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El Rito Escocés Antiguo y Aceptado en España

Los Hermanos Escocistas del Grande Oriente Español

Por Luis del Hoyo

La génesis de la Masonería española no dista mucho de la apasionante historia de la


penetración de nuestra augusta Orden en la Europa continental. Aseguran los
historiadores tradicionalistas de la Respetable Logia Tres Flores de Lys, fundada en
1728 en Madrid por el duque de Warton, fue el tercer Taller masónico creado en el
Viejo Continente. Unos meses más tarde, los británicos inauguraban una Logia militar
en Gibraltar. Paralelamente, levantó columnas otro Taller en la capital portuguesa. Pero,
¿de verdad se hallaba la Península Ibérica a la cabeza de la ofensiva iniciática
emprendida por la Gran Logia de Londres? Hay quien habla de una logia inglesa en
Florencia, hacia finales del siglo XVII. Lo cierto es que la historia de la masonería
continental aún cuenta con parcelas oscuras, con datos inciertos, con hechos y verdades
por descubrir.

Si bien es cierto que la R.L. Las Tres Flores de Lys o La Matritense logró sobrevivir
hasta nuestros días, tornándose en una de las estructuras masónicas más antiguas del
Viejo Continente, es preciso recordar que la verdadera historia de la Francmasonería
española arranca en 1780, cuando Pedro Pablo Abarca de Bolea, conde de Aranda,
funda el Gran Oriente Nacional de España. Es la primera Obediencia española conocida.
Su primera Gran Maestre será el conde de Aranda, cuya filiación masónica resulta
incierta. ¿Fue iniciado en Francia, durante su estancia en París? ¿Recibió la luz en otra
capital europea? Como buen diplomático, Aranda trató el tema con suma discreción.
Sabido es que a aquella Obediencia pertenecieron: el duque de Alba, consejero de
Estado; Manuel de Roda, ministro de Gracia y Justicia; José Nicolás de Azara,
embajador en Roma; Pablo Antonio de Olavide, síndico de Madrid; Melchor de
Macanaz, ministro de Carlos II, Felipe V y Fernando VI y José Moñino, conde de
Floridablanca.

Otros masones ilustres de la época fueron: Manuel Luis de Urquijo, ministro de Carlos
IV; Juan Antonio Llorente, secretario del Santo Oficio; el General O'Farril, el conde de
Cabarrús, el conde de Campo Alanje y el dramaturgo Leandro Fernández de Moratin.

Pese a la pertenencia de tan destacadas personalidades a la Masonería, la Orden fue


perseguida durante la casi totalidad del siglo XVIII, lo que obligó a los Hermanos
mantener el secreto. No existen, pues, testimonios documentales de la época. De hecho,
ninguna Logia española figura en los registros masónicos extranjeros hasta 1787.
Tampoco se sabe si los iniciados trabajaban con los rituales de la Gran Logia de
Londres o con la variante escocesa importada por los masones galos de Inglaterra, que
acabará convirtiéndose, con el paso del tiempo en el… Rito Francés. 1

Curiosamente, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA) llegó a España en 1808,


tras la invasión de las tropas napoleónicas. Entre los oficiales que acompañaban a José
1
Más información sobre la génesis del Rito Francés encontrarán en el libro De l’Ecosse à l’ecossisme de
Louis Trebuchet, Editions Ubik, Marsella, Francia
Bonaparte, futuro rey José I de España y las Indias, fundador y Gran Maestre de la
Gran Logia Nacional de España, se hallaba el conde de Grasse-Tilly, que desempeñó
un destacado papel en la creación y el afianzamiento del Supremo Consejo de
Charleston. Al regresar a Europa, de Grasse-Tilly fundó el Supremo Consejo del REAA
en Francia. Unos años más tarde, en 1808 (¿?), el conde constituyó el Supremo Consejo
del Grado 33 para España y sus dependencias.

Las Logias fundadas por los franceses e integradas por gentilhombres y exponentes de
la alta burguesía española no desaparecieron tras la salida de las tropas napoleónicas en
1813. En los archivos reales hay constancia de su funcionamiento después de estas
fechas.

