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CULTURA E IDENTIDAD FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN *

Ma. Eugenia Sánchez D. de R.


Introducción
El futuro es incierto y nublado, la realidad es conflictiva y dolorosa. ¿Por qué veredas podemos transitar para
construir un México mejor? ¿Qué entendemos por un México "mejor"? ¿Queremos trabajar por esos cambios?
¿Podemos? ¿Qué exigen de nosotros? ¿Qué relación tiene esa búsqueda de un México mejor con la
globalización, con la cultura, con la identidad?
¿Por qué nos preocupa el asunto de la identidad ante la globalización? ¿Le tenemos miedo a los cambios?
¿Por qué en una encuesta de la revista "Este País" en 1990, 21% de los mexicanos encuestados deseaban
formar parte de los Estados Unidos como otro estado de la Unión Americana y 59% lo aceptarían si eso
significara un mejoramiento en sus niveles de vida?
¿Por qué nos preocupa la "invasión" cultural extranjera, si el Pato Donald y Supermán forman parte desde hace
mucho de nuestro patrimonio cultural?
El desafío que enfrentamos ¿es el de la identidad frente a la globalización, o el de la identidad frente a la
descomposición social?
I. LA GLOBALIZACIÓN COMO FENÓMENO ECONÓMICO
La Globalización como fenómeno antiguo y nuevo
Si por globalización entendemos una red de vínculos económicos entre los cinco continentes tendríamos que
remontarnos a los siglos XVI y XVII. la transición del feudalismo al capitalismo supuso, entre otras cosas, la
creación de una economía mundial. Una economía mundial que se fue estructurando con una clara división
internacional del trabajo que colocaba a unos grupos de países en calidad de beneficiarios y a otros en calidad
de excluidos. Sin embargo, al hablar hoy de globalización estamos hablando de una etapa de evolución de este
sistema económico mundial que entró en una de sus crisis en la década de los 70. El aumento de los precios
del petróleo, la competencia creciente entre Estados Unidos, Japón y la Unión Europea y la crisis financiera
amenazaron el equilibrio del sistema económico. Dicen algunos economistas que el sistema económico está
pasando por un proceso de transición del periodo de la posguerra de altos niveles de empleo y rápidas tasas de
crecimiento y comercio hacia crecientes niveles de desempleo, alza de precios, deterioro de los salarios y
reducción de los niveles de vida, de manera más aguda en ciertas regiones del mundo. Estamos, dicen, en la
mitad de un periodo de estancamiento, inestabilidad y reestructuración (Feldman, 1992:2).
Ante esta situación el FMI y el Banco Mundial propusieron ajustes: deflación, devastación, desregulación y
privatización. El objetivo: modificar la orientación de los recursos de la producción de bienes y servicios que no
son internacionalmente comerciables a los que sí son internacionalmente comerciables.
La crisis, sin embargo, dice Elson (1992), no está dando lugar a una nueva fase estable porque el ajuste
estructural se ha dado unilateralmente. En el pasado las crisis se resolvían porque eran acompañadas de una
destrucción de las deudas acumuladas por medio de bancarrotas y reestructuraciones financieras. Las políticas
estructurales orientadas a la liberación del mercado han incluido la reducción del empleo en el sector público, la
limitación de subsidios a la alimentación y a la agricultura, la desnacionalización de las empresas del sector
público, la reducción del gasto público, todo ello orientado a una mayor competitividad global, pero no han
afectado ni el monto de las deudas, ni la estructuración de los sistemas financieros. Este hecho de un ajuste
unilateral está destruyendo la actividad económica real mientras los montos de las deudas aumentan. Los
países del tercer mundo siguen presionados al intercambio externo. Los bancos prestadores siguen
beneficiándose de la situación (Elson, 1992:26-33). Mientras no haya un serio ajuste del sistema financiero
internacional y del patrón de acumulación, la crisis no hará sino prolongarse y aumentar. Hay algunos tímidos
intentos como es el Plan Brady y el caso del Japón, Francia e Inglaterra ante las deudas de África.
Plan de ajuste del FMI
El Plan de Ajuste propuesto por el FMI a nivel global, se ha sustentado, en México, en las siguientes acciones:
devaluación (de 1982 en que el dólar estaba a 23.00 viejos pesos pasó a 6,200.00 viejos pesos en la
actualidad), recorte de subsidios y gasto público, privatización de empresas y PRONASOL para atenuar el
impacto del ajuste. Es a eso a lo que se le ha llamado la Modernización (Benería, 1992:85). El TLC quiso ser
una respuesta a la presión internacional y a la formación de bloques económicos.
