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Objeto del contrato de promesa. Comentario a la sentencia


SC5224-2019 de la Corte Suprema de Justicia (Colombia).
M.P. Ariel Salazar Ramírez, 3 de diciembre de 2019.

Boletín del Centro de Estudios de Derecho Comparado - Nbr. 3, February 2020

Author: Jorge Oviedo Albán

Id. vLex VLEX-839852973

Link: https://2019.vlex.com/#vid/objeto-contrato-promesa-839852973

Summary

Aunque sin precisarlo de manera explicita en sus consideraciones, la sentencia de casación de


la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia de Colombia de 3 de diciembre de 2019, se ha
referido a uno de los tantos temas polémicos que genera el contrato de promesa, como es el que
tiene que ver con el tipo de contratos susceptibles de ser prometidos, o lo que es lo mismo: cuál
es el objeto del contrato de promesa

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Content
Aunque sin precisarlo de manera explicita en sus consideraciones, la sentencia de casación de
la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia de Colombia de 3 de diciembre de 2019, se ha
referido a uno de los tantos temas polémicos que genera el contrato de promesa, como es el que
tiene que ver con el tipo de contratos susceptibles de ser prometidos, o lo que es lo mismo: cuál
es el objeto del contrato de promesa. Esto, como se verá a continuación, tiene que ver con la
naturaleza jurídica del contrato de promesa, razón por la cual en este comentario se hará una
referencia inicial a los argumentos de las teorías que se han esbozado sobre el particular (I) para
dar paso posteriormente a la descripción y análisis del caso objeto de este comentario (II).

I. LA NATURALEZA JURÍDICA DEL CONTRATO DE PROMESA

Cabe recordar que en la doctrina se han identificado tres teorías sobre la naturaleza
jurídica de este contrato: la negativa, la positiva y la intermedia. Según la primera, el
contrato de promesa no tiene sentido alguno pues al haberse pactado entre las partes los
elementos esenciales del contrato que quieren celebrar, es este el que ha nacido a la vida
jurídica, quedando tan solo los efectos derivados del mismo sometidos a un plazo o
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condición. Esta postura se refleja en el artículo 1589 del Código Civil francés, conforme al
cual la promesa de venta equivale a venta si las partes han consentido sobre la cosa y el
precio. (Cfr. en la doctrina colombiana: Bonivento Jiménez, Javier, El contrato de promesa.
La promesa de compraventa de bienes inmuebles, 2ª edición, Ediciones Librería del
Profesional, Bogotá, 1999, p. 1. En la doctrina española, por todos: De Castro y Bravo,
Federico, “La promesa de contrato (Algunas notas para su estudio)”, en Anuario de
Derecho Civil, v. 3., n. 4, (1956), pp. 1137 a 1168).

Por el contrario, para la teoría positiva, el contrato de promesa si es viable, toda vez que
debe distinguirse el objeto y la naturaleza de las obligaciones derivadas tanto del contrato
de promesa como del contrato prometido. Así por ejemplo, si en virtud del contrato de
promesa las partes acuerdan la celebración de un contrato de venta, el contrato de
promesa sólo genera obligaciones de hacer para ambas partes, esto es: celebrar el
contrato prometido, mientras el contrato prometido – en este caso de venta -, genera
obligaciones de dar para los contratantes, materializadas en la obligación de transferir el
dominio para el vendedor, y la de pagar el precio, para el comprador.

La teoría intermedia – denominada así por ubicarse entre los extremos de la teoría
negativa y la positiva – acoge en parte argumentos de cada una de ellas. A esta teoría, sus
fundamentos y conclusiones, se hará alusión posterior, una vez identificados los hechos y
la posición acogida por la Corte Suprema en la sentencia de 3 de diciembre de 2019
objeto de este comentario.