El REAA, que llegó a la Península de la mano del conde de Grasse-Tilly, alcanzará las
posesiones españolas de las Américas, convirtiéndose en el método iniciático más
expandido. 2

En enero de 1815, la Inquisición promulga un decreto que condena y prohíbe la


institución masónica. Unos años más tarde, en 1820, tras el pronunciamiento de Rafael
de Riego y la instauración del régimen constitucional, la Orden vuelve a trabajar
legalmente en la Península. Sin embargo, el regreso de Fernando VII va parejo con la
persecución de los masones y los elementos liberales.

La masonería seguirá prohibida oficialmente durante la regencia de María Cristina de


Borbón y Dos Sicilias y el reinado de Isabel II (1833 – 1868). Aun así, durante la
regencia, un masón – Martínez de la Rosa – preside el Gobierno. Formarán parte de su
Gabinete los también masones Garelly, Burgos, Zarco del Valle y Vázquez Figueroa.

De entre los miembros de la Francmasonería española en aquellos años, destacan los


generales Espoz y Mina, Porlier, Lacy, Milans, Álava, Van Halen, O'ojú, Torrijos,
O'ell, Santander, Zayas, Morillo, Moreda, Valdés y Martínez de San Martín. Los jefes y
oficiales Ramón Latas, Joaquín Vidal, Ignacio López Pintos, Eusebio Polo, Núñez de
Arenas, Patricio Domínguez, Facundo Infante, Antonio Quiroga, Felipe Azo, Juan
Sánchez, Ramón Álvarez, Francisco Merlo, Cipriano Lafuente, Tomás Murciano,
Laureano Félix, José Ortega, Joaquín Jacques, Juan Antonio Caballero, Ramón
Maestre, Francisco Vituri, Vicente Llorca, José Ramonet y Rafael del Riego, jefe de la
revolución de 1820 y Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del 33 y último
Grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. 3

Entre los civiles destacaron Vicente Cano Manuel, presidente de las Cortes y su
hermano Antonio Cano Manuel, ministro de Gracia y Justicia; Juan Álvarez Guerra,
varias veces diputado y senador y Ministro del Interior en 1835; Álvaro Flórez Estrada,
diputado que tomó parte activa en la revolución de 1820; el Marqués de Tolosa;
Antonio Romero Alpuente, que llegaría a ser diputado en 1880; Martín Batuecas,
luchador por las ideas republicanas; Alfonso María de Barrantes, luchador por la
libertad, muerto en las barricadas de París en 1848; Antonio Pérez de Tudela, que fuera
Gran Comendador de la Orden; Mateo Seoane, diputado que en 1823 votó a favor de la

2
Curiosamente, el Gran Oriente de Francia, que apoyó las corrientes independentistas de América Latina,
utiliza el mismo Rito.
3
Miguel Ángel de Foruria y Franco, pasado Gran Maestre de la GLE, en el libro Masonería (edición
digital)
destitución de Fernando VII; Juan Manuel Vadillo, varias veces diputado y senador; el
poeta José de Espronceda; Bartolomé José Gallardo, bibliotecario de las Cortes de
Cádiz; Francisco Martínez de la Rosa, Antonio Alcalá Galiano, Tomás Istúriz y Juan
Álvarez de Mendizábal; Juan Hurtado, José Alonso Partes, Manuel Figueroa, Pascual
Navarro, Antonio Oliveros, Antonio Larrazábal, José Zorraquin, Francisco Fernández
Golfin, Ramón Félix, Juan Antonio Yandiola, Sebastián Fernández Valera, José María
Montero, Mamerto Landáburu, Francisco Álvarez, Francisco Lonjedo, Gregorio
Iglesias, Domingo Badia (Alí Bey), Claudio Francisco Grande, Nicolás Paredes, Tomás
Francos, Domingo Ortega, Francisco Meseguer y Francisco Fidalgo.4

Los gobiernos del reinado de Isabel II, cuyos preceptores Quintana y Ventura de la
Vega eran masones, como lo fue su tutor, Argüelles, y el intendente de su casa, Martín
de los Heros, intensifican de nuevo la persecución. A pesar de contar con muchos
miembros en destacados puestos de la política, la Orden debe permanecer en la
clandestinidad durante esos años, pasando a depender muchas Logias de Grandes
Orientes extranjeros.

