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Homicidio

El homicidio es causar la muerte de otra persona. Jurídicamente, es un delito que consiste


en matar a alguien, por acción u omisión, con o sin intención, sin que concurran las
circunstancias de alevosía, precio o ensañamiento, propias del asesinato. Supone, por tanto,
un atentado contra la vida de una persona física, bien protegido por el derecho.

Es una conducta reprochable, es decir típica, antijurídica y por regla general culpable
(excepto en casos de inimputabilidad, donde no se es culpable pero si responsable
penalmente) que consiste en atentar contra el bien jurídico de la vida de una persona física.

En el Homicidio existen dos tipos de sujetos:

 Sujeto Activo: Es aquel que ejecuta la conducta de acción o de omisión, para


producir el resultado muerte.
 Sujeto Pasivo: Es el individuo titular de la vida humana, la víctima del Homicidio.

El homicidio, según el Código penal venezolano.


Nuestro Código penal, en su título IX, cuando habla de los delitos contra las personas,
desde su artículo 407 hasta el 414, habla del homicidio en sus diferentes formas: voluntario,
concausal (art. 410), parricidio (art. 408), magnicidio (art. 408), homicidio culposo (art.
411), infanticidio (art. 413), homicidio-suicidio (art. 414), homicidio en riña (art. 426),
homicidio en riña (art. 427), homicidio en riña (art. 428), delito de aborto (arts. 432, 433,
434» 435 Y 436)> homicidio preterintencional (art. 412). Define el Código penal
venezolano al homicidio así:

EL QUE VOLUNTARIAMENTE HAYA DADO MUERTE A ALGUNA PERSONA,


SERA CASTIGADO CON PRESIDIO DE DOCE A DIECIOCHO AÑOS...

A los efectos de esta disposición, el suscrito en su obra Elementos generales de Derecho


penal venezolano, en las páginas 183 y 190, hace un breve comentario sobre el homicidio, y
al efecto dice: «En Roma, una antiquísima ley de Numa ya se refiere al homicidio, si quis
hominen dolo sciens porti duit parricida esto, texto en que la voz parricida equivale a un
homicidio. En esta ley se pena la muerte del hombre libre, del ciudadano; pero la muerte
del siervo a manos de su amo, la del hijo realizado por el paterfamilias, durante largo
tiempo no constituyó hechos punibles, hasta que en la época de Justiniano y Constantino
perdieron su carácter de impunidad. La pena antigua del homicidio era la muerte.

La Lex Cornelia la mantuvo para los siervos, los hombres libres eran penados con el
interdicto aquae te ignis, pena que más tarde se transformó en la deportación, acompañada
de la confiscación de los bienes. Justiniano restableció más tarde la pena de muerte. En la
legislación española se encuentra el homicidio castigado y penado en el Fuero Juzgo, y en
él se aprecian las diferentes modalidades del homicidio, de las cuales la más importante es
el homicidio voluntario, castigado con pena capital.

El homicidio, conforme a la definición de nuestro Código penal, es la muerte de una


persona por otra persona— de un hombre por un hombre—, sin que entren las modalidades
que califican al parricidio, filicidio, etc., que son casos excepcionales en el homicidio, ya
que no es la muerte de un hombre cualquiera, sino al padre, al hijo, etc.

El sujeto activo del delito de homicidio puede ser cualquier hombre y el sujeto pasivo
cualquier hombre vivo, porque el feto no es un hombre, sino una esperanza de hombre. Los
golpes inferidos al cadáver, tomándolo por cuerpo animado, no constituye homicidio. Hay
homicidio aun cuando el muerto hubiera nacido sin capacidad vital. Carrara define al
homicidio como la muerte de un hombre injustamente cometida por otro hombre. Wharton
lo define como la destrucción de un ser humano o la muerte de una criatura. La muerte de
un ser por otro u otros, o la destrucción de la vida de un ser humano por el acto, acción o
intervención o culpable omisión. Binding dice que es la destrucción culpable o ilegal de
una vida humana ajena. Aquí se entiende por hombre, en su acepción propia, el hombre y la
mujer, que es un solo ser.

