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Las tres bendiciones

Bendiciones del Padre. Efesios 1:1–6.

Saludo Paulino a la iglesia de Efesios.

1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en


Cristo Jesús que están en Efeso: 2 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro
Padre y del Señor Jesucristo.

I. Las bendiciones del Padre.

3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con
toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,
1. 4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que
fuésemos santos y sin mancha delante de él,
2. 5 en amor habiéndonos predestinado
3. para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto
de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria de su gracia,
4. con la cual nos hizo aceptos en el Amado.

I. Bendiciones del Hijo (Efesios 1:7–12)

1. 7 en quien tenemos redención por su sangre,


2. el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,
3. 8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,
4. 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se
había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la
dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos,
como las que están en la tierra. 11
5. En él asimismo tuvimos herencia,
6. habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas
según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su
gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.
I. Bendiciones del Espíritu (Efesios 1:13,14)

13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de


vuestra salvación, y habiendo creído en él,
1. fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
2. 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión
adquirida, para alabanza de su gloria.

I. Oración por entendimiento (Efesios 1.15–23)

15 Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor


Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos,
1. 16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de
vosotros en mis oraciones,
2. 17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os
dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él,
3. 18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis
cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la
gloria de su herencia en los santos,
4. 19 y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros
los que creemos, según la operación del poder de su fuerza,
5. 20 la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole
a su diestra en los lugares celestiales,
6. 21 sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre
todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en
el venidero;
7. 22 y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre
todas las cosas a la iglesia, 23 la cual es su cuerpo, la plenitud de
Aquel que todo lo llena en todo.
Hay dos oraciones en Efesios: (1) «que ustedes puedan conocer», 1.15–23; y (2) «que
ustedes puedan ser», 3.13–21. La primera oración es por entendimiento, la segunda por
capacitación. Pablo ora primero para que entendamos lo que Cristo ha hecho por
nosotros; luego
para que vivamos a la altura de estas maravillosas bendiciones y las pongamos en obra
cada día. Nótese las peticiones de Pablo:
A. Que Dios les diera entendimiento espiritual (vv. 17–18a).
Las verdades espirituales deben discernirse espiritualmente (1 Co 2.9–16), y este
entendimiento viene sólo del Espíritu. Él escribió la
Palabra; Él es el único que puede enseñarnos lo que ella dice.
B. Que conocieran la esperanza de su llamamiento (v. 18b).
Debido a que Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo tenemos una
bendita esperanza por toda la eternidad, que
no depende de nuestra bondad, sino en su gracia. Repase los versículos 4–6, en donde se
resume este llamamiento. El cristiano que no conoce su supremo llamamiento (Flp
3.14), su llamamiento santo (2 Ti 1.9), y su llamamiento celestial (Heb 3.1), nunca será
capaz de andar
como es digno de ese llamamiento (Ef 4.1, en donde «vocación» es «llamamiento»).
C. Que conocieran las riquezas de su herencia (v. 18c).
No sólo tenemos una herencia en Cristo, sino que somos una herencia para Cristo (véase
v. 11). La palabra «riquezas» aparece con frecuencia en Efesios, sugiriendo que nada
falta, nada más de lo que necesitamos. Los cristianos maduran en el Señor cuando
aprenden cuánto
significan para Cristo y entonces empiezan a vivir para traer gozo a su corazón.
D. Que conocieran su poder (vv. 19–23).
El mismo poder que resucitó a Jesús de los muertos está a nuestra disposición cada día.
Cristo ya ha ganado la victoria sobre el pecado,
la muerte, el mundo y Satanás. El pueblo de Dios no lucha por victoria, sino ¡desde la
victoria! Estamos sentados con Él en lugares celestiales, donde hay poder, paz y
victoria.
Por supuesto, todas estas bendiciones son únicamente para quienes reúnen las
condiciones estipuladas en los versículos 1–2. Nótese
que Pablo escribe a santos vivos (no muertos), gente que ha puesto su fe en Cristo.
Estos santos (apartados) han experimentado la gracia de
Dios y ahora disfrutan de su paz. La Biblia en ninguna parte enseña que la Iglesia hace
santos a las personas; sólo Dios puede hacer al pecador un santo. Y el pecador debe
llegar a ser santo mientras esté vivo, porque después de la muerte es el juicio (Heb
9.27).

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