Está en la página 1de 250

Federico César Lefranc Weegan

Holocausto y Dignidad
Significado y fin de la invocación a la dignidad humana en el
Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos
Federico César Lefranc Weegan
xxx

Holocausto y Dignidad
Significado y fin de la invocación a la dignidad humana en el
Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos
© Federico César Lefranc Weegan
© UBIJUS Editorial
Av. Jardín N° 592, Col. Euzkadi, C.P. 02660
Del. Azcapotzalco, México D.F.
(0155) 55564511
(0155) 53566888

ubijus@gmail.com
ISBN:

Corrección: Lic. María Luisa Hernández Sandoval

Dirección de Arte y Diseño:


Rolando L. Bartolo Mesías

Reservado todos los derechos. Ni la totalidad


ni parte de este libro puede reproducirse o
transmitirse por ningún procedimiento... etc

4
Índice
Introducción 1

Primera Parte
I.- El Holocausto. El nazismo como
manifestación de la barbarie
1. Las leyes ....................................................................... 17
2. Las acciones ................................................................ 31
3. Los campos como paradigma ................................... 49
4. Los perpetradores y sus instituciones ...................... 62
5. Las formas de la degradación. ................................... 68
6. La magnitud del Holocausto. Las cifras ................... 76

Segunda Parte
II.- La invocación a la Dignidad Humana en la
Declaración Universal de Derechos Humanos
y los testigos del Holocausto.
1. Las reacciones ante el Holocausto ............................. 93
2. Los trabajos preparatorios de la Declaración
Universal de Derechos Humanos.............................. 98
3. Las conclusiones de la Comisión de la Unesco. ...... 146
4. Los testigos morales del Holocausto ......................... 151
5. La interpretación de Bauman .................................... 188
5.1. La racionalidad instrumental. La lógica del

5
dominio ........................................................................ 199
5.2. La responsabilidad por el otro.
La lógica del cuidado .................................................. 206
6. El olvido. Las interpretaciones contemporáneas
de la dignidad .............................................................. 215

III. Posición Personal


BIBLIOGRAFÍA ................................................................ 253

6
Introducción

L a dignidad humana fue invocada expresamente en la De-


claración Universal de Derechos Humanos de 1948. Esta
invocación constituye un parteaguas en el derecho contem-
poráneo, porque a partir de ella la dignidad aparece recogi-
da en diversas constituciones nacionales y en múltiples ins-
trumentos internacionales.1 Este reconocimiento dentro del
ámbito de los llamados derechos fundamentales es reciente, y
requiere ser interpretado de alguna forma.
El trabajo que presentamos propone una interpretación
específica. Para poder hacer esta interpretación partiremos
de las siguientes aserciones:
- La dignidad humana no aparece expresamente en las de-
claraciones clásicas de derechos humanos. Es decir, no está
enunciada en la Declaración de Independencia de los Esta-
dos Unidos de 1776, ni en la Declaración de los Derechos del
Hombre y del Ciudadano de 1789. Estas declaraciones tuvie-
ron como presupuestos expresamente; la vida, la libertad y la
propiedad.2

1 Sobre el carácter singular de esta declaración vid. Bobbio, Norberto.


El Tiempo de los Derechos, Editorial Sistema, Madrid, 1991, especial-
mente el capítulo II, y Ferrajoli, Luigi. “Mas allá de la soberanía y la
ciudadanía. Un constitucionalismo mundial” en Alegatos, núm. 31,
pp.537 ss.
2 Ferrajoli, Luigi. Derechos y Garantías, la ley del más débil, Trotta, 1999,
180 pp. Además sobre la propiedad considerada anteriormente como
7
Federico César Lefranc Weegan

- La dignidad humana se reconoce explícitamente como


parte de las declaraciones de derechos a partir de la Declara-
ción Universal de Derechos Humanos de 1948.
- El reconocimiento explícito de la dignidad significa que
debe considerársele como algo diferente de la libertad por-
que ésta aparece de manera independiente en la declaración
estudiada. Es decir, libertad y dignidad humanas, no son
equiparables desde el punto de vista de las declaraciones de
derechos.
- Al formar parte de una declaración de derechos, la in-
vocación a la dignidad humana admite distintas interpreta-
ciones. Por ello es necesario arriesgarse a ofrecer interpreta-
ciones concretas, para que esta invocación no se quede como
un mero pronunciamiento, para que, por ejemplo, en caso de
aceptar que se debe tratar como un concepto jurídico inde-
terminado,3 se aplique en su interpretación la técnica corres-
pondiente.4
La hipótesis que será discutida durante esta exposición,
está relacionada directamente con la forma en que se ha ex-

derecho fundamental, en 1947, la Comisión de la Unesco para las ba-


ses técnicas de los derechos humanos admitió este supuesto en sus
conclusiones, recogidas en: Carr, Edward et. al. Los Derechos del Hom-
bre, Laia, Barcelona, 1973, p. 400.
3 Ascensión Cambrón, “El Proyecto Genoma Humano y el Derecho a
la Propiedad Intelectual”, en Revista de Derecho y Genoma Humano,
No. 13, 2000, Universidad Euskal Herriko y otros. En este artículo se
refiere a la dignidad como un concepto jurídico indeterminado.
4 Bartolomé, José Carlos de. El orden público como límite al ejercicio
de los derechos y libertades, Centro de Estudios Constitucionales, Ma-
drid, 2002, 455 pp., al respecto escribe, p. 74: “Mediante la técnica
del concepto jurídico indeterminado la ley perfila una porción de la
realidad cuyos límites no aparecen bien precisados en su enunciado,
no obstante lo cual parece claro que intenta delimitar un supuesto
concreto. El motivo de que la ley no delimite perfectamente el su-
puesto de hecho se debe a que se trata de conceptos que no admiten
una cuantificación o determinación rigurosas.(..) resulta manifiesto
que se está refiriendo a un supuesto de la realidad que, a pesar de la
indeterminación del concepto, admite ser precisado en el momento
de la aplicación.”
8
Holocausto y Dignidad

presado esta invocación a la dignidad humana en el preám-


bulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos pro-
clamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el
10 de diciembre de 1948:
“Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mun-
do tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrín-
seca y de los derechos iguales e inalienables de todos los
miembros de la familia humana;
Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de
los derechos humanos han originado actos de barbarie ultra-
jantes para la conciencia de la humanidad;..”

La dignidad se enuncia separada de los derechos, es decir,


es distinta de los derechos, pero actúa junto con ellos.
La parte que nos interesa se podría expresar también de la
siguiente manera:
El reconocimiento de la dignidad y de los derechos es la
base de la libertad, la justicia y la paz en el mundo. 5
A la vez se reconoció que se habían ejecutado actos de
barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, cuyo
origen estaría en el desconocimiento y menosprecio de los
derechos humanos.
El reconocimiento permite la libertad, la justicia y la paz;
y el desconocimiento y menosprecio han permitido los actos
de barbarie referidos.
Y surgen dos preguntas básicas; a qué actos de barbarie
nos estamos refiriendo, que hayan sido de tal magnitud como
para que se les describiera como ultrajantes para la conciencia
de la humanidad. Y cuál es el significado de la dignidad hu-

5 Al respecto Carrillo Salcedo ha escrito que: “La obligación jurídica, y


no sólo moral y política, de los Estados de asegurar el respeto de los
derechos humanos se desprende del reconocimiento de la dignidad de
la persona, proclamada en la Carta de las Naciones Unidas y en la De-
claración Universal de Derechos Humanos,” Carrillo, José Antonio.
Dignidad frente a la barbarie. La Declaración Universal de Derechos
Humanos, cincuenta años después, Mínima Trotta, Madrid, p. 135.
9
Federico César Lefranc Weegan

mana para que su reconocimiento sea condición de la liber-


tad, la justicia y la paz en el mundo.
Consideramos que ambas respuestas tienen una relación
directa con el contexto en que se proclamó la Declaración
Universal. Recién había terminado la Segunda Guerra Mun-
dial e iban saliendo a la luz los horrores del nazismo y a la vez
había por parte de los vencedores la necesidad de proyectar
un futuro diferente.
Durante este trabajo sostendremos que los actos de bar-
barie a los que se refiere la Declaración constituyen lo que
hoy conocemos como el Holocausto, y que la reacción ante
estos inmensos actos de barbarie obligó precisamente al re-
conocimiento expreso de la dignidad intrínseca de todos los
miembros de la familia humana. La hipótesis que propongo
es que la invocación a la dignidad humana en la Declaración
Universal de los Derechos Humanos se debe de interpretar a
partir de la experiencia del Holocausto.
El Holocausto es uno de los acontecimientos más com-
plejos en la historia reciente de la humanidad. De él se han
hecho infinidad de estudios, desde las más variadas perspec-
tivas. Hoy todavía siguen saliendo a la luz documentos e in-
formaciones relacionadas con este suceso, por lo mismo las
interpretaciones se han ido actualizando y depurando.
Es diferente la perspectiva que pudo ofrecer Hannah Aren-
dt en Los orígenes del totalitarismo, editado por primera vez en
1951 pero escrito todavía bajo la conmoción de la experiencia
demasiado reciente6, del análisis que en 1989 realizara Zyg-
munt Bauman en Modernidad y Holocausto como producto
de una reflexión más madurada pero no menos emotiva, con-
tando con información más variada y más nueva.7

6 Arendt, Ana. Los orígenes del totalitarismo, tr. Guillermo Solana, 2ª


ed., Taurus, España, 1999, 618 pp. Arendt escribe en el prólogo a la
Tercera parte, que el original fue concluido en 1949, pero habla de los
años que pasó escribiéndolo, a partir de 1945.
7 Bauman, Zygmunt. Modernidad y Holocausto, tr. Ana Mendoza, Se-
quitur, España, 1997, 309 pp.
10
Holocausto y Dignidad

A partir de éstas y otras obras, podemos afirmar que mu-


chas de las lecciones que pueda dejar el Holocausto aún no
han sido aprendidas. Esa misma afirmación se aplica al De-
recho. Por eso nuestro interés en explorar la hipótesis pro-
puesta.
Uno de los problemas para poder concretar esta explora-
ción, es el de cómo incorporar las informaciones provenien-
tes de los estudios e investigaciones históricas y sociológicas
al campo del derecho. La propuesta que aquí desarrollamos es
que esta información se puede introducir al campo del dere-
cho no sólo a partir del análisis realizado por diversos intelec-
tuales, sino que se debe tomar en consideración especialmen-
te el testimonio de los llamados testigos morales, porque son
únicamente ellos los que pueden transmitir la terrible expe-
riencia que significó el Holocausto. Y para sustentar estos tes-
timonios, para poderlos entender en su verdadera dimensión
reseñamos parcial y apretadamente la crónica de este suceso.
Resumimos también algunos de los trabajos preparatorios
que se presentaron en 1947 por diversos científicos y huma-
nistas de todo el mundo, con miras a la promulgación de la
que había de ser la nueva declaración de derechos humanos.
Estos trabajos nos permitirán darnos cuenta de cuáles
eran los temas de preocupación más importantes recién ini-
ciada la posguerra y cuál era el futuro que proyectaban esos
intelectuales a partir de la declaración.
A cincuenta años de diferencia podremos darnos cuenta
cuáles fueron algunas de las expectativas que se cumplieron,
cuáles no se realizaron y cuáles, si las hay, están pendientes.
Entre estas últimas, personalmente considero que se encuen-
tran pendientes las interpretaciones que se puedan dar a esa
parte fundamental del preámbulo en la que se invoca a la dig-
nidad humana.
La idea rectora de este trabajo nace de la necesidad de
comprender el preámbulo de la Declaración Universal como
texto legal. Y se apoya en un análisis de Habermas acerca de

11
Federico César Lefranc Weegan

la interpretación del derecho que considero que se puede sin-


tetizar en la siguiente cita:
“..queda claro que los expertos no sólo interpretan las distin-
tas proposiciones normativas a partir del contexto que estas
proposiciones tienen en el corpus del derecho considerado
en conjunto, sino también desde el horizonte de una pre-
comprensión de la sociedad contemporánea, la cual resulta
rectora en todo trabajo de interpretación. En este aspecto la
interpretación del derecho es siempre también una respuesta
a los desafíos de una situación social percibida de determi-
nada manera”.8

Así, la percepción que se tenga del contexto social es una


información esencial para la interpretación de un texto legal.
En este caso hay una diferencia marcada entre la percep-
ción de la situación social a la que se hace referencia en los
considerandos estudiados, como la manifestaron los científi-
cos y humanistas que intervinieron directa o indirectamente
en la formulación de la Declaración, respecto de la percep-
ción de esta misma situación social por parte de quienes fue-
ron víctimas y testigos directos de ella. Así como es diferente
la interpretación que pueda dar un estudioso contemporáneo
como Bauman.
Sostenemos entonces que ese contexto social fue percibido
de dos formas diferentes por dos grupos de personas diferen-
tes. Y que la percepción de esos dos grupos se refleja implícita
o expresamente en los considerandos ya referidos.
Sostenemos también que ese hecho debe ser considerado
al momento de interpretar la invocación a la dignidad huma-
na, tal como aparece en la Declaración Universal. Con ello en
mente, el desarrollo de este trabajo es el siguiente:
En primer lugar, como ya lo indicamos, se consignan algu-
nos de los hechos históricos especialmente relevantes del

8 Habermas, Jürgen. Facticidad y validez. Sobre el derecho y el Estado


democrático de derecho en términos de la teoría del discurso, Trotta,
2000, p.469.
12
Holocausto y Dignidad

Holocausto como los han recogido algunas de las investiga-


ciones más recientes sobre el tema.

En segundo lugar analizaremos cuál era la percepción que


tenían los intelectuales que participaron en los trabajos pre-
paratorios o en la propia Comisión consultiva de la Unesco,
con miras a la elaboración de la declaración.
En tercer lugar expondremos el testimonio de dos testigos
vivenciales del Holocausto, a la vez que intentaremos susten-
tar la necesidad de acudir a los llamados testigos morales.
El cuarto aspecto se refiere a la interpretación contempo-
ránea que del Holocausto ha hecho Zygmunt Bauman.
Por último expondremos nuestra posición personal, des-
de la cual confrontaremos esta última interpretación, con lo
expresado por testigos e intelectuales, a la vez que con los he-
chos consignados por los historiadores, para finalmente pro-
poner una hipótesis de interpretación.

13
Primera Parte

15
16
1. LAS LEYES. LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE UN
NUEVO ORDEN

E l Holocausto es un fenómeno complejo, ha sido descrito


como la barbarie, pero hay que entender esta descripción
con un significado nuevo, como la forma moderna de la bar-
barie. Es esta forma nueva la que parece referir la Declaración
Universal de Derechos Humanos de 1948 en su preámbulo.
Precisamente porque la complejidad del Holocausto no
permite abarcar su estudio en un trabajo como el presente,
hemos seleccionado sólo algunos aspectos que consideramos
significativos y que queremos relacionar con la hipótesis que
al final habrá de desarrollarse.
Hoy asociamos fácilmente al Holocausto con la destruc-
ción masiva de la vida humana. Esta destrucción, de cuyas
cifras hablaremos más adelante, se manifestó en los más di-
versos ámbitos de la vida de las víctimas. Para llevarla a cabo
se construyó un orden distinto, las formas para construirlo
fueron variadas, una de ellas fue la ley.
Se legisló para la exclusión y se legisló para la destrucción.
Es importante entender que el genocidio no empezó de súbito,
no constituyó una sola y trágica acción, los mecanismos que
lo hicieron posible fueron desarrollándose paulatinamente,
de modo que a la par con las primeras grandes manifestacio-
nes de una violencia caótica y aparentemente desorganizada,
se modificaron las instituciones y las leyes para justificar ante
la sociedad esa violencia.
17
Federico César Lefranc Weegan

Ejemplos hay muchos, en este parágrafo enunciamos al-


gunas de las leyes que se crearon para dar coherencia a este
nuevo orden.
Ley para la Prevención de Descendencia con Enfermeda-
des Hereditarias de julio de 1933. Ordenaba la esterilización
de padres “incapaces” potenciales, igual que la eutanasia de
los “defectuosos” y de las “bocas inútiles”. En ella se afirmó
que éstos tenían una vida inmerecedora de ser vivida, una
vida sin esperanza. No está de más hacer notar que dicha ley
fue respaldada por la Sociedad Americana de Eugenesia.9
Decreto del Presidente para la Protección del Pueblo y del
Estado
Del 28 de febrero de 1933. “La dictadura nazi se aprovechó
de la atrofia de las instituciones democráticas durante los tres
años de cancillería presidenciales. A partir del 30 de enero de
1933 los nazis y sus socios nacionalistas conservadores acele-
raron el autoritarismo que había ido infiltrándose con sigilo
hasta el punto de que se hizo categóricamente distinto de lo
que había sido antes, en cuanto a legalidad, violencia y ambi-
ción ilimitada.” (..) “ El 17 de febrero (de 1933) Goering in-
citó a la policía prusiana a usar armas de fuego contra adver-
sarios políticos. El día 22 la policía reforzó sus efectivos con
50,000 auxiliares procedentes del a SA, la SS y los Stahlhelm.”
10
El incendio del Reichstag fue aprovechado para emitir el
decreto mencionado, que abolió los derechos garantizados

9 Crónica del Holocausto, LIBSA, España, 2002, p. 67. Sobre la impor-


tancia de la discusión acerca de la esterilización de incapaces consi-
dérese la siguiente declaración emitida por el Juez Holmes en la Corte
Suprema de los Estados Unidos en el caso Buck v. Bell (1927) “It is
better for all the world, if instead of waiting to execute degenerate
offspring for crime, or to let them starve for their imbecility, society
can prevent those who are manifestly unfit from continue their kind.
The principle that sustains compulsory vaccinaton is broad enough to
cover cutting the Fallopian tubes... Three generations of imbeciles are
enough.” En Spaeth, Harold J., The Constitution of the United States,
HarperCollins Publishers, 1991, p. 150.
10 Michael Burleigh, El Tercer Reich. Una nueva historia, Taurus Histo-
ria, España, 2002, p. 184.
18
Holocausto y Dignidad

por la Constitución de Weimar. Dicho decreto estableció lo


siguiente:

“1.- Los artículos 114, 115, 117, 118, 123, 124 y 153 de la Cons-
titución del Reich alemán quedan cancelados hasta nuevo or-
den. Esto permite la imposición de algunas restricciones en la
libertad personal, en el derecho a expresar una libre opinión,
en la libertad de prensa y de asociación así como en el derecho
de reunión; permite restricciones en el secreto del correo y del
los sistemas de telecomunicaciones, en las órdenes de regis-
tro domiciliario y en la confiscación de bienes de propiedad y
también restricciones en el derecho a la propiedad.
2.- Si los Länder no adoptan las medidas necesarias para res-
taurar la seguridad y el orden público, el gobierno del Rei-
ch está capacitado para adoptar tales medidas en tanto que
máxima autoridad de gobierno.”

Decreto contra Ataques Maliciosos, del mismo año de


1933, y que criminalizaba los comentarios hostiles sobre la
jefatura, el partido y el Estado.
Acta de Capacitaciones o de Autorizaciones, del 24 de
marzo de 1933 que se puede explicar parcialmente por el lla-
mado de Hitler a la unidad. En ella estableció la posibilidad
de que las leyes fueran aprobadas por el Gobierno, de que las
leyes no tuvieran por qué ceñirse a la Constitución si no había
objeciones del Reichstag y del Reichstrat, y de que los Tra-
tados acordados entre el Reich y los Estados extranjeros no
requirieran la aprobación de las Instituciones legislativas.
Leyes de Coordinación de los Estados del Reich, se pro-
mulgaron Inmediatamente después con el objetivo de anular
los poderes de los gobiernos de los Länder y someter a toda
Alemania al gobierno de Gauleiters nazis.
Ley del 14 de julio de 1933 marcó el final de la oposición
constitucional al régimen al establecer al Partido Nacionalso-
cialista de los Trabajadores de Alemania como el único par-
tido político en Alemania y castigando con trabajos forzados

19
Federico César Lefranc Weegan

o con encarcelamiento a quien asumiera el mantenimiento y


organización de otro partido político. 11
Ley contra Delincuentes Habituales y Peligrosos y de Me-
didas para su Detención y Mejora, de noviembre de 1933, y
que fundió el castigo por delito real con el derecho previo de
la “comunidad nacional” a protegerse de los infractores po-
tenciales.12
Ley para la Restauración del Funcionariado Profesio-
nal del 7 de abril de 1933, cuyo mero título insinuaba que el
funcionariado y la judicatura de Weimar se hallaban conta-
minados de nombramientos políticos. Dicha ley incluía una
cláusula “aria” que tuvo como consecuencia la salida de 128
jueces y fiscales judíos del Poder Judicial, pues ordenaba que
los funcionarios no descendientes de arios fueran dados de
baja. Fue, a la vez, la legalización de las expulsiones ‘mafiosas’
de quienes se identificaban con el orden legal democrático
previo.13
Decreto que excluye a los judíos de la profesión de granje-
ro, del 29 de septiembre de 1933.
Ley de Edición aprobada por Hitler el 4 de octubre del mis-
mo año en ella se exige un periodismo racialmente puro y un
apartado de la misma despojó a los directores de los periódi-
cos de sus poderes sobre el contenido de las publicaciones. 14
Ley sobre medidas para la defensa del Estado, de julio de
1934, de efectos retroactivos, Hitler legalizó docenas de asesi-
natos que había ordenado días u horas antes durante la Noche
de los cuchillos largos. A fines de junio de 1934 se aprovechó
para retirar de la circulación a todos los adversarios reales o
potenciales en un baño de sangre de ámbito nacional. Fueron
eliminados muchos personajes destacados de las SA porque
se consideró que estaban minando las relaciones de Hitler

11 Simpson, William. Hitler y Alemania. Documentos y Comentarios,


Akal, Madrid, 1994, pp. 95 ss.
12 Burleigh, op. cit., p. 198.
13 Ibid., p.190.
14 Crónica del Holocausto, p. 69.
20
Holocausto y Dignidad

con las Fuerzas Armadas. Las leyes se fueron revelando como


un medio con el que se enmascaraba las actividades extraju-
diciales de la policía. 15
Ley del Servicio Militar de mayo de 1935 la nueva ley de-
claró imprescindible la ascendencia aria para poder servir en
el Ejército.
Leyes de Nuremberg promulgadas el 15 de septiembre de
1935, constituyen la culminación de una primera etapa de po-
lítica antisemita. Se considera que en el Congreso de Nurem-
berg, Hitler decidió apaciguar los ánimos de su partido con
una serie de medidas antijudías que se citan textualmente por
su importancia histórica:
Ley para la Protección de la Sangre y el Honor alemanes
Completamente convencido de que la pureza de la sangre
alemana es esencial para la existencia futura del pueblo ale-
mán, e inspirado en la determinación inflexible de salvaguar-
dar el futuro de la nación alemana, el Reichstag ha adoptado,
de manera unánime, las siguientes leyes aquí promulgadas:
1.- Los matrimonios entre judíos y ciudadanos alemanes o
entre consanguíneos quedan prohibidos...
2.- Las relaciones sexuales fuera del matrimonio entre ju-
díos y alemanes o entre consanguíneos quedan prohibidas.”
Ley de ciudadanía del Reich, de 15 de septiembre de
1935.
1.1 Un ciudadano del Estado es una persona que pertene-
ce a la unión protectora del Reich alemán y que, por lo tanto,
tiene obligaciones específicas hacia el Reich.
2. El status de ciudadano se adquiere de acuerdo con lo
previsto por el Reich y la Ley de ciudadanía.
II.1. Un ciudadano del Reich es aquel que tiene sangre ale-
mana o es consanguíneo de alemanes, y que demuestra por
su conducta que está deseoso y dispuesto a servir lealmente al
pueblo alemán y al Reich”.16

15 Burleigh, op.cit., pp. 191 s.


16 Simpson, op.cit., p. 191.
21
Federico César Lefranc Weegan

Ley para la Protección de la Salud Hereditaria del Pueblo


alemán del 18 de octubre de 1935 el gobierno alemán. Como
consecuencia de la misma se publicaron tablas para explicar
cuáles eran las uniones prohibidas. Se determinó quiénes
eran arios y quiénes no a partir de mediciones de las partes
del cuerpo. Se usaron muestrarios de cabello para determinar
la ascendencia. Se elaboraron también muestrarios, de vidrio,
de colores oculares para identificar el grupo racial de las per-
sonas.
Los alemanes asediaban los registros de las iglesias para
obtener documentos que probaran su ascendencia no judía.
Los judíos se convirtieron en marginados, ya que los alema-
nes evitaban cualquier contacto que pudiera calificarse de
traición por asociación con enemigos de la sangre aria.
“Mientras los legisladores determinaban quién era judío, el
Tribunal Supremo del país se debatía con el importante pro-
blema de sí relación sexual significaba coito o incluía todas
las formas de manipulaciones sexuales naturales y antinatu-
rales.” “Decretos sucesivos privaron a los judíos del acceso a
la función pública y a actividades profesionales en el ámbito
jurídico. Perdieron también la insegura protección de la ley.”
(..) “Paralelamente a la legislación antisemita a los episodios
espectaculares como el boicot, se produjo un proceso lento y
firme de ostracismo informal...”17

Decreto para la Reparación del Escenario Callejero, del


12 de noviembre de 1938, destinado a hacer a las víctimas
responsables de los daños causados por las turbas durante la
Noche de los cristales rotos, que significaba también que los
pagos de indemnización de los seguros irían derechos a las
arcas del Estado.
Decreto para la Exclusión de los Judíos de la Vida Eco-
nómica Alemana que les prohibió toda actividad mercantil
independiente.

17 Burleigh, op.cit., pp. 328 ss.


22
Holocausto y Dignidad

Ley sobre el Uso de los Valores Judíos, significó que los


valores pasaron a cuentas cerradas y que los judíos no podían
ya comprar ni vender libremente joyas, metales preciosos ni
obras de arte.

Decreto del gobierno alemán del 3 de diciembre de 1938,


que ordena que todas las industrias, tiendas y negocios judíos
deben ser ‘arianizados’ a la fuerza.
Es importante hacer notar que todas las leyes y decretos
mencionados fueron formulados emitidos y promulgados en
tiempo de paz, en una nación moderna y civilizada.
“… lo que se califica sin reflexionar de ‘crímenes de gue-
rra’ tuvo una genealogía que no debió nada en absoluto a
la guerra. La experiencia había demostrado que al mundo
civilizado no le importaban gran cosa los judíos, pues las res-
tricciones impuestas a la emigración contradecían la retórica
del humanitarismo.” 18

El sistema legal se apartó de los cánones reconocidos en


Occidente e incluyó el uso de la analogía y de penas retroacti-
vas en materia penal, la imposición de castigos sin ley previa,
aumentó el número de delitos castigados con pena de muerte.
La consigna era que el bien común precede a individual por lo
que la ley debía proteger los intereses colectivos de la comu-
nidad en lugar de defender los derechos del individuo frente
a las arbitrariedades del Estado. La comunidad nacional fue
definida a partir de la raza, sustituyendo la igualdad de la ley
por un sistema de apartheid legal. “El adoctrinamiento de los
aspirantes a jueces se iniciaba con una formación jurídica que
incluía clases forzosas de ideología nazi, entrenamiento físico
y participación en la vida de gente corriente.” 19
Sirva de ejemplo el Código Penal Disciplinario para el
Campo de Prisioneros, de octubre de 1933:

18 Ibid., p. 370.
19 Ibid., p. 201.
23
Federico César Lefranc Weegan

“Cualquier persona que en el trabajo, en las salas de estar,


en las cocinas, en los talleres o en los lugares de descanso se
involucre en políticas subversivas, difunda discursos provo-
cativos, se asocie con otros para estos propósitos, organice
agrupaciones, boicots, recolecte o reciba u oculte informa-
ción, repita o saque secretamente fuera del campo por co-
mentarios o notas o algún otro método a algún visitante del
campo de información, sin importar si es verdadera o falsa,
respecto del campo, para ser usada en la propaganda de ho-
rror de nuestro enemigos, o que envíe mensajes escritos o
verbales a través de prisioneros excarcelados o transferidos,
ocultos en ellos en la ropa o en otros objetos, o arroje por la
ventana, mensajes codificados, o cualquier persona que con
el propósito de incitar a la rebelión escale los techos de las
barracas o trepe árboles, o transmita señales con una lámpa-
ra o cualquier otro medio, intente hacer contacto al exterior,
apoye o auxilie fugas o delitos será colgado como un instiga-
dor subversivo bajo los términos de la ley revolucionaria.” 20

“… en Alemania la necesidad de mantener una sensación


de legalidad unida a la ausencia de personal nazi cualificado
produjeron un sistema híbrido. Se injertaron en el sistema
existente tribunales especiales, aunque se cubriesen a menudo
con el personal ya existente, junto con legos nombrados por el
partido. Porque la Alemania nazi, pese a su retórica igualitaria
y pese a la animosidad revolucionaria que pudiese persistir,
eludía la doctrina de la guerra de clases agresiva y generalizada
contra la flácida burguesía. Este aparato legal reformado co-
operó y compitió con la Gestapo y la SS, es decir con la policía
política del Estado y la formación paramilitar de elite del Parti-
do Nazi, aunque éstas lo fueren marginando progresivamente.
Los antiguos instrumentos ejecutivos del aparato judicial se
convirtieron no sólo en sus rivales sino en sus amos, llegando
a considerarse medidas tan novedosas como la de sustituir a
los fiscales por policías y privar a grupos enteros de personas
de la limitada protección de la ley.” 21 En las mismas páginas

20 Mazal, William. The Dachau Gas Chambers, 2001, p. 3.


21 Burleigh, op.cit., pp. 192 s.
24
Holocausto y Dignidad

este mismo autor hace una cita sin referencia, que atribuye a
los nazis, y que resulta ilustrativa: “ Sólo una persona sabe hoy
cual será la apariencia de la nueva estructura del Estado de
aquí a diez años, el Fuhrer, y él no permitirá dejar que influya
en ese conocimiento suyo ningún escritor por muy culto que
sea.” Revelando el desprecio característico de este régimen
por cualquier manifestación profunda del intelecto humano.

La arbitrariedad generalizada.

A partir del inicio de la guerra las decisiones y los actos


se radicalizaron. La primera muestra de lo que vendría tuvo
lugar entre noviembre de 1939 y agosto de 1941, a partir de la
operación T4 – Tiergartesnstrasse 4 – derivada de la Ley para
la Prevención de Descendencia con enfermedades heredita-
rias más de 100,000 alemanes fueron asesinados por sus con-
ciudadanos, con la ayuda del cuerpo médico alemán y funcio-
narios del partido nazi. Se trató de la ejecución del programa
llamado de eutanasia, en el que supuestos expertos, tras el
examen de un cuestionario que incluye el historial y la iden-
tidad de cada paciente, deciden otorgar la “gracia de muerte”
a una parte de los enfermos. Las víctimas, evacuadas de los
asilos sin el consentimiento de sus padres recibieron ayuda
para morir, a través del monóxido de carbono. Las cenizas
y el certificado de defunción eran enviados a las familias. 22
Entre los criterios que regían para el cumplimiento de esta
orden no se encontraba tan solo la sintomatología mostrada
por el enfermo, sino también su raza y su capacidad laboral. 23
Llegaron a existir los Tribunales de Salud Hereditaria.
En este contexto es muy importante hacer notar que el
tema de la eugenesia, no era propio de la Alemania nazi sino
que constituía una preocupación y una materia de investiga-
ción en todo el mundo. “La primera cátedra de eugenesia se

22 Ternon, Yves. El Estado Criminal. Los Genocidios en el Siglo XX, Pe-


nínsula, Barcelona, 1995, pp. 148 ss.
23 Hildebrand, Klaus. El Tercer Reich, Cátedra, Madrid, 1988, p. 131.
25
Federico César Lefranc Weegan

creó en 1909, en el University College de Londres“ (...) “Trein-


ta y cinco estados de los Estados Unidos, empezando por In-
diana, acabaron permitiendo la esterilización eugenésica de
individuos mentalmente discapacitados.” 24
Orden de los Comisarios del 6 de junio de 1941, prescribía
el fusilamiento sistemático y rápido de todos los comisarios
políticos del Ejército Rojo – funcionarios del Partido Comu-
nista, civiles y militares - que fuesen hechos prisioneros en el
frente. Implicaba la matanza de todo un grupo, sin proceso
alguno, únicamente en virtud de su pertenencia a ese grupo.
Plan General para el Este, aprobado por Himmler el 12 de
junio de 1942, en él se proponía que Polonia, la zona del Bál-
tico, la Rutenia blanca, y algunas partes de Ucrania fuesen po-
bladas con alemanes a lo largo de un periodo de 30 años, que
al mismo tiempo se deportase al oeste de Siberia a 31 000,000
de personas que vivían en esos territorios y finalmente que se
mantuviese la presencia de los 14 millones de individuos de
raza aria oriundas de los mismos.
En julio de ese año, Hitler en una conversación con el mi-
nistro croata Kvaternik, manifestó su intención de deportar a
la población semita a Siberia o Madagascar por considerarla
un foco de infección. Aquí es importante hacer notar que “la
idea de enviar a los judíos a Madagascar era una idée fixe de
los círculos antisemitas internacionales y que la lanzó por pri-
mera vez Paul de Legarde en 1885. Además de que esta idea
tuvo ‘ruidosos’ defensores como los fascistas ingleses Hen-
ry Hamilton Beamish y Arnold Leese en la década de los 20
(Burleigh, 2002, 510).
El 30 de julio de 1941, Goering en nombre del Fuhrer, le
encargó a Heydrich que con la colaboración de todas las ins-
tituciones competentes iniciase los preparativos necesarios
para una solución total de la cuestión judía en la zona de in-
fluencia alemana en Europa. 25(Hildebrand, 1988, 123 ss.)

24 Burleigh, op.cit., p. 380.


25 Hildebrand, op.cit., pp. 123 ss.
26
Holocausto y Dignidad

En realidad días antes había empezado la tercera fase de


la política judía, quedando así relegada la solución final te-
rritorial, que preveía la deportación de los judíos y se pasó
directamente a la práctica sistemática de la solución final fí-
sica. A partir de ese momento el criterio de los fusilamientos
sistemáticos se basó simplemente en el atributo de ser judío.
Conferencia de Wannsee del 20 de enero de 1942 durante
la cual se anunció con expresiones tales como ‘disminución
natural’ o ‘tratamiento adecuado’ – de los judíos – el proceso
de exterminio que se estaba iniciando.26 Convirtiéndose el ex-
terminio en política de Estado.
“La estructura organizativa del Tercer Reich era increí-
blemente compleja y desordenada. A Hitler le gustaba gober-
nar a través de sus hombres de confianza, Goring, Goebbels,
Frick, Himmler y Bormann. Pero no podía prescindir de las
elites ya existentes en el funcionariado, el ejército, la indus-
tria y las finanzas. Por ello surgió una doble estructura. Los
departamentos de gobierno como Asuntos Exteriores, Asun-
tos económicos, Interior, Trabajo y Agricultura, continuaron
operando, superpuestas a ellos, funcionaban las nuevas ins-
tituciones controladas por los nazis: Frente Laboral Alemán,
Establecimiento del Reich para la comida, los seis departa-
mentos creados por Goring para desarrollar el Plan Cuatrie-
nal, y las SS.” Todo ello aún con la vigencia teórica de la Cons-
titución de Weimar.27 Constitución que se mantuvo para dar
una impresión de continuidad y de legalidad.
La complejidad, la duplicidad, la incertidumbre, de fun-
ciones, órganos y directrices eran característica. Al respecto
hace Burleigh la siguiente reflexión: “lo que se ha ido ele-
vando cada vez más a la condición de clave explicativa del
gobierno nazi, es decir, los efectos radicalizadores recíprocos
de organismos que compiten, tal vez sea al mismo tiempo in-
suficiente y no tan notable, de la determinación con que se

26 Ibid., p. 126.
27 Simpson, op.cit., pp. 101 ss.
27
Federico César Lefranc Weegan

aprestaron los nazis a materializar sus objetivos ideológicos.


Si lo que se dice que es característica exclusiva del nazismo
tipifica también a muchos otros gobiernos y organizaciones
de hoy, es indudable que no pude explicar por sí solo un ré-
gimen de destructividad excepcional.” (...) “Hay un aspecto
de la dictadura en el que parece que es necesario hacer más
hincapié del que tiende a hacerse actualmente: la sustitución
de la soberanía de la ley por el terror policial arbitrario”.28 Este
autor se refiere a que el gobierno nazi efectuó la desviación
más importante de los valores civilizados.
Resumiendo, podemos entender tres etapas, con fronte-
ras difusas, en la política antisemita del gobierno nazi, cada
fase se caracterizó por su radicalidad dentro de los límites que
la posición geoestratégica de Alemania permitía. Godhagen
hace notar que en cada fase se llegó al extremo. Es decir, no
se hizo más daño en cada fase porque no era posible desde el
punto de vista político estratégico.
La primera fase va de 1933 al inicio de la guerra. En ella se
implementaron las políticas más radicales para convertir a los
judíos en sujetos socialmente muertos y forzarlos a emigrar.
Se ejerció la violencia esporádica, pero no por ello menos fe-
roz, verbal y físicamente. Se privó a los judíos de la protección
legal, se les retiraron los derechos civiles. Y se les excluyó pro-
gresivamente de todas las esferas de la vida social, económica
y cultural.29 (Goldhagen, 1996, 420 ss.)
La segunda fase va del inicio de la guerra al inicio del año
1941 en que la conquista de Polonia y de Francia puso a más
de 2000 000 de judíos bajo el control de los nazis. Sin embargo
un gran número de judíos permanecían fuera del alcance en
la Unión Soviética, con la que se tenía aún un pacto de no
agresión. Empezó entonces el confinamiento en ghettos, en
las más inhumanas condiciones.

28 Burleigh, op.cit., p. 189.


29 Goldhagen, Daniel. Hitler’s Willing Executioners. Ordinary Germans
and the Holocaust, Vintage Books, New York, USA, 1996 pp. 420 ss.
28
Holocausto y Dignidad

La tercera fase empezó con los planes de invadir al a Unión


Soviética, fue durante esta invasión que matar a los judíos que
se tenían al alcance probó ser una solución efectiva y no con-
traproducente políticamente. Fue hasta este momento que la
‘solución final’ consistente en el asesinato sistemático, se hizo
práctica. 30
Se habían emitido o modificado más de mil leyes. A pesar
de que durante esta última fase parecía no ser operativo emi-
tir nuevas leyes y decretos relacionados con los judíos, ya que
ellos habían pasado a formar parte del orden descrito, en un
Estado policial completamente en manos de sus dominado-
res. Aún así la búsqueda de una careta de legalidad siempre
estuvo presente porque era necesario que las leyes se ajusta-
ran al ideario del nacionalsocialismo. Al respecto es signifi-
cativa la investigación, dada a conocer recientemente, por el
doctor Muñoz Conde, sobre las raíces nacionalsocialistas del
reputado penalista Edmund Mezger y su activa intervención
en el desarrollo e implementación de una ‘Ley de extraños a la
comunidad’ a partir del inicio de los años cuarenta.
Al respecto le atribuye a este jurista con motivo de la in-
troducción de la analogía en el Código Penal alemán, la afir-
mación de que las normas legislativas debían ser interpretadas
incluso en sentido agravatorio para el delincuente, cuando así
lo requirieran razones políticas o la voluntad del Fuhrer. 31
Explica Muñoz Conde que la Ley de extraños a la comu-
nidad tuvo una larga gestación porque implicaba reformas al
Código Penal, y a la Ley de enjuiciamiento criminal, además
de otorgarle un enorme poder al jefe de las SS.32
No quisimos pasar por alto esta importante investigación
porque además resulta representativa de los dos aspectos con

30 Loc.cit.
31 Muñoz Conde, Francisco. Edmund Mezger y el Derecho penal de su
tiempo. Estudios sobre el Derecho penal en el nacionalsocialismo, Tirant
lo Blanch, Valencia, 2002, p.140. cf. , supra. p. 10.
32 Ibid., p. 146.
29
Federico César Lefranc Weegan

los que iniciamos este trabajo; el orden institucionalizado y


las acciones que le acompañaron.
Es decir, Mezger no solamente puso su capacidad teóri-
ca y sus conocimientos al servicio de la elaboración de esta
ley y de la teoría que habría de sustentarla, sino que solicitó
y obtuvo permiso de visitar personalmente el campo de Da-
chau, para corroborar empíricamente la existencia y las ca-
racterísticas de aquellos a quienes había contribuido a definir
como subhumanos. De hecho en la solicitud correspondiente
se habla de “poder examinar directamente en los campos de
concentración a ciertos tipos de gente”.33
Como vemos, la institucionalización y las acciones fueron
continuamente de la mano, en ocasiones fue primero la ley y
luego las acciones, en otras primero se actuó y luego se busca-
ron las justificaciones.
Por ello hace Burleigh la siguiente advertencia respecto a
la necesidad de ser precavido al momento de analizar los dife-
rentes factores que se han identificado como relacionados con
el Holocausto. “El problema de relacionar los factores gene-
rales con atrocidades raciales es que éstas últimas estuvieron
planeadas previamente y se iniciaron en cuanto los policías y
soldados alemanes cruzaron las fronteras”.34
Por otra parte, algunos de los aspectos vitales que los nazis
intentaron controlar a partir de su institucionalización siguen
discutiéndose, sirva de ejemplo para el caso de España el ar-
tículo de Ascensión Cambrón, Acerca de la esterilización de
deficientes, publicado en 1995.35

33 La referencia a esta solicitud y a las visitas que se puedan haber deri-


vado de ella aparece en un artículo muy reciente de Muñoz Conde,
Francisco. Las visitas de Edmund Mezger al campo de concentración de
Dachau en 1944, p. 8.
34 Burleigh, op.cit., p. 565.
35 Cambrón, Ascensión. “Acerca de la esterilización de deficientes” en
Derechos y libertades. Revista del Instituto Bartolomé de las Casas, nú-
mero 5, julio-diciembre de 1995.
30
Holocausto y Dignidad

2. LAS ACCIONES
La otra forma para construir este nuevo orden al que ya
nos referimos, se concretó en acciones. Estas acciones, todas
formas de violencia, tuvieron al inicio la apariencia de una
violencia caótica y aparentemente desorganizada. Sin embar-
go la desorganización era sólo aparente. Casi siempre hubo
objetivos inmediatos atrás de la barbarie ejercida, aunque hoy
es generalmente aceptado que los resultados finales, es decir
el nivel de destrucción alcanzado, no estaban previstos ini-
cialmente sino que se fueron alcanzando y ajustando según
las necesidades estratégicas y políticas de cada momento.36
Así durante el periodo de mayor influencia del nazismo
– 1931 a 1945 – algunas de las acciones características fueron
las siguientes:
El 12 de septiembre de 1931 en la noche del año nuevo
judío, un grupo de nazis atacó a un grupo de judíos en el
Kurfustendam en Berlín, cuando regresaban a casa de la sina-
goga. Al año siguiente los nazis fundaron el Movimiento de la
fe de los alemanes cristianos, que exhortaba al antisemitismo,
anticatolicismo y antimarxismo.
La noche del 10 de mayo de 1933 – 100 días después de
que Adolf Hitler llegara a ser canciller de Alemania por la vía
legal – se quemaron más de 20,000 libros en la plaza de la
Opera frente a la Universidad Humboldt en Berlín.
El 1 de abril de 1933 los nazis emprendieron la primera
acción planificada por toda la nación, dirigida especialmente
contra los judíos alemanes, se trató de un boicot a sus nego-
cios. En todo el país las Tropas de Asalto nazis y las SS colga-
ron carteles invitando a no comprar a los judíos, y afirmando
‘los judíos son nuestra desgracia’. Escribieron la palabra judío
y pintaron la estrella de David en amarillo y negro en miles de
puertas y ventanas. Delante de las casas de médicos y aboga-
dos y en las entradas de las tiendas amenazaban a los clientes
mientras humillaban y golpeaban a los judíos.

36 v. supra. , p. 18.
31
Federico César Lefranc Weegan

En 1933 se abrieron 50 campos de concentración en varias


partes de Alemania. Para julio más de 25 000 socialistas, co-
munistas y judíos habían sido enviados a campos de concen-
tración o a prisión.37
Retrocediendo un poco, ya en 1930 los representantes na-
zis se presentaron a la primera sesión del Reichstag con uni-
formes pardos, mientras sus colegas destrozaban los escapa-
rates de los negocios de propiedad judía hasta que la policía
prusiana restauró el orden.
Pero la violencia tenía también una explicación más ge-
neral, la derrota en la primera guerra mundial y la crisis eco-
nómica mundial de 1929 tenían a un gran porcentaje de la
población en paro y el sistema de asistencia social resultaba
absolutamente insuficiente. En 1932 la tasa de suicidios en
Alemania fue del triple que en Inglaterra y del doble que en
Estados Unidos. En las grandes ciudades se formaron pandi-
llas de jóvenes, las cuales, por ejemplo, en Berlín llegaron a
tener 14,000 miembros. Al mismo tiempo aumentó la pobla-
ción de los centros tutelares y en las secciones juveniles de las
cárceles.38
Por un lado el clima de violencia estaba dado, por otro el
antisemitismo tiene raíces muy viejas en Europa, aunque no
era particularmente marcado en Alemania. Además el nazis-
mo había ido ganando paulatinamente espacios. El fanatis-
mo y la intolerancia caracterizaban a la ideología de muchos
de los miembros del nazismo, quienes se fueron haciendo
conscientes de haber adquirido cierto grado de impunidad.
Burleigh refiere como tras el brutal asesinato del comunista
polaco Konrad Pietzuch, cinco de los diez SA juzgados, fue-
ron condenados a muerte, pero después de la intervención

37 Crónica del Holocausto, p. 53. La información de este capítulo fue to-


mada en su mayoría de esta obra, aunque sólo se destaque aquella que
tiene mayor relevancia, de cualquier forma los datos que se mencio-
nan pueden ser localizados tomando como referencia la fecha que se
cita.
38 Burleigh, op.cit., pp. 154 ss.
32
Holocausto y Dignidad

de Hitler sus sentencias fueron conmutadas, inicialmente, por


cadena perpetua, y siete meses después fueron liberados sien-
do Hitler canciller.39
A partir del 30 de enero de 1933 los nazis y sus socios na-
cionalistas conservadores aceleraron el autoritarismo. El 17
de febrero Goering incito a la policía prusiana a usar armas
de fuego contra adversarios políticos. El 22 la policía reforzó
sus efectivos con 50,000 auxiliares procedentes de los SA la
SS y los Stahlem.40
El 27 de febrero de 1933 el edificio del Reichstag en Berlín
fue incendiado, se inculpó a un comunista holandés, miles
de comunistas, e incluso miembros del partido nazi, fueron
detenidos con ese pretexto y enviados a los recién abiertos
campos de concentración. El 28 de febrero se otorgaron a Hi-
tler poderes de emergencia.
El 22 de marzo de 1933 se abrió el campo de Dachau, cer-
ca de Munich, el primer campo de concentración establecido
por el partido nazi, y gestionado por las SA y las SS locales.
El 1 de abril de 1933 se instituyó el primer boicot oficial
contra abogados, médicos y comerciantes judíos. Paradójica-
mente el mismo mes el articulista judío alemán Robert Wel-
tsh abordó el tema: “Di sí a nuestra identidad judía.” El 25
de abril se restringió legalmente la matrícula de judíos en las
Escuelas de Educación Superior en Alemania.41
En mayo estudiantes pronazis destruyeron el Instituto de
Estudios Sexuales de Berlín, la causa probable, los estudios
sobre homosexualidad.
Como parte de la política de arianización, en agosto,
Goering promulgó el requerimiento de Declaración de Pro-
piedad Judía, uno de sus efectos fue que los judíos vendieran
sus negocios entre el 30 y 60% de su valor. Se iba haciendo
patente la devastación económica de los judíos.

39 Ibid., p. 163.
40 Ibid., p. 184.
41 Crónica del Holocausto, p. 62.
33
Federico César Lefranc Weegan

En 1934 destacó la Noche de los cuchillos largos, un baño


de sangre ordenado por Hitler entre el 30 de junio y el 1 de ju-
lio. Probablemente murieron alrededor de cien personas pero
fueron detenidos miles de enemigos o presuntos enemigos
del régimen.
Ese mismo año el periódico Der Stürmer, alimentaba la
publicidad contra los judíos, recordando acusaciones medie-
vales. En un plebiscito de agosto, el 89.9% de los votantes
aprobaron la ampliación de los poderes de Hitler.
En 1935 las Leyes de Nuremberg llevaron a ir establecien-
do definiciones, que no eran importantes por si mismas, sino
como parte del proceso de destrucción de la vida judía. Apa-
recieron publicaciones antisemitas como el Semanario ale-
mán de política, economía, cultura y tecnología, y la Revista
de ciencia racial.
Hay que hacer notar que en Polonia en 1935, antes de la
invasión alemana, al fallecer el dictador Jozef Pilsudsky, el go-
bierno y la mayoría de los partidos políticos promovieron la
discriminación, el boicot económico, la expulsión y la violen-
cia física contra los judíos. Entre 1935 y 1938 miles de judíos
polacos emigraron a Holanda, Francia Bélgica y Palestina.42
En 1936 Alemania se convirtió cada vez más en un Estado
policíaco, al ser nombrado Himmler jefe de todas las fuerzas
policíacas. Continuó la aparición de publicaciones dedicadas
al tema racial, ahora con la revista alemana Investigaciones
sobre el Tema Judío. La revista norteamericana Christian
Century mantuvo una actitud de condena contra los judíos.
La publicación polaca Autodefensa nacional presionó para
expulsar a los judíos de Polonia. Hubo atentados contra ju-
díos en Polonia y Rumania. En Alemania se estableció un im-
puesto del 25% sobre todos los bienes judíos.
En septiembre de 1936 se abrió el campo de concentración
de Sachsenhausen, en ese momento, principalmente para
enemigos políticos.

42 Ibid., p. 91.
34
Holocausto y Dignidad

Durante 1937, sólo en agosto se registraron 350 ataques a


judíos en Polonia. En Alemania, en junio se había prohibido
a los judíos que testificaran en los tribunales alemanes. En el
mismo año se les obligó a usar tarjetas de identidad para viajar
en el interior de ese país. En noviembre se exhibió en Munich
la muestra antisemita “El eterno judío”, allí se asoció, una vez
más a los judíos con el bolchevismo. A pesar de estas acciones,
la minoría judía no tenía un lugar seguro a donde emigrar,
porque muchas naciones habían restringido rigurosamente
el número de judíos que habrían de admitir. En el verano de
1937 se abrió el campo de concentración de Buchenwald.
En marzo de 1938 la anexión de Austria a Alemania puso
en manos del Tercer Reich un número de judíos mayor que el
que había conseguido dejar Alemania en los cinco años an-
teriores. En la primavera de ese año Eichmann comenzó un
procedimiento ‘industrial’ para la emigración forzada de los
judíos austriacos. En el transcurso de poco más de un año ha-
bía logrado que se fueran más de 100,000 judíos.43 En el mis-
mo año el homicidio de un diplomático alemán a manos de un
joven judío de 17 años, fue usado como pretexto para una serie
de acciones de gran violencia, de alcance nacional, conocidas
como la Noche de los Cristales Rotos, durante las cuales fueron
saqueadas sinagogas, cementerios, hospitales, escuelas, nego-
cios y hogares judíos. La violencia sin embargo, no fue casual,
estaba programada o cuando menos prevista, así lo demuestra
un telegrama que Heindrich Müler envió a todas las unida-
des policiales a las 11:55 hrs. de la noche del 9 de noviembre
que decía; “En breve tendrán lugar acciones contra judíos, y
más específicamente contra las sinagogas en toda Alemania.
No deben interferir”. Se le atribuye también la siguiente orden
a los bomberos: “dejen que ardan las sinagogas incendiadas
pero protejan las propiedades arias cercanas”.44 Los desmanes
antijudíos de esa noche, alcanzaron las dimensiones de una

43 Ibid., p. 122.
44 Ibid., p. 123.
35
Federico César Lefranc Weegan

persecución sistemática a gran escala y revelaron uno de los


objetivos fundamentales del régimen de Hitler, como lo fue
resolver de manera definitiva “la cuestión judía”.
La intención de estas acciones parece haber sido la de
romper la red de relaciones entre judíos y no judíos en la so-
ciedad civil, lesionando lo menos posible a los alemanes y a
su economía. Inicialmente Hitler demostró preferir la exclu-
sión legalizada al pogromo. Sin embargo mediante un efecto
de espiral, la multiplicación de las violencias psíquicas y de
las exclusiones legales aceleró el ritmo de las persecuciones
que muchas veces fueron legitimadas a posteriori. Los delitos
contra los judíos no eran en ese momento castigados por el
Estado.45
“En respuesta a la creciente violencia contra los judíos,
unos 10,000 niños refugiados de Europa central fueron acep-
tados en Inglaterra entre diciembre de 1938 y septiembre de
1939. (..) La mayoría nunca volvería a ver a sus padres”.46 En
diciembre de 1938 hubo una manifestación antisemita en
Nueva York pidiendo que se regresara a los judíos en sus bar-
cos. En enero de 1939 Hitler pronunció un discurso donde
anticipó su intención; la aniquilación total de la raza judía en
Europa.
Entre 1938 y 1939 Alemania se anexó diversas zonas de
Checoslovaquia, quedando bajo su control más de 118 000
judíos. Es importante destacar que en el transcurso de 1939
muchos países endurecieron su política migratoria respecto
de los judíos, a los que paulatinamente se les fueron cerrando
las salidas. Así Inglaterra expidió el llamado Libro Blanco que
restringía la emigración a Palestina, en los Estados Unidos se
terminó por descartar el proyecto de ley Wagner-Rogers que
hubiera permitido la entrada a 10 000 menores a ese país.
En enero de 1939 entró en vigor el decreto que imponía a
los varones judíos el nombre de Israel y a la mujeres el de Sara,

45 Ternon, op.cit., p. 145.


46 Crónica del Holocausto, p. 147.
36
Holocausto y Dignidad

en mayo se publicarían listas de los únicos nombres permiti-


dos para los recién nacidos. Continuaron los embargos sobre
los capitales judíos.
En agosto del mismo año se firmó un pacto de no agre-
sión germano soviético que incluía la división de Polonia, esto
permitió que Alemania, en septiembre invadiera Polonia con
el objetivo de crear ‘espacio vital’. Se ha calculado que la po-
blación de judíos en Polonia en ese momento era de 3,300,000
personas.
En Alemania, en el mismo mes inició el llamado programa
de eutanasia. “Hitler en un documento fechado el 1 de sep-
tiembre de 1939 y dirigido, en octubre de ese mismo año, al
‘jefe de la cancillería del Fuhrer’ y a su médico personal, or-
denó que ‘ampliaran las facultades de determinados médicos
al objeto de que los mismos pudiesen practicar la eutanasia a
aquellos enfermos a los que se les hubiese diagnosticado una
enfermedad incurable’. Entre los criterios que regían para el
cumplimiento de esta orden - que era una ampliación de la ‘ley
para la prevención contra los niños con enfermedades heredi-
tarias’- no se encontraba tan solo la sintomatología mostrada
por el enfermo, sino también su raza y su ‘capacidad laboral’.” 47
Cerca de 80,000 personas fueron víctimas de la eutanasia por
considerarse que no eran merecedores de vida. Este programa
resultó fundamental como antecedente de lo que posterior-
mente serían los medios de aniquilación masiva desarrollados
por este régimen. Sería también importante porque los mis-
mos ejecutores aparecerían en los campos de exterminio.
El semanario antisemita Der Stürmer se distribuía en toda
Alemania, con un tiraje de 500 000 ejemplares, cada tiraje
contenía una viñeta antijudía. En Estados Unidos se distribu-
yeron carteles vinculando el comunismo con el judaísmo con
la finalidad de impedir la inmigración de éstos.
Crónica cita una encuesta de Elmo Roper según la cual el
53 % de los americanos (encuestados) opinó que los judíos

47 Hildebrand, op.cit., p. 131.


37
Federico César Lefranc Weegan

eran ‘diferentes’ y merecían ‘restricciones sociales y económi-


cas’, En Italia, durante febrero de 1939 se aprobó legislación
antijudía, dos meses después también en Eslovaquia se emitió
esta clase de legislación. En Berlín los nazis quemaron aproxi-
madamente 5,000 obras de arte; pinturas, dibujos y escultu-
ras. En Hungría se aprobaron leyes discriminatorias contra
los judíos que trabajaban como abogados y médicos.
En mayo se abrió el campo de concentración de Ravens-
bruck, al norte de Alemania.48 Durante los bombardeos a Var-
sovia, murieron tres mil civiles judíos.
Se inició la germanización de los territorios conquistados,
esto incluyó seleccionar a la población de origen ario del resto
de la población. Los judíos fueron concentrados primero en
las ciudades, posteriormente en guetos, por último en campos
de concentración. Durante septiembre de 1939 la operación
Tannenberg se llevó a cabo por escuadrones móviles Einsa-
tzgruppen, fueron asesinados judíos e intelectuales polacos.
Como parte de las políticas de aislamiento sobre la comuni-
dad judía se les exigió que entregaran sus aparatos de radio,
Existen diversos registros fotográficos acerca de las humi-
llaciones públicas a que eran sometidos los judíos, atacando
sus rasgos de identidad cultural y religiosa. El ahorcamiento
público era parte del sistema de terror.
Los judíos en Polonia fueron obligados a usar la estrella de
David amarilla como forma de diferenciación. Se decretó el
trabajo forzado para los polacos hombres o mujeres mayores
de 14 años y hasta 60 años. Los propios judíos fueron obliga-
dos a construir el gueto de Varsovia. Johannes Blakiwitz, co-
mandante en jefe del grupo Este del ejercito alemán informó
que muchos niños judíos en trenes de deportación llegaban a
sus destinos congelados.49 En Ostrow Mazowieka, Polonia la
policía alemana ejecutó entre 162 y 500 judíos, concretando

48 v.infra., p. 20.
49 Crónica del Holocausto, p. 181.
38
Holocausto y Dignidad

uno de los primeros asesinatos sistemáticos de judíos polacos.


