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La “causa feminista” en la obra de Chaucer

Edwin Villa Betancur

Filología Hispánica

Paola Andrea Fonegra

Docente

Estudios Literarios I: Edad Antigua y Edad Media

Universidad de Antioquia

Facultad de comunicaciones y Filología

Febrero 2020
La “causa feminista” en la obra de Chaucer

“No se nace mujer; se llega a serlo”.

Simone de Beavoir

En la Antigua Grecia, las mujeres no eran consideradas ciudadanas; esto implicaba que no
tuvieran derechos y estuvieran en una posición de desventaja frente aquellos hombres que
sí eran considerados ciudadanos. Las funciones de la mujer en la sociedad griega se
reducían entonces a procrear y servirle al marido o al dueño del hogar. Para colmo, la
homofilia griega agudizaba su situación, pues convertía al ‘amor heterosexual’ en tabú y a
la esposa, en una simple máquina de reproducción. Luego con la llegada de los romanos, la
situación de la mujer mejoró un poco. Los romanos promovían la libertad sexual y muchos
de ellos simpatizaban con las relaciones de carácter bisexual. El ‘amor heterosexual’ dejó
de ser un tabú y aunque las mujeres según la ley todavía eran consideradas inferiores y no
podían participar en política ni ejercer cargos públicos, sí gozaron de cierto tipo de
beneficios o libertades a los que las mujeres griegas jamás pudieron acceder.

No obstante, con la caída del Imperio Romano de Occidente y el reconocimiento de la


religión cristiana como la religión oficial del Imperio por parte de Constantino en el siglo
IV d.C., la situación de la mujer, comenzaría a empeorar nuevamente. A partir del siglo
XIII d.C. y gracias al III Concilio de Letrán, la conducta sexual es regulada por medio de la
prohibición de todo tipo de prácticas sexuales con fines no reproductivos. A pesar de que ya
se habían hecho pronunciamientos sobre el tema, no es sino hasta este Concilio que el clero
se toma por fin en serio el asunto. Desde ese momento, el sistema feudal comenzaría a
volverse completamente hostil con la mujer: su sexo era un instrumento para que el varón
llegara al coito, su útero una máquina para producir humanos con los que se alimentaba el
sistema y sus manos, un instrumento para servir al hombre. Cabe aclarar que, por otra parte,
existían diferentes realidades dependiendo de la situación de la mujer, la cual, podía ir
desde la mujer noble, la campesina y la monja, o incluso, la prostituta, siendo la primera de
ellas la única que podía gozar de grandes privilegios y la que, si fuese posible, podría
alcanzar un mayor reconocimiento. Aunque, dicho reconocimiento no le permitiese
intervenir en política, ni de su dote, ya que, no podían disfrutar de ella ni en su estado de
casadas, solteras o viudas -salvo algunas excepciones-, porque pertenecían al padre, al
esposo o al hijo (Carceller, 2013).
Lo que hoy se ha denominado como el sistema patriarcal tuvo entonces sus orígenes en la
Antigua Grecia y fue propagándose y agudizándose durante toda la Edad Media. Quizás sus
orígenes puedan remontarse incluso antes de los griegos; sin embargo, definir con exactitud
esa cuestión, no es el objetivo de este texto. Teniendo en cuenta que en la sociedad
medieval dominaba un discurso conservador, religioso y machista, y que, además, ese
discurso pudo haber tenido sus inicios desde o antes de los griegos, me pregunto, ¿cuál fue
el impacto que pudo tener para la mujer del medioevo una obra como Los cuentos de
Canterbury, donde el escritor y poeta inglés Geoffrey Chaucer, le otorga un poder sexual
que no había tenido hasta entonces y cómo contribuyó a su lucha contra el dominio del
hombre? Esa es la cuestión de la que deseo ocuparme con este texto.

Si el placer sexual estaba prohibido para el hombre, la prohibición debía ser más férrea para
la mujer. En consecuencia, una obra disruptiva como la de Chaucer, donde se hablaba
abiertamente de sexo, placer, libertinaje, tuvieron que causar un fuerte impacto en la
sociedad medieval. Y más, teniendo en cuenta, que de esos actos sexuales, de esa obtención
del placer, las mujeres, por supuesto, no quedaban excluidas. Quisiera reducir mi análisis al
Prólogo de la viuda de Bath, donde el escritor logra llevar al paroxismo esa irrupción de los
códigos morales impuestos por el clero en el medioevo para regular (dirigir) la conducta
sexual. ¿Qué pasaba por la mente de Chaucer para atreverse a crear un personaje femenino
que no se sonrojaba al hablar de sus travesuras sexuales ni tampoco mostraba ningún tipo
de arrepentimiento al admitir que había tenido cinco esposos, estaba en la búsqueda del
sexto y a cada uno de ellos lo había utilizado para satisfacer no sólo sus necesidades
sexuales, sino también, económicas?

