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¿CÓMO ES -DE VERDAD- IRSE A VIVIR

AL CAMPO?

Pensábamos que lo queríamos todo: el multicines, el restaurante
japonés, la coctelería pija, el metro en la puerta. Pero de pronto, lo
que de verdad nos hacía felices era el paseito por el parque, y
empezábamos a mirar con envidia a la gente que volvía a su pueblo por
vacaciones.
Publicado el 14.09.2017
Tags: PARADORES Y ALOJAMIENTOS RURALES, INSPIRACIÓN, ENCLAVES
NATURALES, ESPAÑA, CURIOSIDADES, VÍDEO
De pronto, cuando veíamos películas, ya no suspirábamos por vivir en una gris decimosexta planta a
lo 'Cómo conocí a vuestra madre', sino por almorzar en medio de la naturaleza en plan 'Memorias de
África'. Ah, amigos, nos dio. Nos entró y fue royendo poco a poco al urbanita que había en nosotros: era el
síndrome del 'lo dejo todo'.
Y lo dejamos, y nos retiramos casi de puntillas al campo después de haber conseguido vivir tan en el centro de
la ciudad que nos tirábamos del balcón y estábamos en nuestro bar favorito, en el centro de salud y en unos
grandes almacenes, todo a la vez. Le pasó a Sabina Urraca, escritora, a Max y Susagna, fundadores de la
comunidad viajera Familias en Ruta, e incluso a esta que escribe.
Y tú, ¿lo notas? ¿Te está sucediendo también? ¿Cierras los ojitos y te ves muy lejos del mundanal ruido pero
aún no sabes si dar o no el paso? Entonces, este artículo es para ti. Así es -de verdad- vivir en el campo:
Susagna, Max y sus dos hijos gozándolo en el
1. VIVIR EN EL CAMPO NO TIENE POR QUÉ medio natural
SIGNIFICAR IRTE SÚPER LEJOS... O SÍ
Tu nueva vida no tiene por qué estar obligatoriamente
a varias horas de la ciudad: yo, por ejemplo, vivo a tan sólo 45 minutos en coche del centro de la capital,
mientras que Sabina está rematadamente lejos de la civilización: "Creo que mi casa está lo más en el campo
que puede estar, quizás seguida de cerca en la categoría de "estar muy en el campo" por una cueva de
ermitaño en lo alto de una montaña. Sólo digo que para llegar hay que dejar el coche en lo alto del valle
y bajar andando durante media hora por caminos de jabalí. La gente me pide mi dirección o me pregunta el
nombre de mi pueblo, y yo ya no sé cómo explicarles que no tengo calle ni pueblo. Vivo en medio de la
montaña. Aquí no llega el cartero, y sólo puedes encontrar mi casa si te guía alguien que conoce el
camino. Tengo varios vecinos cerca, todo gente bastante particular que ha decidido vivir con pocas cosas y
alimentándose de sus propios huertos", comenta. La cosa es: ¡tú eliges cuánto quieres perderte!
 

2. VAS A NECESITAR EL COCHE PARA TODO


Hasta para ir a comprar el pan. Si te has tomado en serio eso de vivir en la naturaleza, lo más normal es que  tu
casa esté lo suficientemente apartada como para no pensar en hacerte el paseo andando (a menos que no
tengas más remedio que cargarlo todo al hombro, como le ocurre a Sabina). No obstante, hasta esto tiene
ventajas: "Aquí aparcamos al lado de casa, cuando en la ciudad podíamos tardar entre media hora y una hora
como poco para encontrar un hueco", aclaran los fundadores de Familias en Ruta.
3. VAS A GASTAR MUCHO MENOS EN TONTERÍAS
Claro que te darás paseos por tu terreno, e incluso por los alrededores, pero ya no vas a hacer vida "en la
calle", si en la calle significa de terrazas con los amigos o de escaparates con tu pareja. ¿Lo mejor? Vas a
gastar mucho menos dinero, al menos en consumir cosas "para distraerte", pues no estarás expuestas a ellas. Es
decir, la pasta que se te va en cañas (que se convierten irremediablemente en cenas) y en esa camiseta que
acabas de ver y sin la que de pronto no puedes vivir va a disminuir notablemente, hasta casi convertirte en un
extraño engendro capitalista: "He estado casi cuatro meses viviendo en el valle, yendo al pueblo más cercano una
vez a la semana, sin moverme ni volver a Madrid ni a ninguna ciudad. Ahora he salido por primera vez a un
festival de libros en Bilbao, y me pareció que el tema compras navideñas estaba un poco pasado de
vueltas.Al tener que cargar con cada cosa que compras durante media hora de caminata por el bosque, los
objetos toman mucho más valor. Me daba un poco de susto ver a la gente cargando con todas esas bolsas",
relata Sabina.
4.TE OLVIDARÁS DE LOS RUIDOS...
Al menos, de los desagradables: "En el campo escuchamos silencio, el piar de los pájaros,  a las vacas mujir, la
sierra mecánica al cortar la leña... En la ciudad, las sirenas, los coches y motos y las obras nos dejaban
descansar", comentan Susagna y Max. Sin embargo, con esto del silencio hay que hacer un aparte. ¿Recuerdas
la última vez que no escuchaste NADA? Probablemente no, así que puede que te cueste algo acostumbrarte. Le
ocurrió a Sabina, que al principio no podía dormir porque oía hasta el más mínimo crujir de la casa (sin
contar con el ir y venir de los jabalíes). Sin embargo, ahora le parece maravilloso: "El silencio es algo que me ha
encantado, y me asusta un poco volver a la ciudad y no ser capaz de adaptarme de nuevo al mundanal
ruido", nos cuenta.