II. EL CASO Y LAS DECISIONES DE INSTANCIA

El caso analizado en casación por la Corte Suprema sirve como oportunidad para recordar
las premisas sobre las cuales se fundamenta la “teoría intermedia”, que ya ha sido
planteada anteriormente tanto por doctrina como por jurisprudencia colombiana, siguiendo
para ello el artículo 1611 del Código Civil colombiano.

El asunto sobre el cual versó el pleito surgió a partir de los siguientes hechos: se demandó
la restitución de los bienes que fueron objeto de dos contratos que las partes denominaron
“promesa de venta”, más las mejoras introducidas, pago de compensaciones, cláusula
penal y perjuicios causados.

En efecto, las partes celebraron dos contratos que titularon “promesa para celebrar un
contrato”, por medio de los cuales se prometió vender una serie de bienes muebles, tales
como redes, equipos, herramientas y enseres con los que se prestaba el servicio de
televisión por suscripción incluyendo la cesión de contratos con los usuarios a favor de la
promitente compradora, como también la cesión de contratos de arrendamiento de los
inmuebles dedicados a la prestación del servicio de televisión por cable. Las partes
pactaron también el precio y la forma de pago por parte de la promitente compradora.

En la demanda se afirmó que “pese a que en ambos documentos se dijo que se trataba de
contratos de promesa de venta, en realidad constituyen «verdaderos contratos de venta»,
toda vez que «no se determinó plazo o condición para celebrar la compraventa sino que se
tomaron aquellas como las ventas mismas», además, se reunieron los requisitos del
artículo 905 y siguientes del Código de Comercio”.

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Las partes demandadas se opusieron a las pretensiones formulando como excepciones de


mérito la “nulidad absoluta del contrato por objeto ilícito” y “excepción de contrato no
cumplido” alegando que existía temor que los bienes objeto del contrato de promesa
hubiesen sido ingresados al país sin haber sido nacionalizados y que las demandantes
había incumplido el deber de sanear los vicios ocultos de los bienes prometidos en venta
por estar cuestionado el origen de los mismos. Además, alegaron que los contratos
celebrados fueron de promesa y no de venta. Entre otras cosas, afirmaron que no dieron
cumplimiento a los contratos por ser excesivamente onerosos y porque las promitentes
vendedoras tampoco cumplieron.

El juez de primera instancia dio la razón a las demandantes decretando la resolución de


los contratos de promesa de venta; al tiempo que ordenó la entrega de los bienes objeto
de los mismos a las demandantes y las condenas de perjuicios respectivas.

El Tribunal Superior de Barranquilla revocó la sentencia de primera instancia apelada por


las demandadas y declaró de oficio la nulidad absoluta de los contratos de promesa de
venta, ordenando además las restitución de las prestaciones entre las partes. El
argumento del tribunal de apelación para decretar de oficio la nulidad absoluta de los
contratos de promesa fue la inobservancia del requisito contemplado en el numeral 3º del
articulo 89 de la Ley 153 de 1887 que subrogó el artículo 1611 del Código Civil,
consistente en la determinación del plazo o condición que fije la época de celebración del
contrato prometido.

III. LAS CONSIDERACIONES DE LA CORTE SUPREMA

En sede de casación, y acogiendo el recurso respectivo, la Sala Civil de la Corte Suprema


consideró que el Tribunal de apelación había incurrido en un error al determinar que los
contratos debatidos eran unas promesas, cuando en realidad se trataba de unos contratos
de compraventa, dado que las partes habían acordado la cosa y el precio objeto de los
mismos. Así lo precisó la Corte en las consideraciones respectivas que para mayor
claridad se transcriben completas a continuación:

“1. En el cargo primero, la parte recurrente alegó que el ad quem apreció equivocadamente
las pruebas y por tal causa infringió la ley sustancial. En específico, dijo que valoró de
forma manifiestamente errónea los dos contratos que aportó con la demanda y que sirven
de sustento a sus pretensiones.