Tipos de homicidios:
Homicidio voluntario es el asesinato de un ser humano en el que el delincuente actuó
durante el calor de la pasión , en circunstancias que harían que una persona razonable se
perturbara emocional o mentalmente hasta el punto de que no pueda controlar
razonablemente sus emociones.

EL HOMICIDIO INTENCIONAL SIMPLE: El Homicidio Intencional Simple es la


muierte de un hombre, de un individuo de la especie humana, dolosamente causada por otra
a persona física e imputable, siempre que la muerte del sujeto pasivo (victima) sea
exclusivamente el resultado de la acción u omisión realizada por el agente (delincuente).

HOMICIDIO CALIFICADO. Es un delito cuya acción por la muerte que un hombre causa
a otro de manera intencional, realizado bajo ciertas circunstancias o calificantes específicas,
relacionadas con el medio empleado o el modo de perpetración, la concurrencia de varias
de estas circunstancias o la relación de parentesco o cualidad política, por lo tanto, es
considerado por el legislador como un delito de mayor gravedad en relación con el
homicidio simple. Este es un delito independiente o autónomo, o sea con identidad propia,
de hipótesis múltiples.

Parricidio: Es la intención que tiene el descendiente de matar al ascendiente (padre, madre,


abuelo, abuela). Puede llevar tentativa o frustración.
Homicidio Concausal: El homicidio es concausal porque existe una circunstancia
preexistente desconocida por el sujeto activo. El artículo 410 del Código Penal Venezolano
establece: “En los casos previstos en los artículos precedentes, cuando la muerte no se
hubiere efectuado sin el concurso de circunstancias preexistentes desconocidas del culpado,
o de causas imprevistas que no han dependido de su hecho, la pena Será de presidio de siete
a diez años, en el caso del artículo 407; de diez a quince años, en el del artículo 408; y de
ocho a doce años en el del artículo.”

El homicidio concausal la acción no es suficiente para ocasionar el resultado buscado que


es la muerte y existe una circunstancia que se llama concausa que es lo que ocasiona la
muerte al sujeto.Las circunstancias o causas preexistentes son aquellas que forman parte del
sujeto pasivo: enfermedades como la diabetes, la hemofilia, el que sufre del corazón, o de
cualquier otra enfermedad. Las circunstancias sobrevenidas son aquellas que son causadas
por casos fortuitos, de fuerza mayor, etc.

Homicidio Culposo: Es la muerte dada por una persona a otra interviniendo culpa, es
decir, sin intención dolosa pero sin circunstancia eximente ni justificante. Es un delito que
consiste en causar la muerte a una persona física por una acción negligente, por la
imprudencia o impericia en este delito no existe la intención de lesionar ni de matar. En
este delito no tiene calificante ni agravante, no tiene tentativa ni frustración.

Este delito se encuentra tipificado en el artículo 411 del Código Penal Venezolano el cual
establece. “El que por haber obrado con imprudencia o negligencia, o bien con impericia en
su profesión, arte o industria, o por inobservancia de los reglamentos, ordenes o
instrucciones, haya ocasionado la muerte de alguna persona, será castigado con prisión de
seis meses a cinco años.

En la aplicación de esta pena los Tribunales de Justicia apreciaran el grado de culpabilidad


del agente.

Si del hecho resulta la muerte de varias personas o la muerte de una sola y las heridas de
una o más, con tal que las heridas acarreen las consecuencias previstas en el artículo 416, la
pena de prisión podrá aumentar hasta ocho años”.

Imprudencia: Aquella cometida por exceso de velocidad o una conducta descuidada.

Negligencia: Es la falta de cuidado o el descuido o la omisión del cálculo de las


consecuencias previsible y posibles de la propia acción.

Impericia: Mala actuación de un profesional por no tener buena preparación.

Homicidio Preterintencional: Es aquel homicidio en que la muerte de la víctima se


produce sin que haya estado en el homicida el propósito de causarla porque su intención iba
encaminada a consumar un delito distinto. Ocurre este delito cuando habiendo intención o
dolo en el agresor de provocar lesiones a otras personas con un medio idóneo para ello, le
provoca la muerte, sin que razonablemente el medio utilizado sea apto para este fin.

