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República Bolivariana de Venezuela

Ministerio del Poder Popular para la Educación Superior


Universidad Nacional Experimental de los Llanos Centrales "Rómulo Gallegos"
Programa Municipalizado de la Especialización en Derecho Procesal Civil
Núcleo - San Carlos, estado Cojedes

La Defensa en Juicio
Efectos de los Recursos Procesales
(Tema 5)

Participante:
Marleny J. Seijas C.
C.I. V-11.964.984

Facilitadora: Abg, Mirtha J. Castillo Tovar.

San Carlos, junio de 2020


Efectos de los Recursos Procesales en el
Sistema Venezolano:
Históricamente, el sistema positivo adoptado por la legislación venezolana, fue
el de la doble conformidad de fallos, que conducía a la tercera instancia. Los articulos
187 y 415 del Código de Procedimiento Civil de 1916, consagraban este sistema.
Según el primero: "De las sentencias interlocutorias o definitivas, dictadas en
segunda instancia, se puede apelar dentro del término de cinco días, sólo respecto
de aquellos puntos en que difieran de las de primera instancia.
No habrá lugar a tercera instancia cuando la sentencia" de la segunda fuere
conforme en el fondo con la de primera, a menos que no condene en las costas de la
instancia, o que, haciéndolo, condene también en las de primera, no habiéndolo
hecho el juez o tribunal que sentenció en ésta. En tal caso, del tribunal de tercera
instancia conocerá únicamente del punto sobre costas", "La sentencia de tercera
instancia quedará en todo caso ejecutoriada, a menos que se intentare y fuere
admisible contra ella el recurso de casación, sin que en ningún caso haya lugar a
cuarta instancia", "Tampoco habrá lugar a tercera instancia cuando la sentencia de la
segunda se hubiere dictado en virtud y en cumplimiento de un fallo de la Corte
Federal y de Casación, salvo que la casación sea por un vicio de forma en la
sentencia".
Según el artículo 415 del Código de Procedimiento Civil, relativo al
procedimiento en segunda y tercera instancia: "La sentencia de segunda instancia
causará ejecutoria cuando sea conforme con la de primera. Si no lo fuere, podrá
apelarse de ella en cuanto difiera de la primera". Este sistema era conforme con las
Bases de la Unión establecidas en la Constitución de los Estados Unidos de
Venezuela de 19 de junio de 1914, que reconocía la autonomía de los estados; el
derecho de los mismos a establecer su régimen y gobierno interior; a organizar sus
tribunales y juzgados para la administración de justicia ya tener todos una misma
legislación sustantiva, civil, mercantil y penal, así como la de procedimiento; y con las
leyes orgánicas de tribunales de los estados, que asignaban la tercera instancia a las
cortes supremas en éstos .
En la base del sistema histórico de la doble conformidad de los fallos se
encuentra la idea de que la cosa juzgada se forma con la conformidad de dos fallos,
pues ante la disconformidad de dos sentencias sucesivas, no hay razón para
considerar justa la segunda e injusta la primera, por lo cual es necesario que un
magistrado de tercera instancia examine de nuevo la controversia y emita una
sentencia que sea conforme con la de primera o con la de segunda instancia.
Sin embargo, no obstante que los sostenedores de esta idea tratan de darle a
la misma el aspecto de un principio absoluto e ideal, la realidad es que no ha pasado
de ser más que una etapa en la historia de la apelación y, modernamente, ha sido
desechada de los ordenamientos procésales por las duras críticas que ha sufrido el
sistema en todas partes.
En efecto, se objeta que para que pueda hablarse de doble conformidad de los
fallos, es necesario que exista identidad de los medios sobre los cuales deban
pronunciarse los tribunales y, consecuencialmente, la prohibición de nuevos hechos
y nuevas pruebas en la instancia superior, pues de lo contrario, el juez de la primera
y de la segunda apelación no juzgarían la causa como había sido presentada y
decidida por el juez de primera instancia, sino sobre una causa modificada por los
nuevos hechos y las nuevas pruebas y, por lo tanto, distinta de aquella que había
sido discutida y decidida por el primer juez.
Además, el tribunal de tercera instancia podría dictar una sentencia
disconforme con las dos primeras, en cuyo caso, no admitiéndose la cuarta instancia,
la sentencia produciría ejecutoria, no obstante no haberse alcanzado la doble
conformidad; y si el tribunal de tercera instancia debiera elegir necesariamente entre
las dos opiniones uniformándose a una de ellas, aunque encuentre en ellas errores
de hecho y de derecho, entonces se tendría el triste espectáculo de que, para servir
al sistema y al principio vicioso que lo informa, el Tribunal debe disimular la propia
opinión y dar carácter de autoridad absoluta a una sentencia que reprueba.
La tercera instancia no puede tener por base sino el principio de autoridad,
que traduce a la doble conformidad de los fallos la presunción o la prueba de la
justicia. Pero la doble conformidad no puede alcanzarse sino cerrando
irrevocablemente la instrucción después de la decisión del primer juez; y, sin
embargo, en la mayoría de los sistemas que lo adoptaron, con excepción del
austriaco, el legislador ha querido conservar a la apelación la libertad de instrucción y
negar, sin embargo, el recurso a la tercera instancia en el caso de conformidad de
las dos primeras decisiones.
Desde 1945 rige el sistema del doble grado de jurisdicción, que admite
solamente una apelación a segunda instancia, causando ejecutoria el fallo de esta
última, salvo recurso de casación. Nacionalizada la justicia desde 1945, las
constituciones sucesivas han venido estableciendo que es competencia del Poder
Nacional la administración de justicia y la creación, organización y competencia de
los tribunales. Acorde con esta disposición constitucional, existe ahora una única Ley
Orgánica del Poder Judicial, que desenvuelve los principios de la Constitución
referentes a la organización de la justicia, en la cual se ha suprimido la tercera
instancia y las Cortes Supremas de los Estados que conocían de ésta, quedando así
derogados los mencionados artículos 187 y 415 del Código de Procedimiento Civil de
1916 que la contemplaban.
Nuestro sistema del doble grado de jurisdicción está regido por el principio
dispositivo, que domina en nuestro proceso civil, y por el principio de la personalidad
del recurso de apelación, según los cuales el juez superior sólo puede conocer de
aquellas cuestiones que le sean sometidas por las partes mediante la apelación
(nemo judex sine actore) y en la medida del agravio sufrido en la sentencia de primer
grado (tantum devolutum quantum appellatum), de tal modo que los efectos de la
apelación interpuesta por una parte no benefician a la otra que no ha recurrido,
quedando los puntos no apelados ejecutoriados y firmes por haber pasado en
autoridad de cosa juzgada.
Si bien en la segunda instancia el juez adquiere la jurisdicción sobre el asunto
apelado y decide la controversia ex novo, ésta no se amplía en su contenido, sino
que versa sobre los mismos términos de la litis, tal como ha quedado ésta planteada
de hecho al momento de la contestación de la demanda, que en nuestro sistema es
el momento preclusivo fundamental de todas las excepciones y defensas, sin que
puedan admitirse posteriormente otras (artículo 364 del Código de Procedimiento
Civil.). De allí que todas las cuestiones de hecho que han debido alegarse en primera
instancia como fundamento de la pretensión y de la defensa y que no lo fueron, no
pueden hacerse valer en alzada, y lo que debió probarse y no se hizo con la amplitud
que permitía la primera instancia sólo puede hacerse en la segunda de modo
limitado, pues en ésta no se admiten otras pruebas sino la de instrumentos públicos,
la de posiciones y el juramento decisorio (artículo 520 del Código de Procedimiento
Civil), sin perjuicio de que el juez pueda dictar auto para mejor proveer dentro de los
límites expresados en el artículo 514 ejusdem.
He mencionado en los párrafos anteriores, qué es la apelación y se ha
determinado su concepto; ahora, al estudiar los sujetos de la apelación, se trata de
saber quiénes pueden apelar. En principio, sólo pueden apelar las partes, esto es, el
sujeto activo y el sujeto pasivo de la pretensión que es objeto del proceso. Siendo el
recurso de apelación el desenvolvimiento de la misma pretensión en la instancia
superior, es lógico que los sujetos de ésta sean los legitimados para provocar con el
recurso el nuevo examen de la controversia decidida.

