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Los gnósticos

Para Freke y Gandy: “los gnósticos son espíritus libres que cuestionan las presuposiciones de su
propia cultura. Siguen su corazón, no el rebaño. Están consumidos por su búsqueda privada de la
iluminación, no por el objetivo de reclutar más adeptos a una religión. Los gnósticos desean
liberarse de las limitaciones de su identidad personal y cultural, y experimentar la unidad de todas
las cosas. Así pues, no se muestran reticentes a adoptar la sabiduría de otras tradiciones si eso
aporta algo a la suya.

Parafraseando a Hoeller: Los gnósticos no son miembros de una secta ni de una nueva religión,
como afirman sus detractores, sino personas que comparten una cierta actitud frente a la vida.
Puede decirse que esta actitud consiste en la convicción de que el conocimiento personal,
directo y absoluto de las auténticas verdades de la existencia es accesible a los seres humanos
y, más aún, que la adquisición de dicho conocimiento siempre debe constituir la realización
suprema de la vida humana.

Según el maestro gnóstico Teodoro, que escribía en Asia Menor hacia 140-160, el gnóstico es aquel
que ha llegado a entender «quiénes éramos y en qué nos hemos convertido; dónde estábamos…
hacia dónde nos apresuramos; de qué se nos está librando; qué es el nacimiento y qué es el
renacimiento.

Parafraseando a David Grez: los gnósticos sostienen la posibilidad de alcanzar un


conocimiento completo de la verdad mediante un despertar o una revelación inmediata, que
ampliaría sus capacidades de comprensión hasta límites insospechados.

Cuidaut explica que “Para empezar, el gnóstico conoce mediante una revelación. Él no cree, pues la
fe es inferior al conocimiento, y su gnosis, «el conocimiento de la grandeza inefable es por sí sola la
redención perfecta” Cita a Clemente de Alejandría, en su obra “Extractos de Teódoto”, explicando
que el gnóstico sabe: “Quiénes éramos y en quiénes nos hemos convertido, dónde estábamos y
adónde hemos sido arrojados, hacia dónde nos apresuramos y de dónde somos redimidos, qué es la
generación y la regeneración”. También, como afirman Meyer y Barnstone: “convertirse en un
gnóstico, es conocerse a sí mismo, a Dios y a todo”.

El gnóstico, al conocerse, diferencia plenamente entre su ego y su esencia. En el proceso de


conocerse, libera y desarrolla su esencia maravillosa o fracción de alma, despertando conciencia. Al
mismo tiempo, descubre su ego (los defectos de carácter), lo comprende y mediante un trabajo
psicológico serio y con el auxilio de lo divinal, gradualmente logra eliminar esos elementos
indeseables de conducta.

La imaginación, la inspiración, la intuición, la auto reflexión evidente del Ser, la meditación, las
prácticas para el despertar: desarrollo de la atención, desapego y no identificación, vivir en el aquí y
ahora, en presencia, el recuerdo de sí, la auto observación y la experiencia en los mundos superiores
de conciencia llevan al estudiante gnóstico a la autognosis.

Por ese motivo para Ehrman:”Gnósticos son los que “tienen el conocimiento” ¿Y qué es eso que
saben? Conocen secretos que pueden conducir a la salvación. Para los gnósticos, una persona se
salva no por la fe en Cristo o por sus buenas obras, sino por el conocimiento de la verdad la verdad
acera del mundo en el que vivimos, acerca de quién es el verdadero Dios y, especialmente, acerca
de quiénes somos nosotros mismos.
En otras palabras, se trata en gran medida de autoconocimiento: conocimiento de nuestro origen, de
cómo hemos llegado aquí y de cómo podemos volver a nuestra morada celestial. Según la mayoría
de los gnósticos este mundo material no es nuestra casa. Estamos atrapados aquí, en estos cuerpos
de carne, y necesitamos aprender el modo de escapar. Para los gnósticos que también eran cristianos
(muchos gnósticos no lo eran) es el propio Cristo quien nos trae ese conocimiento secreto desde los
cielos. Él revela la verdad a sus seguidores más próximos, y es esa verdad la que puede hacerlos
libres”.

¿Qué saben y procuran los gnósticos?