En abril empezaron las deportaciones de judíos polacos.
Entre el 8 y el 11 de abril las tropas soviéticas masacraron
entre 15,000 y 26,000 oficiales polacos en Katyn, Rusia. En
abril de 1940 los alemanes alambraron el gueto de Lodz, en
éste vivían 164,000 judíos.
El 27 de abril de 1940 se creó el campo de concentración
de Auschwitz, en Polonia. En el mismo país se establecieron
otros 5 campos de exterminio; Belzec, Treblinka, Sobibor,
Majdanek y Chelmno, en este último los primeros en morir,
envenenados con gas, fueron 5,000 gitanos.
En junio de 1940 Francia se rindió ante Alemania, poco
después el gobierno de Vichy, promulgó el Estatuto de los ju-
díos. Michael Petain, en agosto del mismo año, declaró inváli-
do el decreto francés que prohibía la incitación al odio racial.
En Argelia los judíos fueron privados de la ciudadanía
francesa. En los Pirineos franceses se establecieron campos
de detención.
En noviembre de 1940 los nazis sellaron el gueto de Var-
sovia aislándolo de la ciudad, en él vivían cerca de 500,000
judíos que no podían salir ni siquiera para trabajar, en cada
habitación vivían un promedio de 7 personas, la comida se
fue racionando al extremo de que muchos sobrevivían a base
de cáscaras de papas cocidas y agua. Sin comida, sin calefac-
ción y sin agua cada día murieron decenas de personas sobre
todo en el invierno.
En el mismo año en Bulgaria fue promulgada la Ley para
la protección de la nación, en ésta los judíos fueron declarados
enemigos del Estado, se les prohibieron determinados nego-
cios, se ordenó que marcaran sus propiedades con la estrella
de David, y se les ordenó usar primeros nombres judíos.
El barco de refugiados Varna se hunde en el mar provo-
cando la muerte de 200 refugiados judíos. Se ha considerado
que a fines de 1940 el número de judíos asesinados por los
nazis era de 100,000. A partir de ese año, cuando el asesinato

39
Federico César Lefranc Weegan

masivo se convirtió en una política fundamental del Estado


nazi, el número de muertos aumentó desmesuradamente.50
1941, entre el 21 y el 24 de enero en Rumania, miles de
judíos fueron golpeados y 120 asesinados por los Legionarios
de la guardia de hierro.
En el gueto de Varsovia las raciones medias de comida
eran, para alemanes 2310 calorías al día, para extranjeros,
1790: para polacos, 934 y para judíos 183.
En abril de 1941 se estableció un gobierno pronazi en Irak.
En Polonia se siguieron abriendo nuevos guetos como Ra-
dom, Kielce, Czestochowa.
En Zagreb, Croacia, el gobierno emitió leyes raciales sepa-
rando a los judíos de la deportación, más adelante serían obli-
gados a llevar estrellas amarillas. En la Francia ocupada, du-
rante mayo, miles de judíos fueron deportados de París a un
campo en Pithiviers. El mismo mes, una directiva de Goering
hizo la primera referencia oficial a la ‘solución final’.
En junio empezó la operación Barbarroja, la invasión a la
Unión Soviética. En Lituania durante junio fueron ejecutados
cientos de judíos, en Bialystok, Polonia otros tantos fueron
quemados vivos en una sinagoga. Cinco mil fueron asesina-
dos en Brest – Litvosk Bielorusia. En Lvov, Ucrania centena-
res de judíos fueron apaleados hasta la muerte. En el mismo
país en Ternopol fueron asesinados 5000 individuos. Más de
62 000 judíos fueron asesinados igualmente en el oeste de Ru-
sia. En Letonia el comando Arajs mató 30 000 judíos letones,
de hecho en los primeros seis meses de ocupación, los alema-
nes y sus colaboradores locales mataron alrededor de 80,000
judíos. Todos los residentes de la comunidad judía de Lesko,
Polonia fueron trasladados a Zaslaw y ejecutados. En sep-
tiembre más de 30 000 judíos fueron asesinados en el barran-
co de Babi Yar, Ucrania. Durante octubre fueron separados
los judíos del campo de concentración de Kovno, aproxima-
damente 9000 se seleccionaron para matarlos, el resto, 17,000,

50 Ibid., p. 211.
40
Holocausto y Dignidad

fueron dedicados al trabajo esclavo. Atados en grupos de 40


o 50 personas, 16,000 judíos de la ciudad de Odessa, Ucrania
fueron fusilados como represalia.
“La política de exterminio que se inició en el otoño de 1941,
se llevó a la práctica mediante dos canales distintos. Uno de
ellos conducía a las cámaras de gas, y el otro a los Einsatzgru-
ppen,.. (..).. Las unidades móviles de matanza, de las que allí
había cuatro, cada una de la magnitud de un batallón regu-
lar, con un dotación total que no rebasaba la cifra de tres mil
hombres, necesitaban y obtuvieron, la colaboración de las
fuerzas armadas regulares.” “Los generales adoptaban una
actitud ‘sorprendentemente buena con respecto a los judíos’;
no sólo entregaban sus judíos a los Einsatzgruppen, sino que
prestaban sus propios hombres, soldados ordinarios, para
ayudar a la tarea de matarlos”.51

En noviembre, en Yugoslavia más de 15 000 judíos serbios


fueron envenenados con gas en camiones habilitados para
ello. Camiones con las insignias de la Cruz Roja. En Riga,
Letonia, más de 10 600 judíos fueron fusilados en el bosque.
Durante diciembre de 1941, 600 prisioneros soviéticos
fueron asesinados en un experimento con una cámara de gas
en Auschwitz. La mayoría de los 350 000 judíos de los países
bálticos fueron asesinados durante 1941.
En enero de 1942 se celebró la conferencia de Wannsee, su
propósito no era el lanzamiento de la “solución final”, porque
este paso ya se había dado, se trataba entonces de coordinar
su implementación. Europa debería quedar ‘limpia‘ de este a
oeste. Se invocó la experiencia práctica, adquirida en los pro-
gramas de eutanasia.
También en enero de 1942 se construyó un campo de
concentración en Riga, Letonia, y uno de trabajos forzados
en Vilna, Lituania.
En el mismo mes iniciaron los asesinatos masivos por me-
dio del Zjyklon B en Auschwitz – Birkenau. En el campo de

51 Arendt, Hannah. Eichman en Jerusalen. Un estudio sobre la banalidad


del mal, 2ª. ed. Lumen, Barcelona, 1999, pp. 162 ss.
41
Federico César Lefranc Weegan

Chelmno, Polonia, fueron envenenados en camiones, después,


se sacaron los dientes y empastes de oro de los cadáveres.
Los fascistas húngaros asesinaron, ahogándolos en el hielo
a más de 500 judíos y cerca de 300 serbios en el Danubio. En
el mes de marzo aproximadamente 5000 judíos murieron de
inanición en el gueto de Varsovia. En el campo de Chelmno
24,000 judíos, provenientes del gueto de Lódz fueron envene-
nados con gas. Empezaron los asesinatos masivos en el campo
de Belzec. En marzo empezaron las primeras deportaciones
de judíos de Europa occidental a los campos de Belzec y de
Auschwitz, En abril empezaron en Sobibor. Hay que destacar
que ese mismo mes el London Sunday Times publicó una no-
ticia sobre la ejecución de 120,000 judíos rumanos. También
en abril los alemanes declararon Crimea limpia de judíos. En
mayo se abrió un campo de trabajo (escalvo ) en Maly Trosti-
nets, Bielorrusia. En junio 4000 judíos del gueto de Varsovia
murieron de inanición. El mismo mes la BBC informó que
700,000 judíos habían sido exterminados, por su parte las SS
informaron que 97,000 personas habían sido ‘procesadas’ en
camiones móviles de gas. Un telegrama anunció la aniquila-
ción de la ciudad de Lídice como represalia por el asesinato de
Heydrich. En julio el New York Times informó sobre la ma-
tanza de 700,000 judíos en Polonia. El mismo mes 100 mujeres
judías fueron seleccionadas en Auschwitz para experimentos
de esterilización. Se iniciaron las deportaciones masivas – y
continuas – de Varsovia al campo de exterminio de Treblinka;
cada día llegaban por tren alrededor de 5,000 víctimas.
En agosto de 1942 el gobierno de suiza regresa 10,000 ju-
díos a la muerte, argumentando que no podía recibir refugia-
dos raciales. Durante el traslado hacia Treblinka murieron as-
fixiados 6,000 judíos provenientes de Myedzyrzec. Al iniciar
septiembre unas 800 mujeres murieron envenenadas por gas
en Auschwitz, Birkenau. Para ese momento se ha establecido
ya la política de exterminio mediante trabajos forzados hasta
la muerte. Se aumentó la capacidad de las cámaras de gas de
Treblinka. Al liquidarse el gueto de Czestochowa se emitió un
42
Holocausto y Dignidad

decreto advirtiendo que quienes protegieran a los judíos esta-


rían sujetos a la pena de muerte. Se informó a los administra-
dores de los campos que las joyas y otros objetos de valor con-
fiscados, debían ser enviados al Reichsbank alemán, el pelo
que se cortaba a las víctimas, los dientes de oro los anillos y las
gafas eran puestos a disposición de la Tesorería del Reich. El
papa Pío XII es criticado por abstenerse de condenar los crí-
menes nazis, siguiendo una política de silencio, el embajador
polaco en el vaticano le había informado detalladamente del
envenenamiento de miles de judíos. En noviembre durante
el proceso de reasentamiento, 30,000 niños polacos fueron
separados de sus padres, unos fueron enviados a la muerte,
otros entregados a familias alemanas. En diciembre el gobier-
no alemán decreta que los gitanos alemanes deben ser depor-
tados a Auschwitz y exterminados. Se atribuye al papa Pío XII
la afirmación de que las historias de las atrocidades contra los
judíos eran exageraciones con fines propagandísticos. Se con-
sidera que hasta ese momento 2,000,000 de personas habían
sido deportadas a campos de exterminio.
Enero de 1943, todo el dinero de los judíos en los Países
Bajos es depositado en una cuenta central. Los comandantes
de los campos recibieron la instrucción de enviar el pelo de las
mujeres judías a la empresa Alex Zjink, Filzfabrik AG e Roth
, Alemania. Más de una ocasión, los judíos que habían logra-
do escapar y esconderse fueron engañados o traicionados con
falsas promesas y corrieron la misma suerte que los demás.
Durante este mes se preparó la rebelión del gueto de Varso-
via. Durante febrero se informó a Himmler de las cantidades
recibidas de diversos objetos: 155, 000 abrigos de mujer, 132,
000 camisas de hombre y más de 3, 000 kg. de pelo de mu-
jer. El 22 de febrero fueron decapitados los jóvenes alemanes
Hans y Sophie Scholl, organizadores del grupo de resistencia
la Rosa Blanca. También en febrero la protesta de las mujeres
alemanas obligó a Hitler a liberar a sus esposos judíos. El mis-
mo mes se estableció un gueto en Tesalónica, Grecia, durante
marzo se deportó a sus habitantes a Auschwitz. En este mis-
43
Federico César Lefranc Weegan

mo campo a fines de marzo fueron asesinados 1,700 gitanos.


El 19 de abril empezó la rebelión del gueto de Varsovia, no
recibieron ayuda ni de la resistencia polaca ni de los Aliados,
fue sofocada incendiando casa por casa, el 16 de mayo el co-
mandante alemán declaró que el barrio judío de Varsovia no
existía más.
En mayo la comunidad judía de Skalat, Ucrania fue des-
trozada. El mismo mes, Mengele llegó a Auschwitz para ini-
ciar experimentos médicos con los detenidos. En junio más
de 1,000 niños de Vught, Holanda, fueron deportados a Sobi-
bor donde fueron asesinados.
En Natzweiler Struthof, Francia se hacían experimentos
médicos con gitanos y judíos después de los cuales eran gasea-
dos e incinerados. En Janowska, Ucrania, trabajadores forza-
dos judíos fueron obligados a exhumar cadáveres, a quitarles
las joyas, los dientes y empastes de oro e incinerar los cuerpos.
En julio, la Liga de Mujeres Americanas para la Paz y la Liber-
tad hizo una fuerte crítica a su gobierno por su complacencia
ante las atrocidades nazis. En agosto unos 1,200 niños fueron
llevados del gueto de Bialystok a Auschwitz para ser muertos.
En septiembre los trabajadores forzados exhumaron más de
60,000 cadáveres de judíos y prisioneros soviéticos en Vilna.
En octubre se estableció la Comisión de las Naciones Unidas
para Crímenes de Guerra, integrada por 15 naciones aliadas.
En noviembre los nazis destruyeron el campo de exterminio
de Treblinka. El mismo mes el ministro del interior de Italia
ordenó la concentración en campos, de todos los judíos. Du-
rante diciembre, Himmler ordenó la destrucción del campo
de exterminio de Belzec, después la tierra fue arada y se asen-
taron pobladores ucranianos.
Se calcula que en 1944 la llamada industria del exterminio
ocupaba a 47,000 empleados de tiempo completo. No obs-
tante la amenaza de muerte, los habitantes de Le Chambon,
Francia dieron refugio a 5,000 judíos. Setecientos judíos fue-
ron deportados de Milan a Auschwitz ese mes. Al inicio de
febrero de 1944, 800 judíos provenientes de Holanda fueron
44
Holocausto y Dignidad

inmediatamente gaseados a su llegada a Auschwitz. En marzo,


días después de una visita de la Cruz Roja a Auschwitz, fueron
envenenados por gas 3,800 judíos checos. Ese mes Alemania
controló Hungria quedando bajo su control 750,000 judíos,
poco después fueron obligados a dejar sus casas y llevados a
guetos desde donde se les deportaría a Auschwitz. Aproxima-
damente 400,000 judíos hungaros perecieron en ese campo.
En junio durante el bombardeo de los Balcanes, los Aliados
no destruyeron las líneas férreas que iban desde Hungría hasta
Auschwitz, a pesar de que podían haber obstaculizado la de-
portación de miles de judíos húngaros. Se calcula que 290,000
judíos fueron asesinados en 23 días. En julio fueron deporta-
dos 1,700 judíos de Rodas a Auschwitz. En agosto sólo 4,000
gitanos continuaban con vida en la Gran Alemania. El mismo
mes la Gestapo emprendió la campaña Gran Tormenta contra
funcionarios antinazis. Paulatinamente se fue dando la libera-
ción de los territorios ocupados por los nazis. El gobierno de
la Cruz flechada y las SS en Hungría permitieron una serie de
acciones violentas contra la población judía de Budapest. Los
judíos europeos muertos en ese año se calculan en 600,000.
1945. Se creó en enero el Registro Central para Crimina-
les de Guerra. Ese mes más de 2,000 republicanos españoles
murieron en las canteras de Mauthausen. Los miembros del
partido húngaro Nyilas cometieron asesinatos de judíos en
diversas partes de Budapest. Conforme se acercaba el ejército
rojo, los alemanes fueron asesinando a los prisioneros de los
campos.
Desde finales de 1944 cuándo escaseaban los transportes
y era inminente la pérdida de la guerra, los alemanes ordena-
ron marchas de prisioneros fuera de los campos y del alcance
de los aliados, fueron las marchas de la muerte y costaron la
vida a más de un cuarto de millón de personas. Fue el caso
de 1,000 mujeres internadas en el campo de Neusald, Polonia
de las cuales 800 murieron apaleadas o fusiladas durante el
camino hacia Flossenbürg.

45
Federico César Lefranc Weegan

El 27 de enero de 1945 las tropas soviéticas liberaron Aus-


chwitz. Encontraron 7,000 personas con vida. El 9 de abril
los aliados liberaron el campo de Dora-Mittelbau donde muy
pocos presos permanecían con vida. El 15 de abril tropas
británicas llegaron al campo de Bergen Belsen encontrando
60,000 supervivientes y 27,000 cadáveres. También en abril,
en la última evacuación de prisioneros de Stutthof, Polonia,
200 mujeres fueron fusiladas en una playa.
El 7 de mayo de 1945 Alemania firmó su rendición incon-
dicional. Al día siguiente la rendición fue aceptada por los
aliados.
Cuánto pesaron los planes raciales en la estrategia alema-
na. Lo responde Hildebrand de forma clara: “En el cenit de la
campaña de Rusia, esto es, durante el avance hacia Stalingra-
do, ‘cuando se hubiera podido creer que toda la fuerza laboral
y todos los medios de transportes serían necesarios para con-
seguir dicha meta, pues bien, en ese momento, los trenes, con
una regularidad matemática, cruzaban Europa de un extremo
a otro, llevando judíos del oeste a los campos de concentra-
ción del este, y allí las víctimas eran asesinadas, junto a sus
hermanos de infortunio del oriente de Europa, en el mismo
instante en que en el frente se necesitaba con urgencia cada
tren y cada trabajador especializado en armamento”.52
La eugenesia, la experimentación científica sobre seres
humanos, la muerte por el trabajo, o por hambre o frío, la
violencia directa de los guardianes, el envenenamiento por
gas, los fusilamientos, las ejecuciones, Desde el saqueo siste-
mático, hasta la apropiación de los bienes judíos. Los métodos
habían sido cuidadosamente estudiados y perfeccionados y se
reproducían contra cada persona.
Hay que considerar que muchas acciones igualmente bru-
tales se desarrollaron al mismo tiempo que las aquí relatadas,
por eso tendríamos el deber de reconstruir millones de bio-

52 Hildebrand, op.cit., pp. 128 ss.


46
Holocausto y Dignidad

grafías. Sirva un sólo ejemplo para mostrar la perversidad de


las acciones referidas:
“Cada dos o tres semanas el comandante SS del campo Stru-
hren y los doctores Schwarzhuber y Pflaum seleccionaban
a las mujeres débiles o enfermas para transportarlas a Mitt-
weida. Las mujeres debían correr frente a los doctores y los
guardias SS, aquellas con las piernas hinchadas, heridas o
con cicatrices o simplemente muy enfermas o muy débiles
para correr eran inmediatamente seleccionadas para un pe-
riodo de ‘recuperación’ en Uckermark. Este consistía en ser
encerradas en barracas sin cuidado médico y sin alimento
hasta que morían. Pero muchas de las mujeres seleccionadas
nunca llegaban al campo de Uckermark. Ellas eran gasea-
das en camiones especiales transformados en cámaras de
gas móviles. El escape era conectado directamente a la caja
y se activaba durante 15-20 minutos. En otros casos estos
transportes eran llamados ‘transporte a Mittweida’, éste era
un nombre clave de los SS para el envenenamiento por gas.
‘Mittweida’ se suponía, era un lugar donde los prisioneros se
recobraban de los trabajos forzados. Por supuesto que este
era un lugar imaginario, Mittweida era tan solo un sinónimo
de cámara de gas.

Las condiciones de vida en Ravensbruck eran tan difíciles


y vergonzosas como en todos los otros campos de concentra-
ción, las muertes por inanición, golpes, tortura, ahorcamien-
tos y fusilamientos, sucedían diariamente. Las mujeres que
eran demasiado débiles para trabajar eran transferidas para
ser envenenadas por gas al campo de Uckermark vecino a Ra-
vensbruck y Auschwitz. Otras eran asesinadas con inyeccio-
nes letales o usadas para experimentos médicos de los docto-
res SS. Diversos agrupamientos SS rodeaban el campo donde
los prisioneros debían trabajar día y noche hasta que morían
por debilidad o por enfermedades”.53

53 (http://www.jewishgen.org/ForgottenCamps/Camps/Ravens-
bruckEng.html)
47
Federico César Lefranc Weegan

Cuando llegaron los Aliados, los prisioneros liberados de


los campos estaban tan devastados que muchos de ellos falle-
cieron en las semanas siguientes a su liberación.
Es importante hacer notar que el antisemitismo no se aca-
bó con la guerra, a pesar de que ya se había dado a conocer
ampliamente la devastación provocada por los nazis, en ju-
lio de 1946, por ejemplo, como consecuencia de un violento
pogromo fueron asesinados 42 judíos en Kielce, Polonia, por
una confusión. Después de estas oleadas de violencia 100,000
judíos polacos tuvieron que abandonar su país.54
Tampoco otras de las acciones que tendemos a identificar
como representativas del régimen nacionalsocialista llegaron
a su fin con la guerra. Uno de los ejemplos más crueles es el
de la experimentación con personas que aún recientemente se
ha detectado en países como los Estados Unidos de América.
El doctor Albin Eser comenta el proceso contra el Chronic
Disease Hospital de New York, “en donde se había inyecta-
do en realidad células cancerígenas virulentas a un grupo
de pacientes gravemente enfermos que se había declarado
dispuesto al a prueba aparentemente favorable a su reacción
inmunológica. O el proceso contra la Universidad de Saskat-
chewan, en donde un estudiante se dejó introducir una sonda
en la vena de su brazo a cambio de un pago reducido para
una prueba aparentemente inocua de un medicamento; pero
en realidad debía probarse un nuevo narcótico y para ello la
sonda fue introducida hasta el corazón con lo que se le pro-
dujo una paralización temporal del corazón”.55 Cita también
el caso de la clínica psiquiátrica de Ansbach, Alemania, por
inobservancia de los derechos de los pacientes en pruebas de
medicamentos en 1985.56

54 Crónica del Holocausto, pp. 647 ss.


55 Eser, Albin. Estudios de Derecho Penal Médico, IDEMSA, Lima, 2001,
pp. 128 y 129.
56 Loc.cit.
48
Holocausto y Dignidad

3. LOS CAMPOS COMO PARADIGMA.


Las más brutales manifestaciones de esta moderna barba-
rie fueron resultado de una decisión, la decisión de extermi-
nar grupos humanos completos, y estas manifestaciones se
sustentaron en dos instituciones monstruosas: los campos y
los comandos móviles de la muerte y sólo en menor medida
en las llamadas marchas de la muerte.
Los campos fueron lugares dedicados especialmente a se-
gregar, concentrar y aislar a las personas. Espacios que permi-
tieron tener un control absoluto sobre la vida y las actividades
de cada individuo. Espacios que fueron usados para deshu-
manizar la vida. Y por último, espacios que fueron usados
para aniquilar sistemáticamente, de forma planificada, com-
pletamente racional y deliberada.
La muerte en los campos tuvo muchas formas, el asesinato
planificado tuvo dos: el envenenamiento con gas, y la esclavi-
zación hasta producir la muerte por el trabajo. La muerte se
convirtió en una industria, por un lado se obtenía el producto
del trabajo esclavo - y de éste se beneficiaron muchas empre-
sas, conocidas empresas - por otra parte de cada cadáver se
aprovechaba todo; el pelo, las impostaciones dentales de oro, la
grasa, los huesos o las cenizas. Antes, cada víctima habría sido
despojada de todas sus pertenencias, pertenencias que eran
meticulosamente clasificadas, registradas y aprovechadas.
Los campos de concentración no fueron un invento del
nazismo ni se crearon sólo para la Segunda Guerra Mundial,
el término lo acuñaron los ingleses al finalizar el siglo XIX
durante la Guerra de los Boers 57 aunque hacemos notar que
este término no tenía el significado que hoy lo identifica.
Los campos durante el nazismo se usaron inicialmente
para aprisionar a los considerados enemigos políticos, es de-
cir a todos aquellos a quienes se relacionaba con el bolchevis-
mo, se usaron más adelante para los considerados antisocia-
les, entre ellos los homosexuales. Hasta antes del inicio de la

57 Crónica del Holocausto, p. 32.


49
Federico César Lefranc Weegan

guerra no habían sido muchos los judíos encerrados en ellos.


A partir de la invasión a Polonia el número de judíos apri-
sionados aumentó desmesuradamente hasta el momento en
que se implementó la llamada “solución final” durante la cual
los judíos y los gitanos, en cantidades innumerables fueron
eliminados en una u otra forma.
La vida en los campos
“El nuevo género de guerra de los nazis era un medio de
conseguir la ‘purificación’ racial de Europa y entrañaba tan-
to la reubicación de poblaciones enteras como la muerte de
todos los judíos, hombres, mujeres y niños que pudieran re-
unir o capturar (…) la empresa fue de tal vastedad y de tan
minuciosa ejecución, incluyendo entre sus víctimas desde
comunidades urbanas enteras hasta niños pequeños escon-
didos en parajes remotos, que resulta difícil transmitir su
terrible alcance (…) Los nazis persiguieron a los judíos en
países con los que no tenían ninguna conexión, y en los que
los alemanes no se habían establecido ni deseaban hacerlo,
trasladándolos cientos o miles de kilómetros para darles
muerte en los campos de exterminio de Polonia”.58

Hay que considerar que las primeras víctimas fueron los


pacientes psiquiátricos alemanes, austríacos o polacos que
‘ocupaban espacio’. Lo fueron también los intelectuales po-
lacos. Sin embargo esta política de ‘purificación racial’ tuvo
como víctimas fundamentales a judíos y gitanos.
La concentración en guetos, preferentemente en las gran-
des ciudades, y la pauperización iban de la mano, hay que re-
cordar que para 1939 los judíos habían sido privados ya de
muchos de sus derechos. Asimismo, como forma de control,
se ordenó la creación de Consejos de Ancianos Judíos res-
ponsable de cumplir las directrices que dictaba el gobierno
alemán. A estos Consejos se les asignaron las funciones que
normalmente corresponden a los gobiernos locales, desde la
colocación de trabajadores hasta la recaudación de impuestos,

58 Burleigh, op.cit., p. 611.


50
Holocausto y Dignidad

la organización de tribunales y el mantenimiento del orden


del gueto, además se convirtieron en el único punto de con-
tacto directo entre el gobierno alemán y la población judía.
Sobra decir que estos Consejos no estaban en situación de
igualdad con las autoridades alemanas sino que su única po-
sibilidad era obedecer. En el trato con ellas empieza a destacar
la arbitrariedad, la confusión deliberada, la imprevisión como
forma de relación. Cita Burleigh la siguiente afirmación que
atribuye a Avraham Tory: “Tenemos que permanecer siempre
en un estado de expectación sin entender los que ocurre a
nuestro alrededor“.59
En estas condiciones, los acontecimientos más imprevisi-
bles se convertían en motivo de extorsiones o represalias co-
lectivas, así lo han constatado otros sobrevivientes, entre ellos
Anteleme. Por otro lado los miembros de los Consejos, o sus
subordinados, recibían privilegios, y los privilegios separan a
las personas.
La vida en los campos empezaba cuando al Consejo de
cada gueto, de cada colonia de cada agrupación identificada
de judíos se le pedía que elaborara una lista de quiénes serían
trasladados a un campo como trabajadores, como deportados
o para su ‘reasentamiento’.
“En Amsterdam al igual que en Varsovia, en Berlín al igual
que en Budapest, los representantes de pueblo judío forma-
ban listas de individuos de su pueblo, con expresión de los
bienes que poseían; obtenían dinero de los deportados a fin
de pagar los gastos de su deportación y exterminio; llevaban
un registro de las viviendas que quedaban libres; proporcio-
naban fuerzas de policía judía para que colaboraran en la
detención de otros judíos y los embarcaran en trenes que
debían conducirles a la muerte e, incluso, como un último
gesto de colaboración, entregaban las cuentas del activo de
los judíos, en perfecto orden, para facilitar a los nazis su con-
fiscación”.60 Refiriendo la misma autora como los represen-

59 Ibid., p. 617.
60 Arendt, op.cit., 181.
51
Federico César Lefranc Weegan

tantes judíos parecían percibirse como capitanes de barco


que a costa de cien hombres salvan mil, pero esa percepción
no refleja una verdad histórica, y pone el ejemplo del doctor
Kastner que en Hungría salvó a 1,684 judíos gracias al sacri-
ficio de 476,000 víctimas, aproximadamente.61

Una vez agrupados en vagones para ganado o de mercan-


cías, tan saturados que sólo era posible viajar de pie, se hacía
el metódico traslado al campo de destino. Estos viajes podían
durar horas o días, sin agua para beber, sin comida, sin sa-
nitarios, muchos prisioneros llegaban en condiciones lamen-
tables de manera que sólo salir del vagón proporcionaba un
último y fugaz momento de bienestar. Ya en el campo eran
rapados, afeitados, en algunos campos tatuados. En los peores
de los campos, una vez fuera, empezaba la selección. Los más
fuertes, eran separados para destinarlos al trabajo esclavo, los
demás, considerados débiles como los niños, los ancianos, las
mujeres embarazadas o con hijos de brazos, tenían como des-
tino inmediato, la muerte. Ya que les eran retiradas sus per-
tenencias y que se habían despojado incluso de la ropa, se les
pasaba a las cámaras, cámaras de las que más de una tenían la
apariencia de duchas, allí se les envenenaba con gas, después
se les incineraba.
“La técnica de muerte adoptada por las SS consiste en poner
en correlación tres métodos ya operativos - la deportación en
ferrocarril, el confinamiento en campos de concentración,
el asesinato por medio de gasificación - y tres estructuras
complementarias: el camión de gas, el centro de exterminio
y el campo industrial que asocia la explotación del trabajo
y la muerte. De este modo, la matanza de millones de seres
humanos es resuelta por las SS como un simple problema
industrial. Los judíos, al igual que los enfermos mentales y
los gitanos, son marcados y transportados como ganado, ga-
sificados como gusanos, quemados como basura”.62

61 Loc..cit.
62 Ternon, op.cit., p. 161.
52
Holocausto y Dignidad

Fueron muchos los campos, campos satélite y subcam-


pos existentes, en cada uno las condiciones y las actividades
eran diferentes, sirven tan solo de ejemplo los que reseña-
mos a continuación: Treblinka, Sobidor, Maidanek, Belzec,
Rawa-Ruska, Bergen-Belsen, Auschwitz, Birkenau, Chelmo,
Dachau, Bergen-Belsen, Dora-Milttelbau, Buchenwald, Mau-
thausen, Terezin, Sachsenhausen, Ravensbruck, Grosrosen.
La exterminación masiva de judíos fue implementada en
los campos de exterminio de Belzec en marzo de 1942, en
Chelmno (Kukmhof), al final de 1941, en Sobibor a partir de
abril de 1942, en Treblinka en octubre de 1941, en el campo
de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau desde
octubre de 1941, en Majadnek desde el inicio de 1942. Unida-
des de la policía de orden (policía rural) junto con los SS, SD
y los Hilfswilligen estuvieron involucrados en la transporta-
ción de judíos hacia los campos de exterminio. La acción se
conoció como reasentamiento. La operación fue apoyada por
la policía local polaca.
Bergen Belsen, era un campo de prisioneros, en 1941 fue
puesto bajo la administración de las SS, convirtiéndose en
campo de concentración. “Aunque en Bergen-Belsen no hubo
ni gaseamientos ni incineraciones, allí murieron 37,000 pri-
sioneros, víctimas del hambre, las enfermedades, la violencia
de sus guardianes y el agotamiento en el trabajo”.63 Escribe
Burleigh sobre este mismo campo, “Hasta los que habían so-
brevivido a Auschwitz consideraron atroces las condiciones
de Bergen-Belsen, donde la gente comía hierba o lamía los
alimentos derramados por el suelo. Bergen-Belsen, que no
estaba conectado al imperio económico de la SS ni era un
centro dedicado al exterminio, y en el que se practicaba una
moderación que en la SS resultaba contradictoria, era un he-
diondo matadero”.64

63 Hernández, op.cit., p. 9.
64 Burleigh, op.cit., p. 816.
53
Federico César Lefranc Weegan

Auschwitz. En abril de 1940 por orden de Himmler se es-


tableció este campo de concentración, los primeros prisione-
ros fueron políticos polacos, con el tiempo llegó a haber allí,
una red de campos65 en 1941 se abrió un campo de trabajos
forzados, donde se instalaron varias industrias alemanas. A
cargo de las SS se explotaba a los trabajadores hasta el agota-
miento y la muerte. Auschwitz fue cambiando conforme se
acentuó la persecución antisemita, cuando se dio la orden de
eliminar a los gitanos, hasta que en 1942 se decidió la solución
final. Las instalaciones se ampliaron a cuatro campos y 38 co-
mandos de trabajo. Uno de ellos, Birkenau era realmente una
factoría para asesinar prisioneros. En él, los débiles, los ancia-
nos, los niños y buena parte de las mujeres eran separados de
los prisioneros útiles para el trabajo donde se les gaseaba con
Zyklon B y luego se cremaban los cadáveres en hornos que
funcionaban día y noche. Se llegó a asesinar a 22,000 personas
al día y se acepta generalmente que en Auschwitz perecieron
cerca de dos millones de personas.66 Crónica estima el núme-
ro de muertos entre 1,100, 000 y 1,500,000, los prisioneros
morían de enfermedades, inanición, envenenados con gas o
trabajando hasta la muerte.67 Ives Ternon ha afirmado que
este campo representa la forma más elaborada de dominio
del hombre sobre el hombre.68 El gas que se usaba era un pes-
ticida, el Zyklon B - hidruro de cianuro - que se gasificaba al
contacto con el aire y era introducido por pequeñas aperturas
en el techo. Burleigh al referirse a la actividad de exterminio
desplegada en este campo afirma que era equivalente a una
saturación industrial.69 No hay que olvidar que Auschwitz fue
un centro de exterminio más, quizás el de mayor importan-
cia, pero uno entre muchos otros.

65 Crónica del Holocausto, p. 412.


66 Hernández, op.cit., p. 11.
67 Crónica del Holocausto, p. 412
68 Ternon, op.cit., p. 163.
69 Burleigh, op.cit., p. 684.
54
Holocausto y Dignidad

Dachau. El campo de concentración de Dachau se abrió


oficialmente en marzo 22 de 1933, previsto para 5,000 perso-
nas, comunistas, prisioneros políticos y enemigos de la segu-
ridad del Estado.
Al finalizar 1933 se había registrado la llegada de 4821 pri-
sioneros, para 1945, 206,206 prisioneros habían sido registra-
dos. Posiblemente nunca se sepa el número total de muertos,
baste recordar que los prisioneros de guerra soviéticos eran
ejecutados sumariamente por miles. La “International Tra-
cing Service in Arolson” reporta 31,591 muertos entre los
prisioneros registrados. El primer crematorio se construyó en
1940, para 1942 la tasa de muertes rebasó la capacidad del
crematorio original y para 1943 se terminó la construcción de
uno nuevo que incorporaba cinco cámaras de gas, cuatro de
las cuales fueron diseñadas para fumigación y una quinta con
propósitos homicidas. Cabe aclarar que en el caso de los cam-
pos no se puede hablar estrictamente de crematorios - que es-
tán diseñados para cremar un cuerpo a la vez - sino que sería
más propio hablar de incineradores donde no hay un periodo
de enfriamiento ni de recolección de las cenizas entre cada
cremación. Nuevos cuerpos son simplemente incorporados
conforme se consumen los anteriores.70
Buchenwald fue construido en 1937, destinado primera-
mente a prisioneros políticos y opositores al régimen nazi,
judíos, Testigos de Jehová, homosexuales y los denominados
antisociales, extendiendo su espectro en el transcurso de la
guerra. El día de la liberación el 95% de los prisioneros era
de origen extranjero. A partir de 1943 los prisioneros de este
campo fueron explotados en trabajos para la industria bélica.
A pesar de que nunca fue un campo de exterminio se efectua-
ron asesinatos en masa contra prisioneros de guerra, se lleva-
ron a cabo numerosos experimentos biológicos y químicos
con los prisioneros. “A Max Moses Polke lo enviaron a Bu-
chenwald, cerca de Weimar. Después de pasarse varias horas

70 Mazal, op.cit., p. 3.
55
Federico César Lefranc Weegan

mirando a la pared en el túnel de la estación, fue llevado con


sus compañeros de detención en camiones hasta el campo.
Allí se obligó una vez más a los presos a soportar el acoso de
los SS y después tuvieron que esperar de pie en el patio de
armas varias horas. De noche se hacinó a dos mil hombres en
literas de cinco pisos en un barracón de madera de cincuenta
metros por diez. Se pegaban palizas a los presos y las muertes
se atribuían a suicidio. Los viajes a las letrinas eran peligro-
sos, pues algunos de esos desdichados simplemente se caían
en aquellos pozos de tres metros de profundidad y se ahoga-
ban en excremento. A los que se volvían locos o tenían ata-
ques epilépticos les pegaban un tiro por ‘ofrecer resistencia’,
mientras que los que tenían necesidades dietéticas especiales,
como los diabéticos, perecían”.71
Ravensbruck fue el único gran campo de concentración del
nazismo destinado casi exclusivamente a mujeres. Al finalizar
el otoño de 1938, Himmler decidió establecer un campo de
concentración en Ravensbruck. Su localización fue escogida
por Himmler por estar ‘fuera del camino’ y a la vez accesible.
Rodeado de bosques y lagos y no muy lejos de Furstenberg
que enlazaba por tren con Berlín.
Al finalizar 1938, 500 prisioneros fueron transferidos de
Sachsenhausen a Ravensbruck con el objetivo de construir un
nuevo campo. Los primeros prisioneros llegaron el 18 de mayo
de 1939; 860 alemanas y 7 austriacas. A partir de este momen-
to el número de prisioneros se fue incrementando dramática-
mente, 400 gitanas de Austria llegaron el 29 de mayo de 1939
y en septiembre la primera polaca llegó al campo. Al finalizar
1939 la población del campo era de 2,290 personas.
Por el constante crecimiento de su población, el campo fue
agrandado cuatro veces durante la guerra. Al finalizar 1941 la
población del campo era de 12,000 prisioneras y durante 1942
se transfirieron a ese campo multitud de rusas. Para 1943 la
población había alcanzado las 42,000 personas. En 1944 la SS

71 Burleigh, op.cit., p. 364.


56
Holocausto y Dignidad

decide construir en el campo una cámara de gas. El campo


ya tenía crematorio, en este momento la población era ya de
80,000 personas. Se calcula que más de 132,000 personas fue-
ron incineradas en Ravensbruck.72
“Cada uno de los que acabarían siendo tres campos (Belzec,
Sobibor y Treblinka) tenía un núcleo de veinte a treinta ase-
sinos expertos. El personal del T-4 había colaborado recien-
temente con el imperio de campos de la SS, en un periodo
en que carecía de servicios de exterminio masivo, gaseando
a los prisioneros ‘enfermos’ en los servicios de ‘eutanasia’.
El organismo encargado de la ‘eutanasia’, después de haber
completado en el otoño de 1941 su misión primordial, en-
contró esperándole otra tarea de más envergadura. Hombres
que habían estado matando locos y lisiados (por no hablar
de los discapacitados sanos) durante casi dos años, acudie-
ron a la Polonia oriental a matar hombres, mujeres y niños
judíos en cantidades mucho mayores.” (..) “No fue necesario
mucho personal para hacer desaparecer los trenes cargados
en el plazo de unas horas”.73

Goldhagen ha establecido cuatro características funda-


mentales de los campos:
1) Era un mundo donde los alemanes podían efectuar con
seguridad tareas violentas y perseguir un conjunto de metas
concretas.
2) Eran sitios de libre autoexpresión, donde los alemanes
podían convertirse en amos que no eran reprimidos por las
restricciones burguesas con las que el nazismo se estaba su-
perponiendo como una nueva moral anticristiana.
3) Eran un mundo donde los alemanes modelaban a sus
víctimas para conformarlas a la imagen que se habían forma-
do de ellos, validando así su visión del mundo.
4) Eran un mundo revolucionario, en donde la transfor-
mación social y la trasmutación de valores que se encontra-

72 (htp://www.jewishgen.org/ForgottenCamps/Camps/Ravensbruck-
Eng.html)
73 Burleigh, op.cit., p. 680.
57
Federico César Lefranc Weegan

ban en el corazón del programa nazi, estaban siendo asidua-


mente implementados.
El sistema de campos era un mundo donde no se aplica-
ban las reglas y prácticas morales que gobernaban a la socie-
dad ordinaria alemana. Para ello, antes se había hecho todo
lo necesario para deshumanizar a las víctimas, por eso los ra-
paban, los identificaban con un número – a veces tatuado - y
los uniformaban al grado de que hombres y mujeres no eran
fácilmente distinguibles, les robaban así su individualidad
conformándolos como los ‘subhumanos’ que los alemanes
imaginaban que eran.74
“El furor de destrucción total, la erradicación de todo rastro
de presencia judía, demuestran una formidable regresión del
pensamiento, la cual coincide con un proceso de moderni-
zación técnica”.75

Los comandos móviles de la muerte Einsatzgruppen y ba-


tallones de policía
La invasión a Rusia en 1941 se concibió como una guerra
de exterminio, porque se conocía la imposibilidad de dispo-
ner de los millones de judíos rusos que quedarían en manos
del Reich. Ello explica un acuerdo del 26 de marzo de ese mis-
mo año en el que se instruyó a cada cuerpo del ejército para
que incorporara pequeñas unidades de las SS y de las policías
encargadas de ejecutar civiles. Estas unidades ya se habían
utilizado en Checoslovaquia y en Polonia. Tres mil hombres
fueron repartidos formando cuatro destacamentos móviles,
A, B, C, y D, y comandos de entre 70 y 100 integrantes. En la
ya citada orden de los comisarios, se ordenó destruir sin in-
vestigación ni medidas de gracia a judíos, gitanos, comisarios
bolcheviques y “asiáticos inferiores”. Además, afirma Ternon,
se eximió a los comandos de toda obligación legal o moral.
Igual sucedió con el decreto “Barbarroja” del 13 de mayo del

74 Goldhagen, op.cit., pp. 175 s.


75 Ternon, op.cit., p. 180.
58
Holocausto y Dignidad

mismo año, en éste fueron autorizadas acciones de represalia


contra pueblos enteros.76
Con la integración de los grupos móviles de la muerte se
articuló el otro mecanismo para la solución final, el primero
fueron los campos.
El número de judíos habitantes en la Unión Soviética, para
junio de 1941 se calcula que era de 4,000,000 y salieron como
consecuencia de la invasión alemana1,500,000 quedando los
demás a merced de las operaciones de exterminio.
Los Einsatzgruppen y los batallones de policía, actuaban
la mayoría de las veces directamente, pero en ocasiones lo que
hacían era dirigir los pogromos organizando fuerzas hetero-
géneas en formaciones auxiliares efectivas. Estas formaciones
auxiliares incluían voluntarios, delincuentes liberados, etc.
Así sucedió en Kovno, en Lituania, en Riga, en Ucrania. A
fines de junio de 1941 grupos de lituanos masacraron a palos
a multitud de judíos, ante la mirada impávida de los soldados
alemanes, en esos días y durante los primeros días de julio, el
número de muertos se calcula en miles. En Lvov, pero ahora
entre alemanes y ucranianos mataron asimismo varios miles
de judíos.
“La primera gran ejecución en la que intervino exclusiva-
mente un Ensatzkommando fue probablemente en la ciudad
de Lutsk, Ucrania en julio 2, donde los hombres del Sonder-
kommando 4 a fusilaron cerca de 1,100 judíos, ..” (..) “ Un
ejemplo de las masacres alemanas incluye 23,600 judíos en
Kamenets-Podoloski el 27 y 28 de agosto de 1941; 19,000
en Minsk, divididos durante dos diferentes masacres en no-
viembre de 1941, 21,000 en Rovno en Noviembre 7 y 8 de
1941; un total de 25,000 judíos cerca de Riga en noviem-
bre 30 y diciembre 8 y 9 de 1941; entre 10,000 y 20,000 en
Kharkov en enero de 1942; y , en la más grande masacre por
fusilamiento, más de 33,000 en dos días en Babi Yar en las
afueras de Kiev al finalizar septiembre de 1941”.77

76 Ibid., p. 154.
77 Goldhagen, op.cit., pp. 154 ss.
59
Federico César Lefranc Weegan

Una de las formas en que se ejecutaban estas masacres


se describe a continuación: Grupos de cientos y en ocasio-
nes de miles de judíos, hombres, mujeres, niños o ancianos
eran obligados a desnudarse antes de ser fusilados. Después,
se propinaba a cada uno, el tiro de gracia. En más de una oca-
sión, ellos mismos habían sido obligados a cavar sus propias
tumbas.
A qué nivel de detalle se controlaban estas masacres. El
reporte que se transcribe nos permite pensar que no eran
producto de explosiones espontáneas de la violencia de los
pobladores.

LISTA COMPLETA DE LAS EJECUCIONES LLEVADAS A CABO


EN EL ÁREA EK 3 AL 1 DE DICIEMBRE DE 1941

Actividades de la Policía de Seguridad en Lituania por el Einsatzkomnan-


do 3 en julio 2 de 1941.
Bajo mis instrucciones y órdenes las siguientes ejecuciones fueron condu-
cidas por partisanos Lituanos:
4.7.41 Kauen-Fort VII 416 judíos, 47 judías 463
6.7.41 Kauen-Fort VII Judíos 2,514
Siguiendo la formación de un escuadrón móvil bajo el comando del SS
Obersturmfürer Hamann y 8 – 9 hombres de confianza del Einsatzkom-
mando las siguientes acciones fueron conducidas en cooperación con par-
tisanos Lituanos.
7.7.41 Maiampole Judíos 32
8.7.41 Mariampole 14 judíos, 5 Comm. Oficiales 19
8.7.41 Girkalinei Comm. Oficiales 6
32 judíos, 2 judías, 1 litua-
9.7.41 Wendziogala no (f), 2 lith. Comm. , 1 russ.
Comm. 38
9.7.41 Kauen-Fort VII 21 judíos, 3 judías 24
21 judíos, 1 russ, 9 lith.
14.7.41 Mariampole
Comm. 31
8 comm. Oficiales (inc. 6 ju-
17.7.41 Babtei
díos) 8
18.7.41 Mariampole 39 judíos, 14 judías 53

60
Holocausto y Dignidad

17 judíos, 2 judías, 4 lith.


19.7.41 Kauen-Fort VII
Comm., 2 comm. 26
59 judíos, 11 judías. 1 lituano
21.7.41 Panevezys (f), 1 polaco, 22 lith. Comm., 9
russ, comm 103
22.7.41 Panevezys 1 judío 1
83 judíos, 12 judías, 14 russ.
23.7.41 Kedainai Comm., 15 lith. Comm., 1
russ. O-Politruk 125
25.7.41 Mariampole 90 judíos, 13 judías 103
234 judíos, 15 judías, 19 russ.
28.7.41 Panevezys
Comm., 20 lith. Comunistas 288
Total eliminados (carried
3,834
forward)

La primera hoja de nueve del llamado reporte “Jager” fir-


mada por el SS.Standartenführer.78
Ternon citando los datos de Hilberg afirma que se ha con-
siderado que los Einsatzgruppen asesinaron alrededor de
500,000 personas en una primera fase, a mediados de 1941.
Durante los últimos meses de ese año las masacres se re-
crudecieron y a partir de allí y durante 1942 se calcula que
mataron otro medio millón de judíos.
Las cifras, como ya se ha dicho no se pueden empatar fá-
cilmente, aunque en lo esencial coincidan, en el libro de Bur-
leigh este refiere que “Mientras que hasta mediados de agosto
de 1941 habían exterminado a unos sesenta y tres mil judíos,
en los cuatro meses siguientes mataron a medio millón”.79 Cró-
nica se aproxima a las cifras de citadas por Ternon: “ Aproxi-
madamente 1,300,000 judíos (más o menos la cuarta parte de
todos los que murieron en el Holocausto) fueron asesinados
uno a uno por los 3,000 hombres de los cuatro Einsatzgrup-

78 Klee, Ernest et. al., “The Good Old Days”. The Holocaust as Seen by Its
Perpetrators and Bystanders, Konecky & Konecky, USA, 1988, pp. 46
– 58.
79 Burleigh, op.cit., p. 653.
61
Federico César Lefranc Weegan

pen, sus tropas de apoyo, la policía local y los colaboradores,


todo ello con la ayuda de la Wehrmatch”.80
Hildebrand en el análisis comparativo al que dedica su li-
bro El Tercer Reich observa lo siguiente:
“Hafner, por tanto, no postula ninguna diferencia cualita-
tiva entre los fusilamientos en masa perpetrados contra los
judíos orientales en Polonia y la Unión Soviética hasta di-
ciembre de 1941 y el exterminio, preparado entre los meses
de junio y julio de 1941 y realizado por el procedimiento de
las cámaras de gas, de todos los judíos a escala continental.
Todo lo contrario, él piensa que ambos procesos fueron fases
diferentes de una política judía largamente planeada y deriva
de manera directa la dispar materialización de los mismos
de decisiones del dictador fundamentadas en motivos estra-
tégicos e ideológicos”.81

4. LOS PERPETRADORES Y SUS INSTITUCIONES


En el caso del genocidio, la incriminación se produce al
término de un procedimiento de investigación que establece
la materialización de los hechos y, puesto que es el elemento
esencial, administra la prueba de intención. Para el genocidio
nazi – y, con más retraso, para el genocidio gitano – esta prue-
ba fue establecida a partir de 1945 mediante la recopilación y
comprobación de tres categorías de documentos: las declara-
ciones de los participantes, el relato de los supervivientes, los
testimonios de los coetáneos. Antes de las declaraciones de
‘los primeros portadores de noticias’, esta verdad era incon-
cebible. Más tarde, cuando ya no hubo lugar para la duda, no
siempre se llegó a pensar esta ‘inconcebible certeza’ 82
“La industria de la muerte fue puesta a punto después de
un programa de investigación. Fue el resultado de la cola-
boración entre burócratas, científicos y especialistas del
exterminio. En un sistema administrativo cuidadosamente

80 Crónica del Holocausto, p.212.


81 Hildebrand, op.cit., p.249.
82 Ternon, op.cit., p.225. Atribuye esta última expresión a Manes Sperber.
62
Holocausto y Dignidad

compartimentado, las tareas se repartieron en vistas a una


mayor eficacia: designar, amasar, transportar, escoger los lu-
gares apropiados, construir y hacer funcionar las máquinas
de fabricar cadáveres, y posteriormente destruirlos.” (..)
“La destrucción de los judíos de Europa no fue centralizada.
No se instituyó ninguna organización para tratar específica-
mente los asuntos judíos. Ningún presupuesto específico fue
destinado a ese proceso. La mayoría de las estructuras esta-
ban implicadas, pero ninguna forjó una pieza adicional de
la maquinaria. Todas las piezas estaban conectadas y, en esa
cadena de funciones, si fallaba un eslabón, toda la empresa
se detenía. Para cada miembro del aparato, la actividad anti-
judía no representaba más que una parte de su trabajo, una
carga suplementaria que era cumplida con tan buena dispo-
sición como poder atribuía. Ese trabajo fue ejecutado por
civiles y militares, por industriales y hombres de negocios,
fueran o no miembros del partido nazi”.83
“… los juristas tuvieron que desmontar el sistema legal exis-
tente, suprimir las medidas constitucionales que protegían
a los ciudadanos alemanes y garantizaban su igualdad civil,
y transferir el poder legislativo del parlamento al gobierno
para permitir que se institucionalizara la persecución racial.
Los médicos, que debían conciliar los principios de su ética
con los objetivos radicalmente opuestos del partido, lo lo-
graron invirtiendo esos principios y transformando el asesi-
nato en prescripción”.84
“Para jueces y abogados la pertenencia al partido significaba
el sometimiento a su jurisdicción, pues en 1933 los antiguos
tribunales de honor se convirtieron en tribunales locales,
regionales y nacionales del partido. Concebido para resol-
ver disputas entre los miembros y para facilitar purgas, la
fuente de la ley era en ellos el críptico programa del partido
y ejemplares de Mein Kampf.” (..) “La subversión de la sobe-
ranía de la ley se llevó a cabo a través de canales formales e
informales”.85

83 Ibid., p.169.
84 Loc.cit.,
85 Burleigh, op.cit., p. 201.
63
Federico César Lefranc Weegan

El Ministerio de Justicia y los fiscales locales, informaban


unilateralmente a la Gestapo. En la defensa de los casos se
fue paulatinamente imponiendo – apoyado en medios como
Schwarze Korps o Stürmer – el criterio de que los intereses
de los clientes sólo eran defendibles cuando no dañaran los
intereses reales de la comunidad nacional. Los Tribunales ex-
traordinarios y el Tribunal del pueblo, destinados a combatir
la violencia política se reintrodujeron a partir de1932. La po-
lítica inspirada por “los sanos instintos de la nación” marcaba
la administración de justicia.86 Las competencias extrajudicia-
les de la policía fueron aumentando porque la policía era un
instrumento político, más que un auxiliar del sistema judicial.
“ De acuerdo con las órdenes de Heydrich de julio de 1937 co-
rrespondía a la Gestapo la responsabilidad de la acción ejecu-
tiva contra marxistas, traidores y emigrados, mientras que el
SD debía controlar el mundo académico, las artes, las iglesias,
la juventud, el pacifismo, y a los judíos”.87
Las acciones de los batallones de policía, en el caso por
ejemplo de Polonia, no se daban en un vacío cultural o social,
los alemanes construyeron redes culturales y sociales que los
diferenciaban de los polacos. Los perpetradores no eran má-
quinas de matar, vivían vidas complejas.
“Después de masacrar judíos desarmados por miles, los
hombres del batallón de policía regresaban a la clase más
convencional de vida cultural alemana. Sus actividades cul-
turales – ‘clubes de policía, centros recreativos, y comedores’,
los eventos deportivos, películas y obras, actos religiosos,
apegos emocionales y discusiones morales e instrucciones
– presentan un crudo, incluso irritante contraste con sus
masacres apocalípticas”.88

En las circulares que se enviaban al Batallón 101 de policía,


se les avisaban los horarios para practicar natación o tenis – se

86 Ibid., p. 207.
87 Ibid., p. 217.
88 Goldhagen, op.cit., p. 264.
64
Holocausto y Dignidad

les advertía que debían llevar sus propias raquetas – o cuándo


se distribuiría carbón para el invierno. Se les instruía sobre su
conducta tanto en sus deberes como en su tiempo recreativo,
al mismo tiempo, en las mismas líneas, se les comunicaban
las últimas instrucciones para el tratamiento de los rehenes y
de las operaciones contra judíos.89
Esta era la gente que participaba en las instituciones que
hicieron posible el Holocausto. Esta gente provenía de los más
diversos estratos socioculturales de manera que había quie-
nes tenían estudios doctorales y también quienes eran sim-
plemente obreros, había científicos, investigadores universita-
rios, técnicos, campesinos; hombres y mujeres, adultos, viejos
y jóvenes. Muchos fueron involucrados, muchos también
participaron voluntariamente.
Las instituciones que se usaron fueron muchas, la admi-
nistración pública, la policía, el sistema judicial, las empresas
de transporte sobre todo los ferrocarriles, las instituciones
médicas, el ejército, las constructoras, las universidades, en
fin, todas aquellas instituciones que hacen posible la vida nor-
mal de una comunidad, se organizaron se administraron y se
dirigieron hacia el objetivo declarado de depurar las zonas de
influencia alemana, de “limpiarlas” de la presencia judía.
Todas estas instituciones se aprovecharon para crear y
perfeccionar los métodos de destrucción, ya fueran los cam-
pos de exterminio ya los campos de trabajo.
No hay que perder de vista que hubo empresas que dise-
ñaron de forma cada vez más eficiente las cámaras de gas y
las de incineración, hubo empresas, docenas de ellas que se
beneficiaron del trabajo esclavo, hubo otras que sacaron pro-
vecho de los despojos, del pelo, de los dientes de oro, de los
objetos expropiados.
Aunque respecto del trabajo de los judíos hay una para-
doja; se les hacía trabajar hasta morir, pero pocas veces en
trabajo verdaderamente productivo, mucho menos en traba-

89 Ibid., p. 265.
65
Federico César Lefranc Weegan

jos especializados que le hubieran sido muy útiles a los alema-


nes conforme evolucionó la guerra. En realidad se destruyó
sistemáticamente una gran fuerza de trabajo especializado.
Nuevamente la decisión política de destruir, se impuso a un
posible beneficio económico.
Es representativo de esta política el siguiente cuadro que
muestra la tasa de mortandad mensual para distintas catego-
rías de prisioneros en el campo de Mauthausen:90

Noviembre Enero - Noviembre


- diciembre febrero - diciembre
1942 1943 1943
Judíos 100% 100% 100%
Prisionero
3% 1% 2%
políticos
Delincuentes 1% 0% 1%
Presos provi-
35% 29% 2%
sionales
Asociales 0% 0% 0%
Polacos 4% 3% 1%
Trabajadores
civiles sovié- - - 2%
ticos

En este campo de trabajo, como podemos observar, du-


rante los meses reseñados fallecieron cada mes la totalidad de
los prisioneros judíos.
A pesar de esto, muchas empresas se beneficiaron con el
trabajo de los campos, no todas ellas eran alemanas.
I. G. Farben, fue el mayor empleador de trabajo esclavo,
construyó fábricas en Auschwitz donde se fabricaban desde
productos químicos hasta explosivos, la empresa se benefi-
ció con exenciones de impuestos además de la mano de obra.
Degesch controlada por esta empresa, elaboraba el Zyklon

90 Ibid., p. 312.
66
Holocausto y Dignidad

B para las cámaras de gas del mismo campo. La compañía


AGFA también pertenecía a esta complejo.
Bayerishe Motoren Werke, BMW, aprovechaba el trabajo
de los prisioneros de Dachau en la fabricación de motores
para aviones. Krupp se beneficiaba del trabajo de diversos
campos, entre ellos Buchenwald para fabricar acero. A partir
de la explotación en esta mismo campo, Rheinmetall produ-
cía municiones.
La German Hollerit Machine Company, subsidiaria de
IBM en Alemania fabricó las máquinas tabuladoras – precur-
soras de los modernos ordenadores – con las que se procesa-
ban los datos de los prisioneros, en los guetos, en los trenes,
en los campos de concentración. Hay que hacer notar que las
operaciones del régimen nazi con esta empresa se tramitaron
a partir de IBM NY y que a partir de su intervención en el
censo prusiano de 1933 hasta el fin de la guerra, la empresa
de Thomas J. Watson fue pieza fundamental para el control
de las operaciones nazis. En realidad los judíos sólo podían
ser exterminados si se les podía identificar, de ello resultó un
gran negocio.91
En 1938 el empresario Henry Ford recibió la Gran Cruz
del Aguila Alemana de manos del Tercer Reich, se le atribuye
haber publicitado durante los años 20 Los protocolos de los
sabios de Sión, casi está demás decir que la empresa Ford se
benefició con el trabajo del campo de Buchenwald.92
Siemens en Berlín, fue otra de las empresas que aprove-
charon el trabajo esclavo, en este caso de trabajadoras soviéti-
cas, aunque también se le atribuye haber empleado niños para

91 Black, Edwin. IBM and the Holocaust, Three Rivers Press, New York,
USA, 2000, p. 398. En palabras del propio autor: “Yet, Dehomag
emerged from the Hitler years with relatively little damage and vir-
tually ready to resume business as usual. Its machines had been sal-
vaged, its profits preserved, and its corporate value protected. Hence,
when the war ended, IBM NY was able to recapture its problematic
but valuable German subsidiary, recover its machines, and assimilate
all the profits”
92 Crónica del Holocausto, p. 125. v. Black, op.cit., p. 23
67
Federico César Lefranc Weegan

la fabricación de piezas eléctricas.93 A la empresa Volkswagen


A G también se le involucra con el empleo del trabajo esclavo
de prisioneros de guerra y presos de los campos.94
No sólo el control preciso de la población judía resultó un
gran negocio, también hubo trabajo para empresas más di-
rectamente relacionadas con la muerte. Tal es el caso de Topf
und Söhne, empresa que se dedicó a la construcción de las
cámaras de gas y de los crematorios asociados a éstas. Sander,
un especialista de la empresa, explicó que su deber había sido
ayudar a Alemania a ganar la guerra como lo habría hecho un
ingeniero aeronáutico.95

5. LAS FORMAS DE LA DEGRADACIÓN:EL ORDEN


QUE SE GENERÓ Y QUE FUE SANCIONADO.
Una grave señal de alarma debió encenderse cuando el
Estado alemán se atribuyó la facultad de decidir cuáles vidas
eran las únicas merecedoras de ser vividas, pero no fue así.
En realidad, ya lo dijimos, durante la primera parte del si-
glo XX, la discusión acerca de las ‘vidas sin esperanza’ fue una
discusión importante en el mundo civilizado quizás por eso
no causó tanto asombro la ley que ordenaba la esterilización
de los padres ‘incapaces’.
El Estado alemán, como otros de su época, se arrogó la
posibilidad de decidir quién merecía vivir.
Restringió arbitrariamente, con el pretexto de la protec-
ción del pueblo y de sí, los más elementales derechos funda-
mentales como la libertad personal, la libertad de expresión,
la de asociación, etc. Incluyendo restricciones en el secreto de
las comunicaciones, y en la propiedad. Es notorio que entre
los derechos restringidos se encuentran algunos paradigmá-
ticos para los Estados liberales como son la libertad personal
y la propiedad.