El Tribunal consideró que esos documentos eran promesas de contrato y, con asidero en
esa premisa, sostuvo que las mismas estaban afectadas de nulidad absoluta porque en
ellas no concurrieron los requisitos de los numerales 3º y 4º del artículo 89 de la
Ley 153 de 1887, que subrogó el 1611 del Código Civil.

La discusión inicialmente solo orbitó en torno a la validez de esos contratos y a su


incumplimiento recíproco. Las demandantes alegaron que las demandadas faltaron a su
compromiso de pagar las sumas a las que se comprometieron y estas últimas, a su turno,
dijeron que fueron aquellas quienes primero faltaron al pacto y no honraron sus
obligaciones, pues existían serias dudas sobre la procedencia de los bienes objeto del
acuerdo, por lo que las «promitentes» vendedoras debieron salir al saneamiento de los

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«vicios o defectos ocultos», motivos en los que sustentaron sus excepciones. En la


sentencia del ad quem, se advirtió, con sustento en los documentos que recogieron las
negociaciones, la nulidad absoluta que finalmente declaró.

Determinado así el ámbito del recurso extraordinario, inicialmente es necesario destacar


que fueron temas pacíficos entre los litigantes, la existencia de los contratos titulados
«PROMESA PARA CELEBRAR UN CONTRATO», cuya copia se aportó con la demanda,
y no hubo controversia sobre su contenido, pues las actoras los citaron en su libelo como
fuente de sus pretensiones y la parte demandada, en su contestación, admitió que tales
acuerdos fueron los que rigieron su relación.

2. Para establecer si debe prosperar o no la censura, la Sala dilucidará el contenido de


los pactos que dieron origen al litigio, esto es, los contratos suscritos el 30 de mayo
de 2000 y que las partes titularon “PROMESA PARA CELEBRAR UN CONTRATO”.
En el celebrado entre T.V. Cable Guajira 2000 Ltda como «PROMITENTE
VENDEDORA» y Satelcaribe S.A. y Cablevista S.A. como «PROMITENTES
COMPRADORAS», se consignó lo siguiente:

«CLÁUSULA: «PRIMERA» (…) «OBJETO» (…) EL PROMETIENTE VENDEDOR


se obliga a vender y el PROMETIENTE COMPRADOR a comprar todas las redes,
equipos de cabecera instalados, herramientas y muebles y enseres con los que
actualmente se presta el servicio de televisión por suscripción (Televisión informal)
en la ciudad de Riohacha y Maicao, quedando incluida dentro de esta promesa, la de
ceder a favor de la PROMETIENTE COMPRADORA todos los contratos de
ejecución periódica que la PROMETIENTE VENDEDORA tiene vigentes con los
usuarios del servicio de televisión por suscripción en Riohacha y Maicao.

De igual forma, LA PROMETIENTE VENDEDORA, se obliga a ceder a favor de las


PROMETIENTES COMPRADORAS, los contratos de arrendamiento de aquellos
inmuebles dedicados exclusivamente a la prestación del servicio informal de
televisión por cable; previo acuerdo y autorización de los propietarios y/o
arrendadores, cuando en los contratos así se requiera.

Como precio, acordaron «CUATROCIENTOS MIL DÓLARES AMERICANOS» si las


sociedades que se comprometieron a comprar pagaban «el día 15 de junio del año
2.000»; u «OCHOCIENTOS MIL DÓLARES AMERICANOS», si lo hacían el 1º de
mayo de 2002.

En la cláusula quinta estipularon:

Las PROMETIENTES COMPRADORAS pagarán a la PROMETIENTE


VENDEDORA, a título de ASESORÍA, durante todo el término que transcurra desde
la fecha de entrega de lo prometido en venta, hasta cuando se haga efectivo el pago
total del precio, la suma de DOCE MILLONES DE PESOS M.L. ($ 12.000.000.oo)
mensuales que serán entregados dentro de los 8 primeros días de cada mes.

