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IÑAKI GUERRERO OSTOLAZA, Cómo ser libre.

Manual de instrucciones, Ciudad Nueva,


Madrid 2010.

La libertad es tarea permanente del ser humano. Todos tenemos diversos


condicionamientos que nos bloquean e impiden actuar como quisiéramos, alejándonos
de la felicidad. Algunas de esas limitaciones son exteriores, otras interiores.
Convencido de que lo importante no es tanto lo que nos pasa, sino cómo lo
afrontamos, el psicoterapeuta I. Guerrero nos brinda una breve y certera cartografía
de nuestro paisaje psíquico, así como unas sencillas pautas para crecer en libertad
interior.
El origen de numerosos problemas psicológicos radica en la falta de autoestima,
o sea, en la incapacidad para aceptarnos con plena y equilibrada conciencia de las
limitaciones y de las virtudes que nos distinguen. Estas dudas sobre la propia valía se
plasman en pensamientos inconscientes del todo injustos con nosotros mismos, los
cuales, a su vez, suscitan emociones exacerbadas que condicionan nuestras reacciones
y nos llevan a sentirnos aún peor. Las conductas adictivas, los mecanismos de defensa
e incluso la depresión tienen aquí su raíz. Para romper este círculo vicioso, se sugieren
dos caminos: la reprogramación cognitiva ‒que consiste en elevar a conciencia los
pensamientos inconscientes, intentando sustituirlos por juicios más objetivos‒ y el
control de las emociones por medio de la relajación. La meta es la asertividad: la
libertad para reivindicar nuestros derechos y manifestar nuestros pensamientos y
deseos, sin miedos, pero respetando al otro. Sobre esta base se construye la
comunicación sana y el diálogo.
Pero la psicología no agota el discurso sobre la libertad interior. Lo decisivo se
sitúa en otro plano: el de la espiritualidad. De ahí que la obra concluya con un capítulo
dedicado al arte de amar. Su tesis, inspirada por Ch. Lubich, se podría resumir con la
célebre frase de Agustín: «Ama, y haz lo que quieras». Y es que el amor nos sana de
todos nuestros traumas, nos libera de la envidia y el miedo. Esta notable confianza en
la virtud terapéutica del amor plantea, no obstante, algunos interrogantes. Uno, al que
el autor no termina de dar respuesta, es el del sentido y necesidad de las técnicas
psicológicas. Y otro tiene que ver con una imagen quizá demasiado voluntarista del
amor, con una cierta relegación de su dimensión receptiva.
Por último, es de justicia señalar que el libro está muy bien escrito, lo cual
facilita y hace placentera la lectura. Un motivo más para disfrutar de estas
aleccionadoras páginas.

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