La vuelta al régimen constitucional facilitó la formación de nuevas Logias, a las que


pertenecieron masones como Joaquín María López, Salustiano Olazabal, Antonio
González, el Conde de las Navas, Fermín Caballero, Telesforo Trueba, José Llanos,
José Villanueva, Cayetano Cardero, Mariano José de Larra (Fígaro), el duque de Rivas,
Ventura de la Vega y los generales Evaristo San Miguel y López Baños.

Masón era el Conde de Toreno, sucesor del también masón Martínez de la Rosa, el cual
nombró ministros de su gobierno a los francmasones Álvarez Guerra y Álvarez
Mendizábal. Este último, famoso por la desamortización, llegó a presidir a su vez un
Gobierno en el que figuraron los masones Álava, Martín de los Heros, Gómez Becerra y
el conde de Almodóvar.

Las Cortes constituyentes convocadas por este último Gobierno fueron presididas por
el masón Gómez Becerra. Obtuvieron escaño los masones Argüelles, Alonso Cordero,
Álvarez Gómez, Acuña, Alcalá Zamora, Ayguals de Izco, Aspiroz, Ballesteros, Beltrán
de Lis, de los Cuetos, Cantero, Caballero, Cano Manuel, Espartero, Espoz y Mina,
Ferros Montaos, Fernández del Pino, Fernández de los Ríos, Feliú y Miralles,
Fernández Baeza, Ferrer, Flores Estrada, González Antonio, Gracia Blanco, Garrido,
Martín de los Heros, Huelves, Infante, Llanos, Madoz, Matheu, Millan Alonso,
Olózaga, Olleros, Padilla, Roda, Seoane, Salvato, San Miguel, Sancho, Vadillo y
Vicens.

Con el triunfo de la Revolución de 1868 cesan las persecuciones y la Masonería puede


desarrollarse con normalidad.

Preludio del destronamiento de Isabel II fue la sublevación en Cádiz de los generales


masones Pierrad, Moriones y Contreras, bajo la dirección de los así mismo masones
Malcampo, Sagasta, Dulce, Prim, Ruiz Zorrilla y Méndez Núñez, movimiento en el que

4
Muchos de ellos llegaros a ser diputados o senadores, pero todos destacaron como liberales y
constitucionalistas, señala Miguel Ángel de Foruria y Franco.
colaboró la práctica totalidad de la flota, entre cuya oficialidad había gran número de
masones.

En 1869 había conseguido sobrevivir a las persecuciones un Gran Oriente Nacional de


España, heredero de aquel primitivo Gran Oriente inicial, con un Supremo Consejo del
que había sido Soberano Gran Comendador el infante Francisco de Paula. Se formó
también el Grande Oriente de España, de carácter más liberal que el anterior del que era
Gran Maestro Ruiz Zorrilla, el cual, al mismo tiempo era presidente del Gobierno. Fue
sucedido en la Gran Maestría por Práxedes Mateo Sagasta (1876-1881), estando
formado en aquella época el Grande Oriente de España por 370 logias, número que se
incrementó durante las Grandes Maestrías de Romero Ortiz y Manuel Becerra.

Masones destacados del período entre 1868 y la Restauración fueron:

Presidentes del Consejo de ministros: Prim, Malcampo, Ruiz Zorrilla y Sagasta.

Ministros: Romero Ortiz, Segismundo Moret, Cristino Martos, presidente del Congreso;
Eleuterio Maisonnave, Gran Comendador; Eduardo Chao, José Cristóbal Sorní, Jacobo
Oreiro, Gran Comendador; Francisco Salmerón, Víctor Baránger, Joaquín Bassols,
Eugenio Gamindez, José Pieltain, José Beránger, almirante; José Muro, Ramón
Nouvilas y José Echegaray.