Saben madrugar con el Sol y las iniciativas, saludan con amor cada amanecer, están alegres, activos
y optimistas. Hablan poco y con sencillez, No hablan mal de nadie.
Elogian, estimulan y sirven sin interés. Tienen para los demás un buen deseo. No hablan de sí
mismos.
Saben perdonar, no maldicen, no mienten, no engañan, ni exageran, ni tergiversan. Procuran ser
pacientes y humildes. Hacen algo por la felicidad de otros. Conceden la razón y no disputan.
Reconocen sus errores y sus limitaciones. No se creen sabios ni mejores que los demás. No
humillan ni acusan. No dañan, ni subestiman, no censuran la moral ajena. Son sinceros, leales y
agradecidos.
No revelan los secretos, ni propios, ni ajenos. No ridiculizan, ni maltratan, saben mirar y sonreír
como los niños.
No ponen asechanzas, ni subyugan, ni amenazan.
Saben usar sus manos solo para aliviar, enseñar y bendecir, aprecian a los demás y cuanto hacen, no
son avaros, ni envidiosos. Actúan con serenidad y decoro. No hacen chismes, saben callar y no se
meten nunca en las vidas ajenas.
Aman a su familia y a su cónyuge no le ponen rival. En la prosperidad no se envanecen, ni la
desgracia les abate. Entonces solo saben hacer la voluntad del padre interno.
¿Quieres ser uno de ellos?

-Anónimo-

Niveles de estudiantes gnósticos

En los estudios gnósticos hay maestros gnósticos, iniciados gnósticos, gnósticos auténticos o
gnósticos sinceros, estudiantes y neófitos o aspirantes a gnósticos.

Entre los aspirantes a gnósticos se encuentra aquellos que apenas empiezan a escuchar, leer o
practicar las enseñanzas gnósticas. Sienten un llamado especial, tienen cierto presentimiento que los
motiva a buscar la Gnosis, empiezan a formar un centro magnético alrededor de los principios
gnósticos.

Estudiantes gnósticos son aquellos que ya iniciaron sus estudios gnósticos, aquellos que ya después
de interesarse por la Gnosis, cursaron una etapa pública, un ciclo de conferencias o curso
introductorio a la Gnosis. Son aquellos que ya practican las enseñanzas gnósticas y poco a poco van
comprendiéndolas y van asimilando en su conciencia la cosmovisión gnóstica. Saben que no son
gnósticos aún, pero han aprendido que para ser gnósticos, ante todo tienen que empezar a
comportarse como gnósticos en la vida diaria, en su hogar, en su centro de estudios, en su vida
laborar y no solo en la institución gnóstica a la que pertenecen.
Por lo común los recién entrados a la Gnosis están llenos de impaciencia, quieren manifestaciones
fenoménicas inmediatas, instantáneos desdoblamientos, iluminación, sapiencia, etc.

El hombre que no ha encarnado a su Alma no tiene todavía responsabilidad moral. ¿Podríamos


acaso confiar en demonios? Los estudiantes de la Gnosis deben cuidarse mucho de andar por ahí
“dizque declarándose videntes y profetizándole a la gente”. El verdadero clarividente nunca dice
que lo es. Los Maestros de la Quinta Iniciación de Misterios Mayores son muy humildes y callados.
Ningún estudiante de ocultismo es Maestro. Maestro verdadero sólo son aquellos que ya alcanzaron
la Quinta Iniciación de Misterios Mayores. Antes de la Quinta Iniciación nadie es Maestro.

Dentro de las escuelas gnósticas, también hay esoteristas, incluso pseudo esoteristas o simplemente
aficionados a la Gnosis, gente a la que la atrae la Gnosis, le gustan algunos aspectos de la Gnosis y
que acepta algunas ideas o principios del Gnosticismo Universal, pero sigue a dos amos y la
mayoría de las veces se inclina, se postra y subordina al amo de la materia y pocas veces sigue los
llamados del Espíritu. También pueden encontrarse embaucadores, infiltrados o espías de otro tipo
de escuelas que nada o muy poco tienen que ver con la divina Gnosis

Entre los infiltrados, espías, falseadores de la Gnosis, también se encuentran charlatanes de los que
hay que cuidarse. En el mundo hay muchos alucinados, médiums y soñadores, declarándose
maestros clarividentes, iluminados. En todas las escuelas incluso dentro de las filas de nuestro
Movimiento Gnóstico, no faltan esos sujetos que dicen ser clarividentes sin serlo realmente. Estos
son los que, fundamentados en sus alucinaciones y sueños, calumnian a otros diciendo: fulano está
caído; zutano es Mago Negro, etc., etc. Pero el gnóstico sincero no habla mal de nadie, no acusa a
nadie, es bondadoso con todos sus semejantes.

Realmente todas las escuelas místicas y todos los movimientos espiritualistas están llenos de
pseudo-clarividentes ilusos que causan más daños que beneficios. Esos son los que se auto-titulan
maestros. Entre ellos abundan las reencarnaciones famosas. Los Juanes Bautistas de los cuales
conocemos más de una docena, las Marías Magdalenas, etc., etc. Esta clase de gentes creen que la
Iniciación es como soplar y hacer botellas, y basados en su supuesta maestría y en sus absurdas
visiones creadas por su mentalidad morbosa, profetizan y excomulgan a los demás a su antojo,
como quieren, calumniando a las personas y calificando a otros de magos negros, o asegurando que
ciertas personas están caídas, etc., etc. Es necesario saber que con alguna excepción muy rara, sólo
existen seudo-clarividentes y místicos subjetivos. En los estudios gnósticos sólo existen algunos
pocos turiyas.