Una respuesta a esta pregunta puede hallarse en el contexto en que se desarrolló parte de la
vida de Chaucer y otros tantos escritores, poetas y artistas de toda clase de la época: la peste
negra. En efecto, tanto la obra de Chaucer como el Decameron de Bocaccio, fueron
concebidas durante la peste que asoló a Eurasia. Ante la crueldad e indiferencia de Dios,
ante la inminencia de la muerte, no es de extrañar que las personas tomaran una actitud de
desparpajo y liberación. Como el clero y las autoridades estaban preocupados por
sobrevivir, las personas no tenían quién las controlara, podían desfogar sus más oscuras,
secretas y pecaminosas pasiones. Habían sido abandonadas por Dios y sus representantes
en la Tierra, ahora sólo quedaba abandonarse también a las pasiones. Así que no supone
una sorpresa que las obras concebidas en esa época también dieran rienda suelta a la
liberación del hombre y que temas antes prohibidos o invisibilizados, pudieran ser narrados
sin el temor de caer en la hoguera o la máquina de torturas.

Pero, al menos en Chaucer, también hay un acto preventivo, una lavativa de manos muy a
la Herodes. Una vez Chaucer nombra a los peregrinos que se dirigen hacia Canterbury,
previene a sus lectores sobre el contenido y el lenguaje que se utilizará en su obra. Esa
prevención es arrojada antes de que el hostelero propusiera que todos los viajeros contaran
dos historias en el viaje de ida y dos en el de vuelta a la ciudad, más los detalles del premio
que recibiría quien narrara las mejores y de las penitencias que debería pagar quien no se
arriesgara a participar.

Sin embargo, he de rogaros no esperéis de mí refinamientos, más aún, quiero que mi


lenguaje sea simple, para que de esta manera sea en repetir sus conversaciones más
fiel. Pues sabéis tan bien como yo, que el que relate una historia ya relatada por
otro, deberá reproducir cada una de sus palabras, ya fueran éstas vulgares o soeces;
de lo contrario, sería falsear el cuento y, aunque fuere su propio hermano el que
usare tales palabras, no deberá tener reparo en repetirlas. (Chaucer, s.f., p.34)

De esta manera, Chaucer logra prevenir no solamente futuras represalias en su contra por
parte del clero y los ciudadanos que todavía seguían acatando los dogmas y preceptos de la
Iglesia, sino que además, logra restarle importancia a los actos de rebeldía y desenfreno que
van a ser narrados para que su obra sea tomada como una especie de sátira, como una obra
más de humor que de un verdadero rechazo a los principios morales implantados por la
religión cristiana. No podemos pues responder con exactitud qué pasaba por la mente de
Chaucer, pero sin duda alguna, podemos advertir que debió haber existido en él un
inconformismo con el sistema social y moral de su época, ahora bien, ¿ese inconformismo
se manifiesta en el plano de lo feminista? ¿Es el Prólogo de la viuda de Bath un texto con
tintes feministas? ¿Es Chaucer un adelantado a su época que consigue poner de manifiesto
la problemática del sistema patriarcal presente en la sociedad medieval o sólo es un
satírico que busca burlarse en su obra de toda norma o comportamiento social
preestablecido?

Antes de entrar en detalle sobre estos aspectos, es importante aclarar qué se entiende
cuando se habla de feminismo. Por un lado, “se hace referencia al movimiento que surge
ante la necesidad de actuar sobre un arraigado conflicto, que atraviesa a la sociedad,
determinado por el hecho de nacer mujer o varón” (Montero, 2006, párr.1). Es decir, se
habla de un movimiento político y social que busca un principio de igualdad entre hombres
y mujeres, que un sexo no determine las oportunidades que una persona pueda tener en
cualquier ámbito. Por otra parte, el feminismo es también un pensamiento crítico.

Sus objetivos de transformación obligan a actuar en el terreno de las ideas a fin de


subvertir arraigados códigos culturales, normas y valores, así como el sistema
simbólico de interpretación y representación que hace aparecer normales
comportamientos y actitudes sexistas, que privilegian lo masculino y las relaciones
de poder patriarcal. En este contexto el feminismo desarticula los discursos y
prácticas que tratan de legitimar la dominación sexual desde la ciencia, la religión,
la filosofía o la política (Montero, 2006, párr.12).