El delito del homicidio preterintencional se encuentra tipificado en el artículo 412 del


Código Penal Venezolano y el cual reza así: “El que con actos dirigidos a ocasionar una
lesión personal, causare la muerte de alguno, será castigado con presidio de seis a ocho
años, en el caso del Artículo 407; de ocho a doce años, en el caso de Artículo 408; y de
siete a diez años, en el caso del Artículo 409.

El sujeto activo tiene la intención de lesionar al sujeto pasivo; el resultado (muerte de dicho
sujeto) excede la intención, puramente lesiva del sujeto activo.

El Homicidio Preterintencional concausal: Está establecido en el artículo 410 del Código


Penal de la siguiente manera: Si la muerte no habría sobrevenido sin el concurso de
circunstancias preexistentes desconocidas del culpable, o de causas imprevistas o
independientes de su hecho, la pena será la de presidio de cuatro a seis años, en el caso del
artículo 407; se seis a nueve años, en el caso del artículo 408; y de cinco a siete años, en el
caso del artículo 409.

Los elementos del delito del homicidio preterintencional son:

1.- Intención de lesionar.

2.- El resultado es la muerte.

Inducción Al Suicidio: Es un delito que consiste en ejercer una influencia física o mental
sobre la víctima para conseguir que en un momento dado ésta cometa suicidio. Es una
conducta penada por tratarse de una figura muy similar al homicidio o asesinato, que atenta
contra el derecho a la vida. El que incita de forma directa a una persona para que se suicide,
incurre en un delito de inducción al suicidio y se comete independiente de que se produzca
efectivamente o no la muerte del suicida. El artículo 414 del código penal establece “El que
hubiere inducido a algún individuo a que se suicide o con tal fin lo haya ayudado, será
castigado, si el suicidio se consuma con presidio de siete a diez años”.

EL COMPORTAMIENTO DE LOS HOMICIDIOS EN VENEZUELA

Venezuela tiene una de las mayores tasas de homicidio del mundo. Este año la Fiscal
General rompió el silencio oficial e informó que para 2015 la tasa llegó a 58 homicidios por
cien mil habitantes (hpcmh)(Ministerio Público, 2016:45). Más allá de las dudas que
puedan generar las metodologías empleadas, estas cifra resulta alarmante cuando se
contrasta con la tasa mundial de homicidios que para el año 2012 había sido estimada en
6,2 (ONUDD, 2013); en este mismo sentido, la OMS estima que una tasa de 10 puede
considerarse ya como una epidemia. Es importante tener en cuenta que la tendencia de los
homicidios en América Latina y el Caribe durante la última década también ha sido
creciente[8], del año 2000 al 2010 ha aumentado en un 11%, con más de un millón de
personas fallecidas a causa de la criminalidad violenta (PNUD, 2013). En 2012 un 36% de
las víctimas de homicidio las aportó el continente americano. De hecho en 2012, según la
Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD, 2013), América
Central ocupó el segundo lugar en el ranking de índices más altos de homicidios registrados
por subregiones, América del Sur quedó en tercer lugar y el Caribe en el cuarto. La
Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud(2016)
coinciden con estos datos estimando la tasa de homicidios regional en 28,5 homicidios por
100.000 habitantes. Se trata de una tasa que cuadruplica la del resto del mundo y es el doble
de la de los países en desarrollo de África.

En el caso venezolano, la tendencia en el aumento de los homicidios ha sido progresiva


durante los últimos 60 años (Briceño et al., 1997[9], 2009, 2012; Sanjuán, 1997, 2003,
2013), y tal como ya se ha señalado, las tasas actuales exceden en mucho el promedio
regional y mundial. En el gráfico 1se puede apreciar el comportamiento de los casos de
homicidios en los últimos 45 años.

Elaboración propia con datos delaPolicía Técnica Judicial (PTJ)- CICPC(años 1970-2011),
sistematizados, procesados y calculados por Sanjuan (2013) y González (2016) sobre el
total de casos. Ministerio Público (años 2011-2015), CICPC (años 2012-2015), cálculos
propios sobre el total de casos y víctimas. En Venezuela las dos principales fuentes de datos
son:

El Ministerio del Poder Popular para la Salud (MPPS): a través de sus anuarios de
mortalidad, cuya base conceptual está en la Clasificación Internacional de Enfermedades
(CIE).