Gnósticos sinceros y gnósticos auténticos son aquellos que ya viven conforme a la cosmovisión
gnóstica, que han comprendido que en la vida lo más importante es conocerse a sí mismos. Son
aquellos que se dedican sinceramente a conocerse, que ya empiezan a conocerse porque dedican
gran parte del día a estudiarse a sí mismos, le dedican suma importancia a la fuerza de atención, al
recuerdo de sí mismos, a vivir el presente, a estar aquí y ahora, trabajan por mantener en si mismos
la divina presencia, se observan a sí mismos.

Los gnósticos sinceros se han consagrado a trabajar por los Tres Factores de la Revolución de la
Conciencia. Se dedican a eliminar de su naturaleza inferior los elementos indeseables de su
conducta, reconoce que en su interior mora un gigantesco monstruo que es su lujuria y que es el
gran enemigo al que hay que vencer, como lo hizo David contra Goliat. Conoce los poderes de la
piedra iniciativa y con humildad, paciencia y tenacidad trabaja cincelándola, burilándola, puliéndola
hasta lograr la Gran Obra, hasta alcanzar el Nacimiento segundo y la Auto realización íntima del
Ser.
Destierra y huye de la fornicación como lo recomienda Pablo en la Epístola a los Corintios,
aprovecha las diferentes circunstancias de la vida para que desde su interior se expresen los valores
del Ser, practica la castidad científica, sexo yoga, tantrismo o magia sexual. Es caritativo, practica el
Cristo-centrismo, ha aprendido que se es más por lo que se da, que por lo que se tiene; ha
comprendido que debe dar de lo que se tiene y no de lo que sobra como en la parábola bíblica, da a
los más necesitados, hasta que duela y practica el Sacrifico consciente por la humanidad, pero ha
entendido que la caridad empieza por casa.

La vida es una escuela

El gnóstico sabe que la vida es una escuela y que no solo se aprende en la vida diaria, sino
también en el mundo de los sueños. Por ello aprende a desarrollar la memoria, a prestar
atención a los acontecimientos del día a día, pero también a recordar las experiencias
vividas durante las horas que su cuerpo físico duerme. El gnóstico sabe que durante las
horas que el cuerpo físico duerme su alma o doble astral se interna en los mundos
superiores de conciencia. No hay más alegría para el gnóstico que verse con su alma
desprendida.

La escuela de la vida, la toma como un gimnasio de maravillas. El gimnasio gnóstico está


en sus labores diarias, en su centro de estudios, en su hogar; pero el gnóstico nunca mira
ese gimnasio como un centro de torturas creado para causarle fastidio. El gimnasio de la
vida práctica el gnóstico lo emplea como medio para conocerse a sí mismo y para descubrir
sus defectos de carácter. La mejor alegría para el gnóstico es celebrar el descubrimiento de
alguno de sus defectos.

El estilo de vida y la cultura gnóstica

El gnóstico hace la voluntad del Padre


Los actos del gnóstico son producto de su conciencia, de lo que dicta su corazón
El gnóstico hace las cosas o deja de hacerlas porque lo ha comprendido
El gnóstico es un buen dueño de casa
El gnóstico es buen ciudadano, buen vecino, buen esposo, buen padre de familia.
El gnóstico expresa felicidad la mayor parte del día, expresa felicidad muchas veces y persigue
alcanzar la plena felicidad interior.
Es un agente de la paz, practica el Ahimsa, la no violencia.
Resuelve los conflictos por la vía del diálogo y la comprensión.
En su vida diaria se reconoce como el publicano de la parábola bíblica,
evita que en su pensamiento, palabras, sentimiento y actuar se exprese el fariseo interior.
El gnóstico recorre el cuarto camino espiritual a plena conciencia.
El estudiante gnóstico debe ser infinitamente paciente y tenaz.
La paciencia es la escala de los gnósticos y la humildad la fuente de su jardín.
El gnóstico no aspira a ser ni mejor, ni peor; sino simplemente: diferente.
El gnóstico no trata de cambiar a otras personas, sino que a sí mismo.
El gnóstico trabaja por desarrollar el pensamiento noético.
El gnóstico se esfuerza por desarrollar la Gnosis Cardias, la Gnosis del corazón.
La momentaneidad es característica especial de los gnósticos. Nosotros amamos la filosofía de la
momentaneidad.
El gnóstico sincero sabe que la Gnosis vive en los hechos, se marchita en las abstracciones y es
difícil de hallar aún en los pensamientos más nobles.
El gnóstico es amante de la Naturaleza y gusta de realizar paseos en las montañas, en los arroyos
cantarines y en el mar.
Los gnósticos somos revolucionarios y rechazamos totalmente las ideas reaccionarias y
conservadoras.
El gnóstico ama la música de los grandes clásicos.

