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El Vikingo, el Sajón, el Gaucho y el Doctor

Mirada generosa y profunda, seguro de si mismo, no teme preguntar lo mismo hasta


lograr una respuesta concreta, pero sin perder en ningún momento la calma y
sosteniendo el más profundo respeto hacia su interlocutor.
Desde su metro ochenta y sus 105 kg, sensei Ilpo representa en Suecia a Jundokan y
sabe que su aspecto de guerrero nórdico puede amedrentar, pero su natural manejo de la
distancia personal genera un aurea de confianza. Aurea que sabe desvanecer solo
cambiando sutilmente la expresión de su rostro cubierto de una espeza barba rubia.
De lenguaje fluido, calmo e inteligente, verlo hacer kata atemoriza.
Una perfecta máquina de matar en cada "tsuki", en cada "uke". El suelo crepita debajo
de él.
Casi desde el primer momento sentí una empatía especial con este descendiente de
vikingos. Es que algo teníamos en común y no solo la capacidad para cambiar nuestra
natural mirada neutra, por un ceño fruncido antesala de la debacle cósmica.
Probablemente esa curiosidad por buscar semejanzas en el otro fue aquello que
favoreció nuestro interés mutuo en conocer algo más de nuestras realidades.

Una tarde, terminando la clase en el So Honbu, se me acerca para invitarme al Museo


del Karate de Hokama sensei, en Uehara, Nishihara, al noroeste de Naha.
Desde ya acepté. Yo había conocido a Tetsuhiro Hokama sensei, presidente del museo
del Karate y Kancho de la Okinawa Goju Ryu KenshiKai, un año antes en el 2012, pero
esta vez la propuesta era, no solo visitar el museo, sino practicar con el titular de I.K.O.
Nos acompañarían parte de la comitiva sueca y el grupo de UK, sensei Bob Haniball,
Mark, Eric y Tony.
Sensei Haniball es un hombre alto, de piel blanca, mirada calma y agradable. Se acerca
gentilmente y como excusándose, te da el consejo justo en el momento preciso con su
voz pausada y serena. Solo una o dos observaciones, para que resuelvas de a poco y
desde allí sigas creciendo, sigas andando el camino correcto. Su altura puede intimidar a
primera vista pero su prestancia de caballero inglés y su sonrisa amigable te predispone
a escucharlo atentamente.
Alumno de Miyazato Ei'Ichi desde mediados de los 80, sensei Bob en sus viajes a
Okinawa, colocaba su filmadora en un tripode y grababa horas y horas de entrenamiento
con su maestro.
Hoy es el guardián sajón de un archivo valiosísimo que muestra al fundador de
Jundokan como el gran maestro que fue. Pero también muestran al paciente inglés como
un hombre lleno de preguntas, deseoso de respuestas y fascinado por hacer docencia
devolviendo a las generaciones más jóvenes, aquello que el supo absorber de los
"históricos".

Nos juntamos todos a las 12:00 en el frente del Dojo de Asato, y nos fuimos a almorzar
la típica sopa okinawense en un barcito de la Kokusai dori, donde apenas si entrábamos
cinco suecos, cuatro ingleses y yo.
Paramos tres taxis. Yo viajé con sensei Ilpo y Peter Andersson, otro tipo fantástico, que
si no fuera porque lo escuche hablando sueco, diría que es un porteño tipo, salido de
algun cafetín de Almagro (además tiene un parecido a alguien, pero no me doy cuenta
aún a quién).
Llegamos a la poco disimulada casa amarilla y azul de sensei Hokama dónde, el dojo
debajo, es la antesala del museo subiendo una angosta escalera.
El Doctor Hokama, nombrado "PhD honoris causa" por su trabajo restaurando la
historia del karate y el kobudo de la Isla, nos esperaba con té chino y chocolates rusos.
Buena elección para completar el mapa étnico.
Té, clase, museo y "sho-do" fue el programa hasta la hora de volver, tres horas después
de haber llegado.
Hermosa experiencia. ¿Cuántas veces se tiene la oportunidad en la vida de practicar
Sanchin Kata después de tomar "cha midori" rodeado de historias y amigos, en el medio
de una minúscula isla del Pacífico?
Hoy a la distancia, sentado en casa tomando mate, escuchando "Foxtrot de Genesis" y
preparando los lineamientos didácticos del próximo Gasshuku de Febrero, termino de
comprender que tipo de pasión es aquella que me identifica con estos hombres, salidos
de realidades tan distintas: Ilpo sensei y Bob sensei.

