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¿Para qué mueres?

Robert Lanza, MD, científico, teórico y autor de  "Biocentrismo": cómo la vida y la


conciencia son las claves para entender la verdadera naturaleza del universo  cree que hay
muchas razones por las que no moriremos. Para él, la muerte no es el final, como muchos
de nosotros pensamos. Creemos que moriremos, porque eso es lo que nos han enseñado,
dice Robert Lanza en su libro.
Hay muchos experimentos científicos que cuestionan seriamente el término muerte, tal
como lo conocemos. La muerte podría no ser real en absoluto ¿QUÉ SABEMOS DE LA
RELIDAD y la CONSCIENCIA? Todo está hecho de conciencia. Y constantemente estamos
dando a luz a la creación de la experiencia que estamos teniendo y esa es la realidad.
¿Somos solo entidades de procesamiento de información que vivimos en el lado de la
información del universo?  ¿Acaso evolucionamos a la existencia para ayudar a aumentar
solo las posibilidades de supervivencia de nosotros mismos ... y de nuestra especie?
La mecánica cuántica ha podido hasta ahora explicar tan solo una pequeña parte de cómo
se comporta nuestra realidad, pero la mayor parte sigue siendo indescifrable para nuestra
mente, sencillamente porque es la mente misma la que se estudia y trata de explicase así
misma, mediante actos de observación; es la conciencia que se activa cuando colapsan los
puntos de atención, que son reflejos de la energía creadora que habita en nuestra mente y
por ende en nuestro cerebro.
El filósofo francés del siglo XVII René Descartes propuso la noción de "cogito ergo sum"
(" Pienso, luego existo "), la idea de que el simple hecho de pensar sobre la propia
existencia demuestra que hay alguien allí para pensar. Descartes también creía que la
mente estaba separada del cuerpo material, un concepto conocido como dualidad mente-
cuerpo, y que estos reinos interactúan en la glándula pineal del cerebro . Los científicos
ahora rechazan la última idea, pero algunos pensadores todavía respaldan la idea de que
la mente de alguna manera se ha sustraído del mundo físico.

“La materia puede existir claramente sin la mente, pero ¿dónde vemos que la mente
existe sin materia? Al morir la mente se desvanece mientras su materia persiste. Por lo
que sabemos, la información está encarnada en cosas como el cerebro, la poesía, la
música y las imágenes”, dice John Horgan, quien dirige el Centro de Escritura Científica en
el Stevens Institute of Technology.
Max Planck, físico teórico que originó la teoría cuántica, que le valió el Premio Nobel de
Física en 1918 por otra parte dice textualmente: "Considero que la conciencia es
fundamental. Considero la materia como derivada de la conciencia. No podemos estar
detrás de la conciencia. Todo lo que hablamos, todo lo que consideramos existente,
postula la conciencia. "-

La conciencia es un término estrictamente indefinible, en sus palabras. Pero si hay algo


