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Filosofía del
(-¥^)
deporte femenino
JOSÉ M . CACICAL.

Agradezco a Jos organizadores de este Con- el origen del sexo es la fusión de dos células
greso la invitación para exponer este tema. de clones distintos. Los gametos son la espe-
Significa un desafío a p e n e t r a r en u n asunto cialización germinal de dos clones distintos. Y
muy p r o p i o de nuestro t i e m p o ; tanto por lo ya en los protozoarios aparecen notables dife-
que atañe al d e p o r t e como p o r lo que se re- rencias entre el gameto femenino y el mascu-
fiere a la condición femenina. Voy a presentar lino. El p r i m e r o es grande, nutritivo, sedenta-
solamente unas iniciales reflexiones, u n intento rio. El segundo es p e q u e ñ o , ágil, locomotor
de a p e r t u r a de algunas vías que p u e d a n servir (flagelado), i t i n e r a n t e . La costumbre, hoy apre-
para más j)rofundos estudios. ciada como mero hecho cultural-tradicional, de
En este Congreso M u n d i a l h a b l a m o s de depor- (pie sea el varón quien corteje y vaya en busca
te femenino por<|ue hay «féminas». hay muje- de la h e m b r a tiene antecedentes viejísimos en
res. Esta afirmación no es sólo una perogru- la escala zoológica.
llada ; tampoco se ha inventado esta realidad T;a diferenciación sexual se afianza a lo lar-
el Profesor A N T O N I O V E N E R A N D O . Presi- go de la evolución a n i m a l —con curiosísimas
ilente del Congreso. Es xm sustancial hecho an- y muy excepcionales salvedades— creando pro-
troj)oIógico. una realidad l)iológica que existe, fundas diferencias constitucionales. La prolac-
que ps en el mismo ser h u m a n o . lina se encuentra prácticamente en toda la es-
Mi reflexión parte de esta gruesa constata- cala animal como elemento específico de pro-
rión. (lue por gruesa y simple que sea, hoy tección de los hijos en la m a d r e . En los m a m í -
ha lleirado a ser ohjeto de intrincadas disqui- feros es ya la h o r m o n a que ])roduce la leche.
siciones. Quizás la mía sea una de e l l a s ; pero Llegados al hoinbre no hay conocimientos de
vov a i n t e n t a r que no sea asi. ningún período p e n u m b r a l del paso de los ho-
míniílos a los «pizecantropus erectus» en que
I h u b i e r a excepción a la sexuación. Tampoco se
conoce exactamente si aquellos sujetos de hace
La sexuaüzación. o ¡¡odríamos decir la «se- varios millones de años copulaban sólo en pe-
ríodo de celo o lo hacían ya al modo del «homo
xuación» ( 1 ) en el sentido de simple diferen-
sapiens» i n d i s c r i m i n a d a m e n t e , en cualquiera o
ciación sexual, alarga sus raíces a viejísimos
en todas las épocas del año. Pero esto es u n
tiempos de la evolución a n i m a l . P r o | i i a m e n t e
tema a h o r a secundario, aunque no deja de ofre-
cer fascinación antropológica.
H) Me permito acceder a este neologismo porque
en el idioma español no existe un sustantivo que (*) Ponencia presentada en el «International Con-
expresa solamente la realidad de la diferenciación gress Women in Sport». - Roma, .iulio 1980.
sexual en la humanidad a diferencia de la «sexuaü-
zación». hoy predominantemente empleado como ac-
ceso o extensión del impulso sexual. «Ap. Med. Dep.», vol. XVII, n." 68, 1980.
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VA ser liuniano no existe indiscriiiiinailo. in- cial. (le relación con los demás hombres, cuyas
iliferenc'iado. «insexuado». Prescindiendo de primeras [)autas se estai)lecen en la primigenia
que todo ser h u m a n o posee ambos tipos de rfdación niño-madre. El p r i m e r plano de ins-
cromosomas, los definitorios de masculinidad y lalación es el (pie le otorga la principal fuenle
(le feminidad, y que la diferenciación en varón de dignidad, de derechos y deberes, de opciones
o nuijer es sólo cuestión de reparto, de pro- en la vida, de acceso al trabajo y al ocio. El
porción, lodo ser h u m a n o es un ser sexuado, •segundo plano de instalación, la bi polaridad
V es por ello, a la vez, imo de d o s : Homl)re varón-hembra, especifica a cada uno en situa-
(ser h u m a n o ) ( 1 ) y v a r ó n : o iiomhre (ser hu- ciones concretas, desarrolla ciertos roles — m u y
m a n o ) y mujer. No puede ser sólo «ser huma- |)ocos v e r d a d e r a m e n l e sustanciales— y va a dar
no» sin ser varón o mujer. Es decir: toda mu- pie a lo largo de la historia antroi)ológica a
jer es mujer y ser h u m a n o y todo varón es una inmensa variedad de particularidades so-
es varón y ser h u m a n o ; o viceversa, son seres ciales, exclusivismos c. incluso, aberraciones e
'lumanos instalados necesariamente en su con- injusticias.
diciim de varón o de nuijer. Y en esta refle- Toda la razón de los movimientos feministas
xión antropolóiiica fundamental a|)roveeho la del siglo XX y de la leniátiea feíuinológica.
< sclarecedora formulaciim que el filósofo espa- gía, antropología y psicología, se basa en un
ñol J U L I Á N MARÍAS el más cualificado dis- evidente hecho m a c r o - c i d t u r a l : Entre el hom-
cípulo de O R T E G A Y GASSET. expone en su bre y la mujer en la ¡nayor parte de las civili-
ci Introdiiccii'in a la Eilsofía». zaciones y culturas vigentes en la historia, se
había creado un abismo excesivo, convencional,
artificial, desde luego no suficientemente jus-
tificado ])or naturaleza o condición antropoló-
gica.
La diferencia abismal entre las atribuciones
aceptadas por la sociedad al varón o a la mu-
jer puede resumirse en estas frases de J U L I Á N
MARÍAS ( 1 9 8 0 ) : «El h o m b r e podía hacer cual-
(piier cosa que no estuviese p r o h i b i d a ; la mu-
jer, en cambio, no podía hacer más niie las
expresamente autorizadas» ( . . . ) ((Cuíüido las
mujeres fueron a matricularse por primera vez
(siglo XIX) en las universidades euro])eas resul-
tó (jue no estaba p r o h i b i d o : ni siquiera estaba
prohibido, porque no se había ocurrido (pie lo
fueran a hacer. Y se inter|)retaba como «mas-
culinismo» la a p r o p i a c i ó n de las posibilidades
Todí: persona h u m a n a tiene dos planos igual- humanas p o r q u e se había identificado In me-
nicn! ' profundos de instalación individual pero ramente h u m a n o con lo p r o p i o del varón».
|)erfec|amenli' separahles el uno del otro. El En el deporte la mujer tuvo más dificulta-
plano ítombrt' {prrsonn humana) y el plano des. Existían prohibiciones estrictas. Se había
varón-hembra. A |)artir de esta nohle antro- considerado al deporte como contrario a la
poloujía individual nutrida s i m u l t á n e a m e n t e de condición femenina, tanto desde el pimto de
amhas realidades se constituye .su antropología vista fisiológico como desde el decoro ])úblico.
social, su tercera y Irascendenlal instalación so- La mujer, relegada a su condición nutricia, fa-
miliar y hogareña, contempló desde fuera la
proliferación de nuevas formas de relación hu-
lí) En algunos idiomas, entre ellos el español, exis- mana, de nuevas profesiones, de nuevas cos-
te una Insuficiencia lingüistica en tema tan trascen- tumbres sociales, como asunto que para n a d a
dental como es la de referirse al ser humano, al varón, le atañía. Casi ni las c o n t e m p l ó ; ])orque ni
a la mujer. La palabra «hombre» tiene la doble acep- siquiera se enteraba de ello. Todo enriqueci-
ción de «person- humana» en general, y de «varón».