Sabina Urraca
¿ La casa está en el campo ?
5. ...Y LOS OLORES COBRARÁN UN NUEVO
SIGNIFICADO PARA TI
"En el pueblo se huele a hierba, a fuego, a estiércol, y en la ciudad, a humo, a golosina, a perfume", resumen
Susagna y Max, que confiesan, de hecho, que una de las cosas que menos les gusta de vivir en el campo es "el
olor a purines, que, por suerte, es poco frecuente". Sabina también vivió un shock olfativo cuando volvió a
respirar en la urbe tras cuatro meses sin salir de su retiro: "El primer día todo me olía raro y mal: los
perfumes de la gente, el humo de los coches, el olor a comida que salía de los bares... Me asusté,
porque pensaba que me había vuelto intolerante a la ciudad, pero se me pasó en un par de horas".
6. TENDRÁS UNA RELACIÓN MUCHO MÁS ESTRECHA CON LOS ANIMALES...
En cuatro meses en el campo he visto más animalitos que en toda mi vida en la ciudad: conejos, serpientes,
águilas, ratones (pero de los bonitos) e incluso tejones se han cruzado en mi camino, sin contar con las vacas y
los caballos que me encuentro cuando voy de paseo o las cabras que pasan a diario por mi puerta (y que
constituyen para una recién llegada a lo verde un espectáculo tan o más alucinante que el propio pastor). A
Sabina le pasa lo mismo: "Los animales me tienen fascinada. Tengo una vecina a la que he ayudado a sacar
adelante a dos potros huérfanos. Ya he visto a varios jabalíes (oírlos los oigo casi todas las noches) y una vez
vi a un zorro. Creo que el encuentro con el zorro, con el que estuve mirándome un rato a los ojillos, fue uno de
los grandes momentazos de mi vida", nos explica. 
7. ...Y TUS MASCOTAS LO PASARÁN COMO NUNCA
Mis tres gatos nunca han sido más felices (ni han estado más bonitos) que correteando a su antojo por el
campo. De hecho, uno de ellos tenía ansiedad y el otro una desconfianza que le impedía hasta dormir tranquilo...
¡y sus problemas prácticamente han desaparecido desde que llegamos aquí! Eso sí, están tan, tan contentos
que he tenido que sacarles de las garras ratoncitos, pájaros y hasta renacuajos... Y no siempre vivos...
8. SUPERARÁS EL AGOBIO DE NO PODER PERDERTE NADA
"Lo mejor es la tranquilidad y la posibilidad de levantarse cada día, pasear por un entorno maravilloso y saber
que no necesitamos demasiado para vivir con calidad y bienestar", reconocen Susagna y Max. De hecho,
estando en el campo, el FoMO (Fear of Missing Out, o Miedo a Perderse Algo), ese  síndrome tan siglo XXI
que nos ataca cuando pensamos que podríamos estar haciendo algo mejor de lo que estamos haciendo en
realidad, prácticamente desaparece. Ahora, a pesar de que veas en Twitter que tus amigos están yendo a un
estreno teatral súper interesante en lugar de estar tirados frente a la chimenea como tú, no te sentirás inquieto.
Total, aunque quisieras unirte al plan,no ibas a llegar a tiempo ni de broma...