Diputados y senadores: José Abascal, alcalde de Madrid; José María Orense marques
de Albaida, presidente de las Cortes Constituyentes de 1873; Agustín Albors, Pablo
Alsina, Mariano Álvarez Acevedo; José Toribio de Ametller, general; Gabriel
Baldrich, general; Roque Barcia, escritor; Ramón Cala, periodista; Luis Blanc, escritor;
Manuel Becerra, Gran Comendador; Manuel Cantero, exministro; Manuel Carrasco;
José María Carrascón, periodista; Juan Contreras, general; Rafael Coronel y Ortiz,
director de administración; Salvador Damato, militar; Francisco Díaz Quintero, abogado
y periodista; Domingo Dulce, general; duque de la Victoria, general; José Fantoni y
Solís, abogado; Ruperto Fernández de las Cuevas, ingeniero; Ángel Fernández de los
Ríos, escritor; Miguel Ferrer y Garcés, catedrático; Santiago Franco Alonso, abogado;
Francisco García López, abogado; Gregorio García Ruiz, periodista; Rafael Guillén y
Martínez; Bernardo García, periodista; Francisco González User, industrial; Simón Gris
Benítez, abogado; Pedro Gutiérrez Agüera; Juan Manuel González Acevedo; Santos de
la Hoz y Sánchez; Adolfo Joarizti Lasarte; José Lagunero, general; Manuel Llano y
Persi, secretario del Congreso; Baldomero Lostau; Romualdo la Fuente; Ricardo López
Vázquez, secretario de la Presidencia del Consejo; Lorenzo Milans del Boch, general;
Domingo Moriones, general; Pascual Madoz, ex ministro; Manuel Merelo, catedrático;
Luis de Moliní, Marques de Montemar; Juan Moreno Telinge; Vicente Morales Díaz,
abogado; Juan Moreno Benítez, gobernador de Madrid; Ricardo Muñiz, director de la
Casa de la Moneda; Pedro Muñoz Sepúlveda, actor; Pedro Mateo Sagasta, director de
Administración; duque de Montpensier; Cesáreo Martín Somolinos, farmacéutico; Juan
Martínez Villergas, poeta satírico; Narciso Monturiol; José Navarrete, comandante de
Artillería y Salustiano Olózaga, ex ministro; los generales Pierrad, Palacios, Peralta y
Rosell; Manuel Ortiz de Pinedo, abogado; Eusebio Pascual Casas, periodista; José
Paúl y Anulo; Víctor Pruneda, escritor; Zoilo Pérez, médico; Florencio Páyela,
abogado; Antonio Pedregui Guerrero; Antonio Ramos Calderón, director de la Deuda;
Ignacio Rojo Arias, Gran Comendador y gobernador de Madrid; Federico Rubio y Galí,
cirujano; Facundo Ríos Portillo, gobernador y secretario de las Cortes; Francisco Rispa
y Perpiñá, Gran Comendador; Roberto Robert, ministro plenipotenciario; Roldán del
Palacio, abogado; Manuel Regidor Jurado, periodista; Marqués de Santa Marta, Gran
Maestre; Gonzalo Serraclara, abogado; Juan Pablo Soler, escritor; Prudencio Sañudo,
abogado; Salvador Salaute, abogado; Salvador Sampere y Miguel, académico e
historiador; Miguel Uzuriaga; Clemente Fernández Elías, catedrático; Rosendo Arús;
Amable Escalante, general; Ricardo Díaz Rueda, magistrado del Supremo; Nicolás
Calvo Guasti; Felipe Picatoste, publicista; Francisco José Barnés, catedrático; Antonio
Pirala, historiador; Mariano García, ministro plenipotenciario; Ramón Escandón,
astrónomo; Juan Téllez Vicen, catedrático; Bernardo Orcasitas, alcalde de Madrid;
Vicente Moreno de la Tejera y Francisco Javier Parody.5

El rápido crecimiento del número de las logias, junto con el carácter dispersivo tan
típicamente español y el ingreso de personas que tan sólo buscaban el relieve social
produce, con la llegada de la restauración, una proliferación de Obediencias. En 1888,
contamos con la existencia de las siguientes:

 Gran Oriente Nacional de España - Gran Maestre: José María Pantoja.


 Gran Oriente de España, legalidad electiva, Soberano Gran Comendador: Pío
Vinader.
 Gran Oriente de España, legalidad posesiva escocesa, Soberano Gran
Comendador: Juan Antonio Pérez.
 Gran Logia Simbólica - Gran Maestre: José López Padilla.
 Confederación Masónica Ibero-Americana - Gran Maestre: Jaime Martí.
 Soberano Gran Consejo del Rito de Memphis Mizraim- Gran Maestre: Ricardo
López Salaverry.

Apenas un año más tarde, Miguel de Morayta consigue que se clarifique la situación
mediante la desaparición de algunas y la suma de las dos Obediencias más importantes.
El 21 de mayo de 1889, de la fusión del Gran Oriente de España y el Gran Oriente
Nacional de España surge el Grande Oriente Español. Su primer Gran Maestro y
Soberano Gran Comendador fue el propio Miguel Morayta.

