrificial obrada en la Cruz; y en la función orante, según la cual Cristo glorificó al
Padre e intercedió sin cesar por los hombres presentando «oraciones y súplicas con
poderosos clamores y lágrimas» (Heb 5: 7. Jn 17: 4, 15, 17). Y ahora, en el cielo,
Cristo continúa alabando al Padre e intercediendo ante él siempre por nosotros,
como sacerdote perfecto (Heb 7: 24-25; 9: 24; 1 Jn 2: 1).
En tanto, en la tierra, Cristo ora personalmente en la Iglesia mediante la oración
litúrgica. Los hombres, pues, somos salvados por la Predicación, el Sacrificio y la
Oración de Jesucristo.

La oración de los cristianos

La Oración Cristiana es una participación en la oración de Cristo. «Yo os he dado


ejemplo, para que vosotros hagáis también como yo he hecho» (Jn 13: 15). Pero nuestra
oración es oración de Cristo, no sólo porque la hacemos siguiendo su ejemplo, sino
porque Él nos comunica su Espíritu, que ora en nosotros (Ro 8: 14-15; 26). Dice San
Agustín: «Cristo ora por nosotros como sacerdote nuestro, Él ora en nosotros como
Cabeza nuestra, Él es orado por nosotros como Dios nuestro. Reconozcamos, pues,
en Él nuestras voces, y reconozcamos su voz en las nuestras». (ML 37: 1081).
El pueblo cristiano, por su bautismo, en la condición sacerdotal, está destinado a
la oración; a alabar a Dios y a interceder por los hombres.
«Todos perseveraban unánimes en la oración» (Hch 1: 14). S.S. Pablo VI decía que
la Iglesia es la familia de los adoradores del Padre en espíritu y en verdad (Jn 4: 23).
(La espiritualidad que no valora y fomenta la oración no es cristiana, es falsa. La
espiritualidad que considera a la oración como:


+ una forma de evadirse de la realidad o
+ como algo que conviene sólo a ciertas
personas y grupos, o
+ como algo secundario ante la acción...
es una espiritualidad voluntarista, con
un enorme error de fondo.


Si los cristianos hubiéramos sido llamados al Reino en la exclusiva calidad de siervos,
empleados, funcionarios o soldados, no sería esencial en nuestra vida la oración, es
decir, la intimidad amorosa con el Señor: bastaría con que cumpliésemos las
ordenanzas del Reino. Pero sucede que los cristianos lo somos en cuanto hemos sido
llamados a ser «hijos de Dios» (Jn 15: 15); y no puede haber relación familiar ni
amistosa sin trato íntimo y frecuente. Por eso, sin oración no hay vida cristiana. La
familia, la universidad, la pastoral, el movimiento, etcétera, que no suscitan la
oración en sus miembros, no están dando propiamente una formación cristiana, ni
están capacitados para el apostolado. Si no oran no conocen ni aman a Dios, y nadie
da lo que no posee. «Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los
constructores». (Sal 123). )
La actividad cristiana procede de la oración, de la contemplación del Señor, y
conduce a ella. La actividad que no nace de la fe y que incapacita para la oración, es
inútil y aleja de Dios.
La oración cristiana tiene estructura trinitaria: oramos al Padre; oramos por
Cristo, con él y en él; y oramos por el Espíritu Santo que viene en ayuda de nuestra
flaqueza y ora en nosotros de modo inefable.
Por otra parte, la oración cristiana no impide que se dirija también a Jesús, a la
Virgen, a los Santos y a los Ángeles; pero siempre, finalmente, la oración deberá
remitirse al origen sin principio: al Padre celeste que está en lo escondido y ve en lo
secreto (Mt 6: 6).
La oración es primeramente obra del Espíritu Santo en la mente y en el corazón
del hombre. No es, pues, la oración una acción espiritual que comienza en el
hombre y termina en Dios, sino una acción que comienza en Dios, actúa en la
mente y el corazón del hombre, y termina en Dios.
Así lo expresa la Liturgia de las Horas «Señor, que tu gracia inspire, sostenga y
acompañe nuestras obras para que nuestro trabajo comience en ti como en su fuente, y
tienda siempre a ti como a su fin. Por Jesucristo Nuestro Señor». (Laudes Lunes 1.ª
sem. T. Ordinario).
La oración, y todas las obras de la vida cristiana, es gracia. Y la gracia la da Dios.
Por eso todo cristiano puede tener oración, pues Dios quiere dársela, quiere entrar
en amistad íntima con él, su amigo, su hijo; y todo cristiano debe aprender a
ejercitarse en aquella oración concreta que Dios le vaya dando y no en otra.
(Quienes ven la oración ante todo como una actividad del hombre, aunque sea
hecha con el auxilio de la gracia de Dios, fácilmente la dejan cuando se ven cansados
o distraídos, valoran en exceso la eficacia de los métodos y hacen vanas evaluaciones
de la misma: «hoy me ha salido bien», «hoy ha sido un desastre»... Esta actitud
implica varios errores, y lleva a otros, como entender que la más genuina oración es
aquella que es más espontánea, ignorando así que la oración del cristiano, ante todo,
es genuina en la medida que recibe su impulso del Espíritu Santo).
Los maestros espirituales cristianos, siguiendo a Jesucristo nuestro Maestro, no se
centran en los métodos oracionales sino que insisten sobre todo en el ejercicio de las
virtudes y dones cristianos, que hacen posible levantar el vuelo de la oración, ya que
han ido cortando las amarras de los apegos desordenados.
Al comienzo, sin embargo, los métodos de oración y las oraciones escritas son de
gran utilidad, sobre todo porque a través de ellas se ha podido conocer la naturaleza
verdadera de la oración.

La oración oficial de la Iglesia

La salida y la puesta del sol marcan profundamente el ritmo de la vida del hombre.
Así también, el alma religiosa se vuelve espontáneamente hacia Dios en estos dos
momentos del día.
Pero, además, para el cristiano, los principales recuerdos del misterio redentor
están relacionados con la mañana y la tarde: en la mañana de Pascua, Cristo salió
vivo del sepulcro como verdadero sol naciente; en el mismo día, por la tarde, se
manifestó a los dos discípulos de Emaús y se apareció a sus apóstoles y les dijo:
«Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». ¡Y cuántos otros recuerdos
evocan éstos el día de Pascua! En la tarde del Jueves Santo, Jesús compartió con los
suyos el banquete sagrado de la alianza nueva. Algunos días más tarde, por la
mañana, partió de nuevo el pan junto a la orilla del lago y encomendó a Pedro todo
el rebaño: «Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas». Es comprensible, pues, la
predilección de los fieles de Cristo por reunirse mañana y tarde para rezar juntos:
cantar los salmos, escuchar la palabra de Dios, celebrar la Eucaristía. Se comprende
también que el Concilio, queriendo restablecer el curso tradicional de las horas del
Oficio divino, haya decretado: «… Laudes, como oración de la mañana, y Vísperas,
como oración vespertina, son, según la venerable tradición de toda la Iglesia, el
doble quicio sobre el que gira el Oficio cotidiano, y se deben considerar y celebrar
como las horas principales». (Concilio Vaticano II, Const. Sobre la Sagrada Liturgia
89).
Aunque la obligación jurídica no incumbe más que a los sacerdotes y a los
monjes, toda la Iglesia se siente convocada a la celebración de las horas de Laudes y
Vísperas. Es, pues, importante que su texto se difunda ampliamente entre los fieles,
religiosos o laicos. La misma oración en familia ganará si se nutre y se inspira en
ellas.
La hora intermedia inspira la actividad del hombre a lo largo de la jornada de
trabajo. Con ella se abre la mañana y se ora al medio día. Puede recitarse también en
sesiones de estudio y reflexión, convivencias, cursillos, etcétera.
Pero la actividad del hombre no cesa al caer la noche. De aquí que la Iglesia nos
ofrezca la posibilidad de una última oración al acabarse definitivamente la jornada.
Se trata del oficio de Completas. Las Completas no son tanto una plegaria de la
comunidad cuanto la oración personal del cristiano, quien, antes de dormirse, hace
examen de conciencia ante Dios, pide perdón por sus faltas, se confía en paz a su
Señor y dirige un último saludo a la Santísima Virgen María.

El ejercicio de las virtudes y la oración

Las virtudes son necesarias para la oración, en efecto, pero también es verdad que en
la oración se fortalecen y se acrecientan de manera especial algunas virtudes:


La Penitencia.

El cristiano carnal se siente morir cuando en la oración se ve privado de imágenes,


sensaciones, ideas y palabras, que son su alimento; y pronto se ve privado de todo
eso, si persevera en la oración: en cuanto sale de Egipto, ha de atravesar el desierto si
quiere llegar a la tierra prometida. Él está acostumbrado a las cosas del mundo
visible, pero en la oración ha de volver sus ojos a lo invisible (2 Co 4: 8; Col 3: 2).
Por todo eso la oración es para el cristiano carnal la más terrible penitencia, y en
ella agoniza y muere, eso sí, acompañado por Jesús, el cual «entrando en agonía oraba
con más fervor, y su sudor vino a ser como gotas de sangre que caían sobre la tierra». (Lc
22: 44).
(Algunos huyen de la oración para refugiarse en la acción, y ésta es la debilidad de
la carne, aunque el espíritu esté pronto (Mt 26: 41).
Evadir la oración es evadir la realidad: es evadir a Dios mismo).

Fe y caridad.

Son los actos sobrenaturales capaces de elevar el corazón a Dios. Nada acrecienta
tanto la fe y la caridad como el ejercicio perseverante de la oración. El verdadero
orante es hombre lúcido en la fe, que sabe ver en la oscuridad, y ardiente en la
caridad, pues sabe amar aun cuando nada siente.

Humildad.

Nada requiere y nada produce tanta humildad como la oración. Cualquier altivez y
autosuficiencia, cualquier autoafirmación vana, o muere en la oración, y el hombre
respira en Dios y vive, o se niega a morir, y entonces inhibe la oración y la hace
imposible. En la oración se encuentra al Señor y se vive la experiencia de total
dependencia de Él: «sin mí nada podéis hacer».


Paciencia y perseverancia.

Jesucristo insiste en esta actitud como fundamento necesario de la oración: «es


preciso orar en todo tiempo y no desfallecer» (Lc 18: 1; 21: 34-36; Mt 26: 41). En
la oración hay que estar como las vírgenes prudentes, esperando al esposo (Mt 25: 1-
13), como la viuda que reclama su derecho (Lc 18, 1-8), como aquel que de noche
inoportuna a su amigo (Lc 11: 5 13).
En la oración hay que tener con Dios tanta paciencia como la que Él tiene con
nosotros.

¿Cómo propiciar mi vida interior?

La vida interior es la vida de gracia, es la vida de Dios que se nos comunica y nos
transforma, haciéndonos partícipes de la vida eterna. «En esto consiste la vida eterna:
en que te conozcan a ti, Padre, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo». (Jn 17:
3).
Nuestro cuerpo tiene necesidad de múltiples cuidados y atenciones: requiere de
alimento, de descanso, de sanación, de ambiente limpio, de recreación, de ejercicio,
etcétera. De modo semejante nuestra alma necesita del alimento de la Eucaristía, de
la sanación por medio de la Reconciliación, del descanso y la recreación en la
oración frecuente y en la lectura espiritual, en el silencio interior y en la adoración;
requiere de la dirección espiritual e intelectual y de la meditación como ambiente
sano y propicio.
Para favorecer la vivencia de este misterio de Dios en el alma de cada uno,
ofrecemos este instrumento que contiene los elementos necesarios para el inicio y
desarrollo de la vida interior, indicando cada aspecto espiritual a vivir, la frecuencia
y la manera concreta de hacerlo.

Plan de Vida Interior


Para quien desee comprometerse más.


¿Qué es la Dirección Espiritual?

La dirección espiritual es una ayuda al alma, no la manera de eludir las


responsabilidades propias de la decisión libre y responsable de la persona; buscar que
el director espiritual decida por nosotros es fruto de inmadurez, irresponsabilidad y
puede ser hasta ofensa a Dios. El director espiritual es la persona experimentada en
la que confiamos para que ilumine nuestra conciencia y nos ayude a encontrar el
buen camino, pero la decisión siempre tiene que ser nuestra porque, como dice la
sagrada Escritura, Dios es «quien al principio hizo al hombre, y le dejó en manos de
su propio albedrío». (Sirácide 15: 14).

El Señor discierne los pensamientos y sentimientos del corazón.


«El Señor conoce, sin duda alguna, todos los pensamientos y sentimientos de
nuestro corazón; en cuanto a nosotros, sólo podemos discernirlos en la medida en
que el Señor nos los concede. En efecto, el espíritu que está dentro del hombre no
conoce todo lo que hay en el hombre, y en cuanto a sus pensamientos, voluntarios o
no, no siempre juzga rectamente. Y, aunque los tiene ante los ojos de su mente,
tiene la vista interior demasiado nublada para poder discernirlos con precisión.
Sucede, en efecto, muchas veces, que nuestro propio criterio u otra persona o el
tentador nos hacen ver bueno lo que Dios no juzga como tal. Hay algunas cosas que
tienen una falsa apariencia de virtud, o también de vicio, que engañan a los ojos del
corazón y vienen a ser como una impostura que embota la agudeza de la mente,
hasta hacerle ver lo malo como bueno y viceversa; ello forma parte de nuestra
miseria e ignorancia, muy lamentable y muy temible.
Está escrito: Hay caminos que parecen derechos, pero van a parar a la muerte. Para
evitar este peligro, nos advierte San Juan: Examinad si los espíritus vienen de Dios.
Pero, ¿quién será capaz de examinar si los espíritus vienen de Dios, si Dios no le da
el discernimiento de espíritus, con el que pueda examinar con agudeza y rectitud sus
pensamientos, afectos e intenciones? Este discernimiento es la madre de todas las
virtudes, y a todos es necesario, ya sea para la dirección espiritual de los demás, ya
para corregir y ordenar la propia vida.
La decisión en el obrar es recta cuando se rige por el beneplácito divino, la
intención es buena cuando tiende a Dios sin doblez. De este modo, todo el cuerpo
de nuestra vida y de cada una de nuestras acciones será luminoso, si nuestro ojo está
sano. Y el ojo sano es ojo y está sano cuando ve con claridad lo que hay que hacer y
cuando, con recta intención, hace con sencillez lo que no hay que hacer con doblez.
La recta decisión es incompatible con el error; la buena intención excluye la ficción.
En esto consiste el verdadero discernimiento: en la unión de la recta decisión y de la
buena intención.
Todo, por consiguiente, debemos hacerlo guiados por la luz del discernimiento,
pensando que obramos en Dios y ante su presencia».
De los Tratados de Balduino de Cantorbery, Obispo. Liturgia de las Horas tomo III,
Viernes IX.

Temas a tratar en la Dirección Espiritual.

1. Dificultades especiales en tu vida.


2. Plan de vida: seguimiento, revisión, puntos importantes.
3. Relaciones personales con Cristo:


• Frecuencia y fervor en mi vida de sacramentos: confesión, comunión.
• Compromisos especiales con Cristo: meditación, reflexión evangélica, balance
del día, visitas, rosario...
• Presencia de Cristo en cada acto del día.
• Amistad con Él: vida de gracia, dificultades, modo de superarlas.


4. Relaciones con el Apostolado:


• Disponibilidad, jerarquía de valores, integración, entrega...
• Acción apostólica: constancia, intensidad y eficacia en mi vida familiar,
profesional y en mi apostolado directo.
• Captación de líderes: personal, equipos, actividades (oración, sacrificio y acción
que convenga).
• Vida de equipo: grupo apostólico, retiros, cursos, convivencias, diálogos...
• Colaboración económica.


5. Relaciones con los demás:


• En mi familia: deberes de hijo y de hermano; responsabilidad, amor,
acercamiento.
• En el medio universitario: liderazgo, testimonio.
• Cultivo especial de algunas virtudes en el trato con los demás: caridad,
ecuanimidad, generosidad, servicialidad...


6. Conmigo mismo:


• Estudio: constancia, dedicación, tesis, programa de lecturas, asistencia a clases,
calificaciones.
• Horario: fidelidad y eficacia.
• Aspectos concretos para formar la voluntad.
• Capacidad de sacrificio en mi vida.
• Responsabilidad en mi trabajo, deberes encomendados.
• Castidad: personal, trato con personas de sexo opuesto, lecturas, películas,
conversaciones, fiestas.


7. Cultivo de virtudes humanas y cristianas:


• Virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.
• Humildad, sinceridad, prudencia, justicia, fortaleza, templanza.

Oraciones de la mañana


Por la Señal de la Santa Cruz.


Por la señal de la Santa Cruz
de nuestros enemigos
líbranos Señor, Dios Nuestro.
En el nombre del Padre
y del Hijo
y del Espíritu Santo. Amén.


Oración a Cristo Rey.


Para las oraciones de la mañana se puede usar una de las siguientes oraciones a
Cristo Rey:


a. Oración a Cristo Rey (Episcopado Mexicano)


¡Oh Cristo Jesús! ¡Yo os reconozco por Rey universal! Todo cuanto existe, de vos
ha recibido el ser. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos. Renuevo las promesas
de mi bautismo. Renuncio a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y os ofrezco vivir
como buen cristiano. Me esforzaré muy particularmente, por hacer triunfar, en
cuanto pueda, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia. Os ofrezco, ¡oh Cristo Rey!,
mis pobres acciones para alcanzar que todos los corazones reconozcan vuestro
amorosísimo Reinado, y que de este modo se establezca en el mundo el Reino de
Vuestra Paz. Amén.


¡Viva Cristo Rey de la Paz en mi corazón, en mi casa, en mi Patria y en todo el
mundo! Amén.


b. Consagración a Cristo Rey (León XIII)
c. Oración a Cristo Rey (Vasallos)
d. Oración a Cristo Rey y Señor Nuestro (Ramón Plata Moreno)

Toma de Conciencia del valor sobrenatural de cada día y Consagración


total del deber diario.

1. Señor: este día lo tienes preparado para mí desde toda la eternidad, con todos sus
pormenores, sus problemas, sus cruces y sus goces. Sé que todo es gracia para mí y
todo es providencia sobre mí. Nada ocurrirá al acaso. Tú estás en todo.
2. Señor: el deber de estado, el deber de cada instante, es lo único que puedes
aceptar con gozo, además de exigirlo por justicia. Mi santidad, mi personalidad de
santo depende sólo de mi fidelidad y de mi generosidad contigo a través de mi deber
de estado.
3. Señor: Tú quieres redimir, salvar y santificar por mi intermedio. Soy tu
instrumento. Pero como instrumento tuyo debo estar vitalmente unido a Ti, por
medio de la gracia, y hacer contigo todas las acciones.
4. Señor: mi día entonces no será mío, sino tuyo. Convivimos en la misma casa,
compartimos la misma vida, las mismas cruces, el mismo deber diario. Sólo así es
real mi vida, y sólo así el día pertenece a la eternidad.
5. Señor: tu infinita misericordia me entregó a María Santísima como Madre. Su
alma es mi alma. Y porque Tú, como Hijo, sigues viviendo en Ella, quieres que
ambos vivamos en el alma de la Madre. Quiero ser cada instante más hijo de María
para estar más unido a Ti.
6. Señor: quiero y acepto este día, con todos sus pormenores, como regalo
personal tuyo. Quiero responder a tus designios eternos. Otórgame la gracia de no
defraudar tu plan, y serte en todos los instantes generoso y fiel. Unido a Ti como
instrumento tuyo dame la gracia de ser redención para mis hermanos los hombres.


Nota: Es muy conveniente al acabar el número 2 concretar el propósito particular.
Es decir: la firme voluntad de desarraigar un defecto o practicar una virtud.
Propósito cuya materia no debe variarse hasta haber logrado el objetivo. (Puede
ayudar en ello, el siguiente: Examen de conciencia para cultivar una virtud o evitar
la pasión o pecado dominante.)


La «atención amorosa a Dios», como el enamorado que recuerda a quien ama y a
quien no quiere molestar en lo más mínimo porque lo ama, es la actitud con la que
se puede hacer con provecho este examen de conciencia.
Tiene tres momentos:


1. Examen de previsión: ¿Cómo lo voy a cumplir? ¿Qué dificultades preveo para
cumplirlo?
2. Examen a medio día: es un repaso mental de las preguntas anteriores.
3. Examen de la tarde, por escrito: considera cinco puntos:


a) Ponerse en la presencia de Dios.
b) Dar gracias a Dios por todos los beneficios.
c) Repasar el día: qué hubo de bueno o en qué falté, respecto a la virtud a
cultivar o a la falta a quitar.
d) Reflexionar sobre las acciones propuestas: cuántas hice y cómo las hice.
e) Arrepentirse y proponer mejorar al día siguiente con actitud del enamorado
que no quiere molestar o lastimar a quien ama.

Padrenuestro.


Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

Avemaría.

Dios te salve, María,


llena eres de gracia,
el Señor es contigo;
bendita Tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros los pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ángel Custodio.

Ángel de Dios,
bajo vuestra custodia me puso el Señor,
con amorosa piedad.
A mí que soy vuestro encomendado
alumbradme en este día,
guardadme, regidme y gobernadme. Amén.

Credo (Niceno-constantinopolitano).

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,


Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día,
según las Escrituras, y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.

Consagración a la Virgen.

¡Oh Señora mía, oh Madre mía!


Yo me ofrezco enteramente a vos.
Y en prueba de mi filial afecto
os consagro en este día, y para siempre,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón,
en una palabra: todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro,
¡Oh Madre de Bondad!,
Guardadme y defendedme,
como cosa y posesión vuestra. Amén.

Ofrecimiento de obras.

Ven, Espíritu Santo,


inflama nuestro corazón
en las ansias redentoras
del Corazón de Cristo:
Para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras en unión con Él
por la redención del mundo.
Señor mío y Dios mío Jesucristo:
Por el corazón Inmaculado de María,
me consagro a tu Corazón,
y me ofrezco contigo al Padre
en tu santo sacrificio del altar,
con mi oración y mi trabajo,
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial:
‒ Por el Papa y sus intenciones.
‒ Por nuestro obispo y sus intenciones.
‒ Por nuestro párroco y sus intenciones.

Jaculatorias.
‒ Sagrado Corazón de Jesús
‒ perdónanos y sé nuestro Rey.


‒ Santa María de Guadalupe, Reina de México
‒ salva nuestra Patria y conserva nuestra fe.


‒ Santos y Mártires de Cristo Rey
‒ rueguen por nosotros.


‒ ¡Viva Cristo Rey!
‒ ¡Viva!

Oraciones de la noche

Por la señal de la Santa Cruz.

Oración ante ti, María Reina.

Ante ti, María Reina,


Madre de Dios y de la Iglesia,
reiteramos nuestra posición intransigente
frente al error y al pecado;
y, sabiéndote medianera de todas las gracias,
imploramos intercedas ante Dios providente
para alcanzar la fortaleza y la constancia
que nos son necesarias como instrumentos de tu causa.


Virgen del Tepeyac,
ayúdanos a imitar tus virtudes
para contrarrestar nuestras flaquezas,
mantén firme nuestra vocación,
protégenos en la lucha
y guía nuestros pasos en la defensa de la fe
para colaborar en el reinado de Jesucristo en el mundo,
pues ésta es una empresa de santos
y tu divino Hijo ha escogido pecadores. Amén.

Acción de Gracias.

Os adoro Dios mío y os amo con todo mi corazón.


Os doy gracias por haberme creado, redimido,
hecho cristiano y conservado hasta este día,
perdonadme todo lo malo que haya cometido
y si algo bueno he hecho dignaos aceptarlo,
guardadme en el descanso de la noche
y libradme de todo peligro.
Vuestra gracia sea siempre conmigo y con todos los
míos. Amén.

Examen breve de conciencia.

Ponte en la presencia de Dios.


Invoca a tu ángel custodio para examinarte de lo que hiciste hoy.
Conversación íntima con el Señor, desplegando ante Él la realidad del día vivido,
en particular sobre las disposiciones interiores que animaron el deber de estado y el
cumplimiento del propósito especial.
¿Me he acordado con frecuencia de Dios, mi Padre?
¿Le he dado gracias y he acudido a Él con la confianza de un hijo?
¿Le he ofrecido mi trabajo y he procurado hacerlo con perfección?
¿He rezado con pausa y atención mis deberes de piedad?
¿He tratado con respeto y delicadeza a los que me rodean habitualmente?
¿He procurado hacerles la vida más agradable y acercarlos más a Dios?
¿He tratado a alguien con rudeza o menosprecio?
¿He hablado mal de alguno? ¿He sabido perdonar?
¿He rezado y me he sacrificado por la Iglesia, por el Papa, los obispos, los
sacerdotes y por aquellos que de modo especial el Señor ha puesto cerca de
mí?
¿He luchado hoy por mi propia santificación?
¿Me he dejado llevar por mi orgullo en algún momento?
¿Me han dominado sentimientos de sensualidad?
¿He aprovechado el tiempo?
¿Qué propósito concreto le agradaría a Dios que yo viviera mañana?


(Ver otros modos de examen)

Acto de contrición.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador


y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque
os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón
haberos ofendido, propongo enmendarme y
confesarme a su tiempo, y ofrezco cuanto hiciere en
satisfacción de mis pecados, y confío en vuestra bondad
y misericordia infinitas, que me perdonaréis por
vuestra preciosa sangre, y me daréis gracia para nunca
más pecar. Amén.

Petición de pureza.

Rezar tres avemaría... pidiendo la pureza de cuerpo y alma a Nuestra Señora.


Salve.

Dios te salve, Reina, Madre de misericordia,


vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
para que seamos dignos de alcanzar las promesas
de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oración de San Miguel Arcángel.

San Miguel Arcángel,


defiéndenos en la lucha,
sé nuestro amparo contra la perversidad
y asechanzas del demonio.
Que Dios manifieste sobre él su poder,
es nuestra humilde súplica,
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
con el poder que Dios te ha conferido,
arroja al infierno a Satanás
y los demás espíritus malignos,
que vagan por el mundo
para la perdición de las almas. Amén.

Oración para pedir gracias y virtudes para extender el Reino.

Se puede usar una de las siguientes oraciones para pedir gracias y virtudes para
extender el Reino de Cristo:


a. Oración de San Luis Rey de Francia.
Señor, enséñame a ser generoso,
a servirte como mereces, a dar sin medida,
a combatir sin miedo a que me hieran,
a trabajar sin descanso y a no buscar más recompensa
que el saber que hago tu santa voluntad. Amén.
b. Oración universal del Papa Clemente XI (Virtudes del Reino)
c. Oración de San Francisco.
d. Oración de ofrecimiento.

Jaculatorias.

‒ Jesús, José y María,


‒ os doy el corazón y el alma mía.
‒ Jesús, José y María,
‒ asistidme en mi última agonía.
‒ Jesús, José y María,
‒ con vos descanse en paz el alma mía.


‒ Sagrado Corazón de Jesús
‒ perdónanos y sé nuestro Rey.

‒ Santa María de Guadalupe, Reina de México
‒ salva nuestra Patria y conserva nuestra fe.


‒ Santos y Mártires de Cristo Rey
‒ rueguen por nosotros.


‒ ¡Viva Cristo Rey!
‒ ¡Viva!

Meditación

Cómo hacer bien la meditación.

1) Lectura del texto del Evangelio la noche anterior.


El Evangelio del siguiente día puede leerse del misal mensual.
2) Selecciona tres puntos, frases o ideas que más te llamen la atención o te gusten
(márcalas o escríbelas en un cuaderno).


Pasos:
1) Ponerse en la presencia de Dios.
Al día siguiente, de preferencia por la mañana, ponte en la presencia de Dios.
Pide al Espíritu Santo mueva todo tu ser para iniciar tu diálogo amoroso con
Jesucristo, con el Padre, con la Virgen. Dios está allí, mirándote, iluminándote.
2) Haz los actos preparatorios que disponen y abren tu alma al don de la oración.
3) Meditación.
˖ Lee el texto del Evangelio preparado la noche anterior, con detenimiento y
mucha atención (al terminar se dice: ‒Palabra del Señor; ‒Gloria a ti, Señor Jesús).
˖ Se hace una composición del lugar, imagina la escena del pasaje que acabas de
leer.
˖ Se considera cada uno de los puntos, frases o ideas escogidos la noche anterior.
(Ayuda mucho hacerse preguntas de aplicación personal, por ejemplo: ¿Qué me dice
este punto de meditación? ¿Qué piensa Jesús sobre este punto? ¿En qué debo
cambiar mi vida o mis pensamientos? ¿Mi manera de actuar, mis hábitos, mis
costumbres son coherentes con lo que dice Jesús en este punto? Los pensamientos o
sentimientos que perciba en este momento son sugeridos por el Espíritu Santo y son
ya el fruto de la oración que se me están ofreciendo. Haz un propósito muy definido
para hoy o para un cambio a largo plazo en tu vida).
* El primer punto se ofrece al Padre. Al terminar se reza un padrenuestro.
* El segundo punto se ofrece al Hijo. Al terminar se reza:


Alma de Cristo Santifícame
Cuerpo de Cristo Sálvame
Sangre de Cristo Embriágame
Agua del Costado de Cristo Lávame
Pasión de Cristo Confórtame
¡Oh mi buen Jesús! Óyeme
Dentro de tus llagas Escóndeme
No permitas Que me aparte de Ti
Del enemigo malo Defiéndeme
A la hora de mi muerte Llámame
Y mándame ir a Ti
Para que con tus ángeles y santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén.


* El tercer punto se ofrece al Espíritu Santo. Al terminar se reza:


Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles,
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía, Señor tu Espíritu
y todo será creado
y se renovará la faz de la tierra.


Oración.

Oh Dios que has instruido los corazones de tus fieles


con la luz del Espíritu Santo,
concédenos según el mismo Espíritu
conocer las cosas rectas
y gozar siempre de sus divinos consuelos.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Conclusión.

Se trata de un coloquio con la Santísima Virgen María, dándole gracias por este rato
de oración. Al final se reza:


Bajo tu amparo nos acogemos
Santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones
que te dirigimos en nuestra necesidades
antes bien líbranos de todo peligro.
Oh siempre Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
para que seamos dignos de alcanzar las gracias
y promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Actos preparatorios para la Meditación I.

Acto de Fe.

Señor, creo que tú estás aquí dentro de mí. No te veo, ni te oigo, ni te siento, pero
creo que sí estás realmente aquí. No hay ningún rincón de mi cuerpo o de mi alma
escondido para ti, pues tú me penetras totalmente con la luz de tu inteligencia. Creo
todo lo que tú me enseñas por medio de tu Palabra y por medio de la Santa Iglesia
Católica.

Acto de Esperanza.

Confío en ti, Señor. Sé que miles de personas confían en otras cosas, como dinero,
prestigio, posición social, sus propias cualidades... pero yo confío únicamente en ti.
Sé que tú nunca me vas a fallar y que siempre eres fiel. Espero en ti para la salvación
de mi alma y que me darás todo lo necesario para alcanzar la vida eterna.

Acto de Caridad.

Te amo, Señor, porque eres infinitamente amable. Quiero amarte con toda mi
inteligencia, con toda mi voluntad, con todo mi corazón y con todas mis fuerzas.
Quiero amarte como tú me amaste, con un amor hecho de esfuerzo y de entrega. Te
ofrezco esta meditación como una manifestación de mi amor. Quédate conmigo
durante esta meditación y durante toda mi jornada.

Acto de Gratitud.

Te agradezco, Señor, por haberme creado, por haberme llamado a la fe católica. Te


agradezco especialmente por todas las veces que me protegiste y no me dejaste caer
en el pecado. Te agradezco de antemano el fruto de esta meditación.

Acto de Humildad.
Me doy cuenta Señor, de que soy nada. Soy lo que soy delante de ti. No soy más
porque los hombres me alaban, o menos porque me vituperan. Ayúdame a darme
cuenta de mi miseria física, moral y espiritual. Si produzco fruto es porque tú me
das tu gracia. Perdóname por mis pecados que son muchos. He traicionado tu amor
tantas veces.

Acto de Entrega.

Yo me consagro una vez más a ti, Señor. Aquí tienes mi boca para hablar las
palabras que tú quieres que hable; tienes mis pies para llevarme a donde tú quieres
que vaya; tienes mi mente para que piense lo que tú deseas que piense. Te ofrezco
mi corazón para que tú ames en mí a todos los hombres con los cuales me encuentre
hoy.

Actos preparatorios para la Meditación II.

Otra manera de hacer los actos preparatorios de la meditación es con la siguiente


oración:


Oh buen Jesús, yo creo firmemente
que por mi bien estás en el altar,
que das tu Cuerpo y Sangre juntamente
al alma fiel en celestial manjar (bis).


Indigno soy, confieso avergonzado,
de recibir la santa comunión;
Jesús que ves mi nada y mi pecado,
prepara tú mi pobre corazón (bis).


Pequé, Señor; ingrato te he vendido;
infiel te fui, confieso mi maldad.
Contrito ya, perdón Señor, te pido;
eres mi Dios, apelo a tu bondad (bis).
Espero en ti, piadoso Jesús mío;
oigo tu voz, que dice: «Ven a mí».
Porque eres fiel, por eso en ti confío;
todo, Señor, espérolo de ti (bis).


¡Oh buen Jesús, pastor fino y amante!,
mi corazón se abraza en santo ardor;
si te olvidé, hoy juro que, constante,
he de vivir tan sólo de tu amor (bis).


Dulce maná de celestial comida,
gozo y salud del que te come bien,
ven sin tardar, mi Dios, mi luz, mi vida;
desciende a mí, hasta mi pecho ven (bis).


Oraciones
I. Oración a la Santísima Trinidad

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Te Deum.

A Ti, oh Dios, te alabamos, a ti,


Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades
te honran.
Los querubines y serafines te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza
el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,
te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero,
digno de adoración,
Espíritu santo, Defensor.
Tú eres el rey de la gloria,
Cristo,
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana
sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino
del cielo.
Tú te sientas a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.
Creemos que un día
has de venir como juez.
Te rogamos, pues,
que vengas en ayuda de tus
siervos,
a quienes redimiste con tu
preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna nos
asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor, y
bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para
siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para
siempre.

Oración de entrega a la Santísima Trinidad.

¡Oh Dios mío, Trinidad adorable, ayúdame a olvidarme por entero para
establecerme en Ti!
¡Oh mi Cristo amado, crucificado por amor! Siento mi impotencia y te pido que me
revistas de Ti mismo, que identifiques mi alma con todos los movimientos de tu
alma; que me sustituyas, para que mi vida no sea más que una irradiación de tu
propia vida. Ven a mí como adorador, como reparador y como salvador.
¡Oh fuego consumidor, Espíritu de amor! Ven a mí, para que se haga en mi alma
una como encarnación del Verbo; que yo sea para Él una humanidad sobreañadida
en la que Él renueve todos sus misterios. Y tú, ¡oh Padre!, inclínate sobre tu criatura;
no veas en ella más que a tu amado en el que has puestos tus complacencias.
¡Oh mis tres, mi todo, mi dicha, soledad infinita, inmensidad en que me pierdo! Me
entrego a vos como una presa, sepultaos en mí para que yo me sepulte en vos, en
espera de ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestra grandeza. (Sor Isabel de
la Trinidad).

Oración de San Francisco a la Santísima Trinidad.

Tú eres santo, Señor Dios único, que hace maravillas.


Tú eres fuerte, Tú eres grande, Tú eres altísimo.
Tú eres rey omnipotente, Tú eres Padre santo, rey del cielo y de la tierra.
Tú eres trino y uno, Señor Dios, todo bien.
Tú eres el bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios, vivo y verdadero.
Tú eres caridad y amor, Tú eres sabiduría.
Tú eres unidad, Tú eres paciencia, Tú eres seguridad.
Tú eres quietud, Tú eres gozo y alegría.
Tú eres justicia y templanza.
Tú eres todas nuestras riquezas a satisfacción.
Tú eres hermosura, Tú eres mansedumbre,
Tú eres protector, Tú eres custodio y defensor.
Tú eres fortaleza, Tú eres refrigerio.
Tú eres esperanza nuestra, Tú eres fe nuestra.
Tú eres la gran dulzura nuestra.
Tú eres la vida eterna nuestra, grande y admirable.
Señor, Dios omnipotente, misericordioso salvador.

Oración de humildad y de confianza a la Santísima Trinidad.

Santísima y adorable Trinidad,


heme aquí postrado delante de Ti
para rendir homenaje a tu divina Majestad.
Te consagro en estos momentos de oración,
todas mis palabras,
todos mis pensamientos,
todas mis resoluciones.
No soy digno, Dios mío,
de recibir nuevas luces ni nuevas ayudas
por el mal uso que he hecho de tus dones.
Sin embargo, acudo a ti con entera confianza,
como a Padre bueno y misericordioso,
y te ruego por los méritos de Jesucristo,
mi Salvador, y por la intercesión de la Virgen María,
mi Madre, y de todos mis santos patronos,
que quieras otorgarme la gracia
de buscarte con humildad, sinceridad
y absoluta generosidad. Amén.

Oración de absoluta confianza a la Santísima Trinidad.


Padre eterno, pongo toda mi confianza en ti.
Hijo de Dios, tú eres mi esperanza.
Espíritu divino, tú eres mi amor.
Padre eterno, sé la perfección de mi alma.
Hijo de Dios, sé su Luz.
Espíritu divino, sé siempre su motor.
Padre eterno, tú serás un día mi gozo completo.
Hijo de Dios, tú serás mi verdad.
Espíritu divino, tú serás mi vida.


II. Oración a Dios Padre

Padrenuestro.

Padrenuestro, que estás en el cielo,


santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

Ofrecimiento al Eterno Padre.

Eterno Padre, te ofrezco el Sagrado Corazón de Jesús con todo su amor, todos sus
sufrimientos, y todos sus méritos:
Para reparar los pecados que he cometido en este día y durante toda mi vida. Gloria
al Padre…
Para purificar el bien que he hecho con negligencia en este día y durante toda mi
vida. Gloria al Padre…
Para suplir a las buenas obras que debería haber hecho y que descuidé en este día y
durante toda mi vida. Gloria al Padre…

Padre te ofrezco mi vida.

Padre, me dirijo a Ti… ¡Qué hermoso es ser hijo tuyo!… Aquí me tienes, obra en
mí, talla y corta, levántame o déjame completamente solo, jamás te haré la injuria de
temer o de creer que me has olvidado. Señor, Dios, te ofrezco mi vida para que
hagas de ella lo que te plazca, para que realices en ella la vida de Jesucristo. (P.
Lyonnet).

Padre, enséñame a descubrir tu amor.

Padre, de todos los beneficios que Jesús nos adquirió con sus sufrimientos, el mayor
de todos es que Tú seas mi Padre.
Dios mío, fuente de toda vida y fuente de mi vida, creo que eres mi Padre y que soy
tu hijo. Creo que Tú me amas con un amor sin límites y que por amor me has
atraído a Ti.
¡Creo, Padre, pero fortalece mi fe, esperanza y amor! Padre, cuando la tormenta
entenebrece mi alma y acongoja mi corazón, tanto más siento la urgencia de decirte:
¡Creo, Padre, en tu amor para conmigo! Creo que de noche y de día velas por mí y
que ni siquiera un cabello de mi cabeza se perderá, si Tú no lo permites.
Creo que eres infinitamente sabio y que conoces mejor que yo cuanto me conviene.
Creo que eres infinitamente poderoso y que del mal puedes sacar bienes.
Creo que eres infinitamente bueno y que haces que todo ceda en bien de los que
aman.
¡Creo, Padre, pero aumenta mi fe, mi esperanza y amor! Enséñame a descubrir tu
amor de padre a través de todas las personas y cosas que encuentre en mi vida.
Enséñame a dejarme conducir por tu incomparable Providencia, como un hijo en la
noche sujeta la mano de su Padre.
¡Creo, Padre, pero aumenta mi fe, mi esperanza y mi amor! (P. Meschler).

Acto de abandono al Padre.

Padre, me pongo en tus manos,


haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, te doy gracias.
Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más; te confío mi alma;
te la doy con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con infinita confianza porque Tú eres mi Padre. (Charles de Foucauld).

Padre, tú eres mi bienhechor.