Estabamos entrenando en el So Honbu. Había un "sashi ichi" de unos 35 kg


tímidamente acomodado en un rincón. Sensei Ilpo lo ve y me mira cómplice. Sonrie.
Corrimos a buscarlo y lo llevamos al centro del dojo. Entre risotadas y sudor nos
pusimos a jugar como niños a ver quién aguantaba más tiempo con esa maldita piedra.
La felicidad se dibujaba en nuestros rostros empapados. Que el otro lograra una nueva
marca nos entusiasmaba más que nuestro propio logro.
Se nos unieron más amigos.
Sensei Gima, Sensei Kinjo y Sensei Nakada nos mostraban distintas aplicaciones que no
tardabamos en poner en práctica tratando de redoblar la apuesta, ahora con el pesado
"sashi ishi", ahora con los más antiguos "chi ishi" del Dojo...
Todos agotamos nuestras fuerzas esa tarde, pero los aplausos fueron para el guerrero del
Norte y el Gaucho del Sur.

Esa misma noche sensei Bob me cuenta que encontraron la tumba de Kanryo
Higasshionna a partir de un dato que yo le había sacado a Hokama sensei en el museo y
me invitaba a ir con ellos a ofrecer nuestros respetos.
La comitiva a las colinas de Shuri estaba formada por Eric Williams sensei, el siempre
sonriente Tony Green sensei (un sujeto con un manejo de la potencia digno de estudio),
Mark Weatherill con quien compartíamos la pasión por el Rugby (él había sido jugador
como yo, pero también árbitro) y por supuesto sensei Bob.

Okinawa esta a 36 horas de vuelo de casa y cada tortuoso minuto del viaje se justifica
ampliamente cuando descubrimos personas que comparten nuestras pasiones, nuestros
miedos, nuestras alegrías, nuestras necesidades de saber, nuestras necesidades de
probarnos, nuestras necesidades de comunicar y enseñar.
Cada objetivo que me propuse al llegar a la Isla, quedo empequeñecido por el camino
que me llevaba a el.
¿Qué importaba el haber levantado 20 veces el sashi ishi, sin la sonrisa cómplice de
sensei Ilpo y su fuerte y sincero apretón de manos de un guerrero a otro? ¿que
importaba encontrar el mausoleo del fundador del Naha-Te, si no hubiera mediado la
maravillosa caminata hasta allí escuchando las historias en la voz serena y calma de
sensei Bob, o el reconocer en Tony, Eric y Mark practicantes apacionados y solidarios?

Como siempre parece ocurrir en Okinawa, no es el destino que te propongas lo que va a


sorprenderte, es el CAMINO que recorras hasta el.

Frente a mis ojos cada momento volvía a revivirse.


La cuna del Karate no estaba tan lejos después de todo. Más contradicciones...
Cada Maestro que encontré me dejó algo, algo tan valioso que perdurará en mi por
siempre.
Ahora es mi turno. Debo honrar sus enseñanzas, transmitiendo.
Solo espero ser la mitad de lo que vi en estos valiosos hombres y algún día volverlos a
encontrar, para seguir aprendiendo.

(The Viking, the Saxon, the Gaucho and the Doctor

Generous, deep look, sure of himself, not afraid to ask the same until a concrete answer,
but without ever losing calm and holding the deepest respect for his partner.
Since their 1,80 m tall and 105 kg, Ilpo sensei in Sweden represents Jundokan and know
that your Nordic warrior look can intimidating, but their natural handling of personal
distance generates a confidence aurea. Aurea knows just fade subtly changing the
expression of his blonde beard covered face.
Fluid, calm and intelligent language, but afraid to see him do kata.
A perfect killing machine in each "tsuki" in each "uke". The ground crackles under it.
Almost from the first moment I felt a special empathy with this descendant of Vikings.
Is that something we had in common and not just the ability to change our natural
neutral look, a frown prelude to the cosmic debacle.
Probably that curiosity to seek similarities in what the other was favored our mutual
interest in knowing more of our realities.

One afternoon, ending the class in the Honbu So, he invite me to the Sensei Hokama's
Karate Museum in Uehara, Nishihara, northwest of Naha.
Of course I accepted. I had met Tetsuhiro Hokama sensei, museum president and Karate
Kancho of Okinawa Goju Ryu KenshiKai, a year before in 2012, but this time the
proposal was not only visit the museum, but to practice the holder of IKO, being part of
the Swedish delegation and the group of UK, sensei Haniball Bob, Mark, Eric and
Tony.