La suma anterior se incrementará anualmente, cada 1º de Enero en la misma


proporción del IPC determinado por el Gobierno Nacional.

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En el otro contrato, de igual título, firmado por Cable T.V. de Sucre Ltda. como
«PROMITENTE VENDEDORA» y Satelcaribe S.A. y Cablevista S.A. como
«PROMITENTES VENDEDORAS», se emplearon los mismos términos y
condiciones del otro vínculo, pero a diferencia del anterior, en éste se indicó que los
equipos y contratos objeto del pacto eran los que la vendedora tenía en Sincelejo.

Como precio, estipularon «CUATROCIENTOS SETENTA Y CINCO MIL DÓLARES


AMERICANOS», si las adquirentes pagaban «el día 1.º de junio del año 2.000», u
«OCHOCIENTOS MIL DÓLARES AMERICANOS» si lo hacían el 1.º de mayo de
2002.

Además, en la cláusula quinta estipularon:

LAS PROMETIENTES COMPRADORAS pagarán a la PROMETIENTE


VENDEDORA, a título de compensación, durante todo el término que transcurra
desde la fecha de entrega de lo prometido en venta, hasta cuando se haga efectivo el
pago total del precio, la suma de DIEZ MILLONES DE PESOS M.L. ($
10.000.000,oo) mensuales que serán entregados dentro de los 8 primeros días de
cada mes…

3. A partir de dichos textos, el juzgador ad quem concluyó que lo que allí existía eran
contratos de promesa y, siguiendo dicha lógica, al confrontar su contenido con las
exigencias formales que establece el artículo 1611 del Código Civil, subrogado por
el artículo 89 de la Ley 153 de 1887, dedujo que no reunían tales requisitos, lo que
acarreaba su nulidad absoluta en aplicación del artículo 1741 de la misma
codificación.

Por su parte, las actoras, en la demanda que dio inicio al proceso alegaron que
dichos contratos no eran contratos de promesa sino «verdaderos contratos de venta»
porque «no se determinó plazo o condición para celebrar la compraventa sino que se
tomaron aquellas como las ventas mismas», y, en el recurso extraordinario, en
concordancia con dicha posición inicial, afirmaron que «el contrato incumplido por
los demandados, en ambos casos, fue el de compraventa».

En consecuencia, le corresponde a la Sala establecer si aquellos pactos son


evidencia de contratos de promesa, como lo consideró el Tribunal; o si, por el
contrario, lo que en ellos consta es la celebración de verdaderos contratos de
compraventa de bienes muebles. Para ello es necesario hacer las siguientes
precisiones:

3.1. Una promesa de contrato tiene como característica fundamental, que su objeto
es el de garantizar que las partes suscribirán, con posterioridad a ella, otro contrato,
por eso de aquella deriva una obligación de hacer para las partes, que consiste en
celebrar el negocio jurídico prometido:

El objeto de la promesa –según lo tiene establecido la jurisprudencia- es


la conclusión del contrato posterior. De ahí que “siendo el contrato de
promesa un instrumento o contrato preparatorio de un negocio jurídico
diferente, tiene un carácter transitorio o temporal, característica esta que
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diferente, tiene un carácter transitorio o temporal, característica esta que


hace indispensable, igualmente, la determinación o especificación en
forma completa e inequívoca del contrato prometido, individualizándolo
en todas sus partes por los elementos que lo integran”.

(Sentencia de 14 de julio de 1998. Exp. 4724, reiterada en Sentencia de 16 de


diciembre de 2013. Exp. 1997-04959-01).

Ahora bien, los requisitos que impone la ley para la validez de la promesa y, en
especial, el previsto en el numeral 4º del artículo 89 de la Ley 153 de 1887 –que se
contrae a que aquélla debe contener todos los elementos del contrato definitivo-,
tornan innecesaria la repetición de las mismas estipulaciones al momento de
celebrar un convenio no solemne, como es el caso de la compraventa de bienes
muebles.

