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DSM IV-TR

El manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales contiene una clasificación de los trastornos mentales y
proporciona descripciones claras de las categorías diagnósticas, con el fin de que los clínicos y los investigadores de las
ciencias de la salud puedan diagnosticar, estudiar e intercambiar información y tratar los distintos trastornos mentales.
¿Qué es un trastorno? Es un patrón comportamental o psicológico de significación clínica que, cualquiera sea su causa, es
una manifestación individual de una disfunción comportamental, psicológica o biológica.

El DMS-IV es una herramienta de diagnóstico que propone una descripción del funcionamiento del paciente a través de 5
ejes, con el objeto de contar con un panorama general de diferentes ámbitos de funcionamiento:
I. Eje I: se describe el trastorno o trastornos psiquiátricos principales o sintomatología presente, si no configura
ningún trastorno. Por ejemplo: trastorno depresivo, demencia, dependencia de sustancias, esquizofrenia, fobia
social, fobias específicas, hipocondrías, etc.
II. Eje II: se especifica si hay algún trastorno de personalidad en la base (o rasgos de algún trastorno), algún
trastorno del desarrollo o retraso mental. Por ejemplo: trastorno de personalidad limítrofe, retraso mental
moderado.
III. Eje III: se especifican otras afecciones médicas que puede presentar el paciente.
IV. Eje IV: se describen tensiones psicosociales en la vida del paciente (desempleo, problemas conyugales, duelo, etc.).
V. Eje V: se evalúa el funcionamiento global del paciente (psicológico, social y ocupacional), a través de la EEAG
(escala de funcionamiento global).

PERSONALIDAD
La personalidad constituye la síntesis de todos los elementos que intervienen en la formación mental del individuo y le
dan identidad propia.
Es el resultado de las interacciones genéticas, de la constitución psicofisiológica, de los componentes instintivo-afectivos
alimentados por las ferencias sensitivo-sensoriales, sus formas de reacción y adaptación a las nuevas experiencias, que

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han ido jalonando la historia del individuo.
La personalidad determina la maneras de reaccionar ante el otro, el modo de comunicarse, de pensar y expresar las
emocionas.

Según Henry Ey, la personalidad se confunde con la identidad del YO, lo que implica que el individuo sea sujeto de su
propio conocimiento (capacidad de introspección), artífice de su propio mundo (capacidad de adaptación y creatividad),
autor de su propia personas (capacidad de desarrollo y maduración) y dueño de su propio carácter (capacidad de
diferenciación)”.
Las cuatro instancias anteriores permiten al individuo:
• Integrar un sistema de valores lógicos que fundamenta su conocimiento y su pensamiento como instrumentos de
su dominio sobre la realidad.
• Ser consciente de su historia en tanto que está constituida por una serie de acontecimientos que se engarzan en
su propia existencia.
• Tener un ideal de sí mismo, como imagen unificadora, que crea su propia identidad como individuo
• Desarrollar el proceso de autoconstrucción que tiende a sustraerlo, pero a la vez, lo estima a depender del mundo
objetivo y de los otros.

Cloninger, como resultado de sus estudios con gemelos y niños adoptados y de la observación de las habilidades de
aprendizaje de distintas especies animales, define la personalidad como la organización dinámica de los diferentes
sistemas psicobiológicos del individuo que permite modular la adaptación a la experiencia.

La organización de la personalidad se elabora mediante la maduración neurobiológica, las experiencias tempranas, las
relaciones interpersonales, las experiencias afectivas, los mecanismos de identificación y la incorporación de las normas
sociales.

La conducta humana es el resultado complejo de la interacción de factores genéticos y ambientales.


Entre los factores ambientales es necesario destacar el estrés psicológico ocasionado por el abuso sexual o físico y el
abandono físico o emocional que originan con frecuencia trastornos de la personalidad, cuando han ocurrido en etapas
muy tempranas de la vida o durante un tiempo prolongado.