Padre, porque me creaste, te adoro;


porque eres mi fin, te deseo;
porque eres mi bienhechor, te doy gracias;
porque eres mi salvación, te invoco. (Clemente XI).

Padre, tú lo eres todo.

Señor, tú lo eres todo


y yo no soy nada.
Tú eres el Creador de todas las cosas,
tú el que conservas todo el universo,
y yo no soy nada. (San Francisco de Asís).


III. Oraciones al Hijo. Espiritualidad de Cristo Rey: expresada en sus
aspectos de espiritualidad eucarística, espiritualidad expiatoria y
espiritualidad apostólica

Acto de proclamación del Sagrado Corazón de Jesús como Rey de México


y juramento de fidelidad y vasallaje.

Corazón Sacratísimo del Rey pacífico: radiantes de júbilo como fieles vasallos,
venimos hoy a postrarnos al pie de tu trono y gozosos te proclamamos a la faz del
mundo, REY INMORTAL DE LA NACIÓN MEXICANA, al acatar tu Soberanía
sobre todos los pueblos.
Queremos coronar tu frente, ¡oh Cristo Rey!, con una diadema de corazones
mexicanos, y poner en tu mano, el cetro de un poder absoluto, para que rijas y
gobiernes a tu pueblo amado. Eres Rey como afirmaste en tu pasión, ¡porque eres el
Hijo de Dios! Por lo tanto, ¡oh Monarca amabilísimo!, este pueblo tuyo, que tiene
hambre y sed de justicia, que se ampara en tu celestial Realeza, te promete
entronizar tu Corazón en todos sus hogares, pobres o ricos, y rendirte el homenaje
que mereces, reconociendo tus derechos santísimos sobre todo el orbe.
Consagramos a tu Corazón Sagrado, la Iglesia de México con todos sus Pastores,
Ministros y Comunidades religiosas; la Patria querida con todos sus hogares, las
familias con todos sus miembros; ancianos, jóvenes o niños; a los amigos y a los
enemigos, y, muy particularmente, a las madres, las esposas y las hijas, destinadas a
modelar el corazón del futuro pueblo mexicano, para que triunfes y reines en todos
los habitantes de esta Nación.
Todos, ¡oh Cristo Rey!, con ardiente júbilo te juramos fidelidad como nobles y
generosos vasallos. Habla, pues, manda, reclama y exige con imperio: pídenos la
sangre y la vida, que son tuyas porque totalmente te pertenecemos; resueltos
estamos a dártelos por defender tu bandera hasta que triunfe y sea exaltado,
reverenciado y amado para siempre tu herido Corazón.
Ya reina en México tu Corazón divino y desde la santa Montaña consagrada a ti,
enjugará las lágrimas, restañará la sangre, curará las heridas de esta República
conquistada por María de Guadalupe. Tú dominarás en ella con el cetro suavísimo
de tu misericordia; y en la paz como en la guerra, en la agitación como en la
tranquilidad, nos verás con benignos ojos y extenderás tus benditas y poderosas
manos para bendecirnos. Y nosotros, con todas las generaciones futuras, te
aclamaremos por nuestro Rey y Salvador. Allá volarán las muchedumbres a pedirte
gracias y a ofrecerte, con alma y vida, guardar tu santa Ley: y tú, Redentor amoroso
de los hombres, atrae a tu Corazón adorable a los pecadores para convertirlos.
Recobra tu dominio sobre tantas almas apóstatas, desorientadas y engañadas con
falsas y perversas doctrinas; conserva la fe en nosotros y despréndenos de los
miserables bienes del mundo; calma los odios y une a los hermanos; ilumina a los
ciegos; perdona a los ingratos; pero, sobre todo, concede a tu Iglesia la libertad y la
paz por la que tanto suspiramos.
Derrite con el fuego de tu divino pecho, misericordioso Jesús, el hielo de las
almas; establece tus reales en todos los pueblos de nuestro país, y penetre tu caridad
a las cárceles, a los hospitales, a las escuelas, a los talleres; haz un trono para ti en
cada corazón mexicano, porque los Pastores y las ovejas, los padres y los hijos, nos
gloriamos de ser tuyos. Danos, por fin, una santa muerte, sepultándonos en la
herida preciosa de tu Corazón de amor, para resucitar en los esplendores del cielo,
cantando eternamente:


CORAZÓN SANTO
TÚ REINAS YA,
MÉXICO TUYO
SIEMPRE SERÁ.


¡Viva Cristo Rey, en mi corazón, en mi casa y en mi Patria! Amén.

Entronización del Sagrado Corazón de Jesús en los hogares.

El día fijado, se reúne toda la familia en el lugar principal de la casa; el sacerdote


bendice la imagen del Sagrado Corazón, y se procede a la entronización. Todos, de
pie, recitan con voz clara el Credo, en testimonio explícito de la fe que profesa toda
la familia, a continuación se dirá lo siguiente:


Dígnate visitar, Señor Jesús, en compañía de tu dulce Madre, este hogar y colma a
sus dichosos moradores de las gracias prometidas a las familias especialmente
consagradas a tu Corazón Divino. Tú mismo, ¡oh Salvador del Mundo!, con fines
de misericordia solicitaste en revelación a tu sierva Margarita María el solemne
homenaje de universal amor a tu Corazón, «que tanto ha amado a los hombres, y de
los cuales es tan mal correspondido». Por ello toda esta familia, acudiendo presurosa
a tu llamado, y en desagravio del abandono y de la apostasía de tantas almas, te
proclama, ¡oh Corazón Sagrado!, su amable Soberano y te consagra de una manera
absoluta las alegrías, los trabajos y tristezas, el presente y el porvenir de este hogar,
de hoy para siempre enteramente tuyo. Bendice, pues, a los presentes, bendice a los
que, por voluntad del cielo, nos arrebató la muerte; bendice, Jesús, a los ausentes;
establece en esta tu casa, te lo suplicamos por el amor que tienes a la Virgen María,
establece aquí, !oh Corazón amante!, el dominio de tu caridad, infunde en todos sus
miembros el espíritu de fe, de santidad y de pureza, arrebata para ti solo estas almas,
desapegándolas del mundo y de sus locas vanidades; ábreles, Señor, la herida
hermosa de tu Corazón piadoso, y, como en arca de salud, guarda en ella a todos
estos que son tuyos hasta la vida eterna.
¡Viva siempre amado, bendecido y glorificado en este hogar el Corazón triunfante
de Jesús! Amén.


En este momento se recuerda a los seres queridos ya fallecidos y a los ausentes,
rezando por ellos un padrenuestro y un avemaría. En seguida el jefe de familia
coloca la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en el lugar de honor y se procede a la
CONSAGRACIÓN de la familia, recitando la siguiente fórmula:


Oh Corazón Sacratísimo de Jesús, tú revelaste a Santa Margarita María el deseo de
reinar sobre las familias cristianas: he aquí que, a fin de complacerte, nos
presentamos hoy para proclamar tu absoluto dominio sobre nuestra familia.
Deseamos vivir en adelante tu vida, deseamos que en el seno de nuestra familia
florezcan las virtudes, por las cuales tú has prometido la paz en la tierra; deseamos
apartar lejos de nosotros el espíritu del mundo, a quien tú condenaste.
Tú reinarás en nuestra inteligencia con la sinceridad de nuestra fe, en nuestro
corazón con el amor exclusivamente tuyo, mediante el cual se inflamará para ti, y
cuya ardiente llama fomentaremos con la recepción frecuente de la Divina
Eucaristía.
Dígnate, Corazón Divino, presidirnos, unidos en uno solo, bendecir nuestros
intereses espirituales y temporales, apartar de nosotros los contratiempos, santificar
nuestros goces y mitigar nuestras penas. Y si alguno de nosotros tuviere la desgracia
de ofenderte, recuérdale, oh Corazón de Jesús, que tú estás lleno de misericordia y
de caridad para el pecador que se arrepiente. Y cuando suene la hora de la
separación, y la muerte introduzca el luto en el seno de nuestra familia, nosotros
todos, así los que se ausenten como los que se queden, nos sometemos a tus eternos
decretos. Nuestro consuelo será gustar en el fondo de nuestras almas el dulce
pensamiento de que toda nuestra familia, reunida allá en el Cielo, podrá cantar por
siempre tus glorias y tus bondades. Dígnese el Corazón Inmaculado de María,
dígnese el glorioso Patriarca San José esta nuestra consagración y conservar viva su
memoria en nuestras almas todos los días de nuestra vida.


¡VIVA EL CORAZÓN DE JESÚS
NUESTRO REY Y NUESTRO PADRE!


A continuación el sacerdote bendice a la familia, y al final se puede entonar un
canto en honor de Cristo Rey. Finalmente bendice a todos:


La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre
esta familia y permanezca para siempre.

Novena de la Confianza al Sagrado Corazón de Jesús.

Corazón de Jesús, por medio de mi Madre Santísima, en ti pongo toda mi


confianza, y todo lo temo de mi debilidad, todo lo espero de tu bondad.
A tu Corazón confío estas intenciones... (penas, iniciativas, necesidades varias).
Míralo, después haz lo que tu Corazón te diga. Deja actuar a tu Corazón.
Oh Jesús, yo cuento contigo, yo me fío de ti, yo me entrego a ti, yo estoy seguro
de ti.


Padrenuestro, avemaría y Gloria.
Repítase nueve veces: Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.

Jesús, que has revelado: «Si quieres agradarme, confía en mí; si quieres agradarme
más, confía más; si quieres agradarme inmensamente, confía inmensamente», ayuda
mi confianza. Yo confío inmensamente en ti. En ti, Señor, espero; no sea yo
confundido eternamente. Amén.

Renovación de la Consagración de la Nación Mexicana al Sagrado


Corazón de Cristo Rey. Conferencia del Episcopado Mexicano. Cubilete (23-
junio-2006).

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, CRISTO REY DE LA PAZ, llenos de júbilo


venimos hoy a postrarnos ante Ti y gozosos te proclamamos, una vez más, Rey
Eterno de la Nación Mexicana. Coronamos tu frente con una diadema de corazones
mexicanos, para que rijas a tu pueblo amado. Eres Rey, así lo afirmaste en tu Pasión;
eres Salvador, así te manifestaste en tu Resurrección; eres el Hijo del Padre, así te
reconocemos en tu divinidad; eres la Fuente del Amor, así lo expresaste al morir por
nosotros en la Cruz. México, siempre fiel, desea volver a entronizar tu Corazón en
todos los hogares e implantarlo en la sociedad, para rendirte el homenaje que
mereces como Rey y Señor del Universo.
Consagramos a tu Corazón esta Iglesia que peregrina en México, con sus
Obispos, Presbíteros y Diáconos, Religiosos y Religiosas y Fieles laicos, y a las
nuevas vocaciones sacerdotales y de vida consagrada, para que tengan una sólida
formación en el seguimiento radical de tu Evangelio y en una generosa entrega para
la salvación de sus hermanos, impulsados por una profunda vida espiritual.
Consagramos a tu Corazón amoroso esta Patria querida: a los Gobernantes, para
que trabajen siempre por el bien común; a las Familias, para que forjen en las
virtudes humanas y cristianas el corazón de las nuevas generaciones; a los indígenas
y campesinos, obreros e inmigrantes, para que alcancen un mejor nivel de vida y un
pleno respeto de su dignidad y sus derechos; a los Legisladores y a los profesionales
de la salud, para que respeten y defiendan la vida desde su inicio en el seno materno
hasta su conclusión natural; a los que se dedican a la educación, la cultura, el arte y
los medios de comunicación social, para que contribuyan a un mejor y más
armónico desarrollo de la sociedad difundiendo valores auténticos; a quienes logran
avances científicos y tecnológicos, para que haciendo un uso responsable protejan la
naturaleza que has creado y contribuyan al desarrollo integral de la persona y el fin
trascendente del hombre; a los distintos constructores de la sociedad, para que
promuevan los principios básicos para la convivencia: amor, verdad, justicia,
libertad, paz, respeto, solidaridad; a los amigos y a los enemigos, para que reines en
todos los habitantes de esta Nación. Te adoramos como fieles tuyos, te
pertenecemos y estamos resueltos a defender tu Reino hasta que triunfe y sea
exaltado, reverenciado y amado tu Sacratísimo Corazón, ofreciéndote gloria, amor y
reparación.
CRISTO REY, desde la montaña consagrada a Ti, cura las heridas y enjuga las
lágrimas de esta Patria, consagrada a nuestra Madre, Santa María de Guadalupe,
estrella de la evangelización.
Y Tú, Redentor amoroso de la humanidad, atrae a tu Corazón a los pecadores, a
los desorientados, especialmente a los jóvenes, engañados con falsas doctrinas que
los alejan de Ti. Conserva la fe que hemos recibido de nuestros padres y que ha sido
sellada con la sangre de nuestros Mártires y el ejemplo de nuestros Santos. Que tu
Iglesia Santa y Católica pueda trabajar en auténtica libertad, para salvaguardar la
dignidad humana de todos y ser un testimonio gozoso y humilde de tu resurrección
y salvación.
Danos, por fin, una santa muerte e introdúcenos en la herida preciosa de tu
Corazón para resucitar en Ti a la vida eterna del cielo.
Corazón Santo, Tú reinas ya. México tuyo, siempre será. ¡VIVA CRISTO REY Y
SANTA MARÍA DE GUADALUPE!


El Cubilete, viernes 23 de junio, 2006.
Por los Obispos de México:
+ José Guadalupe Martín Rábago, Obispo de León. Presidente de la Conferencia del
Episcopado Mexicano.
+ Carlos Aguiar Retes, Obispo de Texcoco. Secretario General de la CEM.
+ Rogelio Esquivel Medina, Obispo Auxiliar de México. Presidente del Comité
Organizador de la Visita de las Reliquias de Santa Margarita María Alacoque a
México.

III. 1. Espiritualidad Eucarística


Adoración al Santísimo Sacramento.

1. Pange, lingua, gloriosi


corporis mysterium
sanguinisque pretiosi,
quem in mundi pretium
fructus ventris generosi
ex effudit gentium


2. Nobis datus, nobis natus
ex intacta Virgine,
et in mundo conversatus
sparso verbi semine,
sui moras incolatus
miro clausit ordine.


3. In supremae nocte cenae
recumbens cum fratribus,
observata lege plene
cibis in legalibus,
cibum turbae duodenae
se dat suis manibus


4. Verbum caro panem verum
verbo carnem efficit,
fitque sanguis Christi merum,
et si sensus deficit,
ad firmandum cor sincerum
sola fides sufficit.


1. Que la lengua humana cante este misterio,
la preciosa sangre y el precioso cuerpo.
Quien nació de Virgen, Rey del Universo
por salvar al mundo, dio su sangre en precio.


2. Se entregó a nosotros, se nos dio naciendo,
de una casta Virgen y acabado el tiempo,
tras haber sembrado la Palabra al pueblo,
coronó su obra con prodigio excelso.


3. Fue la última cena ágape fraterno
tras comer la pascua según mandamiento;
con sus propias manos repartió su Cuerpo,
lo entregó a los doce para su alimento.


4. La palabra es carne y hace carne y cuerpo
con palabra suya la que fue pan nuestro.
Hace sangre el vino, y aunque no entendemos
basta fe si existe corazón sincero.


V. Sea por siempre bendito y adorado Cristo, Nuestro Señor Sacramentado.
R. ¡Nuestro Rey por los siglos de los siglos!


Padrenuestro, avemaría y Gloria.

Adoración personal.

Preces por los sacerdotes.

V. A nuestro Santísimo Padre el Papa,


R. llénalo de tus dones, Señor.

V. A los cardenales y representantes pontificios,
R. dales tu luz, Señor.


V. A los arzobispos y obispos,
R. dales tus gracias, Señor.


V. A los sacerdotes párrocos,
R. dales el celo de tu gloria, Señor.


V. A los sacerdotes vicarios,
R. guíalos, Señor.


V. A los sacerdotes directores de seminarios,
R. ilumínalos, Señor.


V. A los sacerdotes religiosos,
R. perfecciónalos, Señor.


V. A los sacerdotes diocesanos,
R. santifícalos, Señor.


V. A los sacerdotes confesores y directores de almas,
R. hazlos dóciles instrumentos del Espíritu Santo, Señor.


V. A los sacerdotes predicadores,
R. instrúyelos, Señor.

V. A los sacerdotes misioneros,
R. sostenlos, Señor.


V. A los sacerdotes asistentes de los grupos apostólicos,
R. dirígelos en todas sus empresas, Señor.


V. A los sacerdotes profesores y directores de la juventud,
R. inflámalos de tu amor, Señor.


V. A los sacerdotes asistentes de los más necesitados,
R. dales amor a los pobres, Señor.


V. A los sacerdotes encargados de los hospitales,
R. dales caridad y abnegación, Señor.


V. A los sacerdotes enfermos,
R. dales paciencia, Señor.


V. A los sacerdotes ancianos,
R. sostenlos, Señor.


V. A los sacerdotes aislados,
R. acompáñalos, Señor.


V. A los sacerdotes turbados,
R. dales la paz, Señor.

V. A los sacerdotes jóvenes,
R. cuídalos, Señor.


V. A los sacerdotes perseguidos y calumniados,
R. defiéndelos, Señor.


V. A los sacerdotes en peligro,
R. líbralos, Señor.


V. A los sacerdotes tentados,
R. dales fortaleza, Señor.


V. A los sacerdotes difuntos,
R. dales la gloria, Señor.


V. A los seminaristas y aspirantes al Sacerdocio,
R. dales la perseverancia en su vocación, Señor.


V. A todos los sacerdotes,
R. transfórmales en Ti, Señor.


V. Y que el Espíritu Santo los posea,
R. y que por ellos renueve la faz de la tierra.


Oración: Divino Corazón de Jesús, Corazón lleno de celo por la gloria del Eterno
Padre; te rogamos por todos los Sacerdotes. Señor, llénalos de fe, de celo y de amor.
Amén.

Oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas.

¡Oh Jesús, pastor eterno de las almas, dígnate mirar con ojos de misericordia a esta
porción de tu grey amada! ¡Señor, gemimos en la orfandad! Danos vocaciones,
danos sacerdotes y religiosos santos, te lo pedimos por la Inmaculada Virgen María
de Guadalupe, tu dulce y santa Madre. ¡Oh Jesús, danos sacerdotes y religiosos,
según tu corazón!


1. Tantum ergo, sacramentum,
veneremur cernui;
et antiquum documentum
novo cedat ritui;
praestet fides supplementum
sensuum defectui.


2. Genitori Genitoque,
laus et iubilatio;
salus, honor, virtus quoque,
sit et benedictio;
procedenti ab utroque,
compar sit laudatio. Amen.


1. Adorad postrados este sacramento
cese el viejo rito, se establezca el nuevo;
dudan los sentidos y el entendimiento
que la fe lo supla con asentimiento.


2. Himnos de alabanza, bendición y obsequio
por igual la gloria y el poder y el reino,
al eterno Padre con el Hijo eterno,
y el Divino Espíritu, que procede de ellos. Amén


V. Panem de caelo praestitisti eis. (T.P. Aleluya)
R. Omne delectamentum in se hebentem. (T.P. Aleluya)


Oremus: Deus, qui nobis sub Sacramento
mirabili passionis tuae memoriam
reliquisti: tribue, quaesumus, ita nos
Corporis et Sanguinis tui sacra
mysteria venerari; ut redemptionis
tuae fructum in nobis iugiter sentiamus:
Qui vivis et regnas per saecula saeculorum.


Todos responden: Amén.


Oremos: Oh Dios, que en este sacramento admirable
nos dejaste el memorial de tu pasión:
te pedimos que nos concedas venerar de tal
modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y
de tu Sangre, que experimentemos
constantemente en nosotros el fruto de tu
redención. Tú, que vives y reinas por los
siglos de los siglos.


Todos responden: Amén.

Plegarias para después de la bendición con el Santísimo Sacramento.

Bendito sea Dios.


Bendito sea su santo nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios
y verdadero hombre.
Bendito sea el nombre de Jesús.
Bendito sea su sacratísimo Corazón.
Bendita sea su preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento
del altar.
Bendito sea el Espíritu Santo, Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su santa e inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María, virgen y madre.
Bendito sea San José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.


V. Laudate Dominum, omnes gentes: laudate eum omnes populi:
R. Quoniam confirmata est super nos misericordia ejus: et veritas Domini manet in
aeternum.


V. Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto.
R. Sicut erat in principio, et nunc et semper, et in saecula saeculorum. Amen.


V. Adoremus in aeternum Sanctisimum Sacramentum.
Adoremus….

Preparación para recibir la Comunión (San Ambrosio).

Señor mío Jesucristo,


me acerco a tu altar
lleno de temor por mis pecados,
pero también lleno de confianza
porque estoy seguro de tu misericordia.
Tengo conciencia de que mis pecados son muchos
y de que no he sabido dominar mi corazón
y mi lengua.
Por eso, Señor de bondad y de poder,
con miserias y temores me acerco a Ti,
fuente de misericordia y de perdón;
vengo a refugiarme en Ti,
que has dado la vida por salvarme,
antes de que llegues como juez a pedirme cuentas.
Señor, no me da vergüenza descubrirte a Ti mis llagas.
Me dan miedo mis pecados,
cuyo número y magnitud sólo Tú conoces;
pero confío en tu infinita misericordia.
Señor mío Jesucristo, Rey eterno,
Dios y hombre verdadero, mírame con amor,
pues quisiste hacerte hombre para morir por nosotros.
Escúchame, pues espero en Ti.
Ten compasión de mis pecados y miserias,
Tú que eres fuente inagotable de amor.
Te adoro, Señor, porque diste tu vida en la Cruz
y te ofreciste en ella como Redentor por todos los
hombres y especialmente por mí.
Adoro Señor, la sangre preciosa
que brotó de tus heridas
y ha purificado al mundo de sus pecados.
Mira, Señor, a este pobre pecador,
creado y redimido por Ti.
Me arrepiento de mis pecados
y propongo corregir sus consecuencias.
Purifícame de todas mis maldades
para que pueda recibir
menos indignamente
tu sagrada comunión.
Que tu Cuerpo y tu Sangre
me ayuden, Señor,
a obtener de Ti
el perdón de mis pecados
y la satisfacción de mis culpas;
me libren de mis malos pensamientos,
renueven en mí los sentimientos santos,
me impulsen a cumplir tu voluntad
y me protejan en todo peligro
de alma y cuerpo. Amén.

Oraciones para la comunión.

Preparación para la Comunión.


Acto de Fe.


Mi salvador y mi Dios, creo firmemente que estás en el Santísimo Sacramento del
Altar, verdadero Dios y verdadero Hombre. Creo que vuestro Cuerpo, Sangre, Alma
y Divinidad están encerrados en esta Santa Hostia, pues mis pobres ojos no os
descubren en ella. No importa, ¡oh Dios mío!, el modo por el cual vienes a mí. Me
basta creer, con fe ardorosa y firme, que sois vos mismo; y lo creo porque vos, que
sois la infinita verdad así lo dijiste.
Creo que en este Sacramento Santísimo está escondido mi Señor Jesucristo, su
Cuerpo y Alma, Sangre y Divinidad.
Creo que está ahí presente el Hijo de Dios vivo, infinito, inmenso, eterno, sabio,
santo y todopoderoso.
Creo que está ahí mi Salvador, Maestro, Pastor y Padre. El mismo que nació en
Belén y que por mi amor fue hecho prisionero, azotado, coronado de espinas y
muerto en una cruz.
Y lo creo con más firmeza que si lo viese con mis propios ojos. Por medio de
vuestra Madre Santísima os ruego; aviva, Señor, y fortalece mi alma.


Acto de humildad.


¡Oh Rey soberano! ¿Cómo no os juzgáis indigno de entrar en tan vil e inmundo
aposento? ¡Mi lengua es un instrumento de maldades! ¿Cómo podré tocar con ella la
fuente de todos los bienes? ¡Mi garganta es un instrumento de gula! ¿Cómo ha de
pasar por ella el autor de la pureza y de la santidad? ¡Mi corazón es un lago de malos
afectos! ¿Cómo hospedaré en él a quien es la misma bondad y caridad? Esto soy,
Dios mío, si vos no me limpiáis y ordenáis para que sea digna morada vuestra. Mas,
si tienes por bien el querer honrarme con vuestra presencia, dadme a través de
María, os lo pido, una fe viva, una firme esperanza, una caridad ardiente, una
humildad profunda, ornato digno de huésped tan soberano.


Acto de deseo.


¡Ven, Salvador mío!, por vuestra Madre os lo imploro, ven a mi corazón y cura las
miserias de vuestro siervo.
¡Oh amorosísimo Señor!, ven a mi alma, que está con un ardiente deseo de
recibiros.
¡Ven a sanar las llagas de mi alma! ¡Ven a remediar los males que en ella ha hecho
el pecado! ¡Ven a darle fuerza a mi voluntad, para que no se desvíe más del camino
de vuestra ley! ¡Ven a dar luz a mi entendimiento, para que no se deje cegar con los
errores del mundo! ¡Ven a alentar mi corazón con vuestro amor, pues él solo lo
puede satisfacer. Solo a vos quiero tener, porque solo en vos tengo todo!


Acto de esperanza.


Por intercesión de la Virgen Madre, espero, ¡oh Salvador mío, que, comiendo de
este Pan de Vida, viviré para siempre! ¡Espero quedarme en vos, y vos en mí, unido
a vos y vos a mí!
Espero que, después de probar este Pan, no habré de querer más los gozos que
ofrece el mundo; y que, bebiendo de esta Agua Viva, no habré de tener más sed de
los bienes de la tierra.
¡Espero que, recibiéndoos a vos, el Pan de la Vida, reciba el principio de mi
resurrección!
¡Espero que, entrando vos en mi pecho, le daréis vida a mi espíritu, confortaréis
mi corazón, alegraréis mi alma y todas mis potencias!


Acto de amor.


¡Oh mi Jesús amabilísimo!, quien me diera amaros con el amor que os tiene vuestra
Madre, María Santísima, los Ángeles y los Santos del cielo. ¡Quien me diera amaros
con todo mi corazón, con toda mi alma, con todo mi espíritu, con todas mis
fuerzas! Y, pues, si tanto deseáis ser mi amado, cumplid, Señor, este vuestro deseo;
dadme vuestro amor, unidme a vos en una unión de caridad perfecta, que persevere
hasta la vida eterna. Amén.

Acción de Gracias para después de la comunión.


Acto de Fe.


¡Oh Dios mío!, has sido vos por medio de Nuestra Señora, a quien he recibido en
este sacramento. Sois vos quien alimentáis mi alma con vuestra Carne, la cual da
vida al mundo, y con vuestra Sangre divina. A vos os poseo y guardo en mi pecho.
Sois mío; ¿qué más puedo desear? ¿Qué más necesito? ¡Oh Dios de bondad!, has
saciado todos mis deseos; y mi corazón no puede recibir otro bien, porque poseo el
Bien Infinito. ¿Qué puedo temer, teniendo a Aquel que me ama y que lo puede
todo? ¿Qué no sufriría yo por amor de Aquel que, después de morir por mí, aún
quiere venir a mi corazón y sufrir todas mis miserias?


Acto de amor.


Tengo finalmente la ventura que poseeros, Dios de misericordia. ¡Qué bondad la
vuestra! ¡No corresponderos debidamente! ¡No ser todo corazón para amaros tanto
cuanto sois digno de ser amado, y para no amar a otro sino a vos! ¡Dios mío,
inflama mi corazón en el fuego de vuestro amor! ¡Mi amado Jesús se da todo a mí!
¡Ángeles, Santos, Madre de mi Dios, dadme vuestros corazones y vuestro amor para
amar a mi Jesús!
Dios de mi corazón, os amo con toda mi alma. Os amo por ser Quien sois, con el
firme propósito de no amar a otro sino a vos, o en vos. Así lo prometo, mas firma
vos mismo este propósito en mi corazón, que presentemente es todo vuestro.


Acto de agradecimiento.


¿Qué acción de gracia se podrá igualar, Señor, al favor que he recibido hoy de vos?
No contento con haberme amado hasta morir por mí, te has dignado venir
personalmente a honrarme con vuestra visita, y daros todo a mí. ¡Seas, Dios mío,
eternamente glorificado! Con el corazón contrito y lleno de gratitud, os agradezco,
oh dulcísimo Salvador, el gran beneficio que os habéis dignado hacerme. He sido
infiel, vil y prevaricador; sin embargo, no quiero seros ingrato. Recordaré siempre
que hoy os disteis a mí; y, mientras dure mi vida, haré todo lo posible para
corresponder las obligaciones de reconocimiento que he contraído, dándome todo a
vos, por las manos de María Santísima.


Acto de reparación.


¡Oh mi Jesús!, vos, infinitamente digno de todo amor, toda adoración, toda
obediencia, sois tan grave y abominablemente ofendido a todo momento, en todos
los lugares y, por así decir, por todos los hombres!
En unión con los actos de reparación perfectísimos de vuestra Madre, os pido que
acepteis mi execración y mi odio a todos esos pecados, especialmente a aquellos que
yo mismo tuve la desgracia de cometer y a los que son cometidos contra la Sagrada
Eucaristía.


Acto de sumisión.


¿Qué he hecho para merecer tantos beneficios? He pisado las gracias hasta ahora
recibidas, y he pagado con ingratitudes todas vuestras mercedes. He aquí mis
«merecimientos» en vuestra presencia; no me queda sino vuestra misericordia. ¿Y
aún puedo dudar entre vos y el mundo? ¿El mundo que me quiere perder, y vos,
que me queréis salvar? ¿Rechazaré las cruces que me mandáis con tanto amor, para
que me libres de los males del alma que son peores que los del cuerpo?
¡Oh Dios mío! Por medio de vuestra Purísima Madre, me entrego totalmente a
vuestra misericordia. Merecí por mis culpas los rigores de vuestra eterna justicia.
¡Heridme, Señor, heridme! Haced de esta indigna criatura lo que os dé la gana. Os
alabaré en mis dolores, besaré las manos que me hieren, pues merezco mucho más
que todo lo que pueda padecer.


Acto de petición.


Fuente inagotable de todos los bienes, vos estáis dentro de mí lleno de ternura,
pronto a derramar sobre mi corazón la abundancia de vuestras gracias. Dios bueno y
generoso, derramadla con abundancia. Bien veis mi indigencia.... remediadla.
Arrancad de mi corazón todo lo que de él os desagrade. Purificad mi cuerpo,
santificad mi alma, aplicadme los merecimientos de vuestra vida y muerte: uníos
todo a mí, y viviré en vos, de vos y siempre para vos.
Concédeme, por medio de María os lo imploro, las gracias que sabéis me serían
necesarias, y concédelas también a aquellos por los cuales tengo la obligación de
pedir. ¿Podréis negarme alguna cosa, amado mío, después de haberme hecho
tamaña gracia?


Acto de ofrecimiento.

Dios de misericordia, vos me colmáis con vuestros dones; y dándoos todo a mí,
queréis que no viva sino para vos. Pues bien: mi más ardiente deseo consiste en ser
todo vuestro y en querer que, de aquí en adelante, todos mis pensamientos y
acciones sean conformes a vuestra santísima voluntad. Quiero que todo lo que soy,
puedo y valgo, mi salud, mis fuerzas, mi alma, mis bienes, mi reputación, todo sea
empleado en vuestra honra y gloria. Toma, por tanto, posesión, oh Rey de mi
corazón, toma posesión de las potencias de mi alma, y reinad plenamente sobre mi
voluntad, que la someto a la vuestra. Después de la gracia que hoy recibí, no
consentiré jamás, con el auxilio de vuestra Madre, que haya en mí algo que os
desagrade.


Propósito.


¡Oh Señor y Padre amoroso! ¿Qué me podrá separar de ahora en adelante de vos?
Renuncio con la mejor voluntad a todo lo que hasta aquí me apartaba de vos, y
propongo, auxiliado con vuestra gracia, nunca más recaer en las culpas pasadas.
Nunca más, Dios mío, pensamientos, ni palabras, ni acciones, ni deseos que sean de
cualquier modo contrarios a la modestia o a la pureza. Nunca más rupturas en el
cumplimiento de mis deberes, ni tibieza en vuestro santo servicio. Nunca más apego
a la sensualidad, ni esclavitud por respeto humano. Antes, oh Dios mío, antes
quiero morir que volver a ofenderos.
Divino Jesús, vos estáis dentro de mi pecho: es vuestra divina presencia que me
hace tomar estas resoluciones. Os pido que, para siempre, las selléis con el inviolable
sigilo del adorable Sacramento, que recibí. Confirmad, pues, oh Dios mío, por
medio de vuestra Madre Santísima os lo imploro, el deseo que tengo de ser todo
vuestro, y de no vivir sino para vuestra gloria. Amén.

Aspiraciones de San Ignacio.

Alma de Cristo, santifícame.


Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh mi buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me separe de ti.
Del enemigo malo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a ti.
Para que con tus santos te alabe,
por los siglos de los siglos. Amén.

Oración para obtener un amor ardiente a Nuestro Señor (San Agustín).

Vos sois, oh Jesús, el Cristo, mi Padre santo, mi dios misericordioso, mi Rey


infinitamente grande; sois mi buen pastor, mi único maestro, mi auxilio lleno de
bondad, mi bien amado de una belleza maravillosa, mi pan vivo, mi sacerdote
eterno, mi guía para la patria, mi verdadera luz, mi santa dulzura, mi recto camino,
sabiduría mía, mi pura simpleza, mi paz y concordia; sois, en fin, toda mi
salvaguarda, mi herencia preciosa y mi eterna salvación.
¡Oh Jesucristo, amable Señor!, ¿por qué he deseado otra cosa que no seáis vos?
¿Dónde estaba cuando no pensaba en vos? ¡Ah!, que, por lo menos a partir de ahora,
mi corazón sólo os desee y por vos se abrase, ¡Señor Jesús! Deseo de mi alma, corred,
que ya bastante tardasteis; apresaos para el fin que aspiráis; buscad en verdad a aquel
que buscáis. ¡Oh Jesús!, anatema quien no os ame. Aquel que no os ama, sea
colmado de amarguras. ¡Oh dulce Jesús!, sed el amor, las delicias, la admiración de
todo corazón dignamente consagrado a vuestra gloria. Dios de mi corazón y mi
alma, Jesucristo, que en vos, mi corazón desfallezca, y sed vos mismo toda mi vida.
Que se encienda en mi alma la brasa ardiente de vuestro amor y se convierta en un
incendio todo divino, y que arda para siempre en el altar de mi corazón; que inflame
lo más íntimo de mi ser, y abrase el fondo de mi alma; para que, en el día de mi
muerte, aparezca delante de vos enteramente consumido de vuestro amor. Amén.


Oraciones enseñadas por el Ángel de Portugal a los pastorcitos de Fátima.

Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no
adoran, no esperan y no os aman. (Tres veces).
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os
ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en
todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios en
indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su
Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de
los pobres pecadores.

Oración ante el Crucifijo.

Mírame, ¡oh, mi amado y buen Jesús!, postrado en tu presencia; te ruego con el


mayor fervor imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados y firmísimo propósito de jamás ofenderte; mientras
que yo, con el mayor afecto y compasión de que soy capaz, voy considerando y
contemplando tus cinco llagas, teniendo presente lo que de Ti, oh buen Jesús, dijo
el Profeta David: «Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos
mis huesos». (Salmo 21, 17-18).

A Jesús Crucificado (Fray Miguel de Guevara OSA).

No me mueve, mi Dios, para quererte


el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
porque aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Comunión Espiritual.

Consiste en un ardiente deseo de recibir a Jesús Sacramentado, y se puede hacer,


interiormente, siempre y en cualquier lugar que nos hallemos. Una forma fácil de
aprender es la siguiente:
Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento. Te amo
sobre todas las cosas y deseo que vengas a mi alma. No pudiendo recibirte ahora
sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Como si ya hubieras venido, te abrazo y me uno todo a Ti; no permitas que
jamás me separe de Ti.
Eterno Padre, te ofrezco la Sangre preciosísima de Jesucristo en expiación de mis
pecados y por las necesidades de la Santa Iglesia.


O bien:
Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción, con que os
recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.


O bien:
Te adoro, Señor, en la santa Hostia,
con todo el amor de que soy capaz.
Reconozco humildemente
que no soy digno de recibirte,
pero deseo ardientemente unirme a Ti.
Di una sola palabra y mi alma quedará sana.


III. 2. Espiritualidad Expiatoria y Reparadora

Acto de Desagravio al Sagrado Corazón de Jesús, mandado por el Papa


Pío XI.

¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de
los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante
vuestro altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de
los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo
Corazón.
Mas recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal
indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener
para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria
expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que,
alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren
seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han
sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.
Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia
y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas
contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias
proferidas contra vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro
Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es
profanado el mismo Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las
naciones que oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por vos
fundada.
¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas,
entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la
expiación de la Virgen vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os
ofrecemos la satisfacción que vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Eterno
Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo
corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de vuestra gracia,
repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro
amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta
de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por
impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en
vuestro seguimiento.
¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora,
os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación; concedednos que
seamos fieles a vuestros mandatos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos
el don de la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en
unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los
siglos. Amén. (Penitenciaría Apostólica, Manual de INDULGENCIAS, cuarta
edición, Librería Editrice Vaticana 2003).

Oraciones de ofrecimiento.

Oblación de sí mismo (San Ignacio de Loyola).

Tomad, Señor y recibid toda mi libertad,


mi memoria, mi entendimiento,
y toda mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer;
vos me lo disteis, a vos Señor, lo torno;
todo es vuestro; disponed a toda vuestra voluntad.
Dadme vuestro amor y gracia, pues ésta me basta.

Acto de abandono al Padre (Ch. de Foucauld).

Padre, me pongo en tus manos,


haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, te doy gracias.
Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más;
te confío mi alma;
te la doy con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con infinita confianza porque Tú eres mi Padre.

Consagración de sí mismo a Jesucristo, Sabiduría Encarnada, por manos de


María (San Luis María Grignion de Monfort).

¡Oh Sabiduría eterna y encarnada! ¡Oh amabilísimo y adorable Jesús, verdadero


Dios y verdadero hombre, Hijo único del Padre Eterno y de María, siempre
Virgen!, yo os adoro profundamente en el seno y en los esplendores de vuestro
Padre, durante la eternidad, y en el seno virginal de María, vuestra dignísima
Madre, en el tiempo de vuestra Encarnación.
Os doy gracias porque os habéis anonadado vos mismo, tomando la forma de
esclavo, para sacarme de la cruel esclavitud del demonio. Os alabo y glorifico,
porque os habéis dignado someteros a María, vuestra Santísima Madre, en todas las
cosas, a fin de hacerme por Ella vuestro esclavo fiel.
Pero, ¡ay!, por seros ingrato e infiel, no he guardado las promesas que tan
solemnemente os hice en el Bautismo; no he cumplido mis obligaciones, no
merezco ser llamado vuestro hijo ni vuestro esclavo, y como en mí nada hay que no
merezca vuestra repulsa y vuestra cólera, no me atrevo por mí mismo a acercarme a
vuestra santísima y augusta Majestad.
Por eso recurro a la intercesión de vuestra Santísima Madre, que me habéis dado
como medianera ante vos, y por este medio espero alcanzar la contrición y el perdón
de mis pecados, la adquisición y la conservación de la Sabiduría.
Os saludo, pues, ¡oh María Inmaculada!, tabernáculo vivo de la divinidad, en
donde la Sabiduría eterna, escondida, quiere ser adorada por los ángeles y por los
hombres. Os saludo, ¡oh Reina del cielo y de la tierra!, a cuyo imperio está sometido
todo lo que hay debajo de Dios. Os saludo, ¡oh refugio seguro de los pecadores!,
cuya misericordia no falta a nadie; escuchad favorablemente los deseos que tengo de
la divina Sabiduría y recibid para ello los votos y las ofrendas que mi bajeza os
presenta.
Yo, N... pecador infiel, renuevo y ratifico hoy en vuestras manos los votos de mi
Bautismo. Renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y me doy
todo entero a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, para llevar mi cruz en su
seguimiento todos los días de mi vida. Y a fin de serle más fiel de lo que he sido
hasta aquí:
Os escojo hoy, ¡oh María!, en presencia de toda la corte celestial, por mi Madre y
Señora. Os entrego y consagro, en calidad de esclavo, mi cuerpo y mi alma, mis
bienes interiores y exteriores y aun el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes
y futuras, dejándoos entero y pleno derecho para que dispongáis de mí y de todo lo
que me pertenece, sin reserva, según vuestro amable beneplácito, a mayor gloria de
Dios, en el tiempo y en la eternidad.