No hay un sustantivo referido únicamente al ser miento de la nueva actividad h u m a n a , de las
humano en general tal como por ejemplo lo hay en relaciones sociales, de nuevas estructuras, espe-
alemán « Mensch» que significa hombre-persona hu- cialmente esplendoroso en la Europa y Améri-
mana, netamente diferenciado de «Man» que significa
hombre-varón. Esta limitación idiomática nos obliga- ca de los siglos XVIII y xix con la industriali-
rá a un continuo esfuerzo y a veces repetición, para zación, la expansión de la burguesía activa,
no hacer imprecisa nuestra exposición. las comunicaciones, la electricidad, la rápida lo-
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coniocion, etc., fue absorbido coiiio noiinas pro- rnsayar el roiiij)imiento de las fronteras de la
pias (le vicia, jinr el varón. Lo buiuano — p r o p i o •|ÍM'riniinaci(m s e x u a l ; es símbolo de un pro-
del ser luiniano— se identifieó como lo projjio fundo r e p l a n t e a m i e n t o acerca de la realidad
b i varón. La mujer quedaba al margen de esa heterosexuada de la especie h u m a n a : un plan-
iMinianidad. Todo ello se fue reflejando en la teamiento de e x p e c t a t i v a s : un pronóstico de un
b'jlislaciim, «pie había lomaíbi ya desde anti- futuro incierto y (piizás profundamente cam-
fiuo. desde el derecho r o m a n o , ima «lis|)ar eon- biante para la h u m a n i d a d . Todo ello no va des-
«ideraeií'in al varón y a la mujer. j):;rejado de las incógnitas [)lanteadas por la
Los p r i m e r o s estallidos de j)rotesla. tuvieron ciencia en temas como la ¡nseminaci(m artifi-
bigar a finales del siglo xix con los movimien- cial, la partenogénesis. etc. Se venden con éxito
tos de las sufragistas, (pie r e c l a m a b a n valiente- obras de ciencia-ficción (jue hacen referencia en
mente un derecho sustancial (¡u? las leyes les (•uabpiier siglo entre los años 2.000 y 3.000 a
negaban ])recisamentc en |)aíses d e m o c r á t i c o s : una especie h u m a n a a-sexuada, con muy varia-
la ca[)acidad « h u m a n a » , es decir, como .ser hu- das alternativas al acto básico de la procrea-
mano, de elegir sus gobernantes. ción.
En todo este complejo movimiento (|ue llena
el siglo XX laten y a veces se hacen patentes
las exigencias de una profunda reconsideración
de la condición de la m u j e r ; (pie es ante todo
sor humano y después mujer. aun(pie ambas
realidades no p u e d a n separarse sin riesgo de
abstracción. Consecuentemente, en cuanto ser
h u m a n o es igual al ser humano-varón.
Como es obvio, en esta lucha reivindicativa
aparecieron formas de emulación y rivalidad
(pie desmesuraron y desvirtuaron el jiroceso.
La injusta discriminaci(')n. social, legal. |)iibli-
ca. h u m a n a , a que había estado sometida la
mujer no era consecuencia de una diferencia
de naturaleza, sino producto cultural, y en caso
error de lógica (en el más riguroso y jirístino
sentido de esta p a l a b r a ) —y nunca en los Me temo (pie va a ser muy difícil que tales
grandes movimientos sociales, y menos en los elucubraciones ¡luedan concretarse en realidad.
femeninos, se ha podido encontrar la razón ló- En todo caso pienso (jue, si ello llegase, más
giea— se ahsolutizó: ((toda diferencia —^se bien h a b r í a que referirse a una nueva especie
lleg(') a decir— es cuesti(')n c u l t u r a l » ; las dis- de sujetos, no ya de la especie h u m a n a ; desde
p a r i d a d e s psicológicas, relaciónales, de actitud luego no al « h o m o s a p i e n s » ; se h a b r í a origi-
ante la vida, etc., son simple producto de una nado un tránsito de transmutaciíin, semejante,
cultura discriminatoria. No importa que la cien- pongamos por caso, a aquellos que desde los
cia investigue y c o m p r u e b e que no todo es tan homínidos, pasando p o r los pizecantropus, die-
sencillo: incluso ciencias recientes como la ron en el (diomo neanderthalensis», ya verda-
etioloiría vienen a robustecer con sus nuevos dero h o m b r e . Sólo que con la aceleración de
métodos de exploración las profundas diferen- los tiemj)os. puede (jue en vez de millones de
cias de carácter instintivo, pre-cultural entre años, tales cambios se realizasen en breves si-
h o m b r e y mujer. glos. ; Pero h a b r í a podido subsistir ese «homo-
En esta tendencia se atribuía exclusivamente asexuaus» ( h o m o ((programatus». Ktransplanta-
a razones culturales-tradicionales las diferencias tiis». ((cronometratus». «tediosus». ((Stupidus»)
entre varón y m u j e r : se llega a sugerir que in- en la terrible guerra contra el otro hijo del
cluso las mismas diferencias fisiológicas pueden «homo sapiens»? (me refiero al r o b o t ) .
ser consecuencia de un proceso de larga sonia- De la profunda discriminación se ha pasa-
tizaeión. una lenta y progresiva adquisición por do a la lucha reivindicativa. al logro casi ple-
mecanismo conversivo lograda por u n a huma- no de igualdad legal, al desmoronamiento de
nidad ofuscada en esa línea de diversificación tradicionales estereotipos acerca de los roles so-
sexual. La moda ((uniseso» que invade a ¡lartir (>iales masculino y f e m e n i n o ; y, j u n t o a ello,
de la década de los 60 galerías y establecimien- a una conmoción revisionista de la misma an-
tos comerciales no es sólo una fórmula original tropología con fuerte contestación a la diferen-
ideada por los comerciantes para \en(ler artícu- cia h o m b r e - m u j e r y hasta con presagios de su-
los a una generación de jóvenes (pie gusta de peración de esta docotomía.
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II diferenciación de la m u j e r . Queda i n s t a u r a d a
la b i p o l a r i d a d feminismo-feminidad. E n t r e am-
El d e p o r t e conoce su gran desarrollo y bos extremos se sitúa u n a e n o r m e variedad de
expansión internacional en la segunda m i t a d formas de asumir la conducta deportiva p o r
deíl siglo XIX y sobre todo d u r a n t e el siglo parte de la mujer.
XX. Los 100 años que van desde 1860, fecha Los más variados «slogans» y racionalizacio-
símbolo en la configuración del l l a m a d o «de- nes presiden el acceso progresivo de la m u j e r
porte m o d e r n o » con la constitución de las más a la práctica del d e p o r t e . El «somos iguales»
i m p o r t a n t e s federaciones, la esmerada codifica- («nosotras t a m b i é n » ) , incluso el «somos más
ción del juego y reglamentación, la expansión capaces», n a t u r a l m e n t e cargados de rivalidad y
internacional, etc., hasta 1960 — d é c a d a en que hasta de r e s e n t i m i e n t o ; el «salgamos de casa»
con el afianzamiento del gigantismo de los Jue- o «dejemos la cocina» prototípico del conven-
gos Olímpicos ( R o m a , T o k i o , Méjico) se puede cional complejo de alienación f e m e n i n a ; el «no
h a b l a r de u n a nueva era del d e p o r t e que rebasa queremos seguir frustradas», «queremos reali-
con m u c h o los módulos del históricamente lla- zarnos», etc. Y en otra l í n e a : «el d e p o r t e nos
m a d o d e p o r t e m o d e r n o — coinciden plenamen- favorece como mujeres», «mejora la línea», «me-
te con la época del desarrollo del m o v i m i e n t o jora el atractivo femenino», etc., acentuando el
feminista a que nosotros nos estamos refiriendo. clásico rol narcisista femenino, se j u n t a n , se
El fenómeno deportivo en la m u j e r se pue- sustituyen, a veces se entremezclan como con-
de estudiar desde muchos campos científicos y causas más o menos conscientes o inconscientes
culturales. N a t u r a l m e n t e , desde la medicina gi- en esta nueva conducta de la mujer.
necológica — l a más frecuentada— desde la bio- Pero debajo de las racionalizaciones existen
logía, la fisiología, la sociología, la psicolo- a veces razones menos declarables, como la de
gía, etc. — t a l es el a m p l i o espectro que verte- «parecerse al varón» o la de «vengarse del va-
bra el p r o g r a m a de este excelente Congreso—. r ó n » . No tengo intención de profundizar ahora
Desde la filosofía el deporte femenino ofrece en este tema concreto a pesar de su atractivo y
perspectivas no sustancialmente diferentes del de su fácil comprensión a p a r t i r de los deba-
deporte masculino. La m u j e r que hace d e p o r t e tidos diagnósticos freudianos del «complejo de
es, a n t e todo, un ser humano que asume esa pene», «complejo de castración» y toda la de-
conducta caracterizada p o r esfuerzo físico de tonante algarabía e d i p i a n a . P r e t e n d o solamen-
talante lúdico. asumido con más o menos op- te constatar la variadísima gama de posibles
ción competitiva, y que da pie a organizaciones causas en el esplendoroso movimiento del de-
sociales p r o p i a s , sujetas hoy a presiones y ten- porte femenino a lo largo del siglo x x . princi-
siones ajenas al deporte, evolucionadas hasta p a l m e n t e en las tres últimas décadas.