Ha llegado la hora de volver al culto del fuego. Los gnósticos debieran salir a pasear a las montañas
y allí, entre el seno profundo de la Madre Naturaleza, hacer hogueras, encender el fuego y orar y
meditar. Así podemos atraer de lo alto poderosos flujos de energía divina que nos ayudarán en la
Gran Obra del Padre.

Todo estudiante gnóstico debe ser ordenado. El estudiante de la Gnosis debe ser verdaderamente
disciplinado. Ningún estudiante de la Gnosis podría realizar un verdadero progreso, si bebe alcohol.
El gnóstico debe ser templado. No bebedor de licores, no murmurador de las gentes, ni glotón, ni
perezoso. El gnóstico debe ser aseado, pulcro, decente, caballeroso, honrado, siempre cumplido,
siempre alegre, nunca airado con nadie ni contra nadie.

El devoto debe bañarse diariamente y vestir muy bien. El Gnóstico desaseado, aquel que jamás se
baña, aquel que anda siempre en el más grande desaliño, le ocasiona daño a la humanidad porque
con su propaganda de muy mal gusto, aleja a muchos de estos estudios. Las gentes se dicen
entonces: ¿así son los gnósticos? ¡Yo no quiero degenerarme! ¡Yo no entraré en estos estudios!, etc.

El alimento del gnóstico

El gnóstico conceptúa su cuerpo como una fábrica de tres pisos: aprende a trabajar primero en el
primer piso: curando y educando su cuerpo físico, su motricidad, su instinto y su sexualidad.
Aprende a seleccionar sus comidas. No come “nada inmundo”, es decir, come los alimentos que la
Naturaleza provee, evita la comida chatarra y las comidas industrializadas: envasadas, en conservas,
enlatados, exageradamente congelados o refrigerados, las esencias, como las bebidas gaseosas o de
soda, los alimentos transgénicos. Prefiere en su dieta los alimentos shákticos o sattwicos, sobre los
alimentos tamásicos, prefiere los alimentos frescos, crudos, de temporada sobre los alimentos
sobrecocinados o calentados artificialmente, como en un microondas. Da reposos periódicos a su
sistema digestivo mediante la práctica de la ciencia del ayuno.

Cuando el gnóstico enferma, sigue los principios de Hipócrates: “que tu alimento sea tu medicina,
que tu medicina sea tu alimento”, luego busca curarse tomando en cuenta la Ley divina y sigue
tratamientos de la medicina natural o Elemento terapia y medicinas tradicionales antiguas. Como
último extremo acude a la medicina occidental oficial.

El matrimonio gnóstico

En la cosmovisión gnóstica se propone seguir la senda del matrimonio perfecto. Lo importante, y


eso es lo fundamental, que la gente siga la senda del matrimonio perfecto. El Amor no perjudica a
nadie, no daña a nadie.

El gnóstico no es machista, no es misógino, es un adorador de la mujer, para el gnóstico la mujer es


bendita porque representa a la pareja del iniciado a su salvadora.
El gnóstico debe aprender a respetar, a amar y a reconocer libertad en la mujer. En los hogares
gnósticos no hay quien manda a base de imposiciones, gritos, amenazas o golpes. Se conduce el
matrimonio el hogar por la vía de la persuasión.

En los hogares gnósticos, no hay lugar para el adulterio, la promiscuidad y las prácticas sexuales
propias del infrasexo: matrimonio abierto, intercambio de parejas, tríos sexuales, y demás. En los
hogares de los hermanos gnósticos sólo debe reinar el amor y la sabiduría. El hogar de los gnósticos
debe tener un fondo de alegría, música y besos inefables. La danza, el amor y la dicha de querer,
fortifican el embrión de alma que los niños llevan dentro. Así es como los hogares gnósticos son un
verdadero paraíso de amor y sabiduría.

La casa de los estudiantes gnósticos debe estar llena de belleza. Las flores que embalsaman el aire
con su aroma, las bellas esculturas, el orden perfecto y el aseo hacen de cada hogar un verdadero
santuario gnóstico. Los Gnósticos deben tener siempre en su casa un jardín. Debemos cultivar
siempre nuestro jardín. Las flores nos recuerdan la dicha inefable de los salones del Nirvana.

Del seno de los hogares gnósticos, debe desterrarse el licor y la fornicación. Empero no debemos
ser fanáticos. Aquel que no es capaz de tomarse una copa para corresponder a un agasajo es tan
débil como aquel que no sabe controlar el licor, y se emborracha. Fornicar es otra cosa. Eso es
imperdonable. Todo aquel que eyacula el licor seminal es fornicario. Para esos, para los fornicarios,
el abismo y la muerte segunda.

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