Recibid, ¡oh Virgen benignísima!, esta humilde ofrenda de mi esclavitud, en honor y
unión de la sumisión que la Sabiduría eterna se ha dignado tener a vuestra
maternidad; en homenaje del poder que ambos tenéis sobre este pobre gusanillo y
miserable pecador; en acción de gracias por los privilegios con que la Santísima
Trinidad os ha favorecido. Protesto que en adelante quiero, como verdadero esclavo,
procurar vuestro honor y obedeceros en todas las cosas.
¡Oh Madre admirable!, presentadme a vuestro querido Hijo, en calidad de esclavo
eterno, a fin de que, pues me rescató por vos, me reciba también por vos.
¡Oh Madre de misericordia!, concededme la gracia de alcanzar la verdadera
Sabiduría de Dios y de colocarme, por tanto, entre los que vos amáis, enseñáis,
conducís, alimentáis y protegéis como a vuestros hijos y esclavos.
¡Oh Virgen fiel!, hacedme en todas las cosas tan perfecto discípulo, imitador y
esclavo de la Sabiduría encarnada, Jesucristo, vuestro Hijo, que llegue, por vuestra
intercesión y a ejemplo vuestro, a la plenitud de su edad sobre la tierra y de su gloria
en los cielos. Amén.

III. 3. Espiritualidad Apostólica

Oraciones de la mañana a Cristo Rey.

Para las oraciones de la mañana se puede usar una de las siguientes:


Consagración a Cristo Rey (León XIII).

(Consagración del Género Humano al Sagrado Corazón de Jesús: Año Santo 1899-
1900):


¡Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano! Míranos humildemente postrados
delante de tu altar; tuyos somos y tuyos queremos ser; y a fin de vivir más
estrechamente unidos a Ti, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en
este día a tu Sacratísimo Corazón.
Muchos, por desgracia, jamás te han conocido; muchos, despreciando tus
mandamientos, te han desechado. ¡Oh Jesús benignísimo!, compadécete de los unos
y de los otros, y atráelos a todos a tu Corazón Santísimo.
Señor, sé Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Ti, sino
también de los pródigos que te han abandonado; haz que vuelvan pronto a la casa
paterna porque no perezcan de hambre y de miseria.
Sé Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven
separados de Ti; devuélvelos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que
en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.
Concede, ¡oh Señor!, incolumidad y libertad segura a tu Iglesia; otorga a todos los
pueblos la tranquilidad en el orden, haz que del uno al otro confín de la tierra no
resuene sino esta voz: ¡Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud! A Él
entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Amén.
(Penitenciaría Apostólica, Manual de INDULGENCIAS, cuarta edición, Librería
Editrice Vaticana 2003).


Pío X mandó que esta fórmula de consagración se hiciera cada año en la fiesta del
Sagrado Corazón de Jesús. Pío XI, en la encíclica Quas Primas (sobre la fiesta de
Cristo Rey, 11/12/1925) estableció que la consagración se hiciera en la festividad de
Cristo Rey. El 28 de abril de 1926 la Sagrada Congregación de Ritos aclara que la
consagración al Sagrado Corazón de Jesús es libre la fiesta del Sagrado Corazón y
obligatoria la fiesta de Cristo Rey, y que debe ser precedida con la Letanía del
Sagrado Corazón de Jesús.


Oración a Cristo Rey (Episcopado Mexicano).

¡Oh Cristo Jesús! ¡Yo os reconozco por Rey universal! Todo cuanto existe, de vos ha
recibido el ser. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos. Renuevo las promesas de
mi bautismo. Renuncio a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y os ofrezco vivir
como buen cristiano. Me esforzaré muy particularmente, por hacer triunfar, en
cuanto pueda, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia. Os ofrezco, ¡oh Cristo Rey!
mis pobres acciones para alcanzar que todos los corazones reconozcan vuestro
amorosísimo Reinado, y que de este modo se establezca en el mundo el Reino de
Vuestra Paz. Amén.


¡Viva Cristo Rey de la Paz en mi corazón, en mi casa, en mi Patria y en todo el
mundo! Amén.


Oremos: Dios omnipotente y misericordioso, Tú quebrantas el poder del mal y
todo lo renuevas en tu Hijo Jesucristo, Rey del universo. Que todos en el Cielo y en
la tierra aclamen tu gloria y nunca cesen de alabarte.
Padre Todopoderoso, guía de amor, Tú hiciste pasar a Jesucristo nuestro señor de
la muerte a la vida, resplandeciente en gloria como Rey de la creación. Abre nuestros
corazones; libera a todo el mundo para que gocen de Su paz, glorifiquen Su justicia
y vivan en Su amor. Que toda la humanidad se unifique en Jesucristo, tu Hijo, que
reina contigo y el Espíritu Santo, Dios por siempre. Amén.
Padre, Dios todopoderoso y eterno, es nuestro deber saludable darte gracias
siempre y en todo lugar. Tú ungiste a Jesucristo, Tu Único Hijo, con el óleo de
alegría como el Sacerdote eterno y Rey del universo. Como Sacerdote, Jesús ofreció
su vida en el ara de la Cruz y consumó el ministerio de la Redención humana por
este sacrificio perfecto de paz.
Como Rey, Jesús ha poder sobre la creación entera para que presentara a Ti, su
Padre todopoderoso, el Reino eterno y universal: el Reino de la verdad y vida, el
Reino de la santidad y gracia, el Reino de la justicia, amor y paz.
Por eso, con todos los coros celestiales, proclamamos tu gloria y nos unimos a su
himno perpetuo de alabanza.


Oración a Cristo Rey (Vasallos).

Oración de los Vasallos de Cristo Rey. Manual de los Vasallos de Cristo Rey, México
1930

Corazón Divino de Cristo Rey, que quieres salvarme. Yo te ofrezco mis obras y
sufrimientos de este día para que tu soberana Realeza impere sobre México. Soy tu
VASALLO, por dicha mía, y te prometo velar por tu bandera, extender tu Reinado,
vivir y morir como cristiano al pie de tu trono, cobijado con el manto de María de
Guadalupe. Amén.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones: ten misericordia de
nosotros.
¡Viva Cristo Rey, en mi corazón, en mi casa y en mi Patria! Amén.

Oración a Cristo Rey y Señor Nuestro (Ramón Plata Moreno).

Cristo, Rey y Señor Nuestro, imploramos tu protección y ayuda en nuestras


actividades ofreciéndote los trabajos de este día y rogándote nos des fortaleza para
perseverar a pesar de los peligros, fracasos temporales u otras adversidades.
Danos fuerza, Señor, para que ni la ingratitud, ni la incomprensión de nuestros
compañeros y hermanos de lucha, ni nuestras propias aspiraciones insatisfechas,
supriman o disminuyan nuestra firme resolución de seguir colaborando en esta
noble empresa realizada por esta Sociedad; ya que debemos de inspirar todos
nuestros esfuerzos en el solo deseo de entregar parte de nuestra actividad en la vida a
una obra noble y desinteresada, ofrecida totalmente a ti, nuestro Dios y Creador, y
encaminada a lograr el engrandecimiento de nuestra Nación y el mejoramiento de
nuestros compatriotas. Así sea.

Oración a Cristo Rey de San Juan XXIII.

¡Salve, oh Cristo Rey! Tú me invitas a luchar en tus batallas, y no pierdo un minuto


de tiempo; con el entusiasmo que me dan mis veinte años y tu gracia, me inscribo
animoso en las filas de tus voluntarios. Me consagro a tu servicio, para la vida y para
la muerte. Tú me ofreces como emblema, y como arma de guerra, tu cruz. Con la
diestra extendida sobre esta arma invisible te doy palabra solemne y te juro con todo
el ímpetu de mi corazón juvenil fidelidad absoluta hasta la muerte así, de siervo que
Tú me creaste, tomo tu divisa, me hago soldado, ciño tu espada, me llamo con
orgullo Caballero de Cristo.
Dame corazón de soldado, ánimo de caballero, ¡oh Jesús! Y estaré siempre contigo
en las asperezas de la vida, en los sacrificios, en las pruebas, en las luchas, contigo
estaré en la victoria. Y puesto que todavía no ha sonado para mí la señal de la lucha,
mientras estoy en las tiendas esperando mi hora, adiéstrame con tus ejemplos
luminosos a adquirir soltura, a hacer las primeras pruebas con mis enemigos
internos. ¡Son tantos, oh Jesús, y tan implacables! Hay uno especialmente que vale
por todos: feroz, astuto, lo tengo siempre encima, afecta querer la paz y se ríe de mí
en ella, llega a pactar conmigo, me persigue incluso en mis buenas acciones.
Señor Jesús, tú lo sabes: es el amor propio, el espíritu de soberbia, de presunción,
de vanidad; que me pueda deshacer de él de una vez para siempre o si esto es
imposible que al menos lo tenga sujeto, de modo que yo, más libre en mis
movimientos, pueda incorporarme a los valientes que defienden en la brecha tu
Santa Causa, y cantar contigo el himno de la salvación.

Consagración de Brasil a Cristo Rey y Redentor.

El 12 de octubre de 1931, durante la inauguración del monumento del Cristo


Redentor en la montaña del Corcovado, el cardenal Dom Sebastian Leme da
Silveira Cintra, arzobispo de Rio de Janeiro, realizó –de rodillas– la solemne
consagración de Brasil a Cristo Rey:


Señor Jesús, Redentor nuestro,
verdadero Dios y verdadero hombre,
que eres para el mundo la única fuente de luz,
de paz, de progreso y de felicidad;


Salvador que nos redimiste con el sacrificio de tu vida,
estamos a Tus pies representando Brasil, la Tierra de la Santa Cruz,
que se consagra solemnemente a tu Sacratísimo Corazón,
y te reconoce –para siempre– como su único Rey y Señor.


Tú, que esculpiste en el cielo brasileño tu Cruz,
de donde jamás podrá ser borrada,
acepta y bendice esta imagen que será entre nosotros
el símbolo de nuestra fe en Ti, Rey y Señor de nuestros corazones.


¡Reina, oh Señor Jesús!
¡Reina sobre nuestra Patria!
Queremos que Brasil viva y prospere bajo Tu mirada,
queremos que nuestro pueblo sea siempre iluminado
por la verdad de Tu Evangelio.


¡Reina, oh Cristo Rey!
¡Reina, oh Cristo Redentor!
Que ser brasileño sea creer en Jesucristo, amar a Jesucristo.


Y que esta sagrada imagen sea el símbolo de Tu dominio sobre nosotros,
símbolo de tu amparo, de tu predilección y de tu bendición.
Paira sobre Brasil y sobre los brasileños,
Señor de los que, habiendo sido tuyos en la tierra,
tuyos serán eternamente en el cielo. Amén.

Oraciones de la noche para pedir gracias y virtudes para extender el Reino


de Cristo.

Para las oraciones de la noche se puede usar una de las siguientes:


Oración de San Luis Rey de Francia.

Señor, enséñame a ser generoso,


a servirte como mereces, a dar sin medida,
a combatir sin miedo a que me hieran,
a trabajar sin descanso y a no buscar más recompensa
que el saber que hago tu santa voluntad. Amén.

Oración universal del Papa Clemente XI (Virtudes del Reino).

Creo en Ti, Señor, pero ayúdame a creer con más firmeza;


espero en Ti, pero ayúdame a esperar con más confianza;
te amo, Señor, pero ayúdame a amarte más ardientemente;
estoy arrepentido, pero ayúdame a tener mayor dolor.
Te adoro, Señor, porque eres mi creador
y te anhelo porque eres mi último fin;
te alabo porque no te cansas de hacerme el bien
y me refugio en Ti, porque eres mi protector.
Que tu sabiduría, Señor, me dirija
y tu justicia me reprima;
que tu misericordia me consuele
y tu poder me defienda.
Te ofrezco, Señor, mis pensamientos,
para que se dirijan a Ti;
te ofrezco mis palabras, para que hablen de Ti;
te ofrezco mis obras, para que todo lo haga por Ti;
te ofrezco mis penas, para que las sufra por Ti.
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo,
precisamente porque lo quieres Tú,
quiero como lo quieras Tú,
y durante todo el tiempo que lo quieras Tú.
Te pido, Señor, que ilumines mi entendimiento,
que inflames mi voluntad, que purifiques mi corazón
y santifiques mi alma.
Ayúdame a apartarme de mis pasadas iniquidades,
a rechazar las tentaciones futuras,
a vencer mis inclinaciones al mal
y a cultivar las virtudes necesarias.
Concédeme, Dios de bondad, amor a Ti,
odio a mí, celo por el prójimo
y desprecio a lo mundano.
Dame tu gracia para ser obediente con mis superiores,
ser comprensivo con mis inferiores,
saber aconsejar a mis amigos
y perdonar a mis enemigos.
Que venza la sensualidad con la mortificación,
con generosidad la avaricia,
con bondad la ira,
con fervor la tibieza.
Que sepa tener prudencia, Señor, al aconsejar,
valor frente a los peligros,
paciencia en las dificultades,
humilde en la prosperidad.
Concédeme, Señor, atención al orar,
sobriedad al comer,
responsabilidad en mi trabajo
y firmeza en mis propósitos.
Ayúdame a conservar la pureza de alma,
a ser modesto en mis actitudes,
ejemplar en mis conversaciones
y a llevar una vida ordenada.
Concédeme tu ayuda para dominar mis instintos,
para fomentar en mí tu vida de gracia,
para cumplir tus mandamientos
y obtener la salvación.
Enséñame, Señor,
a comprender la pequeñez de lo terreno,
la grandeza de lo divino,
la brevedad de esta vida
y la eternidad de la futura.
Concédeme una buena preparación para la muerte
y un santo temor al juicio,
para librarme del infierno
y alcanzar el paraíso.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Oración de San Francisco.

Señor, Tú lo eres todo y yo no soy nada.


Tú eres el Creador de todas las cosas,
Tú el que conservas todo el universo, y yo no soy nada.
Señor, hazme instrumento de tu paz.
Donde haya odio, siembre yo amor;
donde haya injuria, perdón;
donde haya duda, fe;
donde haya tristeza, alegría;
donde haya desaliento, esperanza;
donde haya oscuridad, tu luz.
¡Oh, Divino Maestro!,
que no busque ser consolado, sino consolar;
que no busque ser querido, sino amar;
que no busque ser comprendido, sino comprender;
porque dando es como recibimos;
perdonando
es como Tú nos perdonas;
y muriendo en Ti,
es como nacemos a la vida eterna.

Oración de ofrecimiento.

Señor Jesús:
Te entrego mis manos para hacer tu trabajo.
Te entrego mis pies para seguir tu camino.
Te entrego mis ojos para ver como Tú ves.
Te entrego mi lengua para hablar tus palabras.
Te entrego mi mente para que Tú pienses en mí.
Te entrego mi espíritu para que Tú ores en mí.
Sobre todo te entrego mi corazón para que en mí
ames a tu Padre y a todos los hombres.

Devociones a Cristo Rey.

Hora Santa de amor a Cristo Rey. Manual de los Vasallos de Cristo Rey.
México 1930.


PREPARACIÓN
1.° Pongámonos en la presencia de Dios...
2.° Adorémosle. Yo TE ADORO, CORAZÓN DE CRISTO REY, con todo el
afecto de mi alma, como tu VASALLO fidelísimo, y te pido tu gracia para darte
gloria en esta Hora Santa de Amor que te consagro.
3.° Composición de lugar. Ver a CRISTO REY en su Trono, mostrando su
CORAZÓN y diciéndonos: «Venid a Mí todos los que sufrís, que Yo os aliviaré».
4.° Petición. Pediremos a Cristo que reine en nuestra Patria, en nuestro hogar y en
cada corazón mexicano.
5.° Fruto. Un grande amor a CRISTO REY, y un grande aborrecimiento al pecado.


PUNTO PRIMERO:
EL CORAZÓN DE CRISTO REY EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ
Consideremos a Cristo Rey en el Huerto de los Olivos: ¡Acerquémonos al
Agonizante que nos ha amado tanto! Él desfallece de amor y de amargura, porque
carga con todos los pecados del mundo; con los nuestros... que oprimían su
Corazón, que sufría para expiarlos, un dolor indecible.
Su preciosísima Sangre corre copiosamente hilo a hilo empapando la tierra para
purificarla. ¡Está solo... abandonado... pálido, con el alma triste hasta la muerte, por
el enorme peso de todas las iniquidades del mundo! «PADRE SI ES POSIBLE,
PASE DE MÍ ESTE CÁLIZ, PERO NO SE HAGA MI VOLUNTAD SINO LA
TUYA», decían sus divinos labios. Nos enseñaba el abandono en las manos de Dios
en todos nuestros dolores. ¿Quién no lleva en el alma una fibra que solloza, una
amargura, una desolación o abandono? Pues unamos nuestras penas a las del
CORAZÓN DE NUESTRO REY y participarán del precio de sus martirios.


Sufría terriblemente aquel Corazón todo amor, viendo los miles de almas, que a
pesar de su Pasión dolorosa, se obstinarían en el pecado y se condenarían
eternamente en las ardientes llamas del infierno. Pero un consuelo vislumbraba
aquel angustiado Jesús, y era el ver a través de los siglos, legiones y legiones de
VASALLOS que, sin humanos respetos, le proclamarían SU ÚNICO, SU DIVINO
SOBERANO... Entonces, en el paroxismo del dolor, y enjugando sus lágrimas de
gratitud, diría a su Padre, cubriendo con su Sagrado Cuerpo la entrada del averno:
¡Padre mío! ¡Que estas almas no caigan allí! ¡Perdónalas por esta mi Sangre que
lavará sus crímenes, por esta agonía que borrará todos sus pecados! ¡Míralas sobre mi
pecho, míralas dentro de mi Corazón! ¡Sálvalas! Sálvalas!


¿Qué le diremos a ese Divino Rey todo misericordia y perdones? Llenos de gratitud
y con el alma limpia por la contrición nos postraremos a sus pies, y mojando de
sangre redentora nuestras frentes le diremos: ¡Bendito seas mil veces Corazón de
nuestro Rey, Divino Jesús de Getsemaní! ¡Te alabamos, te adoramos, ofreciéndote
guardar los mandamientos de la Ley de Dios y de la santa Iglesia; y, para consolarte,
te traeremos muchos VASALLOS más, como Soberano de nuestras almas, para
enjugar tus lágrimas en unión de María. Amén.


PUNTO SEGUNDO:
EL CORAZÓN DE CRISTO REY EN LA CRUZ
Aquí, a los ensangrentados pies de Cristo crucificado, contemplemos ese Corazón
que sangra por ancha herida que la lanza dejó abierta para recibirnos. ¡Por encima
de María, que estaba al pie de la Cruz, vibró el acero que traspasó el Corazón de
nuestro REY que murió para darnos vida, para ganarnos el cielo! Aun después de
muerto fue profanado ese Cuerpo adorable; fue traspasado sin piedad, para que de
ahí naciese la Iglesia, a la manera que del costado de Adán nació Eva.
Es tal y tan grande el amor del Corazón de Jesús para con el hombre que, aun
después de haber expirado, permitió ser abierto para que pudiésemos entrar en Él.
¡Ni aun quiso dejar a su Sacratísimo Cuerpo, aquella poca sangre que le quedaba sin
derramar! ¡Todo Jesús se nos dio: dejó que sus venas se vaciasen; se abrió el pecho
para que pudiésemos contar las palpitaciones de su CORAZÓN! Nos amó tanto
que, aun estando cerca, le pareció tenernos lejos, y nos preparó una morada dentro
de su pecho sacrosanto, un NIDO DE AMOR donde pudiéramos escondernos, un
volcán de fuego donde pudiesen abrasarse nuestras almas.


Si la muerte fue poderosa para apartar por algunas horas el Alma y el Cuerpo de
Jesús, no lo fue para impedir su infinita ternura. Quiso que ni vivo ni muerto lo
halláramos sin obras de amor por los hombres. Ni antes de nacer; ni desde su
nacimiento hasta su muerte; ni después de muerto; ni resucitado, ni estando en el
cielo, ha dejado de darnos pruebas de su inmenso amor; sino que en vida y en
muerte, en la pasión, en la gloria, en la Eucaristía y siempre, nos dice su pecho
enamorado: ¡Te amo!
Sincera y profundamente arrepentidos de nuestros pecados, y con firme propósito
de no volverlos a cometer, subamos hoy por la Cruz y lleguemos al CORAZÓN DE
NUESTRO REY para inflamarnos con su celestial fuego. Ahí vivamos, ahí
muramos, siempre amando y perdonando, ¿qué nos puede detener en el mundo
después de haber contemplado el Corazón de nuestro REY, abierto para recibirnos?
Ya no queremos el estorbo del pecado, ¡oh Jesús!, entre TU CORAZÓN Y EL DE
TUS VASALLOS. Te ofrecemos ser fieles a tu bandera y velar por tus intereses, tan
sagrados para los que nos gloriamos de pertenecerte.
¡Oh Sol de Amor, que desde tu excelso Trono enciendes, iluminas, amparas y
cuidas a tus hijos los mexicanos! ¡Bendícenos! Con el Corazón Purísimo de María, te
ofrecemos nuestros dolores y nuestras alegrías, nuestras familias, nuestra vida y
nuestra muerte. Amén.


PUNTO TERCERO:
EL CORAZÓN DE CRISTO REY DE LA EUCARISTÍA
Vio Santa Margarita al CORAZÓN SANTÍSIMO DE NUESTRO CRISTO REY,
en la HOSTIA SAGRADA y escuchó su voz arrobadora, los lamentos y los sollozos
de aquel DIVINO PECHO, despedazado por los tormentos que le causa la
ingratitud humana. «HE AQUÍ EL CORAZÓN QUE TANTO HA AMADO A
LOS HOMBRES, Y QUE EN PAGO HA RECIBIDO INGRATITUDES», le
decía...
Tiene Jesús en la Eucaristía sed abrasadora de ser amado, de ser recibido en la
Comunión, de darse a las almas que huyen de sus brazos y de sus caricias. ¡Cuántos,
aun en nuestra católica Patria, han vivido sin haber saboreado jamás las delicias de
una Comunión! Él quiere que nuestro pecho palpite junto al suyo, e inflamar
nuestras almas en ansias de Eucaristía, y sólo para hacernos felices, para aliviar
nuestras penas, para darnos aliento en el camino de espinas que cruzamos, para
embriagar de santa dulzura nuestras almas, y darnos después, ¡el cielo!


¡Y somos tantos los tibios, los desagradecidos, los indiferentes a tanto amor! ¡Ahí, en
esa Hostia pura, santa e inmaculada, tenemos la Vida, la verdadera Vida, y sin
embargo, nos arrojamos al pecado que es peor que la muerte! ¡Tenemos a nuestro
Divino Rey en los sagrarios, y nunca, o muy poco, o muy mal, lo visitamos! Cada
día se sacrifica ese Corazón de nuestro Rey en 350.000 misas, que son quizá las que
se celebren diariamente en el orbe, que dan cuatro elevaciones por segundo! ¡Y no
pensamos siquiera en agradecerle su delicada fineza, su infinita generosidad! Cada
vez que late nuestro corazón podemos decir: ¡El Corazón de Cristo Rey, se está
sacrificando por mí! ¿Y yo?... ¿Y nosotros sus VASALLOS, qué hacemos para
corresponder a tanto amor, a ESE EXCESO de amor?
¡Oh Jesús Rey del amor! ¡Oh Corazón Eucarístico de nuestro Monarca Soberano!
¡Perdona nuestras frialdades e ingratitudes, y de hoy más, te ofrecemos comulgar
con frecuencia, siquiera el PRIMER VIERNES Y EL DÍA 11 DE CADA MES, en
desagravio de nuestros pecados de malicia o de fragilidad, y en expiación y
reparación de los de tantos que creyendo en este sublime Misterio viven tranquilos
sin comulgar jamás. También te ofrecemos nuestras Comuniones en desagravio de
los sacrilegios, profanaciones y horrendos desacatos de tu Sacramento adorable.
Reserva, Corazón amantísimo de CRISTO REY, una fibra para grabar en ella los
nombres de todos TUS VASALLOS, para que ninguno se pierda. ¡Que la corte que
te formamos en la tierra alrededor de tu trono, siga en el cielo, adorándote
eternamente en los esplendores de tu gloria en unión de María! Amén.
COLOQUIO


¡Oh Corazón Santísimo de nuestro amado Rey, Corazón dolorido en Getsemaní,
desolado en la Cruz, y amargado en la Eucaristía, por los pecados del mundo!
¡Perdónanos, Señor!, y recibe esta HORA SANTA DE AMOR que te dedica y
consagra nuestro cariño, en expiación de los pecados de la Patria y rogándote que
apresures el triunfo de tu conquista, de tu Reinado en los corazones, en los hogares,
en la sociedad.
¡Tú reinarás atrayendo las almas a tu Corazón Divino, para colmarlas de favores!
¡Sé Rey de los ingratos que te olvidan y te ofenden!
¡Sé Rey de tus enemigos que quisieran romper el cetro de tu Divina Realeza y
perdona sus traiciones!
¡Sé Rey de las muchedumbres por tu Corazón Divino!
¡Sé Rey de los hogares, bendiciéndolos y santificándolos por nuestra tierna Madre
Santa María de Guadalupe!
¡Sé Rey de los buenos, y también de los tibios y de los mundanos, derritiendo el
hielo de sus corazones!
¡Reina Señor glorificado por tu santa Iglesia, en el Episcopado y en el alma de
cada uno de tus sacerdotes, y todos ceñirán tu frente con una diadema de corazones
mexicanos, de los que ahora y siempre nos honramos de ser tus Vasallos! Amén.


Se reza un CREDO en testimonio de la fe que profesamos.
¡Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones:
ten misericordia de nosotros!
¡Viva Cristo Rey, en mi corazón, en mi casa y en mi patria! Amén.

Entronización de Cristo Rey en los hogares mexicanos. Manual de los


Vasallos de Cristo Rey. México 1930.

Es muy conveniente que todos los miembros de la familia comulguen el día en que
se haga la Entronización de Cristo como Rey, en una casa. Se preparará en la sala, o
en la pieza principal de la casa, un altarcito con luces y flores. Un Sacerdote o el jefe
de la familia, colocará en el altarcito la Imagen ya bendita de Cristo Rey y, puestos
todos de rodillas, rezarán la siguiente


ORACIÓN
Entra, Corazón Santísimo de Jesús, a reinar en este hogar, que hoy se consagra a Ti,
proclamándote con santo entusiasmo su Soberano. ¡Oh, Jesús!, que quieres vencer a
las sociedades, a los pueblos, a las familias y a las almas de México con el amor y los
latidos, con las misericordias y los perdones de tu Divino Corazón, entra, reina e
impera en esta casa toda tuya, y que con lágrimas de gratitud te ofrecemos.
Tú serás, de hoy para siempre, el Dueño absoluto de toda esta familia y de sus
descendientes; Tú el que mandes y ordenes; y nosotros seremos siempre tus fieles
vasallos y tus amantes hijos. En cada pecho tendrás un altar, una bandera, y un
corazón dispuesto al martirio; y tu Ley de Amor, será la que nos guíe hasta la
muerte.
Con toda el alma te hacemos una donación, sin reserva ni arrepentimiento, de
cuanto somos y poseemos, prometiéndote además, ¡oh Cristo Rey!, ser tus apóstoles
de fuego propagando tu Reinado, defendiendo tu Iglesia, siendo felices en morir por
Ti. ¡Qué dicha la de sufrir, por llevar el incendio de tu amor a los hogares,
conquistando miles de almas para tu gloria!
¡Amarte y hacerte amar será nuestro anhelo! ¡Ser el eco de tus latidos y el cáliz que
consuele tus dolores, será la mayor ambición de nuestra, vida!
¡Oh, fiel Amigo y delicado Compañero de las familias, que has venido a
honrarnos con tu presencia en esa Imagen sagrada, tomando posesión de este hogar!
¡Ven a gozar en nuestras dichas, y a enjugar nuestras lágrimas en los dolores! ¡Ven,
Corazón de nuestro Rey, que pasaste por el mundo haciendo el bien, ven a curar
todos nuestros males!
¿Quién no lleva una herida en el alma, una pena que lo amargue, una espina que
lo punce, un vacío, una soledad? ¿Quién no llora ante una tumba, un ser ausente?...
Y, ¿a quién ocurrir si no al Padre cariñoso, al Amigo sincero que jamás cambia, al
Dios que todo lo puede, a Cristo Rey que hoy viene a honrar nuestro hogar?
En adelante, ¡Corazón de Jesús!, Tú serás el Confidente de nuestros secretos de
familia; presidirás nuestra mesa, recibirás nuestros sacrificios; y, en las horas de
íntima angustia, en las decepciones, cansancios y abatimientos; en las tentaciones y
en las caídas; en los amargos días de la enfermedad o de la muerte de los que
amamos, Tú, ¡Corazón Santo!, serás nuestro consuelo y fortaleza, nuestra esperanza
y dicha. Y, como en otra Betania, amará ¡oh Jesús!, tu tierno Corazón, que es el
mismo, a los que sufriendo te rogamos que nos bendigas.
Atrae, ¡Divino Rey!, a los pecadores obstinados; a los que no creen, ni te adoran y
te ofenden; quebranta sus cadenas para que libres de la esclavitud del pecado, vuelen
al dulce cautiverio de tu amor. Extiende y afianza tu Reinado Social en México,
siendo su Libertador, uniéndonos a todos los mexicanos, deshaciendo las
tempestades, salvando a la juventud, y envolviendo a los niños en el manto de
estrellas de Santa María de Guadalupe.
Felices nosotros, cuya morada viene hoy a santificar el Rey de los cielos y de la
tierra; y ¡mil veces dichosos los mexicanos! porque ya poseemos un baluarte que nos
defienda, pudiendo decir con verdad: ¡Detente enemigo... el Corazón de Jesús está
conmigo! ¡Este Corazón que tanto ha amado a los hombres... este Corazón que es el
perdón de Dios... este Corazón que ya nació herido de amor por nosotros!... ¡La
lanza no abrió la herida interior, pues sólo apartó el velo que la cubría!
Pues Tú reinas y reinarás en México, Corazón de Amor. La Nación
Guadalupana, los pueblos todos son y serán tuyos y los dominarás con el suave cetro
de tus bondades; y ellos tranquilos te cantarán aclamándote su Rey absoluto, su
victorioso Conquistador, su Salvador celestial.
¡Oh Cristo Rey! ¡Que el grito de tus victorias y de tu amor, resuene con eco
vibrante en toda la República, transformando a las almas iluminadas por la fe,
reanimadas por la santa esperanza, y enardecidas por el sol de tu Corazón, que es el
divino Foco de todo lo puro y santo! Y, si somos fieles, ¡oh pechos mexicanos!, ese
Corazón, volcán de caridad, nos incendiará de santo amor, derribará voluntades,
convertirá pecadores y arraigará su reinado en la tierra de María. Amén.


IV. Oraciones al Espíritu Santo

Al Espíritu Santo (Cardenal Mercier).

Espíritu Santo, alma de mi alma, yo te adoro; ilumíname, guíame, fortifícame,


consuélame, inspírame lo que debo hacer. Dispón de mí porque prometo
obedecerte y aceptar todo lo que permitas que me suceda.Hazme conocer tan sólo
tu voluntad. Amén.

Plegaria al Espíritu Santo (Cardenal Verdier).

Espíritu Santo,
Amor del Padre y del Hijo,
inspírame siempre:
lo que he de pensar,
lo que he de decir,
cómo lo he de decir,
lo que he de callar,
lo que he de escribir,
lo que he de hacer,
cómo lo he de hacer,
para obtener tu gloria,
el bien de las almas
y mi propia santificación.
Buen Jesús, en ti he puesto toda mi confianza.

Plegaria al Espíritu Santo para que nos inspire.

¡Oh Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo!, inspírame siempre: lo que he de
pensar, lo que he de decir, cómo lo he de decir, lo que he de callar, lo que he de
escribir, lo que he de hacer, cómo lo he de hacer, para obtener tu gloria, el bien de
las almas y mi propia santificación.

Consagración al Espíritu Santo (Santiago Alberione).

Oh divino Espíritu Santo, Amor eterno del Padre y del Hijo, te adoro, te doy
gracias, te amo y te pido perdón por todas las veces que te he contristado en mí y en
mi prójimo.
Desciende con abundancia de gracias en las sagradas ordenaciones de los obispos
y sacerdotes; en las consagraciones de los religiosos y religiosas; en las
confirmaciones de todos los fieles: sé luz, santidad y celo.
A ti, santo Espíritu de Verdad, consagro mi mente, mi fantasía, mi memoria;
ilumíname. Haz que conozca a Jesucristo, nuestro Maestro, y comprenda su
Evangelio y la doctrina de la santa Iglesia.
Aumenta en mí el don de sabiduría, de ciencia, de inteligencia y de consejo.
A ti, Espíritu santificador, consagro mi voluntad: guíame para hacer lo que te
agrada, dame fuerza para cumplir con los mandamientos y mis deberes. Concédeme
el don de fortaleza y el santo temor de Dios. A ti, Espíritu vivificador, consagro mi
corazón: protege y aumenta en mí la gracia divina. Concédeme el don de piedad.
Amén.

Ven, Espíritu Santo Creador.

Ven, Espíritu Creador, visita las


almas de tus fieles y llena de la
divina gracia los corazones que Tú
mismo creaste.
Tú eres nuestro Consolador,
Don de Dios Altísimo, fuente viva,
fuego, caridad y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los
siete dones; Tú, el dedo de la mano
de Dios; Tú, el prometido del Padre;
Tú, que pones en nuestros labios
los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros
corazones; y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra débil carne.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz;
sé Tú mismo nuestro guía, y puestos bajo tu dirección
evitaremos todo lo nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre, y
también al Hijo; y que en Ti, Espíritu
de entrambos, creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre, y al Hijo que
resucitó, y al Espíritu Consolador,
por los siglos infinitos. Amén.

Ven, Espíritu Santo.

Ven, Espíritu Santo, y envía desde


el cielo un rayo de tu luz.
Ven, Padre de los pobres; ven, dador de dones;
ven, luz de los corazones.
Consolador óptimo, dulce huésped del alma,
dulce refrigerio.
En el trabajo, descanso; en el calor, refrigerio;
en el llanto, consuelo.
Oh luz beatísima, llena lo más
profundo del corazón de tus fieles.
Sin tu gracia, nada hay en el hombre,
nada hay virtuoso.
Lava lo que está sucio, riega lo que es árido,
sana lo que está enfermo.
Doblega lo que es rígido, calienta lo que está frío,
endereza lo que está desviado.
Concede a tus fieles, que en Ti confían,
tus siete sagrados dones.
Dales el mérito de la virtud,
dales la salvación al final de su camino,
dales un gozo perpetuo. Amén. Aleluya.

Oración al Espíritu Santo.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones


de tus fieles, y enciende
en ellos el fuego de tu amor.


V. Envía tu Espíritu y serán creados.
R. Y renovarás la faz de la tierra.


Oración: Oh Dios, que has instruido los
corazones de los fieles con la luz del
Espíritu Santo, concédenos, según el mismo
Espíritu, conocer las cosas rectas
y gozar siempre de tus divinos consuelos.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración al Espíritu Santo para pedir sus dones.

Ven Espíritu Santo, inflama mi corazón y enciende en él el fuego de tu amor.


Dígnate escuchar mis súplicas, y envía sobre mí tus dones, como los enviaste sobre
los Apóstoles el día de Pentecostés.
Espíritu de Bondad te ruego me llenes del don de Entendimiento, para penetrar
las verdades reveladas, y así aumentar mi fe; distinguiendo a su luz lo que es del
buen espíritu o del mal espíritu.
Espíritu Sempiterno, te ruego me llenes del don de Ciencia, para sentir con la
Iglesia en la estima de las cosas terrenas, y así aumentar mi esperanza; viviendo para
los valores eternos.
Espíritu de Amor, te ruego me llenes del don de Sabiduría, para que saboree cada
día más con qué infinito amor soy amado, y así aumentar mi caridad a Dios y a mi
prójimo; actuando siempre movido por ella.
Espíritu Santificador; te ruego me llenes del don de Consejo, para obrar de
continuo con prudencia; eligiendo las palabras y acciones más adecuadas a la
santificación mía y de los demás.
Espíritu de Bondad, te ruego me llenes del don de Piedad, para practicar con
todos la justicia; dando a cada uno lo suyo:
A Dios con gratitud y obediencia, a los hombres con generosidad y amabilidad.
Espíritu Omnipotente, te ruego me llenes del don de Fortaleza, para perseverar
con constancia y confianza en el camino de la perfección cristiana; resistiendo con
paciencia las adversidades.
Espíritu de Majestad. Te ruego me llenes del don de Temor de Dios, para no
dejarme llevar de las tentaciones de los sentidos, y proceder con templanza en el uso
de la creaturas.
Divino espíritu, por los méritos de Jesucristo y la intercesión de tu esposa María
Santísima, te suplico que vengas a mi corazón y me comuniques la plenitud de tus
dones, para que, iluminado y confortado por ellos, viva según tu voluntad, muera
entregado a tu amor y así merezca cantar eternamente tus infinitas misericordias.
Amén.

Oración al Espíritu Santo para pedir pureza.

Que el Espíritu Santo fuente de toda pureza,


te la comunique por medio de la Cruz,
y guarde tu cuerpo y tu alma siempre puros.
En el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Nuestra insignia: Santo o nada.

Súplicas al Espíritu Santo.

¡Oh Divino Amor, lazo sagrado que unes al Padre y al Hijo! Espíritu todopoderoso,
fiel consolador de los afligidos, penetra en los abismos de mi corazón; haz brillar en
él tu esplendorosa luz. Esparce allí tu dulce rocío a fin de hacer cesar su grande
aridez.
Envía los rayos celestiales de su amor hasta lo profundo de mi alma, para que,
penetrando en ella, enciendan todas mis debilidades, mis negligencias, mis
languideces.
Ven, dulce consolador de las almas desoladas, refugio en los peligros y protector
en la miseria. Ven, Tú que lavas a las almas de sus manchas y curas sus llagas. Ven,
fuerza del débil, apoyo del que cae.Ven, doctor de los humildes y vencedor de los
orgullosos. Ven, Padre de los huérfanos, esperanza de los pobres, tesoro de los que
están en la indigencia. Ven, estrella de los navegantes, puerto seguro de los
náufragos. Ven, fuerza de los vivientes y salud de los que van a morir.
Ven, ¡oh Espíritu Santo!, ven y ten piedad de mí. Haz a mi alma sencilla, dócil y
fiel, compadécete de mi debilidad con tanta bondad que mi pequeñez encuentre
gracia ante tu grandeza infinita, mi impotencia la encuentre ante la multitud de tus
misericordias.
Por nuestro Señor Jesucristo, mi Salvador, que Contigo y con el Padre vive y
reina siendo Dios, por los siglos de los siglos. Amén. (San Agustín de Hipona).

Consagración al Espíritu Santo.

Recibe, ¡oh Espíritu Santo de Amor!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi


ser que te hago en este día, para que te dignes ser en adelante, en cada uno de los
instantes de mi vida y en cada una de mis acciones: mi Director, mi Luz, mi Guía,
mi Fuerza, y todo el amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reserva a tus operaciones divinas y quiero ser siempre dócil a
tus santas inspiraciones.
¡Oh Espíritu Santo!, dígnate formarme con María y en María, según el modelo de
nuestro Divino Jesús.
Gloria al Padre creador, Gloria al Hijo Redentor, Gloria al Espíritu Santificador.
«Amar al Espíritu Santo y hacer que sea amado».


V. Oraciones Marianas

Angelus.

V. El Ángel del Señor anunció a María.


R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Dios te salve María...
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve María...
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Dios te salve María...