el deporte-espectáculo y el deporte-alto rendi- N a t u r a l m e n t e j u n t o a las razones específica-
m i e n t o . No se diferencia f u n d a m e n t a l m e n t e de] mente femeninas co-actúan las generales y váli-
varón-ser h u m a n o que hace deporte, a excep. das para varón y n m j e r . las múltiples razones
ción de ciertas facetas características en la ver- h u m a n a s en favor de la conducta deportiva,
tiente espectacular. especialmente significativa en una época de pro-
Pero si se sitúa la observación en zonas inter- gresiva sedentarizaeión. m a q u i n i s m o . masifica-
disciplinares entre la filosofía y otras áreas co- c i ó n ; las poderosas razones higiénicas, lúdicas,
mo la sociología, historia, psicología, antropo- educativas, desalienizadoras que a la mujer, al
logía, descubriremos sugestivas p a r t i c u l a r i d a d e s igual que al varón, le descubre en esas prácti-
en la mujer del siglo xx que hace d e p o r t e . cas ima especie de nuevo h u m a n i s m o . T a m b i é n
E n este nivel vamos a continuar nuestra re- todo esto, quizás con más fuerza que la especí-
flexión. ficamente femenina, ha llevado a la m u j e r de
La m u j e r deportiva en el amplio m u n d o de nuestro siglo al d e p o r t e .
la civilización occidentaLIZADA asume toda la Si este acceso de la mujer a la práctica
vivencia psicológica y sociológica de la lucha deportiva no hubiese coincidido p l e n a m e n t e con
reivindicativa femenina. P o r eso en el (le])orte todo el proceso reivindicativo, con el esplendor
femenino a lo largo del siglo xx se encuentran de los movimientos feministas, no se plantea-
todas las formas en que se ha manifestado esa rían problemas especiales de índole psico-social
lucha. Esta variedad de formas va desde la con- y de antropología cultural. Pero esta coinci-
sideración cualitativa y cuantitativa del d e p o r t e dencia ha dado caracteres singulares a la con-
femenino en total igualdad con el masculino, quista deportiva de la mujer. N a t u r a l m e n t e ,
basta el extremo, en alguna manera opuesto, de incluso el acceso histórico de la mujer al de-
la utilización de ciertas modalidades deporti- porte al margen del movimiento feminista, no
vas como acentuación de la feminidad, como ¡Jasaría de ser u n discutido futurible.
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Hoy existe presencia de la mujer en las más hasta hace muy poco reservada al varón: los
variadas formas deportivas; incluso en moda- concursos de musculación.
lidades donde la práctica femenina es fisiológi-
camente contraindicada, tales como el boxeo, III
ha entrado la mujer; pero sólo en minoría no
significativa. A lo largo de los últimos 50 años se han ido
La presencia de la mujer en el deporte debe generalizando las investigaciones en diversas
ser principalmente estudiada en el ámbito don- áreas científicas, acerca del hecho deportivo fe-
de se ha producido una conquista mayoritaria. menino. La preocupación que primeramente tu-
Esto sucede en gran cantidad de modalidades vieron los especialistas en el estudio del depor-
deportivas, como natación, atletismo, balonces- te acerca de la virilización de las mujeres de-
to, hockey, balonmano, gimnasia, patinaje, es- portistas, de los riesgos fisiológicos, específica-
quí, judo, tenis, golf, etc. mente ginecológicos, que comportaban tales
prácticas, motivaron una rápida implantación
Los científicos estudian las particularidades de estos estudios. Por su parte las protagonis-
de la conducta femenina en cada uno de estos tas del hecho deportivo femenino, impusaron
ámbitos, su rendimiento, aptitudes, problemas como reacción y con preocupación apologética,
específicos, indicaciones y contraindicaciones, et- semejantes estudios, primeramente en los cita-
cétera, de lo que buena prueba es este exce- dos campos científicos y posteriormente en la
lente Congreso multidisciplinar. A una consi- casi totalidad de ciencias antropológicas, huma-
deración de acento antropológico por pequeño nas y sociales. Finalmente, superadas posturas
que sea, no atañe tanto el detalle de cada es- en favor o en contra, un amplísimo espectro
pecialidad deportiva, ni la curiosidad anecdó- de investigaciones objetivas, ha constituido un
tica —aunque todos los datos recogidos en ella campo definido dentro de la ciencia del de-
han de ser tenidos en cuenta— cuanto las gran- porte.
des tendencias, los movimientos y directrices
generales. En las áreas científicas más cercanas al pre-
sente estudio, o sea en las ciencias de la con-
Voy a centrarme en algunos de los más sig- ducta y sociales, figura entre los temas que más
nificativos, principalmente en el acceso genera- insistentemente se han tocado la búsqueda de
lizado de la mujer a la alta competición en diferencias significativas entre varón y mujer
proporción parecido al varón en relación con deportista en la motivación, en las actitudes,
la masa de practicantes. En el deporte de alta en la ansiedad pre y postcompetitiva; se pro-
competición se decanta en alguna manera la fundiza en el autoconcepto y en la identifica-
quintaesencia del deporte típico de nuestro tiem- ción con los ^oles sociales por parte de las
po. Se aplican las más altas dosis de agresivi- deportistas. Estos estudios llenan toda la déca-
dad, la emulación al grado máximo, el afán de da de los 70.
superación y protagonización, características que
precisamente se encuadran dentro del rol atri- EMMA GUERON y Z. DIMOYA (1972) ex-
buido por la sociedad al varón. La irrupción ploraron algunas diferencias psicológicas entre
plena de la mujer en el deporte, sobre todo en hombres y mujeres en el deporte de alta com-
el de alta competición, es casi tan significativa petición. Entre otras peculiaridades y como dis-
en el proceso de reivindicación y conquista fe- tintivo básico y consciente de actitudes cabe re-
menina como la efectuada en el mundo del tra- gistrar los resultados de respuestas a la pre-
bajo, precisamente por los trazos psicológicos gunta: ¿con qué ayuda supera usted las dificul-
con que está definido el deporte de alta com- tades— «La mayoría de los hombres (70 %) res-
petición. pondieron: «solo, sin ayuda ajena» mientras
que el 67 % de las mujeres dieron la siguiente
Completaré esta prospección con breve alu- respuesta: «con ayuda del entrenador». «Esta
sión a dos hechos también significativos muy respuesta —señalan los autores— es expresión
característicos de los últimos años: la presencia de un raso típico de las mujeres gimnastas:
plena de la mujer en el movimiento masivo falta de seguridad en sí mismas».
denominado «jogging» («running», «footing»)
típica forma simplificada de hacer deporte al Respecto a las cualidades psíquicas en gene-
margen de las clásicas estructuras codificadas ral, se puede decir que en los hombres gimnas-
de club-federación, en el ámbito del denomina- tas tienen mayor significación las combativas
do «deporte popular»; y finalmente, una curio- y en las mujeres las intelectuales. «Las exigen-
sa aunque muy reciente nueva moda bastante cias de las gimnastas en la actividad deportiva
generalizada en la mujer en Estados Unidos y no son las mismas que las de los gimnastas. Se
otros países, concretada en una línea deportiva diferencian entre sí no sólo en cuestión de gra-
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(lo, sino (le contenido». Parece evidente que las 3. «De las dos anteriores, se deduce un in-
exigencias son mayores en las g i m n a s t a s : su tento de identificación de la mujer con las ca-
resultado |)sí(|uico y su actividad psíquica son racterísticas masculinas».
una fuente de dificultades; tienen que ser re- 4. «En la praxis, a pesar de las actitudes
gulados v o l u n t a r i a m e n t e . Hemos constatado en ideológicas dichas, la m u j e r tiene una clara in-
las gimnastas las siguientes p e c u l i a r i d a d e s : fal- hibición ante las actitudes a r r i e s g a d a s ; siendo
ta de seguridad en sí m i s m a s ; reactividad im- '•¡US c o m p o r t a m i e n t o s conservadores».
pulsivo-agresiva, lo cual aporta una resonancia
emocional positiva ante los obstáculos y al mis- 5. «La mujer en la actualidad, tiene una si-
mo tiempo angustia ante las dificultades desco- tuación conflictiva, vive un m o m e n t o de i)aso
nocidas, así como posición defensiva ante la entre un exceso del desarrollo s u p e r i n h i b i d o r y
competición». l;i liberación consciente. Esto crea en ella una
•ituación de chocpie cultural, p o r insuficiente
asimilación de patrones de conducta de una
nueva c u l t u r a » .