Los registros criminales: principalmente a través de las estadísticas del CICPC y de manera
subsidiaria las del Ministerio Público (MP) y el Servicio de Medicina y Ciencias Forenses.

Los contrastes entre ambas fuentes pueden apreciarse en el gráfico siguiente:


Elaboración propia con datos del CICPC, MPPS, Sanjuan (2013, 2008), Fernández y
Tabares (2013)

El gráfico con el total de homicidios en el país para el período 1986-2009, con base a los
registros oficiales de salud e investigación policial, denota una continua disparidad a partir
de 1991. Hacia 1998 las cifras parecen coincidir de nuevo, pero a partir de 1999 se
distancian para ya no volver a coincidir. Sin embargo, resulta curioso que a pesar de la
diferencia en los totales consignados por ambas instituciones, la tendencia de los datos es la
misma, coincidiendo cada período de alza, momento pico y período de quiebre (Fernández
y Tabares, 2013).

Estas divergencias pueden deberse a diferencias conceptuales, en la temporalidad y a otros


elementos que distinguen a los 2 tipos de registros (Ribeiro, Borges y Cano, 2015). Esto
puede verificarse cuando se contrastan las similitudes entre las cifras del MP y las del
CICPC, lo que es lógico ya que comparten categorías conceptuales por ser ambas fuentes
de registro criminal, las diferencias entre éstas posiblemente se deba más interpretaciones
procesales y administrativas, que de conceptos.

Elaboración propia

En promedio el porcentaje de las discrepancias entre los datos de salud y los registros
criminales, durante el período estudiado, es de 21,52%, esto significa que se encuentra
ligeramente por encima del mínimo establecido en el Protocolo de Bogotá (20%), el cual
tiene como base la comparación de este tipo de divergencias en unos 15 países de la región.
Las distancias entre las cifras de ambas fuentes se reducen cuando se contrastan las cifras
de homicidios de los registros criminales, con las cifras de muertes por arma de fuego del
MPPS (es decir, homicidios junto a supuestos de muertes accidentales), lo que pudiera
arrojar también algunas dudas sobre la fiabilidad en el proceso de elaboración de los datos
del MPPS:

Elaboración propia con datos del CICPC, MPPS, Ministerio Público, Sanjuan (2013, 2008),
Chacón (2013)

Hay que considerar que los datos de salud presentes en esta gráfica corresponden a muertes
por arma de fuego (lo que según cifras del CICPC abarca más de un 90% de los casos de
homicidio), mientras que los que provienen de la fuente criminal son de la totalidad de
homicidios con independencia del medio empelado. En este ejercicio las discrepancias
entre ambas fuentes se reducen a apenas un 8%, lo que la ubicaría dentro de los mínimos
aceptables del Protocolo de Bogotá. Sin embargo, la tendencia sigue siendo hacia el
aumento de las mismas.
Conducta homicida:

La conducta homicida caracterizada por el acto de matar a otra persona , es una conducta
que ha sido y continúa siendo estudiada desde diferentes aspectos: psicológicos,
psiquiátricos, neurobiológicos, genéticos , entre otros. El homicida serial es el prototipo del
criminal puro que mata sólo por el placer que le produce el sufrimiento ajeno. Se abre un
panorama de interrogantes, entre ellos: ¿Esta conducta es innata en algunos individuos,
¿por qué ocurre?. La muestra evaluada fue de 140 hombres homicidas y 20 mujeres
homicidas, edades entre 18 a 68 años de edad. Se utilizó un estudio epidemiológico, Test de
Multiaxial de Millon (MMCI III) y estadística Test de Fischer y ANOVA con una p<0.05
estadísticamente significativa. En los resultados se determinó la precocidad en la edad del
inicio del delito y como predominantemente la personalidad paranoide y esquizotípica.