93 Crónica del Holocausto, p.562.


94 Ibid., pp. 689 ss.
95 Ibid., p. 462.
68
Holocausto y Dignidad

Además coaccionó a sus territorios para que se vieran


obligados a tomar medidas en el mismo sentido, todo al am-
paro de la restauración de la seguridad y del orden público.
Criminalizó la crítica que se pudiera ejercer contra él o contra
sus órganos.
Paradójicamente rompió a partir de la ley, con el principio
de legalidad en lo que se refiere a la aprobación de las leyes, su-
plantando así la soberanía que representa el Parlamento. Cen-
tralizó además el poder y el control al someter a los Länder.
Al mismo tiempo que estableció un partido único no sólo
suprimió los partidos, sino criminalizó la oposición política.
Impuso un derecho penal de autor para protegerse de los in-
fractores potenciales.
Se convirtió en un Estado excluyente a partir de las leyes,
privilegiando a unos – los “arios” – y privando de la protec-
ción de estas leyes a los demás.
Al enajenar el contenido de las publicaciones a partir de
la ley de edición, impuso una visión única y uniformada de la
realidad constituida estrictamente a partir del punto de vista
oficial. Validó la retroactividad de la ley.
A los judíos no sólo los excluyó de sus derechos sino tam-
bién los privó de la posibilidad de cumplir con sus deberes
para con el Estado.
Legalizó el racismo, convirtiéndolo además en el eje de
una política de Estado, al vincularlo con el futuro de pueblo
alemán y con el interés de la nación. Como consecuencia de
esa legalización privó de sus derechos civiles a grupos com-
pletos de personas. Responsabilizó legalmente a las víctimas
por las acciones de sus victimarios y las castigó en conse-
cuencia. Institucionalizó la deshumanización de los otros, de
los “no arios”. A partir de la criminalización de las relaciones
sociales, institucionalizó también el terror para promover la
marginación y el aislamiento social. Al sancionar la traición
por asociación con enemigos de la sangre aria, convirtió en
enemigos a los judíos.

69
Federico César Lefranc Weegan

Legalizó la inequidad y la dependencia laboral, contro-


ló a partir de la ley las actividades mercantiles de los judíos,
después controló los bienes, al final simplemente legalizó el
saqueo de los patrimonios.
El Holocausto afectó a los seres humanos en muchos nive-
les, esta afectación se gestó y se concretó contra millones de
seres humanos, uno a uno, pero antes se había hecho presente
en la modificación de las instituciones.
Así en el transcurso de los siete años precedentes a las
grandes masacres algunas de las instituciones que se modi-
ficaron fueron:

- El Parlamento y el mecanismo de elaboración de las le-


yes.
- Los Tribunales y el sistema de impartición de justicia
- La policía y los mecanismos formales de control social.
- La administración pública, y la integración de la buro-
cracia.
- El Sistema de Salud Pública.
- Los medios masivos de comunicación.
- Las instituciones políticas, especialmente los Partidos Po-
líticos.
- Las relaciones empresa, Estado, trabajadores.
- Las instituciones carcelarias, los lugares de confinamien-
to.
- El acceso a la educación
- Los contenidos de la educación formal en todos los ni-
veles.
- Las instituciones financieras.
- Las relaciones comerciales.

Las modificaciones en las instituciones fueron formales y


de facto, debido a que se ajustaron leyes, reglamentos y de-
cretos que las regulaban para articularse con el proyecto del
nazismo. Asimismo en los hechos, el comercio, los servicios,
el acceso a bienes, todo ello también se vio alterado.

70
Holocausto y Dignidad

Las interrelaciones que nacen de la institucionalización de


nuestras actividades conforman un orden. Este fue el orden
institucionalizado. Las leyes fueron emitidas en todos los ni-
veles. La revolución nazi sirvió como pretexto para endurecer
los controles. Fueron suplantados los poderes y las institucio-
nes legítimos estableciendo poderes e instituciones paralelos.
Por último el asesinato colectivo fue ordenado por el Estado.
El Genocidio. Nuevos valores estaban vigentes.
Al mismo tiempo que se fue transformando el sistema
normativo, se ejerció la violencia. Ajustándose el nivel de la
violencia ejercida a las necesidades estratégicas del nazismo.
Se organizaron los movimientos y las agrupaciones para
difundir la única ideología admitida. Se empezó a atacar a los
“enemigos” en las calles, Se destruyeron las manifestaciones
culturales consideradas contrarias, es decir se pretendió de-
terminar una sola política artística e intelectual. Se señaló a
los otros, con carteles y pintas.
Los judíos fueron golpeados y humillados públicamente,
reducidos a la impotencia por estar siempre en desventaja.
Los nazis provocaron a las instituciones del Estado. Recor-
demos a los camisas pardas en la sesión del Parlamento.
Como consecuencia, entre otras causas, de la multipli-
cación de pandillas, en parte resultado de la desocupación,
el sistema penal se endureció aumentando selectivamente el
número de presos.
Conforme fue extendiéndose el nazismo, también se ex-
tendieron sus características, el fanatismo, la intolerancia y la
impunidad de los miembros del partido.
Hay que recordar que desde 1933 se declaró un estado de
emergencia que sirvió como pretexto para imponer el autori-
tarismo. El Estado sancionó el uso de la violencia. Se utilizó
la provocación como medio para detonar la represión contra
los considerados enemigos del Estado. Los grupos represivos
y de control como las SA y las SS gestionaron sus propios cen-
tros de detención.

71
Federico César Lefranc Weegan

Se restringió la educación de los judíos, se atacó el desa-


rrollo de la ciencia no partidista. Se utilizó la publicidad en
los medios impresos como arma, devaluando, caricaturizan-
do, uniformando. Se permitió el asesinato de los enemigos
del nazismo y la promulgación de leyes especiales contra los
judíos. Y en el plebiscito de agosto de 1934 los votantes apro-
baron el orden hasta entonces establecido. La identificación
oficial del grupo contrario, se utilizó como parte de la forma-
lización del proceso de destrucción de dicho grupo.
Los nazis promovieron la discriminación y la expulsión.
Pusieron el arte y la ciencia al servicio del racismo. Poco a
poco institucionalizaron un Estado Policiaco y la centraliza-
ción de la fuerza. Así resultaron más fáciles los atentados y el
encarcelamiento de los enemigos políticos.
A esto hay que añadirle por ejemplo que diversas publica-
ciones religiosas en el mundo servían como medio de ataque
y difamación contra los judíos.
La señal, que se les obligaba a usar y que permitía iden-
tificarlos públicamente, también permitía discriminarlos o
actuar contra ellos.
Además a los judíos se les fue dejando sin un lugar a dón-
de ir. Se les fue desarraigando. Se les cerraron las puertas del
mundo. Irónicamente esta política de países no declarados
antisemitas coincidió con la emigración forzada - por ejem-
plo por Eichman en Austria - de grandes grupos de judíos.
Se usó contra ellos la violencia a gran escala, organizada
clandestina o abiertamente en toda Alemania.
Vuelve a ser notorio que todo lo reseñado, como sucedió
con el orden jurídico, sucedió antes del inicio de la guerra.
Esto es, fueron políticas y acciones, organizadas y ejecutadas
en un país moderno, industrializado, de gran tradición cul-
tural. Políticas y acciones que no estaban ocultas, sino que
fueron toleradas y en ocasiones aprobadas por la muchos de
los países occidentales.
Se originó un lenguaje propio para referirse a los asuntos
judíos, este mismo lenguaje se usó para segregar, para señalar
72
Holocausto y Dignidad

y para condenar a muerte. Se generó un discurso específico


para la aniquilación.
El Sistema penal se volvió indiferente ante toda esta vio-
lencia ejercida contra los judíos. Se separó las familias; a los
padres de los hijos, a los esposos, a los ancianos, todo contó
con la falta de solidaridad de la sociedad, a veces inclusive
con el rechazo abierto de grupos enteros en otros países. Así,
mientras Alemania se expandía ocupando “espacio vital” ex-
cluyendo a los otros, en el mundo occidental se endurecía la
política migratoria o se descartaban leyes que hubieran ofre-
cido alguna salida.
En Alemania mientras tanto se fueron transformando los
valores de grupos completos de profesionales, es el caso de
la ética que orientaba a los médico o a los juristas de la euta-
nasia. Estos médicos y estos juristas, a partir de la ley y de su
propia aceptación pudieron ser transformados en verdugos.
La opinión pública en Estados Unidos, durante la pregue-
rra, estaba mayoritariamente de acuerdo con la discrimina-
ción social y económica de los judíos. En este país los anti-
semitas habían relacionado a los judíos con el otro monstruo
difuso con el que se atemorizaba a la sociedad como era el
comunismo. Se habrían matado dos pájaros de un tiro.
En los territorios conquistados, desde el inicio de la guerra
empezó la selección y la eliminación de los señalados. Para
facilitar la “germanización” de los territorios ocupados fue-
ron masacrados los intelectuales y destruidos los medios de
comunicación que hubieran permitido el contacto con los
demás, el aislamiento del enemigo era parte de la política de
destrucción. Ello permitió las grandes masacres, masacres sis-
temáticas. Esta misma política de germanización favoreció la
destrucción de la identidad de los conquistados, la transpor-
tación inhumana, la concentración en los campos, la deporta-
ción, la esclavización, el envenenamiento y el exterminio.
El uso de las fuerzas de los judíos para contribuir a su
propia destrucción, también fue planificado y metódico y se

73
Federico César Lefranc Weegan

añadió a la incitación al odio racial y a la desciudadanización


como formas de desprotección.
La construcción del enemigo – parásito, subhumano – la
depauperización, el racionamiento. La privación de lo vital, la
inanición provocada como forma del exterminio. La amenaza
para los solidarios.La permisión y la promoción de la violen-
cia de los conquistados contra los judíos. Los apaleamientos.
La traición promovida y aplicada.
La falta de solidaridad de las otras víctimas promovida por
los verdugos. Los fusilamientos masivos. Las masacres como
represalia contra la resistencia. La experimentación con seres
humanos. La aplicación de las experiencias de los asesinos. La
esterilización forzada. El silencio oficial de la iglesia católica.
La degradación de los cadáveres. El saqueo de los bienes y
de los cuerpos. La destrucción casa por casa. La tecnificación
de la muerte, la industrialización de los restos del exterminio.
La eliminación de los prisioneros, las marchas de la muerte.
El borramiento de las huellas del crimen, la minimización de
las acusaciones.
Pero no menos importante, la indiferencia, la omisión cri-
minal de los aliados cuando podía haber obstaculizado la de-
portación de los judíos húngaros cerca del final de la guerra.
Y en los campos la vergüenza, la enfermedad provocada.
La decisión de exterminar grupos humanos completos. Los
campos sirvieron para segregar, concentrar, aislar – volver in-
visibles – a las víctimas, para deshumanizar. Para ejercer un
control absoluto sobre la vida y la muerte. El asesinato fue
planificado, racional y deliberado, el engaño y la simulación
fueron también medios. El envenenamiento y la esclavización
hicieron de la muerte una industria.
Inicialmente usados contra enemigos políticos, los cam-
pos pronto ampliaron su espectro, los antisociales, los homo-
sexuales, los judíos y los gitanos; los extranjeros. Entrañaron
la búsqueda minuciosa, la localización, el traslado y la reubi-
cación de todos los señalados. La mediatización de los con-

74
Holocausto y Dignidad

tactos con los amos, haciendo razonable lo irracional, promo-


viendo la desunión a partir de los privilegios.
Creando Consejos de Judíos obligados a colaborar con los
enemigos, obligados elaborar las listas de los condenados y de
sus bienes, ahora confiscables. Consejos que debían autoenga-
ñarse para hacer menos cruel su trabajo. Cómplices obligados
o voluntarios del sistema de aniquilamiento que promovieron
la selección y la deportación.
Y después nuevas formas de deshumanización, el engaño
ante la muerte como una forma más de degradación, para evi-
tar la resistencia. Víctimas obligadas a desnudarse y a cavar sus
propias tumbas para volver más eficiente el procedimiento.
El Estado alemán abordó la muerte como un problema
industrial de producción de cadáveres. Cadáveres produci-
dos por hambre, por enfermedades, por la violencia de los
guardianes, por el agotamiento en el trabajo, por lo atroz de
las condiciones, por envenenamiento con pesticida, por ex-
posición a la intemperie, por abandono, por falta de solidari-
dad. El problema era cuántas muertes producir en un día de
trabajo, para no saturar las instalaciones. Por eso los campos
evolucionaron permanentemente formando redes. Por eso las
instalaciones se ampliaban continuamente. Por ello se perfec-
cionaron también los instrumentos; mejores crematorios y
mejores cámaras de gas en busca de un proceso más eficiente.
Y mientras, el acoso permanente de los guardianes, la espera
inútil, interminable, el hacinamiento, los presos trabajaban
para ganar una guerra que los esclavizaba y los destruía.
Los asesinos expertos no eran muchos, pero eran bien
aprovechados, se les colocaba en el lugar óptimo. Los ale-
manes modelaban a las víctimas, rapándolas, numerándolas,
uniformándolas, conformándolas a la imagen de subhuma-
nos que les habían asignado en este orden. Para al final inten-
tar erradicar todo rastro de presencia judía.
Y los victimarios entretanto fueron eximidos de toda
obligación legal o moral. Tenían que llevar el control de la
masacres efectuadas con reportes minuciosos. Los coman-
75
Federico César Lefranc Weegan

dos móviles asesinaron más de un millón de personas. Los


campos, más de cinco millones. Los dos procesos largamen-
te planeados, justificados por necesidades estratégicas o por
motivos ideológicos. Colaboraron burócratas, científicos, es-
pecialistas en el exterminio, integrados en un sistema admi-
nistrativo cuidadosamente estructurado. Estuvieron implica-
dos civiles y militares, industriales y hombres de negocios.
Se invirtieron los principios éticos y se sometió la jurisdic-
ción, y el pretexto fueron los intereses reales de la comunidad
nacional. Se involucraron muchas empresas pero paradójica-
mente se destruyó una gran fuerza de trabajo especializada.
Hubo empresas beneficiadas, algunas cómplices otras partí-
cipes, supieron conciliar los motivos ideológicos con los inte-
reses económicos. Algunas, al cabo, encontraron su justifica-
ción en el cumplimiento del deber.
Y finalizada la guerra, la espera de una nueva devastación
como promesa latente.

6. LAS CIFRAS
Es muy difícil cuantificar a las víctimas, porque la forma
en que se fueron desarrollando las masacres, la variedad de
lugares donde tuvieron lugar, la desmesura de los asesinatos
colectivos – por ejemplo la campaña de Rusia – y la intención
de los perpetradores de borrar las evidencias de las mismas,
han dificultado a los historiadores el ofrecer cifras precisas.
Aún así, consideramos que sólo es posible darse cuenta de
la magnitud de este crimen cuando se revisan algunos de los
números, aunque sean aproximados:
El número que se consigna se refiere a quienes se consi-
dera que fueron víctimas a partir de la intención específica-
mente genocida del Estado alemán. Es decir que además hubo
soldados y civiles muertos, no están aquí enlistados.
Las cifras abruman, pero hay que recordar que cada nú-
mero es la historia de una persona, de una familia, de unos
vecinos...

76
Holocausto y Dignidad

“.. todas y cada una de las víctimas sufrieron un auténtico


infierno hasta el asesinato o la liberación, y cada uno de los
sobrevivientes ha llevado en su médula grabada aquella ve-
sanía hasta el fin de sus días.” 96

Páginas más adelante enlistamos a las principales empre-


sas que se beneficiaron del trabajo de los campos, y el nombre
de los principales campos y subcampos establecidos por los
nazis. Relacionamos estos datos porque forman parte del mis-
mo acontecimiento. A veces nos cuesta creer que el Holocaus-
to sucedió. Los datos concretos de las empresas, muchas de
las cuales hoy existen y tienen un gran prestigio, o los nom-
bres de poblaciones que aún están allí, nos obligan a admitir
que se trata de un hecho cierto.
LAS VÍCTIMAS POR ETNIAS
(A) (HERNÁNDEZ SANDOICA, 2000, 18) Y
(B) (CRÓNICA, 2002, 699)
(a) 4,800,000 a 6,500,000
Judíos
(b) 5,600,000 a 6,250,000
(a) 300,000 a 500,000
Gitanos
(b) 222,000 a 250,000
Serbios (b) 700,000

LAS VÍCTIMAS POR CAMPOS: POLONIA


(A) (HERNÁNDEZ SANDOICA, 2000, 18) Y
(B) (CRÓNICA, 2002, 699)

(a) 2,000,000 (a) 4,300,000


Auschwitz Birkenau (b) 1,100,000 a (b) 3,316,500 a
1,600,00 3,936,500

(a) 700,000
Treblinka (b) 750,000 a
870,000
(a) 600,000
Belzec
(b) 601,500
(a) 400,000
Maidenek
(b) 360,000

96 Hernandez, op.cit., p. 14.


77
Federico César Lefranc Weegan

(a) 350,000
Chelmno
(b) 255,000
(a) 250,000
Sobibor
(b) 250,000

LAS VÍCTIMAS POR CAMPOS: ALEMANIA


(A) (HERNÁNDEZ SANDOICA, 2000, 18) Y
(B)(CRÓNICA, 2002, 700)
(a) 1,500,00 + -
Dachau (b) 35,000 (b) 655,555 a
660,555
Begen-Belsen (b) 50,000
Dora-Mittelbau (b) 28,125
Buchenwald (b) 60,000 a 65,000
Flossenburg (b) 27,000
Mauthausen (b) 120,000
Terezin* (b) 33,430
Sachsenhausen (b) 105,000
Ravensbruck (b) 92,000
Grosrosen (b) 105,000
* Hernández Sandoica lo incluye entre los campos del territorio del Reich

LAS VÍCTIMAS, JUDÍOS, POR PAÍSES


(A) (CRÓNICA, 2002, 702) (B) (GOLDHAGEN, 1996, 413)
Alemania (a) 130,000 (b) 134,500 a 141,500
Austria (a) 50,000 (b) 50,000
Belgica (a) 25,000 (b) 28,900
Bielorrusia (a) 245,000 (b) *
Bohemia-Moravia (a) 80,000 (b) 78,150
Bulgaria (a) 11,400 (b) 0
Dinamarca (a) 60 (b) 60
Eslovaquia (a) 71,000 (b) 68,000 a 71,000
Estonia (a) 1,500 (b) 1,500 a 2,000
Finlandia (a) 7 (b) 7
Francia (a) 90,000 (b) 77,320

78
Holocausto y Dignidad

Gran Bretaña (a) 130 (b)


Grecia (a) 65,000 (b) 60,000 a 67,000
Hungría (a) 450,000 (b) 550,000 a 569,000
Italia (a) 7,500 (b) 7,680
Letonia (a) 70,000 (b) 70,000 a 71,500
Lituania (a) 220,000 (b) 140,000 a 143,000
Luxemburgo (a) 1,950 (b) 1,950
Noruega (a) 870 (b) 762
Países Bajos (a) 106,000 (b) 100,000
Polonia (a) 2,900,000 (b) 2,900,000 a 3,000,000
Rumania (a) 270,000 (b) 271,000 a 287,000
Rusia (a) 107,000 (b) *
Ucrania (a) 900,000 (b) 1,000,000 a 1,100,000*
Yugoslavia (a) 60,000 (b) 56,200 a 63,300

* Goldhagen los incluye dentro de la Unión Soviética

79
Federico César Lefranc Weegan

COMPAÑÍAS AFILIADAS A LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN

ADLER SA PHOTO AGFA I.G. FARBEN INDUS-


*Natzwiller-Struthof *Dachau TRIES
Frankfurt-Am-Main Munich *Auschwitz-Oswiecim
AEG PUCH Camp Central
*Stutthof *Mauthausen *Buchenwald and Dora-
Thorn-Torun Graz Mittelbau
*Riga-Kaiserwald RHEINMETALL Wolfen-Bitterfeld
ASTRA BORSIG AG *Gross-Rosen
*Flossenburg *Buchenwald and Waldenburg
Dora Mittelbau JUNKER
Chemnitz
Dusseldorf *Buchenwald and Dora-
AUTO-UNION SHELL Mittelbau
*Flossenburg *Neuengamme Aschersleben
Hohenstein-Ernstthal Hamburg Helberstadt
Zschopau Geilenburgh Tarthun
Zwickau SCHNEIDER KRUPP
BMW *Buchenwald and *Buchenwald and Dora-
*Buchenwald and Dora- Dora-Mittelbau Mittelbau
Mittelbau Leipzig-Lindenthal Essen
Abteroda Meuselwitz *Gross-Rosen
Eisenach-Thuer Raucha Langenbielau-Bielawa
*Dachau SIEMENS Markstadt-Laskowitz
Ellach *Auschwitz-Os- *Flossenburg
Blaichach wiecim Nuremberg
Kaufbeuren Bobrek *Ravensbruck
Lochhausen Trostberg Camp Central
Moosach DAIMLER BENZ *Furstenberg
*Schirmeck (At the *Neubranbdenburg
*Natzwiller-Struthof
Rhine) OLVAY
Geisenheim Haslach *Buchenwald and Dora-
*Papenburg ORNIER Mittelbau
Rastd orf-am-Werlte *Dachau Bernburg
*Sachsenhausen Aufkirch-Kaufbeur- STEYR
Konigswusterhausen en *Mauthausen
MESSERSCMITT Kaufering Aflens
*Dachau Trutzkirch-Titzing Steyr-Municholz
Asbach-Baumerheim ERLA *Radom
Augsburg *Buchenwald and TELEFUNKEN
Augsburg-Pfersee Dora-Mittelbau *Gross-Rosen
Burgau Thekla/Leipzig Langenbielau-Bielawa
Durach-Kottern Leipzig-Lindenthal VALENTIN
Fischen *Flossenburg *Neuengamme
Gablingen Mulchen-Psankt- Brema-Farge
Horgau-Pfersee Micheln VISTRA
Kaufering FORD *Buchenwald and Dora-
*Buchenwald and Mittelbau
Moosach
Dora-Mittelbau Wolfen-Bitterfeld
*Flossenburg Cologne Fordwerke
Joanngergenstadt GOLDSCHMITT
*Mauthausen *Gross-Rosen

80
Holocausto y Dignidad

Compañías que aprovechaban el trabajo de los campos


(de: “Chronique de la Seconde Guerre mondiale, eds Chroni-
que 1990. Annexe 3 page 690. Scan for the famous companies
both inside and outside of Germany, including the U.S.)
Los principales campos, subcampos y grupos de trabajo
(kommandos) por país

- Abterode (BMW Burggraf Billroda) de)


Eisenach) - Birkhan-motzlich - Dernau (Fa. Gollnow
- Adorf - Bischofferode Sohn)
- Allendorf (Gmbh zur - Blankenburg (Or- - Dessau (Junker)
Verwertung chem. Er- ganisation Todt) - Dessau (Dessauer
zeugnisse) - Blankenheim (sand) Waggonfabrik)
- Altenburg (HASAG) - Bleicherode - Dornburg
- Annaburg (Siebel- - Bochum (Eisen- und - Dortmund (Dort-
Flugzeugwerke) Huttenwerke AG) mund - Hoerder - Hut-
- Arnstadt (Poltewerke kommando Hecht) ten - Verein AG)
- aircraft engines) - Escherhausen - Duderstadt (Polte-
- Artern - Essen (Krupp) Werke)
- Arolsen (SS officer - Essen (Dest) - Dusseldorf (Rhein-
school) - Floeszberg (Hasag) matall-Borsig AG - 2
- Ascherleben (Junk- GmbH) kommandos)
er) - Bochum (Guszstahl - Dusseldorf (démi-
- Baalberg Fabrikat. AG) nage)
- Bad Berja - Bodtenberg - Dusseldorf (Dess)
- Bad Handersheim - Böhlen (Brabag - Eisenach (BMW)
(Bruns Apparatebau Braunkohlen- Benzin - Elsnig (Wasag - West-
Gmbh) AG) fälisch- Anhaltische
- Bad Godesberg - Braunschweig (SS- Sprengstoff AG)
- Bad Salzungen Junkerschule) - Ellrich
- Ballenstadt - Buttelstedt (Fa. - Eschenhausen (SS-
- Baubrigade I-X Schlosser) - Freitheit-Osterode
- Bensberg (Napola - Clus - Gandersheim
Bensberg) - Colditz (Hasag) - Gelsenkirchen
- Berga/Elster - Crawinkel (Gelsenberg Benzin
- Berlstedt (Deutsche - Coblence- “rebstock” AG)
Erd- und Steinwerke - Cologne (for the - Giessen (Sanität-Er-
Dest) mayor) satz und Ausbildung-
- Bernburg (Schacht - Cologne (Wagonfab. abteilung)
Plömnitz-Solvay) Köln-Deutz) - Gleina-”willy”
- Billroda (Schacht - Cologne (Messegelän- - Goettingen (SS cav-

81
Federico César Lefranc Weegan

alry school) - Leipzig Lindenthal - Rehmsdorf “Willy”


- Goslar - Leipzig Markklee- - Roemhild
- Grasleben-”gazelle” berg - Rossla
- Grosswerther - Leipzig Sconau - Rothenburg (Fa Man-
- Gunzerode - Leopoldshall (Junk- sfeld AG)
- Hadmersleben er) - Rottleberode (Thy-
- Halberstadt - Lippstadt (Eisen- und rawerke)
- Halberstadt-zwie- Metallwerke AG) - Saalfeld Oertelsbruch
berge - Lohausen (démi- - Salza-Thuringe (pro-
- Hardehausen nage) duction of V flying
- Hasserode (Mech. - Luetzkendorf (Win- bombs -)
Ind. Wernigwerke) tershall AG) - Sangerhausen
- Harzungen - Magdeburg - Schlieben (Hasag)
(Wirtschaftsforschun- (Braunkohlen und - Schoenau (ATG Mas-
gs- geselschaft WIFI) Benzin Brabag) chinebau GmbH)
- Herzberg/Elster - Magdeburg (Polte- - Schönbeck (Hasag)
(Hasag) Werke) - Schwalbe V
- Hessich-Lichtenau - Markkleeberg (Junk- - Schwerte
(Munition factory) er) - Sennelager (Panzer-
- Hinzert (Special SS - Merseburg ausbildungsregiment)
camp with 23 kom- - Meuselwitz (Hasag) - Soemerda (Fa Rhein-
mandos) - Muhlhausen “Mar- metall)
(Mittelbau II of B II tha” - Sollstedt
Mittelwerke - Neustadt (kabel- und - Sonneberg (Tandrad-
- Hohlstedt Leitungswerke AG) bedrijf C.G. Rhein-
- Holzen - Niederorshel (Lan- hardt)
- Ilfeld genwerke AG) - Stassfurt (construc-
- Ilsenburg - Niedersachswerfen tion of an underground
- Jena (Ammoniakwerke factory for C.G. Rhein-
- Kassel GmbH) hardt)
- Kelbra - Nordhausen (Schidt) - Stutzpunkt Sauer-
- Klein bodungen - Nordhausen (Flieg- land 1
- Klein bischofferode erhorst-Komandan- - Suhl - Tannenwald
- Klein niedergerba tur) - Nuxei - Tanndora (Paper fac-
- Kleinnoshersleben - Oberndorf (L. Muna tory)
“ago” aircraft munitions) - Taucha (Hasag)
- Köln fordwerke - Ohrdruf (railroad - Thekla (Erla-Werke)
- Köln hansestadt construction) - Tonndorf (bauleitung
- Köln westwagen - Oschersleben “Ago” Waffen SS)
- Kranichfeld (2 kom- - Osterode (Mech. Ind. - Torgau (munitions)
mandos) fa C Heder) - Trautenstein
- Langensalsa (Junker) - Osterhagen - Troeglits (Brabag)
- Langenstein (2 kom- - * Penig (Gehrt) - Unna
mandos, 1 for the “Or- - Plomnitz - Walkenried-Wolfle-
ganisation Todt”) - Quedlinburg (Flei- ben (Constructions)
- Lauenberg “Laura” gerhorst) - Wansleben (Fa C.
- Lehensten “Laura” - Quedlindburg (Fa Mansfeld)
- Leimbach Heerbrandt) - Wansleben “Wil-
- Leipzig (Hasag) - Raguhn helm”

82
Holocausto y Dignidad

- Wansleben “Biber II” er) Farbenindustrie)


- Werferlingen (Con- - Westeregeln - Woebbelin
structions) - Wewelsburg (Guszs- - Wolfen
- Weimar-Fischtenhain tahlwerke) - Wuppertal
- Weimar (Rautalwerke - Wickerode - Zeitz “Willy”
GmbH) - Wieda - Zella Mehlis
- Wernigerode (Junk- - Witten-Annen (Ig. - Zorbig

Dachau
Allach (Org. Todt) Al- Germering-Neuaub- Moschendorf-Hof Mul-
lach/Karsfeld/Moosach ing Gmund Grimol- dorf (Org. Todt) Muldorf
(org. Todt) Allach- sried-Mitteneuf-Nach Ampfing-Waldlager V et
Rothwaige (Org. Todt) (Org. Todt) Half- VI
Allersdorf-Liebhof Am- ing Hallein * Haus- - Mettenheim
persmoching Asbach- ham-Vordereckard - Obertaufkirchen
Baumenheim (Messer- Heidenhaim Heppen- Munchen Munchen
schmitt) Aibing (NEU) haim Horgau-Pfersee Friedman Munchen Riem
Aufkrich-Kaufbeuren (Messerschmitt) In- (Org. Todt) Munchen
(Dornier) Augusten- goldstadt Innsbruck Schwabing Munchen
feld-Pollnhof Augs- * Itter Karlsfeld (Org. Sendling Neuburg
burg (Messerschmitt) * Todt) Kaufbeuren Donau Neufahrn Neus-
Augsburg- Haunstetten (BMW) Kaufering tift Nuremberg Oberdorf
Au g s bu rg - Pfe rs e e (Org Todt/Messer- Oberfohring Ottobrunn
(Messerschmitt) Bad Is- schmitt/Dornier) Oetztal Passau Puchheim
chl Bad Ischl Saint Wolf- Kaufering Erpfting Radolfzell Rohrdorf-
gang Bad Tolz Baubri- - Hurlach Thansau Rosenheim
gade XIII Bayernsoien - Landsberg Rot hs chwaige-Au-
Bayrishezell Bichl Birg- - Lechfeld gustenfeld (Org. Todt)
sau-Oberstdorf Blain- - Mittel-Neufnach St. Gilden/Wolgansee
ach (BMW) Brunigsau - Riederloh St. Lambrecht Salzburg
Burgau (Messerchmitt) - Schwabbeg Salzweg Sandhoffen
Burghausen Burg- - Schwabmunchen Saulgau Schlachters-
kirchen Donauworth - Turkenfald Sigmarszell Schleis-
Durach-Kottern (Mess- - Turkheim sheim Seehausen-Uffing
erschmitt) Eching - Utting Spitzingsee Steinhoring
(Org. Todt) Ellwagen Kempten-Kotern Ko- Stephanskirchen (BMW)
Emmerting-Gendorf nigsee Strobl Sudelfeld Traus-
Eschelbach Feistenau Krucklhalm Landshut- tein Trotsberg (BMW)
Feldafing Fischbachau Bayern (Org. Todt) Tr u t s k i r c h - Tu t z i n g
Fischen (Messer- Lauingen (Messer- (Dornier) Uerberlingen
schmitt) Fischhorn/ schmitt) Liebhof Lind Ulm * Unterschleissheim
Bruck Freising * Frie- Lochau Lochhausen Valepp Vulpmes Weidach
dolfing (BMW) Lohof Markt Weilheim Weissensee
Friedrischaffen Schwabben Moosach Wicking Wolfratshausen
Fulpmes * Fussen-Plan- (Org. Todt/BMW/ Wolfratshausen Gelting
see Gablingen (Mess- Messerschmitt) Wurach-Wolhof Zang-
erschmitt) Garmisch- berg
Partenkirchen

83
Federico César Lefranc Weegan

Esterwegen
Nota: En 1941, este
campo se convierte en
el sub-campo de Neuen-
gamme.
Frieoythe/Kloppenburg

Flossenburg
- Altenhammer - Janowitz -
- Annaberg - Jezeri - Rathen
- Ansbach - Johanngeorgenstadt - Rathmanndorf
- Aue (Sachsen) - Jungfern-Breschan - Rabstein
- Bayreuth - Kaaden-Kadan - Regensburg
- Beneschau - Kamenicky-Senow - Reuth
- Bozicany - Kirchham - Rochlitz
- Brüx - Knellendorf - Saal/Donau
- Chemnitz - Koningstein - Schlackenwerth
- Dresden - Krondorf - Schönheide
- Eisenberg - Leitmeritz - Seifhennersdorf
- Erbendorf - Lengenfeld - Siegmar-Schönau
- Falkenau - Lobositz - Stein-Schönau
- Flöha - Mehltheuer - St. Georgenthal
- Forrenbach - Meissen - St. Oetzen
- Freiberg - Mittweida - Stulln
- Ganacker - Moickethal-Zatschke - Theresienstadt
- Giebelstadt - Moschendorf - Venusberg
- Grafenreuth - Mülsen- St. Michel - Wilischthal
- Graslitz - Munchberg - Witten-Annen
- Gröditz - Neu Rohlau - Wolkenburg
- Gundelsdorf - Nossen - Würzburg
- Hainichen - Nuremberg - Zatschke
- Happurg - Obertraubling - Zschachwitz
- Heidenau - Oederan - Zschopau
- Helmbrechts (*) - Olbramowitz - Zwickau
- Hersbruck - Pilsen - Zwodau
- Hertine - Plattling
- Hof - Plauen
- Hohenstein-Ernstthal - Pocking
- Holleischen - Porschdorf
- Holyson - Poschetzau
- Hradischko - Pottenstein
- Hubmersberg-Ho- - Praha
henstadt
Neuengamme

84
Holocausto y Dignidad

Ahlem-Hannover Al- Hausberge-Porta Sasel Salzgitter Schan-


tgarga Altegarde-Elbe Helmstadt Hidelsheim delah Schützenhof-
Aumund Aurich-En- Horneburg Howachts- Bremen Schwess-
gerhafe Bad Sassendorf Lütjenburg Kaltenkirch- ing-Husum Sollstadt
Barkhausen Barskamp Heinkaten Spaldingstrasse Stein-
Baubrigade I, II, V et Kiel Ladelund Langenha- werder Stöcken-Han-
XI Beendorf-Helmstedt gen-Hannover Langen- nover Stuklenwert
Bergstedt Blummenthal horn-Hamburg Laasberg Tiefstak Uelzen Veleen
Boizenburg Brauns- Ladelung Lengerich Ler- Veerssen - (note: 2 sub-
chweig (plusieurs kom- beck Limmer-Hannover camps were located
mandos) Bremme-Farbe Linden (Mülhenberg- in Veerssen). Vege-
Bremme- Osterort-Reis- Hannover) Lübberstadt sack-Aumun - Bremen
port Bremme-Schutzen- Lujtenberg Meppen Min- Verden-Aller Wands-
hof Bremme- Vegesack- den Misburg-Hannover beck Watenstedt-Drüt-
aumund Bremme-weser Mölln Neesen Neugraben te-Salzgitter Wedel
Brink-hannoverBrunswick- Neuhof Neuland-Bremen Wilhemsburg-Ham-
Busing Dalum Dreutte Neunkirchen Neustadt burg Wilhemshaven
Engerhafe Fallersle- Nutzen Ohldorf Osna- Wittenberge Wolfsburg
ben-Laagberg Farge Fi- bruck Osterort (Bremen- Wöbbelin-Ludwigslust
delstedt Finkenwerder Riespot) Poppenbüttel-
Fludwigslust Fulsbuttel Sasen Porta-Westfalica
Geilenberg Glassau- - note: 2 kommandos Sal-
bei-Sarau Goslar Gross- zwedel Sandbostel
Fullen Gross- Hesepe
Hamburg (plusieurs
kommandos)

Ravensbruck
- Abteroda - Fürstenberg (Siemens) - Prenzlau
- Ansbach - Hennigsdorf - Rechlin
- Barth/Ostee (Heinkel) - Herzebrück - Retzow
- Belzig - Hohenlychen - Rostock-Marienhe
- Berlin-Oberschöne- - Karlshagen (Heinkel)
weide - Klutzow-Stargard - Stargard
- Berlin-Schönefeld - Köningsberg-Neumark - Steinhoring
(Heikel) - Malchow - Schwarzenforst
- Borkheid - Neubrandenburg (Sie- - Uckermark
- Bruckentin mens) - Velten
- Comthurey - Neustadt/Glene
- Dabelow - Peenemünde
- Eberswalde
- Feldberg

Sachsenhausen

85
Federico César Lefranc Weegan

- Bad Saarow - Debno-Neudamm - Muggelheim


- Baubrigade I, II, III, - Doberitz - Neubrandenburg
IV, V, VI, VII, VIII, IX, - Drogen-Niedorf (Hamburg)
X, XI et XII - Falkenhagen-Fursten- - Neustrelitz
- Beerfelde walde - Niederhagen
- Berga - Falkensee - Oranienburg
- Berlin - Frieoythe/Kloppenburg - Politz
- Babelsberg - Heinkel - Prettin
- Falkensee - Genshagen - Rathenow
- Helensee (Demag) - Glau-Trebbin - Ravensbruck (until
- Hennigsdorf (AEG) - Gross-Rosen 1939)
- Koepenig - Hohenlychen - Riga
- Lichterfelde - Karlsruhe - Senftenberg/Schwar-
- Lichtenrade - Klinker zweide
- Reinickendorf (Argus) - Kl. machnow - Storkow
- Siemens Stadt - Kolpin - Stuttgart
- Biesenthal - Konigswusterhause - Tegel
- Bornicke (Krupp) - Treuenbrietzen
- Brandenburg/havel - Küstrin - Werde
- Dammsmuhle-Schon- - Lieberose - Wewelsburg
walde - Lubben - Wittenberg (Arado)
- Wilmersdorf

Austria
Mauthausen

- Aflenz - I (St. Georgen), III - Mittersill


- Redl-Zipf (code name (Lungitz) - Passau I - Waldwerke
Schlier) - (Hartheim) not a sub- - Passau II
- Amstetten (two camps: camp of Mauthausen, but - Peggau
one for male and one for many inmates of Mau- - St. Agyd
female inmates) thausen and Dachau had - St. Lambrecht
- Bachmanning been gassed in Hartheim. - St. Valentin
- Bretstein - Hinterbrühl - Steyr
- Dippoldsau - Hirtenberg - Ternberg
- Ebensee - Klagenfurt -
- Ebelsberg (subcom- - Kleinmünchen (sub- Vöcklabrück=Wagrain
mando of Linz III) commando of Linz III) - Wels
- Eisenerz - Leibnitz - Wien Afa- Werke
- Enns - Lind - Wien Saurer-Werke
- Florisdorf (=Wien- - Lenzing - Wien-Schwechat
Florisdorf and Wien- - Linz I, II, III - Wien Schönbrunn
Jedlesee) - Loibl- Pass Nord - Wiener Neudorf
- Grein - Loibl- Pass Süd (ex-Yu- - Wiener Neustadt
- Grossramming goslavia)
- Gunskirchen - Melk

Checoslovaquia

86
Holocausto y Dignidad

Theresienstadt
Bohusovice Nestemice
Kopisti Terezin (Plavy mill)
Litomerice-Radobyl- Usti (Schicht factory)
berg Litomerice Zalhostice
Lovosice (Sputh factory
and an oil factory)
Kratzau / Chrastava (sub-
campo de Gross-Rosen
– Rogoznica, Polonia)
Francia
Natzweiler-Struthof

- Asbach - Geisenheim (Krupp) - Plattenwald


- Auerbach-Bensheim - Geislingen - Rothau
- Baden-Baden - Goben - Saint-Die
- Bad-Oppenau - Gross-Sachesenheim - Sainte Marie aux Mi-
- Balingen - Guttenbach nes
- Bisingen - Hailfingen - Sanhofen (Daimler-
- Dautmergen - Haslach Benz)
- Dortmettingen - Heilbronn - Sandweier
- Erzingen - Heppenheim - Schirmeck
- Frommern - Hessenthal - Schönberg
- Schomberg - Iffezheim - Schörzingen
- Schorzingen - Iffezheim – Baden Oos- - Schwabisch-Hall
- Wuste Sandweiller - Spaichingen
- Zepfenhan - Kaisheim - Tailfingen
- Bernhausen - Kochem - Urbes Wesserling
- Bingau - Kochemdorf - Vaihingen-Enz
- Bischofsheim - Leonberg - Vainhingen/Unter-
- * Calw - Longwy-Thiel: riechinegn
- Cernay - Mannheim - Wasserralfingen
- Cochem - Metz - Weckrieden
- Cochem Treis - Mosbach - Wasserling
- Colmar - Neckarelz I et II - Zuffenhause
- Darmstadt - Neckarelz Bad Rap- (Heinkel)
- Daudenzell penau
- Dautmergen - Neckargerach
- Donauwiese - Neckargartach-Heil-
- Echterdingen bronn
- Ellwangen - Neckargerach Unter-
- Ensingen schwarsach
- Fracfort/Main (Adler ) - Neunkirchen
- Frommern - Oberehnheim-Obernai
- Obrigheim
- Peltre

Holanda

87
Federico César Lefranc Weegan

Vught
- Arnhem -
- Breda - Leeuwarden
- Eindhoven - Moerdijk
- Gilze-Rijen - Rozendaal
- ‘s Gravenhage (The - Sint Michielsgestel
Hague) - Valkenburg par Leiden
- Haaren par Tilburg - Venlo (Luftwaffe air-
field)

Polonia
Auschwitz – Birkenau
(Oswiecim – Brzezinka)
- Altdorf / Stara Wies - Ernfort-Slawecice - Lesslau-Wloclawek
- Althammer / Stara - Eintrachthutte / Swieto- - Libiaz-Maly
Kusnia chlowice - Lukow
- Babice - Freudenthal / Bruntal - Monowitz / Mono-
- Bauzug - Furstengrabe / Lawski wice
- Beruna - Gleiwitz I, II, II, IV / - Myslowice
- Bismarckhütte / Chor- Gliwice - Neu Dachs / Jaworz-
zow-Battory - Golleschau / Goleszow no
- Blechhammer / Slawie- - Gunthergrubbe / ledz- - Neustadt / Prudnik
cice iny - Sosnowitz I et II / Sos-
- Bobrek / Oscwiecim - Harmeze nowiec
- Budy - Hindenburg / Zabrze - Trezbinia
- Brunn / Brono - Hubertushutte-Hohen- - Tscechwitz / Czech-
- Charlottengrubbe / linde / Lagiewniki wiece
Rydultowy - Janigagrube-Hoffnung - Harmeze
- Chelmek / Chelmek- / Libiaz - Plawy
Paprotnik - Jawichowitz - Rajsko
- Chorzow - Kobio / Kobior - Rybnik
- Chrzanow - Lagischa / Lagisza - Rydultowy
- Czernica - Laurahutte / Siemiano- - Siemiennowice
- Ernforst wice - Wloklawek-lesslan
- Lepziny-Lawki - Zasole
- Zittau

Belzec
Izbica:

Gross-Rosen (Rogoznica)

88
Holocausto y Dignidad

Aslau Bad Warmbrunn Hartmanndorf Hirs- Parschnitz / Porici Pe-


/ Cieplice Bautzen chberg / Jelenia Gara terswaldau Prausnitz
Berndorf / Bernartice Buchwald Höhenwöse / Prusnica Rauscha
Blechhammer Bolken- Hohenelbe / Wrszlabi Reichenau / Risznow
hain Breslau - Wroclaw Kamenz Kaltwasser Kitt- Reichenau Reichen-
Brief / Brzeg Brunnlitz / litztrebben / Kotlicki Tre- berg Liberal Reichenau
Bruenec Brusay / Brze- bin Kursbach Grunthal Reichenbach Schmie-
zowa Bunzlau / Boles- Landeshut / Kamienogo- denberg Seuferwasser-
lawiec Bunzlau-Rauscha ra Langenblielau / Lie- graben Schotterwok
Christianstadt Dornhau lawa Larche Ludwigsdorf Striegau Tannhausen
Dyhernfurth Erlenbush Lehmwasser Leszno Lissa Waldenburg Weiswas-
Eule Faulbruk Gader- Mahrisch Markstadt / ser Wolsberg Wus-
sdorf Gassen Cellenau Laskowitz Marzbachtal tegierdorf / Giercze
Falkenberg Frierland Marzdorf Mittelsteine Puste Wustegierdorf
Fürstenstein Gebhards- Neisse-Neusalz Oder / Station Wustewelters-
dorf Gorlitz Nova Sol Niesky Niesky dorf Zittau
Graben Granefort Klein Niesky Wittischen-
Grulich Grunsberg au Radisch Oberalsstadt
Gruschwitz / Kruswica Oberwustegiersdorf
Halbstadt / Mezimesti

Majdanek

Budzyn
Hrubieszow Lublin

Stutthof (Sztutowo)

- Bocion - Grodno - Serappen


- Bromberg - Gutowo - Sophienwalde
- Chorabie - Gwisdyn - Slipsk
- Cieszyny - Heiligenbeil - Starorod
- Danzig-Burggraben / - Jessu - Pruszcz
Kokokszki - Kokoschken - Brusy
- Danzig-Neufahrwas- - Kolkau - Torun (AEG, Org.
ser - Krzemieniewo Todt)
- Danzigerwerf / - Lauenburg
Gdansk - Malken Mierzynek
- Dzimianen - Nawitz
- Elbing - Niskie
- Elblag (Org. Todt) - Obrzycko
- Elblag (Schinau) - Prault
- Police / Szczecin - Rosenberg / Brodnica
- Gdynia - Scherokopas
- Gerdenau - Schiffenbeil
- Graudenz
- Greendorf

89
Segunda Parte

91
1. LAS REACCIONES ANTE EL HOLOCAUSTO

L as principales reacciones del mundo occidental frente al


Holocausto, en lo que concierne al ámbito jurídico se re-
fieren a distintos procesos; por un lado, tratando de borrar el
nazismo, el enjuiciamiento de los considerados criminales y
el proceso de desnazificación de Alemania, y por otro, frente
al futuro, la constitución de las Naciones Unidas y la Declara-
ción Universal de Derechos Humanos.
En el primer caso, nuevos crímenes fueron definidos, al-
gunos criminales fueron identificados, enjuiciados, conde-
nados y ejecutados o encarcelados. Se crearon Tribunales ad
hoc, se desarrolló un nuevo derecho penal internacional que
desembocó recientemente en la implementación de la Corte
Penal Internacional; al mismo tiempo se implementó con más
o menos éxito un proceso de desnazificación de la sociedad
alemana.
Desde otra perspectiva se convino la Carta de las Naciones
Unidas, se estableció la Organización de las Naciones Unidas,
se emitió la Declaración Universal de Derechos Humanos, a
la postre se positivizaron estos derechos en las constituciones
de diversos países y se desarrolló una doctrina específica para
su interpretación. Interpretación que en su nivel más elevado
corresponde al Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Las consecuencias penales del nazismo y del Holocausto
no son la materia de este trabajo por lo que las abordaremos
muy sucintamente.

93
Federico César Lefranc Weegan

Desde el 12 de marzo de 1942, nueve naciones europeas


junto con China aprobaron una resolución para juzgar a los
líderes del Eje por crímenes de guerra.97
El 22 de enero de 1945 se emitió el llamado memorándum
de Yalta conteniendo conceptos jurídicos nuevos; la crimina-
lidad nazi habría sobrepasado la noción clásica de crímenes
de guerra, se habría tratado de un plan criminal premeditado,
comprendía delitos cometidos a partir de 1933 contra súbdi-
tos alemanes – es decir, sus propios súbditos – desbordando el
concepto tradicional de crímenes de guerra. La consecuencia
fue la decisión de enjuiciar a los mandos nazis ante un Tri-
bunal Militar Internacional, posteriormente los Tribunales de
Ocupación enjuiciarían a los demás criminales.98 El acuerdo
de Londres que constituyó el citado Tribunal Militar Interna-
cional, estableció a la vez los principios de un nuevo derecho
penal internacional.
El 20 de noviembre de 1945 en Nuremberg se iniciaron los
juicios contra dirigentes nazis por el Tribunal Militar Inter-
nacional. Las acusaciones se formularon por crímenes contra
la humanidad, crímenes contra la paz, crímenes de guerra y
complot (conspiración).
Para el tema que nos ocupa es muy importante destacar
que el Tribunal se declaró incompetente para juzgar los crí-
menes contra la humanidad en tiempo de paz, ello por ser
un Tribunal Militar.99 Por ello, no está de más recordar que
muchas de las modificaciones que pervirtieron el orden legal,
y muchas de las más denigrantes acciones contra los judíos se
llevaron a cabo en tiempo de paz.
Además de los juicios a dirigentes, también se enjuició a
los médicos participantes en experimentos poco éticos, y a los
juristas responsables del establecimiento y del funcionamien-
to de orden legal nazi. Además también se siguieron procesos
contra los líderes y oficiales superiores de las SS y de las SD.

97 Crónica del Holocausto, p. 301.


98 Ternon, op.cit., p. 30.
99 Ibid., p. 33.
94
Holocausto y Dignidad

También se enjuició a los dirigentes de las empresas más


comprometidas con el Holocausto. Es importante destacar
que los juicios contra criminales de guerra se desarrollaron
en diversos países como Polonia, Checoslovaquia, Francia e
Israel.
En agosto de 1947 después del juicio de los médicos, se
aprobó el Código de Nuremberg, que es un estatuto orientado
a proteger los derechos humanos de la experimentación mé-
dica.100 Este estatuto tiene su equivalente en la actualidad en
el Convenio para la protección de los derechos humanos y de
la dignidad del ser humano respecto a las aplicaciones de la
biología y de la medicina, de 1997 y en el Protocolo que se le
adiciona prohibiendo la clonación de seres humanos, en 1998.
Cuál era el panorama:
“La pretensión de hacer justicia tenía que conciliarse con las
realidades de la reconstrucción de posguerra, o con lo que
sus propias poblaciones consideraban una relación adecua-
da entre el delito y el castigo. El lanzamiento de dos bombas
atómicas en Japón, el problema palestino, la retirada britá-
nica de la India y el inicio de las tensiones de la Guerra Fría
acaparaban la atención de los ciudadanos de los países alia-
dos. Porque los elevados principios utópicos enunciados por
Roosvelt y Truman se habían agriado al enfrentarse con las
hoscas realidades de la diplomacia soviética que, cuando se
unieron al deseo de no repetir los errores del apaciguamien-
to y al hundimiento de poder inglés, movieron a los Estados
Unidos a asumir la defensa de Europa y de una política glo-
bal de contención del comunismo. Frente a unas perspec-
tivas de tales dimensiones, el juicio de los dirigentes nazis
quedó reducido a una relativa insignificancia”.101

Es muy importante hacer notar que la forma en que suce-


dieron los hechos quedó registrada en las actas de los diversos
juicios, sin embargo, como es característico de los procesos
penales, los testimonios no trascendieron a otros ámbitos

100 Crónica del Holocausto, p. 659.


101 Burleigh, op.cit., p. 843.
95
Federico César Lefranc Weegan

del derecho, una vez que hubo absoluciones o condenas, se


cerraron con los respectivos procesos. Considero que esos
testimonios, miles de ellos, debieron tener algún lugar en la
Declaración Universal.
“Con el tiempo, el Tribunal de Nuremberg se convertía en
una jurisdicción de excepción constituida en circunstancias
particulares para juzgar a ciertas personas que habían come-
tido actos criminales en un período determinado”.102

Y aún de entre estas ‘ciertas personas’ que fueron juzgadas,


hubo quienes recibieron un trato especialmente benigno, así
sucedió con algunos de los directivos de I. G. Farben, a quie-
nes se impusieron condenas muy reducidas pues eran consi-
derados esenciales para el desarrollo económico de Alemania
Occidental. Similar fue el caso de los científicos como von
Braun, que fueron eximidos de la acusación de haber usado
trabajo esclavo durante la guerra. “En el mundo de la posgue-
rra, la búsqueda de la justicia se suavizó por el deseo de ganar
la guerra fría”.103
A pesar de haber constituido tribunales ad hoc, las acu-
saciones de Nuremberg no incluyeron alguna por crímenes
contra el pueblo judío, o contra el pueblo gitano, por ejemplo.
El 20 de noviembre de 1945, al iniciar el primer juicio el juez
Jackson afirmó que los crímenes contra los judíos habían sido
los más despiadados cometidos por los nazis, a pesar de esta
declaración inicial, en los cargos no se hizo una mención ex-
plícita a este pueblo.104
Con el tiempo y como consecuencia de las nuevas condi-
ciones políticas, se politizó el recuerdo de las víctimas, “Como
en otras partes del bloque soviético, se borró de la memoria
pública el destino concreto de todos los judíos a favor del
nuevo credo del ‘antifascismo’.” 105

102 Ternon, op.cit., pp. 35 s.


103 Crónica.., p. 660.
104 Crónica.., p. 634.
105 Burleigh, op.cit. , p. 849.
96
Holocausto y Dignidad

El proceso de desnazificación tenía como propósito ex-


plícito, según los acuerdos de Yalta, el de ‘eliminar todas las
influencias nazis y militaristas de las instituciones, públicas,
culturales y económicas.’
Este proceso de desnazificación incluyó muy diversas ac-
ciones, desde la inhabilitación para ocupar determinado tipo
de cargos, como en el caso de toda la judicatura, hasta la pér-
dida de propiedades como ocurrió en la zona soviética. Es
decir, la llamada desnazificación no consistió en un proceso
uniforme. En el llamado “mundo libre” incluyó el interna-
miento de los casos considerados peligrosos, y la destitución
de los antiguos miembros del partido nazi.
A este proceso le acompañaron programas de reeducación
en los valores democráticos, y la llamada desnazificación cul-
tural, que incluyó un control estricto de la radio y la prensa.106
En otro plano, este proceso incluyó la invalidación legal de
las leyes oficiales del régimen nazi.107
Klemperer, de quien hablaremos más adelante, lo definió
en su momento: “Alemania casi sucumbió del todo por causa
del nazismo; el esfuerzo por curarla de esa enfermedad mor-
tal se llama hoy en día ‘desnazificación’; No creo ni deseo que
esta horrorosa palabra tenga una vida duradera; desaparecerá
y sólo llevará una vida histórica, tan pronto como haya cum-
plido su deber actual”.108
Como parte del futuro que se deseaba construir se consti-
tuyó la Organización de las Naciones Unidas que sustituiría a
la Sociedad de Naciones.
La Carta de las Naciones Unidas se firmó el 26 de junio
de 1945 en San Francisco y entró en vigor el 24 de octubre
del mismo año. Para el tema que aquí estudiamos esta Car-
ta es muy importante por su vinculación con la Declaración
Universal de Derechos Humanos. Sus disposiciones facilitan

106 Ibid. , pp. 849 ss.


107 Crónica.., p. 668.
108 Klemperer, Victor, LTI. Apuntes de un filólogo, Minúscula, Barcelona,
2001, p. 11.
97
Federico César Lefranc Weegan

la interpretación de la propia Declaración. Entre sus innova-


ciones en materia de derechos humanos están sus referencias
explícitas a la dignidad y el valor de la persona humana y las
que conciernen a los derechos fundamentales del hombre.
Establece la Carta:

“Nosotros los pueblos de las Naciones Unidasresueltos a pre-


servar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra
que dos veces durante nuestra vida ha inflingido a la Huma-
nidad sufrimientos indecibles, a reafirmar la fe en los dere-
chos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de
la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y
mujeres y de las naciones grandes y pequeñas..”

A partir de ese momento se inició lo que Carrillo ha deno-


minado “un poderoso proceso de innovación en el Derecho
Internacional, orientado a un triple objetivo: la definición, la
promoción y la protección de los derechos humanos. Un hito
fundamental en esta dinámica y en este proceso de cambio
fue la Declaración Universal de Derechos Humanos..”.109
Para nosotros será importante saber cómo es que esa pro-
fesión de fe en la dignidad y el valor de la persona humana, se
convirtió en el reconocimiento de un fundamento. Un funda-
mento de la libertad, la justicia y la paz en el mundo.