Los impactos de la modelación socio-cultural
y la dificultad de distinguir cuáles sean las ac-
titudes psicológicas p r o p i a m e n t e femeninas, di-
ríamos femeninas p o r naturaleza, y cuáles las
internalizadas en cada individuo p o r presión del
modelo cultural, se evidencian cada vez más en
este tipo de investigaciones.
D O R O T H Y V. H A R R I S (1976) a p a r t i r de
sus propias investigaciones y bien d o c u m e n t a d a
en otros estudios en la misma línea e x p r e s a :
«Debido a que el p a p e l que se espera de la
feminidad en la sociedad americana está re-
ñido con el éxito, la mujer orientada al éxito
se frustra. La falta de aprobación social v de
reforzamiento positiva tienden a r e b a j a r el mo-
tivo de éxito entre las mujeres y a p e r p e t u a r
P o r su p a r t e EMMA G U E R O N , conjuntamen- la dependencia pasiva. K A G A N y MOSS infor-
te con T. SCHABANSKA y D. K O L E W A han maron que los jovencitos adolescentes contini'ian
investigado con mujeres atletas de alta com- luchando por el éxito a pesar de la posibilidad
petición. Hay hallazgos análogfjs y otros dife- de fracaso, m i e n t r a s que las mujeres son más
rentes con respecto a las gimnastas. «Las atletas propensas a a b a n d o n a r . Atribuyeron esta con-
—afirman los investigadores— se diferencian ducta al hecho de que c u l t u r a l m e n t e la mujer
absolutamente de los h o m b r e s en su actitud posee la opción de a b a n d o n a r mientras que el
emocional en la c o m p e t i c i ó n ; pero a diferen- hombr;- no». B A R D W I C K sugirió que las mu-
cia de las gimnastas, esta actitud es e s t a b l e ; jeres desarrollan motivos de éxito, pero que
no cambia en el decurso de la competición». difieren de los de los h o m b r e s en que las mu-
jeres tienden a fusionar la necesidad de éxito
Semejantes diferencias en estas y otras carac-
con la necesidad de afiliación. P o r tanto, uti-
terísticas psicológicas se siguen detectando en
lizan la necesidad de éxito como un medio para
las investigaciones de estos últimos años.
asegurar la aceptación, el amor y la aproba-
J. M. L E C U M B E R R I (1973) ha estudiado un ción».
aspecto m u y significativo: «la actitud de la mu- El tema de la agresión es especialmente sig-
jer ante el riesgo deportivo». He a(juí algunas nificativo, tanto p o r considerarse clásicamente
de sus conclusiones: piedra de toque en la diferenciación entre mas-
1. « E n la m u j e r española de clase media se culinidad y feminidad, como p o r ir estrecha-
encuentra u n a actitud positiva ante el riesgo mente vinculada a todo tipo de conducta de-
de tipo ideológico, como se muestra en la en- portiva. En deportistas practicantes de modali-
cuesta realizada, y en las actitudes desiderativas dades a p a r e n t e m e n t e nada agresivas se h a n des-
ante los deportes». cubierto altas dosis de agresividad. Así AMERI-
2. «El hecho de que el riesgo en un alto CA L Ó P E Z DE G O U V E R N E U R en su estudio
porcentaje se considere virtud masculina ma- sobre «El perfil psicológico del n a d a d o r sud-
nifiesta un sentimiento de inferioridad de la americano» (1973) sobre la muestra de nada-
mujer en el m o m e n t o actual». dores de alta competición de varios países del
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área geográfica, detecta «marcada agresividad 6 de los 16 factores estudiados según el cues-
e x t r a p u n i t i v a » . . . «alta agresividad en sus rela- tionario de C A T T E L . E n t r e ellos destaca pre-
ciones interpersonales». Numerosísimos estudios cisamente la m a y o r dominancia del varón, es
confirman esta tesis. decir, agresividad, i n d e p e n d e n c i a , seguridad en
Los resultados en investigaciones diferencia- sí mismos, dureza, p e r s i s t e n c i a ; las mujeres se
les patentizan las diferencias en la forma agre- muestran más sumisas, es decir, dependientes,
siva de las mujeres y de los h o m b r e s deportis- convencionales, infantiles, b l a n d a s . T a m b i é n
tas. No se trata de m á s o menos, sino de dife- ofrece diferencia significativa la m a y o r tenden-
r e n t e m o d o . «Mientras que las n i ñ a s no son tan cia p a r a n o i d e en la m u j e r , la cual conecta con
idóneas — r e s u m e D. H A R R I S ( 1 9 7 6 ) para rasgos como envidia, suspicacia, autosuficiencia,
demostrar un c o m p o r t a m i e n t o agresivo físico irritabilidad y alejamiento. Los atletas mascu-
abierto como los niños, tienden a manifestar la linos tienen ventaja en la a d a p t a b i l i d a d carac-
agresión p o r otros caminos. Ellas se vuelven terizada p o r rasgos como confianza, a p e r t u r a ,
«cuenta-cbismes», utilizan flechas y h o n d a s ver- tolerancia y permisividad. En el inventario de
bales, y se a p a r t a n de la amistad y del afecto». E Y S E N C K se hallaron diferencias sólo en el
De nuevo se remite a B A R D W I C K ( 1 9 7 1 ) p a r a factor estabilidad. Las mujeres son más lábiles,
quien las niñas están menos dispuestas hacia la poseen más sentimientos neuróticos. Según el
agresión, especialmente la de carácter físico test M I T T E N E C K E R - T O L M A N los citados auto-
a b i e r t o . SEARS (1965) en sus investigaciones res hallaron diferencias significativas en 7 de
clásicas sobre la agresión en los niños ya h a b í a los 9 rasgos investigados. Las mujeres son me-
constatado niveles de conducta agresiva más al- nos autocríticas, menos extrovertidas y más neu-
tos y consistentes en los varones que en las róticas, depresivas, esquizoides y con m a y o r la-
niñas. bilidad neurovegetativa.
D. H A R R I S se afirma en la postura más
generalizada en las décadas de los 60 y 70
acerca de los roles asumidos p o r m u j e r y varón
a p a r t i r de los estereotipos sociales; teoría fuer-
temente robustecida con el sólido m a t e r i a l p a r a
sociólogos y antropólogos a p a r t i r d e los estu-
dios realizados con tribus de Nueva Guinea por
M A R G A R E T M E A D ( 1 9 3 9 ) , la cual concluye
que la naturaleza h u m a n a es i n c r e i b l e m e n t e
maleable ( 1 ) . La m a y o r p a r t e , si no todos, los
rasgos de la p e r s o n a l i d a d que se h a n l l a m a d o
«masculina» y «femenina» no están más liga-
dos al sexo que los vestidos, las m a n e r a s o el
!ipo de p e i n a d o que la sociedad endosa a cada
sexo en u n período d e t e r m i n a d o .
P r á c t i c a m e n t e todos los estudios realizados
en el terreno de la agresividad confirman la
ronvicción de que entre las diferencias clara-
mente constatables resalta el carácter más físi- En general todos estos resultados suelen coin-
co, directo, de la agresividad masculina, pro- cidir con la común a r t i b u c i ó n a la mujer y al
bablemente como un aspecto de la mayor auto- h o m b r e de sus respectivos papeles y coii la
conscieneia d o m i n a n t e del varón en la socie- opinión más generalizada al respecto. Así se
dad. expresan E. W. G E R B E R , J. F E L S D S H I N y
E n un estudio acerca de las «diferencias psi- coautores, en la obra « T h e American woman in
cológicas entre atletas superiores masculinos y Sport» ( 1 9 7 4 ) : «Las mujeres son evaluadas de
femeninos» p r e s e n t a d o p o r M. V A N E K y V. acuerdo con las ideas acerca de lo que se con-
H O S E K en el tercer Congreso de la Sociedad sidera femenino, cuya internalización en cada
Internacional de Psicología del Deporte cele- individuo y su capacitación para cumplir los
hrado en M a d r i d , se concluye q u e las mujeres valores adscritos a la feminidad son frecuen-
difieren significativamente de los h o m b r e s en temente considerados como buena autovalora-
ción».