El resultado de las políticas de ajuste ha sido, en México, como en otros países, un aumento de la pobreza
urbana y rural, un deterioro de la mediana y pequeña empresa y una mayor concentración de la riqueza en
pocas manos. Por otra parte el poder de los Estados y de los Gobiernos se fue desplazando hacia las
transnacionales.
La Globalización como proceso centrífugo
En resumen la llamada globalización está siendo un proceso centrífugo, que beneficia a los centros
internacionales y nacionales y afecta a la periferia porque no plantea modificaciones ni a los mecanismos de
reproducción de la pobreza, ni a los del deterioro ecológico, ni a los del deterioro de la vida comunitaria.
¿Pero hay alternativas?
No es fácil en medio de tantas presiones internacionales determinar cuál podría ser la orientación más
adecuada para el país. Probablemente, el camino, contrariamente a lo que se ha predicado tanto, sería el de
una vinculación selectiva al comercio mundial, eso supondría una decisión colectiva de generar un mínimo de
bienestar para todos y una disminución de privilegios para algunos. Esa decisión significaría modificaciones de
estilos de vida y de identidades de los mexicanos.
II. LA CULTURA E IDENTIDAD NACIONAL
Conceptos de Cultura e Identidad
Es difícil adoptar una definición de cultura o de identidad cuando no se adopta una teoría social específica.
Cultura hace referencia, en un sentido amplio, a forma de vida; en un sentido restringido, a sistemas simbólicos
colectivos o a conjuntos de valores sociales. En este escrito, y para los fines del mismo, vamos a llamar cultura
a la forma como un grupo humano enfrenta el entorno para sobrevivir y le da sentido a ese existir. Vamos, pues,
a llamar cultura al estilo de vida de los grupos humanos.
Identidad social hace referencia a una historia y a una utopía compartidas por un grupo humano; a raíces y
búsquedas comunes; a un sentimiento de pertenencia; a una ubicación en el tiempo y en el espacio que
distingue de otros grupos o sociedades.
¿Existe la cultura nacional? ¿Existe una identidad nacional?
Se afirma con demasiada rapidez que somos una nación con una identidad muy definida, que existe una cultura
y una identidad nacional más o menos claras. ¿En qué consiste? ¿Son los mariachis, los tacos y la Virgen de
Guadalupe lo que nos hace sentirnos mexicanos? Seguramente hay "algo" que nos cohesiona al interior de las
fronteras políticas y que nutre de sentido a los emigrados, pero tal vez nuestra cultura y nuestra identidad están
mucho más fragmentadas de lo que se piensa. Coexisten diversos tiempos mexicanos como dice Carlos
Fuentes. Es más, entre la matriz mesoamericana y la matriz hispano-árabe que dieron origen a nuestra nación
existe un conflicto aún vigente. Diversas tendencias hay para interpretar esa realidad, desde los que enfatizan
ese conflicto como es el caso de Bonfil (1990), hasta los que la minimizan como Aguilar Camín (1995).
La matriz mesoamericana nos remite a culturas centradas en la madre-padre tierra, de tlatoanis más o menos
autoritarios pero generalmente legitimados por los "Altepeme" (pueblos) en el caso de los nahuas de castas y
actividades de sumisión, de religión politeísta. Culturas en donde la "flor y el canto" suavizaban las rudezas de
la vida. Esa matriz queda subordinada a la matriz hispano-árabe de una cultura patriarcal y autoritaria, con un
fuerte componente religioso monoteísta, patrimonialista y conquistador.
Las culturas indias, durante la Colonia, se reformulan y refuncionalizan. Las etnias regionales se reducen a
comunidades campesinas relativamente aisladas y autónomas.
La demarcación entre república de españoles y república de indios, dio origen a una nación quebrantada por las
desigualdades y la discriminación. La situación de la Nueva España, sometida a un país, España, cada vez más
dependiente de la economía de otros países de Europa Occidental obstaculizó su inserción en la modernidad.
El mestizo, cuya población aumenta considerablemente a partir del siglo XVII, es un ciudadano rechazado por
españoles y por indios desubicado en la sociedad colonial. Busca de mil maneras ser aceptado por el entorno y
opta, dirá Wolf (1986:204-233), por hacerlo mediante la obtención de poder personal. El mestizo encuentra un
espacio entre las dos "repúblicas", a veces haciendo alianza con los criollos y españoles en contra de los indios,
otras ofreciendo protección a las comunidades indias.
Es la Colonia un tiempo de mestizaje, pero ¿lo es de una real articulación sociocultural? No lo creo.