Oración: Te rogamos, Señor, que derrames
tu gracia sobre nuestras almas,
para que, los que por el anuncio del Ángel,
hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo,
por su Pasión y su Cruz
seamos llevados a la gloria de la resurrección.
Por el mismo Cristo nuestro Señor.
R. Amén.

Regina Caeli.

V. Alégrate, reina del cielo. Aleluya.


R. Porque el que mereciste llevar en tu seno. Aleluya.
V. Resucitó, como dijo. Aleluya.
R. Ruega por nosotros a Dios. Aleluya.
V. Alégrate y gózate, Virgen María. Aleluya.
R. Porque resucitó el Señor en verdad. Aleluya.

Oración: Oh Dios, que por la resurrección
de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo,
te dignaste regocijar al mundo;
concédenos, te suplicamos,
que por su Madre, la Virgen María,
alcancemos los gozos de la vida eterna.
Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

Acordaos (San Bernardo).

Acordaos, oh piadosísima Virgen María,


que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido
a vuestra protección,
implorando vuestra asistencia
y reclamando vuestro socorro,
haya sido desamparado de vos.
Yo, animado con esta confianza,
a vos también acudo,
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!
Y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer
ante vuestra presencia soberana;
no desprecies, oh Madre de Dios,
mis humildes súplicas.

Bendita sea tu pureza.

Bendita sea tu pureza


y eternamente lo sea
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A ti, Celestial Princesa,
Virgen Sagrada María,
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón,
mírame con compasión,
no me dejes Madre mía.

Consagración de sí mismo a Nuestra Señora.


¡Oh Señora mía, oh Madre mía!
Yo me ofrezco enteramente a vos.
Y en prueba de mi filial afecto
os consagro en este día y para siempre,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón,
en una palabra: todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro, ¡oh Madre de Bondad!,
guardadme y defendedme
como cosa y posesión vuestra. Amén.

Magnificat.

Cántico de la Sma. Virgen María (Lc 1: 46-55)


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador,
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí;
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Bajo tu amparo.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,


no desprecies las súplicas que te dirigimos
en nuestras necesidades.
Antes bien, líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.

A la Virgen de Guadalupe (San Juan Pablo II).

¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que
desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu
amparo escucha la oración que con filial confianza te dirigimos, y preséntala ante tu
Hijo Jesús, único Redentor nuestro.
Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a Ti, que
sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todo
nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros
trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que
tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre nuestra.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena
fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa.
Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos los Obispos,
para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, de amor y de
humilde servicio a Dios y a las almas.
Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de
santidad en todo el pueblo de Dios, y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes
y religiosos, fuertes en la fe y celosos dispensadores de los misterios de Dios.
Concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar la vida que comienza,
con el mismo amor con que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios.
Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias, para
que estén siempre muy unidas, y bendice la educación de nuestros hijos.
Esperanza nuestra, míranos con compasión, enséñanos a ir continuamente a Jesús
y, si caemos, ayúdanos a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión de
nuestras culpas y pecados en el Sacramento de la Penitencia, que trae sosiego al
alma. Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos
sacramentos, que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.
Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia, con nuestros
corazones libres de mal y de odios, podremos llevar a todos la verdadera alegría y la
verdadera paz, que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre
y con el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
México, Enero de 1979

Oración a Nuestra Señora del Buen Consejo.

Gloriosísima Virgen, escogida por el Consejo Eterno para ser la Madre del Verbo
Encarnado, tesorera de las divinas gracias y abogada de los pecadores, yo, el más
indigno de tus siervos, a ti recurro, para que os dignéis ser mi guía y consejera en
este valle de lágrimas.
Alcanzadme, por la preciosísima Sangre de vuestro Divino Hijo, el perdón de mis
pecados, la salvación de mi alma.
Conseguid para la Santa Iglesia el triunfo sobre sus enemigos y la propagación del
Reino de Jesucristo por toda la tierra. Amén.

Oración para pedir a María su Perpetuo Socorro en todas las cosas.

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!, gracias a este nombre tuyo, mi corazón desborda
de confianza en vos. Heme a vuestros pies, vengo a exponeros todas las necesidades
de mi vida y de mi muerte; vengo a pediros sobre estas miserias vuestro maternal
socorro; dignaos escucharme desde el cielo y dadme una acogida favorable, ¡oh
Madre mía!
En todas mis dificultades y penas,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
En el peligro de la tentación,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Cuando tenga la desgracia de caer en pecado, para que me levantéis,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Si algún lazo funesto me encadena al servicio del demonio, para que lo pueda
romper,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Si vivo en la tibieza, para que Jesucristo no me vomite de su boca,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Cuando sea negligente en recurrir a vos, para que pronto os invoque,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Para recibir dignamente los sacramentos,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
En todos los ejercicios de un cristiano fervoroso, y sobretodo en la oración y
meditación,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Para que conserve o recobre la castidad,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Para que adquiera la humildad,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Para que alcance el amar a Dios con todo mi corazón,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Para que, por el amor de Dios, me conforme en todo con su santa voluntad,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Para que cumpla fielmente los deberes de mi estado,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Cuando la enfermedad aflija mi cuerpo y deje abatida mi alma,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Cuando la angustia y la tristeza se apoderen de mí,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Si Dios me somete al tormento de las penas interiores,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Si la providencia me prueba por la pobreza o los reveses de la fortuna,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Si encuentro en mi propia familia motivos de dolor,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Cuando fuere humillado, contradicho, maltratado,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Para que obtenga la amistad y cariño de los que me son queridos,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Para que alcance la libertad de las almas del purgatorio,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Para que coopere en la salvación de los pecadores,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Para que obtenga la gracia de la perseverancia final,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Cuando me venga la última enfermedad,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
En mi último suspiro,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Cuando me presente delante de vuestro Hijo que ha de ser mi juez,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Cuando esté en el purgatorio,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
En todo momento y lugar,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Para que os sirva, ame e invoque siempre,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!
Para que pueda hacer que muchos cristianos os amen y sirvan,
¡Venid en mi socorro, oh caritativa Madre!

Alabada, amada, invocada, bendita eternamente seas, ¡oh Nuestra Señora del
Perpetuo Socorro!, mi esperanza y mi amor, mi Madre, mi felicidad y mi vida.
Amén.

Consagración del joven a la Virgen.

Virgen María, Madre querida:


Me consagro a ti y pongo entre tus manos toda mi existencia.
Acepta mi presente con todo cuanto hay en él.
Acepta mi futuro con todas sus posibilidades.
Quiero en esta consagración entregarte cuanto soy y tengo, cuanto he recibido de
Dios.
Te entrego mi inteligencia, voluntad y corazón.
Coloco entre tus manos mi libertad, mis anhelos, temores y esperanzas, tristezas y
alegrías. Protege mi vida, vela por mis acciones, a fin de que, siendo fiel a Dios,
pueda con tu ayuda alcanzar la salvación.
Te consagro mi cuerpo y mis sentidos, a fin de que se conserven puros y me ayuden
a practicar la virtud.
Te consagro mi alma a fin de que la preserves del mal. Hazme participar en una
santidad como la tuya; hazme conforme a Cristo, ideal de mi vida.
Te entrego mi entusiasmo y mi ardor juvenil; mis estudios y mi trabajo. Que no
envejezca nunca en la vivencia de la fe. Te entrego mi capacidad y afán de amar;
enséñame a amar como has amado y Jesús quiere que ame.
Te confío mis dudas y congojas. Que halle en tu Corazón Inmaculado seguridad,
luz y sostén en todos los momentos de mi vida.
Acepto las renuncias y sacrificios que comporta esta ofrenda y prometo con la gracia
de Dios y tu ayuda ser siempre fiel a este compromiso.
María, Soberana de mi vida y de mi conducta, dispón de mí y de cuanto me
pertenece a fin de que camine siempre unido a Jesús, bajo la mirada de mi Madre.
María: soy todo tuyo y cuanto tengo es tuyo. Ahora y para siempre. Amén.


Entronización de la Virgen de Guadalupe en nuestros hogares.

Reunidos a los pies de la imagen de la Santísima Virgen, ya bendita, el sacerdote o el


jefe de familia dice las siguientes oraciones:


Dios Todopoderoso y Eterno, que impulsado por tu infinita misericordia te
dignaste dirigir a México una mirada de amor y viéndolo lleno de sombras y
miserias enviaste a la Inmaculada Virgen María; para que fuera Apóstol, Reina y
Madre nuestra: te rogamos aceptes propicio la ofrenda que, por medio de ella, te
hacemos de nuestros hogares y de nuestros corazones, y haz por tu infinita bondad,
que establezca aquí nuestra Santísima Madre de Guadalupe su trono de clemencia y
dispensación, nos vea como cosa muy suya, nos mantenga lejos del pecado y de todo
mal, y con su intercesión valiosísima, alcancemos el perdón y la paz. Por Jesucristo
nuestro Señor. Amén.


Enseguida se coloca la santa imagen en el lugar donde debe quedar y luego de
rodillas se dice:


¡Salve, nuestra Reina de los mexicanos, Madre Santísima de Guadalupe, Salve!
Ruega por tu Nación para conseguir lo que tú, Madre nuestra, creas más
conveniente pedir.


Se reza una Salve y esta jaculatoria:


Virgen Santísima de Guadalupe, Reina de México, ¡salva nuestra Patria y
consérvanos la fe!


Se concluye con la siguiente Oración:


¿Cómo te daremos gracias, dulcísima Madre nuestra, por los beneficios incontables
que te debemos? Fijaste en esta Nación esos tus ojos misericordiosos y ante el trono
excelso del Dios de bondad la pediste como herencia tuya. ¿Qué pudo moverte a
descender desde los cielos hasta nuestro árido Tepeyac, si no el singular amor que
nos tienes y la inmensa miseria nuestra? ¡Gracias, Señora! Que los ángeles te alaben
por tan insigne favor, que las naciones todas te bendigan y que México, postrado a
tus inmaculadas plantas, te ame con todos sus corazones y, como a Judit, te cante:
«Tú eres la gloria de nuestro pueblo».
Pediste un templo y te ofrecemos millares, que te consagremos cada uno de
nuestros hogares y queremos reines en nuestros corazones. Nos llamas: «hijitos míos
muy queridos» y aceptando tan dulce título, queremos llamarte nuestra Reina,
nuestra Madre, y ser, no sólo tus vasallos fieles y tus hijos amantísimos, sino tus
humildísimos siervos. Manda, Altísima Señora, que estemos prontos a obedecerte.
Reina en nuestras casas y líbralas de todo mal; en nuestras almas y haz que sirvan
siempre a Dios; en esta porción de la Iglesia Mexicana y hazla gloriosa y libre; en
nuestra Nación, feliz a pesar de todo, porque la amas, y danos la paz. Perdona a los
hijos ingratos y prevaricadores, robustece la fe de los que te aclaman e invocan, y
concédenos, en fin, que formando tu corte aquí en la tierra, vayamos, dulcísima
Madre, a cantar contigo las alabanzas eternas ante el trono de Dios. Amén.


Se termina con un canto, o el Himno Guadalupano u otro apropiado.

Madre del Redentor.

Madre del Redentor,


virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.


Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.


Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

Salve, Reina de los cielos.

Salve, Reina de los Cielos


y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.
Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

Oración Ante ti María Reina (Víctor Manuel Sánchez Steinpress).

Ante ti, María Reina,


Madre de Dios y de la Iglesia,
reiteramos nuestra posición intransigente
frente al error y al pecado;
y, sabiéndote medianera de todas las gracias,
imploramos intercedas ante Dios providente
para alcanzar la fortaleza y la constancia
que nos son necesarias como instrumentos de tu causa.


Virgen del Tepeyac,
ayúdanos a imitar tus virtudes
para contrarrestar nuestras flaquezas,
mantén firme nuestra vocación,
protégenos en la lucha
y guía nuestros pasos en la defensa de la fe
para colaborar en el reinado de Jesucristo en el mundo,
pues ésta es una empresa de santos
y tu divino Hijo ha escogido pecadores. Amén.

Oración a María en el mes de Mayo (Chile).

Oración inicial.

¡Oh María!, durante el bello mes que te está consagrado todo resuena con tu
nombre y alabanza. Tu santuario resplandece con nuevo brillo y nuestras manos te
han elevado un trono de gracia y de amor, desde donde presides nuestras fiestas y
escuchas nuestras oraciones y votos.
Para honrarte hemos esparcido frescas flores a tus pies y adornado tu frente con
guirnaldas y coronas. Mas, ¡oh María!, no te das por satisfecha con estos homenajes;
hay flores cuya frescura y lozanía jamás pasan y coronas que no se marchitan. Éstas
son las que esperas de tus hijos, porque el más hermoso adorno de una madre es la
piedad de sus hijos, y la más bella corona que pueden depositar a sus pies es la de sus
virtudes.
Sí, los lirios que tú nos pides son la inocencia de nuestros corazones. Nos
esforzaremos pues, durante el curso de este mes consagrado a tu gloria, ¡oh Virgen
Santa!, en conservar nuestras almas puras y sin mancha, y en separar de nuestros
pensamientos deseos y miradas, aun la sombra misma del mal.
La rosa cuyo brillo agrada a tus ojos es la caridad, el amor a Dios y a nuestros
hermanos. Nos amaremos pues, los unos a los otros como hijos de una misma
familia cuya madre eres, viviendo todos en la dulzura de una concordia fraternal.
En este mes bendito procuraremos cultivar en nuestros corazones la humildad,
modesta flor que te es tan querida, y con tu auxilio llegaremos a ser puros humildes,
caritativos, pacientes y resignados.
¡Oh María!, has producir en el fondo de nuestros corazones todas estas amables
virtudes. Que ellas broten, florezcan y den al fin fruto de gracia, para poder ser
algún día dignos hijos de la más santa y de la mejor de las madres. Amén.

Oración Final.

¡Oh María, Madre de Jesús nuestro Salvador y nuestra buena madre! Nosotros
venimos a ofrecerte con estos obsequios que colocamos a tus pies, nuestros
corazones deseosos de agradecerte y solicitar de tu bondad un nuevo ardor en tu
santo servicio.
Dígnate presentarnos a tu Divino Hijo que, en vista de sus méritos y a nombre de
su Santa Madre, dirija nuestros pasos por el sendero de la virtud, que haga lucir con
nuevo esplendor la luz de la fe sobre los infortunados pueblos que gimen por tanto
tiempo en las tinieblas del error; que vuelvan hacia Él y cambien tantos corazones
rebeldes, cuya penitencia regocijará en su corazón y el tuyo.
Que convierta a los enemigos de tu Iglesia, y que, en fin, encienda por todas
partes el fuego de tu ardiente caridad; que nos colme de alegría en medio de las
tribulaciones de esta vida y de esperanza para el porvenir. Amén.


VI. Oraciones a San José

San José cumplió con cariño y fortaleza la misión que Dios le encomendó: proteger
a la Sagrada Familia. Nadie ha conocido tan de cerca a Jesús y a María como él; por
eso la Iglesia —prolongación de Cristo— le honra como a su patrono.


La devoción a San José despierta en nosotros la estima del silencio, es Maestro de la
vida interior, fundada en la verdadera humildad; fortalece los vínculos del amor
familiar y nos ayuda a descubrir el auténtico sentido de la transformación del
mundo a través del cumplimiento de la ley severa y redentora del trabajo humano.

Oración a San José.

San José, tú has sido el árbol bendito por Dios,


no para dar fruto, sino para dar sombra;
sombra protectora de María, tu esposa;
sombra de Jesús, que te llamó padre y al que te
entregaste del todo.
Tu vida, tejida de trabajo y de silencio,
me enseña a ser eficaz en todas las situaciones;
me enseña, sobre todo, a esperar en la oscuridad,
firme en la fe.
Siete dolores y siete gozos resumen tu existencia:
fueron los gozos de Cristo y de María,
expresión de tu donación sin límites.
Que tu ejemplo me acompañe en todo momento: florecer
donde la voluntad del Padre me ha plantado, saber
esperar, entregarme sin reservas hasta que la tristeza y el
gozo de los demás sean mi tristeza y mi gozo. Amén.


Oración a San José por la Iglesia.

A ti, bienaventurado San José, acudimos en


nuestra tribulación, y después de implorar el
auxilio de tu santísima Esposa, solicitamos
también confiadamente tu patrocinio.
Por aquella caridad que con la Inmaculada
Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido y por el
paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús,
humildemente te suplicamos
que vuelvas benigno los ojos a la herencia
que con su sangre adquirió Jesucristo, y con tu
poder y auxilio socorras nuestras necesidades.
Protege, ¡oh providentísimo custodio de la
divina familia!, a la escogida descendencia de
Jesucristo: aparta de nosotros toda mancha de error y
de corrupción, asístenos propicio desde el cielo,
fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el
poder de las tinieblas; y como en otro tiempo
libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la
vida, así ahora defiende a la Iglesia santa de Dios
de las asechanzas de sus enemigos y de toda
adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con
perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo tuyo y
sostenidos por tu auxilio, podamos santamente
vivir, piadosamente morir y alcanzar en los cielos
la eterna bienaventuranza. Amén.

A San José.

Oh custodio y padre de vírgenes, San José,


a cuya fiel custodia fueron encomendadas
la misma inocencia, Cristo Jesús,
y la Virgen de las vírgenes, María.
Por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María,
te ruego y suplico me alcances que, preservado de
toda impureza, sirva siempre con alma limpia, corazón
puro, y cuerpo casto a Jesús y a María. Amén.


VII. Oraciones a los Ángeles Protectores

A San Miguel Arcángel.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha,


sé nuestro amparo contra la perversidad
y asechanzas del demonio.
Que Dios manifieste sobre él su poder,
es nuestra humilde súplica,
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
con el poder que Dios te ha conferido,
arroja al infierno a Satanás
y a los demás espíritus malignos
que vagan por el mundo
para la perdición de las almas. Amén.
Príncipe glorioso San Miguel del Milagro,
acuérdate de nosotros, ruega por nosotros,
bendícenos, cuídanos, defiéndenos
y socórrenos aquí; en todo lugar y siempre. Amén.

Ángel de Dios.

Ángel de Dios,
bajo cuya custodia me puso el Señor,
con amorosa piedad.
A mí que soy vuestro encomendado
alumbradme en este día,
guardadme, regidme y gobernadme. Amén.

Ángel de mi Guarda.
Ángel de mi guarda,
mi dulce compañía,
no me desampares ni de noche, ni de día;
hasta que descanse en los brazos
de Jesús, José y María. Amén.

A los Ángeles Custodios.

Visita, Señor, esta habitación:


Aleja de ella las insidias del enemigo;
que tus santos ángeles habiten en ella
y nos guarden en paz
y que tu bendición permanezca
siempre con nosotros.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.


VIII. Oraciones por los sacerdotes y las vocaciones

Preces por los Sacerdotes.

Tú sentiste la necesidad: mostraste los campos llenos; y estimulaste la oración para


conseguir operarios. Queremos cumplir tu deseo, usar el medio que nos indicaste.


- Para que sea constante la celebración de la Eucaristía; para que la tengamos en los
templos y nos guíen a venerarla; para que nos preparen a recibirla; y no nos falte el
manjar.
R. Danos más y mejores vocaciones. Que haya muchos y santos y sacerdotes.


- Para que visibilicen continuamente tu mediación de alabanza y acción de gracias a
Dios y perdón y dones a los hombres.
R. Danos más y mejores vocaciones. Que haya muchos y santos y sacerdotes.


- Para que siembren la salvación, los niños aprendan la fe, los jóvenes encuentren
apoyo, los adultos hallen fortaleza.
R. Danos más y mejores vocaciones. Que haya muchos y santos y sacerdotes.


- Para que purifiquen el mundo de mal; los pecadores se reconcilien y todos tengan
consejeros y celosos directores.
R. Danos más y mejores vocaciones. Que haya muchos y santos y sacerdotes.


- Para que los pobres tengan esperanza, los ricos caridad, y todos, cumplida la
justicia, nos amemos como hermanos.
R. Danos más y mejores vocaciones. Que haya muchos y santos y sacerdotes.


- Para que nuestros oídos escuchen tu palabra; veamos tu luz y sintamos tu fuerza.
R. Danos más y mejores vocaciones. Que haya muchos y santos y sacerdotes.


- Para que todo el mundo oiga tu pregón, en todo resuene tu gloria; el cielo se
pueble de santos.
R. Danos más y mejores vocaciones. Que haya muchos y santos y sacerdotes.


Oremos: Jesús Hermano y Redentor, por tu venida en humildad, tus trabajos y
alegrías, tu muerte y resurrección, concédenos muchos sacerdotes, fieles, llenos de
fervor, amigos de tu corazón; alienta la generosidad de los jóvenes, la comprensión y
ayuda de todos; haz comprender que la Iglesia vive por tus ministros y que hay que
ayudarla a tenerlos.
María, Madre del Sumo Sacerdote; San José, patrono de las vocaciones: que
perseveren los sacerdotes, se formen bien los seminaristas, que tengamos más y
mejores vocaciones.

Oraciones de San Juan Pablo II por las vocaciones.

I
¡Señor Jesús!, Pastor de nuestras almas, que continúas llamando con tu mirada de
amor a tantos y a tantas jóvenes que viven en las dificultades del mundo de hoy,
abre su mente para oír entre tantas voces que resuenan a su alrededor, tu voz
inconfundible, suave, y potente que también repite hoy «ven y sígueme».
Mueve el corazón de nuestra juventud a la generosidad y hazla sensible a las
esperanzas de los hermanos que piden solidaridad y paz, verdad y amor. Orienta el
corazón de los jóvenes hacia la radicalidad evangélica capaz de revelar al hombre
moderno las inmensas riquezas de su caridad.
¡Llámalos con tu bondad, para atraerlos a Ti!
¡Préndelos con tu dulzura, para acogerlos a Ti!
¡Envíalos con tu verdad, para conservarlos en Ti! Amén.


II
Oh Dios, que quisiste dar pastores a tu pueblo derrama sobre tu Iglesia el espíritu de
piedad y fortaleza, que suscite dignos ministros de tu altar y los haga testigos
valientes y humildes de tu Evangelio. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


III
Señor, Padre Santo. Tú que invitas a todos los fieles a alcanzar la caridad perfecta,
pero no dejas de llamar a muchos para que sigan más de cerca las huellas de tu Hijo,
concede a los que tú quieras elegir con una vocación particular, llegar a ser, por su
vida, signo y testimonio de tu reino ante la Iglesia y ante el mundo. Por Jesucristo
nuestro Señor. Amén.


IV
Señor, mira con amor a tu familia y acreciéntala con nuevas vocaciones para que
pueda conducir a sus hijos hacia la caridad perfecta y trabajar eficazmente por la
salvación de los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


V
¡Oh Virgen María!, a ti encomendamos nuestra juventud, en especial los jóvenes
llamados a seguir más de cerca a tu Hijo.
Tú conoces cuántas dificultades tienen ellos que afrontar, cuántas luchas, cuántos
obstáculos.
Ayúdales para que también ellos pronuncien su sí a la llamada divina. Como tú lo
hiciste a la invitación del ángel.
Atraelos a tu corazón para que puedan comprender contigo la hermosura y la
alegría que les espera cuando el Omnipotente les llame a su intimidad para
constituírlos en testigos de su amor y hacerlos capaces de alegrar a la Iglesia con su
consagración.
¡Oh Virgen María! concédenos a todos nosotros poder alegrarnos contigo al ver
que el amor que tu Hijo nos ha traído es acogido, custodiado y amado nuevamente.
Concédenos poder ver también en nuestros días las maravillas de la misericordiosa
acción del Espíritu Santo. Amén.


Por las vocaciones Sacerdotales y Religiosas.

¡Oh Jesús, pastor eterno de las almas, dígnate mirar con ojos de misericordia a esta
porción de tu grey amada!
¡Señor, gemimos en la orfandad!, danos vocaciones, danos sacerdotes y religiosos
santos. Te lo pedimos por la Inmaculada Virgen María de Guadalupe, tu dulce y
santa Madre.
¡Oh Jesús, danos sacerdotes y religiosos, según tu corazón!

Un sacerdote debe ser…

Muy grande y a la vez muy pequeño:


de espíritu noble como si llevara sangre real,
y sencillo como un labriego;
héroe, por haber triunfado de sí mismo
y hombre que llegó a luchar con Dios;
fuente inagotable de santidad,
y pecador a quien Dios perdonó;
señor de sus propios deseos,
y servidor de los débiles y vacilantes;
uno que jamás se doblegó ante los poderosos,
y se inclina, no obstante, ante los más pequeños;
dócil discípulo de su Maestro,
y caudillo de valerosos combatientes;
pordiosero de manos suplicantes,
y mensajero que distribuye oro a manos llenas;
animoso soldado en el campo de batalla,
y madre tierna a la cabecera del enfermo;
anciano por la prudencia de sus consejos,
y niño por su confianza en los demás;
alguien que aspira siempre a lo más alto,
y amante de lo más humilde...


Hecho para la alegría,
y acostumbrado al sufrimiento;
ajeno a toda envidia;
transparente en sus pensamientos,
sincero en sus palabras,
amigo de la paz,
enemigo de la pereza,
seguro de sí mismo.


(De un manuscrito medieval hallado en Salzburgo. Muy recomendado por San Juan
Pablo II a los Sacerdotes.)


IX. Oraciones varias

Por el Papa I, II.

I
Señor nuestro Jesucristo. Míranos reunidos en tu nombre. Como un día toda la
Iglesia «oraba incesantemente por Pedro», nos congregamos hoy orando todos por tu
Vicario y nuestro Pastor.
Tú le has elegido sobre nosotros, para que en él sigamos oyendo tu voz, y
aprendamos el camino de la Verdad y de la Vida.
Dígnate, Señor, conservarlo, protegerlo y santificarlo, para bien de tu Iglesia y de
todos los hombres.
Bendice todos sus trabajos e intenciones.
Tú, Señor, que prometiste a los Sucesores de Pedro la asistencia indefectible del
Espíritu Santo, derrama sobre el Papa toda la riqueza de sus dones.
Te pedimos, Señor, que nuestro Santo Padre sea «el hombre enviado por Dios»
para que todos crean por él y colme tu gozo de ver un solo rebaño y un solo Pastor.
Imprime tu eficacia omnipotente a su palabra para que «por la obediencia a la
verdad», que incesantemente nos predica, «purifiquemos nuestras almas para una
caridad sincera» y la paz de Cristo reine en las naciones, en las familias y en los
individuos.
Santa María, Reina de los Apóstoles, ruega por el Papa.


II
¡Oh Dios!, mira con bondad a nuestro Santo Padre, el Papa N. Acepta nuestras
oraciones y sacrificios por su vida y ministerio. Aumenta en nosotros el honor y el
respeto, la obediencia y la fidelidad, la devoción y el amor al Sucesor de Pedro,
porque donde está Pedro, allí está la Iglesia; y donde está la Iglesia, no hay muerte,
sino vida eterna. Amén.

Oración por el Obispo.


¡Oh Dios, eterno Pastor de los fieles, que diriges y gobiernas a tu Iglesia con
providencia y amor!; te rogamos concedas a tu siervo N., a quien pusiste al frente de
tu pueblo, la gracia de presidir, en nombre de Cristo, la grey que pastorea, y ser
maestro fiel de la verdad, sacerdote de los sagrados misterios y ministro del Santo
servicio. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración por el Párroco.

Oh Dios, Pastor y Guía de todos los fieles, mira con benevolencia a nuestro querido
Párroco, que has colocado al frente de los intereses espirituales de nuestro pueblo.
Concédele, te pedimos, la gracia de hacernos adelantar con sus palabras y con su
ejemplo, para que, de esta manera, goce un día de la vida eterna, con todos los que
le hemos sido confiados.
Te lo pedimos por Cristo Jesús.

Oración por la Paz en nuestra Patria.

Señor Jesús, Tú eres nuestra paz,


mira nuestra Patria dañada por la violencia
y dispersa por el miedo y la inseguridad.
Consuela el dolor de quienes sufren.
Da acierto a las decisiones de quienes nos gobiernan.
Toca el corazón de quienes olvidan que somos hermanos
y provocan sufrimiento y muerte.
Dales el don de la conversión.
Protege a las familias,
a nuestros niños, adolescentes y jóvenes,
a nuestros pueblos y comunidades.
Que como discípulos misioneros tuyos,
ciudadanos responsables,
sepamos ser promotores de justicia y de paz,
para que en Ti, nuestro pueblo tenga vida digna. Amén.

María, Reina de la Paz, ruega por nosotros.

Por la Patria.

Dios, Padre nuestro, que con admirable providencia gobiernas el mundo; atiende
nuestros ruegos por la patria (ciudad), para que la sabiduría de sus autoridades y la
honestidad de sus ciudadanos robustezcan la concordia y la justicia, y podamos vivir
en la paz y en progreso constante. Por nuestro Señor.

Oración por la Patria (Argentina).

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Nos sentimos heridos y agobiados.


Precisamos tu alivio y fortaleza. Queremos ser nación, una nación cuya identidad
sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común. Danos la valentía de
la libertad de los hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a
los pobres y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y
construyendo la paz. Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza
que no defrauda. Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor, cercanos a María, que
desde Luján nos dice: ¡Argentina! ¡Canta y camina! Jesucristo, Señor de la historia,
te necesitamos. Amén.

Por los que gobiernan I, II.

I
Dios todopoderoso y eterno, que tienes en tu mano los corazones de los hombres y
los derechos de los pueblos; mira con piedad a los que nos gobiernan, para que
reinen en toda la tierra, por tu misericordia, la prosperidad, la paz y la libertad. Por
nuestro Señor.

II
Te pedimos, Señor, por todos los que tienen en sus manos los destinos de los
hombres sobre la tierra, por todos los depositarios del poder temporal.
Haz que comprendan su función de promotores del orden y la paz en el mundo,
y reconozcan que tú eres el Padre de todos los hombres, el que conduce toda la
historia humana, el que inclina los corazones a la bondad, el que bendice el pan,
santifica el trabajo y el dolor y nos da la alegría y el remedio que ellos no pueden
dar.
No teman que tu Iglesia usurpe sus prerrogativas y déjenla libre para creer y
predicar la fe, para amarte y servirte, para llevar a los hombres el mensaje de vida,
para extender por todas partes, sin trabas, la buena nueva del Evangelio de la paz. Y
que nosotros, honrando su autoridad y respetando su función, seamos siempre
ciudadanos leales en el cumplimiento de las leyes justas, y promovamos la paz y el
progreso.
Por Jesucristo Nuestro Señor.

Por los fieles laicos.

Señor Dios Nuestro, que pusiste como fermento en el mundo la fuerza del
Evangelio, concede a cuantos has llamado a vivir en medio de los afanes temporales,
que encendidos de espíritu cristiano, se entreguen de tal modo a su tarea en el
mundo que con ella construyan y proclamen tu reino.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.

De los Esposos I, II.

I
Señor, Padre Santo, Dios omnipotente y eterno, te damos gracias y bendecimos tu
santo nombre; Tú has creado al hombre y a la mujer para que el uno sea para el
otro, ayuda y apoyo. Acuérdate hoy de nosotros.
Protégenos y concédenos que nuestro amor sea entrega y don, a imagen de Cristo
y de la Iglesia. Ilumínanos y fortalécenos en la tarea de la formación de nuestros
hijos, para que sean auténticos cristianos y constructores esforzados de la ciudad
eterna.
Haz que vivamos juntos largo tiempo, en alegría y paz, para que nuestros
corazones puedan elevar siempre hacia Ti, por medio de tu Hijo en el Espíritu
Santo, la alabanza y acción de gracias. Amén.


II
Señor Jesús, tú nos has unido por el sacramento del Matrimonio. Te damos gracias.
Gracias por todas las alegrías que nacen de la recíproca comunión; gracias por
nuestros hijos y por la paz de nuestro hogar. Te pedimos: que mantengas vivo cada
día, nuestro amor; no permitas que se pierda a causa de la monotonía o de la
actividad de la vida. No permitas que jamás nos falte algo que comunicarnos y que
vivamos el uno junto al otro como extraños.
Enséñanos cómo podemos cada día avivar nuestra vida en común, y haz que
siempre sepamos perdonarnos y que podamos siempre ayudarnos en nuestras
decisiones. Danos fuerza para poder enfrentarnos juntos a todas las penas, como a
todas las pruebas. Señor, te pedimos que renueves en cada uno de nosotros, cada
día, tu amor. Amén.

En el Aniversario del Matrimonio.

¡Oh Dios, Señor del universo!, que al principio creaste al hombre y a la mujer e
instituiste el vínculo conyugal; bendice y confirma nuestro amor, para que
expresemos siempre en nuestra vida el sacramento que celebramos en la fe.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

En la espera de un hijo.
¡Oh Señor, Padre nuestro!, te damos gracias por el don maravilloso con el cual nos
haces partícipes de tu divina paternidad.
En este tiempo de espera, te pedimos; protege este hijo nuestro, lleno aún de
misterio, para que nazca sano a la luz del mundo y al nuevo nacimiento del
bautismo.
Madre de Dios, a tu corazón maternal confiamos nuestro hijo. Amén.

Por la vocación de los hijos.

Señor te pido por las vocaciones de mis hijos, que sea cual sea la que hayas
determinado para cada uno de ellos, obtengan la gracia de descubrirla y aceptarla
conforme a tu voluntad, y se entreguen dócil y generosamente a ella, cumpliendo
fielmente los deberes que la misma les imponga.
Y si en tu infinita bondad quisieses llamarles a tu servicio, fórmame Señor, un
corazón generoso y dispuesto que aprecie en su magnitud el don inigualable de la
vocación sacerdotal y de la vida consagrada.
Dame Señor la alegría y la humildad de reconocer y de agradecer tan fecunda
bendición. Amén.

Por los hijos.

Señor, ilumina la mente de nuestros hijos para que conozcan el camino que Tú has
querido para ellos, para que te puedan dar gloria y alcancen la salvación.
Sosténlos con tu fuerza, para que alienten en su vida los ideales de tu reino.
Ilumínanos también a nosotros, sus padres, para que les ayudemos a reconocer su
vocación cristiana y a realizarla generosamente, colaborando con tus inspiraciones
interiores. Amén.

De los hijos.
Oh Dios, que nos has mandado honrar padre y madre, escucha con benevolencia la
oración que te dirigimos por ellos.
Concédeles largos días de vida en la tierra, y consérvales la salud del cuerpo y del
espíritu.
Bendice sus fatigas y sus iniciativas. Recompénsales por todo lo que han hecho
por mí.
Inspírales el amor y la práctica de tu Santa Ley.
Ayúdame a hacer todo lo que pueda por ellos y haz que después de haber gozado
de su afecto en la tierra, tenga la alegría de vivir eternamente con ellos en el cielo.
Amén.

De los novios.

En mi corazón, Señor, se ha encendido el amor por una criatura que tú conoces y


amas. Tú mismo me la has hecho encontrar y me la has presentado.
Te doy gracias por este don que me llena de alegría profunda, me hace semejante
a ti, que eres amor, y me hace comprender el valor de la vida que me has dado.
Haz que no malgaste esta riqueza que Tú has puesto en mi corazón: enséñame
que el amor es don y que no puede mezclarse con ningún egoísmo; que el amor es
puro y que no puede quedar en ninguna bajeza; que el amor es fecundo y desde hoy
debe producir un nuevo modo de vivir en los dos. Te pido Señor, por quien me
espera y piensa en mí; por quien ha puesto en mí toda la confianza para su futuro;
por quien camina a mi lado; haznos dignos el uno del otro; que seamos ayuda y
modelo.
Ayúdanos en nuestra preparación al matrimonio, a su grandeza, a su
responsabilidad, a fin que desde ahora nuestras almas dominen nuestros cuerpos y
los conduzcan en el amor. Amén.

Del joven por ella.

Tú sabes, Madre, que en mi juventud nueva, ha nacido en mi frente una estrella. Y


por eso...
Hoy vengo a pedirte por ella.
Por aquella muchacha que ha de ser mi esposa.
Guárdala en tu regazo pura y bella, libre del cieno inmundo, y en sus ojos
claros... una luz misteriosa.
Yo en cambio:
Te Prometo conservarme —con tu ayuda— digno de ella.
Ser luminoso y viril, como una antorcha.
Limpio como una estrella.
Como un lirio altivo montando mi guardia. Amén.

De los novios a la Virgen.

Madre nuestra, en tu nombre hemos unido nuestros corazones.


Queremos que presidas nuestro amor; que defiendas, conserves y aumentes
nuestra ilusión. Quita de nuestro camino cualquier obstáculo que haga nacer la
sombra o las dudas entre los dos.
Apártanos del egoísmo que paraliza el verdadero amor.
Líbranos de la ligereza que pone en peligro la Gracia en nuestras almas.
Haz que, abriéndonos nuestras almas, merezcamos la maravilla de encontrar a
Dios el uno en el otro.
Haz que nuestro trabajo sea ayuda y estímulo para lograrlo plenamente. Conserva
la salud de nuestros cuerpos. Resuelve nuestras necesidades materiales.
Y haz que el sueño de un hogar nuevo y de unos hijos nacidos de nuestro amor y
del cuerpo, sean realidad y camino que nos lleve rectamente a tu Corazón. Amén.

Oración para pedir pureza (varones).

Señor Jesús:
Tú me has enseñado que estoy hecho para amar y ser amado, y que el amor
verdadero sólo puede florecer allí donde hay pureza, respeto y dominio de sí.
Ayúdame a ser hombre de verdad, a defender a las mujeres, a luchar por su
dignidad e integridad.
Ayúdame también a purificar cada vez más mi mirada para ver a las mujeres no
como un objeto de placer, sino como hijas amadas de tu Padre.
Ayúdame a vivir la castidad con mi enamorada (novia), a demostrarle que por
amor a ella estoy dispuesto a dominarme a mí mismo y esperar hasta el matrimonio
para crecer en un amor más puro, libre y maduro.
Fortaléceme, Señor, para que pueda cuidar mi pureza en medio de una
civilización saturada de elementos de hedonismo, egocentrismo y sensualidad.
De la pornografía ayúdame a huir, con la conciencia de que es un veneno y una
plaga que destruye a las personas y degrada mi capacidad de amar.
Señor, yo te prometo luchar con firmeza; concédeme Tú la gracia para vivir la
castidad de mente, corazón y cuerpo, y así poder amar cada día más con un amor
que se asemeje cada vez más al Tuyo.
¡Que así sea! Amén.

Para antes del estudio (Santo Tomás de Aquino).

¡Oh inefable Creador nuestro, que con los tesoros de tu sabiduría formaste tres
jerarquías de ángeles y las colocaste con orden admirable en el empíreo cielo, y
distribuiste las partes de todo el universo con suma elegancia!
Tú, Señor, que eres la verdadera fuente de luz y de sabiduría y el soberano
principio de todo, dígnate infundir sobre las tinieblas de mi entendimiento el rayo
de tu claridad, removiendo de mí las dos clases de tinieblas en que he nacido: el
pecado y la ignorancia.
Tú, que haces elocuentes las lenguas de los infantes, instruye mi lengua y difunde
en mis labios la gracia de tu bendición.
Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para
aprender, sutileza para interpretar, gracia y abundancia para hablar.
Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar.
¡Oh Señor!, que vives y reinas, verdadero Dios y hombre, por los siglos de los
siglos. Amén.

Para pedir la Sabiduría (Sb 9: 1-6, 9-11).


Dios de los padres y Señor de la misericordia, que con tu palabra hiciste todas las
cosas, y en tu sabiduría formaste al hombre para que dominase sobre tus criaturas, y
para regir el mundo con santidad y justicia y para administrar justicia con rectitud
de corazón: Dame la sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de
tus siervos, porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva, hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes. Pues aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los hombres, sin la sabiduría, que procede de ti, será estimado en
nada. Contigo está la sabiduría conocedora de tus obras, que te asistió cuando hacías
el mundo, y que sabe lo que es grato a tus ojos y lo que es recto según tus preceptos.
Mándala de tus santos cielos y de tu trono de gloria envíala, para que me asista en
mis trabajos y venga yo a saber lo que te es grato. Porque ella conoce y entiende
todas las cosas, y me guiará prudentemente en mis obras y me guardará en su
esplendor.

Súplica a la Virgen para el estudio (Santo Tomás de Aquino).