Concepto:
La apelación es el recurso ordinario por excelencia, por medio del cual el que
resulte perjudicado por una decisión judicial puede ocurrir al Tribunal superior a fin de
que la revoque o reforme, en todo o en parte. Mediante el recurso de apelación, la
parte perdidosa persigue del Tribunal superior le sea remediado el agravio cometido
por el fallo del inferior. La apelación es un recurso ordinario para llevar ante el
Tribunal superior inmediato una decisión considerada ilegal, a fin de obtener la
reparación de la injusticia cometida por medio de una nueva decisión.

Regla General en Materia de Apelación de Sentencia Definitivas:


De toda sentencia definitiva dictada en primera instancia se da el recurso de
apelación con la excepción de aquellas en que lo prohíba una disposición especial.

De las Sentencia Interlocutorias:


El artículo 289 Código Procedimiento Civil, no confiere el derecho de
apelación sino de manera excepcional, y así expresa que de las sentencias
interlocutorias se admitirá apelación cuando produzcan gravamen irreparable.
El término para intentar la apelación, lo instituye el artículo 298 Código de
Procedimiento Civil cuando establece como regla general el término de 5 días para
intentar la apelación, debiéndose entender aquí esta expresión como un lapso,
puesto que la parte puede apelar en uno cualquiera de los días que se concede para
apelación.
Las excepciones son las siguientes:
Si se han pedido aclaratorias, rectificaciones o ampliaciones el lapso se
contará desde la fecha de la providencia que recaiga sobre la mencionada petición
de aclaratoria, ampliación o rectificación.
Si se ha solicitado experticia complementaria del fallo, el lapso para apelar
correrá una vez que se haya consignado en autos el informe de los expertos.
Apelación en Uno y en Ambos Efectos:
El artículo 290 Código de Procedimiento Civil establece que de la sentencia
definitiva se admitirá apelación en ambos efectos, salvo disposición especial en
contrario; cuando se oye una apelación en ambos efectos quiere decir, que ella
traslada el conocimiento total al Tribunal superior, y éste es el único que puede
seguir conociendo del asunto, quedando suspendida la jurisdicción del inferior. En
consecuencia tiene dos efectos:
1) transmisión de la competencia al superior y
2) suspensión de ella en el inferior; esto es, produce efecto devolutivo y
suspensivo. Se traslada al Juez superior suspendiendo la aplicación de la decisión
del Juez inferior.
La apelación a un efecto se refiere al efecto devolutivo, el Juez de la causa
continúa actuando, y el Juez superior recibe copias certificadas del expediente.
El artículo 298 del Código Procedimiento Civil determina que el término para
intentar la apelación es de 5 días, siendo que este lapso es concedido a las partes
para que resuelvan y mediten sobre la conveniencia de intentar o no el recurso, a fin
de no usarlo de modo irreflexivo; de allí que el legislador deje transcurrir el lapso de
apelar, y ordena que sea oída en el día siguiente a la última de aquel lapso, acorde a
lo establecido en el artícilo 293 del Código Procedimiento Civil. El legislador quiere
significar que la apelación debe intentarse dentro del lapso legal para hacerlo, ya que
si no se intenta dentro de los 5 días, la apelación es extemporánea y no podrá ser
admitida.

La Reformatio Imperius:
Es el principio que rige la apelación. Opera cuando pudiendo apelar ambas
partes sólo una de ellas lo hace. El Juez no podrá desmejorar la condición jurídica de
una de las partes.

Objeto de la Apelación:
El objeto de la apelación es la pretensión procesal reconocida o negada por la
sentencia impugnada. Este recurso provoca un nuevo examen de la relación
controvertida mediante el juez de segundo grado de jurisdicción; y el interés en la
apelación está determinado por el vencimiento, que no es otra cosa sino el agravio,
perjuicio o gravamen que la resolución judicial causa a uno de los litigantes o a los
dos recíprocamente, por haberse acogido o rechazado total o parcialmente la
pretensión planteada en el primer grado de jurisdicción. Por tanto, si la apelación en
esencia es una instancia sobre los hechos, que culmina en una nueva resolución, es
obvio que su objeto no es otro que la pretensión reconocida o negada por, la
sentencia apelada.
Como la apelación se interpone contra la sentencia de primera instancia,
generalmente se piensa que el objeto de la apelación es la sentencia misma apelada.
Pero en realidad, la sentencia, el agravio y su apelabilidad, no son más que
presupuestos de la apelación o requisitos de admisibilidad del recurso. Cuando el
artículo 288 del Código de Procedimiento Civil, instituye que: "De toda sentencia
definitiva dictada en primera instancia se da apelación, salvo disposición especial en
contrario", sólo está señalando los requisitos de admisibilidad del recurso, esto es:

1) Que exista una sentencia definitiva;

2) Que la sentencia haya sido pronunciada en primera instancia; y

3) Que la sentencia no sea inapelable por disposición especial de la ley.

El estudio de la existencia o inexistencia de estos requisitos conduce a una


providencia sobre la admisibilidad o inadmisibilidad del recurso; en cambio, el
examen sobre el mérito o fundamento del recurso, requiere el examen en alzada del
fundamento de hecho y de derecho de la pretensión examinada en primera instancia.
A este respecto la casación ha sentado el principio de que para considerar que una
apelación resulte inadmisible, el juez ha de limitarse a ubicar el caso concreto dentro
del dispositivo legal que, por vía de excepción, repute inapelable la decisión de que
se trate, pero sin pronunciarse sobre el contenido mismo del asunto, pues el
pronunciamiento sobre el fondo escaparía a los alcances de una mera declaración de
improcedencia de la apelación intentada y el fallo así dictado contendría una
verdadera sentencia confirmatoria del criterio de la instancia .
El estudio del objeto de la apelación, en el sentido expresado, implica
necesariamente el estudio de la extensión y limites que tiene o debe tener el nuevo
examen de la controversia en el segundo grado de jurisdicción; estudio que haremos
más propiamente cuando se trate, más adelante, de los efectos de la apelación y,
especialmente, del llamado efecto devolutivo de la misma, que determina la medida y
extensión en que la pretensión debe ser examinada por el juez de segundo grado.
Por ello nos limitaremos en este apartado a examinar qué sentencias son apelables y
cómo regula nuestro derecho esta cuestión.

a) La regla general de la apelabilidad de las sentencias definitivas está contenida en


el artículo 288 Código de Procedimiento Civil, según el cual: "De toda sentencia
definitiva dictada en primera instancia se da apelación, salvo disposición especial en
contrario". Según esta regla, basta que la sentencia sea definitiva; que sea dictada
en primera instancia y que no haya disposición especial que prohíba la apelación,
para que sea admisible el recurso.

b) En cambio, la regla general para las sentencias interlocutorias es que sólo tienen
apelación cuando producen gravamen irreparable.

Efectos de la Apelación:
La apelación produce dos efectos: el suspensivo y el devolutivo.

a) Por virtud del efecto suspensivo de la apelación se suspende la ejecución de la


sentencia apelada.
Es lógica que la sentencia apelada no sea ejecutada, porque sometida como
está la causa a un nuevo examen en la instancia superior, podría ser revocada la
sentencia. Pero la razón jurídica que justifica el efecto suspensivo que produce la
apelación, está en que el recurso impide que la sentencia cause ejecutoria y sólo son
objeto de ejecución las sentencias ejecutoriadas que hayan quedado definitivamente
firmes (artículo 524 del Código de Procedimiento Civil); esto es, aquellas contra las
cuales han quedado recluidos los recursos, incluyendo el extraordinario de Casación.
El efecto suspensivo de la apelación no es de la esencia del recurso en
nuestro sistema, porque él no se produce en todos los casos. Sólo respecto de las
sentencias definitivas la apelación produce siempre el efecto suspensivo (artículo
290 del Código de Procedimiento Civil); pero respecto de las sentencias
interlocutorias, este efecto no se produce porque sólo se oyen en el efecto devolutivo
(artículo 291 del Código de Procedimiento Civil), se tiene así una ejecución provisoria
ex lege de la sentencia interlocutoria apelada, que en caso de revocación por la
alzada, dará lugar a la obligación de reintegrar el estado patrimonial anterior, a
menos que existan elementos particulares de culpa que justifique una pretensión
mayor, de resarcimiento de daños, sin perjuicio de la nulidad de lo actuado en
ejecución del fallo revocado.

b) Por efecto devolutivo se entiende la transmisión al tribunal superior del


conocimiento de la causa apelada. O como dice Couture: "El efecto inherente al
recurso de apelación, consistente en desasir del conocimiento del asunto al juez
inferior, sometiéndolo al superior”.