En el mismo sentido, cuando desde el precontrato las partes estipulan los


presupuestos estructurales del pacto final, carece de objeto la suscripción de un
nuevo documento.

3.1.1. La compraventa, de acuerdo a la definición que contempla el artículo 1849 del


Código Civil, es el contrato en virtud del cual «…una de las partes se obliga a dar
una cosa y la otra a pagarla en dinero. Aquella se dice vender y ésta comprar...». El
artículo 905 del Código de Comercio la define como: «…un contrato en que una de
las partes se obliga a transmitir la propiedad de una cosa y la otra a pagarla en
dinero…».

Es un contrato consensual, porque se perfecciona con el solo consentimiento de las


partes, tal y como lo establece el inciso 1º del artículo 1857 de la misma codificación,
según el cual «la venta se reputa perfecta desde que las partes han convenido en la
cosa y en el precio…», norma que, a renglón seguido, instaura la excepción a dicha
regla general al indicar: «la venta de los bienes raíces o servidumbres y la de una
sucesión hereditaria, no se reputan perfectas ante la ley, mientras no se ha otorgado
escritura pública».

3.1.2. En este caso específico, lo que se acordó en los documentos que las partes
denominaron “promesa para celebrar un contrato”, entre otros negocios, fue la
transferencia de la propiedad de las redes, equipos instalados, herramientas,
muebles y enseres con los que Cable Guajira 2000 Ltda. y Cable TV de Sucre
prestaban el servicio de televisión en Riohacha, Maicao y Sincelejo a Satelcaribe
S.A y Cablevista S.A.; como contraprestación las primeras recibirían el precio
pactado en cada convenio, dependiente de la fecha en que se registrara el pago total
-15 de junio de 2000 o 1º de mayo de 2002-.

La primera conclusión que se obtiene de la revisión de las pruebas documentales en


comento, es que más allá del nombre que los comerciantes hayan querido dar a los
pactos que suscribieron el 30 de mayo del año 2000, lo cierto es que en ellos
plasmaron genuinos contratos de compraventa de bienes muebles que no requerían
solemnidad alguna para su validez y existencia.

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En efecto, la venta de los bienes muebles mencionados en la cláusula «PRIMERA»


de cada contrato se perfeccionó con el acuerdo de las partes sobre la cosa y el
precio allí documentado, acorde a lo previsto en el mencionado artículo 1857 del
Código Civil.

Se comprobó que existió el convenio de los contratantes sobre los bienes objeto de
la venta al establecer concretamente que la misma recayó sobre «todas las redes,
equipos de cabecera instalados, herramientas y muebles y enseres con los que
actualmente se presta el servicio de televisión por suscripción (Televisión informal)»
en Riohacha, Maicao y Sincelejo, los que luego fueron individualizados en el acta de
entrega suscrita el 15 de junio de 2000, acuerdo que no fue desconocido por los
litigantes en desarrollo del juicio, donde, por el contrario, lo ratificaron al sustentarse
en él al momento de sus intervenciones procesales.

En torno al precio, se comprobó su definición de acuerdo al contenido de las


cláusulas «segunda» de cada uno de los documentos, en las que estipularon que
sería, entre T.V. Cable Guajira, Satelcaribe S.A. y Cablevista S.A.,
«CUATROCIENTOS MIL DÓLARES AMERICANOS ($ 400.000,oo)» pagaderos el
1º de junio de 2000, u «OCHOCIENTOS MIL DÓLARES AMERICANOS
($800.000,oo)» si el pago se registraba el 1.º de mayo de 2002; entre Cable T.V.
Sucre y las demandadas, éstas pagarían «CUATROCIENTOS SETENTA Y CINCO
MIL DÓLARES AMERICANOS ($475.000,oo)» el 1º de junio de 2000 o esa suma
incrementada en un cinco por ciento (5%) mensual, hasta el 1º de mayo del año
2002, último plazo definitivo para el pago total.