Grandes Maestres y Soberanos Grandes Comendadores


del Grande Oriente Español

M.·. Il.·. H.·. Miguel Morayta y Sagrario 1889 - 1901


M.·. Il.·. H.·. Emilio Menéndez Pallares 1901 - 1904
M.·. Il.·. H.·. José Marenco Gualter 1904 - 1906
M.·. Il.·. H.·. Miguel Morayta Sagrario 1906 - 1917
M.·. Il.·. H.·. Antonio López de Villar G.·. M.·. Interino
M.·. Il.·. H.·. José Lescura Borras G.·. M.·. Interino
M.·. Il.·. H.·. Luís Simarro Lacabra 1917 - 1921
M.·. Il.·. H.·. Augusto Barcia Trelles 1921 - 1922
M.·. Il.·. H.·. Enrique Gras Morillo 1922 - 1923
M.·. Il.·. H.·. José Lescura Borras 1923 - 1924
M.·. Il.·. H.·. José Mª Rodríguez y Rodríguez 1924 - 1925
M.·. Il.·. H.·. Demófilo de Buen Lozano 1926 - 1929

5
Miguel Ángel de Foruria y Franco en Masonería (edición digital)
M.·. Il.·. H.·. Diego Martínez Barrio 1929 - 1930
M.·. Il.·. H.·. Diego Martínez Barrio 1930 - 1934
M.·. Il.·. H.·. Fermín de Zayas Molina G.·. M.·. Interino
M.·. Il.·. H.·. Ángel Rizo Bayona 1935 - 1938
M.·. Il.·. H.·. Lucio Martínez Gil 1938 - 1946
M.·. Il.·. H.·. Antonio Montaner 1946 - 1954
M.·. Il.·. H.·. Mateo Hernández Barroso 1954 - 1962
M.·. Il.·. H.·. Juan Crediaga Villa 1962 - 1970
M.·. Il.·. H.·. Jaime Fernández-Gil de Terradillos 1970 - 1982
M.·. Il.·. H.·. Antonio del Villar Massó 1982 - 1988
Francisco José Alonso Rodríguez (detentando) 1988 - 1993
M.·. Il.·. H.·. Miguel Ángel de Foruria y Franco 1994 - 1996
M.·. Il.·. H.·. Miguel Ángel de Foruria y Franco 1996 - 1999
M.·. Il.·. H.·. Miguel Ángel de Foruria y Franco 1999 - 2001
M.·. R.·. H.·. Tomás Sarobe Piñeiro 2001 - 2004
M.·. R.·. H.·. Josep Corominas y Busqueta 2004 - 2006
M.·. R.·. H.·. José Carretero Doménech 2006 - 2010
M.·. R.·. H.·. Óscar de Alfonso Ortega 2010 -

Durante el primer tercio del siglo XX, la Masonería trabaja en el interior de las logias,
sin grandes actividades públicas, como a las que se vio obligada durante el turbulento
siglo XIX, a ello también contribuyó la pérdida, por la intervención norteamericana, de
Cuba, Puerto Rico y Filipinas, posesiones de ultramar que habían representado siempre
importantes focos de actividad masónica.

En 1903 se realiza una primera reforma de la Constitución del Grande Oriente Español,
lo que le supondrá su legalización oficial, la primera que se produce en la historia de la
Masonería española. Básicamente las reformas consisten en la estructuración de la
Obediencia con una base federal, acorde con la historia de los distintos reinos que
componen España. Con ello se trataba de poner fin a la proliferación de organizaciones
masónicas de ámbito regional.

En 1921, la Gran Logia Simbólica Catalana-Balear, que había sido constituida en 1886,
abandona su fuerte politización catalanista y adopta una estructura nacional, pasando a
denominarse Gran Logia Española.