2. LOS TRABAJOS PREPARATORIOS DE LA DECLA-


RACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS.
Estas disertaciones se llevaron a cabo durante el verano de
1947, a partir de un Memorándum y cuestionario acerca de
las bases teóricas de los derechos del hombre distribuido por
la Unesco. Las respuestas las sintetizamos a continuación.110

109 Carrillo, Juan Antonio. Dignidad frente a la barbarie. La Declaración


Universal de Derechos Humanos, cincuenta años después, Mínima
Trotta, 1999, p. 46.
110 Carr, Edward. H., et. al., Los Derechos del Hombre, Laia, Barcelona,
1973, 423 pp. Esta obra fue originalmente editada por la Unesco.
98
Holocausto y Dignidad

Jacques Maritain, Profesor huésped de Filosofía en la Uni-


versidad de Princeton.
De la introducción al libro que recopila las respuestas, es-
crito en julio agosto de 1948, y todavía previo a la Declara-
ción.
Cuando se trata de derechos del hombre, son las justifica-
ciones racionales, las interpretaciones, las que ponen de ma-
nifiesto todo el sistema de certidumbres morales y metafísicas
al que cada uno se adhiere. Y estas justificaciones entran en
conflicto mientras no exista una unidad filosófica.111
Por eso más allá de la discusión entre los que aceptan y
los que rechazan el fundamento de los derechos en una ‘ley
natural’, está la afirmación y enumeración de dichos derechos
además: “si bien hay derechos que aparecen como función de
la evolución de la sociedad, en cambio otros derechos más pri-
mitivos aparecen como función de la misma existencia de la
sociedad”.112 En ese mismo orden de ideas afirma el autor, que
el reconocimiento de determinada categoría de derechos, no es
privativo de una escuela de pensamiento en detrimento de las
demás. Ahora, el problema no termina con el reconocimiento
de los derechos, sino que hay que considerar la posibilidad real
de reivindicar el ejercicio de algunos de ellos, posibilidad que
depende de lo que subsista de inhumano en las estructuras
sociales en cada época. Por ello, sería necesario establecer la
escala de valores que hiciera posible concertar entre sí estos
derechos, en su ejercicio concreto en la vida social.
Maritain insiste en la necesidad de establecer un acuerdo
sobre los valores-claves que determinan la forma de ejercer
estos derechos. Valores que en todo caso pueden nacer de una
reflexión profunda a la que habría obligado la crisis de la ci-
vilización que se desarrolló a la par con el siglo. Destacando
que el principio de unificación dinámica según el cual han

111 Ibid., p. 22.


112 Ibid., p. 26.
99
Federico César Lefranc Weegan

de ejercerse la totalidad de los derechos se encuentra en la


dignidad humana.113

Edward. H. Carr, Profesor de Política Internacional

Se refiere a las declaraciones de derechos como definicio-


nes de la relación del individuo con la sociedad en la que vive.
Deduciéndose de esa relación que las declaraciones de dere-
chos son por lo mismo declaraciones de obligaciones.
Ello porque precisamente en las declaraciones está implí-
cita la obligación de lealtad hacia el orden establecido. Ha-
ciendo hincapié en que implícita o explícitamente los gobier-
nos se han reservado el poder de suprimir cualquier derecho
que amenace en su ejercicio, el derrocamiento del orden exis-
tente.114
Carr afirma que, si se pudiera obtener, por medio de una
encuesta de opinión, una lista de los derechos mínimos que se
deben garantizar al individuo, habría que preguntarse, ¿Qué
obligaciones debe aceptar este individuo para colocar a la so-
ciedad en situación de conceder estos derechos?
Aquí, específicamente en relación con la importancia de
las obligaciones correlativas a los derechos coincide con lo
expresado brevemente por Gandhi, quien también afirmó la
necesidad de relacionar todos los derechos con algún deber
correspondiente.115
Carr proponía que en ese momento, en junio de 1947,
cualquier declaración de derechos y obligaciones, se conside-
rara como una declaración de intención o como una norma a
la que debía de aspirarse.116

Arnold J. Lien, Jefe del departamento de Ciencias Polí-


ticas de la Universidad Washington de San Luis Misu-
ri.

113 Ibid., p. 29.


114 Ibid., p. 38.
115 Ibid., p. 34.
116 Ibid., p. 40.
100
Holocausto y Dignidad

Refiere un clamor de la humanidad por una ley interna-


cional de los derechos del hombre, como consecuencia del
horror que provocaron las “indecibles atrocidades de algunos
regímenes recientes equipados con todos los conocimientos
destructivos de la ciencia y la tecnología modernas”.117 Con-
sidera que los derechos, como aparecen en diversas declara-
ciones como el Estatuto de Derechos de la Constitución de los
Estados Unidos, o en la Carta del Atlántico, son fragmentos,
es decir que nunca serán catálogos completos.
En todo caso los derechos del hombre son inherentes al
ser humano como tal. Y son vistos como la clave de la digni-
dad del hombre.
En su esencia éstos consistirían en un sólo derecho: “la
propiedad de absoluta libertad para desarrollar hasta el máxi-
mo toda capacidad y talento potencial del individuo para su
autogobierno, seguridad y satisfacción más eficaces”.118
Lien nos remite a la historia de los derechos y llega a la
conclusión de que más que la formulación de los mismos hay
que destacar la doctrina según la cual el principal propósito
de todos los gobiernos había de ser conservar estos derechos y
garantizarlos contra cualquier violación. Hace notar los gran-
des contrastes que trajo la revolución industrial. El descon-
cierto que provocó la Revolución Rusa y la desolación que
produjeron las dos guerras mundiales, que permitieron resur-
gir un desprecio autocrático por los derechos del hombre.
Y cómo, con todo y las nuevas formulaciones de derechos,
“el derecho de todo ser humano como individuo del género
humano continúa siendo el de completa libertad para desa-
rrollar hasta el límite máximo todos sus talentos y capacida-
des con el objeto de conseguir seguridad, satisfacción y nor-
mas de conducta individual efectivas”.119
Cómo la complejidad de la sociedad en la que viven los
hombres hace que sea muy difícil aplicar los derechos en el

117 Ibid., p. 41.


118 Ibid., p. 42.
119 Ibid., p. 44.
101
Federico César Lefranc Weegan

mismo grado, de allí que lo fundamental era que los Estados


aceptaran los derechos en sus constituciones.
Además para tener la posibilidad de ponerlos en prácti-
ca sería necesario que los Estados formularan programas de
largo alcance; destacando como primer derecho dentro de
cada Estado el derecho a un cuerpo y a una psique sanos. Y
para satisfacer este primer derecho habría que garantizar la
oportunidad de aprender y desarrollar una actividad para
ganarse la vida. La posibilidad de garantizar un mínimo de
seguridad en la vejez y en el infortunio. Porque sin ello, no
tendría sentido el derecho a un desarrollo libre y total de la
propia conducta; es decir, el derecho humano universal de au-
torrealización del individuo. Es importante que aparte de los
deberes correlativos a cada derecho, completamente aparte de
éstos, hay ciertas responsabilidades incluidas en los derechos
mismos. Y si el individuo no asume esas responsabilidades,
la sociedad le impondrá restricciones con el fin de proteger a
aquellos que las asumen.
En esta medida Lien encarga al sistema educativo el desa-
rrollo del sentido de la responsabilidad, y extiende la respon-
sabilidad a las instituciones y organizaciones privadas y pú-
blicas que integran el Estado. Y hace notar cómo para poder
evaluar cuándo se ha abusado de un derecho en detrimento
de otros, habría que considerar la forma en la que hubiera
cristalizado la opinión nacional y mundial respecto a los prin-
cipios y normas adecuados para encontrar una solución.
En ese sentido prevé la apelación a un Tribunal Interna-
cional pero además encomienda a los humanistas la tarea de
inculcar a las masas un sentido de la responsabilidad y un
conciencia social suficientes para asegurar un empleo cons-
tructivo de las energías liberadas por la ciencia, con miras al
interés común.

Luc Somerhausen, Director del Secretariado del Sena-


do, Bruselas.

Para él era necesario determinar:


102
Holocausto y Dignidad

a) si los derechos ya proclamados se han visto, hasta el


presente, efectiva y plenamente realizados;
b) si existen nuevos derechos cuya proclamación se im-
ponga;
c) si la realización de los antiguos y nuevos derechos es
compatible con el mantenimiento de las formas actuales de
organización social.
Y llega a la conclusión de que en ese momento (1947) los
derechos no habían hallado su plena realización. Hace notar
que todas las referencias a la dignidad humana en los últimos
cien años remiten a lo enunciado por Marx en el sentido de
que el hombre ha de poder producir libremente, disfrutar de
sus obras, vivir en comunión con los demás hombres y en ar-
monía consigo mismo. Y como las declaraciones de derechos
nos parecen ineficaces cuando refieren únicamente al “hom-
bre egoísta”, separado de la comunidad, preocupado sólo de
su interés personal.
Afirmando que en esa sociedad, “los lazos más poderosos
que unen a los hombres no son los derechos o los deberes que
por lo general se aducen, sino las necesidades naturales, los
afanes e intereses privados, la conservación de sus propieda-
des y de su persona egoísta”.
En relación a sí existen nuevos derechos que sea necesario
imponer escribe Somerhausen; “De nada sirve, efectivamen-
te, el decir que el hombre tiene derecho al respeto y desarrollo
de su personalidad si no se proclaman al mismo tiempo los
derechos esenciales que han de permitirle al hombre, precisa-
mente, el acceso al desarrollo de su personalidad y el respeto
de su dignidad”.120 haciendo notar que el derecho al trabajo
proclamado por la Constitución francesa de 1946 responde
a este espíritu.
La cuestión de sí la realización de antiguos y nuevos dere-
chos es compatible lo llevan a sostener que ”las nuevas condi-
ciones sociales han trastocado por entero el antiguo concepto

120 Ibid., p. 53.


103
Federico César Lefranc Weegan

de los derechos del hombre.”, haciendo notar que donde el


esfuerzo democrático se ha encaminado hacia los derechos
políticos siguen desconociéndose los derechos sociales. Y se
pregunta si sería conveniente establecer una nueva clasifica-
ción de los valores en el seno de las democracias, que permita
revalorar derechos anteriormente subestimados. Apoyándose
por último en la formulación de los derechos de Jaures de la
que destacaré la afirmación de que “Ninguna (persona) puede
quedar expuesta a convertirse en presa o instrumento de otra
persona”.121

Richard Mc Keon, Decano del Departamento de Hu-


manidades de la Universidad de Chicago.

Fueron los filósofos los que prepararon los instrumentos


intelectuales que sustentaron las declaraciones de los siglos
XVII y XVIII. Sin embargo el acuerdo de promulgar estas de-
claraciones no implicaba una filosofía única sino que propor-
cionó una estructura dentro de la cual diferentes filosofías,
teorías religiosas, económicas, políticas y sociales se podían
desarrollar.
En relación con la declaración de derechos que en ese mo-
mento se preparaba, el problema era el mismo, no se limitaba
a una mera exposición de derechos, las divergencias estaban
en el significado de esos derechos.
Hace notar que el mero pronunciamiento respecto a la fe
“en los derechos del hombre fundamentales, en la dignidad y
valor de la persona humana, en la igualdad de derechos del
hombre y de la mujer”, no representa un valor suficiente para
la solución de las divergencias. Enseguida establece una se-
rie de consideraciones para la efectividad de una declaración,
como son: la claridad al formular un ideal, su pertinencia y
adaptabilidad a las condiciones, su aplicación por organismos
políticos y sociales.122 Las discusiones, en consideración del

121 Ibid., p. 55.


122 Ibid., pp. 58 ss.
104
Holocausto y Dignidad

autor, deberían girar sobre supuestos básicos, hechos reales y


condiciones adecuadas. Y pone de ejemplo como el concep-
to de derechos naturales del hombre, sagrados e innatos, fue
incluido en las constituciones de los siglos XVIII, XIX y XX
porque habían llegado a un acuerdo sobre la formulación de
una solución para toda una serie de problemas morales y po-
líticos. Formuladas en el lenguaje filosófico del siglo XVIII,
las declaraciones de derechos que sustentaban, estaban enca-
minadas a resolver el problema de la injusticia de los gober-
nantes y gobiernos feudales.
Para la nueva declaración, preveía que fuera concebida lo
mismo que un estatuto nacional de derechos dentro de un
marco constitucional como el Estatuto de las Naciones Uni-
das. Teniendo como eje el problema de la relación entre gru-
pos de hombres y de Estados entre sí, a partir de la hipótesis
de que es posible llegar a un acuerdo respecto de los derechos
del hombre y poner en práctica dicho acuerdo antes de llegar
a la unanimidad filosófica123. Este marco significaría el reco-
nocimiento de organismos para proteger los derechos o para
resolver conflictos aunado al reconocimiento de que dentro
de la estructura constitucional de las Naciones Unidas, los de-
rechos tendrían una interpretación filosófica y una aplicación
legal diferente en las distintas naciones miembros.
Propone entonces que la jurisdicción respecto de un posi-
ble carácter internacional de los derechos civiles, se asignara a
un Tribunal Mundial y respecto de los derechos políticos afir-
ma que serían efectivos sólo si los ciudadanos de las naciones
se convirtieran en ciudadanos del mundo.
Sólo la persistencia de una ambigüedad como marco per-
mitiría avanzar en una práctica más uniforma y en una com-
prensión universal de los derechos humanos. Dicha ambigüe-
dad debería aceptarse respecto de la posibilidad de una forma
uniforme de administrar los derechos y en la ausencia de una
única filosofía que los sustentara.

123 Ibid., p. 66.


105
Federico César Lefranc Weegan

Salvador de Madariaga, Miembro de la Academia de


Ciencias Morales y Políticas de Madrid, de la Acade-
mia de Letras de Madrid, entre otras.

El concepto de derechos resulta limitado para abarcar la


totalidad de las relaciones individuo-sociedad. El problema
de los derechos del hombre consistiría en determinar las re-
laciones políticas entre el individuo y la sociedad en la que
vive.
Un primer aspecto a considerar sería el de que la solidari-
dad subjetiva de las naciones ha quedado retrasada respecto
de una ineludible solidaridad objetiva.
La nación voltea hacia el individuo y a la vez voltea hacia
la sociedad mundial. Hacia el primero, permanece absolutista
sobre la base de la “voluntad del pueblo”, hacia la segunda, se
atrinchera en la doctrina de la soberanía nacional.
Por ello el problema de los derechos del hombre se refiere
más bien al de las relaciones adecuadas entre el hombre, la
nación y la comunidad mundial.
Un problema que puede encontrar su respuesta en la fe,
en la filosofía o en la concepción del mundo del investigador.
Donde cada categoría podría ofrecer una respuesta diferente, a
pesar de lo cual, escribe Madariaga, es posible llegar a un com-
promiso o terreno común. Se podría admitir como principio
el de que “cada ser humano individual es una unidad de vida
valiosa y singular con un destino propio y con derechos y de-
beres hacia sí mismo”.124 Se podría definir entonces un primer
derecho – deber fundamental del hombre en la vida: “buscar
y encontrarse a sí mismo, si es posible en la experiencia...” En-
tonces un primer derecho político del hombre sería el de la
libertad de vivir y aprender a su propio modo. Esta libertad de
experiencia, con los derechos que se desprenden de ella cons-
tituiría la base de todos los derechos del hombre. Sería una li-
bertad que no necesitaría justificación ya que sería consecuen-
cia de la vida del hombre. Ahora, podría haber limitaciones

124 Ibid., p. 78.


106
Holocausto y Dignidad

a esta libertad: en beneficio de la de otros; en beneficio de la


nación; o en beneficio de la comunidad mundial.
Sería importante la creación de una escala que preservara
de limitaciones a los derechos esenciales. Así el primer de-
recho sería el derecho a la vida, incluyendo el de asegurar la
subsistencia, y el derecho al a vida como alma y espíritu.125
Son derechos cuyos límites no deberían ser rebasados. De
aquí se haría derivar una garantía mínima contra la muerte
por hambre, como primer derecho. Y como principal derecho
la garantía de ser libre de vivir a su modo.
Las únicas limitaciones permitidas de la libertad indivi-
dual serían las necesarias para la propia existencia y la vida
de la nación. El orden debería descansar en una base de asen-
timiento nacional.
Respecto a la paz internacional Madariaga hace suya la
declaración de Vitoria; “El ciudadano tiene el derecho, en
realidad el deber, de rechazar el servicio militar si y cuando
se encuentra convencido de que el móvil de la guerra está en
contra de su conciencia”.126
La formulación de este derecho permitiría deslindar res-
ponsabilidades individuales en el caso de una guerra declara-
da errónea v.g. por el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas.
En el caso del derecho de migrar, afirma, éste se deberá
contrapesar por el derecho de cualquier nación de seguir
siendo lo que es o lo que quiera llegar a ser.
Propuso que se debería entender un Estado Mundial como
una ampliación de la soberanía y no como una renuncia a
la misma, pero esta ampliación sería posible sólo “cuando la
conciencia de la solidaridad y del destino comunes hayan sido
ampliados previamente”.127

125 Ibid., pp. 79 s.


126 Ibid., p. 81.
127 Ibid., p. 84.
107
Federico César Lefranc Weegan

John Lewis, Profesor extraordinario de Filosofía en la


Universidad de Oxford.

Sostiene que los llamados derechos naturales son relativos


a la ocasión. No son derechos generales, sino corresponden a
cualquier circunstancia y época. Son, entonces, afirmación de
fines humanos, derechos para perseguir y realizar valores, que
no miran hacia atrás sino hacia delante.
Afirma que la sociedad no es un contrato social sino un
organismo que busca el bien común. Y que a los derechos
se les puede hacer efectivos sólo a través de la aceptación del
deber social.
“Tenemos que reconocer que, puesto que los derechos que
nosotros reclamamos son reclamados por todos, solamen-
te podemos conseguirlos aceptando una tarea común y una
responsabilidad comunes”.128

La doctrina que se formule no los debe separar de la acti-


vidad en común y de la consideración de que las necesidades
humanas evolucionan.
Así, haría depender la libertad, de la organización. Acep-
taría suprimir libertades – aún de larga existencia – como la
de poseer esclavos a favor de las necesidades más inmediatas
para el hombre.
Analiza la controversia en pro y en contra del socialismo,
determina que el documento de la Unesco, estaría mal plan-
teado porque enfrenta dos puntos de vista que en realidad son
complementarios.
Destaca el hecho de que los derechos por los que primero
se luchó, durante el siglo XVIII, fueron incompatibles con los
derechos de los trabajadores.
Resalta el derecho a la libertad de no ser explotado reco-
nocido por la Rusia Soviética, expresado en su Constitución
como la supresión de la libertad para explotar, como condi-
ción de un amplio y nuevo número de libertades.

128 Ibid., p. 88.


108
Holocausto y Dignidad

Así como en la Europa liberada se acepta universalmente


que la exclusión definitiva del fascismo sería condición esen-
cial de la democracia.
En los dos casos se considera que la exclusión definitiva de
partidos y principios hostiles contra lo que ahora son funda-
mentos de su vida en común, no constituyen restricciones o
desviaciones de los principios de libertad.
Propone que las restricciones a las libertades de opinión y
de palabra se deben interpretar como restricciones limitadas
que no se aplican a todo el pueblo, sino a minorías subver-
siva y antisociales cuando la situación política es inestable.
Aunque dentro de la sociedad las críticas sean ilimitadas. En
todo caso, “el derecho a restringir la libertad de palabra hasta
el límite que se estime necesario es prerrogativa de todos los
gobiernos liberales del mundo”.129 Y pone como ejemplo el de
la desnazificación de Alemania cuyos fines serían impedir
la propaganda nazi y eliminar el nazismo de los medios de
información alemanes, así como de la educación y de la re-
ligión.
Además nos alerta: “los derechos democráticos no pueden
extenderse a aquellos partidos que sólo piensan en destruir-
los”.130
Propone en sus conclusiones algunos acuerdos, v.g. en que
los derechos “a la vida, a la libertad, a la persecución de la
felicidad”, han de ser aplicados en forma continua y enérgica,
pues todavía no han podido ser extendidos y, más aún todavía
ha sido necesario defenderlos contra derrocamientos violen-
tos. Se encuentra pendiente una lucha en dos etapas por el lo-
gro de los derechos del hombre. Una referida al compromiso,
y que se refiere a las concesiones mutuas entre los derechos
de propiedad y los derechos sociales. Y una segunda etapa
que tendría que aceptar que la solución a los problemas más
urgentes – seguridad económica, hambre, fin de las guerras

129 Ibid., p. 102.


130 Ibid., p. 103.
109
Federico César Lefranc Weegan

económicas – exigiría una amplia anulación de los antiguos


derechos de propiedad.
Propone que la etapa de compromisos y concesiones debe
de terminar por la magnitud de la crisis mundial. No pode-
mos permitir el hacer peligrar la existencia misma de la civi-
lización sacrificándolo a los intereses privados de una grupo.
Sería como si haber ganado al nazismo hubiera dependido
de la supresión de alguna influencia política que pusiera sus
intereses por encima de la salvación del país.
Por ello, concilia en cuanto a sus pretensiones a la demo-
cracia liberal con la democracia comunista, en lo que se re-
fiere a la necesidad de excluir cualquier cosa que sea incom-
patible con la democracia política. Pide asegurar un acuerdo
“sobre el punto esencial de que el principio fundamental se
encuentra sostenido tanto por los demócratas políticos como
por los demócratas sociales avanzados”.131

Jacques Maritain, Profesor huésped de Filosofía en la


Universidad de Princeton.

Era deseable una Declaración Universal de Derechos del


Hombre – una Carta moral del mundo civilizado – dentro de
las posibilidades de un acuerdo práctico.
Le interesan los principios y la justificación racional de los
derechos. Empieza aclarando que el razonamiento “geométri-
co” a partir de Grocio, ha conducido a un malentendido en
el que “la ley natural – interior al ser y anterior a cualquier
fórmula – ha sido considerada de esta forma como un código
escrito y manifiesto a todos...” La noción de ley natural ha-
bría sido desfigurada por el racionalismo del siglo XVIII. La
justificación racional de la idea de los derechos del hombre,
exigiría hallar la noción de ley natural en las connotaciones
metafísicas de estos, en su dinamismo realista y “en la humil-
dad de sus relaciones con la naturaleza y la experiencia”.132 Así

131 Ibid., p. 110.


132 Ibid., p. 113.
110
Holocausto y Dignidad

nos percataríamos de que determinado orden ideal, permite


imponer exigencias morales, validas en el mundo de la expe-
riencia, de la historia y del hecho.
La ley natural exigiría ser completada por las disposicio-
nes contingentes de la ley humana. Sabiendo que nunca aca-
baría de enriquecerse y precisarse por la natural evolución
de los grupos humanos. Ante nuevos aspectos que rebasaban
al individualismo aparece la importancia de los condiciona-
mientos económico y social.
De allí el interés de renovar periódicamente una declara-
ción que jamás podría ser definitiva.
Una noción sana de ley natural llevaría a distinguir lo que
el capitalismo ha confundido; derechos que responden a una
exigencia absoluta como el derecho a la existencia, derechos
condicionados por la ley humana y los requerimientos del
uso común v.g. el derecho de propiedad y aspiraciones san-
cionadas por el derecho positivo pero condicionadas por los
requerimientos del bien común, como las libertades de pren-
sa y de expresión.
Nos previene a partir de Laserson acerca de que “las doc-
trinas de la ley natural no deben confundirse con la propia
ley natural“.133 De tal manera que el derrumbamiento de las
teorías que la justifican no implicaría el derrumbamiento de
la propia ley natural.
Así habría derechos que la comunidad civil debe reco-
nocer como universalmente valederos y que no podrían ser
afectados por ninguna consideración de utilidad social. Sin
embargo estos derechos han sido negados por los filósofos po-
sitivistas que sólo reconocen el Hecho, o por filósofos idealis-
tas “de la Inmanencia Absoluta”. Esta negación tendría como
irónica consecuencia el desarrollo de una política en la que “el
fin justifica los medios”, donde sería posible violar cualquier
derecho de cualquier hombre para crear una sociedad en la
que ‘el Hombre’ gozara de la plenitud de sus derechos.

133 Ibid., p. 115.


111
Federico César Lefranc Weegan

Propone una declaración de derechos en la que estén com-


prendidos los derechos y libertades de la sociedad familiar
– anterior a la sociedad civil - , y que además se complete con
una declaración de “las obligaciones y las responsabilidades
del hombre para con las comunidades de que forma parte.”
Refiriéndose a las comunidades familiar, civil e internacional.
Resaltando como obligación la de salvaguardar la libertad,
frente a quienes quisieran utilizarla para destruirla, escribe
tomando como referente el peligro creado por quienes antes
de la Segunda Guerra Mundial se habían convertido en ins-
trumentos de la propaganda y de la corrupción racista y fas-
cista, estimulando el deseo de algunos hombres de liberarse
de la libertad.

Harold Laski, Profesor de Ciencias Políticas en la Uni-


versidad de Londres.

Inicia con la aclaración de que las grandes declaraciones


responden a una tradición protestante burguesa, por lo que
aunque universales en su forma, su realización sólo excepcio-
nalmente ha penetrado debajo del nivel del a clase media. Ello
porque la posibilidad de realizarlas encuentra su límite en los
intereses que la clase dominante pretende mantener.
Analizando un pretendido antagonismo entre la libertad
del ciudadano común y la autoridad gubernamental, conclu-
ye que no existe este antagonismo , sino que en algunas áreas
de la vida social la actividad gubernamental es condición de
esa libertad.
Existen por tanto áreas donde los derechos del hombre sí
dependen de las limitaciones al poder público, en otras, como
la libertad religiosa, es más difícil definir esas limitaciones al
poder público. Estas limitaciones adquieren un nuevo sentido
a partir de las transformaciones sociales económicas y técni-
cas que caracterizaban a la sociedad del momento. La natura-
leza de las armas, el poder y la concentración por particulares
de los medios de comunicación, pueden resultar más peligro-
sos que si los controlara el Estado.
112
Holocausto y Dignidad

Nos recuerda que, desde las declaraciones clásicas, han


fracasado muchos de los intentos para proteger a la sociedad
contra los abusos del poder, especialmente del económico.
Destaca la reciente dificultad que constituye encontrarse
en medio de una evolución mundial, con la consecuente cri-
sis de valores individuales y sociales. Y cómo la seguridad de
la paz constituye una condición vital para el reconocimiento
de valores en las comunidades nacionales. En ese sentido la
dificultad de conciliar visiones “Un gobierno considera como
‘expansión imperialista intolerable’ lo que otro defiende como
‘protección estratégica necesaria’. A la vez hay naciones cuya
soberanía no pasa de ser un mito. Naciones que deberían ser
consideradas como Estados en cualquier declaración de de-
rechos.
Cómo ciertos gobiernos ejercen su dominio indirecto so-
bre ciudadanos de otras naciones mediatizándolas, a través de
préstamos, trabas a la emigración o inmigración, aranceles,
y métodos de imposición. Y cómo la seguridad de la paz es
requisito para que los derechos se conviertan en realidades.
Advierte sobre la gravedad del problema propiciado por la
rapidez del cambio tecnológico que se manifiesta en la inten-
sificación de las desigualdades y en la penalización de la falta
de adaptación al maquinismo – que ha destruido la iniciativa
del obrero – y cómo ese trabajo maquinal y monótono difi-
culta que el trabajador se convierta en un ciudadano respon-
sable de una comunidad democrática. Por ello propone que
los supuestos de la nueva declaración se aparten del indivi-
dualismo, y se encaminen “al logro de propósitos comunes,
mediante instituciones y módulos comunes de conducta”.134
Sugiere entonces tomar en consideración los últimos prin-
cipios de organización social. Esa declaración debería desta-
car las identidades entre filosofías sociales contrarias, debería
ser susceptible de aplicación, debería ser un programa, un cri-
terio de las prácticas de los países existentes, recordando que

134 Ibid., p. 129.


113
Federico César Lefranc Weegan

la ley sólo puede aspirar a ser efectiva cuando cuente con con-
senso. Alerta sobre el peligro de una declaración redactada
en términos alejados de su probable aplicación, y hace notar
cómo en anteriores declaraciones la pretendida universalidad
quedó reducida en la aplicación a la coincidencia con los in-
tereses exclusivos de la clase dominante. Así habría que evitar
la conclusión de que las instituciones democráticas, con los
derechos que protegen, funcionan “dentro de un andamiaje
impuesto sobre ellas por ciertos objetivos implícitos en las
relaciones de producción que semejante concentración de
poder económico trae consigo”.135 Aunque en el momento de
escribir, en la posguerra, la necesidad capitalista de ganancia
se habría hecho compatible con la realización de las expecta-
tivas de los obreros.
Laski coincide en señalar que se vivía una crisis de valo-
res de la civilización en medio de la cual resultaba imperativo
revisar los fundamentos de la propiedad privada porque de
otra manera se mantendrían los privilegios de una pocas mi-
norías haciendo inútiles los derechos proclamados. Y pone
como ejemplo la monopolización que se ha hecho del ejerci-
cio de la libertad de palabra a través de los medios. O como
el cinema constituye básicamente una fuente de ganancia y
de propagando del stato quo, sin que se aproveche ni para la
educación ni para la crítica social. La libertad de palabra o
la libertad política se habrían convertido en funciones del
poder económico.
Y por último nos recuerda, a partir de la historia, que la
justicia social depende de la aceptación del acceso equitativo
a todos los ciudadanos, de los recursos de la comunidad, au-
nado al hecho de que cuando haya que diferenciar, se pueda
demostrar que la diferencia se traduce en un incremento del
bienestar de cada ciudadano.
Propone que los derechos de las minorías gocen de una
protección a nivel internacional. Y que se base la declaración

135 Ibid., p. 134.


114
Holocausto y Dignidad

en premisas que todos los hombres y mujeres del mundo pue-


dan considerar como un programa de acción. En un momento
en que se acababa de vivir la impotencia de la Sociedad de las
Naciones, “que ha vivido bajo la bárbara tiranía de regímenes
que convierten la tortura y el asesinato en masa en sanciones
de su política”136 no se deberían suscitar esperanzas que no
tuvieran la perspectiva de realizarse.

Benedetto Croce, filósofo, ensayista e historiador.

Afirma que la teoría del derecho natural resulta históri-


camente insostenible porque al afirmar que los derechos va-
rían históricamente, se acepta que valen para hombres de una
época particular. Así la declaración de 1789 respondía a la ne-
cesidad de una reforma política de la sociedad europea.
Croce se declara abiertamente partidario del liberalismo,
y propone “un debate formal, público e internacional acerca
de los principios necesarios que sirvan de base a la dignidad
y a la civilización humanas”.137 Después del cual sería posible
formular una declaración de los derechos y las necesidades
contemporáneas en una forma breve.

J. Haesaert, Profesor de Sociología y Ciencia Política.

Consideraba que el problema consistía en una formula-


ción bastante general y flexible para ser aplicable a todos los
hombres. Para él, cada una de las declaraciones han enfren-
tado esta dificultad. A la vez han sido proclamas que han en-
vejecido rápidamente, han sido sobrepasadas por las circuns-
tancias y han traicionado las intenciones de sus redactores. Y
pone como ejemplos la libertad sindical que ha tenido que
enfrentar al Estado; la libertad de prensa que se ha vuelto pri-
vativa de unos cuantos magnates; o la igualdad, reducida a la
igualdad cívica, sin que se pueda pensar en igualdad econó-
mica.

136 Ibid., p. 141.


137 Ibid., p. 145.
115
Federico César Lefranc Weegan

Entonces en las declaraciones, no se ha pensado que una


carta de esa naturaleza abarca generaciones. Serían menester
reglas que respondieran a constantes donde sólo hallara lugar
lo esencial; “Lo demás queda para la ley, para los reglamentos
y, sobre todo, para la jurisprudencia”.138 Debiendo preferirse el
standard, como directiva, a la regla, porque el standard cons-
tituye un compromiso entre la necesidad de seguridad del de-
recho y su necesidad de evolución.
Afirma que las declaraciones no han destacado suficien-
temente el hecho de que los derechos no existen sin las obli-
gaciones correlativas. Nos dice que a pesar de ser necesaria
la estructura – básica en el derecho – que permita exigir y
obligar, no es posible crear a la fuerza la fraternidad.
Por ello la fórmula que propone debería comprender los
principios en su extensión más amplia y permitir que los Es-
tados desarrollaran las disposiciones legislativas. Limitándose
la declaración universal a tres artículos, referidos I, al derecho
al respeto y desarrollo de la personalidad física y moral del
hombre; II, a que la aplicación de los principios sería deter-
minada por la ley nacional; y III, a la necesidad de una juris-
dicción especial interna de cada Estado para resolver sobre la
aplicación de éstos, con la posibilidad de apelación ante un
Tribunal Internacional de Justicia.
En los comentarios a estos artículos establece que la per-
sonalidad tiene un contenido que es función del estado social,
y aunque ha de ser protegida tiene el valor de un principio
cuya estimación es contingente. Postula la existencia de unas
condiciones fundamentales esenciales para la vida colectiva
y que son: “la población óptima, los medios de existencia, el
territorio, el orden público y la estructura política”. Únicas e
ineludibles que previenen el riesgo del totalitarismo.
Afirma que las posibilidades de la sociedad limitan la po-
lítica.

138 Ibid., p. 150.


116
Holocausto y Dignidad

En relación al artículo II pide considerar que para permi-


tir una adaptación progresiva de los principios, estos deben
ser desarrollados por un legislador de menor categoría que
un constituyente.
En relación al III hay que destacar la importancia que atri-
buye a la jurisprudencia como instrumento de adaptación.
Sabiendo que “la ley no es lo esencial, sino la conducta común
de la cual no es más que un medio auxiliar.” Previniéndonos
acerca de que “buscar fórmulas en vez de educar a las gentes
supone prepararse nuevos desengaños”.139

R.P. Teilhard de Chardin, Miembro del instituto de


Francia, investigador en Geología y Paleantropología.

Reflexiona sobre la variación que ha sufrido la visión in-


dividualista de los derechos del hombre, la cual, afirma, ya no
es posible sostener.
Por razones convergentes, el ser humano, está dentro de
un proceso tendiente a establecer un sistema organo-psíquico
solidario. La humanidad se colectiviza, allí nace el aparente
conflicto entre el valor individual del hombre y los lazos so-
ciales. Aparente, porque sólo asociándose ‘convenientemente’
con los demás, “puede el individuo esperar lograr la plenitud
de su persona, plenitud de energía y de movimiento y pleni-
tud de conciencia, sobre todo porque no logramos , cada uno
de nosotros, ser completamente ‘reflexivos’ (es decir, ‘hom-
bres’), sino reflejándonos mutuamente unos en otros”.140.
El objetivo de una nueva declaración sería precisar “en
qué condiciones la ineludible totalización humana podría
efectuarse,” en forma que exalte la singularidad incomunica-
ble del ser de cada uno. “combinarlo todo con vistas al logro
(personalización) del individuo” por medio de su integración
al grupo en que culminará la humanidad.

139 Ibid., p. 157.


140 Ibid., p. 160.
117
Federico César Lefranc Weegan

Propone tres soluciones que convendría expresar y garan-


tizar, respecto a la cuestión de los derechos del hombre en este
contexto:
1.- En este proceso de organización el individuo no tiene
derecho a permanecer ocioso porque el perfeccionamiento de
los demás depende de su propio perfeccionamiento.
2.- La sociedad debe tender a favorecer el desarrollo com-
pleto de lo más original de cada uno.
3.- “En ningún caso pueden las fuerzas colectivas obligar
al individuo a deformarse o a falsearse”141 Toda limitación
impuesta a la autonomía, sólo puede ejercerse conforme a la
estructura interna y libre de dicho elemento.
Personalizarse sería un deber absoluto, sería un derecho
relativo hallarse en las mejores condiciones para hacerlo y un
derecho absoluto “no verse deformado por la coacción exter-
na, sino superorganizado interiormente por persuasión..” 142
Quincy Wright, Profesor de Derecho Internacional de la
Universidad de Chicago.
La base para una declaración universal de derechos se en-
contraría en las características biológicas, psicológicas o espi-
rituales comunes que persisten sobre las diferencias culturales
o bien en los elementos comunes de culturas diversas.
Habría dos posibles puntos de partida: el individuo an-
tes de toda cultura, o los elementos comunes abstraídos de la
cultura universal. Los elementos del primer punto de vista los
han proporcionado los biólogos, los psicólogos y los filósofos
al describir al hombre.
Los elementos del segundo punto estarían presentes en las
grandes religiones, pero también han sido identificados por
sociólogos e historiadores.
Identifica tres problemas propios de toda formulación de
derechos del hombre: 1) del hombre contra el grupo, 2) del
grupo contra el grupo y 3) del grupo contra el mundo.

141 Ibid., p. 161.


142 Ibid., p. 162.
118
Holocausto y Dignidad

No puede haber un sólo intérprete de los derechos del


hombre, ni únicamente el individuo ni sólo la sociedad.
El problema del hombre contra el grupo se halla sin resol-
ver, aunque los Estados han reconocido y tratado de resolver
la necesidad de establecer un compromiso entre los intereses
individuales y sociales.
Una declaración internacional de derechos del hombre
sería más bien la declaración de una aspiración. El manteni-
miento de esos derechos requeriría de organismos interna-
cionales para asegurarlos. La declaración no constituiría una
norma formal, sólo fijaría los derechos.
Al comentar el problema del grupo contra el grupo cita el
manifiesto “del señor Mora del Uruguay” el cual refiere que
“Necesitamos declarar ahora que el hombre es el elemento
más importante de cualquier género de ley, nacional o inter-
nacional”.143 A pesar de ello, afirma Wright refiriéndose a los
conflictos internacionales, mientras la supervivencia de un
Estado dependa de su unidad, éste no cederá el control de la
ley aplicable dentro de sus dominios.
Sin embargo se pueden crear las condiciones en las que
las relaciones de grupos sean de cooperación y expectativa
de paz. El problema del grupo contra el mundo en relación
con la protección de los derechos, lleva al problema de dónde
colocar la acción de las Naciones Unidas; fuera de la acción
reservada a la jurisdicción interna de los Estados o aceptando
que dicha protección está a merced de la jurisdicción interna
de cada Estado. Los antecedentes sobre una queja india rela-
cionada con Africa del Sur, y de la declaración de Nuremberg
en relación a que “una ‘Ley de Estado’ no puede proteger a los
individuos acusados por delitos contra la ley internacional”.144
Sugieren que la acción de las Naciones Unidas se debería co-
locar fuera de la jurisdicción interna de los Estados. Sobre

143 Ibid., p. 221.


144 Ibid., p. 224.
119
Federico César Lefranc Weegan

todo considerando los atropellos cometidos por algunos Es-


tados contra sus minorías.
Así, los derechos del hombre permitirían interpretar que
es responsabilidad, tanto de los Estados como de las Naciones
Unidas el protegerlos, abandonando para la declaración pro-
puesta los conceptos absolutistas del individuo, del Estado y
de la comunidad mundial. Y considerando para su definición
la naturaleza originaria del hombre.

John Somerville, Profesor de Filosofía en el Hunter Co-


llege de Nueva York.

Las concepciones democráticas del Soviet y del Occidente


difieren en el ámbito del problema y en el modo de instru-
mentación, pero ambas partes reconocen los derechos ina-
lienables que poseen los seres humanos.
Respecto al ámbito, Occidente ha puesto el acento en los
derechos políticos, y el Soviet ha resaltado los derechos so-
ciales.
En cuanto al modo, las democracias occidentales se han
centrado en la libertad del individuo respecto de la interfe-
rencia del gobierno, y el Soviet ha destacado la planeación
gubernamental.
Somerville considera que estos son aspectos complemen-
tarios que aparecen como etapas distintas del crecimiento del
principio democrático. La esperanza radicaría en la posibili-
dad de alcanzar para todos, las dos condiciones, “la libertad
política frente a la arbitraria acción del gobierno, y la libertad
social en relación con los medios de desarrollo físico y men-
tal”.145
En ninguna de las concepciones hay algo intrínseco que
impida su crecimiento. La importancia dada a cada principio
“fue consecuencia de problemas concretos y apremiantes de
tiempo y de lugar.” Así la preeminencia de determinados de-
rechos dentro de cada sistema no fue accidental. Al momento

145 Ibid., p. 228.


120
Holocausto y Dignidad

de su análisis Somerville considera posible la cooperación,


concentrándose en las coincidencias. En un esfuerzo que in-
volucre la educación.
Hace ver además, que habría que excluir explícitamente de
las Naciones Unidas al fascismo y su versión alemana, el na-
zismo, porque estas filosofías rechazan por principio la idea
de la hermandad entre los hombres y de la igualdad de dere-
chos. Siendo doctrinas sustentadas en la superioridad racial y
en la guerra de agresión, constituyendo por tanto un obstácu-
lo al desarrollo de la paz y de los valores democráticos.

Kurt Riezler, Profesor de Filosofía de la Facultad para


Graduados de la Nueva Escuela de la Investigación So-
cial, Nueva York.

La idea original del derecho natural incluía derechos y de-


beres. La insistencia en los sólos derechos se desarrolló en el
siglo XVIII, a mediados del siglo XX, nuevamente se recono-
ció que los derechos estaban condicionados por los deberes.
Un ejemplo serían las regulaciones que ahora limitan al dere-
cho de propiedad.
Así, cualquier formulación de derechos debería incluir un
código de deberes. El peligro radica en que es el Estado quien
decide si se han respetado las obligaciones y en que medida se
atienden los derechos del hombre. La única obligación cuyo
reconocimiento no correría este peligro sería la de que todos
reconocieran los derechos del hombre de los demás.
Los deberes pueden desarraigar a los derechos cuando se
interpretan como deberes con el ‘bienestar público’, ‘la socie-
dad’ y el Estado.
La formulación de deberes del ciudadano incluiría la de
deberes del Estado, pero advierte el autor: “aunque el Estado
puede forzar al ciudadano, el ciudadano no puede forzar al
Estado a respetar esos deberes”.146

146 Ibid., p. 235.


121
Federico César Lefranc Weegan

Por ello cualquier código que condicione los derechos a


los deberes para con la sociedad o el Estado permitiría que
– por ejemplo un jefe totalitario – impusiera los deberes y
descuidara los derechos.
Por eso un código de derechos debería limitarse a aquellos
que como condiciones mínimas de la libertad, pueda respe-
tar cualquier Estado, v.g. las ‘viejas’ libertades civiles. Porque
cualquier adición de deberes, significaría en la práctica un
debilitamiento.

Levi Carneiro, Asesor jurídico del Ministerio de Asun-


tos Extranjeros de los Estados Unidos del Brasil.

Primero se declararon los derechos civiles y políticos, más


adelante los económicos o sociales. Se han enunciado a la vez
las garantías para hacerlos efectivos. Por la extensión de estas
garantías se puede juzgar el valor de los regímenes políticos.
Es interesante que destaca la privación de los derechos socia-
les que sufren los extranjeros.
Los dictadores que mantienen la opresión lo hacen a par-
tir de la modernas armas y de los recursos del erario público.
Entonces se pone de manifiesto la insuficiencia de las decla-
raciones nacionales.
La proclamación conjunta constituiría una garantía para
el hombre y para el desarrollo de su personalidad, a la vez
sería prueba de la identidad política de las naciones, y serviría
de guía a los legisladores de los distintos países. “Las relacio-
nes entre los Estados se basan en el postulado siguiente: el
régimen interior de cada nación interesa a la comunidad de
las naciones.” 147
Al conciliar los dos conceptos políticos divergentes la de-
claración sería un factor de paz. Debería ser una declaración
más extensa y completa que cualquiera de las nacionales. A
la vez habría que infundir a los derechos y libertades decla-

147 Ibid., p. 266.


122
Holocausto y Dignidad

rados, una garantía real y eficaz. Debería ser una declaración


obligatoria.
Un mínimo de derechos declarados; a la vida, la libertad,
el trabajo, la educación, la igualdad, la participación en el go-
bierno de propio país; será exigido para el reconocimiento de
un gobierno democrático.
Cada uno de estos derechos implica a otros, v.g. el derecho
a la vida implica el derecho al mínimo vital, a la salud, a la
protección del Estado, etc.
La Convención habría de subordinar las relaciones in-
ternacionales a reglas de derecho seguras y precisas. Con un
órgano central que controlara la ejecución, Y un Tribunal en-
cargado de la jurisdicción. Y como última etapa un Tribunal
autónomo para garantizar los derechos, al que pudieran recu-
rrir los individuos en contra de los Estados

F. S. Northrop, Profesor de Filosofía y Derecho de la


Escuela de Derecho de la Escuela para Graduados de
la Universidad de Yale.

Una declaración de derechos para todas las naciones ten-


dría que fundarse en algunas de las instituciones aceptadas
por todos los pueblos. Sin embargo las declaraciones no sue-
len entenderse así. Esto se demuestra analizando el concepto
tradicional anglo americano y francés de libertad. Se tiende
a pensar que los derechos que la declaran agotan su signi-
ficado, aunque este concepto de libertad esté concebido en
términos puramente políticos. Las sociedades basadas en las
declaraciones tradicionales han desarrollado culturas de “va-
lores mercantiles de laissez faire” dejando sin sostén los de-
más valores y aspiraciones de la humanidad. Una declaración
de derechos como la que se pretendía no podía considerar los
valores de una sola tradición. Pero debería sacar a la luz los
supuestos básicos de los valores e ideología de cada nación.
A pesar de que algunas ideologías se contradigan se de-
bería garantizar el tipo de mundo en que hubiera muchas
ideologías, con pluralidad de valores y un procedimiento que
123
Federico César Lefranc Weegan

obligara a los pueblos a ir más allá de sus propias ideologías


cuando las contradicciones entre éstas amenazaran la paz
mundial.
Así los supuestos básicos de la utopía política francesa y
angloamericana nacen de los empiristas ingleses. La filosofía
de Marx tendría raíces en Hegel, Fuerbach y los socialistas
franceses. Ambas filosofías argumentan a su favor un susten-
to científico, apoyado en información empírica. Así, los con-
flictos ideológicos se pueden discutir a la luz de la ciencia.
La consecuencia de ello es que la declaración debería ga-
rantizar por un lado la posibilidad de expresión de todas las
ideologías – aún divergentes – del mundo. Y por el otro debe-
ría garantizar la libertad de investigación científica y filosófica
para encontrar los medios de resolver los conflictos ideológi-
cos del mundo.

Chung-Shu Lo, Profesor de Filosofía de la Universidad


de China Occidental.

Al hablar de la tradición china, nos aclara que no se desa-


rrolló un equivalente a la palabra “derechos”, sin embargo en
la práctica estos fueron reclamados o gozados por el pueblo
chino a través de su historia. Destaca el hecho de que el tér-
mino “revolución”, esté asociado a altos ideales y ha permi-
tido justificar el derecho del pueblo a derrocar a los malos
gobernantes. Del Libro de la Historia recupera la máxima que
afirma que “Cuando el soberano no gobierna ya para bien del
pueblo, éste tiene el derecho a rebelarse contra él y destronar-
lo”. Este derecho se ejerció cada vez que el último gobernador
de la dinastía en turno se convertía en tirano.
Apoyándose en la filosofía de Mencio, establece una escala
de importancia: primero el pueblo, luego el Estado y por úl-
timo el soberano.
Afirma que el concepto ético fundamental consiste en “el
cumplimiento del deber para con el prójimo, no la reclama-

124
Holocausto y Dignidad

ción de los derechos”.148 Esta enseñanza lleva a considerar a


todos los hombres como movidos por los mismos deseos y
por lo mismo merecedores de los mismos derechos.
Aunque, en la antigüedad, sólo los gobernantes recibían
educación clásica, al gobernante, conforme al principio básico
del pensamiento político chino, se le inculcaba como respon-
sabilidad fundamental, el interés del pueblo. La desventaja era
la dependencia de la buena voluntad del gobernante.
Para los derechos del hombre moderno, considera exi-
gencias básicas una declaración breve y clara, “amplia aun-
que concisa, fundamental aunque elástica”149 sostenida en el
derecho a la vida; el derecho a la expresión de sí mismo y el
derecho al goce.
Respecto del derecho a la vida escribió: “Cada individuo
debería tener derecho a exigir su parte dentro de la sociedad
y dar su propia contribución, y ningún individuo debería te-
ner derecho a poseer más de su parte ni a vivir ociosamente a
expensas de los demás”.150
Del derecho a la expresión de sí mismo “No sólo quere-
mos vivir, sino también vivir con un sentimiento de dignidad
y de confianza en nosotros mismos.” Toma en consideración
que somos seres sociales y que la contribución posible del in-
dividuo a la sociedad se soporta en el grado máximo posible
de autoexpresión de cada uno. Incluyendo como una forma
de autoexpresión, el derecho de los grupos nacionales a au-
todeterminarse.
Y el derecho al goce lo justifica en la afirmación de que
la vida del individuo debe ser interiormente disfrutable: “la
paz del espíritu individual es condición necesaria para la paz
del mundo”151, relacionando este derecho con la cantidad de
tiempo libre, con la posibilidad de reparar fuerzas y gozar de
la vida, incluyendo el goce estético, intelectual, cultural y reli-

148 Ibid., p. 281.


149 Ibid., p. 282.
150 Ibid., p. 283.
151 Ibid., p. 284.
125
Federico César Lefranc Weegan

gioso. De este último afirma la necesidad de tolerancia tanto


para las religiones como para el ateísmo.
Establece niveles para los derechos: a la vida, en el nivel
biológico y económico; a la expresión de sí mismo en el nivel
social y económico y al goce, en el estético y espiritual.
Pide a las naciones que se hagan conscientes de que el
mundo es un todo orgánico, de la necesidad de trabajar en
común, de que cada individuo constituye un fin en sí mismo,
y que por lo mismo todas las instituciones no son más que
medios para desarrollarlo, que cada uno debe respetar, como
propios, los derechos de los demás y de que el máximo logro
de cada uno es su mejor contribución.

Hamayun Kabir, Poeta y Filósofo, Profesor del a Uni-


versidad de Andhra y Calcuta.

Afirma que una declaración de derechos del hombre de-


bería realizarse en un plano global, porque cualquier cosa que
suceda localmente repercute en el resto del mundo. Pide uni-
formidad entre los países y dentro de cada uno de ellos. Al te-
ner cada vez mayor contacto las diversas regiones del mundo,
una carta de derechos humanos debe considerar un mundo
común.
Hace notar cómo, a partir del concepto occidental. han
sido sólo algunos europeos los beneficiarios de los derechos.
Pero cómo, de mejor manera, el antiguo Islam sobrepasó las
diferencias raciales a partir de su propia teoría y práctica de
la democracia.
Así el problema del siglo XX consistiría en conciliar las
demandas de libertad y de seguridad. Por un lado debe ase-
gurarse al individuo la satisfacción de un mínimo de requisi-
tos relacionados con su existencia, v.g. comida y vestido sufi-
cientes; una habitación que permita el descanso y el disfrute
del tiempo libre; educación; servicios de salud, etc.
Por ello la demanda de seguridad tiene prioridad sobre la
de libertad, que se desarrollaría una vez conseguida la prime-
ra. El problema consistiría en establecer cuál es el mínimo de
126
Holocausto y Dignidad

los requisitos mencionados. De aquí deriva la importancia de


la democracia pues, afirma, sería la comunidad la que deci-
diera el grado de control y autoridad del Estado para asegurar
este mínimo. “Sin la democracia política, la posibilidad misma
de una democracia social y económica queda destruida”.152 A
la vez la democracia permite realizar los derechos humanos.
De aquí resulta la necesidad de que una autoridad mun-
dial, fundada en la voluntad de todos los grupos e individuos
del mundo, asegure los derechos humanos. Esta autoridad
habría que crearla.

S. V. Puntambekar, Director de la Facultad de Ciencias


Políticas de la Universidad de Hagpur.

Se refiere a aquello que forja ideales y valores vitales en la


conciencia del hombre, más allá de su condición ordinaria.
Admite que en la naturaleza del hombre hay una complejidad
sin fin. Por ello las exigencias de las grandes personalidades
no pueden ser satisfechas por ningún sistema, orden ni ley.
En todo sistema, entonces, habría algo por descubrir. Por eso
el hombre quiere libertades.
“La libertad es indispensable porque la autoridad no es
creadora. La libertad posibilita plenamente el desarrollo de la
personalidad y crea las condiciones necesarias para su creci-
miento”.153 Crítica la rigidez, inflexibilidad e intolerancia de
las actitudes políticas, religiosas, culturales y económico-so-
ciales.
Afirma que no hay ya seres humanos en el mundo: “sólo
hombres religiosos, hombres raciales, hombres de castas,
hombres de grupos”. Habiendo desaparecido ya todo concep-
to de humanidad y tolerancia. Motivo por el que se estaría
viviendo una guerra de exterminio entre grupos opuestos. De
allí el requisito que pide de “ser hombre” antes de establecer el
contenido y cualidades de las libertades humanas.

152 Ibid., p. 291.


153 Ibid., p. 294.
127
Federico César Lefranc Weegan

La búsqueda de la destrucción como objetivo, del despo-


tismo, de la conquista del orbe y del nuevo orden mundial
habrían eliminado todo sentido de humanidad en la política.
Pide contar con los derechos a la resistencia pacífica y a la
autonomía. Afirma que deseamos librarnos de la miseria y de
la guerra; librarnos del concepto que permite al Estado, la co-
munidad y la Iglesia, absorber todo, forzando a los individuos
a modos preestablecidos de vivir. Por ello habría que renun-
ciar a “algunas de las supersticiones de la ciencia material y de
la razón limitada, que hacen al hombre demasiado terrenal”
afirma también que “las exigencias de la tecnocracia econó-
mica, de la burocracia política y de la idiosincrasia religiosa
están destruyendo la libertad del hombre”.154
Sustentado en las doctrinas de Manú y de Buda propo-
ne basarse en cinco libertades sociales y en cinco virtudes
individuales: la liberación de la violencia, de la miseria, de
la explotación, de la deshonra, y de la muerte o enfermedad
tempranas. Las virtudes; ausencia de intolerancia, compasión,
sabiduría, libertad de pensamiento y de conciencia y libera-
ción del miedo. Este dualismo de libertades y virtudes debería
establecerse en cualquier esquema elaborado para el bienestar
del hombre.
Por sí, los derechos clásicos, a la vida, a la libertad y a la
propiedad no serían suficientes. Las libertades y virtudes hu-
manas deberían ser más precisas y abarcar más. Además ha-
bría que desarrollar un hombre nuevo provisto de esas liber-
tades y virtudes. Sólo así se libraría el hombre de un posible
desastre que pudieran causar las armas, máquinas, ideologías
y credos de los poderes despóticos.

Aldous Huxley, Novelista y ensayista inglés.

Afirma que los enemigos de la libertad eran en ese mo-


mento la presión de la población sobre los recursos, la ame-
naza de guerra mundial y su preparación.

154 Ibid., p. 296.


128
Holocausto y Dignidad

La presión de la población sobre los recursos constituye


una amenaza por diversos factores como la erosión de los
suelos, el aumento de población, el agotamiento de los recur-
sos minerales, el aumento en la demanda de bienes de con-
sumo. Todo ello en conjunto hace que los individuos tengan
que trabajar cada vez más intensa y largamente para ganarse
pobremente la vida.
Donde la intervención vigorosa del poder centralizado es
necesaria para reducir el caos social, existe el riesgo de tota-
litarismo.
Pronostica además un empeoramiento cualitativo de la
población de Europa occidental.
Afirma también, que el temor a otra guerra mundial y la
preparación que esto conlleva han ocasionado la concentra-
ción de más poder político y económico. Pero la experiencia
ha demostrado que “ningún individuo o grupo de individuos
está capacitado para tomar a su cargo grandes poderes por
largos periodos de tiempo”155, por ello es necesario limitar la
duración de la autoridad que se confiere.
A la vez, escribe, se impone a las masas la servidumbre mi-
litar, que se utiliza como instrumento de control y coerción.
Considera que aliviar la presión de las masas sobre los re-
cursos es un problema de ciencia pura y aplicada, y que el
problema de la guerra es un problema de ética para los hom-
bres de ciencia. Hace hincapié en los gastos de las naciones en
investigar técnicas de destrucción masiva. Considerando que
esa inversión se podría consagrar al problema de la alimenta-
ción. Al reducir la presión sobre los recursos, desaparecería
una de las razones del control sobre los individuos.
Por otra parte afirma que ha sido la ciencia aplicada la que
ha propiciado la creación de industrias monopólicas controla-
das por capital privado o por gobiernos centralizados, con la
consiguiente concentración de poder económico. La ciencia
también ha acrecentado el poder destructor de la guerra, y po-

155 Ibid., p. 301.


129
Federico César Lefranc Weegan

sibilitado el Estado totalitario. Desde los lanzallamas hasta las


cámaras de gas y las explosiones atómicas son productos de la
ciencia. Esto lo lleva a expresar la necesidad de revalorar el pa-
pel que juega la ética en cuanto a los hombres de ciencia:
“¿Hasta que punto está justificado un hombre para seguir
una línea de conducta profesional que, aunque no suponga
ninguna injusticia inmediata, origina consecuencias sociales
que son evidentemente indeseables o manifiestamente malas?
Hablando más específicamente, ¿hasta que punto es recto para
el teórico de la ciencia y para el técnico participar en una obra
cuyo resultado será aumentar la concentración del poder en
manos de la minoría gobernante y proveer a los soldados de
medios para el exterminio en gran escala de los civiles?”.156
El problema por resolver se relacionaría entonces con la
filosofía y con la moral social.

R W. Gerard, Profesor en el Departamento de Fisiolo-


gía de la Universidad de Chicago.