Cumplido el acuerdo sobre esos dos tópicos —cosa y precio— nada más se requería
para que las ventas se reputaran perfectas y generaran las obligaciones propias de
dicho contrato, de ahí que las partes no señalaran cuál era el contrato que
celebrarían con posterioridad ni las condiciones temporo-espaciales en que lo
harían, pues es evidente que resultaba inútil un pacto en ese sentido cuando ya los
aspectos estructurales de la compraventa habían quedado definidos.

En suma, los documentos arrimados como pruebas con la demanda, no contenían


contratos de promesa de compraventa, como lo consideró el Tribunal, sino que lo
que de ellos se desprendía era la celebración de las compraventas mismas.

Es patente, por lo tanto, el desacierto del ad quem, que contra lo evidente consideró
que lo que allí existía era un contrato de promesa de compraventa que adolecía de
requisitos formales, cuando lo que derivaba con claridad de los escritos elaborados
por las partes contratantes, era el acuerdo definitivo sobre la cosa que las
vendedoras transferían y el precio que las compradoras pagarían en los plazos
determinados.

Al pasar por alto tal circunstancia, el fallador de segundo grado cometió un yerro
trascendente para la resolución del asunto, pues con base en solemnidades
innecesarias para la compraventa de bienes muebles, dejó sin validez la voluntad
visiblemente expresada por las partes, desconociendo, adicionalmente, las reglas de
interpretación de los contratos, establecidas en los artículos 1618 a 1623 del
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Código Civil”.

IV. ANÁLISIS DE LA SENTENCIA

Así entonces, conforme a lo que fluye de los párrafos transcritos en el punto anterior, es
que la Corte Suprema entendió que si ya las partes acordaron cosa y precio, lo que
celebraron fue los contratos definitivos de venta, por haber convenido los elementos
esenciales del mismo, recordando a su vez que el contrato de compraventa de bienes
muebles en Colombia se perfecciona por acuerdo entre las partes sobre la cosa y el
precio, tal como se establece en el artículo 1857 del Código Civil.

Como se anunció al principio de este comentario, la Corte no fue explícita en sus


consideraciones en establecer que el contrato de promesa no puede versar sobre
contratos prometidos consensuales, sino tan solo reales o solemnes, pero al parecer, es lo
que asume. Además, esto es lo que la misma Corte ha entendido anteriormente, tal como
puede verse en las consideraciones de la sentencia de casación de 27 de marzo de 1998,
en la que señaló:

“(…) la consensualidad descarta la promesa misma, porque si ésta en rigor debe contener
los elementos del contrato prometido, el acuerdo sobre los mismos necesariamente estaría
perfeccionando el contrato que se quería prometer. En otras palabras, la promesa y el
contrato consensual prometido se confundirían. De ahí que el ordinal 4º del artículo 89 de
la ley 153 de 1887, expresamente descarte esa posibilidad cuando consagra como
requisito del contrato de promesa, que se determine de tal suerte el contrato, que para
perfeccionarlo sólo falte “la tradición de la cosa” (contrato real) “o las formalidades legales”
(contrato solemne), quedando así excluido el contrato consensual” (Corte Suprema de
Justicia, Sala de Casación Civil y Agraria, M.P. José Fernando Ramírez Gómez, 27 de
marzo de 1998, exp. 4798, G.J., t. CCLII, v. 1, n. 2491, p. 634).