El siglo XIX enfrenta en el México Independiente dos grandes corrientes de pensamiento y acción política que,
enemigas acérrimas entre sí, parecen coincidir en su rechazo a las raíces indias y en la búsqueda del futuro de
México en el extranjero. Los conservadores se orientan hacia la Europa de raíz católica, los liberales hacia
Estados Unidos y el mundo anglosajón. El liberalismo parece darle a una buena parte de la población mestiza
una identidad hasta entonces en tela de juicio y el indígena se sigue viendo como el lastre del progreso.
Durante todo ese proceso histórico el complejo de inferioridad, con todos sus afectos corporales, permea a la
población.
El mexicano, dirá Octavio Paz (1977:13), no quiere ser ni indio, ni español, rechaza sus raíces. ¿Tiene el
mexicano una crisis crónica de identidad que le ha restado la fuerza necesaria para enfrentar más activamente
su posición en la historia?
Yo creo, que no solamente esa tensión latente entre las dos culturas "madres" sigue vigente, sino que las
diferentes subculturas del México actual se rechazan entre sí. El criollo desprecia al indio, el mestizo liberal al
mestizo católico y viceversa, el indio está resentido y experimenta odio-admiración por el criollo y por el mestizo,
el chicano clama por una identidad en conflicto que se entrelaza con la secular desigualdad económica.
Las perlas de solidaridad que existen en las diferentes subculturas están por rescatarse. Tenemos que aprender
a "reconocernos" eso no es ciertamente fácil como lo demuestran los hechos recientes.
Esta dinámica "nacional" es la que se encuentra enmarañada dentro de la dinámica civilizatoria que sustenta a
la llamada globalización.
III. EL SUSTRATO CULTURAL DE LA GLOBALIZACIÓN
Para tomar conciencia de lo que ocurre es conveniente no perder de vista que la llamada globalización está
inmersa en una orientación civilizatoria dominante cuestionable y cuyo cambio de rumbo no es fácil promover.
El paradigma del progreso
El paradigma del "progreso" sigue vigente de manera dominante en la dinámica real de la economía mundial. A
pesar de las alertas en el terreno de lo ecológico (Cumbre de Río) y en el ámbito de lo social (Cumbre de
Copenhague) no se acaban de ver indicios claros de modificaciones de rumbo. ¿En qué consiste este
paradigma que es el sustrato cultural de la globalización?
Podría resumirse de la siguiente manera (Sánchez, 1993):
 La ubicación supuestamente "neutral" de la economía, como señala Schumpeter, fue evacuando la
dimensión política y ética desde el siglo XIX.
 El considerar que el crecimiento económico es bueno per se, sin la pregunta de qué producir para qué
estilo de vida y con qué efectos sociales ecológicos. Esto ha sido cuestionado desde hace muchas
décadas por científicos sociales de diferentes tendencias.
 El libre comercio es bueno per se, sin tomar en cuenta umbrales y realidades históricas concretas. La
teoría clásica consideraba las ventajas comparativas bajo el supuesto de que el capital permanecía
inmóvil y los capitalistas vinculados a su comunidad nacional. Al modificarse estas premisas, las
supuestas ventajas comparativas entre países se convierten en ventajas absolutas para algunas
multinacionales (Daly, 1991:24).
 La búsqueda de la rentabilidad individual como motor de la economía. Ser "realistas" consiste en
mantener el lucro como el alma de la dinámica económica.
 Una cosmovisión subyacente que tiene una visión instrumental del hombre y de la naturaleza, que se
caracteriza como decían Horkheimer y Adorno (1987), por la racionalidad en los medios y la
irracionalidad en los fines.
 El paradigma del progreso permanece casi intacto, la economía "mundial", orientada a producir estilos
de vida a los países industrialistas, es viable ecológicamente solamente mientras no lo tengan las
mayorías.
Ante esta situación podríamos afirmar que el problema de la identidad es un problema que rebasa la realidad
local o nacional. La orientación mundial de la economía dominante y la llamada globalización tiene rasgos de
tipo patológico que afectan la identidad del hombre en cuanto hombre.
Las rebeliones étnicas
La reacción de lo que Agnes Heller (1985) ha llamado la "substancia humana" ante caminos vitalmente inviables
y ante las homogeneizaciones culturales asfixiantes está en la base de algunas de las rebeliones étnicas y
regionalistas que se han dado en todo el orbe: los separatismos españoles, los movimientos amerindios, las
reacciones en Europa Central y en la ex Unión Soviética.
Esto es de especial interés para nosotros en un momento en que el tema de las autonomías indias se debate en
diferentes foros. Somos un país pluricultural, se afirma, y eso tiene que manifestarse en la organización política
y social de la nación.
No quisiera adentrarme en el tema de los indígenas en México, únicamente me parece conveniente hacer
resaltar que el problema, como vimos antes, debe abordarse de manera más amplia si no queremos que esas
autonomías se conviertan en reservas de indios.