El efecto devolutivo siempre se produce en la apelación y es, por tanto,


esencial a la misma, puesto que por un lado hace perder al juez a quo el
conocimiento del asunto y, por otro, hace adquirir al juez ad quem la jurisdicción
sobre la cuestión apelada; ya sea el mérito de la pretensión planteada ante el primer
juez, o bien el de alguna cuestión o punto incidental controvertido resuelto en la
instancia inferior.
Por ello, una vez admitida la apelación en los dos efectos, no se dictará
ninguna providencia que directa o indirectamente pueda producir innovación en lo
que sea materia del litigio, mientras esté pendiente el recurso, salvo disposiciones
especiales (artículo 296 del Código de Procedimiento Civil).
Se produce así, por virtud de la apelación, la renovación del proceso ante la
instancia superior, pero poniendo de la situación jurídica que tenían las partes
después de la contestación de la demanda; lo que significa que como el acto de la
litiscontestación es el que fija los términos de la controversia, la cual queda
delimitada por la pretensión que se hace valer en la demanda y por la resistencia
(defensa) que le opone el demandado en la contestación, el conocimiento de la
causa por el juez superior y la actividad misma de las partes, encuentran un límite en
la actividad desplegada por éstas en la primera instancia (principio dispositivo) y en
el interés de las mismas en la apelación (principio del vencimiento) ; lo que hace
necesario examinar con detenimiento en qué extensión y profundidad puede el juez
ad quem conocer de la causa, esto es, cuáles son los poderes que adquiere por
virtud del efecto devolutivo de la apelación ".
c) Pueden considerarse varias situaciones, partiendo siempre del principio general
aceptando en nuestra doctrina y jurisprudencia, de que el efecto devolutivo se
produce en la medida de la apelación (Tantun devolutun ne procedat iudex ex oficio);
del principio del vencimiento como causa de la apelación (non gravatus non potest
appellare), y del principio de la personalidad de la apelación, según el cual la
decisión de alzada no produce beneficio a la parte que ha consentido el fallo sino a
aquella que lo ha apelado.

Procedimiento de la Apelación:
a) La forma de la apelación en nuestro sistema se diferencia notablemente de la
seguida en otros países, entre ellos Italia, Francia, Alemania y España, en los cuales
la apelación se propone mediante una demanda en forma con notificación de la otra
parte.

En Italia, la forma de la apelación ha pasado por dos fases muy definidas. En


la primera, ya por la brevedad del término, o bien por el carácter de la apelación, que
se dirigía más que todo contra el juez, la voluntad de apelar se manifestaba al juez a
quo (viva voce) y luego, bajo el cuidado de éste o del apelante, se comunicaba al
juez ad quem. En un segundo período que arranca del Código de Procedimiento Civil
francés, la voluntad de apelar se manifiesta generalmente en un solo acto, de, parte
a parte. La apelación así propuesta, debe llenar todos los requisitos exigidos para la
demanda y, especialmente, aquellos referentes a la citación misma.
En nuestro sistema, la apelación es un verdadero y propio recurso con una
acción introductiva de una nueva instancia y se propone ante el tribunal que
pronunció la sentencia (artículo 292 del Código de Procedimiento Civil), mediante la
simple manifestación de apelar, expresada apud acta (las propias actas) , en el
expediente de la causa en primera instancia, mediante la forma ordinaria de la
diligencia o del escrito (artículo 187 Código de Procedimiento Civil). Se sigue así
aquella forma sencilla y simple que regía en el Derecho Romano, según el conocido
pasaje de Macer: Sed si apud acta quis appellaverit. satis erit. si dicat: "Appello".
En la práctica del foro, basta pues la expresión: "Apelo de la anterior
sentencia". O la otra más común de: "Apelo de la anterior sentencia en todo cuanto
me es desfavorable", para que esta manifestación se tenga, sin más, como ejercicio
del recurso.
Tampoco se requiere en nuestro sistema el llamado en otros países: "libelo o
escrito de agravios", que consistía en un escrito con la explanación del gravamen,
que se presentaba al juez ad quem y justificaba el recurso; ni se exige de parte del
apelado, una contestación (escrito de "agravios medios") con los cuales quedaba
determinado el alcance y la materia de la controversia en la alzada. En nuestro
sistema, pues, el apelante tiene absoluta libertad de expresar su apelación, siempre
que sea en términos que manifiesten ostensiblemente su propósito de provocar un
nuevo examen de la cuestión decidida por el juez de apelación o de segundo grado.
La casación venezolana ha venido admitiendo la forma genérica de apelación
y ha asentado la doctrina según la cual, cuando la apelación es ejercida en forma
genérica, el conocimiento del asunto es devuelto al juez de alzada en forma absoluta
y, en consecuencia, adquiere facultad para decidir todas las acciones, defensas y
excepciones esgrimidas por las partes. Dado así este efecto de la apelación genérica
(asienta la Corte) el principio de la doble instancia queda satisfecho por el solo hecho
de que el proceso, considerado en su conjunto, haya sido decidido en las dos
instancias establecidas en la ley, independientemente de que alguno de los
sentenciadores haya dejado de pronunciarse sobre alguna acción o defensa por
considerarlo innecesario en razón del resultado de otras.
Así, conforme a esta reiterada doctrina, si por haber declarado con lugar una
excepción de inadmisibilidad opuesta para ser decidida como punto previo en la
oportunidad de la sentencia definitiva, el juez de la primera instancia no entra a
conocer ni decidir las defensas perentorias por considerarlo innecesario, una vez
apelado en forma genérica el fallo, el juez de alzada tiene plena facultad y autonomía
para decidir esas defensas perentorias, en caso de desestimar la excepción de
inadmisibilidad y, al hacerlo así, sea que absuelva o condene al demandado, se
estaría dando cumplimiento al principio de la doble instancia, por cuanto el proceso
pasó por ambas y en las dos tuvo el resultado formal señalado en el Código de
Procedimiento Civil .
Un camino heterodoxo fue tomado por la Ley Orgánica de la Corte Suprema
de Justicia de 1976, al establecer que en los casos en que conoce en apelación, "el
apelante presentará escrito en el cual precisará las razones de hecho y de derecho
en que se funde", y que si el apelante no presentare el escrito en el lapso fijado, se
considerará que ha desistido de la apelación y así lo declarará la Corte de oficio o a
instancia de parte. Acogió así la Ley de la Corte, para el procedimiento en segunda
instancia que puede darse ante la misma, la doctrina sentada en la sentencia de la
Sala de Casación, de fecha 8 de junio de 1955, que rechaza la apelación hecha en
términos generales y sostiene que quien apela debe precisar en su diligencia o
escrito los puntos que quiere sean juzgados de nuevo y quien apela en términos
generales, sin expresar limitación alguna, debe entenderse que ha querido someter a
la alzada todos los mismos problemas considerados y decididos en primera
instancia.
Doctrina esta heterodoxa y errónea, que desconoce el principio fundamental
del vencimiento, como condición de la apelación (non gravatus non potest appellare)
consagrado en el artículo 297 Código de Procedimiento Civil, a tal punto que la
mencionada doctrina crea una "presunción" de querer someter a la alzada todos los
mismos problemas considerados y decididos en primera instancia a falta de
expresión de los motivos de la apelación; lo que es evidentemente erróneo, porque el
juez de alzada, aun en caso de voluntad expresa del apelante, no puede considerar
cuestiones en que éste es vencedor y no vencido.

b) El tiempo para ejercer el recurso está limitado a un término muy breve de cinco
días calendario consecutivo (artículo 197 Código de Procedimiento Civil).