que no admite discusión para el Dr. Willem (Pim) Van Lommel, famoso cardiólogo, la
conciencia es subjetiva y no verificable de un modo científico. El origen de la conciencia
siempre será un misterio incognoscible ya que no es visible ni tangible, perceptible,
mensurable o verificable. Sin embargo, la conciencia, señala Van Lommel, es lo que
emplea todo ser vivo para dar forma y sentido a la vida. Sin conciencia no hay vida. En
palabras de Van Lommel: nuestra conciencia estaría intrínsecamente vinculada al espacio
no local o espacio vacío, el cual sería la fuente tanto del mundo físico como de la
conciencia. Por otra parte, la conciencia no local sería el origen tanto de la conciencia en
vigilia como de otros aspectos de la conciencia. Tan infinita es la conciencia como lo es
parte de ella. 
La conciencia es omnímoda; la realidad tal y como la experimentamos sólo existe en
nuestra conciencia. No podemos percibir nada si no es a través de nuestra conciencia. El
mundo que nos rodea lo percibimos mediante nuestros sentidos como creación activa de
nuestra conciencia, de tal modo que todo lo existente que observamos sólo es posible a
través de aquella. Fuera de la conciencia sólo hay realidades incognoscibles.
Una buena analogía de la conciencia se basa en el trabajo del Dr. Giulio Tononi. Imagine la
diferencia entre la imagen de una manzana en su cerebro y una cámara digital. La imagen
en bruto es la misma ya sea en una pantalla de cámara o en tu cabeza. La cámara trata
cada píxel de forma independiente y no reconoce un objeto. Su cerebro, sin embargo,
combinará partes de la imagen para identificar un objeto, qué es una manzana y qué es un
alimento. Aquí, la cámara se puede ver como lo "inconsciente" y el cerebro como
"consciente".
Tononi cree que la inconsciencia se produce cuando el sistema se fragmenta y la
conectividad en el cerebro disminuye. Esto es exactamente lo que parece suceder cuando
estamos en un sueño profundo (cuando no soñamos) o bajo anestesia
general. Normalmente, cuando está despierto y alerta, se puede encontrar actividad
rápida en todo el cerebro y se pueden pasar señales entre áreas. Sin embargo, cuando
entramos en un sueño profundo, el cerebro pasa a un estado en el que las señales no
pueden pasar fácilmente entre diferentes áreas. Tononi cree que las células cierran
temporalmente sus conexiones entre sí para descansar y recuperarse, perdiendo así la
interconectividad y los procesos de pensamiento asociados más elevados.
Lo que Tononi ha hecho es presentar los comienzos de una teoría científica tangible,
respaldada por evidencia que sugiere que la interconectividad es crucial para un mayor
poder cerebral. La pregunta de por qué podemos formar pensamientos conscientes es
más filosófica, pero la visión científica parece ser que es una propiedad fundamental de
nuestro cerebro. La evolución del hombre ha llevado a nuestros cerebros a ser altamente
eficientes en el procesamiento de información compleja, dándonos un amplio repertorio
de pensamientos posibles. Este repertorio se ha expandido a tal punto que ahora
podemos debatir sobre nuestra propia existencia y propósito.
Pero, aunque los enfoques filosóficos pueden ser útiles, no constituyen teorías verificables
de la conciencia, dicen algunos científicos. "Lo único que sabes es 'estoy
consciente'. Cualquier teoría tiene que comenzar con eso", dijo Christof Koch,
neurocientífico y director científico del Allen Instituto para la Neurociencia en Seattle.
Explicar cómo la conciencia emerge de la materia es el problema más difícil de la
ciencia. Puede ser insoluble. Al afirmar que la conciencia ha estado al acecho dentro de
toda materia desde el principio de los tiempos no es una solución, es en cierto modo una
rendición.

La ciencia es materialista por definición. La ciencia revela los principios físicos que


sustentan la floreciente confusión del mundo. El materialismo no puede dar cuenta de
todo, pero eso no significa que esté mal . Cuando la ciencia abandona el materialismo, ya
no es ciencia.
Puedes aquí pensar que la conciencia humana es demasiado fantástica como la mecánica
cuántica para que podamos comprenderla completamente de un solo golpe. Sin embargo,
esta visión puede basarse tanto en suposiciones comunes, o en hechos científicos, pero
resultan incorrectas cuando nos apoyamos sobre nuestras propias introspecciones.
Esta situación ha obligado a que numerosos físicos y filósofos propongan fenómenos
basados en cálculos cuánticos, pero infructuosamente el mero hecho de observar sus
experimentos afecta o cambian los resultados. Existen algunos ejemplos de estos donde
se demuestra la inevitable influencia provocada por el observador, que muestra cómo la
mecánica cuántica se ocupa de la intervención del pensamiento consciente en la realidad
material. La física cuántica sigue planteando abrumadores retos teóricos a la visión
convencional de que los fenómenos naturales, necesariamente deben de existir
independientemente de nuestras observaciones. Por ejemplo, a diferencia de los objetos
que encontramos en la vida cotidiana, dos o más partículas cuánticas (unidades
elementales de la materia que poseen propiedades de ondas) se pueden conectar de
forma tal, que sin importar la distancia que las separe, presentan las mismas
características al ser observadas, es decir, se encuentran entrelazadas como si fueran una
sola unidad.
Sin un alma o este campo de información que conecta nuestra conciencia con el cuerpo
no existirías. Una de las razones por las que Robert Lanza piensa que no morirás, es
porque no eres solo un objeto. Eres un ser especial. Según el biocentrismo, nada podría
existir sin la conciencia. Recuerda que no puedes ver a través del hueso que rodea tu
cerebro.
Paul Levy plantea algo sobre lo que nosotros seguramente haríamos también en este
sentido: ¿estamos descubriendo la realidad o creándola? Y si lo estamos, al menos en
parte, ¿a partir de qué la estamos creando? De acuerdo con nuestra experiencia subjetiva,
el mundo ciertamente parece lo suficientemente real, al parecer contradice lo que la física
cuántica nos está diciendo sobre la falta de realidad inherente y objetiva del mundo. En la
abrumadora mayoría de los casos, el mundo se comporta "como si" tuviera una realidad
independiente, lo que fomenta nuestra creencia visceral en la realidad objetiva. Sin
embargo, la objetividad misma es un fenómeno de la mente humana reciente.