Haniball Sensei is a tall man, white skin, looking calm and pleasant. Approaches gently
and apologetically, giving you the right advice at the right time with his slow and quiet
voice. Only one or two observations for you to settle slowly growing thence follow,
follow the walking track. Its height can be intimidating at first glance but his poise
English gentleman and his friendly smile predisposes you to listen carefully.
Miyazato Ei'Ichi student from the mid 80s, Bob sensei on their trips to Okinawa, put
your camcorder on a tripod and recorded hours and hours of training with his master.
Today is the guardian of a precious Saxon file showing Jundokan founder as the great
teacher he was. But they also show the english patient as a fascinated man full of
questions, answers and willing to make returning to teaching younger generations,
absorbing what he knew of the "historical" masters.

We all gathered at 12:00 in front of the Asato Dojo, and we went to lunch Okinawan
typical soup in a little bar of Kokusai dori, where we walked barely five Swedish, four
English and me.
We stopped three taxis. Travelled with Ilpo sensei and Peter Andersson, another great
guy, if it was not because I heard speaking Swedish, I would say that he is Buenos Aires
guy, out of some Almagro's coffe (also bears a resemblance to someone, but I do not
realize yet to whom).
We got to the little yellow and blue Hokama sensei house where, beneath the dojo is the
prelude to the museum up a narrow staircase.
The Doctor Hokama, named "honorary PhD" for his work restoring the history of karate
and kobudo Island, waiting us with Chinese tea and Russian chocolates. Good choice to
complete the ethnic map.
Tea, class museum and "sho-do" was the time to return to three hours after arriving.
Beautiful experience. How many times have the opportunity in life to practice Sanchin
Kata, drink "cha midori", hear goods old stories and surrounded by friends, in the
middle of a tiny island in the Pacific?

Today at a distance, sitting at home drinking "mate" [tradicional argentine tea], listening
to "Foxtrot Genesis" and preparing educational guidelines for our next Gasshuku of
February, quite understand that kind of passion is one that identifies me with these men,
emerged from very different realities: Ilpo sensei and Bob sensei.

So we were training at the Honbu. There was a "ichi sashi" about 35 kg tentatively
settled into a corner. Ilpo Sensei sees me looking and accomplice. Smile. We ran to get
him and take him to the center of the dojo. Between laughter and sweat we got to play
as children see who could more time with that damn stone. Happiness was etched on our
faces soaked. The other achieved a new record we were excited more than our own
achievement.
We were joined by more friends.
Gima Sensei, Sensei Kinjo and Sensei Nakada showed us different applications that do
not implement took us in trying to double the bet, now with the heavy "ishi sashi", now
with the oldest "chi ishi" Dojo ...
All our forces exhausted that afternoon, but the applause was for the warrior of the
North and the South Gaucho.

That night Bob sensei tells me they found the tomb of Kanryo Higasshionna from a fact
that I had brought him to Hokama sensei in the museum and invited me to go with them
to pay our respects.
The procession to the hills of Shuri was formed by Eric Williams sensei, always smiling
Tony Green sensei (a subject with a power handling worthy of study), Mark Weatherill
who shared a passion for Rugby (he had been a player as I, but he was a referee too) and
of course, Sensei Bob.

Okinawa is a 36 hour flight home and every torturous minute of the trip was entirely
justified when we discover people who share our passions, our fears, our joys, our needs
to know, prove our needs, our needs to communicate and teach.
Every goal I set out to get to the island, I am dwarfed by the road leading me on.
What did it matter to have raised 20 times the ishi sashi, without knowing smile Ilpo
sensei and his strong and sincere handshake from one warrior to another? What
mattered find the mausoleum of the founder of Naha-Te, had it not mediated wonderful
hike up there listening to the stories in the serene and calm voice of Bob sensei, or
recognize in Tony, Eric and Mark practitioners passionate and solidarity?

As always seems to happen in Okinawa, is not the destination you set out what will
surprise you, is the WAY you scroll through until.
In front of my eyes every time again revived.
The birthplace of Karate was not so far after all. More contradictions ...
Every teacher I found left me something so valuable that will last forever in my.
Now it's my turn. I have to honor his teachings, transmitting.

I only hope to be half of what I saw in these valuable men and some day, found again to
keep

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