¡Oh María, Madre mía, trono de la sabiduría eterna!; alcánzame la gracia de estudiar
con aplicación, de aprender con facilidad y de retener con firmeza y seguridad, para
gloria de Dios y salvación de mi alma. Amén.

Para santificar el trabajo.

Oh Dios, que has llamado a los hombres a cooperar, mediante el trabajo diario al
designio inmenso de tu creación: concédenos desarrollar nuestra actividad con
espíritu cristiano, para que, haciéndola con perfección y amor a Ti, nos sirva para
santificarnos, glorificándote, colaborando con tu obra en el mundo, y sirviendo a
nuestros hermanos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.


Por los enfermos.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo Unigénito soportara nuestras debilidades, para


poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia; escucha ahora las
plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos, y concede a cuantos se
hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad, la gracia de sentirse elegidos
entre aquellos que tu Hijo ha llamado dichosos, y de saberse unidos a la pasión de
Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.

Por los que sufren.

¡Oh Dios, refugio providente de los que sufren!; escucha la oración que te dirigimos
por ellos. Serena y conforta a los enfermos, a los ancianos y a los moribundos.
Da a los que les cuidan sabiduría y paciencia, tacto y compasión. Inspírales los
gestos que dan alivio, las palabras que iluminan y el amor que conforta.
Te encomendamos los corazones desalentados, en rebeldía, desgarrados por la
tentación, atormentados por la pasión, heridos o profanados por la maldad de los
hombres.
Pon dentro de nosotros, Señor, tu Espíritu de amor, de comprensión, de
sacrificio, para que llevemos ayuda eficaz a todos aquellos que encontramos en
nuestro camino sufriendo.
Ayúdanos a responder a su llamada que es la tuya. Amén.


En las dificultades de la vida.

Señor, haz que afrontemos con ánimo fuerte y sereno las dificultades, las
obligaciones y las responsabilidades que tenemos y, consolados por ti, sepamos
confortar a nuestros hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Para pedir la gracia de una buena muerte.


¡Oh Dios, que nos has creado a imagen tuya y has entregado a tu Hijo a la muerte
por nosotros!, concédenos la gracia de vivir vigilando en oración, para que podamos
salir sin pecado de este mundo y descansar con alegría en el regazo de tu
misericordia. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Por un difunto.

Señor, recuerda a tu hijo (hija), a quien Tú llamaste de este mundo a tu presencia,


concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta
también con Él la gloria de la resurrección, cuando Cristo haga surgir de la tierra a
los muertos y transforme nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Por
el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

Yo confieso.

Yo confieso,
ante Dios Todopoderoso,
y ante vosotros hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión,
por mi culpa, por mi culpa,
por mi gran culpa,
por eso ruego a Santa María siempre Virgen,
a los Ángeles, a los Santos y a vosotros
hermanos, que intercedáis por mí,
ante Dios Nuestro Señor. Amén.

Señor mío Jesucristo.

Señor mío Jesucristo: Dios y hombre verdadero,


Creador y Redentor mío; por ser vos quien sois,
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberos ofendido;
propongo enmendarme y confesarme
a su tiempo, confío en vuestra bondad
y misericordia infinitas que me perdonaréis
por vuestra preciosa sangre y me daréis gracia
para nunca más pecar. Amén.

Eterno Señor (San Ignacio de Loyola).

Eterno Señor de todas las cosas, yo hago mi oblación, con vuestro favor y ayuda,
delante de vuestra infinita bondad y delante de vuestra Madre Gloriosa y de todos
los santos y santas de la corte celestial: que yo quiero, y deseo, y es mi determinación
deliberada con tal de que sea vuestro mayor servicio y alabanza, imitaros en pasar
toda clase de injurias, y todo menosprecio y toda pobreza, así actual como espiritual,
si vuestra santísima majestad me quiere elegir y recibir en tal vida y estado
(Ejercicios Espirituales, 97).

Aspiraciones de Santa Teresa de Jesús.

Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene
nada le falta.


Oblación de sí mismo (San Ignacio de Loyola).

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi


voluntad, todo mi haber y mi poseer; vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno; todo
es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que ésta
me basta (Ejercicios Espirituales, 234).

Bendiciones para antes y después de los alimentos.

(Antes)
Bendice Señor, a nosotros,
y a estos alimentos que recibimos de tus manos.
Padrenuestro...
El rey de la gloria eterna, nos haga partícipes de su mesa celestial. Amén.
(Después)
Te damos gracias Omnipotente Dios por todos tus beneficios.
Tú que vives y reinas, por los siglos de los siglos. Amén.
- El Señor nos dé su paz.
- Y la vida eterna. Amén.

Antes de un viaje.

Señor, que llenas todo lugar con tu presencia: acompáñame en este viaje, para que
llegue a mi destino y vuelva a casa sano y salvo. Que mi viaje sea un anuncio de
alegría a todos los que encuentre, un mensaje de esperanza, un testimonio de vida
cristiana. Amén.

Oración a San Juan Bosco.


San Juan Bosco, amigo y padre de la juventud, yo invoco tu protección sobre todos
los jóvenes de nuestro tiempo. Tú has querido mucho a los jóvenes y a ellos has
dedicado toda tu vida y los has orientado en el camino del bien, de la castidad y de
la oración. Te pido que continúes también hoy desde el cielo con tu misión de
salvación. Haz que nuestros jóvenes crezcan sanos y generosos, que rechacen las
ocasiones del mal, que se empeñen con todo su entusiasmo en vivir plenamente la
vida cristiana para que sean siempre auténticos testimonios de Cristo Jesús. Amén.

Oración en la Ruta.

Jesucristo,
Maestro y amigo:
Somos viajeros a la inmortalidad
que estamos ya en ruta.
Orienta nuestro camino,
impulsa nuestro entusiasmo
y haz, Señor,
que pasemos por el mundo
sembrando el bien.
Santa María de la juventud nueva,
danos un corazón noble y generoso,
una mirada transparente,
una vida fecunda.
¡Santa María de las almas grandes!
¡Estamos en ruta!
¡Santa María de la juventud!
¡En ruta hacia Dios! Amén.

Oración de la Cumbre.

¡Señor de las cumbres,


mi Dios de las montañas!
Frente al cielo inmenso
escabel de tus pies,
yo digo mi oración encendida:
Hazme un joven ávido de altura y plenitud,
recio como estos picachos altivos,
amigo del silencio,
contemplador de estrellas.
Hazme generoso;
que me quede en la cumbre;
que baje iluminado, lleno de tu verdad
y ayude en el valle a mis hermanos.
Dame un corazón grande como el horizonte,
indómito para la injusticia y la mentira,
sediento de infinito
que sólo en ti se sacie. Amén.


X. Devociones Populares

El Santo Rosario.

«El Santo Rosario es mi oración mariana predilecta. ¡Plegaria maravillosa!


Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. En esa plegaria repetimos muchas
veces las palabras que la Virgen oyó del Arcángel y de su prima Isabel. Y en el
trasfondo de las avemaría, pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la
vida de Jesucristo. El Rosario en su conjunto consta de los Misterios Gozosos,
Luminosos, Dolorosos, y Gloriosos, y nos pone en comunión vital con Jesucristo a
través del Corazón de su Madre». (Juan Pablo II).

Oraciones iniciales.

V. Por la señal + de la Santa Cruz, de nuestros + enemigos líbranos, + Señor Dios


nuestro. En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espiritu Santo. Amén.
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
V. Dios mío ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.
V. Señor mío Jesucristo.
R. Dios y hombre verdadero, me pesa de todo corazón de haber pecado, porque he
merecido el infierno y perdido el cielo, y sobre todo, porque te ofendí a ti, que eres
bondad infinita, a quien amo sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu
gracia, enmendarme y alejarme de las ocasiones de pecar, confesarme y cumplir la
penitencia. Confío me perdonarás por tu infinita misericordia. Amén.
V. Abre, Señor, mis labios.
R. Para alabar tu nombre, y el de tu Santa Madre.
V. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

El que Guía, anuncia los misterios que se van a meditar: de gozo, de luz, de dolor o
de Gloria y antes de cada decena se va anunciando el Misterio, rezando el
padrenuestro y a continuación diez avemaría y un Gloria al Padre. Al final de cada
Misterio, se acostumbra rezar alguna jaculatoria:


V. María, Madre de gracia, Madre de Misericordia.
R. En la vida y en la muerte, ampárame, gran Señora.


O ésta que pidió la Virgen de Fátima:


¡Oh Jesús mío! Perdona nuestras culpas, presérvanos del fuego del infierno, lleva al
cielo a todas las almas, socorre especialmente a las más necesitadas de tu
misericordia.


O cuando el Rosario es por algún difunto:


V. Dale, Señor, el descanso eterno.
R. Y brille para él (ella) la luz perpetua.
V. Descanse en paz.
R. Así sea.

Misterios de Gozo.

Lunes y Sábado

1. Primer misterio de gozo: La Encarnación del Hijo de Dios (Lc 1: 37).


2. Segundo misterio de gozo: La visita de la Virgen María a Santa Isabel (Lc 1: 39-
56).
3. Tercer misterio de gozo: El nacimiento del Niño Jesús (Lc 2: 1-20).
4. Cuarto misterio de gozo: La presentación del Niño Jesús en el Templo (Lc 2: 22-
40).
5. Quinto misterio de gozo: El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo (Lc 2:
41-52).

Misterios de Luz.

Jueves

1. Primer misterio de luz: El bautismo de Jesús en el Jordán (Mt 3: 13-17).


2. Segundo misterio de luz: Jesús se da a conocer en las bodas de Caná (Jn 2: 1-12).
3. Tercer misterio de luz: Jesús anuncia el Reino de Dios invitando a la conversión
(Mc 1: 15).
4. Cuarto misterio de luz: La Transfiguración de Jesús (Lc 9: 35).
5. Quinto misterio de luz: La institución de la Eucaristía, expresión sacramental del
Misterio Pascual (Jn 13: 1).

Misterios de Dolor.

Martes y Viernes

1. Primer misterio de dolor: La oración de Jesús en el huerto (Mc 14: 22-42).


2. Segundo misterio de dolor: La flagelación de nuestro Señor Jesucristo (Mc 15: 1-
15).
3. Tercer misterio de dolor: Jesús es coronado de espinas (Mc 15: 16-20).
4. Cuarto misterio de dolor: Jesús con la cruz a cuestas (Mc 15: 21-28).
5. Quinto misterio de dolor: La Crucifixión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
(Mc 15: 29-39).

Misterios de Gloria.

Miércoles y Domingo

1. Primer misterio de gloria: La Resurrección del Hijo de Dios (Mt 28: 1-8).
2. Segundo misterio de gloria: La Ascensión del Hijo de Dios (Hch 1: 6-11).
3. Tercer misterio de gloria: La venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles (Hch
2: 1, 13).
4. Cuarto misterio de gloria: La Asunción de María (Ap 12: 1).
5. Quinto misterio de gloria: La Coronación de nuestra Señora, como Reina de
cielos y tierra (Lc 1: 46-50).


Al terminar los cinco misterios se rezan tres avemaría, en la forma que a
continuación se indica, y la Letanía Lauretana.


Dios te salve María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen purísima antes del parto,
en tus manos ponemos nuestra fe para que la ilumines, llena eres de gracia...


Dios te salve María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen purísima durante el
parto, en tus manos ponemos nuestra esperanza para que la alientes, llena eres de
gracia...


Dios te salve María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen purísima
después del parto, en tus manos ponemos nuestra caridad para que la inflames, llena
eres de gracia...


Dios te salve María Santísima, Templo, Trono y Sagrario de la Santísima Trinidad,
Virgen concebida en gracia sin la culpa del pecado original. Dios te salve, San José,
esposo de María Virgen y Madre. Amén.


¡Dios te salve Reina, Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra! ¡Dios te salve!
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.
Y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh Clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas
de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Letanías de la Santísima Virgen.

Señor, ten piedad de nosotros.


Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre Celestial que eres Dios.
Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo que eres Dios.
Ten piedad de nosotros.
Espíritu Santo que eres Dios.
Ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios.
Ten piedad de nosotros.
Santa María.
Ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios.
Ruega por nosotros.
Santa Virgen de las vírgenes.
Ruega por nosotros.
Madre de Jesucristo.
Ruega por nosotros.
Madre de la divina gracia.
Ruega por nosotros.
Madre purísima.
Ruega por nosotros.
Madre castísima.
Ruega por nosotros.
Madre Virgen.
Ruega por nosotros.
Madre Inmaculada.
Ruega por nosotros.
Madre amable.
Ruega por nosotros.
Madre admirable.
Ruega por nosotros.
Madre del Buen Consejo.
Ruega por nosotros.
Madre del Creador.
Ruega por nosotros.
Madre del Salvador.
Ruega por nosotros.
Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
Virgen prudentísima.
Ruega por nosotros.
Virgen venerable. (Virgen digna de veneración)
Ruega por nosotros
Virgen laudable. (Virgen digna de alabanza)
Ruega por nosotros.
Virgen poderosa.
Ruega por nosotros.
Virgen misericordiosa.
Ruega por nosotros.
Virgen fiel.
Ruega por nosotros.
Espejo de justicia. (Espejo de santidad)
Ruega por nosotros.
Trono de la Sabiduría.
Ruega por nosotros.
Causa de nuestra alegría.
Ruega por nosotros.
Vaso espiritual. (Templo del Espíritu Santo)
Ruega por nosotros.
Vaso digno de honor. (Honor de los pueblos)
Ruega por nosotros.
Vaso Insigne de devoción. (Modelo de entrega a Dios)
Ruega por nosotros.
Rosa Mística.
Ruega por nosotros.
Torre de David. (Fuerte como la Torre de David)
Ruega por nosotros.
Torre de Marfil. (Hermosa como Torre de marfil)
Ruega por nosotros.
Casa de Oro.
Ruega por nosotros.
Arca de la alianza. (Arca de la Nueva Alianza)
Ruega por nosotros.
Puerta del cielo.
Ruega por nosotros.
Estrella de la mañana.
Ruega por nosotros.
Salud de los enfermos.
Ruega por nosotros.
Refugio de los pecadores.
Ruega por nosotros.
Consoladora de los afligidos.
Ruega por nosotros.
Auxilio de los Cristianos.
Ruega por nosotros.
Reina de los Ángeles.
Ruega por nosotros.
Reina de los Patriarcas.
Ruega por nosotros.
Reina de los Profetas.
Ruega por nosotros.
Reina de los Apóstoles.
Ruega por nosotros.
Reina de los Mártires.
Ruega por nosotros.
Reina de los Confesores.
Ruega por nosotros.
Reina de las Vírgenes.
Ruega por nosotros.
Reina de todos los Santos.
Ruega por nosotros.
Reina concebida sin pecado original.
Ruega por nosotros.
Reina elevada al cielo en cuerpo y alma.
Ruega por nosotros.
Reina del Santísimo Rosario.
Ruega por nosotros.
Reina de la paz.
Ruega por nosotros.
Reina de México.
Ruega por nosotros.
Reina de los Cruzados de Cristo Rey.
Ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad y misericordia de nosotros.


V. Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todos los peligros,
oh Virgen gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
V. Oh Dios, cuyo Unigénito Hijo, con su vida, muerte y resurrección, nos alcanzó
el premio de la vida eterna: concédenos, a los que recordamos estos misterios del
Santo Rosario, imitar lo que contienen y alcanzar lo que prometen. Por el mismo
Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Ofrecimiento del Santo Rosario.

Por estos Misterios santos de que hemos hecho recuerdo, te pedimos, ¡oh María!, de
la Fe Santa el aumento; la exhaltación de la Iglesia; del Papa el mejor acierto; de la
Nación Mexicana, la unión y feliz gobierno. Que el gentil conozca a Dios, que el
hereje reconozca sus errores. Que todos los pecadores tengamos, arrepentimiento.
Que los cristianos perseguidos puedan practicar su fe. Goce puerto el navegante y de
salud el enfermo. Que en el Purgatorio gocen las ánimas refrigerio. Y que este santo
ejercicio tenga aumento en toda la cristiandad, para que alcancemos por su medio,
el ir a alabar a Dios en tu compañía en el cielo. Amén.
Concede, oh Señor y Dios Nuestro a los que somos tus siervos que gocemos
siempre de la salud del alma y del cuerpo, y que por la Gloriosa Virgen María
gocemos prontamente de la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Viacrucis.

Preparación
Jesús llegó con sus discípulos al huerto llamado Getsemaní y dijo a los discípulos:
«Quédense aquí mientras yo voy a orar más allá». Se llevó consigo a Pedro y a los
hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: «Mi alma
está llena de una tristeza mortal. Quédense aquí y velen conmigo». Avanzó unos
pasos más y se postró en tierra y comenzó a orar, diciendo: «Padre mío, si es posible,
que pase de mí este cáliz, pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».
(Mt 26: 39).

Ofrecimiento
Por la señal...
Señor mío Jesucristo...
¡Jesús mío, que por mi amor quisiste caminar fatigado y afligido, con el pesado
madero de la cruz!
En memoria y reverencia de lo que por mí padeciste en aquel áspero camino, te
ofrezco los pasos que en él diere, unidos a tus infinitos merecimientos, con la
intención de ganar las indulgencias concedidas. Para este fin, te suplico y ruego por
el remedio de las graves necesidades encomendadas por los sumos pontífices.


1.ª Estación.


Jesús es condenado a muerte
V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.


«Si sueltas a Jesús, gritan los judíos, no eres amigo del César, porque todo aquel que
se hace rey se rebela contra el César».
Viendo Pilatos que nada adelantaba, sino que el alboroto se iba haciendo mayor,
mandó le trajesen agua; y lavándose las manos ante el pueblo dijo: «Inocente soy de
la sangre de este justo. Allá ustedes». Y toda la turba gritaba: «¡Caiga su sangre sobre
nosotros y sobre nuestros hijos!» Entonces Pilatos les entregó a Jesús para que lo
crucificasen.


¡Jesús, que quisiste ser tratado como malhechor delante del pueblo, escuchando la
sentencia de muerte que contra ti daba el injusto juez! Te suplicamos, Señor, que
por esta mansedumbre tuya mortifique yo mi soberbia, para que sufriendo con
humildad las afrentas de esta vida, logre la eterna. Amén.
Padrenuestro, avemaría y Gloria.


2.ª Estación.


Jesús, con la cruz a cuestas
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Después de haberse burlado de Jesús, los soldados lo arrastraron hasta fuera de la
ciudad para crucificarlo; y Jesús, cargando con la cruz, se puso en camino hacia el
cerro llamado del Calvario. ¡Lleva su cruz para descargarme a mí de ella! Delante de
él va un soldado que lleva la inscripción que indica la causa del suplicio: «Jesús
nazareno rey de los judíos».
¡Señor, Rey de los cielos, que sufriste al ser entregado a la voluntad de los judíos
para ser cruelmente atormentado y recibiste el grave peso de la cruz! Te ruego,
Señor, que tome yo gustoso la cruz de la penitencia, para que logre contemplarte
eternamente en el cielo. Amén.
Padrenuestro, avemaría y Gloria.


3.ª Estación.


Jesús cae por primera vez
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Las fuerzas de Jesús estaban exhaustas después de la agonía en el huerto de los
Olivos y de los malos tratamientos de la noche en casa de los sumos sacerdotes y de
la flagelación y coronación de espinas. El peso de la cruz debilita más sus fuerzas
físicas y por eso cae y desfallece extenuado.
Amabilísimo Jesús, que fatigado con la cruz caíste en tierra, oprimido por el grave
peso de ella, para que conociésemos la gravedad de nuestros pecados, figurados en
aquel madero. Te ruego que me levante yo del pecado y que esté siempre firme en el
cumplimiento de tus mandamientos. Amén.
Padrenuestro, avemaría y Gloria.


4.ª Estación.

Jesús encuentra a su Madre
V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Nos dice una antigua tradición que María estaba al lado del camino por donde
pasaba Jesús y todo su cortejo, viéndose presa entonces de un inmenso dolor. Una
espada de siete filos traspasó el alma de María que gemía sumida en la más profunda
aflicción.
¿Quién de nosotros podría contener las lágrimas, si viera a la Madre de Cristo en
tamaño suplicio?
¡Señora la más atribulada de las madres! Por el cruel dolor que traspasó tu corazón
mirando a Jesús, tu Hijo, afeado su rostro, abatido su cuerpo y hecho oprobio de los
hombres, te ruego, Madre afligida, que, pues fui la causa de tus dolores, los llore
amargamente. Amén.
Padrenuestro, avemaría y Gloria.


5.ª Estación.


El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Era de temer que, dada la extrema fatiga de Jesús, no pudiese llegar hasta el sitio
de la ejecución. Así que, cuando los soldados salieron de la ciudad, tropezaron con
un tal Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que volvía a su granja, y lo
forzaron brutalmente a llevar la cruz del Salvador, cargándosela sobre sus hombros.
¡Amantísimo Jesús! Pues por mi amor llevaste tan pesada cruz, y quisiste que en la
persona del Cirineo te ayudásemos a llevarla, te suplico, Señor, me abrace con la
cruz de la abnegación de mí mismo, para que, siguiendo tus pasos, consiga los gozos
eternos. Amén.
Padrenuestro, avemaría y Gloria.


6.ª Estación.

La Verónica limpia el rostro de Jesús
V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Cuenta una piadosa tradición que al pasar la comitiva, una mujer se metió por
entre la alborotada turba, acercóse al Salvador y con un velo que llevaba le enjugó el
sudor de su cara, y que Jesús, como para pagar aquel servicio, dejó impresos en el
velo de la Verónica los rasgos de su santa faz. Esa mujer será siempre el tipo de las
nobles y santas osadías.
¡Señor mío Jesucristo, a quien estando afeado con las inmundas salivas, limpió el
sudor aquella piadosa mujer con un lienzo blanco, en el cual quedó impreso tu
rostro! Te suplico, Señor que estampes en mi alma tu santísima imagen y me des tu
favor para conservarla siempre. Amén.
Padrenuestro, avemaría y Gloria.


7.ª Estación.


Jesús cae por segunda vez
V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Desde este momento el camino se hace muy penoso por aquellas calles
resbaladizas y estrechas de Jerusalén. La extrema debilidad de Jesús, el calor de
mediodía, la subida, los estorbos del camino, las brutalidades de la soldadesca, las
burlas de los judíos y sobre todo el peso de la cruz explican la recaída del Salvador.
¡Santísimo Jesús, que por la fatiga grande de tu atormentado cuerpo caíste por
segunda vez con la cruz! Te suplico, Señor, me hagas conocer el inmenso peso que
tienen mis pecados, y me des tu gracia para que no me arrastren a las penas eternas.
Amén.
Padrenuestro, avemaría y Gloria.


8.ª Estación.


Jesús consuela a las hijas de Jerusalén
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Una muchedumbre seguía a Jesús, y entre ella había mujeres que lloraban y se
condolían de él. Entonces se volvió a ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloren
por mí, sino por ustedes y sus hijos; porque si esto pasa en el árbol verde ¿qué será
en el seco?» Jesús predijo con esto el castigo que pronto había de recaer sobre el
pueblo judío.
¡Maestro soberano, que viendo a las piadosas mujeres dolerse de tus trabajos, les
enseñaste a que lloraran por sí y por sus culpas! Concédeme, Señor que con
fervorosas lágrimas de contrición lave mis pecados, para que persevere siempre en tu
amistad y gracia. Amén.
Padrenuestro, avemaría y Gloria.


9.ª Estación.


Jesús cae por tercera vez
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Cuando Jesús llegó junto a la cima del Gólgota, el pensar en lo que le queda
todavía por sufrir lo hace desfallecer como en Getsemaní y llega a ser tal su
debilidad que los soldados tienen que levantarlo y tal vez también llevarlo hasta la
misma cumbre del Calvario. Ésta es verdaderamente la hora del príncipe de las
tinieblas.
¡Buen Señor Jesús, que sufriste atropellaran tu divina persona, haciéndote caer
por tercera vez en tierra con la cruz! Te suplico, Dios mío, que sufra yo del mismo
modo las injurias de mis enemigos, para que, teniendo paciencia en mis trabajos,
llegue al premio eterno. Amén.
Padrenuestro, avemaría y Gloria.


10.ª Estación.


Jesús es despojado de sus vestiduras
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Al despojar los soldados a Jesús de sus vestiduras, las llagas causadas por los
azotes, se volvieron a abrir.
«Lo hemos visto, dice Isaías, tan mal, que no hay en él hermosura. Nos pareció
como un hombre despreciado y desechado, varón de dolores, experimentado en el
sufrimiento. Lo hemos mirado como a leproso, y herido por Dios y humillado.
Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores; y
nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido».
¡Pacientísimo Jesús! Pues sufriste que te quitasen tus vestiduras aquellos crueles
verdugos con tanta fiereza, te ruego, Señor, me concedas gracia para desnudarme
por tu amor de todos los malos hábitos que ponen continuamente mi alma en
peligro de perderse para siempre. Amén.
Padrenuestro, avemaría y Gloria.


11.ª Estación.


Jesús es clavado en la cruz
V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Llegado al lugar que se llama Calvario, los soldados crucificaron a Jesús, y con él a
los dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la palabra de
la Escritura: «Fue puesto entre los malhechores». «¡Oh pueblo mío!, ¿qué te he
hecho?, ¿o en qué te he ofendido? Dímelo. ¿Haz preparado una cruz a tu Salvador
por haberte sacado de la tierra de Egipto? ¿O es tal vez porque fui tu guía en el
desierto durante cuarenta años, y te alimenté con el maná y te introduje en una
tierra excelente; o bien porque he usado siempre en favor tuyo mi gran poder? ¿Por
eso me has clavado en el patíbulo de la cruz? ¡Pueblo mío!, ¿qué te he hecho?, ¿o en
qué te he ofendido? Respóndeme».
¡Clementísimo Jesús! Pues sufriste ser extendido en la cruz y que en ella clavaran
tus pies y manos, te ruego, Señor, por tu inefable caridad, no extienda yo mis pies y
manos a maldad alguna, sino antes viva crucificado en tu santo servicio. Amén
Padrenuestro, avemaría y Gloria.


12.ª Estación.

Jesús muere en la cruz
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Dijo Jesús en la cruz: «¡Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen!». Y
dirigiéndose luego al buen ladrón: «En verdad te digo, que hoy mismo estarás conmigo
en el Paraíso». Y viendo a su Madre en pie y junto a ella al discípulo amado, dijo a
su Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». En seguida se volvió al discípulo y le dijo
también: «Ahí tienes a tu Madre». Entonces el sol se nubló y densas tinieblas
ensombrecieron al mundo desde el mediodía hasta las tres. Entonces dijo Jesús
aquel verso del Salmo: «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?». Luego
dijo: «Tengo sed» y añadió: «Todo está consumado». Y dando un fuerte alarido, dijo:
«¡Padre!, en tus manos encomiendo mi espíritu», con lo cual inclinó la cabeza y
expiró.
¡Divino Jesús, que crucificado entre dos ladrones, fuiste levantado a la vista de
todo el mundo y padeciste la muerte por salvarnos! Te ruego, Señor, que salves mi
alma y que a ti te ame, a ti te quiera y por ti muera. Amén
Padrenuestro, avemaría y Gloria.


13.ª Estación.


La Santísima Virgen recibe el Cuerpo de Jesús
V. Te adoramos Cristo y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Como ya se hacía tarde, José, varón rico y natural de Arimatea, llegó al Calvario
después de haber alcanzado de Pilatos autorización para recoger el cuerpo de Jesús.
También acudió allí Nicodemo, trayendo una mezcla de mirra y áloe. Entraron,
desclavaron con cariño el Cuerpo de Jesús y lo pusieron en los brazos de su Madre
anegada en un mar de lágrimas. Luego lo envolvieron en un lienzo y lo sepultaron
conforme tenían costumbre los judíos.
¡Madre de misericordia! Por aquella pena que padeciste cuando te pusieron
muerto en los brazos a tu amado Hijo, te suplico me alcances verdadero dolor de
haberlo ofendido y compasión de tu mucho dolor. Amén.
Padrenuestro, avemaría y Gloria.

14.ª Estación.


El Cuerpo de Jesús es sepultado
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.
Junto al lugar en que crucificaron a Jesús, había un huerto, y en aquel huerto un
sepulcro, propiedad también de José, el cual lo había cavado en la roca viva y era del
todo nuevo. Como ya iba a empezar el Sábado, José y Nicodemo pusieron allí el
cuerpo de Jesús, y rodaron una pesada losa, tapando con ella la entrada del
sepulcro.Volvieron a la ciudad, así como también las santas mujeres.
¡Purísima Señora! Por la grande pena que recibiste cuando te tomaron de los
brazos a tu hijo para ponerlo en el santo sepulcro, te suplico me alcances de su
divina majestad que ablande mi duro corazón y encienda en él un amor grande para
amarlo y servirlo. Amén.
Padrenuestro, avemaría y Gloria.


15.ª Estación.


La Resurrección de Jesús
Esta estación de la Resurrección se ha añadido porque la Pasión del Señor no tiene
sentido sin tener en cuenta la Resurrección. Puede decirse delante del Sagrario.
Transcurrido el Sábado, María Magdalena, María (la madre de Santiago) y
Salomé, compraron perfumes para ir a embalsamar a Jesús. Muy de madrugada, el
primer día de la semana, a la salida del sol, se dirigieron al sepulcro. Por el camino
se decían unas a otras: «¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?». Al
llegar, vieron que la piedra ya estaba quitada, a pesar de ser muy grande.
Entraron en el sepulcro y vieron a un joven vestido con una túnica blanca,
sentado en el lado derecho, y se llenaron de miedo. Pero él les dijo: «No se espanten.
Buscan a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. No está aquí; ha resucitado. Miren el
sitio donde lo habían puesto».
Padrenuestro, avemaría y Gloria.

Viernes primeros de mes.

La Iglesia ha bendecido esta piadosa costumbre iniciada con las promesas de


Jesucristo a Santa Margarita María de Alacoque, indicando el espíritu de reparación
y de conversión con que hay que vivirla.
«Te prometo en la excesiva misericordia de mi Corazón que su Amor omnipotente
concederá a todos los que comulguen los nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia
de la penitencia final». (Benedicto XV, en la bula de canonización de Santa
Margarita María de Alacoque, recoge estas palabras de Cristo).
La comunión en estos nueve primeros viernes de mes ha de llevar a una profunda
renovación espiritual, como reparación de los pecados personales del mes precedente
y como ayuda para vivir más unido a Cristo en el siguiente, y a incrementar la
entrega al apostolado para la salvación de los hombres.

Sábados primeros de mes: Práctica de la Comunión Reparadora.

El 10 de diciembre de 1925, apareciéndose a la Hermana Lucía, última de las


supervivientes de las visiones en Fátima, Nuestra Señora le dijo: «Mira, hija mía, mi
Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos a todo momento me clavan
con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, trata de consolarme».
Pidió, entonces, la Comunión reparadora de los primeros Sábados de cinco meses
consecutivos, prometiendo, a quien lo hiciere en las condiciones indicadas, la
asistencia en la hora de la muerte con gracias necesarias para la salvación.
Las condiciones son las siguientes, indicadas a la Hermana Lucía, conforme los
textos más autorizados:
1.º El primer sábado de cinco meses seguidos, confesar, comulgar, rezar un
rosario y, meditando en los misterios del rosarios, hacer quince minutos de
compañía a Nuestra Señora.
2.º Estos cuatro actos deben ser realizados con la intención de desagraviar el
Inmaculado Corazón de María y reparar los ultrajes, sacrilegios e indiferencias
cometidos contra él;
3.º Todavía, quien tenga la dificultad de confesarse en el primer sábado, puede
hacerlo en cualquier otro día con tal que, al confesarse, tenga la intención aludida;
4.º Aún más, si ésta fuere olvidada en la primera confesión, puede formularse en
la siguiente, aprovechando la primera oportunidad que tenga para confesarse.
En su tercera aparición en Fátima, el día 13 de julio de 1917, la Santísima Virgen
anunció, que para impedir la guerra, vendría a pedir «la consagración de Rusia a su
Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora en los primeros Sábados». «Si
atienden a mis pedidos, Rusia se convertirá y tendrá paz; si no, esparcirá sus errores
por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia; los buenos serán
martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán
aniquiladas. Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará. El santo Padre me
consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de
paz».

El Ayuno y la Abstinencia.

El carácter prevalentemente interior y religioso de la penitencia no excluye ni atenúa


en algún modo la práctica externa de esta virtud. La verdadera penitencia no puede
prescindir, en ningún momento, de una ascesis, también física: todo nuestro ser,
alma y cuerpo, debe participar activamente en este acto religioso con el que la
criatura reconoce la santidad y la majestad divina. Por ello, la Iglesia mantiene el
precepto del ayuno y de la abstinencia en los días prescritos considerando esta forma
de penitencia tradicional un modo —no el único— de penitencia también externa.
Todo fiel cristiano debe estar convencido de la necesidad de hacer obras de
penitencia, para la remisión de sus pecados y el bien de la Iglesia.
El tiempo penitencial de la Iglesia es especialmente la Cuaresma. En esta época
los cristianos se dedican con mayor intensidad a la oración, a las obras de caridad y
al sacrificio.
Las normas actuales de la Iglesia sobre el ayuno y la abstinencia de carne roja son
éstas:
1. Los viernes de todo el año y el miércoles de ceniza son los días penitenciales
por excelencia.
2. Son días de abstinencia todos los viernes del año, a no ser que caigan en día
festivo de precepto.
3. Son días de abstinencia y ayuno el miércoles de ceniza y el viernes santo.
4. La abstinencia de los viernes del año que no sean de cuaresma, puede ser
cambiada, si así lo dispone la Conferencia Episcopal del país, por una obra piadosa
o por una obra de caridad.
La abstinencia obliga a partir de los catorce años. La ley del ayuno desde los
dieciocho años hasta los cincuenta y nueve años, excepto los enfermos. (Las
Conferencias Episcopales de los países tienen facultad para determinar otras formas
diversas de penitencia cristiana. Es preciso que cada fiel se informe de la disciplina
vigente en su país. En México los días de abstinencia y ayuno son el Miércoles de
Ceniza y el Viernes Santo; durante los viernes de cuaresma sólo obliga la abstinencia
de carne).

Coronilla de la Misericordia.

«El Señor me dijo rezar esta coronilla durante nueve días antes de la Fiesta de la
Misericordia. Debe iniciarse el Viernes Santo. Durante este novenario concederé a las
almas toda clase de gracias». (Santa Faustina Kowalska).

Oraciones iniciales.

• Padrenuestro
• Avemaría
• Credo

Cada decenario.

(1) «Padre Eterno… una vez


(2) «Por su dolorosa… diez veces
(3) «Santo Dios… tres veces


(1) «Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu
Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, por nuestros pecados y del mundo
entero. Por su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros».


(2) «Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero».


(3) «Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo
entero».


Se rezan cinco decenarios, de modo semejante a como se reza el Santo Rosario.


XI. Letanías diversas

Letanía a Cristo Rey.

Acerquémonos con profunda reverencia al trono de su Majestad, nuestro divino


Rey, Cristo Jesús, y ofrezcámosle el homenaje de nuestra humilde adoración.
Adoremos y alabemos a Aquel a quien el eterno Padre dijo: Pídeme y te daré la
gente y las naciones por tu reino. (Sal 2: 8).
Veneramos, oh Jesús, vuestro reino eterno que poseéis como Hijo de Rey Eterno,
igual en todo al Padre en majestad, omnipotencia y gloria. Vuestros son los cielos y
vuestra es la tierra. Vos creasteis al universo y cuanto existe. Todas las cosas fueron
hechas por vos y sin vos nada se hizo de cuanto se ha creado. El orbe entero es
vuestro y vos reinareis de mar en mar, hasta los últimos confines de la tierra.
Señor, ten misericordia de nosotros,
Cristo, ten misericordia de nosotros,
Señor, ten misericordia de nosotros,
Cristo óyenos,
Cristo escúchanos,
Dios, Padre celestial,
Ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
Ten misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios,
Ten misericordia de nosotros.
Jesús, Rey, verdadero Dios y verdadero hombre,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de los cielos y de la tierra,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de los ángeles,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de los apóstoles,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de los mártires,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de los confesores,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de las vírgenes,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de todos los santos,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de la santa Iglesia,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de los sacerdotes,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de los reyes,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de las naciones,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de nuestros corazones,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey y esposo de nuestras almas,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey, Salvador y Redentor nuestro,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey y Dios nuestro,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey y Maestro nuestro,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey y Pontífice nuestro,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey y Juez nuestro,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de gracia y santidad,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de amor y justicia,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de vida y de paz,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de la verdad y de la sabiduría,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey del universo,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de la gloria,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey Altísimo,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey Todopoderoso,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey invencible,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey sapientísimo,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey benevolentísimo,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey pacientísimo,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey flagelado,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey coronado de espinas,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey crucificado,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey gloriosamente resucitado,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey de amor en el Santísimo Sacramento,
Ten piedad de nosotros.
Jesús, Rey nuestro amantísimo,
Ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Ten misericordia de nosotros.
V. Bendecid vuestro pueblo, oh Jesús Rey; gobernadnos y protegednos.
R. Vivid y reinad en nuestros corazones y en los corazones de todos los hombres.

Oración: Omnipotente y sempiterno Dios, que en vuestro amado Hijo, Rey del
universo, resolvisteis renovar todas las cosas, conceded benignamente que todos los
hombres pecadores se sujeten a su suave yugo y dominio, que vive y reina con vos
por los siglos de los siglos. Amén.

Letanía del Corazón de Jesús.

(Aprobada por el Papa León XIII en 1891 y muy recomendada por los Pontífices
posteriores.)


Señor, ten piedad,
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad,
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad,
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos,
Cristo óyenos.
Cristo, escúchanos,
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, Hijo del eterno Padre,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en
las entrañas de la Virgen María,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo de Dios,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, santuario del Altísimo,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, sagrario de la justicia y del amor,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de amor y de bondad,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, donde se encuentran todos los
tesoros de la sabiduría y de la ciencia,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, donde habita toda la plenitud de la Divinidad,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre plenamente se complace,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, magnánimo con todos los que te invocan,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, saturado de oprobios,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, lacerado por nuestros crímenes,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, atravesado por la lanza,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de toda consolación,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra vida y reconciliación,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de todos los que esperan en ti,
ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos,
ten misericordia de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros.
Jesús manso y humilde de corazón.
Haz nuestro corazón semejante al tuyo.


Oración: Oh Dios, que en el Corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has
depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirte el homenaje de
nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por Jesucristo, nuestro
Señor.Amén.

Letanía al Espíritu Santo.

Señor, ten piedad,


Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad,
Cristo, ten piedad.
Divino Espíritu Santo,
óyenos.
Espíritu paráclito,
escúchanos.
Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu de verdad,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu de sabiduría,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu de inteligencia,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu de fortaleza,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu de piedad,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu del buen consejo,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu de ciencia,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu del santo temor,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu de caridad,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu de alegría,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu de paz,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu de las virtudes,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu de toda gracia,
ten misericordia de nosotros.
Espíritu de adopción de los hijos de Dios,
ten misericordia de nosotros.
Purificador de nuestras almas,
ten misericordia de nosotros.
Distribuidor de los dones celestiales,
ten misericordia de nosotros.
Conocedor de los pensamientos y de las intenciones del corazón,
ten misericordia de nosotros.
Dulzura de los que empiezan a servirte,
ten misericordia de nosotros.
Corona de los perfectos,
ten misericordia de nosotros.
Alegría de los ángeles,
ten misericordia de nosotros.
Luz de los patriarcas,
ten misericordia de nosotros.
Inspiración de los profetas,
ten misericordia de nosotros.
Palabra y sabiduría de los apóstoles,
ten misericordia de nosotros.
Victoria de los mártires,
ten misericordia de nosotros.
Ciencia de los confesores,
ten misericordia de nosotros.
Pureza de las vírgenes,
ten misericordia de nosotros.
Unción de todos los santos,
ten misericordia de nosotros.
Sednos propicio,
Perdónanos Señor.
Sednos propicio,
Atiéndenos Señor.
De todo pecado,
líbranos Señor.
De todas las tentaciones y celadas del demonio,
líbranos Señor.
De toda presunción y desesperación,
líbranos Señor.
Del ataque a la verdad conocida,
líbranos Señor.
De la envidia de la gracia fraterna,
líbranos Señor.
De toda obstinación e impenitencia,
líbranos Señor.
De toda negligencia y torpeza de espíritu,
líbranos Señor.
De toda impureza de la mente y del cuerpo,
líbranos Señor.
De todas las herejías y errores,
líbranos Señor.
De la muerte eterna,
líbranos Señor.
Por vuestra eterna procedencia del Padre y del Hijo,
Por la milagrosa concepción del Hijo de Dios,
Por tu descendimiento sobre Jesucristo bautizado,
Por tu santa aparición en la transfiguración del Señor,
Por vuestra venida sobre los discípulos de Cristo,
En el día del juicio,
Aunque pecadores, te rogamos óyenos.
Para que nos perdones,
Para que os dignéis concedernos el don de la verdadera piedad, devoción y oración,
Para que os dignéis inspirarnos sinceros afectos de misericordia y de caridad,
Para que os dignéis crear en nosotros un espíritu nuevo y un corazón puro,
Para que os dignéis concedernos verdadera paz y tranquilidad de corazón,
Para que nos hagáis dignos y fuertes, para soportar las persecuciones por amor a la
justicia,
Para que os dignéis confirmarnos en vuestra gracia,
Para que nos recibáis en el número de vuestros elegidos,
Para que os dignéis atendernos,
Espíritu de Dios.


Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Envíanos el Espíritu Santo.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Mándanos el Espíritu prometido del Padre.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Dadnos el Espíritu bueno.
Espíritu Santo,
óyenos.
Espíritu Consolador,
escúchanos.
Envía tu espíritu y todo será creado.
Y renovarás la faz de la tierra.


Oremos: Oh Dios, que instruiste los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu
Santo, concédenos que en el mismo Espíritu conozcamos lo que es recto, y gocemos
siempre de sus consolaciones. Por Cristo, nuestro Señor. Amén

Letanía de San José.

Señor, ten piedad de nosotros


Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa María,
Ruega por nosotros.
Ilustre descendiente de David,
Ruega por nosotros.
Luz de los patriarcas.
Ruega por nosotros.
Esposo de la Madre de Dios,
Ruega por nosotros.
Custodio purísimo de la Virgen,
Ruega por nosotros.
Nutricio del Hijo de Dios,
Ruega por nosotros.
Diligente defensor de Cristo,
Ruega por nosotros.
Jefe de la Sagrada Familia,
Ruega por nosotros.
José justo,
Ruega por nosotros.
José casto,
Ruega por nosotros.
José fuerte,
Ruega por nosotros.
José obediente,
Ruega por nosotros.
José fiel,
Ruega por nosotros.
Espejo de paciencia,
Ruega por nosotros.
Amante de la pobreza,
Ruega por nosotros.
Modelo de obreros,
Ruega por nosotros.
Gloria de la vida doméstica,
Ruega por nosotros.
Custodio de vírgenes,
Ruega por nosotros.
Sostén de las familias,
Ruega por nosotros.
Consuelo de los desdichados,
Ruega por nosotros.
Esperanza de los enfermos,
Ruega por nosotros.
Patrono de los moribundos,
Ruega por nosotros.
Protector de la santa Iglesia,
Ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados de mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten piedad de nosotros.
V. Lo nombró administrador de su casa.
R. Y señor de todas sus posesiones.


Oración: ¡Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir a San José para
esposo de tu Santísima Madre!; te rogamos nos concedas tenerlo como intercesor en
el cielo, ya que lo veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por
los siglos de los siglos. Amén.


XII. Jaculatorias

Las Jaculatorias son oraciones breves, encendidas de amor y de cariño, que le


dirigimos al Señor, a la Virgen Santísima y a los Santos, para mejor mantenernos en
la presencia de Dios a lo largo del día.
Algunas son las siguientes:


V. Jesús manso y humilde de Corazón,
R. haz mi corazón semejante al tuyo.
V. Sagrado Corazón de Jesús,
R. en vos confío.


V. En los cielos y en la tierra sea para siempre alabado
R. el corazón amoroso de Jesús Sacramentado.


V. Sea por siempre bendito y adorado Cristo, Nuestro Señor Sacramentado.
R. Nuestro Rey por los siglos de los siglos.


V. Alabemos y demos gracias en cada instante y momento.
R. Al Santísimo y Divinísimo Sacramento.


V. Acordémonos que estamos en la santa presencia de Dios.
R. ¡Adorémosle!


V. ¡Viva Jesús en nuestros corazones!
R. ¡Por siempre!


V. ¡Viva Cristo Rey!
R. ¡Viva!

V. Te adoramos, ¡oh Cristo! , y te bendecimos;
R. porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.


V. Espíritu Santo fuente de luz,
R. ilumínanos.


V. Espíritu Santo fuente de sabiduría,
R. guíanos.


V. Espíritu Santo fuente de amor,
R. llénanos.


V. Jesús, José y María:
R. os doy el corazón y el alma mía.


V. Jesús, José y María:
R. asistidme en mi última agonía.


V. Jesús, José y María:
R. en vos descanse en paz el alma mía.


V. Ave María Purísima,
R. sin pecado original concebida.


V. Dulce Corazón de María,
R. sed la salvación del alma mía.

V. María, Madre de gracia, Madre de misericordia,
R. en la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.


V. Santa María de Guadalupe,
R. ruega por nosotros.


V. Santa María de Guadalupe Reina de México,
R. salva nuestra Patria y conserva nuestra fe.


V. Santa María del buen camino,
R. haz que lleguemos sanos y salvos a nuestro destino.


V. Por tu limpia concepción, ¡oh Soberana Princesa!
R. una muy grande pureza te pedimos de corazón.


V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios,
R. para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.


V. Patriarca San José,
R. ruega por nosotros.


V. San José, mi padre y señor,
R. enséñame a querer más cada día a Jesús y María.


XIII. Oraciones básicas en latín

Per signum crucis.

Per signum crucis, de inimicis nostris,


libera nos, Deus noster.
In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. Amen.

Pater noster.

Pater noster qui es in caelis,


sanctificetur nomen tuum. Adveniat
regnum tuum. Fiat voluntas
tua sicut in caelo et in terra.
Panem nostrum quotidianum da
nobis hodie, et dimitte nobis debita
nostra, sicut et nos dimittimus
debitoribus nostris. Et ne nos
inducas in tentationem, sed libera
nos a malo. Amen.

Ave Maria.

Ave Maria gratia plena; Dominus tecum,


benedicta tu in mulieribus
et benedictus fructus ventris tui, Jesus.
Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis
peccatoribus nunc et in hora
mortis nostrae. Amen.

Gloria Patri.

Gloria Patri, et Filio,


et Spiritui Sancto.
Sicut erat in principio, et nunc,
et semper, et in saecula saeculorum. Amen.

Angele Dei.

Angele Dei,
qui custos es mei,
me tibi commissum pietate superna,
illumina, custodi, rege et guberna. Amen.

Confiteor.

Confiteor Deo omnipotenti


et vobis, fratres,
quia peccavi
nimis cogitatione, verbo, opere et
omissione:
mea culpa, mea culpa,
mea maxima culpa.
Ideo precor beatam Mariam semper
Virginem,
omnes Angelos et Sanctos,
et vos, fratres,
orare pro me ad Dominum
Deum nostrum. Amen.

Actus Contritionis.

Deus meus, ex toto corde paenitet me omnium meorum


peccatorum, eaque detestor, quia peccando,
non solum poenas a Te iuste statutas promeritus
sum, sed praesertim quia offendi Te, summum
bonum, ac dignum qui super omnia diligaris. Ideo
firmiter propono, adiuvante gratia Tua, de cetero me
non peccaturum peccandique occasiones proximas
fugiturum. Amen.

Credo (Niceno-constantinopolitano).

Credo in unum Deum,


Patrem omnipotentem,
factorem caeli et terrae,
visibilium omnium et invisibilium.
Et in unum Dominum Iesum Christum.
Filium Dei unigenitum.
Et ex Patre natum ante omnia saecula.
Deum de Deo, lumen de lumine,
Deum verum de Deo vero.
Genitum, non factum, consubstantialem Patri:
per quem omnia facta sunt.
Qui propter nos homines
et propter nostram salutem descendit de caelis.
Et incarnatus est de Spiritu Sancto
ex Maria Virgine et homo factus est.
Crucifixus etiam pro nobis:
sub Pontio Pilato passus, et sepultus est.
Et resurrexit tertia die, secundum Scripturas.
Et ascendit in caelum: sedet ad dexteram Patris.
Et iterum venturus est cum gloria
iudicare vivos et mortuos;
cuius regni non erit finis.
Et in Spiritum Sanctus,
Dominum et vivificantem.
Qui ex Patre Filioque procedit.
Qui cum Patre et Filio
simul adoratur et conglorificatur:
Qui locutus est per Prophetas.
Et unam, sanctam, catholicam
et apostolicam Ecclesiam.
Confiteor unum Baptisma in
remisionem peccatorum.
Et exspecto resurrectionem mortuorum.
Et vitam venturi saeculi. Amen.

Credo in Deum (Símbolo de los Apóstoles).

Credo in Deum, Patrem omnipotentem, Creatorem caeli et terrae.


Et in Iesum Christum, Filium eius unicum, Dominum nostrum, qui conceptus
est de Spiritu Sancto, natus ex Maria Virgine, passus sub Pontio Pilato, crucifixus,
mortuus, et sepultus, descendit ad inferos, tertia die resurrexit a mortuis, ascendit ad
caelos, sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis, inde venturus est iudicare vivos
et mortuos.
Credo in Spiritum Sanctum, sanctam Ecclesiam catholicam, sanctorum
communionem, remissionem peccatorum, camis resurrectionem, vitam aeternam.
Amen.

Salve Regina.
Salve Regina, Mater misericordiae; vita dulcedo, et spes nostra, salve. Ad te
clamamus exsules filii Evae; ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum
valle. Eia ergo, advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte: Et
Iesum, benedictum fructum ventris tui, nobis post hoc exsilium ostende. O
clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria. Amen.


V. Ora pro nobis, Sancta Dei Genetrix.
R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.

Sancte Michael Archangele.

Sancte Michael Archangele, defende nos in proelio, contra nequitiam et insidias


diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, supplices deprecamur: tuque, Princeps
militiae caelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum
pervagantur in mundo, divina virtute in infernum detrude. Amen.

Requiem Aeternam.

Requiem aeternam dona eis, Domine,


et lux perpetua luceat eis. Requiescant in pace. Amen.

Anima Christi.

Anima Christi, sanctifica me.


Corpus Christi, salva me.
Sanguis Christi, inebria me.
Aqua lateris Christi, lava me.
Passio Christi, conforta me.
O bone Iesu, exaudi me.
Intra tua vulnera absconde me.
Ne permittas me separari a te.
Ab hoste maligno defende me.
In hora mortis meae voca me.
Et iube me venire ad te,
ut cum Sanctis tuis laudem te
in saecula saeculorum. Amen.

Oratio ad Sanctum Ioseph.

Virginum custos et pater, sancte Ioseph, cuius fideli custodiae ipsa Innocentia
Christus Iesus et Virgo virginum Maria commissa fuit; te per hoc utrumque
carissimum pignus Iesum et Mariam obsecro et obtestor, ut me, ab omni
immunditia praeservatum, mente incontaminata, puro corde et casto corpore Iesu et
Mariae semper facias castissime famulari. Amen.

Actus Fidei.

Domine Deus, firma fide credo et confiteor omnia et singula quae sancta Ecclesia
Catholica proponit quia tu, Deus, ea omnia revelasti, qui es aeterna veritas et
sapientia quae nec fallere nec falli potest. In hac fide vivere et mori statuo. Amen.

Actus Spei.

Domine Deus, spero per gratiam tuam remissionem omnium peccatorum, et post
hanc vitam aeternam felicitatem me esse consecuturum: quia tu promisisti, qui es
infinite potens, fidelis, benignus, et misericors. In hac spe vivere et mori statuo.
Amen.


Actus caritatis.

Domine Deus, amo te super omnia et proximum meum propter te, quia tu es
summum, infinitum, et perfectissimum bonum, omni dilectione dignum. In hac
caritate vivere et mori statuo. Amen.

Confiteor (Misal Tridentino).

Confiteor Deo omnipotenti, beatae Mariae semper Virgini, beato Michaeli


Archangelo, beato Ioanni Baptistae, sanctis Apostolis Petro et Paulo, omnibus
Sanctis, et vobis, fratres: quia peccavi nimis cogitatione, verbo et opere: mea culpa,
mea culpa, mea máxima culpa. Ideo precor beatam Mariam semper Virginem,
beatum Michaelem Archangelum, beatum Ioannem Baptistam, sanctos Apostolos
Petrum et Paulum, omnes Sanctos, et vos, fratres, orare pro me ad Dominum,
Deum nostrum.
P. Misereatur tui omnipotens Deus, et, dimissis peccatis tuis, perducat te ad vitam
aeternam.
R. Amen.

Bendición antes de la comida.

Benedic, Domine, nos et haec tua dona quae de tua largitate sumus sumpturi. Per
Christum Dominum nostrum. Amen.

Acción de gracias después de la comida.

Agimus tibi gratias, omnipotens Deus, pro universis beneficiis tuis, qui vivis et
regnas in saecula saeculorum. Amen.

Oracion de Santo Tomás de Aquino para antes de estudiar.

Creator ineffabilis, qui de thesauris sapientiae tuae tres Angelorum hierarchias


designasti et eas super caelum empyreum miro ordine collocasti atque universi
partes elegantissime distribuisti: Tu, inquam, qui verus fons luminis et sapientiae
diceris ac supereminens principium, infundere digneris super intellectus mei
tenebras tuae radium claritatis, duplices, in quibus natus sum, a me removens
tenebras, peccatum scilicet et ignorantiam. Tu, qui linguas infantium facis disertas,
linguam meam erudias atque in labiis meis gratiam tuae benedictionis infundas. Da
mihi intelligendi acumen, retinendi capacitatem, addiscendi modum et facilitatem,
interpretandi subtilitatem, loquendi gratiam copiosam. Ingressum instruas,
progressum dirigas, egressum compleas. Tu, qui es verus Deus et homo, qui vivis et
regnas in saecula saeculorum. Amen.

Oraciones al Espíritu Santo.

Veni Creator.

Veni, Creator Spiritus, mentes tuorum visita, imple superna gratia quae tu creasti
pectora. Qui diceris Paraclitus, altissimi donum Dei, fons vivus, ignis, caritas, et
spiritalis unctio. Tu septiformis munere, Digitus Paternae dexterae, tu rite
promissum Patris, sermone ditans guttura.
Accende lumen sensibus, infunde amorem cordibus, infirma nostri corporis,
virtute firmans perpeti. Hostem repellas longius, pacemque dones protinus; ductore
sic te praevio, vitemus omne noxium. Per te sciamus da Patrem, noscamus atque
Filium; Teque utriusque Spiritum credamus omni tempore. Deo Patri sit gloria, et
Filio, qui a mortuis surrexit, ac Paraclito in saeculorum saecula. Amen.


Veni Sancte Spiritus.

Veni, Sancte Spiritus,


et emitte caelitus
Lucis Tuae radium.


Veni, Pater pauperum,
veni, dator munerum,
veni, lumen cordium.


Consolator optime,
dulcis hospes animae,
dulce refrigerium.


In labore requies,
in aestu temperies,
in fletu solatium.


O lux beatissima,
reple cordis intima
tuorum fidelium.


Sine Tuo numine,
nihil est in homine,
nihil est innoxium.


Lava quod est sordidum,
riga quod est aridum,
sana quod est saucium.


Flecte quod est rigidum,
fove quod est frigidum,
rege quod est devium.


Da Tuis fidelibus,
in Te confidentibus,
sacrum septenarium.


Da virtutis meritum
da salutis exitum,
da perenne gaudium. Amen. (T.P Alleluia.)

Emitte Spiritum.

Veni, Sancte Spiritus, reple tuorum corda fidelium: et tui amoris in eis ignem
accende.
V. Emitte Spiritum tuum et creabuntur.
R. Et renovabis faciem terrae.


Oremus: Deus, qui corda fidelium Sancti Spiritus illustratione docuisti, da nobis in
eodem Spiritu recta sapere, et de eius semper consolatione gaudere. Per Christum
Dominum. Amen.

Devoción a la Santísima Virgen María.

Domina mea (Oh Señora mía).

O Domina mea, O Mater mea!


Tibi me totum offero, atque, ut me tibi probem devotum, consecro tibi hodie
oculos meos, aures meas, os meum, cor meum, plane me totum. Quoniam itaque
tuus sum, O bona Mater, serva me, defende me ut rem ac possessionem tuam.
Amen.

Memorare.

Memorare, O piissima Virgo Maria,


non esse auditum a saeculo,
quemquam ad tua currentem praesidia,
tua implorantem auxilia,
tua petentem suffragia,
esse derelictum.
Ego tali animatus confidentia,
ad te,Virgo Virginum, Mater, curro, ad te venio,
coram te, gemens peccator , assisto.
Noli, Mater Verbi, verba mea despicere;
sed audi propitia et exaudi. Amen.

Angelus.

V. Angelus Domini nuntiavit Mariae.


R. Et concepit de Spiritu Sancto.
(se reza el avemaría) Ave Maria...
V. Ecce, ancilla Domini.
R. Fiat mihi secundum verbum Tuum.
(se reza el vemaría) Ave Maria...
V. Et verbum caro factum est…
R. Et habitavit in nobis.
(se reza el avemaría) Ave Maria...
V. Ora pro nobis, Sancta Dei Genetrix,
R. ut digni efficiamur promissionibus Christi.

Oremus: Gratiam Tuam, quaesumus, Domine, mentibus nostris infunde, ut, qui
angelo nuntiante, Christi, Filii Tui, incarnationem cognovimus, per passionem eius
et crucem ad resurrectionis gloriam perducamur. Per eundem Christum, Dominum
nostrum. Amen.

Regina Caeli.

(Se reza durante la Pascua en vez del Angelus.)


V. Regina caeli, laetare, alleluia.
R. Quia quem meruisti portare, alleluia.
V. Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
R. Ora pro nobis Deum, alleluia.
V. Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia.
R. Quia surrexit Dominus vere, alleluia.


Oremus: Deus, qui per resurrectionem Filii tui Domini nostri Iesu Christi
mundum laetificare dignatus es: praesta, quaesumus, ut per eius Genetricem
Virginem Mariam perpetuae capiamus gaudia vitae. Per eumdem Christum
Dominum nostrum. Amen.

Santo Rosario.

Mysteria Gaudiosa.

(In feria secunda et sabbato.)



1.- Annuntiatio
2.- Visitatio
3.- Nativitas
4.- Presentatio
5.- Inventio in templo

Mysteria Luminosa.

(In feria quinta.)


1.- Baptisma apud Iordanem
2.- Autorevelatio apud Cananense matrimonium
3.- Regni Dei proclamatio coniuncta cum invitamento ad conversionem
4.- Transfiguratio
5.- Eucharistiae Institutio

Mysteria Dolorosa.

(In feria tertia et feria sexta.)


1.- Agonia in hortu
2.- Flagelatio
3.- Coronatio spinis
4.- Baiulatio Crucis
5.- Crucifixio et mors


Mysteria Gloriosa.

(In feria quarta et Dominica.)


1.- Resurrectio
2.- Ascensio
3.- Descensus Spiritus Sancti
4.- Assumptio
5.- Coronatio in Caelo

† Signum Crucis.

Per signum crucis, de inimicis nostris, libera nos Deus noster.


In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. Amen.

Actus de Contritionis.

Deus meus, ex toto corde poenitet me omnium meorum peccatorum, eaque


detestor, quia peccando, non solum poenas a Te iuste statutas promeritus sum, sed
praesertim quia offendi Te, summum bonum, ac dignum qui super omnia diligaris.
Ideo firmiter propono, adiuvante gratia Tua, de cetero me non peccaturum
peccandique occasiones proximas fugiturum. Amen.

Pater Noster.

Pater noster, qui es in caelis sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat
voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie,
et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos
inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.

Ave Maria.

Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum; benedicta tu in mulieribus, et benedictus


fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc
et in hora mortis nostrae. Amen.

Gloria Patri.

Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio et nunc et semper et
in saecula saeculorum. Amen.
V. Maria Mater Gratiae Mater misericordiae.
R. Tu nos ab hoste protege, et mortis ora suscipe.

Oratio Fatima.

O mi Iesu, dimitte nobis debita nostra, libera nos ab igne inferni, conduc in caelum
omnes animas, praesertim illas quae maxime indigent misericordia tua. Amen.

Oraciones Finales.

† Pater noster…


† V. Ave Sanctissima Maria immaculata virgo ante partum, tuis in manibus
concredimus fidem nostram ut illam ilumines. Gratia Plena Dominus tecum;
benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
R. Santa Maria Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis
nostrae. Amen.
† V. Ave Sanctissima Maria immaculata virgo in parto, tuis in manibus
concredimus Spem nostram ut illam foveas. Gratia Plena Dominus tecum;
benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
R. Santa Maria Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis
nostrae. Amen.
† V. Ave Sanctissima Maria immaculata Virgo post partum, tuis in manibus
concredimus charitatem nostram ut illam inflames. Gratia Plena Dominus tecum;
benedicta tu in mulieribus, et benedictusfructus ventris tui, Iesus.
R. Santa Maria Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis
nostrae. Amen.


† V. Ave Sanctissima Maria, immaculata Virgo Augustae Trinitatis Sacrarium.
Virgo sine labe originali concepta. Salve, salve castisime Ioseph deiparae Virginis
Sponse.


† Salve Regina, Mater misericordiae; Vita dulcedo, et spes nostra, salve Ad te
Clamamus exsules filii Evae; Ad te Suspiramus, gementes et flentes in hac
lacrimarum valle. Eia ergo, Advocata nostra, Illos tuos misericordes oculos ad nos
converte: Et Iesum, benedictum fructum ventris tui, Nobis post hoc exsilium
ostende. O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria.


† V. Ora pro nobis, Sancta Dei Genetrix.
R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi. Amen.

Letanías.

Kyrie eleison, Kyrie eleison.


Christe eleison, Christe eleison.
Kyrie eleison, Kyrie eleison.
Christe, audi nos, Christe audi nos.
Christe, exaudi nos, Christe, exaudi nos.
Pater de caelis, Deus, Miserere nobis.
Fili, Redemptor mundi, Deus, Miserere nobis.
Spiritus Sancte, Deus, Miserere nobis.
Sancta Trinitas, unus Deus, Miserere nobis.
Sancta Maria, Ora Pro Nobis.
Sancta Dei Genetrix, Ora Pro Nobis.
Sancta Virgo virginum, Ora Pro Nobis.
Mater Christi, Ora Pro Nobis.
Mater divinae gratiae, Ora Pro Nobis.
Mater purissima, Ora Pro Nobis.
Mater castissima, Ora Pro Nobis.
Mater inviolata, Ora Pro Nobis.
Mater intemerata, Ora Pro Nobis.
Mater amabilis, Ora Pro Nobis.
Mater admirabilis, Ora Pro Nobis.
Mater boni consilii, Ora Pro Nobis.
Mater Creatoris, Ora Pro Nobis.
Mater Salvatoris, Ora Pro Nobis.
Virgo prudentissima, Ora Pro Nobis.
Virgo veneranda, Ora Pro Nobis.
Virgo praedicanda, Ora Pro Nobis.
Virgo potens, Ora Pro Nobis.
Virgo clemens, Ora Pro Nobis.
Virgo fidelis, Ora Pro Nobis.
Speculum iustitiae, Ora Pro Nobis.
Sedes sapientiae, Ora Pro Nobis.
Causa nostrae laetitiae, Ora Pro Nobis.
Vas spirituale, Ora Pro Nobis.
Vas honorabile, Ora Pro Nobis.
Vas insigne devotionis, Ora Pro Nobis.
Rosa mystica, Ora Pro Nobis.
Turris Davidica, Ora Pro Nobis.
Turris eburnea, Ora Pro Nobis.
Domus aurea, Ora Pro Nobis.
Foederis arca, Ora Pro Nobis.
Ianua caeli, Ora Pro Nobis.
Stella matutina, Ora Pro Nobis.
Salus infirmorum, Ora Pro Nobis.
Refugium peccatorum, Ora Pro Nobis.
Consolatrix afflictorum, Ora Pro Nobis.
Auxilium Christianorum, Ora Pro Nobis.
Regina Angelorum, Ora Pro Nobis.
Regina Patriarcharum, Ora Pro Nobis.
Regina Prophetarum, Ora Pro Nobis.
Regina Apostolorum, Ora Pro Nobis.
Regina Martyrum, Ora Pro Nobis.
Regina Confessorum, Ora Pro Nobis.
Regina Virginum, Ora Pro Nobis.
Regina Sanctorum omnium, Ora Pro Nobis.
Regina sine labe originali concepta, Ora Pro Nobis.
Regina in caelum assumpta, Ora Pro Nobis.
Regina sacratissimi Rosarii, Ora Pro Nobis.
Regina pacis, Ora Pro Nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, parce nobis, Domine.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, exaudi nos, Domine.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis.


† T. Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix; nostras deprecationes
ne despicias in necessitaribus nostris, sed a periculis cunctis libera nos Semper,
Virgo gloriosa et benedicta.


† R. Ora pro nobis, sancta Dei Genitrix,
V. ut digni efficiamur promissionibus Christi.


Oremus: Deus, cuius Unigenitus per vitam, mortem et resurrectionem suam nobis
salutis aeternæ praemia comparavit, concede, quaesumus: ut haec mysteria
sacratissimo beatae Mariae Virginis Rosario recolentes, et imitemur quod continent,
et quod promittunt assequamur. Per Christum Dominum nostrum. Amen.


Himnos Marianos.

Ave Maris Stella.

Ave, maris stella,


Dei Mater alma,
atque semper Virgo
felix caeli porta.


Sumens illud Ave
Gabrielis ore,
funda nos in pace,
mutans Hevae nomen.


Solve vincla reis,
profer lumen caecis,
mala nostra pelle,
bona cuncta posce.


Monstra te esse Matrem,
sumat per te preces,
Qui pro nobis natus,
tulit esse tuus.


Virgo singularis,
inter omnes mitis,
nos culpis solutos,
mites fac et castos.


Vitam praesta puram
iter para tutum,
ut videntes Iesum,
semper collaetemur.


Sit laus Deo Patri,
summo Christo decus
Spiritui Sancto,
tribus honor unus. Amen.


V. Dignare me laudare te, Virgo sacrata.
R. Da mihi virtutem contra hostes tuos.

Stabat Mater.

Stabat mater dolorosa


juxta Crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius.


Cuius animam gementem,
contristatam et dolentem,
pertransivit gladius.


O quam tristis et afflicta
fuit illa benedicta
Mater Unigeniti.


Quae moerebat et dolebat,
Pia Mater cum videbat
Nati poenas incliti.


Quis est homo qui non fleret,
Matrem Christi si videret
in tanto supplicio?


Quis non posset contristari,
Christi Matrem contemplari
dolentem cum Filio?


Pro peccatis suae gentis
vidit Iesum in tormentis
et flagellis subditum.


Vidit suum dulcem Natum
morientem desolatum,
dum emisit spiritum.


Eia Mater, fons amoris,
me sentire vim doloris
fac, ut tecum lugeam.


Fac ut ardeat cor meum,
in amando Christum Deum,
ut sibi complaceam.


Sancta Mater, istud agas,
Crucifixi fige plagas
cordi meo valide.


Tui nati vulnerati,
tam dignati pro me pati,
poenas mecum divide.

Fac me tecum pie flere,
Crucifixo condolere,
donec ego vixero.


Iuxta crucem tecum stare,
ac me tibi sociare
in planctu desidero.


Virgo virginum praeclara,
mihi iam non sis amara,
fac me tecum plangere.


Fac ut portem Christi mortem,
passionis fac me sortem,
et plagas recolere.


Fac me plagis vulnerari,
fac me cruce inebriari,
et cruore Filii.


Flammis ne urar succensus
per te, Virgo, sim defensus
in die iudicii.


Christe, cum sit hinc exire,
da per Matrem me venire
ad palmam victoriae.


Quando corpus morietur,
fac ut animae donetur
Paradisi gloria. Amen.

Liturgia de las Horas.

Cánticos Evangélicos.

Benedictus – Laudes.


Benedictus Dominus, Deus Israel, quia visitavit, et fecit redemptionem plebis suae
et erexit cornu salutis nobis in domo David pueri sui, sicut locutus est per os
sanctorum, qui a saeculo sunt, prophetarum eius, salutem ex inimicis nostris et de
manu omnium, qui oderunt nos; ad faciendam misericordiam cum patribus nostris
et memorari testamenti sui sancti, iusiurandum, quod iuravit ad Abraham patrem
nostrum, daturum se nobis, ut sine timore de manu inimicorum nostrorum liberati,
serviamus illi in sanctitate et iustitia coram ipso omnibus diebus nostris. Et tu, puer,
propheta Altissimi vocaberis: praeibis enim ante faciem Domini parare vias eius, ad
dandam scientiam salutis plebi eius in remissionem peccatorum eorum, per viscera
misericordiae Dei nostri in quibus visitabit nos, oriens ex alto, illuminare his, qui in
tenebris et in umbra mortis sedent, ad dirigendos pedes nostros in viam pacis.
Gloria Patri...


Magnificat – Vísperas.


Magnificat anima mea Dominum, et exsultavit spiritus meus in Deo salvatore meo,
quia respexit humilitatem ancillae suae. Ecce enim ex hoc beatam me dicent omnes
generationes. Quia fecit mihi magna, qui potens est, et sanctum nomen eius, et
misericordia eius in progenies et progenies timentibus eum. Fecit potentiam in
brachio suo, dispersit superbos mente cordis sui; deposuit potentes de sede et
exaltavit humiles, esurientes implevit bonis et divites dimisit inanes. Suscepit Israel
puerum suum, recordatus misericordiae suae, sicut locutus est ad patres nostros,
Abraham et semini eius in saecula. Gloria Patri, et Filio...


Nunc Dimittis – Completas.


Nunc dimittis servum tuum, Domine, secundum verbum tuum in pace. Quia
viderunt oculi mei salutare tuum, quod parasti ante faciem omnium populorum,
lumen ad revelationem gentium et gloriam plebis tuae Israel. Gloria Patri…

Antífonas Marianas.

Alma Redemptoris Mater.


Alma Redemptoris Mater, quae pervia caeli porta manes, et stella maris, succurre
cadenti, surgere qui curat, populo: tu quae genuisti, natura mirante tuum sanctum
Genitorem,Virgo prius ac posterius Gabrielis ab ore sumens illud Ave, peccatorum
miserere.


Salve Regina (ver oraciones básicas en latín).


Ave Regina Caelorum.


Ave Regina Caelorum, Ave Domina angelorum. Salve radix, salve porta, ex qua
mundo lux est orta: Gaude, Virgo gloriosa, super omnes speciosa, Vale, o valde
decora, et pro nobis Christum exora.

Sub tuum praesidium.


Sub tuum praesidium confugimus, sancta Dei Genitrix; nostras deprecationes ne
despicias in necessitatibus nostris, sed a periculis cunctis libera nos semper, Virgo
gloriosa et benedicta. Amen.


Regina Caeli (durante el tiempo Pascual).


Regina caeli laetare, alleluia, quia quem meruisti portare, alleluia, resurrexit sicut
dixit, alleluia; ora pro nobis Deum, alleluia.


Victimae Paschali (secuencia durante la octava de Pascua).


Victimae Paschali laudes
immolent christiani.


Agnus redemit oves:
Christus innocens Patri
reconciliavit pecccatores.


Mors et vita duello conflixere mirando:
dux vitae mortuus regnat vivus.


Dic nobis Maria,
quid vidisti in via?

Sepulcrum Christi viventis:
et gloriam vidi resurgentis.


Angelicos testes,
sudarium, et vestes.


Surrexit Christus, spes mea:
praecedet suos in Galileam.


Scimus Christum surrexisse
a mortuis vere:
Tu nobis, victor Rex, miserere.
Amen. Alleluia.

Adoración Eucarística.

Pange Lingua (al iniciar la Exposición).


Pange, lingua, gloriosi
Corporis mysterium,
Sanguinisque pretiosi,
quem in mundi Pretium
fructus ventris generosi,
Rex effudit gentium.


Nobis datus, nobis natus
ex intacta Virgine
et in mundo conversatus,
sparso verbi semine,
sui moras incolatus
miro clausit ordine.


In supremae nocte coenae
recumbens cum frátribus,
observata lege plene
cibis in legalibus,
cibum turbae duodenae
se dat suis manibus.


Verbum caro, panem verum
Verbo carnem efficit:
fitque sanguis Christi merum,
et si sensus deficit,
ad firmandum cor sincerum
sola fides sufficit.


Pater Noster, Ave Maria, Gloria
(Adoración Personal)


Tantum ergo (al momento de la Reserva).


Tantum ergo Sacramentum
veneremur cernui;
et antiquum documentum
novo cedat ritui;
praestet fides supplementum
sensuum defectui.


Genitori, Genitoque
laus et iubilatio;
salus, honor, virtus quoque
sit et benedictio;
procedenti ab utroque
comprar sit laudatio. Amen.


V. Panem de caelo praestitisti eis. (T.P. Alleluia)
R. Omne delectamentum in se habentem. (T.P. Alleluia)


Oremus: Deus, qui nobis sub sacramento mirabili, passionis tuae memoriam
reliquisti: tribue, quaesumus, ita nos Corporis et Sanguinis tui sacra mysteria
venerari, ut redemptionis tuae fructum in nobis iugiter sentiamus. Qui vivis et
regnas in saecula saeculorum.


R. Amen.


Louanges Divines.


Benedictus Deus.
Benedictum Nomen Sanctum eius.
Benedictus Iesus Christus, verus Deus et verus homo.
Benedictum Nomen Iesu.
Benedictum Cor eius sacratissimum.
Benedictus Sanguis eius pretiosissimus.
Benedictus Iesus in sanctissimo altaris Sacramento.
Benedictus Sanctus Spiritus, Paraclitus.
Benedicta excelsa Mater Dei, Maria sanctissima.
Benedicta sancta eius et immaculata Conceptio.
Benedicta eius gloriosa Assumptio.
Benedictum nomen Mariae, Virginis et Matris.
Benedictus sanctus Ioseph, eius castissimus Sponsus.
Benedictus Deus in Angelis suis, et in Sanctis suis.


Salmo 116.


V. Laudate Dominum omnes gentes, laudate eum, omnes populi,
R. quoniam confirmata est super nos misericordia eius, et veritas Domini manet in
aeternum.
V. Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto;
R. sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen.
V. Adoremus in aeternum Sanctissimum Sacramentum.
R. Adoremus…


Himnos Eucarísticos.


Adoro te devote.


Adoro te, devote, latens deitas,
quae sub his figuris vere latitas.
Tibi se cor meum totum subiicit,
quia te contemplans totum deficit.


Visus, tactus, gustus in te fallitur,
sed auditu solo tuto creditur;
credo quidquid dixit Dei Filius:
nil hoc verbo veritatis verius.


In Cruce latebat sola deitas,
at hic latet simul et humanitas;
ambo tamen credens atque confitens,
peto quod petivit latro paenitens.


Plagas, sicut Thomas, non intueor,
Deum tamen meum te confiteor;
fac me tibi semper magis credere,
in te spem habere, te diligere.


O memoriale mortis Domini!
Panis vivus, vitam praestans homini;
praesta meae menti de te vivere,
et te illi semper dulce sapere.


Pie pellicane, Iesu Domine,
me immundum munda tuo sanguine:
cuius una stilla salvum facere
totum mundum quit ab omni scaelere.


Iesu, quem velatum nunc aspicio,
oro, fiat illud quod tam sitio;
ut te revelata cernens facie,
visu sim beatus tuae gloriae. Amen.


Sacris solemniis.


Sacris solemniis iuncta sint gaudia,
et ex praecordiis sonent praeconia;
recedant vetera, nova sint omnia:
corda, voces et opera.


Noctis recolitur coena novissima,
qua Christus creditur agnum et azyma,
dedisse fratribus, iuxta legitima
priscis indulta patribus.


Post agnum typicum, expletis epulis,
Corpus Domini cum datum discipulis,
sic totum omnibus quod totum singulis,
eius fatemur manibus.


Dedit fragilibus corporis ferculum,
dedit et tristibus sanguinis poculum,
dicens: Accipite quod trado vasculum,
omnes ex eo bibite.


Sic sacrificium istud instituit,
cuius officium committi voluit
solis presbyteris, quibus sic congruit,
ut sumant, et dent ceteris.


Panis Angelicus.


Panis Angelicos fit panis hominum:
dat panis caelicus figuris terminum:
O res mirabilis! manducat Dominum
pauper, servus, et humilis.


Te, trina Deitas unaque, poscimus,
sic nos tu visita, sicut te colimus:
per tuas semitas duc nos quo tendimus,
ad lucem quam inhabitas. Amen.

Lauda Sion Salvatorem (secuencia Corpus Christi).


Lauda Sion Salvatorem,
lauda ducem et pastorem,
in hymnis et canticis.


Quantum potes, tantum aude:
quia maior omni laude,
nec laudare sufficis.


Laudis thema specialis,
panis vivus et vitalis
hodie proponitur.


Quem in sacrae mensa cenae,
turbae fratrum duodenae
datum non ambigitur.


Sit laus plena, sit sonora,
sit iucunda, sit decora
mentis iubilatio.


Dies enim solemnis agitur,
in qua mensae prima recolitur
huius institutio.


In hac mensa novi Regis,
novum Pascha novae legis,
phase vetus terminat.


Vetustatem novitas,
umbram fugat veritas,
noctem lux eliminat.


Quod in coena Christus gessit,
faciendum hoc expressit
in sui memoriam.


Docti sacris institutis,
panem, vinum in salutis
consecramus hostiam.


Dogma datur christianis,
quod in carnem transit panis,
et vinum in sanguinem.


Quod non capis, quod non vides,
animosa firmat fides,
praeter rerum ordinem.


Sub diversis speciebus,
signis tantum, et non rebus,
latent res eximiae.


Caro cibus, sanguis potus:
manet tamen Christus totus
sub utraque specie.

A sumente non concisus,
non confractus, non divisus:
integer accipitur.


Sumit unus, sumunt mille:
quantum isti, tantum ille:
nec sumptus consumitur.


Sumunt boni, sumunt mali:
sorte tamen inaequali,
vitae vel interitus.


Mors est malis, vita bonis:
vide paris sumptionis
quam sit dispar exitus.


Fracto demum sacramento,
ne vacilles, sed memento
tantum esse sub fragmento,
quantum toto tegitur.


Nulla rei fit scissura:
signi tantum fit fractura,
qua nec status, nec statura
signati minuitur.


Ecce Panis Angelorum,
factus cibus viatorum:
vere panis filiorum,
non mittendus canibus.
In figuris praesignatur,
cum Isaac immolatur,
agnus Paschae deputatur,
datur manna patribus.


Bone pastor, panis vere,
Iesu, nostri miserere:
Tu nos pasce, nos tuere,
Tu nos bona fac videre
in terra viventium.


Tu qui cuncta scis et vales,
qui nos pascis hic mortales:
tuos ibi commensales,
coheredes et sodales
fac sanctorum civium.
Amen. Alleluia.


O Sacrum convivium.


O sacrum convivium, in quo Christus sumitur; recolitur memoria Passionis eius;
mens impletur gratia et futurae gloriae nobis pignus datur.


O quam suavis est, Domine, spiritus tuus! qui ut ducedinem tuam in filios
demonstrares, pane suavissimo de caelo praestito, esurientes reples bonis, fastidiosos
divites dimittens inanes.


Ave Verum.


Ave verum Corpus natum de Maria Virgine; Vere passum, immolatum in cruce pro
homine. Cuius latus perforatum fluxit aqua et sanguine, esto nobis praegustatum
mortis in examine.
O Iesu dulcis! O Iesu pie! O Iesu, fili Mariae!


O salutaris Hostia.


O salutaris Hostia,
quae caeli pandis ostium:
bella premunt hostilia,
da robur, fer auxilium.


Uni trinoque Domino
sit sempiterna gloria,
qui vitam sine termino
nobis donet in patria. Amen.