Aunque los orígenes del feminismo se remontan a la Edad Media (protofeminismo), es a


finales del siglo XIX y principios del XX que se logra una verdadera consolidación como
movimiento, ideología y pensamiento crítico. Por consiguiente, llamar a Chaucer feminista-
e incluso protofeminista - podría ser un exabrupto, lo que hay que cuestionarse más bien es
si en el Prólogo hay una verdadera intención de ponerse de lado de la mujer, si hay un
intento por reivindicarla. La viuda de Bath se muestra como una mujer lasciva,
manipuladora y con las agallas suficientes para decidir sobre su cuerpo y sexualidad. No
permite que ningún hombre ejerza su poder sobre ella, pero al mismo tiempo, de sus
primeros cuatro maridos depende económicamente; al quinto lo compra con el dinero que
le quedó tras la muerte del cuarto y de esta manera, logra también tener una cierta
independencia económica. Si nos detenemos en estos aspectos, a priori, podríamos concluir
que sí, que efectivamente Chaucer se pone del lado feminista, que es todo un “defensor” de
la causa feminista. ¿Pero es en verdad así? ¿No representa, por el contrario, el
comportamiento de la viuda de Bath la antítesis del ideal feminista?

Sin duda alguna, la viuda comparte esa lucha feminista de romper con los estamentos del
sistema patriarcal de la época y a su modo, se abre paso por el mundo, logra vencer las
barreras impuestas por su sexo, subvierte los códigos normativos y morales de la sociedad
medieval y desarticula los discursos y prácticas que intentaban legitimar la dominación del
hombre teniendo un pensamiento crítico y una actitud contraria a la impuesta por el
sistema. No obstante, ciertas acciones en su comportamiento, parecen representar todo lo
contrario a una lucha del tipo feminista. Si miramos a este personaje desde un ángulo
distinto, podemos pensar que en realidad se trata de una creación irónica masculina (…) y
que la protagonista transmite un mensaje anti-feminista. Si exploramos su personalidad
liberal y sexual, la esposa nos desvela que su principal motivo para casarse es el dinero y el
bienestar (Arboleda Guirao y Mediero Durán, 2013). ¿Un personaje tan mezquino y
manipulador, como podría ser el defensor de una causa noble como la feminista?

Además, también hay que recordar que su último marido la maltrataba física y
psicológicamente, incluso, tuvieron una disputa donde ella quedó sorda de un oído a causa
de un golpe que él le propinó. Aunque la viuda consigue vencer al sistema patriarcal por un
lado, por el otro, se rinde ante su fuerza; su lucha, más que una lucha feminista, es una
lucha por el poder, una lucha que al final termina perdiendo cuando sacrifica su felicidad y
placer por el dinero o cuando sacrifica su dignidad por un hombre que la maltrata. ¿Un
personaje tan “subordinado” cómo podría ser el defensor de causa alguna?

En conclusión, aunque Chaucer se atreve con sus personajes a romper ciertos esquemas
establecidos por un sistema clerical ajeno a los deseos y pasiones del hombre, su obra no
deja de ser más que una “mera sátira” y no constituye una verdadera crítica que reivindique
a la mujer del medioevo. Chaucer al ser hombre, es un privilegiado del sistema, por lo
tanto, ni él es un defensor de la causa feminista ni su obra es una iniciadora de la lucha
contra el patriarcado. La obra de Chaucer es y seguirá siendo fundamental para la literatura
y debió haber causado un fuerte impacto en la sociedad medieval, pero no creo que haya
sido en verdad relevante para el feminismo. Probablemente, el Prólogo de la viuda de Bath
consiguió que muchas mujeres se vieran representadas con el personaje y tal vez, inspiradas
para combatir contra el dominio de sus maridos, pero la obra, evidentemente, aún no era lo
suficiente “madura” para promover una verdadero movimiento feminista y la lucha debió
haberse reducido al plano de lo subjetivo. Asimismo, la prevención que arroja Chaucer
antes de que los personajes cuenten sus historias y el tono de burla con el que éstas son
narradas, matiza cualquier intento de subversión por parte de sus lectoras o de querer
derrocar al sistema patriarcal a punta de pecados. Bueno, de este último punto, quizás no
esté tan seguro.

Referencias bibliográficas
Carceller, A. (2013). La mujer en la Edad Media. Los ojos de Hipatia. Recuperado de
https://losojosdehipatia.com.es/cultura/historia/la-mujer-en-la-edad-media/#:~:text=La
%20figura%20de%20la%20mujer,un%20var%C3%B3n%20en%20la%20casa.

Chaucer, Geoffrey. (s.f.). Selección Cuentos de Canterbury,

Montero, Justa. (2006). Feminismo: un movimiento crítico. Psychosocial Intervention.


Recuperado de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1132-
05592006000200004

Arboleda Guirao, I. de J. y Mediero Durán, M.E. (2013). Alison, una figura femenina
controvertida. Prólogo de la esposa de Bath en los cuentos de Canterbury, de Geoffrey
Chaucer. Cartaphilus. Revista de Investigación y Crítica Estética . Recuperado de
https://digitum.um.es/digitum/bitstream/10201/38806/1/Alison%2C%20una%20figura
%20femenina%20controvertida.pdf

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