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La personalidad es entonces fruto del neurodesarrollo y de las interacciones del individuo con el ambiente y la cultura
que originan formas individuales de comportamiento, que dan identidad al individuo y lo convierten en un ser único e
irrepetible.
Los rasgos de personalidad están presentes desde la edad madura del individuo y son patrones persistentes de formas de
percibir, relacionarse y pensar sobre el entorno y sobre si mismo que se ponen de manifiesto en una amplia gama de
contextos sociales y personales.
Los rasgos de personalidad se constituyen en trastornos de personalidad cuando son inflexibles y desadaptativos o
cuando causan malestar subjetivo o deterioro funcional significativo.
La valoración de la personalidad debe tener en cuenta los antecedentes étnicos, culturales y sociales del individuo.

Los trastornos de personalidad no se deben confundir con problemas asociados a la adaptación de una cultura diferente
que se da tras la inmigración o con la expresión de hábitos, costumbres o valores religiosos o políticos propios de la
cultura de origen del individuo. Si se evalúa a alguien de una cultura diferente, resulta útil para el clínico obtener
información de personas que conozcan el entorno cultural del sujeto.

Tradicionalmente se ha definido el temperamento como la predisposición emocional congénita, es decir, la manera básica
como un individuo enfrenta y reacciona ante una situación y el carácter como el fruto de la experiencia, que representa
el modo como el individuo interpreta las respuestas a los estímulos intrapsíquicos o a los provenientes del medio que los
rodea.

TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD
Son un conjunto de perturbaciones o anormalidades que se dan en las dimensiones afectivas, motivacionales y de
relación social de los individuos.
Se caracterizan por patrones permanentes de: percepción, reacción y relación de comportamientos que son relativamente
fijos, inflexibles y socialmente desadaptados.
Sus patrones desadaptados se hacen evidentes al principio de la edad adulta, y tiende a durar toda la vida.

CLASIFICACIÓN
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GRUPO
A
B
TRASTORNOS
Paranoide, esquizoide y esquizotípico
Antisocial, límite, histriónico y narcisista de la personalidad
CARACTERÍSTICAS
Extrañas y excéntricas
Dramáticos, emotivos y erráticos
C De la personalidad por evitación, por dependencia, obsesivo compulsivo Ansiosas o temerosas
Dentro del grupo A: hay un predominio en la organización cognitiva. En el B hay una significativa impulsividad (y/o
agresión) así como de labilidad afectiva e hiperreactividad al medio. En el C hay una definida ansiedad (y/o inhibición)
acompañada por la labilidad afectiva y distorsión cognitiva de la amenaza.

Inestabilidad afectiva: se compromete la defensa, las estrategias adquiridas y conflicto inconsciente.


Impulsividad-Agresión: se produciría una patología de déficit o falta de freno.
Desorganización cognitiva: representado por la vulnerabilidad
Ansiedad: representado por la sintomatología de vertiente ansiosa.

GRUPO A
Hay 3 tipos de personalidades que se van a agrupar:
Trastorno Paranoide de la personalidad: son personas desconfiadas en
exceso, de pocos amigos, que creen que todo aquel que se les acerque lo
hace con una intención oculta. Viven pendientes de su entorno, no
manifiestas información sobre ellos porque creen que puede ser usada
en su contra, se les dificulta realizar vínculos afectivos. Pueden tener
ideas reiterativas relacionadas con robo de sus pertenencias e inclusive
no toleran bien los obsequios o favores.
Trastorno esquizoide: se dice que en muchas ocasiones corresponde a la
personalidad mas cercana a la esquizofrenia y otros trastornos
psicóticos crónicos. Las personas con este tipo de trastorno son muy
aisladas y viven sin ningún tipo de interés en las otras personas. El mundo puede ser vivido sin la ayuda de nadie más,
por eso presentan dificultades laborales (buscan trabajos aislados), vinculares, y muy rara vez consiguen pareja.
Trastorno esquizotípico: son raros, excéntricos, tienen creencias muy extrañas y particulares. Su sexualidad tiende a ser
ambigua con preferencias poco comunes. Tienden a ser aislados, poco conversadores, con serias dificultades relacionales
con extraños y familiares. De los tres tipos, este es uno de los más difíciles de observar en una población.
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GRUPO B
Trastorno histriónico: son seductores, encantadores y provocadores. Tienden a creer que sus relaciones son más profundas
de lo que en realidad son. Les gusta ser el centro de atención incorporándose a actividades que predispongan esto. Son
sugestionables, encontrándose a merced de las opiniones o creencias de las otras personas y tienen una forma de hablar
carente de matices y llena de subjetividad.