Los filósofos fenomenalistas creen que los objetos solo existen como un fenómeno de
conciencia. Por lo tanto, su computadora portátil solo está aquí mientras usted se da
cuenta y cree en su existencia, pero cuando se aleja de ella, deja de existir hasta que usted
u otra persona interactúa con ella. No hay existencia sin percepción. Esta es la raíz del
fenomenalismo.
En este punto cabe preguntarnos si ¿La realidad existe sin nosotros? ¿Cómo partículas o
como ondas? Los físicos han encontrado muy difícil describir al observador fuera de la
teoría cuántica. Ahora algunos están contemplando una alternativa alucinante, que
describe algo coherente acerca de la realidad, con todas sus peculiaridades cuánticas, y
que surge únicamente de experiencias subjetivas aleatorias.

Parece "un poco descabellada”, dice el autor de esta nueva teoría audaz, porque nos
obliga a abandonar cualquier noción sobre las leyes físicas fundamentales. Pero si la
colocamos en su perspectiva, no solo resolvería algunos enigmas profundos sobre la
mecánica cuántica, sino que la convertiría en una de nuestras convicciones más profundas
sobre la realidad misma.

Está bien establecido que el cuerpo puede absorber información de la estimulación


sensorial, y solo basta con ver el éxito y la eficacia de la hipnoterapia. Este sistema
permite hacer extensivo este principio para estimular nuestro potencial de curación a
través de la palabra, los números, las ecuaciones fractales, el sonido, el color y los
símbolos; esto es mediante vibraciones.
Cuando se trata de pronosticar cómo se comportará el mundo,  la teoría cuántica  es
insuperable: todas sus predicciones, sin importar cuán contradictorias sean, se confirman
experimentalmente. Los electrones, por ejemplo, a veces pueden mostrar un
comportamiento característico de las ondas, aunque en otras circunstancias parecen
comportarse como partículas a nuestra observación.
Partiendo de la afirmación de Heisemberg “Los átomos no son cosas, son tendencias”,
entonces las partículas que se interconectan con un universo alternativo contemplan la
posibilidad de cambiar la dirección del Tiempo de pasado a futuro, o de futuro a pasado,
con la propiedad de la superposición de un objeto para estar simultáneamente en varios
lugares y tiempos a la vez.
El tiempo es algo que percibimos como una realidad. Por supuesto, generalmente lo
dividimos en pasado, presente y futuro. Se argumenta que el pasado y el futuro son
conceptos imaginarios, mientras que solo el presente es real.
En otras palabras, el desayuno de hoy y cada palabra de este libro dejará de existir
después de que termine de leerlo hasta que lo abra nuevamente para leerlo. El futuro es
tan imaginario porque el tiempo no puede existir antes y después de que sucedió, como
afirma San Agustín.
Muchas veces, nos da la sensación de haber experimentado alguna situación, o estar en
un lugar, haber vivido en otra época, siendo otra nuestra realidad. Nos cuestionamos
internamente sobre ¿Existe la Reencarnación?, ¿Existen Universos Paralelos?, ¿Puedo
viajar en el tiempo mientras estoy durmiendo o inconsciente?, ¿El pasado y el Futuro
están al alcance de mis pensamientos?, ¿Por qué nuestros sueños son tan reales, que
parece que formaran parte de nuestra realidad presente? Estas y otras preguntas se
pueden responder mediante la Física de las Posibilidades, que no es otra que la física
cuántica.
En un lenguaje más claro, una cosa objetiva es algo que no deja de existir si dejas de
pensar en ello. La existencia (en el contexto de la realidad objetiva) es una precondición
implícita de nuestras nociones de percepción y conciencia. 
El miedo tampoco existía. El miedo comenzó a existir, esencialmente el miedo a la muerte
tal como existe hoy en día, en el momento en que comenzamos a temer perder lo que,
desde nuestro punto de vista, creíamos ser nosotros mismos pero que no era
real. Entonces inevitablemente perderías ese punto de vista porque no es lo que
eres. Pero en el momento en que creas que eso es todo lo que eres, entonces
obviamente, en el momento en que el punto de vista ya no existe, tú también ya no
existes. Así es como creamos nuestro propio fin, que nos atrapa ahora y nos aumenta el
estrés por vivir con abundante adrenalina.
Así que nos hemos convertido simplemente en proyecciones mentales, contenidas en lo
físico, que absorben lo físico en seco hasta que muere, y luego la proyección mental que
queda es lo que terminas acumulando con la duda que persista en el más allá. En eso,
básicamente eres absolutamente impotente. Entonces, a menos que renuncies
deliberadamente a reconocer la realidad del más allá, renuncies al sentido de tu existencia
-en el entendimiento de que te has convertido virtualmente en una energía ilusoria- lo
dejas ir. Eso significa que le devuelves a la fuente lo que te ha permitido ser, que es lo
físico. 