Marta Sader
Si cuando abres la ventana ves esto, lo de perderte
unas cañas como que te importa menos...

9. NO, NO TE VAS A CONCENTRAR MÁS


"La calidad de vida mejora muchísimo en algunos sentidos, eso está claro. Tienes mejor color, comes
mejor, duermes mejor (...) Aunque hay algo que he descubierto, y es que el estrés no es algo que cambie
radicalmente del campo a la ciudad: si tienes que hacer muchas cosas, tu nivel de exigencia y tu agobio
pueden ser exactamente igual en un sitio que en otro. La calma es algo que está dentro", explica Sabina. De
hecho, ella aún no sabe cómo le va a salir el experimento de retirarse a las Alpujarras granadinas para armar su
libro: "Pensé que iba a escribir muchísimo estando aquí, que nada me iba a descentrar, y la verdad es que en
el campo también hay mil distracciones que te pueden despistar. La voluntad es necesaria en cualquier sitio.
En realidad, aún no he terminado mi libro, así que podré saber si el balance ha sido positivo de verdad
cuando esté entregado a la editorial y publicado", confiesa.
10. TUS HIJOS VAN A TENER UNA INFANCIA MARAVILLOSA
En el caso de Susagna y Max, fue precisamente el nacimiento de su primera hija la que les hizo dar el paso
para retirarse de Barcelona: "Buscábamos un lugar donde poder vivir en familia, más tranquilo, más cerca de
la naturaleza, un lugar donde nuestra hija pudiera descubrir el mundo con confianza; donde los niños
pudieran crecer con mayor libertad de movimiento; donde el parque infantil no fuera una isla y sortear las
carreteras no fueran el reto diario". Ahora que ya tienen dos vástagos, aprecian el hecho de que estos puedan
salir y entrar a jugar solos y sin ningún miedo, así como el colegio tan especial que han encontrado:
"Buscábamos una escuela para nuestros dos hijos ubicada en un entorno de montaña y en Garrotxa (Girona) la
encontramos. El centro público rural cuenta con un ambiente familiar, grupos de edades mezcladas, gran
implicación de los padres y madres y un entorno natural maravilloso".
11. VAS A HACER COSAS QUE NUNCA PENSASTE QUE HARÍAS
Paradójicamente, estar en el campo te hace -al menos al principio- sentirte una total ignorante. ¿Esa planta es
venenosa? ¿Cuándo se recogen las almendras? ¿Debería tener miedo si me encuentro una serpiente? Y eso en
el mejor de los casos, porque si te decides a llevar la experiencia tan al límite como Sabina, además de
preguntarte, tendrás que hacer muchas cosas que no hayas hecho nunca antes, y que probablemente no
quieras volver a repetir en tu vida: "Mi casa es preciosa, un antiguo cortijo rehabilitado muy bonito, pero no
tengo ducha ni agua corriente dentro. El grifo está fuera, así que me baño calentando agua en una olla
gigante y usando cubos y palanganas. El váter está en una pequeña construcción de piedra a unos cuantos
metros de la casa".
"Hasta ahora me hace gracia vivir así, me gusta esta vida medieval de bañarme frente al fuego de la chimenea,
pero a veces sueño que me doy una ducha caliente. La ducha, ese agua mágica que cae del techo, qué bien
cotidiano que no aprecias hasta que te ves remojándote en un balde de hojalata...", relata esta heroína rural.
Pero ¡hay más!: "Te tienes que organizar para tener leña, agua caliente y comida. Si en el viaje semanal al
pueblo se te olvida algo, sabes que tienes que esperar otra semana más para comprarlo. Pero a mí me
compensa hacer estos esfuerzos", nos cuenta. No obstante, este no tiene por qué ser tu caso: yo vivo  a diez
minutos en coche de tres supermercados, y tengo cuarto de baño (¡y eso que mi casa no tiene ni número ni
calle, ¡ni siquiera se ponen de acuerdo en cómo se llama la zona!)
A los niños el campo les da subidón
12. TUS VECINOS SE CONVERTIRÁN EN GENTE
MUY IMPORTANTE PARA TI
"Lo mejor es vivir rodeada de tanta belleza, y con belleza me refiero a la naturaleza que me rodea y a  la gente
que vive cerca de mí, personas con las que, al vivir todos un poco aislados, enseguida he establecido relaciones
muy cercanas y familiares", nos ilustra Sabina. Susagna y Max también se jactan de la buena situación con
sus convecinos, aunque en su caso tampoco son muchos. Sin embargo, a mí lo que me gusta en realidad es todo
lo contrario: aquí no me conocen, de modo que no tengo por qué ir saludando por la calle cada dos por tres o
estar presentable para nadie. Y a eso, amigos, yo lo llamo LIBERTAD.
13. SUPERARÁS TUS MIEDOS
Sobre todo, los más atávicos, como estar solo en un paraje deshabitado o mantenerse firme ante lo oscuro de
la noche (sin farolas, el paisaje nocturno tiene otra pinta). "El miedo que me daba casi todo al principio fue
un rollo: el bosque de noche, los jabalíes,estar sola en una casa tan vieja, las tormentas nocturnas... Todo lo que
me rodeaba me remitía a películas de terror. Hubo un momento en el que dormía mal y me asustaba con
cualquier ruido. Después, esa etapa pasó, y de pronto, caminar de noche por el monte me parece lo más
natural", nos comenta Sabina, de nuevo triunfadora ante los rigores de la vida rural. "Me ha hecho sentir muy
bien el superar los miedos que tenía al principio. Creo que me ha dado mucha paz".
14. A VECES, ECHARÁS DE MENOS LA CIUDAD, Y A TUS AMIGOS
Estar en el meollo también mola, sobre todo por la oferta cultural, como coinciden Sabina, Susagna y Max (en
esta categoría también entra LA FIESTA, claro). No obstante, esta nostalgia de bulla y amor fraternal se
soluciona haciendo visitas periódicas al centro: "A la pequeña ciudad que tenemos cerca vamos como mínimo
una vez a la semana para comprar, pasear , quedar con amigos o ir a alguna actividad, y a la capital cada mes
o dos meses, dependiendo de las ganas, reuniones o formaciones que tengamos", nos cuentan los blogueros. Lo
mejor es que estas visitas se convierten en verdaderas expediciones, y cobran más valor una vez que las
haces sólo de vez en cuando. Además, lo creas o no, te permiten pasar más tiempo con tus amigos o tu
familia, pues muchas veces decidirás quedarte a dormir con ellos para aprovechar más el tiempo en la urbe.
¡O ellos irán a pasar el fin de semana en tu casa como quien va de excursión!