En ello efectivamente consiste la “teoría intermedia” atribuida a Andrés Bello, consistente


en afirmar que cuando el contrato prometido es un contrato consensual, es este el que se
perfecciona bastando para ello el consentimiento entre los contratantes sobre los
elementos esenciales y si por el contrario, el contrato prometido es real o solemne, este no
nace hasta tanto no se observen los requisitos de perfeccionamiento establecidos en la
ley: la entrega para los contratos reales, o la observancia de la formalidad, para los
solemnes. En efecto, si se observa el artículo 1733 del proyecto de Código Civil chileno de
1853, es claro que el codificador asumió que el contrato de promesa solo puede versar
sobre contratos prometidos reales y solemnes y no sobre contratos consensuales. Así
disponía el proyecto de norma:

“La promesa de celebrar un contrato especificándolo en todas sus partes, es una


obligación de hacer, y está sujeta a lo dispuesto en el artículo precedente; a menos que el
contrato sea de aquellos que se perfeccionan por el sólo consentimiento de los
contratantes, en cuyo caso la promesa equivaldría al contrato mismo.

La promesa de un contrato que las leyes declaran ineficaz, no tendrá valor alguno”

Esta postura ha sido asumida en la doctrina colombiana por destacados autores desde
hace varios años, como es el caso de Pérez Vives, quien sobre este punto afirmó,
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hace varios años, como es el caso de Pérez Vives, quien sobre este punto afirmó,
basándose tanto en el texto normativo ya aludido como en los antecedentes del mismo,
que la promesa bilateral de un contrato consensual equivale al contrato mismo,
enfatizando en que “…el acuerdo entre quien, de una parte, promete vender una
determinada cosa mueble y quien de la otra, acepta esa promesa, a cambio de la
obligación de pagar una determinada suma de dinero, en nada se diferencia de un
contrato de compraventa consensual, que existe desde que las partes han convenido
sobre la cosa y el precio”. (Pérez Vives, Álvaro, Compraventa y Permuta, 2ª edición,
Temis, Bogotá, 1953, pp. 48 a 49). De la misma forma, en épocas más recientes es lo que
ha sostenido Carlos Darío Barrera Tapias al insistir que es lógicamente imposible admitir
la celebración de un contrato de promesa que tenga por objeto un contrato consensual, el
cual para su nacimiento requiere tan sólo el acuerdo entre los contratantes y aduciendo
que basta acudir al plazo y la condición para diferir en el tiempo las obligaciones
derivadas del contrato ya perfeccionado (Barrera Tapias, Carlos Darío, Las obligaciones
en el Derecho moderno. Las fuentes. El acto jurídico, 2ª edición, Temis, Bogotá, 2004, p.
64).

En conclusión, el fallo comentado sigue la postura que sobre el tema debatido ha asumido
tanto la jurisprudencia, como la doctrina colombiana consistente en afirmar que el contrato
de promesa sólo puede tener por objeto la celebración de contratos prometidos solemnes
o reales, puesto que si el contrato prometido es consensual, basta que las partes hubieren
acordado los elementos esenciales del mismo, para que este nazca a la vida jurídica,
sometiendo simplemente el cumplimiento de sus obligaciones a plazo o condición.

BIBLIOGRAFÍA

Barrera Tapias, Carlos Darío, Las obligaciones en el Derecho moderno. Las fuentes. El
acto jurídico, 2ª edición, Temis, Bogotá, 2004.

Bonivento Jiménez, Javier, El contrato de promesa. La promesa de compraventa de bienes


inmuebles, 2ª edición, Ediciones Librería del Profesional, Bogotá, 1999.

Castro y Bravo, Federico De, “La promesa de contrato (Algunas notas para su estudio)”, en
Anuario de Derecho Civil, v. 3., n. 4, (1956), págs. 1133 a 1188.

Pérez Vives, Álvaro, Compraventa y Permuta, 2ª edición, Temis, Bogotá, 1953.

Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil y Agraria, M.P. José Fernando Ramírez
Gómez, 27 de marzo de 1998, exp. 4798, G.J., t. CCLII, v. 1, n. 2491, p. 634

Comentario a la sentencia SC5224-2019 de la Corte Suprema de Justicia (Colombia). M.P.


Ariel Salazar Ramírez, 3 de diciembre de 2019.

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