La m u j e r atleta la mujer deportista, sobre
lodo en la alta competición— se ha topado ge-
(1) También reforzaron esta tesis las conclusiones
etnológicas de MORGAN, LEVI-STRAUSS, MALI- n e r a l m e n t e con un conflicto en su autoidentifi-
NOWSKY. cación, en su autoestima al no coincidir su afi-
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ción y entrega deportiva con los roles femeni- forme al original «Personal Atributes Question-
nos de la sociedad. En la obra recientemente naire ( P . A . Q . ) » de H E L M R E I C H AND SPEN-
citada los autores a p o r t a n la expresión-resumen CE ( 1 9 7 7 ) e l a b o r a d o a p a r t i r de u n a nueva
de L O G G I A : «La histórica elección ha sido concepción en la escala de masculinidad y fe-
s i m p l e : m u j e r o atleta. La elección de lo se- m i n i d a d . No es posible e n t r a r aquí en disqui-
gundo supone el riesgo de censura — e l peyora- siciones y detalles de esta técnica. La autora
tivo apodo de «chicazo» p a r a la niña, «lesbia- de la comunicación citada resume algunos re-
na» p a r a la mujer, además de sufrir la parado- sultados, p r i n c i p a l m e n t e en cuanto a la dismi-
ja de que cuanto más se h a c e m u j e r menos se nución del conflicto entre los roles m u j e r y at-
acepta a sí m i s m a » . l e t a : «Es a l e n t a d o r — d i c e — que las atletas que
Todavía en la década de los 70 e n muchos habían sido consideradas como «menos femé-
países considerados como socialmente avanza- ninas» según los tradicionales tests de perso-
dos subsisten los viejos estereotipos. Así B I L L nalidad, pueden ser clasificadas como andrógi-
G I L B E R T y NANCY W I L L I A M S O N encabezan nos y / o masculinas segiín el P . A. Q. y manifies-
su célebre informe «Sport is unfair to women» tan significativamente un m a y o r nivel de auto-
(Sport Ilustrated, j u n i o 1 9 7 3 ) : « P u e d e h a b e r estima que las consideradas femeninas o indi-
peores formas de prejuicios en los Estados Uni- ferencias ( 1 ) . T r a d i c i o n a l m e n t e se había con-
dos, pero no existe un ejemplo más agudo de siderado q u e las mujeres que se r e p r e s e n t a b a n
discriminación hoy en día que el que tiene a sí mismas más bien alineadas dentro de u n a
lugar contra m u c h a c h a s y mujeres que toman conducta típicamente masculina, tendrían infe-
parte en deportes competitivos, que desean to- rior autoestima» ( . . . ) «Las mujeres que h a n
m a r p a r t e o que lo desearían si la sociedad no desarrollado un sentido de a u t o n o m í a y positi-
lo menospreciase tan o b s t i n a d a m e n t e » . El doc- va auloestimación p u e d e n ser más aptas p a r a
tor D A V I D A U X T E R , citado en el mismo in- seleccionar sus roles y p a r a disfrutar una li-
forme, o p i n a : «Cuando h a b l a m o s de «femeni- bertad de elección (incluido el ser atleta de
no» p e n s a m o s en algo sumiso, no p a r t i c i p a n t e , c o m p e t i c i ó n ) sin e x p e r i m e n t a r conflictos y u n a
i n m a d u r o , en una persona q u e carece de un inferior auloestimación. En resumen, la inten-
vigoroso sentido de p r o p i a i d e n t i d a d en quien sidad del conflicto entre los roles de ser m u j e r
languidecen las ambiciones y objetivos de la o ser atleta está d e s a p a r e c i e n d o » . .-
vida». Se ha llegado incluso a afirmar tajante-
R e s u m i e n d o : Evolucionan m a c h o s roles clá-
mente : Vemos el d e p o r t e como u n c a m p o p a r a
sicamente atribuidos a la mujer. ¿ P o d r á n mo-
los h o m b r e s v p a r a las mujeres homosexuales»
dificarse todos ellos? ¿ P o d r á n iriciiuso llegar a
( H A R T ( 1 9 7 Í ) , citado p o r E. W. G E R B E R ) .
intercambiarse? Recordemos la célebre costum-
Pero tampoco han faltado personas clarivi- bre do los indios, donde al nacer el niño el
dentes que ya desde comienzos de este siglo padre se mete en cama, sufre y se queja, mien-
afirmaban lo contrario, como G E O R G E S HE- tras (jup la m a d r e , recién p a r i d a , pasa inme-
B E R T fun dador del famoso «método de edxi- diatamente al trabajo. No han p o d i d o inter-
cación física viril ( ! ) y moral» el cual escribía cambiarse los roles biológicos de d a r a l u z ;
en 1919: «La experiencia p r u e b a que todo lo pero todo el rol psicológico y social que le
que e] h o m b r e ejecuta de d u r o , como trabajo o a c o m p a ñ a se ha t r a n s m u t a d o . He a h í hasta
ejercicio es igualmente ejecutado algún día, con dóníle puede llegar la c u l t u r a .
la estupefacción general, por una persona del
Quizás en los momentos actuales el núcleo
sexo f e m e n i n o . . . Son los prejuicios los que nos
pxcgético, el n u d o gordiano p a r a acceder a u n a
hacen considerar a la mujer como un ser apar-
acertada interpretación del deporte femenino
te, físicamente inferior a su c o m p a ñ e r o varón.
- como de otras actividades de la mujer, e n t r e
Es l a educación la que crea las diferencias de
ellas el m u n d o del trabajo, la función públi-
aptitudes físicas, las cuales se acentúan con la
ca, etc.—, se sitúa en este p l a n t e a m i e n t o : La
edad, hasta llegar a ser irremediables» (citado
ciencia confirma diferencias psicológicas signi-
por M A R G U E R I T E A U D E M A R S , 1 9 7 9 ) .
ficativas entre deportistas masculinos y feme-
Existe una inmensa literatura, desde las an- ninos. Se va a p r e c i a n d o cierta disminución en
tiguas apreciaciones intuitivas hasta recientes lales diferencias. ; Hasta d ó n d e estas diferencias
constataciones sociológicas y psicológicas, coin-
cidentes en diagnosticar la afición atlética, de-
portiva, como masculinizante, menos femenina.
En el Symposium Internacional sobre «Psy- (1) La terminología usada por HELMRICH y
SPENCE presentía cuatro tipos dentro de la escala
chological Assessment in Sport» celebrado en bipolar mascullnidad-femlnldad cuya descripción y ra-
Israel ( 1 9 7 8 ) D. H A R R I S ha presentado u n a zón clasiflcatorla supondría explicaciones que rebasan
serie de investigaciones recientes realizadas con- la mera cita que aquí nos Interesa.
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brotan n a t u r a l m e n t e de la condición femenina mismo infantil queda establecida su dinámica
o son internalizaeión (convertida en segunda de m u t u a r e l a c i ó n ; hay una fijación infan-
n a t u r a l e z a ) de los papeles a t r i b u i d o s social- til(l).
mente? Quizá sirvan p a r a a y u d a r un poco a la evo-
El acceso de la m u j e r a la intensa competi- lución de ciertas actitudes feministas bloquea-
ción deportiva señala una de estas asunciones das, estereotipadas, no evolucionadas, y m u c h a s
(le roles hasta hace poco consideradas como tí- de ellas precisamente vigentes en el á m b i t o de-
|)¡camente masculinas. portivo, algunas consideraciones sobre machis-
mo-feminismo. Por ejemplo, la hipótesis que
IV sigue:
La mujer pasiva, débil, d e p e n d i e n t e ; n o será
Como instrumento mental que ayude a orien- un estereotipo cultural lentamente a d q u i r i d o
tar las variadísimas respuestas que p u e d a n dar- por una sociedad no rigurosamente machista
se a esta cuestión central, valgan unas refle- ( d o m i n a d a p o r el macho p r o t o t i p o ) sino deter-
xiones finales: m i n a d o por machos inseguros inacabados, inma-
Los grandes movimientos sociales suelen te- duros? No he conocido a ningún varón profun-
ner un desarrollo, un crecimiento, culminación damente seguro de sí mismo (no entendido en
y acabamiento en cierto modo parecido a la el sentido de petulancia, sino h o n d a m e n t e iden-
ontogénesis individual. Muchas veces a m i t a d tificado con su propio rol de h o m b r e - v a r ó n )
del camino en su p r o p i o desarrollo se desvir- que tema a una mujer d o m i n a n t e , activa y
túan y no llegan a culminarse con la deseada fuerte. He conocido a muchos varones preocu-
m a d u r a c i ó n . La forma en que m u c h a s feminis- pados constantemente en p r o c l a m a r la seguri-
tas hacen que se estereotipe el movimiento fe- dad en sí mismos — p r o f u n d a m e n t e inseguros—,
menino reviste cierta i n m a d u r e z , cierta fijación que defienden enérgicamente el p a p e l pasivo,
en estadios primerizos. Así el movimiento pasó secundario, débil de la mujer.