Santa Misa.

Oraciones antes de iniciar la Santa Misa.

Oratio Sancti Thomae Aquinatis.


Omnipotens sempiterne Deus, ecce accedo ad sacramentum unigeniti Filii tui,
Domini nostri, Jesu Christi; accedo tamquam infirmus ad medicum vitae,
immundus ad fontem misericordiae, caecus ad lumen claritatis aeternae, pauper et
egenus ad Dominum caeli et terrae. Rogo ergo immensae largitatis tuae
abundantiam, quatenus meam curare digneris infirmitatem, lavare foeditatem,
illuminare caecitatem, ditare paupertatem, vestire nuditatem; ut panem Angelorum,
Regem et Dominum dominantium, tanta suscipiam reverentia et humilitate, tanta
contritione et devotione, tanta puritate et fide, tali proposito et intentione, sicut
expedit saluti animae meae. Da mihi, quaeso, Dominici Corporis et Sanguinis non
solum suscipere sacramentum, sed etiam rem et virtutem sacramenti. O mitissime
Deus, da mihi Corpus unigeniti Filii tui, Domini nostri, Iesu Christi, quod traxit de
Virgine Maria, sic suscipere, ut corpori suo mystico merear incorporari, et inter eius
membra connumerari. O amantissime Pater, concede mihi dilectum Filium tuum,
quem nunc velatum in via suscipere propono, revelata tandem facie perpetuo
contemplari: Qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia
saecula saeculorum. Amen.


Oratio ad Beatam Mariam Virginem ante Missam.


O Mater pietatis et misericordiae, beatissima Virgo Maria, ego miser et indignus
peccator ad te confugio toto corde et affectu; et precor pietatem tuam, ut, sicut
dulcissimo Filio tuo in Cruce pendenti astitisti, ita et mihi, misero peccatori, et
sacerdotibus omnibus, hic et in tota sancta Ecclesia hodie offerentibus, clementer
assistere digneris, ut, tua gratia adiuti, dignam et acceptabilem hostiam in conspectu
summae et individuae Trinitatis offerre valeamus. Amen.


Oratio ad omnes Angelos et Sanctos.


Angeli, Archangeli, Throni, Dominationes, Principatus, Potestates, Virtutes
caelorum, Cherebim atque Seraphim, omnes Sancti et Sanctae Dei, praesertim
Patroni mei, intercedere dignemini pro me, ut hoc sacrificium Deo omnipotenti
digne valeam offerre, ad laudem et gloriam nominis sui et ad utilitatem meam
totiusque Ecclesiae suae sanctae. Amen.

Ordo Missae.
Ritus initialis
Entrada y saludo
Sacerdote:
In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti.
Todos: Amen.
S: Gratia Domini nostri Iesu Christi, et caritas Dei, et communicatio Sancti Spiritus
sit cum omnibus vobis.
T: Et cum spiritu tuo.
Acto penitencial
S: Fratres, agnoscamus peccata nostra, ut apti simus ad sacra mysteria celebranda.


Sacerdote y todos:
Confiteor Deo omnipotenti et vobis, fratres, quia peccavi nimis cogitatione, verbo,
opere et omissione: mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa. Ideo precor beatam
Mariam Semper Virginem, omnes Angelos et Sanctos, et vos, fratres, orare pro me
ad Dominum Deum nostrum.
S: Misereatur nostri omnipotens Deus et, dimissis peccatis nostris, perducat nos ad
vitam aeternam.
T: Amen.


S: Kyrie, eleison.
T: Kyrie, eleison.
S: Christe, eleison.
T: Christe, eleison.
S: Kyrie, eleison.
T: Kyrie, eleison.


Gloria (los domingos y fiestas en que corresponda, el sacerdote introduce el rezo o
el canto del Gloria)


Gloria in excelsis Deo et in terra pax hominibus bonae voluntatis. Laudamus te,
benedicimus te, adoramus te, glorificamus te, gratias agimus tibi propter magnam
gloriam tuam, Domine Deus, Rex caelestis, Deus Pater omnipotens. Domine Fili
unigenite, Iesu Christe. Domine Deus, Agnus Dei, Filius Patris, qui tollis peccata
mundi, miserere nobis; qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram.
Qui sedes ad dexteram Patris, miserere nobis. Quoniam tu solus Sanctus, tu solus
Dominus, tu solus Altissimus, Iesu Christe, cum Sancto Spiritu: in gloria Dei Patris.
Amen.


Oración colecta (propia del día)
S: Oremus.


Lecturas y Salmo (al final de la primera lectura y de la segunda (si la hay))
Lector: Verbum Domini.
T: Deo gratias.


Evangelio (desde el ambón el sacerdote se dirige a la samblea):
S: Dominus vobiscum.
T: Et cum spiritu tuo.
S: Lectio sancti Evangelii secundum...
T: Gloria tibi, Domine.
El sacerdote lee el Evangelio. Al terminar proclama:
S: Verbum Domini,
T: Laus tibi, Christe.

Liturgia Eucharistica (presentación de las ofrendas).

S: Benedictus es, Domine, Deus universi, quia de tua largitate accepimus panem,
quem tibi offerimus, fructum terrae et operis manuum hominum, ex quo nobis fiet
panis vitae.
T: Benedictus Deus in saecula.
S: Benedictus es, Domine, Deus universi, quia de tua largitate accepimus vinum,
quod tibi offerimus, fructum vitis et operis manuum hominum, ex quo nobis fiet
potus spiritalis.
T: Benedictus Deus in saecula.
S: Orate, fratres, ut meum ac vestrum sacrificium acceptabile fiat apud Deum
Patrem omnipotentem.
T: Suscipiat Dominus sacrificium de manibus tuis ad laudem et gloriam nominis
sui, ad utilitatem quoque nostram totiusque Ecclesiae suae sanctae.
El sacerdote, con las manos elevadas, dice la Oración sobre las Ofrendas
correspondiente a la Misa del día (según el calendario litúrgico).
T: Amen.


Prex Eucharistica II
S: Dominus vobiscum.
T: Et cum spiritu tuo.
S: Sursum corda.
T: Habemus ad Dominum.
S: Gratias agamus Domino Deo nostro.
T: Dignum et iustum est.


S: Vere dignum et iustum est, aequum et salutare, nos tibi, sancte Pater, semper et
ubique gratias agere per Filium dilectionis tuae Iesum Christum,Verbum tuum per
quod cuncta fecisti: quem misisti nobis Salvatorem et Redemptorem, incarnatum de
Spiritu Sancto et ex Virgine Natum. Qui voluntatem tuam adimplens et populum
tibi sanctum acquirens extendit manus cum pateretur, ut mortem solveret et
resurrectionem manifestaret. Et ideo cum Angelis et omnibus Sanctis gloriam tuam
praedicamus, una voce dicentes:
Sanctus, sanctus, sanctus Dominus Deus Sabaoth. Pleni sunt caeli et terra gloria tua.
Hosanna in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis.
S: Vere Sanctus es, Domine, fons omnis sanctitatis.


Momento de la Consagración.
Haec ergo dona, quaesumus, Spiritus tui rore sanctifica,
ut nobis Corpus et † Sanguis fiant Domini nostri Iesu Christi.
Qui cum Passioni voluntarie traderetur, accepit panem et gratias agens fregit,
deditque discipulis suis, dicens:


ACCIPITE ET MANDUCATE EX HOC OMNES: HOC EST ENIM CORPUS
MEUM, QUOD PRO VOBIS TRADETUR.


Simili modo postquam coenatum est, accipiens et calicem, iterum gratias agens
dedit discipulis suis, dicens:


ACCIPITE ET BIBITE EX EO OMNES: HIC EST ENIM CALIX SANGUINIS
MEI, NOVI ET AETERNI TESTAMENTI, QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS
EFFUNDETUR IN REMISSIONEM PECCATORUM. HOC FACITE IN MEAM
COMMEMORATIONEM.


S: Mysterium fidei.
T: Mortem tuam annuntiamus, Domine, et tuam resurrectionem confitemur,
donec venias.
S: Memores igitur mortis et resurrectionis eius, tibi, Domine, panem vitae et
calicem salutis offerimus, gratias agentes quia nos dignos habuisti astare coram te et
tibi ministrare. Et supplices deprecamur ut Corporis et Sanguinis Christi participes
a Spiritu Sancto congremur in unum.
Recordare, Domine, Ecclesiae tuae toto orbe diffusae, ut eam in caritate perficias
una cum Papa nostro N.
et Episcopo nostro N.
et universo clero.
Memento etiam fratrum nostrorum,
qui in spe resurrectionis dormierunt, omniumque in tua miseratione defunctorum,
et eos in lumen vultus tui admitte.


Omnium nostrum, quaesumus, miserere
ut cum beata Dei Genetrice Virgine Maria,
beatis Apostolis et omnibus Sanctis,
qui tibi a saeculo placuerunt,
aeternae vitae mereamur esse consortes,
et te laudemus et glorificemus per Filium tuum Iesum Christum.
S: Per ipsum, et cum ipso, et in ipso, est tibi Deo Patri omnipotenti, in unitate
Spiritus Sancti, omnis honor et gloria per omnia saecula saeculorum.
T: Amen.

Ritus Communionis.

S: Praeceptis salutaribus moniti, et divina institutione


formati, audemus dicere:
Pater noster, qui es in caelis,
sanctificetur nomen tuum,
adveniat regnum tuum,
fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra.
Panem nostrum cotidianum
da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris,
et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a
malo.
S: Libera nos, quaesumus, Domine, ab omnibus malis, da propitius pacem in diebus
nostris, ut, ope misericordiae tuae adiuti, et a peccato simus Semper liberi et ab
omni perturbatione securi: exspectantes beatam spem et adventum Salvatoris nostri
Iesu Christi.
T: Quia tuum est regnum et potestas et gloria in saecula.

Rito de la paz

S: Domine Iesu Christe, qui dixisti Apostolis tuis: Pacem relinquo vobis, pacem
meam do vobis: ne respicias peccata nostra, sed fidem Ecclesiae tuae, eamque
secundum voluntatem tuam pacificare et coadunare digneris. Qui vivis et regnas in
saecula saeculorum.
T: Amen.
S: Pax Domini sit semper vobiscum.
T: Et cum spiritu tuo.
S: Offerte vobis pacem.


Sacerdote y pueblo:
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: miserere nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: miserere nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: dona nobis pacem.


S: Ecce Agnus Dei, ecce qui tollit peccata mundi. Beati qui ad cenam Agni vocati
sunt.


Sacerdote y pueblo:
Domine, non sum dignus ut intres sub tectum meum, sed tantum dic verbo et
sanabitur anima mea.
S: Corpus Christi.
T: Amen.

Ritus Conclusiones.

S: Oremus (oración propia del día)


T: Amen.
S: Dominus vobiscum.
T: Et cum spiritu tuo.
S: Benedicat vos omnipotens Deus, Pater et Filius et Spiritus Sanctus.
T: Amen.
S: Ite, missa est.
T: Deo gratias.

Oraciones después de la Santa Misa.


Oratio Sancti Thomae Aquinatis.


Gratias tibi ago, Domine, sancte Pater, omnipotens aeterne Deus, qui me
peccatorem, indignum famulum tuum, nullis meis meritis, sed sola dignatione
misericordiae tuae satiare dignatus es pretioso Corpore et Sanguine Filii tui, Domini
nostri Jesu Christi. Et precor, ut haec sancta communio non sit mihi reatus ad
poenam, sed intercessio salutaris ad veniam. Sit mihi armatura fidei et scutum
bonae voluntatis. Sit vitiorum meorum evacuatio, concupiscentiae et libidinis
exterminatio, caritatis et patientiae, humilitatis et obedientiae omniumque virtutem
augmentatio: contra insidias inimicorum omnium, tam visibilum quam invisibilium
firma defensio; motuum meorum, tam carnalium quam spiritualium, perfecta
quietatio: in te uno ac vero Deo firma adhaesio; atque finis mei felix consummatio.
Et precor te, ut ad illud ineffabile convivium me peccatorem perducere digneris, ubi
tu, cum Filio tuo et Spiritu Sancto. Sanctis tuis es lux vera, satietas plena, gaudium
sempiternum, iucunditas consummata et felicitas perfecta. Per eundem Christum
Dominum nostrum. Amen.


Oratio ad Beatam Mariam Virginem.


O Maria, Virgo et Mater sanctissima, ecce suscepi dilectissimum Filium tuum,
quem immaculato utero tuo concepisti, genuisti, lactasti, atque suavissimis
amplexibus strinxisti. Ecce, cuius aspectu laetabaris et omnibus deliciis replebaris,
illum ipsum tibi humiliter et amanter repraessento et offero tuis brachiis
constringendum, tuo corde amandum, sanctissimaeque Trinitati in supremum
latriae cultum, pro tui ipsius honore et gloria et pro meis totiusque mundi
necessitatibus, offerendum. Rogo ergo te, piissima Mater, impetra mihi veniam
omnium peccatorum meorum, uberemque gratiam ipsi deinceps fidelius serviendi,
ac denique gratiam finalem, ut eum tecum laudare possim per omnia saecula
saeculorum. Amen.

Cantos en latín.
Ubi caritas.


Ubi caritas et amor, Deus ibi est.
Congregavit nos in unum Christi amor.
Exsultemus, et in ipso iucundemur.
Timeamus, et amemus Deum vivum.
Et ex corde diligamus nos sincero.
Simul ergo cum in unum congregamur:
Ne nos mente dividamur, caveamus.
Cessent iurgia maligna, cessent lites.
Et in medio nostri sit Christus Deus.
Simul quoque cum beatis videamus.
Glorianter vultum tuum, Christe Deus.
Gaudium, quod est immensum atque probum.
Saecula per infinita saeculorum. Amen.


Adeste Fidelis.


Adeste, fideles, laeti, triumphantes,
venite, venite in Bethlehem:
Natum videte Regem Angelorum:
Venite adoremus, venite adoremus,
venite adoremus Dominum.


En grege relicto, humiles ad cunas,
vocati pastores approperant.
Et nos ovanti gradu festinemus.
Venite adoremus, venite adoremus,
venite adoremus Dominum.


Aeterni Parentis splendorem aeternum,
velatum sub carne videbimus:
Deum infantem, pannis involutum.


Venite adoremus, venite adoremus,
venite adoremus Dominum.


Pro nobis egenum et foeno cubamtem,
piis foveamus amplexibus:
Sic nos amantem quis nos redamaret?


Venite adoremus, venite adoremus,
venite adoremus Dominum.


Puer Natus.


Puer natus in Bethlehem. Alleluia
unde gaudet Hierusalem. Alleluia, alleluia


In cordis iubilo, Christum natum adoremus
cum novo cantico.


Assumpsit carnem Filius. Alleluia
Dei Patris Altissimus. Alleluia, alleluia


In cordis iubilo, Christum natum adoremus
cum novo cantico.


In hoc natali gaudio. Alleluia.
Benedicamus Domino. Alleluia, alleluia.
In cordis iubilo Christum natum adoremus
cum novo cantico.


Laudetur Sancta Trinitas. Alleluia.
Deo dicamus gratias. Alleluia, alleluia.
In cordis iubilo Christum natum adoremos
cum novo cantico.


XIV. Sacramentos

Principales verdades contenidas en los Sacramentos de acuerdo con el Catecismo de


la Iglesia Católica, conforme a los números que aparecen en el mencionado
Catecismo:

Los siete sacramentos de la Iglesia (1210-1211).

Los sacramentos de la Nueva Ley fueron instituidos por Cristo y son siete, a saber,
Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden
sacerdotal y Matrimonio. Los siete sacramentos corresponden a todas las etapas y
todos los momentos importantes de la vida del cristiano: dan nacimiento y
crecimiento, curación y misión a la vida de fe de los cristianos. Hay aquí una cierta
semejanza entre las etapas de la vida natural y las etapas de la vida espiritual. Los
sacramentos forman un organismo en el cual cada sacramento particular tiene su
lugar vital. En este organismo, la Eucaristía ocupa un lugar único, en cuanto
«sacramento de los sacramentos»: «todos los otros sacramentos están ordenados a
éste como a su fin». (Santo Tomás de Aquino).

Los sacramentos de la iniciación cristiana (1212).

Mediante los sacramentos de la iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y


la Eucaristía, se ponen los fundamentos de toda vida cristiana. «La participación en
la naturaleza divina, que los hombres reciben como don mediante la gracia de
Cristo, tiene cierta analogía con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida
natural. En efecto, los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el
sacramento de la Confirmación y, finalmente, son alimentados en la Eucaristía con
el manjar de la vida eterna, y, así por medio de estos sacramentos de la iniciación
cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y
avanzan hacia la perfección de la caridad». (Pablo VI).

El sacramento del Bautismo (1213).

El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en


el espíritu («vitae spiritualis ianua») y la puerta que abre el acceso a los otros
sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos
de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y
hechos partícipes de su misión: «Baptismus est sacramentum regenerationis per aquam
in verbo». («El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la
palabra».)

Renovación de las promesas del bautismo.

Renuncia y Profesión de Fe
V. Renuncian a Satanás, esto es:
- al pecado, como negación de Dios;
- al mal, como signo del pecado en el mundo;
- al error, como ofuscación de la verdad;
- a la violencia, como contraria a la caridad;
- al egoísmo, como falta de testimonio del amor.
R. Sí, renuncio.
V. Renuncian a sus obras, como son:
- sus envidias y odios;
- sus perezas e indiferencias;
- sus cobardías y complejos;
- sus tristezas y desconfianzas;
- sus materialismos y sensualidades;
- sus injusticias y favoritismos;
- sus faltas de fe, de esperanza y de caridad.
R. Sí, renuncio.
V. Renuncian a todas sus seducciones, como pueden ser:
- el creerse los mejores;
- el sentirse superiores;
- el estar muy seguros de ustedes mismos;
- el creer que ya están convertidos del todo;
- el quedarse contentos con las cosas, medios, instituciones, reglamentos, métodos, y
no ir a Dios.
R. Sí, renuncio.
V. Renuncian a creerse superiores a los demás, esto es, a cualquier tipo de:
- abuso;
- discriminación;
- fariseísmo, hipocresía, cinismo;
- orgullo;
- egoísmo personal;
- desprecio.
R. Sí, renuncio.
V. Renuncian a no actuar ante las injusticias y necesidades de las personas e
instituciones por:
- cobardía;
- pereza;
- comodidad;
- ventajas personales.
R. Sí, renuncio.
V. Renuncian a los criterios y comportamientos materialistas que consideran:
- el dinero como la aspiración suprema de la vida;
- el placer ante todo;
- el negocio como valor absoluto;
- el propio bien por encima del bien común.
R. Sí, renuncio.
V. ¿Creen en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra?
R. Sí, creo.
V. ¿Creen en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María
Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la
derecha del Padre?
R. Sí, creo.
V. ¿Creen en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los
Santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida
eterna?
R. Sí, creo.
V. Ésta es nuestra fe. Ésta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar en
Cristo Jesús, Señor nuestro.
R. Amén.

El sacramento de la Confirmación (1285, 1317).

Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación constituye el


conjunto de los «sacramentos de la iniciación cristiana», cuya unidad debe ser
salvaguardada. Es preciso, pues, explicar a los fieles que la recepción de este
sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal. En efecto, a los
bautizados «el sacramento de la Confirmación los une más íntimamente a la Iglesia
y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma se
comprometen mucho más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y
defender la fe con sus palabras y sus obras». La Confirmación perfecciona la gracia
bautismal; es el sacramento que da el Espíritu Santo para enraizarnos más
profundamente en la filiación divina, incorporarnos más firmemente a Cristo, hacer
más sólido nuestro vínculo con la Iglesia, asociarnos todavía más a su misión y
ayudarnos a dar testimonio de la fe cristiana por la palabra acompañada de las obras.
La Confirmación, como el Bautismo, imprime en el alma del cristiano un signo
espiritual o carácter indeleble; por eso este sacramento sólo se puede recibir una vez
en la vida.


¿Cuáles son los Dones del Espíritu Santo?
Los Dones del Espíritu Santo son siete:
• El primero, don de sabiduría.
• El segundo, don de entendimiento.
• El tercero, don de consejo.
• El cuarto, don de fortaleza.
• El quinto, don de ciencia.
• El sexto, don de piedad.
• El séptimo, don de temor de Dios.


¿Cuáles son los frutos del Espíritu Santo?
Los frutos del Espíritu Santo son doce: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia y castidad.

El sacramento de la Eucaristía (1322-1325).

La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la
dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente
con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la
comunidad en el sacrificio mismo del Señor. «Nuestro Salvador, en la última Cena,
la noche en que fue entregado, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su
sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar
así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección,
sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el
que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria
futura». (SC 47).


La Eucaristía es «fuente y cima de toda la vida cristiana». «Los demás sacramentos,
como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos
a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el
bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua». «La Eucaristía
significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios por
las que la Iglesia es ella misma. En ella se encuentra a la vez la cumbre de la acción
por la que, en Cristo, Dios santifica al mundo, y del culto que en el Espíritu Santo
los hombres dan a Cristo y por él al Padre».

Los sacramentos de la curación (1420-1421).

Por los sacramentos de la iniciación cristiana, el hombre recibe la vida nueva de


Cristo. Ahora bien, esta vida la llevamos en «vasos de barro» (2 Co 4: 7).
Actualmente está todavía «escondida con Cristo en Dios» (Col 3: 3). Nos hallamos
aún en «nuestra morada terrena» (2 Co 5: 1), sometida al sufrimiento, a la
enfermedad y a la muerte. Esta vida nueva de hijo de Dios puede ser debilitada e
incluso perdida por el pecado. El Señor Jesucristo, médico de nuestras almas y de
nuestros cuerpos, que perdonó los pecados al paralítico y le devolvió la salud del
cuerpo, quiso que su Iglesia continuase, con la fuerza del Espíritu Santo, su obra de
curación y de salvación, incluso en sus propios miembros. Ésta es la finalidad de los
dos sacramentos de curación: del sacramento de la Penitencia y de la Unción de los
enfermos.

El sacramento de la Penitencia (1422-1424).

«Los que se acercan al sacramento de la Penitencia obtienen de la misericordia de


Dios el perdón de los pecados cometidos contra Él y, al mismo tiempo, se
reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a
conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones». Se le denomina sacramento de
conversión porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la conversión, la
vuelta al Padre del que el hombre se había alejado por el pecado. Se denomina
sacramento de la Penitencia porque consagra un proceso personal y eclesial de
conversión, de arrepentimiento y de reparación por parte del cristiano pecador. Es
llamado sacramento de la confesión porque la declaración o manifestación, la
confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este
sacramento. En un sentido profundo este sacramento es también una «confesión»,
reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su misericordia para con el
hombre pecador. Se le llama sacramento del perdón porque, por la absolución
sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente «el perdón y la paz». Se le
denomina sacramento de Reconciliación porque otorga al pecador el amor de Dios
que reconcilia: «Dejaos reconciliar con Dios» (2 Co 5: 20). El que vive del amor
misericordioso de Dios está pronto a responder a la llamada del Señor: «Ve primero
a reconciliarte con tu hermano». (Mt 5: 24).


Para confesarnos bien son necesarias cinco cosas:
1. Examen de conciencia, para recordar los pecados cometidos después de la última
confesión bien hecha.
2. Dolor de los pecados, que es pesar, pena de haber ofendido a Dios nuestro
Padre.
3. Propósito de la enmienda, de no volver a cometerlos, de luchar por ser mejor.
4. Decir los pecados al confesor, con confianza y sinceridad. Sin callar ninguno por
temor o vergüenza. Es bueno confesarse también de los pecados veniales.
5. Cumplir la penitencia, que haya impuesto el sacerdote. Para evitar que se olvide,
hay que cumplirla cuanto antes, aun cuando no es preciso cumplirla antes de recibir
la Comunión.


Oración para antes de la confesión
Mi Señora y mi Madre, dadme la gracia de conocer mis pecados en todo su tamaño
y gravedad, en toda su malicia, y dadme un odio inquebrantable a esos pecados,
para que, odiándolos pueda vencerlos.
Dadme aquella forma perfectísima de arrepentimiento que vos queréis de mí,
aquella compunción de David penitente, su lamento sereno y lleno de confianza, su
dolor purificador.
Haced, ¡oh Madre mía!, que tenga los pecados siempre delante mía, y dadme un
corazón contrito y humillado que vos no despreciáis.


Examen de conciencia
Se hace ahora y diligentemente examen de conciencia sobre los diez mandamientos
de la ley de Dios y de su Santa Iglesia y sobre los deberes del propio estado.
Acuérdate que en relación con los pecados mortales es necesario, en cuanto sea
posible, referir el número y circunstancias en la confesión. Más adelante, y sin
proponerlo como algo exhaustivo y mucho menos obligatorio, se ofrecen como
ayuda, diferentes formas de realizar un examen de conciencia para una buena
confesión. Puedes servirte de ellos o de otros que sean más apropiados a tus
necesidades personales.

Acto de contrición después del examen de conciencia.

¡Oh mi Dios!, profundamente humillado y aniquilado delante de vuestra Majestad


soberana, os pido humildemente perdón; detesto de todo corazón, todos los pecados
que he cometido en toda mi vida, más particularmente después de mi última
confesión, tanto de los que me acuerdo como de los que no, los detesto y de ellos
me arrepiento de todo corazón.


Modo de hacer la confesión.


Saludo


El fiel se santigua diciendo:
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


El sacerdote invita al penitente a poner su confianza en Dios:
Que Dios te conceda reconocer tus pecados y confiar en su misericordia. Amén.
(Opcional: Lectura de la Palabra de Dios. El sacerdote o el fiel, lee algún texto
apropiado de la Palabra de Dios. Por ejemplo: «Jesús comenzó en Galilea a
proclamar el Evangelio de Dios diciendo: El Reino de Dios está cerca; conviértanse
y crean en el Evangelio» (Mc 1: 15); o, «Escucha al Señor que nos dice: si perdonas
a los demás sus culpas, también tu Padre del cielo te perdonará... pero si no
perdonas, tampoco el Padre celestial te perdonará». (Mt 6: 14-15).


Confesión
El penitente se acusa de sus pecados. Al terminar la confesión de los pecados, el
sacerdote le propone una obra de penitencia que el penitente aceptará como
satisfacción por sus pecados y para enmienda de su vida. Después de la confesión de
los pecados se puede añadir:


También de todos los pecados de mi vida pasada, los olvidados, me arrepiento de
todo corazón; de todos ellos pido perdón a Dios y a vos Padre, la absolución.


Oír, después con respeto y atención los consejos del confesor.

Oración del penitente
El penitente manifiesta su arrepentimiento diciendo:


Jesucristo, mi Dios y mi Salvador:
yo me arrepiento de corazón
de todos los pecados que he cometido,
porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno.
Propongo firmemente no volver a pecar.
Confío en que me perdonarás mis culpas
y me llevarás a la vida eterna, porque eres bueno. Amén.


O bien:
Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava mi delito; limpia mi pecado (Salm 50: 3-4).


Absolución
El sacerdote dice:


Dios Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la
resurrección de su Hijo, y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados,
te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz, Y YO TE ABSUELVO
DE TUS PECADOS EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO + Y DEL
ESPÍRITU SANTO. Amén.


El sacerdote dice: La pasión de nuestro Señor Jesucristo, la intercesión de la
Bienaventurada Virgen María y de todos los santos, el bien que hagas y el mal que
puedas sufrir, te sirvan como remedio de tus pecados, aumento de gracia y premio
de vida eterna. Amén. Vete en paz.


Alabanza a Dios y despedida
El penitente reconoce la misericordia de Dios y le da las gracias. Luego el sacerdote
lo despide en paz.


S. Dad gracias al Señor, porque es bueno.
P. Porque es eterna su misericordia.
S. El Señor te ha perdonado tus pecados, vete en paz y no vuelvas a pecar. Amén.


Oración para después de la confesión
¡Cuán suave sois Señor, para los que os buscan! ¡Cuán grande es vuestro amor y
vuestra bondad! Confío que por lo merecimientos infinitos de vuestra preciosísima
Sangre ya perdonaste mis pecados. ¡Puedo contarme entre vuestros hijos! ¡Oh feliz
de mi vida! ¡Oh momento afortunado! No permitas jamás, Padre de misericordia,
que me olvide de este inefable beneficio. Propongo firmemente evitar el pecado,
para que nunca más pierda vuestra gracia: bendice, Señor, este propósito y
fortaléceme para que nunca más vuelva a caer. ¡Oh María, Madre mía! Ruega por
mí y ampárame. Santos y Ángeles del cielo, interceded por mí. Amén.


Después de esta oración, cumplir la penitencia impuesta por el confesor.


Nos recuerdan los santos:


«¡Mira qué entrañas de misericordia tiene la justicia de Dios! —porque en los juicios
humanos, se castiga al que confiesa su culpa: y, en el divino, se perdona.
»¡Bendito sea el Santo Sacramento de la Penitencia!». (San Josemaría Escrivá de
Balaguer).
«Por la bondad misericordiosa de Dios cuantos se acercan al confesionario
encuentran la alegría y la serenidad de la conciencia, que fuera de la Confesión no
podrán encontrar en otra parte». (Juan Pablo II. Homilía. 16.11.80).


Diferentes formas de realizar un examen de conciencia para una buena
confesión.


Examen de Conciencia I
¿He dudado o negado las verdades de la fe católica?
¿He practicado la superstición o el espiritismo?
¿Me he acercado indignamente a recibir algún sacramento?
¿He blasfemado? ¿He jurado sin necesidad o sin verdad?
¿Creo todo lo que enseña la Iglesia Católica?
¿Hago con desgana las cosas que se refieren a Dios?
¿He faltado a Misa los domingos o días festivos?
¿Sabía que si era por mi culpa cometía pecado mortal?
¿He cumplido los días de ayuno y abstinencia?
¿He callado en la confesión por vergüenza algún pecado mortal?
¿Manifiesto respeto y cariño a mis padres y familiares?
¿Soy amable con los extraños o me falta esa amabilidad en la vida de familia?
¿He dado mal ejemplo a las personas que me rodean? ¿Las corrijo con cólera o
injustamente?
¿Me he preocupado de la formación religiosa y moral de las personas que viven en
mi casa o que dependen de mí?
¿He fortalecido la autoridad de mi cónyuge, evitando reprenderle, contradecirle o
discutirle delante de los hijos?
¿Me quejo delante de la familia de la carga que suponen las obligaciones
domésticas?
¿Tengo enemistad, odio o rencor contra alguien?
¿Evito que las diferencias políticas o profesionales degeneren en indisposición,
malquerencia u odio hacia las personas?
¿He hecho daño a otros de palabra o de obra?
¿He practicado, aconsejado o facilitado el grave crimen del aborto?
¿Me he embriagado, bebido con exceso o tomado drogas?
¿He mirado anuncios o películas indecentes en el cine, televisión, video, etcétera,
sabiendo que ofendía a Dios?
¿He descuidado mi salud? ¿He sido imprudente en la conducción de vehículos?
¿He sido causa de que otros pecasen por mi conversación, mi modo de vestir, mi
asistencia a algún espectáculo o con el préstamo de algún libro o revista?
¿He tratado de reparar el escándalo?
¿He concebido deseos impuros de pecar con otras personas? ¿He deseado cometer
adulterio?
¿He sido perezoso en el cumplimiento de mis deberes? ¿Retraso con frecuencia el
momento de ponerme a trabajar o a estudiar?
¿He aceptado pensamientos o miradas impuras?
¿He realizado actos impuros? ¿Solo o con otras personas? ¿Del mismo o distinto
sexo?
¿Hice algo para impedir las consecuencias de esas relaciones?
Antes de asistir a un espectáculo o de leer un libro, ¿me entero de su calificación
moral? ¿He usado indebidamente del matrimonio? ¿Acepto y vivo conforme a la
doctrina de la Iglesia en esta materia?
¿He aceptado malos deseos hacia personas casadas?
¿He tomado dinero o cosas que no son mías? ¿He restituido?
¿He engañado a otros cobrando más de lo debido?
¿He malgastado el dinero? ¿Doy limosna según mi posición?
¿He prestado mi apoyo a programas de acción social y política inmorales y
anticristianos?
¿He dicho mentiras? ¿He reparado el daño que haya podido seguirse?
¿He descubierto, sin causa justa, defectos graves de otras personas? ¿He devuelto la
fama?
¿He hablado o pensado mal de otros? ¿He calumniado?
¿He devuelto la fama a la persona calumniada?
¿Soy ejemplar en mi trabajo? ¿Utilizo cosas de la empresa en provecho propio,
faltando a la justicia?
¿He perdido el tiempo en el estudio o en el trabajo?
¿Estoy dispuesto a sufrir una merma en mi reputación profesional antes que cometer
o cooperar formalmente en una injusticia?
¿Me preocupo de influir —con naturalidad y sin respetos humanos— para hacer
más cristiano el ambiente a mi alrededor? ¿Sé defender a Cristo y a la doctrina de la
Iglesia?
¿Hago el propósito de plantearme más en serio mi formación cristiana y mis
relaciones con Dios?


Examen de Conciencia para Jóvenes II
¿He dejado de rezar por la mañana o por la noche?
¿He pasado algún día sin acordarme de Jesús y de la Santísima Virgen, y sin rezarle
ninguna oración?
¿He jurado cosas falsas?
¿He jurado cosas verdaderas, pero sin necesidad?
¿He dicho blasfemias: palabras contra Dios o los Santos?
¿He dicho malas palabras o groserías?
¿Dejé de asistir a la Santa Misa algún Domingo por culpa mía?
¿Me he distraído en la Santa Misa, o he distraído a los demás, hablando, jugando o
mirando para atrás?
¿He llegado tarde por descuido?
¿Participé con atención en la Misa?
¿He desobedecido a mis padres en cosas importantes?
¿He obedecido protestando o de mala gana, o solo cuando me han insistido dos o
tres veces?
¿He dejado sin terminar los encargos que me han hecho?
¿He sido caprichoso y terco?
¿He insultado o hecho enojar a mis padres, abuelos, mayores, etcétera? ¿He repetido
esta conducta en el colegio con mis maestros?
¿Me he peleado con mis hermanos, amigos o compañeros, y les he dañado o
lastimado?
¿He insultado a mis hermanos, amigos u otras personas?
¿He puesto sobrenombres ofensivos y me he burlado de mis compañeros?
¿He mirado fotos, dibujos, revistas, etcétera, inmorales?
¿He pensado, hablado o hecho solo o con otros cosas deshonestas?
¿Antes o después del deporte o en otras ocasiones, me he cambiado de ropa ante los
demás sin observar las normas de decencia?
¿He sacado dinero u otras cosas sin permiso de mis padres?
¿He hecho lo mismo con dinero u objetos de compañeros, negocios, etcétera?
¿He estropeado o ensuciado los libros, la ropa o tirado la comida?
¿No he prestado mis cosas a los demás? ¿He sido envidioso?
¿He perdido el tiempo, o me he distraído en clase, o no hice los deberes a tiempo y
con dedicación?
¿He dicho mentiras? ¿Han causado daño o discordia en los demás?
¿He acusado o criticado a mis hermanos o compañeros?
¿Cuando he causado un desperfecto he callado y permitido que castigaran al
inocente?

Examen Breve III (tomados del Ritual de Sacramentos)
1. ¿Voy al sacramento de la penitencia con sincero deseo de purificación, renovación
de la vida y amistad más profunda con Dios, o por el contrario, lo considero como
una carga que se ha de recibir muy raras veces?
¿Me olvidé o callé a propósito en las pasadas confesiones algún pecado grave?
¿Cumplí la penitencia que me fue impuesta?
¿Reparé las injusticias que acaso cometí?
¿Me esforcé en llevar a la práctica los propósitos de enmendar mi vida según el
Evangelio?


2. ¿Tiende mi corazón a Dios de manera que en verdad lo ame sobre todas las cosas
en el cumplimiento fiel de sus mandamientos, como un hijo ama a su padre, o, por
el contrario, vivo obsesionado por las cosas temporales?
¿Obro en mis cosas con recta intención?
¿Es firme mi fe en Dios, que me habló por medio de su Hijo?
¿Me adhiero firmemente a la doctrina de la Iglesia?
¿Tengo interés en mi formación cristiana escuchando la palabra de Dios, ilustrando
mi fe con lecturas apropiadas, participando activamente en las actividades de
formación y evitando cuanto pueda dañar mi fe?
¿He profesado siempre con vigor y sin temores mi fe en Dios? ¿He manifestado mi
condición de cristiano en la vida pública y privada?
¿He rezado por la mañana y por la noche? Mi oración: ¿es auténtica conversación —
de mente y corazón— con Dios o un puro rito exterior?
¿He ofrecido a Dios mis trabajos, dolores y gozos? ¿Recurro a él en mis tentaciones?
¿Tengo reverencia hacia el nombre de Dios o le ofendo con blasfemias, falsos
juramentos, usando su nombre en vano?
¿Me he conducido irreverentemente con la Virgen María y los Santos?
¿Guardo los domingos y días de fiesta de la Iglesia participando activa, atenta y
piadosamente en la celebración eucarística?
¿He cumplido el precepto anual de la confesión y comunión pascual?
¿Tengo, quizá, otros «dioses», es decir, cosas por las que me preocupo y en las que
confío más que en Dios, como son las riquezas, las supersticiones, el espiritismo o
cualquier forma de inútil magia?
¿Dedico al negocio de mi santificación cristiana y al de mi vocación de apóstol, la
atención y el esfuerzo que dedico a mis negocios o a otras actividades personales o
sociales?


3. ¿Tengo auténtico amor a mi prójimo o abuso de mis hermanos usándolos para
mis fines y portándome con ellos como no quisiera que se portasen conmigo? ¿Los
he escandalizado gravemente con palabras o con obras?
¿He contribuido, en el seno de mi familia, al bien y a la alegría de los demás con mi
paciencia y verdadero amor?
¿Comparto mis bienes con quienes son más pobres que yo? ¿Me preocupo por los
más débiles y necesitados, o, por el contrario, desprecio a mi prójimo? ¿En cuanto
me es posible, defiendo a los oprimidos, socorro a los pobres, ayudo a los
necesitados?
¿Realizo en mi vida la misión que acepté en mi confirmación? ¿Tengo celo
apostólico? ¿Participo en obras de apostolado y en las obras de servicio de la Iglesia
como las que ofrece la Pastoral Universitaria? ¿Tomo parte en la vida parroquial
(como universitario, en la Pastoral Universitaria)?
¿He tratado de remediar, según mis posibilidades, las necesidades de la iglesia, la
evangelización de los hombres, el aumento de las vocaciones a la vida sacerdotal y a
la vida consagrada, la realización de la paz y de la justicia?
Soy generoso en la aportación de los talentos que Dios me ha dado (cualidades
personales, capacidad de iniciativa, tiempo, recursos económicos, contactos
profesionales, etcétera), para apoyar los apostolados en bien general de la Iglesia?
¿Valoro lo que significa la salvación de una sola alma? ¿He hecho todo lo posible
para acercar a Dios y a la Iglesia a mi familia y conocidos? ¿He invitado a otros
jóvenes a participar en la Pastoral Universitaria como un medio para crecer en su
vida cristiana y colaborar con la misión evangelizadora de la Iglesia?
¿Me preocupo por el bien y la prosperidad de la comunidad humana en la que vivo,
o me paso la vida tan sólo preocupado por mí mismo? ¿Contribuyo, según mis
posibilidades, en fomentar la justicia, la honestidad de las costumbres, la concordia
y la caridad en la sociedad? ¿He cumplido con mis deberes cívicos y he pagado mis
impuestos?
¿En mi trabajo y estudios soy justo, laborioso, honesto, prestando con amor mi
servicio a los demás?
¿He obedecido y respeto a las legítimas autoridades? ¿He sido obediente con mis
padres, respetándolos y ayudándoles en sus necesidades espirituales y temporales?
Si tengo algún cargo o ejerzo alguna autoridad, ¿los uso para mi provecho personal o
para el bien de los demás, con espíritu de servicio?
¿He dicho la verdad y he respetado los secretos? ¿He perjudicado a alguien con
palabras falsas, con calumnias, mentiras o la violación de algún secreto?
¿He producido algún daño a la vida, la integridad física, la fama, el honor, o a los
bienes de otros?
¿He procurado o inducido al aborto?
¿Odio a alguien? ¿Estoy enemistado con alguien por riñas, injurias, ofensas,
resentimientos o enemistades? Si he calumniado a alguien, ¿he reparado la injuria?
¿He hablado mal de alguien, poniendo en evidencia sus defectos o limitaciones? ¿He
pensado mal del prójimo? ¿He robado o deseado injusta o desordenadamente cosas
de otros o les he infringido algún daño? ¿He restituido o reparado ese daño?
Si alguien me ha injuriado, ¿me he mostrado dispuesto a la paz y a perdonar, por
amor a Cristo, o mantengo deseos de odio y venganza?
¿He omitido, por egoísmo, algo que debería haber hecho en justicia por mi
prójimo?