Los científicos, producen cambios, son autocatalizadores


de la evolución social. La ciencia crea el ambiente donde vi-
ven los hombres y propone puntos de vista acerca de cómo
deben vivir los hombres. La biología por ocuparse de siste-
mas constituidos, tiene mucho que decir acerca de las fuer-
zas que actúan sobre las comunidades. Los hallazgos sobre
comunidades celulares parecerían válidos para comunidades
de animales; la ciencia “trata de considerar el problema de los
derechos y deberes humanos como un caso especial de ese
problema de la parte y el todo que se halla ejemplificado en
los organismos vivos”.157
El hombre individual y el hombre comunal existen simul-
táneamente en una dicotomía ineludible, el hombre trabaja
por su conservación y por la conservación del grupo. El me-
dio ambiente donde ejerce control difiere si se refiere a lo físi-

156 Ibid., p. 306.


157 Ibid., p. 310.
130
Holocausto y Dignidad

co, biológico, psicológico, sociológico, jurídico. Los derechos


y deberes dependen siempre de un medio ambiente. Una in-
terpretación de la libertad permitiría afirmar que “la libertad
más completa la goza la persona (o el grupo) que más com-
pletamente se amolda al a cultura prevaleciente”.158
Los derechos del hombre serían intentos de delimitar, nun-
ca de forma absoluta, el ámbito del individuo. Pero hay que
considerar que conforme cambia la sociedad se crean nuevos
problemas en cuanto a los derechos. El autor considera que
codificar en leyes los derechos y los deberes es útil, pero pro-
voca su cristalización, porque el cambio continúa. Por ello los
códigos deberían ser flexibles.
Donde hay menos rigidez el poder se ejerce por persua-
sión. A la vez, en biología, a medida que aumenta la influen-
cia recíproca entre el todo y la parte, las fuerzas pasan de un
control mecánico a un control comunicante.
“La sociedad es una especie de epiorganismo, y la evolu-
ción social no puede violar las leyes generales de la evolución
biológica, por extraordinaria que sea en casos particulares”.159
Afirma que el biólogo no puede proporcionar detalles sobre
los derechos pero que puede decir que “los derechos mínimos
serán universales”, “algunos derechos deben abolirse cuando
se piden otros nuevos”, el dualismo del hombre es ineludible y
cualquier extremo es insostenible, el individuo tiene derechos
y deberes respecto al grupo, o la sociedad. A la vez el grupo o
la sociedad tienen derechos y deberes respecto a él.
Cualquier declaración de derechos es imperfecta, por lo
que debería preverse la posibilidad de reexaminarla y refor-
mularla periódicamente.

J. M. Burgers, Profesor de Hidrodinámica y Aerodiná-


mica en la Escuela Superior Técnica de Delft, Holan-
da.

158 Ibid., p. 311.


159 Ibid., p. 314.
131
Federico César Lefranc Weegan

Postula derechos y deberes relativos a la expresión creado-


ra en el terreno científico, entre los cuales están:
Libertad de expresión creadora salvo que resultare un
daño para otro pueblo. Las restricciones serían impuestas por
autoridades constitucionales con la opinión de representantes
científicos y educativos.
Es deber de la comunidad aportar de sus fondos para de-
sarrollar las capacidades de sus miembros mejor dotados.
Igualmente para desarrollar la investigación científica ten-
diente a satisfacer las necesidades de la humanidad. Es deber
de la comunidad brindar una educación para la cooperación
y la ciudadanía. Deberá contarse con la garantía de cuerpos
internacionales para la explotación de aplicaciones que pue-
dan afectar amplios sectores de la humanidad, por ejemplo la
energía atómica.
Libertad y libre acceso a la publicación e intercambio cien-
tíficos. No admite el secreto en la investigación científica sino
excepcionalmente. La responsabilidad por lo que se publica
y cómo se publica es del científico. El deber de insistir en la
necesidad de considerar las consecuencias sociales y morales
de la ciencia.
Destaca entre los problemas referidos al trabajo creador,
las libertades de expresión, del escritor y el artista, y las de in-
vestigación y publicación científica y filosófica. Y la necesidad
de garantizar estas libertades.
Hace notar el problema específico de las decisiones sobre
la fuerza que resulta del dominio de la ciencia. A la vez, cómo
es que los hombres de ciencia van perdiendo el dominio sobre
los resultados de su trabajo. Y cómo, al estar acostumbrados a
enfocar su análisis a base de detalles, les resulta difícil “trazar
grandes cuadros de síntesis”.
Promueve la libre discusión de las ideas más diversas, aún
en cuestiones religiosas y políticas, y no mutilar “el libre ejer-

132
Holocausto y Dignidad

cicio de la responsabilidad personal y de la conciencia mo-


ral”.160
Propone que , sin esperar reciprocidad, un grupo al me-
nos, empiece a marchar en la dirección justa.

W. A. Noyes, Profesor de Química en la Universidad de


Rochester.

Los progresos recientes de la ciencia y su aplicación a la


guerra estarían convirtiéndola en un importante factor de es-
clavización de la humanidad.
El investigador científico se estaría ligando al destino de
las naciones. Debe por ello luchar por mantener su libertad
de acción. El mundo se halla más interrelacionado, la miseria
en una nación tendría consecuencias en otra muy lejana. Lo
mismo sucedería con el derroche de recursos de una nación
privilegiada.
Esta interrelación plantea un conflicto de largo alcance,
entre las aspiraciones nacionalistas y la necesidad de genero-
sidad. Por lo pronto ciertos derechos del hombre de ciencia
deberían ser limitados por el bien común. Algunas libertades
como viajar, difundir noticias estarán especialmente ligadas a
la esfera política.
El primer deber sería contribuir a eliminar la miseria y la
enfermedad, para ello se requeriría entre otras cosas mayor
educación científica universal.
Cada cultura podría contribuir, contando con sus diferen-
cias, a la felicidad de los hombres. “Tal vez la mayor contribu-
ción del hombre de ciencia a la conservación de los derechos
del hombre consista en educar al mundo para una libre discu-
sión de todos los asuntos sin que intervengan animosidades
personales”.161
La intolerancia se debería atenuar a partir de la compren-
sión de los postulados básicos de la esfera social. El objetivo

160 Ibid., p. 322.


161 Ibid., p. 327.
133
Federico César Lefranc Weegan

del político sería evitar la guerra, el del científico liberar a la


sociedad de la angustia económica.
“Si se hace esto, y si hay un periodo lo bastante grande de
paz, se podrán elaborar gradualmente los derechos del hom-
bre, y así se desarrollará un código moral que adapte al géne-
ro humano a un mundo científico”.162

René Maheu, Jefe de la Sección de la Libre Difusión de


Información de la Unesco.

La realidad que muestra la sociología moderna, a partir de


la realidad económica y técnica, ha demostrado que es erró-
neo considerar la libertad de información como complemen-
to de la libertad de expresión. Los técnicos de la información
se basan en la psicología de masas y no en la individual. Existe
una industria que explota la opinión y el comportamiento de
las masas, de este mecanismo no se podrían desentender ni la
moral ni la política.
Para impedir esta alienación sería necesario que la infor-
mación fuera objeto de derecho y de deber. Ello significaría
una revisión radical de la función de la información. Signifi-
caría considerarla “desde el ángulo de la dignidad de aquellos
que, en adelante, tienen derecho a que se les proporcionen
los medios de pensamiento libre.” Desde ese momento serían
intolerables las prácticas y estructuras que la han convertido
en instrumento de explotación de conciencias alienadas. El
derecho a la información sería prolongación del derecho a la
educación.
Como información no habría de buscarse la objetividad
mecánica sino la presentación desinteresada de los materia-
les. Lo que caracteriza a la información es su disponibilidad.
El contenido legítimo de este derecho se definiría en función
de las necesidades de la formación humana.
Aquí Maheu sugiere que en el ejercicio de este derecho
se introduzcan consideraciones histórico-sociológicas pues

162 Ibid., p. 328.


134
Holocausto y Dignidad

“no todos los grupos necesitan igual información”. 163 Estas


consideraciones afectarían más al derecho de expresión de
opinión, no como limitaciones externas, sino como la acep-
tación de la responsabilidad que entraña este derecho. Sería
la responsabilidad la que determinara la extensión válida de
este derecho.
Propone una revalidación inacabable de la democracia en
un proceso donde al fin, “la política abdica ante la moral y se
sume en ella”. 164

I.L. Kandel, Profesor honorario de Educación en el


Teachers’ College de la Universidad de Columbia.

La educación es la única condición esencial para la rea-


lización de los derechos del hombre. Kandel aclara cómo en
un primer momento histórico lo que se hacía era inculcar al
joven las doctrinas religiosas de la secta. En un segundo mo-
mento se imponía el sentido de lealtad para el grupo políti-
co. En los dos casos se perseguía una disciplina conformista.
En el momento de escribir, consideraba indispensable que se
incluyera la educación como derecho universalmente reco-
nocido. Afirma que se ha olvidado que una educación para
la libertad, requiere la disciplina necesaria para apreciarlas
consecuencias morales de nuestras acciones. Requiere un re-
conocimiento inteligente de la responsabilidad y el deber.
Advierte cómo, con la bandera del nacionalismo, se ha
usado la educación para promover el separatismo y el racis-
mo. Y cómo sólo la educación permitirá alcanzar las metas
comunes inherentes al ideal de los derechos del hombre.

Margery Fry, Secretaria General de la Liga Howard


para la Reforma Penal.

En la relación individuo Estado el caso límite de afecta-


ción de derechos se da cuando es acusado o condenado por

163 Ibid., p. 332.


164 Ibid., p. 335.
135
Federico César Lefranc Weegan

haber violado la ley: “la comunidad ha asumido el derecho a


protegerse a sí misma contra estos enemigos interiores, me-
diante la acción conjunta de la ley”. 165
En la historia de la definición del Derecho Penal, se ha
abordado poco la cuestión de qué límites deberían fijarse para
que el delincuente pierda sus derechos legales. Pérdida que ha
veces es completa, pues incluye la vida.
Entonces la autora se pregunta: ¿hasta qué punto está au-
torizado el Estado a despojar a un delincuente temporal o
permanentemente de sus otras libertades? ¿Tiene el ser hu-
mano algunos derechos de los que la comunidad no puede
despojarlo sin incurrir en una sanción moral?
Refiere la cantidad de sufrimiento que se hubiese ahorrado
si hubiera prevalecido el punto de vista de Beccaria, y cita:
“Donde las leyes permiten que un hombre, en determinados
casos, deje de ser una persona para convertirse en una cosa,
no existe la libertad.”

Hace notar el trato cruel que en ese momento se daba a


las minorías raciales o políticas en diversos países, cuando se
les acusaba de desobedecer una ley que era benéfica para la
mayoría, no para ellos.
De allí la intención de que se estructurara un Reglamento
mínimo para el trato de los reclusos, que estableció un nivel
mínimo admisible para los sistemas penitenciarios. Conside-
ra la autora que es este reglamento, bien llevado el que podría
asegurar que el hombre en prisión no pasara a “ser una cosa”.
Porque en todo caso un delincuente justamente condenado no
tendría que renunciar a reclamar una existencia tolerable. Sin
embargo Fry duda que algún país hubiera observado siquiera
los niveles mínimos. Menciona que se habría ya demostrado
que el sufrimiento inflingido deliberadamente por el Estado
en la prevención del delito, es mayor de lo que podría justifi-

165 Ibid., p. 373.


136
Holocausto y Dignidad

car el cálculo utilitario. Además saca a la luz el trato que se da


a las personas encarceladas pero no juzgadas ni condenadas.
Resultaría difícil ofrecer garantías a los reclusos cuando su
voz es enfrentada a la de la autoridad desde dentro de los mu-
ros. Por ello, para la defensa de esa “fracción particularmente
indefensa del género humano” la mejor garantía la constituye
una opinión pública bien informada.166
Los temas básicos analizados en los trabajos preparato-
rios
El único criterio que se usó para situar estos temas se apega
al momento en que fueron planteados; en el verano de 1947,
como aspectos a analizar con miras a la nueva declaración.
Ese era el contexto, los que siguen fueron los temas:

El problema del s. XX: conciliar libertad con seguridad.

La seguridad de la paz se presentaba como condición vital


para el reconocimiento de valores. Esta demanda de seguri-
dad se planteaba como prioritaria sobre la de libertad. Una
de sus justificaciones nacía del derecho de la comunidad para
protegerse de los enemigos interiores.
A la vez los enemigos de la libertad eran la presión sobre
los recursos y la amenaza de guerra. La solución del primer
problema correspondería a la ciencia, la del segundo a la éti-
ca para los hombres de ciencia. El objetivo del político sería
evitar la guerra.

La necesidad de identificar principios y valores

La dificultad del momento se manifestaba en una crisis de


valores individuales y sociales. Se proponía un debate acerca
de los principios que deberían servir de base a la dignidad y a
la civilización humanos.
Se reconoció la naturaleza compleja del hombre. Se criti-
caron la rigidez, inflexibilidad e intolerancia, política, religio-
sa, cultural y económica. Se planteó la existencia de derechos

166 Ibid., p. 378.


137
Federico César Lefranc Weegan

más primitivos que aparecían como función de la existencia


misma de la sociedad.
Los derechos naturales serían afirmaciones de fines huma-
nos, para perseguir y realizar valores. La ley natural requeriría
ser completada por la ley humana y nunca acabaría de enri-
quecerse. Las doctrinas de la ley natural no debían confundir-
se con la propia ley natural.
Un principio consistiría en reconocer a cada ser humano
como unidad, con un destino, derechos y deberes.
A la vez se preveía la necesidad de establecer una esca-
la de valores – determinar cuáles serían los valores claves
– para concertar los derechos entre sí. Habría que establecer
una nueva clasificación de los valores en el seno de las demo-
cracias. Esta escala preservaría de limitaciones a los derechos
esenciales. Los valores y los principios permitirían precisa-
mente identificar estos derechos esenciales, v.g. como prime-
ro de ellos estaría el derecho a la vida (como alma y espíritu)
y a asegurar la subsistencia. La primera garantía sería contra
la muerte por hambre, el primer derecho la libertad de vivir
de manera propia.
Lo importante serían los principios y la justificación ra-
cional de los derechos, como ejemplo tendríamos desarro-
llo de la personalidad como principio cuya valoración sería
contingente. Se afirmó que determinado orden ideal permitía
imponer exigencias morales válidas en los mundos de la ex-
periencia, de la historia y del hecho. Por ejemplo en China
la escala de valores para gobernar situaba primero el pueblo
luego el Estado por último el soberano.
Existiría un principio fundamental reconocido tanto por
los demócratas políticos como por los demócratas sociales, que
también habría que identificar. Habría derechos que debían ser
reconocidos como universalmente valederos y que no podrían
ser afectados por consideraciones de utilidad social. Derechos
de los que no podríamos ser despojados por la comunidad.
La negación de la universalidad de los derechos tendría
como consecuencia, posibilitar una política donde el fin justi-
138
Holocausto y Dignidad

ficara los medios. Se cuestionó la rectitud de aquellas acciones


que no suponen una injusticia inmediata pero cuyas conse-
cuencias sociales son dañinas.

La dignidad y el hombre

Se sostuvo que el hombre es el elemento más importan-


te de cualquier género de ley. En la dignidad humana se en-
contraría el principio de unificación según el cual se han de
ejercer la totalidad de los derechos. Se deberían proclamar
derechos que permitieran al hombre el desarrollo de su per-
sonalidad y el respeto de su dignidad. Cada individuo sería
visto como fin, las instituciones serían medios para desarro-
llar al individuo.
Las referencias a la dignidad remitían a Marx; el hombre
habría de poder producir, disfrutar de sus obras y vivir en co-
munión con los demás. Los derechos como clave de la digni-
dad humana, nunca serían catálogos completos. El mero pro-
nunciamiento respecto de la fe en la dignidad de la persona y
en sus derechos fundamentales no era un valor suficiente para
solucionar divergencias.
Había una preocupación general, expresa por la cosifica-
ción del ser humano, preocupación específica en los casos del
trabajador y del preso. El prisionero no tendría que renunciar
a reclamar una existencia tolerable. Se pedía asegurar que el
hombre en la prisión no pasara a ser una cosa. Y se advertía que
la maquinización a la que se sometía a los obreros dificultaría
su integración responsable en una comunidad democrática.
Ninguna persona debería quedar expuesta a convertirse
en presa o instrumento de otra persona. En ningún caso po-
drían las fuerzas colectivas obligar al individuo a deformarse
o a falsearse.

Las declaraciones de derechos viejas y nuevas

Las bases de una declaración estarían en las característi-


cas comunes que persisten sobre las diferencias culturales y

139
Federico César Lefranc Weegan

su definición debiera considerar la naturaleza originaria del


hombre. No podría haber un sólo intérprete de los derechos
del hombre.
El acuerdo de promulgar una declaración no implicaba
una filosofía única pero proporcionaría estructuras dentro de
las cuales desarrollar diferentes filosofías.
La declaración sería un factor de paz, al conciliar los regí-
menes divergentes. Un mínimo de derechos declarados serían
exigibles para el reconocimiento de un gobierno democráti-
co. Cada derecho implicaría otros, v.g. el derecho a la vida
implicaría entonces la satisfacción de un mínimo vital.
El principal propósito de los gobiernos sería conservar y
garantizar los derechos. Resultaría fundamental que los de-
rechos se constitucionalizaran y que respondieran a progra-
mas de largo alcance. En ese momento la declaración sería
una declaración de intención. El eje del problema de la nueva
declaración estaba en la relación de grupos de hombres y de
Estados entre sí.
Se haría depender los derechos y los deberes de un medio
ambiente. Los derechos serían intentos de delimitar el ámbito
del individuo. Sería importante renovar la declaración, es de-
cir una declaración debería ser reformulada periódicamente.
Se afirmó que codificar cristalizaba los derechos, por ello
los códigos deberían ser flexibles.
La nueva declaración debería reconocer los derechos de
la sociedad familiar, completada con una declaración de las
obligaciones del hombre para su comunidad.
Por otra parte se consideró que las grandes declaraciones
correspondían a una tradición protestante burguesa. Los de-
rechos clásicos, a la vida, a la libertad y a la propiedad no se-
rían suficientes. Las declaraciones anteriores habían llegado a
un acuerdo sobre la solución a una serie de problemas mora-
les y políticos, pero habrían fracasado en su intento de limitar
los abusos del poder. Los derechos proclamados no habían
hallado su plena realización. En las declaraciones anteriores

140
Holocausto y Dignidad

la universalidad se redujo a la coincidencia con los intereses


de la clase dominante.
No se podía sostener ya la teoría del derecho natural, por-
que los derechos varían históricamente. Así, la declaración de
1789, respondió a la necesidad de una reforma política de la
sociedad europea. A partir de ese concepto occidental habrían
sido sólo algunos europeos los beneficiarios de los derechos.
Como ejemplo tendríamos que el Reglamento mínimo
para el trato de los reclusos no se habría realizado, a pesar de
estar vigente. Las declaraciones habrían envejecido, sobrepa-
sadas por las circunstancias. Habrían traicionado la intención
de sus redactores. Serían menester reglas que respondieran
a constantes donde sólo hallara lugar lo esencial. Debería
aceptarse la ambigüedad entre naciones distintas respecto de
la forma de interpretación interna. La aplicación de los de-
rechos la determinaría la ley nacional, y habría necesidad de
una jurisdicción interna, especial sobre esta aplicación. La ju-
risprudencia sería el instrumento de adaptación, se encarga-
ría de la interpretación.
Se afirmó que las declaraciones nacionales serían insufi-
cientes, como garantía para el desarrollo de la personalidad
del hombre, sería necesaria una declaración conjunta. Proba-
ría la identidad política de las naciones.

Los deberes correlativos

Fue general la aceptación de que los derechos implican de


una u otra forma deberes, se identificaron dos grupos de de-
beres; del individuo hacia la sociedad y de la sociedad para el
individuo. Como ejemplo de estos últimos encontraríamos el
deber de asegurar un mínimo de requisitos; comida, vestido,
salud. La máxima contribución del individuo se sustentaría
en el grado máximo de autoexpresión del mismo.
Los derechos funcionarían como definiciones de la rela-
ción individuo sociedad, serían por lo mismo declaraciones
de obligaciones. Implicarían la obligación de lealtad hacia el

141
Federico César Lefranc Weegan

orden establecido. Por ello habría que preguntarse qué obliga-


ciones debía aceptar el individuo para recibir los derechos.
La sociedad ya no sería vista como un contrato social, sino
como un organismo que busca el bien común. Los derechos se
harían efectivos a través de la aceptación de deberes sociales.
Como antecedente estaría la idea original de derecho natural
que se perdió en el s. XVIII que incluía derechos y deberes, y
que se retomó a mediados del XIX.
Las formulaciones de derechos deberían incluir un código
de deberes. El peligro sería que los deberes, al ser interpre-
tados por el Estado, podrían desarraigar a los derechos. Así,
cualquier adición de deberes podría significar en la práctica,
un debilitamiento.
Se destacó que no hay derechos sin obligaciones pero que
no era posible crear una fraternidad a la fuerza. Se afirmó la
necesidad de tolerancia. El concepto ético fundamental, po-
dría estar en el cumplimiento del deber para con el prójimo.
Habría que desarrollar cinco virtudes; ausencia de intoleran-
cia, compasión, sabiduría, libertad de pensamiento y de con-
ciencia, liberación del miedo. Aparte de los deberes habría
responsabilidades incluidas en los derechos.

Cuál sería el primer derecho

Hubo quienes afirmaron que debería ser el derecho fun-


damental el de absoluta libertad para desarrollar hasta el
máximo todos los talentos y las capacidades.
Con matices, el primer derecho político sería la libertad de
desarrollarse a su modo. Esta libertad sería consecuencia de
la vida del hombre, y se podría limitar en beneficio de otros,
de la nación o de la comunidad mundial.
Como primer derecho estaría el de un cuerpo y una psique
sanos, para satisfacerlo requeriría la oportunidad de desarro-
llar una actividad para ganarse la vida. A la vez sería necesaria
la garantía de seguridad en la vejez. Sin ellos no sería posible
la autorrealización de individuo.

142
Holocausto y Dignidad

Se reconocía por primera vez el derecho a la libertad de no


ser explotado. Resultaría fundamental salvaguardar la liber-
tad. El referente sería el peligro creado por quienes sirvieron
de instrumentos del racismo y del fascismo.Se afirmó que la
libertad era indispensable porque la autoridad no es creadora.
Otros encontraron como básicos, situados en el mismo nivel
el derecho a la vida, a la expresión de sí mismo y al goce.
El derecho a la vida estaría vinculado a la dignidad y la
confianza. La vida del individuo debía ser interiormente dis-
frutable. Habría que liberarse de la violencia, de la miseria, de
la explotación, de la deshonra y de la muerte temprana. Por
otra parte se afirmó que las exigencias de la tecnocracia eco-
nómica, de la burocracia política y de la idiosincrasia religiosa
estarían destruyendo la libertad del hombre.

Por qué una declaración de derechos

El clamor por los derechos sería consecuencia del horror


provocado por las atrocidades recientes. Regímenes con los
conocimientos de la ciencia y la tecnología modernas.
Habría que excluir de las Naciones Unidas al fascismo y
al nazismo, porque rechazan la idea de hermandad entre los
hombres y sustentan sus doctrinas en la superioridad racial y
en la guerra de agresión. Habría que excluir al fascismo defi-
nitivamente.
Recordando la vivencia reciente de regímenes que convir-
tieron la tortura y el asesinato en masa en sus políticas no
habría que suscitar esperanzas sin perspectivas,

Las limitaciones a los derechos

Se consideraba prerrogativa de los gobiernos liberales


aplicar restricciones a la libertad de palabra a minorías sub-
versivas y antisociales, v.g. Alemania en el proceso de desna-
zificación, para impedir la propaganda nazi.
Se advirtió que cuando se volvía necesaria la intervención
vigorosa del poder centralizado se corría el riesgo del totalita-

143
Federico César Lefranc Weegan

rismo.El temor a otra guerra habría propiciado la concentra-


ción de mayor poder político y económico.
Para librarse de un posible desastre causado por las armas,
máquinas, ideologías y credos de los poderes despóticos, ha-
bría que desarrollar un hombre nuevo provisto de las nuevas
virtudes y libertades. Los derechos democráticos no podrían
extenderse a quienes trabajaban para destruirlos.
En algunas áreas de la vida social la actividad del gobierno
sería condición de la libertad del ciudadano. También habría
derechos que sí dependen de las limitaciones al poder públi-
co. Limitaciones vinculadas al desarrollo tecnológico social y
económico. Se había enunciado ya la supresión de la libertad
para explotar. El acusado o el condenado seguían siendo los
casos límite de afectación de los derechos.

La política. El mundo dividido en dos.

Se consideraba que los lazos más poderosos que unían a


los hombres eran las necesidades económicas, los intereses
privados. Habría que revisar los fundamentos de la propiedad
privada. La justicia social requeriría del mayor acceso de to-
dos a los recursos de la comunidad. El logro de los derechos
requeriría mayores concesiones entre los derechos de propie-
dad y los derechos sociales. No se podía hacer peligrar la exis-
tencia de la civilización sacrificándola a intereses privados.
Ya no sería posible sostener la visión individualista de los
derechos. La humanidad se colectivizaba. Sólo reflejándo-
nos unos en otros, siendo reflexivos, lograríamos la plenitud.
Cuáles serían las condiciones de la totalización humana. La
personalización del individuo por medio de su integración al
grupo.
El individuo no tendría derecho a permanecer ocioso. La
sociedad debería favorecer su desarrollo. Las democracias
occidentales se habían centrado en la libertad del individuo
contra el Estado. El Soviet en la planeación gubernamental.
La solidaridad subjetiva de las naciones se habría retra-
sado respecto de su solidaridad objetiva. El problema de los
144
Holocausto y Dignidad

derechos se refería a las relaciones entre el hombre, la nación


y la comunidad mundial.
El orden descansaría en una base de asentimiento nacio-
nal. Un Estado mundial constituiría una ampliación de la so-
beranía cuando hubiera conciencia de una solidaridad y un
destino comunes.
Hubo quien pidió librarse del concepto que permite al Es-
tado absorber todo, forzando modos preestablecidos de vida.
El Estado no cedería el control de la ley, mientras requiriera
de unidad. Relacionado con ello destacaba la forma en que se
mediatizaba a las naciones. El cambio tecnológico se había
manifestado en desigualdad.
La miseria, o el derroche de recursos de una nación ten-
drían consecuencias en otras. Se planteaba un conflicto entre
el nacionalismo y la necesidad de generosidad. Cuando las
contradicciones amenazaran la paz, sería necesario un proce-
dimiento que llevara a los pueblos más allá de sus ideologías.
Habría que limitar la duración de la autoridad conferida. La
inversión para la destrucción se podría consagrar al problema
de la alimentación. Habría que revalidar la democracia para
que la política abdicara ante la moral y se sumara a ella. La
democracia política sería condición de la democracia social
y económica.
Se hizo hincapié en el gran sufrimiento inflingido delibe-
radamente por el Estado en materia penal. En China el térmi-
no revolución estaba asociado con grandes ideales.

Las minorías

Habría que considerar los atropellos cometidos por algu-


nos Estados contra sus minorías. Destacaría la privación de
derechos sociales que sufrían los extranjeros, y el trato cruel
que se daba a las minorías raciales o políticas. El régimen inte-
rior de cada nación interesa a la comunidad de las naciones.
Habría que proteger a nivel internacional los derechos de
las minorías. Sería importante garantizar un tipo de mundo
en que hubiera muchas ideologías, pluralidad de valores.
145
Federico César Lefranc Weegan

La ciencia

La ciencia aplicada propiciaría las industrias monopólicas


controladas por particulares. También habría acrecentado el
poder destructor de la guerra y el Estado totalitario.
Los científicos serían vistos como catalizadores de la evo-
lución social, donde la ciencia propondría puntos de vista
acerca de la manera de vivir. La dualidad del hombre; indi-
vidual y social.
La evolución social no podría violar las leyes generales
de la evolución biológica. Los progresos de la ciencia como
factor de esclavización de la humanidad. El investigador li-
gado al destino de las naciones. No se admitiría el secreto en
la investigación científica. Habría necesidad de considerar las
consecuencias sociales y morales de la ciencia. Y el problema
de las decisiones sobre la fuerza que resulta del dominio de la
ciencia. Los hombres de ciencia irían perdiendo el dominio
sobre los resultados de su trabajo.
Se proponía establecer derechos y deberes relativos a la
expresión creadora en el terreno científico; Libertad de ex-
presión, salvo que resultara un daño para otro pueblo. El de-
ber de la comunidad de aportar fondos para desarrollar a los
mejores dotados y para desarrollar la investigación científica
tendiente a satisfacer las necesidades de la humanidad. Se de-
sarrollaría un código moral que adaptara al género humano a
un mundo científico.
Por otra parte hubo quien pidió renunciar a las supersti-
ciones de la ciencia material y de la razón limitada.

La importancia de la educación

Se encomendaría a los humanistas el inculcar a las masas


sentido de la responsabilidad y conciencia social acerca de los
usos de la ciencia.
La educación sería condición esencial para la realización
de los derechos, para alcanzar las metas comunes que les son
inherentes.
146
Holocausto y Dignidad

El requisito de una educación para la libertad se susten-


taría en la disciplina para apreciar las consecuencias morales
de nuestras acciones.Se alerta sobre cómo se había usado la
educación para promover el separatismo y el racismo.
Constituiría un primer deber; contribuir a eliminar la mi-
seria y la enfermedad. Un medio sería la educación científica
universal. Educar para la libre discusión de todos los asuntos.
Se debería promover la libre discusión de las ideas. Un grupo
debería empezar a marchar en la dirección correcta sin espe-
rar reciprocidad. La ley no sería esencial, no es más que un
medio, la educación sí sería fundamental.

La libre expresión de las ideas

Existía una industria que explotaba la opinión y el com-


portamiento de las masas, de este mecanismo no se podrían
desentender ni la moral ni la política.
Habría que considerar la información como objeto de de-
recho y deber para impedir la alienación, considerarla des-
de el ángulo de la dignidad de quienes tienen derecho a los
medios de un pensamiento libre. El derecho a la información
sería prolongación del derecho a la educación.
La información consistiría en la presentación desintere-
sada de los materiales, la responsabilidad determinaría su ex-
tensión como derecho. Se debería garantizar la posibilidad de
expresión de todas las ideologías y la libertad de investigación
científica y filosófica.
Era difícil dar garantías a los reclusos cuando su voz esta-
ba dentro de los muros. La mejor garantía la constituiría una
opinión pública bien informada.

3. CONCLUSIONES DE LA COMISIÓN DE LA UNES-


CO
La Comisión de la Unesco para las Bases Teóricas de los
Derechos del Hombre presentó sus conclusiones basándose
en las respuestas antes reseñadas bajo el título de “Las bases
de una declaración internacional de derechos del hombre”
147
Federico César Lefranc Weegan

En estas conclusiones aclaró las expectativas que habían


puesto en la declaración, las características que ésta debería
tener, las diferencias con respecto de otras declaraciones, los
principios que deberían sustentarla, y asimismo dejó ver las
principales dificultades que podrían surgir para su acuerdo e
interpretación en la práctica.
Según la Comisión, esta declaración debería ser tanto la
expresión de una fe, como un programa de actos para rea-
lizarla. Sería a la vez “una base para convicciones universal-
mente compartidas por los hombres”.167
El examen de lo que llamaron las bases intelectuales de la
declaración, tenía como finalidad revelar los principios co-
munes sobre los cuales basarla y revelar las posibles diferen-
cias de interpretación que pudieran obstaculizar los acuerdos
sobre esta declaración.
Con este propósito las Naciones Unidas fueron presen-
tadas como un símbolo: “el símbolo de la victoria sobre los
que se proponían implantar la tiranía por medio de la guerra
agresiva”.168 A la vez que hacen patente una fe fundada en la
dignidad intrínseca de los hombres y mujeres. Una fe que sirve
de sustento a la libertad y a la democracia. Para concretar estos
propósitos, afirman que se debe actuar de manera que cada día
la dignidad reciba mayor reconocimiento y a la vez para que
esta dignidad se pueda conseguir en forma más plena.
Al mismo tiempo confirmaron el derecho a vivir libres del
temor, de la pobreza y de la inseguridad. Sería esta fe la que
serviría de base a las Naciones Unidas para declarar “los dere-
chos que se han convertido ahora en fines vitales del esfuerzo
humano en todas partes”.169
Por otra parte en estas conclusiones se destacó la influen-
cia que tiene la inspiración filosófica de cada época sobre las
diversas declaraciones de derechos del hombre. Enfatizando

167 Carr, op.cit., p. 389.


168 Ibid., p. 390.
169 Ibid., p. 391.
148
Holocausto y Dignidad

que las filosofías de ese momento –1947– habían profundiza-


do la fe en la dignidad del hombre.
Se destacó también la importancia del papel de la ciencia
y la tecnología en la extensión del disfrute de derechos que
antes estaban reservados a unos pocos. Los derechos habrían
cambiado su significación en el contexto de los conocimien-
tos y la tecnología en pleno desarrollo dando lugar al mismo
tiempo a oportunidades y a problemas. El problema básico
nacería de “la divergencia de las ideas empleadas para relacio-
nar las responsabilidades sociales inherentes a los derechos
materiales y sociales del siglo XIX con los derechos civiles y
políticos anteriormente formulados”.170
Con ello se reconoció que la resolución de los problemas
filosóficos y la nueva definición de la interdependencia entre
los derechos y los deberes eran condición para la instrumen-
tación de los derechos. Acerca de la necesidad de resolver esta
dificultad, escribió la Comisión de la Unesco:
“Esta pugna ha conmovido incluso la forma sencilla de la
fe en la dignidad del hombre que se basaba en la confianza
en el progreso y el desarrollo de los conocimientos, pues es
la causa de dificultades en la interpretación de la libertad y
de la igualdad y de sus relaciones mutuas, al mismo tiempo
que de contradicciones aparentes en los derechos humanos
fundamentales.”171

El examen de las bases intelectuales de la futura declara-


ción, debería revelar dos cosas: los principios comunes que
permitieran superar algún desacuerdo y las posibles diver-
gencias filosóficas relacionadas con la interpretación.
Precisamente con la finalidad de disminuir las posibles
dificultades en la instrumentación, en estas conclusiones se
ofrecieron las definiciones de ‘derecho’ y de ‘libertad’ toman-
do en cuenta que el problema no era conseguir un acuerdo de

170 Ibid., p. 394.


171 Loc.cit.
149
Federico César Lefranc Weegan

carácter doctrinal sino uno encaminado a realizar y defender


los derechos.
Así, derecho sería: “aquella condición de vida sin la cual,
en cualquier fase histórica dada de una sociedad, los hombres
no pueden dar de sí lo mejor que hay en ellos como miem-
bros activos de la comunidad, porque se ven privados de los
medios para realizarse plenamente como seres humanos”, y
‘libertad’ no sólo sería la ausencia de restricciones sino “la or-
ganización positiva de las condiciones sociales y económicas
en las cuales pueden los hombres participar hasta el máxi-
mo como miembros activos de la comunidad y contribuir al
bienestar de ésta en el nivel más alto que permite el desarrollo
material de la sociedad”.172
A continuación la Comisión hizo una reseña de la evolu-
ción de los derechos del hombre y de sus consecuencias y a la
vez una propuesta de los derechos fundamentales que en su
opinión podían y debían reivindicarse.
En el presente trabajo no entramos en ese análisis porque,
como puede desprenderse de la lectura de este resumen de las
conclusiones, la Comisión de la Unesco diferenció claramen-
te la dignidad, de los derechos, incluida la libertad.
Así, la fe en la dignidad sería el sustento de la libertad y de
la democracia.
Ahora, ni en la lista de derechos ni en la explicación que
la precede de forma inmediata, sugerida por la Comisión en
julio de 1947 se volvió a mencionar esta fe o este reconoci-
miento de la dignidad inherente de hombres y mujeres. Sin
embargo en el texto oficial de la Declaración si se recogió este
reconocimiento.173
La Comisión de la Unesco para las Bases Teóricas de los
Derechos del Hombre, estuvo integrada por Edward H. Carr,
Richard P. Mc Keon, Pierre Auger, Georges Friedmann, Ha-
rold Lasky, Chung-Shu Lo y Luc Somerhausen.174

172 Ibid., p. 396. Las dos definiciones.


173 v. supra., p. 1.
174 Carr, op.cit., p. 411.
150
Holocausto y Dignidad

Los testimonios que se reseñan a continuación fueron es-


critos aproximadamente en el mismo periodo que los estu-
dios reseñados y que el informe de la Comisión, a mediados
de los cuarenta y sin embargo revelan algo muy distinto, algo
que permanece sin resolver. Cuál es el vínculo entre esos dos
discursos tan aparentemente diferentes. Uno, ya lo dijimos, es
la época, el otro vínculo corresponde a la experiencia que los
originó, es decir, el final de la Segunda Gran Guerra.
El Dios de la promesa, el Dios prometido, el Dios dado,
Dios como sustancia: eso, naturalmente no puede soste-
nerse.
Pero lo mejor, maravilla de maravillas, consiste justamente
en que un hombre puede tener sentido para otro hombre.

Emmanuel Levinas

4. LOS TESTIGOS MORALES


Un testigo moral da testimonio del mal y del dolor que el
mal provoca. Ha experimentado el sufrimiento en carne pro-
pia, ha sido él mismo una víctima y no sólo un observador.
Ha vivido el riesgo de forma personal.
Un testigo moral tiene como propiedad esencial un im-
pulso moral. No es “un pobre sustitutivo del testigo religioso
de la esperanza.”175 A diferencia del mártir, el testigo moral
está obligado a sobrevivir. La esperanza que representa, no
tiene que ver con la salvación proveniente de un mesías. Es
más bien la esperanza de que su testimonio sea oído por una
comunidad moral.
A la vez, las circunstancias en que experimenta al mal ha-
cen muy difícil sostener su convicción. Las víctimas en esos
casos están sometidas a un poder aparentemente invencible.
Margalit habla en esos casos de una hazaña de confianza en
la posibilidad de una comunidad moral, y pone como ejem-
plo a Victor Klemperer, de quien hablaremos más adelante.

175 Margalit, Avishai. Etica del recuerdo, Herder, Barcelona, 2000, p. 82


151
Federico César Lefranc Weegan

Klemperer habría escrito sus diarios a partir de su necesidad


de oponer algo al mal que experimentaba cada día. Los habría
escrito persiguiendo un objetivo moral, ser él un ser humano.
Habría escrito, propone Margalit, para su mismo yo futuro.
Y se cuestiona el filósofo, “Klemperer es inequívocamente un
testigo y es moral. Pero ¿es él un testigo moral?”.176
Sí lo es, si la esperanza mínima del testigo moral es una
esperanza en su propio yo-mismo futuro. Si aceptamos, como
propone Margalit, la posibilidad de una comunidad moral
elemental entre el propio yo-mismo y el yo-mismo futuro. Es
decir, Klemperer habría esperado conservar una perspectiva
moral en caso de sobrevivir a esa vivencia que narraremos
adelante.
Esta clase de testimonio se convierte en una denuncia,
permite desenmascarar, evidenciar la magnitud del mal y a
la vez constituye una descripción del sufrimiento de víctimas
inocentes desde su experiencia personal y desde su perspec-
tiva como testigos oculares. Sólo este testimonio puede trans-
mitir la experiencia y eso lo hace distinto del que ofrece el
historiador.
El escritor Jehiel Dinur, sobreviviente de Zalembia, Polo-
nia, está precisamente en esa posición; “alguien que, con sus
últimas fuerzas, procuraba sobrevivir con el único fin de re-
latar las atrocidades del holocausto.”177 En esa condición de
testigo declaró en el proceso contra Eichmann celebrado en
Jerusalen en 1961.
La comprensión que nos proporciona esta clase de testi-
monio, es distinta de la que nos proporcionan las cifras, los
recuentos de muertos y heridos. Es una comprensión que nos
permite esclarecer lo que estaba aconteciendo, “de modo que
podamos conectar las experiencias de la víctima con nuestras
propias escasas experiencias al respecto”178

176 Ibid., p. 85
177 Ibid., p. 91
178 Ibid., p. 96
152
Holocausto y Dignidad

Son estas consideraciones, tomadas de la obra de Margalit


las que reafirmaron neutra convicción de plasmar los testi-
monios de Robert Antelme y de Viktor Klemperer, en la cali-
dad de testigos morales que se les puede atribuir.
Consideramos entonces que la lección aún no aprendida
del Holocausto debe empezar en los testimonios, al fin y al
cabo en el ejercicio del derecho, los testigos son fundamen-
tales.
En realidad sólo los testimonios nos permiten entender,
por ello primero hay que intentar escuchar. “Aquellos que no
quieren escuchar, ¿Acaso no han comprendido lo esencial?
Exigir al deportado que vuelva a ser el mismo de antes, es pro-
teger el stato quo ante completo contra su testimonio.”179
Por ello considero necesario verter los testimonios de dos
personas que sufrieron directamente la experiencia del Ho-
locausto.
Robert Anteleme, a los 25 años formaba parte del la re-
sistencia francesa, fue detenido por la Gestapo en 1944 y de-
portado a Buchenwald, Gandersheim y Dachau, de donde fue
liberado al fin de la guerra. A un año de su liberación escribió
su testimonio y fue publicado bajo el título de La especie hu-
mana180, convirtiéndose en un libro fundamental para cono-
cer lo que sucedió en los campos. Es un testimonio objetivo y
es su objetividad la que conmueve. Es parte de la experiencia
narrada por los sobrevivientes.
Antelme abarcó los principales aspectos que después des-
tacaron los investigadores del Holocausto. Su libro, sin em-
bargo parece haber pasado inicialmente desapercibido, los
estudios ocupados en esta investigación no lo citan, y sin em-
bargo corroboran lo que él como testigo afirma.
En su libro encontramos la descripción detallada de la vida
en los campos, del trabajo absurdo, del orden que imperaba,

179 Wohlfarth, Irving. La especie humana puesta a prueba en los campos.


Reflexiones sobre Robert Antelme, Universidad Nacional Autónoma
de México, 2002, p. 47
180 Antelme, Robert, La especie humana, Trilce, 2002, 361 pp.
153
Federico César Lefranc Weegan

de las marchas de la muerte con todo y sus fusilamientos, en-


contramos, en fin, muchos detalles, pero Antelme es diferente
de los muchos investigadores porque él es un testigo.
El transporte en el tren, la desesperación, el hambre per-
manente, los piojos siempre presentes invadiendo todos los
cuerpos, La necesidad de un lugar para acostarse a morir.El
desgaste paulatino de los cuerpos. El deterioro de las relacio-
nes más elementales. Ir a orinar, como una actividad que po-
día recordarse.
La desesperación de sentir tan cerca la liberación y no sa-
ber si se va a sobrevivir, porque cada día se mueren algunos.
En su testimonio trata de “reconstruir la vida de un kom-
mando (Gandersheim) de un campo de concentración ale-
mán (Buchenwald).”181
Buchenwald era un campo inmenso y los presos habían
sido despersonalizados; miles de cabezas grises, imposibles
de distinguir siquiera por una expresión. Antelme habla de
la estructuración de la sociedad de los campos, donde hasta
la voz que salía del altoparlante, organizaba. Donde los pre-
sos comunes alemanes se transformaban, se convertían en
kapos.
Su testimonio confirma la extrema racionalidad de la vida
en los campos de concentración:
“Sabía que entre la vida de un compañero y la nuestra, eli-
giríamos la nuestra y no dejaríamos perder el pan del com-
pañero muerto. Sabía que podíamos ver, sin chistar, cómo
mataban a golpes a un compañero y que, junto a las ganas
de aplastar bajo nuestro pies la cara, los dientes, la nariz del
golpeador, sentiríamos también, muda, profunda, la voz del
cuerpo: ‘No me están dando a mí’.”182
A pesar de todo esta racionalidad no es capaz de destruir
la conciencia del otro, por ello al despedirse el grupo de pre-
sos que dejan Buchenwald, se preguntan refiriéndose a quie-

181 Ibid., p. 21.


182 Ibid., p. 37.
154
Holocausto y Dignidad

nes se quedan, si siempre tendrán la suerte de “querer retener


al otro en la vida.” Y si no era así, se habrían convertido en el
adulto del campo, en el jefe de la barraca.
Se da cuenta de que su nombre constituye un principio
de identidad y de lo que significa la sensación de tener un
cuerpo del que se pueda disponer. A la vez, en el universo de
los campos, ni el sueño permite liberarse, porque el sueño de
los presos no es más que otra tarea, que los prepara para ser
prisioneros más perfectos.183
Comprende también que la muerte por inanición formaba
parte de los planes:
“No nos fusilaron ni nos colgaron, pero cada uno, racional-
mente privado de alimento, debe convertirse en el muerto
previsto, en un tiempo variable..” 184

Y nos enseña como esa experiencia de extrema degrada-


ción lo lleva a valorar infinitamente a la persona:
“Aquí, la tentación no es gozar, sino vivir. Y si el cristiano se
comporta como si obstinarse en vivir fuera una tarea santa,
es que la criatura nunca estuvo tan cerca de considerarse a sí
mismo como un valor sagrado.” 185

Cómo se ejercía el control. Ahora en Gandersheim están


prohibidas las manos en los bolsillos, antes en Buchenwald
estaba prohibido, siquiera balancear los brazos al salir a tra-
bajar. Pero es un control que abarca a todos, el SS está tam-
bién condenado a los presos, encerrado dentro de la misma
alambrada. 186
Antelme se dio cuenta del lenguaje que, quizás por con-
tagio, hablaban los imitadores de los amos. Un lenguaje que
creaba el efecto de una traición de todas las palabras. Un len-
guaje que hacía también las veces de cárcel y del que había

183 Ibid., p. 56.


184 Ibid.., p. 62.
185 Ibid., p. 62.
186 Ibid., p. 68.
155
Federico César Lefranc Weegan

que eliminar las palabras que dejaban de tener significado o


que peor aún se volvían peligrosas. Por él sabemos de aquel
compañero forzado a sentir sólo lo que le estaba permitido
expresar y nos damos cuenta de las limitaciones que impone
el lenguaje a la experiencia. Así por ejemplo, en el campo no
había “enfermos” sólo “vivos” y “muertos.” 187 El lenguaje con-
tribuía además a la deshumanización de los presos, así, en el
momento en que en el campo seleccionan a los especialistas
para que trabajen en la fábrica, el SS que los había transporta-
do y que estaba presente, no parece comprender que en aquel
“cargamento” había torneros. 188
A pesar de ello el lenguaje diferente, el francés en este caso
formará parte también de la identidad, “Ellos pueden mucho,
pero no pueden enseñarnos otro lenguaje, que sería el del de-
tenido.” Más aún la transformación de la lengua afectó a los
alemanes, pero no a los demás, así los nazis se habrían visto
aislados en su propio lenguaje.
Nos narra cómo impone su presencia a partir de la nega-
ción que hacen de él sus captores, esta negación implicaba
que no podían fingir indiferencia ante su presencia, no que-
rían ser tocados, contaminados, estaban igualmente atrapa-
dos en la situación.
Con el tiempo los presos, lo que veían de los demás, era
una cara anónima, colectiva. En el zonderkommando, afue-
ra, los ojos ya no reaccionaban, “ se lee un endurecimiento
de la desgracia.” Pero a pesar de todo. en esta situación, era
posible rastrear algún alemán clandestino, al que pensaba que
ellos eran hombres.189 Pero esos alemanes eran excepciona-
les, porque cualquier comunicación, cualquier interrelación
sería una forma de subversión “Toda relación humana de un
alemán con uno de los nuestros, era el signo mismo de una
rebelión decidida contra todo el orden SS” 190

187 Ibid., p. 34.


188 Ibid., p. 59.
189 Ibid., p. 86.
190 Ibid., p. 102.
156
Holocausto y Dignidad

“A los SS no les basta con haber rapado y disfrazado a los


presos. Para que su desprecio se justifique totalmente, los pre-
sos tienen que pelearse entre ellos para comer...”
Antelme da testimonio de los sujetos de los campos, de
cómo los kapos necesitaban fundamentalmente el desorden,
aún que fuera provocado, para hacerse necesarios. La discipli-
na y la organización en realidad hubieran facilitado las cosas
a los presos, pero así los kapos no hubieran tendido necesidad
de golpear y su situación se hubiera vuelto insegura. “Provoca-
ron y mantuvieron entre nosotros, con una saña y una lógica
asombrosas, el estado de anarquía que les era necesario.” 191
La experiencia de Anteleme confirma la inversión de la
lógica al interior de los campos, hacer parecer humano lo in-
humano, hacer parecer justo lo que desde su origen es injusto;
“Matar de hambre a un hombre para tener que castigarlo des-
pués por robar cáscaras y, gracias a esto, merecer la recom-
pensa del SS y, por ejemplo, conseguir como premio la sopa
extra que hambreará aún más al hombre, tal era el esquema
de su táctica.” 192 Donde el aparato administrativo, la distri-
bución del trabajo, las jerarquías, eran los instrumentos de
opresión.
Describe el rostro del meister que necesitaba saciarse pe-
gando a los presos, que pegaba para destacar, para hacerles
cumplir con su trabajo. Y que pegando era un buen ciudada-
no, un ciudadano alemán que podía sentir ternura. 193
Y encontramos otro ejemplo de esa lógica pervertida en
el médico español que despreciaba a quienes primero fueron
enflaquecidos, obligados a ofrecer una imagen del hombre
que fuera fuente de asco y de odio. Que entrando en la ló-
gica de los SS y ya sin poder salir, se encargaba de agravar la
fatalidad que los envolvía. El médico que se convirtió en un
integrante de la “aristocracia del Kommando.” 194

191 Ibid., p. 29.


192 Ibid., p. 22.
193 Ibid., p. 180.
194 Ibid., p. 112.
157
Federico César Lefranc Weegan

De la complicidad de las propias víctimas escribe Antelme


que los cómplices han comprendido “que para sobrevivir no
hay que trabajar más, sino hacer trabajar a los demás... los
papeles están repartidos; para que ellos vivan y engorden, los
demás deben trabajar, morirse de hambre y ser golpeados.”195
Este es el esquema que se repite dentro y fuera de los cam-
pos.
“Los que están detrás del tabique hicieron lo que debía ha-
cerse para ser esos pocos. La carne, la grasa que tienen sobre
los huesos obliga al jefe de barraca español a encajarles gol-
pes a los compañeros que no están firmes al paso de los SS
durante la formación; a Lucien, lo obliga a traficar el oro de
la boca de los compañeros muertos, a denunciar a los com-
pañeros que no trabajan, a reírse cuando Fritz golpea.” 196

Aquellos pocos que iban abandonando el lado de los mi-


serables, el lugar de los que se dejaban golpear, de los que
comían desperdicios, esos pocos se habían adaptado. Ellos
terminaban admirando la fuerza de los amos. Y es que, este
testimonio lo deja claro, donde estaba el kapo, estaba la jus-
ticia.
Deja constancia además de cómo hasta el funcionario ci-
vil, un alemán de unos cincuenta años, de traje y chaleco, se
transformó en el campo. Fue a trabajar un domingo en la ma-
ñana, fue a hacer trabajar a “las máquinas que tiene a su dis-
posición” , estaba poseído por su trabajo pero no parecía una
amenaza. Y de pronto, ese oficinista burgués que más tarde
podría reunirse con su mujer y sus hijos, pateó fuertemente
a uno de los que trabajaban, para sentirse quizás, más que un
buen ciudadano, un héroe.
Una experiencia que llevó a los que la vivieron a expresar
como única y última reivindicación un sentimiento límite de
pertenencia la especie.

195 Ibid., p. 71.


196 Ibid., p. 225.
158
Holocausto y Dignidad

En una de sus reflexiones más dolorosas Anteleme evo-


ca un viernes santo la historia del crucificado, pero, escribe,
“aquí no se dan los muertos a sus madres, se mata a las ma-
dres con ellos, se come su pan, se arranca el oro de sus bocas
para comer más pan, se hace jabón con su cuerpo...” 197
De cómo los civiles que los veían a través de la alambrada
no parecían percatarse de nada, veían sin saber.
Antelme habla de los intercambios, del tráfico de oro, de
las estafas que sufrían quienes pretendían canjear sus escací-
simos bienes por un poco más de comida, aquellos que ha-
bían cambiado sus medallas, sus alianzas, las monturas de los
lentes, o que habían permitido que les arrancaran las piezas
dentales que tuvieran oro, y que recibían sólo un plato más de
sopa, cuando habían imaginado recibir mucho más. En cual-
quier caso los dientes con oro, les eran extraídos también a
los muertos.198 Y de los presos con el tiempo tan gastados, tan
hambrientos que ni el odio podía ser duradero entre ellos.
Nos explica cómo y por qué se iba desgastando el cuerpo,
de comer en todo el día, tan sólo un cuarto de bola de pan y
un cuarto de caldo. Aún en el invierno, con veinte grados bajo
cero, trabajando todo el día. Y cómo el cuerpo, la piel, la cara
y la misma voz lo iban resintiendo. Los cuerpos se llenaban de
llagas, el rostro perdía movilidad.199 Y si alguno no trabajaba
o trabajaba mal recibía golpes. Puñetazos en la cabeza, en la
cara. Los cuerpos en esa condición se iban quedando sin fuer-
zas. Habla de la gente que cavaba en el túnel de la mañana a la
noche, por ese sólo pedazo de pan, porque la sopa la tomarían
hasta el anochecer.
En esas condiciones Gastón, uno de esos trabajadores,
quiso organizar una reunión en donde convocó a resistir:
“Pero, para aguantar, cada uno tiene que salir de sí mismo,
tiene que sentirse responsable de todos.” 200 Y cómo en esa

197 Ibid., pp. 233 s.


198 Ibid., p. 197.
199 Ibid., p. 203.
200 Ibid., p. 234.
159
Federico César Lefranc Weegan

reunión alguno invocó en un poema el retorno de Ulises, y


cantaron y sonrieron.
Más adelante cuando se vieron obligados a dejar Gander-
sheim, conforme se acercaba la liberación, sospechaban que
habría que pagar un precio, y el testigo nos habla del engaño.
Los que ya no podrían caminar y dieron, ingenuamente,
sus nombres y los enfermos, fueron engañados para que mar-
charan dócilmente hacia el bosque, los hicieron sentirse con
suerte, y ya en el bosque los fusilaron para que no estorbaran
la partida. Ese primer fusilamiento provocó incredulidad,
después, los que sobrevivían ya sabían de qué se trataba.
Y describe la situación cada vez más absurda de esa mar-
cha sin destino, sin objetivo, interminable, durante la cual, el
que se queda sin fuerzas, el que se cae, es ametrallado. Una
marcha en la que se llega al llanto, ante la dificultad de dar un
paso más. Cómo ante el fusilamiento de esos, de los rezaga-
dos, de los que ya no podían más, hubo que aprender a no res-
ponder, a seguir caminando. La columna no podía inmutarse,
y en este testimonio pocas veces se habla de que haya habido
la intención de rebelarse.
Antelme reflexiona. En esas condiciones, encontrándose
tan parecidos a los animales, que sólo luchan para comer por-
que el que no alcanza a comer se muere, en esas condiciones
seguirían siendo hombres y terminarían igual, porque no po-
dían ser transformados en otra cosa.
“si entre los SS y nosotros – es decir, en el momento de ma-
yor distancia entre los seres, en el momento en el que el lí-
mite de la sujeción de unos y el límite del poder de los otros
parecen deber congelarse en una relación sobrenatural – no
podemos percibir ninguna diferencia sustancial frente a la
naturaleza y frente a la muerte, nos vemos obligados a decir
que sólo hay una especie humana.” 201

Recibieron de comer galletas para perro que les provocaron


diarrea, y luego fueron castigados por ensuciar la iglesia, en la

201 Ibid., p. 272


160
Holocausto y Dignidad

que habían sido encerrados y que les servía provisionalmente


de refugio. He allí la omnipresente lógica de los campos.
La marcha continuó sin un destino preciso, pequeños gru-
pos fueron separados para ser asesinados, para desaparecer
en el camino, eran los que habían llegado al límite. Algunos
se dieron cuenta de que esa era la forma segura de irlos ma-
tando. Por grupitos no había la posibilidad de que se fugaran,
el grupo ni siquiera intentaba reaccionar. La mayoría ya no
tendría fuerzas para correr.
Durante el camino no faltaban espectadores, los que esta-
ban en la vereda, los que pasaban en bicicleta, las mujeres en
las casas, que miraban, y no se sabe si los reconocían como
humanos, pero parece difícil que no se dieran cuenta de lo
que les estaban haciendo.
En ese momento nadie sabía ya con seguridad a dónde
se habían de dirigir, sólo sabían que pertenecían a los SS y a
los kapos. Pero ellos, los amos, tampoco estaban seguros de a
dónde ir, sólo sabían – y se los recordó la Gestapo – que no
debían dejar ir a los presos nada más así.
Y al final, con la guerra ya perdida, todavía se contaba con
el tren para transportarlos, a ellos y a otros. El tren servía para
cumplir las órdenes, para alejarlos de los espacios que iban
recuperando los aliados. El tren también representaba el en-
cierro, el calor insoportable, el ardor de los piojos, la batalla
por el espacio, la falta permanente de alimentos, el hedor.
Y ese tren, ese espacio, lo compartieron con los civiles ale-
manes que eran evacuados. Civiles bien vestidos, alimentados
que huían de los soldados enemigos, pero que no podían reco-
nocer como humanos a los presos, que estaban allí acostados,
El cansancio, la queja permanente, el gemido, permiten
identificar a los que en el trayecto irán muriendo. Los demás,
poco a poco, se les irán pareciendo.

161
Federico César Lefranc Weegan

“Cuando un tipo está por morir, se pone difícil y quejumbro-


so, y los demás le reclaman. Una vez que recibió su andanada
de insultos, se muere.” 202

“El trabajo es libertad” estaba escrito en la bóveda de en-


trada a Dachau, allí los reunieron con otros. En ese campo
los dejaron, en él todavía por unos días se reprodujo el orden
que ya conocían, los pleitos por la comida, la falta de espacio
en las barracas, la cuota diaria de muertos de debilidad, de
enfermedad; los presos que a cambio de colaborar recogien-
do a los muertos recibían comida extra y estaban fuertes, la
desesperanza ante una liberación que parecía estar muy cerca
pero que no llegaba; los piojos, la suciedad y las protestas per-
manentes.
Así lo describe el autor: “29 de abril.- Amanece un día
pálido. Los restos humanos salen poco a poco de la oscuri-
dad.”203 Eso era lo que quedaba de ellos.
Fueron liberado por soldados americanos, que de ninguna
manera esperaban lo que encontraron. Se tropezaron enton-
ces con la enorme dificultad de tratar de comunicar su expe-
riencia, los soldados que empezaban escuchando, después de
un rato ya no escuchaban más.
Empezó la experiencia de una libertad controlada por
los vencedores, que necesitaban imponer un orden. Pero los
antiguos presos se sentían sagrados, libres, sólo pidieron ser
tomados en cuenta uno a uno.

Victor Klemperer

Era un filólogo judío, catedrático de la Universidad de


Dresde, casado con una mujer alemana. Vivió todas las pri-
vaciones y humillaciones a que fueron sometidos los judíos
durante el nazismo en las ciudades, pero se salvó de la con-
centración y de la muerte a causa del origen de su esposa.