por un período de comprobación de las enor- La llamada «sociedad machista» ; no ha sido
mes desigualdades y la lucha directa contra ta- más bien una sociedad definida p r i n c i p a l m e n t e
les desigualdades, la rivalidad contra el varón por este tipo de hombres, quienes en su inse-
situado en sus privilegios. Las igualdades se con- guridad se han afanado históricamente por el
cedieron, se abrieron las puertas a las mismas m a n d o , han p r o c l a m a d o constantemente sus
o p c i o n e s ; pero aquel talante de enfrentamien- fuerzas y han radicalizado las expectativas so-
to y rivalidad no ha logrado ser s u p e r a d o p o r bre muchas funciones sociales? Aquí aparece es-
m u c h a s ; persiste un tono afectivo, u n sabor so- bozado un tipo de p r o h o m b r e bastante clásico,
cial p r o p i o de aquellos períodos de desarrollo ; lo mismo político profesional que h o m b r e de
es como dos h e r m a n o s rivales que en su infan- m a n d o en negocios, ambicioso de poder, pro-
cia tuvieron mutua i n c o m p a t i b i l i d a d , e n v i d i a : fundamente inseguro (con egregias excepciones ;
V. llegados a la adultez, en vez de acceder a la puesto que el h o m b r e e x t r a o r d i n a r i o , conscien-
plena posesión del sentido fraternal, subsisten te de su n a t u r a l liderazgo, ambiciona p o d e r ,
en sus discrepancias infantiles y en tal dina- pero uo d e s m e s u r a d a m e n t e , ya q u e su ambi-
ción está en «mesura», en m e d i d a , en línea con
su propia c a p a c i d a d ) , h o m b r e que necesita el
poder para sentirse fuerte, que p r o p e n d e al des-
(1) Agudamente analiza este problema CARLOS
CASTILLA DEL PINO. «Por varias razones es difícil ))otismo en cualquier á m b i t o público o priva-
lograr la supsrición del punto de vista feminista. La do, que lógicamente tuvo que r e p r i m i r a ese
primera, por cnanto no es fácilmente hacedera la li- enorme gremio — m e d i a h u m a n i d a d — biológi-
beración en el planteamiento de las formaciones agre- camente fortísimo, que son las m u j e r e s ; al igual
sivas secundarias. La segunda, porque subconsciente- que siempre temió y r e p r i m i ó a otros gremios
mente la mujer adopta como modelo —equivocada-
mente— al hombre, identificándose de esta suerte con fuertes como los filósofos o los intelectuales.
el represor. Por ello, es frecuente ver cómo la femi- Tales políticos u h o m b r e de influjo, los que
nista envidia al varón, al mismo tiempo que lo agre- g e n e r a l m e n t e en la historia desearon y deten-
de. El hecho es por demás coherente, pues la identi- taron uno u otro tipo de poder —pocas veces
ficación con el represor es un proceso habitual tras
la regresión que impone el sujeto que reprime al coincidentes con los más competentes— fueron
sujeto reprimido. Por otra parte, la mujer no ha en- creando en la sociedad los modelos y expectati-
contrado todavía su iwopio ideal del yo. Y equivo- vas convenientes a la perduración de su p o d e r .
cadamente, repito, ha adoptado el ideal del yo del La m u j e r fue la m á s extensa víctima.
varón, que en una sociedad anómicocompetitiva no es
precisaments un objetivo psicológicamente productivo. He a h í u n a sugerencia p a r a u n p l a n t e a m i e n -
La «moral del éxito» compone imo de los patrones to crítico m á s profundo acerca d e la sociedad
más destructivos de la sociedad de consumo» (I971). machista y t a m b i é n para la revisión o evalúa-
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ción de tradicionales presupuestos feministas. cuyo autoconcepto. en cuyas expectativas y en
No es el hombre-varón contra quien deben rei- cuya disponibilidad está en primer lugar lo hu-
vindicar, sino el pseudovarón, el acomplejado mano, pero con total asunción de su condición
profundo, el gritador de virilidad, el exhibidor de varón o de mujer, debe ser el paradigma de
de varonía (don Juan) quien reprime a la mu- una sociedad verdaderamente humana. Sólo a
jer y pretende reprimir al auténtico varón, y partir de este modelo se puede aspirar a una
de cuyo mando en la historia se han seguido rejerarquización profunda, una de cuyas con-
tantos descalabros. secuencias será la igualdad humana de los sexos
con todas sus consecuencias.
El conjunto de los estereotipos tradicional-
mente dominantes en la sociedad occidental y
occidentalizada, podría resumirse en el esque-
ma : hombre inseguro-mujer débil. El esquema
se vistió de diversas racionalizaciones, tales co-
mo : hombre dominante-mujer sumisa; hombre
activo-mujer pasiva; hombre inteligente-mujer
sensitiva; hombre protagonista-mujer comple-
mento, hombre fuerte-mujer débil. Las natura-
les diferencias constitucionales, biológicas y,
consecuentemente, psicológicas propiciaban es-
tas radicalizaciones. No toda diferenciación fue
meramente producto cultural. Pero la cultura
facilitó la definitiva simplificación, la radicali-
zación. Todo ello se fue decantando en estereo-
tipos y criterios sociales, en obligaciones, pro-
hibiciones y tabúes, los cuales a su vez se in-
ternalizaban en cada individuo, quien asumía
el rol conforme a los criterios imperantes.
La líltima racionalización en la lista ante-
riormente expuesta, hombre fuerte-mujer débil,
indudablemente alimentada por la importancia
que las capacidades de ejecución del aparato
locomotor han tenido en la gestación de la his-
toria a través de la guerra física, es la que
facilitaría también la adscripción de la activi-
dad deportiva al modelo varón. El deporte, so-
bre todo entendido como eficiencia de ejecu-
ciones físicas, se fue configurando como tarea
típicamente varonil. En los Juegos griegos par-
ticipaban sólo varones. Ni siquiera como es-
pectadores estaba permitida la presencia de la
mujer, a excepción de algunos períodos (con-
La revolución feminista sería más })rofunda, viene recordar que los Juegos Olímpicos anti-
más universal, válida igualmente para los va- guos duraron casi 12 siglos y tuvieron lugar
rones, si se replantease a partir de una revo- muchos cambios y renovaciones en su desarro-
lución básicamente humana (no simplemente llo). Hubo en alguna época competencias para
mujeril ni varonil; ni tampoco una superficial muchachas, pero carecieron de significación y
revolución al modo clásico político), a partir siempre tuvieron carácter de juegos paralelos,
de una revisión profunda de los valores huma- complementarios o imitativos. El protagonismo
nos y del sistema de valores y procedimientos deportivo ha estado siempre en el hombre (las
por el que se organiza, se estructura, se lega- «amazonas», guerreras y luchadoras, suponen
liza y se jerarquiza la sociedad. La injusticia una excepción). Todos los juegos violentos, co-
femenina fue consecuencia de una progresiva mo los de pelota de la sociedad maya, eran eje-
des-jerarquización o subversión de valores hu- cutados sólo por varones. No es propio de las
manos. Pero la mujer no fue la única víctima ; limitaciones de esta comunicación alargarnos
hubo otros gremios. con datos históricos que son sobradamente co-
El varón cabal y la mujer cabal: es decir nocidos. Precisamente la protagonización de la
todo varón y toda mujer en cuya conducta, en conducta física violenta, tanto en guerra como
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en d e p o r t e , por p a r t e del varón, h a determina- cadas p o r pedorosas razones, domina aún el ta-
do en casi todos los idiomas u n acercamiento lante de muchos estudiosos del tema femenino.
ele significado de los términos «violento» y Y es triste que este talante i m p i d e profundizar
«viril». con más objetividad en un asunto en el que
Se explica lo costoso que está resultando a lanto se juega la h u m a n i d a d entera ( 1 ) .
