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SÓCRATES

Vamos descubriendo nuestra interioridad, que no es más que la capacidad que poseemos de conocer. Y al
conocernos a nosotros mismos, nos estamos conociendo con las mismas herramientas que queremos conocer.
Estamos conociendo como conocemos.
El conocimiento nunca alcanza la objetividad y -de máxima- es una producción subjetiva absolutamente condicionada
por fuerzas que la constituyen a partir de un interés de poder. Ese acto de auto reflexión (flexión sobre uno mismo) nos
presenta un problema filosófico en la paradoja entre un conocimiento que busca la Verdad y el hallazgo de una verdad
condicionada.
Para Pitágoras el concepto metafísico de alma es el que logra generar un puente entre ambas dimensiones: cuerpo y
alma. El alma piensa matemáticamente y el alma cambia el cuerpo. Para Pitágoras cuánto más matemática estudia un
ser humano más va logrando separar el alma del cuerpo y prepararla para su próximo viaje. Cuánto más nos
abstraemos en las formas de las entidades menos preocupados estamos por los contenidos y las cuestiones
materiales. Hay una vocación ascética de llevar una vida comunitaria cuyo eje es el estudio abstracto los números. 
Los pitagóricos viven en comunidad, son vegetarianos y pasan el día estudiando. Va naciendo la filosofía como
búsqueda de un saber o del origen de un saber a través de nuestras prácticas.
En cambio Sócrates solía deambular junto con sus alumnos por las calles de Atenas debatiendo distintos temas a
través de los métodos de la filosofía: la argumentación, la refutación y la mayéutica.
Lo de Sócrates no eran enseñanzas en sentido estricto, sino más bien una invocación a la pregunta, al diálogo
al despliegue de argumentaciones a la catarsis (purga en griego) la misma pulga corporal que se desplaza al
alma y la purificaba de contaminaciones.
Frente al error nunca hay que ir de frente -sostenía Sócrates- sino con disimulo con ironía (ironía en griego significa
disimulo) provocando en el interlocutor un desacomodamiento interior, una purga por autoconocimiento.
Sócrates escuchaba y preguntaba. Escuchaba supuesta certezas y después de horas de preguntas, las desarmaba
una por una dejando al otro en estado de vacuidad y perplejidad.
Conócete a ti mismo su mandato extraño, mucho más parecido a caerse en un sí mismo como un gran abismo dentro
de otro abismo.
La pregunta ¿quién soy? parece apuntar al auto reconocimiento de mis propias limitaciones, o sea de lo que me va
determinando a mí mismo permanentemente como sujeto el auto-reconocimiento de mis propias fronteras.
El conocerse a sí mismo hay que pensarlo como investiga Foucault, más como una práctica, como la serie de
ejercicios que lejos están de la contemplación especulativa de la introspección pasiva. Conocerse a sí mismo y
ejecutar acciones en nuestras experiencias diarias (comida vínculos placeres) para que entonces lo que nosotros
creemos de nosotros mismos empiece a transformarse a moverse.
El movimiento no surge de una voluntad espontánea que hace fuerza y nos cambia. Es al revés, hay que provocar los
cambios con medidas concretas, con experiencias que hagan cuerpo y nos modifiquen, o sea ocuparse cuidarse, pero
en la práctica concreta y con transformaciones directas de nuestras costumbres cotidianas. Una filosofía de vida donde
teoría y práctica no sean dos esferas escindidas sino ensimismadas.
La filosofía es la búsqueda de criterios y fundamentos que hacen posible cualquier verdad. La espiritualidad
son las prácticas, ritos, experiencias que nos transforman de tal modo para acceder a esa verdad.
Nosotros mismos nos transformamos para poder acceder a través de nuestras prácticas. No sólo la naturaleza vino
oculta: nosotros también. Es decir, debemos destrabar todo lo que no se enajena. Pero no se trata de una acción
del alma, se trata de sacar al cuerpo de sus encajes estructurales de provocar sus costumbres, sus regularidades. El
alma dice Foucault, es la prisión del cuerpo y no al revés.
Sócrates molestaba sin hacer nada demostrando con su propia experiencia de vida que se podía vivir de otra manera.
No daba clases sino que creaba las condiciones para un diálogo en el que circulará la palabra. No explicaba
nada sino que desarticulaba certezas para que aquel que se hallaba muy convencido de algo, sufriera una
perplejidad abismal al derrumbarse casi todas las justificaciones de su saber.

147 máximas Pitias.


1. Obedece al dios.
2. Obedece a las leyes.
3. Respeta a los dioses.
4. Respeta a tus padres.
5. Sométete a la justicia.
6. Aprende a aprender.
7. Reflexiona sobre lo que hayas escuchado.
8. Conócete a ti mismo.
9. Honra tu casa.
10. Manda de ti mismo.
11. Ayuda a tus amigos.
12. Domina tu carácter.
13. No te sirvas de los juramentos.
14. Ama la amistad.
15. Persevera en tu educación.
16. Busca la sabiduría.
17. No censures.
18. Ensalza la virtud.
19. Actúa de modo justo.
20. Sé benévolo con tus amigos.
21. Aparta a tus enemigos.
22. Ejercita la nobleza.
23. Aléjate del mal.
24. Aprende a ser bienhablado.
25. Escúchalo todo.
26. Nada en demasía.
27. No pierdas el tiempo.
28. Aborrece la arrogancia.
29. Respeta a los suplicantes.
30. Educa a tus hijos.
31. Sé generoso cuando tengas.
32. Cuídate del engaño.
33. Háblale bien a todos.
34. Hazte amante del saber.
35. Estima lo sagrado.
36. Obra de acuerdo con tu conciencia.
37. No mates.
38. Ten trato con los sabios.
39. Examina tu carácter.
40. No mires a nadie con desconfianza.
41. Haz uso del arte.
42. Honra la buena conducta.
43. No envidies a nadie.
44. Alaba la esperanza.
45. Aborrece la calumnia.
46. Obtén las cosas justamente.
47. Honra a los buenos.
48. Ten sentimientos de pudor.
49. Desea la felicidad.
50. Trabaja por lo que es digno de ser adquirido.
51. Odia la discordia.
52. Aborrece la injuria.
53. Habla cuando sepas.
54. Renuncia a la violencia.
55. Muestra benevolencia con todo el mundo.
56. Domina tu lengua.
57. Hazte el bien a ti mismo.
58. Sé amable con todos.
59. Responde en el momento oportuno.
60. Esfuérzate más allá de lo necesario.
61. Actúa sin arrepentimiento.
62. Arrepiéntete cuando te equivoques.
63. Domina tu mirada.
64. Piensa en lo útil.
65. Conserva la amistad.
66. Sé agradecido.
67. Busca la concordia.
68. No digas lo indecible.
69. Aniquila el odio.
70. Acepta la vejez.
71. No alardees de tu fuerza.
72. Ejercita una buena reputación.
73. Evita el resentimiento.
74. Enriquécete de manera honrada.
75. Aborrece el mal.
76. No te canses de aprender.
77. Ama a quienes te alimentan.
78. No combatas contra aquel que está ausente.
79. Respeta al anciano.
80. Enseña a los más jóvenes.
81. Distánciate de la riqueza.
82. Respétate a ti mismo.
83. No seas dominado por la arrogancia.
84. Corona a tus antepasados.
85. Muere por tu patria.
86. No te burles de los muertos.
87. Siente compasión por los desgraciados.
88. No confíes en la suerte.
89. Muere exento de sufrimiento.