A lo largo de la historia se encuentran artículos que tratan del homicidio, o de asesinatos,


hasta la clasificación efectuada por Hazelwood y Douglas, en el año 1980, quienes hicieron
una contribución a la literatura con su clasificación de homicidios por tipo, estilo y número
de víctimas, describiendo el homicidio como simple, doble, triple, asesinato en masa
clásico y familiar, asesino serial y asesino itinerante, organizado y desorganizado.
Innumerables estudios, se han desarrollado respecto de la conducta homicida y continúan
realizándose para la aproximación del entendimiento del mismo. Similarmente y de acuerdo
con Ressler y colaboradores, (1986), citados por Homant y Kennedy (1998) y Ailt y Reese
en 1980, citados por Knight (1998), el uso de perfiles psicológicos en los crímenes puede
ayudar a determinar el tipo de personalidad del criminal y sus características conductuales
desde un análisis de los crímenes que él o ella hayan cometido; tenga o no el agresor
antecedentes judiciales, si los tiene podría ser un criterio facilitador para la elaboración del
perfil. Los estudios de casuística han permitido asociar diversas variables de interés
criminológico y delimitar algunas variantes homicidas típicas, por ejemplo, el tipo “A”, es
el tipo de homicidio cometido por varones sin patología psiquiátrica mayor, que tienden a
actuar con patrón polidelictual y que muestran más probabilidades de ser reincidentes y de
matar a extraños. El tipo “B”, cometido tanto por mujeres como por varones, sin
antecedentes penales y cuyas víctimas son personas del entorno inmediato: en este tipo de
homicidio es sumamente influyente el factor circunstancial en forma de conflicto. El tipo
“C”, es el homicidio cometido por insanos, que no suelen tener antecedentes criminales ni
actuar con patrón polidelictual y cuyas víctimas pertenecen al entorno inmediato. En
nuestra legislación aquellos insanos que han cometido el delito de homicidio, se encuentran
alojados en hospitales neuropsiquiátricos. Se propone es este estudio, abordar la conducta
homicida en relación a la personalidad, características, similitudes y diferencias en relación
a la personalidad de base del sujeto homicida.

 
Perfil psicológico del asesino: características comunes
Resulta sumamente complicado establecer un perfil psicológico general de la figura del
asesino, especialmente teniendo en cuenta la gran variedad en lo que se refiere a las
posibles causas de la conducta asesina.

A pesar de ello, a continuación se indican algunos rasgos y características que tienden a


cumplirse en una gran proporción de casos.

1. Visión del otro como causante de daño, amenaza u obstáculo

Si bien las causas concretas pueden ser muchas, por norma general la persona que comete
un asesinato ve a su víctima como como alguien que le ha causado un daño, supone una
amenaza para su integridad o estatus o para la de un ser querido o representa un obstáculo
para alcanzar un determinado fin.

También puede tratarse de un acto de violencia premeditado contra alguien que se asemeja
a una persona que le ha producido al asesino un perjuicio, o incluso para satisfacer una
necesidad con la que el sujeto no tiene en principio nada que ver.

2. Alta puntuación en psicopatía

Existen casos de asesinatos que son cometidos contra personas que no tienen ningún tipo de
relación con el asesino, como ocurre en muchos casos de asesinos en serie o en los casos en
que el asesino en un sicario contratado para acabar con la vida de una persona.

Sin embargo, la gran mayoría de asesinatos que pueden observarse se llevan a cabo entre
personas que se conocen o cuyo entorno está vinculado, aún si su contacto ha sido
circunstancial. Eso significa que el asesino tiene la capacidad de distanciarse
emocionalmente de la víctima, lo cual encaja con un perfil psicológico con un alto grado de
psicopatía.

3. Discreción

Aparentemente, la personalidad de la mayor parte de asesinos no suele tener grandes


particularidades que los hagan diferenciarse del resto de la población. El acto de asesinar no
está delimitado a una estructura psíquica que haga que la persona destaque por el tipo de
habilidades sociales que tiene.

4. En muchos casos, bajo nivel de asertividad

A pesar de que por lo general tienen un comportamiento normal, en muchos casos el


asesinato se produce como consecuencia del nacimiento de agresividad hacia una persona
en concreto debido a circunstancias variables. El asesino no es capaz de gestionar la
situación de otra manera que con el asesinato, o bien a pesar de concebir otra manera la da
prioridad a la provocar el deceso de la futura víctima.