¿Da miedito? Sí. ¿Mola? También


15. RECUERDA: IRTE A VIVIR AL CAMPO
PUEDE SER LO QUE TÚ QUIERAS QUE SEA
Retirarte en la naturaleza no es buena idea si trabajas en la ciudad, nos recuerda Sabina (pasarte horas en el
coche todos los días puede acabar hasta con los más evidentes beneficios campestres). Tampoco es
recomendable enrolarse en una aventura tan extrema como la suya a menos que "te guste la vida un poco
austera, no tengas miedo de los animales, y busques experiencias intensas", como ella misma recomienda. Sin
embargo, recuerda que todo eso está en tu mano: puedes elegir entre irte muy lejos o bastante cerca, tener
agua caliente o no, vivir en un pueblo o muy apartado: el cambio será menor cuantas menos sean las cosas
que separan a tu casa actual de la que tendrás en el medio rural.
Es decir, con un Internet más o menos apañado, un váter dentro del hogar y una buena ducha, la cosa no debería
diferir demasiado de tu vida tal y como la conoces, exceptuando que no te encontrarás tan cerca del centro y
que estarás hasta más guapo/a de respirar, dormir bien y perder el tiempo tirado al sol. "Recomendaríamos
a cada persona y familia que intentara seguir sus sueños, y si uno de ellos es ir a vivir al campo, que al menos lo
probara", conceden Susagna y Max. "Vida solo tenemos una, y hay que disfrutarla en el lugar que nos
gustaría estar, y si no es donde estamos, hay que buscar las oportunidades, crearlas, inventarlas y
realizarlas. Quizás luego nos demos cuenta que ya éramos felices allí donde estábamos, pero para regresar al
mismo lugar sintiéndose diferente, quizás tengamos que caminar y hacer alguna nueva ruta, aunque sea
circular".
El campo puede ser lo que tú quieras que sea,
hasta un decorado hipster para petarlo en
Instagram

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