202 Ibid., p. 335.


203 Ibid., p. 350.
162
Holocausto y Dignidad

Hace un análisis de la transformación de la lengua ale-


mana durante el Tercer Reich al mismo tiempo que rinde
su testimonio sobre la experiencia cotidiana, en la forma de
apuntes.
El eje de sus reflexiones lo constituye “el lenguaje del na-
zismo”, la LTI, Lingua Tertii Imperii, como él la llama, como
un lenguaje que habría envenenado profundamente concep-
tos y sentimientos presentes en la vida alemana.
Klemperer nos guía a través de su propia experiencia y
de aquellas palabras especialmente significativas que habrían
sido transformadas. El era portador de la estrella judía, pa-
decía entonces todas las restricciones que pesaban sobre los
señalados; tenía, por ejemplo, prohibido comprar o pedir
prestado cualquier tipo de libro, diario o periódico.
“Luego, cuando depuraron al funcionariado y fui desposeído
de mi cátedra, traté de aislarme aún más de la actualidad.
Los miembros de la Ilustración, los Voltaire, Montesquieu
y Diderot , tan poco modernos y tan denostados por todos
cuantos se creían algo, siempre había sido mis favoritos.” (..)
“Pero luego me golpeó la prohibición de utilizar la bibliote-
ca, con lo cual me quitaban la posibilidad de trabajar en la
obra de mi vida. A continuación vino la expulsión de mi casa
y después todo lo demás, cada día algo diferente.” 204

En ese contexto Klemperer estudió los modelos conforme


a los que se hablaba, modelos uniformes que respondían a las
normas del Partido. Se trataba de un lenguaje homogéneo, in-
cluido el hablado. El medio de propaganda más poderoso de
nazismo lo componían palabras aisladas, expresiones, formas
sintácticas repetidas millones de veces.
Y nos alerta: “.. el lenguaje no sólo crea y piensa por mí,
sino que guía a la vez mis emociones, dirige mi personalidad

204 Klemperer, Viktor, L T I . Apuntes de un filólogo, Minúscula, Barce-


lona, 2001, p. 26.
163
Federico César Lefranc Weegan

psíquica, tanto más cuanto mayores son la naturalidad y la


inconsciencia con que me entrego a él.” 205
Pero cuando aún una lengua culta se ha convertido en
portadora de sustancias tóxicas, al cabo del tiempo surtirá su
efecto en las personas.
El Tercer Reich, casi no acuñó palabras, pero si modificó
el valor y la frecuencia del uso de muchas de ellas. Hizo del
lenguaje su medio de propaganda “más potente, más público
y más secreto a la vez.” 206 Así, primero la LTI se vio influida
por el lenguaje militar, luego lo corrompió.
En otro nivel, la LTI se centra en despojar al individuo de
su esencia individual, pretendiendo convertirlo en una pieza
sin ideas, parte de una manada.
Klemperer analiza la novela Partenau de 1929, como una
obra que anticipa el lenguaje y las convicciones del Tercer
Reich; “provincias subterráneas”, “células organizadas”, la ne-
cesidad de un líder genial que cree espacio para los alema-
nes, la idea de la superioridad humana del pueblo alemán, o
aquella de que la sangre de este pueblo llevaba dos mil años
“contaminada por el cristianismo”.
Y como una amiga de Klemperer, identifica con familiari-
dad este lenguaje por ser el mismo en el que escribía Georg,
su sobrino, aspirante a oficial del ejército alemán.
Siendo la frecuencia el nuevo valor de la palabra, las palabras
fanático y fanatismo fueron recogidas, revaloradas y repetidas
incansablemente por el nazismo quitándoles cualquier matiz
peyorativo y dándoles significados como “valiente”, “entrega-
do”, “constante”.207 Juramentos fanáticos, profesiones fanáticas
de fe, una fe fanática en la victoria del pueblo alemán, donde
antes se decía “apasionado” ahora se decía “fanático”.
El extremo, como en otras ocasiones lo expresaría Goebbels
el hablar al final de 1944 de un “fanatismo feroz”.

205 Ibid., p. 31.


206 Ibid., p. 32.
207 Ibid., p. 93.
164
Holocausto y Dignidad

Destaca el hecho de que esa palabra, representativa de


“una mentalidad próxima tanto a la enfermedad como al cri-
men” fuera considerada una virtud suprema. Recoge la histo-
ria del álamo de Babisnau, cuyo florecimiento representaba
una esperanza de paz compartida.
La herencia expresionista del lenguaje nazi se presentaba
claramente en las palabras die aktion y der sturm , la acción y
la tempestad o el asalto. Sturm era la sección de asalto del na-
zismo; la SA.Aktion estaba ligada a las primeras expresiones
de violencia en las cervecerías.
La asociación del símbolo – pictórico y cercano al jeroglí-
fico – SS con la runa germánica de la victoria. Hace notar el
hecho de que la runa del florecimiento y del marchitamiento
no sustituyeran a la estrella o a la cruz en las notas necroló-
gicas y de natalicios, a causa del profundo arraigo de éstas
últimas en la imaginación de pueblo.
El uso abundante del entrecomillado irónico como carac-
terística de la retórica de la LTI , retórica relacionada además
con la necesidad permanente de “denostar a un enemigo”208
pretendida ironía presente en los escritos y también en los
discursos de Hitler y Goebbels.
El casi deber de los nazis de enfatizar su parentesco ger-
mánico, a partir de los nombres; Baldur, Dieter, Ingrid. Los
nombres dobles que expresan retóricamente doble profesión
de fe; Bernd-Walter, Dietmar-Gerhard. La sospecha que re-
caía sobre los poseedores de nombres cristianos tradicionales.
O la prohibición de imponer a los niños alemanes, nombres
extraídos del Antiguo Testamento.
De hecho el nombre se usaba para marcar con nitidez a
los judíos; si el nombre no era claramente hebreo, se le debía
añadir Israel o Sara. 209 Con el tiempo el nombre se usó para
ridiculizar a los judíos, agregando sobrenombres a las listas
de nombres permitidos.

208 Ibid., p. 112.


209 Ibid., p. 112.
165
Federico César Lefranc Weegan

Las frases en los sellos, que definían las particularidades


de las ciudades, fueron usadas también con fines de propa-
ganda política; v.g. Múnich era la ciudad del Movimiento,
Fallersleben era la ciudad de la fábrica Volkswagen.
Los nombres de las ciudades reflejaban también la volun-
tad de conquista, por ejemplo el nombre de la ciudad de Lodz
se cambió por el de Litzmannstadt. Allí se ubicaba, escribe
el autor, el gueto de Litzmannstadt, y recuerda entonces el
campo judío de Hellerberg desde donde fueron enviados a las
cámaras de gas los judíos de Dresde.
“La LTI era un lenguaje carcelario (de los carceleros y de los
encarcelados), y del lenguaje de las cárceles forman parte ne-
cesariamente (como actos de defensa) las alusiones veladas,
las ambigüedades, las falsificaciones, etcétera.” 210

Sin embargo, por supervivencia, con una pequeña fal-


sificación, el propio autor se vio obligado a transformar su
apellido, de Klemperer en Kleinpeter. Los carteles nazis re-
presentaban al luchador brutal, con el uniforme de las SA,
por ejemplo, mostrando siempre los músculos, la dureza, la
voluntad fanatizada, y “la indudable ausencia de todo pensa-
miento”211 acompañados de las consignas ‘¡Führer ordena y te
seguiremos!’
Observa que los berlineses, en los años 30 se habrían
percatado del lado cómico de la manía de abreviar pero que
para 1944 hubo una advertencia oficial por el uso excesivo
y abusivo de ‘palabras mutiladas’. Las abreviaciones se atri-
buían al bolchevismo, en un artículo del Reich de agosto de
1943. Klemperer hace notar que en diversos países, de Italia a
Japón, se usaba esta forma de expresión, pero que las abrevia-
ciones en la LTI se usaban con exageración. Y destaca cómo
la abreviación moderna se relaciona con la tecnificación y la
organización de todo.

210 Ibid., p. 126


211 Ibid., p. 131.
166
Holocausto y Dignidad

La forma de aislar a los judíos en el trabajo consistía en


la prohibición de hablarles. pero el invierno de 1943 pocos
compañeros de trabajo del autor la cumplían. Sin embargo
en un sólo día de trabajo, el autor experimenta el veneno nazi
en tres ocasiones; con Frieda, que se extraña porque la espo-
sa del autor sea realmente alemana – identificando lo alemán
con lo ario – con Albert, convencido de que son invencibles
porque están organizados de fábula y con la trabajadora de la
máquina de los sobres transparentes. Que lo saludó con un
Heil Hitler. A pesar de que ninguno era nazi.
“Sistema”, “inteligencia” y “objetividad” pertenecen a la
lista de lo repelente. El nacional socialista rechaza el pensa-
miento sistemático, rechaza filosofar. La filosofía se sustituye
por la cosmovisión. La ‘verdad orgánica’ sustituye a la verdad
única. “Totalidad” es uno de los pilares básicos de la LTI La
voluntad de totalidad estaba relacionada con las organizacio-
nes, incluyendo un Mundo felino alemán, que no admitía a
criaturas que vivían con judíos. Los gatos, canarios y perros
que vivían con judíos fueron muertos sistemáticamente.
La palabra organización estaba imbuida en todas las acti-
vidades, las del mecánico y las de propio autor.
Oscar Wazel, llamado por sus adversarios ‘cronista litera-
rio judío’, logró presentar su certificado de ario. Para sus ami-
gos judíos, este documento no estaba al alcance. Su secretaria
Paula von B., alemana, culta, europea liberal, dedicada a la
actividad intelectual, visita al autor y a su esposa para sin-
cerarse. Y manifiesta su fe en el Führer, en la grandeza del
Führer, y asume que el Führer tiene razón cuando se refiere
a la ‘inteligencia estéril’. “Yo creo en él”, le dice al autor, y esta
expresión la escucha Klemperer de diversas personas, de ca-
pas sociales distintas. La LTI, enfocada hacia el fanatismo, era
un lenguaje de la fe.
Así, a pesar de un aparente rechazo al catolicismo las vícti-
mas del partido reciben en los planos cultural y lingüístico el
tratamiento que se da a los mártires cristianos.

167
Federico César Lefranc Weegan

La Navidad es descristianizada, se celebra la ‘fiesta del


alma alemana’, la contemplación se centra en la rueda solar
y en la cruz gamada. Las palabras que se graban se asocian,
como ideas católicas, a los actos del Fürher. El uso de la pa-
labra “eterno” como superlativo, elevado al plano religioso se
destaca cuando se habla del Tercer Reich como el Imperio
eterno de los alemanes.
Hitler es divinizado, es el Redentor de Alemania. La pro-
pia palabra Reich posee algo de dignidad religiosa: “el nazis-
mo fue acogido como el Evangelio por millones de personas,
puesto que utilizaba el lenguaje del Evangelio.” 212

Los anuncios de natalicios, bodas y defunciones eviden-


ciaban los tópicos de la LTI. Todo lo germánico aparece como
“radiante”, luminoso. De los caídos se destacaba su fe en el
Führer.
El autor aclara que la adopción generalizada de una pa-
labra es decidida por el estado de ánimo del público, destaca
también, el terrible contraste entre el presente y el pasado ale-
mán, donde el presente está marcado por la desmesura, por
el desprecio de los límites. Aunque considera esa supresión
de los límites como una postura básica de las manifestaciones
del romanticismo, en lo religioso, en lo artístico, en lo filosó-
fico, en la moral o en la criminalidad. En ese contexto valora
el antisemitismo como la concreción más eficaz y popular de
la doctrina racial. Caracterizando el antisemitismo del Tercer
Reich por tres factores: 1) Parecía imposible que volvieran las
persecuciones de judíos de tipo medieval. 2) Se apoya en la
modernidad más absoluta, en lo técnico y en lo organizativo.
3) Fundamenta el odio al judío en la idea de raza, trasladando
al a sangre la diferencia y perpetuando la separación entre ra-
zas. Es esta doctrina la que vendría a justificar todos los exce-
sos del Estado, las conquistas, las crueldades y las matanzas.

212 Ibid., p. 177.


168
Holocausto y Dignidad

Ya Gobineau, a mediados del siglo XIX había sostenido la


pretendida superioridad de la raza aria y la idea de una san-
gre semita contaminante. Dicho autor relegaría el concepto
de humanidad anteponiéndole el de raza. Una vez adoptada
esta doctrina, hundiría sus raíces en el romanticismo alemán
y se transformaría en monopolio de lo germano. Klemperer
desprende de su análisis sobre Gobineau, la convicción de que
la construcción del hombre ario se basa en la filosofía y no en
las ciencias naturales. De aquí también que cuando Hitler y
Goebbels utilizan la palabra humanidad lo hacen de manera
irónica.
Al estar prohibido para los judíos utilizar las bibliotecas
públicas, o comprar libros nuevos, éstos adquirían un valor
muy especial en las ‘casas de judíos’. En ellas los libros hereda-
dos se convertían en señales sobre un posible destino cuan-
do el propietario desaparecía con destino a Theresienstadt o
Auschwitz.
Se había puesto de moda la palabra cosmovisión adoptada
por los nazis, como contraria a las implicaciones del término
filosofía, porque el nazismo rechazaba el filosofar como ac-
tividad intelectual. Reafirma el autor su observación “la raíz
alemana del nazismo se llama romanticismo.” 213
Analiza entonces la palabra Schau, que tiene que ver con
la contemplación, con la visión interior, y el uso que Goebbels
da a la misma homologándola con el término inglés show, es-
pectáculo. Retomando el análisis del culto a la cruz gamada y
a la rueda solar, destacando la idea de la radiante germanidad,
usada no sólo de los nazis.
Lo radiante, sonnig, aparecía en un cuento infantil como
parte del carácter de un niño.
“..por qué se manifiesta la barbarie cuando un vigilante del
campo de concentración de Belsen declara ante el tribunal de

213 Ibid., p. 212.


169
Federico César Lefranc Weegan

guerra haber tenido que ver, el día tal, con dieciséis ‘piezas’
(Stück), refiriéndose a los prisioneros?”.214
Por la cosificación que se produce. Misma que se mani-
fiesta en la expresión ‘aprovechamiento de cadáveres’, que se
usaba para referirse a los muertos en los campos de concen-
tración. Esta cosificación se hace más patente cerca del final
de la guerra, al hablar de los enemigos liquidados, como si
fueran valores materiales. Sin embargo la cosificación de la
personalidad no se debe considerar como un rasgo particular
de la LTI, ya que sólo se aplica a personas excluidas de la “hu-
manidad” germánica.
Para ellos, sí pone su énfasis en la personalidad. Un prin-
cipio de administración del régimen ponía en manos de la
personalidad competente de un líder la decisión de cada caso.
“Por tanto, todo asunto oficial se trasladaba a la primera per-
sona singular y era ordenado por un dios personal.” 215
La personalidad enaltecida por el nacionalsocialismo, no
excluye su mecanización. El Führer requiere de autómatas.
Ello explica la gran cantidad de palabras mecanizantes, inva-
diendo ámbitos no técnicos en la LTI. Una de sus expresiones
más claras en ese sentido era la palabra gleichschalten coor-
dinar. Los maestros, los grupos de funcionarios, las SA son
continuamente coordinados.
Este uso permanente de metáforas técnicas, evidencia el
verdadero desprecio hacia la personalidad aparentemente tan
apreciada.
La idea de Europa de los nazis había sido ‘nordificada’,
atribuyendo el origen de todo lo europeo a los germanos, in-
cluyendo los elementos helénicos y la propia imagen de un
Jesucristo rubio y de ojos azules. Se atribuía a sirios y judíos
todos los daños y amenazas. En todo caso Germania se po-
dría convertir en el país de origen de todas las ideas europeas.
La Europa de la LTI se concretaba en su sentido material y es-

214 Ibid., p. 218


215 Ibid., p. 221.
170
Holocausto y Dignidad

pacial. Europa se oponía a Rusia y estaba separada de la Gran


Bretaña. La ‘fortaleza Europa’, y en el centro Alemania como
‘potencia de orden’.
Klemperer afirma que el día más duro para los judíos fue
el 19 de septiembre de 1941, cuando se volvió obligatorio el
uso de la estrella amarilla. Estrella de trapo de un color que
identificaba a la peste, a la envidia, al mal; con la palabra ‘ju-
dío’ impresa en negro en una tela cuyos detalles, describe
Klemperer, “no alcanzan para apuntar todas las amarguras de
la estrella judía.” 216
Esta marca aislaba a los judíos en medio de los demás.
Propiciaba que fueran reconocidos y molestados, volvía ple-
na la ‘guetización’. Con la estrella, cada judío portaba su gue-
to, y la misma debía estar pegada en la puerta, encima de su
nombre.
En este contexto, aparecían en los portales papelitos por-
tando cruel información: ‘Aquí vivía el judío Weil’ o ‘Desti-
natario emigrado’. De estas expresiones y fórmulas oficiales
destaca la de “privilegiados”, que posibilitaba no portar la es-
trella o no habitar una casa de judíos. Esta distinción que ser-
vía para proteger a la parte útil de la población judía provocó
envidias y odios y ayudó a desintegrar y a desmoralizar a la
comunidad judía.
Para el autor ‘privilegiado’ es, después de ‘estrella’ la peor
palabra en su diccionario.
La estrella debía portarse visible, porque cuando era aun-
que sea parcialmente ocultada, “Un funcionario de la Gestapo
siempre suponía que la estrella ha sido tapada de forma in-
tencionada.”217 Y taparla, aún involuntariamente, implicaba
la muerte en Auschwitz o en Ravensbrück, por ‘insuficiencia
cardiaca’ o ‘en aplicación de la ley de fugas’.
La guerra, era la guerra judía, así lo había dicho el Fuhrer
y él siempre tenía razón.

216 Ibid., p. 243.


217 Ibid., p. 247.
171
Federico César Lefranc Weegan

En realidad, afirma Klemperer, la denominación, en sen-


tido amplio era acertada desde el punto de vista del nazismo.
Esta guerra habría empezado el 30 de enero de 1933, y en
1939 los nazis no habrían hecho más que defenderse de los
atentados judíos contra Alemania. Desde “Mi lucha”, Hitler
había identificado al judío de la forma más primaria, y por
extensión al pueblo judío, atribuyéndoles todas las inmorali-
dades que lo indignan. Desde todos sus discursos Hitler alude
al ‘pequeño judío’ y a la ‘peste negra’, a la vez los propios judíos
le muestran un camino en el sionismo.
“…No considero el antisemitismo de los nacionalsocialis-
tas una aplicación particular de su teoría racial general, sino
que estoy convencido de que sólo adoptaron y desarrollaron
la doctrina racial general para proporcionar un fundamento
duradero y científico al antisemitismo.” 218 El judío es en rea-
lidad el chivo expiatorio, sin él, no habría existido la figura
luminosa del germano. Más que como sustantivo, la palabra
judío se usa como adjetivo, porque así permite generar un
enemigo único.
“Exterminar” es la palabra, empleada con frecuencia, que
designa la meta a la que los nazis pretenden llegar. El antise-
mitismo racial se fue elaborando paulatinamente y se convir-
tió en sistema. Por lo que respecta a la LTI, todos sus elemen-
tos están dirigidos a separar irreconciliablemente a los judíos.
Tienen sus propios médicos y abogados, llamados ofensiva-
mente, ‘cuidadores de enfermos’ y ‘consultores jurídicos’, ne-
gando así su título profesional. Se llama a las sinagogas, antros
de ladrones y a las relaciones amorosas de judíos con arios se
les denomina ‘deshonra racial’. La LTI es pobre y cambia poco
entre 1933 y 1945, pero un cambio si fue notorio; desapareció
el diminutivo ‘pequeño judío’ y se mantuvo en las expresiones
de Hitler el terror a la ‘peste negra’, y en las de Goebbels la
confianza en que caería ‘el poder judío’.

218 Ibid., p. 245.


172
Holocausto y Dignidad

Melden, presentarse, estaba ligado a los malos tratos de la


Gestapo y a una posible desaparición. El autor nos advierte
que el número de judíos se iba reduciendo, “los jóvenes des-
aparecían, de a uno o en grupos, en Polonia o en Lituania,
los mayores en Theresiendstadt.” 219 Luego de los que queda-
ban, la mayoría fueron hacinados en el campo de Hellerberg,
y más tarde enviados a los campos de exterminio. Quedaron
sólo los que vivían en matrimonio mixto.
La expresión ‘ir a buscar’ esta emparentada en lo lingüísti-
co con la palabra ‘presentarse’. Pero en la lengua nazi, implica
llevarse a alguien a la cárcel o al cuartel. Estas dos expresiones
cotidianas ocultaban dos hechos crueles.
Los nazis, con su doctrina consiguieron judaizar; había así
un ‘sótano para judíos’ en la ‘casa para judíos’, ellos veían los
sucesos y los interpretaban a través de lo que Klemperer llama
‘las gafas judías’ que más de una vez les impidieron ver que la
guerra iba finalizando.
Resulta representativa la historia de Elsa Glauber de la que
el autor no puede decir si era mejor como judía o como pa-
triota alemana, que formaba a sus hijos en la fe judía y en la
fe en la ‘Alemania eterna’. Que los impulsaba a ser alemanes
fanáticos y que defendía su postura ante Klemperer aludien-
do a la necesidad de una germanidad fanática. Y de la que
sólo se supo que junto con su familia fueron “trasladados de
Theresienstadt”. El lenguaje del vencedor se respira, se vive
según él. 220
Sobre la influencia de Herzl en Hitler, empieza hacien-
do referencia a una de las primeras manifestaciones de 1933
donde un judío llevaba escrito en un letrero “Nosotros fuera”.
Selikson, su amigo, le corrobora que no era un chiste cruel, y
que esa expresión era anterior al hitlerismo. En ese momento
Klemperer no había leído nada de Herzl.

219 Ibid., p. 268.


220 Ibid., p. 289.
173
Federico César Lefranc Weegan

Hitler habría aprendido de Herzl a ver a los judíos como


una unidad política; ‘el judaísmo mundial’. El movimiento
sionista se había fortalecido en Alemania como defensa ante
el desarrollo del antisemitismo.
Allí aparece brevemente la historia del viejo Markwald y
su mujer. El era paralítico, fue trasladado sin su silla de ruedas
a Theresienstadt, donde murió con su esposa. Ellos tampoco
escaparon al lenguaje de los vencedores. En un manuscrito
con la historia de su familia en Alemania empleaban profu-
samente el vocabulario nazi. La opinión de Markwald sobre
el sionismo, reveló que no parecía ser un movimiento impor-
tante en el Reich porque, afirmó, a los judíos alemanes no se
les podía despojar de su germanidad. Tampoco él ni su esposa
habían leído antes nada de Herzl.
Una vez que le prestaron los libros de éste, Klemperer
anotó que en ellos se encontraban pruebas de lo que Hitler,
Goebbels y Rosenberg alegaban contra los judíos. Herzl mos-
traría en su obra dos facetas, por un lado no era un fanático,
no buscaba exterminar pueblos, sólo exigía igualdad de de-
rechos para un grupo de oprimidos. La otra faceta es la de
enviado de Dios, y entonces su lenguaje si que se parece al
del líder nazi; habla de destruir todo cuanto se le opone, de
aplastar cuanto se le resiste, “es el Fuhrer que asume la mi-
sión que le ha encargado el destino y realiza lo que aguarde de
modo inconsciente en las masas de su pueblo.”221 Herzl decía
ver como nacía su leyenda. Apoyaba el uso de la suntuosidad
y de los símbolos estridentes, los uniformes y las banderas.
Para él los críticos incómodos serían tratados como enemigos
del Estado. Habla también de dureza implacable para romper
la resistencia y no vacila en recomendar el insulto y el descré-
dito sobre quienes piensan de otra manera. La seducción y la
amenaza irían de la mano. Esas son formulaciones comunes a
los dos líderes. Klemperer encuentra continuas coincidencias
ideológicas, estilísticas, psicológicas, políticas entre ambos y

221 Ibid., p. 302.


174
Holocausto y Dignidad

propone que se nutren del mismo legado; el romanticismo es-


trecho, kitsh. Por ello no resultará fácil saber lo que el Führer
extrajo del sionismo.
Emprende el análisis de otro guía del movimiento sionista,
el investigador de las religiones Martin Buber. Este, encuentra
en la mística judía lo esencial y creativo. Y equipara la racio-
nalidad judía a degeneración y anquilosamiento. Asigna a los
judíos la tarea de fusionar los mejores elementos de Oriente y
Occidente. Afirma que todas las imágenes bíblicas remiten al
hecho de que los judíos en Palestina eran un pueblo campesi-
no y su Dios, sus fiestas y su ley también lo eran. En Europa el
alma de los judíos se habría visto perjudicada, pero volvería a
ser creativa al pisar el suelo materno. Klemperer encuentra en
estos argumentos, “los raciocinios y sentimientos propios del
romanticismo alemán”.
Las palabras solemnes de Buber como “prueba”, “singu-
lar”, aparecen también entre los escritos nazis, no sólo de
Rosenberg. Habría un parentesco estilístico entre estos dos
autores, y Klemperer lo explica así: “el romanticismo, no sólo
el romanticismo kitsch, sino también el auténtico, domina la
época, y de su fuente beben ambos, los inocentes y los enve-
nenadores, las víctimas y los verdugos.” 222
En la LTI la utilización de los números se caracterizaría
por la exacerbación del superlativismo y por la malevolencia
deliberada. Los botines y los prisioneros se enumeran en mi-
les y decenas de miles. Es característico de la Segunda Guerra
mundial la introducción de la LTI en el lenguaje militar. Hay
una tendencia a batir récords (con las cifras) El uso del su-
perlativo y de la exageración no es sólo propio de los partes
de guerra. Una palabra clave de esto sería “total”, “la situación
total”, el “juego total”. Los superlativos se relacionan con el
principio de totalidad y entran en el ámbito religioso. El na-
zismo pretendía ser una fe, la religión germánica sustituiría al
cristianismo. El superlativo es una forma publicitaria por ello

222 Ibid., p. 309.


175
Federico César Lefranc Weegan

el NSDAP se reservó su uso de manera exclusiva; una circular


prohibiría usar superlativos en anuncios comerciales.
Después de cada discurso ‘El mundo escucha al Führer’,
Cada batalla se vuelve ‘la mayor batalla de la historia universal”,
los judíos y los bolcheviques son ‘enemigos universales’. 223
El Movimiento, la voluntad de movimiento, es la caracte-
rística con la que quiere ser identificado el nazismo. Sturm,
el asalto, Der Stürmer, el asaltante, las acciones fulminantes,
la guerra relámpago. Hasta cuando van perdiendo, los nazis
no entran en una guerra de posiciones sino en una ‘guerra
de defensa móvil’. En contraste se difundía que los enemigos
emprendían ‘ofensivas de tortuga’, y en abril del 45 cuando los
aliados se encontraban a un paso de Berlín el eufemismo fue
‘los hemos dejado entrar’ 224
Dentro del Reich, la guerra y el deporte se equiparan, existe
incluso una titulación superior en deportes. Paradójicamente
Goebbels, el doctor, era formador del intelecto de las masas
y se dirigía al pueblo desde el Palacio de Deportes. Goebbels
mezclaba en sus discursos expresiones y metáforas propias de
los deportes. El boxeo era referencia tanto de Hitler como de
Goebbels, y de él extraían las imágenes de sus discursos. El
segundo expresó después de Stalingrado: “Nos enjugamos la
sangre de los ojos para ver con claridad y en el siguiente round
volvemos a tener los pies bien plantados en el suelo.” 225 Le
había quitado a la guerra su magnitud trágica.
Gefolgschaft, séquito, en la antigua tradición alemana re-
mitía a vasallos, hombres armados obligados con los nobles
por un juramento de lealtad. En el Tercer Reich, esta expresión
deformaba la relación entre las personas. Esta relación queda-
ba representada en la frase “Fuhrer ordena y te seguiremos”.
En las oficinas habría, en lugar de un departamento de admi-
nistración, uno de asistencia, al cual debía estar agradecido.
No habría un ‘pensamiento jurídico’ sino un ‘sentido jurídico

223 Ibid., p. 319.


224 Ibid., p. 331.
225 Ibid., p. 337. Se trata de la cita de un discurso de Goebbels
176
Holocausto y Dignidad

sano’, expresión en la que sano correspondía a la voluntad del


Partido. La palabra instinto era especialmente relevante; los
alemanes reaccionaban cuando era invocado su instinto.
Klemperer cuenta de la prohibición de conducir decretada
contra los judíos, justificada por la ‘escasa fiabilidad’ de estos,
y porque se consideraba que se habrían arrogado el uso de ‘las
carreteras del Reich, construidas por los puños de los obre-
ros alemanes’.226 No sólo el campesino, también el obrero fue
oportunamente incluido en el discurso del nazismo.
Un impuesto obligatorio se promocionaba sentimental-
mente como la ‘ayuda invernal’. Y en el último minuto de la
guerra, cuando se pretende pasar a la lucha de guerrillas, la
denominación de los guerrilleros alemanes sería Werwölfe,
hombres-lobo, revelando la esencia del nazismo.
En el último año de la guerra el autor se vio impresionado
al presenciar directamente las manifestaciones del nazismo.
Los cánticos, las columnas y las banderas todo destinado a
incitar los ‘instintos heroicos’. La guerra estaba ya perdida y
ellos marchaban y cantaban por la victoria final.
A los coros hablados, artificiales y estudiados, que reapa-
recieron durante la catástrofe de Stalingrado el autor les atri-
buye un efecto “más brutal” que a los coros cantados.
“El coro hablado golpea de manera directa, con el puño, la
razón del interpelado, con la intención de sojuzgarla.”

En ese contexto, el autor revela que podía haber encontra-


do un signo esperanzador comparando las letras de las can-
ciones características del Tercer Reich. La letra de una canción
que por cierto se habría cantado al tiempo que Hitler insistía
en su voluntad de paz incluía, en 1934, en una de sus estrofas:
“…pues hoy nos pertenece (gehört) Alemania y mañana todo
el mundo.” Estrofa que se había visto modificada en una pu-
blicación de 1942-1943, rezando así: “pues hoy nos escucha
(hört) Alemania, y mañana todo el mundo.” Al respecto de

226 Ibid., p. 349.


177
Federico César Lefranc Weegan

esa modificación percibida tardíamente escribe Klemperer,


“Justo entre gehören y hören transcurre la línea de separación
de la autoestima nazi.” 227
Klemperer llama ‘la ducha escocesa’ a la forma de discurso
usada por Hitler y perfeccionada por Goebbels en la que se al-
ternan en el mismo discurso, el uso de un lenguaje del pueblo
– ‘proleta’ – y el uso de términos eruditos de origen extranjero
o no. Es decir, se salta bruscamente entre elementos estilísti-
cos de los más heterogéneos; el sentimentalismo y la racio-
nalidad, el tono sobrio y el de predicador, la vulgaridad y el
patetismo. Es comparable este discurso con el sermón medie-
val donde el realismo se combina con el patetismo inherente
al rezo. Y ejemplifica el autor con un artículo de Goebbels de
noviembre de 1944: ‘que la nación siga con los pies bien plan-
tados en el suelo y no caiga nunca derribada’ “y justo después
de esta imagen sacada del boxeo señala que el pueblo alemán
libra esta guerra ‘como un juicio de Dios’.
El bombardeo de Dresde del 13 de febrero de 1945, provo-
có una huida de tres meses por distintas ciudades y pueblos.
Sin minimizar el aspecto dramático de ésta, el autor pudo
comprobar que todos hablaban la misma LTI que él. E igual-
mente se encontró con las manifestaciones de veneración al
Führer. En Falkenstein se encontró con que el brazalete de
algunos soldados tenía escrita la palabra Volksschädlingsbe-
kämpfer, es decir luchador contra los parásitos del pueblo.
El lenguaje era realmente totalitario, y así lo percibía en
todas sus lecturas. Al leer un libro sobre la receta médica de
las tisanas, encontró que igualmente expresaba “el servilismo
más horrible ante la doctrina imperante”, haciendo patente la
corrupción de ese gremio científico. La confianza en las plan-
tas autóctonas se sustentaba en la idea de sangre y tierra. Los
farmacéuticos, médicos y químicos titulados serían también
usuarios de las plantas medicinales.

227 Ibid., p. 361.


178
Holocausto y Dignidad

En la Historia del pueblo alemán de Stieve, encontró el


“veneno envuelto en trozos inocentes”, Goethe habría sentido
respeto por Napoleón porque se le había atrofiado la voz de
la sangre. “El furor teutónico es considerado un título glorioso
de los ‘robustos hijos del norte’...”. Al Partido (NSDAP) le ha-
bría correspondido ser el motor del despertar en el Reich.
Stieve asigna gran importancia al sentimiento, y así explica
la institución de un séquito basado en la entrega interna vo-
luntaria. Para este escritor, el judío sería la imagen antitética
del hombre de sentimiento. Después de utilizar profusamente
el lenguaje nazi para hablar del “judío Karl Marx” o del “judío
Heine”, y de referirse a “las ‘hordas sombrías’ de los batallones
del Frente Rojo”, hasta la culminación estilística, cuando des-
cribe al salvador, al hombre de la Gran Alemania, al Führer.
Más pobre aparece la LTI en la obra de Linden, cuya obra
caracteriza Klemperer afirmando que página tras página se
sostiene que “toda obra, todo autor es o bien ‘propio del pue-
blo’ (volkhaft) y ‘propio de la especie’ o no lo es; y aquel a
quien Linden niega este predicado, queda también despojado
de cualquier valor ético y estético e incluso de cualquier dere-
cho a existir.” 228 en el otro extremo Leibniz tendría las carac-
terísticas requeridas; pensador universal, propio de la especie
y con convicciones alemanas.
Se pregunta Klemperer “¿Cómo fue posible que gente cul-
ta cometiera tal traición a la cultura, a la civilización, a la hu-
manidad?
También la burguesía que lo rodeaba en ese momento ha-
blaba la LTI. Así pues un amigo del autor escribía sobre su
confianza en la imposibilidad de ser derrotados por el ‘mate-
rialismo unido del mundo’.
Aún en esos días cuando la guerra estaba terminando,
Klemperer fue interrogado por el alcalde acerca de su paren-
tesco con arios y se inquietó. Sólo después se enteraría de que

228 Ibid., p. 383.


179
Federico César Lefranc Weegan

era una pregunta de rutina. Todavía temía más a la Gestapo


que a la muerte.
A partir de una revista dirigida al pueblo católico, el autor
vuelve a comprender que la “certeza“ del Führer al convertir
al judaísmo en “el paréntesis que incluía todos los diversos
factores que le eran hostiles.” 229
Después seguirían doce días de huida, cuando tuvieron
que abandonar Piskowitz. Días marcados por el hambre, por
los bombardeos, por las caminatas nocturnas, pero destaca el
autor, lo que lo atormentaba era el temor a los controles, a la
detención.
En todos esos días Klemperer no encontró ya nada nuevo
respecto de la LTI. Tal como la había estudiado desde la es-
trechez de sus condiciones “La LTI era realmente total, abar-
có y contaminó con una uniformidad absoluta toda su Gran
Alemania.”
Alguien que ama el lenguaje y que va viendo como se tras-
torna, y cómo en esa transformación incluye a sus propios
hablantes.

Etty Hillesum

Holandesa, pertenecía a la burguesía judía de Amsterdam,


entre los 27 y los 29 años, de marzo de 1941 a octubre de
1942 relató en su diario su percepción de la guerra y de la
persecución de los judíos. Renunció después dos semanas a
un trabajo administrativo en un Consejo Judío prefiriendo
colaborar como trabajadora social en el campo de Wester-
bork, desde allí mantuvo una intensa relación epistolar con
diversas amistades, entre otras con Osías Korman cuyo hijo
Gerd rescató las cartas de Etty a su padre y propuso su pu-
blicación.230 Las cartas contienen profundas reflexiones sobre
la vida cotidiana en los campos. Destacando que Westerbork

229 Ibid., p. 394.


230 Etty, Hillesum. El corazón pensante de los barracones. Cartas, An-
thropos, Barcelona, 2001, (tr. Natalia Fernández), 163 pp.
180
Holocausto y Dignidad

era un campo de tránsito, del que cada semana eran obligados


a partir aproximadamente mil judíos hacia Auschwitz. Etty
Hillesum, sus hermanos Joap y Misha, y sus padres Louis y
Rebeca fueron asesinados en distintas fechas entre el final de
1943 y los primeros meses de 1944 en el campo de exterminio
de Auschwitz.
En medio de la desolación, Hillesum fue capaz de esta-
blecer una comunión con quienes la rodeaban. En sus cartas
aborda multitud de temas pero no sólo desde la descripción
minuciosa y objetiva sino desde la reflexión o desde las emo-
ciones que le provocaba la terrible experiencia que estaba vi-
viendo.
Testigo directo de algunas de las experiencias que, en los
momentos inmediatos a la guerra, conmovieron a la socie-
dad, pero en las que no hubo una respuesta para las víctimas:
“Conocí a gente que estuvo a bordo de aquel barco que daba
la vuelta al mundo sin que nadie le permitiera atracar en
ningún puerto, ustedes ya saben; los periódicos hablaron
mucho de ese hecho en aquel entonces”. 231

Testigo de la falta de una solidaridad que se concretara en


ayuda, como la que ella proporcionaba a sus compañeros de
desgracia.
Su testimonio anticipa el alcance de la vivencia; “Vi fotos
de niños que ahora estarán en algún lugar desconocido de
este planeta, algo más crecidos, y que no podrán acaso reco-
nocer nunca más a sus padres, si es que tienen la oportunidad
de volverlos a ver”.232 Aún en este pequeño párrafo está pre-
sente la preocupación constante por el futuro de los demás
que caracteriza sus escritos.
En sus cartas aparece lo que después habían de constatar
los investigadores del Holocausto, la siempre presente buro-
cracia. “Y en medio de todo esto, el crepitar ininterrumpido

231 Ibid., p. 46.


232 Ibid., p. 47.
181
Federico César Lefranc Weegan

de una orquesta de máquinas de escribir; la ametralladora de


la burocracia.” 233
Además de su experiencia, Etty Hillesum registra las voces
de sus amigos asesinados o encarcelados y comparte con ellos
su destino. Describe Westerbork como “el último resto de un
naufragio al que un número excesivo de náufragos quiere afe-
rrarse tras el hundimiento del barco.” 234 refiriéndose al hecho
de que la gente, a pesar de las condiciones, prefería quedarse
en la provincia más depauperada de Holanda antes que ser
conducida a los campos del Este de los que apenas tenían no-
ción alguna. Ese aferrarse que refiere tiene que ver con que el
tren debía partir cada semana, con regularidad casi matemá-
tica, con sus desesperados pasajeros.
Nuestra testigo se considera incapaz de dar una imagen
veraz de esos trenes, cuyas condiciones sin embargo, intenta
describir. “Por la mañana temprano se hacinó a todas estas
personas en los vagones de mercancías. Al tren lo ametralla-
ron antes de salir de Holanda; otro retraso. Y luego, tres días
más rumbo al este. Colchones de papel en el suelo, para los
enfermos. Vagones desnudos, con un tonel en el centro de
cada uno de ellos. Setenta personas por vagón, todas de pie.
Sólo se les permite llevar consigo una bolsa de pan. Me pre-
gunto cuántos de ellos llegarán vivos al destino”.235
“La locomotora emite un chillido horrendo, todos en el cam-
pamento contenemos la respiración y de nuevo 3.000 judíos
nos dejan para siempre. Muchísimos niños de meses que
padecen afecciones pulmonares están hacinados ahora en el
vagón de mercancías. Da la impresión a veces de que esto
que sucede no es real.” 236

Nuevamente, más allá de la objetividad de la descripción,


se asoma la piedad.

233 Ibid., p. 54.


234 Ibid., p. 51.
235 Ibid., p. 98.
236 Ibid., p. 79.
182
Holocausto y Dignidad

Su testimonio de que las vías del tren podían haber sido


bombardeadas deja pendiente una dura interrogante. A pesar
de que en agosto de 1943, fecha de la que data la cita siguiente,
ya se tenía información suficiente sobre el exterminio masivo,
¿por qué nadie se preocupó por interrumpirlo?
“Desde aquí se percibía el bombardeo sobre una localidad
próxima, tal vez Emden. ¿Y por qué no fue alcanzado el raíl
por las bombas, de modo que el tren no pudiera partir? To-
davía no se ha dado el caso, pero con cada tren que sale surge
esa esperanza inextinguible.” 237

Como el resto de los campos, Westerbork se fue saturando,


diseñado para 1500 presos, con el tiempo llegaron a habitar-
lo provisionalmente cerca de 40,000 personas en condiciones
de terrible hacinamiento “poco a poco los barracones lo van
copando todo”. 238
La escritora descubre un mundo al que llama subterráneo
en Westebork; el mundo de las relaciones, de los contactos, de
las puertas invisibles, de los poderes ocultos, que se echan a
andar para evitar una deportación. Un mundo que le desagra-
da profundamente.
Apela a un “sol interior” para no convertirse en víctima
del lodo. Hace notar un aspecto poco estudiado y es el de la
cantidad abrumadora de lenguas y acentos que convertían
los campos en virtuales ‘Torres de Babel’; “bávaros y gente de
Groninga, sajones y limburgueses, habitantes de la Haya y fri-
sones orientales, alemán con acento polaco o ruso, holandés
con acento alemán y alemán con acento holandés, gente de la
plaza de Waterloo amsterdamesa y gente de Berlín... – y me
veo en la obligación de enfatizar que todo esto se concentra
en un espacio que es de medio kilómetro cuadrado”.239 Dato
importante para quienes menosprecian las dificultades de ha-

237 Ibid., p. 139


238 Ibid., p. 78.
239 Ibid., p. 50.
183
Federico César Lefranc Weegan

ber organizado una resistencia o una rebelión al interior de


los campos.
Las reflexiones de Etty revelan una gran madurez, madu-
rez que fue apresurada por la terrible vivencia:“Toda situa-
ción por deplorable que sea, es un absoluto que alberga en sí
lo bueno y lo malo”.240
Rara vez se compadece de sí, más bien, acompañando
sus reflexiones manifiesta una profunda compasión por los
demás, es decir, en sus escritos no sólo encontramos la con-
moción, casi instintiva que nos provoca el sufrimiento, sino
una solidaridad reflexiva que le permite ir aprendiendo de la
terrible situación.
“Es lamentable ver a toda esa cantidad de personas desvali-
das, destinadas a perder hasta su última camisa, que se de-
baten entre cajas, recipientes de comida, vasos, pan mohoso,
ropa sucia amontonada en, al lado y bajo sus catres... Esas
personas que se sienten desgraciadas porque se les grita y
se les injuria, pero que a su vez gritan también y ni siquiera
se dan cuenta... Niñas y niños abandonados, cuyos padres
han sufrido deportación, y que no suscitan la más mínima
piedad de otras madres, demasiado enfrascadas en los males
que aquejan a sus propios pequeños...” 241

Aspectos que habrían de llevarse mucho tiempo para ser


interpretados como la trampa de la autoconservación, fue-
ron percibidos con claridad por la autora. “Si no salvamos los
campamentos, el lugar donde se encuentran; si sólo nos pre-
ocupamos de salvar nuestra propia piel y nada más, servirá
de poco. No importa, efectivamente, seguir vivo a costa de
lo que sea, sino la manera en que se continúa con vida”.242 No
hay que perder de vista las condiciones de miseria en las que
hace esta reflexión.

240 Ibid., p. 129.


241 Ibid., p. 128.
242 Ibid., p. 55.
184
Holocausto y Dignidad

Etty Hillesum usa su propia fuerza para iluminar a los


demás. No sólo se conformó con narrarnos estas historias a
través de sus cartas, ella era en realidad una persona dedicada
a los otros.
“De todas las grandes urbes llegaban obreros, exhibiendo su
pobreza y su abandono en las desnudas barracas; muchos de
ellos con la boca abierta preguntándose qué ha hecho por
ellos esta famosa democracia de antes de la guerra”.243

Ante esa evidencia destaca la lucidez de la siguiente ob-


servación de la que posteriormente darían cuenta también los
estudiosos; “hay un típico fenómeno común: todos creen que
su caso obedece a los infortunios del azar; estamos aún muy
alejados de una conciencia histórica común”.244 Etty se hizo
rápidamente consciente de la incapacidad de las víctimas de
concebir la premeditación atrás de las acciones de sus verdu-
gos alemanes.
Etty Hillesum escribe sobre los ancianos en Westerbork,
cuya condición considera la más deplorable de todas, y sobre
la vergüenza que siente por no haber hecho nada por evitar
lo acontecido. Un sentimiento que no puede ser expresado
porque las palabras no sirven de nada. Los gestos de desam-
paro de los ancianos, sus rostros extintos, habrían de poblar
muchas noches de insomnio de la autora.245
La preocupación permanente por sus padres aparece en
sus cartas; “Ahora están alojados en una de las grandes ba-
rracas, que es en realidad un abarrotado depósito de carne
humana, donde tres personas han de dormir juntas en dos es-
trechos somieres de hierro, los hombres incluso sin colchón,
sin posibilidad remota de ocultar algo, angustiados, rodeados
de niños que gritan, de la mayor miseria imaginable. Voy a
intentar hacer algo por ellos; me siento inusitadamente fuerte,

243 Ibid., p. 52.


244 Ibid., p. 58.
245 Ibid., p. 57.
185
Federico César Lefranc Weegan

llena de valor, aunque a veces todo se tiña de negro y se pre-


sente tan desprovisto de sentido”. 246
Lo que caracteriza a Etty Hillesum es esa capacidad de
transformar permanentemente en acciones su preocupación.
Siempre habrá de encontrar la forma de hacer algo concreto,
significativo, por los demás.
“..desde esta última remesa de gente capturada en redadas
se me ha quitado el apetito, el sueño, todo... Y, sin embargo,
estoy bien, tal es la concentración que exige atender a los
demás que hace que te olvides de ti misma”.247

También ella sufre las condiciones de incertidumbre per-


manente, de no saber nunca con exactitud qué pasaba con los
deportados. “En los camastros se vive y se muere, se come, se
postra el enfermo o se sucede el insomnio, ya que son muchos
los niños que lloran toda la noche o porque la gente no cesa
de preguntarse las razones por las que no llegan noticias de
quienes ya abandonaron el lugar.” 248
Y sin embargo no se deja abrumar; “...cuando se ha llega-
do al límite extremo de la desesperación y se piensa que no
se puede continuar adelante, entonces la balanza se bascula
súbitamente hacia el otro lado y puedes reír y tomar la vida
como es”.249
Hillesum escribe también sobre esa imposibilidad de con-
cebir verdaderamente lo que estaba pasando, la sensación de
estar viviendo algo inverosímil: “La miseria ha rebasado con
mucho los límites de la realidad, de modo que se ha vuelto
irreal. A veces, yendo sola por el campamento no tengo más
remedio que reírme en silencio de las situaciones grotescas de
las que te toca ser testigo.” 250

246 Ibid., p. 83.


247 Ibid., p. 89.
248 Ibid., p. 59.
249 Ibid., p. 107.
250 Loc. cit.
186
Holocausto y Dignidad

Pero es capaz de constatar que aún en esa situación extre-


ma “unas condiciones idénticas de vida están lejos de engen-
drar seres humanos idénticos”.251
Otra forma particular de crueldad se manifiesta en la
incertidumbre de la partida que siempre es anunciada en el
último momento. Ahora nos cuenta sobre una muchachita
que padecía parálisis parcial y acababa de aprender a caminar
cuando recibe la noticia de que se tiene que ir. Etty nos habla
sobre las otras vidas truncadas.
Nos hace saber su impotencia ante la imploración de quie-
nes creían que ella podría hacer algo para evitar la partida.
Percibe la culpa o el resentimiento que provocan en las
víctimas los métodos de sus captores. El sentimiento de ha-
ber sido salvado a costa de alguien… o de morir para que
alguien más se salvara. Alguien le cuenta “Hace dos meses
quería irme por mi propia voluntad con mi marido a Polonia
y no me dejaron porque mis partos son siempre complicados.
Y ahora me obligan a irme porque alguien se ha salvado esta
noche de ser deportado”.252
Testimonio de los hechos pero también de sus emociones
dentro del campo. Impresionan sus descripciones de la parti-
da de otros presos, desde la madre que habiendo perdido a su
recién nacido y contemplando a los bebés que les rodeaban,
ofrece la leche que aún queda en su pecho, hasta aquella an-
ciana que se duele porque no la dejaron compartir la tumba
con su marido. O aquella otra madre que esconde su miedo;
“Tengo siete hijos que necesitan una madre a la que no se le
transparente el horror en los ojos”.253
En un escrito proveniente de su diario – que aquí no abor-
damos – Etty Hillesum nos alertó con su lucidez característi-
ca, “En toda la superficie terrestre se está extendiendo poco
a poco un único y enorme campo de concentración y no que-

251 Hillesum, op. cit. p.60.


252 Ibid., p. 142.
253 Ibid., p. 145.
187
Federico César Lefranc Weegan

dara casi ninguna persona afuera”.254 Lo que puede dejar de


ser una tan sólo una terrible visión.
Escribió para los demás. “Y si sobrevivimos a esta época
ilesos de cuerpo y alma, de alma sobre todo, sin resentimien-
tos, sin amarguras, entonces ganaremos el derecho a tener voz
cuando pase la guerra. Tal vez soy una mujer demasiado am-
biciosa: me gustaría tener unas palabras que enunciar”.255
Como otros, el aviso de su deportación llegó también de
manera inesperada. Etty escribe su última carta el martes 7
de septiembre de 1943 sentada en su propia mochila, en un
abigarrado vagón de mercancías.

5. LA INTERPRETACIÓN DE BAUMAN 256


Bauman explica el Holocausto como un producto racional
de la civilización moderna, y dentro de esta civilización mo-
derna, como producto de la cultura burocrática.
Para que fuera posible el Holocausto en este contexto, la
sociedad industrial habría aportado el aspecto tecnológico y
la sociedad burocrática el aspecto organizativo.
Bauman hace notar que la descripción de administración
moderna de Weber, corresponde claramente a la actividad
aplicada al Holocausto y es a la vez una demostración de que
la búsqueda de la eficacia burocrática es éticamente ciega.
La adaptación de la idea de una Alemania judenfrei a una
Europa judenfrei fue consecuencia de un proceso que pasó
de imaginar el Reich reconstruido a la concreción – quizás
originalmente no imaginada – de una Europa dominada por
Alemania.
En este desarrollo propiciado por una burocracia destaca
el hecho de que las normas de la racionalidad instrumental

254 Citado en el seminario Los grandes testimonios de la historia: Primo


Levi, Etty Hillesum y Margarete Buber-Neuman, Universidad de la
Ciudad de México, 2003.
255 Hillesum op, cit.., p. 99.
256 Bauman, Zygmunt. Modernidad y Holocausto, Sequitur, España,
1997, 309 pp.
188
Holocausto y Dignidad

están especialmente incapacitadas para evitar fenómenos


como el descrito. El espíritu de la racionalidad instrumental y
su institucionalización burocrática permitieron que el Holo-
causto apareciera como la solución más razonable apoyándo-
se en la capacidad de la burocracia moderna de coordinar la
actuación de numerosas personas morales.
A la vez, expone la opinión de Kelman acerca de las tres
condiciones que favorecen el que disminuyan las inhibiciones
morales y que son: 1) la violencia autorizada, 2) dentro de una
rutina, y 3) contando con víctimas deshumanizadas.
En un ambiente en el que la lealtad a la tarea asignada de-
bería derivar de la lealtad a la organización, y en el que la SS
transformaba inclusive a sus víctimas en parte integrante de
la cadena de órdenes. Esta cadena de órdenes se caracterizaba
por estar sometida a estrictas reglas de disciplina y exenta
de todo juicio moral. Y en cuanto al trato que se daba a las
víctimas destacaban el distanciamiento con la víctima hasta
conseguir su invisibilidad, y la deshumanización para sacar
a la víctima del universo de las obligaciones del verdugo ha-
ciendo que careciera de sentido el mero hecho de plantearse
valoraciones morales respecto de ésta.
Bauman descarta el antisemitismo como causa suficien-
te del Holocausto y explica como, contra lo aparente, en la
Europa premoderna, muchas de las medidas que regían las
relaciones entre las personas eran vehículo de integración.
Así, medidas como la separación en castas, de control en las
relaciones, de distanciamiento territorial, y de codificación
ritual de las relaciones inevitables; en realidad favorecían la
convivencia porque establecían condiciones en las que los di-
versos grupos podían cohabitar en un momento en el que no
regía la idea de igualdad.
Es la generación del judío conceptual como adversario de
la iglesia católica el que es heredado a la modernidad. El judío
conceptual tenía la función de representar las consecuencias
de transgredir los límites del orden que la Iglesia había defi-
nido. Y como ente, este concepto no representaba otro orden
189
Federico César Lefranc Weegan

sino el caos y la devastación. Pudiendo interpretar el antise-


mitismo como un caso de trazado de límites.
Ahora, con el advenimiento de la modernidad, llegó en un
sentido la profecía según la cual, con la nueva igualdad legal
desaparecería la peculiaridad de los judíos, y se uniformarían
a la nueva sociedad.
El autor hace notar que paralelamente se desarrolló un
proceso en dirección contraria, un proceso en el que los ju-
díos representaban la disolución de todo lo que antes parecía
sólido y duradero.
“Hubo que exorcizar los demonios internos de Europa con
los modernos productos de la tecnología, la administración
científica y el poder concentrado en el Estado, todos los su-
premos logros de la modernidad”.257 Donde los judíos siguie-
ron siendo “la encarnación visible de los demonios internos”.
Agregándose a esto, la tendencia durante el nuevo orden in-
dustrial a combinar el judaísmo con los males del capitalismo
propios del siglo XIX.
Los judíos por su parte, tenían interés en el concepto de
ciudadanía que inspiraba el liberalismo porque prometía la
creación y reafirmación de personas libres y serviría para
romper con la permanente dependencia respecto de los diri-
gentes políticos. Por ello necesitaban de un Estado que avan-
zara hacia la consolidación de esos derechos. Por ello, sin em-
bargo, la burguesía los ubicó en el campo de los enemigos de
la autonomía y la libertad política.
La consideración de la nacionalidad como base suprema
para la constitución de grupos se sumó a la cualidad supra-
nacional de los judíos, a su personificación permanente como
extranjeros.
A partir de la modernidad – escribe Bauman – había que
manufacturar, construir, argumentar racionalmente, diseñar
tecnológicamente, administrar, controlar, gestionar el proble-
ma de la separación de los judíos. Un problema que antes se

257 Ibid., p. 60.


190
Holocausto y Dignidad

resolvía naturalmente. La conversión religiosa – al cristianis-


mo – y la asimilación cultural, la ausencia de marcas diferen-
ciadoras, se sintieron como amenazas a los antiguos límites.
Hubo entonces que buscar un método distinto, moderno para
conservar la segregación. El racismo se afirmó sobre la atribu-
ción de una cualidad del ser, imposible de modificarse.
Bauman expone las razones por las que vale contemplar el
antisemitismo, en su versión exterminadora, como un fenó-
meno exclusivamente moderno que se concreta en la teoría
racista y en el “síndrome médico terapéutico”. Así, la visión
de una raza con un defecto endémico, fatal, incurable y que se
podía propagar. La existencia de una práctica consolidada de
la medicina y de sus variantes y aplicaciones que respondía a
un modelo específico de salud y normalidad. La orientación
de la sociedad a la ingeniería; la creencia en la artificialidad
del orden social, la institución de los conocimientos técnicos
y la práctica de la administración científica de la interacción
entre seres humanos.
El racismo, entonces, resulta ser una política, y como po-
lítica necesita de organización, dirección y de expertos. La
teoría racista y el síndrome médico terapéutico, ya referidos
encontraron el medio moderno adecuado para ponerlos en
práctica: la burocracia moderna. A la que hay que agregarle la
concentración de poder, recursos y capacidad material.
“El Holocausto no sólo no evitó, de forma misteriosa, el
enfrentamiento con las normas e instituciones sociales de la
modernidad. Es que fueron esas normas e instituciones las
que lo hicieron viable. Sin la civilización moderna y sus logros
esenciales y fundamentales, no habría habido Holocausto.
En segundo lugar, todas las intrincadas redes que ha crea-
do el proceso civilizador de frenos y equilibrios, de barreras y
obstáculos que esperamos que nos defiendan de la violencia
y mantengan alejados todos los poderes de la ambición y de
la falta de escrúpulos, han demostrado que no servían para

191
Federico César Lefranc Weegan

nada. Cuando se produjo el asesinato en masa, las víctimas se


encontraron solas”.258
Racionalizando los sueños de la civilización moderna se
originaron instituciones que tenían como única finalidad la
de instrumentalizar el comportamiento humano. Institucio-
nes que legitiman el monopolio de los gobernantes sobre los
fines, y que definen los medios como subordinación al ob-
jetivo final. El Holocausto se presenta cuando se empieza a
descontrolar el impulso hacia un mundo perfectamente dise-
ñado y controlado. La consecuencia es que se puede estudiar
el Holocausto desde dos perspectivas diversas: como prueba
de la fragilidad de la civilización, o como prueba de potencial
de esta civilización. Durante esta experiencia se emplearon
a partir de criterios puramente técnicos y burocráticos, gran
cantidad de medios de coacción. El uso de la violencia se hizo
eficiente, disociando la valoración moral de los medios de la
de los fines a partir de dos procesos; la división del trabajo
meticulosa y funcional, y la sustitución de la responsabilidad
moral por la responsabilidad técnica.259 A estos dos procesos
se agregó la deshumanización de los objetos sobre los que ac-
túa la burocracia.
Destacando que incluso el lenguaje en el cual se narran las
cosas que se hacen salvaguarda a sus referentes de cualquier
evaluación ética.
Con el tiempo los portadores del grandioso proyecto que
gobernaba el moderno Estado burocrático se liberaron de las
restricciones de las fuerzas no políticas. El genocidio se con-
vierte sólo en parte de este proyecto que lo legitima. A partir
de ello el autor nos advierte sobre el riesgo de limitarse a los
criterios de la racionalidad instrumental y del cálculo de la
eficiencia cuando se trata de decidir objetivos políticos.
“Los documentos del Holocausto nos ofrecen una opor-
tunidad única de entender los principios generales de una