Este término comienza a computarse desde el día siguiente a la publicación


de la sentencia, conforme a la regla del artículo 198 Código de Procedimiento Civil,
según el cual: "En los términos o lapsos procésales señalados por días, no se
computará aquel en que se dicte la providencia o se verifique el acto que dé lugar a
la apertura del lapso"; pues la publicación de la sentencia es el acto que da lugar al
lapso 68, y termina a las seis de la tarde del quinto día siguiente a la publicación de
la sentencia. Pero en caso de aclaratoria, el término para la apelación comienza a
correr a partir del auto que concede o niega la aclaratoria porque la sentencia forma
una unidad junto con ésta.
Es además un término o lapso perentorio o preclusivo, de tal suerte que si se
ha dejado transcurrir inútilmente o si se interpone el recurso después de pasado el
lapso (apelación tardía), la sanción es la caducidad del recurso 70 y la ejecutoria del
fallo, pues el recurso de apelación no es de orden público, sino de interés privado y
puede ser renunciado aun tácitamente.
Si bien el término comienza a contarse al día siguiente de la publicación de la
sentencia, se admite que pueda proponerse la apelación el mismo día,
inmediatamente después del fallo (apelación inmediata), sin que pueda considerarse
en este caso que hay apelación anticipada, pues ésta es la que se interpone antes
de haberse pronunciado la decisión, para el caso de que el juez no resuelva
favorablemente; la cual evidentemente no tiene valor alguno.
Las excepciones a la regla del artículo 298 Código de Procedimiento Civil,
contenidas en disposiciones especiales, son escasas; pueden mencionarse: el
término de tres días en materia mercantil para la apelación de las sentencias
interlocutorias en que sea admisible el recurso (artículo 1.114 Código de Comercio).
Finalmente, interpuesto el recurso en el término legal, el tribunal debe admitirlo o
negarlo en la audiencia siguiente a la última del término (artículo 293 Código de
Procedimiento Civil), pero sin prejuzgar sobre la materia del recurso propuesto,
porque ésta pasa al conocimiento del juez superior en virtud del efecto devolutivo de
la apelación.

c) En cuanto a las reglas para admitir u oír la apelación, la ley distingue si se trata de
sentencias definitivas o de interlocutorias.

La apelación interpuesta contra la sentencia definitiva se admite en ambos


efectos (artículo 290 Código de Procedimiento Civil), salvo disposición especia en
contrario, vale decir: en el efecto devolutivo, que es esencia] a la apelación y en el
efecto suspensivo, por el cual se suspende la ejecución de lo decidido.
La apelación de las sentencias interlocutorias se oirá solamente en el efecto
devolutivo, salvo disposición especial en contrario (artículo 291 Código de
Procedimiento Civil).
Es esta una modificación introducida por el nuevo Código, con el fin de evitar
la constante paralización del proceso, con motivo de las apelaciones de
interlocutorias oídas en los dos efectos.
Según el nuevo sistema, la interlocutoria es ape1able si produce gravamen
irreparable, pero la apelación se oye en el solo efecto devolutivo, salvo disposición
especial.
No tiene ahora el juez potestad de apreciación, como la tenía bajo el Código
de 1916, acerca de si por la naturaleza del caso era urgente su ejecución, para oírla
en los dos efectos. Sólo cuando una disposición especial así lo autorice, deberá el
juez oír la apelación de la interlocutoria libremente, en los dos efectos.
En conexión con esta nueva regla, está la otra, contenida en el mismo artículo
291 Código de Procedimiento Civil, según la cual, cuando oída la apelación ésta no
fuere decidida antes de la sentencia definitiva, podrá hacérsela valer nuevamente
junto con la apelación de la secuencia definitiva, a la cual se acumulará aquélla.
En reciente sentencia de la casación, ésta ha interpretado que la acumulación
que dispone el primer aparte de ese artículo 291 Código de Procedimiento Civil, es
de naturaleza imperativa y no se puede alegar contra ella ninguno de los casos en
los cuales no procede la acumulación, señalados en el artículo 81 ejusdem, pues, de
aceptarse este criterio, se haría absolutamente negatorio el propósito y el espíritu del
legislador de 1987 en esta materia, y, en efecto, ejercido el recurso de apelación
contra la interlocutoria, oído en el solo efecto devolutivo, el gravamen producido por
ésta no debe quedar sin reparación por el hecho de que la sentencia definitiva haya
sido dictada antes de resolverse la interlocutoria, si no ha sido reparado en la
definitiva, pues esto sería violatorio del derecho de apelación contra la interlocutoria,
admitido por la ley, y de la defensa ejercida, mediante ese recurso; lo que justifica la
acumulación de ambas apelaciones en el supuesto del primer aparte del artículo 291
Código de Procedimiento Civil.
Sin embargo, la justificación que tiene la norma, no supone la naturaleza
imperativa de la acumulación, puesto que es dejada a la voluntad o interés de la
parte la reproducción o no de la apelación de la interlocutoria junto con la apelación
de la definitiva, pues si ésta hubiese reparado en alguna forma el gravamen
producido por la interlocutoria, este gravamen queda extinguido y no sería
procedente, por falta de interés, hacer valer nuevamente aquella apelación, sin
considerarla como tal de oficio.
La imposibilidad de alegar contra la acumulación de que estamos tratando,
ninguno de los casos del artículo 81 Código de Procedimiento Civil, deriva más bien
de la inaplicabilidad de dicha norma, referida como está a procesos o juicios conexos
y no a la acumulación de recursos contra decisiones en un mismo juicio (la
interlocutoria y la definitiva) que se encuentran en la segunda instancia con ocasión
de la apelación de la sentencia definitiva, como lo dispone la norma especial del
artículo 291 Código de Procedimiento Civil, que priva sobre la general del articulo 81
ejusdem.
Diferente aspecto de esta innovación que trae el articulo 291 Código de
Procedimiento Civil ha sido analizado por la Corte con acierto, a nuestro juicio al
sentar la doctrina de que la acumulación de la apelación de la interlocutoria con la
interpuesta contra la definitiva, cuando dictada esta aún no hubiese sido decidida
aquélla, implica necesariamente que la apelación contra la interlocutoria se haya oído
en un solo efecto y que efectivamente se haya tramitado, pues de otra manera no
podría entenderse la acumulación, de manera que si dictada la definitiva el apelante
no había cumplido con su carga de señalar pertinentes y pagar los derechos
correspondientes para su remisión a la alzada (artículo 295 Código de Procedimiento
Civil), no es aplicable la norma del artículo 291 Código de Procedimiento Civil,
denunciada en Casación, pues en la realidad no había una apelación pendiente de
decisión que se pudiera acumular a la apelación sobre el mérito o del insumo y ello
por la conducta omisiva de la parte interesada que no puede entonces de su propia
inactividad.
Pero, en todo caso, la falta de apelación de la sentencia definitiva, producirá la
extinción de las apelaciones no decidida.
Son excepciones a la regla general para las sentencias mencionadas en
disposiciones especiales: en materia de indirectos posesorios, la sentencia que se
dicte en el juicio sumario tiene apelación solamente en el efecto devolutivo; en los
interdictos prohibitivos, la sentencia que prohíba continuar la obra, tiene apelación en
un solo efecto (artículo 714 Código de Procedimiento Civil); en materia mercantil, la
sentencia que declare la quiebra, tiene apelación en un solo efecto (artículo 1.050 del
Código de Comercio).
En cuanto a las interlocutorias, en algunos casos la ley expresamente dispone
que la apelación se oiga en un solo efecto.
Pero cuando la ley no lo dice expresamente, el juez oirá la apelación de la
interlocutoria en un solo efecto, conforme al artículo 291 Código de Procedimiento
Civil, que es la regla general.