la m u j e r su lucha p o r el pleno acceso al de- P o r eso, accediendo a algunas conclusiones
p o r t e d u r a n t e el siglo xx, dadas las antiquísi- prácticas, no soy p a r t i d a r i o d e competiciones
mas y densas raíces que éste tiene en los cotos abiertas entre varones y mujeres. Me refiero al
del varón. deporte de alta competición, no a la práctica
El d e p o r t e , que es una m a n e r a de vivir acti- de simple diversión deportiva, de expansión
vamente la p r o p i a c o r p o r a l i d a d , o, en otras pa- ociosa o de carácter educativo. En competicio-
labras, es una conducta de íntegra participa- nes medidas p o r cronómetro y centímetro o
ción h u m a n a (espiritual y c o r p o r a l ) se ha cen- en las basadas en eficiencia contabilizadas de
trado p r i n c i p a l m e n t e en una constatación de potencia, velocidad y fuerza (fútbol, baloncesto,
resultados. Los «récords» goles, medallas, lis- b a l o n m a n o , hockey, etc.) tiene ventaja el va-
tas de campeones, han encasillado la conducta rón. Su a p a r a t o locomotor está m e j o r p r e p a r a -
h u m a n a deportiva en sólo una de sus formas do p a r a tales eficiencias: tiene más tono muscu-
de e x p r e s i ó n : y esta m a n e r a de entenderse el l a r ; más eficacia en tracción y flexión; más ca-
d e p o r t e ha a d q u i r i d o carácter de exclusividad. pacidad respiratoria, etc. (no voy a extender-
El célebre lema del P . DICON «citius, altius, me en realidades anatomofisiológicas amplia-
fortius» asumido por el R A R O N DE COURER- mente conocidas).
T I N y elevado a la categoría de lema olímpi-
co, ha acentuado dentro del movimiento quin-
taesencia! del deporte del siglo xx este carácter
exclusivo. I n d u d a b l e m e n t e el lema tal cual lo
asumió C O U R E R T I N tiene un neto significado
e s p i r i t u a l ; afán de superación h u m a n a , ideal
de m e j o r a m i e n t o . Pero tal lema no puede ais-
larse del contexto a m b i e n t a l en el que se des-
arrolla el deporte del siglo xx. con la exalta-
ción del récord, del campeonismo, con el pre-
dominio del deporte cuantificado, e n m a r c a d o
éste a su vez en una sociedad de r e n d i m i e n t o ,
competitividad y consumismo. P o r ello este
lema, que p r á c t i c a m e n t e (ahí están los resume-
nes y datos de las O l i m p í a d a s ) conduce a una
glorificación de la mera eficiencia deportiva,
cuantificada en resultados, es hoy insuficiente
¡tara e n t e n d e r el deporte : más bien puede con-
siderarse como perjudicial para la evolución
hacia un deporte h u m a n í s t i c a m e n t e a d a p t a d o a P o r ello en los deportes cronometrados y me-
nuestro t i e m p o . didos los «ranking» masculinos y femeninos
Considero útil volver a la consideración del acortaron n o t a b l e m e n t e sus diferencias en la
doble plano de instalación en la vida que tiene época de pleno acceso de la mujer al deporte.
la p e r s o n a : como ser h u m a n o y como varón o Pero una vez logrado un alto nivel técnico en
h e m b r a . Hoy por hoy. mientras la especie no m u c h a s m o d a l i d a d e s por p a r t e de la mujer
sufra radical mutación, no se p u e d e ser «hu- (natación, atletismo, etc.), las diferencias se
m a n o » sin ser varón y mujer. Y el varón bio- estabilizaron ; se ha impuesto la barrera de las
lógicamente, y por consiguiente psicológicamen- disparidades constitucionales. El h o m b r e obtie-
te, vitalmente. —puesto que la psique es biolo- ne mejores resultados en las competiciones cuan-
gía h u m a n a — es distinto de la mujer. O la
m u j e r distinta del varón. P a r a cualquier re-
p l a n t e a m i e n t o antropológico honesto — y es (1) En el extremo del apasionamiento de la jus-
tificación, los movimientos del lesbianismo radical han
h o r a de acceder a serenos r e p l a n t e a m i e n t o s an- llegado a afirmar: «En esta sociedad sexista para que
tropológicos y filosóficos, una vez superadas las una mujer sea independiente no puede ser mujer,
resacas de rivalidades y reivindicaciones— hay tiene que ser ». Ello nos indica a dónde
que p a r t i r de esta gran verdad epistemológica. han venido a parar las mujeres. Expresa de la for-
La virulencia de las luchas feministas, justifi- ma más clara posible: mujer y persona son dos tér-
mi.io.i contrr'dictorios. (Citado por E. W. GERBER...).
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tificadas. No significa que el hombre sea mejor mente, estructuralmente, esta tarea de transfor-
deportista que la mujer. Lo que pasa es que mación valorativa del deporte; es ya otro tema
el deporte es inmensamente más rico que las que rebasa, nuestta reflexión de hoy.
fórmulas actualmente preponderantes del de-
porte medido. No se puede establcer compara- ULTIMA CONSIDERACIÓN
ción entre las calidades de «La Gioconda» y Había anunciado el planteamiento de tres
de «El Juicio Final» por su diferente tamaño: temas concretos del deporte femenino. Hasta
son incomparables entre sí. aquí, sólo el primero de ellos, la mujer en el
En muchas modalidades deportivas se puede deporte de competición. Por haber rebasado las
establecer la participación indiscriminada entre dimensiones habituales para este tipo de tra-
hombres y mujeres. Pero el realizar pruebas bajo, dejo para otra ocasión los otros dos asun-
conjuntas en deportes de implacable cronóme- tos ; primero: la masiva incorporación de la
tro o centímetro, señalarían un aparente pre- mujer al movimiento «Jogging». Es un fenó-
dominio del hombre sobre la mujer; predomi- meno que abre enormes perspectivas sociales
nio que, en realidad biológicamente, humana- y que va a traer importantes modificaciones en
mente, no existe. la autoconsideración de la mujer como depor-
Pienso que quienes opinan que el indiscri- tista. Probablemente supone un replanteamien-
minado acceso de la mujer a la alta competi- to profundo de la manera de entender el de-
ción mezclada con el hombre es la definitiva porte en nuestra sociedad; y segundo: la pro-
consagración de su igualdad en el deporte, con- liferación en países muy desarrollados de los
siguen a la larga el efecto contrario: la aparen- concursos femeninos de musculación. Es un te-
te superioridad del hombre sobre la mujer en ma sorprendente y por ello especialmente apa-
el deporte. sionante. Las mujeres deportistas siempre han
El último y definitivo paso —si es que hay defendido que su actividad deportiva no cam-
algo definitivo en el devenir humano— en la biaba la apariencia física, que en la mayor
igualdad de la mujer con el hombre, no con- parte de modalidades deportivas la morfología
siste en la desaparición de diferencias tanto femenina podía acentuarse, pero no evolucionar
individuales como sociales; sino, primeramente hacia la apariencia de pretensión muscular va-
en la igualdad de consideración como persona, ronil. Los concursos de «misses» que con fre-
de derechos y deberes como persona, de dig- cuencia han acompañado al de «Míster Múscu-
nidad como persona; y, segundo, en la acep- lo» no eran valorados según la mayor masa y
tación de indeclinables diferencias constitucio- señalamiento muscular. Pero este último movi-
nales, psicológicas, vitales. Precisamente a quien miento parece alterar el criterio. La mujer tam-
asume su condición de varón o de mujer con bién buscaría su máxima musculación. Se anun-
plenitud humana tales diferencias no le preocu- cia que la considerada campeona mundial de
pan. Pienso —y respeto cualquier opinión di- estos concursos. LISA LYON. de musculatura
versa— que una de las mayores razones de reciamente marcada, va a salir en la portada
vivir en este mundo es que nos diferenciamos de la revista «Play Boy»; esto supone un pro-
los hombres y las mujeres. nóstico de alteración de los modelos de belleza,
El conflicto existente en la mujer deportista de exhibicionismo comercial del cuerpo feme-
ante su doble autoidentifioación, al cual ya se nino ; y aunque estas costumbres más o menos
ha hecho alguna referencia, se resolverá en par- exhibicionistas no son propiamente deporte, sin
te con la superación de la identidad «depor- embargo tienen que ver profundamente con él,
lividad-masculinidad» pero también con la auto- por tratarse en el fondo de una manera activa
afirmación de la mujer en una deportividad fe- de vivir, sentir y experimentar ©1 propio cuer-
menina, sin complejos, con clara aceptación de po. ;. La expectativa sobre aspectos físicos de la
su propia condición. Pero este deporte no pue- mujer cambia?, ¿cambia acaso la catexia cor-
de ser juzgado por una de sus más secundarias poral de la mujer?, ¿es sólo una moda pasaje-
realizaciones: la medición de meras ejecucio- ra? Una serie de hechos sociológicos invitan a
nes, la cuantificación de resultados. estudiar con atención el tema.