5. No hay necesariamente trastorno mental

Existe socialmente la idea de identificar asesinato con la presencia de psicopatología. Sin


embargo, en general esto no es así. Normalmente la mayoría de asesinatos son provocados
por personas consideradas mentalmente sanas, siendo algunos de los más frecuentes los
crímenes de odio, los crímenes pasionales o aquellos vinculados a aspectos económicos o
de recursos.

Una excepción la podemos encontrar en los asesinos en serie, los cuales tienden a padecer
psicopatía extrema, sociopatía o diferentes trastornos que alteran la percepción de la
realidad.

6. Género y edad

En general los asesinos suelen ser varones jóvenes o de mediana edad, si bien también
pueden encontrarse numerosos casos de asesinas e incluso de niños y niñas asesinos.
Tradicionalmente los varones suelen utilizar métodos más agresivos tales como armas
blancas o pistolas mientras que las mujeres tienden a utilizar métodos menos visibles como
el envenenamiento, si bien estas tendencias parecen ser menos acusadas con el paso del
tiempo.

Medidas para la disminución de Homicidios.


No existen recetas mágicas para resolver ningún problema complejo. Pero, el conjunto de
medidas que aquí se enumera, ha dado buenos resultados en otras latitudes. En algunos
casos, se inició ya su ejecución en Venezuela, pero de manera discontinua y sin evaluación.
Por ello, vale la pena insistir.

1.- Inclusión Juvenil. Pese a los avances de la Revolución en inclusión social, existe cerca
de un millón de jóvenes que no está estudiando o trabajando. Se trata de una situación de
desigualdad fáctica que se resiste a las políticas públicas. La desigualdad genera violencia y
esto explica, parcialmente, que la mayor parte de las muertes violentas ocurra entre los
sectores populares y en este grupo etario. Existen programas que buscan su inclusión
(“Jóvenes de la Patria” y “Jóvenes del Barrio”), pero tienen déficit de cobertura e impacto.
Ante esto, hay que evaluar lo hecho y relanzar una Misión específica, a la vez masiva y
capilar[1], que posibilite la Inclusión educativa, laboral, cultural, deportiva y política de
jóvenes entre 14 y 24 años y, en particular, de los jóvenes que forman parte de bandas
territoriales. El enfoque debe partir de su protagonismo, su reconocimiento y la garantía a
sus derechos. No se trata de disciplinar para producir trabajadores obedientes, sino de
incluir para que emerjan nuevos sujetos de la transformación social.
2.- Reforma Policial. Muchas organizaciones criminales tienen a policías y ex -policías
como líderes. Se trata de bandas dedicadas al secuestro, extorsión, tráfico de armas y
municiones y protección de cadenas de comercialización de droga. Además de corrupta, la
policía sigue siendo ineficaz, ineficiente y vulneradora de derechos humanos, tal como lo
diagnosticó la Conarepol en 2006 y quedó nuevamente sobre el tapete a propósito de la
Masacre de Quinta Crespo. La Reforma Policial, había perdido el impulso que vivió hasta
2012, por lo que celebramos el reciente lanzamiento de la “Comisión Presidencial para
Transformación de los Cuerpos Policiales” y que su mandato incluya la transformación del
CICPC. Para un trabajo serio, esta Comisión debe partir de una evaluación de lo hecho
desde 2006 para acá, identificando errores y aciertos, para reimpulsar un proceso en el que
no se parte de cero. Igualmente, la Comisión debe calendarizar sus metas y rendir cuentas
públicas de las líneas a seguir y el avance de su ejecución, promoviendo la participación
social en el control externo sobre los cuerpos de seguridad.

3.- Desarme. El 77,83% de las balas que matan a nuestro pueblo son fabricadas por
CAVIM. Más del 90% de los homicidios se ejecutan con armas de fuego. Urge aplicar las
recomendaciones de la CoDesarme y ejecutar, cabalmente, las medidas previstas en la Ley
para el Desarme, control de armas y municiones.