d) Finalmente, contempla la ley, que el mismo tribunal ante el cual se interpone la


apelación, la admitirá o la negará en el día siguiente al vencimiento del término de
apelación (artículo 293 Código de Procedimiento Civil), y cómo debe procederse
cuando se oye la apelación en ambos efectos y cuándo se oye en un solo efecto.
Así, dispone que: "Admitida la apelación en ambos efectos, se remitirán los
autos dentro del tercer día al tribunal de alzada, si éste se hallare" en el mismo lugar.
El apelante deberá consignar el porte de correo, pero podrá hacerlo la otra parte, si
le interesare, ya reserva de que se le reembolse dicho porte" (art. 294 Código de
Procedimiento Civil). "Admitida la apelación en el solo efecto devolutivo, se remitirá
con oficio al tribunal de alzada copia de las actas conducentes que indiquen las
partes, y de aquellas que indique el tribunal, a menos que la cuestión apelada se
esté tramitando en cuaderno separado, en cuyos casos se remitirá el cuaderno
original" (artículo 295 Código de Procedimiento Civil).
La casación tiene decidido que él no enviarse al tribunal superior el expediente
en virtud de una apelación oída en ambos efectos sino parte de las actuaciones,
constituye un error o falta en la sustanciación imputable al juez a qua cuyo remedio
debe procurarse en las instancias, pero que la Corte no es la llamada a corregir tal
error y, también, que si el apelante, cuyo recurso ha sido oído en el solo efecto
devolutivo, no produce en la alzada la copia certificada del auto apelado, como le
corresponde, por ser su carga procesal, ello entraña una renuncia a la apelación;
doctrina ésta que es aplicable si las copias producidas han sido ilegalmente
expedidas por el tribunal de la causa, o aparecen expedidas oficiosamente por el
secretario del tribunal, sin haber sido expresamente solicitadas por el interesado.
Potencialmente ha decidido la casación que el auto del juez a qua que ordena
remitir el expediente original al tribunal de alzada, habiendo oído la apelación en un
solo efecto, es apelable por el interesado, o materia de reposición a solicitarse en la
alzada, pero que, en todo caso, no es materia de orden público, por lo que no puede
proponerse por primera vez en casación, sin haber agotado los recursos ordinarios.
La diferencia anotada en las reglas de proceder que estamos comentando,
tiene relación, como es obvio, con los efectos diferentes que produce la apelación
oída en uno y otro caso. Cuando se la oye en ambos efectos (devolutivo y
suspensivo) el juez a qua pierde la jurisdicción sobre el asunto y la adquiere el juez
ad quem, por lo que debe remitirle todo el asunto contenido en el expediente original.
Por ello se dice, que la sentencia tiene carácter transitorio, una vez ejercido dicho
recurso y admitido por el tribunal. En cambio, oída la apelación en un solo efecto
(devolutivo) el tribunal conserva íntegra la jurisdicción sobre el asunto principal
cuando la sentencia apelada es interlocutoria y no sólo puede seguir conociendo de
aquél, sino que también puede ejecutar lo decidido, por no producirse el efecto
suspensivo de la apelación y, por ello, requiere mantener en su poder el expediente
original, a menos que la cuestión apelada se esté tramitando en cuaderno separado,
en cuyo caso se remitirá el cuaderno original.

El recurso de Hecho
El recurso de hecho, llamado en otras legislaciones recurso de queja por
denegación, es la garantía procesal del recurso de apelación.
En sistemas como el nuestro, que confiere al tribunal a quo la facultad de
admitir o negar la apelación interpuesta (artículo 293 del Código de Procedimiento
Civil ) , el recurso de apelación podría quedar nugatorio si la negativa de la apelación
o la admisión de la-misma en un solo efecto, cuando debía ser oída libremente, no
tuviere en el tribunal superior un contralor de aquella facultad.
Es evidente que en el caso de la absoluta negativa de la apelación, el apelante
no tendría ya la oportunidad de lograr en la alzada la revocación del fallo que le
produce gravamen, el cual quedaría con autoridad de cosa juzgada; y, en el caso de
admisión de la apelación en el solo efecto devolutivo, podría ejecutarse en perjuicio
del apelante la sentencia que lo grava, por no producirse el efecto suspensivo de la
apelación.
A evitar estos perjuicios al apelante ya asegurar la vigencia de las reglas que
determinan el modo de admitir la apelación, tiende este recurso de hecho, que es en
esencia, como se dijo antes, la garantía procesal del derecho de apelación.
Consigue como recurso ante el tribunal superior contra la decisión del juez a
quo que niega la apelación o la admite en un solo efecto, solicitando se ordene oír la
apelación o admitirla en ambos efectos, conforme a la ley.
El recurso de hecho es propiamente un recurso, porque impugna una
resolución judicial cuya eficacia trata de eliminar, y debe ser decidido por un tribunal
distinto de aquel que dictó la providencia recurrida.

Legitimación Para Ejercer el Recurso de Hecho:


Está legitimado para el recurso solamente el apelante, que es la parte gravada
por la providencia que niega la apelación o la admite en un solo efecto. La parte
contraria sólo tiene la facultad de indicar actuaciones o documentos cuyas copias
debe remitir el tribunal a quo al superior, a costa de esta parte, pero no interviene de
otro modo en el recurso.
Nada dispone la ley venezolana, como sí lo hace la española para el caso de
que se oiga una apelación inadmisible o se admita libremente una que debe serlo en
el solo efecto devolutivo.
Para Marcano Rodríguez, es evidente el interés que tiene el litigante vencedor
en sostener que la apelación no debe admitirse o únicamente admitirse en un solo
efecto: en ambos casos la sentencia se ejecutoriará en su favor, y en el primero
producirá la terminación del juicio; pero es de opinión que el vencedor carece de la
vía del recurso de hecho contrario y que el único medio de que puede hacer uso
contra el auto que en su concepto haya admitido indebidamente la apelación es el de
apelar de él para ante el superior a fin de deferir a éste el poder de juzgar sobre la
legalidad o ilegalidad de dicho auto .
Esta doctrina es exacta, ante el silencio de la ley en la hipótesis considerada;
pero rigorista. Pensamos que no se ofendería ningún principio jurídico esencial. ni la
aplicación de alguna disposición de orden público, si se admitiese a la parte
vencedora el recurso de hecho contra la admisión de la apelación inadmisible o la
admisión libremente de aquella que debía serlo en un solo efecto. Si el recurso de
hecho es la garantía procesal dela apelación, ella debe asegurar el cumplimiento de
las reglas de admisión de la apelación en todos sus aspectos, positivos y negativos;
y no cabe duda que la hipótesis que configura el recurso de hecho contrario, lleva
consigo la infracción de las reglas pertinentes a la apelación. Además, siendo al
mismo resultado práctico al que conducen, tanto la apelación sugerida por Marcano
como el recurso de hecho contrario y habiendo la misma razón jurídica en uno y otro
medio de impugnación, no vemos por qué deba excluirse una interpretación
extensiva en favor del perjudicado.

Procedimiento del Recurso de Hecho:


a) El recurso se interpone directamente ante el tribunal superior respectivo a quien
compete decidir si es o no admisible la apelación. Es lógico que sea a esa misma
superioridad a la que deba ocurrirse cuando el sentenciador de quien se apele
niegue el recurso o lo acuerde en un solo efecto.

Por lo tanto, aquí la expresión "tribunal superior" no está empleada en el


sentido que tienen las expresiones tribunales superiores y juzgados superiores en el
título IV de la Ley Orgánica del Poder Judicial que organiza las atribuciones de los
diversos tribunales de la República; sino en el sentido de superior jerárquico, por el
grado de jurisdicción que ejerce en el sistema de las instancias.
Asimismo, el tribunal superior respecto de un juzgado de departamento de la
circunscripción judicial del Distrito Federal y Estado Miranda, lo será un juzgado de
primera instancia en lo civil y mercantil; y el superior de éste lo será un juzgado o
corte superior en lo civil y mercantil de la misma circunscripción. En otras palabras,
tribunal superior quiere decir en este caso, tribunal de alzada o tribunal que
conocería de la apelación si ésta fuere admisible.

b) El recurso se propone contra el auto del juez a quo que niega la apelación o la
admite en un solo efecto que es la providencia que causa gravamen al apelante; de
modo que no es admisible contra los autos que nieguen la apelación interpuesta
contra actos que no constituyen decisiones judiciales, como ocurriría, si se apelase
de un acto de remate que no tiene tal carácter y se negase el recurso de hecho
contra la negativa de dicha apelación.
c) Debe proponerse dentro del plazo de cinco días más el terminarse la distancia,
computado conforme a la regla del artículo 197 del Código de Procedimiento Civil y
el término de la distancia, según la regla del Artículo 205 ejusdem, a partir del día
siguiente al de la fecha del auto en que fue negada la apelación u oída en un solo
efecto.