Nuestro problema son nuestras ideas perceptuales de la energía que fluye de la fricción
que existe entre nosotros como personalidades separadas. Dentro de eso creamos una
idea de lo que es la vida y la administramos a través de sistemas llamados leyes y
moralidad y creencia. Dentro de eso, creamos un mundo digital, que existe en lo mental,
mientras ignoramos lo que es real en lo físico. Y, por lo tanto, no tenemos ningún valor
que otorguemos a lo físico, pero aun así tememos perder nuestro ser mental. Esa
mentalidad ha creado el mundo tal como es hoy. Ese es nuestro problema Ese es el punto
que debe detenerse. No es físico.
 Ahora imagina, la salida consecuente de ti cuando mueres como ser mental es que ya no
existes, desde el punto de vista de la realidad física, y te conviertes en nada más que un
pensamiento, la salida de lo que te has convertido. Y luego te vuelves un pensamiento de
un pensamiento. Y un pensamiento de un pensamiento de un pensamiento. Es por eso
por lo que tus pensamientos tienen el poder dentro de sí mismos -en el interior de la
mente- para cuestionarlos. Entonces, si tienes un monólogo de pensamientos consigo
mismo, donde tus pensamientos tienen la capacidad de reducirte a una experiencia física
de miedo o ansiedad o de sentirte menos que, entonces usted le resta poder sus
pensamientos y a su creación y a tu desconfianza de tu inmortalidad.
Los científicos todavía están desconcertados por la conciencia y las preguntas sobre por
qué la tenemos y cómo hacemos surgir esto constantemente y muchos siguen sin
encontrar una respuesta.
Una teoría es que la conciencia se crea en una escala cuántica, subatómica a través de la
energía que está constantemente contenida en el universo. La teoría se basa en la famosa
frase de Einstein, cuando dijo: "La energía no se puede crear ni destruir, solo se puede
cambiar de una forma a otra". El Dr. David Hamilton dijo que toda conciencia está y
siempre ha estado en el universo a través de partículas cuánticas, y cuando naces, se
canaliza hacia un ser físico. Al escribir para el sitio web (Sane su Vida) Heal Your Life, el Dr.
Hamilton dijo: "Creo que cada uno de nosotros existe antes de nacer en la tierra".
Igualmente afirma que: "Cada uno de nosotros es conciencia pura, actualmente enfocada
en una dimensión física. 
La conciencia es libertad. El para sí se arranca del ser para transformarse en proyecto,
rompe con todas las determinaciones que harían de él un objeto entre objetos, un ser en-
sí que reduce el mundo y el ser en intencionales para la conciencia.
El surgir del para sí es libre porque supera la determinación procedente del mundo, ya que
toda significación del mundo debe tener su fundamento en la conciencia, conciencia del
mundo, conciencia de situación.
Los factores sociales resultan de capital importancia en la conformación del sentido de la
vida; ellos pueden acelerar o retardar el perfeccionamiento de un individuo, en primer
lugar al acelerar o retardar el proceso de formación del sentido de la vida,  y  en   segundo 
lugar  acelerando o retardando el proceso de realización de este.  
En condiciones sociales muy adversas que imponen a los individuos un régimen de
supervivencia, estos no se proyectan al futuro, sino que viven solamente el presente
inmediato.  
El sentido de la vida y de la muerte está condicionado socialmente, ya que es en el medio
social donde el hombre va a encontrar los elementos necesarios para satisfacerlo. Es
también muy importante en este análisis la posición que ocupe el ser humano en el
sistema social. No tenían las mismas posibilidades de proyección existencial un príncipe
que un mendigo, no son las mismas para el hijo de un gran capitalista que para el hijo de
un obrero. 
La proyección existencial tiene un carácter histórico. No se concibe la existencia de
sentido de la vida en un individuo, al margen de las relaciones sociales y de la historia,
tanto personal como social. Resulta inconcebible pensar que alguien en el siglo I de
nuestra era fuera a proyectar sus anhelos y esfuerzos hacia Internet o que alguien en el
siglo XXI vaya a orientarse a la invención de la bombilla incandescente.
¿Todas las personas tienen un sentido de la vida y uno de la muerte?
El interrogante resulta realmente polémico y ante el cual surgen dos bandos: los que
opinan que todo ser humano con adecuado funcionamiento de sus facultades mentales
tiene un sentido de la vida y de la muerte, y los que opinan que no todos llegan a tenerlo. 
El hombre es un ser que tiene un concepto innato hacia lo conveniente, más no para lo
valioso, por medio de su conciencia. Pero el ser conscientes es el acto de elegir le concede
la libertad, por lo que a la conciencia hay que actualizarla para poder hacer uso de ella. No
solo basta con ser libres facultativamente, sino mediante la acción. Así el ser humano
accede a su derecho y deber fundamental: elegir cómo vivir lo que ha de vivir, responsable