258 Ibid., p. 115.


259 Ibid., p. 129.
192
Holocausto y Dignidad

opresión administrada burocráticamente”260 representan una


muestra del funcionamiento del poder – racional y burocrá-
ticamente organizado – en la sociedad moderna, un poder
capaz de “inducir acciones funcionalmente indispensables
para sus fines y que son totalmente contrarias a los interese
vitales de los actores”. En ese contexto no fue difícil convertir
la racionalidad de las víctimas en cooperación y ello porque
las consideraciones racionales eran admisibles sólo si acerca-
ban el objetivo irracional. Destacando siempre la indiferencia
moral inherente a los principios de racionalidad.
El Holocausto, considerado como una operación compleja
e intencionada, puede servir de paradigma de la racionalidad
burocrática moderna. Sirva de ejemplo un hecho muy cono-
cido pero no debidamente valorado, como es el de la cantidad
de energía que los burócratas nazis y sus expertos invirtieron
para elaborar la definición legal de judíos. Esta definición era
necesaria para delimitar, para eliminar la posibilidad de casos
poco claros, para dar seguridad a los ciudadanos del Reich
de que a ellos no les sucedería nada. Esta definición sirvió
también para aislar a los judíos, para dejarlos fuera de las pre-
ocupaciones de los ciudadanos comunes.
Se generó para los judíos un mundo sin vecinos. Después
se aprovecharon también las diferencias patentes entre la co-
munidad judía para que el proceso de aniquilación no pare-
ciera idéntico. Recordemos que había diferencias entre aque-
llas comunidades que se percibían como superiores - v.g. la
comunidad de judíos holandesa, o la francesa – respecto de
aquellos grupos que éstas percibían como inferiores, inclusive
como vergonzosas. En este aislamiento y en esta desunión de
los propios judíos, “la racionalidad de la propia conservación
se reveló como el enemigo del deber moral”.261
Bauman dedica un capítulo a analizar los experimentos
de Milgram y de Zimbardo. Los experimentos de estos dos

260 Ibid., p. 159.


261 Ibid., p. 187.
193
Federico César Lefranc Weegan

científicos se refieren a la ética de la obediencia y las conclu-


siones que obtuvieron – cada uno por separado – son nota-
bles e inesperadas. Milgram demostró que en el caso de que
las condiciones fueran las adecuadas, la gente común como
nosotros, podría repetir el proceso del Holocausto. Es decir,
seríamos capaces de llevarlo a cabo. Sus conclusiones, con-
trarias a los pronósticos, fueron atacadas, rechazadas o mar-
ginadas. Milgram demostró “que la crueldad no tiene mucha
conexión con las características personales de los que la per-
petran pero sí tiene una fuerte conexión con la relación de au-
toridad y subordinación”.262 Para Bauman esto significa que la
inhumanidad tiene que ver con las relaciones sociales y en su
libro estudia los aspectos más importantes de esta producción
de inhumanidad. El proceso de racionalización facilitaría un
comportamiento inhumano en sus consecuencias. El efecto
de la soledad de la víctima – su distanciamiento – se vería
incrementado por la unión de los victimarios. A la vez los ver-
dugos se van atrapando por el curso de sus acciones sucesivas,
de manera que les resulta cada vez más difícil salirse de la si-
tuación corrupta. Además destaca el lenguaje que adquiere la
moralidad dentro del sistema burocrático de autoridad. Este
sistema re-utiliza las normas morales, negando el significado
moral de criterios no tecnológicos y moralizando la tecnolo-
gía, formando así una conciencia sustituta. Este proceso de
sustitución hacia la moralidad de la tecnología se ve facilitado
por la lejanía de la víctima y por la proximidad a la fuente
de autoridad. A los eslabones intermedios en las cadenas de
acciones les resulta más fácil cerrar los ojos ante la responsa-
bilidad por sus actos, resultando un factor decisivo el que esos
actos sean la respuesta a las órdenes de una autoridad. Así, la
responsabilidad es eliminada por la organización en su con-
junto y ello porque los eslabones intermedios terminan con la
sensación de estar haciendo algo técnico, no relacionado con
las consecuencias finales de su acción. El respeto a la autori-

262 Ibid., p. 200.


194
Holocausto y Dignidad

dad se convertiría en el factor decisivo. En estos casos el esta-


do de intermediario es lo opuesto al estado de autonomía.
Zimbardo en sus experimentos eliminó el factor que re-
presenta una autoridad reconocida como la que se atribuye a
la ciencia, sustituyéndola por una autoridad que funcionaba
únicamente en el contexto experimental. Era una autoridad
que generaban los propios sujetos que fueron separados para
cumplir con una pauta de interacción codificada cumplien-
do una estricta norma de impersonalidad. Los voluntarios se
dividieron en prisioneros y guardias de prisión y se les otor-
garon los distintivos que simbolizaban su situación. Los jó-
venes voluntarios sufrieron entonces una metamorfosis, los
guardias no se ponían límites para demostrar su superioridad
sometiendo y humillando cada vez más a los prisioneros. Pa-
recían convencidos de la naturaleza no humana de estos úl-
timos. El experimento se suspendió después de una semana,
los experimentadores quedaron sorprendidos y la vez atemo-
rizados porque consideraron que de continuar podían haber-
se producido daños irreparables – físicos y mentales – en los
sujetos.
La consecuencia que saca Bauman es que no fue la perver-
sidad de los participantes la responsable de la situación sino
la existencia de una polaridad, el poder total que se había con-
cedido a algunos de ellos. El resultado se había originado por
una disposición social viciosa.
El siguiente aspecto que aborda el autor estudiado se re-
fiere a la posibilidad de que la sociedad pueda actuar en algu-
nas ocasiones como una fuerza ‘silenciadora de la moralidad’.
Hace entonces una crítica a razonamiento circular que con-
vierte el comportamiento moral en sinónimo de conformidad
y obediencia social a las normas que obedece la mayoría. Re-
firiéndose a tres reacciones sociológicas ante el Holocausto.
La primera intentando describirlo como el producto de una
red de “individuos moralmente deficientes, liberados de las
restricciones civilizadas por una ideología criminal, y sobre
todo, irracional.” La segunda a partir de la actualización de
195
Federico César Lefranc Weegan

determinadas clases antiguas de fenómenos perversos ”expli-


cando el Holocausto en términos de prejuicios o ideología.”
Y por último la reacción consistente en no enfrentar el Holo-
causto: “la esencia y la tendencia histórica de la modernidad,
la lógica del proceso civilizador, las esperanzas y obstáculos
de la progresiva racionalización de la vida social se suelen es-
tudiar como si no se hubiera producido el Holocausto”.
La primera explicación ha fracasado ante la evidencia his-
tórica de que los autores era personas moralmente ‘normales’.
La segunda explicación se descarta a partir del desarrollo del
propio libro analizado. Queda entonces la necesidad de re-
visar las interpretaciones tradicionales sobre las raíces de las
fuentes de las normas morales. Aspecto que, reconoce el au-
tor, ha sido tratado ya por Hannah Arendt en su libro dedica-
do al juicio de Eichmann.263 En él, Arendt expresó la cuestión
de la responsabilidad moral por resistirse a la socialización
a partir de casos en que los individuos tuvieron que decidir
siguiendo su propio criterio, porque no existían normas que
los ayudaran a enfrentar lo que estaban viviendo. Bauman
afirma entonces que “el proceso de socialización consiste en
la manipulación de la capacidad moral, no en su producción”
264
ya que la aparición de esta capacidad no se debe a la pre-
sencia de organismos supra-individuales de adiestramiento y
ejecución.
Por ese motivo el autor nos remite a lo social, y no a la
estructura de lo societal, y a partir de esta remisión revalora
la significación de “estar con otros”. Sugiere que el punto de
partida para un planteamiento sociológico original y diferen-
te de la moralidad que permita la descripción del “estar con
otros” proviene de Emmanuel Levinas, quien ha descrito este
atributo como responsabilidad. Interpreta así Bauman: “Mi
responsabilidad es la única forma en que el otro existe para
mí, es la forma de su presencia, de su proximidad” (...) “mi

263 Supra. v. nota


264 Ibid., p. 233.
196
Holocausto y Dignidad

responsabilidad es incondicional. No depende de un conoci-


miento previo de las cualidades de su objeto, sino que precede
a este conocimiento”. El “Otro” es visto como una autoridad,
una autoridad sin fuerza. La responsabilidad sería el modo
existencial del sujeto humano y la moralidad, la estructura
primaria de la relación intersubjetiva. La moralidad en ese
caso no sería un producto de la sociedad. Los procesos socie-
tales empezarían cuando la estructura de la moralidad ya está
allí y es la sociedad la que puede manipular, explotar, redirigir
o boquearla. Entonces la administración social de la intersub-
jetividad se debe investigar por la incidencia del comporta-
miento inmoral, no del moral.
El logro fundamental del régimen nazi habría consistido
en neutralizar la incidencia moral del modo existencial espe-
cíficamente humano. Se habría neutralizado la responsabili-
dad personal por el otro. Sin embargo fue el enfoque como
“una tarea racional, técnica y burocrática, como algo que le
tenían que hacer a una categoría concreta de sujetos un gru-
po concreto de expertos y organizaciones especializadas (en
otras palabras una tarea despersonalizada que no dependía de
los sentimientos ni de los compromisos personales) la que al
final demostró que se ajustaba más a la idea de Hitler”.265 Sin
embargo todo eso fue posible por la despersonalización de lo
judíos, regida por su expulsión del ámbito del deber moral.
Resume Bauman analizando la secuencia sugerida por Hil-
berg; el Holocausto fue producto del encadenamiento racio-
nal de un proceso de destrucción dividido en fases y en el que
cada fase fue determinada lógicamente. El aparato burocrático
se encargó de ir empujando a las víctimas a lo largo de todas
las fases. Este proceso de destrucción en masa tuvo como prin-
cipio rector la lógica de la expulsión del deber moral.
La primera fase que consistió en la definición del grupo
victimizado, obligó a que se le diera un trato especial. La se-
gunda fase promovió el distanciamiento a partir de los des-

265 Ibid., p. 246.


197
Federico César Lefranc Weegan

pidos y la expropiación de firmas comerciales. La tercera


consistió en la concentración del grupo, interrumpiendo la
comunicación con el resto al grado de que sus procesos vitales
ya no se cruzaban. La cuarta, la explotación y la provocación
de hambruna permitieron invertir la legitimación de los pa-
sos más radicales como fue el aniquilamiento.
“Cuanto más se alejaba la secuencia del acto original de la
definición, más lo dirigían consideraciones puramente ra-
cionales y técnicas y menos tenía que contar con las inhibi-
ciones morales”.266

Lo inquietante parece radicar en “la capacidad de la socie-


dad industrial actual de aumentar la distancia entre los seres
humanos hasta un punto en que las responsabilidades mora-
les y las inhibiciones morales desaparecen”.267
Es muy importante considerar que las inhibiciones mora-
les no funcionan a la distancia. Ello permite a Bauman afir-
mar que no fue entonces una abierta cruzada antimoral ni un
adiestramiento específico que sustituyera el antiguo régimen
sino la introducción a escala máxima de la mediación de la
acción lo que permitió llegar al resultado.
Esta mediación permite a los actores ocuparse de encon-
trar los medios más adecuados para llegar a su objetivo, un
objetivo que resulta racional y que al ser sólo un objetivo par-
cial impide o dificulta la evaluación moral del objetivo final.
Bauman no aprueba la suposición de que el comporta-
miento moral nace del funcionamiento de la sociedad, y de
que además la sociedad es por sí misma un dispositivo huma-
nizador y moralizador. Por el contrario debemos estar cons-
cientes de que los mecanismos que socavan la moralidad se
refuerzan, por ejemplo, por el principio de la soberanía de
los poderes del Estado y de que bajo el orden moderno la ley
moral y la ley de la sociedad permanecen en conflicto.

266 Ibid., p. 250.


267 Ibid., p. 251.
198
Holocausto y Dignidad

Así, en un momento en el que la defensa racional de la


propia supervivencia exigía que no se opusiera resistencia a la
destrucción de los otros, había que haber contado con aquella
“prístina fuente del deber moral” que refiere Bauman; la esen-
cial responsabilidad humana por el otro.

5.1 La racionalidad instrumental, la lógica de la domi-


nación y el contrato social

En la obra de Bauman, algunos de los aspectos que con-


tribuyen a explicar la posibilidad del Holocausto son los que
conciernen a la presencia de la racionalidad instrumental ca-
racterística de las sociedades modernas administradas buro-
cráticamente, y la vinculación de esta forma de racionalidad
con una sobrevaloración del individualismo y de los actos
que garantizan la autoconservación del sujeto. La presencia
de estas características en el pensamiento occidental, no ex-
clusivamente en los campos, ha sido destacada por diversos
autores desde Max Horkheimer hasta Tzvetan Todorov y por
supuesto el propio Bauman.
Así Tzvetan Todorov en su libro Frente al Límite, explica
al analizar las características de la acción del totalitarismo so-
bre la conducta moral de los individuos: que en estos sistemas
el Estado se convierte en detentador de los fines últimos de la
sociedad y que por lo mismo el individuo deja de tener acceso
directo a los valores supremos que deben regir su conduc-
ta.268
“El hecho de que el Estado se haya apropiado de todos los
objetivos últimos de la sociedad y que sea el único que puede
decidir sobre los fines a lograr, tiene un doble efecto. Por una
parte los sujetos totalitarios experimentan un cierto alivio, ya
que la responsabilidad personal sobre las decisiones es una
carga a menudo pesada de llevar. Por otra parte, el poder les
obliga a atenerse al pensamiento y a la conducta solamente

268 Todorov, Tzvetan. Frente al límite, S. XXI, México, 1993, pp. 134 y
135.
199
Federico César Lefranc Weegan

instrumentales, los que se concentran, en toda acción, sobre


los medios y no sobre los fines (lo que los antiguos llamaban
‘destreza’).”269
He aquí cómo caracterizó Max Horkheimer medio siglo
antes, al individuo en una sociedad regida por la razón ins-
trumental.
“Así como toda vida tiende hoy cada vez más a someterse a la
racionalización y a la planificación, la vida de todo individuo,
incluyendo sus impulsos más secretos, que antes conforma-
ban su esfera privada, tiene que adecuarse a las exigencias de
la racionalización y de la planificación: la autoconservación
del individuo presupone su adecuación a las exigencias de
la conservación del sistema. No le queda ya espacio alguno
para evadirse del sistema”.270

Como anteriormente vimos Bauman destaca, dentro de la


sociedad nacionalsocialista, la preponderancia de esta forma
de racionalidad.
Todorov también recientemente, hace la descripción de
dos de los actores del nazismo; “Hoess hace todo para que la
fábrica funcione bien, para que no haya fracasos, para que las
diferentes materias primas (veneno, seres humanos, combus-
tible) lleguen de manera sincronizada. Representa, pues, una
primera instancia de esta práctica del espíritu cuyo repertorio
hemos hecho ya: el pensamiento instrumental. No es la única
forma de pensar que conoce; pero la practica muy bien.
Adolf Eichmann, el responsable directo de la ‘solución fi-
nal’, pertenece a la misma especie de hombres. El mismo se
describe como ‘un peón sobre un tablero de ajedrez’ minús-
cula rueda desprovista de toda voluntad y de toda iniciativa:
un no-sujeto”.271

269 Ibid., p. 137.


270 Horkheimer, Max. Crítica de la razón instrumental, Trotta, Madrid,
2002, p. 118.
271 Todorov, op. cit. p. 200.
200
Holocausto y Dignidad

¿Pero es que acaso la racionalidad instrumental era priva-


tiva del nazismo? En 1947 la crítica de Horkheimer deja cla-
ro que no, que está presente en el pensamiento occidental en
general. La crítica de la racionalidad instrumental se escribió
en el momento en que el nazismo había sido derrotado, y se
refiere a que dicha forma de pensamiento era propia de todo
el mundo occidental y no sólo de la Alemania nazi.
Horkheimer se refiere a la razón subjetiva “como la capa-
cidad de calcular probabilidades y determinar los medios más
adecuados para un fin dado”. 272 Y la caracteriza de la siguien-
te manera; Lo que cuenta es el funcionamiento abstracto del
mecanismo de pensamiento. La fuerza que en última instan-
cia hace posibles acciones racionales es la capacidad de clasi-
ficación, de inferencia y de deducción, independientemente
del contenido específico que en cada caso esté en juego. Tiene
que ver esencialmente con medios y fines, con la adecuación
de los métodos y modos de proceder a los fines, unos fines
que son más o menos asumidos y que presuntamente se so-
breentienden. Confiere escasa importancia a la racionalidad
de los fines como tales. Si se ocupa de los fines, lo hace dando
por descontado que estos son también racionales en sentido
subjetivo, esto es, que sirven al interés del sujeto en orden a su
autoconservación.” 273
Son estas, dos de las características que hace explícitas 40
años después Zygmunt Bauman en Modernidad y Holocaus-
to; la de una racionalidad puramente instrumental y la de su
incidencia en unos fines orientados estrictamente a la propia
conservación del sujeto. Aunadas a una manifiesta fe en la
ciencia como la única forma de pensamiento capaz de ofrecer
respuestas para todo. Son estas, algunas de las marcas distin-
tivas que caracterizan todavía a nuestra sociedad. Marcas que
han mantenido, cuando no fortalecido su presencia a lo largo
de las últimas décadas.

272 Horkheimer, op. cit. p. 47.


273 Ibid. P. 45.
201
Federico César Lefranc Weegan

De la ciencia escribió en su momento Horkheimer:


“Mediante su identificación de conocimiento y ciencia el
positivismo limita la inteligencia a funciones que resultan
necesarias para la organización de un material ya tallado de
acuerdo con la cultura comercial, esa cultura que la inteli-
gencia debería precisamente criticar”.274

Más adelante se refiere precisamente a la autoconserva-


ción como el tema de esa época, en la que proponía reflexio-
nar sobre el individuo.275
Así, las características enunciadas estaban presentes en
1947 y afectaron de alguna forma los trabajos preparatorios y
la propia Declaración Universal y lo estaban todavía en 1989,
año en que se publicó Modernidad y Holocausto ¿Por qué?
Una posible explicación la encontramos en el hecho de
que estos rasgos son el presupuesto del pacto social origi-
nario. La exaltación del individualismo, sustentado en una
lógica de la autoconservación y del dominio, además de la
fe en una ciencia cada vez más intolerante y excluyente; son
características presentes también en las interpretaciones que
hacemos del contrato social según el modelo hobbesiano de
Estado. Específicamente del Estado moderno.276

274 Ibid. P. 108.


275 Ibid. P. 143.
276 Baratta, Alessandro, “Entre la política de seguridad y la política social
en países con grandes conflictos sociales y políticos”, en El Cotidiano,
julio – agosto, 1998, separata p. 15. “La teoría y el proyecto que subya-
cían como fundamentos de la creación del Estado y del Derecho Mo-
derno (el derecho positivo) se basaron en un principio de legitima-
ción universal. Se trataba aquí de un principio firmemente enraizado
en los conceptos de la verdad y el sujeto humano, que son propios de
la filosofía de la Modernidad. Este principio de legitimación son las
necesidades humanas, el esfuerzo para el mantenimiento, expansión
y reproducción de la existencia. El instrumento que se utilizó para
fundar el Estado y el derecho moderno fue el modelo del Contrato
Social, que puede ser entendido como un experimento de la razón. La
realización de aquel esfuerzo sería impensable en la situación imagi-
naria de un Estado natural, sin Estado y sin derecho positivo.
202
Holocausto y Dignidad

Es decir, la lógica de la autoconservación y del dominio, la


selección y la exclusión, son presupuestos que heredamos en
parte del proyecto de la Ilustración y que han modelado nues-
tra forma de organización, no son elementos extraños a ésta.
Ni fueron añadidos al orden social por los nacionalsocialistas
ni fueron superados por los países vencedores de la guerra.277
Había pues una crisis de la razón que desde hace más de
medio siglo había sido percibida por Horkeimer y que afec-
taría todos los ámbitos de la sociedad, crisis que vendría de
tiempo atrás y que fue descrita así:
“Cuanto más se debilita el concepto de razón, tanto más
fácilmente queda a merced de la manipulación ideológica y
de la difusión de las mentiras más descaradas.” 278 (..) “Esta

Debemos reconocer sin embargo, que el Contrato Social tanto como


modelo como en su realización histórica, fue algo completamente
diferente a un contrato universal que abarca a todos los sujetos hu-
manos, que son tratados como iguales en su ciudadanía potencial. Se
trataba ante todo de un ‘pactum ad excludendum’, de un contrato en-
tre una minoría de iguales, que excluía de la ciudadanía real a todos
los que eran ‘otros’. Se trataba de un contrato de propietarios blancos,
adultos y de sexo masculino, que tenía por objetivo el de dominar y
excluir a los extranjeros, mujeres, niños y desposeídos.
Historiadores del derecho como Pietro Costa, han destacado este ca-
rácter selectivo del Contrato Social y de la ciudadanía que de él ema-
na. Es curioso que incluso hoy, en la exposición que se hace del Con-
trato Social en las escuelas y universidades se subestime este carácter
selectivo y marginalizador del proyecto político de la Modernidad”.
277 Que estos presupuestos no se han modificado se hace evidente en
este texto de los 80 referente a la genética humana: “La barbarie puede
producirse porque no sale al escenario político ni tampoco con los
conocidos hábitos de la brutalidad. Su acceso se encuentra en clínicas,
laboratorios y naves industriales de la nueva bioindustria. La recta fi-
nal hacia la victoria no se anuncia con revueltas callejeras, ni con per-
secuciones de minorías o asambleas populares, ni con la abolición del
parlamento o la constitución. Esta vez sale al escenario de la historia
mundial vestida de bata blanca, con ambición investigadora y con las
buenas intenciones de los médicos, para hacer lo mejor por los niños,
en nombre de los padres”. Vid. Beck, Ulrico. Políticas ecológicas en la
edad del riesgo, El Roure, Barcelona, 1998, p. 53.
278 Horkheimer, op. cit. p. 61.
203
Federico César Lefranc Weegan

pérdida de sustancia de los conceptos fundamentales puede


ser rastreada a lo largo de la historia política. En la Consti-
tutional Convention americana de 1787 John Dickinson, de
Pennsilvania, opuso a la razón la experiencia en los siguientes
términos: ‘Nuestro único guía tiene que ser la experiencia. La
razón puede extraviarnos. Quería llamar la atención sobre la
necesidad de precaverse de un idealismo demasiado radical.
Más tarde los conceptos fueron tan privados de toda sustan-
cia, que podían ser usados al mismo tiempo para justificar la
opresión”.279
Horkheimer anticipó la descripción de un rasgo que apa-
rece también en el análisis de Bauman.
“Mientras que la filosofía aspiraba, en su etapa objetivista, a
ser la instancia llamada a llevar la acción humana, incluida la
empresa científica, a una superior comprensión de su propio
fundamento y de su justificación, el pragmatismo intenta re-
traducir toda comprensión a mera conducta”.280

Bauman en la obra citada lo ha expresado así; “La respon-


sabilidad técnica se diferencia de la responsabilidad moral
porque olvida que la acción es un medio para otra cosa que
no sea ella misma. Como se eliminan del campo de visión las
conexiones exteriores de la acción, la actuación del burócrata
se convierte en un fin en sí misma. Solamente se puede juz-
gar por sus criterios intrínsecos de conveniencia y éxito”. 281
Como se ve, se puede ir pasando sin problema de los fines
de la naturaleza a los fines del Estado y de allí a los –peque-
ños– fines del aparato burocrático, y a los de cada uno de sus
integrantes.
Asimismo Todorov, refieriéndose a características gene-
rales de las sociedades modernas; “La expansión del mundo,
con su contrapartida, el profesionalismo, y su consecuencia
psicológica, la fragmentación, caracteriza muy particular-

279 Loc. cit.


280 Horkheimer, op. cit. p. 80.
281 Bauman, op. cit., p. 132.
204
Holocausto y Dignidad

mente a los países totalitarios, donde lo que fue al principio


una característica de la producción industrial se convirtió
en modelo para el funcionamiento de la sociedad. Primera
separación: el partido, o el estado, se encarga de los fines, y,
por ende, de la definición del bien y del mal; los sujetos no
se ocupan más que de los medios, es decir, cada uno de su
especialidad”. 282
Recordemos que Bauman nos pide además estar cons-
cientes de que los mecanismos que socavan la moralidad se
refuerzan por el principio de la soberanía de los poderes del
Estado y de que bajo el orden moderno la ley moral y la ley de
la sociedad permanecen en conflicto.283
Otros aspectos del “contrato hobbesiano” son explicados
por Eligio Resta, quien en relación con la lógica de la auto-
conservación presente en este contrato, escribe:
“En el seno de la teoría hobbesiana se reconoce el derecho a
la ‘fuga en la guerra’ más que el derecho a sustraerse a las ca-
denas o a sustraer el peculio propio; pero la fuga en la guerra
es ante todo un ‘derecho’ fundado en el criterio fundamental
que Hobbes instala en la base de todo ordenamiento civil, la
self-preservation. Más que estrategia de la renuncia o com-
portamiento de deserción racional, se trata de una estrategia
individual de supervivencia, que no sólo no interrumpe el
circuito de la violencia, sino que, paradójicamente, continúa
presuponiéndolo y lo deja intacto”.284

Es decir que la lógica de la autoconservación – la estrate-


gia individual de supervivencia - y por tanto lógica del domi-
nio es criterio fundamental de la interpretación jurídica de
nuestra sociedad según el paradigma hobbesiano y aunque
el ordenamiento civil sea sustituido permite que permanezca
intacto el circuito de la violencia. Me parece que ese es el caso
de la Declaración Universal, donde a pesar de las manifiestas

282 Todorov op. cit., p. 179.


283 Bauman, op. cit. p. 260
284 Resta, Eligio. La certeza y la esperanza. Ensayo sobre el derecho y la
violencia, Paidos, España, 1995, p. 122.
205
Federico César Lefranc Weegan

buenas intenciones y de haber invocado nuevos fundamentos,


los redactores no lograron escapar del circuito de la violencia
que permaneció implícita, dejando pendiente la concresión
del propio fundamento invocado que es la dignidad huma-
na. Podemos preguntarnos si ¿acaso había algún espacio en
el contrato hobbesiano para las víctimas del Holocausto? ¿En
ese contexto, en realidad la invocación a la dignidad hace di-
ferente a la Declaración Universal de Derechos Humanos de
las Declaraciones que la precedieron?

5.2 La responsabilidad por el otro. La lógica del cuida-


do

Al interior de los campos de concentración, de trabajo o


de exterminio ¿Tenía algún sentido el contrato social? ¿Lo
tenía para los judíos que por algún motivo permanecieron en
Alemania fuera de estos campos?
Habermas interpreta a partir del Leviatán quién es el suje-
to del contrato social originario:
“Como más tarde el utilitarismo, también Hobbes arranca de
sujetos aislados, dotados de la capacidad de actuar racional-
mente con arreglo a fines. Hobbes supone, además, que las
capacidades racionales están al servicio de las pasiones que
son las que dictan los fines de la acción. Como las pasiones
de los distintos individuos varían al azar y no están coordi-
nadas por naturaleza, la persecución racional de los propios
intereses tiene por fuerza que degenerar en una lucha de to-
dos contra todos por la seguridad y los bienes escasos”.285

¿Significa esto que las relaciones entre sujetos sociales se


tienen que dar exclusivamente en los términos descritos por
el filósofo alemán?
Podemos afirmar que no, pero esta negación no encuentra
sustento en la teoría política, su fundamento a partir de Hor-
kheimer se encuentra en la ética. Es decir, el contrato social

285 Haberlas, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa, II, Taurus, España,


3ª. ed. 2001, p. 298
206
Holocausto y Dignidad

hobbesiano como modelo único del Estado moderno puede


ser refutado por una ética que es exterior al mismo. Y como
realización histórica puede ser negado por la experiencia de
las víctimas del Holocausto.
La ética en relación a las víctimas es una preocupacion
expresa de autores como Horkheimer, Lévinas, Margalit, Bau-
man, Todorov, Dussel o Mardones. Más aún, la propuesta de
algunos de estos autores, que únicamente esbozaremos, no
coincide con la teoría de la acción comunicativa de Haber-
mas.
Como explicamos en un parágrafo anterior, Bauman pone
en duda que la moral sea una construcción de la sociedad y
por ello nos pide distinguir entre relaciones sociales y rela-
ciones societales considerando que cuando se trata de estas
últimas la sociedad puede manipular, explotar, redirigir o
bloquear la moral. Significando esto que cuando inician los
procesos societales la moral ya está presente. Bauman des-
aprueba la suposición de que el comportamiento moral nace
del funcionamiento de la sociedad y sugiere que se puede in-
tentar un planteamiento sociológico diferente de la morali-
dad. Planteamiento que sustenta en la filosofía de Emmanuel
Lévinas, a partir de cuya obra Bauman sintetiza su posición
afirmando que la responsabilidad sería el modo existencial
del sujeto humano y la moralidad, la estructura primaria de la
relación intersubjetiva.286
De Emmanuel Lévinas, se ha escrito que la suya “es una
filosofía nacida de la escucha de las víctimas”.287 Por eso la
invocación de su obra por diversos autores resulta especial-
mente significativa para el tema que aquí estudiamos.288

286 v. supra., pp. 163 ss.


287 Sucasas, Alberto. “Interpelación de la víctima y exigencia de justicia”,
p.87 en Mardones, José M. y Reyes Mate (eds.), La ética ante las vícti-
mas, Anthropos, Barcelona, 2003, 271 pp.
288 La obra de Lévinas, en relación con el tema de las víctimas es anali-
zada por Alberto Sucasas, José María Mardones, Enrique Dussel, en
obras que iremos citando.
207
Federico César Lefranc Weegan

De Lévinas es el párrafo siguiente; “El rostro cuya epifanía


ética consiste en solicitar una respuesta (que la violencia de
la guerra y su negación asesina sólo pueden intentar reducir
al silencio) no se contenta con la ‘buena voluntad’ y la ‘be-
nevolencia platónica’. La ‘buena intención’ y la ‘benevolencia
platónica’ sólo son el residuo de una actitud que se toma allí
donde se goza de las cosas allí donde es posible despojarse de
ellas y ofrecerlas”.289
He aquí una profunda crítica al modelo de relación entre
los sujetos del contrato social, aún cuando se considera que
Lévinas pocas veces dio una orientación explícitamente po-
lítica a su obra.
José María Mardones ha abordado recientemente el tema
de la desigualdad de las víctimas frente a los otros sujetos
del discurso en un modelo de acción comunicativa que tiene
como una de sus premisas la igualdad de los participantes de
utilizar actos de habla comunicativos:
“Hay un momento de verdad en la crítica a J. Habermas y su
planteamiento cognoscitivista de la ética de la comunicación
que se basa en la universal igualdad de los sujetos dotados
de habla y acción. Porque el pobre, la víctima está situado
asimétricamente: no es un ser, una persona, dotada de habla,
reconocida, ni acción. El camino de la compasión, con su
estructura asimétrica ante el sufrimiento, nos conduce ha-
cia una intersubjetividad asimétrica, aunque en el trasfondo
lata la igualdad postulada por la pragmática de la comuni-
cación”.290

El siguiente análisis de Enrique Dussel, aunque no con-


sidere explícitamente a las víctimas en el sentido en que se
aborda el tema en este trabajo, si hace una interpretación del

289 Levinas, Emmanuel, Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad,


Sígueme, Salamanca, 1997, p. 238.
290 Mardones, José María, “Salvar a Dios: compasión y solidaridad en la
finitud”, nota 13 a fin de texto p.240 remite además a un texto de En-
rique Dussel, en Mardones, José M. y Reyes Mate (eds.), La ética ante
las víctimas, Anthropos, Barcelona, 2003, 271 pp.
208
Holocausto y Dignidad

concepto de “interpelación” de Lévinas. Además en este tra-


bajo se refiere especialmente a los ‘excluidos’ y precisamente la
exclusión absoluta de la comunidad caracterizó la experiencia
de las víctimas del nacionalsocialismo.
“El Otro, excluido de la ‘comunidad’ de comunicación y de
los productores, es el pobre. La ‘interpelación’ es el ‘acto-de-
habla’ originario por el que irrumpe en la comunidad real de
comunicación y de productores (en nombre de la ideal), y
pide cuenta, exige, desde un derecho trascendental por ser
persona, ‘ser-parte’ de dicha comunidad; y, además pretende
transformarla, por medio de una praxis de liberación (que
frecuentemente es también lucha), en una sociedad históri-
co-posible más justa. Es el ‘excluido’ que aparece desde una
cierta nada para crear un nuevo momento de la historia de
la ‘comunidad’. Irrumpe, entonces, no sólo como el exclui-
do de la argumentación, afectado sin ser-parte, sino como
el excluido de la vida, de la producción y del consumo, en la
miseria, la pobreza, el hambre, la muerte inminente”.291

En ese contexto hay que resaltar la capacidad propia de los


seres humanos, de sentir vergüenza. Capacidad que se ha ido
neutralizando a partir de determinadas características de las
sociedades modernas. El contrato hobbesiano neutraliza la
vergüenza, no me siento interpelado por nadie, porque hay la
presunción de que he pactado con todos, y de que además lo
he hecho en condiciones de igualdad. A partir de esa premisa
es virtualmente imposible percatarse de que las víctimas han
sido dejadas afuera.
Todorov por su parte, escribe sobre virtudes cotidianas.
Aquí destacaré aquella que llama ‘cuidado’ porque fue una ac-
titud muy característica en los campos. El cuidado se expresa,

291 Dussel, Enrique, “La razón del otro. La ‘interpelación’ como acto del
habla”, en idem., Debate en torno a la ética del discurso de Apel. Diálo-
go filosófico Norte-Sur desde América Latina, S.XXI/Universidad Au-
tónoma Metropolitana, 1994, 312 pp.
209
Federico César Lefranc Weegan

en el extremo, muriendo voluntariamente con el otro, escribe


el autor.292
“Los seres que llevan a cabo estos actos se saben de todas
maneras condenados, pero prefieren dirigir su destino a su-
frirlo pasivamente”.293

El más simple ejemplo de ‘cuidado’ consistía en compartir


el alimento. Compartir en esas condiciones era una verdadera
expresión de solidaridad, que quizás se acerca a la respuesta
que pide Lévinas en el párrafo antes citado. Todorov constata
que el cuidado, en la situación de los campos, aparece más en
las mujeres, aunque no exclusivamente.
Pero el mismo autor nos alerta sobre la importancia de di-
ferenciarlo de la solidaridad cuando ésta es excluyente porque
actuar por solidaridad con el grupo propio se convierte en un
acto político y no moral.294
En realidad los beneficiarios del cuidado son simpre per-
sonas individuales. “cada persona beneficiaria del cuidado
vale por sí misma”.295 Difiere también de la caridad porque
ésta se orienta hacia todos, y no hacia personas particulares.
La actitud de cuidado permite la reciprocidad, aunque esta
pueda no ser inmediata. Además el cuidado no implica un
sacrificio sino la consagración y el gozo, al final uno se ha
enriquecido. El actor y el beneficiario se reconocen como se-
res humanos y no como instrumentos, pueden rencontrar su
dignidad cumpliendo o recibiendo esos actos que la moral ha
considerado siempre como loables.296
Para entender qué pasaba al interior de los campos del na-
zismo o para entender lo que significaba ser judío dentro del
Reich necesitamos a los testigos. Necesitamos querer recordar

292 Todorov, op. cit., p. 78.


293 Loc. cit.
294 Todorov, op. cit. , p. 91.
295 Loc. cit.
296 Todorov, op. cit. , pp. 94, 95.
210
Holocausto y Dignidad

sus historias, encaminarnos hacia esa ética del recuerdo que


ha abordado Avishai Margalit.
Una vez más encontramos en Horkheimer un precursor
del reconocimiento de esa necesidad ética de recordar. En su
Crítica de la racionalidad instrumental escribió:
“Los mártires anónimos de los campos de concentración son
los símbolos de una humanidad que aspira a nacer. Traducir
lo que han hecho a un lenguaje que sea escuchado aunque
sus voces perecederas hayan sido reducidas al silencio por la
tiranía, he ahí la tarea de la filosofía”.297

Como si hubiera respondido a la esperanza de sobrevivir


ilesos de cuerpo y alma de Etty Hillesum.
Escribir sobre lo que representan las víctimas del Holo-
causto debería significar darles voz, librarlos del anonimato,
darles la palabra y tratar de entender. Es decir que conside-
ramos más importante la experiencia como ellos la narraron
que las interpretaciones que se han hecho de sus testimonios.
No se puede reducir a las víctimas a una abstracción.
Klemperer atestigua la muerte social de los judíos y la su-
fre en carne propia; desposeído de su cátedra, pesaron sobre
el sucesivas prohibiciones; la de comprar libros o diarios, la de
utilizar la biblioteca, la de habitar en su propia casa.298
Antelme es él mismo víctima de las estrategias individua-
les de supervivencia que habían puesto en juego aquellos que
podían abandonar el lado de los miserables.299
Etty Hillesum se asombra ante aquellas madres incapaces
de conmoverse ante el sufrimiento de otros hijos que no fue-
ran los propios.300
A pesar de ello en algunos momentos, en los campos, en-
contramos relaciones distintas, que niegan la racionalidad
instrumental como lógica única que guía la relación entre los

297 Horkheimer op. cit., p. 168.


298 v. supra., p. 140.
299 v. supra., p. 135.
300 v. supra., p. 16
211
Federico César Lefranc Weegan

sujetos del contrato hobbesiano; “tal es la concentración que


exige atender a los demás que hace que te olvides de ti mis-
ma”; es el testimonio de Etty Hillesum,
Trasponer precisamente la lógica de la propia conserva-
ción significa mirar a otro (concreto), cuidarlo… ser capaz
de identificarlo… compartir… En Hillesum hay una pregunta
reiterada por el destino de los demás. Ella, por ejemplo, nun-
ca aceptó privilegios, simplemente compartió por su propia
decisión el destino de su familia. Victor Klemperer nos ofrece
un testimonio acerca de su esposa, quien, como otras esposas
alemanas a pesar de las humillaciones permanentes que pa-
decieron, no aceptaron deshacer sus matrimonios. Asimismo,
no sabremos nunca cuántas personas subieron voluntaria-
mente a los trenes de los deportados para acompañar o para
asistir a sus familias o a sus amigos.
Escribir no sólo no contribuía a su supervivencia sino que
implicaba un riesgo grave, pero Viktor Klemperer y Etty Hi-
llesum escribieron sus experiencias y sus reflexiones mientras
estas sucedían y hay algo moral en ese acto de conservación
de la memoria.
Los campos se proponen precisamente la destrucción de
la autonomía. Los prisioneros no debían tener voluntad. (T
68) de allí la importancia de mantenerse fuera del orden deci-
dido, aunque fuera por medio de gestos insignificantes.
La celebración que narra Antelme. Los libros que ocul-
ta Klemperer. La ropa lavada aunque sea con agua sucia de
Etty.
Los coros hablados cuyo efecto califica Klemperer de bru-
tal, representan la negación de cualquier posibilidad de diálo-
go. Eran la única voz audible, la voz del Estado.301
Escribió Anteleme “toda relación humana de un alemán
con uno de los nuestros, era el signo mismo de una rebelión
decidida contra todo el orden SS”.302

301 v. supra., p. 153.


302 v. supra., p. 133.
212
Holocausto y Dignidad

Cómo iniciar un diálogo con aquellos que ni siquiera los


miran. Con aquellos que ven sin saber.303
De allí la importancia de resistirse a interiorizar el orden
del Reich o del campo, de alimentar a pesar de las circuns-
tancias la actitud crítica. La importancia de no conformarse.
Klemperer sostiene esta actitud permanentemente por eso a
través de él podemos saber como evolucionó el lenguaje. Por
ello es capaz de descubrirse él mismo usando el lenguaje del
nazismo, “debo organizarme un poco de tabaco” recuerda
haber dicho el autor, a pesar de que esta palabra emanaba el
olor de las organizaciones nazis oficiales.304
Antelme, contrariando la voluntad de sus captores, no per-
mite sentirse humillado, sabiendo del ‘espectáculo sórdido’ de
la lucha por la comida, sabe también que ellos no se han colo-
cado en esa situación, que entre ellos son ‘camaradas’.305
A las víctimas del nazismo les fue negada toda compasión;
“aquí no se dan los muertos a sus madres..” escribe Antelme
aludiendo a la Piedad. 306
Quizás por ello los testigos eran capaces de darse especial
cuenta de los actos de generosidad de sus compañeros de in-
fortunio. Durante la marcha de la muerte cuando un camara-
da se detiene porque ya no puede seguir, otro que arriesgan-
do su vida se ha detenido a acompañarlo, pasa el brazo de él
alrededor de su propio cuello y lo lleva para que los kapos no
lo maten.307
¿Es entonces el sujeto del contrato hobbesiano que des-
cribe Habermas, el mismo sujeto que es víctima del aparato
nacionalsocialista?
No lo es.
La situación de las víctimas, las lecciones que podamos
tomar de su dolorosa experiencia, no se pueden explicar con

303 v. supra., p. 133.


304 Klemperer,op. cit., p. 156. En el original la cita no está en negrillas.
305 Antelme, op. cit., p. 92.
306 v. supra., p. 135.
307 Anteleme, op. cit., p. 267.
213
Federico César Lefranc Weegan

facilidad desde los paradigmas de la sociedad más difundi-


dos. Las relaciones que sostienen entre ellas al interior de los
campos; su relación con la sociedad nacionalsocialista, sus
relaciones con los mismos vencedores de la guerra son singu-
lares como han destacado Bauman, Todorov y Mardones.
La mayoría de las víctimas del Holocausto cumplían fiel-
mente con el pacto social, sin embargo tuvieron que descu-
brir, nuevas formas de relacionarse que nada tenían que ver
con éste.
Afirma Mardones que desde Horkheimer “se puede plan-
tear una ética desde las víctimas cuyo fundamento está en una
compasión solidaria y eficaz”.308
No es pues desde la teoría política, ni estrictamente desde
la sociología que se puede abordar el tema de las víctimas,
es un planteamiento ético distinto el que haría inteligible el
tema. “No es sólo el individuo libre y racional de las éticas
clásicas quien ya no está disponible para ellas. La universa-
lidad que la ética persigue, la humanidad que ampara en sí a
todos los individuos, parecen nombres imposibles para una
pluralidad discontínua en la que se desordenan víctimas, cul-
pables, cómplices, indiferentes, cruzándose desorientados en
las calles de ciudades por reconstruir. No parece obvio que la
ética pueda vincularlos a todos sin perder los lazos con los
que ya no están. No es un concepto abstracto de humanidad
quien los une, sino la experiencia de haber sobrevivido ines-
peradamente, de seguir vivos en un presente en el que muchos
no creyeron mientras era futuro, como la misma Europa que
podría haberse hundido bajo la victoria del totalitarismo”.309
Si no podemos fácilmente vincularlos a todos, menos po-
demos dejar a alguno deliberadamente afuera.

308 Mardones, op. cit., p. 219.


309 Tafalla, Marta. “Recordar para no repetir: El nuevo imperativo cate-
górico de T. W. Adorno” en Mardones op. cit., p. 126.
214
Holocausto y Dignidad

“.. no hay racionalidad crítica sin acoger la ‘interpelación’


del excluido, o sería sólo racionalidad de dominación, inad-
vertidamente”.310 Será una conclusión de Dussel.

6. EL OLVIDO. LAS INTERPRETACIONES CONTEM-


PORÁNEAS DE LA DIGNIDAD
Actualmente en la interpretación de la Declaración Uni-
versal y de las declaraciones de derechos que le han seguido,
incluyendo el caso de España en la que los derechos han sido
constitucionalizados, la invocación a la dignidad inherente
a los seres humanos es frecuentemente invocada, pero sin
ahondar en su posible significado, parece asumirse que hay
una única comprensión del significado de la dignidad así in-
vocada. Esta suposición no parece del todo correcta, porque
se trata de una idea de dignidad positivizada, que forma parte
de un texto legal y que por lo mismo esta sujeto a reinter-
pretaciones periódicas. Un ejemplo nos ayudará a aclarar lo
anterior. Recordemos que para evitar ambigüedades y confu-
siones, con la finalidad de disminuir las posibles dificultades
en la instrumentación de la declaración, la propia Comisión
de la Unesco, en sus conclusiones, ofreció las definiciones de
derecho y libertad.311 Estas definiciones debieron funcionar a
manera de orientación para los intérpretes.
A pesar de que el concepto de dignidad humana nos resul-
te mucha más complejo, no se esbozó siquiera una definición
o algún grupo de ideas que sirvieran de guía en la interpreta-
ción. Estas ideas orientadoras sobre el significado de la digni-
dad humana, ya sea relacionadas con la Declaración Univer-
sal o relacionadas con las constituciones de diversos países
han sido desarrolladas por la doctrina o por la jurisprudencia
como expondremos brevemente. Las interpretaciones así de-
sarrolladas han sido más bien indirectas, sin que constituyan

310 Dussel op.cit.., p.89.


311 v. supra., p. 126
215
Federico César Lefranc Weegan

una búsqueda deliberada de la comprensión jurídica de la


dignidad.
Únicamente a manera de ejemplo, mencionaremos algu-
nos de los caminos que ha seguido la interpretación al abor-
dar este tema.
La razón, fundada en los textos legales, a partir de la De-
claración Universal y de las enunciaciones que le siguieron,
ha desarrollado propuestas como las siguientes: 1) la digni-
dad desde los derechos que le son inherentes, 2) la dignidad
como concepto jurídico indeterminado, 3) el respeto a la dig-
nidad humana en el ejercicio de los derechos, es decir, en la
práctica.
Los ejemplos que siguen tienen por objeto mostrar como
aún en las más recientes interpretaciones acerca de la digni-
dad humana en el marco de los derechos fundamentales, no
se parte, ni veladamente de una referencia a las víctimas del
Holocausto.
1) Del primer caso es representativo el estudio desarro-
llado por Stephen Marks, en el que analiza tres conjuntos de
derechos; las normas de ius cogens, aquellos derechos huma-
nos que no admiten suspensión en estado de emergencia y
el derecho internacional mínimo de los conflictos armados.
Y a partir de lo que sería la intersección de esos tres conjun-
tos, construye lo que él considera el núcleo indestructible
de la dignidad humana. Este núcleo estaría integrado por la
prohibición de la tortura, la prohibición de la esclavitud, la
prohibición de los tratos o penas degradantes, la prohibición
de la privación arbitraria de la vida, la prohibición de la dis-
criminación desfavorable y garantías judiciales reconocidas
como indispensables. La postura de Marks representa una
construcción de la dignidad desde los derechos que le son in-
herentes312

312 Marks, Stephen P. “Les principes et normes applicables en période


d’exceptión”, en Les dimensions internacioales des droits de l’homme,
Unesco París, 1978. Apud. Marzal, Antonio editor, El núcleo duro de
los derechos humanos, J. M. Bosch, 2001.
216
Holocausto y Dignidad

En este mismo sentido, dirigiéndose al caso español, Ru-


bio Llorente se ha referido a aquellos derechos que son im-
prescindibles para la preservación de la dignidad humana y
que corresponden a los extranjeros por mandato constitucio-
nal en los mismos términos que a los españoles, y menciona
entre otros: los derechos a la vida, a la integridad física, a la
intimidad, a la libertad ideológica, a la libertad personal, a la
tutela judicial efectiva, como esenciales para la dignidad de la
persona.313
En este mismo marco de interpretación las sentencias del
Tribunal Constitucional español continuamente hacen refe-
rencia a la dignidad relacionándola con los derechos que de
ella se derivan. Todas estas interpretaciones se fundan en el
artículo 10 de la Constitución Española, así la STC 204/2001
invoca la dignidad como fundamento del orden político y de
la paz social en relación con los derechos a la información y
al honor. La STC 46/2002 deriva de la dignidad humana los
derechos al honor, a la intimidad y a la propia imagen, aunque
dotados de un contenido propio y específico. Especialmen-
te hace alusión al derecho al honor, del cual dice que es un
concepto jurídico que, aunque expresa de modo inmediato la
dignidad constitucional inherente a toda persona, depende en
parte, de las normas valores, e ideas sociales vigentes en cada
momento, por lo que ha de irse reduciendo en la concreción
judicial. La STC 156/2001 tiene el mismo fundamento pero
abunda en el estudio del derecho a la intimidad, refiriéndose
a ella como un derecho fundamental estrictamente vinculado
a la personalidad, que deriva de la dignidad de la persona.
La STC 204/2001 analizando el derecho a la libre expresión
estableció que, no cabe duda de que la emisión de apelativos
formalmente injuriosos en cualquier contexto e innecesarios
para la labor informativa o de formación de la opinión que se
realice, supone inferir una lesión injustificada a la dignidad de

313 Rubio Llorente, Francisco. “Los derechos fundamentales. Evolución,


fuentes y titulares en España”, en Claves de la Razón Práctica, septiem-
bre de 1975, num.75, p. 8.
217
Federico César Lefranc Weegan

las personas fundamento del orden político y del a paz social.


La STC 204/2000 se origina por una alegada violación a los
derechos fundamentales a la dignidad personal y a la intimi-
dad, ponderándolos con la necesidad de protección de otros
bienes como la seguridad y el orden de un establecimiento
penitenciario. La sentencia determina que se ha violado uno
al menos de esos dos derechos fundamentales invocados por
el actor; concretamente su derecho a la intimidad. Llama la
atención de esta última sentencia el que no corrija la alusión
a la dignidad personal como un derecho fundamental, y no
como el fundamento aludido en las sentencias anteriores.
También destaca el hecho de que considera a la dignidad de
la persona como un bien que debe ser ponderada contra la
necesidad de protección de otros bienes como la seguridad y
el orden de la prisión.
Todas estas interpretaciones son las que nacen del derecho
ya establecido. Es decir, utilizan derechos ya reconocidos para
dar significado a la dignidad.
En los tres casos citados la dignidad ha sido construida
desde “los derechos que le son inherentes”, o bien a partir de
“los derechos que son imprescindibles para su preservación”
o tomando en cuenta “los derechos que de ella se derivan”.
Nos preguntamos, ¿cómo saber si ese desarrollo es correc-
to y si es válido explicar el fundamento a partir de sus conse-
cuencias?
¿Esos derechos agotan la comprensión jurídica de la dig-
nidad humana?
2) Otra de las formas que permitiría abordar la inter-
pretación de la dignidad, es la que afirma que se trata de un
concepto jurídico indeterminado.314 Así, “los conceptos uti-
lizados por las leyes pueden ser, en cuanto a su significado
determinados e indeterminados”.315

314 v. supra., p. 2., nota 4.


315 De Bartolomé, op.cit., p. 73.
218
Holocausto y Dignidad

“La ley utiliza conceptos de experiencia tales como: incapaci-


dad para el ejercicio de sus funciones, premeditación, fuerza
irresistible, etc. O de valor como buena fe, buenas costum-
bres, estándar de conducta del buen padre de familia, justo
precio, etc. Más ello no obedece a un capricho del legislador,
por el contrario se debe a que las realidades referidas siendo
necesarias, no admiten otro tipo de determinación más rigu-
rosa. No debe olvidarse que al estarse refiriendo a supuestos
concretos y no a vaguedades imprecisas o contradictorias es
claro que la aplicación de tales conceptos a la solución: o se
da o no se da el concepto (tertium non datur); en nuestro
caso, o se ha faltado al orden público o no se ha faltado. Ob-
viamente como veremos enseguida hablamos desde la más
absoluta abstracción”.316

En este caso la dignidad de la persona haría alusión a un


concepto jurídico indeterminado que muchas veces habría
que confrontar con los anteriores.
Las respuestas son necesarias para proponer, desde el
punto de vista de la interpretación del derecho, qué sucede
cuando enfrentamos la dignidad de la persona ante al orden
público, o la dignidad frente al interés nacional, o frente a la
seguridad nacional, es decir, cuando tenemos que ponderar la
dignidad con otro concepto jurídico indeterminado. ¿Es po-
sible considerarla en esos momentos un valor absoluto para el
Estado? ¿Verdaderamente en esos casos, la aplicación de esta
técnica permite únicamente una sola solución justa?
3) El tercer ejemplo y que es especialmente significativo
resulta actualmente el caso de las regulaciones sobre los ex-
tranjeros y su aplicación. En esas situaciones se coloca la dig-
nidad de la persona frente a la razón de Estado, resultando
esta última la que sustenta en la práctica la actuación de los
gobiernos.
Esta situación la han estudiado Freixes y Remotti en el caso
de España. Aquí los autores han escrito haciendo referencia a
un argumento o una justificación constitucionales que han

316 Ibid., p. 74.


219
Federico César Lefranc Weegan

sido dejados de lado, es decir, se niega a los extranjeros el ejer-


cicio de derechos constitucionales que derivan directamente
de la consideración constitucional de la dignidad personal,
imponiéndoles, en cambio, un tratamiento que presupone-
mos arbitrario, y que aduce “la Razón de Estado”.317
Queda claro que hoy como desde hace decenas de años, en
la práctica, cuando confrontamos la dignidad humana, con-
tra la ambigua razón de Estado, ésta última habrá siempre de
imponerse.
¿Qué podemos aprender de la experiencia narrada del
Holocausto y sobre el orden que lo hizo posible, que nos per-
mita confrontar las leyes de extranjería y sus consecuencias,
o sobre el ejercicio – en la práctica– de los derechos de los
extranjeros?
Quienes son los extranjeros en relación con la pretendida
universalidad de la declaración. ¿Qué podemos decir hoy so-
bre los refugiados?

317 Freixes, Teresa y Remotti, José Carlos. “Los derechos de los extran-
jeros en la Constitución española y en la jurisprudencia del Tribunal
Europeo de Derechos Humanos” en Revista de Derecho Político, num.
44, 1998. “En efecto, ante el fenómeno de la emigración es posible la
adopción de diversas opciones, las cuales deben en todo caso respetar
las disposiciones constitucionales y, en especial, los efectos que deri-
van de la consideración constitucional de la dignidad de la persona y
los derechos inviolables que le son inherentes, como fundamento del
orden político y de la paz social (art. 10.1 CE) Además las exigencias
de interpretación de las normas relativas a derechos constitucional-
mente reconocidos (art. 10.2 CE), imponen que cualquier regulación
referida a los derechos de los extranjeros, tenga que ser interpretada
de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos
y los tratados o convenios ratificados por España.
Sin embargo, lejos de estas consideraciones, el tratamiento que recibe
de hecho la extranjería, se suele situar más en conexión con la deno-
minada razón de Estado, el problema de la escasez o las diferencias
culturales e ideológicas. Como bien puede fácilmente advertirse, tales
consideraciones no constituyen justificaciones o argumentos consti-
tucionales alegables desde una perspectiva jurídica. Sin embargo, de
hecho, se imponen, originando la negación, a veces sistemática del
ejercicio de derechos constitucionales a ciertas personas, sencillamen-
te por la única razón de ser extranjeros”
220
Holocausto y Dignidad

Por diversos motivos todos los análisis anteriores, produc-


to de la razón jurídica nos dicen muy poco sobre el desampa-
ro de las víctimas del Holocausto, o sobre el sufrimiento que
experimentaron. Parece que interpretamos la dignidad sin
tomarlas en cuenta, parece que nada quisimos tomar de los
testimonios de los sobrevivientes para configurar el orden vi-
gente. ¿Cómo se manifestó la dignidad de aquellos que fueron
desplazados de todo orden legal?
Pero es que olvidamos precisamente la magnitud de los
hechos que arrancaron a los Estados el reconocimiento de la
dignidad humana como fundamento de todo derecho. La ló-
gica propia de las interpretaciones parece haber propiciado
este olvido. Así, como parece haberlo anticipado Horkheimer
en 1944; “Absorbida por el futuro, la dimensión del pasado
pasa a ser erradicada de la lógica”.318
Para explicar este olvido de las víctimas en la configura-
ción del orden que rige a nuestras sociedades podemos recor-
dar los siguientes hechos; por principio, en las acusaciones de
Nuremberg no se comprendió ninguna por crímenes contra
el pueblo judío; aunado a ello, el Tribunal Militar Internacio-
nal se declaró incompetente para juzgar los delitos cometidos
contra la humanidad en tiempos de paz y, muy importante,
los juicios contra nazis no tuvieron el alcance ni las conse-
cuencias, ni la difusión pública que se hubieran esperado por-
que las nuevas condiciones de la política mundial pusieron su
acento en otros problemas, como el de la guerra fría.
Hay que hacer hincapié en que no hablamos de víctimas de
un sistema penal, nos referimos a las víctimas del nacionalso-
cialismo pero también de los gobiernos que con su pasividad
o con sus omisiones contribuyeron a este acontecimiento. Las
víctimas lo fueron de un orden establecido y aceptado no sólo
por los nazis, sino por muchas de las sociedades occidenta-
les.

318 Max, Horkheimer. Crítica de la razón instrumental, Trotta, Madrid,


2002, p. 76.
221
Federico César Lefranc Weegan

Hay que añadir que otro de los factores que más ha con-
tribuido al olvido de las víctimas es el hecho de que sus tes-
timonios hayan sido recopilados con fines estrictamente
forenses.319 En palabras de Bauman; “Los dilemas legales de
los juicios de Nuremberg se resolvieron ahí y entonces, tras
plantearse como cuestiones locales, específicas de un caso ex-
traordinario y patológico, a las que nunca se permitió rebasar
los límites de su cuidadosamente acotada estrechez de miras y
a las que se amortajó tan pronto como parecieron descontro-
larse. No se produjo, ni se intentó, una revisión fundamental
de nuestra conciencia”.320
Quizás también contribuyó a su olvido el que los judíos
o los gitanos, allí donde fueron eliminados, eran minoría. Y
cuando los aliados ganaron la guerra, los judíos y los gitanos
eran una minoría que no pertenecía a los vencedores, sino
a los sobrevivientes.321 Ello explica en parte por qué su voz
no fue fácilmente escuchada, por qué la acusación de críme-
nes contra los judíos se cambió por la de crímenes contra la
humanidad, como si los judíos no fueran parte de la huma-
nidad.
Elias lo dice claramente; “El recuerdo de la forma en que
un Estado moderno había tratado de exterminar a una mi-
noría odiada se había ido desvaneciendo cada vez más de
la conciencia de las personas (...) En términos generales, las

319 Burleigh, op.cit., p. 852.


320 Bauman, op.cit., p. 275.
321 De los que alcanzaron a huir hacia otros países escribe Arendt: “Para
olvidar sin dificultades, preferimos evitar cualquier alusión a los cam-
pos de concentración y de internamiento por los que hemos pasado
en casi toda Europa, ya que eso podría interpretarse como una ma-
nifestación de pesimismo o de falta de confianza en nuestra nueva
patria. Además, nos han insinuado a menudo que nadie desea oírlo;
el infierno ya no es una representación religiosa o una fantasía sino
algo tan real como las casas, las piedras y los árboles. Evidentemente,
nadie quiere ver que la historia ha creado un nuevo género de seres
humanos: aquellos a los que los enemigos meten en campos de con-
centración y los amigos en campos de internamiento.” Arendt, Ana.
Tiempos presentes, Gedisa, España, 2002, p. 11.
222
Holocausto y Dignidad

víctimas de la historia, los grupos vencidos carentes de po-


der, tiene poca oportunidad de que se les recuerde. Hasta la
fecha, el marco más importante para el recuerdo histórico es
el Estado, y los libros de historia siguen siendo en gran parte
crónicas de los Estados”.322 Además las características normal-
mente deseables del modelo político que rige a las sociedades
occidentales demostraron ser en este caso una de las limita-
ciones para preservar la memoria de estos hechos; quienes
escucharon las dramáticas declaraciones en los juicios no
fueron los mismos que intervinieron en la formulación de la
declaración.
Evidentemente la declaración no pudo recoger ni los
apuntes de Klemperer ni el testimonio de Anteleme ni mu-
chos otros, creo que inclusive resultaba imposible tender un
puente entre las víctimas y el resto del mundo, por la cercanía
de los hechos, por lo abrumadores, ni las víctimas se podían
expresar, ni el resto de la gente estaba preparada para escu-
charlas, menos aún para integrar los testimonios y para darles
sentido.
“Aquello a que los actores realmente responden y realmente
han respondido con sus decisiones y sus razones, sólo se po-
drá entender si se conoce la imagen que esos actores implíci-
tamente se hacen de su sociedad, si se sabe, qué estructuras,
qué operaciones, qué resultados, qué rendimientos, qué po-
tenciales, qué peligros y qué riesgos atribuyen a su sociedad
a la luz de la tarea que esos actores se proponen, a saber, la
tarea de realizar los derechos y de aplicar el derecho”.323

Considero que una posible interpretación puede nacer de


algunas preguntas derivadas de esa gran tragedia.