Entre los masones que componían el Grande Oriente Español durante las tres primeras
décadas de siglo XX se encontraban los políticos Daniel Anguiano, Vicente Marco
Miranda, Eduardo Barriobero, Álvaro de Albornoz, Marcelino Domingo, Eduardo
Ortega y Gasset y el general López Ochoa, los catedráticos Fernando de los Ríos,
Gabriel Bonilla, Enrique Martí Jara, Luis Jiménez Asua, Demófilo de Buen y José
Giral; los profesores de Institutos, Escuelas Normales y de Comercio, Antonio Turón de
Lara, Amós Sabrás, Cesáreo Martínez, Rodolfo Llopis, Ramón y Enrique González
Sicilia, Pedro Armasa Briales, Ulderico del Olmo, Francisco Duque y José Mejías y los
periodistas Juan Saradell, Antonio de Lezama, Luis Bello Trompeta, Augusto Barcia,
Alfonso Hernández Catá, Antonio Fernández Velasco, Benito Artigas Arpón, Augusto
Vivero, Mariano Benlliure y Tuero, Enrique Paúl Almarza, Salvador Quemades y
Rafael Salazar Alonso.
La República fue acogida con alborozo por la Masonería española. En 1931, el Grande
Oriente Español contaba con 167 Logias; el número de miembros apenas era superior a
los 5.000, de los que 17 eran ministros, 5 subsecretarios, 15 directores generales, 183
diputados a Cortes (de un total de 470), 5 embajadores, 9 generales de división y 12
generales de brigada. De entre ellos se pueden destacar, hasta el año 1934 a: Manuel
Azaña Díaz, ministro de la Guerra, presidente del Consejo de Ministros y más tarde
presidente de la República; Alejandro Lerroux y Gracia, ministro de Estado y
presidente del Consejo de Ministros; Diego Martínez Barrio, Gran Maestre, ministro de
Comunicaciones, Guerra y Gobernación y presidente del Consejo de ministros;
Fernando de los Ríos Urruti, ministro de Justicia, Instrucción Pública y Estado;
Marcelino Domingo San Juan, ministro de Instrucción Pública y Agricultura; José Giral,
ministro de Marina; Álvaro de Albornoz Liminiana, ministro de Fomento y de Justicia y
presidente del Tribunal de Garantías Constitucionales; Emilio Palomo, gobernador de
Madrid, subsecretario y ministro de Comunicaciones; Juan Botella Asensi, ministro de
Justicia; Rafael Guerra del Rio, ministro de Obras Públicas; Juan José Richa García,
embajador en Portugal, presidente del Consejo de Estado, ministro de la Guerra y de
Marina; Gerardo Abad Conde, subsecretario de Comunicaciones, presidente del
Consejo de Estado, y vocal del Tribunal de Garantías; Rodolfo Llopis, director general
de Primera Enseñanza; Mateo Hernández Barroso, director general de Telégrafos; José
Salmerón, director general de Obras Públicas y de Montes; Antonio Pérez Torreblanca,
director general de Agricultura; Ramón Franco Bahamonde, director general de
Aeronáutica; Augusto Barcia, Soberano Gran Comendador, delegado del Gobierno en
el Consejo Superior Bancario; Benito Artigas Arpón, delegado del Gobierno en los
Canales del Lozoya y director general de Comercio y Política Arancelaria; José
Domínguez Barbero, ministro del Tribunal de Cuentas; Salvador Albert Pey, embajador
en Bélgica; Francisco Maciá, presidente de la Generalidad de Cataluña; Rafael Salazar
Alonso, presidente de la Diputación provincial de Madrid y ministro de la Gobernación;
Eduardo Ortega Gasset, gobernador civil de Madrid; Pedro Rico López, alcalde de
Madrid; Carlos Esplá Rizo, subsecretario de Gobernación; Eduardo López Ochoa,
capitán general de Cataluña, inspector general de la Tercera Inspección de Ejército y
vocal representante del ministerio de la Guerra en el tribunal revisor de los fallos por
Tribunales de Honor; Jaime Ayguadé, alcalde de Barcelona; Casimiro Giralt, consejero
de la Generalidad de Cataluña; Dionisio Correas, consejero de Cultura; Ramón
González Sicilia, director general de Primera Enseñanza y subsecretario de Instrucción
Pública; Demófilo de Buen, consejero de Estado, presidente de la Sala Quinta del
Tribunal Supremo; Luis Jiménez Asúa, vicepresidente primero del Consejo Superior de
Protección de Menores; Antonio Jaén, ministro de España en Perú; Manuel Torres
Campaña, subsecretario de Gobernación y de la Presidencia del Consejo; José Moreno
Galvache, subsecretario de Agricultura, de Industria y Comercio y de Instrucción
Pública; Nicolás Sánchez Belastégui, delegado del Gobierno en los servicios hidráulicos
del Guadalquivir; Ramón Carreras Pons, comisario general de Cataluña; Fernando
Valera Aparicio, director general de Agricultura y subsecretario de Justicia; Pedro
Vargas Guerendiain, subsecretario de Comunicaciones; Siio Pintado, consejero de
Cultura; Gabriel González Taltabull, vocal del Tribunal de Garantías; Ramón Pérez de
Ayala, embajador en Inglaterra; Rafael Blasco García, vocal suplente del Tribunal de
Garantías; Pedro Armasa Briales, subsecretario de Instrucción Pública; Luis Doporto
Marchori, director general del Instituto Geográfico, gobernador civil de Valencia y
consejero de Cultura; Eloy Vaquero Cantillo, director general de Previsión y Acción
Social; Ángel Rizo Bayona, delegado del Estado en el Consorcio Nacional
Almadrabero; José Juncal, embajador en Portugal; Antonio Tuñón de Lara, director
general de Beneficencia; Álvaro Pascual Leone, director General de Administración
Local; Antonio Montaner Castaño, gobernador civil de Sevilla y director general de
Ferrocarriles; Ángel Galarza Gago, fiscal de la República, director general de Seguridad
y Subsecretario de Comunicaciones.