de si ante su vida, despierto, vivo. Esto es necesario para que exista un sentido pleno de la
vida.
La conciencia como acontecimiento absoluto es una necesidad de hecho injustificable que
nos remite al mundo, es pura intencionalidad. El ideal de la libertad abstracta para Sartre
es el de una conciencia exenta de toda determinación. El hombre es libertad porque es
libre de toda determinación gracias a la estructura precognitiva de la conciencia.
El sueño más deseado por el hombre ha sido acceder a una libertad sin límites, una
libertad absoluta. Por ello, Sartre comenzó por rechazar toda determinación, ya fueran las
determinaciones conceptuales del propio intelecto, entendidas como determinaciones
procedentes del mundo externo o cualquier otro tipo de coacciones contrarias a la
libertad.
En primer lugar, para Sartre es importante considerar que la libertad no tenga ningún
condicionamiento, ni de tipo esencial, ni de tipo racional, pues cualquier condición limita
la libertad y Sartre estaba buscando una libertad absoluta, sin límites impuestos desde
fuera de uno mismo. No hay que olvidar que en Sartre la condición carnal del sujeto y sus
necesidades materiales, son ya una limitación, causa de la vergüenza del hombre que las
padece.
En la conformación del sentido de la vida de un individuo participan factores tanto
psicológicos como biológicos y sociales. Estos factores pueden acelerar o retardar el
proceso de formación de sentido de la vida, así como el proceso de realización de este en
un individuo que ya lo tiene. Si el individuo no tiene las condiciones biológicas psicológicas
y sociales indispensables para el logro de una determinada proyección hacia el futuro no
podrá realizarse en ella. 
Esta libertad absoluta que está en el origen de la conciencia amenazada por la llegada
siempre inesperada de la muerte nos induce a preguntarnos ¿una existencia humana
abocada al fracaso, sin sentido, ¿qué significado puede ella otorgar a la realidad? ¿es
posible pensar en una finitud humana que sea una libertad absoluta y además un ser que
nace para morir? ¿es posible una vida humana construida a partir de la subjetividad?
La muerte, a pesar de su fuerza ineluctable en la que no hay libertad para elegirla o
determinarla, es fundamental para entender el tiempo para seguir evolucionando y darle
el significado. Por la muerte, puede ayudar a darle valor y sentido la vida. La idea de la
muerte nos acecha siempre y nos infunde temor. Sabemos que llegará, pero nos invade la
incertidumbre de su inevitable presencia personal. Todos los seres vivos mueren. Por
ende, el hombre también. Por la importancia de la muerte, se realza la importancia de
actualizar el alma a través de la vida. Recordar, vivir y soñar son rostros diferentes de la
misma vida en un tiempo consciente e inconsciente. Cobran distintas intensidades y
trascendencias, según las viva cada uno. Vida y tiempo se tornan en historia única, en la
inconfundible e irrepetible existencia de toda persona.
Nos dice el psicólogo Alejandro Salomón Paredes que el hombre es un ser misterioso,
llamado a ser un avatar en su propia independencia, un elegido para su propia libertad,
una misión encarnada, un logos configurando su propia vida, una mano que coge otras
manos con amor, realizándose continuamente, consciente de abrazar la incertidumbre del
mañana y con la esperanza de saber que todo, absolutamente todo tiene sentido, hasta
de abandonar su cuerpo y yo agregaría que, también a reencarnarse.
Borges, en su relato El inmortal, nos deja ver que el hombre encuentra el sentido de la
vida porque se sabe cómo un ser mortal, finito. Porque, nos dice Borges: “la muerte (o su
alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres… Todo entre los mortales tiene el valor
de lo irrecuperable y de lo azaroso”. La importancia y pertinencia de discurrir aquí la
relación existente entre la muerte y el sentido de la vida radica en el hecho innegable de
que la pregunta por es el sentido, la interrogante que no podemos dejamos de hacernos
porque ella misma nos lo hace.
[En el Katha Upanishad] Yama le enseñó a Nachiketa que es necesario entender la muerte
para entender la vida, y también la vida debe entenderse para entender la
muerte. Nachiketa aprendió que la muerte no es el final de la vida, sino simplemente una
pausa en una historia continua.
La naturaleza eterna del Atman que mora en su interior es el tema central de los
Upanishads. Este es el secreto del misterio de la muerte, y la clave para entender la vida:
Dios impregna todo, y Dios es el Atman que anima nuestra alma, la vida de nuestra
vida. Atman es eterno, inmutable y, por lo tanto, no está sujeto a la muerte. Solo lo que es
perecedero está sujeto a la muerte, lo perecedero está ahí solo para servir como
herramienta en el descubrimiento de lo que es imperecedero.