4.- Reforma legislativa garantista. Las cárceles no sirven para “regenerar” a nadie. Las
reformas legislativas realizadas al Código Orgánico Procesal Penal, especialmente en el
2001, y la reforma al Código Penal de 2005, fueron regresivas respecto al mandato de
preferencia de medidas alternativas a la prisión que establece el artículo 272 de la
Constitución. Como consecuencia de ellas, la tasa de encarcelamiento alcanzó límites
históricos superando las 164 personas por cada 100 mil habitantes. La inmensa mayoría de
los presos son jóvenes pobres que están en detención preventiva (es decir, no sabemos si
son responsables de lo que se les imputa), investigados por delitos nimios (entre ellos
posesión de pequeñas cantidades de drogas). Tener más presos no sirve para reducir los
delitos violentos, pero sí para iniciar o profundizar trayectos delictivos de vida. Es decir, la
cárcel aumenta la violencia. Resulta necesaria, por tanto, una reforma legislativa garantista
que priorice la libertad por sobre la prisión y que reduzca las penas en materia de pequeños
delitos (como el microtráfico).

5.- Jerarquización de la investigación penal. Todo sistema de justicia penal es selectivo.


Atrapa a los más débiles y libera a los fuertes. Tomando conciencia de ello, el Estado debe
sustituir la selectividad que imponen las asimetrías de poder, por una jerarquización
consciente de la investigación de los delitos que generen más daño social; entre ellos los
que impliquen gran violencia contra las personas (homicidios, secuestros, violaciones,
lesiones graves, entre otros) y los delitos de los poderosos.

6.- Políticas Locales de Convivencia. La violencia no es igual en todos lados. Los pobres la
viven de manera cuantitativa y cualitativamente más dramática. Algunos barrios tienen
tasas superiores a los 100 homicidios por cada 100 mil habitantes. Es necesario frente a ello
impulsar, en territorios priorizados, Políticas Locales de Convivencia, con los siguientes
ejes: contraloría social de la función policial, inclusión y protagonismo juvenil e infantil,
prevención de violencia de género, resolución social de conflictos, reconversión de las
economías del microtráfico y negociación pacificadora con bandas juveniles.

7.- Eficacia Policial. Pero ninguna política local de convivencia tendrá éxito sostenido si
no existe un trabajo policial eficaz sobre los territorios priorizados, que evite que las
organizaciones criminales más consolidadas (pranatos dedicados a la gran venta de droga,
el secuestro, el robo de vehículos, etc) saboteen el trabajo preventivo y de empoderamiento
popular para la convivencia. El trabajo con jóvenes de bandas debe tener un énfasis en la
prevención, pero frente al crimen organizado a gran escala (pranatos) es necesaria la
intervención penal, basada en los derechos humanos. Mientras se concretan los avances de
la Reforma Policial, hay que garantizar que la policía patrulle eficazmente en los territorios
priorizados (con trabajo de inteligencia y georreferenciación de delitos) y activar sus
mecanismos de control interno y externo, para evitar los vínculos entre funcionarios y redes
delictivas locales

8.- Pensar de otro modo. Está harto demostrado que las políticas de “mano dura”,
punitivistas y clasistas, no resuelven el problema. Sin embargo, son funcionales en
estrategias efectistas y suelen ser aplaudidas por una población desesperada. Esa es una
victoria de la derecha criminológica: en las crisis su pensamiento es más seductor para
las/os decisoras/es. Revertir esto, pasa por invertir en la formación, investigación y difusión
de un discurso criminológico consistente con los principios de igualdad y poder popular,
sobre los que se funda la Revolución Bolivariana.

9.- Interagencialidad. Las medidas que aquí se presentan trascienden las competencias del
Ministerio del ramo. Involucran a varios ministerios, a varios poderes públicos y a los
ejecutivos estadales y municipales. Ello implica una coordinación eficaz, intra e inter
poderes, en los distintos ámbitos territoriales. Nada de eso es posible sin la creación de un
espacio de coordinación de Alto Nivel, con gran apoyo político.

10.- Consensos. A estas y otras medidas necesarias hay que construirles consenso entre la
alta dirigencia de la Revolución, para darles sostenibilidad y protegerlas ante cambios de
ministros u otras autoridades. Posteriormente, hay que ir ampliando ese consenso, sumando
a alcaldes y gobernadores, de todas las tendencias, para lograr su ejecución sostenida y
articulada, a lo largo de los próximos 5 años.

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