4. ¿Cuál es la dirección fundamental de mi vida? ¿Me anima la esperanza de la vida
eterna?
¿Me esfuerzo por crecer en la vida espiritual por medio del cumplimiento fiel de mis
compromisos de Plan de vida: oración, lectura y meditación de la Palabra de Dios,
participación en los sacramentos, retiro espiritual, dirección, apostolado y
mortificación?
¿Estoy esforzándome en domar mis vicios, mis inclinaciones y pasiones malas como
la envidia, la gula en las comidas y bebidas, la pereza, la avaricia, la ira?
¿Me he levantado contra Dios por soberbia o jactancia, o he despreciado a los demás
pensando que soy mejor que ellos? ¿He impuesto mi voluntad a los demás en contra
de su voluntad y derechos?
¿Qué uso he hecho de mi tiempo, de mis fuerzas, de los dones que Dios me dio?,
¿los he usado para superarme y perfeccionarme a mí mismo, según el querer de
Dios, o para mi provecho egoísta y exclusivo? ¿He vivido ocioso o he sido perezoso?
¿He soportado con serenidad y paciencia los sufrimientos y contrariedades de la
vida?
¿He mortificado mi cuerpo para ayudar a completar «lo que falta a la pasión de
Cristo»?
¿He observado el precepto del ayuno, y la abstinencia?
¿He mantenido mis sentidos y todo mi cuerpo en la pureza y en la castidad como
templo que es del Espíritu Santo, llamado a la gloria de la resurrección y como signo
del amor fiel que Dios profesa a los hombres, signo que adquiere toda su luz en el
matrimonio?
¿He manchado mi cuerpo con la fornicación, con la impureza, con palabras o
pensamientos indignos, con deseos y acciones desordenadas? ¿He mantenido
conversaciones, hecho lecturas o asistido a espectáculos o diversiones contrarias a la
honestidad humana y cristiana? ¿He incitado al pecado a otros con mi falta de
decencia? ¿Me he recreado en el placer por el placer?
¿He actuado alguna vez contra mi conciencia, por temor o hipocresía?
¿He tratado de actuar dentro de la verdadera libertad de los hijos de Dios, según la
ley del espíritu, o soy siervo de mis pasiones?


Examen de conciencia sobre el amor a Dios y al prójimo IV
Sobre el amor a Dios:
Jesús dice: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, y con
toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento». (Mt 22: 37).
Amor a Dios: ¿Se dirige mi corazón a Dios, lo amé sobre todas las cosas, en el fiel
cumplimiento de sus mandamientos como un hijo ama a su padre? ¿O me olvido de
Dios, ocupándome sólo de las cosas materiales? ¿Mi intención es recta en todas mis
obras?
Fe en Dios: ¿Es firme mi fe en Dios que habló a los hombres por medio de su Hijo?
¿Acepto firmemente la doctrina de la Iglesia? Me preocupo por mi formación
cristiana, participando en la instrucción religiosa y evitando todo aquello que pueda
ser contrario a mi fe? ¿Manifiesto mi condición de cristiano en la vida pública y
privada? ¿Me anima la esperanza de la vida eterna?
Confianza en Dios: ¿Rezo mañana y noche?, ¿es mi oración una verdadera
conversión de mi mente y de mi corazón hacia Dios o es sólo algo externo? ¿Ofrezco
a Dios mis trabajos, alegrías y dolores? ¿Recurro a la ayuda divina en las tentaciones?
¿Confío en las supersticiones, en el espiritismo o en cualquier otra forma de magia?
Respeto a Dios: ¿Respeto el nombre de Dios o le ofendo con reniegos, falsos
juramentos o nombrándolo en vano? ¿He faltado al respeto a la Santísima Virgen o
a los Santos?
Honra de Dios: ¿Santifico el domingo y los días de fiesta de la Iglesia? ¿Participo en
la vida litúrgica de mi parroquia, especialmente a la Misa, de un modo activo y
atento? ¿Cumplo el precepto anual de la confesión y de la comunión en la Pascua?

Sobre el amor al prójimo:
Jesús dice: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que,
como yo os he amado, así os améis también vosotros. En esto conocerán todos que
sois mis discípulos: si os tenéis amor los unos a los otros». (Jn 13: 34-45).
Amor sobrenatural: ¿Tengo verdadero amor a mi prójimo o engaño a mis hermanos
utilizándolos para mis fines? ¿Me comprometo con los demás, como quisiera que los
demás se comprometiesen, conmigo? ¿Soy causa de grave escándalo con mis palabras
o con mis obras?
Amor familiar: ¿Cómo me llevo con mi familia? ¿Contribuyo al bienestar y a la
alegría de mis familiares con mi trabajo, paciencia y amor verdadero? ¿Soy hijo
obediente y respetuoso y ayudo a mis padres en sus necesidades espirituales y
materiales? ¿Soy esposo y padre responsable? ¿Soy fiel? ¿Amo de verdad a mi
cónyuge y procuro su bien? ¿Me preocupo de educar cristianamente a los hijos?
¿Ayudo a los hijos con mi buen ejemplo y con oportunos y prudentes consejos?
Caridad: ¿Comparto mis bienes con los más pobres que yo? ¿En lo posible, defiendo
a los oprimidos, ayudo a los que viven en la miseria, socorro a los débiles?
¿Desprecio a mi prójimo especialmente a los humildes, pobres, débiles enfermos,
ancianos, extraños o de otras razas?
Trabajo apostólico: ¿Realizo en mi vida la misión que acepté en la Confirmación?
¿Participo en las obras de apostolado de mi parroquia? ¿Trato de ayudar a resolver
las necesidades de la Iglesia y de mi pueblo o de mi colonia? ¿Acepto gustoso la
vocación sacerdotal o religiosa de algún familiar, rezo por las vocaciones, la
evangelización de los pueblos, la unidad de la Iglesia, la conversión de los pecadores,
la realización de la paz y de la justicia en todas partes?
Bien comunitario: ¿Me preocupo por el bien y el progreso de mi comunidad donde
vivo?, ¿trabajo por la justicia, la honestidad de las costumbres, la concordia y la
caridad? ¿Cumplo con mis deberes cívicos? ¿Obedezco y respeto a la legítima
autoridad? ¿Utilizo el cargo o la autoridad que tengo para servir a los demás o para
mi provecho personal? ¿Participo de la renovación espiritual y moral en los cargos de
elección popular?
Trabajo: ¿Soy justo, laborioso, honrado en mi trabajo? ¿Pago el justo salario a mis
empleados? ¿Les participo de las utilidades de la empresa a los empleados? ¿A mis
trabajadores les proporciono las prestaciones sociales? ¿Cumplo con mis contratos?
¿He especulado con el alza de precios y con la competencia fraudulenta o he
ocultado las mercancías? ¿Malgasto mi dinero? ¿Soy avaro? ¿Soy negligente en pagar
las deudas en el tiempo establecido? ¿Son honestas mis ganancias? ¿Oculto o abulto
las cuentas y no pago los impuestos justos? ¿Qué uso hago de mi tiempo, de mis
fuerzas, de mi salud, de los dones que Dios me ha dado? ¿Uso los dones de Dios en
superarme y perfeccionarme a mí mismo? ¿Vivo en el ocio y en la pereza?
Castidad: ¿He mantenido mis sentidos y todo mi cuerpo en la pureza y castidad
como templo que es del Espíritu Santo? ¿He manchado mi cuerpo con la
fornicación, con la impureza, con palabras y pensamientos malos, con deseos y
acciones torpes? ¿He condescendido a mis placeres? ¿He tenido conversaciones,
hecho lecturas o asistido a espectáculos y diversiones contrarias a la honestidad
humana y cristiana? ¿He incitado a otros al mal con mis actos? ¿He observado la ley
moral en el uso del matrimonio?
Respeto a la vida: ¿He causado daño a la vida, a la salud, a la fama, a la integridad
física de los demás? ¿He dañado mi salud? ¿He aconsejado el aborto o intervenido
en él? ¿Uso o propago medios anticonceptivos en contra de la doctrina conyugal
cristiana? ¿He deseado mal a alguien? ¿Le guardo rencor u odio a alguna persona?
¿Me siento separado de alguien por pleitos, envidias, injurias, ofensas o enemistades?
¿Descuido culpablemente, por egoísmo, el atestiguar la inocencia del prójimo?
Respeto a la verdad: ¿He dicho siempre la verdad y he respetado los secretos? ¿He
perjudicado a otros con mentiras, calumnias, difamación, juicios temerarios o
violación de secretos? ¿He reparado el mal hecho? ¿He actuado contra mi conciencia
por temor o por hipocresía? ¿Vivo en la libertad de los hijos de Dios o soy esclavo de
mis pasiones? ¿He impuesto mi voluntad a los demás en contra de su libertad y de
sus derechos?
Respeto a la propiedad: ¿He robado o deseado injusta o desordenadamente cosas de
otros? ¿He omitido la devolución de cosas recibidas en préstamo? ¿He procurado
restituir lo ajeno y he reparado el daño provocado?
Perdón fraterno: ¿Estoy dispuesto a perdonar a los que me han ofendido, por amor a
Cristo? ¿Conservo odio, rencor, deseos de venganza? ¿He provocado y fomentado
enemistades? ¿Hago el bien a quienes me odian?
Penitencia y lucha en contra de los pecados: ¿Soporto con paciencia y serenidad los
dolores y contrariedades de la vida? ¿Mortifico mi cuerpo para ir completando lo
que falta a los dolores de Cristo? ¿Observo la ley del ayuno y de la abstinencia? ¿Me
esfuerzo para avanzar en la vida espiritual por medio de la oración, la lectura y la
meditación de la Palabra de Dios, la participación en los Sacramentos y la
mortificación? ¿Estoy esforzándome en superar mis vicios, mis inclinaciones y
pasiones malas, como la envidia, o la gula en comida y bebidas? ¿Cumplí con la
penitencia de mi última confesión y reparé las injusticias cometidas? ¿Olvidé, en mis
anteriores confesiones, algún pecado grave o lo callé voluntariamente?

La Unción de los enfermos (1499-1532).

«Con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros, toda la
Iglesia entera encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado para que
los alivie y los salve. Incluso los anima a unirse libremente a la pasión y muerte de
Cristo; y contribuir, así, al bien del Pueblo de Dios». La Iglesia cree y confiesa que,
entre los siete sacramentos, existe un sacramento especialmente destinado a
reconfortar a los atribulados por la enfermedad: la Unción de los enfermos: Esta
unción santa de los enfermos fue instituida por Cristo nuestro Señor como un
sacramento del Nuevo Testamento, verdadero y propiamente dicho, insinuado por
Marcos, y recomendado a los fieles y promulgado por Santiago, apóstol y hermano
del Señor. (Concilio de Trento).
Así, como los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía
constituyen una unidad llamada «los sacramentos de la iniciación cristiana», se
puede decir que la Penitencia, la Santa Unción y la Eucaristía, en cuanto viático,
constituyen, cuando la vida cristiana toca a su fin, «los sacramentos que preparan
para entrar en la Patria» o los sacramentos que cierran la peregrinación. El
sacramento de la Unción de los enfermos tiene por fin conferir una gracia especial al
cristiano que experimenta las dificultades inherentes al estado de enfermedad grave
o de vejez. La gracia especial del sacramento de la Unción de los enfermos tiene
como efectos: la unión del enfermo a la Pasión de Cristo, para su bien y el de toda la
Iglesia; el consuelo, la paz y el ánimo para soportar cristianamente los sufrimientos
de la enfermedad o de la vejez; el perdón de los pecados si el enfermo no ha podido
obtenerlo por el sacramento de la Penitencia; el restablecimiento de la salud
corporal, si conviene a la salud espiritual; la preparación para el paso a la vida
eterna.

Los sacramentos al servicio de la comunidad (1533-1535).


El Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía son los sacramentos de la iniciación
cristiana. Fundamentan la vocación común de todos los discípulos de Cristo, que es
vocación a la santidad y a la misión de evangelizar el mundo. Confieren las gracias
necesarias para vivir según el Espíritu en esta vida de peregrinos en marcha hacia la
patria.
Otros dos sacramentos, el Orden y el Matrimonio, están ordenados a la
salvación de los demás. Contribuyen ciertamente a la propia salvación, pero esto lo
hacen mediante el servicio que prestan a los demás. Confieren una misión particular
en la Iglesia y sirven a la edificación del Pueblo de Dios. En estos sacramentos, los
que fueron ya consagrados por el Bautismo y la Confirmación para el sacerdocio
común de todos los fieles, pueden recibir consagraciones particulares. Los que
reciben el sacramento del Orden son consagrados para «en el nombre de Cristo ser
los pastores de la Iglesia con la palabra y con la gracia de Dios». Por su parte, «los
cónyuges cristianos, son fortificados y como consagrados para los deberes y dignidad
de su estado por este sacramento especial».

El sacramento del Orden (1536-1591).

El Orden es el sacramento gracias al cual la misión confiada por Cristo a sus


apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos: es, pues, el
sacramento del ministerio apostólico. Comprende tres grados: el episcopado, el
presbiterado y el diaconado. La Iglesia entera es un pueblo sacerdotal. Por el
bautismo, todos los fieles participan del sacerdocio de Cristo. Esta participación se
llama «sacerdocio común de los fieles». A partir de este sacerdocio y al servicio del
mismo existe otra participación en la misión de Cristo: la del ministerio conferido
por el sacramento del Orden, cuya tarea es servir en nombre y en representación de
Cristo-Cabeza en medio de la comunidad.

El sacramento del Matrimonio (1601-1664).

«La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un


consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los
cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro
Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados». La alianza matrimonial, por la
que un hombre y una mujer constituyen una íntima comunidad de vida y de amor,
fue fundada y dotada de sus leyes propias por el Creador. Por su naturaleza está
ordenada al bien de los cónyuges así como a la generación y educación de los hijos.
Entre bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Señor a la dignidad de
sacramento.
El sacramento del Matrimonio significa la unión de Cristo con la Iglesia. Da a los
esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo amó a su Iglesia; la gracia del
sacramento perfecciona así el amor humano de los esposos, reafirma su unidad
indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna. El matrimonio se funda en
el consentimiento de los contrayentes, es decir, en la voluntad de darse mutua y
definitivamente con el fin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo.
Dado que el matrimonio establece a los cónyuges en un estado público de vida en
la Iglesia, la celebración del mismo se hace ordinariamente de modo público, en el
marco de una celebración litúrgica, ante el sacerdote (o el testigo cualificado de la
Iglesia), los testigos y la asamblea de los fieles. La unidad, la indisolubilidad, y la
apertura a la fecundidad son esenciales al matrimonio. La poligamia es incompatible
con la unidad del matrimonio; el divorcio separa lo que Dios ha unido; el rechazo
de la fecundidad priva a la vida conyugal de su «don más excelente», el hijo.


XV. Las Indulgencias en el Catecismo de la Iglesia Católica

Las indulgencias (1471-1494).

La doctrina y la práctica de las indulgencias en la Iglesia están estrechamente ligadas


a los efectos del sacramento de la Penitencia.
Se propone a continuación una breve síntesis de la doctrina de la Iglesia sobre las
indulgencias, para ayudar a utilizar estos tesoros que la Iglesia nos ofrece,
purificando nuestro corazón de toda afición de pecado y enderazándolo hacia la
voluntad de Dios en todas las manifestaciones de la vida.


Qué son las indulgencias: «La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena
temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto
y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la
cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el
tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos». «La indulgencia es parcial o
plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o
totalmente». «Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a
manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias».
Para entender esta doctrina y esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el
pecado tiene una doble consecuencia. Todo pecado lleva una culpa y una pena. La
culpa se perdona en la confesión. La pena hay que expiarla en esta vida o en la otra.
La Iglesia tiene el poder de perdonar esta pena por medio de las indulgencias.
La indulgencia es la remisión delante de Dios de la pena temporal por los
pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, debidamente dispuesto y
bajo determinadas condiciones, adquiere mediante la intervención de la Iglesia, la
cual, como ministro de la redención, dispensa y aplica con autoridad el tesoro de las
satisfacciones de Cristo y de los santos.
La indulgencia es parcial o plenaria, según libere en parte o del todo de la pena
temporal debida por los pecados. Nadie puede aplicar la indulgencia que adquiere
por personas que viven aún.
Las indulgencias parciales o plenarias pueden aplicarse por los difuntos a modo de
sufragio.
Para que alguien sea capaz de adquirir las indulgencias se requiere ser bautizado,
no estar excomulgado, estar en estado de gracia por lo menos al final de las obras
prescritas, y ser súbdito del que tiene autoridad para concederlas.
Para que el sujeto, que es capaz de adquirirlas, las reciba realmente, debe tener la
intención, por lo menos general, de adquirirlas, y de realizar las obras prescritas en el
tiempo y del modo determinado a tenor de la concesión.
Para conseguir la indulgencia plenaria es necesario realizar la obra indulgenciada y
cumplir tres condiciones: confesión sacramental, comunión eucarística y oración
según las intenciones del Sumo Pontífice. Se requiere, además, que se excluya
cualquier afecto al pecado, aunque sea venial.
Las tres condiciones pueden ser cumplidas muchos días antes o después de haber
realizado la obra prescrita; sin embargo, es conveniente que la comunión y la
oración según las intenciones del Sumo Pontífice se hagan el mismo día en que se
realice la obra.
Se cumple plenamente la condición de la oración según las intenciones del Sumo
Pontífice recitando según sus intenciones un padrenuestro y un avemaría; sin
embargo, se deja libertad a cada uno de los fieles para recitar otras oraciones según la
piedad y la devoción de los mismos.
Al fiel cristiano que, por lo menos con el corazón contrito, realiza una obra
enriquecida con indulgencia parcial, se le concede, por medio de la Iglesia, tanta
remisión temporal de la pena, cuanta él mismo recibe ya con su acción.
La indulgencia plenaria se puede adquirir solamente una vez al día, salvo «In
articulo mortis».
La indulgencia parcial se puede adquirir muchas veces durante el día, a no ser que
se exprese lo contrario.


XVI. Himnos y cantos

Cantos Marianos.

Himno Guadalupano.

Mexicanos volad presurosos


del pendón de la Virgen en pos
y en la lucha saldréis victoriosos
defendiendo a la Patria y a Dios.


1. De la santa montaña en la cumbre,
pareció como un astro María,
ahuyentando con plácida lumbre
las tinieblas de la idolatría.


2. Es patrona del indio, su manto
al Anáhuac protege y da gloria;
elevad, mexicanos, el canto
de alabanza y eterna victoria.


3. En Dolores brilló refulgente
cual bandera su imagen sagrada,
dando arrojo al Patriota Insurgente
y tornando invencible su espada.


4. Siempre así lucirá si invasores
hollar quieren de Anáhuac la tierra;
el invicto pendón de Dolores
flameará nuevamente en la guerra.

Himno Patriótico Guadalupano.

Mexicanos volad presurosos


del pendón de la Virgen en pos
y en la lucha saldréis victoriosos
defendiendo a la Patria y a Dios.


1. De la santa montaña en la cumbre
pareció como un astro María,
ahuyentando con plácida lumbre
las tinieblas de la idolatría.
Infeliz nuestra Patria gemía
en un lecho de duros abrojos
cuando en ella fijaste tus ojos
y por ella rogaste al Señor.


2. Y viniste a nosotros ciñendo
la corona que enjoya tu encanto;
las estrellas adornan tu manto,
te circundan los rayos del sol.
A tus pies el amante Querube
placentero despliega sus alas.
Y ostentando las flores sus galas,
te consagran su mágico olor.


3. ¿Qué nos puede alejar de ti, Madre?
¿Qué podemos temer si nos amas,
y en la Patria querida derramas
a toda hora raudales de amor?
La confianza que a Juan inspiraste
en nosotros aviva su fuego.
Oye, ¡oh Madre Dulcísima! el ruego
de tus hijos escucha la voz:


4. Como hueste ordenada al combate,
las fronteras cual Reina defiende;
con el fuego patriótico enciende
nuestro pecho que aliente vigor.
Y si injusto enemigo procura
humillar nuestra frente. ¡Victoria!
haz que cante brillante de gloria
la Nación que tu amor eligió.


5. ¡Oh Montaña feliz! Que en invierno
cual vergel te cubriste de rosas
en tu cumbre sus plantas hermosas
del Eterno la Madre al poner.


¡Oh Nación venturosa la nuestra,
que entre muchas ha sido elegida
para ser la morada querida
de la Reina del célico Edén!

Desde el cielo una hermosa mañana.

Desde el cielo una hermosa mañana (2)


la Guadalupana, la Guadalupana,
la Guadalupana bajó al Tepeyac(2)


1. Suplicante juntaba sus manos (2)
y eran mexicanos, y eran mexicanos
y eran mexicanos su traje y su faz (2).

2. Su llegada llenó de alegría (2)
de luz y armonía, de luz y armonía
de luz y armonía todo el Anáhuac (2).


3. Junto al monte pasaba Juan Diego (2)
y acercóse luego y acercóse luego
y acercóse luego al oír cantar (2).


4. A Juan Diego le dijo la Virgen (2)
este cerro elijo, este cerro elijo,
este cerro elijo para hacer mi altar (2).


5. Y en la tilma entre rosas pintada (2)
su imagen amada, su imagen amada,
su imagen amada se dignó dejar (2).


6. Desde entonces para el mexicano (2)
ser Guadalupano, ser Guadalupano,
ser Guadalupano es algo esencial (2).


7. En sus penas se postra de hinojos (2)
y eleva sus ojos, y eleva sus ojos,
y eleva sus ojos hacia el Tepeyac.

La Virgen María es nuestra protectora.

La Virgen María es nuestra protectora


con tal defensora no hay nada que temer,
somos cristianos y somos mexicanos,
¡Viva! ¡Viva, Cristo nuestro Rey!


1. Tus manos juntitas están pidiendo al cielo
que nos dé consuelo, perdón y luz y paz.
Si las separas si tú nos desamparas
no tendremos esperanza ya.


2. No hay pueblo en el mundo que haya sufrido tanto,
hasta agotar el llanto cual México sufrió.
Y está contento porque respira el viento
que la Madre Virgen respiró.


3. Por miles tus hijos, cayeron destrozados,
eran los soldados de Jesucristo Rey,
pero el martirio abrió puertas del cielo
con el grito: ¡Viva Cristo Rey!


4. Tu nombre bendito, Virgen de Guadalupe
desde que lo supe, robóme el corazón.
Haz Madre mía que en mi última agonía
lo pronuncie con inmenso amor.

Cantos Eucarísticos.

Pange lingua.

1. Pange, lingua, gloriosi


corporis mysterium
sanguinisque pretiosi,
quem in mundi pretium
fructus ventris generosi
ex effudit Gentium.


2. Nobis datus, nobis natus
ex intacta Virgine,
et in mundo conversatus
sparso verbi semine,
sui moras incolatus
miro clausit ordine.


3. In supremae nocte cenae
recumbens cum fratribus,
observata lege plene
cibis in legalibus,
cibum turbae duodenae
se dat suis manibus.


4. Verbum caro panem verum
verbo carnem efficit,
fitque sanguis Christi merum,
et si sensus deficit,
ad firmandum cor sincerum
sola fides sufficit.

Pange lingua (castellano).

1. Que la lengua humana cante este misterio,


la preciosa sangre y el precioso cuerpo.
Quien nació de Virgen, Rey del universo
por salvar al mundo, dio su sangre en precio.

2. Se entregó a nosotros, se nos dio naciendo,
de una casta Virgen y acabado el tiempo,
tras haber sembrado la palabra al pueblo,
coronó su obra con prodigio excelso.


3. Fue la última cena ágape fraterno,
tras comer la pascua según mandamiento:
con sus propias manos repartió su cuerpo,
lo entregó a los doce para su alimento.


4. La palabra es carne y hace carne y cuerpo
con palabra suya la que fue pan nuestro.
Hace sangre el vino y aunque no entendemos
basta fe si existe corazón sincero.

Tantum ergo.


1. Tantum ergo sacramentum
veneremur cernui,
et antiquum documentum
novo cedat ritui;
praestet fides supplementum
sensuum defectui.


2. Genitori Genitoque,
laus et iubilatio;
salus, honor, virtus quoque
sit et benedictio;
procedenti ab utroque
compar sit laudatio. Amen.

Tantum ergo (castellano).


1. Adorad postrados este sacramento
cese el viejo rito, se establezca el nuevo;
dudan los sentidos y el entendimiento
que la fe lo supla con asentimiento.


2. Himnos de alabanza, bendición y obsequio
por igual la gloria y el poder y el reino,
al eterno Padre con el Hijo eterno,
y el Divino Espíritu, que procede de ellos. Amén.

Adoro te devote (castellano).


1. Te adoro con devoción. Dios escondido,
oculto verdaderamente bajo estas apariencias.
A ti se somete mi corazón por completo,
y se rinde totalmente al contemplarte.


2. Al juzgar de Ti se equivocan
la vista, el tacto, el gusto,
pero basta con el oído para creer con firmeza;
creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:

3. En la cruz se escondía sólo la divinidad,
pero aquí también se esconde la humanidad;
creo y confieso ambas cosas,
y pido lo que pidió el ladrón arrepentido.


4. No veo las llagas como las vio Tomás,
pero confieso que eres mi Dios;
haz que yo crea más y más en Ti,
que en Ti espere, que te ame. Amén.

Oh buen Jesús, yo creo firmemente.


1. Oh buen Jesús, yo creo firmemente
que por mi bien estás en el altar,
que das tu Cuerpo y Sangre juntamente
al alma fiel en celestial manjar (bis).


2. Indigno soy, confieso avergonzado,
de recibir la santa comunión;
Jesús que ves mi nada y mi pecado,
prepara tú mi pobre corazón (bis).


3. Pequé, Señor; ingrato te he vendido;
infiel te fui, confieso mi maldad,
contrito ya, perdón Señor, te pido;
eres mi Dios, apelo a tu bondad (bis).


4. Espero en ti, piadoso Jesús mío;
oigo tu voz, que dice: «Ven a mí»,
porque eres fiel, por eso en ti confío;
todo, Señor, espérolo de ti (bis).


5. ¡Oh buen Jesús, pastor fino y amante!,
mi corazón se abraza en santo ardor;
si te olvidé, hoy juro, que, constante,
he de vivir tan sólo de tu amor (bis).


6. Dulce maná de celestial comida,
gozo y salud del que te come bien,
ven sin tardar, mi Dios, mi luz, mi vida;
desciende a mí, hasta mi pecho ven (bis).

Altísimo Señor.

Altísimo Señor, que supiste juntar


a un tiempo en el Altar
ser Cordero y Pastor,
quisiera con fervor,
amar y recibir
a quien por mí, quiso morir.


1. Cordero divinal por nuestro sumo bien
inmolado en Salén, en tu puro raudal
de gracia celestial, lava mi corazón,
que fiel te rinde adoración.


2. Suavísimo maná, que sabe a dulce miel
ven, y del mundo vil nada me gustará.
Ven y se trocará del destierro cruel
con tu dulzura, la amarga hiel.

A Cristo Rey.

Tú reinarás.

1. Tú reinarás, éste es el grito,


que ardiente exala nuestra fe.
Tú reinarás, oh Rey bendito,
pues Tú dijistes ¡reinaré!


Reine Jesús por siempre,
reine su corazón,
en nuestra patria, en nuestro suelo,
que es de María la nación (bis).


2. Tú reinarás, dulce esperanza,
que el alma llena de placer,
habrá por fin paz y bonanza,
¡felicidad habrá doquier!


3. Tú reinarás, dichosa era,
dichoso pueblo con tal rey,
será tu cruz nuestra bandera,
¡y tu Evangelio nuestra ley!


4. Tú reinarás en este suelo,
te prometemos nuestro amor;
oh buen Jesús, danos consuelo,
en este valle de dolor.


5. Tú reinarás, reina ya ahora,
en esta casa y población;
ten compasión del que te implora,
y acude a ti en la aflicción.


6. Tú reinarás toda la vida,
trabajaremos con gran fe;
en realizar y ver cumplida
tu gran promesa «reinaré».

¡Que viva mi Cristo!

1. Que viva mi Cristo, que viva mi Rey,


que impere doquiera triunfante su ley
que impere doquiera triunfante su ley
¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!


2. Mexicanos, un Padre tenemos
que nos dio de la Patria la unión
a ese Padre gozosos cantemos,
empuñando con fe su pendón.


3. Él formó con voz hacedora,
cuanto existe debajo del sol,
de la inercia y la nada incolora
formó luz en candente arrebol.


4. Nuestra Patria, la Patria querida,
que arrulló nuestra cuna al nacer
a Él le debe cuanto es en la vida,
sobretodo el que sepa creer.


5. Del Anáhuac inculto y sangriento,
en arranque sublime de amor,
formó un pueblo, al calor de su aliento
que lo aclame con fe y con valor.


6. Su realeza proclame doquiera
este pueblo que en el Tepeyac,
tiene enhiesta su blanca bandera,
a sus padres la rica heredad.


7. En vano que cruel enemigo
nuestro Cristo pretende humillar
de este rey llevarán el castigo
los que intenten su nombre ultrajar.

Cantemos al Amor de los amores.

1. Cantemos al Amor de los amores,


cantemos al Señor; Dios está aquí,
venid adoradores, adoremos
a Cristo Redentor.


Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra
bendecid al Señor.
Honor y gloria a Ti, Rey de la gloria
amor por siempre a Ti, Dios del amor.

2. Por nuestro amor oculta en el Sagrario
su gloria y esplendor;
para nuestro bien se queda en el santuario
esperando a justo y pecador.


3. Oh gran prodigio del amor divino,
milagro sin igual;
prenda de amistad, banquete peregrino
do se come el Cordero Celestial.


4. Jesús piadoso Rey de las victorias,
a Ti loor sin fin;
canten tu poder, autor de nuestras glorias,
cielo y tierra hasta el último confín.


5. Tu nombre ensalzamos y alabamos,
con toda nuestra voz;
Rey de majestad, por siempre te aclamamos
y Señor de las almas, Cristo Dios.


6. Al pie de tu sagrario nos convida
a recibir tu amor;
porque Tú, Jesús, al alma das vida,
y la llenas de fuerza y de valor.


7. Oh sí, cristianos, fervorosos vamos
a Cristo en el altar;
y con viva fe, su Cuerpo recibamos,
cada día y siempre, hasta expirar.


8. Entone nuestra voz solemnes cantos,
aclame al Salvador;
triunfó Jesús, ¡honor, virtud y gloria!
celebremos la gloria del Señor.


9. En himnos de loor y de victoria,
prorrumpe el pueblo fiel;
triunfó Jesús, ¡honor, virtud y gloria!
pues Él vence al pérfido Luzbel.


10. Es su resurrección prueba divina,
que afirma nuestra fe.
Triunfó Jesús; yo creo en su doctrina
y yo espero que resucitaré.

Corazón Santo.


Corazón Santo, Tú reinarás
Tú nuestro encanto
Siempre serás (2)


1. Jesús amable, Jesús piadoso,
dueño amoroso, Dios de piedad,
vengo a tus plantas, si Tú me dejas,
humildes quejas a presentar.


2. Divino pecho donde se inflama,
la dulce llama de caridad.
¿Por qué la tienes tan encerrada,
y no abrasada la tierra está?


3. Con lazo amigo, con lazo estrecho,
tu amante pecho vengo a buscar,
por Ti suspiro, ábreme el seno.
Que en él ¡cuán bueno es habitar!


4. ¡Jesús piadoso, manso y clemente
principio y fuente de santidad!
Que yo te sienta en mi existencia,
¡Dueño adorado, Dios de bondad!


5. Tú sólo puedes Omnipotente,
mi sed ardiente refrigerar,
aquí ¡bien mío!, aquí el postrero
suspiro quiero por Ti exhalar.


6. Venid cristianos que acá en el suelo,
como en el cielo se ha de adorar,
también nosotros adoraremos
y ensalzaremos al Dios de paz.

Cantad, Cantad, la Patria se arrodilla.

(Himno del I Congreso Eucarístico Nacional)


1. ¡Cantad, cantad! la Patria se arrodilla
al pasar Jesucristo Redentor:
un nuevo sol para nosotros brilla:
¡Sol del Amor, del Amor!

2. Hostia, Sol del Amor, tu luz inflama
el corazón de México leal,
el corazón del pueblo que te ama,
el corazón del pueblo que te aclama
en tu paso, en tu paso triunfal.


3. Triunfe tu amor, ¡oh Sol Sacramentado!,
del corazón de un pueblo siempre fiel
disipa ya las nieblas del pecado,
¡Ven a reinar en él!


4. Orne tu luz con resplandor divino,
de nuestros padres la radiante fe
vuelva a buscar la Patria sus destinos
¡De tu Sagrario al pie!


5. ¡Hostia de paz!, la Patria atribulada
sólo de Ti remedio espera ya:
un rayo de tu luz, una mirada.
¡Señor y vivirá!

Himno Cristo Jesús en ti la Patria espera (Argentina).

Cristo Jesús! En Ti la patria espera


gloria buscando, con intenso ardor,
guíala Tú, bendice su bandera,
dando a su faz magnífico esplendor.


[Estribillo]
¡SALVE, DIVINO FOCO DE AMOR!
SALVA AL PUEBLO ARGENTINO, ESCUCHA SU CLAMOR.
SALVA AL PUEBLO ARGENTINO, SAGRADO CORAZÓN.


¡Oh! Corazón, de caridad venero,
lejos de Ti no espera salvación;
salva su honor, arroja a su sendero
luz inmortal, destello de tu amor.


[Estribillo]


Siempre jamás nuestra Nación creyente
jura ante Dios su pabellón seguir;
sólo ante Ti la pudorosa frente
inclinará, sus votos al cumplir.


[Estribillo]


Brille la paz en su bendito suelo,
brille tu amor en su virgínea faz;
marche, a tu luz, a conquistar el cielo,
¡Patria feliz, que jura a Dios amar!


[Estribillo]


Dicha y honor disfruten los hogares
donde la imagen de tu pecho esté;
digna piedad circunde los altares,
flor celestial de la cristiana fe.

[Estribillo]


Dulce Jesús: poblados y desiertos
piden, al par, tu sacra bendición;
duerman en paz nuestros queridos muertos;
¡Salva al hogar, la patria y religión!

Populares.

Del Cruzado.

Cruzado soy, ésta es mi gloria,


con las insignias del amor;
Jesús nos guía a la victoria,
Cruzado soy, Cruzado soy.
1. Cruzado soy, por estandarte
yo llevaré tu corazón;
que venga a nos tu reino eterno
y que doquier triunfe tu amor.


2. Cruzado soy, Dios de la hostia
se da a ti mi corazón;
y nuestro pan de cada día,
a tus Cruzados danos hoy.


3. Cruzado soy, soy de María
le doy mi amor, le doy mi fe;
y reinarás sobre mi patria, será su luz, como antes fue.

4. De pie cruzados, nuestra patria
nos llama a todos a luchar
triunfe en nos la Eucaristía,
en nos Jesús ha de reinar.

Un grito de guerra.

1. Un grito de guerra se escucha


en la faz de la Tierra y en todo lugar
los prestos guerreros empuñan su espada
y se enlistan para pelear.


2. Para eso han sido entrenados
defenderán la verdad
y no les será arrebatado
el fuego que en su sangre está.


Coro
¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!
El grito de guerra que enciende la Tierra
¡Viva Cristo Rey! Nuestro Soberano Señor
nuestro Capitán y Campeón
pelear por Él es todo un honor.


3. Sabemos que esta batalla no es fácil
y muchos se acobardarán
y bajo los dardos de nuestro enemigo
sin duda perecerán.


4. Yo tendré mi espada en alto
como la usa mi Señor
a Él nada lo ha derrotado
su fuerza es la de Dios.


Coro
¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!
El grito de guerra que enciende la Tierra
¡Viva Cristo Rey! Nuestro Soberano Señor
nuestro Capitán y Campeón
pelear por Él es todo un honor.


5. No conocemos mayor alegría
no existe más honroso afán
que con mis hermanos estar en la línea
y juntos la vida entregar.


6. A Él que merece la Gloria
y nos reclutó por Amor
ante Él la rodilla se dobla
y se postra el corazón.


Coro (2 veces)

El Martes me fusilan.

1. El martes me fusilan a las seis de la mañana


por creer en Dios Eterno y en la gran Guadalupana
me encontraron una estampa de Jesús en el sombrero
por eso me sentenciaron porque yo soy un cristero.

2. Es por eso me fusilan el martes por la mañana
matarán mi cuerpo inútil pero nunca, nunca mi alma
yo les digo a mis verdugos que quiero me crucifiquen
y una vez crucificado entonces usen sus rifles.


3. Adiós tierras de Jalisco, Michoacán y Guanajuato
donde combatí al gobierno que siempre salió corriendo
me agarraron de rodillas adorando a Jesucristo
sabían que no había defensa en ese Santo Recinto.


4. Soy labriego por herencia, jaliciense de naciencia
no tengo más Dios que Cristo porque me dio la
existencia.
Con matarme no se acaba la creencia en Dios eterno
muchos quedan en la lucha y otros que vienen
naciendo.
Es por eso… me fusilan… el martes… por la
mañana…
¡Viva Cristo Rey!

¿Por qué perder las esperanzas?


1. ¿Por qué perder las esperanzas
de volverse a ver?
¿Por qué perder las esperanzas,
si hay tanto querer?


No es más que un «hasta luego»,
no es más que un breve «adiós»,
muy pronto junto al fuego
nos reunirá el Señor.


2. Con nuestras manos enlazadas,
en torno al calor
formemos esta noche
un círculo de amor.


3. Pues el Señor que nos protege
y nos va a bendecir,
seguros que otro día
nos volverá a reunir.


4. Llegado ya el momento
de nuestra separación,
formemos, compañeros,
un círculo de amor.


5. Unidos siempre hay que estar,
vive en nosotros Dios,
unidos siempre hay que obrar
por su gloria y amor.



In Memoriam

Padre Carlos Eufemio Ortiz Montes, CCR (1950-2006)

La vida del hombre, es vida de soldado (Job 7: 1)

«¡El mundo mira al Sacerdote porque mira a Jesús! Nadie puede ver a Cristo, pero todos
ven al Sacerdote y por medio de él quieren ver al Señor. ¡Qué inmensa la grandeza y
dignidad del Sacerdote!». (Juan Pablo II, Roma, Italia, 13 Oct. 1979).

Oración del Padre Carlos Eufemio Ortiz Montes, CCR.

(Miércoles 21 junio 2006, 9:40 h.)


SEÑOR JESÚS:
Concédeme la fe del centurión,
que reconoció tu poder infinito,
y que no te pidió tu Presencia física
para curar a su siervo,
sino que humildemente imploró que,
con tu autoridad divina,
mandaras que el mal se alejara.
Tú que reconociste su fe tan grande,
aumenta mi fe, para que yo también dé
testimonio vivo de tu omnipotencia. Amén.






CRUZADOS DE CRISTO REY
SOCIEDAD DE VIDA APOSTÓLICA CLERICAL
CASA GENERAL, AVE MARÍA # 32
VILLA COYOACÁN 04000 MÉXICO, D. F.


Cuidado editorial del Manual de Oración Digital de los Cruzados de Cristo Rey, de José Víctor Ortiz
Montes, CCR: Jus, Libreros y Editores S. A. de C. V.
Diseño de portada: Victoria Aguiar y Anabella Mikulan
PUMPKIN STUDIO: holapumpkin@gmail.com
Formación: Anabella Mikulan

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