La práctica totalidad de los arriba nombrados fueron, además de los cargos indicados,
diputados de las Cortes de la República, como lo fueron los también masones:
Melquiades Álvarez González, Eugenio Arauz Pallardo, Sebastián Banzo Urrea,
Francisco Azirín Izquierdo, Miguel Bargalló Ardevol, Eduardo Barriobero Herrán,
Luis Bello Trompeta, Cayetano Bolívar Escribano, Miguel de Cámara Cendoya,
Hermenegildo Casas Jiménez, Adolfo Chacón de la Mata, Andrés Domingo Martínez,
Eladio Fernández Egochaga, Joaquín García Hidalgo Villanueva, Pedro Vicente Gómez
Sánchez, Miguel Granados Ruiz, Emilio González López, Julio Just Jiménez, Eduardo
Layret Foa, Julio María López Orozco, Vicente Marco Miranda, Lucio Martínez Gil,
José Martín Gómez, Mariano Merediz Díaz-Parreño, Manuel Moreno Mendoza, Manuel
Morón Díaz, Manuel Muñoz Martínez, César Oarrichena Jenaro, Manuel Olmedo
Serrano, Alonso Pérez Díaz, Joaquín Pérez Madrigal, Domingo Pérez Trujillo,
Manuel Portela Valladares, César Puig Martínez, Romualdo Rodríguez Vera, Amós
Sabras Gurrea, Juan Antonio Santander Carrasco, Francisco Saval Moris, Jaime Simó
Bofarrull, Narciso Vázquez Lemus y Rodolfo Viñas Arco. 6

Los acontecimientos empiezan a precipitarse a partir de las elecciones de 1934 y el


triunfo electoral de las derechas, mal acogido por un país democráticamente inmaduro,
dejan preparado el camino a la sangrienta guerra civil que apenas dos años más tarde
asolaría a España.

Los masones, muchos masones supervivientes de aquella contienda, 7 cogieron el


camino del exilio. Francia fue la primera etapa de su peregrinación. Pero al finalizar la
Segunda Guerra Mundial, las Obediencias – el Grande Oriente Español y la Gran Logia
de España – se trasladaron a Méjico. La travesía del desierto duró algo más de tres
décadas.

Hoy en día, trabajan en España varias obediencias que practican el REAA. Sigue siendo
el método más expandido en nuestro país, pese a la introducción en fecha reciente de
otros ritos: Francés, Emulación, Menfis Mizraim, Mizraim Menfis o York.

6
Todos los nombres de las personas que han sido incluidos en esta relación como miembros de la
Masonería española proceden de los Boletines Oficiales del Grande Oriente Español y del Supremo
Consejo del Grado 33 y último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España y sus Dependencias.
Fuente: M. A. Foruria y Franco.

7
Se calcula que alrededor de mil masones españoles llegaron a Francia al final de la guerra civil.