Es el cuerpo que muere, la prenda que cubre al alma en su visita al plano mundano. El Ser
interior permanece afectado. No muere y no puede morir porque es eterno. Una vez a
Krishna se le preguntó cuál era la cosa más milagrosa de toda la creación, y respondió:
"Que un hombre se despierte cada mañana y crea en lo profundo de su corazón que vivirá
para siempre, aunque sepa que está condenado".

La tesis de Becker es de que el miedo a la muerte y la falta de significado, y la


autonegación de la negación de la mortalidad, lleva a muchas personas a “sistemas de
inmortalidad". Brahman, Krishna, conciencia de Buda, la Torá, Jesús. Y todos estos, dice
Becker, funcionan como "sistemas de inmortalidad", porque todos prometen conectar
nuestras vidas con lo que perdura, con un significado que no perece.
Todo hombre tiene en sí facultades latentes y sentidos no desarrollados (de un tipo sutil),
por medio de los cuales es posible tener un conocimiento directo del mundo invisible.
Entonces, para aquellos que se tomen la molestia de desarrollar estas facultades, la vida
futura se hará evidente como la luz del sol. Lo que se expondrá aquí es, por lo tanto, el
resultado de investigaciones que se han llevado a cabo gracias al desarrollo de estos
sentidos internos. ¿Pero cuáles son los hechos que nos han sido revelados, a través de
esta investigación?
En primer lugar, debe decirse que no se produce ningún cambio repentino en el hombre
en el momento de la muerte. Por el contrario, después de haber fallecido, el hombre
permanece exactamente igual que antes, lo mismo en el intelecto y en sus cualidades; y
las condiciones en las que se encuentra son el resultado concreto de lo que él mismo ha
hecho, dicho y pensado mientras estuvo vivo. No hay recompensas ni castigos
externos. Lo que sigue es una continuación de la vida terrenal.

Porque no estamos separados de los muertos, porque estos están continuamente en


nosotros o para nosotros. La única separación es la limitación de nuestra conciencia; No
hemos perdido a nuestros seres queridos, sino solo la capacidad de verlos. Y en este
sentido, digamos que es definitivamente posible aumentar la conciencia, hasta el punto
de percibirlos nuevamente. De hecho, un hombre puede aprender a enfocar su conciencia
en su cuerpo astral, mientras que el cuerpo físico aún está despierto, pero para esto es
necesario un cierto nivel de evolución, y en el caso del hombre promedio, esto puede
llevar mucho tiempo.

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