Trastorno narcisista: se caracterizan por una admiración excesiva hacia sí mismos. Sus vínculos se basan en que pueden
obtener de los demás, sintiendo que ellos merecen todos los cuidados y beneficios que los otros pueden brindarle. Se les
dificulta tener empatía y en muchas ocasiones presentan dificultades con las figuras de autoridad por sentir que deben
ser tratados de forma especial.

Trastorno Límite: son personas inestables con variaciones emocionales de importancia. Tienden a ser impulsivas, poco
tolerantes a los cambios y a las frustraciones. Presentan una sensación de vacío difícilmente aplacable, llevándolos a
adorar o vincularse de forma simbiótica con sus padres, mascotas o parejas e inclusive utilizar sustancias de forma
compulsiva con la consecuente culpa por sus actos. Se infringen daños -autolesiones-.
Las autolesiones son un medio de expresión, esa persona se infringe daño para poder expresar un malestar emocional que
no se sienta capaz de expresar por otros medios. Hay una estrecha relación entre emoción negativa, dolor y alivio. Los
medios que mas utilizan suelen ser cortes, arañazos, quemaduras y golpes con objetos contundentes.

Trastorno antisocial: son personas con escaso o nulo respeto por las leyes y convenciones sociales. Tienden a ser
mentirosos, manipuladores, poco empáticos con sus allegados, y en ocasiones son encantadores y meticulosos de manera
de generar la confianza en otros.
Poseen poca capacidad para sentir culpas por sus actos, dependiendo su vida social en su capacidad para adaptase de
forma consciente a las necesidades de su entorno. Tienden en ocasiones a ser agresivos y a la utilización de sustancias en
la búsqueda continua del placer.

GRUPO C
Trastorno compulsivo: las personas que cuentan con este tipo de trastorno son gobernadas por su necesidad de orden,
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precisión y perfección. Las actividades se llevan a cabo de una forma excesivamente metódica y por ello tienen
preocupaciones intensas por el tiempo transcurrido, la puntualidad, los horarios y las normas.
Son muy rígidos y poco espontáneos. Presentan un desarrollo excesivo del sentido del deber, así como la necesidad de
tratar de completar todas las tareas meticulosamente.
Esta tendencia puede dar lugar a una parálisis de la conducta por la indecisión y la necesidad de sopesar las
alternativas, los pros y contras, de manera que las tareas importantes frecuentemente no pueden completarse.
A veces presentan falta de seguridad, falta de confianza en sí mismo y malestar emocional en forma de culpa o de
vergüenza por las deficiencias y fallos reales o percibidos en su conducta. Tienen un sentido muy estricto de lo que está
bien y de lo que está mal.
Normalmente sienten la necesidad de tener un control total sobre cómo van sucediendo acontecimientos de su vida, y
esto hace que experimenten mucha ansiedad y angustia cada vez que los planes no salen como estaban previstos.
Rechazan la posibilidad de delegar tareas, se preocupan en extremo por detalles, buscan constantemente actividades
productivas, extrema rigidez ética, tienen tendencia a acumular (necesidad de saber que cuenta con medios para
afrontar futuros problemas) y son tercos.

Trastorno por dependencia: necesidad general y excesiva de que se ocupen de ellos, que ocasiona un comportamiento de
sumisión, adhesión y temores de separación, que empieza al inicio de la edad adulta y se da en varios contextos. Tienen
dependencia patológica, incapacidad para tomar decisiones propias, necesidad de seguridad, incapacidad de estar solos,
sumisión y tolerancia a los abusos.

Trastorno por evitación: afecta a un 3% de la población. Caracteriza a personas sensibles y cautelosas que habitan
incrustadas en la caracola de su soledad por temor a ser heridas, juzgadas o rechazadas. Es tal su necesidad de huida y
su incapacidad para gestionar sus miedos y angustia vital que acaban construyendo los muros de su propia fortaleza
donde recluirse.

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