Este lapso es perentorio y preclusivo, de modo que el recurso interpuesto una


vez vencido el mismo, es extemporáneo y no surte efecto.
Además, debe decidirse en el término de cinco días contados desde la fecha
en que haya sido introducido, o desde la fecha en que se acompañen las copias de
las actas conducentes, si el recurso hubiese sido introducido sin estas copias .

d) Con el recurso debe acompañarse copia de las actas del expediente que el
recurrente crea conducentes y de aquellas que indique el juez de quien se apele
(artículo 305 del Código de Procedimiento Civil) ; pero el tribunal superior debe darlo
por introducido aunque no se acompañen con el escrito las indicadas copias de las
actas conducentes (artículo 306 del Código de Procedimiento Civil).

La expedición de las copias solicitadas, es un deber imperativo del juez de la


causa y la negativa de las mismas, o él retardo injustificado en su expedición, son
causa de una multa que debe imponer el tribunal de alzada al juez negligente, la cual
no será menor de quinientos bolívares ni mayor de dos mil; todo sin perjuicio del
derecho de queja de la parte perjudicada por la negativa o por el retardo (artículo 308
del Código de Procedimiento Civil).
Es difícil precisar, en general, cuáles son las actas conducentes cuyas copias
deben ser anexadas al recurso, pero es evidente que no deben faltar: la copia de la
sentencia apelada; de la diligencia de apelación y la copia del auto que niega la
apelación o la oye en un solo efecto, y cualquiera otra parte recurrente, la contraparte
o el tribunal indiquen como conducente para el recurso, de todas las cuales
aparecerá la naturaleza del fallo apelado; las razones del tribunal para negar la
apelación o admitirla en un solo efecto; la fecha del auto respectivo u otros
elementos que permitan al superior decidir no solamente sobre el fundamento del
recurso, sino también sobre su admisibilidad misma, su extemporaneidad o
caducidad.
Las expresadas copias excluyen, en nuestro sistema, el pedido de informes
del superior al inferior, previsto en otras legislaciones. que puede asumir la forma del
"pedido de informes con autos", que obliga al inferior a remitir el expediente, con la
consiguiente paralización del asunto y suspensión de la ejecución del auto recurrido .
Es evidente que sin la presentación de las copias, no puede el superior dictar
decisión sobre el recurso; y se ha planteado en la práctica del foro la cuestión del
tiempo necesario para la caducidad o perención del mismo. y mientras una
jurisprudencia de la antigua Corte Federal y de Casación sostenía que no podía
darse por perecido el recurso sino hasta después de transcurrido el término ordinario
de la perención 10, en cambio, decisiones más recientes han establecido para el
recurso de hecho ante casación, previsto en el artículo 427 del Código de
Procedimiento Civil de 1916 (ahora artículo 316 del nuevo código) que él debe ser
decidido dentro de los cinco días siguientes a la fecha de recibo de las copias, pero
que este término no puede ser indefinido, por lo cual, introducido el recurso sin las
copias, si éstas no son producidas dentro de los cinco días fijados en el primer aparte
del Art. 316 C.P.C., más el término de distancia previsto en el artículo 305 del Código
de Procedimiento Civil, no le queda otra cosa al alto tribunal, sino decidir" el recurso,
para cumplir así con lo ordenado en el citado aparte segundo del artículo 316.
Aceptar que las copias puedan presentarse en un tiempo mayor, dice la Corte,
por lo menos durante los años fijados para la perención y no en el término arriba
señalado y que, por tanto, hasta que eso ocurra debe la Corte demorar su decisión,
sería contrariar los principios que se dejan sustentad y que encontraron con
consagración en los artículos citados. Decisión que será, necesariamente, la de
declarar que no hay materia sobre qué decidir, toda vez que no se acompañaron las
copias que constituían los elementos de juicio para ese pronunciamiento.
La falta de presentación de las copias al tribunal superior, impide pues a éste
conocer del recurso y provoca en muchos casos la caducidad del mismo.
Tal ocurre, cuando la falta de presentación de las copias se prolonga a tal
punto que el recurso se encuentre en suspenso al momento de dictarse la sentencia
definitiva sobre el fondo de la controversia que ha pasado al conocimiento del
superior, pues en este caso, no es permitido al tribunal conocer del recurso de hecho
en la sentencia definitiva.
Lo mismo ocurriría, en opinión de Sanojo, cuando siendo la sentencia apelada
interlocutoria, se hubiere dictado después la definitiva y ésta se hubiere ejecutoriado
por no haber sido apelada. “En este caso, el juicio ha terminado en lo principal y
lógicamente también en lo accesorio. Pero en la misma hipótesis, si la definitiva fuere
apelada, el superior conocerá de ella sin atender al recurso de hecho, que
indudablemente habrá caducado por no tener ya el objeto.
Como puede observarse, dice Marcano Rodríguez, en ambas hipótesis
caduca el recurso por la naturaleza de las circunstancias y la presentación de las
copias carecerá en absoluto de oportunidad y de finalidad práctica

Objeto del Recurso de Hecho:


El legislador ha circunscrito en el artículo 305 del Código de Procedimiento
Civil, el objeto del recurso a solicitar que se ordene oír la apelación denegada o que
se le admita en ambos efectos cuando ha sido oída en el solo efecto devolutivo. El
juez de alzada no puede conocer de cuestiones diferentes al objeto propio del
recurso.
De modo que los vicios en que haya podido incurrir el tribunal al resolver sobre
los recursos interpuestos, son extraños al recurso de hecho y no pueden hacerse
valer por medio de éste. Así, la errónea indicación del tribunal que debe conocer de
la apelación, hecha en el auto de admisión de la misma, no puede ser resuelta por la
vía del recurso de hecho; tanto porque esa errónea indicación de un juez
incompetente no equivale a la negativa de la apelación, que es la materia propia del
recurso de hecho, como porque existen los medios establecidos por la ley para
resolver esas situaciones, como son entre otros la solicitud de regulación de la
competencia para que sea dirimida conforme a la ley. Tampoco puede hacerse valer
por medio del recurso de hecho la infracción de normas que darían lugar a la
reposición de la causa, solicitada en la instancia inferior y negada en ésta etc.

Efectos del Recurso de Hecho:


Estando circunscrita en el artículo 305 del Código de Procedimiento Civil la
materia del recurso de hecho a estas dos cuestiones: negativa de la apelación, o su
admisión en un solo efecto, la resolución del mismo por el juez de alzada tiene estos
efectos naturales: ordenar que se oiga la apelación denegada por el juez a quo, o
disponer que oiga en ambos efectos, cuando la ha oído en el solo efecto devolutivo.
Esto supone, naturalmente, que el superior ha examinado el asunto y
considerado el mérito del recurso a la luz de las pruebas que resultan de las copias
presentadas con el recurso, y que lo ha encontrado fundado.
Pero si lo encuentra infundado y lo declara sin lugar, el efecto consiste,
simplemente, en que el auto del juez a quo queda ejecutoriado.
El juez de alzada infringiría el artículo 305 del Código de Procedimiento Civil,
cuando habiendo negado la apelación el juez inferior, resulta comprobado con las
copias certificadas aportadas al expediente del recurso de hecho, que la apelación
debe ser oída porque la decisión apelada lo merece y, sin embargo, declara sin lugar
el recurso de hecho; o cuando a la inversa, aparece demostrado en unas que la
apelación no debe ser oída por impedirlo la naturaleza de la decisión apelada y, no
obstante, declara con lugar el recurso de hecho anunciado.
Es necesario distinguir bien los efectos propios del recurso de hecho, de otros
efectos consecuenciales que se producen una vez decidido el recurso, pero que no
son efectos propios de éste.
Igualmente, la ejecutoria de la sentencia apelada, que se produce cuando se
declara sin lugar el recurso contra el auto denegatorio de la apelación, es un efecto
de la sentencia que ha quedado sin apelación, pero no un efecto del recurso de
hecho; del mismo modo.
La revisión en alzada de la sentencia apelada y su ejecución por el juez a quo,
que se produce cuando el recurso de hecho por haberse admitido la apelación en un
solo efecto, es declarado sin lugar, es un efecto de la apelación oída en el solo efecto
devolutivo, pero no u efecto del recurso de hecho; y, finalmente, la rescisión en
alzada de la sentencia apelada y la suspensión de su ejecución, cuando el recurso
de hecho por apelación oída en el solo efecto devolutivo, es declarado con lugar, es
un efecto de la apelación oída libremente, pero no un efecto del recurso de hecho.
En resumen, se tiene que los efectos del recurso de hecho, no son otros sino
la revocación o la confirmación del auto del juez a qua sobre la apelación.
Para concluir, debemos observar que, como el recurso de hecho no suspende
el curso del procedimiento, y el juez a quo puede dictar providencias, pues sólo
pierde la jurisdicción sobre el asunto en el momento en que oye la apelación (artículo
293 del Código de Procedimiento Civil), la ley establece que si por no haberse
admitido la apelación, o por haberla admitido en un solo efecto, el juez de la causa
hubiere dictado providencias, éstas quedarán sin efecto si el juez de alzada ordenare
que se oiga la apelación libremente (artículo 309 del Código de Procedimiento Civil).
Como se observa de esta disposición, la ineficacia o nulidad de las providencias sólo
alcanza a las dictadas después de negada u oída la apelación en un solo efecto;
nada dice el legislador acerca de las providencias dictadas antes de esa
determinación cuando no ha devuelto al superior su competencia de conocer, pero la
jurisprudencia estima que no está facultado el juez para extender los efectos del
recurso más allá del texto expreso de la ley, y que las posibles o providencias
comprendidas en el lapso que va desde la sentencia hasta la admisión del recurso
del recurso, sería materia apelable y su validez o ineficacia dependerán de los que
resuelva el superior, no como efectos propios o consecuencias del simple hecho de
haberse estampado diligencias de apelación.

Criterio Jurisprudencia:
SCC 12-8-03
Ponencia del Magistrado Antonio Ramírez Jiménez. Exp. Nº 02-127, dec. Nº
414:

Las interlocutorias dictadas en juicio de única instancia no tienen apelación


Sobre el particular, esta Sala en sentencia N° 003, de fecha 27 de septiembre de
2002, dictada en el juicio de invalidación seguido por los ciudadanos Carlos Ramón
Blanco Espinoza e Ilbia Teresa Espidea Vergara contra Katiuska Gioconda
Goldcheidt Ortuño, expediente N° 2002-000183, dejó sentado el siguiente criterio:

“...Ahora bien, de la revisión de las actas que conforman el presente expediente, la


Sala evidencia, que estamos en presencia de un juicio de invalidación, el cual sólo
tiene una instancia y su procedimiento debe ser cumplido sin incidencias.

Es de observar, que en este juicio no puede ejercerse el recurso ordinario de


apelación, puesto que el único medio de impugnación que se concede es el
extraordinario de casación, siempre y cuando sea interpuesto contra la sentencia
definitiva de invalidación; o contra alguna interlocutoria que ponga fin al juicio o que
impida su continuación, pues de interponerse contra cualquier otra decisión que no
tenga esa naturaleza, deberá hacerse en forma diferida, en la oportunidad del
anuncio contra la sentencia definitiva, ya que si esta repara el gravamen causado por
aquellas, habrá desaparecido el interés procesal para recurrir.

El Tribunal de la causa admitió erróneamente el recurso ordinario de apelación


ejercido por los demandados, contra la sentencia de reposición dictada por el referido
Juzgado, en fecha 6 de diciembre de 2001, pues no está previsto en la ley adjetiva
civil, la facultad de apelar en el juicio de invalidación; ni tampoco tendría, en todo
caso, la recurrida acceso a sede de casación de inmediato, en el supuesto de que se
hubiese anunciado dicho recurso, ya que se trata de una sentencia interlocutoria de
reposición, que no pone fin al juicio, ni impide su continuación.

De manera, que los accionados en lugar de apelar contra la referida sentencia,


dictada por el Tribunal a quo, en fecha 6 de diciembre de 2001, tenían
necesariamente que esperar la sentencia definitiva y, posteriormente, en el lapso
establecido para ello, anunciar el recurso de casación contra la sentencia definitiva,
con la cual quedaban comprendidas en él las interlocutorias que hubieren producido
un gravamen no reparado en ella, según lo dispuesto en el penúltimo aparte del
artículo 312 del Código de Procedimiento Civil...”. (Negrillas, subrayado y cursivas de
la Sala).

Asimismo, en artículo publicado en la Revista de Derecho de este Tribunal Supremo


de Justicia, Tomo 1, año 2000, pág 40, el Magistrado Franklin Arrieche G., en cuanto
a los recursos que se pueden proponer en los juicios de invalidación, sostiene el
siguiente criterio:

“...Antes dijimos que, por mandato del artículo 331 del Código de Procedimiento Civil
el procedimiento de invalidación sólo tiene una instancia y solo significará que no
existe el recurso ordinario de la apelación pero a tenor del artículo 337 del mismo
código la sentencia sobre invalidación es recurrible en casación, si hubiere lugar a
ello.

Por lo que esto significa que este procedimiento debe cumplirse sin incidencias ya
que, de dictarse cualquier decisión, que no sea la definitiva o alguna interlocutoria de
aquellas que ponen fin al juicio o impiden su continuación, deberá esperarse la
producción de esa sentencia definitiva para saber si subsanó o no el gravamen que
pueda haberse ocasionado y, de no hacerlo, quedará comprendida dentro del
anuncio del recurso de casación que contra la definitiva se haga, tal y como lo
ordena el artículo 312 del Código de Procedimiento Civil...”.

SCC 7-3-02
Ponencia del Magistrado Franklin Arrieche G. Exp. Nº 01-413, dec. Nº 139:

Cambio de doctrina: reformatio in peius como ultrapetita e incongruencia


Por su parte, la doctrina nacional ha señalado que la ultrapetita es un vicio contenido
en el dispositivo del fallo que consiste en exceder los términos de la litis, decidiendo
cuestiones extrañas a los pedimentos del libelo y las defensas planteadas en la
contestación. Asimismo ha expresado que no toda modificación vicia el fallo. El
tribunal puede acordar menos de lo reclamado (minus petitio), pero no puede
pronunciarse sobre cosa no demandada (non petita), ni sobre cosa extraña
(extrapetita), ni otorgar más de lo pedido (ultrapetita), pues su decisión debe
enmarcarse dentro de los límites de lo reclamado (intrapetita). Debe acotarse que el
fallo, al incurrir en “non petita”; “extrapetita” y “ultrapetita” incurre en el vicio de
nulidad de la sentencia, conocido comúnmente como “Ultrapetita”, establecido en el
artículo 244 del Código de Procedimiento Civil, pues tales términos nos llevan a la
misma conclusión, cual es que la sentencia se excedió concediendo más de lo que
delimitaron los contendientes en la litis.