Dentro de los actuales programas de defensa Volviendo a nuestra reflexión de hoy, pienso
de la «calidad de vida» está la recuperación que después de que las mujeres hayan logrado
de las singulares calidades humanas del depor- la plena igualdad como seres humanos y se
te, mucho más hondas, ricas, fecundas que los hayan superado todos los reflejos sociales de-
simples resultados competitivos. En esa línea rivados de tantos siglos de desigualdad, será
le toca a la mujer una importante tarea; como hora de reconsiderar sin complejos y de asumir
le toca al hombre. con plenitud la diferencia sexuada que nos dis-
Cómo abordar pedagógicamente, sociológica- tingue. No sé a qué grado de humanidad tedio-
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troducido artificialmente otras, enriqueciendo y
a veces e m p o b r e c i e n d o . Pero la diferenciación
de roles es precisamente una innovación cultu-
ra. La innovación a deformación h a podido estar
en el mal r e p a r t o de algunos, en la introduc-
ción caprichosa o explotadora de otros. Uno
de los tenebrosos riesgos —revestidos de mo-
d e r n i d a d — que existe actualmente es, precisa-
mente, el establecimiento de una moda cultu-
ral que haga desaparecer la diferencia sexuada.
En la revisión crítica de tales roles, en su
reajuste y redistribución conforme al papel
humano-biológico, humano-social y humano-se-
xual que a cada uno corresponda, debe apli-
carse al máximo rigor.
Claro que t a m a ñ a empresa, p o r lo que se ve,
sa, robotizada, definitivamente alienada se lle- no es nada fácil.
gará si, p o r entendimiento parcial de la lucha
reivindicativa de la mujer o p o r estancamiento B I B L I O G R A F Í A
en estadios pasajeros de esa lucha, se accediese
a una disminución en la diferenciación sexual. AUDBMABS, M. — «Hébertisme et Gymnastique
Habría que pensar en un retroceso en la escala féminine de 1919 á 1979» en «La Gymnastique Vo-
lontaire», núm. 9, diciembre 1979.
antropológica, incluso en la escala zoológica. CASTILLA DEL PINO, C. — «Cuatro ensayos sobre
Los hallazgos y atinadas reflexiones de los la mujer». «Alianza Editorial», Madrid, 1971-72.
etnólogos hace 40 años acerca de la maleabili- FERNANDEZ DE MISA LIASTO. R. — «Mujer y De-
dad de la conducta h u m a n a y el determinismo porte», en «Cátedras Universitarias de tema deporti-
vo-cultural», Junta Nacional de Educación Física, La
cultural de los roles, descubiertos al m u n d o oc- Laguna, 1971.
cidental desde el estudio de culturas primiti- GERBER, E. W.; FELSHIN, J. (y otros). — «The
vas, debe ser c o m p l e m e n t a d o con los hallazgos American Woman in Sport», «Addlson-Wesley Pu-
más recientes de los etólogos en sus estudios blishing Company», 1974.
de la conduela h u m a n a pre-cultural —también GILBERT, B.; WILLIAMSON, N. — «Sport is un-
en pueblos p r i m i t i v o s — . Los etólogos no detec- fair women», en «Sport Illustrated», 4 junio 1973.
GUERON, E.; DIMOVA, Z. — «Einige Psycologische
tan «culturas» primitivas, sino conductas h u m a - besonderheiten der Franen-Turnerinen», «Europaiser
nas casi anteriores a la c u l t u r a ; diríamos, las Kongres für Sportpsychologie, Hofmann Verlag-Schon-
pautas de c o m p o r t a m i e n t o mitad animal, m i t a d dorf», 1973.
h u m a n o del h o m b r e , que es filogenéticamente GUERON, E.; SCHABANSKA, T.; KOLEWA, D. —
cForschugen über dle psychischen Besonderheiten der
la capa de conducta relaciona! más antigua que Prauen-Wettkámpferinnen in der Leichtathletlk»,
éste tiene. Y en ellos han encontrado neta di- «Europaiser Kongress für Sportpsychologie, Hofmann
ferenciación de los papeles masculino y femeni- Verlag-Schondorf», 1973.
HARRIS, D. — «Involvment in sport», en la edición
no ; división de r o l e s ; ritualizaciones en las que española «¿Por qué hacemos deporte»? «Lea and Febl-
la mujer se afirma como mujer y el h o m b r e ger, Philadelphia, USA, y Edit. Jims, Barcelona, 1976.
como h o m b r e ; pautas de c o m p o r t a m i e n t o eró- HOWE, B. L. — «Sex differences of High Sohool
tico con papeles diferenciados y estables, etc. Athlets in group cohesión and goal orientation», IV
Congress of the International Society of Sport Psy-
(EIBLEIBESFELDT). chologie, Prague, 1077.
Esta instalación en la realidad sexuada con LECUMBERRI, J. M. — «Actitud de la mujer ante
todas sus consecuencias es antiquísima en el el riesgo deportivo». Congreso Internacional de Psico-
h o m b r e . No es nada extraño, puesto que ya en logía del Deporte. Madrid. 1973.
LÓPEZ IBOR, J. J. — «El libro de la vida sexual»,
los animales la neta diferenciación y conducta «Ediciones Danae», Barcelona, 1968.
individual y grupal de macho y h e m b r a , se MARÍAS, J. — «La mujer en el siglo XX», «Alian-
constata en a b r u m a d o r a mayoría de especies, za Editorial». Madrid. 1980.
como va manifestaron los p r i m e r o s etólogos de MEAD, M. — «Sex and Temperament in three pn-
Ja conducta animal (LAURENZ. T I M B E R G E N , mitive societies», «Prom the South Seas», New-York,
Morrow, 1939.
etcétera). SEARS, R. R _ «Identification and child Rearlng»,
E n la historia de la filogénesis zoológica la Stanford, California Stanford Univertlty Press, 1965.
diferenciación de roles no es cultura. Allí la VANEK, M.; CRATTY, B. J. — «Psychologie sporti-
cultura no p u d o diferenciar n a d a . En la histo- ve et compétion» «Editions Universitaires», 1972.
VANEK, M.; HOSEK, V. — «Psychologic differen-
ria de la h u m a n i d a d la cultura —cuyo límite ces betweean men and women superior athletes», III
preciso con la naturaleza parece imposible de Congreso Mundial de la Sociedad Internacional de
establecer— ha deformado m u c h a s cosas, h a in- Psicología del Deporte, Madrid, 1973.
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CORTIDENE DEPOT Potente acción analgésica y antiinfSamatoria local


Efecto inmediato y prolongado

iPor su analgesia, su especial micronización y su liberación


paulatina y prolongada, CORTIDENE DEPOT se ha constituido
en el cortidene de elección para las infiltraciones.

Se utiliza por vía intra o períarticular en:


— bursitis — tenosinovitis
— periartritis escápulo-humeral — indicaciones específicas
— epicondilKis de artrosis y artritis reumatoide
— tendinitis

Composición- Acetato de parametasona Syntex en suspensión micronizada. Indicaciones: Afec-


riones aléraicas Asma bronquial. Afecciones reumáticas (artritis y artrosis) Y procesos en general
aue reouieran una corticoterapia sistémica sostenida. Método de empleo y dosificación: Inyec-
ciones intramusculares, 1 vial cada 15 ó 20 días, intraarticulares 0,5 a 2 ce (según el tamaño de la arti-
culación afectada) cada 10 ó 15 días. Efectos secundarios: Los síntomas de hipercorticismo,
distribución irregular de las grasas, hirsutismo y aparición de estrías cutáneas son manifestaciones
secundarias posibles con el tratamiento prolongado con esteroides a dosis elevadas. Contramdica-
rionas- Ulceras aástricas, tuberculosis activa, infecciones no controladas, virupatias, psicosis, emba-
razo o presunción de embarazo. Incompatibilidades: No debe ser administrado simultáneamente
rnn x/acunas Su administración asociada a diuréticos tiazídicos produce alteraciones del lonograma.
Presentación y P.V.P.: Envase con 1 y 5 viales de 2 ce y 40 mg, 214 y 634 ptas., respectivamente.
Laboratorio preparador: I.F.L.

Es un producto de investigación SYNTEX

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