322 Elias, Norbert. Los alemanes, Instituto Mora, México, 1999, pp. 353,
354. A la vez Elias nos hace notar como el juicio de Eichman en Je-
rusalén revivió el recuerdo de estos dolorosos hechos, pero pudieron
ser revividos gracias a que en ese momento Israel ya era un Estado
fuerte.
323 Habermas, op.cit, p. 470.
223
Federico César Lefranc Weegan

¿Por quién nos conmovimos? ‘Por qué nos conmovemos


todavía hoy ante la Shoah? ¿ante quién nos conmovimos?. Las
víctimas representan la dignidad negada de una parte de la
humanidad.

224
Tercera Parte

225
POSICIÓN PERSONAL
Para poder establecer una conclusión proponemos anali-
zar qué significó la idea de la dignidad humana en los trabajos
preparatorios de la Declaración Universal y qué podemos en-
tender como expresiones de dignidad de las víctimas del Ho-
locausto, especialmente en los testimonios. Dos aspectos que
consideramos complementarios, el primero se relaciona con
las declaraciones de derechos como la proyección de un fu-
turo, y el desarrollo de las sucesivas interpretaciones como el
producto de la razón jurídica el segundo, con manifestaciones
elementales de esta dignidad que precisamente en condicio-
nes extremas como las vividas en los campos de concentración
– condiciones únicas – protegen lo esencial en el ser humano.
Interpretaciones que podrían empezar con el análisis realiza-
do por científicos y humanistas para los trabajos preparato-
rios, y con las conclusiones presentadas por la Comisión de la
Unesco y que continuarían con el texto mismo del Preámbulo
de la Declaración Universal y con el desarrollo doctrinal que
le ha seguido, específicamente en cuanto a la invocación a la
dignidad humana que es motivo de este trabajo.
El segundo aspecto que abordaremos en nuestras conclu-
siones se relaciona con la historia como fuente de la interpre-
tación. Historia representada en este caso por la reseña ela-
borada en la primera parte, representada igualmente por los
testimonios vertidos y por el análisis de Bauman.
Consideramos entonces no estar fuera del contexto en el
que Peces Barba propone que razón e historia son puntos de
227
Federico César Lefranc Weegan

vista complementarios en la comprensión de los derechos


fundamentales.324 Esta observación de Peces Barba me parece
aplicable no obstante que la dignidad humana no esté en la
lista de los derechos, sino en su base.
Aclaramos entonces que aún cuando en la Declaración
Universal la dignidad humana no está enunciada como un
derecho, si hay una juridificación de la misma. Esta juridi-
ficación representa, a mi entender, la incorporación de una
específica dimensión moral en el ámbito de los derechos fun-
damentales. 325
Resumiendo, en la primera parte de las conclusiones se
podría establecer si de los trabajos preparatorios y de las con-
clusiones de la Unesco se desprende el alcance de la invoca-
ción a la dignidad humana, en la segunda parte se trataría
de demostrar que no fue suficiente el análisis de científicos y
humanistas que dio lugar a la Declaración Universal, sino que
faltó tomar en cuenta a las víctimas.
Las interpretaciones que se han desarrollado a partir de la
doctrina partirían de la identificación de aquello que significa
la declaración en su totalidad.
Así, Tenorio ha escrito en relación con lo que representa
toda la declaración de derechos

324 Peces-Barba, Gregorio. Derecho y derechos fundamentales, Centro de


Estudios Constitucionales, Madrid, 1993, p. 326.
325 Ibid., p. 341. Peces Barba lo expresa de la siguiente manera: “El po-
der que convierta en derecho positivo a esa moralidad de la digni-
dad humana debe participar de la creencia en los mismos valores y
situarlos como decisiones políticas fundamentales para ser integradas
en su ordenamiento jurídico. La faceta jurídica de esos valores con-
vertidos en decisiones políticas del constituyente es su consideración
como normas básicas materiales, que, junto con las normas básicas
formales – órganos y procedimientos para la producción de normas
– constituyen los criterios de identificación del Ordenamiento.”
228
Holocausto y Dignidad

“..como el acto que viene proyectando destino (..) representa


el proceder en el que puede apreciarse la idea de producción
de sentido..” 326

entendiendo sentido como fin, “.. aquello que se imagina


como porvenir”. 327
También Habermas escribe sobre los nexos de sentido que
se abren al observador en el momento de la interpretación.. 328
Entonces, si las declaraciones son en parte un porvenir
imaginado, en qué medida, ese futuro cuidadosamente pro-
yectado por diversos intelectuales, descansa sobre las mismas
bases que hicieron posible el Holocausto.
Es decir que vale la pena analizar si en esos trabajos prepa-
ratorios, en esas conclusiones y en la propia declaración está
o no presente lo que Bauman interpreta como la confianza
en los logros esenciales y fundamentales característicos de
nuestra civilización y que dieron lugar al Holocausto. Y si este
mismo futuro así proyectado nos habría de conducir a aquel
que estamos negando por estar sustentado en las mismas pre-
misas. Premisas como el individualismo absoluto, por tanto,
el desarrollo aislado del individuo, la confianza en la ciencia
como única solución a los problemas sociales, una profunda
fe en la racionalidad instrumental, etc.
Los temas que entonces preocuparon a los estudiosos que
abordaron la declaración no agotaron la construcción del fu-
turo, es decir, en este porvenir imaginado, el tema fundamen-
tal de preocupación, la bipolaridad, quedó rebasado por los
hechos – esperando a que se saquen las lecciones pertinentes
– y a cambio científicos y humanistas parecieron creer que el
Holocausto había sido dejado atrás, que había sido resuelto
por los tribunales de Nuremberg y equivalentes, cuando hoy

326 Tenorio, Fernando. 500 años de razones y justicia. Las memorias del
ajusticiamiento, Universidad Autónoma Metropolitana, 1999, pp. 18 y
19.
327 Loc.cit
328 v. supra. p. 5.
229
Federico César Lefranc Weegan

se nos aparece como un acontecimiento al que ni siquiera po-


demos terminar de nombrar con un único nombre.
La presunción en todo caso, era que la solución se habría
completado con el proceso de desnazificación al que se so-
metió a Alemania.329 Lo importante parecía ser proyectar el
futuro, y no era fácil percatarse de que entre los juicios pena-
les y este último proceso de desnazificación se quedó un gran
espacio de reflexión sin resolver.
En el marco de los trabajos preparatorios de la Declara-
ción Universal es representativa de esta visión la afirmación
de Lewis respecto a que los derechos naturales son afirma-
ción de fines humanos; derechos para perseguir y realizar
valores que no miran atrás sino hacia adelante.330 Coincide
entre otros con Wright en el sentido de que una declaración
de derechos humanos sería más bien la declaración de una
aspiración.331 El Holocausto parecía haberse quedado atrás.
Un primer tema reiterado es ese; la declaración no se propu-
so para reflexionar sobre el pasado inmediato, sino más bien
para construir el futuro.
Otro de los temas básicos fue el referente al derecho de
propiedad. Se planteó la necesidad de establecerle límites o

329 Muñoz Conde hace una fuerte crítica al proceso de desnazificación,


refiriéndose específicamente al caso de Mezger, y de cómo muchos
de los personajes que fueron sometidos a este proceso “fueron reha-
bilitados y vueltos a colocar en sus puestos de miembros de la ‘Elite’
nacionalsocialista, los más importantes profesores, científicos, jueces,
funcionarios, que habían colaborado estrechamente con el nazismo.
Analizado desde la perspectiva actual parece que esto fue positivo
para la recuperación de la normalidad social, política y económica de
la República Federal Alemana, pero, como se ha visto aquí con el ‘caso
Mezger’, y otros lo han puesto de relieve en muchos otros ‘casos’, para
e restablecimiento de la verdad histórica supuso un golpe mortal, del
que Alemania todavía sigue sin recuperarse”. Muñoz Conde, Francis-
co. Edmund Mezger y el Derecho Penal de su Tiempo. Estudios sobre
el derecho penal en el Nacionalsocialismo, Tirant lo Blanch, Valencia,
2002, especialmente el capítulo V, pp. 315 ss.
330 v. supra., p. 92.
331 v. supra., p. 102.
230
Holocausto y Dignidad

de conciliarlo con otros derechos.332 Ello precisamente en el


contexto de la promoción de los derechos sociales.
La preocupación por la seguridad, aparece como otro
tema recurrente en muchas de sus manifestaciones; v.g. la se-
guridad de la paz, la seguridad dentro del Estado, la seguri-
dad del propio Estado.333 Se percibió la dificultad de conciliar
entre estas distintas necesidades, reconociendo que en última
instancia el control de la ley aplicable se encontraba en ma-
nos del Estado.334 La postura característica de esa etapa es la
de Fry quien a partir del ámbito penal se refiere a la seguri-
dad y al derecho a defenderse de los enemigos interiores de
la comunidad. Ella misma aborda dentro del mismo ámbito,
la existencia de derechos de los cuales una persona no debe
ser despojada.335
No hay que perder de vista que los temas que se analiza-
ron en los trabajos preparatorios de la Declaración Universal
fueron acotados por el memorándum al que dieron respuesta.
En éste se definieron los temas fundamentales que debieran
ser motivo de análisis.
En un momento en el que se acababa de vivir la impo-
tencia de la Sociedad de Naciones se presentaba a las recién
constituidas Naciones Unidas como un símbolo del porvenir
deseado.336
La percepción del hombre en sociedad era fuertemente
individualista, el modelo de convivencia todavía se planteaba
desde la perspectiva del hombre contra el hombre, o del hom-
bre contra el grupo.337 Dentro de esta visión individualista se
manifestó una preocupación constante por el desarrollo de
la personalidad. Teilhard de Chardin expresa estas preocu-

332 v. supra., pp. 93 y 98.


333 v. supra., pp. 96 y 102.
334 cf. Con lo expuesto por Freixes y Remotti en relación con la aplica-
ción del derecho de extranjeros, infra., p. 177
335 v. supra., p. 115.
336 v. supra., p. 93. cf.. .supra., p. 125.
337 v. supra., p. 99.
231
Federico César Lefranc Weegan

paciones, la de la convivencia y la de necesidad de desarrollo


refiriéndose a la asociación conveniente con los demás para
lograr la plenitud de la persona, pronosticando también una
ineludible totalización humana, entendiendo esta expresión
con el significado que actualmente le damos a la de globali-
zación, es de destacar su afirmación en el sentido de que son
necesarios individuos superorganizados interiormente por
persuasión.338
Una posición representativa de la crítica respecto de los
efectos de las declaraciones tradicionales la encontramos en
Northrop, quien sostuvo que dichas declaraciones habían
desarrollado culturas de laissez faire, dejando sin sostén los
demás valores y aspiraciones de la humanidad.339 En este mis-
mo sentido la afirmación de Haesaert de que, con el tiem-
po se habían traicionado las intenciones de los redactores de
las proclamas; así, la libertad sindical tendría que enfrentar
al Estado, la libertad de prensa se había visto privatizada y
monopolizada, y la igualdad se había reducido a la igualdad
cívica.340 La crítica más rigurosa, aunque no se refiere tanto a
las declaraciones como las condiciones sociales proviene de
Puntambekar, quien da cuenta de la pérdida de todo sentido
de humanidad en la política y de la destrucción de la libertad
del hombre a manos de la tecnocracia económica, la burocra-
cia política y la idiosincracia religiosa.341
Aparecen repetidamente las manifestaciones de fe en la
ciencia, especialmente en las ciencias naturales como rectoras
de todos los aspectos de la vida, incluido el moral. De la cien-
cia provendrían los puntos de vista acerca de cómo deberían
vivir los hombres.342 Estas visiones cientificistas se alimenta-
ban con las metáforas de la biología y de los sistemas orgáni-
cos como explicaciones del funcionamiento de la sociedad. Se

338 v. supra., p. 100.


339 v. supra., p. 105.
340 v. supra., p. 93.
341 v. supra., p.107.
342 v. supra., p. 108.
232
Holocausto y Dignidad

vislumbraba como deseable, el desarrollo de un código moral


que adaptaría al género humano a un mundo científico.343 Por
otro lado, no faltan autores que nos alerten sobre los riesgos
de una fe ciega en la ciencia. El análisis de Burgers, aborda la
necesidad de considerar las consecuencias sociales y morales
de la ciencia.344 El de Huxley en el mismo sentido, anticipa
una severa crítica a la sobrevaloración de la racionalidad ins-
trumental.345
A la vez está presente la búsqueda de una escala de valores
que preservara de limitaciones a los derechos esenciales, o de
la existencia de derechos de los que no pudiéramos ser despo-
jados por la comunidad.346 Esta búsqueda es parecida a la que
actualmente se desarrolla con la intención de identificar un
posible núcleo duro de los derechos fundamentales.347
Muchos matices de la libertad fueron analizados, desta-
cando la aceptación de imponerle los límites tradicionalmen-
te estudiados. Es decir, sería posible limitar la libertad en
beneficio de otros, de limitarla en beneficio de la nación o
de la comunidad mundial. Destaca el análisis de una nueva
expresión de este derecho, el derecho a la libertad de no ser
explotado.

343 v. supra., p. 113.


344 v. supra., p. 112.
345 v. supra., p. 110, vale la pena comparar lo expresado por Huxley en
1947 con una crítica reciente al predominio de esta forma de raciona-
lidad: Se le preguntó a Peter Glotz ¿A qué déficit en la política debía
reaccionar la filosofía? Y su respuesta fue que “A la absolutización de
la razón instrumental. Esto significa que ya no se piensa acerca del
objetivo, sino que sólo se refleja el camino hacia el objetivo. (..) La
crítica de la razón instrumental es necesaria asimismo, justamente,
frente a la política, donde frecuentemente buscamos científicos para
que emitan alguna opinión y nos describan cómo podemos seguir un
determinado camino sin discutir el objetivo. Cuando los filósofos nos
obligan a discutir también sobre los objetivos, esto es entonces, co-
rrecto.” En Bohem, Ulrich (comp.), La filosofía hoy, Fondo de Cultura
Económica, 2002, p. 31.
346 v. supra., pp. 85, 88, 91.
347 cf. Marzal, Antonio editor, El núcleo duro de los derechos humanos, J.
M. Bosch, 2001.
233
Federico César Lefranc Weegan

La consideración de la dignidad se propuso como princi-


pio unificador. El individuo debería ser visto como un fin. No
obstante, se reconoció, el mero pronunciamiento de fe en la
dignidad inherente a los seres humanos sería insuficiente. Los
derechos serían en ese sentido, la clave de la dignidad.348
Por último, se invoca el clamor por los derechos, como
consecuencia del horror provocado por las atrocidades co-
metidas recientemente y se alude, refiriéndose al nazismo, al
recuerdo de regímenes que habían convertido la tortura y el
asesinato en masa en una política.349
Muchos fueron los elementos que consideró la Comi-
sión de la Unesco para las Bases Teóricas de los Derechos del
Hombre. Estos elementos de análisis se integraron en unas
“bases de una declaración internacional de derechos del
hombre”. Destaca el pragmatismo elegido. Los comisiona-
dos decidieron no entrar en la discusión de los fundamentos
filosóficos de la Declaración, a cambio buscaron principios
comunes para sustentarla. Además de ello, la caracterizaron
así; la Declaración Universal debería ser una expresión de fe
y a la vez un programa de actos para realizar esa fe. Esta se
depositó explícitamente en la dignidad intrínseca de hombres
y mujeres. La fe en la dignidad debería servir de sustento a la
libertad y a la democracia. De forma muy general, el actuar
proyectado, estaría dirigido a que la dignidad recibiera cada
día mayor reconocimiento, y se pudiera conseguir de forma
más plena.350
Esta fe en la dignidad humana se sustentaba, según la pro-
pia Comisión, en las filosofías propias de aquel momento. A
pesar de que, reiteramos, no se adoptara alguna de ellas en
particular. La única acotación que hicieron fue la afirmación
de que la fe en la dignidad del hombre que se basaba en la

348 v. supra., p. 88.


349 v. supra., p. 93.
350 v. supra., p. 125.
234
Holocausto y Dignidad

confianza en el progreso y en el desarrollo de conocimientos,


se había visto conmovida.351
Anteriormente dijimos que en este documento se presen-
tó a las Naciones Unidas como un símbolo de victoria. Sólo
comentaré que este símbolo representaba a los vencedores,
pero no estoy seguro de si también fue pensada como un sím-
bolo de los sobrevivientes.
La noción de la dignidad humana y su importancia para
el derecho, aunque no era una noción nueva, se hizo explí-
cita después de la Segunda Guerra Mundial. Su expresión
tuvo un carácter nuevo, distinto. Zagrebelsky ha analizado
cómo es que el iusnaturalismo subjetivista y el positivismo
habían mostrado sus límites a partir de las aberraciones de
los totalitarismos. Y cómo, la otra versión del iusnaturalismo,
la cristiano-católica constituiría solamente una contribución
particular en un proyecto constitucional más amplio. 352 De
este proyecto, de esta visión del mundo, habría de participar
el reconocimiento de la dignidad humana, por ello insistimos
en que en esta visión de mundo se debe incluir actualmente la
visión de las víctimas.

351 v. supra., p. 126.


352 Zagrebelsky, Gustavo. El derecho dúctil, 4ª. ed. Trotta, 2002, p. 67. Al
hablar del significado histórico de la constitucionalización europea de
los derechos en la segunda posguerra, escribe lo siguiente:”Pero tam-
poco la otra versión del iusnaturalismo, la cristiano-católica, que en
la segunda posguerra conoció un nuevo “renacimiento”, podía aspirar
a una auténtica afirmación integral en sus términos clásicos, es decir,
tomistas. Es verdad que, frente al arbitrio ínsito a todo artificio huma-
no, su asunción de un orden “dado” del universo-en el que la posición
del hombre viene prefijada por la creación, acatada como verdadera y
buena y, por tanto obligatoria- ha dejado huellas importantes. Preci-
samente las nociones de dignidad y persona humana –nociones que
no pertenecen a la tradición del iusnaturalismo racionalista, sino a la
del iusnaturalismo cristiano-católico-, que se encuentran enunciadas
en muchas constituciones y en varias declaraciones internacionales de
derechos a modo de eje sobre el que gira toda la concepción actual del
derecho y de los derechos, expresan un concepto objetivo derivado de
una determinada visión del hombre y de su “posición” en el mundo.”
235
Federico César Lefranc Weegan

Los temas serían distintos, el aislamiento de las víctimas,


la incertidumbre cotidiana, la necesidad de un nombre y de
una identidad protegida y respetada..
La institucionalización de la opresión.
El orden institucionalizado, a partir del desamparo frente
a las instituciones del Estado.
El reconocimiento incondicional del otro como fundamento
de una sociedad diferente.
¿Acaso todo esto tiene algo que ver con la dignidad?
Ya hemos descrito el orden en el que estuvieron inmersos
los testigos. Los simples títulos de las leyes son reveladores;
la prevención de descendencia con enfermedades heredita-
rias, la protección del pueblo y del Estado, los ataques mali-
ciosos, la mejora de delincuentes habituales y peligrosos, los
infractores potenciales, la restauración de funcionariado, la
exclusión de los judíos de alguna actividad, la protección de
la sangre y el honor alemanes, la protección de la salud here-
ditaria del pueblo alemán, hasta la ley sobre el tratamiento de
extraños a la comunidad.353La comunidad nacional definida
a partir de la raza, y su contraparte el eterno extranjero, en
esta ocasión a partir del atributo inmodificable de ser judío.
En ese orden permitido, la noción de enemigo era extensiva
e indeterminada.
La privación de la protección de la ley, la exclusión de la
posibilidad de cumplir con los deberes para con el Estado, que
significaba la exclusión del ámbito de protección del mismo,
no representó un beneficio sino un peligro, el peligro de la
incertidumbre. La sustitución de la soberanía de la ley por el
terror policial arbitrario. Se pasó de la aprobación de restric-
ciones a la segregación, de la segregación al confinamiento, a
la concentración y al aislamiento, de allí a la eliminación siste-
mática, eficientemente planificada. En esta cadena encontra-

353 v. supra., pp. 7 ss.


236
Holocausto y Dignidad

mos los papeles de la ley, de la administración, de la ciencia y


de la burocracia.354
Antes había sido la humillación pública igualmente sis-
temática y planificada. Los ataques a la economía y a la pro-
piedad judías. El rompimiento deliberado de las relaciones
entre los grupos, al interior de la misma sociedad. No sólo se
trató de la falta de solidaridad sino de un verdadero desco-
nocimiento de los otros, de los que buscaban refugio. ¿Qué
representa en este contexto la impunidad de los verdugos?
¿Qué representa la promoción de las condiciones que favo-
recían estos actos?
La impunidad y la permisión están relacionadas, tienen
que ver con la institucionalización de ciertas condiciones,
de ciertos permisos para ciertos grupos. La impunidad y la
permisión están relacionadas con la institucionalización de
la opresión. La impavidez de los espectadores. La eugenesia,
la selección y el otorgamiento de la gracia de la muerte. La
imposición de una razón heterónoma. La quema de libros, el
adoctrinamiento permanente al interior de la sociedad. La re-
presión de todas las formas de reflexión y de crítica El control
sobre cada aspecto de la vida ¿No es todo ello contrario a la
autonomía propia de la persona?
Este era el orden vigente, dónde recogió el derecho la
magnitud de esas atrocidades.
No se contó acaso con la complicidad de las industrias,
de las empresas y de los bancos, no sólo de Alemania sino
de diversos países. Qué tiene que ver este orden permitido
con la dignidad humana si todo se puede vender y todo se
puede comprar, si los restos de las víctimas permiten obtener
utilidades que alimentan el sistema financiero. Qué tiene que
ver con la dignidad si se institucionalizaron condiciones que
hicieron necesaria la imposición de la disciplina. Condicio-
nes que permitieron la disociación de las valoraciones para
poder ser a la vez, un buen ciudadano y un buen verdugo. Si

354 v. supra., p. 28.


237
Federico César Lefranc Weegan

sabemos que se crearon privilegios y se provocaron traiciones


como forma de dividir. Y dividir sirvió para debilitar. Si sabe-
mos también que en todos los niveles se identificó la justicia
con la fuerza.
Y esas condiciones infrahumanas de vida escogidas para
las víctimas. Quién las eligió. Quién las decidió. Quién o
quienes las sancionaron. Hubo infinidad de personas que de-
cidieron para ellos ese destino. No sólo los nazis fueron los
asesinos y los saqueadores, en muchos países hubo también
colaboradores activos para matar y despojar. ¿Y el silencio
cómplice de la Iglesia católica no fue un atentado contra sus
millones de fieles que esperaban la verdad?.
Qué nos enseña sobre la dignidad la experiencia de An-
telme. Su experiencia nos muestra otro de los límites de un
modelo donde necesariamente algunos son extraños.355
Qué nos enseña la transformación de los presos alema-
nes comunes en kapos y la despersonalización de los presos
judíos.356
Qué, las decisiones forzadas tomadas para sobrevivir, que
siendo legítimas, generaban sentimientos de culpa. Qué sabe-
mos de la importancia de conservar un nombre y un cuerpo
protegidos para sobrevivir al anonimato propiciado por los
verdugos.
Cuánto podemos aprender del hambre provocada, del
control de los cuerpos, del lenguaje como medio para des-
humanizar, para cosificar, para aislar. Sabemos tan sólo que
el lenguaje aislaba a las víctimas pero también a los verdugos.
Y que la compasión permitía en ocasiones superar el aisla-
miento.

355 También Todorov descubre ese límite y lo describe así; “La solidari-
dad en el interior de un grupo significa que ayudo automáticamente a
todos sus miembros y que no me siento involucrado en las necesida-
des de quienes no pertenecen a él.” (..) “La solidaridad hacia los míos
implica la exclusión de los otros”. op.cit., p. 89.
356 Posibilidades que demostrarían posteriormente Milgram y
Zimbardo, y que Bauman incorporó a su análisis. v. supra., p.
162.
238
Holocausto y Dignidad

Los intercambios abusivos, el engaño por parte de los ope-


radores del poder como recurso permanente, el enmudeci-
miento voluntario de los testigos provocan las preguntas: ¿Po-
demos ser obligados a la solidaridad? ¿Cuántos de nosotros
preferimos la comodidad a la verdad? 357
Qué tanto nos afecta la incertidumbre acerca de cualquier
posible destino de nuestros semejantes. Qué tan deseable es el
cumplimiento maquinal de las órdenes, por parte de quienes
sirven al Estado. ¿Cómo llegamos a esa situación?
Bauman lo explica a partir de la adiaforización de las ac-
ciones humanas, como parte de una forma de socialización
específica, sumada a determinadas características; la mag-
nitud del potencial destructor de la tecnología y la determi-
nación sin límites de usar ese poder al servicio de un orden
artificial y programado.358
Los testimonios no se recogieron de forma que pudieran
trascender en el derecho. Negarnos a escuchar, negarnos a ver
lo que cambió implica de alguna manera – parafraseando a
Wohlfarth359–, proteger el orden que provocó la tragedia.
La liberación de Antelme evidenció la primera incompren-
sión. El contraste nunca superado entre dos formas de enten-
der el mismo momento. Contraste que sigue presente cuando
tenemos que diferenciar la dignidad construida por los vence-
dores de la dignidad preservada por los sobrevivientes.

Las lecciones más duras


Más allá de la cosificación de las personas, incluso más
violenta, encontramos la conformación de los subhumanos.
Estuvo implicada su definición legal a lo largo de todo el ré-
gimen, requirió del trazado de fronteras legales precisas res-
pecto de los otros. Implicó una gran variedad de acciones,
acciones planeadas, el hacinamiento, el hambre y la suciedad

357 Todorv, op.cit., pp. 149 s.


358 Bauman, op.cit., pp. 284 y 285.
359 v. supra. p. 130. nota 5.
239
Federico César Lefranc Weegan

provocadas, el aislamiento de la sociedad, el distanciamiento


de los verdugos.
Para que una vez conformados esos seres subhumanos, se
justificara el desprecio que desde un inicio se había previsto
para ellos. Eran el testimonio viviente de la superioridad aria.
En esta lógica, al conformarlos como subhumanos se habría
hecho patente que eran parásitos y que era necesario destruir-
los.
En esas condiciones la otra lección se refiere a la reivindi-
cación de lo humano. Al reconocimiento de la dignidad del
otro. A la capacidad de apoyar al compañero cercano, quizás
como gesto último. Al respeto por la identidad humana que
no pudo ser borrada.
Nuestro otro testigo Victor Klemperer nos habla de la
suma de prohibiciones que afectaban la vida común. De ese
orden paralelo que afectaba la vida cotidiana. De la muerte
civil al a que los habían sometido.
Testimonia la evolución del lenguaje no sólo como ob-
jeto de estudio del filólogo en la Academia, sino como par-
te importante de la opresión. El lenguaje del nazismo estaba
presente en todos los actos de la vida, desde el anuncio de un
nacimiento hasta la esquela mortuoria.360
El adoctrinamiento a través, no sólo del significado de las
palabras, sino de su repetición ‘millones de veces’, la frecuen-
cia llegaría a ser un nuevo valor de las palabras. El lenguaje se
vio convertido en el instrumento que permitía transformar
a los individuos en piezas sin ideas.361 El lenguaje que des-
de finales de los veinte anticipaba las convicciones del Tercer
Reich; la superioridad del pueblo alemán, la contaminación
de su sangre por el cristianismo, la necesidad de crear espacio
para los alemanes.

360 v. supra., p. 144.


361 v. supra., p. 140.
240
Holocausto y Dignidad

El significado de las palabras se falsificaba, se cambiaba su


matiz, se les revaloraba. Es el caso del ‘fanatismo’ considerado
como virtud suprema.
La conformación de la nueva identidad germánica incluía
los nombres. A partir de ellos había que enfatizar el paren-
tesco germánico. Así era posible confrontar a ‘Bern-Walter’
con Israel o con Sara. El nazismo hizo de nombre una marca,
que permitía distinguir a las personas y conformar sus iden-
tidades. Esta marca se aplicó también a las ciudades, aunque
en este caso se trató de conformar una identidad a partir del
lema que se les atribuía.362
Klemperer se refiere al lenguaje del Tercer Reich, como un
lenguaje carcelario. Descubre en los carteles nazis la ausencia
de todo pensamiento, la manifestación de una obediencia cie-
ga. Descubre las características básicas de la LTI; su voluntad
de totalidad y su relación con la tecnificación y la organiza-
ción de todos los aspectos de la vida. El rechazo de la filosofía
y del pensamiento sistemático. La sustitución de la filosofía
por la cosmovisión, La afirmación de una verdad orgánica.
La suplantación de la religión. En ese contexto el nazismo se
apropió del lenguaje del evangelio, Hitler era divinizado, la
Navidad fue descristianizada, y millones de personas acogie-
ron ese evangelio en el que el concepto de raza se enfrentaba
al de humanidad, en el que la ‘nordificación’ deseada por los
nazi, excluía al resto de la humanidad.
Klemperer fue testigo del valor de contar con una certifi-
cación de poseer sangre aria. Conseguir ese certificado cons-
tituía un privilegio, el privilegio de sobrevivir, para algún co-
nocido suyo.
El lenguaje denotaba la cosificación de los prisioneros,
ellos eran ‘piezas’.363 Se hablaba un ‘aprovechamiento de los ca-
dáveres’ y una ‘liquidación’ de los enemigos. Esta cosificación
no sólo afectaba a los prisioneros, se manifestaba, aunque de

362 v. supra., p. 141.


363 v. supra., p 146., cf. supra., p. 133.
241
Federico César Lefranc Weegan

forma distinta, en las expectativas puestas en la ‘humanidad


germánica’, la mecanización que se esperaba de los súbditos
alemanes, la obediencia ciega que se les pedía, no eran tan
distintas de esa cosificación explícita. En realidad Hitler re-
quería de autómatas.

El orden significado por la estrella amarilla.

La estrella amarilla representó muchas amarguras, era la


marca inseparable, la guetización y el aislamiento que acom-
pañaban a todas partes a su portador. La estrella era el pretex-
to para las agresiones y para el endurecimiento del control.
Klemperer habla también de los privilegiados, que podían
no portar la estrella, y de cómo la aceptación de privilegios
ayudó a desintegrar a la comunidad judía.364
En la perspectiva de Modernidad y Holocausto, “En el
ghetto, la distancia entre las clases era la distancia entre la
vida y la muerte. El simple hecho de permanecer con vida
significaba cerrar los ojos ante la agonía y la miseria de otras
personas”.365 La única vigencia era la de la racionalidad de la
propia conservación.
En otra de sus reflexiones Klemperer, ve a los judíos como
chivos expiatorios; eran necesarios para contrastar lo lumi-
noso, lo germánico, contra lo obscuro y siniestro atribuido a
los judíos. (en realidad a cualquier otro pueblo no ario). Los
otros, los subhumanos, eran necesarios para dar testimonio
de la superioridad germánica.366
¿Qué significa entonces hablar de exterminar seres hu-
manos? ¿Qué significa la crueldad oculta en lo cotidiano? El
análisis de Bauman nos dice que es más fácil hablar de exter-
minar seres humanos cuando la moral ha sido neutralizada,
cuando el conjunto de acciones que se requieren para llevar a

364 v. supra., p. 147., cf. supra., p. 134.


365 Bauman, op.cit., p. 190.
366 v. supra., p. 147., cf. supra., p. 134.
242
Holocausto y Dignidad

cabo este exterminio ha sido adiaforizado, y cuando, a ello se


le puede agregar el dominio de la tecnología.367
Klemperer aborda el caso de aquellos judíos que al inicio
de la guerra se excluían voluntariamente de Alemania. El mo-
vimiento sionista y sus contactos con el nazismo nos hacen
preguntarnos si son necesarias las naciones.
Cuánto influyó la lectura de Herzl en Hitler. También el
padre del sionismo trataría en sus escritos, a los críticos como
enemigos del Estado, también rompería la resistencia con du-
reza implacable, también insultaría y desacreditaría a quienes
pensaran distinto.368
El principio de totalidad se manifestaría en la enajenación
del uso de los superlativos por parte del NSDAP, sólo ellos
tendrían derecho a usarlos.
En este ambiente en que lo relevante era el instinto y no el
pensamiento, era posible comparar la guerra con el deporte.
Era posible, quitarle a la guerra su magnitud trágica.369 Hasta
el arte tenía el efecto de la opresión. Klemperer relata cómo
impactaban al auditorio los coros hablados, cómo contribuían
a incitar los instintos heroicos y a sojuzgar la razón.
Ya al final, durante la huida, en febrero de 1945, Klem-
perer observaría los brazaletes de los luchadores contra los
parásitos del pueblo.370 Y se daría cuenta también del temor
que todavía le causaba una posible detención. En esa huida
pudo constatar que la LTI aparecería por todas partes, que el
lenguaje también era totalitario.
¿En que marco es posible estudiar estas experiencias?
Bauman propone que a partir del análisis del origen del com-
portamiento moral, y pregunta: ¿Es este comportamiento,

367 v. supra., p. 160.


368 v. supra., p. 149.
369 v. supra., p. 152.
370 v. supra., p. 154., es posible comparar esta expresión “luchador contra
los parásitos del pueblo”, por su contenido y por el momento de su
aparición, con el contenido del “Proyecto de Ley sobre el tratamiento
de extraños a la comunidad” recuperado para su estudio por Francis-
co Muñoz Conde, op.cit., pp. 206 ss.
243
Federico César Lefranc Weegan

producto de la sociedad, como lo ha considerado tradicional-


mente la sociología? El mismo autor propone que el proceso
de socialización no produce la capacidad moral, en cambio,
permite una manipulación de ella. La capacidad moral sería
anterior a la socialización. Y para sustentar su explicación nos
remite a la obra de Emmanuel Levinas.371 Todorov más re-
cientemente se ha referido de forma parecida al ámbito de las
virtudes cotidianas.372
En cualquier caso tenemos el ejemplo de las esposas ale-
manas que se arriesgaron por sus esposos judíos, que acepta-
ron sufrir crueles humillaciones día con día pero que perma-
necieron con ellos todo el tiempo. Como fue el caso de Eva
Klemperer.
¿Es misión del derecho proteger o promover esas virtudes
cotidianas? ¿Hay cabida en el derecho para reflexionar sobre
la capacidad moral o sobre su posible manipulación?
Considero que muchos de los análisis que Bauman dedi-
ca al impacto del Holocausto en la Sociología son aplicables
también al Derecho.
La asimilación de la vida a una situación de guerra, la
persistencia de la opresión; el omnipresente estado de emer-
gencia que justifica los controles.373 La competencia, el reto
permanente, la necesidad de ganar, la división del mundo en
ganadores y perdedores. Es esa una forma de vida totalmente
contraria a la necesidad que parecemos tener de entender a
cada ser humano como un fin.
Impresiona la pregunta que asombraba a Hoess y que cita
Tzvetan Todorov: ¿Por qué los miembros de la raza judía mo-
rían tan fácilmente? 374 En ese asombro parece haber despre-
cio y no lo hay, ese asombro es producto del pensamiento ins-

371 v. supra., p. 164.


372 Todorov, op.cit., pp. 66 ss.
373 Este aspecto ha sido profusamente estudiado, desde Benjamin.
374 Hoess, R. Le commandant d’Auschwitz parle, París, Maspero, 1979.,
apud. Todorov, Tzvetan. Frente al límite, Siglo XXI, Madrid, 1993, p.
198.
244
Holocausto y Dignidad

trumental. En todo caso hoy podemos entender que la moral


de los ejecutores habría sido privatizada.375
La despersonalización de los verdugos mediante el adoc-
trinamiento permanente daba sus resultados, la eliminación
de la voluntad, la anulación del juicio. El Estado se había
apropiado de los objetivos últimos de la sociedad y no era
necesario que el individuo hiciera esas valoraciones.376 Ade-
más no hay que perder de vista la afirmación de Klemperer, el
lenguaje era realmente totalitario, y el lenguaje era un medio
constante de adoctrinamiento. Cada individuo estaba impli-
cado en lo que Todorov denomina una ‘red total’.377
Podemos parafrasear la pregunta tantas veces repetida, ¿si
estamos dispuestos a reconocer que aquel a quien llamamos
nuestro enemigo es también un ser humano?
Es todo ese universo el que el derecho no ha sabido in-
corporar.378 Del que sólo una parte mínima se ha estudiado a
partir de los presos comunes, y que se ha integrado al derecho
penal. La depauperización de millones de seres humanos ten-
dría que conmovernos todavía, pero ocultamos su historia.
“Señor, que no sufran mucho tiempo” escribió en una carta
Etty Hillesum, cuando se enteró de que para sus padres todo

375 Bauman, op.cit., p. 280.


376 En palabras de Bauman; “La respuesta de la organización ante la au-
tonomía del comportamiento moral es la heteronomía de las racio-
nalidades instrumental y procedimental. La ley y el interés desplazan
y reemplazan la gratuidad e insancionabilidad del impulso moral”.
Op.cit., p. 279.
377 Todorov, Tzvetan. Frente al límite, Siglo XXI, Madrid, 1993, p. 137.
378 Ha mostrado preocupación por este aspecto Eric Sottas; “En el caso
que nos interesa el límite es evidentemente la medida, el acto o el con-
junto de actos, que dejan sin substancia los fundamentos sobre los cua-
les reposa toda la construcción de los derechos humanos: la dignidad
humana. En mi opinión, para examinar el respeto de dicho límite es
necesario colocarse desde el punto de vista de la víctima de la viola-
ción cualquiera que sea y no sólo referirse al catálogo de los Derechos
Fundamentales” en la contraponencia titulada “Nucleo duro: ¿Fortale-
cimiento o límite de lo esencial?”, Marzal, (editor), op.cit., p. 115.
245
Federico César Lefranc Weegan

estaba perdido, que serían trasladados a Auschwitz. Esa ora-


ción resume la impotencia a la que habían sido reducidos.379
Habría que darse cuenta de la tremenda paradoja que sig-
nificaba ver gente empacando tan meticulosamente, con tan-
to cuidado sus objetos más preciados, para que todo les fuera
arrebatado en un instante. Quizás dejarlos empacar así no era
más que otra forma perversa de distraerlos de la muerte in-
minente. Una vez más la normalidad habría sido secuestrada
por ese orden.
Cuando no somos capaces de darnos cuenta de esto. ¿Has-
ta qué punto corremos el riesgo de convertir el ejercicio del
derecho en un ejercicio estéril?
Los testigos, mejor que nadie, pueden hablarnos de cómo
se construye la dignidad, de cómo se preserva, de qué signi-
fica. La dignidad humana no la podemos construir desde la
dogmática jurídica por elaborada que esta sea, es preferible
recogerla de la experiencia humana. La dignidad construida
sólo desde el derecho, ¿no corre el riesgo de terminar en una
dignidad neutra, funcional al propio derecho pero disociada
de lo humano? Es decir, la dignidad no la podemos imaginar,
así como no podemos imaginar realmente lo que es haber es-
tado preso en un campo de concentración.
La primera reivindicación de los testigos consistiría en to-
marlos en cuenta uno a uno como lo pedía Anteleme380, y
como lo expresó Hillesum.381
La segunda consistiría en aprender de su experiencia, en
no permitir que ésta se transforme en una experiencia vana.
Y con lo aprendido podríamos revisar nuestras institucio-
nes, nuestros hospitales o nuestras cárceles, nuestras leyes y a

379 Hillesum, Etty. El corazón pensante de los barracones. Cartas, Anthro-


pos, Barcelona, 2001, p. 116.
380 Anteleme, op.cit., pp. 354 ss.
381 Etty Hillesum lo escribió así en otra de sus cartas: “El mundo exterior
nos percibe como una masa sufriente de judíos, incolora e indiferen-
ciada. No saben nada de las fisuras, de los abismos, de los miles de ma-
tices que separan a individuos y grupos. Y, además serían incapaces de
comprenderlo”. op.cit., p. 151.
246
Holocausto y Dignidad

sus operadores. Cada institución, cada política, cada acción


del poder, debiera respetar la dignidad humana.
El proceso de institucionalización tendría que separarse
lo menos posible de la identidad humana. No habría que per-
mitir nunca la violación institucionalizada de esta identidad.
Este proceso debiera mantenerse lejos del apoyo de aquellas
medidas, identificadas por Bauman, que neutralizan la inci-
dencia del comportamiento moral.382
Un aprendizaje que procure que el ejercicio del derecho,
su construcción, no se vea deslumbrada por su propia retóri-
ca. Etty Hillesum expresa la lección más severa que nos han
dejado los testigos, “Ya no se trata de vivir, sino de la actitud
que hay que adoptar frente a nuestra propia ruina”.383 “El amor
por el semejante es como un resplandor elemental, del cual te
nutres. El semejante tiene poco que ver en ese proceso”.384 En
la obra analizada de Bauman se refiere así al comportamiento
moral; “La autonomía del comportamiento moral es comple-
ta e irreductible. No puede codificarse, en la medida en que
no se ajusta a otro fin que al propio y no se relaciona con nada
externo a sí mismo, es decir, no hay una relación que se pu-
diera dirigir, normalizar o codificar”.385
Esta es la actitud de Klemperer cuando se impone el de-
ber de escribir. O la de Anteleme o la de Etty Hillesum. Es la
actitud de muchos testigos que hasta ahora el derecho – espe-
cialmente en el espacio de los derechos fundamentales – no
ha querido escuchar.

¿Por dónde empezar?

Es fundamental tratar de responder seriamente a la pre-


gunta rescatada por Bauman; la moralidad ¿se enseña o per-
tenece a la misma existencia humana? 386

382 Bauman, op. cit. , p. 280.


383 Ibid., p. 120.
384 Ibid., p. 125.
385 Ibid., p. 278.
386 Ibid., p. 272.
247
Federico César Lefranc Weegan

Escribimos al principio de este trabajo que considerá-


bamos que había que arriesgar algunas respuestas. Las res-
puestas nacen del trabajo del propio Bauman, quien empieza
afirmando que “El proceso de socialización consiste en la ma-
nipulación de la capacidad moral, no en su producción”.387
Y más adelante escribe que “existe, sin embargo, una terce-
ra descripción de la condición existencial del ‘estar con otros’
que puede proporcionar un punto de partida para un plantea-
miento sociológico original y auténticamente diferente de la
moralidad, capaz de revelar y describir aspectos de la socie-
dad moderna que los planteamientos ortodoxos dejan invisi-
bles. Emmanuel Levinas, autor de esta descripción, resume su
idea con una cita de Dostoievsky: ‘todos somos responsables
de todo y de todos los hombres sobre todo y yo más que todos
los demás’. Para Levinas ‘estar con otros’, ese atributo primario
e inamovible de la existencia humana, significa principalmen-
te responsabilidad. ‘Como el otro me mira, yo soy responsable
de él sin haber asumido siquiera responsabilidades respecto a
él’. Mi responsabilidad es la única forma en que el otro existe
para mí, es la forma de su presencia, de su proximidad: (..) De
forma más categórica, mi responsabilidad es incondicional”.388
El sociólogo ha invocado al filósofo, y ha abordado uno de los
puntos de referencia constantes en la experiencia de los testi-
gos del Holocausto; la responsabilidad por el otro.
Así, en Gandersheim, aquel compañero de Antelme, Gas-
tón, convoca a los demás a resistir con estas palabras: “Pero,
para aguantar, cada uno tiene que salir de sí mismo, tiene que
sentirse responsable de todos”.389 Esta responsabilidad que se
manifiesta en el ‘cuidado’ es precisamente una de las virtudes
cotidianas presente en los campos que también destaca To-
dorov.390

387 Ibid., p. 283.


388 Ibid., pp. 237, 238.
389 Antelme, op.cit., p. 243.
390 Todorov, op.cit., pp. 78 ss.
248
Holocausto y Dignidad

Quisiera reproducir el análisis que hace Bauman de la


obra de Emmanuel Levinas, pero en realidad voy a abordar
pequeños temas de reflexión que no aparecen en Modernidad
y Holocausto, tomados de la obra de este filósofo que son con-
secuentes con la interpretación de Bauman y que coinciden
también con lo que considero que podemos aprender de los
testimonios.
Levinas, desde 1934 describió el racismo nazi; y demos-
tró que se oponía “a la humanidad misma del hombre”; “Es
a una sociedad que pierde el contacto viviente con su verda-
dero ideal de libertad, para aceptar las formas degeneradas
de ésta, y que no viendo lo que ese ideal exige de esfuerzo se
goza sobre todo en lo que le aporta de comodidad; es a una
sociedad en tal estado, a la que el ideal germánico de hombre
le aparece como una promesa de sinceridad y autenticidad.
El hombre ya no se encuentra ante un mundo de ideas donde
puede escoger por decisión soberana de su razón libre la que
será su verdad; el se encuentra ya ligado por nacimiento con
todos los que son de su sangre”.391
Años más tarde, en otro escrito afirmaría: “Para finalizar,
diremos que la significación, antes de la Cultura y de la Esté-
tica, se sitúa en la Ética, presupuesto de cualquier Cultura o
significación. “La moral no pertenece a la Cultura: permite
juzgarla”.392
Creo que la experiencia presenciada o vivida directamen-
te por los testigos así lo confirma, de la misma manera que
esta idea acerca de la moral se encuentra en las reflexiones
de Arendt en torno a quienes siguieron su propio criterio en-
frentando una opinión que parecía unánime y tomaron sus
propias decisiones.
“Percibir en la significación una situación que precede a la
cultura – percibir el lenguaje a partir de la revelación del Otro

391 Levinas, Emmanuel. “La filosofía del hitlerismo”, en Nexos, mayo de


1998.
392 Levinas, Emmanuel. Humanismo del otro hombre, Caparrós, Madrid,
1998, 2ª ed., p. 51.
249
Federico César Lefranc Weegan

(Autre), que es a la vez el nacimiento de la moral, en la mirada


del hombre que se dirige a un hombre precisamente como
hombre abstracto, despojado de toda cultura, en la desnudez
de su rostro – es volver de una manera nueva al platonismo.
Es permitir juzgar las civilizaciones desde la ética”.393
Lo vivido por Etty Hillesum durante su cautiverio, que
aquí nuevamente transcribo “El amor por el semejante es
como un resplandor elemental, del cual te nutres”.394 ¿No es
comparable a lo que describe Levinas en el siguiente párrafo?
“En Crimen y Castigo, de Dostoievsky, hay una escena en la
que, a propósito de Sonia Marmeladova que está mirando a
Raskolnikov en su desesperación, Dostoievsky habla de ‘com-
pasión insaciable’. No dice ‘compasión inagotable’. Como si la
compasión que siente Sonia por Raskolnikov fuera un hambre
que la presencia de Raskolnikov alimentara, incrementando
hasta el infinito esa hambre más allá de cualquier saciedad”.395
Por eso considero que la obra de este filósofo nos ayuda a in-
terpretar los testimonios, y a darles sentido.
Por último, creo que las interpretaciones que hagamos de la
dignidad humana, a partir de una profunda reflexión sobre los
testimonios del Holocausto y de los escritos de Levinas, pueden
llevarnos a revisar ese paradigma intocable con el que explica-
mos a nuestra sociedad. El establecido por Hobbes, en el que
los hombres miran permanentemente al otro como un enemi-
go del que hay que cuidarse y con el que hay que concertar.
Creo que este paradigma no representa una verdad, sino
que ha resultado más cómodo, pero del filósofo lituano pode-
mos obtener otra perspectiva. Él escribe al hablar sobre Nece-
sidad y Deseo. “Necesidad de quien no tiene más necesidades,
se reconoce en la necesidad de Otro que es el Otro (Autrui),
que no es ni mi enemigo (como lo es en Hobbes y en Hegel),
ni mi complemento, como lo es aun en la República de Platón,
que se constituye porque algo faltaría a la subsistencia de cada

393 Ibid. , p. 53.


394 Hillesum, op.cit. p. 125.
395 Levinas, op.cit., p. 44.
250
Holocausto y Dignidad

individuo. El deseo del Otro (Autrui) nace en un ser al que


no le falta nada o, más exactamente, nace más allá de lo que
pueda faltarle o satisfacerlo”.396
Recordemos la inquietud de Robert Antelme al dejar Bu-
chenwald, cuando a pesar de lo inhumano de las condiciones,
ellos se preguntaron, ‘si siempre tendrían la suerte de querer
retener al otro en la vida”.397
También esta necesidad, de dejar de ver al otro como
enemigo, encontró su manifestación en el campo de Wester-
bork:
“Yo se bien que quienes odian tienen buenas razones para
ello. Pero, por qué habríamos de elegir siempre el camino
más fácil, el más asequible? En el campamento pude expe-
rimentar con vívida concreción que cualquier partícula de
odio que añadamos a este mundo lo hace aún más inhóspito
de lo que ya es”.398

Quizás reflexionando en estos y en muchos otros testi-


monios, sea posible construir una interpretación en la que el
reconocimiento de la dignidad del otro sea simplemente una
manifestación expresa y clara pero a la vez absoluta e incon-
dicionada, que nos remita a un orden pleno de sentido, capaz
de guiar por otro camino al derecho.
El destino como lo proyectaron quienes intervinieron en
la Declaración Universal se refería a los mejores valores del
liberalismo, no obstante ese mismo mundo liberal acababa
de demostrar que era incapaz de voltear la mirada hacia sus
víctimas.
Por eso sería prudente hacer caso del cuestionamiento
hecho por el filósofo lituano Emmanuel Lévinas; “Debemos
preguntarnos si el liberalismo satisface la dignidad auténtica
del sujeto humano. ¿El sujeto humano alcanza la condición

396 Levinas, Emmanuel. La huella del otro, Taurus, México, 2000, p. 57.
397 v. supra. p. 131.
398 Hillesum, op.cit. p. 61.
251
Federico César Lefranc Weegan

humana antes de asumir la responsabilidad por el otro ser hu-


mano en la elección que lo eleva a ese nivel?”. 399
Por lo mismo es el momento de intentar esa revisión fun-
damental de nuestra conciencia que pide Bauman.400
Entonces, más que con una propuesta de interpretación
terminaremos éste trabajo con una pregunta.
En el marco de la Declaración Universal de Derechos Hu-
manos de 1948 ¿Es posible intentar una interpretación alter-
nativa de la dignidad humana en la que resulte insuficiente
su comprensión como la autodeterminación consciente y
responsable de la propia vida y de los propios actos como la
ha entendido el liberalismo. Y en la que además al hablar de
dignidad tengamos que referirnos, como lo hicieron muchas
de las víctimas de los campos, al sentido de esa vida y de esos
actos?

399 Emmanuel, Levinas. “Algunas reflexiones sobre la filosofía del hit-


lerismo”. Post sctiptum a este artículo para su publicación en Critical
Inquiry, 1990, vol 17 número 1.
400 Véase el Apéndice a la obra citada de Bauman, Modernidad y Holo-
causto.
252
Bibliografía
Anteleme, Robert, La especie humana, tr. Laura Masello,
Trilce, México, 2002, pp. 361.
Arendt, Hannah, Eichmann en Jerusalen. Un estudio so-
bre la banalidad del mal, 2ª. ed., Lumen, Barcelona, 1999, pp.
460.
- Los orígenes del totalitarismo, tr. Guillermo Solana, 2ª.
ed., Taurus, España, 1999, 618 pp.
- Tiempos presentes, tr. R. S. Carbó, Gedisa, España, 2002,
222 pp.
Bauman, Zygmunt, Modernidad y Holocausto, tr. Ana
Mendoza, Sequitur, España, 1997, pp. 309.
Bartolomé, José Carlos de, El orden público como límite al
ejercicio de los derechos y libertades, Centro de Estudios Polí-
ticos y Constitucionales, Madrid, 2002, pp. 455.
Black, Edwin, IBM and the Holocaust, Three Rivers Press,
New York, 2001, pp. 551.
Boehm, Ulrich, Filosofia hoy, Fondo de Cultura Económi-
ca, México, 2002, (tr. Irene Merzari), 216 pp.
Burleigh, Michael, El Tercer Reich. Una nueva historia, tr.
José Manuel Álvarez, Taurus Historia, España, 2002, 915 pp.
Cambrón, Ascensión, Acerca de la esterilización de defi-
cientes, en Derechos y Libertades”, Revista del Instituto Barto-
lomé de las Casas, num. 5, diciembre de 1995.

253
Federico César Lefranc Weegan

- El Proyecto Genoma Humano y el derecho a la propiedad


intelectual, en “Revista de Derecho y Genoma Humano”, num.
13, julio – diciembre 2000.
Carr, Edward, et. al., Los Derechos del Hombre, tr. Marga-
rita Nelken y otros, Laia, Barcelona, 1973, pp. 411.
Crónica del Holocausto, edición original a cargo de Louis
Weber, tr. María Herranz Agulleiro y otros, LIBSA, España,
2002, pp. 765.
Elias Norbert, Los Alemanes, Instituto Mora, México, 1999
(tr. Luis Felipe Segura), 499 pp.
Eser, Albin, Estudios de Derecho Penal Médico, IDEMSA,
Lima, 2001, (tr. Manuel A. Abanto)
Freixes Teresa y José Carlos Remotti, “Los derechos de los
extranjeros en la Constitución española y en la jurisprudencia
del Tribunal Europeo de Derechos Humanos”, en Revista de
Derecho Político, num. 44, 1998.
Goldhagen, Daniel, Hitler’s Willing Executioners. Ordinary
Germans and the Holocaust, Vintage Books, New York, USA,
1996, pp. 634.
Habermas Jürgen, Facticidad y validez. Sobre el derecho y
el Estado democrático de derecho en términos de teoría del dis-
curso, tr. Manuel Jiménez Redondo,Trotta, 2000, pp. 689.
Hernández Sandoica Elena, La segunda guerra mundial,
artículo en internet,
Hildebrand, Klaus, El Tercer Reich, título original Das
Dritte Reich, Cátedra, Madrid, 1988, pp. 319.
Hillesum, Etty, El corazón pensante de los barracones. Car-
tas, tr. Natalia Fernández, Anthropos, Barcelona, 2001, 163 pp.
Klee, Ernst, et. al. “The Good Old Days”. The Holocaust as
Seen by Its Perpetrators and Bystanders, tr. Deborah Burn-
stone, Konecky & Konecky, USA, 1988, pp. 314.
Klemperer, Viktor, LTI. Apuntes de un filólogo, tr. Adan
Kovacsics, Minúscula, Barcelona, 2001, pp. 410.
Levinas Emmanuel, La huella del otro, Taurus, México,
2000, tr. Esther Cohen y otros, 117 pp.

254
Holocausto y Dignidad

- Humanismo del otro hombre, tr. Graciano González, Ca-


parrós, Madrid, 1998,, 2ª ed., 113 pp.
- La filosofía del hitlerismo, en “Nexos”, tr. Carlos Castillo
Peraza, México, mayo de 1998.
Margalit, Avishai, Ètica del recuerdo, tr. Roberto Bernet,
Herder, Barcelona, 2002, 110 pp.
Marzal, Antonio, (editor), El núcleo duro de los derechos
humanos, J. M. Bosch, 2001, 237 pp.
Mazal, Harry, The Dachau Gas Chambers, [en lìnea] 2001
(http: //www.holocaust-history.org/webmaster)
Muñoz Conde Francisco, Edmund Mezger y el Derecho Pe-
nal de su tiempo. Estudios sobre el Derecho Penal en el Nacio-
nalsocialismo, Tirant lo blanch, Valencia, 2002, 374 pp.
Muñoz Conde Francisco, Las visitas de Edmund Mezger al
campo de concentración de Dachau en 1944, artículo.
Rubio Llorente Francisco, Los derechos fundamentales.
Evolución, fuentes y titulares en España, en “Claves de la Ra-
zón Práctica”, num. 75, septiembre de 1997
Simpson, William, Hitler y Alemania. Documentos y Co-
mentarios, tr. Elena Castro Oury, Akal, Madrid, 1994, pp.
189.
Spaeth, Harold & Edward Conrad, The Constitution of the
United States, Harper Perennial, 13. ed. 248 pp.
Ternon, Yves, El Estado Criminal. Los Genocidios en el Siglo
XX, tr. Rodrigo Rivera, Península, Barcelona, 1995, pp. 447.
Todorov, Tzvetan, Frente al límite, tr. Federico Alvarez, Si-
glo XXI, México, 1993, 324 pp.
Wohlfarth, Irving, La especie humana puesta a prueba en
los campos. Reflexiones sobre Robert Antelme, tr. Esther Co-
hen, UNAM, México, 2002, 88 pp.
Zagrebelsky, Gustavo, El derecho dúctil. Ley, derechos, jus-
ticia, tr. Marina Gascón, 4ª. ed., Trotta, 2002, 156 pp.

255

También podría gustarte