Ahora bien, en sentencia de fecha 16 de febrero de 2001 (Caso Petrica López Ortega
y Blanca Prince c/ FOGADE), esta Sala de Casación Civil cambió su criterio en
relación con la técnica para la formalización del vicio de la reformatio in peius, y
estableció que el mismo debe ser denunciado en sede de casación como infracción
de forma y no como infracción de ley, como lo señalaba el criterio abandonado. En
efecto en la citada sentencia la Sala expresó lo siguiente:

“...Vista la figura del reformatio in peius, como un principio jurídico que emerge en
abstracto de la conducta del jurisdicente, a través de la cual desmejora la condición
del apelante, sin que haya mediado el ejercicio del precitado recurso por la contraria,
es de lógica concluir, que no existe norma expresa en nuestro ordenamiento jurídico
que la contemple y la cual pudiera ser, verdaderamente objeto de violación directa;
siendo así, no se puede continuar inficionando dentro del campo de los artículos 288
del Código de Procedimiento Civil, para justificar la violación de una norma
inexistente, argumentándose dicha ficción, en los principios de tantum apellatum
quantum devolutum; la realidad de la conducta del ad quem, al desmejorar al
apelante, esta circunscrita a la figura jurídica de la ultrapetita, pues viola el principio
de la congruencia de la sentencia, conectado a la limitación de decidir solamente
sobre lo que es objeto del recurso subjetivo procesal de apelación; en igual manera
la reformatio in peius, está ligada a la garantía constitucional del derecho a la
defensa, por lo cual quien ejerce ese derecho no puede ver deteriorada su situación
procesal, por el sólo hecho de haberlo ejercido...” (Subrayado y negritas de la Sala)

En este orden de ideas, la doctrina española, concretamente, Juan Montero Aroca y


José Flors Matíes, ha señalado que la prohibición de reformatio in peius constituye
una modalidad de incongruencia:

“Se ha venido considerando como una manifestación característica del principio de la


congruencia en la segunda instancia, la prohibición de la denominada reformatio in
peius, es decir, la prohibición de que el tribunal ad quem, al resolver el recurso,
modifique por sí la sentencia apelada en perjuicio del apelante, empeorando o
agravando la posición del mismo.

Si el ámbito de la apelación y de las facultades decisorias del tribunal ad quem


vienen determinados, conforme al principio dispositivo, por la regla tantum
appellatum quantum devolutum y la esencia de la legitimación para recurrir radica en
la existencia de gravamen, ello implica que aquellos pronunciamientos de la
sentencia de instancia que no hayan sido objeto de impugnación y que resulten
favorables al apelante, conservarán plena eficacia para él, pues lo que pretende con
la interposición del recurso es obtener una resolución que modifique la de instancia
en lo que le resulte desfavorable, nunca una reforma que empeore su situación. La
interposición del recurso genera, por tanto, para el recurrente una expectativa de
reforma de la resolución recurrida en aquello que le resulte desfavorable, sin que en
ningún caso le quepa esperar un resultado que le perjudique. La sentencia de
apelación que introdujera, sin petición de la parte contraria, una reforma peyorativa
incurriría, evidentemente, en incongruencia.

Es por ello por lo que la prohibición de la reformatio in peius solamente puede tener
lugar si la otra parte no apeló o no impugnó la resolución apelada, pues en tal caso,
por efecto de los mismos principios antes aludidos, el tribunal ad quem entra a
conocer de todo lo que se le propone como materia de decisión en la segunda
instancia por las dos partes litigantes y también recurrentes, de modo que en caso de
estimar la pretensión deducida por una de ellas que hubiera sido desestimada en la
primera instancia, provocará obviamente, una reforma peyorativa para la contraria,
pero ella será consecuencia, precisamente, del principio de la congruencia.”
(MONTERO AROCA, Juan y FLORS MATÍES, José, “Los Recursos en el Proceso
Civil”, Ed. Tirant Lo Blanch, Valencia, 2001, pp. 346-347.) (Subrayado y negritas de
la Sala)

En este mismo sentido se pronunció el Tribunal Supremo Español en sentencia de


fecha 28 de julio de 1998, sobre la incongruencia de la sentencia que viola el
principio de la reformatio in peius:

“...La prohibición de la reformatio in peius o regla impuesta al órgano jurisdiccional de


apelación que impide agravar o hacer más gravosa la condena o restringir las
declaraciones más favorables de la sentencia de primera instancia en perjuicio del
apelante, responde al principio tantum appellatum quantum devolutum, conforme con
el más general principio dispositivo y según las consecuencias que resultan del
artículo 408 de la Ley de Enjuiciamiento Civil sobre las resoluciones consentidas. Su
inobservancia entraña, desde luego, conexiones con las reglas de competencia
funcional (el órgano de apelación carece de facultades en el caso concreto para
decidir de nuevo sobre lo ya resuelto), y con los efectos de la cosa juzgada (ya se
señaló a propósito del artículo 408), pero, desde la perspectiva casacional, la
extralimitación en que incurre la sentencia de segunda instancia que no respeta la
prohibición, es perfectamente denunciable como una manifestación de la
incongruencia, lo que permite, de acuerdo con el artículo 1.715, caso de acogerse el
motivo (inciso 3º del artículo 1.692) reducir el alcance objetivo de la sentencia
impugnada a sus justos límites en el fallo que corresponda, por anulación del
impugnado...” (Subrayado y negritas de la Sala)

Por otra parte, de la trascendencia constitucional de la incongruencia de la sentencia


que viola la prohibición de reforma peyorativa o reformatio in peius, se ha ocupado
en reiteradas oportunidades el Tribunal Constitucional Español, entre ellas, la
sentencia de fecha 13 de enero de 1998, en la que se estableció lo siguiente:

“...Por lo que respecta a la reformatio in peius, o reforma peyorativa, en cuanto


constituye una modalidad de incongruencia procesal, la misma tiene lugar cuando el
recurrente, en virtud de su propio recurso, ve empeorada o agravada la situación
creada o declarada en la resolución impugnada, de modo que lo obtenido con la
resolución que decide el recurso es un efecto contrario del perseguido por el
recurrente, que era precisamente, eliminar o, aminorar el gravamen sufrido con la
resolución objeto de impugnación. Razón por la cual la interdicción de la reformatio in
peius es una garantía procesal del régimen de los recursos que encuentra encaje en
el principio dispositivo y en la interdicción de la indefensión que consagra el artículo
24.1 C.E. (AATC 304/1984, 701/1984), pues de admitirse que los órganos judiciales
pueden modificar de oficio, en perjuicio del recurrente, la resolución impugnada por
éste, se introduciría un elemento disuasorio para el ejercicio del derecho
constitucional a los recursos legalmente establecidos en la Ley, que es incompatible
con la tutela judicial efectiva sin resultado de indefensión, que vienen obligados a
prestar los órganos judiciales en cumplimiento de lo dispuesto en el artículo 24.1
C.E...” (Subrayado y negritas de la Sala)

En el mismo sentido se ha pronunciado el maestro uruguayo Enrique Véscovi, al


señalar:

“Resultaría inconsecuente con lo sostenido antes de que el objeto de la sentencia (de


primera y también de segunda...) esta delimitado por las pretensiones de las partes
(principio de la congruencia), admitir ahora que el tribunal de alzada puede ir más
allá de lo pedido por el apelante. Es, repetimos, la consecuencia del principio
dispositivo del “ne procedat iure ex officio” y “nemo iudex sine actore”. Dado que la
segunda (o tercera, o aún la casación como veremos) se abre sólo por iniciativa de la
parte que interpone el recurso y conforme a su pedido. Es en este sentido que se
dice que la expresión de agravios es la acción (pretensión) de la segunda instancia”
(VESCOVI, Enrique, “Los Recursos Judiciales y demás Medios Impugnativos en
Iberoamérica”, Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1988, p.163.) (Subrayado y
negritas de la Sala).

De los criterios doctrinales y jurisprudenciales citados, se evidencia que la


denuncia en casación del vicio de reformatio in peius, ha sido considerada como una
infracción de forma, por incongruencia positiva, por no atenerse el sentenciador a la
petición de reexamen de la decisión de primera instancia, en todo aquello que le
resulta desfavorable a la parte que la impugna, que en modo alguno lo faculta para
conocer de los extremos del pleito consentidos por la parte que no ha apelado, y que
por tanto, no le permite perjudicar a los recurrentes sin haber mediado excitación
(principio de rogación) de la contraria. Desde luego que los puntos aceptados
adquieren firmeza, y por ello sobre tales puntos el Tribunal de apelación no puede
pronunciarse ex oficio; en tal caso la sentencia sería incongruente, por no ajustarse a
la pretensión de la parte, agravando la posición del apelante, y excediendo en
consecuencia la alzada, los límites de lo sometido a su consideración a través del
recurso ordinario de apelación.