Culturas y ética
Es sin duda un avance en la conciencia humana la valoración de las diferentes culturas, la toma de conciencia
de que las diferentes formas de ser humanos, o sea de enfrentar el entorno natural, social y simbólico, pueden
variar de una latitud a otra, sin que ello signifique superioridad o inferioridad. Siglos de discriminaciones, de
opresión por parte de las culturas hegemónicas a las culturas subordinadas, todo ello legitimado por la filosofía,
el derecho y la religión, son hechos sociales dramáticos y lamentables. Es un derecho humano elemental el
respeto a las opciones culturales de los diferentes grupos humanos. Sin embargo la convivencia humana a lo
largo de la historia y en el presente nos plantea un problema. La diversidad de culturas, a partir de cierto
umbral, parece entrar en conflicto con la necesidad de una ética planetaria que permita la preservación del
nicho humano y la convivencia entre grupos y naciones; es decir, que el respeto a la diversidad de culturas no
puede significar que cada opción cultural es un absoluto.
Si un grupo cultural considera que para sobrevivir necesita destruir o discriminar a todos lo que no piensen o
crean en lo que él piensa o cree, como ha sido el caso del Islam y del Cristianismo medieval, tiene que ser
cuestionado.
Si los valores de una cultura y sus correspondientes estilos de vida, como es el caso de la cultura
"industrialista", afectan el agua de los ríos y el aire que respiran los indígenas Nahuas en la sierra de Puebla o
los Yanomami en el Amazonas, esos valores son cuestionables.
Si un sector social quiere mantener su cultura del superconfort y el derroche a expensas de la miseria de las
mayorías, como es el caso de México, ese estilo de vida está en tela de juicio.
Si el sistema de brujería de una comunidad indígena mantiene permanentemente amedrentados a los
pobladores, eso tiene que ser revisado por la comunidad.
Ética y cultura tienen una relación que es necesario reflexionar seriamente.
¿Cómo cultivar el pluralismo cultural y conseguir un mínimo común denominador ético que permita una sana
convivencia?
IV. LA DESCOMPOSICIÓN SOCIAL Y SU INTERPELACIÓN
Planteaba al principio de este escrito que no sabía si la temática era la cultura e identidad ante la globalización
o ante la descomposición social. Tal vez es, finalmente, un sólo tema ya que la situación dramática en la que
nos encontramos está relacionada con la dinámica económica internacional y sus premisas culturales
subyacentes.
En el caso de México, no creo que se necesiten ni estadísticas, ni exhaustivas descripciones, para constatar la
miseria creciente, el aumento en la polarización de la riqueza, la incapacidad del sistema político de afrontar la
situación y la penetración del narcotráfico en las esferas del poder. Estamos frente a un proceso de
descomposición social ante el que nos sentimos bastante impotentes y que nos interpela a buscar nuevos
estilos de vida y a construir nuevas identidades, porque lo que está en juego es cada vez más la identidad
humana y las posibilidades de convivencia social.
¿Qué podemos hacer para que se genere esa solidaridad que nos permita buscar un camino económico
orientado hacia un bienestar sencillo para todos?
¿Cómo generar estructuras de diálogo intercultural que permitan la recreación de nuestras identidades?
¿Cómo influir, por ejemplo, para que en vez de que se siga incrementando el número de automóviles, lo que
resulta cada vez más inviable en términos de movilidad, de contaminación, de estacionamientos, etc. se
produzcan metros o trenes ligeros? ¿Cómo hacer para que en lugar de alimentos chatarra se embolsen
"alegrías"? ¿Cómo hacer para que dilapidemos menos agua en la vida diaria?
¿Cómo crear un ambiente social que no obstaculice que el hombre entre en contacto consigo mismo mediante
el silencio y la contemplación?
¿Cómo crear puentes, estructuras de diálogo intercultural entre las subculturas de México que se rechazan?
¿Cómo favorecer las autonomías regionales sin que se formen reservaciones o nuevos cacicazgos?
¿Es posible asumir creativamente la "lucha de clases" en orden a transformar las relaciones de producción sin
caer en los errores históricos que todos conocemos?
¿De dónde nutrirnos de esa fuerza interna necesaria que nos permita enfrentarnos a la corrupción cada vez
más grave y violenta, sabiendo que el que actúa honestamente arriesga su vida o la de su familia?
Hablar de cultura e identidad frente a la globalización y frente a la descomposición social es hablar de una
realidad que interpela lo más profundo de nosotros mismos como seres humanos.
*
Revista Utopías. México, año 2, no. 4, otoño de 1995, pp. 31-38.

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